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Propuesta Comunista Revista política

Partido Comunista de los Pueblos de España Diciembre 2008 nº 54

Propuesta Comunista Director: Juan R. Lorenzo Consejo de Redacción: Área Ideológica del PCPE Diseño de Portada: C. Suárez Maquetación: J. Mora Edita: Partido Comunista de los Pueblos de España Depósito Legal: M-12283-1990 Redacción: C/ Carretas nº 14 - 6º, G-1 28012 Madrid Telf. y Fax 91 532 91 87 e-mail: propuestacomunista@pcpe.es www.pcpe.es


Índice EL CAPITALISMO HA PREPARADO LA BASE MATERIAL PARA LA CONSTRUCCIÓN DE LA SOCIEDAD SOCIALISTA Informe del XI Pleno del Comité Central del PCPE ...........

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HABLANDO DE LA CRISIS Leopoldo del Prado ....................................................................

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IDEOLOGÍA Y CRISIS CAPITALISTA Fernando Ferraz ..........................................................................

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LA LARGA MARCHA DE LA CRISIS ECONÓMICA CAPITALISTA Osvaldo Martínez .......................................................................

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LA CRISIS ME DA RISA: UNA MIRADA DESDE LOS GRUNDRISSE DEL CAPITALISMO CONTEMPORÁNEO Adrián Soleto V. ..........................................................................

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REFLEXIONES SOBRE LA CRISIS Varios autores ..............................................................................

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LA UNICA SALIDA, LUCHAR Fidel Castro .................................................................................

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90 ANIVERSARIO DEL KKE Y 40 DE LA KNE Aleka Papariga .............................................................................

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LAS CENTRALES TERMICAS DE CICLO COMBINADO EN EL CONTEXTO DEL SISTEMA ELÉCTRICO PENINSULAR. EL CASO DE NAVARRA Jesús María Tomás Jiménez y Pablo Lorente Zapatería ............................................................ 109


EL CAPITALISMO HA PREPARADO LA BASE MATERIAL PARA LA CONSTRUCCIÓN DE LA SOCIEDAD SOCIALISTA

Informe aprobado el 4 de octubre de 2008 por el XI Pleno del Comité Central del PCPE, presentado por el Secretario General, Carmelo Suárez, en nombre del Comité Ejecutivo

1. LA DIMENSIÓN DE LA CRISIS ECONÓMICA DEL CAPITALISMO La cuestión de cuál es la dimensión de la actual crisis del sistema de dominación capitalista se convierte en un tema central del análisis de esta situación. A día de hoy, se dan diversos pronunciamientos, desde quienes le dan una dimensión de fracaso y quiebra del sistema hasta quienes relativizan su importancia, y, por supuesto, los apologistas del sistema, que nos prometen una recuperación para el segundo semestre de 2009. Según que el análisis concluya en una u otra dimensión de la crisis se sacarán posiciones diferentes para orientar la acción política del proyecto revolucionario.


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Para ello, veamos algunos de los ejes fundamentales de la crisis: 1.1 La crisis es una crisis estructural, aumenta la composición orgánica del capital de una manera más acelerada y la ley de la caída tendencial de la tasa de ganancia se desarrolla a un ritmo nunca visto El desarrollo científico-técnico actual, la privatización exclusiva que el sistema capitalista hace de las tecnologías más avanzadas, asignándoles un alto valor ficticio en ese contexto de apropiación privada, reduce progresiva e imparablemente la participación de la fuerza de trabajo en la producción de mercancías y, por ello, la posibilidad de generación y apropiación de plusvalía por parte del capitalista. Consecuencia inmediata de esta lógica interna es la búsqueda desesperada de fuerza de trabajo más barata, relocalización de empresas y flujos de inmensas masas trabajadoras migrantes hacia los centros capitalistas. El dumping social está obligando a la fuerza de trabajo de los países del capitalismo central a renunciar a sus conquistas en la correlación de fuerzas frente a la burguesía. Esta clase obrera es objeto de procesos de expropiación de la pequeña propiedad adquirida en el ciclo anterior y es sometida a constantes bajadas de salarios y aumentos del ritmo y la intensidad de la jornada de trabajo. El capitalismo seguirá por esta senda, tan solo amortiguada en coyunturas en las que determinados avances científicos y tecnológicos le permitan, transitoriamente, remontar la acumulación de capital y aflojar la presión sobre la clase obrera. 1.2 Crisis como consecuencia de la economía-casino: capital financiero y especulativo como protagonistas del proceso de acumulación de capital La financierización de la economía capitalista ha llevado el protagonismo del proceso de acumulación de capital al ámbito de la especulación financiera, acotando la acumulación a través de la producción de mercancías a un porcentaje cada día más reducido de la economía


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capitalista mundial. Hoy, la producción y comercialización de mercancías es una mínima parte de la actividad de la economía capitalista mundializada. La intervención por parte del gobierno yanki de las financieras Fanny Mae y Freddie Mac, así como de la aseguradora AIG, pone de manifiesto el fracaso de la economía de mercado, y, especialmente, de su sector financiero, que es hoy el mayoritario de este sistema económico. La dimensión de esta intervención crece por días. La operación empezó, en EEUU, con cifras que se situaban entre los 140.000 y los 200.000 millones de dólares, para llegar, finalmente, a los anunciados 700.000 millones. Esto es un factor diferencial cualitativo: nunca antes se había producido una intervención de este orden. ¿Quiénes pagan esta operación? ¿Puede la economía yanki mantener este rango de intervención? En las próximas ocasiones, la bola de nieve será mayor y siempre creciente. Un factor diferencial de la crisis actual con respecto a otras grandes crisis capitalistas anteriores es que hoy el capitalismo está extendido por todo el planeta y ya no tiene la opción de una superación de la crisis a través de la ocupación y pillaje de nuevos recursos que no estén sometidos a la lógica capitalista. Ello encierra al capitalismo realmente existente en sus propias fronteras, y lo conduce a un auténtico canibalismo de sus propios recursos. 1.3 Crisis energética como primera expresión del cénit de la producción de combustibles fósiles La constatación, cada vez más fundamentada, del carácter limitado de las fuentes energéticas a partir de los combustibles fósiles desata procesos especulativos que incrementan los precios y producen una pesada carga para las economías del capitalismo central que se soportan sobre este modelo energético, especialmente de aquellas con una menor capacidad de autoabastecimiento, como es el caso de la UE y de España, en concreto.


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Las reservas fundamentales de petróleo se sitúan en la Latinoamérica rebelde, en el África del Golfo de Guinea, en el oriente de los inestables e imprevisibles países árabes y en ciertos territorios de la Rusia post-soviética que busca su lugar en la escena internacional. Es decir, fuera de los países que hoy componen lo que solemos denominar el capitalismo central. Una situación, por tanto, sujeta a forcejeos constantes por el control de esas fuentes energéticas y, consiguientemente, de esos mismos países. 1.4 Crisis alimentaria como producto de la especulación y del acaparamiento Una población mundial, que ya se sitúa en el horizonte próximo de los siete mil millones de habitantes, precisa de una garantía en el aprovisionamiento necesario para cubrir sus necesidades alimentarias básicas. En la lógica del “capitalismo mundial realmente existente” estas necesidades se convierten en un elemento más del proceso de acumulación y centralización del capital. Las cosechas de granos forman parte del “mercado de futuros”, al igual que los combustibles fósiles. Se especula con ellos y se juega con sus precios en la lógica del beneficio capitalista. La producción de alimentos se coloca fuera de la lógica del abastecimiento necesario a las poblaciones y se somete a los dictados del capital. Junto a esta lógica infernal, la implantación de los biocombustibles genera unos nuevos circuitos económicos, ajenos a los objetivos de la alimentación, y que participa de la misma dinámica del sector energético señalada en el párrafo anterior. El rendimiento variable de las cosechas, su mayor o menor cuantía en función de factores climáticos y otros diversos, hacen oscilar el precio de los alimentos de forma brutal e impactante, especialmente sobre las poblaciones más necesitadas.


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La lógica de la acumulación capitalista se expresa en la destrucción de alimentos y capacidades productivas de los mismos en el capitalismo central, como el caso de la UE y España. Una lógica indignante que condena a la humanidad al hambre y la miseria en beneficio del capital. Esta crisis alimentaria impacta especialmente en las poblaciones con unas condiciones de vida más precarias. Cientos de millones de personas tienen crecientes dificultades para alimentarse como consecuencia de esta lógica capitalista en la producción y comercialización de alimentos. Los organismos internacionales reconocen que cerca de mil millones de personas pasan hambre extrema. 1.5 Militarismo, gasto militar y guerra. La guerra imperialista es parte de la superestructura del proceso de acumulación de capital El capitalismo, en este escenario, no tiene otro recurso que hacer de la guerra un instrumento imprescindible para sostener el proceso de acumulación de capital, que ya no opera a través de los mecanismos de la “economía”. Por tanto, la amenaza, la fuerza desproporcionada, la matanza y la destrucción de países, constituyen el último mecanismo del capital para tratar de sostenerse en el tránsito de su situación agónica. La destrucción de Irak es un ejemplo claro del extremo al que se puede llegar en esta situación: un país, que tenía el grado de bienestar más avanzado en su zona, está hoy sumido en la miseria y en la destrucción de todas sus infraestructuras. El desarrollo del poderío militar yanki constituye una situación de desproporción total de poder, tan sólo mediatizado por el poder nuclear ruso y la potencia militar de China. Como iniciativa más reciente, el despliegue de la IV Flota yanki en aguas de Latinoamérica, incluso penetrando en las desembocaduras


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de sus ríos, es una expresión de la posición amenazante del imperialismo sobre los procesos de cambio social que se producen en varios de esos países. El ejército yanki está desplegado en más de cien países del planeta con todo tipo de bases y distribución de armamento; sus instalaciones militares y sus prisiones constituyen una red macabra del terror y el crimen (más de setecientas bases militares componen esta red). Esta estructura militar se completa con unos servicios secretos de poder igualmente absoluto, que operan en todo el planeta con total impunidad y en colaboración con los servicios secretos de gran cantidad de países. Moshad y MI5 son sus principales colaboradores, pero también los servicios secretos españoles entran en esta red internacional del terrorismo de Estado. Recuérdese que en la última versión del acuerdo España-EEUU sobre las bases militares se incluyó la autorización a la CIA para operar en territorio español. Con la coartada de la “lucha contra el terrorismo”, el capital despliega su estrategia represora de cualquier movimiento de contestación, secuestra y asesina en cualquier lugar, viola todos los derechos de las personas, el mismo derecho internacional y cualquier garantía individual y colectiva. Este aparato de violencia es la cara más desnuda de la tiranía mundial comandada por EEUU, pero a la que también pertenecen, con igual grado de responsabilidad, el conjunto de los países del capitalismo central, siendo sus clases dirigentes y sus líderes políticos tan responsables como ellos de los crímenes y de la estrategia generalizada del terror extendida por todo el planeta. La democracia y las libertades, por tanto, pasan a ser bandera imprescindible de las luchas de emancipación contra la dictadura del capital y su tiranía mundial.


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2. MODIFICACIONES FUNDAMENTALES EN EL SISTEMA DE DOMINACIÓN El sistema de dominación capitalista responde al desarrollo exacerbado de sus contradicciones como único lo puede hacer: aumentando las mismas. A día de hoy, se están cumpliendo, casi con precisión profética, las previsiones de los teóricos del marxismo establecidas desde el siglo XIX. El sistema capitalista, preso de su lógica interna y de las contradicciones que lo marcan, acrecienta sus conflictos de manera irremediable. A cada remedio que el sistema aplica le responde una nueva fase de agudización de los problemas que trata de remediar. Es una constante huida hacia adelante en dirección al precipicio que le depara la historia, empujado por sus contradicciones insalvables. Pero, en ese camino suicida, arrasa millones de vidas y arriesga la misma supervivencia del planeta. El sistema capitalista mundial se caracterizará, en la próxima etapa, por un proceso de degradación superior al que hasta ahora hemos conocido, marcado por: – Una mayor intervención del Estado en la gestión directa de la crisis, reconduciendo siempre la situación a favor del capital, y no del pueblo. – Una mayor intervención para garantizar el proceso de acumulación y centralización del capital creando el marco jurídico necesario para ello (ya hace años que en EEUU se prohibieron las demandas masivas que resultaran lesivas para los grandes grupos económicos). – La liquidación del derecho del trabajo y, especialmente, de la negociación colectiva, como núcleo central del mismo. – El desarrollo de políticas de guerra para tratar de garantizar el proceso de acumulación de capital y la rapiña en cualquier lugar del planeta (Zapatero acaba de enviar a los “guerreros” a proteger a los “recolectores” –pescadores- que arrasan las reservas pesqueras somalíes del Océano Índico). Es la guerra directa por los alimentos.


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– La liquidación de los derechos democráticos y de las garantías individuales y colectivas (lucha contra el terrorismo y políticas migratorias). – La intervención y subordinación de los países más débiles, y/o con importantes reservas de materias primas, al mandato absoluto del imperialismo (el caso de Irak). – Confrontación con todos los valores progresistas y emancipadores, retornando a los principios más reaccionarios en los rasgos de la sociedad: religión, patriarcado, nacionalismo, … Al mismo tiempo, la promoción de elementos de alienación en las conductas sociales para tratar de desarticular los elementos revolucionarios emergentes. El consumismo, la inhibición social, la desesperanza,… El sistema camina hacia sociedades cada vez más reaccionarias y negadoras de los grandes avances de la cultura y del conocimiento (ejemplo, el resurgir del creacionismo en la política yanki). Estos elementos se corresponden con la lógica de los intereses de la oligarquía mundial, impulsora y beneficiaria casi en exclusiva del sistema vigente. Pero la división mundial de clases tiene hoy una complejidad que funciona fuera de la lógica de esa minoritaria oligarquía. Existe un proletariado mundial compuesto por varios miles de millones de personas que dedican su vida entera al beneficio de esa oligarquía. Las fracciones de la pequeña y mediana burguesía tienen una expresión proporcionalmente mayor en los países del capitalismo central, pero, cuantitativamente, no es tan significativa en la contabilidad mundial. Esta estructura de clases resulta totalmente insostenible, y no se dinamiza -hoy por hoy-, en un proceso de cambio transformador sencillamente porque las clases explotadas todavía no tienen una estructura de organización y de lucha para conseguir impulsar los cambios necesarios y conquistar su bienestar. La singularidad del momento histórico radica en que cada día que pasa el capitalismo tiene mayores dificultades para engañar con la


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lógica irracional que lo sustenta. Sus contradicciones y su irracionalidad cada día resultan más evidentes, y, ello, facilita el despertar de la conciencia y la necesidad objetiva Es el momento de colocar de un proyecto político alternativo. la salida socialista y Es el momento de colocar la salida comunista en el programa socialista y comunista en el prode la lucha política como grama de la lucha política como un un horizonte movilizador horizonte movilizador. Y esta es una cuestión central a la que hemos de contestar: ¿Está creada ya la base material para la construcción de la sociedad socialista? O, dicho en la forma de Marx, ¿la agudización de las contradicciones entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción está llegando a su límite? Hoy existen ya las condiciones de desarrollo material y científico-técnico para resolver los grandes objetivos de bienestar de la humanidad; sólo existe un obstáculo: el capitalismo. La respuesta afirmativa a esta cuestión es determinante para el establecimiento de la táctica de una organización revolucionaria. Y esa base material objetivamente existe. Hoy es técnicamente posible resolver el hambre en el mundo; la mayoría de las enfermedades que cuestan millones de muertos son perfectamente curables con la técnica y las capacidades productivas actuales; la producción de agua potable para toda la humanidad es una cuestión incluso fácil de abordar; las técnicas de producción agropecuaria permiten la producción de alimentos para la humanidad entera, etc. ¿Cuál es la única dificultad que existe para que esto sea posible? El capitalismo. Por tanto, hoy constatamos un alto grado de desarrollo de las fuerzas productivas y son las relaciones de producción las que entran en contradicción cada día mayor con ellas. Por tanto, a partir de ahora, esta cuestión pasa a ser un elemento central de nuestro proyecto político y de nuestra táctica de intervención en la lucha diaria. El capitalismo es hoy -más que nunca- el único


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obstáculo para resolver los problemas de la humanidad, y el socialismo se presenta como la gran alternativa histórica para la humanidad, porque ya se dan las condiciones para ello. Hay que pasar del “no sabemos cuándo llegaremos y el socialismo se presenta al socialismo” a una fase de orgacomo la gran alternativa nización de la lucha que tiene en histórica para la humanidad su horizonte impulsar ese proceso como una opción real que necesita de un desarrollo temporal y táctico para movilizar a amplias masas en torno a ella. Definamos, entonces, las fases tácticas de este período, que ha de concretarse en un potentísimo proceso de acumulación de fuerzas: – Avance y consolidación de la coordinación del movimiento comunista internacional, con un programa común. – Creación del Frente Mundial Antiimperialista como alianza de todas las fuerzas, revolucionarias y/o progresistas, con un programa de mínimos. – Agudización de la lucha de clases en nuestra realidad inmediata, colocando la reivindicación del socialismo como parte del programa aquí y ahora. Inserción del partido en la lucha de masas como elemento de vanguardia. – Desarrollo de las políticas de alianzas necesarias dentro de la estrategia del Frente de Izquierdas, en el Estado Español, y, del Frente Mundial Antiimperialista, a nivel mundial. – Agudización de las luchas sectoriales, aumentando en todo lo posible su radicalidad y su confrontación total con el capitalismo: género, medioambiente, antimilitaristas, etc. 3. EL POLO IMPERIALISTA EUROPEO El polo imperialista europeo se inserta en esta dinámica descrita hasta ahora, con sus particularidades, como son el carecer de la potencia militar suficiente o sus enormes déficits en recursos energéticos.


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La Directiva de las 65 horas es la muestra más clara de cuál es su orientación en relación a la explotación de la clase obrera, pero, junto a ello, el fracasado Tratado de Lisboa apuntala el aspecto militar con la obligación de los Estados miembros de aumentar el gasto militar y el reconocimiento de la guerra preventiva. La Directiva de retorno, o “Directiva de la vergüenza”, también profundiza en la dirección del aumento de la tasa de explotación, o de reducción de los salarios, que es lo mismo. La explotación de la fuerza de trabajo migrante se convierte en factor esencial del intento de amortiguar la caída tendencial de la tasa de ganancia. La Europa Fortaleza analizada por el PCPE hace años es hoy una realidad mucho más conformada y estructurada en su carácter reaccionario (Propuesta Comunista ha publicado varios trabajos sobre esta cuestión en los últimos años). Por otra parte, este polo imperialista está sujeto a las pugnas en el escenario mundial que le afectan de una manera más cercana, como es el caso de la relación con Rusia y la dependencia energética de la misma, o también el impacto de la economía China sobre los mercados europeos. En este aspecto, la situación no tiene más elementos novedosos que los señalados para la escena mundial, y las elaboraciones del partido están suficientemente desarrolladas en los documentos aprobados en los últimos años. 4. EL ESTADO ESPAÑOL El desarrollo de la actual crisis capitalista en el estado español se ajusta a los mismos patrones de la escena internacional. El gobierno Zapatero hace méritos para ser reconocido como un eficaz gestor de los intereses del capital, y desarrolla su política bajo esta directriz. Hoy, la acción del gobierno se orienta a favorecer los intereses de la gran patronal y de la banca. Así, se realizan políticas para comprar los activos sin salida de las inmobiliarias y del sector


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financiero, se retiran impuestos a las grandes fortunas y no se tocan las grandes ganancias del sector financiero y de la patronal. El gobierno no ha tomado una sola medida para aligerar la carga hipotecaria de las familias, que está siendo, junto al paro y la carestía, el mayor problema de millones de familias españolas. El proceso de privatizaciones es impulsado a todos los niveles, tanto estatal –privatización de AENA- como autonómico y local, por parte del PSOE, PP, IU y las fuerzas llamadas nacionalistas. Estas privatizaciones, como ya analizamos en su día, se dan con procesos de desregulación, ampliando, cada día más, la capacidad de las empresas adjudicatarias de imponer sus tarifas a su particular conveniencia. A otro nivel, desde todas las instancias se impulsa un acelerado proceso de concentración empresarial, que implica, a su vez, la centralización del capital. Cada día hay menos trabas a estos procesos, los cuales significan la liquidación creciente de cualquier atisbo de libre competencia y caminan aceleradamente hacia el monopolio. La fusión de Iberia con Britis Airways, la obsesiva compra de bancos de otros países por parte de los principales bancos españoles y la fusión de empresas a todos los niveles son las prácticas que se corresponden a las necesidades del capital y que el gobierno gestiona sin replicar. Así, también se acepta la quiebra de la inmobiliaria Fadesa, que sólo beneficia a sus propietarios y deja a miles de familias en la ruina. Esto es lo que hace el gobierno de la socialdemocracia en una situación de aumento imparable del paro y de empobrecimiento de la clase obrera. No se interviene sobre el precio de los alimentos, no se aligera la carga impositiva de las familias, no se impiden los procedimientos ejecutivos de embargos y desalojos contra las familias. El gobierno sólo se preocupa por las ganancias del capital. Se demuestra, una vez más –por si fueran pocas en la historia-, que la socialdemocracia no es otra cosa que un sumiso gestor de los intereses del capital con careta de “gobierno más social”. Al mismo tiempo, la población con empleo sufre todo tipo de incrementos en el ritmo y el tiempo de trabajo, se reducen los salarios,


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se precariza aún más el empleo y se despide de la manera más arbitraria, sin pagar, en muchas ocasiones, la indemnización correspondiente. Los grandes aparatos sindicales se prestan a la colaboración de clases, juegan el papel que conviene al capital y aceptan todo tipo de recortes en los derechos de la clase obrera. El gobierno aprovecha las tendencias cada día más autoritarias del capitalismo central para intervenir en Euskadi reprimiendo a la izquierda abertzale desde todas las instancias: brutal acción policial contra las movilizaciones de masas y contra quienes tienen un papel más destacado en las distintas organizaciones abertzales, utilización del aparato judicial como parte de la represión general contra el pueblo vasco, ilegalización de sus organizaciones sociales y políticas y cierre de sus medios de comunicación. La defensa de la España centralista de la oligarquía frente a cualquier otro proyecto que suponga el reconocimiento de los derechos nacionales y del ejercicio del derecho de autodeterminación es una consigna inamovible para el poder central. El partido ha fijado con claridad su posición en relación a esta cuestión y no nos extendemos aquí. El gobierno de la socialdemocracia liberal, en su estrategia de inserción del capitalismo español en la cadena imperialista mundial, asume, sin discusión, la guerra imperialista, tratando de evitar un fuerte coste social y político si se hace emerger de nuevo la conciencia contra la guerra imperialista que tan masivas movilizaciones ha generado en el pasado, pero dando pasos constantes para profundizar en esta dirección de impulso de dicha guerra. La participación –ahora en aumentoen la invasión de Afganistán, el apoyo al golpe de estado en Haití, la aceptación de los llamados vuelos secretos de la CIA, la alineación con las tesis del sionismo, el aumento permanente del gasto militar, la subordinación total a las estrategias de la OTAN, etc., constituyen compromisos concretos con el mandato de la guerra imperialista. Los servicios secretos españoles participan igualmente de la estrategia imperialista en esta cuestión y son eficaz instrumento del terrorismo de Estado.


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5. LA POLÍTICA DEL PCPE, SU ACCIÓN PRÁCTICA Las tesis desarrolladas en este informe, que constituyen un avance singularizado sobre las elaboraciones anteriores de este Comité Central -pero que son coherentes con el análisis general que el partido viene haciendo desde hace años-, llevan a la necesidad de precisar cuáles son las conclusiones prácticas para nuestro trabajo diario en la lucha política de masas y en las relaciones con otras organizaciones. La primera cuestión que se plantea es que en nuestro trabajo internacional tenemos que dar a conocer esta posición y debatirla con las organizaciones hermanas. Pero, más allá de ello, nos colocamos en la necesidad prioritaria de dar avances en la coordinación internacional de las organizaciones comunistas -como ya estamos haciendo desde hace años-, pero con una intensidad mayor. En este contexto la ausencia de mecanismos eficaces de coordinación internacional es un punto de debilidad particularmente grave en el actual contexto de la lucha de clases. Para el trabajo político en nuestra realidad estatal, las conclusiones no son otras que una intensificación de la lucha de masas donde la cuestión de la salida socialista de la crisis general del capitalismo tiene que ser un elemento con clara presencia en el discurso y en los objetivos concretos que pongan al partido en condiciones de ejercer de vanguardia en esta situación. Evidentemente, estamos hablando de provocar un auténtico terremoto en las filas del partido, una convulsión que lleve a toda la militancia, y, en primer lugar, a su dirección, al combate político con nueva moral y con un grado de compromiso y una capacidad de intervención mucho mayores de los hasta ahora desarrollados. En esta situación, la propuesta del PCPE para avanzar hacia la alternativa al capitalismo debe centrarse en los siguientes ejes:


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– Nacionalización de la banca. Combatir la financierización de la economía. Por el control estatal del crédito para el desarrollo políticosocial. – Por el derecho al trabajo. Por el control social de los medios de producción, participación obrera en el control de las empresas. Reducción de la jornada de trabajo sin reducción de salario. Causalidad en el puesto de trabajo. – Contra la guerra imperialista. Fin del gasto militar. Por la disolución de las alianzas militares (OTAN). Por la retirada de los ejércitos invasores. Por la disolución de los servicios secretos del imperialismo: CIA, Moshad, MI5, CNI, etc. – Frente a la dictadura del capital, democracia y libertades individuales y colectivas. – Contra el patriarcado y por la liberación de las mujeres. – Contra el modelo depredador imperialista y el riesgo de infarto ecológico planetario. Un modelo de desarrollo en equilibrio con la naturaleza. – Por el socialismo y el comunismo Esta propuesta política tiene que impulsarla, en primer lugar, el partido, que ha de ejercer de vanguardia en esta situación y ganar liderazgo entre la clase y entre el pueblo. Al mismo tiempo, hay que trabajar e impulsar el Frente de Izquierdas, como un conjunto de alianzas sociales y políticas que convoquen a sectores amplios de los pueblos y naciones del Estado. A nivel internacional, hay que dedicar todos los esfuerzos para concretar avances en la coordinación de las organizaciones comunistas y, en simultáneo, del Frente Mundial Antiimperialista.


HABLANDO DE LA CRISIS

Leopoldo del Prado Miembro del CC del PCPE

1.- Una situación recurrente

Dice un viejo dicho que se repetía en las antiguas facultades de Ciencias Económicas que un economista es un sujeto que explica con detalle las razones de por qué no ocurrió lo que hace unos meses había dicho que iba a suceder. Pues bien, si esto suele ocurrir con carácter general, las “profecías” disfrazadas de sesudas y complejas argumentaciones, en épocas de crisis se multiplican por mil y, además, se producen con un ritmo uniformemente acelerado, con lo que los profetas se van quedando desautorizados con una rapidez pasmosa. Las disquisiciones pseudoacadémicas que intentan justificar la profundidad de una crisis en función de la coincidencia de los ciclos cor-


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tos (de entre 7 y 10 años), que denominaban de Jutglar, con los largos (de entre 30 y 50 años), llamados de Kondratieff, no pasan de ser meros intentos descriptivos que en absoluto se dirigen a averiguar las causas últimas de las crisis, y ni tan siquiera pretenden dar soluciones a las mismas. El encadenar series históricas no supone ni entrar en un análisis detallado de los mecanismos que provocan las crisis ni mucho menos analizar las causas últimas de que traen origen, y, todo ello, tenemos que decirlo claramente, hecho de forma interesada por los defensores declarados o encubiertos del sistema de explotación capitalista. Si además tenemos en cuenta que, hoy, una parte sustancial de los procesos de acumulación y reproducción ampliada del capital tiene su base en lo que podríamos llamar economía virtual -en tanto que su base material no es la de la producción de mercancías, sino la de la especulación financiera-, ni la magnitud de la crisis es comparable con la mayoría de las del siglo pasado ni las salidas “controladas” pueden buscarse en la aplicación de recetas que respondían, siquiera de forma coyuntural, a situaciones cualitativamente muy diferentes. Básicamente, y como se ponía de manifiesto en la discusión del pleno de octubre del Comité Central del PCPE, la componente estructural de las crisis capitalistas, cualesquiera que sean los factores que en momentos determinados las ponen de manifiesto, está en la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, provocada por el aumento en la composición orgánica del capital y la necesidad de aumentar, de la forma que sea, la tasa de plusvalía, es decir, la sobreexplotación del capital variable, el trabajo. Las consideraciones que sobre el capital financiero se hicieron a primeros del siglo pasado por los economistas socialdemócratas de la Escuela de Viena, y las que, luego, desde el punto de vista de la teoría marxista, intentara abordar Bujarin, no podían, ni remotamente, imaginar las magnitudes que el mismo iba a alcanzar y sus efectos deter-


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minantes sobre los actuales procesos de desarrollo del capitalismo en su fase imperialista. Ya Karl Marx, en el III tomo de su obra “El Capital”, escribía que “el sistema de crédito, cuyos ejes son los supuestos bancos nacionales y los grandes prestamistas de dinero y usureros que pululan en torno a ellos, constituye una enorme centralización y confiere a esa clase parasitaria un poder fabuloso que le permite, no sólo diezmar periódicamente a los capitalistas industriales, sino inmiscuirse del modo más peligroso en la verdadera producción, de la que esta banda no sabe absolutamente nada y con la que no tienen nada que ver”. Es curioso que donde habían dado por enterrado definitivamente a Marx, sobre todo en Gran Bretaña y Alemania, hoy la venta de sus obras más clásicas se ha disparado, y el propio ministro de finanzas de la liberal Merkel declaraba a Der Spiegel que “uno tiene que admitir en general que ciertas partes de la teoría de Marx no son realmente tan malas”. 2.- Una breve descripción de la situación de los últimos años La denominada globalización no es otra cosa que el resultado de la combinación del proceso de concentración capitalista junto con el desarrollo vertiginoso de la tecnología de las comunicaciones, que permite, en tiempo real, estar operando a todo lo ancho y largo del planeta, y que una vez impuesta hasta extremos impensables la libertad de movimiento de los flujos de capital hacen que las inversiones en lo que podíamos llamar medios físicos de producción sean una ínfima parte del capital que se mueve en los mercados de todo el mundo, dirigido básicamente a la obtención de ganancias mediante la especulación financiera. Esta situación lleva aparejado el riesgo de que cualquier “turbulencia” que se produce en uno de los centros del capitalismo internacional provoca, de forma casi inmediata, efectos sobre áreas cada vez más extensas de la economía mundial, arrastrando todo lo que se le pone por delante.


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Y, así, cuando hace más de un año algunos economistas alertaron de la situación que se estaba produciendo en Estados Unidos, casi nadie en este lado del Atlántico, y, menos aún, en España, se preocupó en demasía por el problema. Y, en nuestro país, ni siquiera cuando ya las alarmas estaban sonando desaforadamente debido al frenazo en la construcción, que sobre el aumento espectacular del precio de la vivienda, refugio de capitales de todo tipo, se había iniciado debido a la subida del euríbor, se tomaron medidas de tipo alguno. Como muestra, un botón: en el comunicado del Comité Monetario y Financiero Internacional de la Junta de Gobernadores del Fondo Monetario Internacional, de 17 de septiembre de 2006, se decía textualmente: “El Comité ve con satisfacción la continua expansión sólida y generalizada de la economía mundial. Se prevé que el crecimiento mundial conservará su vigor en 2007”. Curiosamente, uno de los riesgos que advertía era “la propagación del proteccionismo”!!! Al final del verano del año 2007, el profesor Juan Torres publicaba un artículo titulado “Diez ideas para entender la crisis financiera”, en el que textualmente afirmaba que, en su opinión, “la crisis de este verano es grave, mucho más profunda de lo que están reconociendo las autoridades económicas y, sobre todo, nada más que un anticipo de situaciones peores que están por llegar”. Hacía un breve análisis de lo que a su juicio constituían las claves de la situación, en aquel momento circunscrita oficialmente al problema hipotecario de determinadas entidades norteamericanas, que, a su juicio, se proyectaba ya sobre el sistema financiero que había sobrevalorado los inmuebles al hipotecarlos y había convertido dichos activos financieros en mercancía rentable para quien los adquiriera, precisamente por el riesgo que suponía que el valor real del inmueble fuese inferior al de la hipoteca. Cualquier disminución de los ingresos de los hipotecados, o la subida de los tipos de interés y, consiguientemente, de la cuotas de amortización, iniciaría el proceso de crisis, como así ha sido, y que


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ha saltado de la economía especulativa directamente a la real, a la de producción de bienes y servicios, al disminuir la liquidez y contraerse el crédito, dejando enganchadas a las empresas productoras de bienes y servicios y a las economías familiares. Y, dado que el sistema financiero norteamericano está absolutamente imbricado en el sistema financiero mundial, la propagación de los efectos a todo el sistema estaba cantada, sólo era cuestión de tiempo, y, por lo que decíamos antes, de muy poco tiempo. Lo que inicialmente se presentaba como un problema puntual de un sector concreto de la economía yanki, se convertía en una crisis global que, en menos de seis meses, ha puesto contra las cuerdas al sistema de expoliación del capitalismo financiero. 3.- Los máximos defensores de la libertad de mercado piden tiempo muerto Ante la magnitud del problema, directamente generado por la voracidad del capitalismo financiero -que, en la práctica, ha hecho que el dinero deje de ser un medio para facilitar los intercambios de bienes y servicios para convertirlo en una mercancía objeto por sí mismo de intercambio-, gobiernos defensores a ultranza de las políticas neoliberales han sido forzados, obligados por sus mentores, los poseedores del capital, a, contradiciendo todas sus teorías económicas, salir al quite poniendo una cifra hoy ya cercana a los tres billones de euros (500 billones, con b, de pesetas) a disposición, principalmente, de las entidades financieras, a fin de salvarlas del colapso a cuenta de los contribuyentes de sus respectivos países. La galopada privatizadora que se había realizado en los países de la Unión Europea, directamente obligados por las directivas y tratados, a fin de homologarse con sus socios norteamericanos, ha sufrido un parón que no por temporal deja de ser significativo. Las intervenciones sobre los mercados, disfrazadas, en unos casos, de programas de apoyo, y, en otros, directa y claramente definidas como renacionaliza-


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ciones temporales, han recorrido todos y cada uno de los países que hasta ayer eran los más claros exponentes del neoliberalismo. Las intervenciones de los gobiernos de Gran Bretaña, Alemania, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Islandia,... directamente suministrando a las entidades bancarias cantidades ingentes de dinero y adquiriendo posiciones de dominio en muchas de estas entidades financieras, se compaginan mal, no sólo con la filosofía neoliberal, sino con el núcleo esencial del sistema capitalista actual. Cuando el presidente de la Reserva Federal norteamericana no tiene empacho en exigir una intervención directa y duradera del gobierno yanki, no para preservar los valores del mercado, sino para, violando todas sus teorías económicas, ejercer un fuerte control sobre los sacrosantos “mecanismos del mercado”, deberíamos reflexionar sobre la viabilidad de un sistema que hasta ahora se nos vendía no sólo como el mejor en cuanto a la eficiencia en la utilización de los recursos, sino el único posible. Pero, no nos engañemos, los gritos de los dirigentes políticos de los países capitalistas, desde Sarkozy a Merkel o desde Brown a Zapatero, asustados por las dimensiones de la tragedia provocada por la rapacidad de sus amos, y las duras consecuencias sobre amplísimas capas de ciudadanos en todos sus países (que los del llamado tercer mundo les importan un bledo), sólo son escenas de teatro, y ninguno tiene el más mínimo interés en buscar las causas últimas de esta situación. No es un problema, por más que se empeñe Sarkozy, entre capitalismo productivo y capitalismo especulativo, ni se arregla, como pretende Merkel, con establecer controles, que ya existieron y fueron suprimidos cuando convino, sino que, como decía el viejo Marx, es una condición intrínseca del modo de producción y apropiación capitalista. Y con lo anterior quiero decir que no es un problema derivado de las políticas neoliberales que se han aplicado sin traba alguna en los dos últimos decenios, como muchos socialdemócratas pretenden mantener para que podamos seguir pensando que cabe un capitalismo


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de rostro humano, sino que surge de las más profundas entrañas del capitalismo, que cada día evidencia más su capacidad de destrucción, y que la única alternativa de los pueblos es combatirlo y aniquilarlo. 4.- La situación española Cuando, en el verano del 2007, aflora a la superficie la situación provocada por las denominadas “hipotecas sub prime” en los mercados financieros de Estados Unidos, en España, el mercado inmobiliario sobrecalentado, que estaba dirigido directamente no a satisfacer los intereses del millón largo de ciudadanos, muchos de ellos jóvenes, necesitados de una vivienda, sino a ser refugio de inversiones las más de las veces especulativas, muchísimas de las cuales, hasta primeros de ese año, se efectuaban con dinero facilitado por las entidades de crédito, confiadas en que los intereses a satisfacer por esos créditos serían ampliamente superados por el galopante incremento del precio de la vivienda. La subida incesante de los tipos de interés desde finales del 2006, la sobrevaloración efectuada interesadamente por los bancos para poder conceder los préstamos hipotecarios más por el posible valor de futuro que por el real en el momento de formalizar la operación, la saturación del mercado inmobiliario y la disminución de la liquidez del sistema habían llevado a una política de recortes en la concesión de créditos nuevos y las renovaciones de los ya concedidos, primeramente sobre el sector de la construcción, pero, enseguida, sobre otros sectores de la economía productiva, y que ponía en situación crítica a centenares de pequeñas y medianas empresas. Y, así, desde el convencimiento de que el sistema bancario español no iba a sufrir ni las consecuencias de la mala gestión de sus colegas norteamericanos ni las de la alegría con la que habían repartido créditos hipotecarios hasta los límites de lo aceptable -y ello siempre que los tipos de interés no siguieran subiendo y el precio del suelo mantuviese unos niveles de crecimiento al menos dos o tres puntos


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por encima de las subidas del IPC-, ni el Gobierno, preocupado por las elecciones inminentes, ni los propios banqueros tomaron medidas tendentes a amortiguar los posibles problemas que muchos ya veían venir. Las promotoras, que habían invertido cientos de millones de euros, facilitados por los bancos y las cajas de ahorro, en comprar terrenos con la idea que el crecimiento de la demanda de viviendas se mantendría en niveles altos, se encontraron con una fuerte contracción de la demanda, de un lado, y con las dificultades de sus clientes para cumplir con los plazos, de otro, se hallan hoy con 750.000 viviendas por vender (o ya vendidas, pero con pocas posibilidades de que los compradores hagan frente puntualmente a sus compromisos de pago) y con cientos de miles de metros cuadrados de solares, cuyo precio lo financiaron las entidades de crédito, y sobre los no hay perspectivas a corto ni medio plazo de edificar. Las constructoras, vinculadas, unas, a las mismas promotoras inmobiliarias, y, otras, a los grandes grupos de la banca, que primaron sus actividades en el sector de la construcción de viviendas sobre el de las grandes obras públicas, han dejado de cobrar sus certificaciones de obras y, lo que es peor, sin posibilidades de descontar “papel” ante la nueva política del sector financiero, con lo que se encuentran en bancarrota de la noche a la mañana. El desmedido peso que el sector de la construcción había alcanzado en los diez últimos años, en que había crecido más del 30% en volumen de trabajadores y más del 50% en cuanto a su aportación al Producto Interior Bruto, necesariamente hace que su crisis afecte de forma directa a miles de pequeñas empresas y trabajadores autónomos que se movían en el terreno de las industrias auxiliares, multiplicando y profundizando las consecuencias. Esta situación ha llevado a que, sólo en el primer cuatrimestre del 2008, las solicitudes de concurso (las antiguas quiebras y suspensiones de pagos) han superado a todas las presentadas en el 2007, año en el


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que ya se había producido un considerable incremento sobre el año anterior. Y, además, más de nueve de cada diez expedientes acaban en liquidación, es decir, en la muerte definitiva de la empresa concursada, y, lógicamente, con sus trabajadores en la calle y sus acreedores burlados. Los principales indicadores de la economía española no pueden ser más elocuentes y definen las dimensiones de la crisis. Las correcciones a la baja de las previsiones de crecimiento del PIB ha sido el calvario del ministro Solbes. Del 3,5% previsto a finales del pasado año, la última cifra avanzada por el vicepresidente económico ha sido la del 1,2%, y todos los analistas coinciden en decir que este último trimestre se entrará en números negativos. El paro ha superado el 13% según datos del INEM y está cinco puntos por encima según la encuesta de población activa, superando ya los 2.700.000 trabajadores y trabajadoras. Pero esta panorámica no afecta, como era de suponer, a todos por igual. El presidente del grupo Santander, el Sr. Botín, manifestaba en plena crisis que si tenía que modificar las previsiones de beneficios de su banco, fijadas en diez mil millones de euros (10.000.000.000 €), sería al alza. Y se disponía a comprar activos de entidades financieras alcanzadas en su línea de flotación por la crisis, posiblemente tirando de algunas de las decenas de miles de millones que el gobierno de Zapatero pone a disposición de lo que más tienen. 5.- Las salidas alternativas de la situación En su obra “La miseria de la Filosofía”, en que se critica el contenido de la de Proudhon “La filosofía de la miseria”, Karl Marx afirma que los filósofos se habían dedicado a interpretar el mundo, y los comunistas, los revolucionarios científicos, aspiraban a intervenir para transformarlo. Los comunistas nunca podremos convertirnos, so pena de dejar de ser comunistas, en espectadores pasivos de la historia, sentados


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esperando el día en que la loca dinámica del sistema acabe con él. Si las condiciones objetivas aparecen por la propia evolución de las “fuerzas del mercado”, la cada vez más abismal contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y el mantenimiento de un modelo de relaciones de producción que ya no se corresponde, sobre las condiciones subjetivas se puede operar –y, es más, va a depender precisamente de la actividad de los sujetos sociales el que vayan en una u otra dirección. El capitalismo ha demostrado su capacidad para superar las crisis, incluso las más profundas, dando salidas que, pese a ser dañinas y destructoras para una gran parte de la humanidad, acaban siendo aceptadas como inevitables por amplísimos sectores de población absolutamente alienados por los medios de desinformación de masas, que inoculan la idea de que no hay otro modelo posible, con la inestimable ayuda de los que, desde un supuesto pensamiento progresista, piensan que el sistema capitalista puede, con ligeras correcciones que limen los aspectos más desgarradores, ser el mejor de los posibles. El viejo sueño de la socialdemocracia, cada vez menos creíble. La situación de crisis, síntoma agudo de una enfermedad congénita del sistema capitalista, muestra, y a la vez acentúa, sus puntos débiles, y son momentos que hay que aprovechar para acumular fuerzas e impedir que se impongan las salidas fáciles, descargar todas las consecuencias sobre los trabajadores y los pueblos, permitiendo que el sistema aparezca como más robusto y con más capacidad de destrucción, en vez de propiciar que la salida al menos se acerque más al estado de debilidad de una convalecencia, y que sean los trabajadores los que estén en mejores condiciones para seguir dando la batalla por su emancipación. Es por ello que, sin triunfalismos, pero sin actitudes derrotistas -que amparándose en una situación de debilidad del movimiento revolucionario, postergue de forma indefinida la articulación de las luchas, permitiendo así que el enemigo se recupere y prolongue indefinida-


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mente su inevitable final-, seamos capaces de presentar a la clase las alternativas que la permitan elevar, en estas circunstancias, su nivel de conciencia y su capacidad de lucha. Hoy, se pone de manifiesto con mucha más fuerza la necesidad de coordinar la lucha de todos los destacamentos comunistas del planeta y, desde esa coordinación, avanzar en la construcción del Frente Mundial Antiimperialista, para crear las condiciones que permitan dar cumplida respuesta a los retos que las crisis del sistema plantean a la humanidad y hacer posible nuevos avances hacia la construcción del socialismo, haciendo valer el llamamiento a la unión de los trabajadores con que termina el Manifiesto Comunista, ya que es evidente que aquéllos y los pueblos no tienen que perder más que sus cadenas… y tienen todo un mundo por ganar.

26 de octubre de 2008


IDEOLOGÍA Y CRISIS CAPITALISTA

Fernando Ferraz Responsable de la Comisión Ideológica y de Formación del CC del PCPE

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a ideología del librecambismo puro, esto es, la ideología de los mercados libres y de la liberación financiera, está en franca recesión. La crisis capitalista ha debilitado la fe de la burguesía financiera y de sus principales representantes políticos en esa ideología. El dogma neoliberal de que “el mercado solucionará todos los problemas” y el dictum reeganiano según el cual “el Estado no es la solución, es el problema” se cotizan barato entre la burguesía financiera. Ahora, esa burguesía cree lo contrario. Más aún. Ahora cree que el Estado es su única salvación y corre presa de pánico en busca de su ayuda. Por supuesto, tanto la derecha conservadora como la socialdemocracia liberal se han puesto manos a la obra. Ahí están en ese sentido los planes de rescate del sistema financiero auspiciados


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por G.W.Bush, J.L. Rodríguez Zapatero, G.Brown y A.Merkel, entre otros. ¿Qué suponen esos planes? En nuestra opinión, pura y llanamente, el fortalecimiento del poder de la burguesía financiera a escala global, la continuidad del régimen de acumulación capitalista bajo la hegemonía del capital financiero y el camino de retorno al capitalismo monopolista de Estado. Ese es el nuevo rumbo del capitalismo tras el desastre que ha acarreado la realización de la utopía neoliberal. Hay quienes creen que el capitalismo monopolista de Estado ya no es capitalismo y que puede llamarse “socialismo de Estado”. Pues bien, no es así. El capitalismo monopolista de Estado no es idéntico en absoluto al socialismo, sino que se limita a sentar sus premisas materiales. “La proximidad de tal capitalismo al socialismo – escribió Lenin– debe constituir, para los verdaderos representantes del proletariado, un argumento a favor de la cercanía, de la viabilidad y de la urgencia de la revolución socialista, pero no, en modo alguno, un argumento para mantener una actitud de tolerancia ante los que niegan esta revolución y ante los que hermosean el capitalismo, como hacen todos los reformistas” V.I. Lenin : El Estado y la revolución. Como es lógico, este viraje desde el capitalismo monopolista al capitalismo monopolista de Estado plantea a la propia burguesía financiera y a las principales fuerzas políticas defensoras del orden social capitalista la necesidad de un distanciamiento político e ideológico del neoliberalismo y una revalorización, al menos temporal, del liberalismo intervencionista; lo neoliberal aparece identificado cada vez más como el fracaso y la muerte del capitalismo (el neoliberalismo es malo) mientras que el liberalismo intervencionista se identifica cada vez más con la superación de la crisis desde el liberalismo mismo, con la salvación del capitalismo, con un capitalismo capaz de contener sus propios excesos (el liberalismo intervencionista o social es bueno). En esas están ahora los ideólogos de la burguesía. El dilema inmediato que la crisis capitalista plantea hoy a la burguesía financiera ya no es –desde el punto de vista económico- el de una elección entre un capitalismo sin reglas o un capitalismo regulado.


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No. Evidentemente, la burguesía ya ha hecho esa elección. Tal y como nosotros lo vemos, su dilema actual es sólo el de una elección sobre cuánta regulación del sistema financiero, sobre cuánto proteccionismo y sobre cuánta nacionalización del sistema financiero es necesaria en estos momentos para asegurar, al menos por una temporada, el funcionamiento de la economía capitalista a escala global. Ese es su verdadero dilema. Eso es lo que se está ventilando. Las discusiones entre los dirigentes políticos de los países capitalistas giran sustancialmente en torno a estas cuestiones. El dilema inmediato que la crisis capitalista plantea al proletariado no es, ni mucho menos, el dilema de la burguesía. El dilema actual que esa crisis plantea al proletariado es el de una elección entre la pasividad o la movilización frente a las pretensiolos comunistas nes de la burguesía de reimplantar medipropugnamos inscribir das de explotación propias del primer la movilización contra capitalismo y de liquidar definitivamente la implantación de las conquistas y los derechos sociales del esas medidas y por la “Estado de bienestar”. Ese es su verdadero conservación de las dilema. En las circunstancias actuales, conquistas sociales en no tiene otro. No hay que darle demaun proceso de lucha siadas vueltas a la cabeza para saber qué consciente hacia el significa cada cosa en estos momentos. socialismo La movilización es el requisito previo para la defensa efectiva de derechos conquistados después de muchas luchas sociales, después de muchos combates intelectuales y políticos. Eso es lo que supone la movilización. La pasividad, en cambio, sólo significa la servidumbre consentida, la espera de una explotación cada día más intensa. Cómo es lógico, los comunistas somos partidarios de la movilización. Más aún, los comunistas propugnamos inscribir la movilización contra la implantación de esas medidas y por la conservación de las conquistas sociales en un proceso de lucha consciente hacia el socialismo. ¿Hacia el socialismo? Sí, hacia el socialismo. Ese es el tipo de movilización que propugnamos. ¿Es posible una movilización de ese tipo en estos momentos? Creemos que sí.


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Hasta ahora, en España, la base social para una movilización de ese tipo ha sido bastante exigua. Las causas que obraron subjetivamente en contra de una participación masiva de los trabajadores en una movilización como la que propugnamos son sobradamente conocidas. La desaparición de la URSS significó un enorme retroceso en la conciencia de clase del proletariado. Millones de trabajadores dejaron de creer en el socialismo y se desentendieron de la lucha de clases. Durante los años de bonanza económica, cientos de miles de miembros de la clase obrera, especialmente de sus capas aburguesadas, creyeron la idea ilusoria de que el capitalismo había dejado de ser una sociedad de clases antagónicas para convertirse en una sociedad de prosperidad general constituida mayoritariamente por ciudadanos libres y ricos e integrados en una gran clase media única. Por otra parte, la amenaza permanente del despido y el miedo a perder el trabajo inhibió a los sectores de la clase obrera más afectados por la precariedad laboral de toda participación en la lucha de clases. Pero los tiempos están cambiando. La crisis económica del capitalismo se ha encargado de aniquilar las ilusiones pequeñoburguesas de centenares de miles de obreros. Enfrentados, en muchos casos, al problema del paro y al riesgo de perder la vivienda comienzan a comprobar por experiencia propia la existencia meramente ilusoria de la clase media única a la que ingenuamente creyeron pertenecer. Y va fortaleciéndose, aunque lenta y contradictoriamente, en masas cada día más extensas de trabajadores, la conciencia de que el capitalismo es solamente la sociedad de bienestar de unos cuantos. Hay también, al lado de eso, un anticapitalismo espontáneo en las numerosas manifestaciones de rechazo a los planes de explotación de la Unión Europea y en las movilizaciones de los trabajadores afectados por los expedientes de regulación de empleo (ERE). Cómo es lógico, nada de esto lleva obligadamente a una repulsa consciente del capitalismo. Tampoco, necesariamente, a una movilización bajo las banderas del proletariado revolucionario. Menos aún a una conciencia socialista. Sería muy peligroso –y, a la vez, muy frustrante- para un partido revolucionario abrigar ilusiones de ese tipo. Para llegar hasta ahí es necesario que esos trabajadores dejen de considerar el capitalismo como el mejor sistema de economía posible y, a


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la democracia burguesa, el arquetipo de la organización del Estado y del régimen de gobierno. Es necesario, además, que la idea del socialismo entre en la órbita de pensamiento de esas decenas de miles de jóvenes obreros. La tarea que se presenta ante nosotros, en el plano ideológico, consiste precisamente en eso. En trasladar a esos centela libertad democrática nares de miles de miembros de la bajo el capitalismo es sólo clase obrera la idea de que el capi- la máscara que encubre la talismo no es el mejor sistema de dictadura de la burguesía economía posible. En trasladarles la idea del socialismo. En demostrarles que la libertad democrática bajo el capitalismo es sólo la máscara que encubre la dictadura de la burguesía. En convencerlos de que la lucha de clases es el único medio para la mejora efectiva de sus condiciones materiales de vida y trabajo y, en último resultado, para su liberación. Esa es nuestra tarea. No es fácil. Pero tampoco imposible. En las circunstancias actuales, esa tarea debe realizarse en lucha abierta contra el liberalismo, esto es, contra la ideología dominante en la sociedad capitalista. La lucha contra esta ideología, en cuyo centro aparece la defensa franca y abierta del capitalismo, es, en primer lugar, una lucha contra la reducción de la sociedad de clases (esto es, de la sociedad capitalista) a la sociedad de individuos. No es difícil comprender qué pretende la ideología liberal con esa reducción. Pretende, simplemente, favorecer la desorganización o evitar la organización de la clase obrera como tal clase, reducir a sus miembros a la condición de individuos aislados, es decir, a simples ciudadanos, a átomos fácilmente manejables por la burguesía. La lucha contra el liberalismo es también, en el terrero ideológico, la lucha contra la idea de que el capitalismo de libre mercado –regulado o no- constituye el estadio último del progreso social. Tampoco es difícil comprender qué se pretende con esta idea extraída de la tesis de F. Fukuyama sobre el fin de la historia. Se pretende, la resignación de las masas a la dominación capitalista, la renuncia de la clase obrera al cumplimiento de su misión histórica, esto es, el derrocamiento del capitalismo y la conducción de la sociedad al


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comunismo. Dicho de otro modo, se pretende evitar el avance de la sociedad hasta el verdadero fin de la historia. La lucha ideológica contra el liberalismo es también la lucha contra la idealización de la eficiencia de la gestión privada frente al diletantismo de la burocracia estatal o autonómica –idealización con la que, tanto el liberalismo conservador como la socialdemocracia liberal, pretenden justificar las políticas de privatización de los servicios públicos. Es claro que la batalla ideológica por la conquista de la conciencia de la clase obrera no debe detenerse en la crítica del liberalismo. En las circunstancias actuales, cobra también especial importancia, en ese terreno, la lucha contra el fascismo. En el plano ideológico, esa lucha es sustancialmente una lucha contra la crítica de la democracia burguesa desde posiciones reaccionarias, contra la xenofobia, contra el racismo. En el momento actual, la masa de trabajadores susceptible de ser arrastrada por la crisis económica hacia ese terreno es extraordinariamente grande en nuestro país. Claro está que eso no significa, ni mucho menos, los comunistas no podemos que el futuro inmediato pertedesligar la lucha ideológica nezca al fascismo. La burguesía contra el liberalismo y contra no siente hoy ninguna necesiel fascismo de la lucha por la dad de recurrir al fascismo para seguir ejerciendo su dominación verdadera democracia política de clase. La debilidad del proletariado revolucionario le permite seguir ejerciendo esa dominación sin necesidad de sustituir el régimen de gobierno. Sin embargo, eso no quiere decir, ni mucho menos, que debamos subestimar las posibilidades de influencia del fascismo entre los trabajadores o que no debamos hacer –dentro de nuestras posibilidades actuales- todo cuanto esté a nuestro alcance para combatirlo. De suyo se comprende que los comunistas no podemos desligar la lucha ideológica contra el liberalismo y contra el fascismo de la lucha por la verdadera democracia. En el momento actual, esa lucha es, primeramente, desde el punto de vista político, una lucha por la transformación de la democracia sobre el papel –existente hoy en la sociedad


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burguesa- por una democracia de hecho, esto es, por una democracia que no sólo proclame derechos y libertades, sino que además asegure efectivamente a todos los miembros de la sociedad la posibilidad de disfrutar de esos derechos y libertades. Esa lucha es hoy parte esencial de la lucha por el socialismo. Recordemos, en este sentido, las palabras de Lenin, recogidas por Jorge Dimitrov en su Informe ante el VII Congreso de la Internacional Comunista: “Sería un error cardinal pensar que la lucha por la democracia puede desviar al proletariado de la revolución socialista o empeñar u oscurecer ésta, etc. Por el contrario, del mismo modo que no puede haber socialismo triunfante si éste no realiza la plena democracia, el proletariado no puede prepararse para la victoria sobre la burguesía sin librar una lucha en todos los aspectos, una lucha consecuente y revolucionaria, por la democracia” 10 de octubre de 2008


LA LARGA MARCHA DE LA CRISIS ECONÓMICA CAPITALISTA

Osvaldo Martínez Director del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (Cuba)

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ntes de reseñar lo ocurrido hasta aquí es conveniente recordar dos aspectos muy relacionados con la actual crisis. El primero es el esencial planteamiento de Carlos Marx acerca del carácter cíclico del sistema capitalista, lo que significa su movimiento periódico a través de fases, de las cuales una es la crisis económica. La crisis no es una anormalidad, sino una regularidad que en la peculiar naturaleza de ese sistema, equivale a un desagradable, destructor y necesario purgante que, después de destruir empresas, causar ruina, provocar desempleo, facilita una nueva etapa de crecimiento económico basado en la reconstrucción de lo destruido. Si para Marx las crisis eran de superproducción o sobreproducción debido a una acumulación de mercancías producidas que no encontra-


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ban comprador porque los ingresos de la mayoría de los compradores (obreros asalariados) se retrasaban respecto a la dinámica productiva empujada por el afán de ganancia, ya con el surgimiento del imperialismo y el crecimiento del papel de las finanzas, las crisis capitalistas incorporan un nuevo factor que apenas existía en época de Marx y sólo en pequeño grado en época de Lenin: el peligro de las burbujas financieras, capaces de destruir la estructura de las finanzas, lesionar gravemente el crédito y por esa vía llegar a provocar un desplome de la demanda real y desembocar en una crisis de efectos como los anunciados en el análisis pionero de Carlos Marx. La crisis económica que acompañó a la Primera Guerra Mundial (1914-1918) fue parcialmente el estallido de una burbuja financiera, y, la crisis de 1929-33 (la más profunda y abarcadora hasta el presente), fue un estallido de ese tipo, que desplomó el crédito, derrumbó la demanda real y abrió camino a lo que se conoce desde entonces como la Gran Depresión de los años 30, la cual solo encontró “solución” completa con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, en 1939, la destrucción de Europa y Japón y la posterior reconstrucción de posguerra. Burbuja financiera Un segundo aspecto a recordar es el significado de una burbuja financiera. Para hacerlo es necesario tener en cuenta la diferencia entre la economía real y la economía especulativa. La economía real es aquella en la que se crean bienes y servicios que satisfacen necesidades humanas, en la que se invierte trabajo creador de valores de uso y valores de cambio, que aplica tecnologías y las desarrolla, que alimenta el crecimiento económico real, en tanto que la economía especulativa es la compra-venta de títulos de valor en sucesivas compras y ventas de papeles, que van creando cadenas de ganancias especulativas en cada operación (y también cadenas de deudas), sin que agreguen valor o valor de uso en términos reales, y tendiendo a alejarse de la economía real y crear una dinámica propia, a medida que la especulación crece.


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No pocos economistas (en especial John Maynard Keynes) han llamado la atención sobre la peligrosidad de las burbujas financieras, las cuales tienden a estallar si la especulación no es controlada dentro de límites. Ese control debe hacerlo el Estado mediante la regulación del sector financiero y con la política tendiente a favorecer la inversión productiva en economía real por encima de la inversión financiera especulativa (y ésta fue la esencia de la política keynesiana aplicada en Estados Unidos a partir del gobierno de Roosevelt, que se hizo predominante en el mundo aproximadamente hasta 1980). Con la opción del neoliberalismo como política económica predominante, el sector financiero y la especulación encuentran la fórmula ideal para sus intereses. La desregulación financiera se impuso y consistió esencialmente en eliminar toda regulación o restricción al libre movimiento del capital (en especial, en forma financiera), incluyendo las regulaciones sobre seguridad y transparencia en las operaciones bancarias. Se inició una etapa en la que las regulaciones de la era keynesiana fueron barridas y se permitió la disminución de las reservas bancarias de garantía, la retirada de ciertos tipos de pasivos de los balances de las entidades financieras ocultando el verdadero estado de ellas, el funcionamiento de los paraísos fiscales, las abusivas acciones de las agencias calificadoras de riesgo y, en consecuencia, la especulación desenfrenada con todo lo susceptible de rendir una ganancia apostando a un precio futuro en la economía de casino que domina el llamado mercado financiero globalizado y cuyo centro es la economía de Estados Unidos. La especulación con petróleo, alimentos, materias primas, tasa de cambio de monedas y muchas otras cosas se convirtió en la tendencia dominante porque en ella se obtenían ganancias muy elevadas, rápidas y fáciles. Los efectos La crítica marxista y no marxista a las burbujas financieras señala dos graves daños que ellas provocan. Uno de ellos es que tienden a estallar, porque su lógica consiste en que las operaciones especulativas son más rentables cuanto más arriesgadas e inseguras, y,


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además, crean adicción, pues obligan a aumentar la masa de dinero y la cadena de deudas involucradas, hasta que dicha cadena se quiebra en algún punto por deudas no pagadas y la armazón especulativa se desploma con un efecto muy peligroso de arrastre sobre las instituciones financieras y probable contracción del crédito. El otro efecto dañino de las burbujas especulativas no es tan espectacular como el estallido, pero no es menos perjudicial para el capitalismo, porque consiste en que masas crecientes del capital dejan de invertirse en la economía real, donde se crea empleo, tecnologías y valores, para desviarse hacia la colocación especulativa en forma líquida, en una actividad parasitaria y, así, minando el potencial de crecimiento de la inversión de capital. Ignorando los peligros de la especulación desenfrenada, el neoliberalismo continuó avanzando en la desregulación financiera. En 1999, fue aprobada por el Congreso de Estados Unidos, y firmada por Clinton, el Acta para la Modernización de los Servicios Financieros, que fue la derogación de los controles sobre las finanzas y las operaciones bancarias que quedaban todavía vigentes de la época keynesiana y que fueron establecidos al calor de las experiencias de la gran crisis de 1929. En el año 2001 ocurrió un episodio de estallido de una burbuja financiera en el sector de la informática en Estados Unidos, que puede considerarse el antecedente inmediato de la crisis actual. En esa ocasión quebraron grandes empresas, como Enron, World Com y otras, explotaron escándalos de contabilidad fraudulenta en el caso de Enron, algunos miles de pensionistas vieron esfumarse sus pensiones al caer desplomados los fondos de pensiones vinculados en Bolsa a la cotización de las empresas en bancarrota. Fue un claro alerta de peligro, pero el gobierno de Bush no adoptó decisión alguna y la burbuja financiera no se controló, sino que, simplemente, se trasladó hacia el sector inmobiliario, adquirió un tamaño mucho mayor y, finalmente, comenzó a estallar en agosto de 2007, dando lugar al inicio de la crisis financiera actual.


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De la crisis inmobiliaria a la crisis financiera Lo ocurrido hasta ahora es el estallido de la burbuja financiera en el sector inmobiliario de Estados Unidos. Su impacto de derrumbe sobre el mercado financiero de ese país es una línea ascendente de crisis, hasta obligar al gobierno de Bush a renegar en los hechos de su dogma neoliberal, nacionalizar entidades financieras y presentar el más costoso plan de salvamento de las entidades en bancarrota que jamás un gobierno haya presentado. Han caído en quiebra los cinco grandes bancos de inversión (en realidad, de inversión especulativa) que fueron el brillante símbolo de la floreciente industria de la especulación desbordada: Lehman Brothers, Merril Lynch, Goldman Sachs, Morgan Stanley y Bearns y Stern. Algunos de ellos, como Lehman Brothers, tenía 158 años de existencia y había logrado sobrevivir a la crisis de los años 30. De ellos quedan apenas con vida recortada Morgan Stanley y Goldman Sachs, actuando ahora como simples bancos comerciales, y sin hacer operaciones de titularización de valores, que fueron su gran centro de operaciones especulativas. Entraron en quiebra las dos enormes agencias inmobiliarias conocidas como Fannie Mae y Freddy Mac, que financiaban la mitad de las viviendas norteamericanas, y fue necesario que el gobierno las interviniera y refinanciara con doscientos mil millones de dólares para evitar su colapso total. Entró en quiebra la gran entidad aseguradora de hipotecas American International Group (AIG) y fue necesario que el gobierno la interviniera y refinanciara con ochenta y cinco mil millones de dólares. También el gran banco comercial Washington Mutual, uno de los mayores de Estados Unidos. Fueron a la bancarrota otra veintena de bancos comerciales y un centenar está bajo examen de supervivencia por la Corporación Federal de Seguros de Depósitos. La gravedad de la situación ha hecho que los Bancos Centrales de los principales países desarrollados inyecten dinero en grandes cantidades a la circulación, para impedir la parálisis en vista de la tendencia a la contracción del crédito. La Reserva Federal (Banco Central) de Estados Unidos ha inyectado varios cientos de miles de millones de dólares desde que comenzó la crisis, y otros bancos hacen algo simi-


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lar. Solamente el día 1 de octubre, el Banco Central Europeo inyectó 50 mil millones de dólares, el Banco de Inglaterra, 30 mil millones, el Banco Suizo, 10 mil millones, y el Banco de Japón, 5.300 millones. Por la dimensión de lo ocurrido, es la crisis financiera actual la más severa crisis capitalista desde 1929, y abre una interrogante hacia adelante en cuanto a su duración e intensidad. Estas pueden ser aun mayores que entonces si se tiene en cuenta que la burbuja es mucho mayor que aquélla y es superior el grado de globalización que hoy existe, lo que significa mayor capacidad de difusión de la crisis entre economías mucho más interconectadas por los hilos del mercado financiero globalizado. En forma muy abreviada, se trata de la típica razón que hace estallar las burbujas financieras: ellas crecen impulsadas por la elevada ganancia en operaciones cada vez más arriesgadas, y por la ausencia de controles, hasta que algún agente no puede pagar y comienza el derrumbe en cascada. En el sector inmobiliario de Estados Unidos el proceso es muy claro. Allí creció la compra-venta de casas y de hipotecas sobre ellas al calor de las apuestas especulativas sobre el precio futuro de las viviendas, y creó una realidad magnífica a corto plazo para los involucrados, aunque temporal y peligrosa. En esos años, el precio de las casas crecía de año en año, de tal modo que era muy fácil pedir una hipoteca, pues el aumento de precio de la casa compensaba rápidamente el costo de la hipoteca. Fue un mecanismo eficaz para estimular el consumismo de la población norteamericana, que, en los créditos hipotecarios, encontraba la financiación para hacer compras crecientes a cuenta de la vivienda, cuyo precio crecía de año en año. A su vez, las entidades financieras tomaban las hipotecas y las convertían en activos, las titularizaban o convertían en títulos de valor y las vendían y revendían con márgenes de ganancia en operaciones cada vez más lucrativas y riesgosas. Los vendedores de hipotecas las ofrecían con crecientes facilidades, pues la especulación así lo pedía para aumentar la masa de operaciones,


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y se llegó a los llamados “créditos subprime” o “créditos por debajo de la norma de calidad”, que no son otra cosa que créditos concedidos a prestatarios que en condiciones normales nunca lo hubieran obtenido, pues no podrían demostrar solvencia para respaldarlo. Esto significa que se han difundido por el mercado financiero globalizado una cantidad no precisada de títulos “podridos” o portadores de créditos subprime incobrables, en forma encubierta, bajo las astucias de la ingeniería financiera y la falsa respetabilidad de las entidades que están ahora en quiebra. Esto hace del mercado financiero globalizado —que se extienda por todo el planeta— una especie de campo minado en el que explotan por doquier estos valores “podridos” que la especulación y el neoliberalismo difundieron y que no se sabe exactamente dónde y en manos de quién se encuentran. Las primeras expresiones de crisis comenzaron en agosto de 2007 y, en casi 14 meses transcurridos desde entonces, se ha ido agravando hasta llegar a la desesperada solicitud de salvamento hecha por el gobierno de Estados Unidos al Congreso, después de fracasar las sucesivas inyecciones de liquidez aplicadas durante un año. La profundidad de una crisis económica generada a partir de la explosión de una burbuja financiera depende de su extensión a la economía real. Si la burbuja solo provoca pérdidas en entidades financieras, y descensos momentáneos en la Bolsa, la crisis resulta contenida y no trasciende en gran escala a la economía real, el problema no es tan grave. Esto no significa que exista un muro divisorio absoluto entre economía real y financiera, pues, en la práctica, los grandes conglomerados transnacionales tienen ambas actividades dentro de su estructura y, en líneas generales, la afectación en una de ellas repercute en la otra, pero lo que marca la diferencia entre una crisis financiera y una crisis de mayor calibre es el grado en que ella impacta a la economía real (al empleo, al consumo, la producción industrial, etc.). Y la correa de transmisión entre uno y otro ámbito de actividad es el crédito. La desaparición o el súbito encarecimiento del crédito, que es como el aceite que permite la marcha de la economía moderna, es el factor determi-


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nante en la conversión de una crisis financiera en una crisis económica generalizada de gran profundidad. Hasta el momento se ha registrado ya cierto impacto en la economía real de Estados Unidos, aunque se trata solo de los primeros síntomas. En el mes de septiembre, se perdieron en Estados Unidos 159.000 puestos de trabajo (la cifra mayor mensual en los últimos 5 años) y el desempleo alcanzó el 6,1%. Es significativo que, de los empleos perdidos, menos del 10% lo fueron en el sector financiero y la mayor parte lo fueron en actividades de la economía real, como la industria automovilística (sus ventas cayeron 32% en septiembre), la industria informática y la industria textil. El 57% de los norteamericanos que poseen cuentas en bancos teme por sus depósitos, a pesar del seguro que los cubre, el que fue elevado hasta depósitos de 250 mil dólares por el plan de rescate, aprobado por el Congreso, y que trata de frenar el movimiento de pánico hacia una retirada de depósitos que ya se iniciaba. El plan de rescate del gobierno de Bush El plan de rescate del gobierno de Bush ha sido aprobado para tratar de contener la crisis y evitar su amplificación, pero se le pueden señalar varias deficiencias: 1) Su cuantía de ochocientos cincuenta mil millones de dólares no asegura que sea suficiente para remediar la magnitud de los créditos “chatarra”. Algunos medios consideran que serían necesarios 5 millones de millones de dólares, y la realidad es que, por la sofisticación e intensidad de los papeles que empapelaron la economía norteamericana, nadie sabe la verdadera magnitud de los préstamos incobrables. Es de observar que la reacción de la Bolsa inmediatamente después de la aprobación del rescate fue a la baja y cerró esa semana como la peor registrada en siete años, en lo que parece ser la expresión de la desconfianza en la efectividad del rescate. Algunas fuentes informan que 2/3 de los créditos hipotecarios otorgados son incobrables.


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2) El rescate no aborda las causas que llevaron a la crisis, esto es, la desregulación financiera. En esas condiciones, salvar a las entidades quebradas equivale a refinanciarlas para que sigan haciendo lo único que saben hacer: especular. Esto se refuerza por la lógica de la explicación oficial dada por Bush y Paulson, el Secretario del Tesoro, según la cual la crisis es de “confianza” y bastaría reflotar las entidades quebradas para que todo funcione bien de nuevo. 3) Echaría más leña al fuego de los desequilibrios básicos de la economía de Estados Unidos. Con una deuda pública de 9,6 millones de millones de dólares, un déficit presupuestario de 450 mil millones antes del plan de rescate y un déficit comercial mayor de 600 mil millones, la puesta en circulación de 850 mil millones más no haría otra cosa que hundir más al dólar. Aunque algunos analistas hablan de que China pudiera compensar la caída de Estados Unidos y asumir el papel de locomotora, esto no parece posible, debido a que Estados Unidos representa el 20% del PIB mundial, en dólares se hace el 70% del comercio mundial y están en esta moneda el 65% de las reservas monetarias, pero, más que eso, es el primer comprador mundial, aventajando largamente a cualquier otro país, y su mercado financiero (Wall Street) maneja más dinero que todas las Bolsas europeas juntas. La crisis actual tiene una diferencia con el crac de la Bolsa de 1987 y el estallido de la burbuja informática en 2001: ahora los activos en juego no son sólo instrumentos financieros (papeles), sino viviendas donde viven personas. En aquellos episodios de crisis no hubo colapsos bancarios y ahora el colapso es ya profundo. Otro ingrediente de la crisis actual con gran potencial de crear malestar social es la ruina de los fondos de pensiones, convertidos por el neoliberalismo en instrumentos especulativos con administración privada. Noticias recientes informan que los maestros del Estado norteamericano de Ohio han visto evaporarse sus pensiones porque el fondo de pensiones fue invertido en entidades quebradas, como Fannie Mae, Freddy Mac, AIG y Lehman Brothers. En Suiza, las cajas de


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pensionistas reportan pérdidas por 30 mil millones de francos suizos. En México, los fondos de pensiones perdieron más de 6 mil millones de dólares y, en Chile —el padre de la privatización de la Seguridad Social—, se han perdido 20 mil millones de dólares. Esta crisis plantea un desafío teórico y práctico para los marxistas, para los que defienden el socialismo y, en general, los que luchan por un mundo mejor. En ella se presentan elementos que responden al análisis marxista clásico de las crisis capitalistas; otros que entraron apenas en pequeño grado en ese análisis clásico, por corresponder al capitalismo posterior a Marx y Lenin, y otros que no aparecen allí, por ser fenómenos recientes. En efecto, en esta crisis tenemos la clásica sobreproducción o superproducción marxista de mercancías que no encuentran demanda solvente (viviendas en Estados Unidos y posibles capacidades industriales en China, Japón, Corea del Sur, India, diseñadas para exportar hacia Estados Unidos y Europa), tenemos el estallido de una burbuja financiera en complejas condiciones de neoliberalismo y globalización que el marxismo clásico apenas alcanzó a ver en sus estadios muy iniciales, y fenómenos absolutamente nuevos como la subproducción derivada del agotamiento de recursos no renovables, como el petróleo, el agua, las tierras fértiles. Es una crisis que combina la vieja necesidad de sustitución del capitalismo, por su tendencia a generar crisis económicas destructoras de fuerzas productivas, con la necesidad de supervivencia de la especie humana en el planeta, sometido a la depredación, no sólo económica y social capitalista, sino a la depredación de las condiciones de vida humanas. Los resultados sociopolíticos de una gran crisis económica capitalista no están predeterminados. Dependen de las fuerzas políticas actuantes y su maestría para aprovechar la coyuntura favorable derivada de la ruina, el desempleo, la pobreza, el descrédito del discurso capitalista que una crisis implica. De una gran crisis económica y una


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guerra mundial surgió la primera revolución socialista y de una gran crisis económica surgió el fascismo alemán. Por el momento, el estado subjetivo reinante en Estados Unidos se refleja en la siguiente cita del Premio Nobel de Economía 2001, el norteamericano Joseph Stiglitz, ex asesor económico de Clinton y ex vicepresidente del Banco Mundial: “Tendremos que rezar entonces para que un acuerdo (se refiere al plan de rescate) armado con la mezcla tóxica de intereses especiales, una economía equivocada e ideologías de derecha que generaron esta crisis, pueda dar como resultado de algún modo un plan de rescate que funcione o cuyo fracaso no provoque demasiado daño”. Granma, 17 de octubre de 2008


LA CRISIS ME DA RISA: UNA MIRADA DESDE LOS GRUNDRISSE DEL CAPITALISMO CONTEMPORÁNEO

Adrián Soleto V. Investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México

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ara la mayoría de la humanidad, que es la clase trabajadora y el proletariado todo, debe quedar muy claro que la presente es una crisis estructural, prolongada y derivada de las profundas contradicciones históricas acumuladas por el sistema en las últimas tres décadas y que son coincidentes con lo que se ha dado en llamar “neoliberalismo”, es decir, un patrón de producción y reproducción, intercambio y consumo del capital internacional y de Estado fundado en la división internacional del trabajo y en la dinámica empresarial de las fuerzas del mercado (oferta-demanda) y que, para ello, cuenta con todos los instrumentos jurídico-políticos e institucionales ―así como de las fuerzas represivas― del Estado y de otros instrumentos del sistema de dominación, por ejemplo, el poder persuasivo de los medios de comunicación, la educación y los procesos ideológicos.


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Por lo tanto, de ninguna manera se trata de una “crisis inmobiliaria” o simplemente “financiera”, como se viene propagando desde los círculos oficiales del poder político-ideológico de Estados Unidos y de la Unión Europea y en los medios de comunicación privados y oficiales. Si así fuera, sencillamente por sentido común, se entendería que, con la inyección de setecientos mil millones de dólares que el Congreso norteamericano aprobó con el objetivo de que el Departamento del Tesoro adquiera la deuda llamada de “mala calidad” de los bancos privados, el problema ya se hubiera resuelto o, por lo menos, distendido, en vez de pronunciarse y profundizarse como está ocurriendo, al grado de estar el sistema todo en riesgo de precipitarse en un ciclo recesivo de incalculables consecuencias para la humanidad. Se equivocaron los teóricos de las ondas largas, que auguraban la existencia de un nuevo ciclo Kondratiev de tonalidad expansiva que por lo menos se debería extender hasta el año 2025, cuando ya hubiera una “nueva hegemonía” ubicada en un “nuevo polo geopolítico” con centro en Asia: sea Japón, China, Rusia, India, Pakistán o un “hegemón combinado”, sui generis, que hiciera las veces de reemplazo del imperio norteamericano, cuestión que no se ve muy clara en estos tiempos. Más bien, lo que ocurrió, por lo menos desde la crisis mundial de 1974-1975, fue que el actual ciclo recesivo que allí se originó fue constantemente regenerado, en los ochenta y los noventa del siglo pasado, con las políticas liberales y mercantilistas del gran capital y del Estado keynesiano, al grado de cambiar, luego de la industrialización de los países del tercer mundo y, en particular, de los de América Latina, su proceso de acumulación y reproducción de capital en función de las prerrogativas que demandaba el mercado mundial gobernado por las empresas transnacionales de las potencias imperialistas (al respecto, consúltese literatura relevante de la teoría de la dependencia y sobre el intercambio desigual). Porque muchos teóricos se fueron con la finta de que el problema era “estrictamente financiero” y de dificultades de los precios (“deterioro de los términos de intercambio”) y de las tasas de ganancia. Basta recordar la propagandística tesis de la CEPAL para calificar y reducir toda la crisis estructural, financiera, industrial, productiva, laboral y comercial de los países latinoamericanos de los ochenta como un “crisis de la deuda”, que repitieron como pericos tirios


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y troyanos, mientras que el “período” lo calificaron como una “década perdida”, aunque nunca se aclaró perdida para quién. Por el contrario, si bien la crisis es una crisis de sobreproducción (mayor la oferta que la demanda) y de realización de mercancías y de capital (por ende: de producción de anti-valor y dificultades de realización de plusvalía), sin embargo, también es cíclica; es decir, atraviesa por un ciclo de prosperidad, expansión, recesión, depresión y crisis donde intervienen, en cada uno de esos momentos, el Estado y las políticas del capital. Pero debemos observar, y aguzar, su carácter cualitativo y en espiral: queremos indicar con ello que se trata de un proceso histórico estructural del desarrollo capitalista global y dependiente que, en cada ciclo histórico (por ejemplo, cada diez años) ve reducirse la duración de los períodos de crecimiento económico y de producción de riqueza y aumentar los de recesión, depresión y de crisis como está sucediendo en la actualidad. Es decir, la gripe en el paciente enfermo y en el adulto es la misma, pero, su manifestación en ambos, completamente diferente. Por ello “… las categorías más abstractas, a pesar de su validez ―precisamente debida a su naturaleza abstracta― para todas las épocas, son, no obstante, en lo que hay de determinado en esta abstracción, el producto de condiciones históricas y poseen plena validez sólo para estas condiciones y dentro de sus límites” (Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse), 1857-1858, Siglo XXI, México, 1980, octava edición). Tesis fundamental contra el pensamiento conservador en el sentido de la afirmación de que las categorías son fiel reflejo tanto de la realidad externa (el mundo empírico, la naturaleza, de la “cosa en sí” kantiana, según Lenin en Materialismo y empiriocriticismo) como de la historia, pero de ninguna manera constituyen categorías aisladas o eternas (globalización, fin de la historia, postcolonialismo, democracia) como pregonan las corrientes del pensamiento idealista. La actual crisis capitalista del mundo, tanto en el centro del sistema como en su periferia (subdesarrollada y dependiente), es esencialmente una crisis de producción de valor y de plusvalía, y que Marx vislumbró hace 150 años en el magnífico borrador de los Grundrisse y desarrolló posteriormente en su monumental obra El capital, crítica de la economía política, en una suerte de secuencia epistemológica y conceptual entre ambos, muy


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distante de la tesis de Antonio Negri en su Marx más allá de Marx, donde presupone lo contrario, o de su fragmentación generacional y “ruptura epistemológica”, de Louis Althusser, que divide el pensamiento de Marx en rebanadas ideológicas, como dice Mandel.   Planteamos que una vertiente de la crisis estructural del capitalismo mundial actual se deriva de la insuficiencia, y, hasta cierto punto, incapacidad de los mecanismos del sistema para generar el valor en general suficiente que restituya la producción de valor en el proceso de trabajo, valorice el capital invertido (en medios de producción, materias primas y en fuerza de trabajo o capital variael trabajo, la fuerza de trabajo, ble), cree plusvalía y restituya el es el único factor productor de aumento de la tasa de ganancia. valor y, por ende, de plusvalía Esta tesis deriva de aquélla constatada ejemplarmente por Marx cuando expone que el trabajo, la fuerza de trabajo, es el único factor productor de valor y, por ende, de plusvalía, y que cuando el capital no está en la esfera de la producción, sino en la de la circulación, es improductivo, de tal manera que “este proceso de realización es a la par el proceso de desrealización del trabajo. El trabajo se pone objetivamente, pero pone esta objetividad como su propio no-ser o como el ser de su no-ser: del capital” (Grundrisse, L.I., p. 415). Por eso, como está ocurriendo en la actualidad, cuando el capital global desplaza crecientemente parcelas de fuerza de trabajo en todas las industrias, servicios y actividades, países, territorios y regiones, y en el mundo entero, al mismo tiempo que se disloca hacia las actividades especulativas características del capital ficticio (es decir, el capital que se desconecta, durante determinados períodos, de la esfera de la producción), si bien es cierto que crea más productos (valores de uso), sin embargo, progresivamente, en el largo plazo, crea cada vez menos valor (de cambio), lo que termina por castigar severamente la tasa de plusvalía y, por ende, la media de ganancia del sistema. Como la tendencia del capital es la de “…volver superfluo (relativamente) el trabajo humano, la de empujarlo como trabajo humano hasta límites desmesurados” (Grundrisse, L. I., p. 350), esta tendencia termina por castigar la tasa de plusvalía y, a través de las categorías como competencia, distribución, apropiación, a la tasa de ganancia; fenómenos concatenados que precipitan al sistema a la crisis.


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Además, cuando el capital, como está ocurriendo hoy en la economía capitalista global, se concentra en la esfera financiera, en los bancos, en el comercio, en la circulación, de acuerdo con Marx, se reafirma el proceso de desvalorización, porque ese capital no crea valor ni plusvalor en esa esfera, sino solamente en la de la producción, que es el espacio-tiempo donde la fuerza de trabajo se articula con los medios de producción y la transformación de la naturaleza para ―poder― producir medios de consumo y nuevos medios de producción que revitalicen el proceso de reproducción del capital en una nueva escala superior. De esta forma, “… la desvalorización constituye un elemento del proceso de valorización, lo que ya está implícito en que el producto del proceso en su forma directa no es valor, sino que tiene que entrar nuevamente en la circulación para realizarse en cuanto tal. Por lo tanto, si mediante el proceso de producción se reproduce el capital como valor y nuevo valor, al mismo tiempo se le pone como no-­valor, como algo que no se valoriza mientras no entra en el intercambio” (Grundrisse, L.I., p. 355). Según Marx, el proceso de valorización de capital, además de esta desvalorización implícita, también incluye tanto la conservación del valor como la creación de plusvalor por la fuerza de trabajo. Debemos constatar que el valor de uso de la fuerza de trabajo ―que es el que en el mercado compra el capital―, produce la plusvalía (vital para el sistema) y se determina por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción y reproducción, y no al revés. Por esa misma razón, Marx aclara que “el tiempo vivo de trabajo que el capitalista adquiere en el intercambio no es el valor de cambio, sino el valor de uso de la capacidad de trabajo” (Grundrisse, L. II., p. 195). Disipándole a Ricardo y, por extensión, a los teóricos de la economía política clásica, esta confusión entre valor de uso y valor de cambio y su relación con la producción de plusvalía, Marx aclara que “lo que el capitalista recibe en el intercambio es la capacidad de trabajo: es este el valor de cambio que paga. El trabajo vivo es el valor de uso que tiene para él este valor de cambio, y de este valor de uso surge el plusvalor” (Grundrisse, L. II, p. 54). Categorías simples, pero que son la base de toda la confusión de la economía política clásica y neoclásica de nuestros días, que no atinan a entender el papel central del trabajo y del valor en nuestros días.


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Y, justamente, en la constante valorización-desvalorización del capital, lo que éste castiga, contradictoriamente, en aras de obtener plusvalía y ganancias es justamente ese trabajo que supone la reproducción del obrero (o sea: su valor de uso determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción y que se expresa en una proporción monetaria bajo la forma de salario). Lo que comprime dentro de la jornada de trabajo el capital (en la plusvalía relativa, véase la Sección Cuarta de El Capital) es justamente el tiempo socialmente necesario para aumentar el tiempo de trabajo excedente no remunerado que representa la plusvalía. Entonces, por esto, la categoría “tiempo de trabajo”, que había sido el eje alrededor del cual se calculaban todos los valores y precios de las mercancías, en el capitalismo entra, primero, en tensión, y, más tarde, en la crisis (véase mi libro: El mundo del trabajo en tensión. Flexibilidad laboral y fractura social en la década de 2000, coedición Plaza y Valdés-FCPyS-Posgrado en Estudios Latinoamericanos-UNAM, México, 200). De tal manera que la proyección científica de Marx (válida hoy para el siglo XXI y para la explicación esencial de la crisis contemporánea del capital) es que en el capitalismo se agudiza, como está ocurriendo por todo el sistema, la contradicción-lucha entre el tiempo de trabajo y lo que llamaríamos desmedida del valor; es decir, que en cada ciclo de aumento real de la productividad social del trabajo, debida, entre otros factores, al incesante incremento e incorporación de tecnología de punta en el proceso de trabajo, la categoría “tiempo de trabajo” deja de ser un factor suficiente para aumentar el plusvalor y, por ende, en el largo plazo, de la tasa de ganancia, la cual, por el contrario, tiende a declinar, estimulando por todo el sistema el ciclo especulativo, la concentración y centralización del capital y, como su producto, las crisis financiera, monetaria e inmobiliaria como las que están en curso en Estados Unidos. Ciertamente que ese tiempo, que es promedial, social y necesario, crece, pero lo hace cada vez menos, debido, entre otros factores, al desplazamiento de fuerza de trabajo conforme aumenta la composición orgánica del capital (la relación entre el capital constante y capital variable, o sea, la fuerza de trabajo); al desarrollo tecnológico (que en sí no crea valor ni, por ende, plusvalía, sino sólo lo transfiere al producto final, contrariamente a las afirmaciones posmodernistas) y, finalmente, a la constante producción de plusvalía relativa (articulada eficazmente con la plusvalía absoluta), de


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tal manera que la hipótesis que aquí sostenemos es: por más que siga aumentando la productividad, desarrollándose la revolución tecnológica y “ahorrando fuerza de trabajo” (desempleo, ejército industrial de reserva, etcétera), la reducción del por más que siga aumentando la tiempo socialmente neceproductividad, desarrollándose sario para la producción la revolución tecnológica y de mercancías y de fuerza “ahorrando fuerza de trabajo”, la de trabajo se va volviendo cada vez más marginal; es reducción del tiempo socialmente decir, cada vez más insignecesario para la producción de nificante para producir mercancías y de fuerza de trabajo se valor y plusvalor, aun- va volviendo cada vez más marginal que progresivamente esté aumentando en la sociedad el volumen general de la riqueza física (valores de uso), pero, sin embargo, con un valor contenido cada vez menor. Entonces, el sistema entra en crisis orgánica, estructural y civilizacional, como está ocurriendo en la actualidad. Las salidas que tiene el capital, por supuesto, son varias, y ésta no es la última crisis, a pesar de su severidad y espectacularidad. No hay una crisis terminal del sistema, como a veces postulan, sin bases, ciertos marxistas dogmáticos y trasnochados. El sistema del capital y su metabolismo social (István Mészáros) tiene, por supuesto, dispositivos muy serios que implementar para auto-regenerarse, como la represión y la fuerza bruta (Irak y Afganistán), cuando la crisis y la lucha de clases son incontrolables para el imperio. Nosotros apuntamos dos tendencias importantes: la guerra imperial y la generalización por todo el sistema del régimen socioeconómico de superexplotación del trabajo como “salidas” inmediatas de la crisis, que podrían recolocar una cierta corrección de la tasa promedio de crecimiento económico del sistema capitalista, aunque en una proporción infinitamente menor a la tasa alcanzada por el capitalismo durante los llamados “treinta años gloriosos”. En este contexto, desde la década de los años ochenta del siglo pasado, cuando asumen la supremacía las estrategias estabilizadoras del neoliberalismo y del capital financiero, las crisis capitalistas modernas están hoy,


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mucho más que nunca en el pasado, indisolublemente asociadas a la reestructuración del capital y del mundo del trabajo (en materia de salarios, organización del proceso de trabajo, formación sindical, calificación y adiestramiento, así como del ejército industrial de reserva), con el fin de adecuarlos a la lógica y condiciones de funcionamiento del mercado en el marco del cual asumen un papel estratégico las políticas del Estado y del capital encaminadas a estimular el crecimiento de la tasa de ganancia, contrarrestar las tendencias a la disminución del ritmo de acumulación y a favorecer los procesos de reestructuración y desregulación de la fuerza de trabajo (Cf. James O’ Connor, Crisis de acumulación, ediciones Península, Barcelona, 1987). En ese lapso ocurrieron cambios cuantitativos y cualitativos en aspectos importantes de las estructuras de acumulación y valorización de capital, en los regímenes políticos y estatales (por ejemplo, en América Latina), así como en las estructuras de clase y en las instituciones de las sociedades contemporáneas. Es así cómo, en el aspecto estructural de la dimensión económica, se fue consolidando un nuevo patrón de acumulación y reproducción de capital neoliberal, con fuerte propensión a volcarse al mercado mundial capitalista, particularmente en los países dependientes y subdesarrollados de América Latina (Cf. Mis libros: México: dependencia y modernización, Ediciones El Caballito, México, 1993, Globalización y precariedad del trabajo en México, Ediciones El Caballito, México, 1999, La reestructuración del mundo del trabajo, superexplotación y nuevos paradigmas de la organización del trabajo, coedición ITACA-UOM-ENAT, México, 2003). Hoy, ese patrón privilegia la producción de productos primarios para la exportación, así como de biocombustibles, donde Brasil posee la segunda industria de biocombustibles del mundo por su tamaño, después de Estados Unidos, y proporciona alrededor de 40% del combustible que consumen sus automóviles y se calcula que pronto podrá suministrar 15% de su electricidad mediante la quema del bagazo de la caña de azúcar (Cf. Economist Intelligence Unit, “El futuro de la energía”, La Jornada, 01 de julio de 2008). De esta forma, para aumentar las exportaciones, la mayor parte de los países latinoamericanos se vio orillado a reconvertir sus aparatos productivos y sus patrones de acumulación de capital en función del


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sacrosanto principio neoliberal de especializar los aparatos productivos en beneficio de sectores tradicionales primario-exportadores dependientes de la producción de petróleo, gas, agricultura, ganadería, minerales, frutas, en suma, de recursos naturales que, dígase de paso, hoy constituyen la base de los patrones de reproducción de capital de América Latina, destacando el Cono Sur y países de la región andina y centroamericana. De esta forma, la condición del crecimiento económico que vienen imponiendo los organismos internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario, la OCDE y el BID, pasa a depender del grado que alcance la especialización productiva en cada economía nacional ―dentro del marco de la nueva división internacional del trabajo y del capital― para exportar recursos naturales y productos básicos —que otrora consumía la población—, como ocurrió en los países del Cono Sur, antes que de mercancías complejas de alto valor tecnológico agregado que resultaban del proceso de industrialización, como plantearon reiteradamente los autores de la CEPAL y, hoy, los neo-estructuralistas del desarrollo y las corrientes evolucionistas de la tecnología . El otro elemento que se coloca como “dinamizador” de la economía es la exportación de fuerza de trabajo barata y supernumeraria, como muestra el caso de México y de Centroamérica, principalmente hacia Estados Unidos. Aunque este fenómeno hoy presenta dificultades, sobre todo derivadas de la contracción de la economía norteamericana en materia de remesas y migraciones. Estas políticas conservadoras de reconversión industrial y de ajuste de las economías a los requerimientos de las grandes empresas no bastaron en la década de los ochenta y de los noventa, como no bastan hoy, para resolver la crisis capitalista, sino que se proyectan a nuevos espacios y sectores que amenazan seriamente la viabilidad tanto del sistema como de la propia humanidad. En el ámbito político-jurídico y social, el perfil correspondiente de ese patrón de reproducción se expresa, a nuestro entender, en la gestación de cambios significativos en el Estado -que por ello pasa de ser “bienestarista” a francamente neoliberal, minimalista y empresarial-, es decir, un Estado burgués, penal y de seguridad (Bensaid), que prácticamente se está extendiendo e imponiendo con mucha fuerza en todo el mundo, para legalizar


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las políticas del gran capital en materia económica, social y ambiental tendientes a su mercantilización. Y, obviamente, en la imposición y funcionamiento de tal tipo de Estado se hace imprescindible el permanente uso de la fuerza, los sistemas de exclusión social de la población de los mínimos vitales de subsistencia y de su participación activa en los asuntos públicos del gobierno. O sea, un Estado permanente de seguridad nacional y de contrainsurgencia fundado en lo que Ruy Mauro Marini denominó Estado del cuarto poder, que es capaz de revitalizarse tanto en los países del capitalismo avanzado como, y con mucho mayor fuerza, en los dependientes y subdesarrollados de su periferia. Es así cómo hoy el Estado capitalista contemporáneo es sustancialmente (más) funcional y orgánico a la reproducción del capitalismo en esta fase neoliberal y conservadora, y completamente incapaz para cubrir los requerimientos de la fuerza de trabajo y las crecientes necesidades de las grandes masas de la población en materia alimentaria, de salud, educación, vivienda y recreación como llegaron a postular, insuficientemente en el pasado, autores keynesianos, como el brasileño Francisco de Oliveira (Os direitos do antivalor. A economía política da hegemonía imperfeita, Editora Vosez, Sao Paulo, 1998), a través de la categoría analítica que él denomina en esa obra “fundo público”, o sea, los recursos que el Estado destina a la reproducción de la fuerza de trabajo en materia de seguridad social, bienestar, alimentación, subsidios, pero sin explicar ―y aquí radica toda la debilidad de su análisis― el origen de los recursos de ese fondo público. No hay que ir muy lejos para constatar esta situación frente a la crisis energética, alimentaria, financiera e inmobiliaria que azota en nuestros días al sistema capitalista, a partir de la crisis de Estados Unidos en curso y que, justamente, se está tratando de paliar mediante la expropiación de derechos y garantías de los trabajadores, así como de las reformas tendientes a aumentar la superexplotación del trabajo en todo el mundo. De cierto ángulo, la crisis de agotamiento del viejo patrón de reproducción de mediados de los setenta y el advenimiento del nuevo a partir de los ochenta se explica por una cierta asincronía entre lo que Marx llamó el ser social como determinante de las categorías correspondientes a la superestructura pero que, equivocadamente, o por miopía acomo-


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daticia, los críticos y los enemigos del marxismo la tomaron al pie de la letra sin ver su dimensión metafórica, crítica y cualitativa y, por supuesto, su carácter metodológico para imaginar los rumbos de la investigación científica, que, por cierto, se desplazan desde lo abstracto a lo concreto y nuevamente a lo abstracto, para brindar una perspectiva de múltiples relaciones e interrelaciones de carácter global y dinámica. (Karl Marx, Prólogo de la Contribución a la crítica de la economía política, OE, Progreso, Moscú, p. 182). Dos décadas y media de neoliberalismo mundial y vernáculo es la historia crítica de esa contradicción entre el viejo modo de vida, de producción y trabajo capitalista que se resiste a perecer (el antiguo Estado del bienestar: desarrollista, industrializador y fordista) y uno presuntamente nuevo, neoliberal, global, agresivo, excluyente, polarizante, anti-industrializador, que se está afianzando a toda costa, incluso con la represión de los movimientos populares que a él se oponen en cualquier parte del mundo. En esta lógica, el neoliberalismo privatizó el sistema económico y social para adaptarlo a las necesidades de la acumulación y reproducción del capital de los países desarrollados de Occidente mediante la imposición de políticas económicas de choque-ajuste-estabilización y a través de fases de crecimiento económico (relativo) que, más tarde, produjeron crisis estructurales y financieras del sistema capitalista mundial, siendo su momento más álgido la de México en 1994-1995. Otra línea, en la lógica de desarrollo del capital, se dio mediante el expansionismo de las grandes empresas trasnacionales-red apoyadas en el Estado burgués dependiente y en los Estados imperialistas de Estados Unidos, la Unión Europea y Japón en función de una supuesta globalización y democratización como “valores universales”. Esto provocó un refuerzo de la cohesión del capital en los niveles industrial, comercial, rentista, bancario, financiero y ficticio, presentando un panorama de verdadera globalización del poder trasnacional, sin contradicciones sustanciales aparentes, que sólo pueden ser “resueltas” dentro del propio sistema capitalista. De aquí las fórmulas ideológicas del “fin de la historia” y “del trabajo” (Fukuyama y Bell, respectivamente), el “auge” de la “new


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economy” y del “consenso de Washington”, que difunden un mensaje subliminal relativo a que el sistema es “todopoderoso”, ante el cual no existen fuerzas sociales y políticas que lo puedan superar (Bush) en un contexto en que el capital está asumiendo una configuración desde la década de los ochenta del siglo pasado, la forma parasitaria del capital ficticio: una cierta supremacía hegemónica en el capitalismo globalizado del siglo XXI que castiga con severidad los sistemas productivos y las tasas de crecimiento del empleo productivo de una buena porción de la humanidad trabajadora (Chesnais, Françoise, “A fisionomia das crises no regime de acumulação sob domináncia financeira”, Novos Estudos, CEBRAP no. 52, noviembre de 1993). La supremacía del capital ficticio (que no crea valor, ni plusvalía) aunado a la contracción de las tasas de crecimiento promedio del sistema productivo y económico, sumergieron al capitalismo en la crisis más severa que estamos padeciendo. En resumen, recordemos los factores de la recuperación de la rentabilidad del capital que Marx indica en el Libro III, Sección III (Ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia), capítulo XIV: “Causas que contrarrestan la ley” ( pp. 232-239) : a) Aumento del grado de explotación del trabajo. b) Reducción del salario por debajo de su valor (superexplotación). c) Abaratamiento de los elementos que constituyen el capital constante (máquinas, materias primas, edificios). d) Incremento del desempleo y del subempleo. e) Ampliación del comercio exterior en el mercado mundial. f)Aumento del capital-acciones (capital ficticio). Es evidente que, contra aquéllos que plantean que Marx “ya es obsoleto” o, como dijo alguien, “antiguo”, esos mecanismos utilizados por el capital para contrarrestar la caída de la tasa de ganancia no sólo se mantienen, sino que hoy en día se han desarrollado infinitamente, junto a otros nuevos, efectivamente, como el espectacular desarrollo del capital financiero especulativo (capital ficticio), la dinámica transnacional de las empresas multinacionales, la generalización y universalización de la superexplotación del trabajo y de la ley del valor (globalización), el uso


Adrián Soleto

La crisis me da risa

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de nuevos métodos de producción y organización del trabajo al amparo de la informática y del constante desarrollo tecnológico, así como la dirección que el Estado neoliberal le imprime a sus políticas públicas en beneficio de la rentabilidad y la expansión general del capital. Al respecto, basta mencionar, en tanto elementos de la superexplotación del trabajo, las 65 horas de aumento de la jornada de trabajo que el 9 de junio de 2008 aprobó el Consejo Europeo de Ministros de Estado y la patronal organizada de los países de la Unión Europea, o sea, para prolongar legalmente la jornada de trabajo para producir plusvalía absoluta. Ello supone que un empleado podrá trabajar hasta un máximo de 65 horas semanales, si así lo “acuerda” con el empresario. Esta es la esencia del nuevo contrato flexible de trabajo con el capital en la modernidad capitalista Por otro lado, el desarrollo inusitado de nuevos métodos de explotación y organización del trabajo, como el toyotismo, de origen japonés, que, como demuestran autores y estudios especializados, tiene como eje de sustentación la intensificación de la fuerza de trabajo, para aumentar la plusvalía relativa. Por último, el tercer elemento de la superexplotación, y que expone Ruy Mauro Marini en su Dialéctica de la dependencia, es, dice, la disminución del fondo de consumo de los trabajadores y su conversión en fuente de acumulación del capital. Situación esta última que presupone la disminución de los salarios por debajo del valor real promedio de la fuerza de trabajo. Fenómeno que ya se comienza a advertir en el capitalismo central, pero que requiere de más profundización y de serios estudios de caso que lo verifiquen. Por lo pronto, el régimen de superexplotación del trabajo ―en tanto categoría constituyente del capitalismo dependiente que se desarrolló históricamente entre 1850 y 1982― hoy en día también se generaliza al seno mismo del capitalismo central, para operar allí como un genuino mecanismo de contención de la crisis y de los serios problemas de reproducción y de rentabilidad, como los que se están verificando en el capitalismo mundial, y donde la crisis inmobiliaria y financiera son sólo manifestaciones de esas profundas mutaciones y ajustes del mundo del trabajo y de la explotación. 18 de octubre de 2008


oTRAS VOCES SOBRE LA CRISIS

Reflexiones de varios autores sobre la crisis


Reflexiones sobre las crisis

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UNA CRISIS DEL CAPITALISMO SENIL

José Villalba Pérez Secretariado Permanente de CGT-Las Palmas

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a mayoría de las reflexiones que oímos sobre la crisis o se refieren a sus síntomas (burbuja hipotecaria, problemas de liquidez, desregulación,...) o a sus causas últimas (el capitalismo, las leyes cíclicas de la economía, la avaricia humana, etc.). Pienso que ninguno de estos enfoques nos están resultando suficientes para ayudar a situarnos ante lo que estamos viviendo, aparentemente, en tiempo real. Esta crisis supone el fin de una etapa del capitalismo iniciada a principios de los setenta (pongamos, el 11S de 1973) y que culmina a principios del S. XXI (pongamos, 11S de 2001, o nacimiento del euro, o la “Cumbre de las Azores”,… hay fechas donde elegir). Nos encontramos ante la crisis del capitalismo senil. Una crisis que revela el agotamiento del capitalismo como elemento vertebrador de la organización social, situándonos ante la disyuntiva que se lanzó en los años veinte del siglo pasado en centroeuropa: socialismo o barbarie. El desarrollo del propio sistema conduce a la barbarie; sólo desde la ruptura consciente con él –es decir, desde una intervención social conscientemente, desde la acción política-


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es posible construir sociedades verdaderamente democráticas y libres, al servicio del desarrollo de los seres humanos y no de los capitales. El período que concluye con esta implosión del sistema financiero global es el fin del intento neoliberal –tras el fracaso keynesiano del período 1945-1973- de superar una de las leyes intrínsecas al capitalismo, la ley de la tendencia decreciente de la tasa media de ganancia (Marx, con perdón,) y que se encuentra en la base de la crisis de sobreproducción que estalla en los sesenta y en la que seguimos inmersos. “La tasa de ganancia declina como consecuencia del aumento de la composición técnica (ct: proporción de la maquinaria en relación a la mano de obra) y del incremento de la composición orgánica (co: proporción del capital constante en relación al variable) que genera la mecanización”. Simplificando, podríamos decir que, llegado un momento, la mayor inversión productiva se traduce en una disminución de los beneficios. Intentar sortear esta tendencia –recuperando los beneficios e intentando eliminar las crisis, había llegado “el fin de la Historia”, proclamanes lo que hace el neoliberalismo como política que responde a los intereses de un capital financiero globalizado que no encuentra realización en la economía productiva, dando paso a la financiarización de la economía global, donde lo rentable es comprar empresas para desguazarlas y venderlas obteniendo grandes plusvalías (años 80 y 90), para pasar después (finales de los 90) a obtener beneficios –cada vez mayores- de la mera venta de papeles. Nixon termina el 15 de agosto de 1971 con la convertibilidad del dólar en oro, abriendo paso al dominio del “papel dólar” -y del mundo financiero anglosajón- en la economía global. Podemos decir que la implosión es fruto del propio éxito del sistema: “la esfera financiera llegó a representar 250 billones de euros, o sea, 6 veces el montante de la riqueza global” (Ramonet). La implosión del sistema financiero global abre un largo período de turbulencias y huracanes. Asistimos a una redistribución de la riqueza mundial y a un nuevo reordenamiento geopolítico global. Un proceso abierto, donde la recuperación del Estado no aparece, precisamente, diseñada como instrumento para la distribución social de la riqueza socialmente creada, sino como instrumento directo al servicio de cada una las fracciones “nacionales” de la oligarquía mundial en su lucha darwiniana


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por la supervivencia. Las medidas de salida de la crisis que los pirómanos reconvertidos en bomberos han puesto sobre al mesa apunta a que estamos ante una nueva vuelta de tuerca en el proceso de concentración económica, pero, al mismo tiempo, ante un nuevo reparto del poder global. Las llamadas a un traspaso de poder del G7 al G20, o a un nuevo sistema financiero internacional, aparecen como prolegómenos de un nuevo diseño del poder en un mundo multipolar. Está en cuestión la hegemonía que el Occidente Atlántico ha construido en más de cinco El neoliberalismo se declara mediáticamente muerto, siglos de expansión. El Atlántico pero las políticas para está dejando de ser el eje de la economía global, que se traslada al enfrentar las crisis a nivel Pacífico. Estos cambios tectónicos interno que se propugnan en llevan aparejado la agudización de los distintos Estados siguen los conflictos, tanto intraestatales su senda: más liberalización como regionales y globales; y ello del mercado laboral, más en una época de proliferación de desregulación de servicios, las “armas de destrucción masiva” límites al gasto público y, al mismo tiempo, de recorte de social, desmantelamiento libertades, de la proliferación de fiscal del Estado medidas de control social (antiterroristas, antimigratorias,…), de recorte de derechos en un clima de psicosis por la seguridad...El neoliberalismo se declara mediáticamente muerto, pero las políticas para enfrentar las crisis a nivel interno que se propugnan en los distintos Estados siguen su senda: más liberalización del mercado laboral, más desregulación de servicios, límites al gasto público social, desmantelamiento fiscal del Estado. Ampliación de la jornada laboral e intento de hacer desaparecer el derecho laboral; aplicación de la Directiva Bolskestein y la imposición, mediante sentencia, del principio “país de origen”; reducciones salariales y eliminación de cláusulas de revisión salarial; salvamento de quiebras bancarias y ejecución de hipotecas no pagadas; reducciones de impuestos directos y aumento de impuestos indirectos; la bunkerización de la riqueza y legislaciones como la Directiva de la Vergüenza… En suma, estamos ante recetas que sólo delatan una nueva vuelta de tuerca en el proceso de concentración de la riqueza; de un traspaso de las rentas del trabajo a un número cada


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vez más reducido de detentadores del poder económico real, tanto en el ámbito más local como en el más global. Esta crisis del capitalismo senil es, al mismo tiempo, la de un paradigma sobre la relación del hombre con la naturaleza que nace del occidente monoteísta; este paradigma permite el desarrollo del capitalismo y –ciertamente- de la humanidad, pero su propio éxito globalizado ha puesto a la civilización humana ante una grave crisis social, ecológica y climática que amenaza su propia existencia. La crisis de los recursos naturales (el petróleo, pero también los minerales estratégicos, los alimentos, el agua, etc.) es uno de los síntomas de la crisis de ese paradigma. Estos elementos hacen que estemos ante una verdadera encrucijada civilizatoria, donde lo que se juega es avanzar un paso más hacia el abismo de la barbarie o tomar la bifurcación que permita proseguir por el camino civilizatorio que define a la especie que se ha autoclasificado como hommo sapiens sapiens. Como afirma Carlos Taibo, “gobernantes y ciudadanos somos responsables por igual de un delicado desafuero: el que nos invita a colegir que es preferible construir el enésimo puente, o la enésima autopista, al lado de casa antes que pelear por vivificar nuestra relación con el medio ambiente o por mejorar el nivel de vida de los tres mil millones de seres humanos que disponen de menos de dos dólares diarios para salir adelante. La secuela mayor de ese malentendido no es otra que un dramático vacío: en los países ricos no se barrunta ninguna conciencia de que hay que reducir, significativamente, el consumo y optar por fórmulas de franco decrecimiento. Y es que hemos dejado atrás —aunque no queramos tomar nota de ello— todos los equilibrios elementales, como lo testimonia el progreso, sin frenos, de la huella ecológica. Hora es ésta de subrayar, eso sí, que lo del decrecimiento no implica en modo alguno hacer lo mismo pero en menor cantidad: reclama, antes bien, construir un mundo diferente asentado en el triunfo de la vida social frente a la propiedad y el consumo ilimitado, en la reducción de las dimensiones de infraestructuras y organizaciones, en la primacía de lo local sobre lo global, en el altruismo frente a la lógica de la competición y, en suma, en la sobriedad y la simplicidad voluntarias”. 19 de octubre de 2008


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¿DE DÓNDE SALDRÁ EL DINERO PARA SALVAR A LOS RICOS Y A LOS BANCOS?

Juan Torres López Catedrático de Economía Aplicada (Univ. de Sevilla)

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na de las cuestiones que más llama la atención de los ciudadanos normales es de dónde va a salir o de dónde están saliendo los cientos y cientos de miles de millones de dólares que los bancos centrales y el tesoro norteamericano están poniendo a disposición de los bancos. La pregunta es pertinente porque realmente sorprende la magnitud del apoyo que se destina a los ya de por sí más ricos del mundo. Y sorprende, sobre todo, si se compara con otras necesidades para las que nunca hay dinero. Según las Naciones Unidas, cada día que pasa mueren alrededor de 5.000 niños de sed. Para dar agua potable a todo el planeta se necesitarían 32.000 millones de dólares (y frenar la avaricia criminal de algunas de las grandes multinacionales, claro está). En el mundo


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hay 925 millones de personas que pasan hambre y quizá otros tantas severamente desnutridas. Para acabar con ese drama, la FAO afirma que serían necesarios 30.000 millones de dólares. Es decir, que para que nadie en el mundo muriera de hambre o de sed, sólo sería necesario más o menos el 40% de lo que el Banco Central Europeo inyectó en los mercados sólo el pasado día 29 de septiembre. Es normal que los ciudadanos se hagan preguntas sobre este asqueroso e inmoral contraste. Que se pregunten cómo es posible que el hambre y la sed de 1000 millones de personas no se considere una crisis suficientemente seria como para que los bancos centrales aporten la financiación que pudiera resolverla. Y, como he dicho al principio, que se pregunten de dónde sale tantísimo dinero a disposición de los ricos. La respuesta a esta última cuestión es clara y para ejemplarizarla me referiré al caso particular de Estados Unidos. El dinero con que Bush pretende hacer frente a la crisis financiera tendrá que salir de tres grandes fuentes. Conociéndolas, podremos aventurar también lo que va a ocurrir en el mundo en los próximos tiempos. Veamos. En primer lugar, los recursos saldrán de un mayor endeudamiento exterior de la economía estadounidense. Para ello tendrá que lograr colocar en el exterior bonos y otros títulos de deuda, lo que entre otras cosas va a ir cambiando irremediablemente el mapa político y la distribución de poder en el mundo. China, India y otros países irán haciéndose más fuertes, mientras que la economía de Estados Unidos se va a ir debilitando y haciéndose más dependiente. En segundo lugar, los recursos procederán de la impresión de más dólares. Esto es algo que ya viene sucediendo de forma premeditada aunque no se suele hablar mucho de ello. En diciembre de 2005, la Reserva Federal acordó que a partir de marzo de 2006 ya no se iba a publicar la cifra que los economistas llamamos M3 (la cantidad de dólares que circulan en forma de billetes, monedas y depósitos a la vista). No hace falta ser un lince para percatarse de lo que había detrás de esa decisión: un crecimiento vertiginoso de la cantidad de dólares en circulación. Esti-


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maciones no oficiales señalan que M3 pasó de representar algo más del 7% del PIB de Estados Unidos en junio de 2006 al 18% en febrero de 2008 (desde entonces comenzó a desplomarse vertiginosamente hasta el nivel más bajo alcanzado desde 1959, pero como consecuencia de la retirada de liquidez bancaria que produjo la crisis). Para que esta fuente de obtención de recursos sea viable, Estados Unidos tendrá que recurrir a su poder imperial para colocar en el mundo una moneda cada vez más depreciada y menos valiosa. La consecuencia más que previsible no es muy agradable: incrementará su presencia militar y tratará de provocar focos de inestabilidad que justifiquen su presencia para asentar así su poder como primera potencia mundial. Finalmente, los recursos provendrán también de los propios ciudadanos, directamente en forma de impuestos o indirectamente como renuncia a gastos públicos que representan ingresos indirectos (como la sanidad o la educación) o diferidos (como las pensiones). Me atrevo así a predecir que dentro de poco comenzaremos a oír el discurso contrario al que hasta ahora hemos venido escuchando. Ahora nos volverán a decir que los impuestos son buenos, que hay que contribuir entre todos a lograr estabilidad económica y que todos hemos de arrimar el hombro. Ya han empezado de hecho con la desvergonzada cantinela de que para salir de esta crisis hay que moderar los salarios. De esas fuentes saldrá el dinero para que los ricos que han provocado la crisis con su codicia criminal salgan de ella sin despeinarse ni un pelo. Salvo que los ciudadanos nos opongamos y reclamemos soluciones más justas, que no impliquen semejantes privilegios, que hagan responder de su culpa a los responsables y que devuelvan a los ciudadanos los recursos que son suyos.

3 de octubre de 2008


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DIEZ PREGUNTAS SOBRE LA CRISIS Michel Collon Periodista belga

1. ¿Subprimes? El punto de partida es una verdadera estafa ya que los bancos occidentales han ganado una enorme cantidad de dinero a costa de los hogares estadounidenses, diciéndose que, si no eran capaces de pagar, les quitarían sus casas por cuatro monedas. 2. ¿Es sólo una crisis bancaria? No, en absoluto. Se trata de una verdadera crisis económica que ha comenzado en el sector bancario, pero cuyas causas son mucho más profundas. En realidad, toda la economía de los Estados Unidos vive a crédito desde hace 30 años. Las empresas se endeudan por encima de sus posibilidades, el Estado se endeuda también por encima de sus posibilidades (para hacer la guerra) y se ha impulsado sistemáticamente a los ciudadanos a endeudarse, la única manera de mantener, artificialmente, un crecimiento económico. 3. ¿La verdadera causa? Por supuesto, los medios de comunicación tradicionales no nos dicen nada. Y sin embargo, las subprimes no son más que la punta del iceberg, la manifestación más espectacular de una crisis de superproducción que golpea a Estados Unidos, pero también a los países occidentales. Si el objetivo final de una multinacional consiste en despedir a trabajadores en masa para hacer el mismo trabajo con menos personas; si, además, se bajan los salarios por todos los medios y con la ayuda de los gobiernos cómplices, ¿a quién van a venderles los capitalistas sus mercancías? ¡No han parado de empobrecer a sus clientes!


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4. ¿Es sólo una crisis de la que sobreponerse? La historia demuestra que el capitalismo ha ido siempre de una crisis a otra con, de vez en cuando, una buena guerra para salir de ella (eliminando a sus rivales, empresas, infraestructuras, lo que permite un buen reimpulso económico). En realidad, las crisis son también un período que aprovechan los grandes para eliminar o absorber a los más débiles. Es lo que ocurre ahora en el sector bancario estadounidense, o en el caso de BNP, que se traga a Fortis (y todo esto no ha hecho más que empezar). Pero, si la crisis refuerza la concentración de capital en manos de un número aún más pequeño de multinacionales, ¿cuál será la consecuencia? Estos super-grupos tendrán aún más medios de eliminar o empobrecer la mano de obra y así convertirse en una competencia aún más fuerte. Estamos otra vez en la casilla de salida. 5. ¿Un capitalismo sobre bases éticas? Hace ciento cincuenta años que nos lo prometen. Hasta Bush y Sarkozy lo han hecho. Pero, en realidad, es tan imposible como un tigre vegetariano. Y es que el capitalismo se apoya en tres principios: 1. La propiedad privada de los grandes medios de producción y de financiación. No es la gente la que decide, sino las multinacionales. 2. La competitividad: ganar la guerra económica, es decir, eliminar a la competencia. 3. El máximo beneficio: para ganar esta batalla no basta con tener unos beneficios normales o razonables, sino una tasa de beneficios que permita distanciar a las empresas de sus competidoras. El capitalismo no es sino la ley de la selva, como ya escribió Karl Marx: “Al capital le horroriza la ausencia de beneficio. Cuando siente un beneficio razonable, se enorgullece. Al 20%, se entusiasma. Al 50%, es temerario. Al 100%, arrasa todas las leyes humanas, y, al 300%, no se detiene ante ningún crimen.” 6. ¿Salvar a los bancos? Por supuesto, hay que proteger a los clientes de los bancos. Pero, en realidad, lo que el Estado está haciendo es proteger a los ricos y nacionalizar las pérdidas. Por ejemplo, el Estado belga no tenía 100 millones de euros para ayudar a la gente a mantener su poder adquisitivo, pero, para salvar a los bancos, ha encontrado 5.000 millones en dos horas. Miles de millones que nosotros tendremos que rembolsar. Lo irónico es que Dexia era un banco público y que Fortis se ha tragado un banco público que funcionaba muy bien. Gracias a ello, sus dirigentes han hecho negocios durante veinte años. Y, ahora que la cosa no funciona, ¿se le pide a estos dirigentes que paguen los platos rotos con el dinero que


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han estado ganando y que se han guardado? No, se nos pide que paguemos nosotros. 7. ¿Los medios de comunicación? Lejos de explicarnos todo esto, fijan su atención en asuntos secundarios. Nos dicen que habrá que buscar los errores, a los responsables, combatir los excesos y bla, bla, bla. Sin embargo, no se trata de tal o tal error, sino del sistema. Esta crisis era inevitable. Las empresas que se están derrumbando son las más débiles o las que peor suerte han tenido. Las que sobrevivan, tendrán aún más poder sobre la economía y sobre nuestras vidas. 8. ¿El neoliberalismo? La crisis no ha sido provocada, sino acelerada por la moda neoliberal de los últimos veinte años. Los países ricos han intentado imponer este neoliberalismo en todo el tercer mundo. En América Latina, como acabo de estudiar durante la preparación de mi libro Los 7 pecados de Hugo Chávez, el neoliberalismo ha sumido a millones de personas en la miseria. Pero, el hombre que ha lanzado la señal de la resistencia, el hombre que ha demostrado que se podía resistir al Banco Mundial, al FMI y a las multinacionales, el hombre que ha enseñado que había que darle la espalda al neoliberalismo para reducir la pobreza, este hombre, Hugo Chávez, no deja de ser demonizado a golpe de mentira mediática y de difamación infundada. ¿Por qué? 9. ¿El tercer mundo ? Sólo se nos habla de las consecuencias de la crisis en el Norte. En realidad, todo el tercer mundo sufrirá gravemente a causa de la recesión económica y de la bajada de precios de las materias primas que provocará la crisis. 10. ¿La alternativa? En 1989, un famoso autor estadounidense, Francis Fukuyama, nos anunciaba el fin de la Historia: el capitalismo había triunfado para siempre, nos decía. No ha hecho falta mucho tiempo para que los vencedores se estrellen. La humanidad necesita verdaderamente otro tipo de sociedad. El sistema actual fabrica miles de millones de pobres, hunde en la angustia a aquellos que tienen (provisionalmente) la suerte de trabajar, multiplica las guerras y arruina los recursos del planeta. Pretender que la humanidad está condenada a vivir bajo la ley de la selva es tomar a la gente por imbéciles. ¿Cómo debería ser una sociedad más humana, que ofrezca un porvenir digno para todos? Este es el debate que tenemos todos la obligación de lanzar. Sin tabúes. 6 de octubre de 2008


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LECCIONES PARA RECORDAR

Atilio Borón Miembro del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO)

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as crisis son las grandes maestras de la historia. Ponen de manifiesto la esencia de un régimen económico-social al derribar el espeso velo de fetichismos y racionalizaciones que ocultan la naturaleza inherentemente explotadora y predatoria del capitalismo. Con ellas se torna visible la gigantesca estafa del sistema: Richard Fuld, antaño todopoderoso CEO de Lehman Brothers, declara en el Congreso de Estados Unidos haber percibido 350 millones de dólares en los últimos ocho años por concepto de sueldos, comisiones y otras gabelas mientras el banco se fundía dejando tras de sí un tendal de víctimas. A su vez, el actual secretario del Tesoro, Henry Paulson –un buitre con treinta años de actividad en Wall Street– tiene buenas razones para actuar flemáticamente: en sus siete años al frente de Goldman Sachs ganó 117 millones de dólares. Si hay crisis, será para otros, no para él: para los asalariados de Estados Unidos, que durante la era de Bush vieron disminuir sus ingresos en unos 2000 dólares, y para los pueblos del mundo subdesa-


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rrollado, por la vía de la caída del valor de sus exportaciones y la desvalorización de su fuerza de trabajo. Crisis, pero, ¿qué clase de crisis? No se trata, como algunos se ilusionan, del derrumbe del capitalismo; desgraciadamente, éste no caerá si no irrumpe un sujeto social y político que lo haga caer. Y, en el corazón del sistema, por ahora, ese sujeto para tranquilizar al capital está ausente. Pero lo que sí se ha habrá Estado, mucho Estado; derrumbado es el neoliberalismo, de los asalariados, ya se hará el paradigma que definió la articargo el mercado. Habrá que culación entre mercado, Estado luchar con todas las fuerzas y sociedad en los últimos treinta para evitar que tal cosa ocurra años y que tantos estragos causara en nuestro país (Argentina). Si hay algo que celebrar es que ese modelo, en donde el capital gozó de ventajas, prerrogativas y privilegios sin precedentes, murió en medio de un colosal big bang financiero. Ahora, se abre una nueva etapa, y sus características dependerán de la forma en que se desenvuelvan las contradicciones sociales que brotarán en los espacios nacionales y en el ámbito internacional. También del grado de conciencia y de la capacidad organizativa de los oprimidos por el sistema y de las políticas que adopten los gobiernos. Esta crisis constituye un gran desafío para la izquierda; la respuesta inicial del capital será, como siempre, socializar las pérdidas y garantizar la apropiación privada de los beneficios. Como observa Chomsky, para tranquilizar al capital habrá Estado, mucho Estado; de los asalariados, ya se hará cargo el mercado. Habrá que luchar con todas las fuerzas para evitar que tal cosa ocurra y que la salida de la crisis –por izquierda, porque no hay otra– nos instale en un terreno desde el cual avanzar en la construcción de una alternativa socialista, la única capaz de resolver los ingentes problemas sociales, económicos y políticos, ecológicos que genera el capitalismo. Como decía Danton, en el torbellino de la Revolución Francesa, en épocas como ésta se requiere de audacia, más audacia, siempre audacia…


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Aparte de exhibir la degradación moral del sistema, la crisis deja otras enseñanzas. Primero: demostró que la tan mentada “independencia de los bancos centrales” era una falacia que ocultaba la total subordinación de esas instituciones a las necesidades del capital financiero. No bien estalló la crisis, los bancos centrales de los capitalismos centrales arrojaron por la borda toda esa charlatanería para consumo de la periferia y, obedeciendo las órdenes de los gobiernos, acudieron de inmediato en auxilio del capital. Es imperativo, por lo tanto, subordinar el Banco Central a las prioridades establecidas por el Estado democrático. Segundo: que el papel del Estado sigue siendo central y que la prédica de quienes siguen proponiendo el slogan procesista de “achicar el Estado para agrandar la nación” es el taparrabos detrás del cual se esconde el ilimitado despotismo del capital. En nuestro país, reconstruir el Estado, destruido hasta lo indecible por décadas de políticas neoliberales, es prioridad número uno. Esta tarea todavía no comenzó, y, para ello, la Casa Rosada debe encarar, hoy mismo, una reforma integral de nuestro escandalosamente regresivo régimen tributario y del asfixiante centralismo que impide el desarrollo de las dormidas energías nacionales. Tercero: en un mundo donde el proteccionismo se acentuará al compás de la crisis, es imprescindible contar con una estrategia de desarrollo orientada hacia el fortalecimiento del mercado interno y que coloque al país a salvo de las violentas oscilaciones que registran los mercados internacionales. Para esto se requiere una activa política de distribución de ingresos y riquezas. El Gobierno argentino todavía está en deuda en este tema: ha hablado mucho y actuado poco. Cuarto: abandonar la ortodoxia propuesta incansablemente por los “gurúes” económicos, charlatanes y embaucadores a sueldo del capital. Gran responsabilidad tiene en esta materia el Banco Central de Suecia que, salvo excepciones, concedió los premios Nobel de Economía –otorgando respetabilidad intelectual y moral– a algunos apóstoles del neoliberalismo, como Friedman o Von Hayek –o a mediocres alquimistas que inventaban fórmulas para crear nuevos instrumentos de especulación para beneficio de los tahúres del casino global–. Ellos son los autores intelectuales de este desastre. 13 de octubre de 2008


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NI HAYEK NI KEYNES; HOY, MÁS QUE NUNCA, MARX

Marcos Roitman Sociólogo

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ivimos tiempos de incertidumbre. Quienes valoran la extensión de la crisis del capitalismo son los movimientos alternativos, sus gestores y causantes. Los diagnósticos y proyecciones sobre la globalización neoliberal lanzados hace 20 años por los movimientos antiglobalización o antisistémicos han dado en la diana. Las políticas de privatización, apertura comercial, financiera y flexibilidad laboral escondían un enorme grado de explotación y especulación. El resultado sería inevitablemente el colapso general del planeta. Nada hacía presagiar otro sendero. Sin embargo, resulta extraño que los economistas neoliberales se queden perplejos y apunten a pecados bíblicos, como la tacañería y la avaricia, para explicar la crisis. ¿Acaso piensan en otra racionalidad del capitalismo? Su incultura parece situarse en las


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mismas cotas que la crisis. Son de hondo calado. De nada les ha servido obtener master o doctorados en Chicago o la Fundación Heritage. Lo recomendable hubiese sido darles a leer los cuentos de Charles Dickens y poner sobre su mesa los estudios históricos de Sombart relacionando el burgués con la propensión al lujo y el oriEl capitalismo no tiene salida gen del capitalismo. al margen de sus parámetros Pero la mala memoria de consumo y de organización de los actuales tecnó- económica. Requiere tragar, engullir, cratas de las finanzas es violento y necesita un mayor grado coincide con la derrota de fuerza bruta para apuntalarse de su doctrina del libre mercado. No les gusta reconocer que el derroche es parte de la mentalidad plutocrática de la evolución del capitalismo. No hay banquero que no haga ostentación de su riqueza en forma de yates, coches de lujo, organice viajes de placer, comidas opíparas, orgías, adquiera ropas de marca, participe de prostitución de alto copete y se vanaglorie de comprar y vender obras de arte. De otra manera, no serían capitalistas. El robo y la piratería es consustancial a los orígenes del capitalismo y precede la globalización neoliberal. Baste recorrer las calles de Florencia o de Venecia para saber de qué hablamos. Los Medici y los Sforza. Palacios y riquezas en diferentes arquetipos muestran su poder y el de sus repúblicas. Sorokin lo ejemplarizó con una metáfora. El capitalismo no puede vivir en una sociedad de credo comunista, se debe al lujo. El capitalismo no tiene salida al margen de sus parámetros de consumo y de organización económica. Requiere tragar, engullir, es violento y necesita un mayor grado de fuerza bruta para apuntalarse. Se mantiene gracias a la eficiente acción de las clases dominantes y de las elites económicas, verdaderas controladoras del Estado y de sus aparatos de dominación política. Hipótesis comprobable si vemos el itinerario que se pretende seguir al “donar” millones de dólares o euros a quienes han provocado la mayor crisis social y económica hasta ahora conocida debido a su falta de escrúpulos para obtener un plus y engordar sus cuentas corrientes a costa del contribuyente. No podía ser de otra manera.


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Marx tenía razón. Cuando los gobiernos conservadores y neoliberales se prestan a rejuvenecer el sistema financiero por medio de un intervencionismo estatal, se refuerza el carácter de clase del Estado. Es el capitalista global el que está representado en su forma equivalente general. En momentos de necesidad, emerge su esencia. Inyectar millones y millones de dólares o euros para evitar una catástrofe financiera o una caída espectacular de los valores bursátiles, supone orientar políticamente las decisiones. Pero, igualmente, conlleva salvar a los grandes empresarios y las trasnacionales. El horizonte es reflotar el sistema. No se busca una crítica sobre las causas que han motivado llegar hasta aquí. No se preguntan sobre los orígenes de un orden social fundado en la expoliación de los recursos naturales, en la degradación del medio ambiente y en una continuada y constante pérdida de derechos sociales, políticos y económicos de las grandes mayorías. Es decir, no se trata de dar un giro de 180 grados. La respuesta a la crisis consiste en velar su causa, la irracionalidad de la explotación del hombre por el hombre y del hombre hacia la naturaleza. En ocultar el beneficio de las empresas trasnacionales, dueñas de las tecnologías y las patentes, capaces, primero, de crear hambrunas en continentes enteros y, después, de llevar a la muerte a miles de niños obteniendo pingües beneficios para aumentar rendimientos en condiciones de monopolio. Empresas patrocinadoras de guerras espurias, de venta de armas, de trabajo infantil y de inmigración ilegal. Factores que coadyuvan para abaratar costes de producción y aumentar su control sobre gobernantes corruptos y dóciles. No nos llamemos a engaños. Insuflar dinero a los grandes bancos y salir en defensa de sus consejeros y altos cargos es parte de una estrategia pendular. Cuando no resulta oportuno tejer con von Hayek, se teje con Keynes. Unas veces desde la oferta y otras desde la demanda. Tanto monta, monta tanto. En cualquier caso, el resultado es el mismo. La relación capital-trabajo se asienta sobre la expropiación del excedente económico producido por el trabajador en condiciones de apropiación privada. Así, quienes pagan los platos rotos de esta estrategia son los de siempre. Las clases explotadas y oprimidas del campo y la ciudad. Salvar el orden económico, sin modificar su estructura y su


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organización, conlleva un aumento de la desigualdad social y la explotación. Pero el discurso de la cohesión social recubre esta opción bajo el eufemismo de apoyar una estrategia de aumentar prestaciones a los más débiles. Políticas para los desamparados y los pobres de solemnidad. Así, se soslayan las indemnizaciones millonarias a los ejecutivos de los bancos y las empresas trasnacionales cuyos contratos blindados se gestionaron con anterioridad. Los impuestos de todos irán a los bolsillos de unos pocos y servirán para pagar unas buenas vacaciones y aligerar el estrés de su ineficaz gestión. Ninguno pasará por la cárcel, previo juicio. Tampoco se verá sometido al escarnio público ni se avergonzará. Seguirán en sus trece, para ellos, nada ha fallado; esperarán agazapados la siguiente oportunidad. Su relato será simple: han sido unos pocos inescrupulosos los causantes del desastre. Las aguas deben volver a su cauce. El capitalismo retomará su rumbo y otra vez se podrá robar a manos llenas. Por este camino, el planeta desaparecerá. Ni Hayek ni Keynes; hoy, más que nunca, Marx. 12 de octubre de 2008


fidel

... HACE 25 Aテ前S


LA UNICA SALIDA, LUCHAR

Fidel Castro

Fragmento final del discurso pronunciado en la Conferencia Cumbre del Movimiento de Países No Alineados (1983)

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rente a la tragedia nuclear que nos amenaza, el drama del subdesarrollo y la explotación que nos oprime, y la crisis económica y social que nos azota, no caben la resignación ni el acomodo. La única salida a la altura del hombre es la de luchar. Y ese es el mensaje que aporto al cesar en mi condición de Presidente del Movimiento de los Países No Alineados: ¡Luchar! Luchar sin descanso por la paz, por mejorar las relaciones internacionales, por detener la carrera armamentista, por reducir drásticamente los gastos militares y exigir que una parte considerable de esos fondos cuantiosos sean dedicados al desarrollo del Tercer Mundo. Luchar sin tregua por el cese del intercambio desigual, que deprime los ingresos reales por exportación, descarga sobre nuestras


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economías el costo de la inflación generada en los países capitalistas desarrollados y arruina a nuestros pueblos. Luchar contra el proteccionismo, que multiplica las barreras arancelarias y no arancelarias e impide el acceso a los mercados de nuestras exportaciones de productos básicos y de manufacturas. Luchar para que la deuda externa sea cancelada para el gran número de países que no tienen posibilidad real de pagarla, y que sea aliviada drásticamente la carga de sus intereses para aquellos que, bajo nuevas condiciones, pudieran cumplir sus compromisos. Luchar por medidas urgentes que detengan o compensen el deterioro de los ingresos por exportación de los países subdesarrollados, y otras de asistencia directa para el equilibrio de sus balanzas de pagos. Luchar por el establecimiento de un nuevo sistema monetario y financiero internacional equitativo, estable y universal, que refleje en sus modalidades de crédito y votación las necesidades de los distintos grupos y categorías de países, y un nuevo sistema monetario no el poderío económico de algunos de sus miembros; capaz de y financiero internacional equitativo, estable y universal actuar con sentido genuinamente multilateral, y no en respuesta a las presiones de la banca transnacional y de un grupo de potencias capitalistas; y que pueda, en fin, responder de manera consecuente con la magnitud y el carácter estructural y a largo plazo de los problemas de las balanzas de pagos de los países subdesarrollados. Luchar por el desarrollo, con ayuda internacional, de planes para que cada país pueda autoabastecerse al máximo posible de los alimentos básicos; por buscar inmediata que cada país pueda solución al agudo déficit de autoabastecerse al máximo alimentos en determinadas posible de los alimentos básicos regiones del mundo, mediante un importante flujo proveniente de los grandes excedentes mundiales transferidos en forma de donaciones, créditos blandos y ventas a


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precios especiales; por crear conciencia de la necesidad inevitable –si queremos derrotar el hambre, el desempleo y subempleo rurales– de profundos cambios programas contra la erosión, la socioeconómicos y desertificación, la deforestación y estructurales, como la otras formas de degradación de los reforma agraria, que suelos, protegiendo además las fuentes posibiliten la adopción principales de agua en cada país de formas superiores de producción agrícola, y por impulsar, también con la cooperación internacional, programas contra la erosión, la desertificación, la deforestación y otras formas de degradación de los suelos, protegiendo además las fuentes principales de agua en cada país. Luchar por una industrialización que responda a nuestros intereses, sea capaz de integrarse al resto de la economía, y propicie las bases del desarrollo; y por impedir que sean las empresas transnacionales y la inversión privada extranjera las que controlen, y de hecho ejecuten, un proceso deformante de industrialización del Tercer Mundo. Luchar en cada uno de nuestros países por la adopción de las medidas para el control y limitación de las actividades de las empresas transnacionales, ejerciendo a plenitud el derecho de soberanía sobre nuestros recursos, incluido el derecho a la nacionalización. Luchar resueltamente por una solución estable y definitiva a las necesidades energéticas del Tercer Mundo, tomando en cuenta, además del petróleo, la utilización conjunta de otras fuentes de energía renovables y la cooperación económica internacional indispensable para su desarrollo. Luchar por asegurar, junto al flujo imprescindible de sustanciales recursos derivados de la reducción de los gastos militares y de otras fuentes, un aporte de recursos financieros, tecnológicos y humanos que coadyuven a la solución de los complejos problemas antes analizados. Muchos países que no disponen de medios financieros suficientes —entre ellos un grupo de países subdesarrollados— podrían


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participar aportando otros recursos de acuerdo con sus posibilidades, como es la asistencia mediante el envío de médicos, ingenieros, proyectistas, profesores y otros técnicos, en forma gratuita o bajo favorables condiciones de pago. Luchar consecuentemente por un sólido y coherente movimiento de cooperación entre los países subdesarrollados. Luchar por el rescate y la aplicación de los aspectos más positivos de nuestras demandas por un Nuevo Orden Económico Internacional, combatiendo a quienes intentan mediatizarlas, y continuar exigiendo un proceso de negociaciones globales que sirva realmente de foro para la discusión y la búsqueda de soluciones a nuestros acuciantes problemas. Luchar por llevar a la conciencia de todos los Estados del Tercer Mundo la necesidad de promover los cambios estructurales internos indispensables y las medidas redistribución del ingreso, la encaminadas a elevar el nivel generación de empleo, la salud, de vida de la población, que forman parte inseparable de la vivienda y la educación todo genuino proceso de desarrollo, particularmente aquellas relacionadas con la redistribución del ingreso, la generación de empleo, la salud, la vivienda y la educación. Luchar con urgencia por enfrentar la crítica situación actual de la salud en el Tercer Mundo, mediante la masiva movilización de recursos financieros y humanos nacionales e internacionales que tal empresa necesita. Luchar con firmeza, y con la indispensable ayuda internacional, por desarrollar programas contra el analfabetismo, por la escolarización de todos los niños, por la elevación de los niveles de enseñanza, por la formación masiva de técnicos y personal calificado, por el acceso de nuestros pueblos a la enseñanza universitaria y por el desarrollo de las ricas y centenarias potencialidades de las culturas de nuestros pueblos,


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combatiendo toda forma de dependencia o colonialismo cultural, o deformación de nuestras culturas. Luchar por elevar el prestigio, la autoridad y el papel de las Naciones Unidas y sus agencias especializadas; brindarles nuestro sólido y ampliamente mayoritario apoyo en la lucha por contra el analfabetismo, por la la paz y la seguridad de escolarización de todos los niños (...) todos los pueblos, por desarrollo de las ricas y centenarias potencialidades de las culturas un orden internacional justo y por la solución al trágico problema del subdesarrollo que afecta a la inmensa mayoría de los países. La existencia de una organización como las Naciones Unidas, con solidez, influencia y poder crecientes, es cada vez más indispensable al futuro del mundo. Luchar tesoneramente por la unidad más estrecha del Movimiento de los Países No Alineados y de todos los Estados del Tercer Mundo. No permitir que nada ni nadie nos divida. Solucionar mediante negociaciones y fórmulas políticas los problemas que en ocasiones enfrentan a algunos de nuestros países. Formemos un haz indestructible de pueblos para exigir nuestras nobles aspiraciones, nuestros legítimos intereses, nuestro derecho irrenunciable a sobrevivir, como países del Tercer Mundo y como parte inseparable de la humanidad. No ha sido nunca la resignada sumisión ni el derrotismo ante las dificultades lo que nos ha caracterizado. Hemos sabido enfrentar con sentido unitario, firmeza y decisión, complejas y difíciles situaciones en estos últimos años. Juntos nos hemos esforzado, juntos hemos luchado y juntos hemos obtenido victorias. Con ese mismo espíritu y determinación, debemos estar dispuestos a librar la más colosal, justa, digna y necesaria batalla por la vida y el porvenir de nuestros pueblos.


“HOY MÁS QUE AYER, LA LUCHA DIARIA DEBE DIRIGIRSE A DERROCAR EL SISTEMA, A LA VICTORIA DEL PODER POPULAR Y DE LA ECONOMÍA POPULAR”

Aleka Papariga Secretaria General del Partido Comunista de Grecia

Discurso pronunciado en el Festival conmemorativo del 90 aniversario del PC de Grecia (KKE) y 40 de la fundación de la Juventud Comunista (KNE)

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e gustaría darles la bienvenida al Festival, que este año ha sido organizado conjuntamente por el KKE y la KNE en homenaje al doble aniversario: el 90º del Partido y el 40º de la KNE. Damos la bienvenida a las delegaciones de 61 partidos comunistas y obreros y organizaciones juveniles comunistas que están acompañándonos en la celebración, rindiendo tributo al internacionalismo proletario y a la solidaridad internacionalista. Estamos fortaleciendo nuestra solidaridad con los partidos comunistas y los pueblos que luchan contra el imperialismo y por el socialismo. Expresamos la necesidad de una acción y colaboración más coordinada, y de un Movimiento Comunista Internacional que trace una estrategia común.


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Saludamos a todos los trabajadores, artistas y voluntarios que, con entusiasmo, originalidad y pasión, han levantado este Festival y le han dado un color especial en este grandioso doble aniversario. A lo largo de su historia, incluso en las peores condiciones, el KKE nunca ha tenido miedo de proponer análisis que quienes están en el poder han perseguido y castigado, incluso con la pena de muerte, pero que la sociedad aún no estaba preparada para aceptar. Hacía falta valentía política para denunciar la Expedición a Asia Menor en un momento en que la “Gran Idea” anexionista gobernaba y dividía a los pueblos vencidos. La iniciativa del KKE fue de gran importancia cuando, a pesar de los fuertes ataques de la dictadura del Rey y de Metaxás, dirigió la Resistencia, enfrentándose al mismo tiempo a los ataques de clase y las provocaciones de los colaboradores y aliados británicos. A los niños no se les enseña que, desde el primer momento de la ocupación italo-germana, el mundo político burgués mantuvo una actitud distinta de la del KKE. Una parte de ese mundo colaboró abiertamente con los invasores, otra parte se fue a Egipto y se preparó para impedir la completa toma del poder por las fuerzas de la Resistencia. Lograron aprovecharse de la falta de una estrategia global por parte del movimiento y, especialmente, del Partido. Pero ese momento, cuando no pudimos cumplir con las responsabilidades como deberíamos haber hecho, no tenía nada que ver con la traición o el propio interés. Si nuestro error fue no reconocer la correlación de fuerzas existente y depositar ilusiones en la posición de los aliados y el mundo político burgués, su elección no fue producto de la inexperiencia o del error. En El Cairo, Alejandría y Londres, todos ellos eran consecuentes con su clase, querían arrancar el árbol de la Resistencia, arrancarlo hasta su última raíz. Ello se logró a sangre y fuego, a expensas de aquellos quienes tomaron la vía de la resistencia mientras los otros estaban pasándolo bien en el extranjero. Por ello, este año, al celebrar nuestro 90 aniversario, hemos rendido un especial homenaje al joven movimiento partisano que nació tras la


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liberación y, hasta 1949, a la lucha del Ejército Democrático, que fue el punto culminante de la lucha de clases en Grecia en el siglo XX, una batalla antiimperialista e internacionalista. Por un lado, la lucha armada de masas se mantuvo firme, pero, por otro lado, los gobiernos y la maquinaria de los partidos llamados de derecha y liberales, que tenían de su parte la fuerza de las armas del imperialismo estadounidense y británico, hicieron aumentar la violencia. Tomemos en cuenta la gran importancia de la audaz y correcta posición del Partido en 1974, señalando que la transición de una dictadura a una república parlamentaria burguesa se producía tras varios “toma y daca”. Recordemos el aviso que hizo el Partido sobre la naturaleza imperialista de la guerra en los Balcanes en los inicios de los 90, cuando el resto de fuerzas políticas decían con autocomplacencia que la humanidad se había metido en la autopista de la democratización, la prosperidad y la paz. Nos sentimos orgullosos porque en el período más difícil para el sistema socialista y el movimiento comunista, cuando las “ratas” –cuadros y dirigentes– “abandonaban el barco”, hablábamos de la victoria de la contrarrevolución. Defendemos el papel y la contribución del socialismo en el siglo nuestra época sigue siendo una época de XX, su necesidad transición del capitalismo al socialismo. histórica y el hecho de que nuestra época sigue siendo una época de transición del capitalismo al socialismo. En 1991, estuvimos más que a la altura de las circunstancias cuando evitamos la dispersión voluntaria, es decir, la autodisolución del Partido en la entonces Coalición de la Izquierda. Es importante el hecho de haber mantenido la continuidad histórica del KKE y que no haya pasado ni un solo día en el que no hayamos tomado parte en las luchas diarias. Aunque heridos, estábamos listos para luchar, para explicar y para tomar iniciativas de lucha, puesto que el Tratado de Maastricht, apro-


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bado por todo el mundo, excepto el KKE, preparaba el camino para que entraran en nuestras vidas las primeras medidas bárbaras de reestructuración capitalista. En el momento adecuado, a contracorriente, proclamamos que el pueblo no sólo no debería temer a un gobierno inestable e impopular, o a un sistema político inestable y antipopular, sino que de hecho debería tratar de debilitarlo y desestabilizarlo más aún, siempre, por supuesto, por medio de golpes decisivos del movimiento obrero y popular y con la vista puesta en el contraataque final. Por otra parte, ¿no fue también importante que el KKE avisara abierta y claramente al pueblo de que no sólo había que condenar la alternancia entre la ND –Nueva Democracia, derecha- y el PASOK -socialdemocracia-, sino ir más allá y hacerse fuertes contra los escenarios de reforma del sistema político con un gobierno de centro-derecha o de centro-izquierda? La conclusión puede extraerse de toda nuestra historia. Nunca, en ninguna ocasión, bajo ninguna circunstancia, puede haber justificación para dejar de asegurar la acción independiente del partido, la existencia de fuerzas organizadas en todos los lugares, allí donde sea posible, a cualquier coste en términos de sacrificio. Todo ello a condición de que actuemos con una estrategia y una táctica planificadas que no hipotequen los intereses de la clase obrera con éxitos temporales o con los errores y las dificultades de la lucha. Ningún agrupamiento político, no importa lo radical que pueda ser, puede sustituir el papel y la contribución del Partido Comunista, organizado principalmente en los centros y sectores de trabajo. Esto es cierto también para la Juventud Comunista de Grecia (KNE). La situación de 1958 no se repetirá, cuando las organizaciones del Partido fueron disueltas y dispersadas en un agrupamiento de izquierdas más amplio. La presencia independiente en lo ideológico, lo político y lo organizativo del KKE garantiza la formación y duración de la alianza política del frente sociopolítico antiimperialista, antimonopolista y democrático que


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proponemos. Por supuesto, reconocemos el derecho a la independencia también a nuestros aliados. Una característica del KKE es que opera como una especie de poderosa taladradora que profundiza en la tierra para plantar las semillas de ideas más nuevas, vanguardistas e inusuales, para que se conviertan en un enorme árbol que acabará con la explotación de clase, promoverá la igualdad social y la igualdad entre los sexos y promoverá el internacionalismo obrero y el papel de la ciencia al servicio del pueblo. No somos solamente el Partido que centra su atención en el pueblo trabajador; somos el Partido que ve en ese pueblo a la fuerza dirigente de la producción de la riqueza y a la fuerza dirigente en la liberación de la sociedad de todo tipo de explotación. En la mayor parte de la juventud, vemos a la generación de la clase obrera del mañana, a los sectores populares que cargarán con el peso de los grandes cambios radicales que transformarán el mundo. Esperamos que tengan más éxito que nosotros. El KKE otorga importancia y enfatiza en las luchas diarias, en lo que sea que atormente y dé problemas a la mayoría del pueblo. Al mismo tiempo, tiene la característica particular de luchar por lo que que intenta –a veces con éxito y a veces es históricamente sin él– luchar por lo que es históricamente oportuno y necesario oportuno y necesario, independientemente de la correlación de fuerzas que haya en un momento histórico concreto. La burguesía, los derrotistas y oportunistas de todo tipo sólo están interesados en cambiar a los peones del tablero del gobierno burgués. A lo largo de toda nuestra historia, siempre hemos representado el realismo de la indisciplina y desobediencia militante frente a siempre hemos representado las órdenes de sometimiento y el realismo de la indisciplina y desobediencia militante conformismo, y el realismo de frente a las órdenes de la resistencia y el contraataque sometimiento y conformismo contra el llamado realismo de


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la conformidad y la intimidación, del soborno y el favoritismo. Esta posición es completamente independiente de la impaciencia pequeñoburguesa y el oportunismo de otras fuerzas. El KKE no busca frases novedosas, no cambia sus términos científicos, que representan un contenido específico en la realidad contemporánea. No estamos en una búsqueda hipócrita de innovaciones. Tratamos de mostrar cuál es la tarea actual que corresponde a la realidad objetiva, al progreso, y a la necesidad de solucionar los problemas que en ella se dan. Lo realista es lo que el pueblo puede hacer cuando sabe cómo usar su poder, cuando se arriesga a cambiar la correlación de fuerzas en lugar de arriesgar la vida bajo la carga de las correlaciones de fuerza adversas. ¿Qué es lo oportuno y lo realista hoy en día? El KKE responde a esta pregunta con su Programa, con las conclusiones derivadas de la construcción del socialismo, que combinan la proyección de la superioridad de este sistema con la evaluación crítica de los errores cometidos durante su hoy más que ayer la lucha diaria construcción. Esto duele al adversario, que no tiene nada debe dirigirse a derrocar el sistema, a la victoria del poder nuevo que decir más allá popular y de la economía popular de lo dicho desde el primer momento de la victoria de la Gran Revolución de Octubre. Independientemente de lo que haya dicho, sólo quería decir una cosa, lo mismo que dice hoy: que no puede aceptar que se cuestione la propiedad capitalista. Esto es lo que nos diferencia: confrontemos sobre ello y dejemos a un lado el tema de Stalin, Yalta y todo lo demás sobre lo que siguen hablando. A la pregunta de “cómo podemos salir del impasse” contestamos con nuestra propuesta de una alianza social y política que tenga en cuenta la correlación de fuerzas y las diferencias entre los aliados en el tema del socialismo, con nuestras propuestas para resolver los problemas que nos preocupan hoy, con la lucha para imponer algunas soluciones hoy,


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soluciones incluso parciales o temporales. Pero no nos detenemos aquí, porque hoy más que ayer la lucha diaria debe dirigirse a derrocar el sistema, a la victoria del poder popular y de la economía popular. En lo tocante a las grietas del sistema por las que los dos partidos se alternan en el poder, contestamos con el llamamiento a convertirlas en una ruptura plena y total. En lo tocante a los esfuerzos de la clase burguesa por volver al bipartidismo o a un período intermedio de gobiernos de coalición de centroderecha o centro-izquierda, respondemos: “seguid así”, “debilitad a los partidos burgueses”, “no busEl movimiento obrero debe quéis diferencias entre ambos”. ser reorganizado y regenerado La única diferencia importante con una orientación de clase entre ellos es su egoísmo y la competencia interesada por ver quién tomará las riendas del gobierno. Privémosles del apoyo de la izquierda o de la derecha. No confiemos en las fuerzas del oportunismo, que intentan halagar al pueblo y engañarlo con los denominados gobiernos de izquierda, pero sin intención alguna de golpear al poder de los monopolios en la economía. El movimiento obrero debe ser reorganizado y regenerado con una orientación de clase. Hay que dar fuerza al KKE, independientemente de si se está de acuerdo con nosotros en todo, y hacer más fuerte al movimiento popular. Las mentes deben emanciparse de la estrategia de los monopolios y liberarse de cualquier tipo de miedo y derrotismo hacia la “vía de sentido único” de Europa y los compromisos con EEUU y la OTAN. El adversario no es todopoderoso. Hoy no tiene las mismas armas que tenía en el pasado para gestionar la crisis. Las discusiones que se suceden sobre la gestión nacional, regional o global de los movimientos de capital en los mercados financieros no han sido efectivas, ya que existe una gran centralización y concentración bajo las condiciones del mercado desregulado. Es posible que una crisis simultánea golpee a los países capitalistas fuertes, igual que es posible que una crisis llegue antes


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a Grecia que al resto de las economías balcánicas. Entonces, la ofensiva contra los pueblos será aún peor. Debemos estar bien preparados. El sistema político burgués, el capitalismo monopolista, es decir, el imperialismo, perdió hace tiempo cualquier oportunidad y capacidad que pudiera haber tenido para hacer algunas concesiones que llevaran a una mejora relativa, en ocasiones absoluta, en las condiciones de vida. Hoy en día, el sistema se ha vuelto más reaccionario y bárbaro, y no cambiará. Lo máximo que puede ofrecer al joven parado o a la joven parada es un trabajo temporal y mal pagado en un programa de prácticas durante 5-9 meses, un empleo a tiempo parHoy en día, el sistema se cial con algún contratista que, de ha vuelto más reaccionario hecho, opera sin cumplir con las leyes y bárbaro, y no cambiará que protegen la salud y la seguridad en el trabajo, y tras asegurarse de que el joven o la joven se inclina y arrodilla mil veces ante el jefe, el partido, el parlamentario, el alcalde y el prefecto. ¿Qué puede ofrecer a una joven pareja? La esclavitud ante las hipotecas, los préstamos personales y los préstamos para vacaciones. Encima de todo eso serán aconsejados por banqueros que les dirán que no pidan préstamos innecesariamente. Y, luego, tendrán que buscar plaza en una guardería y tendrán que elegir entre las altas tarifas de la guardería pública y las aún más altas de la guardería privada. ¿Qué puede ofrecer a la mujer del campo, que no puede permitirse cultivar nada porque ella y su marido fueron expulsados de su tierra? Hace mermelada en un esfuerzo por romper el embargo de los grandes almacenes, y el agricultor tiene tres trabajos para intentar llegar a fin de mes, mientras ambos trabajan ocasionalmente en grandes hoteles en condiciones espantosas, intentando reunir los 101 sellos necesarios para solicitar el seguro de desempleo. ¿Qué puede ofrecer al autónomo, al pequeño comerciante, cuando la parte del león de los ingresos va a los grandes almacenes?


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¿Qué respuesta puede dar a la falta de infraestructuras sociales? La política de la “rentabilidad”; esto es, usted paga y paga para obtener algo. ¿Quiere usted carreteras donde no muera gente? Pague por los peajes. ¿Quiere usted una casa con protección antisísmica? Pague precios altísimos una escuela que vacía los por metro cuadrado. ¿Quiere usted bolsillos de los padres y playas limpias acordes con el paisaje? las mentes de la juventud Pues admita que haya hombres de negocios que se hagan con ellas por casi nada y luego le cobren por entrar, le cobren por una ducha y le cobren por una hamaca. El remate ya es el escándalo de los grandes monasterios, que toman tierras y exigen lagos, basándose en las firmas de ministros del gobierno, ¡y mientras reivindican títulos que les fueron concedidos hace 500 años o más! ¿Qué pueden ofrecer este sistema y los partidos en el poder a un joven que quiera tener una educación? Una escuela que vacía los bolsillos de los padres y las mentes de la juventud. Un puñado de “soluciones educativas alternativas” por las que hay que pagar y que ofrecen una degradada formación profesional a los modernos esclavos laborales. ¿Qué puede ofrecer al pueblo trabajador que quiere disfrutar de su jubilación con tranquilidad y seguridad? La posibilidad de obtener unos pocos euros más en su pensión si trabajan hasta los 67 años (¿y por qué no hasta los 71?) Desde ahí, una vida difícil y solitaria, o una vida sombría en almacenes para mayores que también cuestan dinero. O bien se le puede pedir al alcalde que le envíe a su casa, por lo menos un día, a una trabajadora mal pagada, o, incluso, no pagada, a través del programa de “ayuda doméstica”. La clase burguesa y los partidos que le sirven, la ND y el PASOK, se han aprovechado, y todavía lo hacen, del Marco de Apoyo Comunitario y sus Programas, principalmente por medio de la experiencia de los partidos europeos liberales y socialdemócratas, derrochando dinero, que ha sido producido por el trabajo duro de la gente, para reforzar y ampliar la aristocracia obrera. Sobornan provocativamente, repartiendo abundan-


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tes cantidades. Premian a los representantes de las organizaciones sindicales y partidos políticos que consienten o aceptan consentir. Muestran generosidad hacia ONG’s “fantasma”, con el fin de crear un estrato de “adormecimiento cómodo” que hace propaganda del sometimiento, con consignas modernas de izquierda y conservadoras. Distribuyen generosamente dinero y privilegios a ciertos sectores altos de las clases medias para organizar la alianza de la clase burguesa y corroer conciencias, para evitar la alianza de las fuerzas sociales antimonopolistas. El oportunismo es generosamente apoyado y, al mismo tiempo, presionado en una u otra dirección, según las necesidades del momento; esto es, en ocasiones, como muleta del gobierno y, otras veces, como barrera contra el KKE y el movimiento obrero. Cuanto más fuerte se oyen los gritos de oposición de SYRIZA –reformistas-, más obvio se hace que su propuesta no sirve ni para el dolor de cabeza del pueblo trabajador. Sus propuestas son como un chaleco salvavidas hecho trizas. La clase burguesa y sus dirigentes no dudan en sacrificar incluso a sus propios cuadros, que han servido al sistema durante años, si es necesario quitarse de encima la rabia y el resentimiento del pueblo. Los escándalos siguen apareciendo, y seguirán haciendo todo lo que haga falta para cultivar la visión engañosa de que, si los ladrones son apartados, el poder de los monopolios puede hacerse humano, social y favorable a los trabajadores. ¿Qué puede ofrecer hoy el KKE al pueblo? En principio, lo que el pueblo trabajador y la juventud saben muy bien es que somos luchadores constantes y firmes junto a la clase obrera, los autónomos, los campesinos pobres, la juventud, las mujeres y los inmigrantes. Les informamos con rapidez, podemos ver y prever, y les avisamos. No tenemos miedo, podemos soportar las penurias, no retrocedemos, no traicionamos y no ocultamos nuestras expectativas. No vamos a engañar a nadie diciendo que hay soluciones inteligentes sin lucha popular, sin los sacrificios del pueblo.


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Damos identidad social y política a nuestra propuesta de alianza basada en fuerzas objetivas, y no en consignas, visiones abstractas o auto-referencias subjetivas. La alianza que proponemos se basa en los intereses comunes de la clase obrera, los autónomos y los campesinos pobres. Entre estas fuerzas sociales incluimos a los inmigrantes que trabajan en nuestro país, estén o no en situación legal. Esa alianza la hacemos particular, con programas específicos de acción, para la juventud y las mujeres que pertenecen o pertenecerán a estas fuerzas sociales en el futuro. Consolidamos y ampliamos esta alianza al nivel de alianza política. Hoy esto parece más difícil, pero es un tema de correlación de fuerzas. Las correlaciones cambian con la voluntad y actividad de la gente. En cuanto las fuerzas populares se aparten del derrotismo y la influencia de la estrategia monopolista, llegarán los cambios en la configuración de las fuerzas políticas. Estos cambios serán sustantivos y no sólo de forma, como ya ha ocurrido en el pasado, cuando ND sustituyó a ERE y el PASOK al partido Énosi Kentru. Bajo el peso de los acontecimientos positivos en el movimiento y en las mentes de las personas, es posible que surjan nuevas formaciones políticas orientadas a romper con los monopolios, el imperialismo y la estrategia del capital. Ahí, nuestra responsabilidad será responder. Está en nosotros ayudar, pero no depende sólo de nosotros. La alianza se basa en la oposición y la ruptura con los monopolios y, por ello, con el imperialismo y los partidos que les sirven. No exigimos que se esté de acuerdo con el socialismo o que se identifiquen con la ideología del KKE. Sin embargo, apreciamos que la perspectiva del poder popular pueda crear bases comunes para que la alianza pueda garantizar un cambio de dirección, una vía diferente de desarrollo en una dirección a favor de los trabajadores, a favor del pueblo, sin los compromisos impuestos por la UE y la OTAN. Volvemos a decir que no se puede servir a dos señores: o se sirve al pueblo o a los monopolios.


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Algunas personas bienintencionadas preguntan si hoy, cuando los problemas del pueblo trabajador se agudizan más y más, cuando nos sentimos en un sofocante callejón sin salida, tal vez sería bueno que algunos partidos o movimientos se pusieran de acuerdo en 3 ó 4 problemas básicos y dejaran el resto para más adelante. Si los graves problemas de hoy no fueran más que 3 ó 4, o incluso 5 ó 6, entonces tal vez no estaríamos hablando de sofocantes callejones sin salida. E, incluso, si escogiéramos algunos problemas concretos arbitrariamente, dejando de lado otros, ¿sería posible, incluso entonces, que hubiera acuerdo con, por ejemplo, el PASOK o SYRIZA? No existen problemas importantes que no sean producto de una línea política general, que se va trazando ahora sobre todos los asuntos, a nivel nacional e interestatal. Tiene problemas la clase obrera, tienen problemas los autónomos y los campesinos con pequeñas y medianas propiedades. Existen los problemas relativos a los efectos de la concentración y centralización del capital, los problemas de las privatizaciones, la desregulación del mercado, los efectos de los compromisos con la UE y la OTAN y de los acuerdos EEUU-Grecia, que tienen repercusiones en los ámbitos político, económico y militar y en el ámbito de las libertades sindicales y democráticas. ¿Qué podríamos omitir? Un acuerdo de oposición es, en esencia, un acuerdo sobre el posible gobierno o, desde nuestro punto de vista, sobre el poder político. Un gobierno, independientemente de la forma que adopte, está obligado a trazar una estrategia global que, por medio de líneas generales, responda a la pregunta de si está con los monopolios o con el pueblo, con el imperialismo o con el pueblo. Grecia no se convertirá en la Italia, Francia y Alemania de las esperanzas perdidas, ¡el KKE ni participará en ello ni lo consentirá! No nos dormimos plácidamente en los laureles, luchamos incluso con la correlación de hoy. Pero la resistencia no es suficiente, oponerse a la forma en que gobiernan la ND y el PASOK no es suficiente. Hace falta confrontar con su estrategia. Hace falta una lucha de alto nivel que pueda, con ciertas condiciones, llevar a la victoria y la toma del poder. Ésta es la “vía de sentido único” de la clase obrera y el pueblo.


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Un nuevo poder político popular que mantenga las viejas relaciones de propiedad está condenado a fracasar, condenado a la traición. El argumento del paso intermedio, la lógica de “demos un paso adelante y, luego, veamos”, representa hoy un gran peligro de que se pierda tiempo valioso. Además, la lección de 1981 no está lejos. Den el primer paso hoy, con nosotros, unidos, sin que nadie le pida al otro renunciar a sus propios puntos de vista. Mañana las cosas irán mejor. Desde esta tribuna, recordamos que las Tesis del CC para el 18 Congreso serán publicadas en octubre, y tratarán dos temas: el informe del Partido y los desarrollos políticos, junto con un nuevo texto con las conclusiones sobre la construcción del socialismo. Os invitamos a participar en el debate público que se dará de muchas formas, en Rizospastis y en KOMEP, en reuniones públicas y mítines. ¡Nuestra fuerza es nuestra teoría de vanguardia, nuestra acción de vanguardia! ¡Nuestra fuerza y nuestra arma son la historia del KKE y la KNE, la experiencia y las lecciones aprendidas de la historia del movimiento obrero y comunista mundial, el examen científico del curso de la construcción del socialismo en el siglo XX! ¡Nuestra fuerza es la certeza de que el resultado será un nuevo estallido de crecimiento en el movimiento popular, un nuevo ciclo de agitación social y revoluciones socialistas! ¡No nos rendiremos: creemos en el poder y la voluntad del pueblo! ¡Creemos en la juventud! Atenas, 28/9/2008


LAS CENTRALES TERMICAS DE CICLO COMBINADO EN EL CONTEXTO DEL SISTEMA ELÉCTRICO PENINSULAR EL CASO DE NAVARRA

Jesús María Tomás Jiménez y Pablo Lorente Zapatería

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Miembros de la Plataforma de La Ribera + Centrales No

e manera muy resumida, se puede decir que el proceso de instalación de las centrales de producción de electricidad del sistema peninsular se ha llevado a cabo en sucesivas oleadas. Tras la guerra civil, la dictadura franquista inició la construcción de los saltos hidroeléctricos. Con la década de los 60 y primeros 70, vinieron las plantas de fuel-oil. Después, vendrían las nucleares, que ocuparon los 70 y primeros 80. Finalmente, la cogeneración, con proyectos que se han ejecutado durante el final del siglo. El inicio del siglo XXI viene marcado por la fulgurante aparición de proyectos de centrales térmicas de ciclo combinado (CTCC, a partir de ahora).


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Las CTCC constituyen, de esta manera, uno de los últimos desarrollos tecnológicos para la producción de electricidad mediante la quema de combustibles fósiles, y, hoy, son presentadas como el sistema más eficiente y limpio de producir electricidad a partir de los citados combustibles ya que, en comparación con las centrales térmicas tradicionales, para producir la misma cantidad de electricidad necesitan quemar menos combustible y, por tanto, contaminan menos. Esta eficiencia energética y su menor efecto contaminante son los argumentos mayoritariamente empleados para justificar la construcción de estas centrales como la tecnología de transición necesaria para combatir de forma eficaz la amenaza medioambiental más grave que sufre el planeta, el cambio climático. Sin embargo, esta carrera desaforada por construir CTCC en lugar de servirle al Estado Español para acercarle, aunque fuese un poco, al compromiso vinculante adquirido con la firma del Protocolo de Kioto, que le permite aumentar, hasta el 2012, las emisiones de gases de efecto invernadero -GEI, en adelante- un 15% respecto de las que tenía en 1990, le hace alejarse cada vez más de él de una forma escandalosa, estando, en 2006, en el 48’1%, siendo el sector energético el responsable del 78’5% de esas emisiones de GEI.(1) En 2007, según datos provisionales adelantados en abril de 2008 por el Ministerio de Medio Ambiente, las emisiones en el sector eléctrico e industrial aumentaron un 3% respecto a las de 2006. Según el informe elaborado por la edición española de la revista World Watch(2), en 2007 las emisiones de GEI aumentaron un 2’8% respecto al año base y un 1’8% respecto al año anterior, lo que nos situaría en el 52’31%. Entre las numerosas causas por las que no se han reducido las emisiones, hay tres medidas directamente vinculadas con el sector energético que no se han llevado a cabo y que consideramos esenciales para la efectiva reducción de las emisiones de GEI: (1) El Cambio Climático en España. Estado de situación (Noviembre, 2007). Informe elaborado para el Presidente del Gobierno por expertos en cambio climático. (http://www.mma.es/portal/secciones/cambio_climatico/pdf/ad_hoc_resumen.pdf) (2) “Evolución de las emisiones de gases de efecto invernadero en España (1990-2007)” (Mayo de 2008) (http://www.nodo50.org/worldwatch/ww/pdf/Emisiones%20CO2%20 2007.pdf)


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– La disminución de la demanda energética: En 2007 la demanda aumentó en un 2’8%(3). Durante el periodo 2002-2006, España aumentó su demanda un 20%; Italia, un 8’5%; Francia, un 7%, y, Alemania, un 5’5%(4). – La sustitución del actual modelo energético: Es preciso la salida paulatina del carbón del sistema eléctrico y un mayor avance de las renovables. – Medidas que conduzcan a un uso más eficiente y sensato de la energía: El consumo de energía por habitante sigue subiendo y está en 5.797 Kwh. Se estima que el 20% de ese consumo es innecesario. Panorama actual del Sistema Eléctrico Peninsular(5)

Año 2002

Potencia instalada: 58.469 megawatios Día mayor demanda (9 enero): 34.336 MW CTCC: 2.794 MW Fuel: 7.494 MW (se dieron de baja 720 MW) Renovables: 6.458 MW Hidráulicas: 16.586 MW Carbón: 11.565 MW Nuclear: 7.816 MW

Año 2007

Potencia instalada: 85.959 MW Día > demanda (17 diciembre): 44.876 MW CTCC: 20.995 MW Fuel: 5.894 MW (1.600 MW se dieron de baja esos años) Renovables: 14.458 MW Hidráulicas: 16.657 MW Carbón: 11.357 MW Nuclear: 7.716 MW

Para 2008 y 2009 hay previstos 7.600 MW nuevos en CTCC. El incremento de la punta de demanda ha sido de un 30’7%. La potencia instalada ha aumentado un 47%: 27.490 MW. De este incremento de potencia instalada, el 68% lo ponen las CTCC, con 18.201 MW más, es decir, en este corto periodo de tiempo han aumentado el 650%. (3) Red Eléctrica de España. Avance del Informe 2007 del sistema eléctrico español (http://www.ree.es/sistema_electrico/pdf/infosis/Avance_REE_2007.pdf) (4) Red Eléctrica de España. Informe 2006 del Sistema Eléctrico español http://www. ree.es/sistema_electrico/pdf/infosis/Inf_Sis_Elec_REE_2006.pdf (5) Fuente: Red Eléctrica de España


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La potencia de las energías renovables ha aumentado en 8.000 MW, un 29% del total. Este incremento de potencia permite que el saldo de los intercambios internacionales resulte exportador por cuarto año consecutivo, siendo un 76’9% superior al de 2006. Previsiones que tienen como horizonte el año 2030(6) UNESA Nucleares: 2.600 MW más (2 o 3 centrales). Carbón: 3.900 MW más, con tecnología de captura de emisiones contaminantes. Eólica: llegaría hasta los 35.000 MW. Resto renovables: 7.864 MW. Cogeneración: 9.100 MW. 18.693 MW en centrales para atender las puntas de consumo. Total: 131.494 MW. Foro de la Energía Nuclear Se debe alargar la vida de las nucleares actuales y construir otros 10-11 grupos nuevos de 1.000 MW y 1.200 MW cada uno. Ministerio de Industria, Turismo y Comercio Nucleares: igual que ahora. Eólica: llegar hasta los 40.000 MW Solar fotovoltaica: 6.500 MW Biomasa: 3.700 MW Cogeneración: 9.500 MW Carbón: debe disminuir su peso en el sistema. (6) Entrelíneas, Revista de Red Eléctrica de España, nº 8, Abril-Junio 2008


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El sistema eléctrico en Navarra(7) En el año 2000, la potencia instalada era de 763 MW (667 MW de renovables, el 87’41%). En el 2005 era de 2.260 MW (800 MW de las CTCC y 1147 MW renovables). En el 2010 se prevé una potencia de 3.534 MW (1600 MW de las CTCC y 1775 MW de renovables). Se pasa de una generación de energía de menos de 2 millones de MW, en 2000, a 7.200.000 MW, en 2005, y a 12.800.000 MW en 2010, de los que 8.000.000 MW los generarán las CTCC de Castejón. En 2006 la demanda fue de 5.332.000 MW y la producción de 6.251.000 MW, dándose un excedente de energía no consumida en Navarra de 920.000 MW. Para 2010, según el PEN, ese excedente se estima en 7.225.000 MW, gracias a los 8.000.000 MW que generarán las 4 CTCC. Excedente que vendría muy bien a las empresas eléctricas propietarias de las CTCC de Castejón para alimentar a ese avión sobre raíles que es el TAV, cuyo trazado, precisamente en Castejón, tiene previsto desdoblarse en dos: uno, que irá a Logroño, y, otro, que irá a Pamplona y que enlazaría con la Y vasca, convirtiéndose las CTCC, no sólo las de Castejón, sino también las de Arrúbal (La Rioja) y las de Lantarón (Álava), en las gasolineras del TAV. Las razones de la proliferación de las CTCC A la vista de todo lo que acabamos de exponer, consideramos que las verdaderas razones que han llevado a la rápida expansión en nuestro sistema eléctrico de este tipo de instalaciones son puramente económicas. Su gran eficiencia permite una rápida recuperación del capital invertido en la construcción. Por otra parte, este capital es mucho menor que el invertido en otro tipo de instalaciones. Así, su coste de instalación se sitúa entre 360.000-480.000 €/MW (60-80 millones de ptas/MW), muy (7) http://www.cfnavarra.es/Industria/AREAS/energia/PlanEnerg.pdf


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inferior al de las centrales nucleares, que puede llegar a ser 8-10 veces mayor, y al de las instalaciones eólicas, que están en torno al doble. En estrecha relación con lo anterior están los cortos períodos de duración de las obras, aproximadamente dos-tres años. A ello hay que unir la alta disponibilidad de estas centrales, que pueden funcionar sin problemas durante 6.500-8.000 horas, equivalentes al año. Todo ello se traduce en unos precios de producción del Kw/h mucho menores que los de las demás centrales del sistema peninsular. Otro factor añadido es que hasta ahora el precio de la materia prima, aunque fluctuante, es más barato. Todo ello en un marco de “oferta competitiva”, donde la electricidad se adquiere a quien la produce más barata, pero se retribuye en función de la oferta más cara de las necesarias para cubrir la demanda, lo que se traduce en unos elevados márgenes de beneficio que permiten amortizar la planta en tiempos muy cortos y entrar rápidamente en período de beneficios. Además, el grueso de los costes es variable, por lo que, de no ser necesario el funcionamiento de la planta, no se incurre en ellos. Afectaciones medioambientales y sobre la salud humana La contaminación atmosférica es uno de los principales impactos ambientales que conlleva la puesta en marcha de una CTCC, ya que, para su funcionamiento, es necesario realizar una combustión de gas natural (o gasóleo) que, debido a la presencia elevada de hidrocarburos y compuestos de azufre y nitrógeno, da lugar a la aparición de compuestos orgánicos volátiles, dióxido y monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y de azufre, además de partículas en suspensión. Estas sustancias son precursoras y favorecedoras de impactos ambientales que, desde las políticas internacionales, europeas, estatales y autonómicas, procuran minimizarse, porque existe la evidencia científica suficiente que relaciona la emisión de estas sustancias con fenómenos como el efecto invernadero, precipitación ácida o el ‘smog’ fotoquímico, que pueden darse a mayor o menor escala, aunque todos ellos tienen una repercusión importante en el entorno de la central.


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Estas CTCC necesitan evacuar aproximadamente el 45% de su potencia térmica total. Los gases que resultan de la combustión se expulsan a la atmósfera y el vapor se condensa mediante un foco frío, que ha de ser un río o una masa de agua. Las centrales que se refrigeran por agua pueden hacerlo a su vez mediante un circuito abierto, que es la forma más consumidora de agua, y obliga a tener, no sólo una masa de agua, sino un caudal mínimo, o también pueden refrigerar el agua mediante torres de enfriamiento. Este último sistema, torres húmedas, “aprovecha” el calor residual para evaporar agua y necesita caudales menores, aunque es un uso de difícil encaje en cuencas que no pueden definirse en modo alguno como excedentarias. El consumo, para los rangos de potencia demandados, se sitúa entre 0,15 y 0,7 m3/seg. A la limitación en la disponibilidad del recurso hay que añadir la necesidad de purgar las sales contenidas en el agua evaporada, que en todas las circunstancias degrada su calidad y que, en algún caso, puede llevar el impacto hasta valores inasumibles. Tampoco deben olvidarse entonces las alteraciones del microclima del lugar debido a las nubes formadas. Asimismo, hay que tener en cuenta también los impactos que provocan sus instalaciones anexas (posibles depósitos del combustible principal o de los auxiliares, equipamientos de producción eléctrica...), los específicos de la fase de construcción (afecciones a vías de acceso, ruidos, polvo, efectos sobre cauces, sobre valores culturales o arqueológicos...), las servidumbres urbanísticas provocadas por las líneas eléctricas de evacuación, por las subestaciones necesarias. Por otro lado, la puesta en marcha de una nueva central de gas implica la construcción de un gran gaseoducto que se ramifique desde el más cercano existente y lleve el gas al nuevo emplazamiento. Se trata de practicar una herida en el terreno de unos 10 metros de ancho y varios kilómetros de longitud. El paso de un gaseoducto hiere el territorio casi igual que una línea de alta tensión. Las infraestructuras de gas tienen el problema añadido de la seguridad. Es posible que se produzcan escapes de los gaseoductos o de los


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depósitos, con el consiguiente riesgo de explosión o de incendio. Los depósitos de gas son especialmente vulnerables. No deben ignorarse tampoco, por su contribución al cambio climático, las fugas accidentales de metano (CH4, componente casi exclusivo del gas natural), cuyo potencial de calentamiento a 20 años es 56 veces mayor que el de una cantidad igual de CO2. Según el Panel Intergubernamental de expertos en Cambio Climático (IPCC, en adelante), la tasa de aumento anual de este gas es del 0,6% y es responsable, aproximadamente, del 16% del calentamiento terrestre actual. Una molécula de metano tiene el mismo impacto sobre el efecto invernadero que 24 moléculas de CO2. Su tasa de fugas ha sido estimada en un 1% del gas transportado, por lo que, para expresar las emisiones con efecto invernadero, expresadas en unidades de CO2 equivalente, habría que multiplicar sus emisiones de CO2 por un factor de 1’24, por lo que las “enormes” ventajas del gas natural frente a otros combustibles fósiles, tan defendidas por las empresas y las autoridades administrativas, se ven significativamente mermadas. Ozono troposférico Entre los contaminantes atmosféricos secundarios, hay que hacer especial referencia al ozono troposférico. Este gas se genera como consecuencia de la reacción de determinadas sustancias como los óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles, en presencia de una intensa radiación solar, y altas temperaturas, condiciones que se dan en el entorno de las CTCC. Los efectos de este contaminante repercuten principalmente en la población infantil, personas mayores, personas con algún tipo de problema respiratorio (asma, bronquitis,...) y deportistas. El propio Ministerio de Medio Ambiente del gobierno español reconoce expresamente que se superan ampliamente en la zona los valores objetivos de protección a la salud y de protección de la vegetación. Igualmente lo reconoce el Gobierno Foral de Navarra en un informe elaborado por la Universidad de Navarra sobre la Contaminación por Ozono en la Ribera en 2004. Son numerosos los trabajos de investigación que analizan las diferentes consecuencias que produce la exposición a niveles de ozono ambien-


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tal elevados. Todos ellos muestran la existencia de asociación estadísticamente significativa entre los indicadores de contaminación atmosférica y la salud. Entre sus conclusiones podemos destacar: el aumento en el número de ingresos hospitalarios, agravamiento de las afecciones respiratorias, disminución de la función pulmonar, incremento de la mortalidad, sobre todo entre las personas con edades comprendidas entre los 65 y los 74 años. En base a estas conclusiones, se puede afirmar: a) Los combustibles fósiles generan contaminantes físicos y químicos muy peligrosos. b) Sus efectos se manifiestan a corto, medio y largo plazo, potenciando los producidos por los contaminantes preexistentes. c) Producen patologías banales y potencialmente mortales, como la bronquitis asmática severa, el enfisema pulmonar e incremento de riesgo de cáncer. d) Afectan principalmente a la población pediátrica, mujeres embarazadas, personas mayores y a los que padecen enfermedades respiratorias y cardiovasculares. e) Podrá contribuir a provocar muertes prematuras en la población expuesta. En las sociedades consumistas de los países occidentales, los grupos económicos/industriales, nacionales e internacionales, constituyen los verdaderos y supremos poderes reales. Presionan a los estamentos políticos supraestatales, nacionales, autonómicos y locales, los cuales, ante la lentitud y dificultad de los estudios epidemiológicos para establecer la relación causa-efecto de los contaminantes ambientales, legislan unos niveles de contaminantes legales que, a menudo, están desfasados o basados en los efectos adversos observados en grupos poblacionales muy selectos y poco representativos, como son los trabajadores con plenitud física o en voluntarios adultos sanos. Por tanto, los límites legales no garantizan la salud de las personas, ni incluyen a los grupos poblacionales más vulnerables: período fetal, infantil y juvenil, las personas mayores de 60 años, convalecientes de intervenciones quirúrgicas o de enferme-


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dades debilitantes, las mujeres embarazadas y todos los enfermos crónicos de cualquier edad, especialmente con enfermedades respiratorias, cardiovasculares y neurológicas. Estos grupos, que globalmente pueden representar entre el 30-40% de la población, están pagando un precio por su salud más caro que las restantes personas adultas sanas, ante unas concentraciones de contaminantes considerados como legales. Repercusiones de las CTCC sobre la hidrología En cada CTCC de Castejón, el caudal de agua de refrigeración se estima en 17.900 m3/h (5 m3/s). Sumando los caudales de captación de agua de las 2 CTCC ya en funcionamiento con los 2 nuevos proyectos, el caudal total de agua que necesitarán rondará los 23,5 m3/s. Por ello, siguiendo los criterios del Plan Hidrológico del Ebro, que fija como caudal mínimo a mantener en el río 11,3 m3/s, se prohíbe al promotor detraer agua del río para cualquiera de sus grupos cuando el caudal circulante sea inferior a 30 m3/s. Según los datos públicos facilitados por la Confederación Hidrográfica del Ebro(8) (CHE, en adelante), en el año hidráulico 2002-2003, el caudal del Ebro en la estación de aforo de Castejón no llegó a los 40 m3/s de caudal en un total de 12 semanas de las 52 que forman el período, y, en 3 de ellas, el caudal medio fue inferior a los 30 m3/s, por lo que, en aplicación de esa prohibición, en esos supuestos no pueden detraer agua del Ebro y, por lo tanto, o no funcionan o deben emplear la balsa de almacenamiento de agua de 80.000 m3 que permite la operación del grupo durante aproximadamente una semana sin tomar agua del río, caso de la CTCC de Hidrocantábrico, o el pozo del que dispone la CTCC de Iberdrola. Pero estas incidencias se han vuelto a producir en los siguientes años. Así, en el 2003-2004, fueron 8 las semanas en que el caudal del Ebro no llegó a 40 m3/s, en 2004-2005 fueron 12 y, en una de ellas, no se llegó al límite crítico de los 30 m3/s. En 2005-2006, fueron 11 y 2 de ellas las inferiores a 30 m3/s, en 2006-2007 fueron 7 y, en 2007-2008, van 4 (1 de ellas inferior a los 30 m3/s).

(8) www.chebro.es/redInfoEmbalsesAforos.htm


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Las autorizaciones administrativas concedidas hasta la fecha no han dado respuesta a lo que ocurrirá en esos casos. No estamos hablando de situaciones hipotéticas esporádicas, sino de realidades que los hechos objetivos confirman, y que, según los expertos en cambio climático, se van a ir acentuando en el tiempo debido a la progresiva desertización y las cíclicas sequías provocadas por el calentamiento terrestre. Sirva como ejemplo de ello lo recogido en el documento “Principales Conclusiones del Tercer Informe de Evaluación, IPCC, Cambio Climático: Ciencia, Impactos, Adaptación y Mitigación”(9). Es evidente que en la concesión de esas autorizaciones para la construcción de más CTCC en Castejón, no se ha tenido en cuenta este aspecto ni se ha valorado que la vida útil de la CTCC está estimada por su promotor en 25 años, con lo que a lo largo de todo ese tiempo se producirán situaciones similares en muchas más ocasiones. Distancia de las CTCC de la población A pesar de que la actividad que realizan las CTCC está catalogada por la legislación española como molesta, insalubre, nociva y peligrosa, las 2 CTCC existentes en Castejón, así como los 2 nuevos proyectos, se encuentran emplazados a escasos metros del primer núcleo de población agrupada del municipio. El artículo 45 de la CE reconoce a todos el derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, y para cuyo efectivo ejercicio impone a los poderes públicos el deber de velar, con el fin de proteger y mejorar la calidad de vida y el medio ambiente. El R.D. 2414/1961, de 30 de noviembre, por el que se aprueba el Reglamento de Actividades Molestas, Insalubres, Nocivas y Peligrosas (RAMINP, en adelante), sobre el régimen de distancias, en su artículo 4 establece que: “En todo caso, las industrias fabriles que deban ser consideradas como peligrosas o insalubres, sólo podrán emplazarse, como regla general, a una distancia de 2.000 m. a contar del núcleo más próximo de población agrupada”. Las excepciones a este mandato general, por su propia esencia, han de ser aceptadas con carácter restrictivo, de tal forma que quede exquisita (9) www.ipcc.ch/


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y cumplidamente acreditada la virtual inocuidad en cuanto a los riesgos sobre la población y el medio ambiente. Es desde esta perspectiva desde la que se ha de abordar el RAMINP, que responde a la finalidad de defender la salubridad pública. Por eso, todos los trámites prescritos para la concesión de licencia, hasta el emplazamiento de la actividad, distancias a respetar y medidas correctoras aplicables, han de ser interpretados en función de la exigible protección del interés ciudadano afectado por la actividad que se desarrolla, protección que se concreta individualmente en los vecinos inmediatos al lugar de emplazamiento, por lo que el artículo 4 del RAMINP, al tiempo de fijar los criterios que permiten el adecuado emplazamiento de la actividad, no puede ser interpretado de modo contrario o restrictivo para con el interés público. Sin embargo, y en contra de este criterio, las autoridades gubernativas tanto estatales, como autonómicas y locales, no han visto impedimento alguno para la instalación de CTCC a muy pocos metros del núcleo de población de Castejón. Pero esta negligente ceguera de las distintas administraciones implicadas en las autorizaciones para la instalación de las CTCC en Castejón, está siendo corregida de forma contundente por los tribunales de justicia: sentencia 703/2007, de 4 de diciembre de 2007, del TSJ de Navarra, dictada a efectos del recurso contencioso administrativo interpuesto por representantes de la Plataforma de la Ribera + Centrales No contra el acuerdo del Gobierno de Navarra por el que se concede Autorización Ambiental Integrada para la actividad de producción eléctrica en una CTCC de 800 MW en Castejón, propiedad de Elerebro-Hidrocantábrico, y la más reciente sentencia 304/2008, de 12 de junio de 2008, del TSJ de Navarra, dictada contra el recurso contencioso administrativo interpuesto por representantes de la Plataforma de la Ribera + Centrales No contra el acuerdo del Gobierno de Navarra por el que se aprueba el Proyecto Sectorial de Incidencia Supramunicipal (PSIS) Grupo II de esa misma CTCC propiedad de Elerebro-Hidrocantábrico. Pese a todo lo expuesto, en el singular y pionero caso de las CTCC de Castejón, llama la atención comprobar cómo, antes de comenzar la operación comercial de sus primeros grupos de 400 MW, cada una de las 2 empresas promotoras de la instalación de las centrales ya esta-


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ban iniciando los trámites para conseguir la autorización para duplicar potencia con un segundo Grupo de otros 400 MW. Forma de actuar que, comprensible desde una óptica empresarial, no es admisible desde la promoción de políticas comprometidas con la protección del medio ambiente que reiteradamente dicen defender nuestros diferentes responsables políticos. El hecho de proponer como fuente energética una industria basada en combustibles fósiles no renovables, altamente contaminantes y precursores de problemas ambientales gravísimos para el planeta no es más que el reconocimiento de una falta de compromiso y de una incapacidad por parte de las autoridades correspondientes para favorecer la instalación de nuevas fuentes de energía renovable descentralizadas y una mejora de la red de abastecimiento, con las que se obtendría, no sólo la diversificación del origen de la electricidad consumida, sino la aparición de nuevos focos de empleo en diversas empresas, de tal forma que la suma de los beneficios de esos nuevos puntos (diferentes empresas con varios empleados, menor inversión que la necesaria para una gran central por parte de una única empresa, etc.) sería superior al de una única empresa energética. Es incontestable el enorme fracaso de la política energética seguida por los diferentes gobiernos, tanto del PSOE como del PP, por reducir la dependencia energética y las emisiones de gases de efecto invernadero. Sus políticas son del todo incoherentes, basadas en falsos discursos sostenibles y en prácticas políticas insostenibles, cuando saben que una política económica sostenible es posible y su coste es asumible. www.nodo50.org/nomastermicas


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