Noticia Carmesí
Corresponsal Bolivia: Moking.
La Paz, PAB. Hace poco -hará un mes- me propuse escribir noticias, para las veces de periodista “freelancer” que me dignaba hacer para el tabloide local, que se autoproclama –por televisión y a viva voz“el diario popular”. Envuelto en tales faenas me vi buscando noticias de cuenta propia, con una cámara bajo el brazo y mi pluma de confianza, salí al encuentro de la noticia que hiciera “historia”, en este lugar olvidado del mundo –de los psicópatas y asesinos, claro está- y, como fuera de paso, ganar alguno de esos indignos premios periodísticos que se ven tan bien colgados sobre el escritorio del estudio.
Imposible tarea.
La cotidianeidad de nuestros delitos hace imposible una noticia decente, y su idiosincrasia, gestores del desamparo. Así, imposibilitado por la carencia de, por un lado violencia o, por otro, inspiración, obtenía titulares inermes o al menos eso hubiese obtenido si los habrían publicado:
violador múltiple ataca a su treceava víctima, una anciana de 85 años;
Aluvion deja sin hogar a veinticinco familias
Asalto con muerte,
..
Apuñalan colegiala por estuche escolar confundido por cartera.
Gobierno de Evo Morales decreta inconstitucional el paro declarado por comités cívicos de la
1
Claro eso era crónica roja; pero no lo suficiente. Gracias a un contacto en la policía estuve presente en el arresto del violador; el muchacho de dieciséis años era nieto de la victima, que no presentó cargos. Su único pariente quien además los mantenía a ambos, ningún crimen, ningún vicio; sus únicos delitos, la primera borrachera –y consecuente explosión hormonal-, intento de violación y la policía buscando un criminal que justificase su infructuosa existencia. La abuela lloró desconsoladamente cuando dieron el veredicto, veinticinco años para él, el refugio de ancianos para ella. La ley era irreducible.
El aluvión, las lluvias, eso no era noticia; sucedía cada año y a la misma gente. Cuando entrevistaba a los padres, las niñas sacaban del zaguán un pequeño bote de madera que había construido el abuelo hacía ya cuatro años, tan felices como podían; habían esperado un año entero para otra temporada de lluvia. A mis espaldas a los vecinos les entrevistaba un canal de televisión mientras gritaban improperios contra el alcalde y el prefecto; como es usual para las noticias meridianas nadie dijo que eran construcciones ilícitas.
A la niña la asaltaron cruzando la calle, cuando me dirigía al restaurante de costumbre para almorzar; el asaltante, teniéndola del brazo me miraba a los ojos mientras registraba el estuche, no apuñalo a la niña hasta cerciorarse que solo traía cuatro bolivianos en monedas de cincuenta; luego se fue caminando, el puñal envuelto en un periódicucho que reconocí por reflejo, el que él leía o pretendía hacerlo. 2
Hasta eso yo había tomado unas fotos magníficas y corría a socorrerla; pero era demasiado tarde. Tomé dos fotos más. Las fotos se habrían llevado una portada y yo quizá un premio; pero no fue así, el asaltante volvió tras caminar una cuadra y verme. Volvió por la cámara y por el puñal húmedo aún sediento de sangre; tres golpes en el torso y registro en la cartera; mientras se marchaba pude escuchar como le tintineaban los cuatro pesos en el bolsillo. Así obtuve mi primer titular –algo modesto, debiera decir.
“Novelista cae en coma al ser apuñalado por socorrer estudiante”
La fantástica foto y el premio fueron por cuenta del colega que me esperaba a almorzar, la undécima fotografía de su cámara de apoyo era exquisita; un charco de sangre, la niña en brazos, el puñal en la caprichosa posición que no descubría si la hoja entraba o salía, la chaqueta verde, la calzada y el contraste carmesí eran únicos, no pude más que llorar mientras la veía, eso era poesía.
Por Moking, el insalvable.
3