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Separarse de la especie Ya está disponible en Argentina la biografía de Elon Musk, el hombre que pudo ser Steve Jobs pero se convirtió en Tony Stark. Elon Musk se sienta frente a un periodista virtual que permitía hacer transferencias y le pregunta cuántas horas por semana solo con tipear el mail del destinario. En hay que dedicarle a una novia, o si cree 1999, cuando tenía un millón de clienque está loco. Así es el hombre con una tes, sufrió un golpe de Estado que lo dejó megalomanía tan desmesurada como para afuera de la dirección de la empresa, que creer que puede salvar a la Humanidad. en 2001 pasó a llamarse PayPal. Mientras Nada de lo que hizo parecía aceptaba su rol subalterno, probable, así que nada de lo no paró de comprar accioPOR Pablo Corso que promete parece impones. Cuando apareció eBay, sible. Tiene 10 mil millones embolsó 250 millones de de dólares en el banco, pero dice que lo dólares. Estaba listo para moldear el fuguía la mejora colectiva de la especie. turo. El tour de force por ese cerebro prepotente Musk se mudó a Los Ángeles y empezó a y supersónico empieza llenando todos los revitalizar la fantasía espacial. Mientras casilleros del nerd que, cuando crezca, se los amigos temían por su cordura (no paconvertirá en un genio o en el portador raba de hablar de mandar ratones a Marvengativo de un rifle semiautomático. te), donó 100 mil dólares para construir Entre juegos de rol, lecturas compulsivas un centro de investigación que replicara (El señor de los anillos, la Enciclopedia las condiciones de vida ahí afuera. EmpeBritánica) y golpizas rutinarias, Elon zó a reunirse con científicos, pagó cubier(Pretoria, Sudáfrica, 1971) fabricaba sus tos de 5 mil dólares, acribilló a preguntas propios compuestos químicos para hacer a cualquiera que supiera algo del asunto. volar cohetes en la calle. Desde muy chiDespués de un viaje frustrante a Rusia co entendió que podía usar la parte visual -quiso comprar un cohete y lo trataron del cerebro para pensar; proyectaba concomo a un nene caprichoso-, abrió un Exsecuencias físicas a partir de imágenes cel y anunció a sus socios que podía hacer estáticas. uno por su cuenta. En junio de 2002 fundó A los 17 años, cuando Sudáfrica no tenía SpaceX, alquiló un galpón enorme y puso nada más para darle, se fue a vivir a Canaa los científicos al lado de los operarios dá y entró a la universidad, donde consipara armar una low cost espacial. guió una doble graduación en Negocios y En una biografía editada por Paidós, en Física. Mientras vendía computadoras Ashlee Vance cuenta que Musk iba a las a sus compañeros, empezó a encontrar un universidades para reclutar a los mejogrupo de pertenencia: podía hacer chistes res alumnos. Mandaba a sus ingenieros sobre ecuaciones. En los años siguientes a probar motores en el desierto de Texas, se abrazaría a Silicon Valley, aunque condiez días seguidos entre serpientes de casquistaría la economía de la materialidad. cabel. Podía gastar 100 mil dólares en un Pudo ser Steve Jobs, pero se convirtió en vuelo privado, pero se negaba a pavimenTony Stark. tar el camino entre el hangar y la plataforma. Los empleados tenían que mover *** un cohete de 506 toneladas con sogas y Zip2, su primer emprendimiento, era un sobre tablas, como los egipcios antiguos. directorio de negocios que se enlazaba a Era una forma inverosímil de abrirse camapas digitales, un servicio ideal para los mino entre Boeing y la NASA. Pero en una medios que empezaban a entender las poindustria que seguía funcionando con la tencialidades de la red. La venta a Compaq tecnología de un lavarropas de los 60, sus le reportó 22 millones de dólares. A los 27 diseños brillaban: complejos por dentro, años ya se había forjado una fama bipolar: simples como un iPhone por fuera. inteligente y creativo, tirano y antisocial. El 24 de marzo de 2006, SpaceX debuEl paso siguiente fue X.com, un banco tó con el lanzamiento del Falcon 1 des-
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de el atolón de Kwajalein, entre Guam y Hawaii. Se incendió a los 25 segundos. Un año después, la explosión llegó a los cinco minutos. El tercer intento falló a los 30 segundos y dejó a todos llorando en la sala de control. Pero la ambición de Musk era inverosímil. Mientras estaba de fiesta con Talulah Riley (actriz secundaria en Westworld), se encerraba en el baño de los clubes para supervisar por teléfono la soldadura de un cohete en California. El 28 de septiembre de 2008, el Falcon 1 entró en órbita. Era el primer aparato de una empresa privada en conseguirlo. Cuatro años después, SpaceX volvió a sorprender. La cápsula Dragon salió del Falcon 9 (un cohete de 68 metros y nueve motores) y se impulsó hasta la Estación Espacial Internacional (EEI). La compañía está valuada en 12 mil millones de dólares y lanza un cohete por mes a 60 millones de dólares, mucho menos que los rusos y chinos. Transporta satélites para empresas de comunicaciones y países con programas de espionaje. Su gran esperanza son los cohetes reutilizables -entregan su carga y vuelven a la Tierra- que prometen otra revolución de costos. *** Cuando conoció a J.B. Straubel, un especialista en sistemas energéticos obsesionado con construir un auto con baterías de iones de litio, Musk le dio 10 mil dólares como prueba de fe. Después se encontró con Martin Eberhard, que soñaba con un deportivo eléctrico y había fundado la empresa Tesla Motors. Musk ensambló el equipo, puso 6,5 millones de dólares y se convirtió en presidente de Tesla, que funcionaría bajo el modelo Silicon Valley: ingenieros jóvenes que resolvían los problemas a medida que aparecían. En 2005 se sentó en el primer auto que lo conformó y al año siguiente presentó el Roadster, con chasis de Lotus Elise, el auto eléctrico más hermoso y rápido de la historia. Era ridículamente caro -109 mil dólares- pero entre 2008 y 2012 despachó 2.500 unidades. La estrategia era lanzar autos de alta
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gama y baja producción que permitieran fabricar otros más baratos a medida que mejoraran la tecnología y las capacidades productivas. Nada muy distinto a lo que había pasado con los celulares, pero en una industria conservadora y mastodóntica, que no había visto a una compañía exitosa desde Chrysler en 1925. Mientras aumentaban los millonarios en lista de espera, aparecieron los problemas: los costos eran mucho más altos que el precio de venta, había fallas técnicas y se incumplían las fechas de entrega. Musk echó a Eberhard y empezó de cero. Su perfil dictatorial estaba descontrolado: echaba al que no había conseguido nada “extraordinario”, bullyeaba al que había faltado por el nacimiento de un hijo. Musk usó la plata de sus clientes, manipuló a los inversores, aceitó un marketing maquiavélico y consiguió salir a flote gracias a un contrato con la NASA para abastecer a la EEI por 1.600 millones de dólares. Con la caja revitalizada, en junio de 2012 lanzó el modelo S. Las entregas se hacían como en Apple, con hordas de seres desesperados por la novedad tecnológica ante el aplauso de los vendedores. Musk se había convertido en un proveedor de objetos de deseo. Les daba a sus clientes lo que no sabían que querían: manijas que aparecían cuando el conductor se acercaba, pantalla gigante, motores mudos. El S era seguro por dentro y sexy por fuera; suave como un Rolls-Royce y aguantador como un Chevy. Si necesitaba un arreglo, los técnicos se conectaban al auto por internet y lo actualizaban mientras el conductor dormía. Pero lo más frecuente era que mejorara después de la compra: las actualizaciones incluían recargas más rápidas, funciones remotas, nuevos controles de tracción. Con el modelo 3, Tesla empezó a cumplir su estrategia: un cuatro puertas de 35 mil dólares, rápido y estético. En julio ya había 500 mil reservas. Tesla, que ya vale más que Ford y General Motors, espera construir medio millón de autos este año. *** Aunque le debe a la tecnología todo lo que es, Musk no es un tecnócrata. Después de que Mark Zuckerberg se mostrara a favor de la inteligencia artificial, lo cruzó con un tuit cáustico: “Su entendimiento del tema es limitado”. A Elon le dan miedo los robots asesinos, la posibilidad de que entendamos su amenaza cuando ya sea tarde. Ryan Calo, especialista en políticas sobre el tema, se metió en el debate con una chicana: “Siempre es interesante escuchar a Elon Musk hablar sobre cómo puede matarnos la inteligencia artificial, cuando una persona murió en un auto que él construyó y estaba conduciéndose solo”. (El año pasado, en Florida, el vehículo
chocó a un camión con acoplado y mató a su conductor, que estaba viendo una película de Harry Potter). Musk argumenta que aquello fue una anomalía: el sistema salva vidas porque elimina el error humano. Cada Tesla nuevo será capaz de manejarse por sí mismo, a cambio de una actualización que el cliente podrá amortizar sumándolo a una flota compartida que le generaría ingresos mientras trabaja, duerme o sale de vacaciones. Pero Elon no deja de pensar en Marte. Sueña con una nave que deposite pasajeros y cargas para empezar a formar una colonia autosustentable desde 2025. Serán viajes de tres meses con juegos de
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gravedad, pizza y películas. A la llegada habrá que desembalar las impresoras de ADN para fabricar comida y medicamentos. Musk no estará entre los pioneros: cree que es demasiado importante como para arriesgarse a un accidente. Y todavía tiene planes en la Tierra, como lanzar los 4.425 satélites que habiliten una internet global, el primer paso para la conexión espacial. Si todo sale como planea, cuando Elon Musk muera en el planeta rojo, será recordado como el hombre que nos conectó a todos, enfrió el calentamiento global y creó una vía de escape para la única especie del universo que había optado por su autodestrucción. �