666 Volumen 1
Iconoclasta
Mayo 2012. Puebla. MĂŠxico.
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Índice:
1.
666 Presentación. Pág.: 5
2.
666 y las vacaciones del rebaño. Pág.: 12
3.
666 de paseo por el cementerio. Pág.: 21
4.
666: Golpe de calor. Pág.: 37
5.
666 y el mecánico del barrio. Pág.: 45
6.
666 y la infancia. Pág.: 49
7.
666 y los pantalones de campana. Pág.: 57
8.
666 y una meadita. Pág.: 64
9.
666 y unas chocolatinas. Pág.: 72
10.
666 en Bangkok. Pág.: 79
11.
666 y la historia de mi nombre. Pág.: 94
12.
666 Insensible. Pág.: 100 2
13.
666: a veces los trabajos salen mal. Pág.: 109
14.
666: Tele maratones. Pág.: 120
15.
666: Asesinos y celebraciones. Pág.: 127
16.
666: Un terremoto. Pág.: 134
17.
666 Oscuridad y ruido. Pág.: 142
18.
666 y los felices viernes. Pág.: 148
19.
666 Días de emoción y riesgo. Pág.: 158
20.
666 con un moribundo. Pág.: 163
21.
666 La familia. Pág.: 171
22.
666 ve la tele. Pág.: 177
23.
666 y una princesa monacal. Pág.: 182
24.
666 en la Antártida. Pág.: 188
25.
666 jode a un querubín. Pág.: 193
26.
666 y las adolescentes calientes. Pág.: 201 3
27.
666 Trabajando en Israel. Pág.: 209
28.
666 y la violencia de género. Pág.: 223
29.
666 crea una ninfómana. Pág.: 242
30.
666 Francotirador y Dios herido. Pág.: 262
31.
666 Origen de la Dama Oscura. Pág.: 286
32.
666 y la ablación. Pág.: 299
33.
666 Mi nacimiento como el Mal. Pág.: 313
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666 Presentación.
Marchando con el rostro serio, cansado y con ganas de fatigarme aún más. Mucha tensión acumulada. Las calaveras resecas crujen bajo mis botas y parece que se quejan: "Estamos muertos, no nos pises más". Y no les hago caso; deben padecer cefalea. Además, supongo que toda esa fragilidad se debe a que no han tomado suficiente calcio en los últimos noventa años. Afortunadamente no hay un solo rayo de sol; pero sudo copiosamente. Es esta ira. Y mis párpados están escaldados provocando que fuerce una torva mirada que asusta al viento. 5
No me asusta la muerte ni los muertos; y en caso de que las cosas se pongan feas me sobra valor para lanzarme a la yugular de la muerte. Cuando me lo propongo, dios llora. Y Satanás me da palmadas en la espalda. Flora Thompson escribió en El vuelo de la alondra: "El toro viejo viene hacia mí, con la cabeza gacha, yo no retrocedí... Fue él quien se retiró". Si yo hubiera sido el toro le habría seccionado la femoral en milésimas de segundo. Aunque si me diera la gana podría ejercer la misericordia y no mirar a los humanos como los insectos que son; esas vidas preocupadas y agobiadas por intentar morir ricos; en muchos casos sin disfrutar lo ganado. En algunos casos los tarados nacen ricos y disfrutan su
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sarnosa vida como los emperadores romanos: sodomización tras sodomización. Marcho con el rostro un poco más alegre; le he pisado la cabeza a una rata y ha crujido, os hubiera dado grima de haber oído ese sonido, aún arrastro un trozo de carne sanguinolento en la bota. No importa, nunca he sido delicado. La mano en descomposición sube metros hacia el cielo cuando la elevo de una patada y a media altura le vuelvo a acertar con el pie y me salpica algún líquido venenoso por el tiempo, infeccioso. Me limpio con la camiseta y sigo andando. Hoy no ha sido un día precioso, no me he cansado lo suficiente; pero me han molestado más que de costumbre, me molestan con su existencia. Debo castigar, me da igual quien pague... No, no me da igual, busco con 7
saña al que ha de pagar. Por eso estoy aquí, para no matarlo rápido, me desahogo en este cementerio de parias. Tengo unos prontos muy malos, desproporcionados. Dios me lo dijo una vez: "ese odio tuyo hace daño al mundo entero". Satanás el muy pérfido, me toma por idiota y me dice: "Deberías ser más agresivo" y se aleja un poco de mí cuando me dice esto. Y Satanás soy yo… Desgraciados. Lanzo un grito atroz y supongo que alguna venilla de la laringe se ha reventado, porque sale sangre. Y me gusta ser tan macho. Cojo una tibia (debe ser de un crío a juzgar por el tamaño) y doy golpes fuertes y letales a todas las cabezas peladas que veo. Hay una con pelo y me concentro en ella, le acierto en la sien y sale rodando; en plena carrera una bola se desprende siguiendo un curso 8
errático: el único ojo que le quedaba. ¿Será posible que el ojo aún pueda ver como ente individual? Lo cojo y a pesar de lo mal que huele, me lo acerco para observar a través de la niña pero; sólo hay muerte ahí, no hay viejas esperanzas ni sueños de liberación. Lo hago estallar entre mis dedos con rabia. Como si fueran los ojos de ellos, de él, de ellas. De los que me deben respeto y sumisión porque soy mejor que ellos. Amor, sí destilo amor por todos los poros de mi cuerpo. El amor es un sentimiento que nace directamente en mis cojones. Me rasco con ganas el tatuaje este de los huevos "666", el puerco de mi padre me tatuó nada más nacer dice mi madre. Mi madre es otra puerca, la odio. Me gustaría tener padres para poderlos odiar, a veces divago con románticas ideas. 9
Pero ahora me siento tan atado al mundo, me siento tan prisionero e infectado por los humores de tanta gente, que necesito desahogarme, liberar toda esta presión es opresivo. Me ahogo. Un cerezo... En estos momentos me hubiera dado igual que hubiera sido un niño de teta, saco el hacha de mi cintura y lo destrozo con golpes inhumanos, el árbol llora y se parte, el árbol gime y sangra; es extraño. Pero esto mejora y me siento muchísimo mejor. Se acaba este camino de muerte y salgo a una verde pradera y me siento bien. Aún llevo en la otra mano la tibia. El hacha se ha roto y la he dejado haciendo compañía al árbol caído que bien hubiera podido ser un querubín de los cojones con sus alas manchadas de sangre. Me da igual.
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El anciano me saluda, como hacen los caminantes, yo le impacto con la tibia en la frente y muere mirĂĄndome con extraĂąeza. Ha sido un mal dĂa. Pero nos volveremos a ver. Siempre sangriento: 666
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666 y las vacaciones del rebaño.
Amo mi trabajo por encima de todas las cosas. Siempre pienso en él, a todas horas, con total dedicación. Ejercer este poder es algo que me supera. No puedo evitarlo. En los días veraniegos circulo mucho por las carreteras, por las autopistas menos y no es por el peaje; simplemente en las carreteras ocurren muchos más accidentes por la cuestión de los adelantamientos y la circulación de bicicletas. No voy con un coche llamativo, me sobra dinero para llevar un Lamborghini Murciélago cuando me da la gana. Pero es que hay momentos que requieren discreción. Sería 12
absurdo contemplar la agonía de un accidentado entre los amasijos de acero de su mierda de coche llevando un bólido exquisito. Se me podría tildar de ricacho caprichoso. De esnobista con cierto gusto por lo kitsch. Así que presto mucha atención sobre todo a los coches que van muy cargados y tienen más de tres años. Los sigo esperando que ocurra lo inevitable. Yo no fuerzo la cosa, podría hacerlo pero; me gusta más darle libertad a los idiotas, es un aliciente más. Pasar un poco de incertidumbre no puede hacer daño. Ahí va un Renauscenic cargado con tres críos y el matrimonio delante. No corre mucho, lleva mucho peso y es un diesel barato; pero el julandrón del conductor intenta adelantar a una furgoneta. La furgoneta acelera cuando ve la maniobra, es algo habitual y hay muchos primates 13
subnormales que sienten envidia de que los adelanten. Es un defecto del tamaño de su polla; algo psicológicamente ligado con el coche que conducen. El tonto del Renauscenic insiste en adelantar. Se aproxima un cambio de rasante y la mala suerte quiere que aparezca otro coche en sentido contrario y el del Renau deba maniobrar hacia la cuneta para evitar el choque frontal; pero como todo buen idiota sin suerte, resulta que la cuneta acaba en un desnivel de seis metros y cae dando tumbos, haciendo ruido a lata y la sinfonía caótica de primates gritando de miedo y dolor. Nada espectacular; pero letal para los que van dentro. Podría haber pasado de largo tan ricamente, al fin y al cabo no me dice nada eso.
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Es por el amor que tengo por mi trabajo, y sí que me importa lo que les ha ocurrido, mi único fin es mataros, destrozaros, y violaros; el orden me es indiferente. Así que sitúo la mierda de mi utilitario en el arcén contrario y bajo el talud por donde ha rodado el ahora destrozado vehículo. Hay un sucio rastro de enseres y juguetes, de zapatos y prendas de vestir. Aceite, combustible, agua y sangre. El automóvil ha quedado con las ruedas al aire. Me agacho y en la parte trasera veo la cara de un crío bañada en sangre y no respira. Otro tiene el cuello girado de una forma absurda y un obsceno bulto en la derecha de su cuello y bajo la mandíbula, es el que provoca esa extraña posición. Por supuesto tampoco respira. Veo otro pequeño pie que asoma por la ventanilla contraria y que no 15
se mueve. Y de una forma casi divertida, permanecen en sus asientos cabeza abajo sujetos por el acero plegado en sus piernas y el cinturón de seguridad. En la parte delantera el marido tiene el volante pegado al esternón y en su cara multitud de vidrios clavados. Le cuelgan los dedos índice y corazón de la mano derecha, aún respira. La mujer jadea y se toca un corte profundo en la cabeza, no se da cuenta de que se está tocando sus propios sesos, las piernas están enterradas entre acero y plástico del salpicadero. La sangre se desliza erótica por sus muslos para acabar goteando hasta sus tetas gordas y bien hechas. La verdad, es de lo más excitante. Me aprieto la polla con fuerza mientras la oigo y observo jadear y sus pechos se balancean; morir provoca una respiración
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parecida a la de la excitación sexual. Siento que mi respiración se ha sincronizado con la suya. Puedo ver la areola de un pezón. Sus piernas se hallan, como ya he dicho aprisionadas, pero su falda se mantiene levantada y sus bragas blancas (aunque ahora rojas) dejan entrever un pubis muy poblado de vello empapado en sangre, que se desliza hacia el vientre. Se encuentra en estado de shock. Le meto la mano dentro de las bragas y masajeo su coño. Yo diría que le gusta, me bajo la cremallera del pantalón y estimulo mi pene dando golpes con él en la mejilla de la mujer, para esta acrobática maniobra, he tenido que tirar de la hombrera de su blusa para que saque por la destrozada ventanilla el tronco. Por un momento abre los ojos y para mi decepción resulta que no ve nada, no se asusta ni se asombra de ver mi 17
glande a unos centímetros de su cara. Me agarro fuertemente el pene y bombeo con el puño con fuerza, me hago daño y parece que el glande va a reventar, ha adquirido un color morado debido al torrente sanguíneo que se acumula. Le penetro la vagina con tres dedos, sin ningún tipo de cuidado, con sadismo; quiero que le duela. Lo consigo, se queja y a mí me flaquean las piernas por la excitación. Sigo con el pene entre mi puño, bombeando adentro y fuera, rozándolo con los labios cerrados de la mujer. Estoy a punto de eyacular y golpeo su cara con mi polla de un modo febril y salvaje. Acomodo mi pene en la mano izquierda y vuelvo a cogerle la vagina con fuerza, con sadismo, con un deseo insano de arrancársela y comérmela...
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Y empiezo a eyacular con un grito atroz, pájaros escondidos entre la alameda salen volando con mi grito y el marido parece mover la cabeza. Mi semen impacta contra la cara de su mujer y se desliza al techo del coche perezosamente. Le ha entrado en la nariz un poco de semen y eso la hace boquear un poco. Me siento en el suelo a fumar un cigarro y acaricio suavemente mi aún excitado pene. Se me cae la saliva y me la recojo con el dorso de la mano. Y tras el grito un silencio solemne. Escucho con suma atención y ansiedad como ella empieza a agonizar. Con su cara manchada de mi semen, me la llevaré al infierno. Ha tenido suerte, porque allí tendrá placer día sí y día también. Y disfruto del momento mágico, adoro mi trabajo.
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Para que luego digan que el calor atonta los sentidos... Las vacaciones del rebaño a veces son las mías también. Id con cuidado cuando conduzcáis, aunque a mí me la pela. Hasta dentro de poco. Siempre sangriento: 666
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666 de paseo por el cementerio.
Siempre ocurren cosas desagradables que te joden los mejores momentos. Es igual que seas Dios o el asesino de Jesucristo. No sé que pasa; pero la cuestión es que uno siempre acaba teniendo que soportar a un imbécil en el momento más inoportuno. Aunque nunca existe el momento oportuno para soportar a un imbécil. Ni a nadie. Me encuentro un poco melancólico, un tanto espeso. Tal vez es que estoy especialmente sensible por nada en concreto. En definitiva soy parecido a los humanos pero mejor y más poderoso.
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Tal vez, debido a mi estado de ánimo el cielo tiene un tono plomizo, denso. Amenazador. Soy suficientemente poderoso para influir en todo. El cielo está muy bajo. Cualquier poeta cándido diría tonterías del manto gris y pesado, que si se pueden tocar las nubes, que si la melancolía del espíritu y mil estupideces más. Hace un ligero viento apacible y sereno, me revuelve el pelo y me relaja. Es algo de agradecer. Me insta casi con zalamería a que entorne los ojos por el placer que me provoca. No es un día festivo, y es muy temprano; el cementerio está vacío de seres vivos. Es el momento mágico, es el momento en que empieza a salir tímidamente el sol y cuando puedes sentir con claridad los agónicos lamentos de los 22
muertos; sus súplicas, su miedo a la soledad y a la oscuridad. Pero sobre todo el miedo que sienten entre sí. Los muertos se tienen miedo los unos a los otros. No se conocen. Los oigo perfectamente. Y cuando alguno de ellos nota mi presencia calla por unos segundos para después gemir de pánico, como un lobo herido. En un doloroso crescendo que me hace sentir aún más poderoso. A veces se rompen jarrones de marchitas flores que adornan los nichos o bien las imágenes de estúpidos santos casi siempre esculpidos en albo mármol, apartan su mirada de mí y la dirigen al suelo, temiendo que me fije en ellos, que les haga daño. A pesar del aire frío, visto un fino pantalón de lino y una camiseta de tirantes que deja ver en uno de mis 23
poderosos hombros el tatuaje de la cabeza decapitada y sangrante de Cristo, el cual luzco con orgullo. Es que soy un tanto chulo y fetichista. Entre mis dedos jugueteo con un puro habano Cohiba pornográficamente caro y bueno. Y los hay que se mueren de hambre… No seáis hipócritas, eso no lo habéis pensado, solo pensáis en que os gustaría tener mi poder. Un lamento llama mi atención; ha callado tarde al notar mi presencia. Me acuerdo de esa voz. "Elvira Landa Ursulina 1935-1997. Tus hijos y nietos no te olvidan". Se trata de la típica vieja regordeta, de pelo escaso y teñido de lila. En la foto del barato nicho posa muy feliz entre sus hijos y nietos. Lleva un vestido azul 24
oscuro que le llega a los tobillos; para disimular su obesidad. Cuando me acerco a la puerta del sucio vidrio del nicho y paso por él mi lengua gorda, húmeda y sucia, ella grita y llora. Ahora su cara en la fotografía se ha tornado una máscara de horror y pánico. Llora mucho. Sus familiares no se enteran de nada y siguen riendo felices a la cámara. Ella está completamente sola y abandonada a mí. Como cuando la maté. Mis queridos muertos... El tiempo empeora, el cielo está a punto de reventar, como cuando Dios le dio a Moisés las dichosas y tramposas tablas de los diez mandamientos. Dios siempre ha sido cuidadoso con el decorado. Como yo. Me quedo quieto ante esta tumba hortera saboreando todo ese miedo. Soy tan tenaz en ello, que los pequeños 25
querubines que adornan las esquinas de la lápida se tapan la cara y se han abrazado los unos a los otros para intentar mitigar este horror que provoco. Hace ya seis años que Elvira se encontraba en la parada del autobús, transmitía felicidad, calma. Era una mujer tranquila y contenta. Lo detecté enseguida; con todo mi asco. Con toda mi aversión. Se hallaba sentada en el banco, bajo la marquesina de la parada y en el regazo llevaba un cesto de mimbre vacío. Era muy temprano. La odié al instante, con toda mi podrida alma. Cuando me senté a su lado en el banco le deseé buenos días y ella me devolvió el saludo. Rebosaba tranquilidad y bienestar la muy cabrona.
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Por la calle no andaba nadie a esas horas, era sábado. Me dijo alguna tontería sobre los boquerones frescos en el mercado a esas horas tan tempranas. No le respondí, ni siquiera la miré y calló. Se notaba la influencia del puerco dios en esta vieja. Cuando le clavé profundamente el puñal de doble filo en el michelín lumbar izquierdo, no gritó; se quedó muda por el shock y se meó encima. Seguí prolongando el corte en redondo, buscando llegar justo al extremo opuesto con simetría y perfección, sin sacar el puñal. Noté el momento en que cortaba el riñón izquierdo. La columna vertebral me obligó a sacar un poco el cuchillo para seguir el devastador tajo y cuando la pasé de largo volví a hundirlo con brutalidad. Seguí el corte, corté el riñón derecho y al llegar justo al extremo opuesto del inicio del corte, saqué el puñal. 27
Lo hice lentamente, con perfección. Movía las piernas en un infantil y espasmódico pataleo durante la ejecución del doloroso corte. La sangre fluía desde su espalda al gordo culo para empapar el vestido y caer al suelo, mezclándose con sus orines. El banco se empapó de sangre que se iba tornando espesa y formando cuajarones. Mientras agonizaba atenacé con fuerza su vagina con mi mano derecha para sentir en mis manos el famoso orgasmo de los humanos ante una muerte violenta. Le noté el coño un tanto resbaladizo; pero no sé exactamente si se debía al cacareado orgasmo o a la orina que se le escapó. Le lamí la cara para beber sus lágrimas. Pero a mí las viejas no me van. Que conste. Fue una de las pocas veces que oí gritar a Dios pero; no le hice ni puto caso. 28
Alguien debe enseñar a la humanidad lo que es el dolor, la verdadera maldad. La desinhibición completa de cualquier tipo de moralidad. Se ha de conocer lo malo y lo bueno. Sabía que aunque parecía no respirar, estaba aún consciente, le saqué la dentadura postiza, y metí el pene en aquella boca vieja y seca. Apenas eyaculé, el autobús llegó, el conductor abrió la puerta por pura costumbre y sus ojos se abrieron como platos, yo me miré la polla pensando que era más gorda que larga y que no había para tanto. Soy muy irascible cuando he tenido un orgasmo. Salté al interior del autobús, y antes de que pudiera cubrirse con las manos, le hice un tajo en el cuello que salpicó el parabrisas. 29
Me largué tranquilamente sin parar el motor del autobús. No tengo corazón. —Te visitaré un día de estos en tu celda de mi infierno, vieja —le dije a la Elvira cuyo rostro lloraba entre sus familiares. Y ahora que me he saciado de todo ese miedo tras hacer revivir a la buena de Elvira su muerte, sigo mi camino. Tranquilo y con el buen sabor de boca que te da un encuentro único. Es un día perfecto. Perfecto hasta que como os he dicho, aparece el imbécil de turno para joder la marrana. Entre los lamentos de los muertos escucho una voz humana, una respiración entrecortada; ese tipo de 30
respiración que es el resultado de sorber mocos y lágrimas llorando compulsivamente. Giro un par de bloques de nichos a la izquierda y me encuentro a un hombre excesivamente abrigado mirando un nicho que está por encima de su cabeza. Tal vez ronde los cincuenta y pico. Me acerco a él por curiosidad, para sentir su pena. Soy un tanto morboso. A veces los crueles actuamos por puro capricho y nos metemos donde no nos llaman. Dios no le presta atención alguna. No se ha fijado en él ni en su dolor. Lo ha ignorado. Dios no es tan bueno como dicen. Le saludo y me saluda, miro la lápida: se trata de su mujer; lo sé por la foto y porque soy muy listo. Soy un zorro. 31
Cuando me da la gana lo sé todo. —Ha muerto muy joven. —Tenía cuarenta y seis, cáncer. La mujer se encontraba atontada por la morfina, drogada para evitarle dolor en la habitación del hospital. Metió la mano en su coño y se hizo una paja allí mismo. Lo veo en su mente idiota. —Lo siento. Mi curiosidad ha quedado saciada y sigo mi camino, no quiero que nadie amargue el bienestar que siento hoy. Comienza a llover y siento el deseo de rugir como un león, sé hacerlo muy bien. De hecho los leones me imitan. —Sólo espero reunirme pronto con ella, si Dios quiere.
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Para follarla por el culo. Antes de que la mujer sintiera un agudo dolor en los ovarios y fuera al médico, él la follo por detrás, estaba borracho. A ella le dolió tanto y se lamentó tanto, que él tomó por costumbre darle por culo día sí, día no. Yo también lo hubiera hecho; pero sin ir borracho. Parece que va anochecer por la forma en que se ha oscurecido el cielo. No quiero oírlo, me está irritando, debería callar; además no tengo ganas de trabajar. Cuando un humano habla, se pierden los matices de los llantos de los muertos y no me hace gracia. Eso me pasa por ser amable. — ¿Usted ha perdido a alguien recientemente?
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Joder, es la segunda vez que me dirige la palabra a pesar de saber que me estoy alejando, es un puto pelmazo egoísta. El típico tío dispuesto a joder cualquier momento de gracia. Así que me acerco a él y noto realmente lo mucho que desea morir para reunirse con ella. Pues este idiota no se va a salir con la suya; así que le sujeto la cabeza fuertemente haciéndole una estrangulación con el antebrazo izquierdo, él intenta aflojar mi presa, no puede. Yo le clavo repetidamente el cuchillo en los ojos, sin penetrar mucho, sólo pretendo dejarlo ciego, no matarlo.
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Antes le he dejado ver cómo en la foto, su mujer lanza un mudo alarido. Durante su grito una imagen en mármol negro de la Virgen María en un panteón se ha llevado una mano a los ojos para no ver el horror. Las puertas de los nichos se abren y se cierran, los vidrios caen hechos añicos. Esta es la comunión de la maldad, la auténtica. Este imbécil pesado no morirá, vivirá hasta el asco y su última visión ha sido el horror en el rostro de su mujer. Vivirá con la obsesión de que su santa está sufriendo interminablemente, su dolor no tendrá fin. Y cuando quiera dormir no podrá hacerlo. Le ofrezco una calidad de vida miserable. Con lo a gusto que estaba yo, joder. 35
No deberían dejar entrar a cualquiera en un cementerio. Ya os contaré más adelante alguna que otra truculencia más. Siempre sangriento: 666.
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666: Golpe de calor
¿Golpe de calor? ¿De verdad os creéis que todas esas muertes de viejos y enfermos durante la temporada de verano se deben a un golpe de calor? Yo hice llorar a dios, sigo haciéndolo llorar y matando humanos. Mi trabajo no tiene fin y la agonía y el dolor nunca desaparecerán de la faz de vuestra asquerosa tierra. Durante una visita a París encontré una vieja en un parque, sentada en un banco y asándose al sol la muy subnormal, observaba como las palomas comían las migas de pan que les había esparcido por el suelo. Movía los labios hablando sola como hacen ya muchos viejos que 37
poca vida les queda. Es como un repaso a su mediocre vida. Me dan asco las palomas. Con el tremendo calor que hacía no había apenas nadie por el parque, me senté frente a ella; pero bajo la sombra de una higuera. Yo no soy delicado y si tengo que molestar o importunar o matar a alguien, me la trae al fresco su edad. Los primates, sean jóvenes o viejos, machos o hembras, siempre son susceptibles de ser torturados, vejados, asesinados y denigrados. Fijé mi mirada en ella, concentrado. La vieja dejó de mover los labios y hubo un brillo de reconocimiento en sus ojos; estaría senil, pero no era tonta. Estaba dispuesto a matarla cuando pasó entre nosotros una puta de lujo paseando a su perro, un pequeño animal con un lazo en el 38
pelo que le caía encima de los ojos. La muy guarra, en lugar de dejar que el pelo le protegiera los ojos, se los había desprotegido con su idiota ocurrencia. Pensé en cortarle los pezones y dárselos de comer al perro. Parecían taladrar la tela de la camiseta que los cubría. El short se le metía en la raja del culo y un letrero de neón parecía flotar por encima de su cabeza diciendo: Soy puta. Debido a mi natural lujuria, estuve a punto de olvidarme de la vieja y destrozar a la puta de la melena castaña y lacia, de largas piernas. Por desgracia para la vieja recuperé el control y me saqué la polla a través de la bragueta, se me había puesto dura y ante ella la cogí con firmeza y me la meneé. Retiró la mirada e hizo el amago de levantarse.
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—No te muevas, mona de los cojones. Te quedarás ahí hasta que te diga. La vieja se sentó sin mirar a las palomas, observándome fijamente. No quise empujar su alma, no tenía el más mínimo deseo de darle placer antes de morir. Y me la casqué, el temblor de la boca de aquella vieja era todo lo que yo buscaba, su miedo. Ese miedo que ni siquiera la potente luz del sol y la vida girando a nuestro alrededor era capaz de ahuyentar. Yo movía mi rabo con lujuria, me saqué los cojones fuera del pantalón y gruñía. Por el rabillo del ojo pude ver como un hombre que se acercaba, daba media vuelta para alejarse. No transmito buenas vibraciones.
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La vieja lloraba y yo sentía cómo mi estómago se contraía, el glande ya se había cubierto de una pringosa capa de fluido y a cada segundo, hacía bajar y subir el puño con más fuerza. Cuando eyaculé, el primer chorro de semen cayó en mitad del camino del parque, entre las migas que las palomas picoteaban. Al ver aquel líquido, las palomas se apelotonaron y pelearon por picotearlo. Son asquerosas, siempre juntas, siempre en bandadas. Son unos anímales estúpidos donde los haya. Después de eyacular me siento más violento y salvaje, de un humor de perros si imaginamos que los perros sueñan con ver todas las cabezas de la humanidad pinchadas en un campo de estacas.
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Me acerqué a la vieja con el rabo aún fuera del pantalón, duro y goteante, había cerrado fuertemente el puño. Cuando estuve frente a ella, al alcance de mi brazo, lancé el puño contra su corazón con la fuerza que sólo un dios (anti dios si os resulta más claro) posee. Noté como su pecho izquierdo se aplastaba, noté su plexo solar debajo de su arrugado pellejo y noté como su corazón se colapsaba ante el brutal golpe. No tuvo tiempo ni de mirarme a los ojos; su boca se abrió para lanzar un lamento y no salió nada porque hasta sus pulmones se habían paralizado por el puñetazo. He matado búfalos de esta forma por mero deporte. Por simple maldad. Sonó a roto algún hueso. Fue genial, sentí su muerte en mis nudillos. 42
Cuando llegó al hospital la entubaron para no sé qué cojones y certificaron su muerte a los cuarenta minutos. Alguien debió decir algo sobre el tremendo hematoma que se extendía por su seno izquierdo. Pero al final, por cuestión de estadísticas, publicidad y engaño dijeron que fue un golpe de calor. Los franceses no son un ejemplo de sinceridad, ni siquiera de espíritu trabajador y el forense tenía demasiado calor como para tener que abrir un viejo cuerpo que ya no importaba a nadie. Os juro que es verdad, podéis desenterrar su viejo cadáver y veréis como le partí el corazón literalmente. Así que cuando oigáis en las noticias casos de golpes de calor, pensad en mi calentura, en mi forma de correrme y en mi ira, en mi ansia por destruiros. El menor problema que tenéis los primates, es el sol. 43
En la cola de caja de un Carrefour hundí profundamente en la garganta de un bebé de meses su chupete, cuando dejó de respirar saqué el chupete y lo dejé al lado de su cabecita. Su madre estaba justo a mi lado, en el lado opuesto del cochecito. Soy un maestro para estas cosas. He nacido para esto. No os preocupéis, ya os seguiré contando cosas, cosillas; banalidades divertidas y académicas. Golpe de calor... ¡Qué idiotas! Siempre sangriento: 666
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666 y el mecánico del barrio.
Veréis, las cosas no funcionan como os trataron de inculcar en religión, yo no convenzo a nadie de nada. Simplemente les muestro lo mucho que pueden disfrutar y gozar. Y caen como pardillos. Dijéramos que a los crueles nos gusta el juego y que los insectos humanos son un buen entretenimiento. Pongamos que quiero que el cabrón del mecánico que os arregla el coche, se convierta sin previo aviso en un violador activo. Yo me acerco a él, y sin que sepa cómo, me ve a mí, me sueña penetrando a la dueña del coche que está muy buena y es su vecina. Le enseño y le muestro con una realidad que roza lo mitológico mi forma de hacerla chillar 45
de placer. Su pene se pone más duro que la voluntad del buen dios (recuerdos de mis partes para la marisabidilla creadora; que por cierto no es para tanto). El mecánico no se puede quitar de la cabeza el movimiento desbocado del pubis de la mujer y esa humedad interior que le lubrica el pene, que se lo inflama hasta el dolor. Las manos de ella tirando de mi verga, sacándosela de sus entrañas para acariciar el clítoris con el brillante y terso glande. El simple mecánico entra en hiperactividad sexual y yo consigo que a la dueña del coche se le caigan las llaves al suelo, y le muestra al mecánico sus bragas metidas en su sexo. El mecánico, hasta que a mí me dio la gana, fue un hombre normal, buen marido, excelente padre y gran 46
trabajador. Un ciudadano integrado; un santurrón de los cojones, vamos. Me cargan estos tipos. Yo sigo tirándome a su clienta, cada vez que se cruza con ella, él se ve a si mismo follándola. Es obsesivo. Un día cualquiera bajará al parking donde la mujer aparca su golfcabrio y la violará todas las veces que pueda para luego matarla. Sé que la matará con una llave inglesa porque no es muy imaginativo. Le hundirá la sien izquierda de un golpe mientras ella llora encima del capó. Es un hecho. Es mi trabajo. Pero fijaos que no he mediado palabra con él, no le he dicho nada. Tan sólo le he mostrado como hacerlo. No hace falta convencer a un imbécil de este tipo. Sólo 47
enséñale como se hacen las cosas y él lo hará. Siempre y cuando lo que enseñes sea didáctico y ameno. En definitiva, tan solo les abro los ojos y ellos solitos se lanzan al precipicio. No os creáis que soy sexista, últimamente hago circular una puta por las carreteras que cuando se la va a chupar a un cliente, con una cuchilla de afeitar entre los dientes, les corta la bolsa de los huevos mientras eyaculan. El resultado es un tanto aberrante y sucio; pero ella ha encontrado su camino gracias a mí y no al puerco de ese buen dios. Esa es mi niña... Ya os seguiré contando... Siempre sangriento: 666 48
666 y la infancia.
Siempre he sentido una debilidad especial por los niños, sobre todo antes de que lleguen a la adolescencia con todos esos granos y sus olores sexuales alborotados. Y su ridícula y pretendida autosuficiencia. Prefiero a los niños que están entre los cinco y los doce años como mucho. Son la hostia de sinceros y te dicen las cosas claras, con inocencia y sin alarde de macho en celo. Por otro lado sus madres son más jóvenes y están sumamente buenas y muchas de ellas muy calientes; porque al final, las amas de casa piensan en follar y en mí. Tienen ganas de ser penetradas por sorpresa mientras hacen las tareas del hogar. Sus vaginas suelen estar húmedas y sus 49
ojos buscan al macho ejemplar. Me buscan a mí, lo noto cuando paseo por los colegios. Lo noto cuando me acerco a ellas y sus pezones se ponen duros. Y hay una mama que viste una blusa turquesa tan ajustada, que los espacios entre botones se abren dejando ver su pálida piel del estómago y del vientre. Sus pechos. Con mi elegante traje de paño Tamburini estoy muy apetecible y me miran las mamás primates pensando que soy una mierda de ejecutivo de gran empresa. ¡Qué poco cerebro tiene la peña! Hay algunas madres que poco a poco se me han acercado con la excusa de que su hijo me pueda molestar al corretear por el parque.
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Adoro a las madres con hijos pequeños que desean ser penetradas, lamidas y sodomizadas como putas. Les digo que son críos y le obsequio con un caramelo al tierno infante. Un caramelo con un corazón interior de cocaína pura, una dosis pequeñísima, tan solo para acostumbrarlos a su consumo. No es que sea un camello, sólo pretendo destrozar a la humanidad entera, enterrarla en droga o en mierda. Me es igual. Un día ese niño con corte de pelo de capa y flequillo por encima de los ojos tan mono, se encontrará con una hemorragia nasal y lo siguiente que hará será tirarse a su novia sin pudor, sin darle placer y echará su vida a perder a los veintipocos años. O hasta que tras una esnifada se
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lleve la mano al puente de la nariz porque la droga parece que le va a reventar la nariz. Si un día lo probáis, ya me contaréis, inducir a la miseria a un ser humano no es tan explosivo como o desmembrarlo pero; el placer es mucho más tranquilo y duradero. Porque soy una bestia. Soy la bestia y cumplo con mi trabajo. De todas formas, cuando no me encuentro de humor no soporto ni al puerco dios, no soporto que se me acerque ningún humano, por muy pequeño y joven que sea. Así que el pequeño bastardo que corre con un chupachup en la mano a mi alrededor, como un autista; va a tener un accidente. Y aunque mire el mismísimo dios a dos milímetros de distancia, no se dará cuenta de cómo he 52
sabido ponerle un pie y lograr que el pequeño bastardo de apenas cinco años estrelle su cara contra el canto de un banco de granito. El ruido a hueso quebrado ha sido duro incluso para mí. Se le han roto los incisivos y en su frente se ha abierto una fea brecha. Lo cojo en brazos separándomelo del cuerpo para que no me manche el traje y grito por su madre. Le meto un caramelo de cocaína en la boca para que se calme; la madre viene corriendo hacia nosotros y se lo entrego en los brazos, grita como una cerda. Solícito yo, paro un taxi, y mirándole directamente la abertura de la blusa que muestra un sujetador de blonda blanca, me da las gracias y se mete en el taxi, yo a su lado. El pequeño, tras la sutura de la herida de la frente y la cura de los dientes rotos, ha de quedar en observación. 53
La madre es una divorciada, que me agradece mi ayuda. Estamos en el bar del hospital. Invado la mente de la madre, la obligo a entrar en los servicios de hombres y se mete en un inodoro. Cuando entro ya se ha sacado las bragas, me recibe con la falda levantada. Me la follo por el culo, por un culo virgen que me ha costado un poco taladrar. Le dolía de verdad y la he obligado a que me limpiara la sangre y la mierda del pijo con la lengua. Estamos sentados en la habitación, velando por el niño que ahora duerme tras el disgusto de los puntos. Siento deseos de hundir mi cuchillo en su tórax y arrancarle el corazón para metérselo en el coño a su madre.
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Pero me apetece que me haga una paja; así que cojo dulcemente la mano de la mamá y la conduzco de nuevo a mi bragueta. —Me la vas a pelar delante de tu hijo. Me corrí en su mano; abrió el bolso y sacó un paquete de pañuelos higiénicos. —Te limpiarás con la lengua. Cuando me cansé de ver como se lamía las manos, me largué de allí. Si no follo en los hospitales, me duermo y me aburro. Mamá continúa sentada y cargando el peso sobre la nalga derecha para no presionar su ano desgarrado.
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Los ojos se le han ensuciado con restos de rímel, parece una yonqui en un mal viaje. Y tampoco entiende muy bien como ha ocurrido todo. Y sé hacer muchas cosas más, ya os contaré. Siempre sangriento: 666
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666 y los pantalones de campana.
Hace apenas unos segundos he visto mi cara en el espejo y creo que tengo un físico vulgar y anodino. La gente no me ve si yo no quiero; con sólo adoptar una postura un tanto encorvada y un andar rápido y nervioso me fundo con el resto de organismos vivos de este ecosistema. Tan sólo cuando me da la gana me hago notar. Por eso puse de moda los pantalones de campana y no me hice famoso por ello. A veces beneficio a alguien, por ejemplo a un importante empresario. Es importante que los ricos sean los dominantes, es importante que ejerzan su poder y autoridad. El rebaño necesita una mano fuerte que los engañe y no les permita desarrollar sus ideas. Porque el 57
empresario dará dinero al cabrón que más le interese para que gobierne. Una vez, hace más de treinta años, iba vestido con un pantalón de pierna acampanada, feo y ridículo como la madre que me parió (una chacal que murió durante mi parto, dicen los supersticiosos); fue sin querer, simplemente me estaba relajando un poco en el pub para no ser siempre tan violento y desalmado. Al fin y al cabo, las muertes que provoco no son tan escandalosas como las que provocó Gandhi en la India. Soy infinitamente más sutil y más listo. Bueno, como os iba diciendo, un diseñador se hallaba sentado en un pub estridente y muy de moda en el Soho. YO me hallaba en Londres intentando promocionar el consumo de caballo entre los psicodélicos y los estudiantes agresivos. Necesitaba una prenda cómoda, así 58
que le pagué unas cuantas libras a un sastrecillo de barrio para que me confeccionara unos pantalones de pata muy ancha (en los tobillos solía llevar una navaja de afeitar y una pequeña Star de 32 mm), que fueran cómodos para ocultar mis cosas. De esta guisa entré en el pub, he de reconocer que mis cojones son grandes y llenaban la bragueta del pantalón provocando miradas de recelo en los machos; las hembras, en esa época iban muy calientes y se me pegaban como moscas mierdosas. Me estaba tomando un escocés al que le había añadido tres valiums (es que me estaba mirando con curiosidad un muchacho de unos dieciséis años y le quería dar ejemplo). Se me acercó un tipejo con cara de subnormal y me dio un
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fajo de libras para hacer unas fotos a los pantalones. Se ve que era un diseñador de moda. Me dijo que los pensaba fabricar y que serían un bombazo. Yo tenía mi pene infectado por la sífilis (una sucia puta del Picadilly), una llaga purulenta me provocaba una tremenda comezón en el glande y de tanto rascarme iba sobreexcitado. Así que le propuse al diseñador darle por culo; el tío aceptó encantado. Me llevó a su piso hortera con sofás tapizados de piel de vaca y le di por el culo hasta que sangró. Estaba acostumbrado a que lo sodomizaran, su ojete estaba herniado de tanto que se la habían metido, pero los dioses no somos normales y mi polla se expandió en su ano, creando un nuevo universo absolutamente anal, Sentí su 60
próstata tan pegada a mi pijo, que a punto estuve de meterle los dedos y arrancársela. Después le obligué a que me hiciera una felación. Me dejó la llaga purulenta del glande limpia como una patena. Vale, vomitó cuando vio lo que le había metido en el culo, toda esa infección. Y lloró. Le di una paliza que aún no ha olvidado. Le tuvieron que extirpar un testículo, el bazo y drenarle de sangre un pulmón. No me interesaba matarlo, quería que pusiera de moda mis pantalones de campana. La sífilis en aquel entonces y como ahora, es la peor enfermedad venérea que existe; aunque ahora está el SIDA, pero antes no estaba tan extendida. Lo bueno de la sífilis es que hasta sus nietos pueden nacer con ella y sus hijos tener malformaciones. O nacer medio locos. Pudre el 61
sistema nervioso tras quince años de padecimiento. Por eso hay tanta puta loca con voz de cazalla. Bueno, supongo que el trauma se le pasaría porque todos conocéis esa mierda de pantalones que la gente se vistió y ahora se vuelve a poner. Más feos no pueden ser, son más horteras y ridículos que los trajes regionales; molestos como un maricón en un autobús. Pero mirad a la peña con ellos, más felices que mierda en bote porque algún famoso se los puso y los enseñaron en la televisión y las revistas. Aprendí mucho; ahora, reviviendo los felices 70 me he inspirado en crear unos pendientes de los cuales cuelgue mierda. Serán la bomba. Ya os contaré más otro día.
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Es que mi Dama Oscura me estรก haciendo una mamada y me molesta mucho hablar cuando me corro. Siempre sangriento: 666
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666 y una meadita.
Ando con total tranquilidad bajo la lluvia, no llevo paraguas, ni siquiera una simple chaqueta. Sé que desentono un poco entre la multitud de gente andando deprisa, tapándose y frunciendo el rostro para que no les entren gotas de agua en los ojos. Lo mío no es la cobardía, no le temo al agua. Y esto me hace pensar que no le temo a nada. Pensaréis que puede ser aburrido; pero no lo es. Saber que os sobreviviré y que vuestra descendencia estará sometida a mi voluntad es algo que no aburre.
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Aún así, hay momentos en los que me gusta sentirme angustiado, a los grandes artistas les ocurre y se revuelcan en sus miserias como un pecarí en el barro. Hace ya eones que deje de temer algo. No es que quiera ahora vanagloriarme de ser valiente, tan solo intento transmitir la angustia que me produce estar entre los humanos. Es una crueldad saberlo todo y ya no esperar nada más. Ninguna experiencia nueva. Con suerte puedo evocar algunos de mis recuerdos para recrearlos en este mismo momento con una víctima propicia y recordar lo que sentí ante la nueva experiencia. Es algo aburrido ser un dios. No tienes aliciente, no tienes emoción, no tienes prisa por nada.
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Por eso ando tranquilo bajo la lluvia y casi que me emociona, porque nunca sé donde me caerá la próxima gota. Pienso que es lo único que no sé. La nuca sí que me la cubro, me da mucha rabia cuando una sola gota se filtra desde mi nuca y cae libremente por mi espalda. Es que le arrancaría la cabeza al viejo que pasa por mi lado de pura cólera cuando esto me pasa. Tengo una jodida manía, cuando llueve me entran ganas de mear, y no soy escrupuloso ni vergonzoso. Así que en pleno paseo me saco el pene, y meo hacia la calzada, algún semáforo se ha puesto en rojo unos metros adelante y se forma una cola de coches, la gente que va a pie retira la vista incómoda pero; los acompañantes de los conductores ven en todo su esplendor mi grueso pene de semental. Algunos golpes sin importancia entre varios vehículos por 66
admirarme es todo lo que cabe reseñar hasta que un coche para a mi altura. Yo cuando meo, es que me recreo, me gusta mear con total impunidad, por eso tardo todo lo que puedo en volver a meter la polla en su sitio y hago dibujos con los meados. Me dice algo un hombre ya maduro que acompaña a la que debe ser su mujer o su puta, porque coinciden más o menos en edad. Me ha llamado concretamente guarro bajando acaloradamente la ventanilla. Me acerco a él con la polla dura y le obligo a que me la coja, la mujer mira asombrada y se retira lo que le permite el asiento del pene que tiene ahora delante de las narices; el hombre, muy a su pesar, me ha cogido el rabo con firmeza y me masturba sin alegría, desganadamente. Yo hago gestos
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de placer aunque no lo siento, no me acaban de ir los machos de primate. Los coches de atrás pitan, el semáforo ha cambiado a verde. A él le caen unos lagrimones tremendos, supongo que está emocionado de tener un pene tan bestial, llora de alegría. Empujo la mente sencilla y sin pretensiones de su mujer, con el rostro sorprendido se apea del coche, se arrodilla en el húmedo asfalto y me masajea los testículos. Me lo estoy pasando en grande, los coches hacen sonar las bocinas con nerviosismo, salvo el que está inmediatamente detrás, los niños y el matrimonio han quedado hipnotizados con la escena que he montado en unos segundos. El semáforo vuelve a cambiar a rojo. ¡Hala, a joderse y esperar otro minuto más, hijos de puta! Pienso con las dos 68
manos que me están trabajando. Me meo en ellas, y a pesar de la calidez de mi orina, no parecen alterarse y siguen con su masaje a dúo. El hombre imprime más velocidad a su mano y su mujer me lame los cojones. Me corro y ensucio la cara de él y de ella. Mis orgasmos son divinos y se me dobla hasta el estómago del placer. Unos segundos para recuperarme mientras aún me masajean con suavidad. - Y ahora os vais a tocar los cojones a otro, monos de mierda. La mujer sube al coche y el hombre pisa el acelerador antes de que haya cerrado la puerta, pasa el semáforo en
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ámbar. Y si hubiera estado en rojo, también lo hubiera pasado. Otra vez se detienen los vehículos; camino a lo largo de la cola hasta llegar al quinto, una berlina roja, la que más ha tocado el claxon. La conductora no ha cesado de insultarme mientras me la pelaban. Rompo la ventanilla de un puñetazo, abro la navaja y le corto el cuello sin que apenas se dé cuenta. Ahora sí que van a esperar... A la pequeña que va en la sillita del asiento trasero, le clavo la navaja en el corazón. Y ahora parece que no todo es tan aburrido, aún hay esperanza para mí. Para divertirme aún un poco entre los humanos.
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Creo que asistiré al final de sus días como raza en el universo sin bostezar demasiado, hay momentos como éste. Brillantes. Una de cal y otra de arena. Tengo un hambre feroz, me voy a ver si puedo conseguir un bebé tierno y jugoso... Es broma. Me encanta el embutido bien curado. Pero que no se fíen las madres. Siempre sangriento: 666.
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666 y unas chocolatinas.
Estoy tranquilo y relajado viendo las fotos familiares de los que se creían que eran mis padres y hermanos, y mi mente vaga por aquellos infantiles recuerdos en los que a pesar de tener conciencia de mi poder, actuaba por un instinto primigenio, antiguo y oscuro como la muerte. Aparezco en una foto con la boca manchada de chocolate, todos los padres horteras fotografían así a sus hijos, es una jodida tradición. Como la tradición que tengo yo de nacer humano cuando me place. Y eso me trae un grato recuerdo; debería tener unos cinco años y en el colegio le clavé el lápiz en el hombro a un 72
compañero porque respondió a la señorita antes que yo. Un listillo de los cojones. Y a mí no hay quien me gane a envidia. Me castigaron sin patio y mi madre no me compró golosinas como les compró a mis inferiores hermanos. Me puse de mal humor, no me gustó. A mí no me castiga ni dios. Cogí unas bragas suyas del cajón y rasgué una costura, como si hubieran sido arrancadas. Me meé en ellas. Los subnormales de mis hermanastros estaban jugando con la nintendo y comiendo sus putas golosinas. Yo hacía ver que estudiaba. Llegó papá de trabajar y me saludó acariciándome la cabeza porque yo no beso a nadie, sólo follo. 73
— ¿Qué tienes aquí? — dijo tomando de mi mano las bragas que le ofrecí. Las olió y arrugó el ceño. — ¿De dónde has sacado esto? Mi madre saludaba a papá desde la habitación del pasillo y yo le decía que las había sacado del bolso de mamá. Imaginé a mi madre con un señor cualquiera, enseñándole las tetas y tocándole la picha. Mi padre parecía cansado e imaginó más o menos lo que yo pensaba. Mi madre estaba en la habitación guardando ropa, mi padre entró y cerró la puerta de golpe. Gritaba insultos como: puta, zorra, guarra, hijaputa... 74
Yo estaba muy cabreado por no tener chocolatinas. Mi madre lloraba y decía que no entendía nada. Oí un golpe y ruido de muebles, mi madre se quejaba y le decía a papá que la iba a matar. La había tirado al suelo, y se la estaba metiendo por detrás, le presionaba la cabeza contra el suelo, sus pantalones estaban a medio bajar y se le veía medio culo. Me toqué la polla viéndolo por el resquicio de la puerta, si hubiera tenido vello en los huevos, hubiera escupido el semen contra el marco. Mis hermanos se metieron en el cuarto de los juguetes atemorizados por los gritos, lloraban casi en silencio.
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Más gritos, mi madre se quejaba y decía: "por dios, Alejandro". Otro golpe. "Me vas a matar" le decía mi madre. Por fin, hubo un instante de silencio, mis hermanos salieron del cuarto y se sentaron muy quietos en el sofá del salón sorbiéndose los mocos. Yo estaba alejado de ellos. Cuando salió papá de la habitación con la cara llena de gotitas rojas, una mano hinchada y el cable roto de una lámpara en la otra, a modo de látigo; se acercó a los llorones. ― Si seguís llorando os mato, hijoputas". — les dijo cogiendo a la pequeña del pelo y zarandeándola con fuerza.
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Mi madre estaba tirada en el suelo y a través de la puerta entreabierta vi como escupía sangre por la boca y se liaba un pañuelo en la cabeza, le caía la sangre por la nariz y tenía un ojo cerrado. Me sentí bien, me sentí tranquilo. Sentí que había hecho lo correcto. Me acerqué a la cocina y vi una chocolatina en un estante de la nevera, me la comí. Estaba buenísima. Me calmé y al cabo de un rato oí a mis padres llorar juntos en la habitación. Mi padre lloraba más que mi madre y decía que no entendía nada. Que tenía miedo de que algo en su cabeza no estuviera bien. La puta de mi madre tardó semanas en curarse.
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Pocas veces tuve que repetir esto. Sólo un par de veces porque ya de más mayor, mi padre no me dejó ir al cine; pero eso ya es otra historia. Ya os contaré también como una vez mi padre la sodomizó y ella berreaba, yo tenía doce añitos ya y disfrutaba empujando con fuerza la mente de mi padre. ¡Qué hermosos recuerdos...! Siempre sangriento: 666.
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666 en Bangkok.
Pasear por Bangkok y sus feos barrios humildes es una delicia si no tienes miedo a nada ni a nadie. Hay tanto tarado y enfermo que no encuentras un humano sano en varios kilómetros cuadrados, es decir, en todo Bangkok. Esto que os voy a contar es de hace apenas un mes; en uno de mis múltiples viajes intentando hacer daño allá donde me sea posible. Para empezar os diré que me gustan mucho las mujeres bien formadas, me refiero a que sean mujeres maduras y voluptuosas, porque cuando me las tiro son las que de verdad disfrutan de la dolorosa penetración a la que las someto.
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Si alguna vez habéis estado en Bangkok en una temporada casi otoñal para nosotros, os habréis dado cuenta de que la temperatura es agradable en un primer instante, y cuando uno lleva caminando apenas cinco minutos, unos chorros de sudor le dan al cabello ese aspecto mojado que tanto gusta a los que se engominan cotidianamente. Lo peor es que acompaña una sensación de suciedad, como si esa humedad se te pegara viscosamente en la piel pringándote y te resbalan las gotas desde la cara al pecho, y siguen bajando de tal forma que si tu ropa es holgada y no llevas calzoncillos, las gotas llegan hasta el mismísimo pene excitándolo de un modo salvaje y nada discreto. Pues así iba yo con mi polla bien tiesa y elegante creando un llamativo bulto en el pantalón.
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Supongo que mi pene era el encargado en esos momentos de llevar el mando y el cerebro se dejaba llevar con esa holgazanería producto del bochornazo. Estos asiáticos no deben tener sangre en las venas, porque no sudan. No mojan sus camisas. Aunque tampoco tienen un torso como el mío. Así que las únicas mujeres que veo son putas sidosas y enfermas de cualquier otra cosa, a muchas jóvenes les faltaban piezas dentales y no me gustaban. No eran discretas, las putas no son discretas en ningún lado. Llevan escrito “puta” en la frente. Así que en esa estrecha calle atestada de gente y puestos ambulantes de comida ya venenosa, sentí el roce en un brazo de unos pechos pequeños y duros. Era una mujer joven, de una delgadez extrema producto del hambre; 81
iba del brazo de su madre cuyos brazos estaban llagados. A pesar de tener escasamente los cuarenta años aparentaba los sesenta. Las manos escamadas por la soriasis y su boca de encías sangrantes me sonrieron por unos segundos cuando las miré. Era pleno mediodía y a través de las oscuras nubes el sol intentaba rasgar esa opacidad y el relumbrón me hacía entrecerrar los ojos. Así, con esta climatología yo me encontraba un poco lerdo y tardé casi tres segundos en reaccionar. Di media vuelta y le dije a la madre que me quería follar a su hija a la vez que le pasaba un apretado rollo de billetes. La madre cogió la mano de su hija y me la cedió señalándome una asquerosa casa con dos viejas putas desdentadas sentadas en esos bancos de eskay de la entrada. Olía a opio con sólo mirar hacia allí. 82
Para llegar, pasamos frente a uno de esos puestos ambulantes tirando por el suelo un canasto lleno de mangos, el idiota del vendedor me llamó hijo puta y me detuve frente a él, con la chica cogida de mi mano y llorando. Esperaba que el jodido oriental siguiera hablándome, que me alzara de nuevo la voz. Después de un segundo interminable para él, en el que se arrepintió de haberme hablado, comenzó a recoger su mierda de frutos y yo entré en la pensión. La mujercita lloraba y gritaba en dirección a su madre, no quería venir conmigo; pegué un violento tirón de su brazo, trastabilló y le di un golpe con la mano plana en la nuca. Algunas voces rieron ante el llanto de la chica, su madre se había sentado frente a uno de esos carritos de carnes de ave cocidas y comía algo con el
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dinero que le había dado por su hija. Con la mano le decía que se callara y que me siguiera sin rechistar. El tipo de la pensión me guiñó un ojo cuando le pagué la habitación. Una de esas viejas putas me propuso que la dejara subir con nosotros para hacer una escena tortillera. La aparté de un empujón y se golpeó la cabeza con un extintor, sonó su cabeza con un tono doloroso del que me sentí orgulloso. Apenas cerré tras de nosotros la puerta de la habitación, saqué un ácido y lo corté en cuatro partes, una de ellas se lo di a la chica con un vaso de agua. No quería tomar la pastilla así que levanté la mano para cruzarle la cara, el lenguaje de la violencia es universal y perfectamente claro. Llorando se llevó la pastilla y el vaso a la boca. 84
Extendí una colcha encima de la pequeña mesa frente a la única ventana, la cogí en brazos y la tumbé en ella. Me la follaría de pie. Además su cuerpo oriental era tan menudo, que no sabía si aguantaría mis embestidas. Follándola conmigo encima temía que la aplastaría y no podría verle la cara y sus tetas, ver el dolor y los pechos erizados, hace que mi eyaculación sea más aparatosa. Su entrepierna olía a meados y a mierda, llené una palangana con agua y le froté el culo y el coño con la esponja mojada de agua fría y jabón. El ácido hizo su efecto y dejó de llorar, relajó las piernas y sentí como su vagina se distendía y se excitaba con mi repetido masaje. Entrecerró los ojos ya más relajada.
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Os juro que nunca me había tirado a una mujercita oriental tan drogada. Básicamente para mí los hombres y mujeres más jóvenes son objeto de tortura y malos tratos para crear en un futuro predadores, gente tan maltratada que luego no sientan reparo alguno en asesinar y violar a su vez y que equilibren así, este exceso de nacimientos, los humanos sois como ratas, que folláis y folláis para al final tener que comeros a vuestras propias crías para que no os devoren ellas. Le estaba pasando la lengua desde el culo a su escondido y pequeño clítoris y la sentí jadear tímidamente. Se tocó las pequeñas tetas y sus pezones se habían endurecido.
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Cuando toqué uno de ellos al tiempo que la preparaba para la penetración hurgándole la vagina con el dedo, suspiró desinhibidamente. Era muy pequeña respecto a mi tamaño, respecto a mi edad milenaria y respecto a mi poder. Si se comportaba bien no la degollaría. Su pubis estaba poblado de un vello lacio y suave del cual de vez en cuando tiraba obligándola a que alzara la cintura provocadoramente. Sudaba y se mordía el labio inferior con los ojos cerrados. Le costaba un poco respirar, imagino que la dosis de ácido, a pesar de ser una cuarta parte, debía ser aún grande para su peso corporal.
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Alcé sus piernas para situar su vagina a la altura de mi pubis y la penetré. Se quejó y frunció el ceño cuando comencé a bombearla; pero en pocos segundos se volvió a relajar y noté como resbalaba desde su ano a mis testículos, la sangre de su himen desgarrado. Volvía otra vez a suspirar tímidamente y tocarse los pezones con las puntas de los dedos. Sus piernas tan pequeñas y delgadas no me acababan de excitar, pero sí su pequeño coño tan dilatado por mi pene. Al cabo de unos minutos, ella, asombrosamente frágil y pequeña comenzó a tener las convulsiones del clímax. Yo me corrí dentro de ella, rugiendo y dejando caer mi saliva en su pubis. El semen le chorreaba coño abajo. Se sujetaba la vagina con ambas manos mientras sus hombros aún se agitaban con espasmos de uno o varios orgasmos. 88
Se quedó adormecida y yo aproveché para limpiarme la polla de sangre y semen. Cuando salí del lavabo, al verla allí en la mesa con las piernas abiertas y el sexo manchado de sangre me volví a excitar y me hice una paja. El semen se deslizó perezosamente por mi puño y lo sacudí contra el suelo. Me puse los pantalones y la camisa y la despejé de su sopor narcótico dándole una hostia en los labios, se le reventó uno. Se puso las bragas aún adormecida y el feo y raído vestido, por el cual se veían sus pequeñas tetas a través de la sisa. Cuando salimos a la calle, caminaba con dificultad intentado sin poder juntar las piernas. Se sentó al lado de su madre y ésta me preguntó si me lo había pasado bien, le contesté con un puñetazo en la 89
cara que le alcanzó también medio ojo derecho y le volví a soltar otro fajo de ese puto dinero. Los que miraban sonreían entendiendo y sin extrañeza. Yo seguí mi camino y comenzó a llover de una forma intempestuosa, cosa que agradecí deseando que una inundación ahogara a todo ese barrio entero. Me quedé más tranquilo que dios. A propósito, Santo Tomás estuvo presente durante todo el coito, rezando y rogándole a Dios que hiciera algo por evitar aquello. Pero no le hice mucho caso a pesar de sus santurronas lágrimas. Son cosas que sólo yo puedo ver. Llamadme lo que queráis, porque lo soy. Soy lo más malvado de vuestro mundo. Y soy muy tramposo porque... ¿Qué es mejor: follarla y darle un montón de dinero; o
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acaso dejar que muera de hambre al lado de su madre muerta, con el vientre hinchado y los ojos vidriosos? Le he dado tiempo de vida, le he dado salud, y comida. ¿Os escandaliza? Pues no debería, porque yo soy un anti-dios; y ningún primate de entre vosotros es Dios, ni siquiera un querubín en proyecto. Y hacéis cosas peores. Gilipollas… Os debería visitar en vuestras casas y arrancaros los cojones retorciendo el escroto. ¿Os acordáis del jeque árabe que compra niñas para su harén y las revienta con su polla? No es una mierda de dios, ni siquiera un jodido ángel. Es sólo un puto y repugnante primate.
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¿Y las mujeres de esas tribus africanas que dan a sus pequeñas hijas en matrimonio a un cuarentón que las matará a palos en pocos meses? Muchos hacéis bien en ir a esas procesiones a castigaros; primero os masturbáis con lo que os he contado y cuando habéis purgado vuestros pecados con unos latigazos y una borrachera, ya no os acordáis de toda la mierda que queda en la trastienda. Ni de los millonarios que compran niños y que muchos de esos hombrecitos y mujercitas, no saldrán del antro en el que han entrado. Los humanos no sois tan buenos como pensáis y os creéis íntimamente. Vuestra hipocresía hace daño a los pequeños que no están protegidos. Mucho más que mi maldad. Y todo al final se justifica: si es un jeque el que lo hace es por su religión. Si es el negro se debe a su tradición. 92
Y a quien fotografía niños desnudos; a ese, sí que hay que condenarlo a muerte ¿verdad? ¿Tal vez porque no lo hace en nombre de Dios? Sois unos mierdas, fariseos. Deberíais cortarle los cojones al puto pederasta y quemar en la hoguera al follador musulmán. Pero aún puedo ser muy cruel, en mi reino los crueles disfrutamos con los hipócritas como vosotros. Si un día me encuentro de tan buen humor como ahora, os contaré lo que le hice a una vieja abuela que castigaba continuamente sus nietos por decir mentiras. Me gustó mucho más que tirarme a esa pequeña oriental. Ya os contaré. Sé muchas cosas. Siempre sangriento: 666
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666 y la historia de mi nombre.
Estoy contemplando unos incunables que tengo en mi casa, son una maravilla de libros mal escritos y una sarta de ignorantes mentiras; pero dada la imbecilidad de los hombres casi tres mil años atrás, es comprensible. Pero no perdonable. Aunque el hombre haya sido un lerdo ignorante durante el 95 % de vida en el planeta siempre ha sabido diferenciar la verdad de la mentira, y la bondad de la maldad. No seáis ambiguos, lo que yo hago es pura maldad, cuando mato a un inocente, violo a una vieja o a una joven o bien sodomizo al más macho de los machos; no estoy ejerciendo justicia, estoy simplemente haciendo una crueldad con la cual disfruto más que un cerdo en una charca. 94
No se puede explicar de ninguna otra forma mi forma de actuar. Así que siempre existirán los malos y los buenos. Los padres ignorantes que les cuesten a sus hijos la verdad, en las guerras el malo es el que quiere avasallar un país ajeno a él. Y no hay ninguna duda en ello. Lo digo por esa subnormalidad que sueltan y soltaban a los pequeños: en la guerra no hay buenos ni malos. Gilipollas... En una edición del Génesis del año 302 un idiota escribe sobre el origen de mi número y se hace pajas filosóficas, cabalísticas y esotéricas. Toda esa mierda del 666 y la maldita perfección y su cálculo.
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Eran idiotas. Veréis, allí en el cielo, dios y los ángeles a pesar de ser maricones perdidos, tienen a veces un fino sentido del humor. Resulta que mientras Cristo estaba clavado en la cruz, yo estaba allí esperando a que esos romanos de los cojones lo dejaran solo; no por miedo, es que quería disfrutar con él. Cristo era una especie de curandero pueblerino y no tuvo ninguna resonancia social ni política en su tiempo. Fueron las mentiras de los sectarios esos de los apóstoles los que inventaron el mito para sacarle la pasta a la peña. Estaba ya solo con él y un ángel afeminado lo vigilaba. No hubo gente en su crucifixión, murió solo como un perro y nadie le apedreó, en esos tiempos casi cada día los romanos se cargaban a alguien así.
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Lo único que hacía Cristo era llorar y pedirle a Dios que lo bajara de allí porque hacía daño. Bajo mi túnica, llevaba una espada flamante de un legionario al que decapité la noche pasada, me gustaba desestabilizar matando a los romanos en callejuelas de miserables ciudades africanas, ello conducía invariablemente a una venganza por parte de los romanos en la que se mataban con gran histrionismo a niños, mujeres y viejos en esos barrios leprosos. Bueno, como os decía, cuando saqué la espada el ángel afeminado quiso intervenir y le di con la empuñadura de la espada en todos los piños. Y se fue volando a decirle a su amado dios de mierda lo muy malo que soy. A Cristo le di sablazos hasta en las uñas de las manos. Unos cuantos
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leprosos me miraban con curiosidad mientras le hacía unos profundos cortes al nazareno. No sé en que momento me cayó una bocanada de sangre en la cabeza, Cristo estaba vomitando sangre y me quedé embelesado viendo aquella roja sustancia resbalar por su mal alimentado pecho y sus facciones morenas y vastas. La cuestión es que me lié a pedradas y le di varias veces en la cabeza, se le cayó la corona de espinas y todo. Pues mi nombre deriva de las seis últimas pedradas en las que dejé ciego al nazareno durante su agonía. Se ve que algún ángel tartamudo le explicaba a dios el número de pedradas y con los nervios tartamudeó y repitió tres veces el seis. Dios se meaba de risa, se meaban de risa los santos, los mártires y hasta la virgen maría. 98
Así que dios, con su gran humor de todopoderoso de mierda va y le responde al ángel: -¿Sei....sei...seis pedradas le dio nuestro ángel negro a Jesucristo?- dios es un sarcástico de los cojones. Yo me quedé con el 666 y el ángel salió más humillado que un político en una reunión de ácratas. De ahí mi misterioso apodo. Y por favor, no me toquéis más los cojones con esa mierda del 666 ¿Vale? Siempre sangriento: 666.
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666 Insensible.
¿Sabéis lo que tiene realmente mérito? Caminar por en medio de la manada sin sentirse especialmente asqueado. Conservar el buen humor a pesar de la imbecilidad reinante. No es fácil, requiere mucho auto-control y sentirse completamente desligado del dolor. Como el matarife que se pasa el día matando vacas y cerdos. Dijéramos que es algo cotidiano como el bocadillo de tortilla de los obreros. No se puede ejercer bien el mal si aflora un solo sentimiento de lástima o misericordia. Dejando de lado todo eso de los escrúpulos, no existe ni una sola razón por la que deba perdonar el dolor y la ruindad que le voy a 100
provocar a mi víctima. Estar vivo es de por sí un deporte de riesgo y en esta mierda de civilización, en la que el todoimbécilpoderosoDiosdemierda ha dejado al hombre a sus anchas y como cima de la cadena alimenticia; alguien tiene que ejercer de predador, porque hay mucho humano. Pero no tengo prisa, soy caprichoso y me gusta centrarme de vez en cuando en un individuo. Me gusta que la gente que está cerca de él se maraville ante la mala suerte y el dolor que tiene que soportar porque a mí me da la gana. Así que mientras un cáncer le pudre el hígado, una diabetes le obliga a pincharse insulina enterrando a su hijo muerto en accidente de moto. Y su dolor sólo cesará cuando muera. Cuando llegue a casa, seguramente le habré preparado una embolia que lo postrará en un hospital durante tres semanas. 101
Y lo bueno de esto, es que el dios al que rezan, ese cabrรณn hipรณcrita, lo sabe y no les hace ni puto caso. Estรก muy ocupado sodomizando a sus bellos arcรกngeles, el muy proxeneta. Soy portador de todas las enfermedades y no me importa contagiar el sida a la ilusionada mujercita que va a la discoteca hortera de turno o al maricรณn mรกs sensible del planeta. Los jodo a todos por igual. Sรณlo me interesa que haya mucho dolor y pena. Porque cuanto mรกs hay, la peรฑa se torna mรกs hipรณcrita; se hace mรกs cobarde al ver el mal cebarse en el prรณjimo. Lo tienen bien aprendido eso de cuando las barbas se pelan y toda esa mierda de saber popular.
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Y cuando todo el rebaño comienza a rebuznar y berrear, es porque me presienten sin saberlo. Entonces se crean maratones de beneficencia en los medios de comunicación y pueden hacer su buena acción del lustro dando una mierda de dinero que se quedarán los que participan en las ONGs para tener alojamiento gratis durante un mes en el país que eligen como destino turístico. Es entonces cuando comienza la verdadera diversión, cuando me lo paso bien. Cuando estallan guerras que suman muertos, hambre y huérfanos. Y nunca llega el dinero. Es entonces cuando los que recogen el dinero piensan que como no va a servir para nada, lo cambian por cocaína.
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Pero en el fondo de mi podrido corazón hay el deseo de hacer una humanidad mejor matando la mala hierba, lo que no sirve. Y tenéis que ver mi mérito en ello, ahora nacen niños que no deberían nacer naturalmente, bien por tara de los padres o porque simplemente esos padres no sirven para reproducirse, su mensaje genético podría ser defectuoso. A pesar de ello, los médicos consiguen dejar preñada a la mujer. Yo mataré a su hijo que tanto le ha costado parir tras unos años. Alguien debe frenar esto. Paliar la gangrena genética del humano.
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Perdonad que haya filosofado más de lo habitual. Simplemente era una forma de comunicar que mis deseos de seguir realizando mi trabajo siguen en pleno apogeo y que el puto dios que está en el jodido cielo no hará nada por ayudar a mis víctimas. Principalmente porque tengo amenazado de muerte a su querido Gabriel. Para que veáis que dios es un cobarde. Y parte de esta sensibilidad con la que me he comunicado con vosotros, nace directamente de mis cojones. De la cálida mano de mi Dama Oscura. Ella mantiene mi falo erecto y pegado al pubis mientras lame mis huevos, los aspira; los chupa como gominolas. Le he metido el dedo pulgar del pie en el coño y se mece con él dentro, sentada en él. 105
El hijo del diabético que antes os he puesto como ejemplo está frente a nos, encadenado; tal vez no sabe que está muerto, tampoco sabe que espera a que me haya corrido para ordenar el lugar donde deben encerrarlo mis crueles. La columna vertebral ha roto la carne y la piel que la cubre un trozo irregular de hueso asoma por su espalda. No le duele aún. Mi Dama… siento el dedo empapado en su coño, y los cojones arrugados de tanta saliva. Enredo mi puño en su melena de ébano y la encaro a mi polla. Abre la boca mirándome con deseo y yo no me preocupo en metérsela con cuidado. Ahora ya sí, la leche ha salido y con ella, parte de mi odio. No sé como mi Dama Oscura puede conservar la 106
calma y no matar al mundo entero tras beberse todo este semen cargado de odio y podredumbre. — Puta… — Le susurro mientras me lame los restos que han bajado a lo largo del bálano. En silencio queda quieta de repente, pasmada y tiesa; sigue con mi dedo metido en el coño, tiembla, cierra los ojos, se lleva la mano a la vagina cubriéndosela y deja escapar un prolongado suspiro. Cuando se corre así, me la volvería a tirar. — Llevad al hijo de ese desgraciado al sub-infierno de los apocados y fracasados, y cuando venga su padre, que no tardará, lo metéis con él. Y que se abracen en ese infierno triste toda la eternidad. Esta es mi orden, mis crueles. 107
Los crueles han salido de las sombras, veloces y casi invisibles lo han arrancado del suelo, y como llevado por el viento desaparece entre la negrura de mi oscura y húmeda cueva. Grita, grita como todos los condenados cuando saben que la esperanza ha acabado. No tendré piedad, ni aunque me hagáis una paja con los párpados. Ya os contaré alguna otra anécdota otro día. Siempre sangriento: 666
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666: a veces los trabajos salen mal.
No es normal que un individuo razonablemente sano se enchufe a la goma de la cocina y aspire el gas hasta morir. Lo intento dominar todo, tengo en cuenta su fortaleza mental, su valentía, su inteligencia y sus ganas de vivir. Y de vez en cuando alguno se me escapa. Es razonable, es debido a un exceso de trabajo. Por otra parte vivís un tipo de libertades a las cuales, después de tantos milenios de vida en la oscuridad, no he conseguido acostumbrarme del todo. Quiero decir que hay momentos en los que me quedo ensimismado viendo a tías con tetas hinchadas y breves faldas, mujeres que aparecen desnudas en cualquier momento, sin previo aviso... Y yo casto no soy. 109
Así que por unos breves momentos, mientras les hago sentir mi lengua acariciando su sexo, me desconcentro de mi víctima y se me mata. No tiene mucha importancia, hay tantos humanos como cerdos y en el esquema general y a efectos de mi trabajo, no tiene mayor importancia. Lo que ocurre es que me como el coco porque soy un perfeccionista. Por ejemplo, tenía a un hombre de unos cuarenta y siete años ya a punto de enloquecer; lo elegí por esos pequeños detalles cotidianos de los que no sois conscientes y que realizáis continuamente: ir deprisa e intentar pasar por delante en una cola de espera para cualquier cosa, acercarse demasiado a otro invadiendo su espacio vital, ser demasiado cumplidor con la selección de basuras. Ser tan importante y engreído que cuando el hijo puta se cruza por 110
mi lado me veo obligado a topar mi hombro contra el suyo porque yo no me aparto ni cuando pasa el jodido Dios. Y no me gusta que un primate de mierda me contamine. Iván Romero Dupont, caminaba con su hija de la mano, una pequeña de siete años; la llevaba al colegio con mucha prisa. Yo me estaba encendiendo un puro en mitad de la calle y me apartó con desdén de su camino; me puso su repugnante y humana mano en el hombro para hacerme a un lado y la cagó. Los seguí y a la entrada del colegio me saqué del bolsillo una piruleta. Abordé al padre: —A su hija se le acaba de caer este caramelo. Se lo acerqué a la niña mientras le decía a su padre que era una niña preciosa y le toqué la cara con cariño. 111
El Romero me apartó de su hija y me volvió a tocar por segunda vez. —No es de mi hija —dijo un tanto irritado y protector. Le pedí disculpas y me marché. Al cabo de unos días la niña comenzó a quejarse de un fuerte dolor en las rodillas, se encontraba débil y con un continuo dolor de cabeza. Seguí a Romero y a su mujer en todo momento. Llevaron a su hija a una clínica de pago, muy selecta y cara. Observé casi con aburrimiento, como la mujer del Romero sufría un ataque de histeria al enterarse de que su hija había contraído leucemia. Lo maravilloso de la vida es que un primate puede acumular tantas desgracias como segundos respire. 112
El matrimonio había vuelto a la clínica para hablar a solas con el oncólogo, la hija estaba en el colegio. Esperé que salieran de la consulta con sus ojos llorosos, abrazados con una tristeza infinita, mientras su hija moría poco a poco en el colegio. Los seguí hasta el aparcamiento y les asalté. Mientras me daban su dinero y las llaves del Alfa Romeo a su mujer la destripé con mi puñal; sus intestinos se desparramaban por el suelo y entre sus manos que intentaban retenerlos. A él le daba patadas en la cabeza, en la cara y en las costillas, una buena paliza que dejara huellas y cicatrices en su importante rostro de mierda. La mujer moría gritando de puro dolor resbalando entre sus propias tripas.
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Los labios de Romero deberían reconstruirse con cirugía plástica. Era duro como una roca, sabía que aguantaría lo que le echara. Hice que su hija empeorara con pequeños encuentros por la calle; ya fuera al salir del colegio o de la sesión de quimioterapia, la rozaba con mis manos al rebasarlos o cruzarme con ellos. De la misma forma que el padre me rozó aquel día. Desiré caminaba hacia mis brazos con decisión y rapidez. Hacia la muerte… En dos meses quedó postrada en la cama y perdió la mitad de peso corporal. Romero cayó en la depresión y la desesperación; acariciando la calva de su hija, intentaba no llorar. La pequeña Desiré delirando, le preguntaba por su
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mamá y él le decía que se había ido a Londres por el trabajo y que cuando volviera le traería un hermoso regalo. Por las noches, en la clínica me acercaba a Desiré que se hallaba dormida y dopada, justo cuando las enfermeras se reunían para tomar el café de las veintidós treinta. La besaba en la boca y le metía mi lengua, no eran ganas de sexo, tan solo pretendía infectarla más. Su pulso bajaba y se convulsionaba con cada uno de mis besos. Inyecciones, quimioterapia, más vías en las venas... Un fibrilador que arquea su espalda como una muñeca rota. En fin, todo ese drama hospitalario tan habitual.
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Las noticias cada vez son peores. Romero no puede dormir, ni descansar; no tiene paz. Mientras tanto en su corazón se empieza a marcar una fisura, por donde se partirá. Y así es, asistiendo a la agonía de su hija día tras día su corazón se debilita y la fisura se hace más grande; pero no llega a partirse: un infarto pillado a tiempo lo libra de morir de momento. Es lo que tiene querer morir en un hospital: no te dejan tranquilo e intentan que vivas más la mierda de vida. Sin embargo, un catéter que sube por la vena cava del muslo para llegar al corazón y examinarlo le provoca suficiente dolor por ese día. Pero aún sé que puedo forzarlo un poco más.
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Está solo, recuperándose en su habitación dos pisos por debajo de su hija o lo que queda de ella. Me acerco hasta su cama para agitar el catéter, que le duela más; pero entra la enfermera. Está más buena que el pan, no lleva nada más que las bragas y el sostén bajo el uniforme, transparentándose de tal forma que mi polla se encabrita porque soy muy macho. Se llama Rut, según la plaquita de su uniforme. Dejo de controlar al Romero por unas horas para invadir la mente de la enfermera y follarla hasta que su ano se hernia y sangra. Ha abierto sus nalgas tirándose encima de las piernas del hombre importante. El dolor ha de ir acompañado de más dolor, es una máxima en mi trabajo. Y mi trabajo consiste en prolongar
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toda esa miseria hasta que el cerebro se convierta en manteca deshecha. La enfermera me pide más polla, que le llene la vagina. Me lleva de la mano a la recepción de la planta, donde su jefa me lame los testículos mientras la penetro encima del mostrador. En la sala de espera hay una mujer que nos observa con los ojos anegados de lágrimas por la invasión a que someto su mente. Siente un miedo letal y no puede apartar los ojos de la orgía que estamos practicando. Eyaculando en el culo de Rut, escucho un fuerte golpe que viene de unos pisos más abajo. Romero se ha levantado de la cama y se ha lanzado por la ventana de su habitación. Se me ha escapado antes de tiempo. ¡Qué mierda!
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Desiré no tiene razón de existir y la estrangulo mientras duerme con todo su cuerpo lleno de tubos. Apenas necesito esforzarme, es puro hueso. Todo ha durado muy poco tiempo. Debería haber estado más atento. Y así es como a veces, me salen mal los trabajos. A veces me pasa como a vosotros.
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666: Tele maratones.
Son fechas de mucho morbo porque empiezan los tele maratones en los que se apadrinan niños. Son galerías de fotos de niños que pasan hambre, que incuban huevos de mosca en sus lacrimales, que tienen los ojos vacuos y perdidos. Muchos de ellos estarán muertos antes de que les llegue la hipotética pasta o los alimentos. Claro, que el mérito no es de los que dan el dinero; es del cabrón del presentador que dice estar la hostia puta de horas seguidas currando, es decir, intenta trabajar en unas horas lo que no ha trabajado en todo el puto año. Hipocresía encima de mentiras… 120
Precioso. El dinero de los padrinos, en caso de llegar, se lo quedan las propias mafias que tienen montadas esos incultos del tercer mundo para vender a precio de oro la harina a sus propios paisanos. A su propia gente. Yo prefiero comprar niños, al menos el dinero llega a su destino. Pero no me mueve el altruismo, mi único fin es hacer daño donde sea y como sea, tengo mucha imaginación y tiempo. Sueño con ríos de sangre y una cabeza que rueda con los ojos abiertos por un pedregoso desfiladero... ¿Y para qué quiero yo un hambriento de estos? Veréis, lo alimento, lo jodo a palizas y tormentos, le hago pasar más hambre y le fuerzo a cometer torturas primero en animales, 121
luego en otros niños como él. También le doy por culo hasta que el esfínter se le queda hecho papilla y se vuelve incontinente. En poco menos de dos años ya habrá matado a sus propios padres para robarles algo de agua y comida. A mí no me hacen nada porque soy un tío carismático y sincero de verdad. Pero ante todo soy hostil hasta la aniquilación. Por muy duros que sean, no hay hombre en el mundo tan valiente como para soportar la atrocidad de mi pensamiento. Una cabeza del más valiente de ellos con los belfos encogidos por un dolor irracional, adorna colgada del techo la sala de la choza en la que los educo, huele mal pero no son muy exigentes. De vez en cuando compro niños y niñas menores que ellos para que practiquen violaciones. 122
Y alguno de ellos está capado porque me ha venido de capricho, porque los he comprado y hago con ellos lo que quiero, igual que los grandes millonarios que hay repartidos por ahí y que de vez en cuando visito. He visto niños muertos en la basura y ellos, los asesinos no son el diablo. Yo sí. Se aproximan las fechas de los santos inocentes y para celebrarla como es debido, les obligaré a asaltar cualquier aldeucha asistida por un misionero o una ONG y decapitarán y mutilarán a los enfermos, a los médicos y a los cuidadores y así cuando salga en las noticias el crimen, se podrá concluirá que no era tan mala idea dejarlos morir de hambre.
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Esto es auténtica estrategia. Dios me pide un tiempo de tregua y yo le digo que me la chupe. 666 no obedece a nada ni a nadie. Y ese Dios no es para tanto. Y esto tan sólo lo hago para equilibrar la balanza de tanta mierda de buenas intenciones que los subnormales bien alimentados sienten durante estas fechas mentirosas y plenas de moralina. De vez en cuando se ven en los periódicos negros decapitados por otros negros y niños con tremendos hachazos en sus cabezas; musulmanes destripados en la Europa del Este y un francotirador que se masturba mientras ve como la preñada se desangra en la fría calle. 124
No es bueno que los idiotas acomodados que circulan felices con su mierda de coche apañadito, se olviden de que han de morir igual. Es necesario recurrir a estos métodos para que tanto imbécil se entere de lo que va el mundo. Que sepan que mientras ellos apadrinan a un niño, otros niños se lo están comiendo ya. Que no hay justicia porque de lo contrario ellos no tendrían su puto coche ni su piso en hipoteca. Que su apadrinamiento, al final, es la muerte de otros tantos. Felices fiestas. Si tenéis algún niño que os sobre, os lo compro. Aunque sea a cuartos... Es que soy un gracioso. 125
Me parto el rabo. Ya os contaré alguna anécdota más en otra ocasión. Siempre sangriento: 666
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666: Asesinos y celebraciones.
Al hombre (como especie) le hace falta que le den por el culo continuamente. Que lo sodomicen y le hagan todo el daño posible; como plaga que es, la vida de sus individuos no tiene la más mínima importancia en mi esquema general. Ni en el de el marisabidillo de dios. Está demasiado preocupado sobando a sus "bellos" arcángeles. El hombre, como imbécil que es, celebra todo tipo de desgracias. El hundimiento de un barco, el fusilamiento de mil desgraciados, la crucifixión del copón bendito y las cien violaciones de las niñas santas.
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Y su cobardía es tan grande que no celebra lo que de verdad se debería. No celebra la muerte de los grandes tarados como Hitler; aún recuerdo el día final en el búnquer y la inminente llegada de los aliados. Le metí la Luger en la boca, mientras su mujer me hacía una felación; mi semen chorreaba por su boca mientras vomitaba de asco. Antes de dispararle en el paladar, le unté al dictador los ojos con mi semen. Lloraba como una mujerzuela el muy cobarde. A ella le metí el pie en la boca y le desencajé las mandíbulas asfixiándola. Esto son cosas que se han de celebrar, la muerte de este tipo de deficientes mentales, de los asesinos; esto debería ser siempre motivo de alegría. A Mussolini le di cientos de patadas en su dilatado ano, parecía cagar sangre. Se quejaba más de su esfínter 128
deshecho, que de sus pulmones incapaces de coger aire en la horca. Fue en su castillo, se pensaba la gorda cuando aparecí en su despacho, que le iba a servir el té y su boca se abrió en un rictus de miedo ante el horror de mi maldad cuando sonriéndole, le mostré el puñal con el que le iba a destripar. Se cagó el muy marrano, de ahí la paliza que le di. Dejé que lo lincharan los primates porque me daba asco acercarme a esa gorda. Pues tampoco lo celebran. Yo pienso en sus muertes y me excito, casi siempre han estado cerca de sus esposas estos tiranos maricas y las he violado. Han observado en detalle mis fuertes penetraciones o mis eyaculaciones de larga duración haciendo que sus mujeres blasfemaran de placer.
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Es un extra que les regalo cuando tienen ya muy claro que van a morir. Franco murió con la sangre envenenada por sus propios meados, pudo ver sin poder articular palabra como le cambiaba la bolsa de suero por la bolsa que recogía los orines de su pequeño pene sondado. Murió con grandes temblores de su miserable cuerpo arruinado. Pero nadie reconoce el valor de mi trabajo. Nadie celebra la muerte de estos puercos. Carrero Blanco (el compañero el sodomita amigo de Franco) se quedó de verdad blanco cuando le abrí el paquete intestinal con una afilada navaja segundos antes de que volara alegremente por el cielo. Sus intestinos formaron una hermosa serpentina que se enrolló en el volante. 130
Es que me parto el rabo de risa. El primate, el humano, es tan cobarde que prefiere celebrar las muertes de los inocentes. Los santos inocentes... Al final fue aburrido degollar a todos aquellos africanos de pocos días de vida; yo sabía quién era el jodido niño Jesús; pero hice un pacto con el homosexual dios. Me dijo que necesitaba que murieran unos cientos de bebés para darle más importancia a su primogénito. Los primeros bebés degollados fueron un tanto excitantes, mientras los sujetaba por los pies, de un tajo certero les cortaba la yugular y sus padres se quedaban petrificados viéndolos morir. Inmovilizados por el terror.
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Esas cosas sí que se celebran por los cobardes, se ensalza la cobardía y la debilidad. No hay castillos de fuegos artificiales por la muerte de los asesinos. Los hombres sois tan rastreros… Malditos hipócritas cobardes. Os mataré a todos… En Mogadiscio maté a cientos de putos asesinos por placer, porque el asesino nato es el que más sufre y más miedo tiene a la tortura y a la muerte lenta; crio cerdos para luego matarlos. Es mi trabajo. La cobardía del hombre no tiene nombre. Es pusilánime en todos los aspectos de su mediocre vida. Y celebrará con duelo que un violador se tiró y mató a su mujer y a su hija; pero no celebrará la muerte que pudiera tener el asesino. 132
Los primates sois imbéciles y en navidad se acentúa vuestro apocamiento. A lo mejor es que los humanos nacen con un raro tumor que los hace ser así. Un día de estos pillaré un macho adulto y estudiaré su cerebro aún sangrante. Feliz navidad a todos. Os quiero (una mierda). Siempre sangriento: 666
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666: Un terremoto.
No siempre ando jodiendo a los demás, hay momentos que los dedico a la contemplación y a la meditación. Como profundo asesino de la humanidad, también soy su más consumado amante (mentira); pero el trabajo es lo primero. Estos días no ha sido necesario que hiciera mi trabajo, ya lo ha hecho el afeminado de Dios mientras le hace ojitos a sus angelitos jóvenes y lustrosos, con sus culos redondeados y rosados excitándolo. En un bar de Londres, vi por televisión la noticia de un terremoto de Irán. Yo no había dado permiso para ello, así que me puse en contacto con mis crueles, los de allá abajo; y dijéronme que no tenían ni puta idea. 134
Dios había dejado el mundo a su puta bola mientras yo me encontraba en unos grandes almacenes metiendo mano a unas tías buenas. Me tiré a las guarras en el apartamento de una de ellas y me aseguré de que mi semen las inundara hasta lo más profundo para que quedaran preñadas. No existen condones ni anticonceptivos contra mi mala leche. Nada frena mi bestialidad. Tendrán bebés deformes si no abortan a tiempo. Y si abortan, morirán con la matriz gangrenada. Es mi volición. Apenas hace tres horas que he llegado a Irán. Los detalles del viaje y de la amenazas de degollamiento al capitán del Cesna privado no tienen gran importancia. Solo quería comunicar mi gran capacidad de traslado ante un capricho. 135
Me quedo maravillado de la cantidad de da帽o, dolor y muerte que se puede llegar a concentrar en unos cuantos kil贸metros cuadrados; nunca me acostumbro ante estas desgracias en masa. El aire es irrespirable para los humanos, camino por encima de los cuerpos muertos, hechos pulpa algunos; olisqueando el aroma de la carne podrida y levantando las telas que los cubren. Parezco un primate buscando a un familiar. Me oyen gritar los vivos; pero mis gritos son de gozo, un estertor de puro placer ante todo este dolor. Y lo ha hecho Dios, el Dios al que tanto rezan. Le llamen como le llamen, siempre es el mismo perro. Pisando los cad谩veres, me encuentro con un primate que busca a sus muertos y me mira con desesperaci贸n cuando nos cruzamos. No es algo muy habitual andar por 136
encima de los cadáveres; pero si antes has estado toda la puta vida en el duro suelo, se agradece andar sobre algo blandito de vez en cuando. Parece una escena de una película surrealista: dos seres caminando sobre cadáveres mal cubiertos con toda clase de telas. Precioso. Tanto follón con los humanos y al final sus muertes son como las de cualquier insecto aplastado. No es para tanto el hombre. Levanto una sábana al azar y la cabeza es una masa de pelos y piel, dientes sueltos por entre carne abierta y sucia de sangre ya seca. Es como cuando uno pisa una cucaracha. A los humanos les pasa lo mismo cuando un ser superior los pisa. Ese ser superior que es Dios y al que tanto rezan. Yo no los piso, los corto en trozos ante sus hijos y sus padres. 137
Y siguen rezándole para que las almas de sus muertos lleguen a ese dios melifluo y maricón. Es tarde, mis crueles ya han capturado más de las tres cuartas partes de las almas y el infierno es ahora una auténtica jaula de grillos. Los más pequeños son los que más sufren y gritan, tardan mucho en acostumbrarse a todo ese dolor. Los más curtidos se tornan enseguida unas estatuas de cera emocionales a las cuales se les puede hacer toda clase de tormentos sin mayor histrionismo. Me siento un tanto emocionado. Observo admirado a unos bomberos y soldados que se esfuerzan por ayudar a los nativos, se mueven con rapidez y no paran de trabajar; se les ve sufrir. No pienso joderlos.
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El afeminado de Dios debería aprender de ellos, dejar de dar por culo y bajar a ayudar con toda su hueste de maricones alados. Su deber es ser bueno. Una vieja decrépita cubierta con su mierda de gurka se agacha y mueve los cadáveres, les da la vuelta y de vez en cuando les arranca algo que luego se mete en el bolsillo. —Soy el que te va a matar, vieja. Dime lo que llevas en los bolsillos, porque de morir no te libras. Sólo aspiras a que acabe rápido contigo —le digo con un perfecto acento de su propio idioma. Está oscureciendo por momentos y el frío se adueña de todo, la vieja tiembla no solo de frío: sabe que soy lo último que va a ver. Me enseña en sus arrugadas y excesivamente morenas manos unos cuantos medallones y anillos baratos. 139
Abro la navaja de afeitar y deslizo el filo por su cara hundiéndolo profundamente, su mejilla se deforma y el ojo derecho se deshace como una medusa; la hemorragia es muy escandalosa. Cuando intenta gritar lanzo la navaja a su cuello practicándole una segunda boca que deja caer olas de sangre por su sari. Se derrumba en el suelo con los otros cadáveres. Como siempre pasa, te encuentras idiotas en todas partes. Y la edad no libra de la idiocia a nadie. Ahora me encuentro durmiendo al raso muy cerca del hedor de los muertos, de los gritos de los heridos y los que se mueren de frío. Así está todo bien, todo fluye. Los idiotas continúan rezando a su asesino y otra parte del mundo llora porque
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no encuentra entradas para la fiesta de fin de aĂąo en un local de moda. A mĂ me la pela. Como a Dios. Siempre sangriento: 666.
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666 Oscuridad y ruido.
Hoy me presento ante vosotros para inquietaros; para deciros que tenéis una buena razón para preocuparos por las noches, en la oscuridad. En casa cuando en la entrevela oís un ruido, un ruido espeluznantemente cerca de vosotros. O cuando os encontráis en una escalera oscura, en un largo pasillo solitario, cuando entráis en el garaje y teméis que aparezca cerca de vosotros la rata que os asustará; o tal vez algo peor. Os diré una cosa: no son imaginaciones vuestras; son reales como mi putrefacto aliento. Vuestro instinto funciona bien, aunque no tanto como cuando erais unos niños. Entonces me sentíais con más fuerza. Ahora vuestro cerebro encallecido es menos sensible. 142
El Iconoclasta seguro dirá: "A mí lo que me aterroriza es la nómina"; pero segaré su vida como la de cualquier otro primate y vivirá las décimas de segundo de dolor más eternas de la existencia de cada ser, esas décimas que serán su eterno infierno. Se apagarán sus letras y sus ideas con mi sagrado acto de acabar con la vida. Os he visto levantar de la cama para oír la respiración de vuestro hijo que en algunas noches no sentís. Teméis que le pase algo y tenéis razón. YO le cubro la boca y la nariz para que no respire durante unos cuantos segundos. Y por eso lloran algunos bebés. Por eso algunos mueren de lo que llaman muerte súbita (a veces me quedo colgado elucubrando sobre las enormes tetas a rebosar de leche de la madre y se me asfixia el bebé).
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El universo es infinito incluso para nosotros los eternos, los superiores. No se gasta el tiempo y puedo esperar y perder todo el que sea necesario, hasta que os venza el sueño o la locura y cuando despertéis viviréis el drama más doloroso que un primate pueda sufrir: la muerte del pequeño. Porque al despertar todo duele más. Dormís con la esperanza de que el sueño os haya aliviado de pesares y dolores y cuando eso no ocurre, la mente sufre. Mi ataque es aleatorio y nunca conseguiréis estar preparados para lo que yo me propongo. Imaginaos que un día un primate llega a reconocer mi presencia: sería una muerte rápida, tal vez con solo sentir el aura de mi maldad. Soy la inversa de dios, soy eterno pero en el extremo negativo de la ecuación. Y no os ilusionéis con eso de que al final el negativo y el positivo se encuentran, nunca me 144
fundiré con el imbécil de Dios. Siempre os mataré, siempre os odiaré, no tengo conciencia, solo un fin. Mataros es aburrido, me gusta más inquietaros y romper vuestra mente; acercarme a vuestro oído y susurrar alguna palabra clara, algo que os haga pensar que ha sido una pequeña alucinación y sin embargo os produce ese escalofrío que achacáis a cansancio y nervios. La realidad es que estoy ahí para haceros sufrir, para daros un pequeño adelanto de lo que es la muerte. Para que aunque os creáis adultos y autosuficientes sintáis aún ese temor instintivo y primigenio que aún se esconde en vuestro primitivo cerebro de reptil. Cuando un día oigáis un ruido, achacadlo a la dilatación y contracción de los materiales, no os movías, no busquéis el origen; porque soy yo rascando con mis uñas 145
negras y duras, mordiendo con mis dientes sucios y afilados. Golpeando con mis manos recubiertas de un vello sarnoso que sale de entre unos poros de piel monstruosamente animal. Si tuvierais la desgracia de llegar a verme, si yo me descuidara aunque solo fuera un milisegundo para ocultarme; os arrancaría los ojos con mis uñas y os comería la lengua. Os arrastraría por el negro agujero por el que accedo a vosotros y moriríais comiendo vuestro intestino lleno de mierda. Y son cosas que pasan, no muy a menudo; pero pasan. Lo juro. Sobre todo cuando gozo de la vista de bellas mujeres y me dejo ver para violarla, es en esos momentos cuando el primate que siente miedo y pretende ser racional y ver que no es más que un ruido físico, se da cuenta de que existo. 146
Así que no busquéis mucho, iros a la cama al lado de alguien, encended la tele y hacer ruido, pero nunca, NUNCA busquéis la causa del ruido, sobre todo si os preocupa. Y que conste que os aviso exclusivamente a vosotros porque los que me escucháis y leéis me caéis bien, así que sed discretos y no lo comentéis con nadie ¿eh? Pero que nadie se fíe, al final acudiré a vuestra casa, en cualquier momento que me salga de la polla. Ya os seguiré contando mis confidencias, secretos, secretitos... Me voy con los crueles. Siempre sangriento: 666
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666 y los felices viernes.
Llevo ya tanto tiempo dando por culo a los primates (género hombre) que hasta me siento conmovido por los viernes. Yo soy más que un millonario, más que el mismísimo amo de todas las cosas. Yo le otorgo la vida al que me da la gana y al más poderoso primate del planeta si me sale de mi abultado paquete genital. No sé porque, ni en que momento fui consciente de que existía el viernes como día de regocijo y alegría, mi vida es larga y no pierdo el tiempo en banalidades. Los cansados obreros se juntan en grupos en los bares, se emborrachan y si se tercia, se van de putas. Si les queda dinero de su mierda de sueldo, claro. 148
Los millonarios y los que se creen poderosos lo hacen cotidianamente, para ellos no existe el viernes. Follan a sus putas empolvándoles la nariz, y ellas como buenas profesionales hacen ver que gozan. Luego las observo haciéndose una paja a la mañana siguiente para sentir algo de placer sexual en su dilatado e insensible coño. Pero divago... Cuando se trata de follar siempre me pasa lo mismo. Supongo que de tanto meterme en vuestras vidas he llegado a sentirme repugnantemente feliz los viernes. No os engañéis, seguramente se debe a que mis víctimas se multiplican como las ratas en los felices viernes. En viernes la peña se siente eufórica, los primates cogen su coche ilusionados para ir a trabar en su último día laboral de la semana. Para quien yo quiera, será su último 149
día de vida; esto debería constar en las tablas de los putos mandamientos que Dios le envió a Moisés entre una lluvia de mierda. Los hebreos le daban mucho al cannabis y pensaron que era una tabla divina; pero la escribió Moisés sacando la lengua con dificultad mientras tallaba esos preceptos de mierda. Dios se cagó en sus hijos con esos mandamientos, como suele hacer siempre. Lo que pasa es que él es un hipócrita y me echa las culpas a mí de que haya enfermedad, muerte y guerra. No tardando mucho cogeré a su precioso arcángel Gabriel y le voy a hacer un culo nuevo utilizando a Obeliscoreventante, uno de mis más fieles crueles. A modo de cotilleo, tengo aquí con nos a Idia Amín. Algunos de aquellos cientos de niños que mató, están 150
usando sus venas como cuerdas para hacerlo bailar como a un patoso charlot-títere. Su dolor es puro y sincero y su barriga se sacude con llanto mientras una diarrea apestosa se le escapa por el culo. Ese dolor es solo comparable en intensidad al placer que obtienen esos pequeños africanos que aprendieron lo que era la crueldad ya de muy pequeñitos. Ellos también sufren, aquí no se libra ni Dios de sufrir; pero lo llevan más o menos bien. Dan recuerdos a todos los primates, a toda la humanidad. Esperan ansiosos la entrada de más almas con las que jugar a ser carniceros. Bueno, sigo con lo del viernes. Disculpad esta falta de coherencia en la redacción en cuanto al desarrollo del tema principal; pero es que soy tremendamente espontáneo y sincero. Algo coloquial. 151
El operario de tercera de albañil se llama Axel. Se encuentra con sus coleguis en un sucio y barato bar celebrando el comienzo del fin de semana; riendo todas esas cosas sin gracia que solo a un idiota hacen reír: que si Paquillo ha tirado medio palé de ladrillos por querer ser el más rápido, que si el cabrón del encargado le está dando por culo todo el día con el mortero, que si uno de los paletas de la colla cobra más que el otro... Y ríen sin cesar para sacarse esa sensación de ser esclavos de mierda. Están de cerveza hasta el culo y balbucean como subnormales. Le doy un fajo de quinientos euros al palurdo dueño del bar y le indico que quiero que les sirva chupitos de bourbon hasta que se acabe el dinero, que les engañe
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diciendo que es un obsequio de la casa a los mejores clientes. Axel acaba de comprarse un utilitario de ocasión, se gasta medio salario en pagar los plazos de la financiera que ha accedido a prestarle el dinero con el aval de sus padres. Llevan ya tres horas de beber y decir idioteces. Se van despidiendo, están hasta el culo de bourbon de garrafa. Axel acierta con dificultad a abrir la puerta de su auto. En algún momento ha pensado que debería irse a casa en autobús. Yo le susurro al oído que no es necesario dejar el coche tan lejos de su casa y menos aún cuando lo ha adquirido recientemente, lo podrían robar. Así que aquí estamos, en una estrecha y sinuosa carretera de tercera camino de su casa. Sé que en catorce segundos exactamente un coche familiar con un matrimonio 153
maduro que se dirigen a un cine justo en la dirección contraria, pasará por aquí. Estoy en el asiento trasero, le sujeto la cabeza con una fuerte presión en su frente contra el reposacabezas y con la otra manejo el volante a la vez que aprisiono la suya. El matrimonio se acerca con poca velocidad, así que haciendo presión con una uña en la esclerótica del ojo, por medio del dolor le obligo a acelerar. Embestimos al coche frontalmente y con tal violencia que puedo ver con una claridad de billones de píxeles como el capó del coche contrario se abre y salta por el aire. El del nuestro también sale disparado como una certera flecha hacia el parabrisas contrario. Hombre y mujer quedan decapitados en un segundo, la cabeza de ella ha quedado en el asiento trasero. El ojo de Axel ha
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reventado, mi uña ha dañado profundamente el globo ocular por la colisión. Sus piernas están aprisionadas entre el motor que se ha metido hasta sus cojones, corre abundante sangre que gotea en el asfalto. Salgo del coche, me acerco al del matrimonio para sacar la cabeza del hombre que aún chorrea sangre. Se la acerco a Axel a la cara hasta que se rozan los labios ambas cabezas, dejo que grite durante unos treinta segundos. Una vez he acabado mi demostración de crueldad, levanto la cabeza y dejo que me gotee en la lengua la poca sangre que cae del cuello. Me relamo de placer y la tiro otra vez al interior del coche al que pertenece. Axel lo ha visto todo con su ojo sano entre la neblina del shock.
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He destruido su vida; cuando consigan sacarlo sin piernas de su coche, y se le pase la borrachera, será consciente de que ha matado a ese matrimonio, puede que lo acusen de asesinato involuntario y todo lo que les salga de la polla a esa sarta de leguleyos de mierda. Si ahora tiene diecinueve años puede ser que dentro de otros diez, cuando su invalidez se haga insoportable y lo que ha visto hoy no se lo pueda quitar de la cabeza; deje abiertos los fogones de la cocina y acabe con su vida. Esto es lo que considero yo como un happy viernes. Pero no será el único, mis crueles están trabajando continuamente. Eso sí, son menos profesionales y no les obsequian a sus víctimas con el espectáculo que le he dado al Axel bebiendo sangre. Por algo soy el Maestro; y no soy un puto masón. 156
Habrá más muertos en este de fin de semana y durante toda la eternidad. Y morirán de una forma sorprendente que los hará un poco distintos a los que mueren sin mi ayuda. Los otros tendrán una muerte banal y con mucho menos dolor. Menos intensa, no tendrán la suerte de conocerme. Y así un fin de semana tras otro, ¡Qué ilu…! Casi que me voy a tirar a unas de esas putas colgadas que un millonario ha dejado insatisfechas, de vez en cuando también hago cosas buenas. El sida no mata inmediatamente, aún podrán vivir unos años más. Requiescat in pace en viernes, primates. Siempre sangriento: 666.
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666 Días de emoción y riesgo.
Día 1: Doble salto mortal con tijereta estrambótica cruzando las rodillas mientras el tren pasa raudo bajo mi culo. Soy un hiperactivo que ama los deportes de riesgo. No trabajo, pero tengo muchos cojones. Día 2: Diez mil metros de altura: me tiro sin pensarlo desde el avión, (puede que sean menos metros pero; es igual de peligroso). Salto con una tabla de surf y cabalgo veloz y gallardo entre las corrientes térmicas. No fumo porque es un vicio asqueroso y no trabajo porque a mí nadie me explota por una mierda de euros. 158
Día 3: Me lanzo por la pista nevada a toda velocidad, pliego las rodillas con impulso encima del snow y salto con pirueta y tirabuzón, aterrizo en la nieve con violencia para que admiren mi destreza y valentía. Puede que me folle a la hermana de Jonathan Muñoz. Hoy mi padre me ha ofrecido trabajo en su empresa y le he dicho que primero tengo que acabar los estudios y vivir la juventud; tengo veintitrés y mi cuerpo es atlético. Día 4: El parapente vuela tranquilo sobre el Turó de l'Home, se balancean mis piernas en el vacío y a veces me arriesgo con picados que acaban en medio giro. Un águila me mira envidiando mi destreza. Tengo que repetir curso pero; no
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importa, tengo tiempo y no quiero acabar como esos trabajadores. Me llamo 666 y el maricón hiperactivo éste y sus putos días me tienen cansado y asqueado; es un joven bello y atlético. Otro subnormal más. Le enseñaré lo que es el miedo. Día 1.234.568: Mis padres me mueven y me limpian porque se me ha escapado la sonda intestinal y me he llenado de mierda, de mi propia mierda. Tengo llagas en la boca de manejar el joystick para moverme en la silla de ruedas, tengo una especie de ordenador con el que puedo vocalizar algunas palabras que mi destrozado cerebro piensa. Cada vez que mis ojos estrábicos miran el espejo veo un hombre ya mayor con las extremidades retorcidas y babeando 160
descontroladamente. Cada vez que cierro los ojos veo a aquel hombre que me corta las cuerdas del paracaídas con una afilada navaja cuando alcanzo los treinta y cinco metros de altura. Me estrello contra el suelo y me rompo entero. El hombre no lleva paracaídas y aterriza clavando sus rodillas en mi espalda; pero ya no siento el dolor, mi cuerpo está muerto y con rapidez pierdo conciencia de lo que realmente me ha pasado. No sé si alguien ha visto a la bestia destrozar mi vida. Y no consigo que nadie me mate, no consigo morir porque nadie me entiende. No quiero vivir así: ¿cómo lo puedo vocalizar con el joystick?
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Eseso eseso esesostodo amigos (666 parafraseando a Porky Pig). Siempre sangriento: 666
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666 con un moribundo.
Me siento un tanto apático, no me apetece hacer nada. Con ver morir a este viejo cómodamente sentado al lado de s cama y fumando me conformo; tiene el vientre hinchado como si fuera a parir. El hígado se le está deshaciendo; literalmente. Está solo, también yo; pero yo lo deseo y me esfuerzo en ello. Morirá sin nadie que le asista ni conforte, yo no cuento; no soy compañía alguna. Le doy una palmada en el abultado vientre, escupe y ronca. No puede ni gritar, le duele infinito. Me coge la mano desesperado, como respuesta le doy un pequeño golpe con el pie en el costado y se muerde la lengua.
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Yo le calculo un buen par de horas de sufrimiento. Ver morir así a un primate siempre te hace pensar. Reflexionas sobre la vida de los demás y ves que tienes suerte de no ser del montón de la chusma. Es algo que se debería aprender en las escuelas, deberían poner a los alumnos rodeando un moribundo y que lo vena morir. Que sepan que ellos morirán igual. Sus quejidos y esa respiración profunda y enfisematosa me relajan. Le agarro por el cabello con fuerza y miro dentro de sus ojos. Yo creo que no se da cuenta de que estoy aquí. Ya no. Hoy toca sufrir como un perro. —Llame a mi hijo, por Dios —susurra.
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Cojo el teléfono de la mesita y le doy un fuerte golpe en la cabeza con el auricular, me han sobresaltado sus repentinas palabras. A este primate no lo quiere ni Dios, es un jodido viejo que vivió dando por culo a su hijo y a su mujer. Vivió trabajando y contando el jodido dinero para invertirlo en su mierda de apartamento que ahora no lo va a querer nadie por la sencilla razón de que él vivió aquí. Vivió quejándose de lo poco que ganaba y escatimando en regalos, en generosidad. Su mujer era una de esas reses mansas que tragaba con todo. No es un primate inteligente. Cuando murió su mujer, se asustó y atesoró sus miserables ahorros apartando a la familia. A los nietos les
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hacía regalos de mierda. Su hijo aprendió a despreciarlo, a vivir sin él. A ignorarlo. Le doy otra patada en la tripa para que no se me duerma o entre en coma. El ritmo de su respiración moribunda me acompaña en este momento de serenidad, de pereza. Como quien se relaja con el burbujeo de un acuario. Acerco mi rostro al suyo. —Malo, malo, malo, malo... —le regaño como a un niño pequeño mientras palmeo su vientre; cae al suelo y se retuerce como un gusano. Fofo y gordo como una vaca, el asqueroso no se puede levantar y parece una triste tortuga panza arriba.
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No le enseñó nada a su hijo, él llegaba a su mierda de casa y se sentaba en el sillón quejándose de lo mucho que trabajaba; como si fuera el único primate del planeta que le lamía los cojones al director de la sucursal bancaria donde trabajaba. Viendo a este asqueroso morir, pienso en lo mucho que vale mi trabajo, en lo muy importante que soy en el esquema general del mundo. Sin mí, muchos seres como éste se reproducirían en progresión geométrica. En su triste salón no se aprecia ni un sólo libro, tan solo una libreta vieja para tomar notas y un bolígrafo de propaganda del banco donde trabajaba. La televisión limpia como los chorros del oro. La casa huele a cerrado por las ventanas siempre cerradas para evitar que entre polvo. Las lámparas son de baja potencia para ahorrar en 167
luz. Yo no necesito luz, huelo su muerte con pasmosa claridad. Llevo la silla al otro lado de la cama, donde ha caído y apoyo mis pies en su tripa. Está dura como un pellejo, hinchada por su venenoso hígado. Enciendo un cigarro y pienso en la cantidad de idiotas que ahora mismo están llevando la misma vida que llevó este imbécil, en lo mucho que sudan por una corta vida en la que no cumplirán ninguno de sus deseos. Principalmente porque estos votantes son autómatas que carecen de inquietudes; se conforman con lo que les regalan sus amos. Y la vida continúa, salvo para este puerco. Su vida se acaba. Le tiro la ceniza en la cara pero tez amarillenta no lo siente. Pataleo con los pies encima de su hígado; pero no hay más que un débil quejido. 168
Estoy a gusto entre vosotros, estoy muy bien comprobando lo triste que es la vida de la mayoría de los primates y lo bien que me lo paso yo. Me gusta ser Anti Dios. Aunque no todos mueren tan solos como este perro. Los hay que se comportan mejor. Los hay que no dan tanto placer al matarlos. Me estiro en el suelo al lado del viejo, con mi cabeza muy pegada a la suya y me duermo un rato mientras él muere de una forma tremendamente dolorosa. Se advierte en que sus venas están muy azuladas, muy marcadas. Su lengua está violácea, su sangre está más emponzoñada y su corazón ha bajado el ritmo. Me reconforta su agonía y le arranco los labios de un mordisco, es un extra que le regalo en señal de 169
agradecimiento a este buen rato que me está haciendo pasar. Buenas noches a mis crueles esclavos, aquellos de allá abajo; volveré enseguida. Dormiré un rato, no puede hacer daño. Ya os contaré más cosas, anécdotas, historias, dolores, milagros de este que os vigila. Siempre sangriento: 666.
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666 La familia.
La familia... Menudo fraude, menuda sandez. La familia se compone de padres, hijos y hermanos mientras viven bajo el mismo techo. Cuando cada cual toma su propia vida todo se deshace como la mierda en el mar. La jodida familia es un invento biodegradable. Como toda la basura montada por el hombre. Tu mujer será una santa, pero es la tía más borde y guarra cuando se trata de hacer algo por tu familia. Lo mismo eres tú, marido; te repatea toda ese cariño estúpido y empalagoso entre la madre y la hija que tanto se quieren. Vuestras jodidas familias, las que os tocan directamente por sangre son las buenas; las únicas que de verdad toleráis y amáis. Y cuanto más tradicionales sois, más 171
hipócritas. Os debería poner a todos a cuatro patas para que mis crueles os sodomicen con sus enormes penes sangrantes. Idiotas. Ningún mono se ve su propio culo pelado. Ninguno de los primates soporta a otra familia que no sea la suya que son putos santos. Sois fariseos dando falso amor a vuestros cochinos sobrinos, primos, cuñados, suegros... Os jode tener que regalarles cosas por cualquiera de los millones de motivos que los primates os habéis inventado. Y me hace chirriar los oídos oíros decir lo muy inteligentes que son vuestros hijos: inteligentes, destacan en todo, son la hostia puta de altos, tienen una educación 172
que te la pone hasta dura y a tu mujer la humedece como cuando le metes la mano en el coño después de varias semanas sin haber follado. Y vosotros también odiáis a esos que alaban a sus hijos hasta lamerles los genitales. Os conozco tan bien que siento vergüenza, suciedad propia de ponerme en vuestro pellejo, primates. "Tu sobrina es una idiota" te dice tu mujer. "Y la tuya es puta" le dices a tu mujer. Y vuestros cuñados dicen lo mismo de vuestros hijos. Todos sois unos pretenciosos muertos de hambre para todos.
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Nadie es tan sincero como yo, no necesito la mierda de hipocresía; porque me he tirado a mis sobrinas y a mis hijas cuando me ha apetecido. Y a vuestras hijas follaré y gozarán hasta morir renegando de vosotros. Tengo tantas que no puedo detenerme en detalles. He visto padres mirar las tetas de sus hijas adolescentes. He estado delante de ellos cuando se masturbaban al verlas. No hay padres santos. Eso es un invento del homosexual Dios. Una mariconada de los ángeles. Os jode usar el poco dinero que tenéis en hacer un regalo a alguien de la familia de ella o de él. Solo vuestra sangre es la que vale.
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Pasáis días sin veros para después observaros con envidia, buscando defectos y taras. Ellos aparentan estar bien situados; pero son unos desgraciados con delirios de marqueses. Vosotros no, vosotros sois ricos y generosos. No jodáis… Me agria el semen toda esa porquería de la familia. Si al menos los primates tuvierais algo de decencia hacia vosotros mismos no os juntaríais con gente no deseada con esa parte de la familia. Mantener todos esos lazos porque algún subnormal os enseñó a hacerlo de pequeños no es bueno, es una pérdida de tiempo que os hace esponja el cerebro. De hecho, vuestro cerebro solo sirve para gobernar los pies y las manos para cogeros la polla o el coño a la hora de mear. 175
A mí me la pela, al final disfruto con todo ello, porque me incita a aniquilaros con más odio. Me dan ganas de vomitar cuando os veo dar esos besos preñados de hediondez. No obstante, hay familias que se matan entre ellas y eso es bueno. Eso está bien. Ya nos veremos en otro momento y os contaré más verdades. Siempre sangriento: 666
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666 ve la tele.
Yo no vivo en una enorme mansión postmodernista, no soy un julandrón de esos que se saben millonarios y necesitan rodearse de cosas exquisitas. Yo reflexiono en una oscura cueva, en una cueva que conseguí matando al gran oso que la habitaba, con mis manos. Con mis inhumanas garras. Como único mobiliario: un enorme sillón tallado en la piedra, una mesita con el cenicero y el tabaco. Una estilográfica, una libreta y una luz. La televisión está salpicada de mis excrementos y utilizo la piel del oso con el que combatí por esta morada para
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limpiar la pantalla cuando algo me interesa, cuando algo me llama mínimamente la atención. Estoy desnudo y mis nalgas se han tornado frías como la húmeda piedra. Mi pene cuelga lacio como una víbora dormida y la rugosidad de la piedra y su frialdad a veces me lo excita tanto que tengo que darle un puñetazo cuando no tengo ganas de masturbarme. A veces tengo tanta faena que no se por donde empezar, soy mi Dios, nadie me ordena, es un capricho de seres superiores la pereza. Pero que nadie se fíe, yo no me toco los cojones demasiado tiempo. Me enciendo un Cohiba que pondría enfermo a cualquier militante antitabaco. Aspiro el humo y dejo que la voluta me envuelva la cara, los ojos se me estrechan y casi sin quererlo mis labios se 178
levantan mostrando mi amenazadora dentadura, una forma más de molestarme a mí mismo. Me he prohibido a mí mismo relajarme. Mi trabajo requiere rabia, dolor, ira, rencor. Un profundo odio asesino. Escenas en la televisión de bombas humanas destrozadas. De soldados destrozando vidas. De médicos que intentan taponar la salida de toda esa sangre. Cambio de canal: dos mujeres se están lamiendo sus sexos mientras gimen y una tercera le mete un consolador gordo como el brazo en el coño mientras gime y se le desliza liquido por entre los labios vaginales tersos y brillantes. Cambio de canal: sale una puta que me tiré hace unas semanas mientras la ponía ciega de cocaína, dice no sé que de su ex-marido, un torero analfabeto y tarado que ha
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tenido suerte de que no le haya atravesado el corazón con su propio estoque. En otro canal hay una carrera de cerdos, me refiero a los de cuatro patas no a los de dos que andan sobre dos. En otro canal unos muñecos cantan la canción del cinco y uno que se llama Coco come galletas sin parar. Me hace gracia. Al menos no son humanos. Ya era hora de encontrar algo divertido de una vez. A veces los primates hacen cosas que valen la pena ver. A veces simplemente me quedo mirando fijamente esos teleñecos y pienso en lo bien que quedarían algunas cabezas de primates cortadas y pinchadas en esos cuerpos textiles.
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Mientras mi brazo pende flácido como mi pene desde mi trono y me meto otra bocanada de humo en los pulmones, la cerdita Peggy le canta no sé que mierdas a la rana Gustavo. Y me río. Que se vayan a la mierda las putas, las guerras y las tortilleras. Hoy es un buen día para reír. Siempre sangriento: 666
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666 y una princesa monacal.
Me la está chupando con un arte que pocas putas tienen. Guardadme el secreto, sed discretos; baste con que os diga que es una princesa de un pequeño país europeo muy mono, muy cuco; con enormes cantidades de dinero. Os daré una pista: su hermano es maricón y su hermana se tiraba a todo lo que andaba. Ella a veces canta, pero lo que mejor hace es chupar mi pene. Lo que mejor hace es arrastrar sus pezones duros por mis muslos y acariciarme los huevos para que cuando el caliente semen le inunde la cara, se sienta cálidamente agradecida.
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Mis putas preferidas son las de la aristocracia, las putas baratas como las modelos de lujo de las pasarelas de moda y las de los burdeles de ricachos son sosas, no lo hacen de corazón. Las de la aristocracia nacieron putas y eso se nota; te rodean el glande con su lengua limpia y tersa y lo hacen con una naturalidad que las hace parecer inhumanas. Su hijo pequeño nos mira mientras ella está arrodillada intentando tragar todo este pene erecto, duro y venoso. A veces gime y es que se está tocando. Posiblemente se correrá ella sola de tanto tocarse. Las aristócratas son más putas que las gallinas de Jericó que aprendieron a nadar para chingarse a los patos. ¿A que soy gracioso?
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De vez en cuando le presiono la cabeza para que se le meta más adentro y se le escapan mocos al respirar forzada por la nariz. Es todo tan romántico con estas putas... Vale; esta mamada me va costar unos cuantos miles de euros; pero vale la pena. Y es que tira tanto de veta que ahora necesita comprarse un apartamento en España para follar con un nuevo empresario forrado de pasta. Yo la subvenciono y ella se arrodilla ante mí y se traga todo lo que le eche. Os juro por una experiencia que nunca tendréis en vuestra corta vida, que las princesas estas son las putas más profesionales del planeta. Me levanto un momento porque me apetece meterlo dos dedos por el culo, pone sus patitas delanteras delante, 184
relaja el ano y yo se los meto con violencia; no sabe si levantarse o revolcarse de placer, así que como mi pene está de puta madre le peto el culo mientras ella se hace polvo el clítoris. Su hijo gira la cabeza hacia mí y bombeando a su puta madre, le hago una mueca graciosa; el niño me sonríe. Le doy unas palmadas en sus delgadas nalgas dejándole marcas sanguinolentas de mis uñas afiladas y oscuras. Se queja pero no cesa de meter sus nalgas contra mis huevos para que el pene le llegue hasta el fondo. Un latigazo de placer sale de mis huevos, recorre la punta del pene y eyaculo explosivamente. De su culo manan ríos blancos, saco el pene del ano y la giro para que reciba las últimas olas de mi premio en la cara. Abre la boca mientras se acaricia frenéticamente (no sabía que un clítoris 185
pudiera rotarse tanto) y cuando llega al orgasmo se extiende en las tetas y el pubis restos de semen de mi glande y sus labios. Me sacudo la polla en su hermoso rostro, me subo el pantalón y le dejo unos cuantos fajos de billetes encima de su vientre agitado. Me largo. El chambelán (uno de esos maricones vestidos de época) pega un taconazo al verme enfilar la puerta de palacio, a modo de saludo lanzo un escupitajo en la alfombra al pasar delante de él. ¿Sabéis? No he usado condón porque a mí nada me puede dañar; pero si tenéis pasta, no os tiréis a las putas aristócratas sin condón, son unas cerdas que lo contagian todo. Hasta su subnormalidad.
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Ahora les contaré a mis crueles que esta tía tragará pollas durante toda la eternidad, cuando muera no hará otra cosa. Tengo un recinto especial para putas reales. Ya os iré contando más chismes, al final todo es cultura y todo es ameno. Una reflexión para semana santa: el rostro que hay grabado en la sábana santa del Vaticano, es el de un alquimista del siglo IX que me tenía harto con sus invocaciones, le asfixié con esa piojosa sábana mientras le vaciaba las tripas con un cuchillo mal afilado. Y transmuté su cuerpo en muerte... Que no os engañen. Siempre sangriento: 666
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666 en la Antártida.
Mi mente diosa no consigue entender como los primates pueden vivir sin tener un momento para la intimidad total. Un momento en el que no perciban el sonido de otros seres. Estoy en la Antártida, el viento es tan fuerte que incluso me cuesta un poco caminar. No me llega ningún hedor a primate, no siento ningún ruido fabricado por primates. Si fuerais tan malos como yo, entre el viento oiríais las voces de las infinitas almas que lloran su dolor en el infierno, lo que mis crueles las hacen sufrir. El propio viento son sus gritos. Aquí, en la Antártida se les oye con una claridad que me emociona y me hace pensar en la
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inmensa suerte que he tenido al existir como un Dios Negro. En mi trabajo que es mi vida. No hay nada ni nadie. No pienso llorar como una mujerzuela ante toda esta belleza, como mucho se me pone dura. No soy un sentimental. Me desnudo, es imposible notar el olor del gran oso y no cazarlo, ĂŠl me lo pide a gritos. Los osos llegan a estar tanto tiempo solos que al final acaban pidiendo la muerte. Es habitual en estas latitudes. Se vuelven locos, porque ellos tampoco han podido elegir su forma de vida. La diferencia con los primates estĂĄ en que ellos saben lo que quieren. 189
Alcanzo al gran oso y salto a su lomo, con su zarpa y desgarrando mi disfraz de humano, me arranca de su espalda y me proyecto unos metros lejos de él. Se pone en pie y me muestra sus fabulosos colmillos, sus enormes garras afiladas. Lanzo un grito de pura rabia y me aferro a su cuello, hundo los dientes y con la ayuda de mis zarpas lo desgarro completamente. Muere rápido, yo sangro abundantemente y nuestros plasmas se mezclan en la helada superficie, es precioso. Hemoglobínico caleidoscopio… La muerte blanca... perdonad este arrebato de romanticismo. Me recuesto en su cadáver, me gusta sentir como se tornan fríos los seres, necesito estar con ellos hasta el último momento, hasta que la última célula deja de moverse. 190
Es un extra que les doy gratis. Y sé que pasan miedo, hasta que no se enfrían, sus almas pasan un miedo atroz. Y eso me llena. Descansaré con él un rato, ahora sí que estoy solo. Aunque no siempre tengo tan buena suerte, un jodido científico de la base polar rusa se aproxima al rojo cúmulo de cuerpos que formamos, seguro que me va a tocar los cojones. —¿Necesita ayuda? ¿Qué le ha pasado? ¿Cómo ha llegado hasta...? Le he robado su propio cuchillo de exploradorcillo cuando se me ha acercado lo suficiente y lo he abierto en canal desde el pubis hasta el esternón. Mientras sus
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intestinos se esparcen como vĂboras por el hielo yo me vuelvo a recostar para contemplar su muerte y enfriamiento. Hasta pronto. Siempre sangriento: 666
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666 jode a un querubín.
Partiraaaaaa, la nave partiraaaaaa, ¿Dónde llegará? Nunca se sabrá. Será como el Arca de Noé. Y ahora canto yo también... ...una ciudad se ha perdido en el desierto ¡Qué cansada está la humanidad! Partiraaaaaaa… Es una vieja canción italiana de un tal Sergio Endrigo. La cuestión es que soy feliz. Mi cueva sigue igual de 193
oscura, igual de fría; pero hay un motivo de alegría: mis crueles han capturado un querubín de Dios. Nos estaba espiando, estaba intentando llevarse el alma de unos cuantos buenazos que cayeron en nuestras manos por un quítame allá esas penas. Dice el idiota ese de Dios que han tenido suficiente castigo. Yo digo que estarán aquí hasta que se pudran. El querubín es rubio y tiene unos trapecios híper desarrollados, sus alas blancas están manchadas de la sangre que brota de los agujeros de su torso musculoso y maricón. Nuestros tridentes son afilados como mis uñas. Sus brazos potentes y venosos se tensan ante el dolor que le están proporcionando. Mis crueles le han clavado anzuelos en piernas y pecho y a ellos han sujetado unas cadenas a las argollas que hay estratégicamente repartidas 194
en este oscuro palacio; las cadenas se han tensado lo suficiente para que el tejido angelical no se rasgue, por ello su torso se apoya ligeramente en una roca, para que sea fácil joderlo. Se cree Dios que es el único con derecho a sodomizar a sus angelitos de mierda. A este capullo lo hemos pillado dando su mano a un papa muerto, Pablo VI uno de los malos de verdad, para consolar su dolor. El cabrón del papa rezaba a pesar de tener los labios cosidos con finos hilos de nervios humanos. Ahora está conociendo este bello ángel lo que es de verdad ser sodomizado. Una de mis crueles, bella entre las bellas se ha encargado de excitarme con su boca dura y rasposa.
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Mi pene se ha hinchado tanto que mis gritos son relinchos de caballo en celo, algunos de mis crueles se asustan ante esto. Dios escucha mi bramido y recoge al resto de sus mancebos para no perder más querubines por hoy. Mi pene es negro como el ébano y en contraste con mi piel un tanto pálida parezco el diablo de vuestras pesadillas hecho hombre. No soy homosexual; pero cuando se trata de ser malo, me la pela. Si he de dar por culo lo hago, como ahora. Es por eso que me la ha tenido que chupar la bella, para poder tener una erección digna de Dios. Empujo con mi pene para penetrar el esfínter y resulta que el querubín no es capaz de dilatar suficiente. Solo con el intento ya me he manchado el pijo de sangre, el ángel ha 196
tensado tanto las piernas que se le ha desgarrado el tejido allá donde tenía atravesado el anzuelo. Se lo han vuelto a clavar. Le retuerzo sus blancas alas y emite un chillido como las águilas enfurecidas, me mira con los ojos inyectados en odio y enrojecidos por tanto dolor. Dos de mis crueles le abren los glúteos clavando sus garras en el músculo, el ojete se inunda de sangre. La bella me manosea los huevos y me masturba para que no baje mi erección ante ese asqueroso culo. Apoyo con fuerza el glande en su esfínter por segunda vez y empujo con todas mis fuerzas, suena a tela rota cuando una cuarta parte de mi polla lo ha reventado. En el último instante, algo se rompe definitivamente y mi polla
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entra rauda y fuerte. Los testículos hacen de tope antes de que rasgue el intestino grueso de este maricón. "¡Dios, Dios...!" grita el querubín. La sangre gotea espesa y sus alas se agitan con espasmos breves y cada vez más espaciados. Bombeando en su ano aferro la larga melena heavymaricón-metal para estrellarle la cabeza contra la roca que le sirve de potro, la sangre mana entre su melena rubia goteando en el suelo. Y os aseguro que este tío no es virgen. Lo que pasa es que Dios tiene la polla pequeña y no les hace daño. Mi pene está tan sucio de sangre que me da un poco de reparo dejarlo así porque la sangre seca hace daño cuando te haces pajas, se encostra. 198
Mi bella me lo limpia, incluso se excede. Mientras tanto y como extra, le incrusto el puño en el culo al ángel. Nada de lubricantes. Su grito adquiere tintes sobrenaturales y YO no me siento impresionado. Mis crueles lo llevarán a las puertas del cielo y le clavarán las alas a las puertas de tres toneladas en madera de sapeli que se hizo montar ese homosexual Dios. El efecto es muy dramático y sonrío como una hiena al verlo, salivando abundantemente, aguantando la carcajada con la mano en la boca para no perder mi dignidad de Todopoderoso. Pocas veces a lo largo de estos milenios he tenido oportunidad de dar con un querubín de éstos... Escuchad, Dios está gritando y llorando. Os impresionaría. 199
Y me está llamando maldito, el muy cabrón. Mis crueles me abandonan, solo queda la bella, por razones de higiene ha de acabar su trabajo.
Partiraaaaa la nave partiraaaaaaa ¿Dónde llegaraaaaaaaaaa? Questo no si sa........ Hay días malos y días peores, ni los ángeles se libran de ello. Hasta pronto, conocidos; no os fieis. Siempre sangriento: 666.
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666 y las adolescentes calientes.
Malditos primates, seres hipócritas y descerebrados. Sois malos hasta la médula, sois repugnantes con vuestra falsa moralina (vosotros que me escucháis no, sólo esos de ahí fuera, esos sarnosos; pero no os fieis). ¿Sabéis lo que estoy haciendo? Es tal vez una cría, no le he preguntado su edad, deberíais ver sus tetas, su culo, sus piernas. Su mirada que me excita. Su mirada excitada. Me la estoy tirando, me la estoy follando. Y puede que tenga catorce, quince, dieciséis, e incluso diecisiete. Estamos en su propia casa, esperando que no entren sus padres y los tenga que matar a todos.
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No importa, me la tiro porque ella me lo ha pedido con su mirada. Jadea y disfruta. Mi polla la inunda y la llena llevándola en vuelo directo al cinturón de asteroides, más allá de las Pléyades, os explicaré aquel cuento de la chica enamorada de su profesor. Esperad, ella se da la vuelta, me ha pedido que la sujete por la cintura y le embista salvaje. Está jadeando como una perra. Porque aquella niña, igual que ésta, tenía un cuerpo de infarto. Las hemos visto todos, todos los hombres y todas las mujeres hemos visto esas niñas y si prestáis atención, veréis en alguna de ellas un deseo sexual, no es una provocación, han nacido así. Hay muy pocas mujeres jóvenes así, al igual que genios y ajedrecistas jóvenes. Es otra cualidad. Malditos envidiosos y enfermos... 202
Ella quiere a su profesor, el profesor está habituado a las adolescentes, es un hombre medio joven, medio viejo. Medio cansado. La niña lo mira con tal intensidad que él no puede sostener su mirada. Así que sus miradas se cruzan cada vez menos; pero ella se sabe guapa ya, lleva la sensualidad a flor de piel y se acerca a él con sus pechos gordos y duros para consultarle algo del ejercicio. Y ella no es una puta, bastardos, ella es una joven mujer con la cualidad de enamorar; como el niño genio que toca el violín. Sólo que sois infinitamente hipócritas y nauseabundos con vuestros juicios, bastardos. El profesor, tras un tiempo cayó prendada de ella, y ella se dejó follar, ella bajó sus pantalones de cintura baja mostrándole su coño peludo y le llevó la mano allí para que la de él se mojara en su excitación. El percibió su olor 203
peculiar, su olor de hembra en celo, notó el olor de su coño. En un sucio lavabo de hombres, del instituto la hizo gozar y él gozó como pocas veces lo había hecho. Y alguien los vio y los denunció. ¡Os mataré, hijos de puta! Sólo yo puedo ejercer la maldad, 666 arrasará vuestra vida, fariseos de mente cobarde y podrida. Un momento, me está chupando la polla y se me encogen hasta los dedos de los pies, estar de pie aguantando a esta pantera y encima relatando un hecho real es difícil; pero es igual, tengo polla para rato ¿Qué edad creéis que tiene ésta? ¿Le vais a decir a alguien que La Bestia, que el 666 se está tirando a una menor? Os mataría sólo con mi aliento. Cabrones fariseos que matasteis a vuestro Enviado.
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Los padres sólo imaginaban al profesor metiéndole el pene a su niña, tocándole las tetas, ensuciando lo más bello de su vida. Tal vez el padre suda al pensar lo que él mismo le haría a su hija y está celoso. Y no imaginan como ella se masturbaba en el lavabo cada día, pensando en su profesor. La forma animal en que lo amaba. Como les decía una y otra vez que deseaba y estaba enamorada de su profesor. Que su coño estaba mojado por él, ella sentía ese humor sexual en su sexo que la perturbaba y excitaba aún más. Sus padres la machacaron hasta que su espíritu joven renunció a la voluntad de querer, sus propios padres la hicieron sentir sucia y fea e imbécil. Y al profesor lo metieron en la cárcel y arruinaron su vida los putos envidiosos jueces y policías. Sus 205
asquerosos y piojosos colegas lo envidiaron tanto que desearon destruirlo en nombre del decoro y la ética. Ética... la del juez que se masturba al imaginar a la niña follándose al profesor, con esas tetas, con ese culo. Jueces y profesores rectos y concienciados que babean como cerdos buscando trufas. ¡Malditos bastardos sucios y pornográficos! Por vuestra puta envidia destrozasteis dos vidas, la de ella que nunca pudo ocultar aquel horror de reproches y el sentirse sucia siendo tan joven. Y la del profesor. Sólo follaron, ella no fue forzada y él no la forzó. No mataron a nadie, hijos de puta. Cerdos de mente estrecha. Cuantos más muráis, mejor, hijoputas.
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Putos envidiosos, me ponéis enfermo. Cogería a esta adolescente que tengo y la estrangularía sólo para demostrar la poca estima que os tengo, vuestra vida es una mierda. Y hacéis mierda lo que tocáis. Os haría una estola con su intestino caliente recién extraído de su tierno vientre... Esperad, se está corriendo mientras se pellizca los pezones, joder, pues no es nadie la chica... Coño, igual cuando acabe ella de correrse me hago una paja otra vez. No mataron a nadie. Ni padres ni amigos escucharon a ninguna de ambas partes y los destrozaron. Eso es pura maldad.
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No os digo nada más, estoy seguro de que odiáis a esos de ahí fuera casi tanto como yo. O debierais hacerlo. Ya os contaré más cosas otro día. No os acerquéis a esa mierda de chusma o apareceré un día en la cabecera de vuestra cama y os arrancaré los ojos para que no veáis mierda donde no la hay. Siempre sangriento: 666.
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666 Trabajando en Israel.
Esta luz de la tierra santa... Esta luz amarillenta que da color a resecos olivos centenarios y un toque fantasmal a las ciudades que se divisan a lo lejos, como espejismos áureos; luz que da calidez a las pieles de estos primates. Israel, Palestina... Esta luz es producto de la mierda de polvo árido y estéril que viene del desierto. No es una luz cálida, os he engañado; es una luz sucia y llena de mierda. El tono cálido es por culpa del asqueroso polvo en suspensión que los vuelve a todos gilipollas, como si aspiraran continuamente rayas de una dorada cocaína. No os creáis que en vuestro
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mundo todo es tan bello. Tenéis verdaderas mierdas también. Aquí fue donde le clavé más profundamente a Cristo las espinas de su corona en su santa frente, atravesando con el esfuerzo mis manos. Me subí a la cruz y le dije mirando sus ojos verdes y llenos de sangre reseca: —¿Me quieres a mí también, falso ídolo de enfermos y locos? Le lamí la sangre que goteaba de su nariz mientras la crucifixión lo asfixiaba lentamente y se morían con él sus falsas esperanzas para un mundo de mierda mejor, donde los hombres se sacrificarían y sacrificarían a sus hijos por obedecer a un dios idiota y egoísta. Y el acre sabor de su sangre bajaba desde mi lengua bífida a mi garganta sabiendo que con cada gota me llevaba parte de su vida.
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La del santo hijo que abusó de locos y enfermos para ser más que nadie. ¡Qué ironía! El lugar donde murió el santo y casto varón resulta que es ahora el núcleo de la guerra de todas las guerras, la cuna de la muerte y el terror. Se me ha puesto dura... la polla. Y yo, asesino de asesinos, estoy aquí recordando la muerte del nazareno hace apenas unas semanas atrás... Camino con el uniforme de soldado israelí porque soy un chulo, el chaleco antibalas de ligero kevlar me hace sudar y mis brazos fuertes y gordos como un muslo de hermosa mujer llaman poderosamente la atención. Mis gafas ocultan mis ojos ávidos de emociones y muerte; el casco me hace sentir un poco más sobrenatural, con más carisma. 211
Reconozco que hay algo de fetichismo en ello; disfruté con aquella judía, la mujer de un almacenista de la construcción que no me dejó sacarme ni el chaleco ni las gafas de sol mientras la penetraba una y otra y otra y otra vez... Y sus piernas me apresaban el culo para que me metiera más adentro de ella. El subfusil es ligero, he descargado tres cargadores en pocos segundos contra un viejo perro que estaba al sol y lo he convertido en una hamburguesa sangrienta. El nueve milímetros es el calibre perfecto para estas armas rápidas y de corta distancia. Podría matar en tres segundos a cuatro primates sin ningún problema. Ningún soldado judío tiene suficientes cojones para caminar por esta zona palestina alejada del núcleo urbano. Podría ir descalzo pero estas botas molan mazo. 212
Hace apenas unos minutos he oído una explosión y estoy buscando la causa. Unos pequeños jirones de humo salen de detrás de una antigua y gastada loma salpicada de resecos arbustos. Cuando llego a la cima, en la pendiente contraria puedo ver como un tronco de primate ensangrentado mueve la cabeza de un lado a otro en estado de shock. Es un barbudo palestino, uno de esos que se ponen explosivos por su cuerpo (demasiado moreno para mi gusto) para luego explotar e ir a un cielo donde unas supuestas putas le estarán chupando la polla durante toda la eternidad. Error. Seguramente este imbécil ha hecho algo mal y ha reventado él solo aquí.
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Me acerco y me río en su cara, feliz y sinceramente. Consigo captar su atención a pesar del shock cuando me quito las gafas y miro directamente a su cerebro. Llora sangre porque un ojo ha reventado. Un par de perros famélicos lamen la sangre y el hueso de los muñones que han quedado a la altura del hombro derecho y la pelvis, donde debería estar enganchada su pierna. Otros perros se pelean por una sucia alpargata que tiene aún algo de carne dentro. Con los incisivos delanteros un pequeño perro blanco pega tirones de un nervio negro y gordo, que retorcido que sale del muñón del hombro. Necesito estar solo con este imbécil. Les hablo a los perros para que se vayan de aquí o los mato. Se acercan hasta mí con sus hocicos ensangrentados y me lamen las manos, los más altos 214
apoyan sus patas en mis pectorales y lamen mi cara con cariño. En mis labios han quedado restos de sangre de los lametones y me los limpio con la lengua. No soy un tío delicado y siempre me ha gustado que los seres inferiores me muestren temor y respeto. El tronco humano se revuelve en esta sucia tierra y sus muñones se rebozan en un fino polvo; me señala con el dedo hacia el este, donde se aprecia una casa de ladrillo desnudo, de esas de los pobres. Se escuchan voces de niños y alguna mujer. Cojo el tronco del primate con una facilidad espantosa y miro en derredor para localizar a algún turista de esos horteras con cámara digital para que me haga una foto con el primate ensangrentado al hombro. Pero no hay nadie, estoy solo con este idiota.
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Me señala su casa, me señala a su familia; pretende que lo lleve ante ellos antes de morir, este subnormal no sabe lo que es el paraíso que le tengo reservado. Cuando llegamos a unos cien metros de su mierda de hogar, lo tiro al suelo sin ningún tipo de cuidado; apenas gime, no tiene fuerza. Le doy unas bofetadas en la cara con cuidado de no partirle su moreno y sucio cuello para que espabile. Esto que voy a hacer, no lo intentéis hacer vosotros, el subfusil es un arma para corta distancia, sólo los seres superiores podemos disparar y ser certeros a esta distancia con estas armas. Le obligo a mirar hacia su casa y le sujeto la mano que le queda atravesándola y clavándola al sucio suelo de esta
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santa tierra con mi Herbert de doble filo y acanaladura. No grita demasiado y su mano apenas se ha crispado. Ahora, antes de morir, observará el paraíso que le espera durante toda la eternidad. Hay tres niños correteando frente a la casa que está llena de desperdicios y trozos de uralita cortantes y peligrosos que el guarro este recogió para seguramente arreglar el techo de su choza. ¿Es que no sabe que eso es un peligro para los niños? Me tumbo en el suelo en posición de combate... De caza. Mi arma apunta hacia uno de los pequeños bultos que está sentado en el suelo haciendo dibujos con un palito, disparo y casi al instante cae hacia adelante, el pequeño cuerpo inerte se ha doblado besando el suelo entre sus piernas abiertas, con sus dibujitos aún por acabar... 217
Hay algo de dramatismo en la mirada de este palestino moribundo y parece que no acaba de creer que acabo de reventarle la médula a su hijo más pequeño. Los otros niños, apenas han podido reaccionar y corren hacia su hermano gritando. Apunto a la niña y de su pecho una rosa roja se abre mientras cae al suelo, el padre saca fuerzas de no sé dónde y emite un profundo grito. Es igual no me impresiona. Otro disparo más y la cabeza del niño mayor se convierte en una sandía reventada y el contraluz crea un aura roja con la sangre pulverizada en el aire. Unas lágrimas de emoción se desbordan por mis ojos ultravioletas. Aún me quedan muchas balas... Una mujer grita, con su gorda barriga, apenas puede correr hacia sus hijos muertos. Calculo que debe estar 218
preñada de unos siete u ocho meses. Estos primates se reproducen como las ratas. Le digo al palestino que tiene una buena polla y que me siento orgulloso de la cantidad de veces que ha sido capaz de joder a su mujer, y de lo muy hombre que es a pesar de ser un paria de mierda incapaz de alimentar debidamente a su familia. Le pellizco el muñón del hombro cariñosamente, de Dios a mono. Espero a que la mujer ofrezca un perfil y... Disparo. La bala atraviesa su barriga, entra limpiamente y por el extremo opuesto se abre un agujero irregular, se sujeta la barriga lanzando un grito al aire. Al girar por el primer impacto se pueden apreciar pequeños huesecillos asomando entre el masivo agujero de salida de la bala; el palestino se desgarra la mano al 219
desclavársela del suelo y querer alcanzar a su lejana mujer. En ese mismo momento, el pecho izquierdo y pleno de leche estalla con otra bala. Y ahora el silencio, el silencio de la muerte. Mi gran momento. Cojo el tronco y lo llevo hasta su familia muerta y dejo que muera allí; no me ha dado tiempo de quedarme con las almas de su familia así que espero su muerte. Llamo a mis crueles para que se hagan cargo de su alma y en el momento que el sucio y ensangrentado barbudo abandona su cuerpo mis cerdos, mis queridos cerdos de la profundidad lo apresan. Estará durante toda la eternidad viendo la muerte de toda su familia. JAMÁS ACCEDERÁ A
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PARAISO ALGUNO Y SU AGONIA NO TENDRÁ FIN. Me desnudo y dejo toda la ropa y las armas en este sucio rincón del mundo; más que nada para desestabilizar más esta tierra santa de ese dios maricón, para que haya más odio, más rencor y más muertes. Más barbudos muertos. Volveré a mi cueva oscura y fresca, maloliente. Y además, tengo unas ganas locas de follar, un buen trabajo me pone. Esperaré impaciente como los palestinos revientan otro mercado lleno de judíos. Y así hasta que todos mueran y sus almas sufran en mi infierno, en el sótano de mi cueva.
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Ya os contarĂŠ mĂĄs aventuras de estas que tanto os gustan. Siempre sangriento: 666
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666 y la violencia de género.
Menos mal que en mi cueva no da el sol, nunca. Jamás. Las rocas se mantienen frescas, el tabaco es más aromático y mis recuerdos más vívidos. De hecho mi memoria no falla en ningún instante, como mi pene... Como mi sed de mal. Solo pretendía hacerme más asequible a vosotros; un poco más cercano. Mi pene permanece tranquilo en el fresco trono de piedra; pero durará poco, mi Dama Oscura está excitada porque le cuento algunas historias, y se toca. Coge la mano de unos de mis crueles para que le acaricie frente a mí, con su vagina abierta. Y poco a poco me excita... 223
El cruel, como buen malvado que es, excitado le pellizca un pezón. Mi Dama Oscura le arranca los ojos, me hace reír. Mi carcajada resuena en todas las rocas y los crueles se hacen un ovillo protegiéndose de mi agresividad. De mi maldad. Me acuerdo de aquella mujer maltratada en la calle. Yo estaba buscando una mujer a la que convertir en ninfómana; veréis, la mejor forma de provocar destrozos matrimoniales y de parejas, es crear a una mujer tan sedienta de sexo que destruirá familias y hombres y mujeres. Para convertirlas en ninfómanas se requiere un proceso sexual un tanto aburrido, sin violencia. Y eso me hastía un poco; pero un día de estos ya os lo contaré para que luego vayáis a joder con vuestras parejas, excitados y sudados.
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Ahora os contaré de una mujer, (una primate) que me llamó la atención cuando su marido en mitad de la calle le dio un puñetazo en un pecho cayó al suelo y la levantó a tirones de cabello. A mí me gustó, me llenó; pero había algo en aquel mono que me molestaba. Se creía más malvado que yo, más macho. Y ahí se equivocaba. —Levántate hijaputa —le decía a su rechoncha mujer. Debería rondar los cincuenta años. Era un tío bajito y delgado. Muy delgado, con una voz muy potente, de muy macho. Muy borracho. De muy muerto ahora... No me importa una mierda los motivos. Los seguí ilusionados y aún oía a la primate pedirle perdón, que no la pegara más. Que no se pasaría con el gasto durante el resto de la semana.
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—Paco, por el amor de Dios, no me pegues más. Y él decía continuamente: "Malaputa, malaputa, malaputa...", golpeándola durante el camino a casa en la nuca con la mano abierta. Un viento suave y fresco refrescaba mi frente, sudada y de vez en cuando se me cerraban los ojos con placer. De ese refrescante aire; de ese dolor inhumano que infligiría con total impunidad. Con mi desmesurado poder. Los seguí hasta su bloque de mil apartamentos, un edificio de viviendas para incultos y pobres primates. Olía a fritanga de mierda, el olor se extendía de las mil cocinas como una muestra de la primate miseria. De adocenamiento revenido.
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Me metí tras ellos en el portal, no me miraron porque a mí no me dio la gana. Observé el piso que marcaron en el ascensor y subí más rápido que la máquina. Él abría la puerta del apartamento empujando a la mona adentro para darle una buena paliza, yo me acerqué raudo y los empujé a los dos. Al mono le di un puñetazo en la mandíbula y se la saqué de su articulación, se le quedó torcida y me miraba completamente aturdido. Ella comenzó a lanzar un grito y le destrocé los labios de un puñetazo. Quedó tendida en el suelo mostrándome sus bragas grandes y bastas. Metí la mano y exprimí su culo. Delante de su mono. Es un plus que les ofrezco a los amantes. Como quiera que el mono intentara hablar, agarré con desmesurada fuerza su maxilar inferior desencajado y 227
acabé de separarlo abriendo su boca salvajemente, a la vez que extraía la mandíbula hacia fuera, un fuerte crujido y el primate sacó toda clase de líquidos por la nariz. A la mujer le di una fuerte patada en el exterior de un muslo para que fuera espabilando. Me acerqué mucho a sus ojos cerdos y le dije: —De morir hoy, no te libras, mono de mierda. Deberías ver lo gracioso que quedaba con los ojos abiertos y la mandíbula desencajada, cuando se movía por el dolor, la quijada se balanceaba de un modo que seguramente era doloroso. Es que me parto el rabo. Por cierto, se me ha puesto duro como el acero y le indico con el dedo a mi Dama Oscura que venga y me lo chupe. 228
Tiene una boca... Vuelvo a la casa del matrimonio hace años, hace unos segundos… Evoco las sensaciones, las paladeo… Oigo un rumor y tras una cortina encuentro a un ángel, un enviado del jodido Dios para intentar arreglar este matrimonio; para salvarles la vida. Aferro al querubín por los cojones, o el lugar donde los tendría: —Dile al maricón de tu jefe, que ha fallado, lo arreglaré yo. Y son míos. Estos monos me pertenecen, maricón. El ángel mira con lágrimas en los ojos al mono y a la mona.
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Le doy una patada en el culo para que aligere y se va cantando no se qué mierda clásica (Haendl) con su angelical voz. Precioso de verdad; pero si vuelve lo descuartizo. Cojo al marido por la cintura después de haberle roto un par de costillas a patadas y lo ato con su propio cinturón al radiador del pequeño y oscuro comedor. Un comedor deprimente con una sola ventana que deja las paredes interiores en penumbra, así que enciendo las luces y mejora un poco el ambiente. Le separo las piernas sin preocuparme por los brazos, los cuales al doblarlos en sentido contrario a su articulación, le he reventado los codos. No los puede mover y he tenido que sacudirle de hostias para que no se
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me durmiera. Hostias como las que da Dios, sólo que las mías son putas. ¿Entendéis?: Hostias putas. Soy lo que rima con joya de ingenioso. Silbando felizmente a los Rolling y su famosa Angie, saco mi navaja Laglioli de acero inoxidable pulido y clavo la hoja profundamente en su muslo, muy cerca de sus cojones, hago correr el filo unos cuantos centímetros hasta que un chorro de sangre a presión salta a borbotones rítmicos con cada latido de su miserable y cobarde corazón. Con mi cinturón le practico un torniquete hasta que sangra justo lo que necesito para que se muera poco a poco; sin perderse nada del espectáculo. Podría haber invadido su mente para que no sintiera dolor; pero no mola. 231
Desnudo a su mujer delante de él tras haberla despejado con ligeras palmadas en la cara. Parece sumida en un marasmo intenso, se ha dejado desnudar y sigue inmóvil. Me desnudo también y la obligo a arrodillarse delante de mí. Le apoyo el pulgar en la barbilla para que abra la boca, le meto mi pene en la boca y muevo la pelvis. Mi mano le indica que ha de mover la boca y chupármela. Nos hemos colocado de perfil a su marido para que capte todo el detalle. Mi pene se ha inflamado como si le hubieran metido aire a presión y su boca se llena. En un momento dado, sale de su sopor y vomita al darse cuenta de lo que está saboreando. 232
Yo es que me parto. Pues no es delicada la mona… Seguro que nunca le ha comido el rabo a su asqueroso macho. La navaja amenaza su garganta y mi mano muy cerca de los ojos de su marido masajea su vagina seca, así que meto los dedos a ver si así corre un poco más de flujo. No reacciona, continúa forcejeando con sus tetas gordas bamboleándose. He visto cierto odio en los ojos de su marido, odio hacia a mí. A mí ni el puto dios me mira así. Hay una grapadora en un estante de una librería, así que estiro de uno de sus párpados hasta pegarlo a la ceja y de un fuerte golpe le clavo una grapa. Hago lo mismo con el otro ojo. Y le dejo gritar porque me pone más cachondo. 233
Vuestra muerte me excita siempre. Le doy otra bofetada a la mujer porque se resiste y mira a su marido con pena. Como si le quisiera, como si temiera por la vida de su verdugo... Siento un odio ciego. La planto encima de la mesa del comedor y la penetro sin miramientos, su coño está tan seco que me da un placer extremo, no hay lubricación por su parte y mi glande se frota contra unas paredes elásticas pero ásperas. Y disfruto con el dolor y el asco de ella. Disfruto apretando sus pezones hasta el punto de cortarles la circulación. El marido apenas se mueve, la sangre continúa saltando rítmicamente de su muslo y yo resbalo en ella. 234
Decido invadir la mente de la mujer para que él vea que disfruta de un verdadero macho. Entro en su mente con brutalidad y allí huele mal, así que me tapo la nariz y comienzo a excitar su lóbulo derecho con mis poderosas ondas mentales. Mi otra mano amasa su vagina entera, exprime la vulva y se va deslizando por su interior, al cabo de unos segundos mis dedos están manchados de una baba fuerte, densa. Ella misma se ha acostado de lado en la mesa con una pierna en alto ofreciéndome su coño mojado. Meto mi polla y resbala suave allí, sus ojos lloran pero sus labios lanzan gemidos de placer, el marido llora sangre observando como se chupa los dedos con una lujuria intensa. Toca su clítoris embutido en grasa mientras la follo...
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Se da la vuelta, porque tiene el coño tan mojado que no nota ya el roce de mi pene. Separa las nalgas ofreciéndome su ano oscuro. Escupo en él y la penetro con una violencia, tensa la espalda y parece querer separarse de mí, la tomo por la cadera y empujo con fuerza. Mi polla resbala entre su culo ensangrentado, comienza jadear y respirar sincronizadamente con mis embestidas. El marido parece próximo a perder el sentido, así que le saco la polla a la mona para acercarme a su macho. Le reviento con el dorso del puño; el masivo derrame alcanza los ojos que han perdido el blanco. La vuelvo a penetrar con mi pene ensangrentado, su culo está tan irritado que me excita hasta la eyaculación. Y empujo su mente...
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Mis cojones se contraen, el semen está siendo bombeado a los conductos seminales. Ella siente toda esa presión. Sus ojos tristes y aterrados, me miran profundamente tristes y asustados llevándose mi glande a la boca, pasando la lengua por él, succionándolo de rodillas ante mí, ante el Maldito. Y me acaricia los cojones sin que su cerebro pueda evitarlo; me lleva hasta su verdugo y cuando la primera gota de semen le llega a la lengua, dirige el pene hacia la cara de su macho. Eyaculo en la cara del mono, en sus ensangrentados ojos, en su boca abierta y deforme. Apenas se mueve, su sangre mana muy lenta ya. Y le cuelgan hilos de blanco semen de su nariz. Mi vientre se ha contraído tantas veces que me duele. Y mis piernas flaquean. 237
Ella con asco en los ojos limpia mi pene. Con la lengua. Yo abandono su mente y vuelve a llorar, abrazándose a su cabrón de marido. Le coloco la navaja en su mano y ella la mantiene obediente. La policía necesita huellas para entender lo que ha ocurrido sin prestar atención a los “desvaríos” de la primate. Le penetro el culo sorpresivamente con cuatro de mis dedos y vuelve a sangrar. Grita llevándose las manos al ano destrozado. Ensucio con su anal sangre los cojones de su puto marido. Para que metan a esta tarada en la cárcel. Para que se pudra allí.
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Acabo de escurrir la poca sangre que le queda a su verdugo introduciendo la mano en la herida del muslo y rasgándola más aún con un tirón seco. Aúlla y acerco mi boca a la suya metiendo mi lengua, sorbiendo su muerte. Convirtiéndome en muerte. Tras vestirme y darle un golpe en el cogote a la mujer, como su marido le hacía, me largo cerrando la puerta suavemente. —Mi Paco, mi Paco… ¿Qué te han hecho, mi vida? —la oigo con asco lamentarse, seguramente abrazando la muerta cabeza de su puto marido. ¿Sabéis lo que pretendía hacer ese Dios cabrón con ella?
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La quería convertir en una mártir. Ese dios homosexual y folla-niños quería que ella cayera un día bajo el cuchillo de su mono macho. Les he jodido su puto plan de mierda. Soy mejor que vuestro puto Dios, al menos le he dado placer, le he dado más años de vida y más dignidad. Pero sinceramente, estoy seguro de que no ha aprendido; estoy seguro de que un carcelero, día sí y día también la follará por el culo y le dará palizas, tremendas palizas. Pero no morirá pronto. Morirá vieja y apalizada. No soy un ser bueno, soy un anti Dios. Y mi Dama Oscura se está acariciando su sexo rasurado mientras mi pene palpita excitado en su boca. Me voy a correr... 240
Ya os contaré más cosas otro día. Secretos, secretitos... Siempre sangriento: 666.
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666 crea una ninf贸mana.
No siempre mi trabajo consiste en ser sangriento. Soy un hedonista convencido; pero no os fieis. Y es que tras un intenso placer existe un ansia por revivirlo. Yo soy creador de ninf贸manas. Fabricante de m谩quinas sexuales. Hay mujeres que me buscan continuamente cuando su mente se relaja y el cerebro recupera registros de oscuros placeres. Hay mujeres por ah铆 a las que he mostrado el placer que pueden llegar a sentir. Yo las he follado como los dioses saben hacerlo.
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Pero no hay otro ser como yo, su búsqueda será infructuosa y se tocarán y buscarán hombres. A cualquier hora, a cualquier momento. Pero jamás volverán a sentir mi pene sacro dentro de ellas. Ni mi mente empujando. Y para los hombres está ella, mi Dama Oscura. Bien, pues estaba buscando una tía buena a la que convertir a la ninfomanía. Decidí moverme por los lugares con más borregos: disco-bares en la zona de los puertos, donde hay una variada muestra de hembras entre un rango amplio de edades. Los láseres dibujan espirales y mil estupideces más, los flashes creaban fotogramas en el cerebro y allí la vi, por un 243
leve momento un cañón de luz alumbró su pelo corto y castaño, lacio. Estaba sola, bailando por el placer de la música. Una falda larga y oscura, translúcida, revelaba unas largas piernas a través de una raja amplia que se abría casi un palmo por encima de sus rodillas. Su marido con otro grupo de primates emparejados estaban charlando animadamente ocupando un par de mesas. Rocío se sentía un poco ebria y salió a la pista, a dejarse mecer por una música que no le gustaba, simplemente quería moverse allí. Mecerse en un suave aturdimiento de los sentidos.
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Acaba la música y se dirige a las mesas que ocupan marido y amigos. Me dirijo allí y me acerco a preguntar la hora a su macho dejando caer en el vaso de ella (lo sé por el olor de sus labios) una pastilla de éxtasis que le he robado al camello de los servicios de hombres tras romperle los dedos de la mano, cerrando la puerta con su mano en el marco, hasta que me ha pedido llorando que no le haga más daño. Hasta que se ha meado. Hasta que me he retenido de arrancarle el corazón delante de los meones sudorosos y colocados. Me retiro hacia la pista, a esperarla. Ella viene hacia aquí contenta, su marido le ha dado una palmada en el culo negándose a bailar con ella.
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Se inicia una nueva tanda de mĂşsica y algo de ritmo latino llena la pista de primates. RocĂo llega a la pista y comienza a mover sus caderas. Su blusa roja se abre mostrando un profundo escote, y sus pechos se agitan al respirar. Su piel brilla por la humedad del sudor. Una mano en la cabeza indica que no le ha sentado bien el cubata de ron, ni la pastilla. Bailando aturdida y sin pudor a mostrar el nacimiento de sus pechos, me excita. Cuando un haz de luz atraviesa la pista, un breve tanga se adivina bajo la falda. Yo sudo y me muerdo el labio inferior. Me coloco frente a ella y me sonrĂe, clavo la mirada en su blusa, donde los pezones tensan la tela. Y ella se da cuenta con cierto rubor. Con una media sonrisa. Nadie mira a nadie y su marido y amigos no nos pueden ver.
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Muevo mi pelvis hacia ella, cadenciosamente, entrando por sus ojos. Y cojo su mano con fuerza, Rocío se asusta e intenta liberarse, no la dejo y llevo su mano a mi paquete, la oprimo con tanta fuerza contra mis genitales que ella siente una violencia extrema, intenta llamar a su marido y entro en su mente, la empujo. Dejo de hacer presión, nos movemos muy juntos y ella mueve rítmicamente la mano, tanteando mi pene que se va desarrollando, presionando en su mano ahora rápida y firme. Me mira con los ojos entornados por la embriaguez y con la lengua se humedece los labios secos por el éxtasis.
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Retiro su mano de mis cojones para llevarla a su sexo, incluso a través de su mano adivino la raja húmeda y caliente. Rocío se eleva un poco de puntillas por la invasión de su coño y le muevo la mano. Ella suspira y abre un botón más de su camisa, con cada movimiento de mi brazo los pezones asoman por el escote. Su mano ha apresado la mía para masturbarse con ella. Hace tanta presión que creo que se va a reventar el coño con la mano. Empujo con mi mente y detiene su movimiento, sus piernas se abren y lleva mi mano más abajo y más adentro en sus muslos. Suda, yo meto mi lengua en su boca y un dedo en su coño, a través de la falda y el tanga. La dirijo hacia la salida de emergencia. Conduzco el Aston Martin con calma, disfrutando del aire fresco y húmedo que viene del mar. Abre sus piernas 248
para meterse la mano en el tanga y masturbarse con la desinhibición que dan las drogas, con la excitación que le creo en su mente que ahora es mía. De vez en cuando pasa los dedos por encima de mi bragueta para sentir mi pene. Ella se ha embutido un dedo en la vagina apartando a un lado la braguita. Su frente está cubierta de gotas de sudor. Cuando entramos en el loft que me he adueñado, los rastros de sangre del antiguo dueño no llaman su atención, ni siquiera el olor a cadáver en descomposición. Nos dirigimos a una zona en penumbra, mi Dama Oscura ahora oculta, enciende las luces y la estancia se ilumina de un blanco hiriente. En el centro de una zona iluminada sin piedad hay un altar de mármol negro. Tiras de
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terciopelo negro cuelgan del techo y otras salen de los laterales. Rocío se queda perpleja y yo meto la mano en su blusa masajeando el pecho. Empujo con mi mente y de su boca se escapa un gemido. Mi polla se ha endurecido tanto que me llevo una mano ahí para amortiguar toda esa presión. El pensar que en menos de cuatro meses se divorciará y que a lo largo de su vida destruirá matrimonios y vidas de parejas es algo que me hace pensar con más frialdad. Porque ahora mismo, la mataría. Si quiero follar ya tengo a mi Dama Oscura, no necesito a esta primate para correrme. Esta primate es puro trabajo. Puede que le arranque el corazón mientras la penetro.
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Dejo caer mi camisa y Rocío lame mis pezones bajando con la punta de las uñas por mi barriga, hasta mi vientre y hasta meter sus finos dedos por dentro de mi pantalón. Apresando mi polla. La llevo en brazos al altar, elevo sus piernas para atarlas al terciopelo negro que cuelga del techo. Sus manos quedan sujetas por otras tiras con los brazos en cruz. Una caja negra baja del techo hasta situarse escasos centímetros de su cuello. El fondo de la caja es un monitor a color. Ella verá lo que le voy a hacer. Los laterales de la caja son los altavoces que reproducirán sus gemidos y su respiración. Aislándola de todo, obligando que el placer sea su placer. 251
Con una bolsa negra de terciopelo acabo aislándola del exterior. Su respiración se retiene, está asustada. Empujo su mente otra vez, masajeando su mesencéfalo, su primitivo cerebro. Y sus piernas se abren excitadas. Justo lo que permiten las cintas que la sujetan, como una parturienta. En mi brazo izquierdo llevo insertado un puñal clavado entre el tejido muscular, cuando lo muevo para extraerlo gotas de sangre resbalan desde la altura del bíceps, la cámara me enfoca para que ella vea lo muy macho que soy. Rocío se excita, su respiración se ha hecho rítmica y profunda. Sus pezones están duros y excitados. La punta de mi cuchillo rasga la blusa y se entretiene girando entre sus pechos, rozando los pezones. Baja a la cinturilla de la falda cortándola, dejando a la vista el tanga 252
que ha sido tragado en parte por su sexo húmedo. La punta del cuchillo sube al ombligo y allí me pierdo. Mueve el vientre parece que me habla con él. Deseo clavar ahí mi cuchillo, deseo destriparla, quiero hacerla sufrir y ver su sangre correr por los labios de su coño. Alzo el cuchillo con el brazo tenso de pura maldad. - Mi Negra Bestia... No lo hagas.- la Dama Oscura me habla desde un sillón de piel negro. Es la moderadora, la que evita que yo divague y mate sin necesidad, hoy no toca matar. Y me calma elevando sus piernas, mostrándome su vagina blanca, sin vello abriéndosela para mí. Su lengua lasciva remoja sus labios. Mi pene está latiendo. Rocío continúa nerviosa, sus puños se abren y cierran, mi puñal corta el hilo del tanga y su sexo se presenta ante 253
mis ojos, semi abierto, unas gotitas de flujo habían manchado el triángulo y su coño brilla húmedo. Mi mano se posa allí con fuerza, cogiéndolo con la palma de mi mano, mi dedo corazón invade su himen. Oigo su gemido por los altavoces que la aíslan. E invado su mente, me convierto en el pene de su cerebro. Y ella gime eleva lo que puede su vagina, para que yo la lama. Con la punta de mi cuchillo separo los labios jugosos, y ella permanece quieta y tensa ante el metal frío que la roza. Tiene miedo y una excitación que la lleva a una paranoia extraña y erotómana. El cuchillo... La voy a penetrar con él, mataré a esta primate, la rajaré del coño hasta los pulmones y me bañaré en su sangre de ser inferior, mi mano ase fuerte el mango
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del puñal y se dirige con fuerza a su sexo, va a ser devastador... —Mi Negra Bestia... No lo hagas —la Dama Oscura aplaca mi odio, el mango de un katana, de un milenaria espada samurái está profundamente clavado en su sexo y lo mueve adentro y afuera. Lanzando atrás la cabeza. Sus piernas se elevan y se abren. ¿Cómo coño lo hará? Mis deseos de sangre se diluyen con esa visión y me tiro a la primate. La penetro, todo su cuerpo se estremece. Mi pene la invade, mis cojones pegan en sus nalgas y mis manos golpean sus nalgas para que gima más, quiero oírla gritar. Y grita. 255
Sus brazos quieren romper las cintas, quiere tocar su clítoris duro. Y yo lo rozo. Arquea su espalda. Sus pechos son sacudidos con mis embestidas. La polla resbala allí dentro desbocada, acariciada por una carne resbaladiza y húmeda. Lanzo un rugido que hace vibrar la iluminación, mis venas adquieren relieve y recorren mis brazos y mi cuello como ríos azules. Algunos de mis crueles que andan escondidos se remueven inquietos entre las penumbras. Alzo el puñal para clavárselo a la primate, esto es inaguantable, mi polla va reventar en un mar de semen y...
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La punta del cuchillo ya ha herido la piel de vello dorado de su estómago. —Mi Negra Bestia... No lo hagas —la Dama Oscura evita la muerte de la primate y sus piernas permanecen alzadas aún, abiertas mientras un enorme perro blanco lame su sexo con sonidos líquidos. Mi Dama Oscura se rota el clítoris entre la lengua del perro que la lleva al placer animal y brutal. Elevo el culo de Rocío e invado su ano. Hay dolor y placer, su cabeza se mueve loca. Sale sangre de su ano; pero deja las piernas fláccidas las piernas, el ano ya se ha dilatado y relajado. Su respiración se ha tornado jadeante, sincronizada con mi ritmo. Le gusta ser follada por el culo.
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Eso no es cosa mía. No lo he pretendido. Será la perfecta destroza vidas. Hará llorar a hombres curtidos y será la envidia de las mujeres; pero este placer no lo sentirá jamás. Hasta que muera y me la tire en el infierno. —Joder, joder, hijo puta... —es la letanía de Rocío. El diálogo del placer intenso de los dioses. Ahora mi lengua baja a su raja, juega en ella, separa los labios y cuando llego a lo duro, no lo rozo apenas. Ella intenta alzando la pelvis, que mi lengua roce su clítoris. No lo permito. Sus muslos tiemblan, los beso, los lamo rozando con la nariz su coño pringado y resbaladizo.
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Mi cuchillo se va a un pezón, se lo voy a arrancar, yo no puedo seguir sin la muerte, mi fin único es dar dolor. El placer para los maricas. La Dama Oscura se sitúa tras de mí apoyando sus pechos en mis omoplatos, me coge la polla y me masturba. Su otra mano me saca el cuchillo de las manos. Rocío, la primate gime desesperada con la escena. La Dama Oscura me lleva cogido del pene, de nuevo al coño de Rocío; abre su vulva con una mano y guía mi polla a ese carnal túnel. Me empuja el culo para que la meta toda. Manosea mis testículos con sus dedos finos y mortales. Y yo lanzo bramidos y rugidos de bestia en celo, la baba cae de mi boca, el coño de la primate está expulsando el semen que mi pene ha escupido y su cuerpo sufre convulsiones de placer, pequeños ataques epilépticos. Grita... 259
Hay hilos de saliva, fluido y semen en mi pene cuando se lo saco. —Ven conmigo, mi Negra Bestia... —la Dama Oscura me susurra. Los crueles cubren con un albornoz a la primate y le chutan en vena una droga que la hará olvidar detalles. Destrozará hombres y acabará con mujeres buscando el placer que la he hecho sentir. Buscándome a MÍ. Los nervios de Rocío se han de sosegar ante el placer vivido y luego abandonarán en cualquier punto de la ciudad. Me convierto en un lobo negro y la Dama Oscura, a cuatro patas, me ofrece su agujero negro y mojado.
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La penetro clavando las uñas de mis patas en su cintura, la sangre resbala por sus caderas mientras la monto aullando. No miréis, dejadme, esto es íntimo... Ya os contaré más cosas. Siempre sangriento: 666.
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666 francotirador y Dios herido.
Hoy toca practicar el tiro al mono, me apetecía sembrar el terror como un francotirador. La gente sale corriendo, con fingida prisa con sus carros repletos de comida barata de ofertones de 3 x 2. Estoy situado en el techo de una nave industrial frente a un hipermercado, mi rifle de mira telescópica (sin láser, porque a esta distancia no vería un pijo) de 12x a 210 mm., con munición 222 de punta hueca; apunta directamente a la cabeza de un niño sentado en el carro de la compra que sonríe a su madre porque ésta corre haciéndole sentir el vértigo de la velocidad.
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Y cuando aprieto el gatillo convierto toda esa alegría en algo insoportable para cualquier primate. Los sesos del niño han caído encima de la compra. Y Dios no hace nada por evitarlo, ni uno solo de sus arcángeles ha venido a convencerme. El niño muerto parece un pelele en brazos de su madre. Dios tiene miedo de mí también. ¿Os pensáis que Dios es intocable? Pues no. Error. Es un cabrón siempre a la caza de almas nobles. La verdad es que se lo curra, se lo trabaja mucho. Su red de ángeles está siempre controlando el cotarro. 263
Buscan un alma con suficiente calidad y matan el cuerpo para robarla. Para captarla, como una secta, como unos degenerados. Matan familias enteras si es necesario y no se cortan un pelo. Pero claro, para los primates un asesino angelical es una monada y los crueles somos detestables. No saben cuanta razón tienen. No hay sentido del humor en esto. Igual se piensan los primates que un asesinato angelical se lleva a cabo con golpes de amor y nubes de algodón. Divino. Un momento... Un guardia de seguridad corre hacia la mujer para prestar ayuda ante sus gritos, el niño está ya más seco que la mojama; no sé porque corre. 264
Así que en tanto que los otros primates prestan atención a las víctimas, apunto muy concentrado a una tía buena que marca los pezones en una tenue camiseta de tirantes. Me concentro en un punto, precisamente en el cuello, en su estilizado cuello acariciado por su mano nerviosa ante el drama que vive. ¡Bang! Le he hecho un agujero de salida en el esternocleidomastoideo del tamaño de un dólar de plata. Cuando cae al suelo con esa hemorragia masiva, un charco de sangre se forma rápidamente, la gente se agacha para prestarle auxilio. Sus zapatos se ensucian y dejan huellas divertidas. Algo de color… Otros ya se están refugiando en el interior del hipermercado porque tienen ganas de vivir. 265
Bueno, olvidaos que soy el malo (pero no por mucho tiempo porque vuestras vidas no tienen valor alguno para mí), el que os cuenta estas confidencias de cielos e infiernos. Creedme como si fuera uno de esos buenos amigos en una tertulia, yo siempre digo la verdad. A ese Dios maricón le gusta el melodrama. Le gusta crear finales tristes y desesperados. El se cree que así forja sus almas para convertirlos en mártires, el muy asqueroso... Y lo único que consigue es doblegar las voluntades y humillar hasta llevarlos al suicidio. Hasta en la hora de morir, sus víctimas se sienten sucias. Un viejo sale del hipermercado con su nieto de la mano, agachado y corriendo; como si lloviera, estos monos son idiotas. 266
Apunto a una de sus rodillas y si os fijáis bien, cuando la bala sale, se pueden ver las astillas de la rótula por el aire. Vuelvo a apuntar, esta vez a sus intestinos porque ha quedado tumbado lateralmente frente a mí. Su cuerpo se sacude tonto con el impacto del segundo proyectil, el nieto se ha quedado de pie frente a él, aturdido. Sin saber que hacer. Apunto a su corazón y... Un cabrón de primate lo ha cogido por la cintura y se lo ha llevado al interior, a salvo de mí. Pasarán años, pero ese crío ya está marcado y de morir prematuramente no se libra. 267
No hay amor en ello, (en esa divina forma de matar por medio de un cáncer o por un accidente), por mucho que os diga el cura. Por mucho que digan los teólogos. Los ojos de uno de ellos adornan una repisa de mi oscura cueva. Eran de un listillo que barruntaba cosas del misterio de la muerte por mandato divino. Cuando le arranqué los ojos lloraba y gritaba que no le matara y toda esa mierda. Tanto hablar de muertes y acabó cagándose y meándose, murió sin elegancia alguna mientras uno de mis crueles le relamía las cuencas vacías. Lo que más le gusta a esa caterva de maricones angelicales es hacer sufrir durante mucho tiempo a una familia de primates.
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Se concentran en el niño más feliz y más sanote y envenenan su sangre, consiguen que la leucemia le pudra la sangre. Provocan tal dosis de dolor y angustia que hacen doblegar al espíritu más fuerte si así se lo han propuesto. Rompen sus mentes y agotan sus cuerpos. Los “buenos”, los maricones esos, creen que así sale lo mejor de cada primate, de cada mono. Mentira podrida. En todo ese sentimiento de pena y angustia domina el dolor y el miedo. Que no os engañen brujos, sacerdotes y gurús. Los “buenos” son unos hipócritas a los que les gusta de forma patológica las películas de enfermedades mortales y mentes destruidas. 269
Son malos de cojones, casi tanto como yo. Salvo que yo tengo muy claro lo que soy. Antes de que sepan desde donde vienen los tiros, me apresuro y un hombre gordo que corre bamboleando su barriga cae con los cojones reventados, tirando sangre como un toro desde su bragueta destrozada. Tardará en morir este gordo primate. Me dan ganas de bajar a hacerle compañía. Había un matrimonio en un pequeño pueblo con un hijo enfermo de cáncer linfático, el hijo de unos seis años estaba ya extremadamente grave tras un año y medio de tratamiento y lucha. El padre pasaba el día trabajando en el campo, con el tractor o recogiendo fruta. Aislándose de un dolor intenso en su propia tierra. Preparando su mente para encontrarse 270
al finalizar la jornada con su mujer, con su compañera de dolor a la que ya no quería, sólo se conformaba con intentar calmar toda aquella pena. Aquel miedo a perder a su hijo. Ella se llevaba lo peor. Estaba cansada y destrozada de espantar a la muerte que oscurecía el rostro de su hijo. Conjurándola día a día con un cargamento de medicamentos y otro de plegarias y hechizos de todo tipo. Exigiendo a todas las fuerzas del universo que su amado hijo sanara. Que el hijo que se formó dentro de ella y que es como un apéndice de si misma, llegara a crecer. Ambos lloraban sin previo aviso, uno u otro desencadenaban un llanto contagioso; pero nunca delante de su hijo, ante su presencia reían y contaban las mentiras más duras que jamás un padre contaría a su hijo. Le 271
prometían días de juegos y alegría, de horizontes azules con nubes de blanco algodón. Y el niño calvo y con el cuello tapado para que no viera sus propias excrecencias provocadas por el cáncer, sonreía animado. Con las impresionantes ojeras azules que provocaban dolor en el coño de su madre. Y el matrimonio, cada día más débil y cansado. Sus ojos ya no estaban húmedos por las lágrimas, sólo enrojecidos. Los lacrimales se habían cerrado por orden del cerebro como medida preventiva ante mayores daños. Como medida de autodefensa. Ya apenas nadie se atreve a salir, las sirenas de las ambulancias y coches de la policía se sienten cada vez más cercanas. 272
Con la mira telescópica observo todo el campo de tiro y una de esas monas de uniforme, una cajera, tiene la cara tan pegada al vidrio que me es imposible no disparar a su ojo derecho, y herir de gravedad al que está detrás de ella. Por fin llegó el día en que se encontraron al pequeño muerto en su cama, entre vómitos. En su habitación azul pastel. Su cuerpo aún estaba caliente cuando el médico certificó la muerte sin mirar a los padres. Llorando porque lo conoció demasiado tiempo en un mal momento. El párroco era el único amigo que le quedaba al matrimonio. Y abrazó a sus amigos. E intentó consolarlos con Dios y Cielo. Con el afán de Dios por reclutar lo mejor de cada casa consigo.
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Asqueroso nazi... El hombre emprendió carrera hacia sus campos tras haberse disculpado, dejando al párroco consolando a su mujer. El sol aparecía por el horizonte bañando el mundo de un amarillo intenso. Oscureciendo otras regiones que reían felices a pesar de los muertos. Dios aún andaba por allí cerca, con el alma del niño a su diestra, flotando por los verdes campos de alfalfa. Dos figuras neblinosas e indefinidas; pero reconocibles. El padre andaba furioso, llorando y gritando cosas que sólo yo oía. Me dejé ver a unos doscientos metros de él y extendí mi dedo en dirección a aquellas vaporosas figuras que avanzaban a ninguna parte por los cuidados campos verdes.
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Dios le contaba al alma-niño estupideces de bondades y resignaciones. Le explicaba que pronto se convertiría en un ángel y debía estar preparado para un cambio aún más radical en su nueva existencia. El niño-alma, tristemente preguntaba por sus padres y Dios le respondía que no debía preocuparse por ello. No había llegado su hora y en su momento ya se encontrarían. El padre fijó su vista en mí, soy impresionante cuando me lo propongo. Y corrió en la dirección indicada mientras yo me relamía sádicamente. En su carrera cogió una hoz que permanecía letalmente apoyada en el tronco de un árbol. Corría hacia ellos con una cólera silenciosa. Silenciosa como el cáncer que pudrió a su hijo en vida. 275
Sin una sola palabra, los alcanzó y clavó la hoz en el nebuloso cuerpo de Dios y quedó allí gozosamente colgada entre sus santos omoplatos. Una sangre roja, sólida y espesa corría por el vaporoso cuerpo pálido. Dios cayó al suelo en silencio, con los ojos muy abiertos. El padre abrazó a su hijo-alma y le besó como sólo un padre besaría a su hijo muerto y resucitado. Y su hijo se abrazó a él, su hijo-vapor. Una patética y triste nube de vapor blanco. Hay momentos de flaqueza hasta para LA BESTIA; incluso yo 666, a veces me emociono. Pero no os fieis. No dura mucho.
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Había una infinita tristeza en aquel abrazo de padre e hijo-alma. Aquella pequeña nube de vapor llorando... El padre desesperado... Así que dirigí mi mirada al sol, retándolo, acobardándolo al soportar con mis ojos abiertos toda esa potencia lumínica. Incluso llegó a esconderse por un breve momento al ver la maldad tan de frente. Mi maldad. No ordené a mis crueles que le arrancaran el alma de su hijo de las manos como es habitual. Me acerqué a ese maricón de Dios y removí la hoz clavándola más profundamente en su sacrosanta espalda. La agité en su santa carne haciendo fluir más sangre. Y rugió, Dios rugió y el mundo tembló. Los árboles perdieron hojas. 277
Le hubiera cortado su divino cuello. Llegó una horda de blancos querubines. Yo blasfemé: “la puta que parió a estos santurrones...” El respeto me lo suelo pasar por el forro de los huevos. Además esto es una contraseña. Soy muy listo. Y de la tierra, creando cráteres y apestando aquella porción de mundo, aparecieron mis queridos crueles. Y los dos ejércitos nos medimos y despreciamos quietos y en silencio. Dos ángeles recitaban con sus melifluas voces unas letanías de conjuros divinos. Dios se incorporó, estaba cansado, pálido y sin sangre. De vez en cuando va bien que Dios sangre y sufra. Que se joda.
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Tras mis anchas espaldas, había un rumor de risas lujuriosas y sádicas destacando entre los lamentos de una preciosa voz de ángel. Dolor celestial… Entra en mi campo de tiro una ambulancia, sin pensarlo mucho, el conductor se apea y una bala atraviesa su tórax, sus compañeros se quedan dentro. Abandono el rifle, me enciendo un H. Hupmann y emprendo el camino hacia otro lugar. Me aburro… Os sigo contando por el camino. Por hoy ya he matado a bastantes; aunque de primates muertos nunca hay pocos. Mis crueles habían apresado a un jovencísimo ángel y le amputaban las alas. Le estaban arrancando tiras de piel de
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todo su cuerpo. Sus gritos angelicales hicieron levantar el vuelo de las urracas. Aquello me animó. —El hombre debe morir; ningún humano puede herir a un Dios. Ha ocurrido un error en la creación de ese ser — dijo Dios. Lo dijo con tal autoridad y convencimiento que a punto estuve de besar sus sucios y divinos pies. Mentira. —Eso no ocurrirá —dije siseando en un tono muy bajo; pero con tal dosis de odio que aquella frase se convirtió en una promesa de guerra y muerte. Mis crueles dejaron de contar chistes y reír.
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Como para ilustrar mi amenaza, mis crueles lanzaron el cadáver ensangrentado y destrozado del joven ángel, entre Yo y Dios. Blanco y rojo. Los muñones de las alas goteaban por las gordas cañas de las plumas desgajadas. Le di una patada con desdén. La alfalfa verde y menuda parecía no sentir pena ni dolor; pero estaba muerta de miedo, Yo lo sentía a través de mis pies. —Ese mono vivirá y llegará a su hogar con su hijo, con el alma de su hijo. Y mientras ese primate viva, su hijo seguirá con él o con su madre. Y ni mis crueles ni tus maricones influirán más en sus vidas. Tú eres el creador de vida y quiero ver tu error de creación tanto tiempo como pueda. Lo que deba vivir. Quiero que tu error viva para sentirme 281
bien, para tener la prueba cada día de tu estupidez. Si no es así, se desatará semejante guerra que nadie podrá distinguir entre el cielo y el infierno — le expuse cordial y sinceramente. Dios me miró con ojos húmedos y tranquilos pero; YO vi un destello de odio allí en sus bolas ópticas. Y me la puso dura. Dos ángeles musculosos lo elevaron con sus masivos brazos y el ejército los siguió, ascendiendo con sus estúpidos cantos mojigatos. Dejaron el cadáver de su compañero a mis pies porque no tuvieron valor de acercarse a mí. Me puse a cuatro patas y lamí toda aquella sangre y la carne angelical libre de piel, mientras veía subir a aquel ejército de blancos pervertidos a su puto cielo.
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Y desaparecieron por fin en un éter plano, sin nubes y aburrido. Como ellos. Al idiota ese de Dios le va todo ese rollo de divinas y estudiadas apariciones y despedidas. Allá a lo lejos, el padre muerto de miedo ante lo que vio, corría deprisa con su hijo-nube de la mano. Hacia el hogar del que se lo quitaron. El padre miró atrás y solo me vio a mí otra vez de pie. Mis espaldas anchas evitaban que sus ojos se deslumbraran por el sol. Todo le pareció un poco más normal, se relajó. Elevó a su hijo-nube a su nuca y lo llevó como tantas veces lo había llevado hacía siglos atrás. El niño-nube reía. Y su risa
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pareció dar consuelo a la alfalfa muerta de miedo que Yo pisaba. La madre jamás verá a su hijo como lo ve su marido. Y su marido jamás le contará lo que pasó. Ella simplemente se sentirá extrañamente tranquila y serena pensando que su hijo la cuida y conforta desde el cielo. El niño-alma vivirá siempre con ellos, hasta que mueran ambos. Aprenderá con ellos y madurará su alma joven. Viajará en el tiempo y en el espacio para conocer y saber lo que no se le ha dado la oportunidad de aprender. Y hablará con su padre, le hará llorar de emoción y amor cuando se encuentre con él en los campos. Y llorará el niño-alma porque habrán momentos en los que se sentirá solo sin poder sentir el confortante calor de la carne. 284
Yo me olvidaré de que existe. Porque de lo contrario, el día menos pensado, destruiría todo ese mundo equilibrado entre alma y cuerpo. Muerte y vida. Un micro paraíso en un mundo podrido. Siempre sangriento: 666.
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666 Origen de la Dama Oscura.
¿Tenéis calor? Si es así, os invito a mi cueva, a mi palacio oscuro de piedra. Os congelaré el corazón. El sillón de piedra fría y gris es milenario, es un ara donde sacrifiqué a uno de los primeros primates que ensuciaron esta tierra. Una pierna me cuelga libre del reposabrazos y la otra no toca más que con la punta de los dedos el suelo. Y mi Dama Oscura está frente a mí, caliente y abierta, se masturba a medida que mi pene se hace duro y grande. Parece que nota cada vena que se forma, su vientre se agita con un pequeño clímax, crispando los dedos entre su clítoris duro y erecto. 286
De vez en cuando me aferro el pene con el puño bien apretado y ella levanta las piernas abiertas esperanzada de que la penetre. La voluta de humo de mi gigantesco habano evoluciona por mi cara creando en mi visión una niebla que la hace más obscena aún. Dejaré que sufra, luego la penetraré con tal fuerza que le haré rasguños al golpearla y rozarla en el granítico altar que tengo para follarla. Mis uñas arañarán no demasiado su carne dejando finas rayas de sangre en su vientre moreno. Y lameré su sangre siguiendo el camino a su sexo mojado de sí misma.
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Morderé su pubis rasurado, sus labios gruesos y dilatados se mojarán aún más preparando una penetración que será de todo menos suave. Por decir poco, por decir lo mínimo. Y mis brazos, gordos como sus muslos alzarán su cintura para que mi polla entre directa, coño. La puta es que me pone... Al final me correré sin follármela, joder. La conocí hará quinientos años, en algún punto de Asia, me acuerdo pero no voy a rebuscar demasiado en mi poderosa mente. Era una aldeana cuyo marido trabajaba en el burgo de un señor feudal. Era el herrero, el que forjaba y templaba las armas. 288
El que proporcionaba fuerza a su amo. Se llamaba Versaliacka, una melena oscura le colgaba hasta los glúteos y bajo sus faldas no había bragas. Se notaba en la libertad con la que movía su culo al andar. Sus pechos eran firmes y duros, su edad podría oscilar entre los veinte y los treinta años de los primates. Yo me encontraba en la choza del cabeza espiritual del poblado, irrumpí en ella en el momento en que se estaba follando a su hija encima de la mesa de madera, la madre le sujetaba los brazos para que su marido penetrara a la cría con facilidad. Entré en la choza con furia aniquiladora y apuñalé a la cría en la mesa, le atravesé el corazón y la pequeña primate
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se quedó allí con las piernas abiertas y los brazos sujetos por la petrificada madre. Yo iba desnudo a pesar de un frío glaciar. Al padre le golpeé en el estómago con mi puño de Dios Animal y quedó doblado buscando su mierda de bendito aire para respirar. Acto seguido, cogí a la madre por el cuello, metí el puño en su boca y le arranqué la lengua. Pude apreciar como unos ojos almendrados y de un verde intenso miraban la escena desde la abertura de la puerta. Era Versaliacka. Rezumaba sensualidad por los poros de su morena piel. Esa primate me envalentonó y decidí darle un espectáculo que la acojonara. 290
Así que mientras el religioso padre de una hija apuñalada intentaba aún coger aire, le sujeté la cabeza y le metí mi pene en su boca desdentada, golpeando hasta su laringe con mi glande lustroso. Y quiso vomitar, así que taponé la salida hundiendo aún más mi pene en su apestosa boca. Se me escaparon los mocos de un acceso de risa al verlo así de machote, comiéndome el rabo. El muy valiente. Su mujer yacía sentada en el suelo boqueando, su pecho se iba cubriendo de la sangre que le manaba de su boca dañada, de los restos de su lengua. Un nervio gordo como un cable le colgaba de la boca. Sujeté el pene del primate tras limpiarme de sus babas la polla en su blusón y se lo amputé limpiamente llevándome con el corte una porción de sus testículos. 291
Lo dejé que muriera lentamente tras apartarlo de una patada que le reventó un ojo. Yo sentía la respiración agitada de Versaliacka, sentí que se estaba excitando con aquello y mi pene se tensó como una maldita estaca. A la zorra deslenguada le arranqué las faldas y la ropa interior y le introduje el pene de su marido y se lo enterré en su coño. Le metí el puño entero para asegurarme de que no lo escupiera y practiqué una pequeña incisión en su yugular para que muriera lentamente, a mi capricho. Versaliacka irrumpió en la choza con las faldas levantadas, suspirando y acariciando su sexo, su excesivo vello púbico ocultaba unos dedos que maltrataban un clítoris que prometía estar duro como un rubí.
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Y se me tiró encima mordiéndome el trapecio, como una vampira. Mi Dama Oscura... se me pone el rabo tieso aún al pensar en aquel primer encuentro. Se agachó y mordió mi pene, laceró mi glande, su mano me lo aferró con tal fuerza que solo acerté a gritar y en cuatro movimientos consiguió que mi pene eyaculara una catarata de semen que se tragaba ávida con cada estremecimiento de mi vientre. De las comisuras de sus labios rezumaba un blanco espeso contrastando con su tez morena. La abofeteé y empuñé mi daga para matarla, ella desgarró sus ropas acompañó mi mano armada haciendo recorrer el filo por sus pezones, haciéndose pequeñas heridas en el vientre con él.
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Tiré el cadáver de la niña al suelo y la subí a la mesa y la penetré, la jodí con tal fuerza que un pequeño rastro sangre manchaba mi pene. Y ella gritaba poseída abriendo su coño más y más. Cuando el orgasmo la poseyó sus puños golpearon mi pecho duro y voluminoso, sus uñas se clavaron profundamente en mis brazos. Y decidí que sería mi Dama Oscura en aquel mismo momento, así que practiqué un corte en el centro de mi pene. Y semen y sangre se mezclaron en sus entrañas, con su propia sangre. Besé su boca recorriéndola hambriento con mi lengua. Aullé como el animal que soy y sus ojos se tornaron de una amarillo intenso, como los de un chacal hambriento. Aulló conmigo. 294
Disfrutamos de la agonía de los primates cogidos de la mano. Ella me pidió permiso para poder arrancarles los ojos antes de morir. Se lo concedí. Quedaba su marido, lo llamó desde la ventana de la casa, desnuda. El dejó una espada en la fragua. Ella se montó encima de él, se introdujo el pene en cuclillas y se sentó. Y comenzó a moverse. Entré silencioso y le puse mi daga en la mano, ella levantó las nalgas un poco y cortó el pene de su marido. Cuando se puso en pie, abrió sus piernas y dejó caer de su coño resbaladizo el miembro amputado. Lloré emocionado ante aquella delicada muestra de sumisión, respeto y amor.
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Así entró en mi vida la Dama Oscura, uno de esos seres que el Dios maricón creó por error, por estar demasiado ensimismado mirando a sus angelitos musculosos. Es mía, me pertenece y frena a veces toda mi pasión cuando los trabajos lo requieren. Para que el que deba vivir, viva. Porque yo mataría todo lo que se moviera. Me levanto de mi sillón con el pene profundamente amoratado por la estrangulación de mi puño y se pone a cuatro patas en el suelo, su coño rasurado tiene el matiz brillante de lo húmedo y mi pene entra abriendo sus labios vaginales, dilatando su vulva, llenándola.
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Mis embestidas mueven sus pechos salvajemente, y grita y se muerde los labios hasta sangrar. Cuando mi semen resbala por sus muslos, se deja caer desfallecida en el frío y duro suelo de piedra, cogiéndose el coño palpitante y lamiendo mi mano como una perra. Ella dejó de ser una primate, si ella muere, muero con ella. La deseo profundamente, tanto que no dudaría en matarla si ella me lo pidiera en una de esas aberraciones que tanto le gustan. Ahora iros, le voy a besar la boca y le diré cosas románticas. No quiero que lo oigáis. Son cosas íntimas. Ya os contaré más cosas. 297
Más secretos de vida y muerte, de sexo y perversión. Eso que tanto os gusta, como a mí. Siempre sangriento: 666
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666 y la ablación.
Los Rolling Stones cantan su Simpatía por el Diablo. Me caen bien esos primates cantantes. A Mick le visité una vez, estuve a punto de atravesar su toxicómano corazón con un cuchillo porque me sentía con ganas de hacer algo llamativo. Se arrodilló ante mí y prometió dedicarme una canción si le perdonaba la vida. Tengo tan bellos recuerdos... La negra mueve y moja mi pene con una esponja suave y jabonosa lavándolo, lo mima bajo la atenta mirada de mi Dama Oscura. Me mete la mano enjabonada en los testículos y sigue su proceso de limpieza. Ahora mismo tengo el pene tan inflamado y excitado que me correría 299
entre las manos de la primate negra para solaz de mi Dama Oscura. A ella le gusta ver mi placer y tocarse excitada en el altar de granito gris, donde suelo reventar su coño insaciable. Aquí, en esta cueva oscura y profunda donde sólo entran nuestros condenados, nuestros esclavos. Los crueles. Yo me dejo hacer con las piernas abiertas y me da cierto placer el agua que se escurre hasta mi ano. Me abro más de piernas para facilitar su tarea. Cuando la negra primate hace ademán de marchar, yo la siento en mi regazo, chafándome con sus nalgas la polla. Con mis piernas obligo a que ella abra las suyas y le muestro a mi Dama Oscura ese sexo rojizo y abierto. Seco. Y cuando mis dedos abren su vagina, señalo allá
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donde debería estar el clítoris, toco allí y la negra no siente nada. Es la esclava de mi Dama Oscura. Ella no confía en mis crueles para que me laven y me cuiden, porque hay crueles femeninas que me desean y mi Dama Oscura, a veces es celosa. La Dama sonríe complacida al recordar el regalo que le hice. Hace tiempo di con esta negra "eunuca", en Somalia, en una casa de planchas rizadas de acero y suelo lleno de mierda y cucarachas. Estaba sentada y abierta de piernas frente a una negra gordísima mientras su madre semi oculta entre la mierda y la penumbra tomaba una taza de té. Yahiza lloraba con miedo, la gorda decía que Alá la recibiría con alegría tras la mutilación que le iba a hacer en
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su coño. Tenía once años y le iban a practicar una ablación. Mogadiscio, 1990, las distintas familias tribales somalís se enzarzan en una guerra civil. Se matan entre ellos por obtener el poder y gobernar a su antojo el país. Una de esas revoluciones de primates que tanto se dan entre los negros y hambrientos. Entre los que saben que están a punto de extinguirse como raza. Yo estaba dando una vuelta por allí para matar a tantos cuantos pudiera, era fácil: negro que se cruzaba en mi camino, le pegaba un tiro en la sien o le cortaba la femoral tras meterlos en algún edificio derruido y someterlos a torturas inimaginables. Había acabado de arreglarle la boca a un anciano; durante treinta minutos le estuve arrancando los dientes con unas alicates oxidadas, 302
previamente, le corté la laringe para que no pudiera gritar y evité que se muriera ahogado por su propia sangre metiéndole una pajita de refrescos en la tráquea, a través del corte. No podía ni contener la respiración. Y es que lo pillé rezando en una podrida esterilla en dirección a La Meca. Lo llamé discretamente desde uno de esos edificios derruidos por las granadas y lo pateé hasta que sus costillas se rompieron. Cuando sus escasos dientes ensangrentados reposaban delante de sus rodillas, le corté las orejas, le arranqué sus asquerosos labios negros con mis propios dientes y luego lo maté golpeando su cabeza con un perfil de hierro oxidado que había allí, entre los escombros.
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Estaba acalorado y sediento. Un poco cansado de trabajar con aquel calor. Así que oí los lamentos de Yahiza y las voces de las mujeres. A través de los innumerables agujeros en las paredes de aquella chabola pude ver como la negra gorda, con una sucia navaja de afeitar y con la ayuda de la madre le amputaba el clítoris a la niña; a mí toda esa sangre me puso cachondo y entré. A la primate negra gorda le di una patada en la vagina tan fuerte que cayó al suelo y de sus sucios y gordos muslos comenzó a manar sangre; a esa puerca ya la tenía controlada. Yahiza lloraba y cubría su sexo ensangrentado con las manos, estaba en estado de shock y sus ojos se movían sin mirar nada en concreto. A la madre le puse el cuchillo en el cuello: —Ábrete negra, que te voy a follar. 304
Y como sabía que aquello no iba en broma se abrió sumisa y vi su coño mutilado. Se la metí y el dolor de su coño seco me puso más cachondo. Me corrí, le salpiqué la cara con mi semen y la condené con el sida. Yo soy uno de los grandes portadores. El reservorio por excelencia del famoso VIH. Le pegué varios puñetazos en la boca hasta que perdió un par de dientes y sus labios se convirtieron en una masa sanguinolenta de carne. Yahiza solo hipaba, ya no lloraba. A la negra gorda le pinché el culo profundamente con mi puñal para que se levantara, como a una res. Sus sucias ropas, de cintura para abajo estaban ensangrentadas. 305
—Ve y llama a tu padre, que venga aquí pronto.- le ordené a Yahiza. —Y tú gorda negra, ni una palabra. Yahiza salió de la chabola andando con dificultad con sus piernas manchadas por los secos regueros de sangre. Descalza como su puta madre la trajo hasta aquí. La madre de la niña intentó limpiarse el semen de la cara y no la dejé, me gustaba que le cayera por sus ensangrentados labios y cubriera parte de sus oscuros y feos ojos de negra primate. A los pocos minutos oí un rumor en la calle, un primate portaba a Yahiza en brazos y le seguían cinco negros más armados y con gafas de sol.
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—Mis crueles, venid a mí. A morir por mí si es necesario —salmodié en mi oscuro y arcano idioma. Y cuatro seres retorcidos de largos brazos y piernas enanas salieron de los oscuros rincones de la choza permaneciendo allí agazapados, gruñendo con sus respiraciones hediondas. Sus manos estaban armadas con peligrosas navajas de afeitar, algunas melladas. Los primates entraron en la choza derribando la puerta. A Yahiza la dejaron afuera, a la entrada. Al primer primate que entró, lo cogí por el cuello con mi mano izquierda y con la derecha clavé la punta del cuchillo en su vientre plano y musculoso. Los otros, entre ellos el padre comenzaron a berrear y apuntarme con sus armas. 307
La madre exhibía con asco mi semen en su cara ensangrentada. Era un cuadro perfecto. Y es que soy un maestro para estas cosas. Me emociono... Mis crueles salieron a la luz y con rapidez movieron sus navajas cortando tendones de pies y manos. En unos segundos los negros estaban desarmados, llorando y gritando por los profundos cortes que dañaron irremediablemente los cartílagos de manos y pies. Mis crueles les sujetaron las extremidades con alambres y los desnudaron de cintura para abajo. Al que yo sujetaba por el cuello, le abrí el vientre para asustar a sus congéneres. Sus intestinos se desparramaron por el sucio suelo y los negros prorrumpieron en gritos como auténticas mujerzuelas. 308
Mis crueles no precisaban palabras, con sus navajas amputaron los glandes de aquellos primates. Solo quedó en su sitio el del padre de Yahiza. Se estaban comiendo con apetito aquellas oscuras cabezas que deberían estar en el extremo de sus pollas. Adoro la voracidad sin escrúpulos de mis esclavos. Los negracos se retorcían mostrando sus blancos dientes en un rictus de dolor y miedo. Había tanta sangre allí. Olía a podrido por todas partes. Al padre de Yahiza lo puse en pie, agarré a la gorda negra por los pelos y la obligué a que lo felara, y así hasta que su polla se puso dura. Entonces sujeté su pene duro y de un violento golpe ampute su bálano. A patadas puse a la gorda a cuatro patas tras arrancarle sus bragas enormes
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y sucias. Le puse al negro su propio pene en la mano y le obligué follársela. Le metió su mutilado pene en el coño: —Venga machotes, correos —les decía yo sonriendo. Y el negro metía y sacaba su fláccido y ensangrentado pene del coño de la gorda con un terror animal en su mirada. El culo herido de la negra se movía como gelatina con las rápidas penetraciones que le hacía el primate con el pene en la mano mientras se vaciaba de sangre. Me cansé, me aburrí y clavé la punta del puñal en la nuca de la negra que quedó muerta en el suelo como una triste vaca. Al padre de Yahiza, lo degollé y a los otros los dejamos allí. Mis crueles se hicieron cargo de Yahiza para
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llevarla a nuestra cueva oscura y húmeda. Fresca, no como este repugnante país. A la madre de Yahiza no la mataron; al menos no al instante, mis crueles se comieron sus pezones y lamieron durante un rato con glotonería la sangre que manaba. Regalé a la niña a mi Dama Oscura sin venir a cuento, por sorpresa. Los enamorados somos así. Y ahora mi Dama Oscura con su raja bien abierta suspira de placer por la esponja que maneja Yahiza. Ésta por orden de su ama, le pasa la lengua una y otra vez por su coño abierto, por su clítoris duro y sensible. Mi Dama Oscura se pellizca los pezones, rechinando los dientes de puro placer.
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Yo solo sujeto mi pene con fuerza, a veces lo golpeo contra este trono de roca. No quiero correrme, quiero que ella sufra, que no vea mi semen aún. No lo haré hasta que Yahiza la penetre con un falo de madera recubierto de seda mojada en aceites, para limpiarla por dentro. Soy bastante exigente con la higiene. Ya os contaré más cosas, más depravaciones; morbosos... Siempre sangriento: 666.
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666 Mi nacimiento como El Mal.
Hoy estoy solo, no hay música, no hay crueles. No oigo nada porque he ordenado silencio. No pido, ordeno. Siempre. Aspiro del habano profundamente y se percibe claramente el sonido del chisporroteo de las hojas al quemarse. El ambiente es tan húmedo y caliginoso que el humo se torna perezoso, la voluta delante de mi cara casi inmóvil, deshaciéndose lentamente en finas hebras, adopta formas caprichosas mientras desaparece. Los invisibles ojos de luz del misterioso y oscuro techo que dan una mortecina luz a mi cueva, tiñen de amarillo el humo.
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Una de las hebras se dirige hacia mis rodillas, como si pesara más, parece una pluma balanceándose indolentemente en la nada, cayendo. Mis plumas..., las que tenían mis alas al principio de mi creación; fui un ángel caído durante breve tiempo. Hay cierto romanticismo en el libro de los cristianos sobre mi creación. Todo es un adorno para hacer quedar bien al idiota ese de Dios. No os creáis una palabra de la biblia, es una publicación sectaria y sin ningún rigor histórico. Dios nos creó; un montón de ángeles fuimos creados; pero Dios no es listo, no es inteligente. Tuvo suerte por alguna razón y le hicieron creador. También destruye por error o por ese refinado humor homosexual del que hace gala. 314
Pero ahora, el que mata, el que destruye y el que hace llorar y gritar al mismísimo Dios, soy Yo. Dios se equivocó conmigo al crearme, mis alas eran negras. El único ángel negro. Y fui consciente de mi existencia con las palabras de Dios: "Que tu fuerza te eleve a mí." YO no sentía esa adoración enfermiza que sentían mis compañeros por Él. Es más, era consciente de que podría dañar al Creador si así me apetecía. Dios arqueó una ceja interrogándose a si mismo cuando sintió mis ojos observándolo, controlándolo. El muy astuto supo que algo salió mal en mi creación.
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—Tú tienes demasiado trabajo aquí, delega en mí una parte del universo para vigilarlo y cuidar y captar las almas —le dije a Dios aún sin haber probado las alas. - Eres un ser soberbio, Luzbel, no mereces estar aquí con Nos. Y me vi rodeado de cinco ángeles culturistas atiborrados de esteroides. En sus ojos tampoco se percibía demasiada iniciativa ni ingenio. Yo los hubiera creado mejores si hubiera podido. Me expulsaron de ese cielo cursilón, me tiraron a la tierra recién creada. Dios pensó que un tiempo en la tierra me haría volver a suplicarle perdón. Los ángeles no son seres delicados, miden entre dos metros y medio y tres y medio, según el ejemplar. Sus alas 316
son de tal envergadura que superan dos veces al cóndor. Son guerreros con una fuerza devastadora. Pesan más de doscientos kilos. Son los perros de Dios, lo que Él dice no lo cuestionan y lo llevan a término a pesar de su propia muerte. El primer ser vivo que destruí fue un bisonte, lo atrapé por los cuernos y roté su cabeza hasta partirle el cuello. Me acosté a su lado oliendo su muerte y mi poder creció. Con mis dientes abrí su vientre y me alimenté de sus entrañas. Su alma translúcida era sólida para mí. Localicé una cueva profunda en el fondo de la cual se veían pequeños círculos de luz. Maté al oso que la habitaba con mis aún angelicales y peligrosas garras. Desprecié su alma, ya tenía una. 317
Bajé con el alma del bisonte allá abajo, donde un agujero profundo y oscuro en un rincón apartado de la cueva llevaba a otra sima sin fondo. Lo lancé al pozo, al infierno: "Hasta que te pudras", lo condené. Aún hoy siento al bisonte gemir de vez en cuando. Y de vez en cuando bajo allí para mirar sus ojos y hacerle sentir un miedo profundo. Maté monos, leones, serpientes, me obsesioné con matar seres vivos. Mientras tanto Dios supo que no volvería. Ese idiota de Dios se pensaba que tras mi exilio recapacitaría y volvería a él besando su sagrado culo. Una mierda. El Jefe perdió todo control sobre mí.
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Y envió a Dirameim, el ángel más poderoso para que me matara en su nombre. Me encontraba destrozando un árbol para pasar el rato, cuando el suelo tembló con el aterrizaje de Dirameim, extendí mis alas negras sucias de sangre y mis brazos para matarlo, para decirle a Dios que jamás conseguiría matarme. Una rama como mi brazo de gorda atravesó el torso a la altura del vientre del pueril Dirameim, el cual se dirigía a mí de frente y sin ningún tipo de cuidado para estrangularme. Se debatía en el suelo con aquella monstruosidad metida en su vientre cuando alcé una gigantesca roca y la dejé caer en su cabeza. Sus alas altearon espasmódicamente y sus piernas se movieron convulsas durante unos segundos.
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Me acosté junto a él, aspiré de él; sentí su muerte. Tomé su alma y lo condené. Arranqué sus alas y empalé el cadáver frente a la entrada de mi cueva. Subí las alas al cielo y se las tiré a los pies a los doscientos ángeles centinelas que guardaban las puertas. —Malditooooo —oí bramar a Dios. Es un tío ridículamente teatral: " Malditooooo". Gilipollas... Y yo con mi titánica fuerza tallé un sillón de piedra en mi cueva para oír sus gritos cómodamente. Tenía en mente a los primates. Tenía deseos locos de matarlos porque eran la niña de los ojos Dios; pero antes
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tenía que mostrarles a esos primates estúpidos lo que era un ángel, dar mala reputación a los querubines. Encontré a Eva en un claro del bosque, desnuda, daba saltitos bajo un manzano intentando coger los frutos de las ramas más bajas. Sus pechos se movían deliciosos con cada paso que casi bailaba, la muy idiota. Sudaba… La escena más cursi y bucólica que os podáis imaginar, excepto por mí. Me acerqué a ella extendí mis alas y tomé mi pene para excitarlo. Se giró y vio entre mis manos aquel falo celestial, casi con dulzura dijo: —Eres un ángel... Idiota…
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Hice crecer mi pene hasta que se mantuvo erguido. Ella observaba atónita e inmóvil. —Tócalo, Dios te lo ordena —le dije con mi voz rasposa por el placer de mi propio manoseo. Los primates de entonces eran más estúpidos que los de ahora; con sus dos manos comenzó a amasar mi glande, una crema blanca rezumaba por sus pequeñas manos y sus pezones se encogieron y se hicieron duros. Yo extendí mis alas con un grito animal de puro placer, y cerré los puños abandonándome a aquel nuevo placer. El sol de mediodía nos abrasaba en aquel claro del bosque y me sentía incómodo mientras ella, tan pequeña, se dedicaba a frotar con sus dos manos mi glande diabólico. Manos manchadas de mi humor sexual...
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La cogí entre mis brazos y la llevé a mi cueva. Mis crueles la inmovilizaron: cuatro monos agresivos y gritones la mantenían en el aire tensa abriendo sus brazos y piernas, tensando sus miembros. Mi cruel león lamía sus pechos con delectación, incluso le hería los pezones con sus colmillos. Una hiena lamía su coño para mojarlo. Eva gritaba aterrorizada e intentaba zafarse de aquellos seres que la mantenían abierta para mí. Presioné con mi pene en su sexo, sus movimientos se transmitieron a mi sensible glande y como una descarga eléctrica, la penetré y bombeé en ella. Su vientre estaba presionado por mi pene, desde dentro; parecía incluso embarazada, mi polla se enterraba hasta la mitad en ella. Su vagina se había rasgado y sangraba levemente.
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Estaba aterrorizada, lloraba y gemía. El león seguía pasando su hiriente lengua por sus pechos, su abdomen y la sangre de sus heridas. La hiena lamía la unión de nuestros sexos. Los monos perdían el equilibrio con cada embestida que yo daba. Se podían oír los gritos de los condenados entre mis jadeos ansiosos y animales. Mis cojones pesaban llenos de semen. Es mentira, los ángeles no son seres asexuados; hay ángeles y ángelas. Los continuos gritos de Eva, su profundo terror de inocencia y asco me llevaron al límite.
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Me corrí en ella, inundándola, el semen derramándose, deslizándose por mis testículos. La hiena lamía limpiando aquella leche venenosa y malvada. Con cada andanada de semen mi vientre se contraía y mis piernas flaqueaban. Todo mi cuerpo se tensó. Relinché como un caballo. Y callaron todos los seres. Ahí perdí mi virginidad, esperad, tengo lágrimas de emoción al evocar aquel momento... Ya está. Este puro sabe a gloria. Mis crueles llevaron a Eva al exterior y ahí la abandonaron. Con mucha dificultad para caminar llegó a la choza que compartía con Adán. Eva le explicaba con un profundo llanto lo que le hice; ambos supieron que la vida ya no sería el paraíso que el homosexual Dios prometió y
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escuché emocionado a Adán maldecir a Dios por haber permitido aquello. El placer que aún sentía en mi sexo... tenía mi falo en la mano, jugueteando con él, oyendo los gritos de Adán, el llanto de Eva. Me masturbaba con el dolor y el miedo de los primates, de los primeros humanos. En mi fresco y duro trono de roca… Las almas que comencé a capturar, de primates y animales me hacían más fuerte. Más indestructible, más metálico. Desde que me expulsó Dios hasta que me tiré a Eva, apenas pasó un día y medio. Soy rápido.
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Dios se encontraba un poco descolocado ante el giro que tomó todo aquello y acuarteló a los ángeles, cerró las puertas del cielo para reflexionar. Dios no es infalible, se equivoca como un cabrón muchas veces. Odié este cuerpo que me dio, me daban asco las alas, el tamaño desmesurado del cuerpo. Necesitaba demasiado control para gobernar toda esta masa, mis movimientos eran a veces demasiado torpes. Yo no puedo crear vida, sólo puedo mutarla, puedo variar y cambiar cuerpos y almas. Puedo matar y castigar. Puedo luchar contra Dios. Pero sólo puedo crear vida copulando. Con mi semen.
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Salí de la cueva volando a ras de suelo, localicé a una leona en la sabana que dormitaba saciada tras una caza. Era un hermoso animal. Si los humanos sentís miedo, deberíais palpar el terror de una bestia. Aterricé tras ella haciendo temblar la tierra. Intentó huir aterrorizada. Se meaba como un pequeño perro ante mi tamaño y maldad. La agarré por su grupa y la penetré sin piedad, lanzaba histéricos gañidos de dolor. Y quedó preñada. La marqué con mi orina para que ni un solo ser se acercara a ella. Frente al trono, en mi cueva, preparé un altar de mármol blanco que hice tallar a mis crueles monos. Un altar de sacrificios y placeres. Y llegó el momento del parto. Habían pasado treinta y seis horas.
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Es que mi leche es poderosa. La leona yacía en el suelo, con las patas atadas con cuerdas a ganchos de las rocosas paredes. Ofreciendo su blando y abultado vientre a uno de aquellos focos de luz. Me tumbé en el frío altar con las alas derramándose por los costados, relajado. Feliz. Entré en el cuerpo y mente de ocho de aquellos monos crueles. Fuimos todos una sola voluntad y el cuerpo del ángel ahora era sólo una carcasa de carne. Ocho monos que perdieron su pelaje y sus manos se transformaron a imagen y semejanza de las mías por obra y gracia de mi voluntad. Ante aquella euforia de cuerpos nuevos, matamos al león en una orgía de violencia, de miembros desgarrados y sangre. 329
Rodeamos a la leona ensangrentados, ella parecía llorar con una pena infinita, sus ojos sabían que aquello era el final de su vida. Ya no gemía, respiraba agitadamente. Armados con afilados cuchillos de granito abrimos su vientre y de él sacamos un bebé de ojos rojos, abiertos y hostiles. Preñados de ira. No lloraba, nos miraba fijamente. Una vez cortado el cordón umbilical lo acostamos en el vientre abierto de la leona, entre sus entrañas blandas y ensangrentadas para que sintiera el calor de la sangre. El confort de la muerte. Los ocho monos rodeamos el altar donde yacía el ángel de alas negras, el sin-mente, el cuerpo vacío de voluntad. Éramos una sola inteligencia que apenas cabía en aquellos ocho cuerpos.
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Mi absoluta y diabólica mente. Abrimos el pecho de aquel cuerpo que respiraba rítmica y profundamente. Uno de nosotros arrancó el corazón, otro los ojos. El bebé se encontraba nervioso y agitaba sus brazos y piernas, parecía sonreírnos cerrando y abriendo sus manitas ensangrentadas. Nos costó mucho tiempo cortar el cráneo para extraer el cerebro. Cortamos el pene y un cartílago de ala. Todos esos órganos y tejidos los machacamos en un mortero que era el cráneo de un gorila e hicimos un puré que llevó cinco horas de recitar palabras de odio, deseos de muerte y ansias de placer y poder. Los cánticos parecían flotar en el aire, revotaban entre las rocas de la cueva, se acumulaban los ecos, era el caos del mal.
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Afilamos una piedra hasta que su filo fue capaz de cortar los vellos. Arrojamos los restos del ángel fuera del ara maldita y colocamos allí al bebé. Cuatro manos lo sujetaron, otra mano cortó profundamente su estómago, dos manos tensaron el tejido cortado para mantener el corte separado y otro de nosotros vació allí el mortero. Manos hábiles cosieron la herida con los bigotes de la leona y uno de sus afilados colmillos era la aguja. Cuando acabamos, el bebé ya no respiraba y estaba frío como el mármol. Los ocho monos nos entrelazamos las humanoides manos y lanzamos un grito al unísono, un alarido tan potente que provocó desprendimientos de rocas y arena. El cuerpo de la leona desapareció bajo tres toneladas de roca gris. El bebé sufrió convulsiones, de su 332
boca emergió un rugido de malestar y se puso en pie en el altar. Me alojé en aquel cuerpo. Los extraños monos se desplomaron en el suelo rendidos y aturdidos. Algunos desorientados y gimoteantes. Y me creé a mí mismo, nací como Dios de la Maldad. Un precioso bebé 666. Con mis ojos inyectados en sangre, sucio de ella y mis piernas que apenas me aguantaban derecho por la falta de fuerza física. Salté del altar y los monos corrieron a esconderse en los oscuros rincones de este pétreo palacio. Subí con dificultad (de hecho fue una escalada) a mi trono. Observando mi cuerpo menudo y ligero caí en un profundo sopor, cansado. Tranquilo de ser cuidado por mis crueles.
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Cuando desperté habían pasado ocho horas, mi cuerpo se había hecho adulto. Pensé en Eva y me masturbé. Eyaculé en mis muslos y en el asiento de piedra, la hiena acudió rauda para lamer mi semen y limpiarme. La descuarticé con mis propias manos, para probar mi fuerza; por capricho, porque me gusta hacer daño a cualquier ser. Lo hacía distraídamente, meditando en lo que ahora podría hacer con mi nuevo poder con este cuerpo hábil y discreto. Me alimenté del miedo que se respiraba en la cueva, el de mis crueles expectantes y aterrorizados por mi voluble voluntad. Gimoteando algunos ante la fuerza y el poder de mi maldad. No es por alardear, pero soy peligroso de veras.
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Desde que me expulsó Dios hasta que nací como 666 pasaron casi cinco días aproximadamente. Los seres superiores no perdemos el tiempo. Salí al exterior con un hacha de piedra y mango de hueso. Encontré a Abel y le golpeé la cabeza hasta convertirla en pulpa. Pisoteé su cuerpo y me revolqué en la tierra ensangrentada. A Caín le dije: —Soy el Dios Maldad, enseña a todos lo que he hecho. Di a todo el mundo que os mataré a todos durante toda mi eternidad. Abel fue mi primer primate muerto. Esa voz que articula sonidos suaves e inocentes es su alma atormentada, está aquí, sufriendo. Engañado por Dios. 335
Y Caín, mi testigo de excepción, fue el que transmitió mi horror, mi maldad, el que mostró a sus padres que debían temerme y el que a nivel genético metió a todos los humanos el profundo y misterioso miedo a la oscuridad que tantos primates aún hoy, sentís. El miedo a morir e ir al infierno. Y el resto ya lo sabéis. O por lo menos algunas cosas. Actualmente, Yo y dios somos vuestros amos. Estamos tan igualados en poder que no existe otra forma de vida que la del placer y el dolor unidas. El crea vida. Yo siempre la quito. El hace sufrir y yo lo empeoro todo.
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Ya os contarĂŠ algunas cosas mĂĄs otro dĂa. Tengo la garganta seca. Siempre sangriento: 666.
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