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GACETA PARNASUS OCTUBRE 2026

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GACETA PARNASUS OCCTUBRE 2026 | VOL. 33

LA GACETA‌ PARNASUS


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ÍNDICE CARTA EDITORIAL MARANDÚ: CUANDO LA CÁMARA LIBERABA (1972-1975) (PARTE 2) — POR MARÍA ESTHER ZARACHO ROBERTTI KO TÁVA IPAJE / ¡CUIDADO CON EL PUEBLO, MI AMIGO! — POEMA DE HUBER MEILI HANTA YO — POR THOMAS WHIGHAM PERSONALIDAD, CULTURA Y CLIMA: UNA INTERPRETACIÓN PSICOLÓGICA DE LOS PARAGUAYOS — POR JOSÉ E. GARCÍA PUEBLO NEGRO, NOVELA DE DELFINA ACOSTA — ENSAYO DE CRÍTICA LITERARIA POR SARA TIMÓTEO TRAS LOS PASOS SIN RENDICIÓN DE AGUSTÍN — POR CLAUDIO VELÁZQUEZ NO LEAS DE NOCHE — LITERATURA PARAGUAYA DE MISTERIO Y TERROR 02


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Octubre termina con una edición que se anima a la noche. Abrimos con la segunda parte del trabajo de María Esther Zaracho Robertti sobre el Proyecto Marandú (1972-1975), cuando la cámara dejó de reprimir para liberar. Sigue el poema de Huber Meili, en guaraní y en español, con una advertencia: en el pueblo, a veces, hay que cuidar la voz. Thomas Whigham llega con "Hanta Yo", un ensayo publicado originalmente en el diario El Nacional que republicamos por su vigencia. Es una invitación a pensar la literatura paraguaya en el borde entre el guaraní y el español, allí donde vive el jopará. A continuación, José E. García se pregunta cómo el clima, la cultura y la historia han modelado el carácter de los paraguayos, y Sara Timóteo recorre Pueblo Negro, la novela coral de Delfina Acosta en la que el verdadero protagonista es el pueblo mismo. Cerramos los textos con Claudio Velázquez y la búsqueda sin tregua de Agustín Goiburú, que su hijo Rogelio no abandona. Es un recordatorio de que la memoria es también una tarea de toda la sociedad. Y como octubre es el mes de las noches largas, la edición termina con una sección especial, "No leas de noche", dedicada a la literatura paraguaya de misterio y terror. Está advertido.

Tahiana Larissa Editora .

Lilian Aliente Editora

Thomas Whigham Editor asociado y colaborador

Gaceta Parnasus 03


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LA CÁMARA DEL TERROR MAR MA‌ RANDÚ: ANDÚ: CUANDO LA CÁMARA‌ CÁMARA LIBERABA ‌L IBERABA (1972-1975) PRODUCCIÓN Y PRÁCTICAS FOTOGRÁFICAS DURANTE LA DICTADURA STRONISTA · PARTE 2

POE MARÍA ESTHER ZARACHO ROBERTTI 04


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Mientras la policía de Stroessner fotografiaba para reprimir, un grupo de antropólogos, médicos y sociólogos usaba la cámara para liberar. Entre 1972 y 1975, el Proyecto Marandú demostró que la imagen podía ser un instrumento de resistencia. La etnología al revés "Ya que la etnología era la agencia de inteligencia y a la vez vanguardia de la explotación colonial, decidieron volverla al revés", explica el antropólogo Miguel Chase Sardi (1985, p: 57) en la descripción del sentido del proyecto. "En vez de estudiar las culturas indígenas para explicarlas a Occidente, explicaron la cultura occidental a los indígenas, poniendo énfasis en aspectos más negativos, dando algunos elementos que esa misma cultura posee para defenderse de ella. Se procedió así a que el indígena conociese al colonizador para defenderse mejor." Marandú significa "información" o "noticia" en guaraní. El proyecto no buscaba documentar al indígena para el archivo académico. Buscaba que el indígena conociera sus derechos: a la tierra, a la salud, a la educación, a la sindicalización, a organizarse. Un arsenal audiovisual sin precedentes Aparte de la generación de materiales audiovisuales informativos construidos en base a las consultas a las comunidades, una de las acciones más importantes del proyecto fue el impulso a la organización del Parlamento Indio Americano del Cono Sur en 1974, 05


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auspiciado por el Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica "Nuestra Señora de la Asunción" y la Asociación Indigenista del Paraguay (AIP), con el apoyo de Inter American Foundation, Programa para combatir el racismo, el Consejo Mundial de Iglesias y la Universidad Católica. Cuatro lenguas fueron declaradas oficiales durante la actividad: guaraní, chulupí, castellano y portugués. Se contó con participación de indígenas de Argentina, Brasil, Venezuela, Bolivia y Paraguay. El trabajo giró alrededor del histórico problema de la no tenencia de tierras de cultivo para las comunidades indígenas, seguido de la denuncia de una educación discriminatoria, el trabajo sin seguridad social y mal remunerado, así como la necesidad de una organización para unir esfuerzos y luchar contra la pobreza. Las actividades se realizaron en la ciudad de San Bernardino en el año 1974. En relación al tema de la tierra, una de las conclusiones fue la siguiente: "El indio americano es el dueño milenario de la tierra: la tierra es del indio. El indio es la misma tierra. El indio es el dueño de la tierra con títulos de propiedad o sin ellos" (Suplemento Antropológico, 1974, p: 217). Producción fotográfica y audiovisual El plan de trabajo del proyecto comprendía: un film en super-8 y su ampliación a 16 mm, cuatro films en grabación magnética (videotape), seis series sonorizadas de slides, material fotográfico que sería 06


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recopilado durante todo el tiempo que durara el proyecto, y registros magnetofónicos de entrevistas con líderes y otros indígenas que servirían como material didáctico y de información. El film documental titulado "Guairá" desarrollaba un texto basado en las respuestas que se obtuvieron de los líderes indígenas a la pregunta: "En su opinión, ¿qué deberá incluir una documentación sobre la situación y derechos de los indígenas en el Paraguay?" El texto decía: "El indígena es tan ser humano como cualquier otro, paraguayo o extranjero. Él tiene más derechos a esta tierra que cualquier otro por haber sido dueño originario. El blanco llegó como usurpador a esta tierra de indígenas. Con los años algunos, queriendo restituir a los primitivos señores de la tierra algo de sus derechos, han elaborado leyes que permanecen como letra muerta. Si estos conocieran los derechos legales, luchando con ellos pudieran hacer valer todos los derechos que las leyes paraguayas conceden. Además, organizándose, podrían reivindicar otros que son urgentes para su sobrevivencia cultural y física" (Suplemento Antropológico, 1974, p: 217, 219). Los audio-films en video tape fueron realizados con un equipo portátil de ¼ pulgada y trataban aspectos parciales dentro de la temática general del proyecto: Tekojoja (20 minutos): una historia realizada en títeres por autor, marionetista y actores paraguayos que ilustra la problemática 07


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cotidiana de los indígenas al ser testigos y partícipes de situaciones en las cuales la aplicación de la ley se realiza únicamente cuando los litigantes son "blancos" y no cuando los reclamantes son indígenas. El guion de este film fue elaborado por Alcibíades González Delvalle. Proyecto Pai Tavytera (20 minutos): Presenta aspectos del ambiente y el método de trabajo del proyecto en el cual los indígenas están obteniendo títulos legales para la posesión de sus tierras en el departamento de Amambay. Maka (20 minutos): Describe la vida de esta parcialidad y de su contacto con la ciudad de Asunción, de la cual dependen y en la que se desarrolla su trabajo de venta de productos artesanales. Tiene por finalidad primordial eliminar los prejuicios existentes entre la sociedad paraguaya. Curso de información (20 minutos): muestra modelo de organización y desarrollo de cada uno de los cursos que se realizarán con los líderes indígenas y servirá como modelo a otros cursos y a centros de estudios antropológicos. Las series de slides sonorizados trataban aspectos muy concretos de la problemática indígena y estaban creados para ser utilizados como material didáctico en los cursos: 08


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Cómo conseguir documento de identidad Cómo conseguir tierras por medio del Instituto de Bienestar Rural Cómo conseguir un crédito agrícola de habilitación Lo que el indígena puede aprender en el Servicio Militar Cómo se hace una denuncia ante la justicia Derechos del trabajador indígena y beneficios que proporciona el Instituto de Previsión Social Mecanismos de contagio en las enfermedades transmisibles más frecuentes entre los indígenas Fisiología de la reproducción humana Identificación y valoración nutricional de los alimentos en el contexto ecológico y socioeconómico en el que vive el indígena Estas series fueron tituladas en guaraní y sonorizadas en el mismo idioma y en otras lenguas indígenas según su utilización (Suplemento Antropológico, 1974, p: 217, 219). Ángel Llorente y la Universidad Católica El fotógrafo Jorge Roux señala durante una entrevista que la presencia del cineasta español Ángel Llorente en el equipo fue una gran influencia. Llegado a Paraguay, este hombre proveniente de España trabajó muy de cerca con la comunidad religiosa salesiana con quienes organizó una cinemateca. Como antecedentes de la llegada de Llorente, Roux comenta acerca de la expulsión de los padres Munarriz y Oliva por parte del gobierno. 09


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El padre José Miguel Munarriz fue un gran impulsor de la cultura cinéfila en Asunción e incluso en el interior; escribía regularmente una columna llamada "Lección de Cine" en el diario La Tribuna a finales de los años sesenta. Había fundado la carrera de Comunicación de la UCA con el Padre Francisco de Paula Oliva, conocido defensor de las libertades en el país. Con Ángel Llorente nombrado como director de la carrera de comunicación de la UCA se estimularon la producción fotográfica y audiovisual. El departamento de comunicación contó con el primer equipo de grabación portátil en video del país. En ese sentido, la Universidad Católica y más específicamente la carrera de Comunicación estaría vinculadas a la historia de la producción audiovisual paraguaya. Llorente era amigo del antropólogo Miguel Chase Sardi; así se comprende su colaboración con Marandú. Ya como guionista de cine muchos años después, Llorente ganaría el Oscar a la mejor película extranjera desde España con la película "Volver a empezar" (1982) de José Luis Garci. La fotografía como herramienta de participación, diálogo y liberación. Marilin Rehnfeldt comenta que estos formatos, principalmente los audiovisuales, eran muy oportunos por la diversidad de idiomas. Como participaban hablantes de unas veinte lenguas distintas, el recurso visual era lo que más se trabajaba, y las películas resultaban. 10


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muy oportunas para generar conversaciones. La fotografía, explica, se utilizaba como propaganda y como denuncia. Muchas fotografías tomadas durante el proceso fueron enviadas al exterior; se hicieron copias de gran tamaño porque lo que se quería era asegurar una presencia o apoyo internacional lo suficientemente fuerte como para que los miembros de Marandú pudieran estar seguros frente al régimen. Sin embargo, también fueron objetos de represión y persecución hasta los años finales (1975). En artículos relacionados se señala que el archivo fotográfico serviría "tanto de memoria para el trabajo con los indígenas como de documentación para publicaciones posteriores o exposiciones" (Suplemento Antropológico, 1974, p: 219). En relación a los audiovisuales, además de su función informativa y de memoria, fue concebido como el instrumento esencial de una campaña para combatir el racismo. Video tape, grabaciones, artículos de prensa, noticias radiales serían llevados a todos los medios de comunicación masiva existentes en Paraguay con el objeto de "modificar las actitudes de la sociedad nacional con respecto a los grupos indígenas" (Suplemento Antropológico, 1974, p: 219). Una fotografía incómoda: reflexión sobre el colonialismo interno

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En el archivo de Marilin Rehnfeldt hay una fotografía de 1972 que la incomoda hasta hoy. En ella aparece un hombre aché desnudo junto a la antropóloga, en la comunidad de Gasory. Los aché acababan de salir del monte y estaban aquejados de gripe y sarampión. Rehnfeldt comenta que estas eran las principales causas de su muerte, por lo que el equipo, con especial participación del doctor Sinforiano Rodríguez, médico del proyecto, se hicieron presentes en el lugar. La antropóloga reflexiona, más de cuarenta años después, en relación a aquella fotografía, analizando su carga colonial y el propio colonialismo interno dentro de los proyectos antropológicos. La misma expresa que "Marandú significó una utopía al ubicarse como aliados de las comunidades indígenas", sin embargo, lo realmente necesario, hasta hoy día, es buscar la autonomía en las mismas. Represión y persecución Marandú contaba con colaboradores paraguayos identificados por la policía nacional como "comunistas" tales como Victorio Villalba, Gloria Estragó, Víctor Jacinto Flecha y Mauricio Shwartzman, y extranjeros, como es el caso de Ángel Llorente y del antropólogo Adolfo Colombres. Como dato importante, en el Museo de la Justicia se encuentra un documento con fecha 21 de febrero de 1980 en el cual se registra el "secuestro" de libros del señor Adolfo Colombres, que expresa abiertamente su amistad con el antropólogo Chase Sardi.¹ 12


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La magnitud e importancia del proyecto se refleja en la preocupación de grupos religiosos extranjeros asentados en el país, como "Misión Nuevas Tribus" que envía una nota a la policía nacional expresando su "preocupación" de que la realidad indígena no sea convertida en un instrumento político al perjuicio del propio indígena y los demás paraguayos. La Policía Nacional se preocupaba de los fondos que recibía el proyecto por parte de los EEUU. En una de las notas archivadas en el Museo de la Justicia, se lee: "Sobre este proyecto Marandú, hay que decir además que en su concepción humanitaria inicial tenía la financiación del gobierno norteamericano y las diversas instituciones nacionales e internacionales. En cuanto al conocimiento que tales financiadores hayan tenido sobre el verdadero propósito del proyecto, para nosotros es un misterio, que se balancea entre la ingenuidad que podemos atribuir a gente que conoce muy poco de la realidad latinoamericana, o el otro extremo, el conocimiento de la realidad y su deliberado apoyo, lo que en suma, es un problema grave, para nosotros, como para ellos."² Otro ejemplo del interés internacional que suscitó la organización es de la directora de Survival Internacional, quien en fecha 5 de junio de 1976, con nota con sello de Survival Internacional con sede en Londres, firmada por su directora Bárbara Bentley, se dirige al general Marcial Samaniego, Ministro de Defensa, solicitando "detalles de la situación del profesor Miguel Chase Sardi y sus colegas ³ 13


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del proyecto Marandú supervisado por la Universidad Católica de Asunción." En documento fechado el 29 de noviembre de 1975 del Departamento de Identificaciones de la Policía Nacional, se detalla la "captura del grupo Barthe-Soler" perteneciente al Partido Comunista Paraguayo. El documento refiere que "la perla más brillante de ese mar de papel es la clara instrumentación golpista del proyecto Marandú, cuya fachada es el rescate socioeconómico del indio y su integración a la civilización y al desarrollo, pero cuya finalidad extrema es la de constituir a las parcialidades indígenas en valioso material humano por la vía de la segregación racial explotada."⁴ El Proyecto llegó a su fin con una represión que alcanzó a sus miembros en el año 1975. El destino del archivo Según refieren Roux y Rehnfeldt en las entrevistas realizadas, las fotos fueron entregadas a la Asociación de Parcialidades Indígenas o API. Marandú contaba con un terreno en Luque cuyo título fue transferido a la API y entonces ahí fueron a parar todos los archivos. Actualmente, en ese lugar está ubicada una comunidad indígena. Durante su funcionamiento, las oficinas estaban abiertas y las personas entraban y pedían sus fotos. Los miembros del equipo se las daban y las personas realmente se apropiaban de ellas, señala Rehnfeldt, quien comenta que hasta la fecha algunas personas que 14


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conoció en la época de Marandú le muestran fotografías de aquellas décadas. El corpus fotográfico en su totalidad, así como los materiales audiovisuales, actualmente se hallan bajo la categoría de "perdidos". Sin embargo, hay indicios de que podrían estar alojados en la sede estadounidense de la organización cooperante del proyecto, la InterAmerican Foundation. Será realmente importante poder volver a contar con dicho corpus documental a fin de seguir profundizando en la labor de Marandú y en la historia de la antropología paraguaya. El legado En relación a los efectos de aquella experiencia, Rehnfeldt comenta que "en primer lugar se puede mencionar el fortalecimiento de las organizaciones indígenas. A pesar de que la Asociación de Parcialidades Indígenas (API) fue captada por el Estado, fueron surgiendo organizaciones regionales que continuaron en ese mismo estilo de organizarse para dar su voz y aún en el presente continúa esa tendencia. Si bien existen algunas organizaciones más cooptadas por ONG, también existen otras más autónomas, e incluso ensayos políticos como observamos en las últimas elecciones presidenciales." Sobre la relevancia del proyecto, comenta que "lo que se propuso desde Marandú fue un cambio muy fuerte porque hasta este momento la misma antropología insistía en el aislamiento o en el proteccionismo, y Marandú vino con una propuesta de dar a conocer las leyes nacionales y que los indígenas puedan organizarse, conocerlas y enfrentar a la sociedad nacional". 15


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Nota sobre fuentes fotográficas: Las fotografías del Proyecto Marandú (1972-1975) provienen del archivo personal de la antropóloga Marilin Rehnfeldt (fallecida en 2024), quien autorizó su digitalización y publicación. Referencias bibliográficas Chase Sardi, Miguel (1985). "Marandú: reseña de una experiencia informativa" en Suplemento Antropológico, Vol. XX, Número 2, diciembre de 1985. Paraguay: Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica, pp. 53-67. Suplemento Antropológico (1974). Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica "Nuestra Señora de la Asunción", Paraguay. Notas: ¹ Museo de la Justicia. Ref. RO13FO544 ² Museo de la Justicia. Ref. RO46F1339 ³ Museo de la Justicia. Ref. RO80FO688 ⁴ Museo de la Justicia. Ref. RO46F1338

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Comunidad de Puerto Casado. Aparecen los indígenas Atanasio Amadeo, Luis Duarte y don Pablo Santacruz, miembros de Marandú; el padre salesiano Dotto; el coronel Samaniego, director del Departamento de Asuntos Indígenas; Juan Rehnshaw; el Dr. Sinforiano Rodríguez, médico del Proyecto Marandú; Miguel Chase Sardi; Marilin Rehnfeldt y líderes indígenas de Puerto Casado. Archivo personal de la antropóloga Marilin Rehnfeldt. Las fotografías fueron tomadas por Jorge Roux y Miguel Chase Sardi entre 1972 y 1974.

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Viaje fluvial a la comunidad María Auxiliadora, comunidad Ayoreo del Alto Paraguay. Aparecen el Dr. Sinforiano Rodríguez, Juan Rehnshaw, Marilin Rehnfeldt, Roberto Cuevas y el motorista.Archivo personal de la antropóloga Marilin Rehnfeldt. Las fotografías fueron tomadas por Jorge Roux y Miguel Chase Sardi entre 1972 y 1974. 18


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El equipo Marandú en San Bernardino durante el Primer Congreso Indígena del Cono Sur. Aparecen Jorge Roux, Nilda Jara, Miguel Chase Sardi, Marilin Rehnfeldt y dos representantes del Consejo Mundial de Iglesias de Ginebra. Archivo personal de la antropóloga Marilin Rehnfeldt. Las fotografías fueron tomadas por Jorge Roux y Miguel Chase Sardi entre 1972 y 1974.

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Comunidad Mbya Santa Teresa, Caaguazú. Aparecen don Pablo Santacruz y Marilin Rehnfeldt alistado la proyección de una pelicula.Archivo personal de la antropóloga Marilin Rehnfeldt. Las fotografías fueron tomadas por Jorge Roux y Miguel Chase Sardi entre 1972 y 1974. 20


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Sobre la autora: María Esther Zaracho Robertti (Paraguay, 1982) es psicóloga, antropóloga social e investigadora independiente. Escribe poesía, ensayos, artículos científicos y textos de opinión. En 2016 publicó el poemario Esto no es una postal. Colabora de manera frecuente con medios de prensa, plataformas virtuales de arte y colectivos que articulan la cultura con las ciencias sociales. En 2025 fue ganadora de la primera edición del Premio Nacional de Investigación Cinematográfica y Audiovisual y del Premio Fundación Itaú de Periodismo Cultural (Paraguay), por sus investigaciones y escritos en torno al cine paraguayo durante y posterior al stronismo. Instagram y Threads: @mariaestherzaracho 21


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Ko táva ipaje

By Huber Meili 22


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Ehendúke che irũ Ko távape ndepyahu Upévare ndéve amombe’u Ani hag̃ua nderehe mba’evai ojehu Ko’ápeniko ipaje Pyharekue resẽ jave Neaño reguatáramo avei Aníkena tapére repytarei Ha rehécharamo amo tenonde Máva oñembojáva oúvo nderehe Chupe ha’etévaicha reikuaanungáva Ha katu hese nanemandu’aporãiva Aníke repyta remomaitei chupe Chugui ehasareínte pya’eve Cháke upéva avapiju Omondaséva nde ayvu

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Sapy’areírõ repytarõ ógape Ha ojepopete ne rovetãme Nderehecháiramo mavave Aníkena rembojuruvy ne rokẽ Nemombáyrõ jagua ñeñarõ heta Emboty porã ne rovetã Ha rehendúramo ñe’ẽ mbegue Ojoguáva nde kuaaha ñe’ẽ Aníke chupe rehapykueho Ndejehéke eñangareko Cháke upéva avapiju Omondaséva nde ayvu

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¡Cuidado con el pueblo, mi amigo!

By Huber Meili 25


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Escuchame, querido amigo, vos que sos el nuevo vecino, escuchame lo que te voy a contar para que nada malo te vaya a pasar. Cuando salgas a pie de noche o estés solo en el coche, tené mucho cuidado porque nuestro pueblo está embrujado. Si ves a alguien en el camino que te parezca conocido pero no lo puedas identificar, no te quedes a saludar. Hacete el desentendido y pasá de largo, como distraído, porque el pielviejo la voz te quiere robar para que no puedas gritar.

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Si te quedás de noche solo en casa y escuchás que aplauden en la ventana pero no ves a ninguna persona afuera, no se te ocurra abrir la puerta. Si te despiertan ladridos de madrugada, cerrá bien también tu ventana, y si escuchás una voz cercana que se parece a la de tu hermana, no vayas a creer lo que te diga y mucho menos a seguirla, porque el pielviejo la voz te quiere robar para que no puedas gritar.

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HANTA YO Hacia un auténtico estilo literario paraguayo: una modesta propuesta para traductores

Por Thomas Whigham 28


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Republicación. Este texto fue publicado originalmente en el diario El Nacional el 24 de septiembre de 2023. Me encantan los matices y las contradicciones de la traducción. Siempre que encuentro una interpretación que pueda transmitir de manera inteligente las diferencias sutiles entre la palabra francesa para “rojo” y la palabra rusa para “bermellón”, realmente me emociono. Una sensación de hormigueo alrededor de mi cara se transforma en una sonrisa, luego mis oídos me dicen que es un logro maravilloso. Sin embargo, reconozco también por qué el poeta interior me advierte‌ tener cuidado, señalando que todas las traducciones son‌ necesariamente una traición a la intención, la presentación y el‌ sentido de belleza intrínseca del autor. Pero ¿podría ser de otra‌ manera? Después de todo, las diferencias entre idiomas, sus distintos‌ ritmos y sintaxis, sus tonos y texturas divergentes prácticamente‌ prohíben la transmisión del significado completo de una lengua a otra.‌ Necesitamos pensar en las palabras, en su relación con la ubicación en‌ que se encuentran y las ricas ambigüedades que ofrece esta relación.‌ Es casi seguro que también tendremos que detenernos en el ritmo de‌ los párrafos. ¿La decisión de dividir una oración larga en varias cortas‌ traiciona las palabras del autor? Parece que siempre obtendríamos‌ una traducción en cierto modo insuficiente o engañosa, sin importar‌ cuán hábil fuera el traductor. 29


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Esto no significa que no podamos lograr buenos resultados. Una gran traducción reemplaza la lógica común, en el sentido de que aumenta la autonomía integral ya presente en el original. De hecho, hay algunas traducciones tan brillantes que constituyen grandes obras (originales) en sí mismas. La traducción de La Ilíada de John Dryden está en esta categoría, al igual que la traducción de Baudelaire de la poesía de Edgar Allan Poe o varias reinterpretaciones de Borges. Quizás debería incluirse en esta lista la versión en inglés de Gregory Rabassa de Cien años de soledad de García Márquez. De menor reputación, pero de particular interés para el público paraguayo, es Hanta Yo, de Ruth Beebe Hill. Este fascinante trabajo, publicado en 1979, constituye el intento de la autora de capturar algo de la voz de los primeros pueblos indígenas de América del Norte, específicamente la voz sioux (o lakota), de tal modo que las vidas y las mentalidades de los indígenas desaparecidos hace mucho tiempo sean comprendidas por el lector moderno de literatura en lengua inglesa. Hill afrontó el desafío de escribir una historia sobre los cazadores de búfalos Lakota en las praderas de América del Norte, justo antes y después de que los europeos llegaran a la escena en el siglo XVIII. Basada en un documento grabado en una piel curtida por un miembro de la banda Mahto (Oso Grizzly) de los Lakota, cuenta la historia de dos familias a lo largo de tres generaciones y señala todos los cambios que experimentaron durante ese período tempestuoso. Para redactar esta obra magistral de 812 páginas, Hill leyó todo lo que pudo sobre la etnografía de los pueblos originarios y consultó a muchos estudiosos, varios de ellos indígenas. El resultado fue interesante, incluso sorprendente. 30


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Algunos sostuvieron que causaría un revuelo literario tan grande como Raíces, la famosa obra de Alex Haley sobre las vidas y la historia de los afroestadounidenses a través de varias generaciones. Sin embargo, Hill fue dos pasos más allá con su trabajo. Raíces fue redactado en inglés de principio a fin, pero Hill -quien dedicó casi tres décadas a su interpretación de la obra- solicitó la ayuda de un anciano indio llamado Chunksa Yuha para traducir su texto del inglés a una versión lakota muy amena (aunque controversial). Luego, habiéndose convencido de que este nuevo texto era a la vez melódico y auténtico, junto con Yuha, lo tradujo nuevamente, a la lengua vernácula del inglés de principios del siglo XIX. De esta curiosa manera, Hill se tradujo a sí misma, esperando brindar a los lectores un inglés marcado por los primeros modismos, el tono e incluso la sintaxis lakota. Solo cuando hubo terminado esta tercera versión publicó el libro, que fue bien recibido inicialmente por el público en Estados Unidos. Muchos de sus críticos no estaban convencidos y, para ser justos, tanto‌ ella como su informante lakota cometieron errores de lenguaje,‌ algunos bastante elementales, dejando el producto final‌ decididamente menos elegante de lo que pudo haber sido. Confundió‌ las determinaciones de género en la elección de los enclíticos (que en‌ lakota difieren en forma según el género del hablante). Cometió‌ algunos errores de vocabulario. Además, la narrativa no era‌ etnográficamente convincente y su tratamiento de la mitología y la‌ poesía nativas era, en muchos sentidos, cuestionable. Aun así, me‌ sigue encantando el libro. Considero que Hanta Yo es un experimento‌ defectuoso, pero valiente, aunque no podemos estar seguros de qué‌ tan bien transmite la realidad decimonónica de los Lakota. 31


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Es evidente que muchos indígenas actuales se sienten incómodos con esto. Pero, ¿podríamos hacer un trabajo más sensible a las culturas indígenas usando el mismo método? ¿Se deben las debilidades del libro a un mal diseño o a la imposibilidad de llevar a cabo ese diseño de manera efectiva? Es decir, ¿Hill todavía tiene algo que enseñarnos? Yo creo que sí. Ahora deseo abordar el caso paraguayo. En Paraguay, tenemos una sociedad bilingüe que utiliza tanto el español como el guaraní para expresar ideas (que pueden ser universales o no). Al leer a Roa Bastos y otros escritores, tengo la impresión de que el español está reservado para situaciones formales y temas abstractos. El guaraní, por su parte, es una lengua telúrica utilizada para expresar intimidad en situaciones “dulces” o “picantes” o para revelar secretos. Tenemos una pista de esto en la página final de Yo el Supremo. Allí encontramos al compilador ficticio del texto que adapta una frase de El hombre sin atributos, de Robert Musil, en la que insiste en que la “historia encerrada en estos apuntes se reduce al hecho de que la historia que en ella debía ser narrada no ha sido narrada”. Para contar esa historia, que responde tanto a lo paraguayo como a la universalidad de la experiencia humana, tal vez necesitemos empezar de nuevo, experimentar. Y aquí entra Hanta Yo. Mi propuesta es ¿podríamos repetir el experimento de Hill en un contexto paraguayo? Como, sin duda, afirmarían Teresa Méndez Faith y Rubén Bareiro‌ Saguier, existe una rica tradición de literatura en lengua española en‌ el Paraguay y una tradición ligeramente menos amplia de literatura‌ guaraní en el país; esta última debilidad se 32


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debe a que, si bien el guaraní constituye la fuerza oral predominante en el campo paraguayo, pocas personas se han tomado el esfuerzo de escribirlo, e incluso hoy en día cuestiones básicas de ortografía todavía engendran fuertes debates; nadie, al parecer, ni siquiera los miembros de la Academia, ha tenido la última palabra sobre el guaraní escrito. Pero permítanme argumentar aquí que no es ni del español ni del guaraní que debemos preocuparnos al reflexionar sobre el Paraguay, sino más bien de la relación entre estas dos lenguas; necesitamos concentrarnos no en el reverso y el anverso de la moneda, sino en el borde donde está, en cambio constante, el jopará. Creo que aquí podemos enfocar nuestra atención en la escritura de‌ Hanta Yo, de Hill, y los métodos de traducción que sugiere. Me gustaría‌ ver a alguna autora contemporánea, por ejemplo Tahiana Takahashi,‌ escribir una novela en español basada en Doctor Zhivago, ambientada‌ en alguna comunidad rural del norte o del este del Paraguay durante‌ la guerra civil de 1947. Entregamos esta obra en español a una experta‌ en guaraní como Lilian Aliente Orué; una vez que ella completa su‌ traducción a la lengua vernácula nativa, tomamos esta versión y la‌ traducimos de nuevo al español. De esta manera,paradójicamente,‌ utilizamos la especificidad del Paraguay para ofrecer el mensaje‌ universal que el país y su gente siempre han tenido dentro de sí. Un‌ proyecto así estaría lleno de contradicciones, una de las cuales es que‌ yo, un extranjero, soy quien lo propone. Pero valdría la pena‌ intentarlo.

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debe a que, si bien el guaraní constituye la fuerza oral predominante en el campo paraguayo, pocas personas se han tomado el esfuerzo de escribirlo, e incluso hoy en día cuestiones básicas de ortografía todavía engendran fuertes debates; nadie, al parecer, ni siquiera los miembros de la Academia, ha tenido la última palabra sobre el guaraní escrito. Pero permítanme argumentar aquí que no es ni del español ni del guaraní que debemos preocuparnos al reflexionar sobre el Paraguay, sino más bien de la relación entre estas dos lenguas; necesitamos concentrarnos no en el reverso y el anverso de la moneda, sino en el borde donde está, en cambio constante, el jopará. Creo que aquí podemos enfocar nuestra atención en la escritura de‌ Hanta Yo, de Hill, y los métodos de traducción que sugiere. Me gustaría‌ ver a alguna autora contemporánea, por ejemplo Tahiana Takahashi,‌ escribir una novela en español basada en Doctor Zhivago, ambientada‌ en alguna comunidad rural del norte o del este del Paraguay durante‌ la guerra civil de 1947. Entregamos esta obra en español a una experta‌ en guaraní como Lilian Aliente Orué; una vez que ella completa su‌ traducción a la lengua vernácula nativa, tomamos esta versión y la‌ traducimos de nuevo al español. De esta manera,paradójicamente,‌ utilizamos la especificidad del Paraguay para ofrecer el mensaje‌ universal que el país y su gente siempre han tenido dentro de sí. Un‌ proyecto así estaría lleno de contradicciones, una de las cuales es que‌ yo, un extranjero, soy quien lo propone. Pero valdría la pena‌ intentarlo.

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Un proyecto de este tipo pondría de relieve muchos problemas pendientes e inconsistencias. Por un lado, existe una distancia considerable entre los procesos de pensamiento y la palabra hablada. El gran escritor mexicano Octavio Paz, señala que cuando aprendemos a hablar estamos aprendiendo a “traducir” entre el mundo de las ideas infantiles, apenas entendidas, y el mundo de la palabra hablada: “Aprender a hablar es aprender a traducir; cuando el niño pregunta a su madre el significado de esta o aquella palabra, lo que realmente le pide es que traduzca a su lenguaje el término desconocido”. Muchas cuestiones profundamente humanas nunca han cedido fácilmente sus significados al lenguaje. En este sentido, vemos un ejemplo palpable en la correspondencia entre la psicología moderna, especialmente en su versión freudiana, y lo que los poetas guaraníes de la época precolombina consideraban espíritus o póra. ¿Cómo llegar a este fenómeno etéreo para proporcionar la fusión más cercana posible entre significado y palabra? ¿Cómo transmitir mejor el significado de los sueños a través de la palabra hablada? Luego, hay más dificultades prácticas. En muchos casos, el guaraní ha‌ cambiado de significado desde que fray Antonio Ruiz de Montoya‌ escribió su Tesoro de la lengua en 1639. Se podría afirmar que las‌ traducciones del idioma anterior a sus equivalentes modernos han‌ borrado las voces originales y han confundido irremediablemente sus‌ significados.También debemos tener en cuenta que no es sólo el guaraní el que ha cambiado. Las lenguas romances también son‌ diferentes. El genio original del español, el gallego y el portugués es

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demasiado florido, tautológico y aficionado a las metáforas para nuestros gustos actuales, que exigen franqueza de pensamiento para adaptarse a nuestra era contemporánea. ¿Cómo reaccionaría un lector en el mundo actual, por ejemplo, si un hombre de más de cuarenta años “se desvaneciera como una rosa en un tallo”? Esta expresión poética le parecería terriblemente artificial, aunque no hubiera sido así para un lector de Luis de Góngora o Lope de Vega del siglo XVI. El truco consiste en hacer que el oído contemporáneo sea más sensible a la belleza de un lenguaje anterior. Y este lenguaje podría ser el guaraní. Noté que muchas traducciones‌ literales de poesía guaraní no resultan en nada especialmente bello.‌ Por el contrario, la versión en español suele perder las sutilezas, las‌ alusiones y los ritmos, tan importantes para una lengua permeada por‌ el folclore y lo onomatopéyico. La mayoría de los poemas publicados‌ en los periódicos de guerra Cabichuí y Cacique Lambaré eran‌ propagandísticos, destinados a degradar a los líderes aliados y la‌ perfidia de la Triple Alianza; además de ser propaganda, los versos‌ estaban destinados a divertir y, a veces, adquirir un carácter didáctico‌ u obsceno en el que es evidente la cotidianeidad del guaraní. Traducir‌ estos poemas al español de hoy corre el riesgo de hacerlos parecer‌ trillados. Quizás cante la canción equivocada, pero al menos canta.‌ ¿Hay alguna manera de hacer que la traducción sea más fluida, más‌ sensual, más evocadora del pasado? ¿Deberíamos intentar descubrir‌ un efecto similar al del original a través de alguna versión libre pero‌ infiel, que al menos tenga sentido en español, o deberíamos intentar‌ una traducción más literal para resaltar lo diferente y desconocido?

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Estas son algunas de las ironías de la traducción. Y si doña Tahiana y doña Lilian, o algún otro escritor-traductor, quisieran asumir el desafío de producir un libro como el de Ruth Beebe Hill, tendrían que sumergirse de cabeza en esta agua fría. Sospecho que no será una tarea fácil, pero el resultado podría ser maravillosamente refrescante para el lector paraguayo, como nadar por primera vez en un ysyry ro’y de la Cordillera. Y en cuanto al lector extranjero, la perspectiva de ver la literatura paraguaya cumplir su promesa al hacer una contribución apropiada al corpus universal, es doblemente emocionante. Entonces, ¿quién dará un paso adelante y hará que esto suceda? Al hacer esta pregunta, me gustaría enfatizar en cuánto se puede ganar con una reconsideración del idioma en el Paraguay. Creo que Turguenev lo expresó mejor al hablar del potencial de su propia lengua eslava, y aquí pondré sus palabras en versión española, sabiendo muy bien, como dije antes, que la traducción conlleva muchos desafíos: En los días más pesados de desesperación por el destino de mi tierra natal sólo tú eres mi ayuda y apoyo, o gran, poderoso, portador de la verdad y libertador idioma ruso. ¡Es imposible creer que un lenguaje así no fuera dado a un gran pueblo!

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Personalidad, cultura y clima: una interpretación psicológica de los paraguayos

Por José E. García 38


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Desde hace siglos, la noción de que el clima moldea el carácter humano ha oscilado entre la intuición cultural y la indagación científica. No obstante, la influencia de los factores ambientales en el comportamiento sigue siendo una cuestión abierta en el análisis comparado a través de distintas latitudes. Estereotipos como la “frialdad” o “insensibilidad” atribuidas a los habitantes del gélido norte europeo están presentes desde tiempo atrás en las representaciones mentales colectivas, mientras que el “calor” y la “efusividad” asociadas a latinos y africanos se han convertido también en un denominador común para numerosas generalizaciones. En Paraguay, el viento norte, agobiante y saturado de humedad, sopla de manera inclemente en las jornadas de verano, trasladando toda su carga de sopor y desgano anímico a las sudorosas y jadeantes siluetas que se desplazan bajo un sol abrasador. Estas se mueven en ritmos casi hipnóticos, como si fueran entidades fantasmales, en una silenciosa lucha por reducir al máximo la actividad metabólica y evitar así cualquier exceso muscular que drene aún más su energía y expulse los líquidos internos transformados en sudor espeso. Se trata de un intento por minimizar el desgaste físico y conservar algo del escaso frescor que todavía le queda al cuerpo, sobre todo en las tórridas horas de la siesta y la tarde. En esta singular atmósfera, cualquier movimiento se vuelve difícil. Algunos trabajos físicos o de fuerza, aunque disten de calificarse como agradables, pueden ejecutarse mediante una mecánica corporal casi irreflexiva y cierta tolerancia a la irritación que provocan las gruesas gotas de transpiración salada descendiendo por la espalda como por una rampa de piel hacia el vacío.‌

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Sin embargo, las actividades intelectuales se resienten, la concentración se torna complicada, la continuidad del trabajo meditativo se interrumpe constantemente por el avance imparable de la sudoración, y la motivación se disipa con la misma rapidez con que surge, empujándonos hacia cualquier distracción en procura de escape y alivio. Los filósofos y las prácticas contemplativas resultan escasos en estos ambientes. No en vano, los extranjeros que visitan el país o habitan circunstancialmente en él, sobre todo aquellos que provienen de latitudes bendecidas con temperaturas más frescas y agradables, y donde el sufrimiento por el calor no es un castigo persistente, se sienten completamente abrumados, como si transitaran por las veredas del infierno, preguntándose una y otra vez cómo es que los habitantes de esta tierra sobreviven indemnes a condiciones tan rudas y exigentes. Los paraguayos hicieron del ardor estival uno de los rasgos más característicos de su entorno y de su ecología social, aceptándolo como un complemento ineludible. A lo largo de los siglos y mediante la exposición constante de generaciones enteras a la experiencia invariable del calor húmedo, aprendieron a combatirlo en una lucha desigual, tomando como aliados a una serie de innovaciones populares, simples pero efectivas. Entre ellas, el tereré se convirtió en compañero inseparable de jornadas arduas y, al mismo tiempo, un factor que aglutina socialmente, tendiendo puentes a través de la conversación y el humor, y sirviendo como pretexto para el encuentro. Estas prácticas se han consolidado como elementos esenciales de la cultura local. La rudeza del verano no es una faceta irrelevante para la vida cotidiana en el Paraguay. Lejos de ser un punto secundario, forma parte de las condiciones que inciden en las costumbres 40


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y dinámicas sociales de quienes habitan este suelo. Los factores capaces de producir cambios significativos no siempre son fenómenos ocultos y difíciles de percibir; a veces se encuentran en aspectos visibles y aparentemente banales, como las eventualidades climáticas. En la representación más extendida, los paraguayos suelen ser descritos como personas amigables, acogedoras y hospitalarias, con un sentido del humor potente que puede sonar corrosivo, aunque ingenuo al mismo tiempo. Asimismo, se les atribuyen prácticas que refuerzan la generosidad y el apoyo solidario a quienes atraviesan situaciones adversas. Enfrentan las dificultades con resiliencia o resignación, y manifiestan niveles relativamente altos de emociones positivas. Como calificativo de su esencia más admirada, los habitantes reciben el adjetivo de personas cálidas. Resulta inevitable advertir la analogía entre este rasgo comportamental y un elemento atribuible principalmente al clima: la tibieza asociada con las altas temperaturas. En este y otros casos similares, las interpretaciones basadas en semejanzas contribuyen a reforzar la percepción de vínculos que podrían parecer meramente figurativos. Pero al salir del lenguaje coloquial y entrar al terreno del análisis, surge la pregunta: ¿tiene algún sentido real hacer estas comparaciones? Algunos dirían que sí, ya que no se trataría simplemente de coincidencias superficiales. El clima y sus posibles influencias sobre la conducta constituyen datos empíricos que, aunque a veces difíciles de delimitar o demostrar con metodologías rigurosas, se imponen por su propio peso ante un observador atento. No debe olvidarse que muchas investigaciones científicas, que luego obtuvieron evidencia concreta, surgieron de presunciones comunes, pero sagaces y‌

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y sistemáticas. En este sentido, tales intuiciones, aun cuando carezcan de formalización teórica inicial, pueden contener indicios relevantes como para prestarles algo más que una simple atención circunstancial y justificar una indagación más profunda. El calor y el clima que mencionamos aquí son apenas dos de las condiciones determinantes, no las únicas ni precisamente las más importantes. Existen muchas otras que también deben considerarse, como la geografía, la hidrografía, el aire y los minerales del suelo. Ciertos autores las han estimado como agentes causales fundamentales. Su influencia es innegable, pero se circunscriben a la esfera determinista de los componentes físicos y no directamente a los que emanan de la cultura o de la transmisión social, aunque claramente los condiciona. La evolución filogenética de los seres vivos lleva a que estos se adapten a las variaciones ambientales de sus entornos o nichos biológicos. Entre las condiciones necesarias se incluyen la disponibilidad de alimento en calidad o cantidad suficiente, la existencia de depredadores que puedan representar un riesgo para la vida, la presencia de escenarios óptimos para el apareamiento y la benevolencia o las adversidades del clima. La adaptabilidad eficiente es crucial para la supervivencia de cualquier especie, incluida la nuestra. En este sentido, la cultura puede considerarse otro tipo de ajuste, específico de los seres humanos. El avance humano en la transformación del entorno y en la creación de condiciones adecuadas para la vida en común es el resultado del crecimiento y la complejización de los circuitos funcionales del cerebro. Algunos sostienen que este proceso nos ha permitido trascender la naturaleza o dejar de formar parte de ella, adquiriendo cierta libertad de sus determinantes causales.‌ 42


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Pero no es así. La cultura constituye, en realidad, otro modo de adaptación, quizás el más eficiente y adecuado, mediante el cual los seres humanos lograron sobrevivir y expandirse en una amplia variedad de climas. Se trata de un sistema diverso de variables que se configura en interacción constante con estímulos ambientales y biológicos, sin desligarse nunca de ellos. Por esta razón, dichos factores deben analizarse de manera conjunta y no aisladamente. Solo así es posible acceder a una comprensión más realista de los fenómenos estudiados. El entorno cultural no es uniforme, adopta distintas formas en respuesta a las condiciones físicas en las que surge, de las cuales depende y a las que se ajusta. En este sentido, la distinción habitual entre elementos físicos (biológicos o climáticos) y aquellos derivados de la actividad humana acumulada funciona principalmente como un recurso analítico y explicativo, que simplifica y facilita el estudio y la investigación, aunque la conexión entre ambos siempre es muy fuerte y determinante. La historia paraguaya y su cultura se encuentran en un diálogo perpetuo y fructífero. Si bien este aserto podría considerarse evidente en cualquier país y época, en el Paraguay adquiere dimensiones singulares. Una de ellas es la interrelación entre los modos característicos de reacción de sus habitantes y los patrones aprendidos que las configuran. Esta interdependencia resulta de un interés constante para diversos ámbitos de investigación, en particular para la rama de la psicología que se ocupa de la personalidad. Dentro de este campo coexisten múltiples aproximaciones que, con frecuencia, se presentan como disímiles e incluso contradictorias, cuando no directamente excluyentes.‌

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Este fenómeno es común en los estudios modernos del comportamiento, pues al asentarse los distintos enfoques sobre la base de modelos filosóficos que preceden y sustentan a las teorías científicas, la oposición se convierte en la norma y no en la excepción. Sin duda, las investigaciones en este campo son aleccionadoras. Los psicólogos que se detienen en esta temática reconocen la existencia de factores compartidos por las personas, es decir, elementos comunes presentes en todos los seres humanos, en particular la información genética propia de la especie. Asimismo, se cuentan aspectos que conciernen exclusivamente a ciertos individuos o grupos, pero no a la totalidad. Finalmente, se encuentran los desarrollos comportamentales individuales, también llamados idiosincráticos, que hacen a cada sujeto único e irrepetible. Pese a una impresión rápida y superficial, no hay contradicciones entre estos niveles. Con respecto a los múltiples enfoques centrados en la personalidad, algunos que se denominan culturalistas se inclinan a considerar el entorno social como uno de los principales modeladores de la conducta. En estos enfoques, la cultura constituye la matriz de la personalidad. No es frecuente que los psicólogos recurran a la historia como fuente para sus investigaciones. Esto resulta desafortunado, porque al proceder así se pierden numerosos datos valiosos que permanecen desaprovechados. El pasado nacional ofrece un buen ejemplo de cómo pueden entrelazarse las variables de la personalidad, el clima y la cultura. Desde tiempos remotos, han cruzado por los senderos y caminos del Paraguay un cierto número de exploradores y aventureros que eligieron al país como destino. Les impulsaban diversos motivos e intereses, desde los comerciales y políticos hasta los científicos y antropológicos. 44


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Para la mayoría de los seres humanos de tiempos pretéritos no se conserva una memoria concreta. Por eso sus vidas y afanes, sus ilusiones y sus glorias, se disuelven como el polvo en que sus cuerpos finalmente se convierten. Pero unos pocos dejan huellas imperecederas, capturadas en los libros que escribieron y en las reflexiones alguna vez producidas. Estas creaciones llegan frescas, vitales y estimuladoras hasta nosotros. Dichos individuos son los que nos interesan. Sin pretender agotar la lista, se destacan tres figuras cuyas contribuciones resultan significativas para el estudio de lo típico y tradicional en el Paraguay. Dos son europeos y uno es natural de esta tierra. Hablamos del belga Alfred du Graty (1823-1891), militar y explorador, el francés Alfred Demersay (1815-1891), médico y expedicionario, y el paraguayo Manuel Domínguez (1868-1935), historiador y abogado. Cada uno de ellos, desde perspectivas y motivaciones diversas, demostró una notable habilidad para el análisis del comportamiento típico en los habitantes del país. Dejaron obras muy valiosas e inspiradoras para el estudio de lo idiosincrático y como fuente para generar hipótesis. Demersay (1860) escribió Histoire physique, économique et politique du Paraguay et des établissements des jésuites (“Historia física, económica y política del Paraguay y de las instituciones jesuitas”), Du Graty (1865) publicó La République du Paraguay (“La República del Paraguay”), y Domínguez (1903) fue el autor de un extenso artículo titulado “Causas del heroísmo paraguayo”, que apareció en las páginas de la Revista del Instituto Paraguayo, una de las principales publicaciones culturales de comienzos del siglo XX. Las indagaciones que realizaron podrían constituir insumos valiosos para ensayar una caracterización sobre la personalidad típica.‌ 45


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Ninguno recibió entrenamiento en las ciencias del comportamiento, lo cual, además, no habría sido posible en esa época. Pero su aguda capacidad de observación compensó las limitaciones teóricas o metodológicas, inevitables en el contexto en que trabajaron. Todos demostraron poseer una mirada perspicaz y dejaron descripciones sobre los hábitos corrientes de los paraguayos. Para Demersay (1860), estos conformaban una población relativamente homogénea en sus costumbres, caracterizada por un temperamento tranquilo, paciente, resignado, gentil y escasamente conflictivo. También por cierta tendencia a la sumisión frente a la autoridad. Eran descritos como pacíficos, con aversión al crimen y residentes de una sociedad reposada. Exhibían gran indiferencia hacia la política y se los consideraba como reacios al cambio. Su vida era estable y sedentaria y la alimentación predominantemente vegetal, lo que influía en su carácter sereno. En el plano moral, eran considerados honestos y con una actitud de servicio a la patria, observándose escasas muestras de corrupción. Como soldados, se los describía como disciplinados y valientes, y otorgaban un lugar central a la religión en sus experiencias vitales. Hospitalarios, sencillos y de familias numerosas, reflejaban en las prácticas cotidianas la continuidad con la tradición cultural hispano-guaraní. Du Graty (1862) señaló que los paraguayos poseían una buena constitución física: de estatura mediana, se los veía robustos. Su piel era clara, mientras que los ojos y el cabello destacaban por su negrura. Según el autor, superaban a los europeos en agilidad y se caracterizaban por su constancia en el trabajo. Asimismo, les atribuía una inteligencia rápida, combinada con un carácter dulce, obediente e inmensamente hospitalario, aunque en el trato podían mostrarse desconfiados, reservados y discretos.‌ 46


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Du Graty creyó encontrar la causa de estas características en factores climáticos, particularmente en los efectos del persistente viento norte y la temperatura cálida, que, según su interpretación, excitaban y enervaban a los individuos. También fue elogioso con las mujeres, a quienes describió como bonitas y graciosas, de piel blanca, destacando su inteligencia en el accionar y su habilidad comunicativa en el trato social. Entre sus ocupaciones habituales figuraban el bordado y la costura. Presentaban una alta fecundidad reproductiva desde temprana edad, aunque el proceso del envejecimiento se manifestaba con relativa rapidez, lo cual se atribuía a la falta de ejercicio. Finalmente, Du Graty observó que este país disfruta de una buena salud y longevidad y que la incidencia de las enfermedades mentales y el suicidio son muy bajas. Las motivaciones personales que animaron a Domínguez (1903) se inscriben en un contexto diferente al de los autores previos. Su interés por las cualidades de los paraguayos estuvo inspirado en el comportamiento valeroso y aguerrido demostrado en las difíciles jornadas de la Guerra contra la Triple Alianza (1865-1870), el cual fue elogiado tanto por propios como por extraños. Debido a eso, sus apreciaciones probablemente son las que se hallan más teñidas de ciertos sesgos ideológicos, aunque esto no las convierte necesariamente en falsas. La intención de Domínguez, sin embargo, no fue simplemente esbozar una pintura del soldado en sus aspectos cognitivos o emotivos, sino una interpretación amplia que abarcara toda la realidad vital de la población nacional. De hecho, él había declarado que su propósito fue escribir un modesto ensayo de psicología histórica (Domínguez, 1903).

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A su entender, los paraguayos hicieron gala de un heroísmo excepcional en reyertas y batallas, permitiéndoles combatir valerosamente sin comer ni dormir, sostenidos solo por la yerba mate, o remar por jornadas completas en condiciones similares. Destacaban por su velocidad y agilidad física, cualidades que el autor atribuyó al clima del Paraguay, que posee la altura ideal, lluvias y cauces hídricos en abundancia, además de selvas tupidas. Todo ello fomenta la vitalidad y la elasticidad. Esta constituye otra clara alusión al ambiente como base explicativa de lo idiosincrático. Según Domínguez (1903), dichas características les hacían capaces de enfrentar tanto a fieras como a adversarios humanos, siendo además infatigables. Les atribuía una inteligencia clara y analítica, junto a rasgos como astucia, sagacidad, desconfianza, alegría, generosidad, amabilidad y hospitalidad. Poseían un fuerte sentimiento nacionalista, un marcado estoicismo ante el dolor y una notable disposición a soportar privaciones extremas que, a su juicio, doblegarían a individuos de otros pueblos. Su espíritu guerrero era combativo, pero no sanguinario, y mostraban un profundo sentido de igualdad y unidad, así como celo por la defensa de la patria y de la familia. Lo que hemos visto constituye valiosos comentarios sobre el comportamiento. En este marco, la psicología de la personalidad se enfrenta a un desafío y una oportunidad particularmente relevantes: avanzar hacia una comprensión más completa, sistemática y empíricamente fundamentada de los rasgos que configuran la idiosincrasia paraguaya. Lejos de limitarse a observaciones intuitivas o descripciones históricas aisladas, como las aportadas por Demersay, Du Graty o Domínguez, este campo de investigación está llamado a integrar tales antecedentes con enfoques teóricos contemporáneos y metodologías objetivas y rigurosas. 48


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Solo mediante este esfuerzo será posible dilucidar en qué medida variables como el clima, la cultura, la historia y las condiciones sociales han contribuido, y continúan haciéndolo, a modelar patrones relativamente estables de conducta. De este modo, la psicología no solo enriquecerá el conocimiento científico, sino que también podrá ofrecer una base más sólida para explicar la identidad colectiva y las particularidades del ser paraguayo en su compleja interacción con el entorno. Referencias Demersay, L. A. (1860). Histoire physique, économique et politique du Paraguay et des établissements des jésuites. Paris: Librairie de L. Hachette, Tome Premier. Domínguez, M. (1903). Causas del heroísmo paraguayo. Revista del Instituto Paraguayo, 4 (38), pp. 643-675. Du Graty, A. M. (1865). La République du Paraguay. Bruxelles: Librairie Européenne de C. Muquardt, Segunda Edición.

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Pueblo Negro

Novela de Delfina Acosta Ensayo de crítica literaria por Sara Timóteo 50


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I. Un pueblo como protagonista Pueblo Negro es una novela coral cuyo verdadero protagonista no es ninguno de sus personajes individuales, sino el propio pueblo paraguayo en el que transcurre la acción. Desde la primera página, fechada en 1924, el lector entra a un universo cerrado, polvoriento y caluroso, regido por procesiones, chismes, autoridades corruptas y devociones tibias. La novela cubre un arco temporal extenso (de 1924 a los años posteriores al final de la Guerra del Chaco) y dentro de ese marco despliega una galería humana tan numerosa que sería injusto reducirla a una sinopsis lineal. Lo que importa, y lo que la obra construye con paciencia, es la atmósfera de un lugar donde, en palabras de Ludovina, «pasarían los meses, los años y nada, absolutamente nada». La acción central arranca con un gesto fundacional cargado de simbolismo: durante una procesión, el comerciante Pantaleón Amarilla, ebrio, deja caer la angarilla con la imagen de la Virgen María, cuya cabeza rueda por el suelo. Ludovina, modista viuda en potencia, sube de inmediato a su pequeña hija Carmen María a la angarilla, y la procesión continúa con la niña como suplente. Ese acto a un tiempo profanador y salvador (improvisación, fraude piadoso o milagro popular, dependiendo de quién lo mire) funcionará como semilla de toda la trama. De allí brotarán, durante años, las miradas, los celos, los enamoramientos y los intentos por sostener o desmontar esa nueva «deidad inaccesible».

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II. Arquitectura: del realismo al fragmento La novela está organizada en capítulos breves con títulos sustantivos («La Procesión», «El Saludo», «El Sermón», «La Caravana», «La Iglesia», «La Casa», «El Paseo», «Burdeles», «La Guerra», «La Despedida», «La Amenaza», «Correspondencia», «Misiva final») que funcionan casi como estampas o cuadros de costumbres. Cada uno avanza la trama a saltos, sin transiciones extensas, dando al conjunto un ritmo más cercano al de una crónica oral que al de una novela decimonónica. Una elipsis explícita («Ocho años después») permite al texto abandonar a la niña Carmen María y reencontrarla ya como muchacha en edad de amar, sin recurrir al desarrollo continuo. Esta primera parte se mantiene en un realismo costumbrista de notable densidad sensorial. Hay calor de siesta, olor a incienso y a caña, polvo en los caminos, ladridos de perros, cigarras que marcan la hora como un reloj natural, aljibes encalados y cantarines, hamacas, máquinas de coser, cántaros y sapos. Sobre ese fondo se mueve un coro de figuras: Ludovina y su difunto marido borrachín José Machuca; Augusto Cabrera, el niño que ya en la procesión advierte el peligro y crece convertido en poeta enamorado; el cura Juan Delgadillo, sus dobleces y sus vinos; el intendente municipal y sus negocios de tierras; Madama Colorida y sus pupilas; las hermanas Balbuena espiando tras las ventanas; las mellizas Oviedo escandalizando al teniente cura; la pruebera Hermenegilda; Veneranda, la anciana extraviada en la lluvia; el cojo Mariano Pineda; el albino Eduardo Mereles. 52


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Pero quizá la decisión formal más arriesgada y exitosa de la obra está en el cierre. Tras una conclusión narrativa explícita («FIN»), el libro se abre a un epílogo titulado «Extensiones y variaciones de la novela», donde la prosa abandona la unidad diegética y se entrega a un mosaico de textos heterogéneos: conversaciones a tres y siete cuadras de tal o cual casa, instrucciones para llegar y para salir del pueblo, canciones populares (entre ellas el Mambrú), una carta de Braulio que pide a Augusto escribir una carta de amor en su nombre, y doce «pequeñas historias halladas en papeles». Algunos fragmentos cortan en seco con la indicación: «El resto es totalmente ilegible». Esa estrategia (el manuscrito mutilado, lo encontrado, lo apócrifo) convierte la novela, en su tramo final, en una suerte de archivo de pueblo, una memoria escrita en pedazos que el lector debe ensamblar. III. Galería humana y construcción del coro Los personajes principales están perfilados con economía pero con eficacia. Carmen María es, ante todo, un cuerpo mirado: desde niña es ofrecida a la mirada del pueblo como sustituta de la Virgen, y desde entonces los hombres (el cura, Augusto, Mariano, el intendente) querrán poseerla, salvarla o domarla. Su madre Ludovina concentra la ambivalencia central de la novela: a la vez devota y oportunista, suegra del pueblo y víctima de él, capaz de inventarle a su hija una vocación mística mientras sueña con el cuerpo de su difunto sobrino Antonio. Augusto, en cambio, encarna el otro polo, el del lenguaje: maestro de gramática y poeta, es el único que «siente la luz de la luna de otra manera», y es por eso, también, quien será reclutado al Chaco. 53


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Alrededor de este triángulo se mueve un coro tan vasto como ambiguo. El cura Delgadillo se acuesta cada martes con Nunila, la pecadora que se autoflagela por las calles, y le confiesa al intendente que prefiere a las mujeres con cofia y rosario. El intendente vende terrenos por dinero hasta que sus propios guardaespaldas, hartos de no cobrar, lo meten en una bolsa de arpillera y lo abandonan en el monte; cuando vuelve, ya está loco. Madama Colorida administra dos burdeles, el Cocodrilo y el Mbopi, como pequeñas empresas en expansión. Las hermanas Balbuena, las mellizas, la modista Valencia Bobadilla, la pruebera Hermenegilda, doña Veneranda y tantas otras mujeres llenan los márgenes con una conversación incesante. La novela hace del chisme su verdadera prosa pública: escena tras escena, la trama avanza no por hech‌ hecho os, s, sino por lo que las comadres dicen‌ dicen sobre los hechos. IV. Religión, poder, mujer, guerra Cuatro grandes núcleos temáticos atraviesan el libro. El primero es la hipocresía religiosa. La caída de la imagen de la Virgen al inicio inaugura una serie de profanaciones cotidianas: el cura toma vino del «bueno» mientras contempla a los santos; recibe limosnas en forma de aros de oro y las gasta en el burdel; recurre a una cofia de monja para excitar su deseo. Cuando la pecadora muere, ni siquiera quiere bendecirla. Su muerte, borracho y a solas en la iglesia, frente al Cristo de la cruz, cierra el ciclo del personaje sin redención posible.

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El segundo núcleo es la corrupción del poder local. El intendente municipal vende terrenos al margen de toda traba burocrática, comparte ganancias con el cura y mantiene a cuatro guardaespaldas para que «le cubran las espaldas». Pero el poder se sostiene mientras hay dinero: en cuanto la guerra detiene los negocios, los mismos guardaespaldas lo eliminan simbólicamente. Su locura final es la moraleja política implícita de la novela: el caudillo de pueblo no muere asesinado, se evapora en el ridículo. El tercer eje es la condición femenina. Las mujeres de Pueblo Negro son modistas, viudas, prostitutas, beatas, espías tras la ventana, ahijadas, madrinas, brujas. Trabajan, esperan, rezan, sueñan, chismean. Algunas, como Ludovina, doblegan al marido inútil cosiendo a la luz de la lámpara; otras, como Nunila, internalizan tan profundamente la culpa que se autoflagelan en plena siesta. Hay madres que mandan callar a sus hijas y madrinas que mandan a sus hijas a curanderas para que les lean el destino del hijo en la guerra. Carmen María, en cambi‌ cambio o,, ensaya una forma de libertad sin programa:‌ programa: rechaza al cojo, escoge a Augusto, decide. Su afirmación final‌ final («creo que puedo quererte») sostiene, con tres palabras, todo‌ todo el peso simbólico de la novela. El cuarto núcleo es la guerra. La novela contextualiza con datos concretos: la mediación de la Comisión Interamericana de Conciliación y Arbitraje en 1931, la refriega cerca de Nanawa el 6 de septiembre de 1931, el inicio formal del conflicto el 9 de septiembre de 1932, las figuras del Mariscal José Félix Estigarribia y del Mayor Garay.‌ Garay. 55


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Pero la guerra se vive desde el pueblo: madres que izan la bandera en una tacuara frente al rancho, soldados que parten en camión hacia Puerto Casado, esposas que aguardan cartas. La carta de Augusto desde el Chaco, donde describe el árbol que «gotea» en la alucinación de un compañero, la lengua hinchada de los muertos por sed y el suicidio de Hugo Valiente al recibir una carta de su novia, es uno de los pasajes de mayor densidad emocional del libro. V. La lengua: castellano, guaraní y latín Uno de los aciertos formales más visibles es el plurilingüismo controlado. Junto al castellano predominante conviven, sin necesidad de glosa, palabras y expresiones del guaraní (karanda’y, taruma, ykua, jasy jatere, pombero, takuara, vori vori, terere, chipas, mbopi, piri, aijuepete), citas litúrgicas en latín (Consummatum est, Pater noster qui es in caelis), y algún italianismo (hai capito). El efecto es doble: por un lado, ancla la novela geográficamente en Paraguay y le imprime una textura sonora propia; por otro, marca la convivencia de registros incompatibles (lo sagrado y lo cotidiano, lo culto y lo popular, lo importado y lo autóctono) que es el conflicto íntimo de los personajes. La sintaxis combina períodos largos, casi musicales, con diálogos cortos y vivos. La narradora omnisciente cede continuamente la palabra al chisme, y de ahí proviene buena parte del humor: las comadres miden a Carmen María, la critican, le inventan amantes, lloran a Nunila, se quejan del calor. La prosa lírica reaparece en momentos clave‌ clave 56


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(las descripciones del cielo, las cigarras, el agua del aljibe, los bucles de la Virgen agitados por el viento) y en el epílogo se desborda en un texto puramente enumerativo, casi cantado, sobre las calles del pueblo. VI. Lecturas posibles y valoración La novela admite varias lecturas simultáneas. Como crónica costumbrista de un pueblo paraguayo de los años veinte y treinta, ofrece una documentación viva: oficios, supersticiones, comidas, bebidas, tipos humanos. Como novela política, denuncia la connivencia entre la autoridad civil y la eclesiástica, así como la rapiña de tierras. Como novela de iniciación amorosa, sigue la trayectoria de Carmen María desde la niña-Virgen hasta la mujer que decide quién la besa. Como novela de guerra, registra los efectos del Chaco sobre quienes parten y sobre quienes esperan. Y como artefacto literario, en su epílogo, la obra se vuelve sobre sí misma y se interroga: ¿cómo se cuenta un pueblo? ¿con cuánta letra, con cuántas voces, con cuántos papeles ilegibles? Su mayor virtud es la capacidad de sostener un tono propio (oscuro, irónico, compasivo, nunca completamente trágico ni completamente satírico) a lo largo de un universo poblado por decenas de personajes. Su mayor riesgo es la dispersión: hay subtramas que apenas se cierran, figuras que aparecen y desaparecen, ramificaciones que el lector menos paciente puede sentir como excesos. Pero precisamente ese exceso es el procedimiento: el pueblo se cuenta solo si se acepta que el chisme, lo apócrifo y lo perdido también son parte del relato. 57


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Pueblo Negro cierra con la huida a caballo de Augusto y Carmen María: «hay mucho olor a muertos en este pueblo; vamos bien lejos». Y sin embargo, el epílogo demuestra que del pueblo no se sale del todo. Quien entra está saliendo, leemos en las instrucciones finales, y quien sale vuelve a entrar. La novela termina, así, fiel a su propia poética: un mundo cerrado al que se ingresa por la lectura y del cual, una vez salido, queda en el lector el polvo, las cigarras y el rumor lejano de una procesión que nunca termina de llegar a la iglesia.

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Tras los pasos sin rendición de Agustín

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En los últimos días hemos visto trascender nuevamente la incansable búsqueda del desaparecido Agustín Goiburú. Siempre de la mano de su incondicional hijo Rogelio, esta vez en el Cementerio del Este y con la colaboración de antropólogos universitarios de EE. UU. Los mismos están sostenidos por fondos de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que colaboran con los países en el cumplimiento de demandas internacionales. Más de uno cerramos los ojos ante la noticia, suspiramos profundo, soltamos el aire y miramos al cielo, deseando que por fin fin sus restos puedan ser hallados. La causa de Agustín ha trascendido como una de las mayores víctimas del nefasto Operativo Cóndor. Agustín fue un convencido de la necesidad de sacar del poder a Alfredo Stroessner. Fue más allá de los métodos planteados por sus compañeros del MOPOCO: cuando notó la rigurosidad y solidez del régimen, se convenció de que la única manera de erradicarlo era atentando contra la persona del dictador. Los intentos estarán, pero la necesidad de no dejar víctimas colaterales y los tentáculos expansivos del sistema de espionaje de la dictadura harán fracasar los intentos. El 2 de febrero de 1977, tras varios meses instalado en Paraná (Argentina), será secuestrado de su domicilio. Años atrás pudo escapar de la Comisaría Séptima, burlando a la policía

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paraguaya a través de un túnel. Pero esta vez la policía se asegurará al máximo de torturarlo y asesinarlo, sin darle la más mínima oportunidad de escape. Un relato que lleva al tiempo, en una madrugada y bajo un pequeño árbol, en un sector del entonces incipiente Cementerio del Este, menciona que unos hombres clandestinamente preparaban un entierro. Cuando se acerca un vecino a consultar tímidamente el motivo de la excavación nocturna, una respuesta lo termina dejando helado: “Omano doctor Goiburú”. Esa pista hoy lleva al lugar, como epicentro de la búsqueda. El hallazgo es necesario, y toda la sociedad debe cooperar en ello. Goiburú merece un entierro digno, un entierro hecho por sus propios familiares.

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No leas de noche

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G A C E T A P A R N A S U S S E P T I E M B R E ‌ ‌2 0 2 6 | V O L . 3 2

La tierra guarda lo que la historia olvida.

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