Skip to main content

Remedios de mis amores

Page 1

Roberto Camargo Barros


¡ Cantor! Por Heriberto Fiorillo (Barranquilla ► Julio de 2014)


Y

a lo intuía yo. El endiablado sentido del humor de Roberto Camargo era la deliciosa carnada con la que este cantautor magnífico había atrapado hasta hoy nuestra atención. Pero hay lluvias de aplausos que presagian bellas tormentas: Remedios de mis amores es una red sentimental de ocho piezas dedicadas a la mujer, a la madre ausente que llenó también de soledad al padre, a la vieja Mello personal que deja a su hijo sus consejos y el consuelo de su música; a esa otra mujer que la vida de los puertos ofrece; a esas otras benditas, a la novia distante que da razón a tus notas, a la compañera de tierra firme que sabe amar con besos, miradas y aguacates, a la madre de una gran fiesta, y a aquella otra pequeñita, rodeada de tigres insomnes mientras sueña en la cuna. Porque no sólo es lo que canta Roberto sino cómo lo canta. Todas sus músicas, digo. Su poética.

Del sentido al sentimiento, del humor al amor, el trecho es largo y profundo, pero este Camargo lo recorre con asombros y sabidurías, ansiedades y ternuras renovadas por la alquimia de su poesía, narrador que conmueve y nos transforma, cantautor hecho juglar y punto. Juglar siempre, intuido en sus escenas de comedia, presagiado en los tonos más hondos, asomado a los más agudos versos de la sonrisa. Juglar que canta desde adentro. Juglar, sobre todo en este álbum de procesiones internas y declaraciones sinceras, donde reina y domina el amor, porque «no hay tristeza que no se espante donde hay un cantor». Y qué cantor hay en este álbum, señoras y señores. Qué cantor, Roberto de mis amores.


Prólogo


Remedios

Por Luis Eduardo Aute Gutiérrez (Madrid, España ► Enero de 2014) Debo decir que hace mucho tiempo que no experimento, tras la escucha de una serie de nuevas canciones compuestas e interpretadas por un músico-poeta que apenas conozco, tan sorprendente y agradecible sensación. Roberto Camargo, en este disco titulado “Remedios de mis amores” me ha hecho un hermosísimo regalo, el de descubrir, a través de 11 canciones, a un autor rebosante de talento y sensibilidad a l 21 de Octubre de 1937, cuando las flor de piel, como y como poeta fuerzas delmúsico General Franco ocuparon Son Gijón 11 canciones queterminarían y Avilés,bellísimas con lo que emanan delicadeza, emoción, intensidad, la campaña del Norte de la Guerra Civil elegancia, humildad, ternura, claridad… Española, en Riohacha, Colombia, habría vuelo poético deen la mejor ley. Sonsería 11 la de nacer quien ese instante preciosos,hija precisos, e incluso preciosistas, segunda de Rita Isabel Mejía Movil y Joaquín Eduardo Barros Barros. Luego vendrían cuatro hermanos más, cada uno de ellos con sus propios sueños, con sus propios nombres, y como es costumbre en las regiones del Caribe, cada uno de ellos con un sobrenombre que llevarían por el resto de sus vidas: Magola (María Magdalena), Kinlalo (Joaquín Eduardo), Meyo (Remedios), Yiya (Lilia), Rafa (Rafael), Nico (Nicolás) y Ritica (Rita).

E

si se me permite, fragmentos de vida tejidos con los materiales más sutiles de una inspiración en estado de gracia. Tal vez la ausente presencia de Remedios, la madre del autor, le haya iluminado en el proceso creativo de las canciones. Como decía principio, hace mucho Adaptación de al Mauricio Linares tiempo que noescrita escuchopor uneltrabajo tan a la biografía brillante y coherente en todos dr. Orlando Esaú Vidal Joiro,los sentidos. Los arreglos musicales están altura (sin amigo de la casa y miembro dealalaAcademia que ninguna falte ni sobre), de Historia deinstrumentación La Guajira. del talante de las excelentes (Riohacha ► Enero de 2014)composiciones de Roberto Camargo. Estoy más que seguro que Remedios, allá donde se halle rebosará de infinita alegría,de eternamente, escuchando este El nombre Remedios no fue fortuito, poemario musical aa la su Santa memoria dedicado: fue un homenaje Patrona de Riohacha: Nuestra Señora de los Remedios, «Cantopor a Remedios de misespecialmente Amores, conocida sus milagros, ausentededecalmar cada día conmi el amor don divino los vientos para que la eternidad llene y las aguas, silenciar lasseepidemias y eternamente con su alegría.» anteriormente, como patrona protectora en las luchas contra los piratas. Su imagen fue enviada por la Reina Isabel la Católica para la evangelización de Colombia en el siglo XV. Meyo se sostuvo por la firmeza de su carácter, por la fe de su corazón, por la historia de sus antepasados guajiros, por la historia de su propia vida. Meyo fue música, una eterna sonrisa, un abrazo firme en una ciudad como Riohacha, donde caminar por sus calles es dejarse seducir por el dulce


aroma de todas las tristezas posibles. En esta ciudad capital de la misteriosa Guajira, las notas de los acordeones suben al viento escalando la nostalgia. El canto de los vallenatos embriaga, seduce, marchita el viento, vuela sin rumbo fijo, se adhiere a las fachadas de las casas, reforzando sus cimientos, inventando futuros, cavando en la tierra hasta hacer brotar el agua dulce. Las notas de esos acordeones impiden que la ciudad caiga sobre sí misma, le recuerdan a Riohacha quien es ella. Ahí en esa ciudad del Caribe Meyo cursó sus estudios en el Colegio de La Sagrada Familia, conocido como: «de las monjas». Desde el momento en que abandonó los estudios de secundaria, en una época en que la mujer nativa aspiraba poco a cursar estudios universitarios y tampoco existían los medios económicos para hacerlo, Meyo se dedicó al comercio aprovechando el intercambio intermunicipal con Maicao, interdepartamental con Santa Marta e internacional con Maracaibo en Venezuela. Como soltera, el producto de su trabajo lo repartía entre sus padres, hermanos y sobrinos, sin dejar de socorrer eventualmente al prójimo, porque Meyo era un agua bendita que se filtraba desde lo imposible. Cuando Alfonso Camargo Hernández, un joven atractivo que venía de Bucaramanga,


llegó a Riohacha a trabajar como jefe de electricidad de Curtientes del Dividivi, empresa formada por el Instituto de Fomento Industrial —IFI—, conoció a Meyo en la casa de Rita Isabel Mejía. Los dos sintieron una música extraña que salía de sus corazones, esa música fue capaz de hacerles sentir los escalofríos primerizos de la felicidad, el amor comenzó a rondarlos, a rozar sus corazones, los primeros brotes del amor se asomaron tímidamente en los ojos de Meyo y de Alfonso Camargo; desde el momento en que el amor los abrazó para siempre nunca más volvieron a ser los mismos, el amor de ellos dos subió al aire igual que un ejército que conquista una ciudad amurallada y envolvió sus cuerpos en un incendio repentino que hizo arder el interior de sus corazones juveniles. Aquella llama jamás se apagó con el pasar de los años. Aquel amor es una luz que se preserva a pesar de las partidas sin retorno. El 26 de Abril de 1967, Meyo y Alfonso habrían de casarse. Diez años más tarde llegaría a sus vidas quién sería su único hijo. Nació Roberto Carlos un 9 de Diciembre de 1977 en Bucaramanga. De allí y apenas con unos días de nacido, Roberto fue llevado a Riohacha, donde pasó su primera infancia. Luego de algunos años domiciliados en

el Caribe, la familia Camargo Barros se trasladó a Bogotá por motivos laborales. En Bogotá, Meyo prosiguió con sus actividades como comerciante y además, hizo de la cocina una nueva fuente de sustento y felicidad familiar, deleitando con su sazón siempre a punto a un numeroso grupo de comensales que durante años le encargaron deliciosos platos típicos entre los que se encontraban de preferencia las Hallacas navideñas y el incomparable Arroz de Camarones. El 19 de Noviembre de 2012, Meyo se marchó de este mundo. Partió desde Bogotá a un rincón lejano del universo, dejando su sonrisa eterna, la dulzura de su mirada, sus manos de ángel desamparado, sus recuerdos intactos y sobre todo, dejando este álbum grabado en el corazón de su hijo Roberto quien escribió este puñado de canciones que desnudan a la vida, cantan el dolor de una ausencia, la ausencia de Meyo; canciones que celebran los sueños, se enamoran de la súbita melancolía que aparece entre las calles de Riohacha como pidiendo perdón. Meyo sigue viva y se sostiene con la música de este disco, con los sonidos de una nostálgica armónica, de un acordeón, de unas letras que le llenan (allá en el cielo haciendo un carnaval), el corazón de verdad.


«A doña Remedios Barros, un verdadero ángel que no tenía alas»


Por Mauricio Linares Bejarano (Buenaventura ► Diciembre de 2012)

C

uando Remedios Barros murió era Domingo. Y era un Domingo tranquilo a tal punto, que nadie sintió llegar a la muerte. Venía bella y triste, como dolida por arrastrar aquel oficio de llevarse la vida de los vivos y condenarlos a andar por el resto de la eternidad. Sus pies se le resistían a caminar, entonces tuvo que hacerlo despacio, se le veía cansada, cargando a cuestas con los pecados del mundo y soportando los ataques certeros de la soledad. Tenía las manos anchas y cuidadas, y algo de tristeza en sus gestos. La única que se percató de su presencia fue Remedios Barros, una anciana guajira de mirada dulce y sonrisa perezosa, quien tenía el don de ver la aparición silenciosa de todas las cosas del mundo. Por eso a Remedios no se le hizo extraña la presencia de la legendaria figura, y tampoco se le hizo extraño verla como miraba con nostalgia cada tramo del camino. Pensó que a lo mejor ella intentaba organizar el desorden de sus recuerdos, pero en realidad, la muerte andaba buscándola para llevarse su

vida, para dejar desperdigados por el ancho universo sus recuerdos de mujer maravillosa; Remedios Barros se imaginó vagando sin memoria por el último tramo de su vida, mientras se quitaba la tristeza de los ojos y se borraba del alma las amarguras de sentirse lejos de su marido y de su hijo. Con mirada premonitoria, vio cómo su destino vagaba por los senderos de la eternidad, estrellándose con los planetas y esquivando las estrellas fugaces, pero aquello no le asustó, nunca le tuvo miedo a la muerte, estaba convencida de que la muerte tan sólo servía para cerrar la puerta de este mundo, pues uno ya está fuera desde antes y nadie lo advierte. Lo que sí le asustó, y por eso se le paró de frente a la muerte, fue que no le diera tiempo de espantar la nostalgia por abandonar su amada Guajira sin despedirse de ella, de dejar abandonados a su marido y a su hijo, de no darle tiempo de ordenar sus recuerdos para que no quedaran regados por este mundo a los caprichos de Dios, y por eso, con su voz cargada de flores se atrevió a decirle:


—Mire señora, eso no se le hace a una mujer, no puede aparecerse sin avisar, como si la vida de uno le perteneciera a usted, sepa de una vez por todas que esta vida que yo tengo me pertenece a mí, así, con todos sus defectos, con todos los errores, con las tristezas y las alegrías, con las canas en mi cabeza y las arrugas de mi rostro. Y sepa de una vez por todas que uno no va llegando a casa ajena sin ser invitado y que yo sepa a usted por acá no se le ha invitado. Ahora ¡Mírese en esas fachas en que se presenta, con esa cara que trae!, parece que no ha comido en días y ahora ni tiempo me ha dado de prepararle un arroz de camarones para que calme el hambre que causa ese oficio suyo de andar cargando a cuestas con el destino de la humanidad. Ante los reclamos de Remedios Barros, la muerte se detuvo un instante y comprendió entonces por qué a la gente le afligía su piel muda. Ella era un ser sin palabras, y en el fondo de su corazón, sabía que la obstinación en querer revelar el dulce secreto de su existencia, era la causa de aquella espantosa desgracia, la de vivir por siempre cargando con el dolor de los demás; entonces, por un momento, tuvo la sensación que no se estaba llevando a una mujer, sino a un ángel sin alas, cansado de

esta vida terrenal e inmune a la tristeza y a los aguaceros de la nostalgia. También pensó que aquel ángel, convertido en una hermosa anciana, había sido enviado a esta tierra para ordenar el pasado de los hombres antes de que se perdiesen para siempre en las traiciones de la memoria. Para Remedios Barros, la muerte era una pobre mujer agobiada por el peso de sus remordimientos, envejecida a fuerza de dolor y ataviada por el esperpento de su soledad. Remedios Barros tendió sus brazos a la muerte y ella se dejó caer en la bondad de aquel abrazo, y lloró hasta que el cansancio de su alma se quedó adormecido para darse cuenta de que no era ella la que se llevaba a Remedios Barros, era aquella anciana quien la salvaba de los cataclismo de una vida sin las ternuras del amor. Aquel domingo tranquilo, la muerte entendió que mujeres como Remedios Barros nunca se mueren, por el contrario, permanecen eternas rondando por los sueños del mundo. La vio caminar desparpajada, como si para ella el tiempo no tuviera importancia alguna, pensó que a lo mejor caminaba así para no despertar los tormentos de su corazón. Pero en realidad Remedios Barros iba llevando en su pecho el orgullo con el que suelan andar las


mujeres de la Guajira, y gracias a ese orgullo Remedios Barros no se desmoronó ante su presencia. La muerte tampoco se dio cuenta de cómo Remedios Barros era consumida por la angustia de perder para siempre, en esta vida, a los dos hombres que amaba más allá de los caprichos del tiempo y mucho más allá de las predicciones del destino. Un dolor en el pecho asaltó a Remedios Barros. Sintió miedo de dejar a su marido y a su hijo solos sin ella, de no haber tenido tiempo de decirles que siempre estaría junto a ellos, ya no en forma de mujer cristiana, sino en cada uno de los recuerdos que los tres habían sembrado en todo ese tiempo en que vivieron juntos. Y pensó que le faltaron más caricias y algunos cuantos regaños, se dio cuenta que ese día no les había dado un abrazo, entonces cerró sus ojos y se imaginó aquel abrazo, que espantaría por siempre el frío, y dejaría por el resto de sus vida la tibieza que suelen tener los verdaderos amores. Remedios Barros miró de nuevo a la muerte, esta vez con la ternura esculpida en su rostro y la sonrisa delicada que solían tener sus labios: —Ya puede llevarme señora— le dijo sin ningún temblor, sin ninguna duda.

La muerte extendió su mano y agarró la mano de Remedios Barros para que ambas comenzaran a caminar. Mientras que las dos caminaban a un lugar alejado de la tierra, la lluvia empezó a empañar la tranquilidad de aquel Domingo, y aquel Domingo se quebró como el cristal, en el aire se quedó prendido el olor de Remedios Barros; la vida por un instante se transformó en una carta sin remitente que llegaba de lejos a ningún destinatario, los árboles se vistieron de vejez, la humedad y la tristeza, lentas, ensombrecieron la tierra, mientras que Remedios Barros se elevaba hacia la Eternidad. Tan hermosa se veía que daba la impresión de ser un Ángel, así no tuviera alas. El día que Remedios murió, en La Guajira y también en el Cielo se hizo un festival. El día en que Remedios voló, el festival del Cielo se eternizó.


José Luis Díaz Granados, Santa Marta

«Remedios de mis amores», de Roberto Camargo, nos lleva de la mano, con el oído alerta, tras las hondonadas intemporales del dolor por la madre ausente y nos envuelve en una melodía atravesada por la espada infinita de la congoja y la nostalgia. Al mismo tiempo, esa dulce elegía a la inolvidable «Remedios de sus amores», nos estremece por su aire conducente a los ancestrales senderos de los sones clásicos que los

remotos juglares encendieron en las almas de nuestros abuelos guajiros, provincianos, samarios y de la zona bananera magdalenense. Hermosa melodía para el hechizo espiritual y para el asombro perpetuo, la que ha creado de modo magistral el joven compositor de La Guajira, con quien quisiéramos siempre transmutar el dolor por una eterna fiesta: La fiesta del arte y de la música.


Remedios de mis amores *Jondazo: Golpe muy fuerte. **Meyo: Forma cariñosa de llamar a Remedios entre sus familiares y allegados. En distintas partes del Caribe Colombiano se escribe con ‘Ll’ también sin prescripción ortográfica alguna.

A veces la vida te da un jondazo* que uno ni sabe que le pasó, tiembla la tierra, te cambia el paso, porque el planeta, fuerte rotó. Se va tan lejos lo más querido y uno quisiera seguir detrás; pero mi vieja una vez me dijo: «Todo a su tiempo y a su compás». ¡Remedios siempre cantó, no ha dejado de cantar! Se fue pero me dejó canciones pa’celebrar. La vida es una canción que no apaga un funeral, el día en que Meyo** voló el Cielo fue un festival. El día en que Meyo voló, ¡eternizó el Festival!

Músicos invitados: Germán Pinilla Herrera en la armónica • Claudia Valencia y Luz Marina Cuello en los coros • Enrike Ariza en la voz • Eduard Martínez en el bajo • Hugo Daza en el acordeón • Jamer Ospino en la caja vallenata y la guacharaca.

Si con llorar yo te devolviera me la pasaba empapado en llanto, no he de negar que me causa pena, debo aceptar que te extraño tanto. Suena muy duro lo que les digo porque muy duro yo lo sentí,

por un momento perdí el sentido, perdí las ganas para seguir. Pero mi vieja una vez me dijo: «Si tus mañanas pierden color recuerda siempre que no hay tristeza, que no se alegre si hay un cantor…». ¡Canto a Remedios de mis amores, mi amor ausente de cada día para que la eternidad se llene eternamente con su alegría! ¡Remedios siempre cantó, no ha dejado de cantar! Se fue pero me dejó canciones pa’celebrar. La vida es una canción que no apaga un funeral, el día en que Meyo* voló el Cielo fue un festival. El día en que Meyo voló, ¡eternizó el Festival! Mamá Rita y Papá Joaco, tío Manu y mi abuelo Pedro, con Ospi, Yimpa y tía Bache, te acompañen en el cielo.


Magdalena de La Plata, es río que

Fadir Delgado Acosta, Barranquilla

late en otro. Anuncia el cuerpo invisible del amor. Es otro río que nace en la desembocadura del recuerdo. Magdalena, es agua que revienta el cristal de una sentencia; y La Plata, es confesión, es ruido antiguo del silencio, mariposa que danza con el aleteo del aire. Hay una ola que renace entre el brillo de las hojas que hierven, en el cultivo de un mate que se toma

como río. Una ola-música que cruza la historia de cuerpos con nombres y encendidos entre el crepitar de la sal y la yerba. Una historia de pieles que arrastran sus propias aguas. La música no puede olvidar la raíz del río que conoce, el tallo de otros labios que besaron, la infusión del cuerpo cuando baila, el recuerdo que se hace orilla; que une la sangre de dos países y la canta como una sola ola. Una sola sangre que ama.


Magdalena de La Plata

Músicos invitados: Luis Guardela Sánchez en la percusión (bombo, cajón redoblante, semillas, campanas, efectos sonoros) • Wilson Cifuentes en el saxofón y el clarinete • Germán Pinilla Herrera en la armónica • Claudia Valencia en los coros.

Voy a contar una verdad de a puño que causará revolución costera, pero en los besos de las Uruguayas hay cierto dejo de Barranquillera.

Cuando los labios rozan las mejillas y las mejillas ruedan por las piernas, detente un poco más en mis rodillas mientras yo exploro a fondo tus cavernas…

Por confesar esta sentencia innata no sé qué crítica es la que me espera pero es que el mate de las Uruguayas tiene pimienta de Currambera.

Si la ternura jalona cosquillas y las cosquillas traducen deseo, son mariposas que de Barranquilla van carnavaleando hacia Montevideo.

¿Será tal vez un asunto de genes?, ¿o será el swing que tienen las sirenas?, ¿serán los cuentos del Río de La Plata como las fábulas del Magdalena?


Roberto Burgos Cantor, Cartagena

Siempre veo a los niños de Hungría y de Polonia con el deseo de que me dejen probar el helado que están lamiendo. Es la sensación que no me entristece sino que me enseña a conocer lo irremediable. Ella vino cuando fui a los conciertos y esa suma de fragmentos de futuro oían la música y la seguían en los cuadernos de notas. A pesar de los cuidados de mi infancia cartagenera no avancé

mucho en la escala de la clave Sol y las corcheas y semicorcheas. Así la música quedó en las vías del corazón y generosa caricia de la cabeza. ¿Entonces qué decir de este susurro vagabundo que busca algo inaprensible? Como si hubiese aprendido de los murmurios del correo de los vientos incansables de la alta Guajira.

Recogedores de voces convertidas en recuerdos, o en ausencias andariegas. El músico canta para convertir en plegaria su llamado. Enfrenta el vacío y deja que un aguacero permanezca. Estos tonos menores, con la misma delicadeza de En tono menor de Luis Carlos López, dejan la constancia de aquello que la vida es capaz de proponer más allá de lo irremediable y se canta sin los excesos del llanto.


Andi ton manó *Volvé: pronunciación de la palabra «volver» en costeñol. **Llové: pronunciación de la palabra «llover» en costeñol. ****Transcripción fonética en lengua Bantú de la primera parte de la canción.

En tonos menores exhalan las flores su dolor profundo, canta un vagabundo, sudan los tambores, se cierran los ojos que hace rato no te ven. Abajo en la Plaza, están armando fiesta pero yo no puedo bailar con otra mujer. ¡Dulce compañera!, Sabes que me muero si roban los versos que una noche te canté.

Músicos invitados: Luis Guardela Sánchez en la percusión (bombo, cajón redoblante, semillas, campanas, efectos sonoros) • Germán Pinilla Herrera en la armónica • Giovanna Mogollón en los maracones • Luz Marina Cuello en los coros.

¡Si vas a volvé* pues vuelve ligero!, tengo un aguacero que no para de llové** Tú te quieres ir, te quieres marchar, tengo un aguacero que no quiere lloviznar.

(En tonos menores) ¡Si vas a volvé regresa ligero!, Tengo un aguacero que no para de llové. *** Andi tón manó ataesalama fló con doló profundo, vagabundo atakandá, ma tambó atasurá, ma ojo ataselá que alata aseminanú. Andi bajo Plaza majende atasangariá i pole sangariá kuuto changainanú, linda palenquera voa sabé qui tan lunga pubó si voa ta enselá versos que una noche i a kanda vo, i a kele libertá mi, voa tenque mini kolendo, i a ten un aguacero qui a pala vi llové nu.


María Victoria Socarrás Vives, Santa Marta

Cuentan que hace años, mucho antes que el tiempo comenzara a correr azaroso empujando los segundos, las aguas oceánicas en Riohacha estaban alzadas en ira y la amenazante marea parecía querer acabar con todo. Los habitantes del viejo puerto guajiro, decidieron sacar a la Virgen de los Remedios en procesión clamando su auxilio, reclamando a la mar no arrasar con los sueños de una población naciente. Entonces al compás del ritmo propio

de las procesiones, la Virgen dejó caer su corona y como por orden divina el mar calmó su furia mitológica. Desde ese instante y hasta la fecha, la Virgen de los Remedios sigue siendo la patrona de los riohacheros, quienes conmemoran aquel milagro en cada nuevo mayo y celebran su día al igual que la Virgen de la Candelaria, cada dos de febrero. Cuentan también en Riohacha que una morena de piel Guajira llamada Remedios Barros, supo entablar las

paredes de su casa y conservar con ella el manojo de llaves que abría puertas y ventanas cual matriarca, como Úrsula Iguarán. Y el amor desbordado por su familia, como por la Virgen. Así fue Remedios o Mello. La misma del cariño verdadero y la sonrisa iluminada, el aplauso eterno y el consentidor abrazo. Cuenta la palabra, dulce y clara, que las promesas se abrazan al viento para perpetuarse en el recuerdo.


La Virgen de mis Remedios Palabra dulce, palabra clara, sabor a coco, olor a naranja. ¡Bendita tierra!, sutil misterio el que se esconde bajo tu falda mi bella Virgen de los Remedios, preciosa Virgen de mis Remedios. La calle se hace familia, la familia se hace cama, tengo por cama una orilla, la orilla es un candelero donde se encienden las velas que iluminan mi febrero. Yo fui un sacristán sin cura, he desnudado mil altares, tal vez debo a San Antonio los besos que traen los bares, de niño vi procesiones que una vez tuve por dentro. Músicos invitados: Luis Guardela Sánchez en la percusión (bombo, cajón redoblante, semillas, campanas, efectos sonoros) • Wilson Cifuentes en el saxofón y el clarinete • Giovanna Mogollón en los maracones.

Del Norte venía pal’ centro bailando de esquina a esquina la Virgen de mis Remedios, morena, gitana de piel guajira. Suena pólvora en el pueblo y empieza a bailar la vida… ¡Y empieza a bailarla!


Eternidad


Por Luis Eduardo Aute (Madrid, España ► Enero de 2014) Debo decir que hace mucho tiempo que no experimento, tras la escucha de una serie de nuevas canciones compuestas e interpretadas por un músico-poeta que apenas conozco, tan sorprendente y agradecible sensación. Roberto Camargo, en este disco titulado «Remedios de mis amores» me ha hecho un hermosísimo regalo, el de descubrir, a través de 10 canciones, a un autor rebosante de talento y sensibilidad a flor de piel, como músico y como poeta Son 10 canciones bellísimas que emanan delicadeza, emoción, intensidad, elegancia, humildad, ternura, claridad… vuelo poético de la mejor ley. Son 10 preciosos, precisos, e incluso preciosistas, si se me permite, fragmentos de vida tejidos con los materiales más sutiles de una inspiración en estado de gracia. Tal vez la ausente presencia de Remedios, la madre del autor, le haya iluminado en el proceso creativo de las canciones.

Como decía al principio, hace mucho tiempo que no escucho un trabajo tan brillante y coherente en todos los sentidos. Los arreglos musicales están a la altura (sin que ninguna instrumentación falte ni sobre), del talante de las excelentes composiciones de Roberto Camargo. Estoy más que seguro que Remedios, allá donde se halle rebosará de infinita alegría, eternamente, escuchando este poemario musical a su memoria dedicado: «Canto a Remedios de mis Amores, mi amor ausente de cada día para que la eternidad se llene eternamente con su alegría.»


– ¿Rumbo a Turquía? Rómulo Castro, Ciudad de Panamá (Referencia al cuento de Isaac Asimov)

– Lo importante es el camino, sobre todo cuando debe emprenderse. Llegado el momento –y el reloj interior siempre lo sabe–, Roberto pudo haber querido irse a Puertomarte sin Hilda*, pero el dolor, las musas y la esperanza le pusieron proa al Bósforo. Allá donde otras miles de historias

siguen besándose a Amor, a muerte y a resurrección de género y especie. Y desde allá nos trajo luego esta canción de reencuentro que se sobrepone a la pérdida, de nuevas compañías burlando viejas soledades; de tímido estribillo en solitario que se transmuta en multitudinario coro que vence en duelo singular al silencio.


Rumbo a Turquía Viejo: tú no estás solo, en estas cosas vamos de la mano. Viejo, voy con el tiempo asimilando esto de ser humano. Voy a estar muy lejos unos días, tengo devoción de esta distancia, por favor: ¡mantén las calorías! debo renovarme la fragancia. Quiero llenarte de amor y energía e irnos si quieres en auto hasta Francia. Viejo: cultiva el tiempo. Es saludable una cerveza en mi ausencia. Músicos invitados: Luis Guardela Sánchez en la percusión (bombo, cajón redoblante, semillas, campanas, efectos sonoros) • Jorge Arana en los coros.

Viejo, háblale al cielo, busca consuelo, come despacio, duerme una siesta. Tengo devoción de esta distancia, voy a estar muy lejos unos días, debes renovarte la fragancia, te mando toda mi buena energía. Irnos si quieres en barco hasta Francia y luego en un auto con rumbo a Turquía.


*«Pido por tu descanso,

*Traducción al español del fragmento cantado en Wayuunaiqui.

por la felicidad eterna de tu espíritu. Doy las gracias a Dios por compartirme tu amor. Pido perdón por las veces en que te falté. Yo te querré por siempre y espero abrazarte de nuevo cuando este mundo apague la luz».**


Sentimiento de amor Traducción al Wayuunaiqui de Martha Isabel Pimienta y Nancy Pimienta de la casta wayuu Arpushana, Riohacha.

Sentimiento de amor, sentimiento de amor, sentimiento de amor que ahuyenta de lleno el resentimiento.

Sentimiento de amor, sentimiento de amor, sentimiento de amor que todo lo cura en cualquier momento.

Sentimiento de amor, sentimiento de amor, sentimiento de amor que todo lo cura en cualquier momento.

Ke’ i reesü tain tachuntaka’ a pe’ mera weein. Taapüin anayyawatsuja’ a numüin ma’ leiwa sa’ uje tama’ napunnin teí tachuntüin puwalakale’ rüinjatüin tüü tainjala mojukala akua’ ipa sümüin te’ i

Te traigo mareas de abrazos, palabras para sanar y si hay que coser retazos, caricias pa’ remendar. Vencidas las diferencias solo nos queda el perdón, beber sorbos de paciencia que hidraten al corazón. Músicos invitados: Luis Guardela Sánchez en la percusión (bombo, cajón redoblante, semillas, campanas, efectos sonoros) • Germán Pinilla Herrera en la armónica • Mauricio Cubaque Velásquez en la guitarra acústica.

Sentimiento de amor, sentimiento de amor, sentimiento de amor que ahuyenta de lleno el resentimiento.

Tüü paalinka süpülainjatüka’ ikat supushua. Tâtapüin tojuptüin pia wanâa süma shiokojoop’ a mmapâaka tüo kawaralasc’ ika.


“El Arrullo de la Rosela” convence a

María Angélica Pumarejo, Valledupar.

quien la escucha de la reunión íntima de la fragilidad y la fuerza. Alguien, arrulla a la Rosela, o la Rosela nos arrulla, mientras oímos su canción. Quien la conoce, la ve ser pétalo de flor, florecida en la selva, dormir bajo el brillo de la luna y dejarse acariciar hasta que los tigres se duerman; una serie de sucesos y condiciones que nos dejan frente a un ser de

apariencia frágil que sin embargo es capaz de alcanzar su plenitud, en los lugares más amenazantes para definir en ellos su esencia mágica. Todas estas imágenes se envuelven en una música, que parece provenir de algún riachuelo y subir hasta las copas de los árboles ayudada por el viento, que le silba siempre amoroso y cómplice.


El arrullo de la Rosela Pendiente *********** Linda Roselita de mi alma, pétalo de Sol junto a la leña, que florezca cada bello sueño que sueñe dormida mi pequeña. Linda Roselita de mi alma, que siempre floreces en la selva, deja que la lluvia te acaricie hasta que los tigres se nos duerman. Linda Roselita de mi alma, duerme bajo el brillo de la Luna, hoy dejé un collar bajo tu almohada y un tambor muy cerca de la cuna. Linda Roselita de mi alma, pétalo de Sol junto a la leña, que florezca cada bello suelo hasta que los tigres se nos duerman.

Artista invitada: Claudia Valencia en la voz.


Arminio del Cristo Mestra Osorio, Cereté.

En esta ocasión, el cantautor que cuenta y narra a través de sus composiciones la vida cotidiana y el sentir de nuestros pueblos, ha querido brindarle un agradecimiento al fruto del aguacate con un Paseo vallenato, enmarcado en la ritualidad rítmica y cadencia, como lo reclaman los conocedores de este ritmo musical. El nombre científico del aguacate es «Persea Americana» y se deriva de la lengua Náhuatl, «aoacatl» o «ahuacatl». Las familias colombianas se reúnen alrededor del fruto para comerlo en todas sus formas posibles y como

la comida está ligada a la música, Roberto con certeza y sutileza nos dice que la naturaleza y sus frutos también sirven para vivir y enamorarse de la vida y de las mujeres. Un tema que se puede escuchar en cualquier rincón del país, en cualquier esquina, haciendo la aclaración que estas esquinas son para nosotros (as) las notarías de los pueblos. Esquinas que aprueban e inspiran lo que canta nuestro juglar de los aguacates.


Los aguacates A la Daya. Sin ápice de duda. *Salú / Ingratitú: dícese «Salud» e «Ingratitud» en costeñol.

Yo te agradezco los aguacates de la ensalada, hacer del beso y de la mirada tu condimento pa’ cocinar

Yo te agradezco los aguacates de la ensalada, porque bien sabes que soy muy bueno pa’ la salú,

Yo te agradezco ser el abismo de mis nevadas, calmar mi fiebre de madrugada cuando me hiervo de soledad.

Yo te agradezco ser el abismo de mis nevadas, te lo agradezco mi niña amada aunque a veces sufra de ingatitú.

Yo te agradezco por ser quien eres, porque eres buena pa’ la salú*, te lo agradezco aunque a veces sufra de ingatitú*. Cuando la cosa se pone dura es que uno sabe quién anda firme, porque de resto todos bailamos en carnaval. Músicos invitados: Wilson Cifuentes en el saxofón y el clarinete • Gustavo «Tavo» Sánchez en el acordeón • Jamer Ospino en la caja vallenata y la guacharaca.

Se va el billete con la cordura sin darse el tiempo de despedirse y uno se va llenando es de puro abrazo virtual.

Sancocho… Hallaca… Ceviche… Jugo de Melón… Bonito… Alcaparra… Pudines… Arroz de camarón.


Con amigos A Por Umberto Pérez (Bogotá)

¡Muchas gracias! A Alfonso, mi viejo. Sin tiempos ni distancias. A la Daya, mi amor y faro. A Migue y Amaury, hermanos entrañables en las causas quijotescas. A las tías Barros: Mago, Yiya y Riti, recuerdo vivo de Remedios en cada verso, a Rashad por recordarme en su fragilidad el gran poder de la inocencia. A Fredo, vigente e inoxidable. A Maya, Alfredo y Giorgio, Diego Beltrán y Lili, por saber abrazar soledades en el momento

lgunas veces el amor fraternal se hace tan inmenso frente a la tristeza de una ausencia compartida que puede asfixiar, entonces el cuerpo y el alma demandan distancia, aire, soledad y aislamiento para encausar el camino del amor presente y del amor ausente y seguir hacia adelante, aunque resulte inevitable que, en ese mismo camino, broten nuevas manifestaciones de amor para acompañar al peregrino. En «Rumbo a Turquía», una canción de un hijo a su padre, en este caso de Roberto a Alfonso, su viejo —aunque bien podría ser de un hermano a otro, o una entre amigos— el cancionista, después de la partida de Remedios, manifiesta su necesidad de irse para aprender y volver fortalecido, al mismo tiempo que le aconseja al padre hacer lo propio para que, una vez superado ese tramo,

oportuno. A Mao Linares por la posibilidad de seguirnos tejiendo a través de las palabras. A Migue Moyano, primohermano putativo. A Félix por los aprendizajes de vida. A Fiori por la complicidad siempre en modo creciente, a José Luís Díaz-Granados, Rómulo Castro, Roberto Burgos Cantor, Fadir Delgado, María Angélica Pumarejo, Arminio Mestra y Orlando Vidal Joiro por honrar con su pluma la memoria de Remedios. A Luís Eduardo, creador vivo del maravilloso universo autiano. A

Miguel Camacho, Luisa Piñeros, Juancho Garay y Jaime Monsalve, a José Carlos por abrazar desde Señal Radio Colombia las señales que brotan de lo más profundo de la tierra. A Danny Tamayo por su amistad abstemia, Alfredo Ardila y Laud Estereo por hacer de su dial casa durante tantos años. A Ruth Helena y la Casa del Teatro Nacional, por ser nave de partida para estos sueños comunes. A Sartori y Drexler, mis queridos Danieles del Sur por ser amigos en el minuto imprescindible sin el


se reencuentren y sigan juntos como cuando él, Roberto, siendo niño, caminaba de la mano de Alfonso. Una imagen fulminante y hermosa, como esta canción. En esta versión, más despojada de arreglos y, por eso mismo, más íntima y cálida, la voz de Roberto se deja arropar por la de dos amigos cancionistas: el argentino Daniel Sartori y el uruguayo Daniel Drexler. Quiso la fortuna que los tres coincidieran por primera vez en Bogotá y Medellín en torno al Festival Internacional de la canción itinerante (FICIB), a las canciones y a los rones para que trabaran amistad; y también quiso que unos años más tarde se reunieran de nuevo en La Paloma, Uruguay. Para entonces Remedios ya había emprendido vuelo, Roberto andaba reencontrándose y Daniel y Daniel estaban allí para caminar con él durante y a partir de ese Enero. yugo del minuto postrero. A Primeria, Sergio Ibagón, Larry Iguarán y Sandrita Guerrero, por ser viaducto vivo desde Riohacha para el mundo. A Aleja y su bello combo por haber abierto las puertas de Tiquicia para el paso de mi Virgen. A Mario Galeano, Gilbert Martínez y Gloria Cecilia por su voto de fe en La Banda de los Remedios, al Instituto Distrital de las Artes de Bogotá, IDARTES y toda la organización de Colombia al Parque 2014 por la logística tan bien dispuesta para conspirar en favor de esta

Llevaba varias semanas sin ver a Roberto hasta que una tarde soleada de septiembre de 2013 me lo encontré en una esquina de Teusaquillo. Yo acababa de almorzar con Milthon Piñeros, amigo en común e ingeniero mental de Roberto y él lo esperaba para mezclar una canción. En medio de un único abrazo de saludo y despedida Roberto me invitó a que me quedara a la sesión de mezcla, cosa emocionante para mí; desconocía de qué canción se trataba pero para mi sorpresa era una nueva versión de «Rumbo a Turquía» que había estrenado hacía poco su respectivo videoclip. La emoción fue mayor cuando escuché las voces de Sartori y Drexler y confirmar que ellos aún seguían acompañando a Roberto y también a Alfonso en este viaje de amor rumbo a Turquía.

parranda infinita. A Bardo teatro bar, la aldea - nicho cultural, antena uno radio (Argentina), radio monteverde (Costa Rica) y rpe (Ecuador), A Juan Pablo Ríos por su compañía silente y real. A César Álvarez por musitecarnos esta edición. A la Tuti, compañera de ruta en este sinuoso camino reciente, a Patri por atreverse a rediseñar la eternidad. A los músicos que grabaron este disco, a Alexis y Milthon por ser oídos, bocas, manos y corazón. Lo demás no es aleatorio pero con estos elementos

resolvemos el disco y tomar café. A Riohacha y Bogotá por acuñar el amor que inspiró este manual de esperanzas para un nuevo vuelo. A los amigos, familiares y allegados. A Dios, al Cielo y a la Virgen por seguirnos bendiciendo.

En memoria de amor eterno para Remedios, en motor de sol para Alfonso, en cada nuevo día. Sin ápice de duda. Roberto, julio de 2014


Producción y arreglos musicales Alexis Galindo Correa Roberto Camargo Barros Mezcla y Masterización Milthon Piñeros Letra y música de todas las canciones Roberto Camargo Barros* *Excepto el texto: «Viejo lindo del alma, tersura de mi candil» autoría de Eduardo Mateo, incluido e interpretado por Daniel Dréxler en la canción «Rumbo a Turquía» (track n°9). Músicos Alexis Galindo Correa (bajo, contrabajo, guitarras eléctricas y acústicas, pianos y sintetizadores). Roberto Camargo Barros (Voz principal, guitarras acústicas, coros, semillas). Fotografía Fredrerick Zapata Ocampo Archivo fotográfico familia Camargo Barrios

Diseño y concepto gráfico Patricia Melo González para Typograma. Pinturas y dibujos Miguel Moyano Midnight Blue Óleo sobre lienzo Alto del cable 2 (detalle) Grafito sobre papel *** *Grabado en Estudios laró por Alexis Galindo en Bogotá (Colombia), durante múltiples y enriquecedores encuentros realizados entre enero de 2013 y marzo de 2014. *Voz principal de las canciones: «La Virgen de mis Remedios», «Rumbo a Turquía», «Sentimiento de amor», «Remedios de mis Amores» y Armónica en la canción «Remedios de mis Amores» y «Sentimiento de amor»; grabadas en IMPULSO ACÚSTICO por Milthon Piñeros en Bogotá (Colombia), durante cafeínicas sesiones realizadas entre enero de 2013 y marzo de 2014.

*Acordeón, Caja, Guacharaca y Bajo en las canciones «Remedios de mis Amores» y «Los aguacates», grabados en Estudios EDUARQUIMUSIC en Riohacha (Guajira, Colombia), en febrero de 2013 y febrero de 2014. *Voz de Daniel Drexler en la canción «Rumbo a Turquía» (track n°9) grabada en Meliton records, Montevideo (Uruguay). *Voz de Daniel Sartori en la canción «Rumbo a Turquía» (track n°9) grabada en Spector estudio. Buenos Aires (Argentina). Contacto María Victoria Socarrás Vives Press, Community manager & team prensa@robertocamargo.com prensarobertocamargo@gmail.com

⇒ www.robertocamargo.com| ⇒ www.facebook.com/cantautorcomediante ⇒@_roberto___camargo| ⇒ roberto@robertocamargo.com ⇒ www.youtube.com/user/robertocamargoTV


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
Remedios de mis amores by Patricia Melo - Issuu