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Revistas Ad gentes ene-feb 2020

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REVISTA AD GENTES. PUBLICACIÓN BIMESTRAL DE LAS OBRAS MISIONALES PONTIFICIO EPISCOPALES DE MÉXICO A.R. www.ompe.mx

$15.00 MXN ISSN: 0185-8424

AÑO LII No. 604 Ene-Feb 2020

No vaya a ser que el mayor asesino en serie, hoy día en nuestro planeta, no sea la pobreza, sino nuestra indiferencia. Simeon Stachera ofm, Marruecos Vivir la compasión como principio que le da sentido a la existencia.


Mensaje del director La gracia de la obra redentora ilumina e interpela nuestra conciencia, además que nos anima a esperar confiadamente en el progreso del reinado de la justicia y la paz de Jesucristo […] estamos convencidos de que la humanidad vive en este momento un verdadero y profundo cambio de época con diferentes matices […] Esta nueva época exige acompañar a cada persona y renovar con valentía nuestro profetismo evangélico, anunciando con fuerza el valor inestimable de la persona, denunciando todo lo que se opone a su plena realización y discerniendo a la luz del Evangelio esta nueva realidad, para encarnar la experienciade la misericordia, de la comunión y la solidaridad en esta nueva época. Plan Global de Pastoral CEM, 14.20.24

Pbro. José Ayala Madrigal

Queridos amigos, reciban un fraternal saludo en este inicio de año, deseando que la paz y ternura que nos trae el niño Dios llene de esperanza su vida y la de sus seres queridos. Oremos juntos para que el Espíritu Santo continúe conduciendo el caminar misionero de la Iglesia que peregrina en México; que su presencia entre nosotros provoque relaciones justas y solidarias en el mundo. En esta ocasión les pido nos unamos a la intención de oración del Papa del mes de enero: Recemos para que los cristianos, los que siguen otras religiones y las personas de buena voluntad promuevan la paz y la justicia en el mundo. Como familia humana, independientemente de la religión que profese el otro o de su estatus social o económico, estamos llamados a provocar relaciones fraternas y solidarias, para edificar un entorno más justo. Somos discípulos misioneros del Señor y estamos llamados a ser «luz y sal» en el mundo. Quiero anunciarles que ya estamos preparando el XVI Congreso Nacional Misionero (CONAMI), que se llevará a cabo en la Arquidiócesis de Monterrey del 22 al 25 de octubre de 2020. El objetivo del Congreso es: Compartir la vida de Dios Creador: su amor, su misericordia y su bondad, para provocar en los bautizados relaciones fraternas y solidarias, santificando al mundo dando vida y belleza a toda la creación, a través del testimonio de la fe y haciendo opción por una Iglesia misionera ad gentes, a fin de que podamos hacernos presentes en todas las periferias existenciales y geográficas, como lo piden nuestros Obispos en el Plan Global de Pastoral (PGP 2031-2033). Hagamos oración para que Dios guíe y cuide a las delegaciones que asistirán, y que todos los esfuerzos de la sede anfitriona, para preparar la llegada y estancia de los agentes de pastoral misionera, sean recompensados con abundantes gracias y bendiciones divinas. El lema del Congreso iluminará la temática de preparación, las reflexiones y los trabajos del Congreso: «Bautizados y testigos: enviados para la Salvación» Pido fervorosamente sigamos orando por el caminar de nuestra amada Iglesia, para que, a través de la guía del Espíritu Santo, permanezcamos unidos en la fe, en el amor y en la entrega generosa a favor de la misión ad gentes. Que la preparación del XVI CONAMI sea el inicio de numerosos frutos en el trabajo pastoral misionero en cada diócesis del país. Los encomiendo a la Virgen María, Reina de las Misiones, para que los cuide siempre con maternal cariño y amor incondicional.


AÑO LII NO. 604 ENERO · FEBRERO 2020

Propietario

OBRAS MISIONALES PONTIFICIO EPISCOPALES DE MÉXICO A.R. Director General

PBRO. JOSÉ AYALA MADRIGAL Editora

DIANA MONROY RODRÍGUEZ

MISIÓN Y PERSPECTIVA Nuestra misión y la enfermedad

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Diseño

CLAUDIA B. CHÁVEZ RAMÍREZ COLABORADORES

Simeon Stachera ofm Hna. Leticia Garduño Mejía Pbro. Marcos Garduño Arias sx

BIBLIA Y MISIÓN Nuestra fe en el Dios verdadero, razón para la convivencia reconciliadora

LA MISIÓN HOY La Misión con los migrantes,

Marruecos puente entre África y Europa

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AL SERVICIO DE LA MISIÓN Infografía: Desplazados y refugiados

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Fotografía Págs: 24-25, 30, 34-38 Cathopic Págs: 26-28, 46-48 Pixabay

TESTIMONIOS MISIONEROS Misionera en Burkina faso, África

REVISTA AD GENTES, Año LII, número 604, enero · febrero 2020, es una publicación bimestral impresa distribuida por Obras Misionales Pontificio Episcopales de México, A. R., Prolongación Misterios No. 24, Col. Tepeyac Insurgentes. Delegación Gustavo A. Madero, C.P. 07020, Tel. (01 55) 57500544, www.ompe.mx, Editor responsable: José Ayala Madrigal. Reserva de Derechos No. 04-2008-042412363000-102, ISSN: 0185-8424, Licitud de Título No. 12345. Licitud de Contenido No. 9908, ambos otorgados por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación, Permiso SEPOMEX No. PPO9-1848. Impresa por Editorial Esfuerzo S. A. de C. V. Esfuerzo 16-A, Col. Lázaro Cárdenas, C.P. 53560, Naucalpan de Juárez, Estado de México. Este número se terminó de imprimir el 11 de diciembre de 2019, con un tiraje de 10, 000 ejemplares.

Hacer presente a Jesús, Verbo Encarnado

El contenido de los artículos que aparecen en cada número es responsabilidad de los autores y no compromete la opinión de los editores.

Visítanos: www.ompe.mx Revista Adgentes

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IGLESIA EN SALIDA Con los migrantes en compañía, una Iglesia en salida

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LA VOZ DEL PAPA No se trata solo de migrantes: se trata de nuestra humanidad

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ESPIRITUALIDAD MISIONERA Iglesia y movimientos eclesiales

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LA VOZ DE NUESTROS PASTORES La Teología India Avanza

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Editorial

Estimados lectores, reciban un cordial saludo, acompañado de nuestros mejores deseos para este 2020. El inicio de un nuevo ciclo siempre es una excelente oportunidad para fortalecer lazos, afianzar compromisos y asumir nuevos retos. Con este número damos apertura a un año de intenso trabajo, dando continuidad al camino iniciado en el Mes Misionero Extraordinario. Ya han comenzado los preparativos del XVI Congreso Nacional Misionero (CONAMI), que se llevará a cabo en la Arquidiócesis de Monterrey del 22 al 25 de octubre de 2020; los invitamos a estar al pendiente de los detalles de esta gran fiesta misionera. Por lo pronto, nos preparamos para la XXVIII Jornada Mundial del Enfermo, cuyo lema de este año es: Aliviadores al estilo de Jesús; es necesario reflexionar que, desde la perspectiva del enfermo, la experiencia de la enfermedad –de cualquier tipo que esta sea– es siempre una manifestación de limitación humana, pero también una oportunidad invaluable para sentir la presencia amorosa de Dios porque no nos deja solos, tampoco nos juzga. Al mismo tiempo, se convierte en un espacio de encuentro con los demás hermanos y hermanas, para brindarles apoyo, amor y alivio. Por ello, nuestra misión, específicamente con los enfermos, más allá de limitarse a llevar la Buena Nueva solo con palabras, deberá incluir un itinerario en el que nos comprometamos con la promoción de una vida más digna y una sociedad más justa y equitativa. Reconocer que, si bien, no nos es posible llevar con nosotros una cura definitiva, sí somos capaces de brindar alivio. Este bimestre, el Papa Francisco nos invita a orar «para que los cristianos, los que siguen otras religiones y las personas de buena voluntad promuevan la paz y la justicia en el mundo» y «para que el clamor de los hermanos migrantes víctimas del tráfico criminal sea escuchado y considerado»; ambas intenciones reflejan realidades que, como cristianos, nos interpelan a propiciar la paz, a buscar oportunidades de diálogo, así como ser voz de los más desfavorecidos. Encomendamos este año a María Reina de las Misiones, para que son su intercesión sean abundantes los frutos misioneros.


BIBLIA Y MISIÓN por Departamento de Investigación de OMPE México

Nuestra fe en el Dios verdadero razón para la convivencia reconciliadora Muchas personas, a lo largo de la historia, han sostenido que el monoteísmo, la fe en un solo Dios, ha sido causa de violencia o de enemistad entre los pueblos y las personas.

U Rembrandt (1632). El rapto de Europa. Museo J. Paul Getty. L.A. California, Estados Unidos.

no de los autores que más ha influido en esta sospecha ha sido J. Assmann, un gran antropólogo e historiador, que llegó a considerar que las religiones politeístas eran más tolerantes, mientras que el monoteísmo había traído, en gran parte, la violencia; pues ya no era un mundo donde pudieran convivir varios dioses; ahora era «o mi dios o el tuyo»1. Sin embargo, el monoteísmo cristiano si bien no se salva del riesgo de la intolerancia, tiene en sus bases originarias las razones suficientes y los principios básicos para ser una religión que proponga el Reino de Dios como punto de partida y la misericordia como punto de convergencia.

Algunas cuestiones sobre el monoteísmo En primera instancia, cabe señalar la ambigüedad de la religión, como concepto cultural que engloba determinado conjunto de creencias; pues, a lo largo de la historia, muchas personas y grupos se han valido de ideales religiosos para realizar lo más noble; pero también, otras muchas, han echado mano de pretextos religiosos para ejecutar lo más deplorable.

1 Benamar, J., & Peña, F. A. V. (2007). Los flujos migratorios ilegales en el Estrecho de Gibraltar. Barataria: revista castellano-manchega de ciencias sociales, (8), 69-86.

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Enero - Febrero 2020


Es importante reconocer que la originalidad del cristianismo no está en su carácter monoteísta, principalmente, sino en la peculiaridad de este Dios.

En segundo lugar, es difícil ignorar, como bien afirman algunos estudiosos del fenómeno religioso, que las religiones monoteístas, al presentar a otros seres divinos o semidivinos junto al Dios único (ángeles, santos, demonios, etcétera) han provocado una creencia sincretista que genera una devoción muy cercana al politeísmo2.

Velázquez D. (1656). La fábula de Aracne. Museo del Prado. Madrid, España.

En tercer lugar, es importante reconocer que la originalidad del cristianismo no está en su carácter monoteísta, principalmente, sino en la peculiaridad de este Dios. Es decir, el cristianismo irrumpe en la historia no como el sistema religioso que se ocupa de la divinidad, sino como una fe vivida practicando los intereses de Dios.

Enero - Febrero 2020

Por último, es importante admitir que el problema no está en la creencia en sí misma sino en la combinación, inadecuada por cierto, que muchas personas o grupos hacen entre sus opiniones religiosas y ciertos grados de fanatismo, esa actitud que considera que solo lo que uno piensa, cree, dice o practica es lo verdadero, lo mejor y hasta lo único, no solo excluyendo, sino menospreciando, cualquier otra alternativa.

El politeísmo Una pluralidad engañosa El politeísmo, visto desde fuera, tal como se presenta en el relato de Pablo en el areópago (Hch 17, 15-34), deja entrever tres elementos. 2 Para esto puede consultarse a M. Bettini, Elogio del politeísmo. Lo que podemos aprender hoy de las religiones antiguas, Alianza, Madrid 2016, 91ss.

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BIBLIA Y MISIÓN

Por un lado, la pluralidad extrema, pues había dioses de todos y para todos, incluso para aquellos que no se sintieran identificados con alguno de los ya existentes, estaba el altar «al dios desconocido» (Hch 17,23). Por otro lado, su falta de integración; había tantos dioses según todos los gustos, que no había un punto de convergencia que ayudara a que la religión, fuera más allá de una creencia particular, ofreciendo un punto o espacio de encuentro. Era tanta la proliferación que no veían mayor problema en que Pablo se sumara como predicador de divinidades extranjeras, quizás de una nueva doctrina (vv. 18-19). Y, por último, el riesgo exagerado de subjetivismo. Es cierto que el subjetivismo descontrolado no es exclusivo del politeísmo; también el monoteísmo participa de este riesgo. Sin embargo, la variedad de divinidades, así como la heterogeneidad de cultos, puede redundar en que los dioses estén más al servicio de las personas, que estas al pendiente de su voluntad.

Algunos riesgos para la misión en estos contextos

De Ribera J. (1632). Ixión. Museo del Prado. Madrid, España.

Un ambiente politeísta, con las características anteriores, no bien discernido puede resultar un espacio tentador para cualquier predicador.

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El gran problema de las religiones es centrar su atención en el discurso sobre Dios, olvidando, casi sistemáticamente los intereses o preocupaciones de Dios.

La primera tentación consiste en usar un lenguaje doble: uno de prejuicios, generalmente oculto; otro, de respeto, comúnmente expresado. Así, de manera crítica, Lucas parece retratar a Pablo. Se siente a sus anchas y juega con un lenguaje que tiene cierto tono oportunista: se indigna mucho al ver que la ciudad está llena de ídolos (v. 16), pero cuando está ante los atenienses, los halaga diciendo que ellos son los más respetuosos, religiosamente, de la divinidad (v. 22). La segunda tentación es caer en un lenguaje de charlatanería, si no de parte del predicador, al menos dar esa sensación. Lucas dice que «algunos decían: “¿Qué querrá decir este charlatán?”» (v. 18). La expresión de los epicúreos sobre Pablo es, al mismo tiempo burlesca y despectiva, pues lo tachan, de ser alguien que para hablar agarra al azar ideas de otros, sin realizar ninguna contribución propia y original. El narrador no parece tener mayor problema en registrar esta reacción de los epicúreos que, de acuerdo al desarrollo del relato, va muy de la mano con la incapacidad de Pablo para persuadir a los atenienses (v. 32). Por último, el pasaje refleja la tentación de hablar, casi exclusivamente, de la divinidad. El gran problema de las religiones es centrar su atención en el discurso sobre Dios, olvidando, casi sistemáticamente los intereses o preocupaciones de Dios, que guardan siempre relación con lo que sucede al ser humano, espeEnero - Febrero 2020


Velázquez D. (1630). La fragua de Vulcano. Museo del Prado. Madrid, España.

cialmente a quienes más sufren. Esta última tentación se refleja en la eterna inclinación a tener como centro a la divinidad, sin más, sobreexplotando el culto, olvidando la dimensión y el alcance sociopolítico de la religión.

Una realidad que evidencia un fracaso El politeísmo que se manifiesta en el relato de la presencia de Pablo en Atenas es una realidad desafiante, pues Atenas era el centro espiritual del helenismo pagano; por tanto, era crucial la actuación misionera de Pablo. No obstante, Lucas parece reflejar más el fracaso de Pablo que su éxito; es cierto que, si bien no sacrifica su estilo de generar ánimo aún en las situaciones más adversas, atreviéndose a mencionar que «algunas personas se adhirieron a él y creyeron» (v. 34)3, el fracaso de Pablo es evidente para quien sigue con atención el relato general de toda la obra lucana. Esto se percibe, por una parte, en que el autor parece haber querido retratar dos modos de enseñar distintos; así, por ejemplo, mientras

que la enseñanza de Jesús reside en su autoridad (Lc 4, 31-32), la de Pablo parece sustentarse en su contenido extraño. Da la impresión de que, ante un paganismo politeísta que estaba hambriento de novedades (v. 21), Pablo cae en el error de olvidar la Buena Nueva del Reino; es cierto que él no había estado presente cuando el Resucitado instruyó a sus discípulos (1, 3), pero el final del libro de Hechos mostrará que terminó convenciéndose de que el Reino de Dios debía ser el contenido fundamental de su predicación (28, 31). Por otra parte, en Atenas habla poco de Jesucristo (con excepción del v. 18), a diferencia de lo que había hecho en Tesalónica (17,3) y de lo que hará, inmediatamente después de su amarga experiencia con los atenienses, en Corinto (18,5). Lo más interesante es que el contenido está en íntima relación con el resultado: en ambos casos, agregando la experiencia de Berea (17,112), la adhesión a la fe supera notoriamente lo acontecido en Atenas (17,4; 18,4ss). Además, Pablo fracasa a causa de olvidar algunas actitudes básicas en la misión: está completamente solo, sin un respaldo de la comunidad constituida (17,15-16); además de haber olvidado el contenido del Reino, también hace caso omiso del señorío de Jesús y de la donación del Espíritu a los paganos. Podríamos decir que Pablo no presenta una alternativa de sociedad y se limita a hablar a los atenienses de un juicio final y universal que Dios llevará a cabo a través del hombre que ha resucitado de entre los muertos (v. 31; cf. 10,42). Por lo anterior, podemos sostener que Lucas retrata a un Pablo, acostumbrado a tener éxito en sus misiones, en un fracaso evidente en Atenas; había llegado solo, e inmediatamente se había desesperado ante todo lo que observaba (17,16); hasta parece tener prisa en salir de Atenas (18,1) y, a diferencia de otros lugares donde se quedaba largo tiempo (véase 18,11), parece tener prisa quizás por el fracaso que esto representaba.

3 El Códice Beza, muy importante para el estudio de los Hechos de los Apóstoles, solo menciona a Dionisio el Areopagita, haciendo caso omiso de Damaris que presentan otros textos.

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BIBLIA Y MISIÓN

Lucas hizo su propuesta misionera en una sociedad politeísta, utilizando tres estrategias. La primera, consistiría en que lo primero no es hablar sobre la divinidad, sin más, sino de lo que le preocupa a esta, pues su veracidad está en la claridad y posibilidad de que su voluntad se experimente a través de su proyecto. En este caso, según Lucas, en su proyecto del Reino. Quizás por esto, para Lucas en un mundo politeísta, lo primero no consistía en anunciar algo, sino en mostrarlo. Es cierto que, siempre la información sobre Dios y sus asuntos ha sido necesaria y hasta indispensable, sin embargo, para el tercer evangelista no necesariamente era lo primero, ni lo más importante. Lucas presenta esta convicción (7, 18ss), entre otros pasajes, en el relato en el que Juan el Bautista envía a dos de sus discípulos para que le pregunten a Jesús si él es el Mesías (v. 18). Quería cerciorarse. Pero Jesús, en lugar de darle una respuesta, le ofrece una evidencia irrefutable, mostrando las consecuencias del Reino de Dios; el Evangelio enfatiza con claridad: «en aquel momento curó a muchos de sus enfermedades y dolencias, y de malos espíritus, y dio vista a muchos ciegos» (v. 21). Es decir, la bondad más profunda de la Buena Nueva que trajo Jesucristo no está en el nivel de lo que se pueda decir teóricamente, sino en las consecuencias existenciales. La segunda estrategia se refiere a la misericordia divina como trasfondo de las consecuencias existenciales anteriores. Lucas parte de la convicción de que si todos compartimos el sufrimiento, también todos podríamos involucrarnos en la misericordia. Por esto, siguiendo con el punto anterior, llama la atención que los signos que muestra Jesús tengan una relación inmediata con el sufrimiento de las personas, sobre todo de los más pobres y 8

Velázquez D. (1658). Mercurio y Argos. Museo del Prado. Madrid, España.

La propuesta de Lucas

excluidos de aquel tiempo. Es como si quisiera dejarse claro que en la medida en que los más desgraciados de este mundo vayan siendo más felices, la fe en Dios, la presencia de la religión, será también algo real y verdadero. En aquel tiempo, los grupos religiosos habían ido fomentando una manera de pensar, así como una manera de vivir y organizarse, en torno a una comprensión totalmente equivocada de la santidad de Dios. Aquel principio que expresaba el Levítico de «sean santos porque yo, el Señor, su Dios soy santo» (Lv 19,2), se había llegado a entender como separación en lugar de cercanía. De este modo, si las personas querían imitar al Dios Santo, deberían separarse de todas aquellas que, según sus criterios, eran impuros o pecadores. De ahí que en el tercer evangelio el Dios verdadero, el único Dios, es misericordioso, es compasivo (6,36). El Maestro retoma una manera de pensar y de vivir que se remonta al Éxodo (Ex 34,6), dejando claro que un dios que rechaza a los pecadores, que se guía exclusivamente a partir de los méritos y que rechaza lo perdido, no es el Dios verdadero. No es que Jesús rechace la santidad de Dios, sino que la clarifica: Dios es Santo, no porque rechaza a los paganos, pecadores e impuros, sino precisamente porque los ama, porque su amor no excluye a nadie, porque su compasión abarca a todos.

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La última estrategia es presentar como modelo, no a una persona religiosa, sino en coherencia con las dos estrategias anteriores, a una persona compasiva. Aquel hombre, poco religioso desde la perspectiva judía del siglo I d. C., termina siendo ejemplo de quien le da sentido a su existencia, viviendo en plenitud los mandamientos (cf. Lc 10, 25-28), a través de la práctica de la misericordia. Este hombre, hereje para muchos de sus contemporáneos, sabía que para vivir con sentido «no solo había que ver», se tenía que combinar la vista con la compasión. Ahí estuvo, precisamente, la diferencia entre el sacerdote y el levita; estos últimos, aunque vieron, «dieron un rodeo» (vv. 31-21), continuando su camino previsto. En cambio, el samaritano «viéndolo se compadeció» (v. 33). El sacerdote y el levita divisaron al caído; el samaritano —en cambio— lo vio porque se compadeció, o mejor dicho, lo vio para compadecerse. Aquel samaritano, a la mirada acompañada de compasión, le agrega la acción de acercarse y la serie de acciones que vendrán inmediatamente: curar las heridas, vendarlo, subirlo a su propia cabalgadura, llevarlo a la posada, cuidarlo, asumir su responsabilidad en la ayuda y prever hasta que quede bien aquel hombre. Logró practicar la misericordia, más que como una acción, como una reacción; no percibió la compasión como un fin en sí misma; y es que la compasión sin muestras de solidaridad termina siendo un engaño; algo tiene que seguir a la compasión para que esta no se reduzca a un mero sentimiento. Y según Lucas, aquel hombre, poco religioso, pero muy humano, logró encarnar el ideal a que está llamada cualquier persona que crea en Dios: vivir la compasión como principio que le da sentido a la existencia. El politeísmo o el pluralismo religioso, más que una amenaza, es una realidad desafiante que pide que nos preguntemos por el grado de honestidad con el que lo analizamos; no vaya a ser que, desde antes de profundizar en esta realidad, estemos emitiendo Enero - Febrero 2020

Para Lucas en un mundo politeísta, lo primero no consistía en anunciar algo, sino en mostrarlo.

juicios descalificadores, adoptando actitudes de desprecio hacia quienes no creen o no profesan la fe del mismo modo que nosotros. La creencia religiosa de otras personas y grupos pide que revisemos nuestro lenguaje sobre Dios. El modo de hablar sobre la divinidad siempre será un acercamiento; no podemos aferrarnos fanáticamente a una idea, ni siquiera a un conjunto de ideas, pues el Misterio siempre está más allá de lo que podemos decir acerca de Él. Quizás debemos crecer en humildad, en modestia. Por eso, la mejor manera de presentar al Dios verdadero es, precisamente, ofreciendo la veracidad de su proyecto con el que quiere salvar a todos los hombres sin excepción. Y el proyecto que Dios ofrece a la humanidad tiene como sello indeleble la misericordia y como objetivo fundamental, no solo que las personas sean religiosas, sino que, junto con eso y primero que eso, ponga todas sus energías en vivir la compasión sin medida y a compartirla sin prejuicios a todos los seres humanos, especialmente a quienes más sufren. Solo así, el monoteísmo, la fe en un solo Dios, será una alternativa ante el politeísmo y otras maneras ambiguas de vivir las creencias religiosas; solo así, la fe en Dios podrá ser punto de encuentro y fuente de reconciliación y de paz.

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LA MISIÓN HOY por Simeon Stachera ofm, Marruecos

La Misión con los migrantes Marruecos puente entre África y Europa Ser esclavo hoy es tan común como lo fue en la antigüedad.

No vaya a ser que el mayor asesino en serie, hoy día en nuestro planeta, no sea la pobreza, sino nuestra indiferencia.

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eíamos en estos días que el mal llamado ejército islámico (hay millones de musulmanes tolerantes en el mundo que rechazan la violencia yihadista), el ISIS, ha raptado más 200 personas (y asesinado a otras tantas) para pedir un rescate o para venderlos como esclavos. El Boko-Haram tiene en su cosecha más de 700 asesinatos. De aquellas 200 muchachas estudiantes raptadas, apenas se escaparon 40. Las demás han desaparecido. O las han matado o las han vendido como esclavas. Muchas, igual estarán en un harem del Golfo Pérsico al estilo de las esclavas de sus antepasados en el imperio califal cordobés. Desde Marruecos se practica el pase del Mar Mediterráneo o del Estrecho Gibraltar. Son apenas 20 kilómetros en línea recta. Para subir a una patera, muchas africanas se hacen esclavas sexuales de los traficantes. Llegan a España, Grecia o Italia en donde empieza otra carrera por la vida: la de quedarse fuera de las zonas calientes, la de encontrar un sitio donde vivir en paz, la de los papeles, la de buscar un medio para llegar a Francia, o a Calé para mirar a Inglaterra. El flujo migratorio toca sobre todo a países africanos. En nuestra diócesis de Tánger tenemos unos 50 mil migrantes clandestinos de todos los países africanos. Llegaron sin papeles y nadie se los pidió. En Italia parecen haber entrado 90 mil, en Grecia —100 mil, en Turquía— 80 mil…. Esclavos de la antigüedad y esclavos del hombre moderno. Estamos viviendo la repetición de aquello que ya ocurrió en muchos momentos de la historia. La de hoy, en el Mediterráneo, en Ceuta, en Calé o en Lampedusa, es otra página manchada de la historia. ¿Vamos a quedarnos de brazos cruzados? En aquellos momentos, siempre hubo hombres lúcidos, carismáticos. Héroes de la humanidad que supieron reaccionar con feroz energía y amor sin límites. Desde San Pablo y su historia de Onésimo y Filemón hasta San Pedro Claver o San Junípero Serra

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Estrecho de Gibraltar1 Las llamadas migraciones irregulares, clandestinas o ilegales están tomando en este principio de Siglo XXI unas dimensiones inquietantes. Este fenómeno adquiere una singular importancia en el espacio mediterráneo donde la inmigración juega un papel muy importante. Las migraciones clandestinas están adquiriendo una nueva dimensión alarmante, en la medida en que, por su naturaleza, los flujos migratorios con destino a los países de la Unión Europea enturbian a menudo las relaciones entre los países ribereños del Estrecho de Gibraltar y en particular entre España y Marruecos. En la actualidad, la inmigración ilegal representa un gran problema para los países de acogida. Las restricciones y los controles destinados a desalentar a los candidatos en sus proyectos migratorios ha surtido el efecto contrario: se desarrollo la inmigración ilegal con destino a España e Italia principalmente utilizando las redes clandestinas que tomaron el relevo de los circuitos legales.

1 Benamar, J., & Peña, F. A. V. (2007). Los flujos migratorios ilegales en el Estrecho de Gibraltar. Barataria: revista castellano-manchega de ciencias sociales, (8), 69-86.


LA MISIÓN HOY

Difundir una cultura de paz, a la luz del Evangelio Más información en www.fides.org

entre la población centroafricana, está el de la solidaridad: «Las dificultades, subraya el padre François, han estimulado y extendido un sentimiento de hermandad entre la gente, algo que es un agregador entre la sociedades africanas tradicionales: es una reacción natural que nos empuja a no permanecer indiferentes hacia aquellos que se encuentran viviendo en condiciones críticas, sino a cuidarlos», explica.

Entre los muchos aspectos que ha puesto de manifiesto esta larga y profunda crisis entre la población centroafricana, está el de la solidaridad

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Es a través de este mecanismo social y espontáneo, que nos estimula a unir recursos para satisfacer las necesidades de todos, que se realiza el trabajo de los misioneros de la SMA: «Un valor que esta crisis ha puesto de manifiesto es el del diálogo y la colaboración con cristianos de otras iglesias y con los musulmanes», comenta el Vicario general. «Con este fin, continúa, en Bangui, Bossangoa y Bebérati, pero también en otras ciudades del país, organizamos seminarios en los que nos reunimos, rezamos, reflexionamos y planificamos acciones que llevaremos a cabo juntos para difundir una cultura de paz».

«La República Centroafricana vive desde hace años en precarias condiciones entre tensiones sociales y políticas. La larga crisis política y militar ha llevado a la pobreza y la desorientación en todos los sectores de la sociedad». Así lo explica a la Agencia Fides el p. François de Paul Hounguè, Vicario General de la Sociedad de Misiones Africanas (SMA), comentando la delicada situa- «El objetivo de la Iglesia centroafricana es ción que atraviesa el país africano. La crisis, reconstruir el tejido humano y social de que comenzó en 2013, no ha terminado ni la nación, desgarrado en los últimos años siquiera después de los últimos acuerdos por todo tipo de violencia», dice el p. Paul de paz firmados en Khaourtum el pasado Hounguè. «Es urgente elaborar un programes de febrero: «Los grupos armados con- ma de formación centrado en el testimonio tinúan manteniendo el control de una gran evangélico: debemos asegurarnos de que parte del país, con docenas de ataques y la Palabra de Jesús esté cada vez más enviolencia todas las semanas», comenta. carnada en nuestras vidas», dice. «A la luz del Evangelio - concluye - promovemos la Entre los muchos aspectos que ha puesto justicia y el respeto de la dignidad humana de manifiesto esta larga y profunda crisis en todos los ambientes».

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(que fue canonizado por el Papa Francisco en Washington el 23 de septiembre), no todo el mundo se quedó indiferente. Hay reacciones extraordinarias, como la de mi arzobispo de Tánger, Mons. Santiago Agrelo, que escribió en defensa de los derechos de estos extranjeros a los que el Evangelio nos dice claramente, en el texto del juicio final de Mateo 25, que tenemos que acoger, sobre todo sabiendo que miles de ellos están huyendo de una muerte segura. Con efecto llamada o sin él. Países como Grecia, Italia o España están haciendo frente al problema como mejor pueden, pero muchas veces están desbordados. La unión Europea no dice nada por no mojarse, creo yo. Y la Iglesia católica, nuestras comunidades religiosas, me parece ver un alzarse de hombros como pensando «esto no me toca», «estos dramas no van conmigo», o «estos indeseables no entran en mi evangelio, mejor que la policía los vuelva a echar al otro lado de la frontera». El silencio nos hace cómplices de los esclavistas. Ojalá que surjan nuevos Juníperos o Pedro Claver, capaces de mirar desde el Evangelio y actuar, de empatizar con los últimos de la cadena y desbordar de compasión por estos esclavos modernos. No vaya a ser que el mayor asesino en serie, hoy día en nuestro planeta, no sea la pobreza, sino nuestra indiferencia. Enero - Febrero 2020

Todo el continente de África subsahariana se escapa de la pobreza, guerra y violencia, buscando el refugio en Marruecos, y deseando llegar a Europa. Asistimos a las tragedias humanas e intentamos remediar la situación. En los bosques cercanos a Tánger viven miles de personas de todos los países africanos (Nigeria, Senegal, Togo, Costa de Marfil, Malí, Mauritania, etc.). En su mayoría jóvenes, buscando una vida mejor. Intentan nadar en una simple patera o una goma inflable a través del estrecho de Gibraltar para llegar a España. Cada noche mueren en las aguas del mar Mediterráneo personas. Otra forma para alcanzar el enclave de España es ataque organizado a la frontera de Marruecos con España (Ceuta) con grupos de 1000 jóvenes africanos. La desesperación les empuja a tales actos. Nuestra misión es buscar la ayuda humanitaria, espiritual y remediar todas las situaciones. Luchando en primera línea, dentro de la batalla, desde Tánger – Marruecos, les saluda : Simeon Stachera ofm, Marruecos.

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TESTIMONIOS MISIONEROS por Hna. Leticia Garduño Mejía hmnsa, Hermanas Misioneras de Nuestra Señora de África

Misionera en Burkina faso, África ¡Hola! Soy la Hna. Leticia Garduño Mejía, de la ciudad de Querétaro, Qro. Desde hace 20 años, soy religiosa misionera de las Hermanas Misioneras de Nuestra Señora de África (HMNSA).

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A

ntes de entrar en la vida religiosa, era estudiante universitaria en Contabilidad y Administración; también me dedicaba a realizar trabajos de corte y confección. Soy la cuarta de 11 hermanos y hermanas. He tenido la oportunidad de estar de misión en la República Democrática del Congo del 2005 al 2008. Después estuve en México para dar diferentes servicios y formarme en el acompañamiento y el discernimiento vocacional. El 7 de abril de 2016 llegué a Uagadugu, Burkina Faso con la misión de colaborar en el equipo de formación del postulantado; al ir haciendo camino, otras puertas se fueron abriendo para encontrarme con el Enero - Febrero 2020


diálogo interreligioso entre musulmanes y cristianos, con las jóvenes aspirantes a la vida religiosa y también con los niños de nuestra colonia.

¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? (Lc 1, 43) En julio de 2016 empezó mi caminar en el acompañamiento de jóvenes aspirando a la vida religiosa, su presencia llenó mi corazón de alegría y llena de sorpresa, quizá también, consciente de mi pequeñez ante tal misión que me había sido confiada, como Santa Isabel, me pregunté: «¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme?» (Lc 1, 43). Ante la presencia de las jóvenes, me sentí invitada a quitarme las sandalias, para acercarme a una tierra sagrada, tierra de Dios. Sí, cada joven que viene, es una tierra sagrada, es otra María en la que Jesús desea encarnarse hoy. Actualmente hay siete jóvenes en formación viniendo de Burundi, República Democrática del Congo y Uganda. El acompañamiento de las aspirantes y postulantes es realizado en mi comunidad internacional e intercultural. Mis hermanas son de Uganda, República Democrática del Congo, Mozambique y Zambia. Es una linda y a la vez exigente experiencia vivir en la diversidad, pero no por eso deja de ser apasionante. La comunidad es la mejor escuela de humanidad; viniendo de diferentes países sin habernos elegido, aprendemos a ser hermanas las unas para las otras y nos reconocemos mujeres, discípulas y apóstoles, en el seguimiento de nuestro Señor Jesús al servicio de los pueblos africanos.

«Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado» (Jn 15,12) El mandato de Jesús a amarnos unos a otros no se limita a los cristianos, es abierto a toda la humanidad y el diálogo es un componente de nuestra fe. Para nosotras, las Hermanas Misioneras de Nuestra Enero - Febrero 2020

Señora de África, el diálogo interreligioso islamo-cristiano es parte integrante de nuestro carisma, de hecho, nacimos en un medio musulmán (Argelia-1869). En Burkina Faso es imposible no comprometerse en el diálogo, pues 60 % de la población es musulmana, 25% es cristiana (católicos 20% y protestantes 5%) y 15% es de religión tradicional y otras confesiones. Hace tres años que colaboro en la Comisión Diocesana para el diálogo interreligioso islamo-cristiano. En la comisión visitamos los líderes de las diferentes comunidades musulmanas cuando celebran la fiesta de la Tabaski (sacrificio del cordero, en memoria de la fidelidad de nuestro padre Abraham) y al final del Ramadan (Mes santo por excelencia para los musulmanes, constituye un mes de ayuno). El último sábado de cada mes, organizamos un encuentro de matrimonios islamo-cristianos y estamos impulsando la instalación de comités parroquiales para el diálogo interreligioso islamo-cristiano. El encuentro con las personas de diferentes comunidades musulmanas y otras confesiones, me ha ayudado a conocer mejor mi religión y comprender mejor la misión evangelizadora de la Iglesia. Un día escuché decir al Papa Francisco que la Evangelización no es hacer proselitismo, el proselitismo es contra el Evangelio porque rompe con la paz y el diálogo, el crecimiento de la Iglesia es obra

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TESTIMONIOS MISIONEROS

conversar, ellos parecían muy contentos; al final me pidieron si podían venir a visitarme la semana siguiente, yo les dije que sí y poco a poco los niños se fueron multiplicando. Hoy son alrededor de 40 niños y los he organizado en tres grupos de niños que les llamo caravanas, he aquí sus nombres: caravana de la alegría, caravana de la paz y caravana de la amistad. Con ayuda de algunas de las postulantes les ofrecemos una formación a la no violencia y a la paz, también tenemos un pequeño laboratorio de reciclado. En el tiempo de navidad fabricamos nacimientos con cajas de cartón, decoramos botellas y por el momento están haciendo alcancías de puerquito con globos, periódico y cartones de huevo. ¡Les encantan las manualidades! Empezar un proyecto no es fácil. He tenido momentos de dudas y en ocasiones me decía ya voy a dejar a estos niños y cuando entraba en oración, la Palabra de Dios que resonaba en mi ser me enviaba a hacer lo contrario: Jesús dijo: «Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos» (Mt 19,14). Trato de obedecer a nuestro Señor Jesús y acción del Espíritu Santo que atrae y seduce. recibiendo a sus niños y es maravilloso desEsto me llenó de alegría y comprendí que mi cubrir como Dios les ama y toma cuidado de compromiso en la evangelización es dar tes- ellos más allá de mi pequeña colaboración. Él timonio del amor para todos y hacer el bien suscita en personas y jóvenes el deseo de ayusin distinción. Los miembros de la comisión darlos. Para nuestra tarde navideña tuvimos son en su mayoría hombres, a veces me en- arroz, pescado, dulces y pastel gracias a la gecuentro sola como mujer y religiosa, pero no nerosidad de diferentes personas de diferente por eso mi presencia deja de ser importante, religión. Los niños en mi caminar en esta tieen el misterio de Dios me descubro como un rra son fuente de alegría y esperanza. signo de comunión y de fraternidad. En la comunidad turca me dieron el título de: abla que He aquí algunas de mis experiencias misionequiere decir en turco: Hermana mayor. Para ras, les pido orar por Burkina Faso. La situación mí, es una gran alegría ir al encuentro de las política actual no es fácil; desde el 2016 ha hapersonas de diferentes religiones y culturas; bido varios atentados terroristas y algunos atala diversidad es querida por Dios y una gran ques inter-étnicos que han causado la muerte riqueza para toda la humanidad. de muchas personas y miles de refugiados.

Jesús dijo: «Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos» (Mt 19,14).

Aquí el clima es caluroso, de más en más el termómetro sube (en abril 46 grados), pero estoy bien de salud y contenta con la gracia de Dios. Les envió un fuerte y caluroso abrazo al estilo mexicano, con mucho cariño.

En enero de 2017, tuve la alegría de recibir a tres niños de nuestra colonia y empezamos a 18

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Inseguridad en el Sahel www.fides.org

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n el Sahel se violan todos los días los derechos humanos fundamentales: el derecho a la vida, a la libertad religiosa, a la educación, a la propiedad y a la seguridad», denuncian los obispos de Burkina Faso, Níger, Ghana, Malí y Costa de Marfil, en un comunicado emitido al concluir su encuentro celebrado en Uagadugú sobre la crisis que destroza la región debido a la violencia de los grupos yihadistas que actúan en Malí, Níger, Burkina Faso. En este último país han muerto más de 700 personas y unas 500,000 se han convertido en desplazadas internas y refugiadas por las incursiones de grupos armados desde 2015.

«El epicentro de la inseguridad se produjo por primera vez en Malí. Ahora es Burkina Faso el corazón del conflicto», lamentó Patrick Youssef, Director Adjunto del Comité Internacional de la Cruz Roja para África, durante la conferencia de prensa en el Foro Internacional en Dakar (Senegal) sobre paz y seguridad en África, una cita donde la crisis del Sahel estaba en el centro de la agenda de los trabajos. Incluso los países menos afectados por el terrorismo yihadista han expresado su pre-

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ocupación por la situación en la que viven los estados vecinos. «No se suele pensar en cómo el terrorismo afecta a otros, pero todos los países del mundo pueden ser blanco de esta amenaza. También Costa de Marfil», señaló por su parte en este mismo foro el ministro de Relaciones Exteriores de Costa de Marfil, un país que sufrió un ataque terrorista en Grand Bassam en marzo de 2016. La grave inseguridad en la que viven grandes zonas de Burkina Faso no impidió la apertura el 18 de noviembre en Uagadugú del 4º Congreso de África y Madagascar sobre la Divina Misericordia. El Congreso, presidido por el Cardenal Philippe Nakellentuba Ouédraogo, arzobispo de Uagadugú, lleva por título «Divina Misericordia: una gracia para nuestro tiempo». Entre los temas de las exposiciones que se presentan en el Congreso, algunos se refieren a la crisis multiforme de la región que va desde la manipulación de los conflictos o la explotación ilegal brutal de los recursos naturales, pasando por el comercio internacional hasta la creciente brecha entre ricos y pobres.

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IGLESIA EN SALIDA por Pbro. Marcos Garduño Arias SX, Misioneros Xaverianos. marcos.garduno77@yahoo.com

Con los MIGRANTES en compañía, una Iglesia en salida La migración, el crimen, la trata de personas, los desaparecidos entre otros temas que cotidianamente llenan los espacios en los diversos medios de comunicación social, son elementos muy preocupantes; más allá de ser simples datos informativos, son acontecimientos reales, cuya gravedad es mayor a lo dicho por los medios de comunicación, con un sadismo tan extraño nunca antes registrado en nuestra historia humana, en donde el mismo ser humano se desconoce a sí mismo con tanta violencia hacia su propio género.

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i bien, durante mucho tiempo han surgido guerras y otras maneras en las que el ser humano ha provocado dolor y sufrimiento sobre otros, se justificaba en la búsqueda de ideales sociales mayores, que prometían mayor libertad o bienestar para un determinado grupo racial o social. Sin embargo, la violencia tan difundida en nuestros días no tiene justificación alguna, más bien muestra una carencia de

valores y falta de conciencia ética-moral, de tal manera que, ya no se habla de una época post-moderna o líquida como lo habían propuesto algunos sociólogos, ahora se llega a hablar de una época post-humana (cfr. Umberto Marsich SX), en donde el ser humano se ha devaluado tanto, que fácilmente puede ser objeto de experimentos científicos, u objeto monetario, sin respetar valores éticos, lo importante es sacar beneficios económicos. El ser humano ha llegado a ser un material de desecho con el fin de complacer intereses personales de unos pocos; el aborto, la trata de personas, los sádicos crímenes a lo largo y ancho del país, así como en otras partes del mundo, nos revelan la impiedad y falta de conciencia del valor del ser humano. Desgraciadamente estos escenarios cada día se vuelven más comunes y parecen estarnos acostumbrando a tanta impiedad como si fuera algo normal, pero lo que más nos puede llamar la atención es que estos contextos de violencia se han desarrollado en países donde la mayoría es de tradiciones religiosas de inspiración bíblica, como es el cristianismo, judaísmo e islamismo, mientras que los textos bíblicos nos invitan a humanizarnos, constantemente invitan al lector a ser respetuoso y solidario con el ser humano, especialmente el ser más necesitado que encontramos en el camino de nuestra vida, desde el Antiguo Testamento podemos encontrar tantos ejemplos: «Si tu hermano pasa necesidad y ves que no puede salir de su apuro, ayúdalo, aunque sea forastero o huésped, para que pueda vivir junto a ti» (Lv 25, 35).

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IGLESIA EN SALIDA

El ser humano ha llegado a ser un material de desecho con el fin de complacer intereses personales de unos pocos

En los recientes meses cuando se permitió el paso de las caravanas de migrantes por nuestro país, tuve la oportunidad de celebrar una Eucaristía en uno de los centros de refugiados de acogida aquí en la ciudad de México, en un campo deportivo. Cuando estos hombres, mujeres y niños compartían sus testimonios y vivencias, simplemente se estremece el corazón, no solo por el sufrimiento y los sacrificios, retos que tienen que afrontar para sobrevivir por situaciones de pobreza extrema, de persecuciones o por cualquier otro motivo, pero lo más triste es que todo eso simplemente es causado por el egoísmo de algunos seres humanos que llenos de soberbia creen merecer más que los demás sin importar que se pongan en riesgo las vidas de muchas personas y familias enteras. Mientras que la Palabra de Dios nos aconseja; «Muestren, pues, amor al extranjero, porque ustedes fueron extranjeros en la tierra de Egipto» (Dt 10, 19), que fácil podría ser para nosotros mexicanos poder entender este texto desde nuestra experiencia como país migrante y como receptor de migrantes. Cuando tuve la oportunidad de vivir algunos días en los Estados Unidos, pude darme cuenta de la cruda realidad en la que viven muchos migrantes, tanto de nuestro país, como del resto del mundo, en donde el sueño americano se convierte de la misma manera que a Moisés se le convirtió la tierra prometida: «Solo de lejos verás la tierra, pero allí no entrarás, a la tierra que doy a los hijos de Israel» (Dt 32, 52). Muchos migrantes dejaron sus lugares de origen porque soñaron con encontrar en los Estados Unidos mejores posibilidades económicas y diversas condiciones para poder vivir mejor, mientras 22

que la realidad les muestra otras condiciones, muchas veces humanamente insoportables, con grandes presiones e intranquilidades, en estado de persecución por el hecho de ser irregulares considerados ilegales, constantemente amenazados y cateos a domicilio por el gobierno, un constante bombardeo comercial creado por la cultura en donde se presiona para entrar en un sistema que hay que cumplir con ciertos estándares, especialmente quienes se encuentran con familia en ese lugar, a final de cuentas se saca a redito la casa, los autos, y muchos bienes materiales, que se tienen que ir pagando bajo mensualidades, todo eso los vincula pero también los condiciona a una cierta esclavitud, les obliga a mantener un nivel de ganancias sin tener las mejores condiciones de sus derechos laborales. Sin contar con las olas raciales de violencia que surgen constantemente, provocando mayor inseguridad y desconfianza entre los que conviven en un mismo lugar, sintiéndose extranjeros en un lugar extraño, sin paz. En una ocasión, un señor fue por mí para que fuera a celebrar una Eucaristía, pertenecía a un movimiento de oración dentro de la iglesia, eran de diferentes países latinos, por tanto la misa sería en español, Enero - Febrero 2020


mientras iba por el camino, me preguntó: ¿Padre, usted cómo ve mi auto? ¿Qué le parece, ve algún inconveniente? Es un coche bonito –le contesté–, pequeño, se ve que es económico, pero funciona bien el motor, funciona el calefactor, etc. Pues no veo nada de importante. Me dijo con tristeza, pues así como lo ve, déjeme comentarle que cuando voy a dejar a mi niña a la secundaria, ella se baja corriendo a dos cuadras antes de llegar porque le da vergüenza que la vean llegar en un auto como este, dice que si la vieran en un auto como este no dejarían de hacerle bulling y es por eso que me estoy esforzando para poder comprar un auto que responda al estándar del resto de los papás, ¿ve hasta por las cosas que tenemos que preocuparnos?, la mayoría de los que vivimos aquí establemente preferimos estar llenos de deudas por pagar una casa o un auto en abonos, que sentirnos fuera de la dinámica social establecida inconscientemente, ve porqué se le ha llamado a esto una jaula de oro. Cuando estaba en ese país, fui testigo de las revisiones intrafamiliares y las extradiciones de algunos migrantes, dejando a muchos niños sin sus padres, presencié manifestaciones de grupos de migrantes latinoamericanos en lugares públicos para Enero - Febrero 2020

reclamar al gobierno estadounidense los derechos humanos que deberían tener en ese país. Mientras que con mucha pena nos damos cuenta del trato que nosotros damos a nuestros hermanos migrantes en nuestro país, hemos sido testigos de, que a pesar de saber las carencias del migrante en nuestro país, un gran número de ellos no son bienvenidos, son maltratados tanto de obra como de palabra, muchos han sido extorcionados y abandonados a sus suerte, e incluso han sufrido levantamientos, desapareciéndolos para ser víctimas de los cárteles, de prostitución o tráfico de órganos, esclavitud, entre otras cosas tan horribles que no merecieran ni mencionar; de tal manera que, nuestra experiencia como pueblo migrante debería ayudarnos a aprender cómo tratar a los migrantes. Estas realidades se nos presentan y como Iglesia no debemos ser pesimistas, son esas realidades las que necesitan, precisamente, hombres y mujeres de fe, son estas realidades a las que la Iglesia debe de sentirse enviada, puesto que su centro de atención no está en la derrota y la decepción, su tarea es propagar y hacer visible la presencia del reino de Dios en esas realidades que parecen no tener una salida, pero esa es la especialidad y el núcleo del mensaje de la resurrección, dar esperanza donde parecía no haberla. Aún si muchas veces nos parece superar la realidad y, la actuación del reino de Dios, demasiada lenta, ella se presenta con sencillez pero con mucha eficacia y seguridad, a nosotros nos corresponde la fe y la paciencia para que Dios nos haga acontecer lo que nos ha prometido (Cfr. Lc 13,18 ; Mc 4, 26. 30). Una iglesia que ha recibido al Espíritu Santo a través del bautismo no puede quedar en la indiferencia fingiendo no darse cuenta, como si nada pasara; de tal manera, todos y cada uno de nosotros los bautizados estamos llamados, pero sobre todo, somos enviados a poner nuestro granito de arena, para que hagamos presente ese reino de Dios, indicando de qué manera se encuentra entre nosotros.

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La presencia de los fieles cristianos en los grupos humanos ha de estar animada por la caridad con que Dios nos amó, que quiere que también nosotros nos amemos unos a otros. En efecto, la caridad cristiana se extiende a todos sin distinción de raza, condición social o religión; no espera lucro o agradecimiento alguno; pues como Dios nos amó con amor gratuito, así los fieles han de vivir preocupados por el hombre mismo, amándolo con el mismo sentimiento con que Dios lo buscó. Ad Gentes, 12

Los

ojos de la misión


LA VOZ DEL PAPA por Mensaje del Santo Padre Francisco para la 105 Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

No se trata de MIGRANTES: se trata de nuestra humanidad Mensaje del Santo Padre Francisco para la 105 Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

La fe nos asegura que el Reino de Dios está ya misteriosamente presente en nuestra tierra (cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 39); sin embargo, debemos constatar con dolor que también hoy encuentra obstáculos y fuerzas contrarias. Conflictos violentos y auténticas guerras no cesan de lacerar la humanidad; injusticias y discriminaciones se suceden; es difícil superar los desequilibrios económicos y sociales, tanto a nivel local como global. Y son los pobres y los desfavorecidos quienes más sufren las consecuencias de esta situación.

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ueridos hermanos y hermanas: Las sociedades económicamente más avanzadas desarrollan en su seno la tendencia a un marcado individualismo que, combinado con la mentalidad utilitarista y multiplicado por la red mediática, produce la globalización de la indiferencia. En este escenario, las personas migrantes, refugiadas, desplazadas y las víctimas de la trata, se han convertido en emblema de la exclusión porque, además de soportar dificultades por su misma condición, con frecuencia son objeto de juicios negativos, puesto que se las considera responsables de los males sociales. La actitud hacia ellas constituye una señal de alarma, que nos advierte de la decadencia moral a la que nos enfrentamos si seguimos dando Enero - Febrero 2020


espacio a la cultura del descarte. De hecho, por esta senda, cada sujeto que no responde a los cánones del bienestar físico, mental y social, corre el riesgo de ser marginado y excluido. Por esta razón, la presencia de los migrantes y de los refugiados, como en general de las personas vulnerables, representa hoy en día una invitación a recuperar algunas dimensiones esenciales de nuestra existencia cristiana y de nuestra humanidad, que corren el riesgo de adormecerse con un estilo de vida lleno de comodidades. Razón por la cual, no se trata solo de migrantes significa que al mostrar interés por ellos, nos interesamos también por nosotros, por todos; que cuidando de ellos, todos crecemos; que escuchándolos, también damos voz a esa parte de nosotros que quizás mantenemos escondida porque hoy no está bien vista. «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!» (Mt 14,27). No se trata sólo de migrantes, también se trata de nuestros miedos. La maldad y la fealdad de nuestro tiempo acrecienta «nuestro miedo a los “otros”, a los desconocidos, a los marginados, a los forasteros [...]. Y esto se nota particularmente hoy en día, frente a la llegada de migrantes y refugiados que llaman a nuestra puerta en busca de protección, seguridad y un futuro mejor. Es verdad, el temor es legítimo, también porque falta preparación para este encuentro» (Homilía, Sacrofano, 15 febrero 2019). El problema no es el hecho de tener dudas y sentir miedo. El problema es cuando esas dudas y esos miedos condicionan nuestra forma de pensar y de actuar hasta el punto de convertirnos en seres intolerantes, cerrados y quizás, sin darnos cuenta, incluso racistas. El miedo nos priva así del deseo y de la capacidad de encuentro con el otro, con aquel que es diferente; nos priva de una oportunidad de encuentro con el Señor (cf. Homilía en la Concelebración Eucarística de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, 14 enero 2018).

«Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo tamEnero - Febrero 2020

bién los publicanos?» (Mt 5,46). No se trata sólo de migrantes: se trata de la caridad. A través de las obras de caridad mostramos nuestra fe (cf. St 2,18). Y la mayor caridad es la que se ejerce con quienes no pueden corresponder y tal vez ni siquiera dar gracias. «Lo que está en juego es el rostro que queremos darnos como sociedad y el valor de cada vida [...]. El progreso de nuestros pueblos [...] depende sobre todo de la capacidad de dejarse conmover por quien llama a la puerta y con su mirada estigmatiza y depone a todos los falsos ídolos que hipotecan y esclavizan la vida; ídolos que prometen una aparente y fugaz felicidad, construida al margen de la realidad y del sufrimiento de los demás» (Discurso en la Cáritas Diocesana de Rabat, 30 marzo 2019). «Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció» (Lc 10,33). No se trata sólo de migrantes: se trata de nuestra humanidad. Lo que mueve a ese samaritano, un extranjero para los judíos, a detenerse, es la compasión, un sentimiento que no se puede explicar únicamente a nivel racional. La compasión toca la fibra más sensible de nuestra humanidad, provocando un apremiante impulso a “estar cerca” de quienes vemos en situación de dificultad. Como Jesús mismo nos enseña (cf. Mt 9,35-36; 14,13-14; 15,32-37), sentir compasión significa reconocer el sufrimiento del otro y pasar inmediatamente a la acción para aliviar, curar y salvar. Sentir compasión significa dar espacio a la ternura que a menudo la sociedad actual nos pide reprimir. «Abrirse a los demás no empobrece, sino que más bien enriquece, porque ayuda a ser más humano: a reconocerse parte activa de un todo más 27


LA VOZ DEL PAPA

grande y a interpretar la vida como un regalo para los otros, a ver como objetivo, no los propios intereses, sino el bien de la humanidad» (Discurso en la Mezquita “Heydar Aliyev” de Bakú, Azerbaiyán, 2 octubre 2016).

para invitar a los excluidos» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 24). El desarrollo exclusivista hace que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres. El auténtico desarrollo es aquel que pretende incluir a todos los hombres y mujeres del mundo, promoviendo su crecimiento integral, y preocupándose también por las generaciones futuras.

«Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial» (Mt 18,10). No se trata sólo de «El que quiera ser grande entre vosotros, que migrantes: se trata de no excluir a nadie. El sea vuestro servidor; y el que quiera ser primundo actual es cada día más elitista y cruel mero, sea esclavo de todos» (Mc 10,43-44). No se con los excluidos. Los países en vías de desa- trata sólo de migrantes: se trata de poner a los rrollo siguen agotando sus mejores recursos últimos en primer lugar. Jesucristo nos pide naturales y humanos en beneficio de unos po- que no cedamos a la lógica del mundo, que juscos mercados privilegiados. Las guerras afec- tifica el abusar de los demás para lograr nuestan sólo a algunas regiones del mundo; sin tro beneficio personal o el de nuestro grupo: embargo, la fabricación de armas y su venta ¡primero yo y luego los demás! En cambio, el se lleva a cabo en otras regiones, que luego no verdadero lema del cristiano es “¡primero los quieren hacerse cargo de los refugiados que últimos!”. «Un espíritu individualista es terredichos conflictos generan. Quienes padecen no fértil para que madure el sentido de indilas consecuencias son siempre los pequeños, ferencia hacia el prójimo, que lleva a tratarlo los pobres, los más vulnerables, a quienes se como puro objeto de compraventa, que induce les impide sentarse a la mesa y se les deja a desinteresarse de la humanidad de los demás sólo las “migajas” del banquete (cf. Lc 16,19-21). y termina por hacer que las personas sean puLa Iglesia «en salida [...] sabe tomar la iniciati- silánimes y cínicas. ¿Acaso no son estas las acva sin miedo, salir al encuentro, buscar a los titudes que frecuentemente asumimos frente a lejanos y llegar a los cruces de los caminos los pobres, los marginados o los últimos de la

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sociedad? ¡Y cuántos últimos hay en nuestras sociedades! Entre estos, pienso sobre todo en los emigrantes, con la carga de dificultades y sufrimientos que deben soportar cada día en la búsqueda, a veces desesperada, de un lugar donde poder vivir en paz y con dignidad» (Discurso ante el Cuerpo Diplomático, 11 enero 2016). En la lógica del Evangelio, los últimos son los primeros, y nosotros tenemos que ponernos a su servicio. «Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante» (Jn 10,10). No se trata sólo de migrantes: se trata de la persona en su totalidad, de todas las personas. En esta afirmación de Jesús encontramos el corazón de su misión: hacer que todos reciban el don de la vida en plenitud, según la voluntad del Padre. En cada actividad política, en cada programa, en cada acción pastoral, debemos poner siempre en el centro a la persona, en sus múltiples dimensiones, incluida la espiritual. Y esto se aplica a todas las personas, a quienes debemos reconocer la igualdad fundamental. Por lo tanto, «el desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico, debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre» (S. Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 14). «Así pues, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios» (Ef 2,19). No se trata sólo de migrantes: se trata de construir la ciudad de Dios y del hombre. En nuestra época, también llamada la era de las migraciones, son muchas las personas inocentes víctimas del “gran engaño” del desarrollo tecnológico y consumista sin límites (cf. Carta enc. Laudato si’, 34). Y así, emprenden un viaje hacia un “paraíso” que inexorablemente traiciona sus expectativas. Su presencia, a veces incómoda, contribuye a disipar los mitos de un progreso reservado a unos pocos, pero construido sobre la explotación de muchos. «Se trata, entonces, de que nosotros seamos los primeros en verlo y así podamos ayudar a los otros a ver en el emigrante y en el refugiado no sólo un problema que debe ser afrontado, sino un hermano y una hermana que deben ser acogidos, respetados y amados, una ocasión que la Providencia nos ofrece para contribuir Enero - Febrero 2020

a la construcción de una sociedad más justa, una democracia más plena, un país más solidario, un mundo más fraterno y una comunidad cristiana más abierta, de acuerdo con el Evangelio» (Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2014). Queridos hermanos y hermanas: La respuesta al desafío planteado por las migraciones contemporáneas se puede resumir en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar. Pero estos verbos no se aplican sólo a los migrantes y a los refugiados. Expresan la misión de la Iglesia en relación a todos los habitantes de las periferias existenciales, que deben ser acogidos, protegidos, promovidos e integrados. Si ponemos en práctica estos verbos, contribuimos a edificar la ciudad de Dios y del hombre, promovemos el desarrollo humano integral de todas las personas y también ayudamos a la comunidad mundial a acercarse a los objetivos de desarrollo sostenible que ha establecido y que, de lo contrario, serán difíciles de alcanzar. Por lo tanto, no solamente está en juego la causa de los migrantes, no se trata sólo de ellos, sino de todos nosotros, del presente y del futuro de la familia humana. Los migrantes, y especialmente aquellos más vulnerables, nos ayudan a leer los “signos de los tiempos”. A través de ellos, el Señor nos llama a una conversión, a liberarnos de los exclusivismos, de la indiferencia y de la cultura del descarte. A través de ellos, el Señor nos invita a reapropiarnos de nuestra vida cristiana en su totalidad y a contribuir, cada uno según su propia vocación, a la construcción de un mundo que responda cada vez más al plan de Dios. Este es el deseo que acompaño con mi oración, invocando, por intercesión de la Virgen María, Nuestra Señora del Camino, abundantes bendiciones sobre todos los migrantes y los refugiados del mundo, y sobre quienes se hacen sus compañeros de viaje.

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MISIÓN Y PERSPECTIVA por Diana Monroy Rodríguez, OMPE México

Nuestra MISIÓN y la ENFERMEDAD Es un hecho que, para el buen cumplimiento de nuestra misión, no debemos permanecer ajenos al mundo y, mucho menos, ser indiferentes al sufrimiento, flagelo de la humanidad. «La comunidad cristiana ha dirigido siempre una atención particular a los enfermos y al mundo del sufrimiento en sus múltiples manifestaciones»1 (Juan Pablo II, 1992). Al ser enviada por Dios para ser el sacramento universal de salvación (cfr. AG, 1), la Iglesia, tiene el deber de anunciar la liberación a los que más sufren (cfr. EN, 30). Como discípulos de Cristo estamos llamados a llevar la Buena Nueva a cada rincón de la tierra; la salida misionera como paradigma de toda obra de la Iglesia, implica en sí misma, el encuentro con el otro; salimos para encontrarnos con el hermano por quien Dios nos cuestiona (cfr. Gn 4, 9), el hermano que, sin pedirlo, reclama nuestra atención, el hermano ante quien «no nos está permitido “pasar de largo”, con indiferencia, sino que debemos “pararnos” junto a él», no por curiosidad sino con el corazón dispuesto (cfr. SD, 28). Es un hecho que, para el buen cumplimiento de nuestra misión, no debemos permanecer ajenos al mundo y, mucho menos, ser indiferentes al sufrimiento, flagelo de la humanidad.

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Desafíos del dolor, el sufrimiento y la enfermedad para la misión cristiana

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a Buena Nueva es para todos, sin excepciones; bajo este dinamismo misionero los privilegiados deben ser «no tanto los amigos y vecinos ricos sino, sobre todo, los pobres y enfermos, esos que suelen ser despreciados y olvidados, aquellos que “no tienen con qué recompensarte” (Lc 14, 14)» (EG, 48). Hoy, este dinamismo se vuelve una urgencia, pues «no podemos olvidar que la mayoría de los hombres y mujeres de nuestro tiempo vive precariamente el día a día, con consecuencias funestas. Algunas patologías van en aumento. El miedo y la desesperación se apoderan del corazón de numerosas personas, incluso en los llamados países ricos. La alegría de vivir frecuentemente se apaga, la falta de respeto y la violencia crecen, la inequidad es cada vez más patente. Hay que luchar para vivir y, a menudo, para vivir con poca dignidad» (EG, 52). Sin embargo, en esta época, en la que el sufrimiento permea cada rincón de la tierra, ¿cómo hacerse oír entre gritos de dolor? ¿cómo brindar consuelo en medio de la desesperación? ¿cómo llevar la luz a quien por voluntad propia se aparta de ella? Muy útil sería para el buen cumplimiento de nuestra misión el seguimiento de formulas concretas o recetas infalibles; pero, tan compleja y rica es la naturaleza humana que resultaría vano siquiera pretender formularlas. Afortunadamente, nuestra labor no se centra en fórmulas, sino que obedece al mandato misionero de Jesús (cfr. EG, 19). «Hoy, en este id de Jesús, están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia, y todos somos llamados a esta nueva salida misionera. Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar

1Juan Pablo II. (1992). Mensaje del Santo Padre para la I Jornada Mundial del Enfermo. Ciudad del Vaticano.

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este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (EG, 20). El dolor y el sufrimiento interpelan al discípulo misionero, no solo por tratarse de situaciones duras y extremas de las emociones humanas, sino también por que en ellas se plantea la universalidad que exige la misión de la Iglesia. En un artículo sobre Gabriel Marcel y el Misterio del Sufrimiento, Simonne Plourde, plantea que es precisamente en el dolor y el sufrimiento, experiencias universales y reveladoras de la intensidad del lazo de cada uno consigo mismo, en las que se siente el peso de la existencia humana; la existencia encadena al ser humano a sí mismo; «el sufrimiento desnuda al ser: 31


MISIÓN Y PERSPECTIVA

desvela su complejidad, al tiempo que su fragilidad y vulnerabilidad. Dolor y sufrimiento están ligados a la soledad ontológica» (Plourde, 2005)2.

Para Lucas en un mundo politeísta, lo primero no consistía en anunciar algo, sino en mostrarlo.

Por otro lado, el sufrimiento atemoriza, tanto el propio como el ajeno. Enfrentarnos al sufrimiento nos hace conscientes de nuestra propia fragilidad, presenciarlo nos vuelve vulnerables, impotentes. El sufrimiento causa angustia. «El ser humano posee una conciencia afilada de este sufrimiento que experimenta a la vez en su propia carne, en sus emociones, incluso en su recuerdos. Pues, aun cuando la punzada del dolor desaparece, ¿no queda el sufrimiento entrelazado entre los pliegues de la memoria mental y corporal?» (Plourde, S)3. En su Carta Apostólica Salvifici Doloris, Juan Pablo II, habla del sufrimiento humano como algo que suscita compasión, respeto y que, a su manera, atemoriza; «En efecto, en él está contenida la grandeza de un misterio específico» (SD, 4). Esta naturaleza, la del sufrimiento, para dejar de ser un obstáculo para el cumplimiento de la misión deberá ser vista desde la necesidad del corazón y desde el profundo imperativo de la fe. «En el tema del sufrimiento, estos dos motivos parecen acercarse particularmente y unirse entre sí: la necesidad del corazón nos manda vencer la timidez, y el imperativo de la fe brinda el contenido, en nombre y en virtud del cual osamos tocar lo que parece en todo hombre algo tan intangible; porque el hombre, en su sufrimiento, es un misterio intangible». En cuanto a la necesidad del corazón cabe recordar palabras contenidas en el Catecismo de la Iglesia Católica: «El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y solo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar» (27).

2 Plourde, S. (2005). Gabriel Marcel y el misterio del sufrimiento. Anuario Filosófico, 2005 (38), 575 – 596. Recuperado el 5 de noviembre de 2019 en https://dadun.unav.edu/handle/10171/5022 3 Ídem

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La Unión de Enfermos Misioneros La Iglesia siempre se ha preocupado por que todas las células que forman el Cuerpo Místico de Cristo estén vivas y sea transmisoras de vida. Cada una de estas células tiene una potencialidad maravillosa dada por Dios. No obstante, muchas de ellas son subestimadas por sí mismas o por los demás y se mantienen al margen de la acción evangelizadora de la Iglesia, sin luchar por la realización personal y felicidad de ellas, ni proyectarse a sus hermanos. Nos referimos a los enfermos, ancianos y personas con capacidades diferentes. En ellos, que por el dolor están especialmente unidos a Cristo, recae también la responsabilidad de luchar por su dignidad humana y de colaborar en el establecimiento del Reino de Dios Amor. Estos hermanos han despertado iniciativas en la Iglesia que tienden a reincorporarlos a una vida productiva, tanto en el plano espiritual como el material. Ya no se desea ver al enfermo solo como destinatario pasivo, ni reafirmar en él un sentimiento de inutilidad y dependencia, sino como auténticos e imprescindibles agentes evangelizadores. La Unión de Enfermos Misioneros (UEM), programa vinculado a la Pontificia Obra de San Pedro Apóstol, trata de dar una respuesta positiva a nuestro mundo, cada vez más deshumanizado, por medio de la participación activa y eficaz de los enfermos, ancianos y con capacidades diferentes, quienes se convierten en apóstoles desde el dolor y el sufrimiento y cuyo testimonio de vida termina cuestionando a sus semejantes sanos y enfermos.


MISIÓN Y PERSPECTIVA

construir y ser construido» (Vico, 1981)4. Bajo esta premisa resulta innegable el potencial de los enfermos no solo como agentes de evangelización, sino también como agentes evangelizadores. Sin embargo, al misionero no le será complicado encontrarse con aquellos que, enfocados en su sufrimiento, en su dolor e, incluso, en sus limitaciones, no solo se negarán a escuchar cualquier palabra; incluso tratar de ayudarles puede parecemos inútil, pero siempre podemos intentarlo hasta cierto punto movidos por amor y compasión. «La presencia de los fieles cristianos en los grupos humanos ha de estar animada por la caridad con que Dios nos amó, que quiere que también nosotros nos amemos unos a otros. En efecto, la caridad cristiana se extiende a todos sin distinción de raza, condición social o religión; no espera lucro o agradecimiento alguno; pues como Dios nos amó con amor gratuito, así los fieles han de vivir preocupados por el hombre mismo, amándolo con el mismo sentimiento con que Dios lo buscó» (AG, 12).

Una misión que desde la enfermedad se compromete por la justicia, la solidaridad y la mística La misión cristiana, como toda la actividad de la Iglesia «es una expresión de un amor que busca el bien integral del ser humano: busca su evangelización mediante la Palabra y los Sacramentos, empresa tantas veces heroica en su realización histórica; y busca su promoción en los diversos ámbitos de la actividad humana» (DCE, 19). Ahora bien, la enfermedad como condición de deterioro del organismo humano, plantea situaciones más concretas en las que el misionero se enfrenta, además del sufrimiento, a determinadas limitaciones físicas. «Vivir es, para todo hombre, algo más que una tarea biológica. No se vive, simplemente, porque se vegeta. Vivir es hacerse presente en el mundo y para los demás. Es moverse. Es tener ilusiones. Es soñar. Es... participar en la tarea de 34

Se ha hablado de la universalidad del sufrimiento, aspecto inherente a la naturaleza humana; de igual forma se presenta el dolor, reafirmando nuestra vulnerabilidad. Pero, resulta innegable que hay males exclusivos de determinados sectores sociales, que, de alguna manera, reafirman la desigualdad y la injusticia. Son enfermedades que afectan a millones de personas en el mundo, y están asociadas con la pobreza, el aislamiento geográfico de las poblaciones, la estigmatización social, insuficiencia de recursos políticos y financieros para su control, escasos fármacos y métodos de diagnóstico.

4 Vico, J. (1981). Profetas en el dolor (p. 13). Ediciones Paulinas. España.

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Incluso, en el ámbito de la salud están catalógadas como Enfermedades Infecciosas Desatendidas (EID), son aquellas que «afectan, principalmente, a las poblaciones que viven en condiciones aisladas y socioeconómicas de pobreza. Estas enfermedades, por su naturaleza crónica y silenciosa, aquejan con frecuencia a comunidades con voz política débil. Lo anterior se traduce en muy poca atención o prioridad política; lo que se refleja en mínimas e insuficientes acciones de prevención, vigilancia y control. También ocurren entre individuos y familias con viviendas precarias y sin capacidad de satisfacer las necesidades de servicios básicos como agua saludable y saneamiento mejorado» (Kenyon, Catalá, Grados-Zavala, Gonzálvez y Gerardo, 2014)5. Es en estos casos cuando las enfermedades más que un problema de salud, se vuelven un problema social. En una época donde se tiene casi todo el conocimiento y los recursos necesarios para combatir la mayoría de las enfermedades, ¿es aceptable que haya individuos, grupos y países donde, como dijo el poeta Giacomo Leopardi, «el nacimiento mismo es un riesgo de muerte»? «Y que cuando ese riesgo ha sido vencido, se encuentran otros y por tanto se vive sólo un tercio o la mitad de los años que disfrutan los privilegiados», ¿cómo definir este fenómeno, sino como un crimen contra la humanidad? Al crecimiento exponencial de la desigualdad también se le puede dar otras interpretaciones. Ralph Dahrendorf, por ejemplo, ha escrito que: «En las últimas dos décadas el mundo en general se ha hecho más rico, pero mientras algunos países han logrado grandes resultados económicos, otros se han quedado atrás, en parte, porque un clima de igualdad no promueve la tendencia hacia un desarrollo dinámico e innovador». Jeffrey Sachs, en 5 Kenyon, Catalá, Grados-Zavala, Gonzálvez y Gerardo. (2014). El camino a la eliminación: un panorama de las enfermedades infecciosas desatendidas en América Latina y el Caribe. Revista Peruana de Medicina Experimental y Salud Pública. Perú. Recuperado el 5 de noviembre de 2019 de https://www.scielosp.org/article/ssm/content/raw/?resource_ ssm_path=/media/assets/rpmesp/v31n2/a20v31n2.pdf

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su libro El fin de la Pobreza, utiliza la misma fórmula: «Hace algunas generaciones, prácticamente todo el mundo era pobre pero casi todo el mundo ha sido dejado atrás» (Berlinguer, 2007)6. Hacer frente a la enfermedad y al sufrimiento en estos contextos conlleva ser misioneros comprometidos con la justicia, que sean la voz de aquellos que no la tienen. «Entre evangelización y promoción humana (desarrollo, liberación) existen efectivamente lazos muy fuertes. Vínculos de orden antropológico, porque el hombre que hay que evangelizar no es un ser abstracto, sino un ser sujeto a los problemas sociales y económicos. Lazos de orden teológico, ya que no se puede disociar el plan de la creación del plan de la redención que llega hasta situaciones muy concretas de injusticia, a la que hay que combatir y de justicia que hay que restaurar. Vínculos de orden eminentemente evangélico como es el de la caridad: 6 Berlinguer, G. (2007). Determinantes sociales de las enfermedades. Revista Cubana de Salud Pública. Recuperado el 5 de noviembre de 2019 de https://www.scielosp.org/scielo.php?pid=S086434662007000100003&script=sci_arttext&tlng=en

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MISIÓN Y PERSPECTIVA

en efecto, ¿cómo proclamar el mandamiento nuevo sin promover, mediante la justicia y la paz, el verdadero, el auténtico crecimiento del hombre? Nosotros mismos lo indicamos, al recordar que no es posible aceptar "que la obra de evangelización pueda o deba olvidar las cuestiones extremadamente graves, tan agitadas hoy día, que atañen a la justicia, a la liberación, al desarrollo y a la paz en el mundo. Si esto ocurriera, sería ignorar la doctrina del Evangelio acerca del amor hacia el prójimo que sufre o padece necesidad"» (EN, 31). En su carta Encíclica Centesimus Annus, el Papa Juan Pablo II, nos habla de la búsqueda de la justicia divina (cfr. Mt 6, 33) y la naturaleza de la misma, que «en su sentido más profundo constituye una verdadera virtud, pues valora que toda persona responsable debe tener en cuenta al prójimo». Por eso, los díscipulos misioneros no pueden ser indiferentes a la falta de la misma, es decir, donde hay injusticias; por ello, prestarán un servicio a la sociedad, «enseñando la verdad sobre la creación del mundo, que Dios ha puesto en las manos de los hombres para que lo hagan fecundo y más perfecto con su trabajo, y predicando la verdad sobre la redención, mediante la cual el Hijo de Dios ha salvado a todos los hombres y al mismo tiempo los ha unido entre sí, haciéndolos responsables unos de otros» (51). La justicia, entendida como dar a cada uno según sus necesidades, es una regla fundamental; pues, cada hombre, igual en dignidad, debe ser respetado. Este «dar a cada uno según sus necesidades» se vuelve el objetivo de la justicia, pero, más allá, se vuelve catalizador para la caridad cristiana, entendida como la solidaridad con los más necesitados, así como el compromiso con la plena libertad, la justicia y la dignidad humana; cabe mencionar que es en la caridad donde radica la vocación social del hombre (cfr. 1Co, 13). «Trabajen los cristianos y colaboren con los demás hombres en la recta ordenación de los asuntos económicos y sociales. Entréguense con especial cuidado a la educación de los 36

niños y de los adolescentes por medio de las escuelas de todo género, que hay que considerar no solo como medio excelente para formar y atender a la juventud cristiana, sino como servicio de gran valor a los hombres, sobre todo de las naciones en vías de desarrollo, para elevar la dignidad humana y para preparar unas condiciones de vida más favorables. Tomen parte, además, los fieles cristianos en los esfuerzos de aquellos pueblos que, luchando con el hambre, la ignorancia y las enfermedades, se esfuerzan en conseguir mejores condiciones de vida y en afirmar la paz en el mundo» (AG, 12).

El misionero: aliviador como Jesús Entre los diferentes significados que puede tener la palabra aliviar, de acuerdo con la Real Academia Española, encontramos los siguientes: aligerar (hacer menos pesado). Quitar a alguien parte del peso que sobre él carga. Disminuir o mitigar las enfermedades, las fatigas del cuerpo o las aflicciones del ánimo. El misionero consagrado se prepara para llevar el Evangelio, su formación integral lo Enero - Febrero 2020


Para Lucas en un mundo politeísta, lo primero no consistía en anunciar algo, sino en mostrarlo.

El alivio forma parte del derecho a una vida digna. Quien padece una enfermedad además de padecer los dolores físicos que esta conlleva también sufre a un nivel psíquico; por ello, necesita un tratamiento médico pero también la escucha y el acompañamiento de alguien dispuesto a estar con él.

dota de las herramientas esenciales para hacer frente a la realidad que se le presenta. Sin embargo, es inevitable que ante la cruda realidad, se tengan que reconocer las limitaciones. Los profesionales de la salud, misioneros desde su trinchera, haciendo uso de la ciencia y la técnica, misma que también tiene sus límites, se encargan de brindar la curación al enfermo. De acuerdo con Daniel Callahan7, los fines de la medicina del siglo XXI consisten en; a) la prevención y lucha contra las enfermedades; y b) cuando, a pesar de todos los esfuerzos, se aproxime la muerte, aliviar en lo posible el sufrimiento de los enfermos y sus familiares, y ayudar a que las personas mueran en paz. «El artículo de Callahan constituye, sin duda, una buena síntesis del denominado Informe Hastings, que tal vez podría, a su vez, resumirse en la frase de Cassell: “Los que sufren no son los cuerpos, son las personas”»8.

Jesús curaba y este mismo don fue otorgado a la Iglesia (cfr. Mc 16, 17-18; Hch 3, 4-8; 14, 8-11). «La tarea de la Iglesia, que sabe que debe mirar a los enfermos con la misma mirada llena de ternura y compasión que su Señor, responde a este don de Jesús. La pastoral de la salud sigue siendo, y siempre será, una misión necesaria y esencial que hay que vivir con renovado ímpetu tanto en las comunidades parroquiales como en los centros de atención más excelentes. No podemos olvidar la ternura y la perseverancia con las que muchas familias acompañan a sus hijos, padres y familiares, enfermos crónicos o discapacitados graves. La atención brindada en la familia es un testimonio extraordinario de amor por la persona humana que hay que respaldar con un reconocimiento adecuado y con unas políticas apropiadas. Por lo tanto, médicos y enfermeros, sacerdotes, consagrados y voluntarios, familiares y todos aquellos que se comprometen en el cuidado de los enfermos, participan en esta misión eclesial. Se trata de una responsabilidad compartida que enriquece el valor del servicio diario de cada uno» (Papa Francisco, 2017)9.

7 Callahan, D. (2000) Death and the research imperative. N Engl J Med; 324: 654-6.

boteo, J., Limonero, J., López-Postigo, M., Sirgo, A., Viel, S. (2009). Elaboración y propuesta de un instrumento para la detección de malestar emocional en enfermos al final de la vida. Revista Psicooncología Vol. 6, núm. 2-3, pp. 507.

8 Maté, J., Mateo, D., Bayés, R., Bernaus, M., Casas, C., Gozález-Bar-

9 Papa Francisco, Mensaje para la XXVI Jornada Mundial del Enfermo.

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MISIÓN Y PERSPECTIVA

En nosotros, los bautizados, está aliviar en lo posible el sufrimiento, de hecho una de las obras de misericordia es visitar a los enfermos; para, de esta forma, manifestar la cercanía que ellos necesitan sentir. Cada uno de nosotros ha experimentado un gran alivio en medio de la enfermedad cuando se acerca nuestra madre con una sonrisa o cuando un amigo viene a darnos un saludo. A veces, la sola presencia, una simple palabra, basta para hacer más ligero el peso de quien sufre. «La manera como trata una comunidad a sus enfermos pone de manifiesto la cultura de su vida comunitaria»10. «La memoria de la larga historia de servicio a los enfermos es motivo de alegría para la comunidad cristiana y especialmente para aquellos que realizan ese servicio en la actualidad. Sin embargo, hace falta mirar al pasado sobre todo para dejarse enriquecer por el mismo. De él debemos aprender: la generosidad hasta el sacrificio total de muchos fundadores de institutos al servicio de los enfermos; la creatividad, impulsada por la caridad, de muchas iniciativas emprendidas a lo largo de los siglos; el compromiso en la investigación científica, para proporcionar a los enfermos una atención innovadora y fiable» (Papa Francisco, 2017)11.

Conclusión Como cristianos, la enfermedad nos interpela; amar a nuestro prójimo implica dejar de lado sus creencias, olvidarnos de su procedencia, no distinguir su color de piel ni mirar dentro de su cartera. Para amarlo basta con reconocer en él la presencia de Dios y aceptarlo como nuestro hermano. Y este amor que le profesamos, paciente y bondadoso, nos induce a dejar de lado la pasividad para poner en práctica la misericordia con todos cuando están necesitados de ella, con los enfermos.

Como misioneros, la enfermedad se presenta ante nosotros como un reto. Seguir a Cristo no es fácil, el camino del cristiano está colmado de obstáculos que a su vez se presentan como oportunidades para dar un auténtico testimonio de fe. El recorrido no lo hacemos solos, allí, justo a lado, está mi prójimo, caminando, guiando y siguiendo mis pasos, expectante, reclamando mi atención; señalando no solo sus limitaciones, sino también las injusticias de las que ha sido víctima. Por ello, nuestra misión, específicamente con los enfermos, más allá de limitarse a llevar la Buena Nueva solo con palabras, deberá incluir un itinerario en el que nos comprometamos con la promoción de una vida más digna y una sociedad más justa y equitativa. Reconocer que, si bien, no nos es posible llevar con nosotros una cura definitiva, sí somos capaces de brindar alivio. «Indudablemente, la enfermedad y el sufrimiento son un límite y una prueba para la mente humana. Mas, a la luz de la Cruz de Cristo, son un momento privilegiado de crecimiento en la fe y un instrumento precioso para contribuir, en unión con Jesús Redentor, a la realización del proyecto divino de la salvación» (Juan Pablo II, 1997)12.

10 Grün, A. (2001). La Unción de los enfermos (p. 5). San Pablo. España. 11 Papa Francisco, Mensaje para la XXVI Jornada Mundial del Enfermo.

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12 Papa Juan Pablo II, Mensaje para la V Jornada Mundial del Enfermo.

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TESTIMONIOS MISIONEROS por Hna. María Celina Mota Campos, CVI Congregación de Religiosas del Verbo Encarnado

Hacer presente a Jesús, Verbo Encarnado La Hna. María Celina Mota Campos, CVI, nació en Momax, Zacatecas, en junio de 1947. Como Religiosa del Verbo Encarnado ha servido a Dios y a la Iglesia durante ya 50 años con un profundo espíritu misionero, a través de la Educación, la Formación religiosa y la Pastoral Misionera en México, Guatemala y El Salvador. En este artículo ella nos comparte lo que ha sido la vivencia de su vocación religiosa y misionera que ahora vive unida a la Pasión de Cristo, ya que perdió la vista.

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uerido lector, lo primero que quisiera decirte es que, en cualquier lugar en donde haya una Religiosa del Verbo Encarnado, encontrarás una misionera, porque cada una de ellas es una enviada a hacer presente a Jesús, Verbo Encarnado, hoy, en palabras de nuestra fundadora; para ser como una extensión de la Encarnación.

Como verás, el Señor Jesús ha sido tan misericordioso conmigo, que me ha regalado esta vocación misionera, y con mucho gusto desde mi pequeñez y pobreza, te comparto algo de la vivencia de esta vocación. 40

Hace ya mucho tiempo fui enviada a una misión en Oaxaca, querida región de nuestra Patria, en donde te puedo decir que tuve una escuela de misiones. Ahí aprendí cosas muy importantes y fundamentales para una vida misionera, como es el descubrir, valorar, respetar diferentes culturas, tradiciones, costumbres, etc. ¿Dónde lo aprendí? en el contacto con la gente, con las comunidades, participando en sus fiestas, celebraciones, acompañando en sus expresiones propias, sobre todo religiosas, aprendiendo a descubrir las «semillas del Verbo» presentes en tantas de estas expresiones. También otro aspecto de esta escuela de misión fue la colaboración en la formación de agentes de pastoral, constatar el deseo de Dios que hay en tantas de estas personas sencillas y muy abiertas a Dios. Gocé mucho al ir de una comunidad a otra llevando el mensaje de Jesús, Verbo Encarnado. Otra experiencia muy hermosa fue mi tiempo compartido con la gente de Guatemala: nueva experiencia de contacto, sobre todo Enero - Febrero 2020


dio de este ambiente tan delicado y difícil, la gente ve la escuela como una luz de esperanza, pues los niños viven otro ambiente dentro de ella y prefieren estar en la escuela que salir de ella, van viviendo en convivencia alegre.

con personas indígenas con las cuales, como te dije antes, por mi vivencia en Oaxaca, se me facilitó ese descubrir al Señor en esas culturas ricas y preciosas. El contacto con niños, jóvenes y adultos, todo era oportunidad de encontrar al Señor. Cuánto gozo me proporcionaba, por ejemplo el ir por los caminos llevando a Jesús Eucaristía para los enfermos o cuando se trataba de estar en una comunidad por una semana o dos de misión gozar de esa presencia Eucarística. En El Salvador, en la comunidad llamada Mejicanos, el Señor me regaló la gracia de conocer un poco esa realidad a través del servicio que la Iglesia nos pidió: atender un Centro Escolar Católico llamado Tepeyac, que está ubicado en uno de los lugares más riesgosos por la presencia de las maras, es realmente una situación muy difícil en la que viven todas las familias: muy pobre en todos los aspectos: social, moral, económico, religioso, etc. Se vive en un ambiente de mucho miedo e inseguridad. Tenemos la oportunidad de acompañar, atender a muchos niños, jóvenes y a sus familias (muchos de ellos familiares de los mareros). En meEnero - Febrero 2020

Actualmente el Señor me ha regalado una nueva experiencia igualmente misionera: me está compartiendo su cruz misionera, quizá la más fuerte, no sabría decir… se trata de vivir la misión, ahora desde esa cruz redentora y misionera de Jesús, que me está compartiendo pues me regala el privilegio de vivir con más conciencia en su presencia de amor; pues perdí la vista, y esto me ha hecho experimentar que es verdad que el único Misionero es Él y que nos hace la gracia de participarnos de esa misión suya en todos los momentos de nuestra vida de diferente manera y que ahora me atrae a la unión con Él desde su Cruz para que esté con Él y le hable del mundo, de mis hermanos los hombres y mujeres de todas sus necesidades, inquietudes, anhelos… He sido y soy inmensamente feliz en mi vida consagrada, en mi vida misionera porque realmente ha sido un enorme privilegio el que ha hecho conmigo y lo sigue haciendo, pensar que en Él, estoy en el mundo y que desde su Eucaristía en donde me hace el favor de que le acompañe, puedo decirlo convencida de esto: «que estoy con Él y en Él para ser su misionera en el mundo», ¿cómo no ser feliz, cómo no estar muy agradecida con este Verbo Encarnado Misionero que me hace el gran favor de tenerme unida a su misión? María, Madre y Reina de las Misiones, interceda por nosotros para que estemos siempre dispuestos a colaborar con Jesús en su Iglesia Misionera. «Alabado sea el Verbo Encarnado, para siempre». 41


ESPIRITUALIDAD MISIONERA

Congregación para la Evangelización de los Pueblos

Iglesia y movimientos eclesiales por: Congregación para la evangelización de los Pueblos

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y movimientos eclesiales1 Los movimientos en la Iglesia están llamados a reflejar el Misterio de ese amor del que nació la Iglesia y que se genera continuamente, pues en el seno de la Iglesia, pueblo de Dios, expresan ese múltiple movimiento que es la respuesta del hombre a la revelación y al Evangelio de Jesús. La Iglesia misma como movimiento, nacida del amor eterno del Padre, a través de la misión del Hijo y del Espíritu, está inscrita en la historia del hombre y de las comunidades humanas. La Iglesia vuelve a proponer a la libertad del hombre contemporáneo el acontecimiento de Jesús: su misión parte de la conciencia de que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Deus caritas est, 1). El movimiento del amor del Dios Trinidad hacia nosotros pone en movimiento su creación para la salvación. Todo y todos los movimientos de y en la Iglesia reflejan y manifiestan esta lógica trinitaria a través de dones espirituales carismáticos.

1 Congregación para la Evangelización de los Pueblos, Obras Misionales Pontificias (2019). Bautizados y Enviados: La Iglesia de Cristo en Misión en el Mundo. Milán, Italia.

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el vínculo entre la Iglesia y la misión, san Juan Pablo II nos ha legado una primera luz significativa sobre la naturaleza de los movimientos. Estos solo son comprensibles dentro de la misión de la Iglesia: de hecho, nacieron para la misión de la Iglesia. Efectivamente, su aparición se puede relacionar en gran medida con el Concilio Vaticano II, que ha propuesto enérgicamente la naturaleza misionera de la Iglesia. El dinamismo del crecimiento de la Iglesia y, por analogía, de los movimientos eclesiales, debe ser portador de un mensaje de salvación y de un encuentro hasta los confines del mundo, evitando cualquier autorreferencialidad y exclusivismo.

El carisma, don del Espíritu Santo y origen de cualquier movimiento eclesial, es reconocido y afirmado como el camino que lleva a Jesús, como una actualización histórica y concreta de esa pedagogía con la que Dios continuamente y de muchas maneras revive y guía el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. El Espíritu, que instruye y dirige a la Iglesia, la rejuvenece y la renueva con dones jerárquicos y carismáticos enraizados Enero - Febrero 2020


en la experiencia de la Pascua de Jesús, conduciéndola a la unión perfecta con su esposo (cf Lumen gentium, 4). Por lo tanto, la fidelidad al carisma fundacional, continuamente confirmada, aumentará el poder misionero inherente a los movimientos, haciéndolos más adecuados para servir a la Iglesia para la salvación del mundo. Estos dos elementos, la misión de la Iglesia y el carisma de la fundación, representan la invitación constante a vivir la universalidad de la Iglesia, a cuyo servicio están disponibles los movimientos eclesiales. Este es el desafío de la catolicidad: de hecho, en ella, los movimientos están destinados a crecer o disminuir de acuerdo con la voluntad de Dios para la misión en el mundo. La catolicidad, en este contexto, significa la capacidad de vivir el carisma sin parcializarlo, sino manteniéndolo en relación con todas las implicaciones del misterio de Cristo que ofrece la Iglesia. Sin embargo, la catolicidad también indica la energía con la que testimoniar, en el cambio de la propia vida, la centralidad de Cristo para cualquier hombre. El mundo, de hecho, como recientemente ha enfatizado el papa Francisco, «necesita el Evangelio de Jesucristo como algo esencial. Él, a través de la Iglesia, continúa su misión de buen samaritano, curando las heEnero - Febrero 2020

ridas sangrantes de la humanidad, y de buen pastor, buscando sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin una meta» (Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2017, 4 de junio de 2017). Esta es la razón por la cual la Iglesia, el pueblo de Dios que camina con la historia, encontrando siempre nuevas realidades y condiciones humanas muy distintas, desea anunciarles la Buena Nueva de manera concreta, comprensible y convincente. Evangelizar de manera misionera en la actualidad no solo significa irse a continentes lejanos, sino penetrar en los ambientes de la vida cotidiana que, con las transformaciones de la sociedad, adquieren características y presentan cada día desafíos nuevos. En estos lugares es donde queremos demostrar cómo el encuentro con Jesús hace que la vida del hombre sea nueva y le permite caminar hacia su plena realización. La gran novedad del Concilio es subrayar cómo esta tarea pertenece a todos los fieles bautizados y es posible gracias a la variedad carismática de los movimientos eclesiales. En este sentido, el único verdadero protagonista de la misión es Cristo, que quiere conocer a la persona 43


ESPIRITUALIDAD MISIONERA

por parte de la autoridad eclesiástica, los movimientos pueden alcanzar la madurez en la que la misión de la Iglesia se convierte en algo esencial para que los carismas se mantengan vivos y fecundos. El compromiso misionero, en el encuentro con el otro, se convierte en una posibilidad de educación y de crecimiento para los propios movimientos, oportunidades para profundizar el don carismático recibido. Aunque la jerarquía no posee el monopolio de los carismas, posee el carisma del discernimiento y de la ordenación de todos los carismas para el bien común de la Iglesia. La referencia filial al Papa y a los obispos de los movimientos no debe menoscabar su servicio carismático de apertura y ampliación de los horizontes eclesiales hacia todas aquellas experiencias y condiciones humanas que, de diferentes maneras, interpelan a la misión de la Iglesia.

en su propia historia y educarla en la fe de la comunidad cristiana. Los movimientos eclesiales corresponden a la superabundante riqueza creativa de Dios en el encuentro de cada uno de acuerdo con las diferentes y variopintas situaciones humanas, culturas, lenguajes y sensibilidades. La forma en que los movimientos eclesiales han sido llamados a vivir esta misión asume con el tiempo la forma de la invitación a construir la civilización de la verdad y el amor. Esto requiere un método de educación de personalidades maduras, discípulos misioneros capaces de penetrar con la fe todas las condiciones posibles del hombre. Las Escrituras, la fe, los sacramentos, la comunión y la obediencia (cf Lumen gentium, 14) representan elementos fundamentales para evaluar la adecuada autenticidad eclesial de los movimientos y su eficacia misionera. En particular, concluida la fase de fundación y cumplido el reconocimiento 44

Con respecto al problema pastoral de integrar la acción de los movimientos en la actividad ordinaria de la Iglesia, no podemos esperar resolverlo a través de estrategias eclesiásticas o simples planificaciones canónicas y pastorales. Es preciso mirar más bien al Espíritu, para ver lo que inspira en la vida de la Iglesia, para ver dónde la justa relación misionera entre la Iglesia y el mundo se manifiesta concretamente y comienza a dar sus frutos. La respuesta a esta tensión no es un proyecto humano, sino una iniciativa del Espíritu dentro del dinamismo de la misión de la Iglesia. La vocación personal, la familia basada en el matrimonio, la cultura, el trabajo y la economía, el cuidado integral de la vida humana, la justicia social, la paz y el respeto por el medio ambiente, son todos lugares de verdadera confrontación y de discernimiento pastoral donde pueden encontrar una auténtica conversión misionera inútiles tensiones y contrastes. Es en la misión y en el esfuerzo de servirla donde todas las relaciones eclesiales, sacramentales y carismáticas, las Iglesias locales, las parroquias y los movimientos eclesiales, están invitadas a expresar su verdadera voluntad de servir a la llamada Enero - Febrero 2020


universal a la santidad, común a todos los hombres y mujeres que anhelan la salvación. Al principio, san Juan Pablo II recordó a las jóvenes realidades de los movimientos que construyesen formas más auténticas de relación con la vida ordinaria de la Iglesia. La relación a menudo problemática entre las Iglesias diocesanas y las parroquias, por un lado, y los movimientos eclesiales y las asociaciones laicales libres, por otro lado, debe ajustarse dentro de la relación más amplia entre las Iglesias particulares y la Iglesia universal. La Iglesia particular se erige como una forma en que la Iglesia universal puede encontrar hombres históricamente ubicados, llegando a ellos en los distintos ámbitos de sus vidas. De hecho, la parroquia, el lugar más próximo a la vida cotidiana, está configurada originalmente como la expresión de esta Iglesia local. De esta manera, el acercamiento de Dios hacia el hombre se manifiesta históricamente, dentro del contexto social en el que vive: la única y total Iglesia de Cristo se particulariza. Visto en estos términos, la Iglesia universal y la Iglesia particular no son dos entidades diferentes, sino dos dimensiones de la única Iglesia de Cristo. Del mismo modo, los movimientos eclesiales se refieren a la Iglesia como tal, en su dimensión universal y particular. Ahora las cambiantes y siempre diferentes situaciones de la vida imponen un replanteamiento de la presencia y el testimonio cristianos. Por el lugar y el tiempo vivido en las propias casas, la parroquia aún mantiene su precioso valor de comunidad en el que la fe se transmite, se vive y se sostiene gracias a la centralidad de la celebración eucarística. Por otro lado, sin embargo, se requiere un mayor dinamismo personal y una mayor creatividad en la evangelización: es la persona que vive en los diferentes y fragmentados entornos quien debe atestiguar en ellos la fe. Para la parroquia, la tarea de transmitir la fe y el acompañamiento de la persona requiere una creciente y desafiante Enero - Febrero 2020

La Iglesia misma como movimiento, nacida del amor eterno del Padre, a través de la misión del Hijo y del Espíritu, está inscrita en la historia del hombre y de las comunidades humanas.

apertura y comunión con todas las realidades eclesiales que lo hacen posible en los lugares de estudio, de trabajo, de compromiso público y social. Las parroquias y los movimientos, en la comunión de las Iglesias particulares en la Iglesia universal, están llamados a colaborar, según sus propios deberes, con la única misión de la Iglesia. Por un lado, los movimientos pueden llegar a hombres y mujeres en el entorno de la vida de acuerdo con la sensibilidad espiritual de cada persona. Por otro lado, la parroquia ofrece la presencia de Dios entre las casas y salvaguarda la universalidad de un anuncio de salvación que se dirige a todos sin discriminación, gracias al territorio en el que simplemente residimos. El movimiento frenético de la vida contemporánea, la velocidad digital de las conexiones, junto con las migraciones masivas y los movimientos de los pueblos, requieren que la Iglesia esté presente en todas partes, sea flexible y esté siempre en camino. La flexibilidad apostólica y las nuevas formas de vida comunitaria generadas por los carismas de los movimientos eclesiales parecen corresponder a estos nuevos rasgos de culturas posmodernas y digitales en el centro de las cuales hay una gran preocupación por las emociones y los sentimientos de los sujetos humanos. La libertad del Espíritu en la creatividad de los movimientos eclesiales, de las asociaciones laicas y de las nuevas comunidades de vida cristiana responde a los nuevos desafíos del anuncio y del testimonio cristianos. 45


LA VOZ DE NUESTROS PASTORES por:

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Felipe Arizmendi Esquivel, Obispo Emérito de SCLC

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La Teología India Avanza Información de www.cem.org.mx

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l 26 de julio de 2004, el cardenal Joseph Ratzinger, luego Benedicto XVI, entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, escribió al cardenal Fco. Javier Errázuriz, que era el Presidente del CELAM, indicándole que era necesario «proseguir el camino de profundización de los contenidos doctrinales de la Teología India, para avanzar en su clarificación a la luz de la Palabra de Dios y del Magisterio de la Iglesia». Así se ha hecho, con la asesoría de un equipo nombrado por el CELAM, dentro del Departamento de Cultura y Educación, conformado por cinco obispos y cinco sacerdotes, religiosas y laicos de Paraguay, Brasil, Bolivia, Ecuador, Colombia, Guatemala y México. Uno de ellos, Mons. Octavio Ruiz, da su servicio en Roma, en el Dicasterio de la Nueva Evangelización. El CELAM me designó coordinador de este equipo. El cardenal Ratzinger nos decía que no debería repetirse en la Iglesia lo que pasó con la teología de la liberación, en que, por falta de diálogo y comunicación, hubo desentendidos y confrontaciones que nos dividieron.

Se han realizado seis simposios y se prepara el séptimo. Los dos primeros fueron para aclarar términos y alcances. El primero en Colombia, en 1997, y el segundo en Riobamba, Ecuador, en 2002. A partir del tercero, se han tocado temas fundamentales de nuestra fe, analizando qué tanto hay «semillas del Verbo», o frutos maduros de la vida y la acción de Dios en las culturas originarias de los pueblos de nuestra América, o posibles ausencias o contradicciones. El tercer simposio se hizo en Guatemala, en 2006, sobre Cristo en los pueblos indígenas. El cuarto en Lima, Perú, en 2011, sobre «La teología de la creación en la fe católica y en los mitos, ritos y símbolos de los pueblos originarios cristianos en América Latina». El Enero - Febrero 2020

quinto se realizó en San Cristóbal de Las Casas, en 2014, sobre Revelación de Dios y pueblos originarios. El sexto en Asunción, Paraguay, en 2017, sobre Trinidad, familia y pueblos originarios. Estamos preparando el séptimo, que será en Panamá, del 21 al 26 de septiembre de 2020, sobre «Espíritu Santo y pueblos originarios», con estos objetivos: Profundizar en la fe católica sobre el Espíritu Santo en sus diversas formulaciones dogmáticas y en sus expresiones culturales a lo largo de la historia. Escuchar, compartir y dialogar sobre el modo como viven los pueblos originarios el misterio del Espíritu. Discernir los signos de la presencia y de la acción del Espíritu en los diversos pueblos originarios. Ofrecer elementos y criterios teológicos para discernir y caminar juntos con los pueblos originarios en la experiencia del Espíritu. Compartir y celebrar la vivencia del Espíritu con expresiones propias de los pueblos originarios. Hemos pedido a la Congregación para la Doctrina de la Fe que imparta la conferencia inaugural sobre los «Caminos de la formulación doctrinal sobre el Espíritu Santo en la Tradición oriental y occidental. Convergencias y divergencias. Habrá otras dos conferencias. Una sobre “La acción del Espíritu Santo vivida y expresada por los 47


LA VOZ DE NUESTROS PASTORES

pueblos originarios”, y la otra sobre “Espíritu Santo: profecía, martirio y fiesta. Perspectivas de esperanza en los pueblos originarios». Después de cada conferencia, habrá unos paneles con «Testimonios de la presencia del Espíritu Santo» en algunas culturas, como mayense, kichwuas, amazónicas, náhuatl, wuayú, mapuche, kuna, guaraní y nükak. Estamos invitando a casi 80 participantes, los obispos responsables de esta pastoral en cada país y la mayoría nativos de estas culturas.

Pensar Dice el Concilio Vaticano II: «A la unidad de la Iglesia no se opone una cierta variedad de ritos y costumbres, sino que ésta más bien acrecienta su hermosura y contribuye al más exacto cumplimiento de su misión». Y agrega: «No hay que admirarse de que algunos aspectos del misterio revelado a veces se hayan captado mejor y se hayan expuesto con más claridad por unos que por otros, de manera que hay que reconocer que con frecuencia las diversas formulaciones teológicas, más que opuestas, son complementarias entre sí» (UR 15 y 16). «La Iglesia no pretende imponer una rígida uniformidad en aquello que no afecta a la fe o al bien de toda la comunidad, ni siquiera en la liturgia; por el contrario, respeta y promueve el genio y las cualidades peculiares de las distintas razas y pueblos. Estudia con simpatía y, si puede, conserva íntegro lo que en las costumbres de los pueblos encuentra que no esté indisolublemente vinculado a supersticiones y errores, y aun a veces los acepta en la misma liturgia, con tal de que se pueda armonizar con el verdadero y auténtico espíritu litúrgico» (SC 37). Y el Papa Francisco: «El cristianismo no tiene un único modo cultural. En los distintos pueblos, que experimentan el don de Dios según su propia cultura, la Iglesia expresa su genuina catolicidad y muestra la belleza de este rostro pluriforme. Toda cultura propone valores

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y formas positivas que pueden enriquecer la manera de anunciar, concebir y vivir el Evangelio» (EG 116). «No haría justicia a la lógica de la encarnación pensar en un cristianismo monocultural y monocorde. El mensaje revelado no se identifica con ninguna cultura y tiene un contenido transcultural. El mensaje que anunciamos siempre tiene algún ropaje cultural, pero a veces en la Iglesia caemos en la vanidosa sacralización de la propia cultura, con lo cual podemos mostrar más fanatismo que auténtico fervor evangelizador» (EG 117). «Una sola cultura no agota el misterio de la redención de Cristo» (EG 118).

Actuar A quienes no conocen esta teología, a quienes la ven con sospecha o menosprecio, les pedimos apertura para discernir la acción misteriosa del Espíritu en las culturas originarias, así como en las actuales y advenientes.

Enero - Febrero 2020


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