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Revista Ad gentes mayo-junio

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ISSN: 0185-8424

REVISTA AD GENTES. PUBLICACIÓN BIMESTRAL DE LAS OBRAS MISIONALES PONTIFICIO EPISCOPALES DE MÉXICO A.R. www.ompe.mx

$15.00 MXN

AÑO LIII No. 606

Mayo-Junio 2020

LA TEMPESTAD

pone al descubierto todos los intentos de encajonar y olvidar lo que nutrió el alma de nuestros pueblos. Papa Francisco

Tenemos la gran oportunidad de hacer un cambio en nuestra historia, personal y comunitaria, de influir de manera positiva ante las dificultades globales. Pbro. Luis Castillo


Oración del Papa ante el coronavirus Oh, María, tú resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. Nosotros nos confiamos a ti, Salud de los enfermos, que bajo la cruz estuviste asociada al dolor de Jesús, manteniendo firme tu fe. Tú, Salvación de todos los pueblos, sabes de qué tenemos necesidad y estamos seguros de que proveerás, para que, como en Caná de Galilea, pueda volver la alegría y la fiesta después de este momento de prueba. Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos a la voluntad del Padre y a hacer lo que nos dirá Jesús, quien ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos y ha cargado nuestros dolores para conducirnos, a través de la cruz, a la alegría de la resurrección. Bajo tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios. No desprecies nuestras súplicas que estamos en la prueba y líbranos de todo peligro, oh, Virgen gloriosa y bendita.


Mensaje del director

La Pascua de Jesús no es un acontecimiento del pasado: por el poder del Espíritu Santo es siempre actual y nos permite mirar y tocar con fe la carne de Cristo en tantas personas que sufren. Francisco

P. Antonio de Jesús Mascorro Tristán, MG Estimados lectoras (es) de esta su revista Ad gentes reciban un saludo de paz; este año el mundo entero se ha visto afectados por la pandemia del Covid-19, situación que ha cambiado nuestra manera de relacionarnos personal y comunitariamente, también la forma de celebrar los días santos ha sido diferente; sin embargo la certeza del triunfo del Señor Jesús sobre el pecado y la muerte a través de su Pascua de Resurrección fortalece nuestra vida y nos lleva a experimentar la fe, la esperanza y la alegría. Ahora que nos disponemos a vivir y celebrar la solemnidad de Pentecostés oremos juntos al Espíritu Santo y pidamos que infunda sus dones para ser testigos de su amor en el mundo, comunicando la Buena Noticia para que, todo aquel hermano o hermana que sufre encuentre caminos de vida dejándose tocar por el Corazón de Jesús. Este año en las OMPE México nos preparábamos para celebrar el XXIII Encuentro Nacional de la Unión de Enfermos Misioneros y el XVI Congreso Nacional Misionero, a celebrarse en la diócesis de Saltillo y la Arquidiócesis de Monterrey, respectivamente. Sin embargo, y de forma responsable y consciente, se han tenido que cancelar dichos encuentros por la situación de contingencia que estamos viviendo. Oremos para que los estragos y complicaciones sociales, de salud, económicos, etc., que se han derivado en todo el mundo, y principalmente en nuestro país, pronto sean solucionados y se restablezca, en la medida de lo posible, la paz y la tranquilidad en el mundo. Que Dios bendiga y le dé fortaleza a las familias que sufren la muerte de sus seres queridos a causa del virus; a los fallecidos Dios perdone sus faltas y les dé el descanso eterno. Dispongamos generosamente el corazón a la acción del Espíritu Santo, Señor y dador de vida, quien precede a la acción misionera de la Iglesia: […] con el Espíritu, la Iglesia es el Pueblo santo de Dios; la misión, el contagio de la alegría, no el proselitismo; los otros hermanos y hermanas, amados por el mismo Padre. Pero sin el Espíritu, la Iglesia es una organización; la misión, propaganda; la comunión, un esfuerzo. […] Hermanos y hermanas, recémosle todos los días. Espíritu Santo, armonía de Dios, tú que transformas el miedo en confianza y la clausura en don, ven a nosotros. Danos la alegría de la resurrección, la juventud perenne del corazón. Espíritu Santo, armonía nuestra, tú que nos haces un solo cuerpo, infunde tu paz en la Iglesia y en el mundo. Espíritu Santo, haznos artesanos de concordia, sembradores de bien, apóstoles de esperanza. Papa Francisco Me despido invocando la maternal intercesión de María santísima de Guadalupe en este mes de mayo, para que bendiga y proteja a las Madres de México, especialmente en su día. Que ella nos acompañe e interceda siempre por nosotros, sus hijos, y nos ayude a ser esos discípulos misioneros siempre dispuestos a propiciar el Reino de Dios entre los más débiles, desprotegidos y olvidados. ¡Un abrazo para todos!


AÑO LIII NO. 606 MAYO · JUNIO 2020

Propietario

OBRAS MISIONALES PONTIFICIO EPISCOPALES DE MÉXICO A.R. Director General

P. ANTONIO DE JESÚS MASCORRO TRISTÁN, MG Secretario Nacional de la Pontificia Obra de la PF

PBRO. LUIS ALBERTO CASTILLO HERNÁNDEZ Editora

LA VOZ DEL PAPA Momento Extraordinario de Oración en tiempos de epidemia

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DIANA MONROY RODRÍGUEZ Diseño

CLAUDIA B. CHÁVEZ RAMÍREZ COLABORADORES

Comunidad Misionera de Villaregia Pbro. Marcos Garduño Arias sx

LA MISIÓN HOY Paulina, una influencer de todo tiempo AL SERVICIO DE LA MISIÓN Infografía: Propagando la Fe TESTIMONIOS MISIONEROS Un pequeño signo de misericordia

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Fotografía Portada, págs: 4-7 vatican.va Págs: 8-11, 34-37 Pixabay Págs: 16-19 CMV Págs: 20-27, 38-41 Cathopic

REVISTA AD GENTES, Año LIII, número 606, mayo · junio 2020, es una publicación bimestral impresa, distribuida por Obras Misionales Pontificio Episcopales de México, A. R., Prolongación Misterios No. 24, Col. Tepeyac Insurgentes. Delegación Gustavo A. Madero, C.P. 07020, Tel. (01 55) 57500544, www.ompe.mx, Editor responsable: Antonio de Jesús Mascorro Tristán, MG. Reserva de Derechos No. 04-2008-042412363000-102, ISSN: 0185-8424, Licitud de Título No. 12345. Licitud de Contenido No. 9908, ambos otorgados por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación, Permiso SEPOMEX No. PPO9-1848. Impresa por Editorial Esfuerzo S. A. de C. V. Esfuerzo 16-A, Col. Lázaro Cárdenas, C.P. 53560, Naucalpan de Juárez, Estado de México. Este número se terminó de imprimir el 21 de abril de 2020, con un tiraje de 10,000 ejemplares. El contenido de los artículos que aparecen en cada número es responsabilidad de los autores y no compromete la opinión de los editores.

Visítanos: www.ompe.mx Revista Adgentes

MISIÓN Y PERSPECTIVA Para que puedas contar y grabar en la memoria. La vida se hace historia

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TESTIMONIOS MISIONEROS La misión de la Iglesia y la construcción de la paz

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ESPIRITUALIDAD MISIONERA Espiritualidad del Apóstol según San Pablo

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LA VOZ DE NUESTROS PASTORES Coronavirus o nuestra fragilidad

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IGLESIA EN SALIDA Iglesia en salida y su misión con la humanidad sufrida

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BIBLIA Y MISIÓN María, la mujer del encuentro y la prontitud

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CUADRO POR CUADRO Los Miserables

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Editorial

El lenguaje evoluciona, se enriquece día a día, a él, nuestra forma de expresión, agregamos nuevas palabras, nuevas entonaciones. El lenguaje se alimenta de nuestro entorno, de nuestro aprendizaje e, incluso, de nuestros sentimientos. Pero no solo palabras, emociones y expresiones se integran a nuestro lenguaje, hay otras que también desaparecen. Los últimos días hemos aprendido nuevas palabras, la terminología científica ha captado nuestro interés y ahora forma parte de nuestras conversaciones; coronavirus, COVID-19, SARS-CoV-2, pandemia, cuarentena… y un enorme etcétera. A estas palabras sumamos sensaciones como la soledad y la incertidumbre; dando como resultado expresiones dichas con cautela y hasta con miedo. También nuestra forma de relacionarnos se ha visto modificada, los abrazos han sido omitidos, la cercanía física fue sustituida por una sana distancia; larga es la lista de lo que se nos ha privado y en ella está el gozo de los sacramentos. Nuestra comunidad se ha visto dispersada, pero no por ello separada, pues se han buscado nuevas formas para vivir nuestra fe, de permanecer unidos en Cristo. La situación que estamos viviendo nos hace recordar la perpetuidad de la misión. Nuevas palabras han sido integradas en nuestro lenguaje esto no debe ser motivo para que las palabras, amor, caridad, misericordia, fe y, sobre todo, Dios, desaparezcan de él; al contrario, en tiempos como los que vivimos, la necesidad de llevar el Evangelio se vuelve más urgente, llevar la luz de la fe donde hay oscuridad. El Papa Francisco nos dice en su mensaje urbi et orbi, para Pascua 2020: «Hoy resuena en todo el mundo el anuncio de la Iglesia: “¡Jesucristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!”. Esta Buena Noticia se ha encendido como una llama nueva en la noche, en la noche de un mundo que enfrentaba ya desafíos cruciales y que ahora se encuentra abrumado por la pandemia, que somete a nuestra gran familia humana a una dura prueba». Así es misionero, que las palabras que hemos aprendido no nos hagan olvidar que Jesucristo ha resucitado y el mundo necesita saberlo.


LA VOZ DEL PAPA por Papa Francisco

Momento Extraordinario de Oración en tiempos de epidemia Aquel día, al atardecer, les dice: Pasemos a la otra orilla. Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; e iban otras barcas con él. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: Maestro, ¿no te importa que perezcamos? Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: ¡Calla, enmudece! El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe? Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen? Mc 4, 35-41

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l atardecer» (Mc 4,35). Así comienza el Evangelio que hemos escuchado. Desde hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido. Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas llenando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador que paraliza todo a su paso: se palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas. Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos

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El amor de Dios es estable... llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos. Como esos discípulos, que hablan con una única voz y con angustia dicen: “perecemos” (cf. v. 38), también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino sólo juntos. Es fácil identificarnos con esta historia, lo difícil es entender la actitud de Jesús. Mientras los discípulos, lógicamente, estaban alarmados y desesperados, Él permanecía en popa, en la parte de la barca que primero se hunde. Y, ¿qué hace? A pesar del ajetreo y el bullicio, dormía tranquilo, confiado en el Padre —es la única vez en el Evangelio que Jesús aparece durmiendo—. Después de que lo despertaran y que calmara el viento y las aguas, se dirigió a los discípulos con un tono de reproche: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?» (v. 40). Tratemos de entenderlo. ¿En qué consiste la falta de fe de los discípulos que se contrapone a la confianza de Jesús? Ellos no habían dejado de creer en Él; de hecho, lo invocaron. Pero veamos cómo lo invocan: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» (v. 38). No te importa: pensaron que Jesús se desinteresaba de ellos, que no les prestaba atención. Entre nosotros, en nuestras familias, lo que más duele es cuando escuchamos decir: «¿Es que no te importo?». Es una frase que lastima y desata tormentas en el corazón. También habrá sacudido a Jesús, porque a Él le importamos más que a nadie. De hecho, una vez invocado, salva a sus discípulos desconfiados. La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad. La tempestad pone al descubierto todos los intentos de encajonar y olvidar lo que nutrió el alma de nuestros pueblos; todas esas tentativas de anestesiar con aparentes rutinas “salvadoras”, incapaces de Mayo - Junio 2020

El amor de Dios es estable y seguro, como los peñascos rocosos que reparan de la violencia de las olas. Jesús lo manifiesta en el milagro narrado por el Evangelio, cuando aplaca la tempestad, mandando al viento y al mar. Los discípulos tienen miedo porque se dan cuenta de que no pueden con todo ello, pero Él le abre el corazón a la valentía de la fe. Ante el hombre que grita: '¡ya no puedo más!', el Señor sale a su encuentro, le ofrece la roca de su amor, a la que cada uno puede agarrarse, seguro de que no se caerá. ¡Cuántas veces sentimos que ya no podemos más! Pero Él está a nuestro lado, con la mano tendida y el corazón abierto. […] Podemos preguntarnos, si hoy estamos firmes en esta roca que es el amor de Dios. Cómo vivimos el amor fiel de Dios hacia nosotros. Siempre existe el riesgo de olvidar ese amor grande que el Señor nos ha mostrado. También nosotros, los cristianos, corremos el riesgo de dejarnos paralizar por los miedos del futuro y de buscar seguridades en cosas que pasan, o en un modelo de sociedad cerrada que tiende a excluir, más que a incluir. En esta tierra han crecido tantos santos y beatos que han acogido el amor de Dios y lo han difundido en el mundo, santos libres y testarudos. Sobre las huellas de estos testigos, también nosotros podemos vivir la alegría del Evangelio, practicando la misericordia, podemos compartir las dificultades de mucha gente, de las familias, en especial de las más frágiles y marcadas por la crisis económica. 5


LA VOZ DEL PAPA

apelar a nuestras raíces y evocar la memoria de nuestros ancianos, privándonos así de la inmunidad necesaria para hacerle frente a la adversidad. Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos. «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, esta tarde tu Palabra nos interpela se dirige a todos. En nuestro mundo, que Tú amas más que nosotros, hemos avanzado rápidamente, sintiéndonos fuertes y capaces de todo. Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa. No nos hemos detenido ante tus llamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo. Hemos continuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo. Ahora, mientras estamos en mares agitados, te suplicamos: «Despierta, Señor». «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, nos diriges una llamada, una llamada a

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la fe. Que no es tanto creer que Tú existes, sino ir hacia ti y confiar en ti. En esta Cuaresma resuena tu llamada urgente: “Convertíos”, «volved a mí de todo corazón» (Jl 2,12). Nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás. Y podemos mirar a tantos compañeros de viaje que son ejemplares, pues, ante el miedo, han reaccionado dando la propia vida. Es la fuerza operante del Espíritu derramada y plasmada en valientes y generosas entregas. Es la vida del Espíritu capaz de rescatar, valorar y mostrar cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo. Frente al sufrimiento, donde se mide el verdadero desarrollo de nuestros pueblos, descubrimos y experimentamos la

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oración sacerdotal de Jesús: «Que todos sean uno» (Jn 17,21). Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos. La oración y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras. «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos nos hundimos. Necesitamos al Señor como los antiguos marineros las estrellas. Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza. Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere. El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar. El Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor. En medio del aislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado. El Señor nos interpela desde su Cruz a reencontrar la vida que nos espera, a mirar a aquellos que nos reclaman, a potenciar, reconocer e incentivar la gracia que nos habita. No apaguemos la llama humeante (cf. Is 42,3), que nunca enferma, y dejemos que reavive la esperanza. Mayo - Junio 2020

Abrazar su Cruz es animarse a abrazar todas las contrariedades del tiempo presente, abandonando por un instante nuestro afán de omnipotencia y posesión para darle espacio a la creatividad que sólo el Espíritu es capaz de suscitar. Es animarse a motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad. En su Cruz hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar. Abrazar al Señor para abrazar la esperanza. Esta es la fuerza de la fe, que libera del miedo y da esperanza. «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Queridos hermanos y hermanas: Desde este lugar, que narra la fe pétrea de Pedro, esta tarde me gustaría confiarlos a todos al Señor, a través de la intercesión de la Virgen, salud de su pueblo, estrella del mar tempestuoso. Desde esta columnata que abraza a Roma y al mundo, descienda sobre vosotros, como un abrazo consolador, la bendición de Dios. Señor, bendice al mundo, da salud a los cuerpos y consuela los corazones. Nos pides que no sintamos temor. Pero nuestra fe es débil y tenemos miedo. Mas tú, Señor, no nos abandones a merced de la tormenta. Repites de nuevo: «No tengáis miedo» (Mt 28,5). Y nosotros, junto con Pedro, «descargamos en ti todo nuestro agobio, porque Tú nos cuidas» (cf. 1P 5,7). 7


LA MISIร N HOY por Pbro. Luis Alberto Castillo Hernรกndez, Secretario Nacional de la Pontificia Obra de la Propagaciรณn de la Fe

Paulina, una influencer de todo tiempo

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Diversidad de actitudes

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lo largo de la historia la humanidad ha pasado por momentos de crisis, problemas económicos complejos, diversidad de guerras, invasiones colonizadoras, epidemias, sistemas totalitarios, etc. Y en todos ellos cada sector de la población ha intentado dar una respuesta según sus propias capacidades, aunque siempre queda ese pequeño grupo que permanece como espectador de los acontecimientos, esperando que alguien más resuelva el conflicto. En lenguaje de nuestro tiempo es el #LordAMiNoMeToca o la #LadyNoMeImporta.

No basta con tener buenas intenciones, iniciar proyectos, sino que, guiados por el Espíritu Santo, logren permear la vida y actividad de nuestras comunidades.

Existen otros que además de hacer una propuesta desean sacar provecho de la situación, de éstos abundan. Son los tiranos que con máscara de caudillos habían enarbolado las banderas del pueblo, la libertad y la igualdad, pero a la primera oportunidad aprovechan la caída de un sistema para posicionarse en lugares privilegiados, traicionando y sometiendo incluso a sus más leales seguidores. Habitualmente este tipo de escenarios están rodeados de un grado alto de resentimiento, pobreza, marginación, lucha de clases, etc. Pero hay unos cuantos que se toman las cosas en serio y, de manera brillante, salen de sí para hacer una propuesta en orden al bien común. Mentes brillantes y llenas del Evangelio que con pequeños signos fueron transformando su realidad y con el paso del tiempo, aun sin haberlo visto, la del mundo entero. Fueron fermento en medio de situaciones complejas, alimento para el pobre, caricia del Espíritu para el que sufre.

#LadyMissio Paulina Jaricot, una joven originaria de Lyon, Francia, nació en un contexto social y religioso nada sencillo. Las constantes pugnas entre Napoleón y el Papa Pío VII hacían que las relaciones Iglesia-Estado fueran cada vez más difíciles de conciliar, y con ello se ponía en riesgo la actividad evangelizadora, espeMayo - Junio 2020

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LA MISIÓN HOY

Pero, así como en otro tiempo han surgido personajes importantes, hoy surgen iniciativas innovadoras que responden, según los propios recursos y capacidades, al golpe del presente de manera extraordinaria.

proyectos, sino que, guiados por el Espíritu Santo, logren permear la vida y actividad de nuestras comunidades.

cialmente en territorios de misión. La vocación misionera de su hermano y su capacidad para percibir la necesidad del otro, la llevó a crear un fondo de ayuda para las misiones, no debemos imaginarlo como algo demasiado estructurado en sus inicios, comenzó con la espontaneidad y frescura de alguien propio de su edad (21 años), una obra de amor que poco a poco extendería su fragancia e impactaría en aquellos que fueron sumándose a su iniciativa, a pesar de la precariedad de muchos que formaron parte de la «moneda de Paulina», como se le conoció en sus inicios. Dos años después el impacto sería tan grade que surgiría la Obra de la Propagación de la Fe. Destaco dos puntos importantes: el primero, un profundo amor al Evangelio, que saca de la comodidad, contagia a cuantos le rodean, que produce «más alegría en dar que en recibir» (Hch 20, 35), piedad que se vive en familia; y segundo la perseverancia, pues no basta con tener buenas intenciones, iniciar 10

Como mujer de oración logró convencer a pequeños grupos de personas a que rezaran el santo Rosario, bajo una dinámica sencilla en tiempos de mucha ocupación (sí, en aquellos tiempos las personas también estaban muy ocupadas y casi no les quedaba tiempo para orar), y a cada una le encomendó meditar solo un misterio del Rosario y rezar una decena de este durante todo un mes. El éxito fue tal que al momento de su muerte (1862) el «Rosario Viviente» contaba con alrededor de 2 250 000 miembros solo en Francia. Personas admirables que supieron encontrar en la oración, el testimonio y la ayuda económica el motor para que la obra de la salvación se siga realizando en el mundo.

200 años después, otras crisis Tenemos en el ambiente diversidad de factores que nos dicen que las cosas no han cambiado mucho, somos distintos los que habitamos el planeta, pero quizá con la misma o peor actitud. Hoy se levantan nuevos caudillos a defender a los pobres y desvalidos, a imponer sistemas de gobierno en contextos culturales muy distintos al que los propone, colonizadores territoriales y de recursos, invasores cibernéticos que bombardean y destruyen conciencias de millones de espectadores pasivos y los excluyen de los escenarios de importancia, armas químicas y biológicas que amenazan la estabilidad integral de la persona. Mayo - Junio 2020


Pero, así como en otro tiempo han surgido personajes importantes, hoy surgen iniciativas innovadoras que responden, según los propios recursos y capacidades, al golpe del presente de manera extraordinaria. Desde la Iglesia doméstica, recluida por la presente pandemia, se han abierto ventanas al diálogo, a la cooperación y a la evangelización de manera activa a través de diversos medios. Es admirable como a pesar de las restricciones habituales, derivadas del estado laico, diversos medios de comunicación han abierto espacios para que la población no deje de alimentar la fe y la esperanza participando, a distancia, de diversas celebraciones litúrgicas y actos de piedad. Un ambiente de incertidumbre y decepción por no salir a misiones con motivo de Semana Santa migró a la invasión de diversas propuestas para evangelizar a través de las redes sociales. Ojalá no sea algo temporal y, como Paulina, surjan nuevos apóstoles que trasciendan y revitalicen la actividad misionera de la Iglesia. Mayo - Junio 2020

#OtraPaulina #OtraTeresitadelNiño Jesus #OtroFranciscoJavier Personas ordinarias que hicieron extraordinario su forma de vivir la alegría del Evangelio. Cada cual, con sus propias limitaciones, pero siempre abiertos al proyecto de Dios. Corazones jóvenes capaces de entregar su día a día en favor de los demás. Mentes enormes que trascendieron la historia. #InfluencersdeDios capaces de motivar a otros tantos a seguir a Aquel que los enamoró a ellos. Tenemos la gran oportunidad de hacer un cambio en nuestra historia, personal y comunitaria, de influir de manera positiva ante las dificultades globales que ya están presentes y se avecinan. Estamos llamados a primerear, dejar de quejarnos y actuar, quitar la apatía y salir de nuestra comodidad. Es tiempo de que nosotros, como Iglesia, volvamos a encontrar la fecundidad en la alegría de la misión.

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TESTIMONIOS MISIONEROS por Comunidad Misionera de Villaregia

Un pequeño signo de misericordia P. Amedeo Porcu, presidente de la Comunidad Misionera de Villaregia, nos comparte algunas noticias sobre la nueva misión en Etiopía, recientemente inaugurada.


E

s con estas palabras que Fray Angelo Antolini, misionero capuchino en Etiopía desde hace 40 años, nos describe el sentido de la presencia de la Iglesia católica en la prefectura apostólica de Robe, a él confiada. Las nueve horas de viaje en auto desde la capital Addis Abeba hasta Robe, fueron interrumpidas por breves pausas en las que nos mostraba: una pequeña escuela, una casa de acogida para niños huérfanos, un pequeño centro artesanal de producción de queso que sostiene la vida de Kamiso, una joven mamá que acoge en su casa a otras madres solteras y a unos diez niños abandonados… Tantos pequeños signos de la misericordia del Padre, una humilde, pero al mismo tiempo atenta y concreta, respuesta a las necesidades y sufrimientos de los más pequeños.

Marzo - Abril 2020

Los católicos en esta zona son casi mil, es decir el 0,003% de una población de cuatro millones de habitantes distribuidos en un territorio de 103, 769 km2. En diciembre del año pasado hemos enviado a esta parte del territorio etíope a cuatro misioneros de la Comunidad Misionera de Villaregia, que se unirán a tres sacerdotes diocesanos, una misionera laica y seis religiosas ya presentes en el territorio. P. Emanuele y las hermanas Teresa y Elisabetta, misioneros italianos, junto a Mari Carmen misionera puertorriqueña y P. Serge de Costa de Marfil, trabajaran con Fray Angelo, en Robe, la sede principal de la prefectura.

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TESTIMONIOS MISIONEROS

OROMO

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os Oromo son una de las distintas etnias que habitan la zona del Cuerno de África, a su vez está dividida en una serie de subtribus independientes pero que conservan unas características culturales comunes y tienen una serie de dialectos muy similares que conforman en su conjunto la lengua oromo, llamada Afán Oromo. Su extensión geográfica por varios países del cuerno de África como Etiopía y Kenia y su gran número hacen que sean considerados uno de los grandes grupos nacionales de África1.

Con 30 millones de miembros, constituye hoy el mayor origen étnico en Etiopía y aproximadamente el 34,49% de la población según el censo de 2007. Su lengua materna es el oromo (también llamado afaan Oromoo y oromiffa) que forma parte de la rama afroasiática de las lenguas cushíticas. Los oromo hasta casi fines del pasado siglo XX eran más conocidos como gallas o (pronunciado gal'las), tratándose de una población nómada que había invadido el sur de Etiopía y abrazado el islam. La lengua oromo, (autónimo oromoo, nombre de la lengua afaan oromoo) es hablada por una población que ronda entre los 8 y los 10 millones de personas que habitan en una extensa zona que va desde Somalia asando por el nordeste de Etiopía hasta Kenia. Forma junto con la konso-gidole un grupo de dialectos de la rama cusítica oriental de las tierras bajas. Hay varios dialectos que forman una cadena con un reducido nivel de inteligibilidad entre los extremos de esta que de norte a sur son: raya, wollo (perteneciendo ambos bien al grupo central o bien al shoan), centrales (shoa-tulama y posiblemente los dialectos arussi), occidentales (wellegga-machch'a), orientales (harar, qottu), meridionales (boraan, gabra y oromo kenia: orma, waata). 1 A. Hierro San Matín. (2014). Etnografía de los Oromo-Gujii. 30/03/2020, de Universidad de Salamanca Sitio web:https://gredos.usal.es/bitstream/ handle/10366/127402/DPSA_HierroSanMartinA_.ETnografiaoromoguji.pdf?sequence=1&isAllowed=y

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«Nuestra presencia —dice P. Emanuele— es como la pequeña semilla que debe crecer y desarrollarse, somos un pequeño signo que desea hacer presente y visible el Evangelio, a través del amor a los más pobres y la comunión vivida con las fuerzas eclesiales presentes y con los católicos provenientes de diferentes etnias, que se comprometen a vivir el mandamiento nuevo de Jesús “En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos, en el amor que se tengan unos a otros” Sabemos que será necesario tener mucha paciencia y humildad ya que tendremos que dedicar los primeros meses para aprender la lengua oromo. Trataremos de entrar en puntas de pie en esta nueva cultura y de establecer con la gente, en su mayoría musulmana, relaciones de amistad y cercanía con mucho respeto. Nos sentimos y somos inmigrantes, comenzaremos de cero y queremos tener bien presente en nuestro corazón el motivo por el cual estamos aquí, hacer presente a Jesús en medio de esta gente pobre, que lucha cada día por salir adelante y sobrevivir en medio a tantas dificultades. Estamos en una iglesia joven que tiene como prioridades: la formaMayo - Junio 2020

ción cristiana, la atención a los pobres y la misión de todos los bautizados. Una Iglesia en la que los laicos y los catequistas son los primeros evangelizadores; sin ellos que conocen bien la cultura local, las tradiciones y la lengua, sería verdaderamente imposible comunicar con el pueblo». En este inicio no faltarán las dificultades, pero los misioneros están muy contentos de estar aquí y poder construir la iglesia de la comunión con Fray Angelo y las demás fuerzas eclesiales presentes en el territorio. Saben también que el pueblo oromo es muy famoso por su acogida y que la Iglesia en Etiopía es muy estimada por las instituciones civiles por el compromiso en el promover el diálogo y la reconciliación entre los diferentes grupos étnicos. En los momentos más difíciles, estoy seguro, los sostendrá la frase puesta al ingreso del centro de coordinación pastoral y social de la Prefectura apostólica: «Cada uno es inmensamente sagrado y merece nuestro cariño y nuestra entrega. Por ello, si logro ayudar a una sola persona a vivir mejor, eso ya justifica la entrega de mi vida» EG 274. 19


El bien siempre tiende a comunicarse. Toda experiencia auténtica de verdad y de belleza busca por sí misma su expansión, y cualquier persona que viva una profunda liberación adquiere mayor sensibilidad ante las necesidades de los demás. Comunicándolo, el bien se arraiga y se desarrolla. Evangelii Gaudium, 9

Los

ojos de la misión


MISIÓN Y PERSPECTIVA por Papa Francisco

Para que puedas contar y grabar en la memoria (cf. Ex 10, 2)

La vida se hace historia

Mensaje del Santo Padre Francisco para la LIV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

Para no perdernos necesitamos respirar la verdad de las buenas historias: historias que construyan, no que destruyan; historias que ayuden a reencontrar las raíces y la fuerza para avanzar juntos. En medio de la confusión de las voces y de los mensajes que nos rodean, necesitamos una narración humana, que nos hable de nosotros y de la belleza que poseemos. Una narración que sepa mirar al mundo y a los acontecimientos con ternura; que cuente que somos parte de un tejido vivo; que revele el entretejido de los hilos con los que estamos unidos unos con otros.

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1. Tejer historias

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l hombre es un ser narrador. Desde la infancia tenemos hambre de historias como tenemos hambre de alimentos. Ya sean en forma de cuentos, de novelas, de películas, de canciones, de noticias…, las historias influyen en nuestra vida, aunque no seamos conscientes de ello. A menudo decidimos lo que está bien o mal hacer basándonos en los personajes y en las historias que hemos asimilado. Los relatos nos enseñan; plasman nuestras convicciones y nuestros comportamientos; nos pueden ayudar a entender y a decir quiénes somos. El hombre no es solamente el único ser que necesita vestirse para cubrir su vulnerabilidad (cf. Gn 3,21), sino que también es el único ser que necesita revestirse de historias para custodiar su propia vida. No tejemos sólo ropas, sino también relatos: de hecho, la capacidad humana de tejer implica tanto a los tejidos como a los textos. Las historias de cada época tienen un telar común: la estructura prevé héroes, también actuales, que para llevar a cabo un sueño se enfrentan a situaciones difíciles, luchan contra el mal empujados por una fuerza que les da valentía, la del amor. Sumergiéndonos en las historias, podemos encontrar motivaciones heroicas para enfrentar los retos de la vida. El hombre es un ser narrador porque es un ser en realización, que se descubre y se enriquece en las tramas de sus días. Pero, desde el principio, nuestro relato se ve amenazado: en la historia serpentea el mal.

2. No todas las historias son buenas «El día en que comáis de él, […] seréis como Dios» (cf. Gn 3,5). La tentación de la serpiente introduce en la trama de la historia un nudo difícil de deshacer. «Si posees, te convertirás, alcanzarás...», susurra todavía hoy quien se sirve del llamado storytelling con fines instrumentales. Cuántas historias Mayo - Junio 2020

En medio de la confusión de las voces y de los mensajes que nos rodean, necesitamos una narración humana

nos narcotizan, convenciéndonos de que necesitamos continuamente tener, poseer, consumir para ser felices. Casi no nos damos cuenta de cómo nos volvemos ávidos de chismes y de habladurías, de cuánta violencia y falsedad consumimos. A menudo, en los telares de la comunicación, en lugar de relatos constructivos, que son un aglutinante de los lazos sociales y del tejido cultural, se fabrican historias destructivas y provocadoras, que desgastan y rompen los hilos frágiles de la convivencia. Recopilando información no contrastada, repitiendo discursos triviales y falsamente persuasivos, hostigando con proclamas de odio, no se teje la historia humana, sino que se despoja al hombre de la dignidad. Pero mientras que las historias utilizadas con fines instrumentales y de poder tienen una vida breve, una buena historia es capaz de trascender los límites del espacio y del tiempo. A distancia de siglos sigue siendo actual, porque alimenta la vida. En una época en la que la falsificación es cada vez más sofisticada y alcanza niveles exponenciales (el deepfake), necesitamos sabiduría para recibir y crear relatos bellos, verdaderos y buenos. Necesitamos valor para rechazar los que son falsos y malvados. Necesitamos paciencia y discernimiento para redescubrir historias que nos ayuden a no perder el hilo 23


MISIÓN Y PERSPECTIVA

entre las muchas laceraciones de hoy; historias que saquen a la luz la verdad de lo que somos, incluso en la heroicidad ignorada de la vida cotidiana.

3. La Historia de las historias La Sagrada Escritura es una Historia de historias. ¡Cuántas vivencias, pueblos, personas nos presenta! Nos muestra desde el principio a un Dios que es creador y narrador al mismo tiempo. En efecto, pronuncia su Palabra y las cosas existen (cf. Gn 1). A través de su narración Dios llama a las cosas a la vida y, como colofón, crea al hombre y a la mujer como sus interlocutores libres, generadores de historia junto a Él. En un salmo, la criatura le dice al Creador: «Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias porque son admirables tus obras […], no desconocías mis huesos. Cuando, en lo oculto, me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra» (139,13-15). No nacemos realizados, sino que necesitamos constantemente ser tejidos y bordados. La vida nos fue dada para invitarnos a seguir tejiendo esa obra admirable que somos. En este sentido, la Biblia es la gran historia de amor entre Dios y la humanidad. En el centro está Jesús: su historia lleva al cumplimiento el amor de Dios por el hombre y, al mismo tiempo, la historia de amor del hombre por Dios. El hombre será llamado así, de generación en generación, a contar y a grabar en su memoria los episodios más significativos de esta Historia de historias, los que puedan comunicar el sentido de lo sucedido. El título de este Mensaje está tomado del libro del Éxodo, relato bíblico fundamental, en el que Dios interviene en la historia de su pueblo. De hecho, cuando los hijos de Israel estaban esclavizados clamaron a Dios, Él los escuchó y rememoró: «Dios se acordó de su alianza con Abrahán, Isaac y Jacob. Dios se fijó en los hijos de Israel y se les apareció» (Ex 2, 24-25). De la memoria de Dios brota la liberación de la opresión, que tiene lugar a través de signos y prodigios. Es entonces cuando el Señor re24

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vela a Moisés el sentido de todos estos signos: «Para que puedas contar [y grabar en la memoria] de tus hijos y nietos […] los signos que realicé en medio de ellos. Así sabréis que yo soy el Señor» (Ex 10,2). La experiencia del Éxodo nos enseña que el conocimiento de Dios se transmite sobre todo contando, de generación en generación, cómo Él sigue haciéndose presente. El Dios de la vida se comunica contando la vida. El mismo Jesús hablaba de Dios no con discursos abstractos, sino con parábolas, narraciones breves, tomadas de la vida cotidiana. Aquí la vida se hace historia y luego, para el que la escucha, la historia se hace vida: esa narración entra en la vida de quien la escucha y la transforma.

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No es casualidad que también los Evangelios sean relatos. Mientras nos informan sobre Jesús, nos «performan»1 a Jesús, nos conforman a Él: el Evangelio pide al lector que participe en la misma fe para compartir la misma vida. El Evangelio de Juan nos dice que el Narrador por excelencia —el Verbo, la Palabra— se hizo narración: «El Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado» (cf. Jn 1,18). He usado el término contado porque el original exeghésato puede traducirse sea como “revelado” que como «contado». Dios se ha entretejido personalmente en nuestra humanidad, dándonos así una nueva forma de tejer nuestras historias. 1 Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Spe salvi, 2: «El mensaje cristiano no era sólo “informativo”, sino “performativo”. Eso significa que el Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida».

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MISIÓN Y PERSPECTIVA

4. Una historia que se renueva La historia de Cristo no es patrimonio del pasado, es nuestra historia, siempre actual. Nos muestra que a Dios le importa tanto el hombre, nuestra carne, nuestra historia, hasta el punto de hacerse hombre, carne e historia. También nos dice que no hay historias humanas insignificantes o pequeñas. Después de que Dios se hizo historia, toda historia humana es, de alguna manera, historia divina. En la historia de cada hombre, el Padre vuelve a ver la historia de su Hijo que bajó a la tierra. Toda historia humana tiene una dignidad que no puede suprimirse. Por lo tanto, la humanidad se merece relatos que estén a su altura, a esa altura vertiginosa y fascinante a la que Jesús la elevó. Escribía san Pablo: «Sois carta de Cristo […] escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de corazones de carne» (2 Co 3,3). El Espíritu Santo, el amor de Dios, escribe en nosotros. Y, al escribir dentro, graba en nosotros el bien, nos lo recuerda. Recordar significa efectivamente llevar al corazón, escribir en el corazón. Por obra del Espíritu Santo cada historia, incluso la más olvidada, incluso la que parece estar escrita con los renglones más torcidos, puede volverse inspirada, puede renacer como una obra maestra, convirtiéndose en un apéndice del Evangelio. Como las Confesiones de Agustín. Como El Relato del Peregrino de Ignacio. Como la Historia de un alma de Teresita del Niño Jesús. Como Los Novios, como Los Hermanos Karamazov. Como tantas innumerables historias que han escenificado admirablemente el encuentro entre la libertad de Dios y la del hombre. Cada uno de nosotros conoce diferentes historias que huelen a Evangelio, que han dado testimonio del Amor que transforma la vida. Estas historias requieren que se las comparta, se las cuente y se las haga vivir en todas las épocas, con todos los lenguajes y por todos los medios.

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5. Una historia que nos renueva En todo gran relato entra en juego el nuestro. Mientras leemos la Escritura, las historias de los santos, y también esos textos que han sabido leer el alma del hombre y sacar a la luz su belleza, el Espíritu Santo es libre de escribir en nuestro corazón, renovando en nosotros la memoria de lo que somos a los ojos de Dios. Cuando rememoramos el amor que nos creó y nos salvó, cuando ponemos amor en nuestras historias diarias, cuando tejemos de misericordia las tramas de nuestros días, entonces pasamos página. Ya no estamos anudados a los recuerdos y a las tristezas, enlazados a una memoria enferma que nos aprisiona el corazón, sino que abriéndonos a los demás, nos abrimos a la visión misma del Narrador. Contarle a Dios nuestra historia nunca es inútil; aunque la crónica de los acontecimientos permanezca inalterada, cambian el sentido y la perspectiva. Contarse al Señor es entrar en su mirada de amor compasivo hacia nosotros y hacia los demás. A Él podemos narrarle las Mayo - Junio 2020


historias que vivimos, llevarle a las personas, confiarle las situaciones. Con Él podemos anudar el tejido de la vida, remendando los rotos y los jirones. ¡Cuánto lo necesitamos todos! Con la mirada del Narrador —el único que tiene el punto de vista final— nos acercamos luego a los protagonistas, a nuestros hermanos y hermanas, actores a nuestro lado de la historia de hoy. Sí, porque nadie es un extra en el escenario del mundo y la historia de cada uno está abierta a la posibilidad de cambiar. Incluso cuando contamos el mal podemos aprender a dejar espacio a la redención, podemos reconocer en medio del mal el dinamismo del bien y hacerle sitio. No se trata, pues, de seguir la lógica del storytelling, ni de hacer o hacerse publicidad, sino de rememorar lo que somos a los ojos de Dios, de dar testimonio de lo que el Espíritu escribe en los corazones, de revelar a cada uno que su historia contiene obras maravillosas. Para ello, nos encomendamos a una mujer que tejió Mayo - Junio 2020

la humanidad de Dios en su seno y —dice el Evangelio— entretejió todo lo que le sucedía. La Virgen María lo guardaba todo, meditándolo en su corazón (cf. Lc 2,19). Pidamos ayuda a aquella que supo deshacer los nudos de la vida con la fuerza suave del amor: Oh, María, mujer y madre, tú tejiste en tu seno la Palabra divina, tú narraste con tu vida las obras magníficas de Dios. Escucha nuestras historias, guárdalas en tu corazón y haz tuyas esas historias que nadie quiere escuchar. Enséñanos a reconocer el hilo bueno que guía la historia. Mira el cúmulo de nudos en que se ha enredado nuestra vida, paralizando nuestra memoria. Tus manos delicadas pueden deshacer cualquier nudo. Mujer del Espíritu, madre de la confianza, inspíranos también a nosotros. Ayúdanos a construir historias de paz, historias de futuro. Y muéstranos el camino para recorrerlas juntos.

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TESTIMONIOS MISIONEROS por Beatriz Maldonado Sánchez, Laica Misionera Comboniana

La misión de la Iglesia y la construcción de la paz

La Misión de la Iglesia es la evangelización, anunciar con alegría la palabra de Dios y denunciar las injusticias sociales, promoviendo así la construcción de su reino.

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sta misión es para todo bautizado desde su realidad concreta y en su vocación específica. Es ahí, en el llamado personal, donde Dios le va revelando a cada uno cuál es su misión, por medio de las manifestaciones de su amor en la vida diaria, permitiéndole disfrutar de la paz en su interior y de reflejarla en la sociedad en que se desenvuelve. Es por eso que hoy con alegría comparto un poco de mi historia personal y lo que he vivido en Mozambique, un hermoso país de África que me abrió las puertas de su frontera y de su corazón, como Laica Misionera Comboniana (LMC), para vivir y compartir lo que soy como miembro activo de la Iglesia católica.

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Nací en una familia católica de Sahuayo, mis padres José Maldonado y Martha Sánchez, cultivaron en mí y mis hermanos el amor a Dios llevándonos siempre a las prácticas religiosas de la ciudad, soy la segunda de siete hermanos, crecimos juntos y aprendimos que la unidad familiar resuelve cualquier problema. Nuestros padres nos dieron educación y ejemplo y nos permitieron decidir nuestro camino, acompañados de sus consejos y oraciones, pero siempre respetando nuestra libertad. Así, tuve la oportunidad de estudiar la licenciatura en Contabilidad en el Tecnológico de Jiquilpan y al concluir mis estudios fue que inició mi vuelo personal y profesional. Mi camino como comboniana comenzó cuando una amiga me invitó al campo misión en Semana Santa, en el año 2000. El vivir esta hermosa experiencia llenó de alegría mi corazón y provocó en mí el deseo profundo de trabajar por esta gran obra, con oraciones, sacrificios y dinero, sin embargo, jamás pensé en salir por un periodo mayor a una semana. Después, comencé a participar en el grupo y así, creció mi compromiso con la iglesia y mi amor por este proyecto. Primero, concluí la etapa de formación básica que es un periodo mínimo de dos años para después asumir cualquier compromiso dentro del grupo o solicitar entrar a la experiencia de comunidad para salir a la misión ad gentes. En mi caso, después de estos dos años, decidí trabajar en mi localidad comprometiéndome cada vez más, organizaba mi tiempo para trabajar y solventar mi vida misionera, participaba en los retiros mensuales del grupo LMC, realizaba experiencias de misión en las comunidades indígenas, organizaba retiros vocacionales para jóvenes y animaciones misioneras en las parroquias. El sentirme plenamente identificada con el carisma Comboniano me llevó a vivir el culmen del objetivo del grupo LMC: la misión ad gentes, por lo que fui destinada a ir al continente de África, Mayo - Junio 2020

en el país de Mozambique. No obstante, este fue un periodo difícil, cuando recibí la carta de que había sido aceptada para ser enviada a África, mi padre acababa de fallecer pero aún con esta situación, confié en la voluntad de Dios, esperé un poco de tiempo y después de tres meses informé que estaba lista y comencé con los trámites y a preparar la misa de envío. Mi mamá y mis hermanos siempre me apoyaron, sin ellos no hubiera sido posible dar este gran paso; la oración de mamá sigue dándome ejemplo de que Dios es primero. Cabe mencionar que Mozambique fue el lugar que más visité imaginariamente al escuchar los testimonios de muchos Misioneros Combonianos que fueron enviados a este maravilloso paraíso. Cuando llegué a Carapira, comunidad de Mozambique donde trabaja la familia Comboniana, fue para mí la mayor prueba del amor de Dios; estaba feliz de estar ahí, me sentía en casa, con mi comunidad laical por el periodo que se me confió trabajar. La Escuela Industrial era el centro de nuestra misión, en un primer momento me destinaron al área administrativa, ahí estaba en contacto con las secretarias y con los jóvenes que permanecían internados en el periodo de clases. Teníamos actividades en conjunto que nos ayudaban a reconocernos como personas y encontrar la onda que sintonizara nuestros canales para tener un 29


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intercambio de ideas, tomábamos acuerdos y ayudábamos al crecimiento integral de ambas partes. Los jóvenes compartían su alegría, sus angustias, sus habilidades y destrezas, siempre disponibles para crear cosas nuevas, aunque también sopesaban la lucha por la sobrevivencia, los reclamos, el hambre, la enfermedad y las rivalidades; situaciones que se viven en el seno de una familia. Y por tanto, es ahí donde nuestra misión tiene sentido, al fomentar valores en la convivencia diaria que ayuden a la construcción de la paz. Esta vivencia se enriqueció cuando me invitaron a ser profesora, en un primer momento era algo así como ir al ruedo sin saber torear, pues yo no tenía esta formación, al principio rechacé la invitación, después asumí el trabajo propuesto y con la ayuda de Dios hice el programa que debía impartir a los que ahora serían mis alumnos. El grupo fue respondiendo poco a poco a las actividades personales y comunitarias. Por un lado, tareas como escribir sobre ellos mismos ayudaron a mejorar su autoestima, descubrir sus habilidades, reconocer su potencial, optimizar su tiempo, valorar sus capacidades ayu-

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daban al crecimiento de su persona; y por otro, el trabajo apostólico que realizaron en el barrio al abordar temas de conciencia ciudadana abrió nuevos horizontes en la manera de compartir sus conocimientos respondiendo a la urgencia social de hablar sobre temas que les afectan, como los «derechos sobre la tierra», lo cual hizo despertar en los adultos la necesidad de prepararse y documentarse para saber más sobre cómo organizarse para proteger su tierra. Todo esto fue posible por el amor de Dios, siendo la fuente de energía que me mantuvo en pie, aún en los momentos de crisis personal, cuando parece que todo se derrumba, surgió la luz que me ayudaba a continuar y avanzar para dar una respuesta concreta a las necesidades de la comunidad que se me había confiado; disfrutar en lo cotidiano de la vida; la oración, la convivencia, el trabajo, la fiesta, el paseo y las visitas. Hay una riqueza incalculable en cada uno de los encuentros que viví con cientos de personas que, con una sonrisa, un saludo, un grito o una danza, alegraban el momento y compartían sus necesidades, acompañé también los momentos dolorosos como la

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pérdida de un familiar o la enfermedad. Esta comunidad siempre tuvo lugar para la persona y eso hizo que los días pasaran de una forma natural, sin ser esclavo del tiempo. Ante esta realidad siempre venía a mi mente la pregunta ¿Qué debo hacer? ¿Cuál es la misión concreta que se me ha confiado en este lugar? Y nuevamente se presentaban situaciones en las que solo me limité a acompañar el crecimiento, dejar que ellos luchen por sí mismos dándoles las herramientas que necesitan para que eso suceda. Vivir mi fe con amor es lo que ayudó a formar una comunidad donde reinara la paz y la justicia, donde el trabajo en equipo fue la mejor herramienta para el crecimiento integral, donde acuden personas que realmente quieren que su mundo sea diferente. Luchar cada día primero conmigo misma para dejar a un lado los prejuicios que como misioneros muchas veces colocamos, darme la oportunidad de escuchar a las personas con la misma atención que ellos lo hacen, dejar mi velocidad de hacer y ser paciente para evitar atropellar el ritmo que Dios tiene para acompañar a su pueblo y así pasar la barrera que me impedía encontrarme con el otro. En este caminar, descubrí en el modo de pensar de esta comunidad, una opción nueva de compartir el Evangelio por medio de la manera de vivir de las personas. A mi regreso, encontré a mi familia bien, organizaron una bienvenida alegre y emotiva por mi llegada a México. Haber dado parte de mi vida a este pueblo ha sido una bendición constante para mí, hoy sigo disfrutando de su amor, sigo en comunicación con mis hermanos LMC en Mozambique, seguimos unidos en la oración compartiendo lo que somos: misioneros; donde estamos seguimos luchando para que las personas que sufren por la injusticia social alcancen dignidad y compartiendo lo que tenemos con quienes lo Mayo - Junio 2020

necesitan. Es esto lo que me mantiene firme en la fe y comprometida con la misión, mi participación en el grupo es apoyada por la oración de muchas personas que están unidas a mi vida. Actualmente, vivo en Sahuayo y apoyo en la formación de nuevas personas que quieren integrarse a nuestro grupo de Laicos Misioneros Combonianos. Por último, me gustaría señalar que el amor que recibimos y compartimos va acompañado de vivir los valores para la construcción de la paz en la misión de la iglesia. La fraternidad, la fe, la solidaridad, el compromiso, la perseverancia y el servicio son valores esenciales que deben colocarse en la maleta de todo evangelizador y tener una actitud positiva para ponerlos en práctica con la ayuda de Dios. Sé que esta tarea es para ti que sientes el llamado a promover una civilización del amor donde la construcción del reino de Dios sea prioridad, por eso te invito a comprometerte, enfrentando los obstáculos que nos presenta este mundo globalizado. Vivir nuestra vocación laical misionera no tiene precio. Tener paz es lo que tanto deseamos hoy en día y es tu turno, ahí donde estás; ya es ahora, vamos a continuar con la ayuda de Dios hasta el final. 31


ESPIRITUALIDAD MISIONERA

Congregación para la Evangelización de los Pueblos

por Diana Monroy Rodríguez, OMPE México

Espiritualidad del apóstol según San Pablo

El viaje de Pablo, que ha sido uno con el del Evangelio, es una prueba de que las rutas de los hombres, si se viven en la fe, pueden convertirse en un espacio de tránsito de la salvación de Dios, a través de la Palabra de fe que es un fermento activo en la historia, capaz de transformar las situaciones y de abrir caminos siempre nuevos. Papa Francisco1

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omo bautizados comprometidos con la labor evangelizadora caemos en el error de creer que basta con asumirse como misioneros, sin embargo, nuestra vivencia espiritual dista mucho de ser la requerida para la propagación del Evangelio.

La espiritualidad vivida y propuesta por San Pablo marca directrices que bien podríamos aplicar en nuestros días, pues tienen origen en la fuente misma de nuestra fe: el amor de Dios y en mensaje de su hijo único, Jesucristo. El apóstol, como es conocido San Pablo dentro de la tradición cristiana (Alonso Ampuero, 2003)2, no se limitó a responder al llamado de Jesucristo, puso su vida entera al servicio del Evangelio, y pese a ser consciente de la gran labor que se le estaba encomendando siempre se consideró a sí mismo como un humilde servidor, pero su labor va más allá, pues un servidor además de cumplir con su tarea se sabe a sí mismo como realizador de la misma, por el contrario, Pablo sabe que quien actúa realmente es el mismo Dios através de él.

1 Audiencia General del 15 de enero de 2020 2 Ampuero, A (2003). Espiritualidad del apóstol según San Pablo.

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El hecho de considerarnos actores de la misión puede hacernos cometer el error de hacernos sentir portagonistas, queriendo imponer nuestro modo de pensar y dejar de lado al verdadero protagonista de la Misión: El Espíritu Santo. Otro aspecto destacable, y aplicable, en San Pablo es que su testimonio dio respuesta a las necesidades de su época, tanto así que sus cartas propiciaron el fervor cristiano de las primeras comunidades; no por ello acrecentó el ego del apóstol, por el contrario, la caridad y la humildad impregnaron su mensaje. El apóstol San Pablo al ser llamado a participar en la propagación de la Buena Nueva, da una respuesta pronta y efectiva; pues no solo asume la tarea misionera como propia, sino que se convierte en testimonio vivo del Evangelio.

entero su vida al servicio de Dios, sabe que la tarea para ser realizada no solo debe limitarse a acciones específicas y concretas, también deberá ser realizada en comunión con sus hermanos y con Dios, por lo que la oración no fue un elemento secundario en su vida, por el contrario, se trata de un elemento primordial y esencial en la vida del misionero. Son un hecho las múltiples dificultades con las que se topa la evangelización, sin embargo, al igual que San Pablo, el misionero deberá mantener el entusiasmo, pues, a final de cuentas, su impulso será el amor a Cristo y la convicción en el Evangelio. Así como San Pablo, conviene que el misionero sea heraldo del Evangelio; un heraldo que proclame a los cuatro vientos la Buena Nueva, sin distorsionar el mensaje, y que la potencia de su voz tenga origen en la convicción y amor a Cristo, no en la mera belleza del sonido de su voz.

Además de ser consciente de que la evangelización es tarea que nos corresponde como cristianos, asume su labor con un profundo amor a Cristo. Se sabe llamado por Cristo y no por ello más importante que los demás. Pablo pone por Mayo - Junio 2020

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LA VOZ DE NUESTROS PASTORES

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Coronavirus, o nuestra fragilidad + Felipe Arizmendi Esquivel. Obispo Emérito de SCLC

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ncalculables afectaciones están produciendo la pandemia del COVID-19. Hay temor y, sobre todo, incertidumbre ante lo que pueda venir. Los contagios se multiplican y las defunciones aumentan. Todos nos sentimos obligados a cambiar nuestros planes, para adecuarnos a la realidad. Y Dios, ¿dónde está? ¿Qué tiene que ver en todo esto? Hace más de diez años, cuanto tuvimos la crisis del virus AH1N1, muchísimo menor que la presente, varios no le dieron importancia, calificando lo que decían los medios informativos y los gobiernos como un simple distractor, una jugada política. Sin embargo, las muertes de entonces fueron reales y contantes. En mi anterior diócesis, un hermano religioso, que traía algunos problemas pulmonares, falleció, pues todo se le complicó. Varias personas mayores de edad, y algunas mujeres embarazadas, murieron, por complicaciones que se conjugaron con otras enfermedades que padecían. No de todos los casos se dio información, pero los efectos mortíferos fueron comprobados. Ahora, no faltan irresponsables que toman a broma la situación y no le dan la importancia que merece. Hay quienes difunden fake news, noticias falsas, que descontrolan y hacen mucho daño a la comunidad. Parecen adolescentes caprichudos, antojadizos e inventivos, que podrían ocupar sus capacidades en cosas más positivas. Con la salud y la vida, no se juega.

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Como se han impuesto restricciones para las prácticas religiosas comunitarias, no falta quien adjudica esto a una persecución de la masonería contra la Iglesia… ¡Por favor! Qué poca información tienen. Esto no es un asunto religioso, sino de salud global. Entonces, ¿Dios nada tiene que ver en esto? Culparlo como si Él nos hubiera enviado esta bestia apocalíptica, y como si el ser humano no fuera responsable, es tener la idea de un Dios castigador, vengativo y antihumano. Nada de eso. Dios está en todo, pero nos deja completa libertad. Sin Él, no viviríamos. Pero nos hizo capaces de construir este mundo conforme nosotros queramos, aunque nunca está ausente y lejano. Si queremos, podemos dejarnos guiar por su Palabra, y entonces las cosas marcharían mucho mejor. Pero si no le hacemos caso, si endiosamos el dinero, la ciencia, la tecnología, el progreso, el disfrute de todo sin ética, sin moral, sin principios trascendentes, nosotros mismos provocamos el caos. Él 35


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nos pone en frente el agua y el fuego; nosotros podemos meter la mano a lo que queramos, y hemos de asumir nuestra responsabilidad. Aumentan los casos de cáncer, no por castigo de Dios, sino por usar tantos químicos, cuando importa más el dinero que la salud. Vino la plaga del VIH no por culpa de Dios, sino por no hacerle caso y llevar una vida inmoral. La droga y el alcohol pueden ser benéficos para la salud y la vida, pero si se consumen en forma indebida, generan daños de todo tipo. No le echemos a Dios las culpas de las que nosotros somos responsables. Si en China, como me afirmó una doctora, quisieron hacer experimentos que se les salieron de control y provocaron este virus, Dios nos asiste y nos acompaña, porque es un buen padre que está cerca de sus hijos, aunque se equivoquen, pero la responsabilidad es humana, también si no tomamos las precauciones debidas.

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PENSAR En su homilía del pasado Miércoles de Ceniza, el Papa Francisco dijo: «Comenzamos la Cuaresma recibiendo las cenizas: “Recuerda que eres polvo y al polvo volverás” (cf. Gn 3,19). El polvo en la cabeza nos devuelve a la tierra, nos recuerda que procedemos de la tierra y que volveremos a la tierra. Es decir, somos débiles, frágiles, mortales. Respecto al correr de los siglos y los milenios, estamos de paso; ante la inmensidad de las galaxias y del espacio, somos diminutos. Somos polvo en el universo. Pero somos el polvo amado por Dios. Al Señor le complació recoger nuestro polvo en sus manos e infundirle su aliento de vida (cf. Gn 2,7). Así que somos polvo precioso, destinado a vivir para siempre. Somos la tierra sobre la que Dios ha vertido su cielo, el polvo que con-

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tiene sus sueños. Somos la esperanza de Dios, su tesoro, su gloria». La ceniza nos recuerda así el trayecto de nuestra existencia: del polvo a la vida. Somos polvo, tierra, arcilla, pero si nos dejamos moldear por las manos de Dios, nos convertimos en una maravilla. Y, aun así, especialmente en las dificultades y la soledad, solamente vemos nuestro polvo. Pero el Señor nos anima: lo poco que somos tiene un valor infinito a sus ojos. Ánimo, nacimos para ser amados, nacimos para ser hijos de Dios. No podemos vivir para ir tras el polvo que se desvanece. Si vivo para las cosas del mundo que pasan, vuelvo al polvo, niego lo que Dios ha hecho en mí. Si vivo sólo para traer algo de dinero a casa y divertirme, para buscar algo de prestigio, para hacer un poco de carrera, vivo del polvo.

Los bienes terrenos que poseemos no nos servirán, son polvo que se desvanece, pero el amor que damos —en la familia, en el trabajo, en la Iglesia, en el mundo— nos salvará, permanecerá para siempre» (26-II-2020).

ACTUAR Oremos mucho al Señor, dueño de la vida y de la historia, que nos ilumine y nos fortalezca con su Espíritu, para volver a lo esencial: dejarnos amar por nuestro Padre Dios, amarlo a El sobre todas las cosas, amarnos unos a otros, evitando dañar a otros con nuestros males y nuestras imprudencias, ayudar a los enfermos, ancianos y más débiles, y acatar las indicaciones que nos vayan dando nuestras autoridades civiles y religiosas. Eso es lo que Dios nos pide en este momento. Y que la Virgen María, auxilio de afligidos y salud de enfermos, nos acompañe con su intercesión.

«Valemos mucho más, vivimos para mucho más: para realizar el sueño de Dios, para amar. Mayo - Junio 2020

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IGLESIA EN SALIDA por Pbro. Marcos Garduño Arias SX, Misioneros Xaverianos. marcos.garduno77@yahoo.com

IGLESIA en salida y su misión con la humanidad sufrida

A los que estaban cargados de dolor, agobiados de pobreza, les aseguró que Dios los tenía en el centro de su corazón: «¡Felices vosotros, los pobres, porque el Reino de Dios os pertenece!» (Lc 6,20); con ellos se identificó: «Tuve hambre y me disteis de comer», y enseñó que la misericordia hacia ellos es la llave del cielo (cf. Mt 25,35s). Evangelii Gaudium, 197

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uizás nos hemos preguntado por qué dentro de las prácticas de la vida cristiana aparecen frecuentes prácticas de piedad que invitan al sacrificio, entrega y servicio; incluso hasta dar la vida, con el fin de ser testimonio, en el martirio; tanto que, dentro y fuera del cristianismo, nos hemos cuestionado si es que no estamos promoviendo el gusto por el dolor en sí mismo; mientras

La novedad del cristianismo es precisamente cuando encuentra el rostro de su Señor en el rostro sufriente de cada una de esas víctimas inocentes.

que la humanidad en general, busca formas de cómo esconder, negar, ignorar o eliminar esos elementos repudiables de la existencia humana. Muchas veces si no se tiene satisfacción en la vida, se busca de aparentar felicidad, proyectar orgullo y éxito, dominio sobre el mal, en términos generales. Por consecuencia en la actualidad al cristianismo, en específico al catolicismo, se le acusa de propagar una doctrina sádica, atemporal o retrógrada como lo mencionan las generaciones actuales, para descalificar nuestra propuesta moral y ética, emanada de los evangelios y la misma vida de Jesús, nuestro salvador. Más interesados que en la verdad sincera, se preocupan por seguir modas y formar grupos de ciertas ideologías que van en contra de la propia naturaleza humana y de la naturaleza misma en general; crean presión política en algunos gubernamentales, cediendo a sus propuestas, sin importar las consecuencias sociales y a nombre de una falsa libertad se van creando víctimas sociales inocentes, afectando a los más vulnerables, a los pobres, ignorando su voz, aunque sean escuchadas. ¡He aquí el inicio y la novedad de la misión de todo cristiano en su compromiso social! El dolor y el sufrimiento son parte inevitable de toda vida terrenal, pero el hacerlo propio voluntariamente va más allá de entenderlo como simple disciplina para lograr un autodominio y alcanzar profundos grados de meditación y misticismo, como lo proponen algunas religiones orientales. No Mayo - Junio 2020

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IGLESIA EN SALIDA

es autoflagelarse para mostrar signos de arrepentimiento y buscar que Dios le perdone los pecados a una pobre alma arrepentida. Sin dejar de valorar y considerar todo esto, nos preguntamos ¿por qué entonces el cristiano aparece en medio de esas víctimas sociales, solidarizándose con esas minorías de pobres que han perdido su derecho a ser valorados y escuchados, los ancianos abandonados, los enfermos, los encarcelados, niños abortados o abandonados en las calles? Cuando contemplamos el esfuerzo y el rostro de estos hombres y mujeres que gastan su vida y energía en todo esto que a los ojos del mundo parece sin sentido, vemos algo más que a esas personas, hay algo o alguien más que los atrae, a eso se le llama testimonio, porque sus rostros y sus corazones reflejan alegría, esperanza, profundo sentido, entusiasmo por la vida. Cristianamente no tengo otra respuesta, es que hasta allí fue donde nos guio su estrella, es decir, esa estrella extraordinaria que apareció a los reyes magos, representantes de todos los pueblos y naciones de la tierra; no los llevó simplemente a un humilde pesebre, sino que acompaña la vida completa de Jesús, hasta mostrarnos el rostro del Padre, en el misterio más grande, el acontecimiento que revela el amor salvífico de amor para la humanidad entera, llevado a total plenitud en el misterio tridimensional de Cristo a través de la pasión, muerte y resurrección por la humanidad. Por lo tanto, si ponemos atención, el retrógrado no es el cristiano, sino el obscuro sistema que va produciendo víctimas inocentes y, la novedad del cristianismo es precisamente cuando encuentra el rostro de su Señor en el rostro sufriente de cada una de esas víctimas inocentes, en el desecho y fracaso social; pero, en el ámbito de la fe, el cristiano ve en esas víctimas con esperanza el triunfo de la resurrección, centro y núcleo irrenunciable de todo cristiano, que en su misión profética no puede callar, ni permanecer indiferente. En su grito de dolor e impotencia ya se deja ver su alegría y una esperanza inquebrantable. 40

Ya desde los inicios del cristianismo, San Pablo intentó expresar el misterio de toda esta contrariedad cristiana con el anuncio de la locura de la cruz (1Co 1, 18 -21) o cuando dice que cuando soy débil entonces soy fuerte (2Co 12, 10). Precisamente, la luz que representa Cristo para la humanidad, pone al descubierto el sistema tan antiguo y tan natural, de mentir para hacer creer que hay enemigos sociales, culpables de las desgracias de un pueblo, al cual intentan convencer ciegamente para que se convierta en chivo expiatorio; como mejor lo explica el sociólogo René Girard: Una sociedad ciega o que no alcanza a ver, construye falsamente víctimas inocentes entre sus miembros con ciertas características, pero la paz que provoca al ser sacrificadas es aparente y no dura por mucho tiempo, de forma que se vuelve necesario inventar cada vez víctimas nuevas en un ciclo vicioso. Es el sacrificio de Cristo que rompe con esta dinámica de las víctimas sangrientas, porque al ofrecerse él mismo como víctima voluntaria deja ver la inocencia de todas esas víctimas, de forma que el cristiano ve en «los crucificados» de nuestros tiempos no ya a un culpable de los males sociales Mayo - Junio 2020


sino a víctimas inocentes, como Cristo mismo lo fue. De tal manera lo expresaba Santa Teresa de Calcuta: «No trates a los pobres como si fuera Cristo, sino, ve la figura de Cristo presente en los pobres, porque él está allí presente». De tal forma que, en el lenguaje de una Iglesia en salida o misionera, se habla constantemente de inculturación, lo cual va más allá de la simple empatía que vemos en los políticos durante sus campañas para buscar votos, o el mal entendido proselitismo religioso de los números, el esfuerzo de la curiosidad de adoptar costumbres nuevas, o como decía San Pablo, hacernos todo a todos para ganarlos a Cristo. Nuestra tarea de acercarnos a los crucificados de nuestra sociedad actual y, con la misma sencillez del Cirineo, prestar ligereza en el peso de su caminar, y sobre todo la esperanza del verdadero triunfo del Señor, que ha vencido sobre todos los signos de contrariedad y muerte que amenazan a nuestro alrededor. Para que una Iglesia en salida, cumpla fielmente su misión, debe estar consciente de la abundancia de crucificados en nuestro Mayo - Junio 2020

mundo cercano, un mundo cegado por no conocer la luz de Cristo, luz para el mundo, para todos los pueblos y razas de la tierra. Porque cuando la Iglesia pierde su sentido existencial y espiritual, cuando cierra las puertas a la acción divina del Espíritu Santo, entonces se vacía de su único y esencial objetivo, preocupándose tan solo de sus territorios e instituciones, importando más los números que la situación de las personas, la expansión del poder más que el anuncio alegre de la Salvación, el rigor clerical y la competencia pesan más que el servicio. Pidamos pues al Señor, quien nos sigue llamando a compartir su única misión de extender el Reino de Dios en nuestra historia, que nuestra respuesta sea generosa y sincera desde los valores a los que nuestro bautismo nos compromete con Dios y la transformación de nuestro mundo, como verdaderos hijos y hermanos entre la humanidad entera, pidiendo y deseando que verdaderamente Dios sea en único y verdadero Rey de todos los corazones, para que todos y todo den gloria a Dios por la eternidad.

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BIBLIA Y MISIÓN por OMPE México

María, la mujer del encuentro y la prontitud «En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!”». Lc 1, 39-45

Zubarán, F. (1660). La Virgen niña en oración. Museo del Hermitage, San Petersburgo.

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aría es modelo de virtudes, hoy el Señor nos invita a meditar tan solo en dos, el encuentro y la prontitud. Nuestra Madre no se anuncia a ella misma, ella nos quiere mostrar a su hijo, para que también nosotros le seamos su «casita sagrada» (Cfr PGP, 154).

En el relato de la Visitación, san Lucas nos muestra cómo la gracia de la Encarnación, después de haber inundado a María, lleva salvación y alegría a la casa de Isabel. Es así como Jesús, nuestro Salvador, oculto en el vientre de su Madre, derrama el Espíritu Santo, manifestándose ya desde el comienzo de su venida al mundo. El autor del tercer evangelio, para describir la salida de María al encuentro de su prima, usa el verbo anístemi, que significa levantarse, Mayo - Junio 2020


Jesús, nuestro Salvador, oculto en el vientre de su Madre, derrama el Espíritu Santo, manifestándose ya desde el comienzo de su venida al mundo.

Murillo, E. (1678). Inmaculada Concepción de los Venerables. Museo del Prado, Madrid.

ponerse en movimiento. En otros lugares se usa el mismo verbo para indicar la resurrección de Jesús (cfr. Mc 8, 31; 9, 9. 31; Lc 24, 7. 46) o acciones materiales que comportan un impulso espiritual (cfr. Lc 5,27-28; 15,18.20), podemos suponer que san Lucas, con esta expresión, quiere subrayar el impulso vigoroso que lleva a María, bajo la inspiración del Espíritu Santo, a dar al mundo al Salvador.

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Algo muy importante también es el énfasis del escritor sagrado al decir que María realiza el viaje con prontitud (Lc 1, 39). También la expresión a la región montañosa (Lc 1, 39), en el contexto lucano, es mucho más que una simple indicación topográfica, pues permite pensar en el mensajero de la buena nueva descrito en el libro de Isaías: «¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sion: “Ya reina tu Dios!”» (Is 52, 7). Así como manifiesta san Pablo, que reconoce el cumplimiento de este texto profético en la predicación del Evangelio (cfr. Rm 10, 15), así también san Lucas parece invitar a ver en María a la primera evangelista, que difunde la Buena Nueva, comenzando los viajes misioneros del Hijo divino. La dirección del viaje de la Virgen santísima es particularmente significativa: será de Galilea a 43


BIBLIA Y MISIÓN

Con su visita a Isabel, María realiza el preludio de la misión de Jesús y, colaborando ya desde el comienzo de su maternidad en la obra redentora del Hijo.

Judea, como el camino misionero de Jesús (cfr. Lc 9, 51). En efecto, con su visita a Isabel, María realiza el preludio de la misión de Jesús y, colaborando ya desde el comienzo de su maternidad en la obra redentora del Hijo, se transforma en el modelo de quienes en la Iglesia se ponen en camino para llevar la luz y la alegría de Cristo a los hombres de todos los lugares y de todos los tiempos. Ahora que el Señor nos ha hablado a través de su palabra, es tiempo de preguntarnos: ¿existe algún espacio al cual puedo llevar presuroso el mensaje del Evangelio? ¿Reconozco en el hermano los rostros dolientes del Señor, y busco ejercer la caridad con la diligencia que Él me pide?

Proyecto y agradecimiento San Juan Pablo II nos dijo que «María se puso en camino “con prontitud” para dirigirse a la casa de Isabel, ciertamente por una necesidad del corazón, para prestarle un servicio afectuoso, como de hermana, en aquellos meses de avanzado embarazo. En su espíritu sensible y gentil florece el sentimiento de la solidaridad femenina, característico de esa circunstancia» (Catequesis del 13 de junio de 1990). Velazquez, D. (1618). Inmaculada Concepción. National Gallery de Londres.

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En nuestros días, el Papa Francisco también nos exhorta: «(María) Es la mujer orante y Mayo - Junio 2020


trabajadora en Nazaret, y también es nuestra Señora de la prontitud, la que sale de su pueblo para auxiliar a los demás “sin demora” (Lc 1,39). Esta dinámica de justicia y ternura, de contemplar y caminar hacia los demás, es lo que hace de ella un modelo eclesial para la evangelización. Le rogamos que con su oración maternal nos ayude para que la Iglesia llegue a ser una casa para muchos, una madre para todos los pueblos, y haga posible el nacimiento de un mundo nuevo. Es el Resucitado quien nos dice, con una potencia que nos llena de inmensa confianza y de firmísima esperanza: “Yo hago nuevas todas las cosas”» (Ap 21, 5).

Hoy, contemplando la actuación y las palabras de María, puedo aplicar tu Palabra a mi vida, Señor. Así como todos los hijos se parecen a sus padres, también quisiera yo parecerme a mi madre, María, y a mi Padre, Dios. Concédeme, Señor, esta gracia. Puedo ver a María en su prontitud para el servicio. No hace mucho que se ha enterado de la situación de su prima y sale de su casa con prisa para ir a ayudarla. No le importa lo fatigoso del camino, ni la magnitud de la distancia, los peligros que pueda pasar ni las necesidades que encontrará en el trayecto. Ella es capaz de salir e ir a las periferias. Ir allí donde no solo necesitan de ella, sino sobre todo necesitan de Ti, Señor. Así también en mi vida puedo imitar a María en su prontitud para el servicio. Es la caridad el corazón de nuestra vida cristiana, es el corazón de la misión. Una caridad para nada abstracta y teórica, sino encarnada. Es la caridad el mejor medio de evangelización, pues llevando caridad, llevo amor, y llevando amor te llevo a Ti, que eres el Amor. En las palabras de María puedo aprender la virtud de la gratitud. Ella sabe que no era obligación que Tú le escogieras por Madre tuya; sabe que no se le debe nada y, sin embargo, recibe más de lo que merecería. En acción de gracias eleva un himno, como ningún otro ha elevado, tan bello y lleno de significado. ¡Cómo no te habrás complacido Mayo - Junio 2020

Velazquez, D. (1636). Coronación de la Virgen. Museo del Prado, Madrid.

Reflexiono

con la humildad y gratitud de aquella sencilla mujer! Es por ello en verdad, bendita entre todas las mujeres. En mi día a día puedo cultivar este espíritu de gratitud ante todos los dones y beneficios que recibo de Ti y de los demás. A veces me olvido y dejo de descubrir las muchas cosas que recibo. La vida, la salud, la familia, el alimento, el vestido, los amigos, la vivienda, la fe, el bautismo, la Eucaristía, la confesión, la vocación personal… Son demasiados los dones que recibo y que hoy te quiero agradecer. Ayúdame a ser una persona agradecida con quien me sirve y a corresponder sirviendo yo también a quien lo necesita.

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CUADRO POR CUADRO por Diana Monroy Rodríguez, OMPE México

Los Miserables Título: Les Misérables

Autor: Víctor Hugo País: Francia

Año: 1862

Contexto histórico: Transcurre en Francia, y

principalmente en París, en un período de unos

20 años, desde el final del imperio napoleónico

(Jean Valjean sale de la cárcel justamente en 1815) hasta los primeros años de la monarquía de Luis

Felipe (insurrección de 1832).

La vida, la desgracia, el aislamiento, el abandono, la pobreza son campos de batalla que tienen sus héroes: héroes oscuros, pero más grandes a veces que los héroes ilustres. Víctor Hugo

E

l sufrimiento, la injusticia, la caridad, el perdón y la misericordia son universales; trascienden épocas y no distinguen fronteras. Tan es así que hay obras que son tan vigentes ahora como cuando fueron creadas; por ello son objeto de múltiples interpretaciones y adaptaciones, para así tener un mayor alcance.

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Tal es el caso de «Los Miserables», novela de Víctor Hugo escrita en 1862. Después de pasar diecinueve años en prisión, originalmente cinco años por robar pan para alimentar a su familia la sentencia fue aumentada por varios intentos de fuga, Jean Valjean es puesto en libertad bajo palabra. Sin embargo, su pasado no lo abandonará en sus intentos de llevar una vida honesta; el único que le tiende la mano es Monseñor Bienvenue Myriel, obispo de Digne. Cansado de los rechazos, Jean Valjean queriendo hacer honor a su mala fama, traiciona la confianza de Monseñor robándole algunos cubiertos de plata. Valjean no logrará escapar, será detenido y llevado ante Monseñor quien no solo no lo denunciará, sino que le regalará un par de candelabros para así «comprar» su alma para Dios. Ante este gesto de bondad Jean Valjean decidido a redimirse renunciará al nombre que le impide vivir dignamente, violando así su libertad condicional y entrelazando sus intentos de vivir cristianamente con la constante búsqueda de justicia del inspector Javert.

El encuentro de Jean Valjean con Monseñor Bienvenue Myriel, será solo el preámbulo de una historia entretejida con el camino de distintos personajes, cada uno enfrentado a su realidad. A la fecha la novela de Víctor Hugo cuenta con un considerable número de adaptaciones, tanto en teatro, como cine y televisión, incluso en el año

Sabías que... El autor confesó que se había inspirado en

Vidocq, criminal francés que se redimió

y acabó inaugurando la Policía Nacional

francesa para crear a los dos protagonistas.

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CUADRO POR CUADRO

1897 fue inspiración para uno de los primeros experimentos de los hermanos Lumière: Victor Hugo et les principaux personnages des Misérables.

Sabías que... A la fecha, la última adaptación de

Los miserables es una miniserie de seis

episodios, producida por la BBC.

Es posible que la adaptación cinematográfica más conocida sea la del año 2012, dirigida por Tom Hooper, protagonizada por Hugh Jackman, Russell Crow, Anne Hathaway y Eddie Redmayne, cabe señalar que esta versión no es una adaptación directa del libro sino del musical de Alain Boublil y Claude-Michel Schönberg, y pese a conservar el eje principal de la trama original, deja de lado a algunos personajes, que aunque secundarios tienen historias realmente impactantes; no por eso, tanto el musical como la película, dejan de ser valiosos, pues con cada nota e interpretación logran enriquecer las emociones de sus personajes con canciones realmente memorables. Tan universal es la historia escrita por Víctor Hugo que ni el escenario en el que pone a sus personajes (Francia del siglo XIX), ha sido obstáculo para ser adaptada en una amplía variedad de países; como Janbarujan: Zenpen, dirigida en 1931 por Tomu Uchida, Tatyana Lukashevich dirigió en la Unión Soviética en 1937 Gavrosh, película inspirada en uno de los personajes más entrañables del libro, en Egipto Kamal Selim en 1943 dirigió El Boassa, en 1948 se estrenó I Miserabili de Riccardo Freda en Italia; en 1955 la película Hindú Kundan de Sohrab Modi, y en 1957 Sirakaruwa en Sri Lanka, por mencionar solo algunas. Para hablar de todas la versiones, no solo cinematográficas sino también televisivas, no bastaría este espacio; cada una tiene su propia riqueza y cada una ofrece un acercamiento a una de las más grandes obras, por ello vale la pena aprovechar la que se tenga a la mano y buscar cada una de ellas, pero, eso sí, no perder la oportunidad de dejarse atrapar por las páginas de esta obra maestra y descubrir entre sus líneas como, incluso entre la miseria, puede nacer el más grande y bello amor.

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Oremos con el Papa Mayo 2020

Recemos para que los diáconos, fieles al servicio de la Palabra y de los pobres, sean un signo vivificante para toda la Iglesia.

Junio 2020

Recemos para que aquellos que sufren encuentren caminos de vida, dejándose tocar por el Corazón de Jesús.


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