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Revista enero febrero 2018

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REVISTA AD GENTES. PUBLICACIÓN BIMESTRAL DE LAS OBRAS MISIONALES PONTIFICIO EPISCOPALES DE MÉXICO A.R.

ISSN: 0185-8424

Año L No. 592: Nueva época Enero - Febrero 2018 Costo: $15.00 M.N OMPE MÉXICO

ANIMÉMONOS A BUSCAR LO QUE TENEMOS EN COMÚN La conciencia de ser hijos de un mismo Padre, es la única capaz de ayudarnos a trascender las diferencias.

Este tiempo que viven los jóvenes de México es un verdadero #MomentoDeGracia.


MENSAJE DEL DIRECTOR PBRO. JOSÉ AYALA MADRIGAL

Estimados lectores de Ad gentes: Que Dios, que en su Hijo ha manifestado a toda la humanidad su rostro de misericordia, llene con bendiciones abundantes sus vidas y las de sus familias. Hacia el final del mes de enero celebramos la semana por la unidad de los cristianos. En distintos momentos de la historia, el cristianismo ha experimentado diversas fracturas por motivos y circunstancias también diversas. Tenemos, por ejemplo, los dos más grandes cismas que ha experimentado la Iglesia, el ocurrido hace casi un milenio, en el año 1054, por el cual se formaron las Iglesias católicas de Oriente, con sede en Constantinopla, y de Occidente, con sede en Roma, y el acaecido hacia 1521, cuando se publicó en Roma la bula Decet Romanum Pontificem, por la que se excomulgó a Martín Lutero. Estas experiencias dolorosas que han marcado no solamente la historia del cristianismo, sino, en gran medida, la historia de Occidente, sin embargo, no deben impedir que todas las personas que se empeñan en seguir los pasos de Cristo Jesús dediquen todas sus fuerzas a hacer realidad uno de los más grandes deseos que Jesús pide a sus Padre: «… para que sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17, 21). Esta labor, que aún se halla bajo la modalidad de una asignatura pendiente, es lo que venimos conociendo como ecumenismo, este no debe confundirse con una especie de reconquista, de uniformización o de homogeneización, sino la búsqueda de integrar una comunidad cuyo principio sea la unidad en la diferencia. Que el Dios de Jesucristo nos haga lo suficientemente fuertes y sabios para poder hacer de nuestras vidas una entrega generosa en la unidad y en la diferencia. En el mes de febrero nos enfocamos particularmente en la Jornada Mundial de la Santa Infancia, que en los países de habla hispana conocemos como DOMINF. La Pontificia Obra de la Santa Infancia es una de las más importantes Obras Misionales Pontificias. Fue la segunda en aparecer, hacia 1843, fundada y promovida por Mons. Forbin Janson, y muy pronto alcanzó una muy amplia difusión. Bajo el lema «que los niños ayuden a los niños», esta Obra busca promover en los niños el espíritu solidario que sostiene a la auténtica conciencia universal y misionera, haciéndolos corresponsables de sus hermanos que viven en lugares lejanos a los que viven ellos, y las más de las veces en medio de situaciones críticas y adversas. Este año 2018 ha sido proclamado como el Año de la Juventud. Se trata de un camino de reflexión y discernimiento que hará toda la Iglesia y que tendrá como momentos culminantes el Sínodo de los Obispos, que tendrá como tema «los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional», y la Jornada Mundial de la Juventud, programada para el mes de enero de 2019. Pidamos para que Dios bendiga a todos los jóvenes, que en medio de una de las mayores transformaciones que ha experimentado el mundo moderno, puedan seguir viviendo la vida con la intensidad y con los ideales nobles que hasta ahora los han caracterizado. Pbro. José Ayala Madrigal Obras Misionales Pontificio Episcopales de México Director Nacional


CONTENIDO

ENERO · FEBRERO 2018 AÑO L NO. 592: Nueva época

Biblia y Misión

«Que sean uno en nosotros, para que el mundo crea» (Jn 17, 21)

Al servicio de la misión

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Pontificia Obra de la Santa Infancia - IAM

La misión hoy

Los jóvenes y el diálogo ecuménico

Testimonios misioneros

La misión de la Iglesia y la construcción de la paz

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Misión y perspectiva La casa del Padre

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Testimonios misioneros

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Iglesia en salida

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Espiritualidad misionera

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La voz del Papa

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La voz de nuestros pastores

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Cuadro por cuadro

Misión Albania ¡A construir juntos el castillo de Melissa! Restablecer la unidad de los cristianos, un esfuerzo de siglos AÑO DE LA JUVENTUD. Del 22 de octubre de 2017 a octubre de 2018

La iglesia llamada al Ecumenismo

Quién hace pasar hambre a los niños

De dioses y hombres

Visítanos: www.ompe.mx Escríbenos: informes@ompe.com.mx

Revista Adgentes

OBRAS MISIONALES PONTIFICIO EPISCOPALES DE MÉXICO A.R.

Fotografía Págs: 1era de forros, 12-14, 20-27, 36-39, 40-45. Pixabay Págs: 16-19. Beatríz Maldonado Págs: 28-31. CMV Págs: 32-35, 40-43. Creative Commons

PBRO. JOSÉ AYALA MADRIGAL

REVISTA AD GENTES, Año L, número 592: Nueva época, enero · febrero 2018, es una publicación bimestral impresa distribuida por Obras Misionales Pontificio Episcopales de México, A. R., Prolongación Misterios No. 24, Col. Tepeyac Insurgentes. Delegación Gustavo A. Madero, C.P. 07020, Tel. (01 55) 57500544, www.ompe.mx, informes@ompe.com.mx Editor responsable: José Ayala Madrigal. Reserva de Derechos No. 04-2008-042412363000-102, ISSN: 0185-8424, Licitud de Título No. 12345. Licitud de Contenido No. 9908, ambos otorgados por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación, Permiso SEPOMEX No. PPO9-1848 Impresa por Editorial Esfuerzo S. A. de C. V. Esfuerzo 16-A, Col. Lázaro Cárdenas, C.P. 53560 Naucalpan de Juárez, Estado de México. Este número se terminó de imprimir el 30 de noviembre de 2017, con un tiraje de 10, 000 ejemplares. El contenido de los artículos que aparecen en cada número es responsabilidad de los autores y no compromete la opinión de los editores.

Propietario

Director General

PBRO. LUIS ALBERTO CASTILLO HERNÁNDEZ

Secretario Nacional de la Pontificia Obra de la PF

DIANA MONROY RODRÍGUEZ Editora

CLAUDIA B. CHÁVEZ RAMÍREZ Diseño

COLABORADORES

Pbro. Toribio Tapia Bahena Hno. Joel Cruz Reyes Comunidad Misionera de Villaregia Beatríz Maldonado Sánchez, LMC Pbro. Dr. Luis García Orso Pbro. Marcos Garduño Arias, SX

AD GENTES

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EDITORIAL

¡Seguimos celebrando los 50 años de la revista Ad gentes! Por lo que el trabajo en una publicación de calidad, digna de la tarea que tiene encomendada, no se detiene. Conscientes de nuestra labor informativa, y de la importancia de dar a conocer cada una de las Obras Misionales Pontificio Episcopales, comenzamos el año adentrándonos a la Obra dedicada a la animación y formación misionera de los niños. Nacida como la Santa Infancia, desde sus inicios, tuvo clara la importancia de los niños no solo como beneficiarios sino como protagonistas de la misión. Con motivo de la celebración del DOMINF, el próximo 18 de febrero, los invitamos a conocer la historia de esta iniciativa de Monseñor Forbin Janson para que los niños ayuden a los niños. Por otro lado, del 18 al 25 de enero se celebrará la Semana de oración por la unidad de los cristianos, con el tema «Fue tu diestra quien lo hizo, Señor, resplandeciente de poder» (Ex 15, 6). Es un hecho que como cristianos los temas de la unión y la fraternidad no deben sernos ajenos. A lo largo de nuestra historia, por las diferencias propias de la naturaleza humana, han ocurrido cismas en el seno de nuestra religión, ocasionando rupturas en la comunidad cristiana. Los desafíos a los que actualmente se enfrenta la humanidad, son un llamado a dar una respuesta en armonía y sumando sinergias. El diálogo ecuménico, más que una invitación, es nuestro deber para vivir en comunidad con una actitud de servicio y escucha humilde. Aprendamos de nuestras diferencias y, sobre todo, trabajemos en aquello que tenemos en común para, lejos de ser causa del problema, dar soluciones a la problemática actual. Citando al Papa Francisco «el diálogo ecuménico hoy no puede estar separado de la realidad y de la vida de nuestras Iglesias… el ecumenismo es de hecho, una tarea esencial de la Iglesia, convocada y orientada a la unidad de Dios Uno y Trino».


BIBLIA Y MISIÓN

«Que sean uno en nosotros, para que el mundo crea» (Jn 17, 21) La unidad auténtica como signo de credibilidad transformadora

P. Toribio Tapia Bahena / Universidad Pontificia de México

La Biblia no habla de ecumenismo en el sentido actual del término; pero sí presenta con profundidad la vivencia de la unidad que es el cometido principal del ecumenismo. Uno de los textos más significativos en el que los primeros cristianos, en boca de Pablo, expresaron con profundidad algunas características de la unidad es, sin lugar a dudas, Efesios 4, 1-6.

Sermón de la montaña, Cosimo Roselli. Capilla Sixtina, Roma. 1481-82

No es posible ser cristiano sin el deseo auténtico y el compromiso generoso por vivir en la unidad.

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La unidad de unos para la reconciliación de todos

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o es posible ser cristiano sin el deseo auténtico y el compromiso generoso por vivir en la unidad. San Pablo, o mejor dicho, alguno de sus discípulos en su nombre, después de recordar a los efesios que Dios quiere la reconciliación entre judíos y gentiles, proponen la unidad como una característica que no debe faltar en la vida cristiana. Dios quiere la reconciliación de todos; para esto es indispensable una comunidad que la viva con autenticidad y la proponga con transparencia. Esta unidad a la que son invitados los efesios es mucho más que un comportamiento ordinario: es un modo permanente de ir caminando por la vida; lo que se recomienda sobre la unidad es algo que no debería faltarle a cualquier persona que quiera llevar dignamente el nombre de cristiano (véase 4,1). Para persuadir de esto se indican algunas de las exigencias con las que se debe construir la unidad. AD GENTES

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Bautismo de Cristo, Pietro Perugino. Capilla Sixtina, Roma, 1483

La unidad se construye con…. El pasaje de Efesios que tenemos como punto de referencia dice: «con toda humildad…» (v. 2). La humildad no significa hacerse o sentirse menos que otros; esta actitud, lejos de promover la unidad, cae en la subordinación denigrante. De ahí que, sea muy importante, comprender que la terminología que se utiliza en este texto guarda relación más bien con la sencillez, con la capacidad de vivir sin complicar las cosas innecesariamente, incluso, con la disponibilidad para hacer las cosas desinteresadamente. Y es que la unidad solo se construye cuando la disponibilidad y la sencillez son generosas. El texto refiere, en segundo lugar, a que la unidad debe construirse con mansedumbre. Aunque este término se relaciona en nuestra lengua con lo manso, debemos precisar –debido a ciertos malos entendidos– que hace referencia a la amabilidad, a la educación, incluso a cierto grado de cordialidad. Es decir, de acuerdo a la Epístola a los Efesios, solo colabora en la construcción de la unidad aquella persona que es capaz de mantener una relación amable y educada con los demás. Es importante indicar, en orden a entender más el alcance de estos términos, que los dos primeros podrían estar participando de la totalidad que se menciona al comienzo; es decir, la unidad no se construye poniendo algo de humildad, o algo de mansedumbre; sino toda la humildad y toda la mansedumbre. Esto permite, entonces, señalar la paciencia como consecuencia; no puede haber paciencia, o estado de ánimo permanente, sin humildad y mansedumbre; y viceversa: no son posibles estas dos últimas sin la convicción permanente de que vale la pena enfrentar las situaciones con suficiente madurez.

La unidad se logra gracias a…. A los recursos o exigencias anteriores, el autor de la carta a los Efesios le agrega algunos modos o actitudes. 5


BIBLIA Y MISIÓN «Soportándose unos a otros por amor» (Ef 4,2). La unidad se construye gracias a la capacidad de ejercer la tolerancia; y es que todos, sin excepción, estamos en la misma posibilidad, tanto de acertar como de errar en la vida. Sin embargo, para evitar que la tolerancia pierda su razón de ser, el autor deja claro que esta capacidad de soportarse mutuamente debe sustentarse en el amor. Y tiene que hacerse sin excluir a nadie. No debemos caer en la falacia de pensar que es suficiente la tolerancia para vivir la unidad; si esta no es acompañada de amor y de universalidad (es decir, que sea realmente incluyente), se convierte en una indiferencia letal que tarde o temprano produce fracturas muy difíciles de subsanar.

…«Poniendo empeño en conservar la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz» (v. 3). Esta indicación engloba la segunda actitud de la que puede resaltarse, por una parte, que la unidad se construye solamente cuando se pone el mejor esfuerzo, cuando se procura convencidos de que realmente vale la pena. El matiz que incluye la frase en la lengua en que se escribieron estos textos, refiere incluso, cierto grado de ur-

Tentaciones de Cristo, Sandro Boticelli. Capilla Sixtina, Roma, 1481-82

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gencia. No solo es importante, pues, poner empeño en la construcción de la unidad; debe hacerse oportunamente, con prontitud. Por otra parte, el texto precisa el tipo de unidad al afirmar que es la del Espíritu; al construir la unidad, no trabajamos primeramente por nuestra unidad; sino sobre todo por la que es obrada por el Espíritu Santo. Estrictamente hablando, no podemos hacer la unidad; secundamos, en todo caso, la gracia de la unidad que el Espíritu da a su Iglesia. Por último, el texto ofrece el modo de construir la unidad, señalando que esta debe darse «en el vínculo de la paz» (v. 3). Es muy probable que, por la relación entre la paz y Cristo en los escritos paulinos, esta no se refiera a una especie de actitud tranquila o pacifista, sino sobre todo, a la capacidad de asumir los conflictos sin disimulos nefastos, con una actitud madura, y una disponibilidad generosa para solucionarlos desde la raíz (cf. 2Cor 5, 18-19; Rom 5,1; Flp 2, 5, etc.).

«Pues uno solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu, como una es la esperanza a la que han sido llamados…» (Ef 4, 4). El cristiano no tiene alternativa: si no se dispone a estar viviendo la unidad es prácticamente imposible que pueda realmente ser discípulo de Jesús. Las razones se ofrecen con mucha claridad: el cristiano pertenece a un cuerpo, a una comunidad, cuya cabeza es Cristo. Es inconcebible, por tanto, que viva en enemistad o desunión con sus demás hermanos y hermanas. Además, uno solo es el Espíritu; todos los cristianos, según Pablo y sus discípulos, reciben el mismo Espíritu y son bautizados por el mismo Espíritu en y para la vivencia permanente de la comunión. Y, por último, existe una misma esperanza, suponiendo que el conjunto de creyentes tiene, al mismo tiempo, una misma promesa de parte de Dios. No tendría sentido la unidad en lo que se espera, si no se comparte la comunión en la promesa. AD GENTES

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«Hay un solo Señor, una sola Fe, un solo Bautismo…» (Ef 4,5). Los énfasis en «un solo» están lejos de señalar uniformidad; más bien remarcan la fraternidad como principio fundante de la unidad. Con este trasfondo cada una de estas afirmaciones deja entrever unas consecuencias socio religiosas de gran alcance. Si hay un solo Señor, todos somos siervos, es decir, iguales; si no se asume este convencimiento lo que surge es subordinación, no comunión. Y es que la unidad solo se puede construir en las comunidades o grupos en los que nadie, absolutamente nadie, caiga en la tentación de ponerse por encima de los demás, con afán de señorío o de poder. Si hay una sola fe, todos –sin excepción– debemos partir de los mismos principios y cumplir las mismas leyes. La unidad se rompe con mucha facilidad cuando algunos, por el ministerio o autoridad que tenemos, nos adjudicamos el derecho de saltarnos ciertos principios y de ignorar algunas normas. Si existe un solo bautismo, todos tenemos –y nadie puede afirmar lo contrario– el mismo origen. Es prácticamente imposible construir la unidad haciendo caso omiso de nuestra procedencia bautismal; es el bautismo el elemento fundante de nuestra vocación a la unidad. AD GENTES

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Entrega de las llaves a San Pedro. Pietro Perugino. Capilla Sixtina, Roma, 1481-82

No solo es importante, pues, poner empeño en la construcción de la unidad; debe hacerse oportunamente, con prontitud.

«Un solo Dios y Padre de todos…» (Ef 4,6) El autor de la epístola a los Efesios retoma el principio de la fraternidad como elemento rector de la comunión, desde la unicidad de Dios y su paternidad. Esto le permite culminar su exhortación con el énfasis en la corresponsabilidad. Si Dios «está sobre todos, actúa en todos y está en todos» (v. 6), entonces la construcción de la unidad no es asunto de algunos cuantos; es algo que nos compete a todos. A la gracia de ser sus beneficiarios debemos sumar la responsabilidad permanente de ser sus constructores.

A modo de conclusión Los cambios en la vida no vienen porque todos los queramos sino porque todos, absolutamente todos, los necesitamos. Así sucede con la unidad; todos la necesitamos; incluso, tenemos más necesidad, quienes atentamos contra ella. Procuremos reflexionar sobre la unidad a profundidad; hagamos el propósito de vivenciarla en nuestras relaciones, ordinarias y extraordinarias; pidámosle a Dios que nos conceda el don de la unidad; roguémosle que nos dé la generosidad suficiente y la autenticidad necesaria para que, todos sin excepción, vayamos construyendo la unidad para que el mundo crea que Jesucristo está entre nosotros.

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LA MISIÓN HOY

Los jóvenes y el diálogo ecuménico Pbro. Luis Alberto Castillo Hernández / Pontificia Obra de la Propagación de la fe, Secretario Nacional

Definir al joven de nuestros días bajo un solo criterio es muy complicado, ya que hoy se piensa en una sociedad cada vez más multicultural y multirreligiosa. Si analizamos el fenómeno religioso nos vamos a topar con algunos factores que si bien parecen un problema que debemos afrontar, a la vez se puede convertir en una oportunidad. Debido a la crisis de confianza en las instituciones (y la Iglesia también sufre de esto) es muy común escuchar entre este sector de la población expresiones como: «creo en Dios, pero no en la Iglesia o en cualquier religión», «soy cristiano, pero bajo ninguna religión», incluso solo «soy creyente», aunado al ataque que sufre quien se define por lo menos creyente en algunos centros educativos por sus mismos profesores y motivados por éstos también sus compañeros, creeríamos que solo pasa en las películas (God's Not Dead), pero las noticias de nuestros últimos días nos dicen que es el pan de cada día para muchos valientes. Como san Pablo, es nuestro deber aprovechar los nuevos areópagos para logar el diálogo y el fortalecimiento mutuo.

¿Cuáles son esos espacios? De una manera profética san Juan Pablo II, en la Redemptoris missio, hablaba de una realidad que crece cada día más: «El primer areópago del tiempo moderno es el mundo de la comunicación, que está unificando a la humanidad y transformándola —como suele

El joven va creando nuevos espacios desde donde propone nuevas rutas, que incluso no requieren pertenencia o adhesión política, social o religiosa.


decirse— en una “aldea global”. Los medios de comunicación social han alcanzado tal importancia que para muchos son el principal instrumento informativo y formativo, de orientación e inspiración para los comportamientos individuales, familiares y sociales. Las nuevas generaciones, sobre todo, crecen en un mundo condicionado por estos medios. Quizás se ha descuidado un poco este areópago: generalmente se privilegian otros instrumentos para el anuncio evangélico y para la formación cristiana, mientras los medios de comunicación social se dejan a la iniciativa de individuos o de pequeños grupos, y entran en la programación pastoral solo a nivel secundario» (RMi 37c). Sí, el Papa lo dijo en 1990, antes de Facebook (2004), YouTube (2005), Twitter (2006), Instagram (2010), solo por mencionar algunos. Los medios de comunicación y el ambiente estudiantil son el nuevo areópago desde donde podemos desarrollar un diálogo fraterno y de propuesta. En el cansancio de desear, soñar y proyectar, el joven va creando nuevos espacios desde donde propone nuevas rutas, que incluso no requieren pertenencia o adheAD GENTES

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Animémonos a hacer a un lado los prejuicios, busquemos lo que tenemos en común. sión política, social o religiosa. Lo vimos en los pasados desastres naturales, muchos han migrado del sentido de pertenencia a instituciones a la acción concreta. Algunos jóvenes que mientras trabajaban de voluntarios y se les ofreció dedicar un tiempo para la oración, optaron de manera respetuosa a seguir en sus labores, para algunos es más importante el trabajo que la oración. Las Martas de nuestro tiempo (Cfr Lc 10, 3842) encuentran en las acciones concretas la fuente de inspiración y exigencia para el bien común. Desde estos espacios no es necesario presentar credenciales de afiliación, basta el trabajo coordinado de quienes, cansados de su realidad, buscan dar respuesta a los embates del tiempo y problemas que se le presentan1. Aquí existe un diálogo que es oportunidad de encuentro 1 CELAM, Civilización del Amor. Proyecto y Misión. Orientación para una pastoral juvenil latinoamericana, 2013 segunda edición pág. 296

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LA MISIÓN HOY

Los medios de comunicación y el ambiente estudiantil son el nuevo areópago desde donde podemos desarrollar un diálogo fraterno y de propuesta.

y crecimiento, pero al mismo tiempo un lugar donde debemos hacer presencia, pues el joven por su falta de experiencia suele ser muy influenciable. Con motivo de las Jornadas de Oración por la Unidad de los Cristianos, diversos grupos han sugerido actividades complementarias, que de manera testimonial hablaran de lo que los cristianos están dispuestos a trabajar en conjunto. Este año el tema a desarrollarse es «Fue tu diestra quien lo hizo, Señor, resplandeciente de poder» (Ex 15, 6), y como en cada Jornada fue un grupo o realidad específica quien hace la propuesta para la oración común, en esta ocasión las Iglesias del Caribe, bajo el patrocinio del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (PCPUC) y el Consejo Mundial de las Iglesias (CMI). El diálogo ecuménico es pues muy diverso. Los teólogos trabajan una parte muy importante, pero los jóvenes proponen siempre nuevas rutas de encuentro. En el ámbito de las diócesis y los continentes, vemos también realidades muy distintas. No vemos igual el ecumenismo en el ambiente europeo y en el latinoamericano. Especialmente en este último, el riesgo del sincretismo es latente, por ello es urgente la formación de un laicado adulto, especialmente desde aquellos que están en constante búsqueda e intentan fundamentar con ideas o doctrinas lo que ya han llevado a la práctica. Animémonos a hacer a un lado los prejuicios, busquemos lo que tenemos en común, especialmente a los pobres, los desamparados, los que viven en situación de violencia… Ahí los cristianos podemos demostrar que no estamos divididos, pues tenemos la misma encomienda del Señor: no escandalizar más al mundo por la división que ya existe, no es signo de espíritu cristiano. Gritemos con nuestras acciones que «hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que actúa por todos y está en todos» (Ef 4, 5-6).

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AD GENTES

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TESTIMONIOS MISIONEROS

La misión de la Iglesia y la construcción de la paz Beatriz Maldonado Sánchez / Laica Misionera Comboniana en Mozambique

La Misión de la Iglesia es la evangelización, anunciar con alegría la palabra de Dios y denunciar las injusticias sociales, promoviendo así la construcción de su reino. Esta misión es para todo bautizado desde su realidad concreta y en su vocación específica. Es ahí, en el llamado personal, donde Dios le va revelando a cada uno cuál es su misión, por medio de las manifestaciones de su amor en la vida diaria, permitiéndole disfrutar de la paz en su interior y de reflejarla en la sociedad en que se desenvuelve.

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s por eso que hoy con alegría comparto un poco de mi historia personal y lo que he vivido en Mozambique, un hermoso país de África que me abrió las puertas de su frontera y de su corazón, como Laica Misionera Comboniana (LMC), para vivir y compartir lo que soy como miembro activo de la Iglesia católica. Nací en una familia católica de Sahuayo, mis padres José Maldonado y Martha Sánchez, cultivaron en mí y mis hermanos el amor a

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Dios llevándonos siempre a las prácticas religiosas de la ciudad, soy la segunda de siete hermanos, crecimos juntos y aprendimos que la unidad familiar resuelve cualquier problema. Nuestros padres nos dieron educación y ejemplo y nos permitieron decidir nuestro camino, acompañados de sus consejos y oraciones, pero siempre respetando nuestra libertad. Así, tuve la oportunidad de estudiar la licenciatura en Contabilidad en el Tecnológico de Jiquilpan y al concluir mis estudios fue que inició mi vuelo personal y profesional. AD GENTES

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La Misión de la Iglesia es la evangelización, anunciar con alegría la palabra de Dios y denunciar las injusticias sociales, promoviendo así la construcción de su reino. Mi camino como comboniana comenzó cuando una amiga me invitó al campo misión en Semana Santa, en el año 2000. El vivir esta hermosa experiencia llenó de alegría mi corazón y provocó en mí el deseo profundo de trabajar por esta gran obra, con oraciones, sacrificios y dinero, sin embargo, jamás pensé en salir por un periodo mayor a una semana. Después, comencé a participar en el grupo y así, creció mi compromiso con la iglesia y mi amor por este proyecto. Primero, concluí la etapa de formación básica que es un periodo mínimo de dos años para después asumir cualquier compromiso dentro del grupo o solicitar entrar a la experiencia de comunidad para salir a la misión ad gentes. En mi caso, después de estos dos años, decidí trabajar en mi localidad comprometiéndome cada vez más, organizaba mi tiempo para trabajar y solventar mi vida misionera, participaba en los retiros mensuales del grupo LMC, realizaba experiencias de misión en las comunidades indígenas, organizaba retiros vocacionales para jóvenes y animaciones misioneras en las parroquias. El sentirme plenamente identificada con el carisma Comboniano me llevó a vivir el culmen del objetivo del grupo LMC: la misión ad gentes, por lo que fui destinada a ir al continente de África, en el país de Mozambique. No obstante, este fue un periodo difícil, cuando recibí la carta de que había sido aceptada para ser enviada a África, mi padre acababa de fallecer pero aún con esta situación, confié en la voluntad de Dios, esperé un poco de AD GENTES

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tiempo y después de tres meses informé que estaba lista y comencé con los trámites y a preparar la misa de envío. Mi mamá y mis hermanos siempre me apoyaron, sin ellos no hubiera sido posible dar este gran paso; la oración de mamá sigue dándome ejemplo de que Dios es primero. Cabe mencionar que Mozambique fue el lugar que más visité imaginariamente al escuchar los testimonios de muchos Misioneros Combonianos que fueron enviados a este maravilloso paraíso. Cuando llegué a Carapira, comunidad de Mozambique donde trabaja la familia Comboniana, fue para mí la mayor prueba del amor de Dios; estaba feliz de estar ahí, me sentía en casa, con mi comunidad laical por el periodo que se me confió trabajar. La Escuela Industrial era el centro de nuestra misión, en un primer momento me destinaron al área administrativa, ahí estaba en contacto con las secretarias y con los jóvenes que permanecían internados en el periodo de clases. Teníamos actividades en conjunto que nos ayudaban a reconocernos como personas y encontrar la onda que sintonizara nuestros canales para tener un intercambio de ideas, tomábamos acuerdos y ayudábamos al crecimiento integral de ambas partes. Los jóvenes compartían su alegría, sus angustias, sus habilidades y destrezas, siempre disponibles para crear cosas nuevas, aunque también sope17


TESTIMONIOS MISIONEROS

saban la lucha por la sobrevivencia, los reclamos, el hambre, la enfermedad y las rivalidades; situaciones que se viven en el seno de una familia. Y por tanto, es ahí donde nuestra misión tiene sentido, al fomentar valores en la convivencia diaria que ayuden a la construcción de la paz. Esta vivencia se enriqueció cuando me invitaron a ser profesora, en un primer momento era algo así como ir al ruedo sin saber torear, pues yo no tenía esta formación, al principio rechacé la invitación, después asumí el trabajo propuesto y con la ayuda de Dios hice el programa que debía impartir a los que ahora serían mis alumnos. El grupo fue respondiendo poco a poco a las actividades personales y comunitarias. Por un lado, tareas como escribir sobre ellos mismos ayudaron a mejorar su autoestima, descubrir sus habilidades, reconocer su potencial, optimizar su tiempo, valorar sus capacidades ayudaban al crecimiento de su persona; y por otro, el tra18

bajo apostólico que realizaron en el barrio al abordar temas de conciencia ciudadana abrió nuevos horizontes en la manera de compartir sus conocimientos respondiendo a la urgencia social de hablar sobre temas que les afectan, como los «derechos sobre la tierra», lo cual hizo despertar en los adultos la necesidad de prepararse y documentarse para saber más sobre cómo organizarse para proteger su tierra. Todo esto fue posible por el amor de Dios, siendo la fuente de energía que me mantuvo en pie, aún en los momentos de crisis personal, cuando parece que todo se derrumba, surgió la luz que me ayudaba a continuar y avanzar para dar una respuesta concreta a las necesidades de la comunidad que se me había confiado; disfrutar en lo cotidiano de la vida; la oración, la convivencia, el trabajo, la fiesta, el paseo y las visitas. Hay una riqueza incalculable en cada uno de los encuentros que viví con cientos de personas que, con una sonrisa, un saludo, un grito o una danza, alegraAD GENTES

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darme la oportunidad de escuchar a las personas con la misma atención que ellos lo hacen, dejar mi velocidad de hacer y ser paciente para evitar atropellar el ritmo que Dios tiene para acompañar a su pueblo y así pasar la barrera que me impedía encontrarme con el otro. En este caminar, descubrí en el modo de pensar de esta comunidad, una opción nueva de compartir el Evangelio por medio de la manera de vivir de las personas.

ban el momento y compartían sus necesidades, acompañé también los momentos dolorosos como la pérdida de un familiar o la enfermedad. Esta comunidad siempre tuvo lugar para la persona y eso hizo que los días pasaran de una forma natural, sin ser esclavo del tiempo. Ante esta realidad siempre venía a mi mente la pregunta ¿Qué debo hacer? ¿Cuál es la misión concreta que se me ha confiado en este lugar? Y nuevamente se presentaban situaciones en las que solo me limité a acompañar el crecimiento, dejar que ellos luchen por sí mismos dándoles las herramientas que necesitan para que eso suceda. Vivir mi fe con amor es lo que ayudó a formar una comunidad donde reinara la paz y la justicia, donde el trabajo en equipo fue la mejor herramienta para el crecimiento integral, donde acuden personas que realmente quieren que su mundo sea diferente. Luchar cada día primero conmigo misma para dejar a un lado los prejuicios que como misioneros muchas veces colocamos, AD GENTES

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A mi regreso, encontré a mi familia bien, organizaron una bienvenida alegre y emotiva por mi llegada a México. Haber dado parte de mi vida a este pueblo ha sido una bendición constante para mí, hoy sigo disfrutando de su amor, sigo en comunicación con mis hermanos LMC en Mozambique, seguimos unidos en la oración compartiendo lo que somos: misioneros; donde estamos seguimos luchando para que las personas que sufren por la injusticia social alcancen dignidad y compartiendo lo que tenemos con quienes lo necesitan. Es esto lo que me mantiene firme en la fe y comprometida con la misión, mi participación en el grupo es apoyada por la oración de muchas personas que están unidas a mi vida. Actualmente, vivo en Sahuayo y apoyo en la formación de nuevas personas que quieren integrarse a nuestro grupo de Laicos Misioneros Combonianos. Por último, me gustaría señalar que el amor que recibimos y compartimos va acompañado de vivir los valores para la construcción de la paz en la misión de la iglesia. La fraternidad, la fe, la solidaridad, el compromiso, la perseverancia y el servicio son valores esenciales que deben colocarse en la maleta de todo evangelizador y tener una actitud positiva para ponerlos en práctica con la ayuda de Dios. Sé que esta tarea es para ti que sientes el llamado a promover una civilización del amor donde la construcción del reino de Dios sea prioridad, por eso te invito a comprometerte, enfrentando los obstáculos que nos presenta este mundo globalizado. Vivir nuestra vocación laical misionera no tiene precio. Tener paz es lo que tanto deseamos hoy en día y es tu turno, ahí donde estás; ya es ahora, vamos a continuar con la ayuda de Dios hasta el final.

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LOS OJOS DE LA MISIÓN


La relación con los hermanos y hermanas bautizados de otras iglesias y comunidades eclesiales es un camino irrenunciable para el discípulo y misionero, pues la falta de unidad representa un escándalo, un pecado y un atraso del cumplimiento del deseo de Cristo: «Que todos sean uno, lo mismo que lo somos tú y yo, Padre y que también ellos vivan unidos a nosotros para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17, 21). Documento de Aparecida no. 227


MISIÓN Y PERSPECTIVA

La casa del Padre

Hno. Joel Cruz Reyes / Misioneros Combonianos

Oἰκουμένη (oikouménē), en griego, significa tierra habitada, mientras οἶκος (oikos), también griego, del que se deriva oikouménē, significa casa. Comienzo con estos términos para compartir con ustedes algunos puntos de vista que la experiencia misionera nos da sobre el ecumenismo a quienes somos enviados a encontrarnos con pueblos diferentes al nuestro. Este término en nuestro ámbito católico, generalmente, es asociado al esfuerzo que hacen la glesia y otras denominaciones cristianas por encontrar puntos de convergencia, de comunión y participación, esfuerzo que no excluye a otras religiones diferentes al cristianismo. Pero no me enfocaré en este aspecto sino al espíritu de fondo que, según mi experiencia, está como exigencia para quienes vivimos en una sociedad marcada por el pluralismo en todos los sentidos.

Un ser humano que existe desde una conciencia ecuménica y ecológica es la meta de nuestra evangelización, para que las estructuras de convivencia humana puedan sintonizar con la voluntad de Dios.

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Formar una conciencia ecuménica y ecológica Como evangelizadores en el mundo de hoy, es decir, como anunciadores de la Buena Noticia, tenemos la misión de desvestir de tragedia la diversidad social desde lo micro hasta lo macro-relacional; aspecto inevitable de la convivencia humana desde siempre, pero más intensa en nuestra sociedad actual donde toparnos con la multiculturalidad y la multirreligiosidad es el pan de cada día. No es una novedad decir que los individuos o grupos humanos, al no saber convivir con el diferente, se cierran a la convivencia pacífica y se mueven desde una visión negativa que hace ver las diferencias como amenaza para su bienestar, afectando la economía. No hay que olvidar que economía se deriva del término

El mundo de Pentecostés, es el mundo en el que los seres humanos se entienden entre ellos aunque hablen lenguas diversas

oikos (casa) y νóμος (nomos) que hace referencia a los hábitos y costumbres de una sociedad de asignar a quienes viven en la casa común los bienes que necesitan para vivir, porque los bienes que hay en la casa son de todos, es decir la casa y lo que hay en ella es un bien común. Por eso es muy importante enfocar nuestros esfuerzos de evangelización a formar y fortalecer una conciencia ecuménica, es decir, una conciencia que genera personas que existen desde la convicción de que la casa y lo que hay en ella es de todos, porque solo una conciencia de este tipo puede hacer posible el ideal de la comunidad cristiana: una casa donde nadie pasa necesidad, porque nadie es excluido de sus beneficios (Hech 2, 45; 4, 35). La palabra ecología tampoco es ajena a nuestro lenguaje cristiano y en nuestro trabajo pastoral, basta leer la encíclica Laudato si´ del Papa Francisco. Este término también es derivado de oikos (Casa) y logos (estudio-tratado), es decir la ecología implica conocer a profundidad las cuestiones que tienen que ver con la casa común, ocuparse de ellas y cuidarlas para que puedan beneficiar a todos los que vivimos en ella. Desde esta perspectiva, un ser humano que existe desde una conciencia ecuménica y ecológica es la meta de nuestra evangelización, para que las estructuras de convivencia humana puedan sintonizar con la voluntad de Dios.

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MISIÓN Y PERSPECTIVA Construir una sociedad desde la perspectiva de Pentecostés En esta realidad de globalización e internacionalización en la que nos toca vivir, Dios nos llama a no dejar que nuestro mundo se encamine por las vías de Babel, sino empeñarnos con todas nuestras fuerzas para que la convivencia humana pueda ser el reflejo de Pentecostés, figura de nuestra fe que, desde mi experiencia, encarna el ecumenismo. El mundo de Babel, lo sabemos todos, es el mundo en el que los seres humanos no quieren tener ningún límite, todo se hace

La conciencia de ser hermanos, hijos de un mismo Padre, es la única capaz de ayudarnos a trascender las diferencias, convivir positivamente con ellas y mirarlas como un bien para todos.

bajo el impulso del espíritu del poder, la fama, la competencia y el protagonismo egoísta. Esto termina por confundirlos, dividirlos y separarlos, porque ven al otro como peligro o competencia, y así terminan siendo enemigos y rivales. La Biblia nos dice que este era el único lenguaje que hablaban los hombres de Babel. Esto originó el mundo de la uniformidad1 en el que nadie tiene derecho a ser diferente, a pensar distinto, a ser él mismo, así como Dios lo pensó. Dios no estuvo de acuerdo con esta perspectiva de los hombres de Babel, por eso confundió las lenguas. Esta intervención de Dios nos confirma la diversidad como valor y la uniformidad como un peligro para la convivencia humana. El mundo de Pentecostés, al contrario, es el mundo en el que los seres humanos se entienden entre ellos aunque hablen lenguas diversas2. Es el mundo que permite hablar en la propia lengua sin cerrar los oídos a las otras. Podríamos decir que es la sociedad que favorece la comunicación entre los diversos, que favorece la comunión y participación sin renunciar a la propia identidad; es el mundo en el que los seres humanos actúan desde el espíritu de Dios que los hace hermanos, los hace familia, y precisamente por eso cada uno puede ser él mismo.

1 Gn 11, 1-9 2 Hech 2, 1-13

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Homilía del Santo Padre en la Catedral Luterana de Lund Jesús nos dice que el Padre es el dueño de la vid, que la cuida y la poda para que dé más fruto. El Padre se preocupa constantemente de nuestra relación con Jesús, para ver si estamos verdaderamente unidos a él. Nos mira, y su mirada de amor nos anima a purificar nuestro pasado y a trabajar en el presente para hacer realidad ese futuro de unidad que tanto anhela. También nosotros debemos mirar con amor y honestidad a nuestro pasado y reconocer el error y pedir perdón: solamente Dios es el juez. Se tiene que reconocer con la misma honestidad y amor que nuestra división se alejaba de la intuición originaria del pueblo de Dios, que anhela naturalmente estar unido, y ha sido perpetuada históricamente por hombres de poder de este mundo más que por la voluntad del pueblo fiel, que siempre y en todo lugar necesita estar guiado con seguridad y ternura por su Buen Pastor. Sin embargo, había una voluntad sincera por ambas partes de profesar y defender la verdadera fe, pero también somos conscientes que nos hemos encerrado en nosotros mismos por temor o prejuicios a la fe que los demás profesan con un acento y un lenguaje diferente. Juntos podemos anunciar y manifestar de manera concreta y con alegría la misericordia de Dios, defendiendo y sirviendo la dignidad de cada persona. Sin este servicio al mundo y en el mundo, la fe cristiana es incompleta.

31 de octubre, 2016

Llamados a ser familia Nosotros sabemos que difícilmente en una familia reina la uniformidad, al contrario, se busca que cada miembro se realice personalmente en comunión con todos los miembros. El espíritu de familia salva el pluralismo y la diversidad porque parte de la visión positiva de la diferencia AD GENTES

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del otro. Es decir, este espíritu no nos deja mirar la diversidad como un problema sino como una posibilidad y una riqueza para todos: un bien común. Esta es la razón de fondo por la que nuestro trabajo evangelizador debe impulsar un estilo de vida desde el espíritu del “Padre Nuestro”, espíritu que siembra una conciencia de ser miembros 25


ECUMENISMO Unitatis redintegratio no. 4

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oy, en muchas partes del mundo, por inspiración del Espíritu Santo, se hacen muchos intentos con la oración, la palabra y la acción para llegar a aquella plenitud de unidad que quiere Jesucristo. Por «movimiento ecuménico» se entiende el conjunto de actividades y de empresas que, conforme a las distintas necesidades de la Iglesia y a las circunstancias de los tiempos, se suscitan y se ordenan a favorecer la unidad de los cristianos. Los fieles católicos han de ser, sin duda, solícitos de los hermanos separados en la acción ecumenista, orando por ellos, hablándoles de las cosas de la Iglesia, dando los primeros pasos hacia ellos. Pero deben considerar también por su parte con ánimo sincero y diligente, lo que hay que renovar y corregir en la misma familia católica, para que su vida dé más fiel y claro testimonio de la doctrina y de las normas dadas por Cristo a través de los Apóstoles. Pues, aunque la Iglesia católica posea toda la verdad revelada por Dios, y todos los medios de la gracia, sin embargo, sus miembros no la viven consecuentemente con todo el fervor, hasta el punto que la faz de la Iglesia resplandece menos ante los ojos de nuestros hermanos separados y de todo el mundo, retardándose con ello el crecimiento del reino de Dios. Por tanto, todos los católicos deben tender a la perfección cristiana y esforzarse cada uno según su condición para que la Iglesia, portadora de la humildad y de la pasión de Jesús en su cuerpo, se purifique y se renueve de día en día, hasta que Cristo se la presente a sí mismo gloriosa, sin mancha ni arruga. Guardando la unidad en lo necesario, todos en la Iglesia, cada uno según el cometido que le ha sido dado, observen la debida libertad, tanto en las diversas formas de vida espiritual y de disciplina como en la diversidad de ritos litúrgicos, e incluso en la elaboración teológica de la verdad revelada; pero en todo practiquen la caridad. Pues con este proceder manifestarán cada día más plenamente la auténtica catolicidad y la apostolicidad de la Iglesia.

Por otra parte, es necesario que los católicos, con gozo, reconozcan y aprecien en su valor los tesoros verdaderamente cristianos que, procedentes del patrimonio común, se encuentran en nuestros hermanos separados. Es justo y saludable reconocer las riquezas de Cristo y las virtudes en la vida de quienes dan testimonio de Cristo y, a veces, hasta el derramamiento de su sangre, porque Dios es siempre admirable y digno de admiración en sus obras. Ni hay que olvidar tampoco que todo lo que obra el Espíritu Santo en los corazones de los hermanos separados puede conducir también a nuestra edificación. Lo que de verdad es cristiano no puede oponerse en forma alguna a los auténticos bienes de la fe, antes al contrario, siempre puede hacer que se alcance más perfectamente el misterio mismo de Cristo y de la Iglesia. Sin embargo, las divisiones de los cristianos impiden que la Iglesia lleve a efecto su propia plenitud de catolicidad en aquellos hijos que, estando verdaderamente incorporados a ella por el bautismo, están, sin embargo, separados de su plena comunión. Más aún, a la misma Iglesia le resulta muy difícil expresar, bajo todos los aspectos, en la realidad misma de la vida, la plenitud de la catolicidad.


de una misma familia humana que tiene el deber y el derecho de vivir en la Casa del Padre, cuidar y gozar de los bienes que hay en ella. La conciencia de ser hermanos, hijos de un mismo Padre, es la única capaz de ayudarnos a trascender las diferencias, convivir positivamente con ellas y mirarlas como un bien para todos. Un ser humano que vive desde la óptica del Padre Nuestro, no se vuelve ciego a las diferencias, a la multiculturalidad, a la multietnicidad y a la multirreligiosidad. Se da cuenta que la tolerancia no basta para la convivencia humana. Es decir, no basta relacionarnos entre nosotros con una simple actitud de respeto. Cierto, esto ya sería mucho para la normalidad violenta que nos rodea en la cotidianidad, pero para alguien que se siente hijo de Dios, esto es demasiado poco. Mirar al ser humano como nuestro pariente, nos ayuda a pasar de una actitud de respeto y de tolerancia a la actitud de cooperación, de convivencia, de simpatía, de identificar las diferencias no para combatirlas, sino para acogerlas como diferencias. AD GENTES

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La tolerancia no basta para la convivencia humana. Es decir, no basta relacionarnos entre nosotros con una simple actitud de respeto.

Para una conciencia ecuménica y ecológica, desde la perspectiva cristiana, el ser humano no es una simple parte de la naturaleza o un elemento anónimo de la sociedad, o peor aún, una mercancía puesta en el mercado. No, el Padre Nuestro nos hace ver al ser humano como nuestro hermano, y precisamente por esta consanguineidad espiritual, nos volvemos defensores y promotores de su dignidad y autenticidad en la casa común, que no es nuestra, sino de nuestro Padre. 27


TESTIMONIOS MISIONEROS

¡A construir juntos

el castillo de Melissa! Comunidad Misionera de Villaregia

El domingo 20 de agosto de 2017 terminó Misión Albania. Desde el 6 de agosto, decenas de jóvenes han participado junto a la Comunidad Misionera de Villaregia en una verdadera experiencia de misión en Scutari (Albania), descubriendo la historia, la cultura y el día a día del pueblo albanés. A la vez, han brindado un servicio a la Iglesia por medio de actividades de recreo, de evangelización y servicio entre la Misioneras de la Caridad.

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espués de 15 días de servicio animando dos campamentos para niños y adolescentes en los pueblos de Beltoje, Dobrac y Fermentin y de servicio en el centro de acogida para discapacitados de las Misioneras de la Caridad; la edición 2017

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Albania, es un país situado en el sureste de Europa. Limita con Montenegro al noroeste, con Kosovo al noreste, con la República de Macedonia al este y con Grecia por el sur y el sureste. Tiene costa hacia el mar Adriático en el oestey hacia el mar Jónico al suroeste. Italia se encuentra a 72 km de la costa albanesa, separada por el estrecho de Otranto que une el mar Adriático con el Jónico.

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El Padre Luca Vitali, misionero de la Comunidad Misionera de Villaregia, ha vivido hombro a hombro con los jóvenes la misión en Albania; he aquí su testimonio:

Misión Albania y los sueños vueltos a descubrir Melissa es una de las niñas que nos encontraba cada mañana. A Marco, uno de los misioneros, le confió su secreto: «De grande quisiera vivir en un castillo y me gustaría que estuvieras para jugar conmigo». El joven scout guarada el secreto como perla preciosa y a la hora de la despedida recibe un regalo: Melissa ha dibujado su castillo para él, para que se acuerde que los sueños compartidos pueden volverse realidad. Al día siguiente visitamos un pueblito. Una joven de 15 años será dada en matrimonio, a cambio de un celular y algo de dinero para la familia que vive en una barranca, a un hombre desconocido de treinta años. Tal vez volveremos a verla en Italia, en alguna calle. Joven usada, princesa violada en su realeza.

de Misión Albania se acabó. Durante muchos de los encuentros vividos los jóvenes tuvieron la oportunidad de escuchar el testimonio de quienes vivieron de cerca la guerra. Hubo bellos momentos de oración para compartir entre los chicos, los animadores y la población local en esta profunda experiencia, de verdadera misión que los unió como hermanos. De estas semanas intensas se derivó una promesa, pedida a voz en grito por los niños y chicos del lugar: «¿Regresaran el próximo año verdad?». «¡Sí, habrá Misión Albania también el próximo año!» AD GENTES

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Cruzo las dos historias y entiendo a Melissa; y a las lágrimas de Marco y de los jóvenes que veo partir. Tienen los ojos lúcidos aunque detrás de un cuerpo de gigantes; han trabajado duro para sacar una sonrisa del rostro de esos niños y adolescentes. Una mañana también los han pintado: parecían realmente principitos y princesitas como los de las fábulas. Pero la realidad es otra. Alguien dice que en Albania los niños no son felices, de manera especial los de los pueblitos. No valen nada, sobre todo las mujeres. A menudo las familias deciden en lugar de ellos. La escuela no los forma y a veces a los 18 años no saben leer ni escribir. Viven en un mundo de corrupción; fruto de un régimen 29


MATRIMONIO INFANTIL

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asi todas las naciones del mundo tienen leyes que especifican a qué edad una pareja puede casarse, y en la mayoría de estos países, a las personas menores de 18 años se les permite casarse. De acuerdo con un nuevo análisis del Centro de Investigación Pew de datos sobre 198 países y territorios del Departamento de Estado de los Estados Unidos y las Naciones Unidas, al menos 117 naciones permiten que los niños se casen.

En muchos países, incluso aquellos que no permiten a los menores casarse, a menudo se ignoran los requisitos de edad mínima. Según el Departamento de las Naciones Unidas y el Departamento de Estado, los niños (incluso algunos que están un poco por encima o incluso por debajo de la edad de la pubertad) a menudo se ven obligados a casarse. En Albania, Bulgaria, Macedonia y Ucrania, por ejemplo, las niñas de las comunidades romaníes a menudo se casan por debajo de la edad mínima legal. Y en Pakistán, el Departamento de Estado señaló que, a pesar de las prohibiciones, los matrimonios forzados eran comunes para muchos niños, algunos menores de 15 años. UNICEF señala que en Albania las familias de las zonas rurales, que con la transición que ha sucedido al comunismo se ven reducidas a una miseria extrema, convencen a sus hijas a casarse pronto para atrapar un marido potencial antes de que el mismo parta rumbo a la ciudad en busca de trabajo, y para evitar el riesgo de que sean secuestradas mientras se dirigen a la escuela.


ATEÍSMO EN ALBANIA

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a República Popular de Albania fue declarada estado ateo por Enver Hoxha en 1967, y se mantuvo como tal hasta 1991. La tendencia hacia el ateísmo de estado alcanzó su cenit cuando fueron prohibidas las religiones, al consinderar que eran ajenas a la cultura albanesa y que dividían a la población.

Ya en la Ley de Reforma Agraria de 1945 se nacionalizaron prácticamente todas las propiedades de las diferentes iglesias, incluyendo los inmuebles de los monasterios, las órdenes religiosas y las diócesis. Para 1967, las confesiones religiosas habían renunciado a sus 2,169 iglesias, mezquitas, claustros y ermitas; la mayoría fueron convertidas en centros culturales. Muchos imanes y sacerdotes ortodoxos fueron obligados a negar su religión. Más de doscientos clérigos de confesiones diversas fueron encarcelados, otros muchos fueron obligados a buscar trabajo en la industria o la agricultura. A partir de 1967 y hasta el final del comunismo, todas las prácticas religiosas fueron prohibidas y la nación se declaró oficialmente atea, único caso en el mundo.

que durante 50 años eliminó la confianza y la fraternidad, quitando la belleza, la cultura, el arte, las diferencias, monopolizando el pensamiento y negando a Dios. Entonces pienso que tiene sentido la Misión Albania porque ofrece un pequeño atisbo donde se vislumbra un Castillo para Melissa. No es el castillo de las fábulas, es el castillo de la fraternidad, de la amistad, del servicio y, gracias a este Castillo, se percibe lo verdadero, eso que logra cambiarnos. Michele nos cuenta: «Cuando partí me prometí enseñar algo y educar lo mejor que pueda a estos niños. Bueno, no se dio; me di cuenta que han sido ellos quienes me enseñaron algo. Me han enseñado el significado de ser AD GENTES

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pobres: ser las personas que más tienen que dar en esta tierra». Giacomo añade: «Vayan niños, corran y vuelen hacia su sueños, no teman, me han hecho experimentar que soy capaz de amar, les agradeceré para siempre». Y Serena: «Las sonrisas de los niños que me han llenado el corazón no las voy a olvidar». ¿Por qué? Porque el cambio interior que todos sentimos no es el fruto de una emoción pasajera, sino más bien, de una nueva conciencia: la misión te hace tocar de cerca la posibilidad de vivir en el castillo de Melissa porque es el castillo del Reino y Jesús lo ha soñado en ella y para ella. «Que todos sean uno para que el mundo crea» (Jn 17, 23). 31


ESPIRITUALIDAD MISIONERA

Restablecer la unidad de los cristianos, un esfuerzo de siglos OMPE México

Pues con ser una y única la Iglesia fundada por Cristo Señor, son muchas, sin embargo, las Comunidades cristianas que se presentan ante los hombres como la verdadera herencia de Cristo; ciertamente, todos se confiesan discípulos del Señor, pero sienten de modo distinto y marchan por caminos diferentes, como si Cristo mismo estuviera dividido (cf. 1Cor 1,13). Esta división contradice clara y abiertamente la voluntad de Cristo, es un escándalo para el mundo y perjudica a la causa santísima de predicar el Evangelio a toda criatura. Unitatis redintegratio, 1.

A lo largo de la historia, esta unidad siempre se ha visto amenazada por la incapacidad, la incomprensión o la intolerancia ante las diferencias.

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A

partir del Concilio Vaticano II, como lo expresa el decreto Unitatis redintegratio sobre el ecumenismo, la Iglesia expresa su deseo de restaurar la unidad entre todos los cristianos. A lo largo de la historia, esta unidad siempre se ha visto amenazada por la incapacidad, la incomprensión o la intolerancia ante las diferencias que, por el simple hecho de ser distintas personas, con distintos orígenes y distintas historias, necesariamente acompañan a los diversos seguidores de Cristo Jesús. En 1054, sin embargo, tuvo lugar lo que conocemos como la gran separación entre las Iglesias de Oriente y de Occidente. Después de una fallida misión diplomática por la que el Papa León IX buscaba una alianza con el Patriarca de Constantinopla Miguel Cerulario para poder defenderse del asedio de los normandos, una de las tribus bárbaras que en ese entonces asolaban diversas poblaciones europeas, el Cardenal Humberto de Silva Candida, líder de la comitiva enviada por el Papa, excomulgó al Patriarca Cerulario mediante una bula que dejó sobre el altar de la Iglesia de AD GENTES

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Santa Sofía —que hasta hoy en día existe—. En respuesta, el Patriarca Miguel Cerulario, a su vez, excomulgó al Cardenal Humberto de Silva y a los arzobispos que lo acompañaban, Federico de Lorena y Pedro de Amalfi, y quemó públicamente la bula que había redactado el Cardenal de Silva. Con estas mutuas excomuniones da comienzo el primer cisma que experimenta el cristianismo, que, en realidad, para muchos historiadores no fue sino la ratificación de dos caminos diferentes que, por razones culturales, ambas Iglesias habían comenzado a andar desde hacía mucho tiempo atrás, como se pone de manifiesto en sus respectivas tradiciones litúrgicas. Medio milenio después, en 1517, Martín Lutero, un fraile agustino, clava en las puertas de la Iglesia de Wittenberg sus 95 tesis, acto considerado inicio de la Reforma Protestante. Entre otras cosas, las tesis de Lutero atacaban la doctrina de la salvación por las obras sobre las que descansaba el asunto de las indulgencias. Ya desde la época antigua se había formulado la doctrina según la cual ciertas consecuencias del pecado, como la pena, el castigo o el tiempo que duraba la expiación, podían ser objeto de remisión o indulgencia, y, bajo ciertas condiciones, ciertos representantes de la Iglesia podían concederla a quienes la solicitaran. La doctrina de las indulgencias fue variando mucho conforme fue pasando el tiempo, y los criterios y las condiciones bajo las que se concedían también fueron muy distintos en distintos momentos de la historia. En 1506 el papa Julio II, el Papa guerrero, gran mecenas de artistas renacentistas como Rafael o Miguel Ángel, inició la construcción de la actual Basílica de San Pedro, y para el sostenimiento de este proyecto que se prolongaría por 20 años, estableció que podían concederse indulgencias a todo aquél que ayudara económicamente a la construcción de la nueva Basílica. Esto propició una situación sumamente delicada y llena de abusos que, a los ojos de Lutero y de muchísimos otros, era del todo inaceptable, pues, en el fondo, los creyentes resultaban estafados y engañados con respecto a la salvación de sus almas, la cual no podía obtenerse a cambio de dinero. En el ámbito teológico, AD GENTES

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Lutero desarrolla la doctrina de la sola fides, la doctrina de la salvación por la sola fe, en contra de la doctrina de la salvación por las obras, que estaba en la base de la práctica de las indulgencias. Según Lutero, no hay acción alguna, por más heroica que sea, ni dinero alguno, por más cuantioso que este sea, que puedan alcanzar para la salvación de un ser humano; solo el gran sacrificio de Cristo Jesús en la cruz es suficiente para esta salvación, y a las personas no les queda sino reconocer y agradecer, mediante la fe, este supremo acto redentor. Ante la inicial indiferencia de parte de la sede romana, Lutero siguió promoviendo la reforma mediante varias publicaciones que eran difundidas por toda Alemania, y así fue ganando el apoyo de la nobleza alemana, que aprovechó la ocasión para deslindarse de Roma y librarse del pago de impuestos y tributos. Las críticas que aparecían en las publicaciones de Lutero poste33


ESPIRITUALIDAD MISIONERA

En 1517, Martín Lutero, un fraile agustino, clava en las puertas de la Iglesia de Wittenberg sus 95 tesis, acto considerado inicio de la Reforma Protestante. riormente se extendieron a otros puntos de la teología católica, con el de los sacramentos. Finalmente, el Papa León X reaccionó y redactó en 1520 la bula Exsurge Domine, por medio de la cual pide a Lutero que se retracte de 41 de sus 95 tesis. Al no obedecer la orden del Papa, León X termina por excomulgar a Lutero a comienzos de 1521 mediante la bula Decet Romanum Pontificem. Con este hecho se consuma otro cisma y se da lugar al surgimiento de numerosas Iglesias inspiradas en la protesta y reforma luterana y cuyo conjunto es conocido hasta la actualidad bajo el nombre de protestantismo. Tanto después del primer gran cisma como después de la escisión de los reformistas protestantes, ha habido esfuerzos por restablecer la unidad entre los cristianos, sin embargo, estrictamente hablando, los esfuerzos

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ecuménicos y el desarrollo de una teología ecuménica tienen lugar hasta los inicios del siglo XX. En 1910 se celebró en Edimburgo, Escocia, la primera Conferencia Misionera Mundial, a la que acudieron representantes de Iglesias de tradición protestante del norte de Europa y de Norteamérica. Como el nombre lo indica, esta Conferencia tenía un propósito misionero, pero naturalmente tuvo lugar una fuerte tendencia hacia el ecumenismo; de hecho, convencionalmente se reconoce esta conferencia como el origen del movimiento ecuménico cristiano. Este movimiento alcanzaría su formalización en 1948, con la creación en Ámsterdam del Consejo Mundial de las Iglesias, que tiene su sede en Ginebra. La Iglesia católica romana no forma parte de este Consejo, sin embargo, desde mediados del siglo XX mantiene estrechas relaciones de colaboración. En el ámbito católico han destacado también estos esfuerzos, aunque muy recientemente. En esta línea, hay que mencionar, además de otras iniciativas personales, al Cardenal Johannes Gerardus Maria Willebrands, quien llegaría a ser Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Desde muy joven,

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el Cardenal Willebrands mostró un interés muy activo por la causa de la unidad de los cristianos. Por su intensa promoción, logró que en 1952 surgiera en su natal Holanda la Conferencia Católica Internacional para las Cuestiones Ecuménicas. Ya en 1960, el Papa Juan XXIII creó el Secretariado para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, bajo la dirección del Cardenal Agostino Bea y teniendo como secretario al Cardenal Willebrands. A este Secretariado se encargó la elaboración del decreto conciliar Unitatis redintegratio, que fue, sin lugar a dudas, la expresión de uno de los principales deseos que albergó todo el Concilio Vaticano II: «Promover la reconstrucción de la unidad entre todos los cristianos es uno de los propósitos principales del sagrado Sínodo Ecuménico Vaticano II» (Unitatis redintegratio, 1). El día miércoles 8 de diciembre de 1965 se celebró la clausura solemne y festiva del concilio en la Basílica de San Pedro con la publicación de una serie de mensajes del Vaticano II a los gobernantes, a los hombres del pensamiento y de la ciencia, a los artistas, a las mujeres, a los trabajadores, a los pobres, enfermos y personas que padecen, a los jóvenes, etcétera. La carta apostólica In Spiritu sancto de Pablo VI cerraba el Concilio ante al mundo entero, renovando la aprobación plena de todo lo que se había decidido durante el Concilio y pidiendo su religiosa observancia a todos los fieles. Un día antes, el martes 7 de diciembre, se había clausurado el concilio hacia el interior: se AD GENTES

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Tanto después del primer gran cisma como después de la escisión de los reformistas protestantes, ha habido esfuerzos por restablecer la unidad entre los cristianos. habían cerrado los trabajos, se habían promulgado los últimos documentos, el Papa dictó nuevos estatutos al Santo Oficio y le dio un nuevo nombre: «Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe», y, finalmente, se leyó en la Basílica de San Pedro, y al mismo tiempo aproximadamente en la Basílica Patriarcal de Constantinopla, una declaración conjunta del Papa Pablo VI y del Patriarca Atenágoras I que expresaba el perdón mutuo y la cancelación de las condenas y excomuniones que mutuamente se habían pronunciado el patriarca Miguel Cerulario y el cardenal Humberto de Silva en 1054, a raíz de lo cual se efectuó el primer gran cisma que dividió al mundo cristiano en las Iglesias católica occidental romana y católica oriental ortodoxa. Este último acto significó la voluntad real de los cristianos y de sus Iglesias de superar las antiguas desavenencias para reanudar un diálogo fraternal y fecundo, libre de los condicionamientos del pasado. 35


LA VOZ DE NUESTROS PASTORES

Año de la juventud Del 22 de octubre de 2017 a octubre de 2018

Mons. Juan Armando Pérez Talamantes / Obispo Auxiliar de Monterrey y Responsable de la DEMPAJ Mons. Alfonso G. Miranda Guardiola / Obispo Auxiliar de Monterrey y Secretario General de la CEM

La Iglesia quiere escuchar a los jóvenes. Tiene necesidad de más primavera, que es la estación de los jóvenes. Papa Francisco. Abril 2017.

La Iglesia en México es consciente de la riqueza que representan los adolescentes y jóvenes para nuestra nación (cfr. Encuentro con los jóvenes Mexicanos, Papa Francisco. 2016), en comunión con toda la Iglesia Universal que se prepara para celebrar el Sínodo de los Obispos con el tema «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional» los Obispos de México hemos decidido declarar desde octubre de 2017 a octubre de 2018 el Año de la Juventud para nuestra Iglesia Mexicana, mismo que inició el 22 de octubre, celebrando la Eucaristía en la Basílica de Ntra. Sra. De Guadalupe a las 13:00 hrs. con la asistencia de jóvenes de todo el país.

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E

ste tiempo privilegiado que viven los adolescentes y jóvenes de México es para nosotros un verdadero #MomentoDeGracia y, como tal este año que se proclama deseamos, se viva de manera intensiva la Misión Joven, una manifestación concreta de la opción preferencial que hacemos por la Evangelización de la Juventud y de la profunda convicción de que son los jóvenes un verdadero potencial para el presente y el futuro de la Evangelización en el mundo.

Son los jóvenes un verdadero potencial para el presente y el futuro de la Evangelización en el mundo.

No somos ajenos ante las luces y sombras que se viven día a día en el mundo juvenil, por esta razón, queremos profundizar el tema «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional», mediante un programa de reflexión y acción que aliente el protagonismo del joven en la misión de la Iglesia en la transformación del mundo, de sus espacios vitales y comunidades. Que a través de este proceso de reflexión – acción se susciten los agentes de cambio que requiere nuestro país promoviendo la paz, la misericordia, el bien común, el desarrollo de los pueblos, la Civilización del Amor. Por ello invitamos a todos los adolescentes y jóvenes y a la sociedad en general, a que mantengamos esperanza en el potencial que representan las nuevas generaciones para el presente y futuro de nuestro país. Que durante este año los esfuerzos por escuchar a los adolescentes y jóvenes, por parte de la sociedad, el gobierno y la Iglesia se intensifiquen no solo de manera afectiva sino efectivamente. Que nuestra mirada hacia la juventud sea esperanzadora, reconociéndoles no como un problema sino como una riqueza. Este Año de la Juventud, es el camino que queremos emprender para demostrar las grandes cualidades y talentos de la juventud, su riqueza, su esperanza, su dignidad. Que este caminar este unido al Sínodo de los Obispos, que esta aportación en este momento de la historia nos ayude a encontrar como Iglesia también las modalidades más eficaces de hoy para anunciar la alegría del Evangelio, el cual produce vida en plenitud. AD GENTES

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Nos unimos en oración y les pedimos a todos sus oraciones y su apoyo en este Año de la Juventud, proclamado para impulsar la alegría a caminar con los adolescentes y jóvenes de México. ¡Joven, el Papa quiere escucharte! ¡La Iglesia, quiere escucharte!

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LA VOZ DE NUESTROS PASTORES

Sin raíces sanas, no habrá frutos ni vida José Luis Chávez Botello / Arzobispo de Antequera, Oaxaca.

Desde hace años sufrimos el deterioro de las raíces de vida auténtica; encandilados por alcanzar frutos rápidos descuidamos su raíz y finalidad; se busca tener pronto dinero, poder y satisfacciones sin importar cómo; cuántos buscan títulos sin estudiar bien, matrimonios sin noviazgo sano, cargos de responsabilidad sin capacitación para ello. Así se cultiva la ambición del dinero, del poder y la pasión desenfrenada; se cuida más aparentar el bien que hacerlo, la verdad legal que la real, la imagen que la realidad; entonces se pierde el sentido y la finalidad de todo; de allí la atracción y el crecimiento de adicciones, corrupción, injusticias, violencia y del crimen.

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sí se daña la fe, la esperanza y el amor; se caen los pilares fundamentales de la verdad, la unidad y el bien común y los vientos fuertes del mal causan verdaderos terremotos sociales; lo sufrimos en Oaxaca desde años: el grave deterioro de la familia, educación, política, justicia, economía y vida social. Pero las raíces de vida auténtica aún están vivas, lo palpamos en los pasados sismos de septiembre; las expresiones de entrega y solidaridad por los que sufren nos gritan que hay esperanza y futuro, son el grito del anhelo profundo por construir juntos una vida mejor, más humana y solidaria. Como en el terremoto, es llamado a retirar pronto piedras y escombro de los sismos sociales causados por la ambición, la corrupción y la violencia; se requiere mucha mano de obra, formar cadenas con cubetas y cualquier instrumento de limpia que tengamos a la mano; necesitamos topos, peritos y un trabajo responsable sostenido por todos para rescatar de los escombros vida y todo lo que sirva para reconstruir el tejido social. Los males sociales continuarán hasta que nos decidamos a erradicarlos para reconstruir sobre el cimiento de los valores fundamentales nuestras comunidades e instituciones. El camino doloroso de Oaxaca, marcado desde décadas por la ambición, la injusticia, y la violencia es llamado de Dios que habla desde los acontecimientos y situaciones donde son palpables las aspiraciones profundas de las personas y pueblos; el llamado de Marta a María hoy es para nosotros: «El Señor está aquí y te llama» (Jn 11, 28). Necesitamos avivar los oídos del corazón para escuchar qué nos dice Dios y qué nos pide hoy. El encuentro y adhesión con Jesucristo constituye la raíz de la fe cristiana que cambia toda la vida de las personas y lo que las rodea; es el mensaje del encuentro con la Samaritana, con Zaqueo y con los discípulos de Emaús.

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Todos recordamos y apreciamos nuestra casa y pueblo donde nacimos y crecimos; volver a ese lugar para reencontrarnos con nuestros familiares, amigos y personas que apreciamos nos reanima y fortalece. No se necesitan muchas palabras ni acciones extraordinarias, bastan los signos de acogida, la alegría sincera del encuentro, estar cerca, verse y compartir. Volver a nuestras raíces para fortalecerlas nos hace bien; cuánto bien hacen los encuentros periódicos de familiares, pero qué vacíos dejan y cuánto daño causan donde se descuidan y se deterioran, sobre todo a los niños. Es tiempo de orar, de discernir y de trabajar sin engañar ni engañarnos; encontrarse y «conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestras palabras y obras es nuestro gozo» (Documento de Aparecida no. 29). Fortalezcamos las raíces de nuestra fe y salvaremos a Oaxaca; es el mejor camino para abonar a la reconstrucción del tejido social. Con esta finalidad nos reuniremos esta semana en Asamblea los sacerdotes, religiosas y agentes de pastoral de los diferentes servicios e instancias de la Diócesis. 39


IGLESIA EN SALIDA

La iglesia llamada al Ecumenismo Pbro. Marcos Garduño Arias SX / Misioneros Xaverianos / marcos.garduno77@yahoo.com

A mi tierna edad, cuando estudiaba apenas la preparatoria, me encontré con algunos pequeños libros del padre Amatulli, que a través de pequeños argumentos de apologética (la defensa racional de la fe católica) llegaron a motivarme y emocionarme haciéndome la ilusión que a través de argumentos podría hacer que los demás (protestantes) aceptaran su error y regresarían a abrazar nuevamente la fe católica, lo veía necesario ante el evidente crecimiento de la propagación de sectas y confesiones cristianas alrededor de nuestro ambiente; lo veía como un fenómeno amenazante de los valores de la propia fe.

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uando estaba en tercero de preparatoria y al leer estos pequeños folletos, siendo ya seminarista del Seminario Diocesano de Querétaro, me sentía suficientemente preparado. Un día se dio la ocasión que unos hermanos evangélicos compañeros de trabajo y amigos de uno de mis hermanos visitaron nuestra familia en casa, durante la convivencia familiar dedicaron su tiempo a criticar la Iglesia católica y ante cualquier justificación, ellos daban una respuesta lógica y aparentemente sólida, ese día mi familia y yo quedamos con ciertas inquietudes al no poder responder muchos de sus argumentos y cuestionamientos; por cierto, uno de ellos me dejó una tarea, me dijo que le preguntara a uno de los curas católicos que significaba la santa Inquisición y viera como reaccionaba. Cuando regresé al seminario pedí a mi formador platicar con él personalmente,

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fui a su oficina y cuando le hice tal pregunta, se puso pálido, nervioso, se empezó a rascar la cabeza y me dijo que quién me había dicho eso, entonces me estaba dando más inseguridad, se levantó, sin darme una respuesta, se metió a su cuarto y me trajo un libro, me lo dio para que lo leyera, en una situación normal no hubiera regalado un libro así nomás. Este libro era de apologética y buscaba una defensa contra los testigos de Jehová. Lo leí con mucho interés en búsqueda de una respuesta, pero la actitud del sacerdote y su falta de respuesta me hicieron dudar un tanto más, pero fue motivo mayor para que me mantuviera interesado y atento a informarme sobre estos temas durante mucho tiempo. Más tarde, siendo estudiante de teología ya con los Misioneros Xaverianos en la ciudad de México, tuve la oportunidad de participar en la Comisión del Ecumenismo y diálogo Interreligioso, coordinado por el pa-

...los dones del Espíritu Santo son tan abundantes y amplios que cualquier estructura humana que pretenda ser receptor y expresarlos, quedaría limitada...

dre José de Jesús Arriaga y la hermana Delia Canales, en ese entonces. Durante casi dos años participé, fue una experiencia maravillosa en la que aprendí muchas cosas, desde entonces y hasta hoy, en la Universidad Motolinía se han tenido las reuniones con miembros de las diversas confesiones cristianas, todos los martes por la tarde, en donde un mismo tema de índole cristiano se compartía por un exponente de cada confesión, lo cual nos hacía ver que en la profundidad de cada una de las reflexiones no había diferencia alguna y que era más rico lo que nos unía que lo superficial que siempre nos ha separado. Recuerdo una de las intervenciones de la hermana Canales, decía que: «la riqueza de los dones del Espíritu Santo, especialmente al cristianismo, son tan abundantes y amplios que cualquier estructura humana que pretenda ser receptor y expresarlos, quedaría limitada, superficial y ambigua, quizás por esa razón −decía− Dios se ha valido de permitirnos expresar sus dones diversos en cada una de nuestras confesiones, por ejemplo, los hermanos Ortodoxos expresan esa solemnidad litúrgica, los evangélicos la alegría del canto, los hermanos Luteranos el razonamiento teológico profundo y crítico» en otra intervención decía que le parecía ilógico cuando la Iglesia tenía que presentarla como Católica Romana, puesto que en sí mismo es una contradicción, porque católica habla de una universalidad y lo romano es una localidad específica, particularidad.

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IGLESIA EN SALIDA

Durante ese tiempo hubo eventos importantes como la recepción de grandes personajes, líderes religiosos como fueron el Dalai Lama, su Santidad el Patriarca Bartolomeo I, entre otros, en donde cada uno dejó una experiencia muy agradable de cercanía y la necesidad de apertura de la Iglesia. Otros eventos que dejaron grandes enseñanzas en mi vida de apertura ecuménica fue la participación durante el octavario de unidad por los cristianos que se realiza cada año del 18 al 25 de enero, aunque en ese tiempo aún era seminarista, el hecho de visitar cada día por una semana un templo de cada confesión cristiana y celebrar junto con ellos a su manera, me hizo sentir profundamente unido a ellos, viendo y disfrutando las diversas maneras de

...es tiempo de dejar los argumentos que nos han separado e ir a la profundidad de la espiritualidad cristiana, buscar todos los elementos que nos unen...

acercarse a Dios y expresar su alabanza, la profundidad de vida espiritual que contiene cada una de las iglesias, que de una u otra manera nos unen los principios esenciales de la vida cristiana y que muchas veces nos mantenemos alejados por prejuicios e información inadecuada de unos con otros. Se creó una cercanía tan particular que después de allí tuvimos la oportunidad de invitar a dialogar con nosotros algunas comunidades, como la comunidad anglicana en una ocasión nos visitó a nuestra casa de formación un grupo de seminaristas anglicanos donde tres de ellas eran mujeres y dos jóvenes, intercambiamos oraciones, ideas y un rato de convivencia junto con la cena; más tarde la visita de un padre ortodoxo, un padre anglicano y un pastor evangelista, en diversos momentos para compartir con nuestra comunidad, momentos muy enriquecedores de intercambio espiritual muy intenso. Todos estos eventos me enseñaron que es tiempo de dejar de tomarnos del chongo o a bibliazos, dejar los argumentos que nos han separado e ir a la profundidad de la espiritualidad cristiana, buscar todos los elementos que nos unen y, hacer realidad lo que significa ecumenismo (casa común, familia), para ello es necesario hacer caso

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a lo que el Papa Francisco nos ha insistido tanto a los miembros de la Iglesia católica, cambiar de actitud, dejar nuestras seguridades y convertirnos en lo que realmente estamos llamados a ser, una Iglesia misionera, es decir una Iglesia en salida, preferentemente accidentada que corroída por el olor del encerramiento.

verdad ni un bien común, sino que denigra o distorsiona los valores de nuestra fe, sea con argumentos racionales o actitudes; es allí que debemos mostrar nuestra disponibilidad para defender nuestra fe especialmente con nuestro conocimiento, educación y buen testimonio.

Con ello no quiero decir que la apologética no sea necesaria o que sea de bajo valor, esta disciplina teológica tiene su ser y quehacer en su propio contexto puesto que la misma palabra de Dios nos exige que «debemos siempre estar preparados y dispuestos para dar razón de nuestra fe» (Cfr. 1 Pe 3, 15), en estos casos puede ser cuando la persona tiene malas intenciones y no busca la

Que en este mes donde se remarcan los esfuerzos por alcanzar la paz mundial y el ecumenismo, sean motivo para cada cristiano de poner su propio empeño para salir de sí, sentirse en armonía con la iglesia universal y poner su granito de arena. Dios les bendiga.

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LA VOZ DEL PAPA

Quién hace pasar hambre a los niños L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 43, viernes 27 de octubre de 2017

A punto de celebrar en nuestro país el Domingo de la Infancia y Adolescencia Misionera, el 18 de febrero, conviene recordar las palabras del Papa Francisco sobre la desnutrición infantil y nuestra responsabilidad con aquellos niños que padecen hambre.

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oscientos mil niños rohingya y con ellos todos los que hoy en el mundo sufren el hambre son víctimas de la «idolatría del dinero, que hace “sacrificios humanos”» provocando la muerte de tantas personas. Y ninguno puede permanecer indiferente mirando «a los niños hambrientos que no tienen medicinas, que no tienen educación, que están abandonados». Desde ahí, la amonestación contra «el dios dinero» —que destruye también a las familias que caen en la codicia de los intereses personales— lanzada por el Papa Francisco en la misa celebrada el lunes, 23 de octubre por la mañana, en Santa Marta.

mente hacer dos movimientos: ensanchar y alargar». O sea, explicó el Papa, «ensanchar los almacenes y, en su fantasía, alargar la vida: “Así estaré tranquilo”, pero el cultivo no se toca, el dinero no se toca, todo debe estar custodiado, porque ese dinero es su dios».

«Este pasaje del Evangelio —señaló inmediatamente el Pontífice, refiriéndose al pasaje de san Lucas (12, 13-21)— comienza con una herencia y termina a las puertas de otra herencia». Jesús «advierte claramente: “Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes”». Y después «cuenta esta parábola» de un «hombre rico que se encuentra frente a la abundancia de lo cultivado y no sabe qué hacer». Solo «le viene a la 44

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Por lo tanto, «él ensancha para tener más espacio para su dios y alarga su vida para adorar a aquel dios, en su fantasía: es un esclavo de eso, ¿no? No conoce la saciedad». Por eso, continúa la parábola de Jesús, aquel hombre «va adelante, tomando más bienes, más bienes, más bienes hasta la nausea: no conoce la saciedad». Pero «¿cómo razona este hombre?». Nos lo dice Jesús en la parábola referida por san Lucas: «Él razonaba con él mismo: “Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea”». En pocas palabras, «vive la buena vida, todo en ti, con tu dios: come, bebe y entra en ese movimiento del consumismo exasperado, no se detiene, no conoce el límite». Pero «es Dios quien pone el límite» afirmó el Pontífice. Continúa, de hecho, la parábola: «Pero Dios le dice: “necio —cuántas veces esta palabra, 'necio' viene en el Evangelio— esta misma noche te reclamarán el alma, las cosas que preparaste, ¿para quién serán?”». Aquella riqueza, prosiguió Francisco, terminará en la mano de los herederos de aquel hombre que se pongan a pelear por aquellos tesoros considerados como un dios. He aquí que, señaló el Papa, «este pasaje del Evangelio comienza con un pleito por una herencia y termina con otro pleito, cuando vengan los nietos y todos: nosotros sabemos qué sucede». Pero «es Dios el que pone el límite a este apego al dinero». Que «el hombre se vuelve esclavo del dinero no es una fábula que Jesús inventa: esta es la realidad», también «de hoy». Estoy de acuerdo, dijo Francisco, «tantos hombres que viven para adorar el dinero, para hacer del dinero su propio dios: tantas personas que viven solo para esto y la vida no tiene sentido». El pasaje del Evangelio se concluye con estas palabras: «Así es el que atesora riquezas para sí —dice el Señor— y no se enriquece en orden a Dios». En realidad no saben qué es enriquecerse en orden a Dios». AD GENTES

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«Pensemos —insistió el Papa— solo en un caso: en doscientos mil niños rohingya en los campos de refugiados. Allí hay ochocientas mil personas, doscientos mil son niños. Apenas tienen para comer, malnutridos, sin medicinas. También hoy sucede esto, no es una cosa que el Señor dice de aquellos tiempos: no, ¡hoy!». Por esta razón, insistió, «nuestra oración debe ser fuerte: Señor, por favor, toca el corazón de estas personas que adoran al dios, al dios dinero. Toca también mi corazón para que yo no caiga en eso, para que yo sepa ver. Y después otra consecuencia es la guerra, siempre, aquí la guerra de familia. Todos nosotros sabemos qué sucede cuando está en juego una herencia: las familias se dividen terminan en el odio la una con la otra». En conclusión, Francisco señaló cómo, en el pasaje evangélico, «el Señor subraya con suavidad al final: “Quien no se enriquece en orden a Dios”». Porque «aquel es el único camino: la riqueza, pero en Dios». Y «no es un desprecio por el dinero, no, es precisamente la codicia, como dice él: la codicia», es decir «vivir pegado al dios dinero». Por lo tanto, sugirió el Papa, «nuestra oración debe ser fuerte, hoy, en estos tiempos donde los medios nos hacen ver tantas cosas, tantas calamidades, tantas injusticias, pensemos solo en los niños: Señor, convierte el corazón de esta gente, que te conozcan y no adoren al dios dinero». 45


De dioses y hombres P. Dr. Luis García Orso, sj.

Título: Des hommes et des dieux Director: Xavier Beauvois

Interpretación: Lambert Wilson,

Michael Lonsdale, Olivier Rabourdin. País: Francia, 2009

Género: Drama religioso sobre un hecho histórico. Duración: 120 minutos

Valoración: Excelente muestra de un cine

espiritual y religioso que privilegia el testimonio de vida, los valores del Evangelio, el espíritu orante y el discernimiento en la vida.

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a película del francés Xavier Beauvois toma su título de un versículo del salmo 82, que cita al inicio: «Aunque sean dioses y todos sean hijos del Altísimo, morirán como todos los hombres, caerán como cualquier príncipe». Mas lo importante de esta historia en cine no es afirmar que todos morimos, sino mostrar cómo se muere con un sentido.

Basada en un caso real, la película sigue la vida ordinaria de un monasterio cisterciense en las montañas de Tibhirine, Algeria. Los ocho monjes conviven con los musulmanes del poblado, van a sus fiestas, ofrecen servicio médico, cultivan la tierra, venden sus productos en el mercado, rezan, estudian, cocinan, comparten

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sus alegrías y sus tristezas. La liturgia de sus vidas se va alternando con la liturgia de las horas. Toda su existencia es un acto de consagración a Dios y una apuesta por la hermandad y la convivencia entre hombres de diversas culturas y religiones; su vida es una transparencia de humanidad. La película los muestra como personas de paz, que conocen la cultura y la religión de sus vecinos musulmanes, la respetan y no la cuestionan, y que viven conforme al Evangelio en que creen: con atención solícita a los necesitados, con aprecio a la dignidad de las personas de cualquier condición, con amor al prójimo e incluso al enemigo. Todo ello con sencillez, sin proclamas proselitistas ni grandes discursos justificativos. Simplemente, con una manera de proceder acorde con los principios y valores en que se cree. Pero la paz del lugar es interrumpida violentamente por las acciones de un grupo islámico extremista que empieza a asesinar a extranjeros. Las autoridades del gobierno presionan a los monjes a abandonar Arge-

lia y regresar a Francia pues su vida corre peligro. Cada uno de la comunidad reacciona muy personalmente a la posibilidad de una muerte violenta; cada uno va transparentando su humanidad y su fe, sus dudas y sus miedos, su crisis y su lucha interna, su discernimiento y sus mociones interiores, y todo compartido en la comunidad. Con enorme fuerza y belleza, el canto de los salmos va reflejando las palabras que brotan del corazón, el grito desde la oscuridad y el desconcierto, el tono emocional de la comunidad, la batalla de la fe, hasta que llega la decisión final: «El discípulo no es más que su Maestro» (Mt 10, 24). En esa honda tónica espiritual, en medio de una cena comunitaria que simbólicamente se vuelve eucarística, los monjes son tomados como rehenes el 26 de marzo de 1996. El ritmo de toda la historia en la pantalla es pausado, cadencioso, contemplativo, casi orante. Lo necesitamos así, los espectadores, para entrar en el sobrecogedor misterio de la vida y de la muerte, del amor y de la entrega, que llena la película. Particularmente impresionante son las actuaciones, con la verdad y la paz que transmiten los rostros: nos atrapan durante

Sabías que... La película se basa en la historia real de los

monjes cistercienses del Tibhirine, en Argelia,

desde 1993 hasta su secuestro en 1996.

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Sabías que... La desaparición de los monjes, atrapados

entre ambos bandos, afectó profundamente al gobierno, a la comunidad religiosa

y a la opinión pública internacional. La identidad de los asesinos y las

circunstancias exactas de su muerte siguen siendo un misterio.

dos horas y se nos vuelven tan cercanos y queridos, tan llenos de humanidad y de Dios. El prior del monasterio, el Padre Christian, ante la posibilidad de su muerte había escrito en su testamento espiritual del 1 de enero de 1994: «Si Dios quiere podré entonces sumergir mi mirada en la del Padre para contemplar junto a Él a sus hijos del Islam, así como Él los ve, iluminados todos por la gloria de Cristo, fruto de su Pasión, colmados por el don del Espíritu, cuyo gozo secreto será siempre el de establecer la comunión y restablecer la semejanza, sirviéndose de las diferencias…De esta vida perdida, totalmente mía y totalmente de ellos, doy gracias a Dios porque parece haberla querido por entero para esta alegría, por encima de todo y a pesar de todo». De dioses y hombres ha merecido el gran premio del jurado en Cannes 2010 y el premio del jurado ecuménico; ha conseguido casi todos los premios del cine francés de ese año, y una veintena de premios en diversos lugares. Todo un acontecimiento al tratarse de una historia explícitamente religiosa y que recoge valores del Evangelio. La película inicia con los ocho monjes en fila, de espaldas a nosotros, caminando por un corredor oscuro, hasta que llegan a la capilla y empieza su oración a Dios. En la secuencia final del filme, los monjes también caminan en fila, en una oscuridad nevada, llevados por el grupo armado hacia la muerte. Recordamos entonces el canto comunitario la noche de Navidad: «Ha llegado la noche, la larga noche en que caminamos… No existe nada salvo el Amor». Así, cada uno abraza la muerte, abraza la Vida, con amor.

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