BUILD ARCheS NOT BRIDGES jinetesdelapocalipsis
pablo goldin
Razones Parece imposible mantenerse neutral sobre las fronteras últimamente. En lo personal, probablemente debido a la lejanía que mantengo con los hermanos estados del Norte me siento más concernido con las relaciones entre el Oriente y Poniente de la Ciudad de México y las profundas fracturas sociales y físicas que nos segregan los unos de los otros en esta urbe. Aún así, la universalidad del conflicto fronterizo es innegable y las causas y consecuencias del tema se replican por toda la república y el mundo en menor o mayor escala. El problema de origen que podría relacionar ambos escenarios, Ciudad de México y frontera, (confieso desconocer física e intelectualmente el norte mexicano más allá de los periódicos y películas) es la profunda desigualdad económica y social entre los distintos estratos sociales colindantes y la falta de accesibilidad determinada por la capacidad económica de los individuos y los prejuicios clasistas y racistas que definen quién tiene derecho a transitar y por donde. Esta segunda condición, se traduce en las tantas bardas, rejas, controles de acceso, códigos de vestimenta, cadenas y guardias que separan poblaciones de otras a lo largo del globo. Difícilmente desde la arquitectura tenemos la capacidad de solucionar la primera de las problemáticas pero creo que podemos concentrarnos en la segunda y cuestionarnos el significado de los tantos kilometros lineales de barreras que hemos levantado para cristalizar los miedos y enfrentamientos que origina la inequitable distribución de la riqueza. Teniendo estos pensamientos en mi cabeza mientras trabajaba en otra cosa a altas horas de la noche en mi escritorio, en un rápido ejercicio me plantee la posibilidad de hacer una propuesta hacia tan complicado fenómeno arquitectónico con aquello que tenía a mi alcance: pegamento y objetos diversos. Lo suficiente para generar un contenido y no ahondar demasiado en la forma. Sinceramente no tengo por qué saber como solucionarlo políticamente desde la profesión de un arquitecto y tampoco me parece sano proponer un diseño para algo que no queremos que exista, pero aún así, uniendo los objetos que rondaban en mi escritorio me atreví a imaginar un inmenso arco que celebre el cruce de un lado de la frontera al otro y determine un punto de excepción política y cultural en el muro y los puestos de control fronterizos marcados por las reglas y el miedo. Hagamos el arco más grande y absurdo del mundo que nos asuste lo suficiente para darnos cuenta cuán innecesario fue el muro en primera instancia y genere un enemigo o amigo común entre dos poblaciones en esta fría guerra de rumores, alambres de púas y comunicados. La razón y la capacidad de negociar en términos coherentes ha muerto ahogada por los constantes atropellos oficiales de los cuales no se puede defender. Contraataquemos la anomia que nos han recetado a base de leyes y tecnicismos con un absurdo aún más grande que esconda tras de si innegables verdades. Lo que necesita la frontera y esta ciudad son arcos que inviten a ser monumental y libremente atravesados, no muros que nos dividan ni puentes que nos pasen encima, ni estelas y menos aún leyes, tratados y políticas económicas que sigan dilatando las brechas sociales y adquisitivas que nos separan los unos de los otros.
Cd Juárez Frontera
Imágenes © 2017 Cnes/Spot Image,DigitalGlobe,NMRGIS,Texas Orthoimagery Program,U.S. Geological Survey,USDA Farm Service Agency,Datos del mapa © 2017 Google,INEGI
200 m
Ecatepec de Morelos
Imágenes © 2017 Cnes/Spot Image,DigitalGlobe,Datos del mapa © 2017 Google,INEGI
200 m
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Epílogo Mientras no haya equidad social, legal y económica entre vecinos no habrá paz en ninguna frontera. No existe un muro suficientemente alto ni diseño suficientemente diestro para frenar el hambre, la pobreza, la envidia ni la ilusión de una mejor vida que incitan a cruzar al otro lado. El futuro debemos construirlo desde la implementación de políticas económicas que minimicen las desventajas entre poblaciones y ciudadanos. No solo domesticando las barreras físicas, también subiendo los salarios mínimos y mejorando las condiciones laborales de quienes ven una inmensa desventaja entre la cantidad de horas trabajadas y los resultados obtenidos en países cercanos. Nunca podremos amar al vecino hasta que no haya una relación de iguales. Mientras uno explote al otro y el salario en un país no represente una ganancia similar con sus vecinos, las migraciones seguirán imperando sobre la permanencia. El primer paso a dar es la paz económica y esa lamentablemente no se diseña en planos ni maquetas ni se construye desde los discursos o las perspectivas. Se consigue con salarios justos, derechos laborales y condiciones de vida que hoy escasean en México. El arco que propongo, el infecto y caricaturesco pabellón que pegué con Kola Loka a las 5 de la mañana mientras esperaba que autocad exporte pdfs, alegoriza esta simple reflexión: El muro no es el problema, son las miles de causas que motivaron a unos a construirlo y a otros a temerle. Dejemos de hablar de esa frontera física y pongamos sobre la mesa las razones e implicaciones que este elemento arquitectónico encierra. En menor escala pero en gran cantidad, “el muro” como fenómeno e idea se replica a nuestro alrededor. Cualquier propuesta contemporánea que no tenga la función de un arco, solo esta colaborando con la tiranía económica que alimenta las guerras y conflictos que marcan nuestra era como aquella de la desigualdad y la legal explotación del prójimo.
OMINÍM OIRALAS LE NABUS