ISSN: 0185-8424
REVISTA AD GENTES. PUBLICACIÓN BIMESTRAL DE LAS OBRAS MISIONALES PONTIFICIO EPISCOPALES DE MÉXICO A.R. www.ompe.mx
Enero-Feb. 2022
$15.00 MXN
AÑO LIV No. 616
Misioneros en la ancianidad Jesús se encuentra en la persona enferma y su presencia es esperanza de vida. Para lograr una humanidad más fraterna tenemos que enfrentar varios retos que hoy se nos presentan como misión de todos.
Mensaje del director
Sólo si la vida es importante para nosotros sabremos cómo cuidarla y superar la indiferencia que nos envuelve. Pidamos esta gracia: vivir el año con el deseo de tomar en serio a los demás, de cuidar a los demás. Y si queremos un mundo mejor, que sea una casa de paz y no un patio de batalla, que nos importe la dignidad de toda mujer. De una mujer nació el Príncipe de la paz. Papa Francisco.
P. Antonio de Jesús Mascorro Tristán, MG
Estimados amigos de esta su revista misionera Ad gentes, desde la sede nacional de OMPE México les deseo un año lleno de bendiciones y salud, y los invito a que sigamos renovando el compromiso misionero experimentando, ante cualquier duda y adversidad, la paz y la misericordia de Dios. Que el Espíritu Santo llene nuestra vida, y la de nuestros seres queridos, de abundantes dones para disponerlos al servicio del prójimo. En esta ocasión les pido nos unamos a la intención de oración del Papa del mes de enero: Recemos para que todas las personas que sufren discriminación y persecución religiosa encuentren en las sociedades en las que viven el reconocimiento de sus derechos y la dignidad que proviene de ser hermanos y hermanas. Estamos próximos a celebrar la XLVIII Asamblea Nacional de Directores Diocesanos de Misiones, del 17 al 21 de enero y, Dios mediante, la estaremos realizando de forma presencial si las circunstancias sanitarias no cambian en nuestro país. Pido sus oraciones para que los responsables de las direcciones diocesanas de misiones lleguen con bien; que Dios cuide y bendiga su camino. De igual forma, el viernes 11 de febrero y el domingo 20 del mismo mes, estaremos celebrando la Jornada mundial del enfermo y el Domingo de la Infancia y Adolescencia Misionera, respectivamente. Que estas Jornadas las vivamos y celebremos con gran entusiasmo para que el anuncio del Evangelio llegue a todos los rincones de la tierra. Les comparto los lemas de cada Jornada para que vayan preparando las distintas actividades en su parroquia o en su comunidad: • Jornada mundial del enfermo: «El que lo vio da testimonio» (Jn 19, 35). • Domingo de la Infancia y Adolescencia Misionera (DOMINF): «Niños y Adolescentes, testigos alegres del Señor». El próximo año las Obras Misionales Pontificias en todo el mundo estaremos celebrando los 200 años de la fundación de la Propagación de Fe y, junto con ello, la beatificación de Paulina María Jaricot para el mes de mayo. Así mismo, la celebraciones se extienden gracias a que la Obra de la Infancia y Adolescencia Misionera y la Obra de San Pedro Apóstol, junto con la ya mencionada Propagación de la Fe, cumplirán 100 años de haber sido elevadas como Obras Pontificias el 3 de mayo de 1922 por el Papa Pío XI. Este carácter de Pontificias les confiere universalidad en la Iglesia, donde el carisma concretamente ad gentes surge como paradigma de toda la actividad eclesial. Sigamos, pues, orando por el caminar de nuestra amada Iglesia, para que, a través de la guía del Espíritu Santo, permanezcamos unidos en la fe, en el amor y en la entrega generosa a favor de la misión ad gentes. Los encomiendo a la Virgen María Reina de las Misiones para que los cuide siempre con su maternal cariño y su amor incondicional.
AÑO LIV NO. 616 ENERO · FEBRERO 2022
Propietario
OBRAS MISIONALES PONTIFICIO EPISCOPALES DE MÉXICO A.R. Director General
P. ANTONIO DE JESÚS MASCORRO TRISTÁN, MG Secretario de la Pontificia Obra de la PF
P. JOSÉ DE LA CRUZ HINOJOSA, MCCJ
BIBLIA Y MISIÓN
La Cruz, designio del amor de Dios
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Editora
DIANA MONROY RODRÍGUEZ Diseño
CLAUDIA B. CHÁVEZ RAMÍREZ COLABORADORES P. Antonio Bossetti, CMV Dr. Ricardo Orta, UDEM Esther Villafaña Marco Antonio Ureño Arriaga
AL SERVICIO DE LA MISIÓN
Unión de Enfermos Misioneros, al servicio de los que sufren
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ESPIRITUALIDAD MISIONERA Como ser testigos del Evangelio en el dolor de la enfermedad o en el umbral de la vida
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MISIÓN Y PERSPECTIVA
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Misioneros en la ancianidad
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Fotografía Págs: 14-23, 32-35 Cathopic Págs: 28-31 Vatican.va Págs: 42-45 CELAM
REVISTA AD GENTES, Año LIV, número 616, enero · febrero 2022, es una publicación bimestral impresa, distribuida por Obras Misionales Pontificio Episcopales de México, A. R., Prolongación Misterios No. 24, Col. Tepeyac Insurgentes. Delegación Gustavo A. Madero, C.P. 07020, Tel. (01 55) 57500544, www.ompe.mx, Editor responsable: Antonio de Jesús Mascorro Tristán, MG. Reserva de Derechos No. 04-2008-042412363000-102, ISSN: 0185-8424, Licitud de Título No. 12345. Licitud de Contenido No. 9908, ambos otorgados por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación, Permiso SEPOMEX No. PPO9-1848. Impresa por Editorial Esfuerzo S. A. de C. V. Esfuerzo 16-A, Col. Lázaro Cárdenas, C.P. 53560, Naucalpan de Juárez, Estado de México. Este número se terminó de imprimir el 15 de diciembre de 2021, con un tiraje de 10,000 ejemplares. El contenido de los artículos que aparecen en cada número es responsabilidad de los autores y no compromete la opinión de los editores.
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TESTIMONIOS MISIONEROS Trabajando por la Misión desde la Enfermedad
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LA VOZ DEL PAPA
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IGLESIA EN SALIDA
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La fe exhorta a la hospitalidad
Misioneros, artesanos de la fraternidad
TESTIMONIOS MISIONEROS
XVI CONAMI
LA VOZ DE NUESTROS PASTORES «Todos somos discípulos misioneros en salida»
CUADRO POR CUADRO
El lenguaje del corazón
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Editorial
En la antigua Roma, la crucifixión era un método de ejecución cuya finalidad no solo era dar muerte al condenado, sino también exponerlo a un sufrimiento indescriptible y público. Por lo tanto, era un instrumento en el que nadie quería pensar, nadie lo quería mirar. La paradoja cristiana de la cruz de Jesús revela el significado del sufrimiento, inevitable, de la condición humana, abriéndolo a su dimensión más profunda y a la posibilidad de una total entrega de la vida. El Papa Francisco nos dice, «el Evangelio de san Juan nos toma de la mano y nos ayuda a entrar en este misterio. El evangelista, de hecho, estaba justo allí, al pie de la cruz. Contempla a Jesús, ya muerto, colgado del madero, y escribe: “El que lo vio da testimonio” (Jn 19, 35). San Juan ve y da testimonio» (Papa Francisco, 2021). San Juan, a través de todo el sufrimiento, vio la obra redentora de Dios; reconoció en Cristo crucificado la gloria de Dios. Vio que Él, a pesar de las apariencias, no era un fracasado, sino que era Dios que voluntariamente se ofrecía por todos los hombres y da testimonio de ello. Más complicado que reconocer a Cristo en el hermano que sufre es ver la gloria de Dios en el propio sufrimiento y desde el sufrimiento dar testimonio. Pero, si se ahonda la mirada en Jesús, su rostro comienza a reflejarse en el nuestro, sus rasgos se vuelven los nuestros, el amor de Cristo nos conquista y nos transforma. El mundo necesita testigos, necesita escuchar la Palabra que da esperanza, que da vida. Recordemos que la misión es de todos los bautizados, en todas las circunstancias, lo cual implica ser misioneros en la enfermedad y el sufrimiento. «Indudablemente, la enfermedad y el sufrimiento son un límite y una prueba para la mente humana. Mas, a la luz de la Cruz de Cristo, son un momento privilegiado de crecimiento en la fe y un instrumento precioso para contribuir, en unión con Jesús Redentor, a la realización del proyecto divino de la salvación» (Juan Pablo II, 1997).
BIBLIA Y MISIÓN Catequesis del Papa san Juan Pablo II
La Cruz, designio del amor de Dios En la misión mesiánica de Jesús hay un punto culminante y central: Cristo fue enviado por Dios al mundo para llevar a cabo la redención del hombre mediante el sacrificio de su propia vida. Este sacrificio debía tomar la forma de un despojarse de sí en la obediencia hasta la muerte en la cruz: una muerte que, en opinión de sus contemporáneos, presentaba una dimensión especial de ignominia.
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Tiziano. (1576). La Piedad
n toda su predicación, en todo su comportamiento, Jesús es guiado por la conciencia profunda que tiene de los designios de Dios sobre su vida y su muerte en la economía de la misión mesiánica, con la certeza de que esos designios nacen del amor eterno del Padre al mundo, y en especial al hombre.
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Si consideramos los años de la adolescencia de Jesús, dan mucho que pensar aquellas palabras del Niño dirigidas a María y a José cuando lo encontraron en el templo de Jerusalén: «¿No sabíais que yo debía ocuparme de las cosas de mi Padre?». ¿Qué tenía en su mente y en su corazón? Podemos deducirlo de otras muchas expresiones de su pensamiento durante toda su vida pública. Desde los comienzos de su actividad mesiánica, Jesús insiste en inculcar a sus discípulos la idea de que «el Hijo del Hombre... debe sufrir mucho» (Lc 9, 22), es decir, debe ser «reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días» (Mc 8, 31). Pero todo esto no es solo cosa de los hombres, no procede solo de su hostilidad frente a la persona y a la enseñanza de Jesús, sino que constituye el cumplimiento de los designios eternos de Dios, como lo anunciaban las Escrituras que conteEnero - Febrero 2022
En toda su predicación, en todo su comportamiento, Jesús es guiado por la conciencia profunda que tiene de los designios de Dios sobre su vida y su muerte en la economía de la misión mesiánica.
nían la revelación divina. «¿Cómo está escrito del Hijo del Hombre que sufrirá mucho y que será despreciado?» (Mc 9, 12).
Murillo, B. (1677). Cristo crucificado.
Cuando Pedro intenta negar esta eventualidad («... de ningún modo te sucederá esto»: Mt 16, 22), Jesús le reprocha con palabras muy severas: «¡Quítate de mí vista, Satanás!, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres» (Mc 8, 33). Impresiona la elocuencia de estas palabras, con las que Jesús quiere dar a entender a Pedro que oponerse al camino de la cruz significa rechazar los designios del mismo Dios. Satanás es precisamente el que desde el principio se enfrenta con lo que es de Dios.
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Así, pues, Jesús es consciente de la responsabilidad de los hombres frente a su muerte en la cruz, que Él deberá afrontar debido a una condena pronunciada por tribunales terrenos; pero también lo es de que por medio de esta condena humana se cumplirá el designio eterno de Dios: lo que es de Dios, es decir, el sacrificio ofrecido en la cruz por la redención del mundo. Y aunque Jesús (como el mismo Dios) no quiere el mal del deicidio cometido por los hombres, acepta este mal para sacar de él el bien de la salvación del mundo. Tras la resurrección, caminando hacia Emaús con dos de sus discípulos sin que éstos lo reconocieran, les explica las Escrituras del Antiguo Testamento en los siguientes términos: «¿No era necesario que el Cristo padeciera esto y entrara así en su gloria?» (Lc 24, 26). Y con motivo de su último encuentro con los Apóstoles declara: «Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí» (Lc 24, 44). 5
BIBLIA Y MISIÓN
A la luz de los acontecimientos pascuales, los Apóstoles comprenden lo que Jesús les había dicho anteriormente. Pedro, que, por amor a su Maestro, pero también por no haber entendido las cosas, parecía oponerse de un modo especial a su destino cruel, hablando de Cristo dirá a sus oyentes de Jerusalén el día de Pentecostés: «El hombre... que fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios; a ése vosotros lo matasteis clavándole en la cruz por mano de impíos» (Hch 2, 22-23). Y volverá a decir: «Dios dio cumplimiento de este modo a lo que había anunciado por boca de todos los Profetas: que su Cristo padecería» (Hch 3, 18).
descritos por los Evangelios, sigue siendo un misterio que la razón humana no puede explicar de manera exhaustiva. En este espíritu, el Apóstol Pablo se expresar con aquella paradoja extraordinaria: «Porque la necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que la fuerza de los hombres» (1Co 1, 25). Estas palabras de Pablo sobre la cruz de Cristo son reveladoras. Con todo, aunque es verdad que al hombre le resulta difícil encontrar una respuesta satisfactoria a la pregunta «¿por qué la cruz de Cristo?», la respuesta a este interrogante nos la ofrece una vez más la Palabra de Dios.
La pasión y la muerte de Cristo habían sido anunciadas en el Antiguo Testamento, no como final de su misión, sino como el paso indispensable requerido para ser exaltado por Dios. Lo dice de un modo especial el canto de Isaías, hablando del Siervo de Yahvé, como Varón de dolores: «He aquí que prosperará mi Siervo, será enaltecido, levantado y ensalzado sobremanera» (Is 53, 13). Y el mismo Jesús, cuando advierte que «el Hijo del Hombre... será matado», añade que «resucitará al tercer día» (cf. Mc 8, 31).
Jesús mismo formula la respuesta: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna» (Jn 3 16). Cuando Jesús pronunciaba estas palabras en el diálogo nocturno con Nicodemo, su interlocutor no podía suponer aun probablemente que la frase «dar a su Hijo» significaba «entregarlo a la muerte en la cruz». Pero Juan, que introduce esa frase en su Evangelio, conocía muy bien su significado. El desarrollo de los acontecimientos había demostrado que ése era exactamente el sentido de la respuesta a Nicodemo: Dios ha dado a su Hijo unigénito para la salvación del mundo, entregándolo a la muerte de cruz por los pecados del mundo, entregándolo por amor: ¡Tanto amó Dios al mundo, a la creación, al hombre! El amor sigue siendo la explicación definitiva de la redención mediante la cruz. Es la única respuesta a la pregunta ¿por qué? a propósito de la muerte de Cristo incluida en el designio eterno de Dios.
Tiziano. (1576). Cristo coronado de espinas.
Nos encontramos, pues, ante un designio de Dios que, aunque parezca tan evidente, considerado en el curso de los acontecimientos
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El autor del cuarto Evangelio, donde encontramos el texto de la respuesta de Cristo a Nicodemo, volverá sobre la misma idea en una de sus Cartas: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados» (1Jn 4, 10).
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Tintoretto, J. (1567). Cristo ante Pilato.
«Todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, y son justificados por el don de su gracia en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús... en su sangre» (Rm 3, 23-25). Dios demuestra así que no desea contentarse con el rigor de la justicia, que, viendo el mal, lo castiga, sino que ha querido triunfar sobre el pecado de otro modo, es decir, ofreciendo la posibilidad de salir de él. Dios ha querido mostrarse justo de forma positiva, ofreciendo a los pecadores la posibilidad de llegar a ser justos por medio de su adhesión de fe a Cristo Redentor. De este modo, Dios «es justo y hace justos» (Rm 3, 26). Lo cual se realiza de forma desconcertante, pues «a quien no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él» (2Co 5, 21).
Se trata de un amor que supera incluso la justicia. La justicia puede afectar y alcanzar a quien haya cometido una falta. Si el que sufre es un inocente, no se habla ya de justicia. Si un inocente que es santo, como Cristo, se entrega libremente al sufrimiento y a la muerte de cruz para realizar el designio eterno del Padre, ello significa que, en el sacrificio de su Hijo, Dios pasa en cierto sentido más allá del orden de la justicia, para revelarse en este Hijo y por medio de Él, con toda la riqueza de su misericordia «Dives in misericordia» (Ef 2, 4) , como para introducir, junto a este Hijo crucificado y resucitado, su misericordia, su amor misericordioso, en la historia de las relaciones entre el hombre y Dios.
El que «no había conocido pecado», el Hijo consubstancial al Padre, cargó sobre sus hombros el yugo terrible del pecado de toda la humanidad, para obtener nuestra justificación y santificación. Este es el amor de Dios revelado en el Hijo. Por medio del Hijo se ha manifestado el amor del Padre «que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros» (Rm 8, 32). A entender el alcance de las palabras «no perdonó», puede ayudarnos el recuerdo del sacrificio de Abraham, que se mostró dispuesto a no «perdonar a su hijo amado» (Gn 22, 16); pero Dios lo había perdonado (22, 12). Mientras que, a su propio Hijo «no lo perdonó, sino que lo entregó» a la muerte por nuestra salvación.
Precisamente a través de este amor misericordioso, el hombre es llamado a vencer el mal y el pecado en sí mismo y en relación con los otros: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5, 7). «La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros», escribía San Pablo (Rm 5, 8).
De aquí nace la seguridad del Apóstol en que nadie ni nada, «ni muerte ni vida, ni ángeles... ni ninguna otra creatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro» (Rm 8, 38-39). Con Pablo, la Iglesia entera está segura de este amor de Dios «que lo supera todo", última palabra de la autorrevelación de Dios en la historia del hombre y del mundo, suprema auto comunicación que acontece mediante la cruz, en el centro del misterio pascual de Jesucristo.
El Apóstol vuelve sobre este tema en diversos puntos de sus Cartas, en las que reaparece con frecuencia el trinomio: redención, justicia, amor. Enero - Febrero 2022
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AL SERVICIO DE LA MISIÓN Hna. María Paz Potreo Gómez, Secretaria Nacional de la Pontificia Obra de San Padre Apóstol, Asesora de la Unión de Enfermos Misioneros
Unión de Enfermos Misioneros, al servicio de los que sufren Ungidos por el Espíritu Santo en el Bautismo, somos incorporados a Cristo sacerdote, profeta y rey, por tanto, ser cristianos implica dar testimonio de los dones que hemos recibido. Estos dones deben ser ejercitados en beneficio de la humanidad, de forma especial en favor de los que sufren; y vivirlos con Cristo en plenitud es la riqueza espiritual que genera vida en la misión de la Iglesia.
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a misión a la que Dios llama implica también unirse como miembros del Cuerpo Místico de su Hijo en sus padecimientos y completarlos en la propia carne por el bien de la Iglesia (Col 1, 24). Estos padecimientos vividos, aceptados y ofrecidos con y por amor a Cristo por la humanidad, son el tesoro mayor que la persona pueda ofrecer por los demás. «En esto conocemos el amor de Cristo, en que él dio la vida por nosotros» (1Jn 3, 16).
Comprender y aceptar el sentido del dolor y el sufrimiento humano es uno de los desafíos de la fe cristiana.
Partiendo de una necesidad El dolor debe ser vivido en orden a la salvación eterna; así la Iglesia fiel a este mandato ofrece una alternativa para dar sentido al sufrimiento humano y se une al testimonio de los Apóstoles en el anuncio del Evangelio (Salvifici Doloris, 24). Ella es la mediación a través de la cual Dios ofrece la salvación integral al hombre y así lo ha hecho a través de su historia; la Iglesia se ha esforzado en dar respuesta a las necesidades humanas, necesidades que van desde la enfermedad, el dolor, el hambre, la violencia, la soledad y llegan hasta la misma muerte. Comprender y aceptar el sentido del dolor y el sufrimiento humano es uno de los desafíos de la fe cristiana. Cabe preguntarse, si Dios es Amor y todo lo puede ¿por qué permite el dolor en la vida humana? El cristiano como cualquier otro hombre al experimentar el dolor se pregunta muchas veces: ¿por qué Señor, por qué? Y en su amargura experimenta la soledad humana y se formula la interrogante de Cristo en la cruz: Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Estas preguntas son racionalmente válidas, aunque implican un concepto de Dios demasiado antropomórfico. Como si nosotros lo pudiéramos hacer mejor que Él. No existirían las guerras, el hambre, la pobreza ni el dolor y por supuesto tampoco la enfermedad. Pero en realidad, estas interrogantes no pueden penetrar los misterios de Dios, ya que la teología cristiana nos enseña que Enero - Febrero 2022
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en vínculo entre enfermos o ancianos con sus familiares, a través de las Obras Misionales Pontificio Episcopales (OMPE), dicho vínculo se expresa mediante las obras de misericordia expresadas en la Sagrada Escritura, por ejemplo, Isaías 58, 6-7 o Hebreos 13, 3: Dejar libres a los maltratados, arrancar todo yugo compartir tu pan con el hambriento acoger en tu hogar a los sin techo, vestir a los que veas desnudos y no abandonar a tus semejantes.
Dios no desea el sufrimiento humano, y lo permite por ser inherente a la fragilidad natural y se hace camino para el crecimiento ético espiritual. San Juan Pablo II nos recuerda en su encíclica Evangelium Vitae que el hombre «está llamado a la plenitud de la vida y va más allá de la plenitud de la misma vida, pues consiste en la participación de la vida misma de Dios», en un destino sobrenatural. Cristo nos hace entrar y descubrir el porqué del sufrimiento, en cuanto somos capaces de comprender la sublimidad del amor divino, así vemos que es esperanzador que una gran mayoría de personas nos dan testimonio de cómo vivir y sublimar el dolor y el sufrimiento: no se deprimen y le dan un sentido, un valor lleno de fe para un servicio, para una misión. Hablar de esta misión sin referencia de Cristo Enviado por excelencia, nos conduciría a una pérdida de sentido de nuestra propia misión dentro del dolor, «Porque Dios no envió su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve» (Jn 3, 17). En este contexto la labor misionera que realizan personas consagradas, personal de salud, laicos comprometidos, visitadores o ministros de la Eucaristía, logra convertirse 10
De aquí la importancia de ver al otro como prójimo, y descubrir que cada una de las personas es importante, es un fin y no un medio, nunca es algo que se pueda descartar; porque la lógica de: «O me sirve éste o me sirve aquél», no cabe en la vida cristiana, ni puede entrar en el ámbito de la misión. La misión no puede verse como un camino para utilizar o servirse de los demás, sino un camino de caridad cristiana, de entrega voluntaria y generosa, de un deseo traducido en acciones para que todos tengan vida en abundancia, como bien nos dice el Señor Jesús (Jn 10, 10).
La UEM como programa específico La Unión de Enfermos Misioneros (UEM) entra en el contexto de la misión, ante todo como un medio para intercambiar muestras de auténtico amor cristiano y de reconocer a Jesús en los más débiles. Él nos recuerda: «Tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; fui forastero y me recibieron en su casa; estaba sin ropas y me vistieron; estuve enfermo y me visitaron; en la cárcel y fueron a verme» (Mt 25, 35-36). Así que el trabajo misionero de agentes de evangelización que acompañan a los enfermos les ayuda a que vivan con sentido de fe el dolor y lo ofrezcan con amor. La precariedad que experimenta el enfermo puede integrarse en la labor redentora del mismo Jesús, quien se ofreció por amor a la humanidad. Con este mismo ejemplo de amor, el enfermo puede llegar a hacerse colaborador en la obra redentora de la humanidad.
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El amor fraterno en Cristo genera una comunidad capaz de sanar, que no abandona a nadie, que incluye y acoge sobre todo a los más frágiles; así nos lo recordó el Papa Francisco en el mensaje para la XXIX Jornada mundial del enfermo. Muchos santos nos han dado ejemplo del servicio de entrega generosa y voluntaria de su sufrimiento y dolor, donando su vida al servicio de los débiles, consumiéndose en plenitud, a favor del Evangelio; como el ejemplo de vida de Santa Teresita del Niño Jesús que ofreció de modo permanente su dolor físico y espiritual en favor de la propagación del Evangelio en tierras de misión. La misión de toda persona comprometida en el proyecto de Dios debe brotar de la fe profunda en Jesús como una prolongación de lo que Jesús ha enseñado y así se realiza la continuidad entre Jesús predicador y el Cristo predicado, entre el Evangelio que Él proclamó y la proclamación de Cristo como Evangelio del Padre para toda la humanidad, como realización del Reino de Dios. «El amor de Cristo nos apremia» (2 Co 5, 14). La misión es la de dar continuidad a la pasión amorosa de Jesús, vivida por aquellos que se han dejado tocar por su amor. Jesús se encuentra en la persona enferma y su presencia es esperanza de vida. Está al lado de quien sufre para aliviarlo, sostenerlo y acomEnero - Febrero 2022
pañarlo para que viva provechosamente la enfermedad, en vista a su salud y a la salvación eterna. «En esto conocemos el amor, en que El dio la vida por nosotros» (1Jn 3, 16). El programa de la Unión de Enfermos Misioneros (UEM), nace desde la cruz de Cristo para el servicio misionero de la Iglesia católica. A través de la UEM la Iglesia de México manifiesta la misericordia de Dios a todos los que sufren de alguna manera y desean unirse a la pasión de Cristo. Este programa de las Obras Misionales Pontificio Episcopales de México (OMPE) busca ir al encuentro de la persona que sigue a Cristo en el camino de la cruz e invita a que enfermos, ancianos y personas débiles vivan un encuentro profundo con Cristo Misionero del Padre y ofrezcan su dolor en beneficio del Evangelio en territorios de misión ad gentes. La UEM es un servicio ante el dolor que vive el mundo deshumanizado; promueve, anima, forma, conforta y sensibiliza a agentes de pastoral, profesionales de la salud, familiares, enfermos, ancianos y personas con discapacidades; la animación se funda en un encuentro personal con Cristo misionero y orienta a identificarse con Él, viviendo y 11
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ofreciendo su dolor en favor de la labor misionera de la Iglesia en el anuncio del Evangelio y en favor del crecimiento de vocaciones para las Iglesias jóvenes en territorios de misión. Para realizar este trabajo, como ya mencionamos, la UEM se apoya con personal de visitadores de enfermos, de personas consagradas, sacerdotes o religiosas, ministros de la Eucaristía, profesionales de salud y familiares, que de alguna forma han experimentado el amor y la misericordia de Dios y corresponden con gratitud mediante el servicio de amor al prójimo. Sabiendo que Dios nos alienta a través de su promesa: «Así surgirá tu luz como la aurora y tu herida curará rápidamente, tus justas acciones te precederán, te seguirá la gloria de Yahveh, cuando llames te responderá, y pedirás socorro y Él dirá, aquí estoy» (Is 58, 8-10). Esta es la promesa que Dios hace a los que ejercen un servicio en favor de los más débiles, promesa que recuerda que nada quedará sin recompensa. Este noble servicio es realizado con suma responsabilidad con un corazón transformado por la gracia y la misericordia de Dios, ya que es el mismo Cristo a quien se trata. «Cuando lo hicieron con el más pequeño de estos lo hicieron conmigo, cuando no lo hicieron con uno de estos más pequeños tampoco lo hicieron conmigo» (Mt 25, 31). El Papa Francisco en su Mensaje de Cuaresma del Año de la Misericordia nos recuerda: «Con las obras de misericordia corporales tocamos la carne de Cristo en los hermanos y hermanas que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados, visitados; mientras que las espirituales tocamos más directamente nuestra condición de pecadores: aconsejar, enseñar, perdonar, amonestar, rezar. Nunca hay que separar las obras corporales de las espirituales». Así las personas que forman parte de la UEM se preparan para ser agentes de consuelo, de paz y amor para servir a los que lo necesitan; el visitador ejerce misericordia y experimenta lo que solo Dios puede tener como propio: amar a alguien de forma gratuita, libre y permanente.
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Consideremos el testimonio de vida de Santa Teresita del Niño Jesús quien nos habla de este carisma de servicio hacia los enfermos, servicio que tiene un propósito consistente en un sentido de intercesión en la obra misionera de la Iglesia. Este sentido radica en que las personas que sufren con Cristo puedan reconocerse como piedras angulares, e incrustarse en el corazón del Señor y encontrar de ese modo un propósito particular de amar y servir, ser causa de bendición en la actividad misionera. El ejemplo del ofrecimiento amoroso de la enfermedad a favor de la labor misionera ad gentes, lo encontramos también en Margarita Godeth, mujer fervorosa y enamorada del Evangelio y del apostolado misionero; ni la enfermedad que vivió le impidió llevar el mensaje de Jesús a tierras lejanas de misión, ofreciéndose libre y voluntariamente en acto de amor para colaborar en el proyecto del Reino en el mundo sobre todo en los lugares en donde Cristo aun no es conocido y hacer que este acto de amor fuera reconocido como un programa auxiliar de las Obras Misionales Pontificias. El sufrimiento por sí mismo es algo que no se entiende y nos contraría e incómoda, hace que interiormente se geste la rebelEnero - Febrero 2022
trario, el dolor es una realidad que se asume por la fragilidad propia de la condición humana; San Pablo exhorta a dar testimonio de esperanza cuando dice: «Por este motivo estoy padeciendo estos sufrimientos; pero no me avergüenzo, porque yo sé bien en quién tengo puesta mi fe, y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel día» (2Tm 1, 12).
día, cosa que humanamente es natural; sin embargo, en el texto misionero de San Pablo escuchamos el testimonio de persecuciones y angustias sufridas por Cristo, mismas que supo unirlas a su trabajo de evangelización. San Juan Pablo II en su carta Salvifici Doloris nos recuerda que el cristiano, por amor y con amor, puede unir sus sufrimientos a los de Cristo y esto adquiere entonces un sentido redentor. Así el dolor vivido, aceptado y ofrecido con amor proveniente de personas enfermas, ancianas, o con discapacidades, unido a la oración permanente e intensa, se convierte en un dolor fecundo y sin duda alguna colabora en el aumento y santificación de los misioneros y en la conversión de las almas que no conocen a Dios. El dolor nunca puede ser visto por el cristiano como un castigo venido de Dios, porque Dios no se deleita en el sufrimiento humano; ya la Palabra de Dios nos dice que hay que ser causa de consuelo: «Bien conozco los designios que tengo sobre ustedes, designios de paz no de aflicción, darles un provenir de esperanza y no de aflicción» (Jr 29, 11). Esto no supone que el dolor y el sufrimiento dejen de existir en la vida, muy por el conEnero - Febrero 2022
En este contexto el visitador de enfermos debe tener clara la misión que ha de realizar como una donación hacia los demás; para entender como el amor divino y perfecto de Dios viene a tocar y transformar. Dios es la vida, la luz y la esperanza. El trabajo misionero de quien visita y de quien es visitado, unido al amor de Jesús en la cruz, adquieren la dimensión redentora de la que nos habla San Pablo: «Ahora me alegro de los padecimientos de Cristo que soportó por ustedes y completó en mi cuerpo lo que le falta a las tribulaciones de Cristo en favor de su cuerpo que es la Iglesia» (Col 1, 24). La Unión de Enfermos Misioneros es una fuente de apoyo para la labor misionera Ad gentes, gracias a todo lo que ofrecen los enfermos, los ancianos y las personas con discapacidades. La UEM facilita la tarea de asociar el mundo del dolor a la pasión de Cristo Redentor, invita a ofrecer obras, sufrimientos y oraciones por las misiones; además con la ofrenda de vida hace posible el crecimiento de las Iglesias jóvenes con el aumento de vocaciones nativas, en territorio de misión. Las OMPE en México abrazan con esmero este programa de la Unión de Enfermos Misioneros apoyando a todos los agentes de pastoral, profesionales de salud y familiares que estén impregnados en el espíritu misionero, para que ayuden a los enfermos a vivir la fe desde su propia fragilidad humana con el solo objetivo de: «¡Vivir, servir y evangelizar con alegría y generosidad haciendo de su dolor una obra de redención!».
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ESPIRITUALIDAD MISIONERA por: P. Antonio Bossetti, Comunidad Misionera de Villaregia
Cómo ser testigos del Evangelio en el dolor de la enfermedad o en el umbral de la vida Profundicemos cómo los enfermos pueden ser testigos de la cruz y de la resurrección de Cristo y evangelizadores desde el «Evangelio del sufrimiento y de la esperanza». Contemplar
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l tiempo que estamos viviendo, que ha afectado a cada hombre y mujer de todas las latitudes, nos plantea más que nunca una pregunta sobre el sufrimiento: la necesidad de dar sentido al dolor, transfigurarlo y vivirlo en una perspectiva positiva, uniéndolo al sufrimiento de Cristo. Hoy vivimos en una cultura que rechaza el dolor y todo lo que se refiere a la enfermedad. Se intenta eliminar lo más posible el dolor de la vida humana. Es verdad que el dolor es ambivalente: nos puede destruir interiormente o nos puede hacer crecer, madurar, ser más humanos y comprensivos con nuestros semejantes. El dolor, la enfermedad, la muerte son parte de la existencia humana y debemos afrontarlos sin huir.
«Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito» (Spe Salvi, 37). 14
El sufrimiento y el dolor tienen un sentido salvífico, hasta el punto de que el sufrimiento puede convertirse en testigo activo de la evangelización. El cristiano, que vive con fe un momento de dolor en la enfermedad o en la fase terminal de la vida, puede convertirse en un verdadero testigo del “Evangelio del sufrimiento” como subraya san Juan Pablo II en la Carta Apostólica Salvifici Doloris (25-27). Muchas veces los enfermos son considerados principalmente como destinatarios de la misión eclesial; de su labor pastoral. A pesar de que esto es importante, pero no es el único motivo; los enfermos son ellos mismos, con su vida ofrecida, testigos y evangelizadores del misterio del sufrimiento, testigos de las maravillas del amor, de la alegría pascual que brota de la Cruz y de la Resurrección de Cristo Pero, ¿cuándo el enfermo se convierte en heraldo del Evangelio del sufrimiento? Cuando acoge la enfermedad en la fe y la vive, como quien está llamado a imitar de cerca en su propia vida al Redentor crucificado. «El Evangelio de Cristo lo escriben todos los que sufren con Cristo, uniendo los propios sufrimientos humanos a su sufrimiento salvador» (Salvifici doloris, 26). Incluso hoy, como en toda época histórica, hay hombres y mujeres que dan testimonio Enero - Febrero 2022
con su vida del evangelio del sufrimiento a la luz del misterio pascual de Cristo. Y, a través de su experiencia viva, se convierten en testigos luminosos del poder transformador del Evangelio, escribiendo con su vida páginas fascinantes de un sufrimiento vivido con fe y esperanza. Es impresionante, por ejemplo, como el santuario de Lourdes demuestre la fe edificadora de los peregrinos enfermos: «Los primeros evangelizadores del Santuario de Lourdes son verdaderamente ellos: los enfermos. Están llamados a asumir la conciencia y responsabilidad de llevar la buena noticia del Evangelio que salva a partir de su propia condición». (Homilía de Mons. Rino Fisichella, 11 de febrero 2020). Realmente, las personas enfermas o discapacitadas son los primeros evangelizadores. Sólo hay que saberlos escuchar. Conmovedora, y luminoso ejemplo de vida, es la experiencia de Teresita Castillo de Diego, una niña de 10 años, gravemente enferma, fallecida el 7 de marzo de 2021 y que tenía un gran deseo: ser misionera. Así lo relata el vicario episcopal de Madrid, Ángel Camino Lamela, cuando el 11 de febrero, festividad de la Virgen de Lourdes, acudió a visitarla al hospital de La Paz. Enero - Febrero 2022
«El pasado 11 de febrero, Jornada del enfermo, he ido a celebrar la Eucaristía al Hospital de La Paz. Al concluir la Eucaristía, fui a visitar a algunos enfermos, entre ellos, visité a una niña gravemente enferma, que iba a ser operada de un tumor en la cabeza al día siguiente. Al verme Teresita; me dice: “Me traes a Jesús, ¿verdad?” “Sí, le respondo, te traigo a Jesús y la fuerza del Espíritu Santo con la Unción”. A continuación, me dice: “¿Sabes una cosa? Yo quiero mucho a Jesús”. La oye su madre y dirigiéndose a ella le dice: “Dile a Ángel lo que tú quieres ser”. Mira fijamente a su madre y dice: “Yo quiero ser misionera”. Me impacta tanto su respuesta, totalmente inesperada para mí, y le digo: “Teresita, yo te constituyo ahora mismo misionera de la Iglesia, y esta tarde te traeré el documento que lo acredita y la cruz misionera”. Ella añade: “P. Ángel ¿sabes una cosa?: yo rezo para que muchos niños puedan encontrar a Jesús en su vida”. A continuación, le he administrado el Sacramento de la Unción, le he dado la comunión y la bendición apostólica del Papa Francisco. En la tarde regresé para entregarle el documento de nombramiento y la cruz misionera. En cuanto me ve, la mamá le dice en voz 15
ESPIRITUALIDAD MISIONERA
alta: “Teresita, viene el Sr. Vicario con el regalo para ti”. La niña que estaba medio dormida se despertó de inmediato y cogió entre sus manos el documento y la cruz. La mamá se lo lee y, mientras ella escucha atentamente, se emociona y dice en voz alta: “Esa cruz pónmela en la barra para que la vea bien, y mañana la llevo al quirófano. Ya soy misionera”. Nos despedimos con estas palabras de Teresita: “Entonces P. Ángel ¿soy misionera?” Yo respondo: “Sí. Tú eres misionera”». La experiencia de Teresita es una maravillosa página de Evangelio, escrita con su propia vida. Su testimonio está dando la vuelta en todo el mundo, ayudando muchos a dar un sentido más verdadero a su vida. Es el milagro del dolor, ofrecido por amor: un milagro que habla sin palabras y que ayuda muchos a caminar por el camino de la cruz, que conduce a la Resurrección con confianza y valentía. Y es precisamente a través de la experiencia viva y palpitante de estos testigos de la cruz y de la resurrección que podemos comprender el misterio de la conformación a Cristo, realizado por muchos hermanos y hermanas en la experiencia de la enfermedad y el dolor. La nueva evangelización, que la Iglesia se propone seguir con esperanza y decisión, debe involucrar a todos los enfermos para que sean conscientes de la misión que poseen. Ellos son protagonistas de la nueva evangelización cuando son capaces de insertar su enfermedad y su dolor en el misterio de la Cruz y Resurrección de Jesucristo.
Proponer No nos hacemos evangelizadores, ni somos capaces de dar sentido al dolor y a la enfermedad de la noche a la mañana. Todo ello requiere una preparación que crece y madura con la fe en el misterio de la participación activa y real en el misterio de Cristo y en la vida de comunión con él recibida en el bautismo. 16
Convertir el dolor en amor es una tarea muy difícil. El enfermo puede cooperar en la obra evangelizadora universal, uniéndose a ella con su sacrificio, sus oraciones, su debilidad, sus soledades, sus abandonos, sus limitaciones, sus lágrimas. Me parece muy adecuado lo que sugiere la UEM (Unión de Enfermos Misioneros) para ayudar a los enfermos y ancianos a ser evangelizadores y testigos del Evangelio desde su particular situación: • Hacer de su enfermedad y sufrimiento, un medio de santificación, sintiéndose partícipe de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. • Ofrecer diariamente su dolor por la propagación del Evangelio en toda la tierra. • Aceptar y ofrecer con paciencia sus sacrificios, angustias, soledad y limitaciones por todas aquellas personas que aún no conocen a Jesucristo y por su conversión. • Testimoniar con su ejemplo de vida que es posible vivir el dolor como lo vivió Cristo. • Rezar sin desanimarse. La oración aumenta nuestra confianza y nos pone en línea directa con el Señor. • Meditar y profundizar los misterios de la vida del Señor, principalmente a través de la lectura de la Biblia, para encontrar en ellos la fortaleza para seguir adelante en los momentos difíciles. • Ser también apóstoles para otros enfermos, orando por ellos, apoyándolos en su enfermedad. • Ofrecer su dolor por la santificación y perseverancia de los misioneros, y de los agentes pastorales que trabajan con enfermos y ancianos en todo el mundo. El ejemplo de María a los pies de la cruz es el paradigma luminoso de como todos los que sufren por la enfermedad o se encuentran en el umbral de la vida pueden ser testigos del Evangelio en el dolor.
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tros sois los predilectos de Jesús, que quiso identificarse con las personas que sufren, sufriendo él mismo en su pasión». (Papa Francisco, a los ancianos y enfermos Tiflis, 1 de octubre 2016). «Los enfermos, como las personas que tienen una discapacidad incluso muy grave, tienen una dignidad inalienable y una misión en la vida y nunca se convierten en simples objetos, aunque a veces puedan parecer meramente pasivos, pero en realidad nunca es así». (Mensaje del Papa Francisco por la Jornada Mundial del Enfermo 2017).
Discernir El cariño y el desvelo del Papa Francisco por los enfermos es una realidad patente desde cuando ha sido elegido Pontífice. Habla mucho de y para las personas que sufren. Sus palabras son el signo de su amor, afecto y cercanía con los enfermos. Algunas citas del Papa nos pueden ayudar en la reflexión personal o grupal. «Con qué falsedad vive el hombre de hoy al cerrar los ojos ante la enfermedad y la discapacidad. No comprende el verdadero sentido de la vida, que incluye también la aceptación del sufrimiento y de la limitación. El mundo no será mejor cuando este compuesto solamente por personas aparentemente «perfectas», sino cuando crezca la solidaridad entre los seres humanos, la aceptación y el respeto mutuo». (Papa Francisco, homilía Jubileo de los Enfermos y Discapacitados, 12 junio de 2016). «Dirijo un saludo especial a los ancianos, a los enfermos, a cuantos sufren y a las personas atendidas en las diversas obras de caridad. Me alegra estar un momento con vosotros y animaros: Dios nunca os abandona, siempre está cerca, pronto a escucharos, a daros fortaleza en los momentos de dificultad. VosoEnero - Febrero 2022
«Por eso me gusta pensar que «aún los más débiles, limitados y heridos pueden ser misioneros a su manera, porque siempre hay que permitir que el bien se comunique, aunque conviva con muchas fragilidades». (Christus Vivit, 239) (Mensaje del Papa Francisco para el DOMUND 2021).
Celebrar Recemos esta oración, pidiendo al Señor de no encerrarnos en nuestro dolor, sino ofreciendo nuestros sufrimientos, en unión a las suyas, por la salvación del mundo. Cuando mi cruz se vuelve pesada, dame la cruz de otro para compartir. Cuando soy y me siento pobre, tráeme a alguien que esté necesitado. Cuando no tengo tiempo, dame a alguien que pueda ayudar en su último instante. Cuando soy humillado, dame a alguien del cual puedo cantar alabanzas. Cuando estoy desanimado, envíame a alguien a quien animar. Cuando necesito de quien me cuide, envíame a alguien que necesite mi atención. Y cuando pienso sólo en mí, dirige mis pensamientos hacia tus sufrimientos, oh Señor.
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MISIÓN Y PERSPECTIVA Dr. Ricardo Orta, Universidad de Monterrey
Misioneros en la ancianidad Reflexionemos sobre la importancia que tienen las personas que viven la etapa de la ancianidad en la dimensión humana y en la realidad social a la luz de la fe.
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ios es el creador de la realidad cósmica y de la vida, y como lo dice el libro del Génesis: «...vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera» (Gn 1, 31) Todo lo que ha hecho Dios, lo ha creado bueno. Todo... el universo, el planeta tierra; la vida; animal y humana. Y al decir esto, se hace referencia a la vida humana, en todas sus etapas. Según Erik Erikson, el ser humano desde la etapa del vientre materno hasta la ancianidad pasa por ocho etapas de la vida. A la luz de la Palabra divina, diríamos que las ocho etapas de la vida del hombre son buenas. Es por eso importante advertir la importancia de respetar la vida del ser humano; y eso incluye honrar la vida humana en su etapa de ancianidad también. El mandato divino de respetar la vida de las personas mayores incluso está contemplado en el cuarto mandato del decálogo, y así lo recuerda San Pablo: «Honra a tu padre y a tu madre»: este es el primer mandamiento con promesa: «para que seas feliz y tengas larga vida sobre la tierra» (Ef 6,1-3)
El Papa Francisco nos dice: «La vejez es un don y los abuelos son el eslabón entre generaciones, para transmitir a los jóvenes la experiencia de la vida y la fe. Los abuelos son a menudo olvidados y nosotros olvidamos esta riqueza de custodiar las raíces y transmitirlas». Estas palabras de nuestro Sumo Pontífice, enmarcan esta doble verdad: Por un lado la vejez, es un don y, como tal, es un regalo: Un regalo de Dios. En otras palabras es algo bueno para el ser humano. Pero por otra parte, el mismo Santo Padre advierte sobre la dura realidad: «Los abuelos —refiriéndose a las personas ancianas— son a menudo olvidados» Y en su encíclica anuncia la dura realidad: «No advertimos que aislar a los ancianos y abandonarlos a cargo de otros sin un adecuado y cercano acompañamiento de la familia, mutila y empobrece a la misma familia. Además, termina privando a los jóvenes de ese necesario contacto con sus raíces y con una sabiduría que la juventud por sí sola no puede alcanzar» (Fratelli Tutti, 19).
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Los ancianos en el proyecto de Dios Hace tiempo conocí una obra de teatro llamada «Fin de partida» del autor irlandés Samuel Beket. Esta obra pertenece al Teatro del absurdo y una característica de este teatro es que lo que presenta es ilógico. Así que cuando uno ve una obra de este tipo, puede esperarse no haber entendido nada. Al comienzo de la obra hay dos personajes a la vista: Uno que está al centro de la escena y permanece siempre en una silla de ruedas pues no puede caminar y además es ciego. Otro que entra y sale haciendo quehaceres de la casa. Lo raro, en esta casa, es que a los lados hay dos grandes botes de basura con tapa. La obra transcurre; los hombres hablan entre ellos; uno se mantiene siempre en su silla de ruedas y el otro va y viene. De pronto, de uno de los botes de basura, asoma la cabeza canosa de un hombre anciano y habla con el hombre de la silla de ruedas. En otro momento, del otro bote, aparece otra cabecita canosa; esta vez una mujer anciana quien también interviene a momentos en el diálogo. Los ancianos permanecen en los botes a lo largo de la obra. Nunca salen 19
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de ellos. El hombre que está en silla de ruedas es el hijo de los ancianos que están cada uno en su bote de basura. Esta obra por demás extraña del Teatro del absurdo, es una fuerte crítica social: El hombre de la silla de ruedas es una persona madura de algunos 45 años... es ciego y no puede levantarse ni caminar; el hombre que entra y sale, es el sirviente que ayuda al hombre de la silla de ruedas y los ancianos de los botes son los padres del hombre ciego e imposibilitado de caminar. A través del tiempo, la reflexión del público sobre esta obra es que los padres, dejan en el mundo a hijos imposibilitados de valerse por si mismos y, por otra parte, estos hijos se olvidan de sus padres, o como lo dijera el Papa Francisco, «los abuelos son a menudo olvidados y nosotros olvidamos esta riqueza de custodiar las raíces y transmitirlas». Uno de los aspectos más difíciles de procesar de la obra, es la permanencia de los ancianos en sendos botes de basura. Dichos botes se han interpretado a través del tiempo como los asilos, instituciones a donde las personas de edad avanzada son llevados por los más jóvenes; son tirados, si así se le quiere ver y esta imagen del teatro es perturbadora, pues representa a las personas ancianas como una carga difícil de llevar para las nuevas generaciones. Esta obra, «Fin de partida» nos advierte de una manera escénica, el riesgo en que el ser humano puede caer. El riesgo del olvido como lo dice nuestro Santo Padre. El riesgo que corren los jóvenes de olvidar a los mayores y perderse de toda la riqueza de vida que ellos tienen. Es cierto que llegar a la ancianidad es difícil pues al paso por la vida, muchas capacidades se pierden y al suceder esto se pierde la autonomía, pues como ser humano se comienza a depender de otros seres humanos. Cristo le dijo a Pedro: «...cuando eras más joven te vestías y andabas por donde querías; pero cuando seas viejo extenderás las manos y otro te vestirá, y te llevará adonde no quieras» (Jn 21, 18). 20
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Cierto que aquí Cristo, en su infinita sabiduría, «estaba dando a entender de qué manera Pedro había de morir» (Jn 21, 19) Sin embargo, queda claro que Jesús advierte en la edad avanzada, una etapa en que el ser humano requiere de la ayuda de los demás. La sociedad actual, corre el riesgo de ver a los ancianos como una carga pesada. No obstante, aunque resulte paradójico por la diferencia de edad y circunstancia, tanto en las primeras etapas de la vida del ser humano, cuando se está en el vientre o cuando se es bebé como en la última etapa, ya en la ancianidad, se requiere de la ayuda de terceros. Esta realidad existencial nos enfrenta a una noción elemental de justicia... los ahora ancianos cuidaron a los ahora jóvenes cuando iniciaron la vida... ¿no suena como un aspecto de elemental justicia que los ahora jóvenes, cuiden y procuren a los que en su más tierna infancia los cuidaron y los ayudaron a crecer? Sin embargo la vida humana va más allá de una simple realidad comercial que consiste en dar para recibir o «pagar la deuda de vida que se tiene con el que en su momento dio».
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El ser humano, contemplado en su ser trascendental no puede verse en su etapa inicial, de bebé, o en su última etapa de la vida, en su ancianidad, como una carga pesada, sino que es preciso verlo en toda su dimensión de ser humano: Es indispensable que a niños, jóvenes, adultos y adultos mayores, se nos perciba, siempre, como lo que somos: «... hijos amados de Dios» (Ef 5,1) Sin basar el valor del ser humano en su dimensión de utilidad, como lo pretende el utilitarismo, corriente de pensamiento que afirma que «...solo lo que es útil, es bueno» (Hume, D) El ser humano no puede basar su valor en lo útil que resulte su etapa de vida, si eso fuera así, nuestras relaciones de seres humanos serían meramente comerciales: «Te aprecio porque me eres de utilidad» o «Cuánto más útil me resultes, más valor tienes para mí» Si a alguien le resultara esto apropiado, piense por un momento la frase dicha en primera persona: «Me aprecias porque te soy de utilidad» o «Tengo mayor valor para ti, cuanto más útil te resulto» Este es un amor instrumental. No se ama al ser humano en sí sino a lo que ese ser humano es capaz de hacer. Eso es cosificar a ser humano y tivializar las relaciones interpersonales. 21
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hijos, los padres y los abuelos, viven una dimensión de amor que trasciende la utilidad: «La corona de los ancianos son sus nietos; el orgullo de los hijos son sus padres» (Pr 17, 6). El Papa Francisco insiste sobre el refuerzo de estas relaciones: «Es importante que los abuelos se encuentren con los nietos y que los nietos se encuentren con los abuelos, porque —como dice el profeta Joel— los abuelos ante los nietos soñarán, tendrán ilusiones, y los jóvenes, tomando fuerza de sus abuelos, irán hacia adelante, profetizarán».
Vínculos familiares más allá de relaciones utilitarias La vida no puede ser tasada con el criterio utilitarista; este es un engaño en el que constantemente se cae, al tener una visión reduccionista del ser humano y pretender que vale en cuanto que sirve. Las personas que han llegado a la ancianidad, no se les puede tasar con un criterio de utilidad. El papel humano y social que le corresponde a un anciano que ha caminado a través de la vida; ha corrido; se ha tropezado; ha caído sin duda pero se ha levantado; su valor radica precisamente en que ha permanecido en el camino de la vida aprendiendo de ella, eso es la experiencia y por esta un anciano tiene la posibilidad de compartir su sabiduría de vida y orientar. Tal es la dignidad de un anciano que esta misma palabra se ha utilizado para dar nombre a los sacerdotes de la Iglesia Católica. Los sacerdotes, llevan el título de Presbítero palabra que proviene del griego y significa «el más anciano». Y este título hace referencia a la sabiduría que un sacerdote puede compartir a su comunidad para orientar. El ser humano encuentra el sentido de su vida en la relación familiar, que va más allá de una relación comercial de bienes. Los 22
La esencia de Dios es el amor. La identidad de Dios es el amor, así lo escribió San Juan: «Dios es amor» (1Jn 4, 8) y el amor es donación. Es en la donación en que se da el valor del ser humano. Es por amor, por donación que se valora al otro en cualquier etapa de su vida. Quien se da, quien se dona a los demás, de manera natural será amado. Así el joven, se da al anciano y lo procura y lo ama; lo ayuda en sus dificultades naturales de su edad. El anciano también se da al joven, a través de su capacidad de escucha y de la donación de la gran riqueza acumulada de su vida a través de un consejo o una palabra dulce o a través de la sabiduría de vida que se anuncia con el cabello blanquecido por el tiempo, pues «las canas son una honrosa corona que se obtiene en el camino de la justicia» (Pr 16,31). Así pues, el anciano, el abuelo es para la familia una oportunidad de perfeccionar las habilidades de comunicación, la paciencia y, en pocas palabras hacer crecer la caridad, además de que las personas ancianas, son siempre una oportunidad para las nuevas generaciones de seguir aprendiendo de la vida. Pues al escuchar sus experiencias buenas o malas, fáciles o difíciles, siempre se puede sacar de ellas una lección valiosa para prevenir errores en el camino de la vida. ¿Y si no fuera así? ¿Si la etapa de ancianidad que vive la persona, la ha despojado incluso de la capacidad del habla; de la ilación racional y no puede comunicar ideas? La donación de los demás hacia una persona anciana en tales condiciones, al atender sus necesidades, lleva a vivir el don Enero - Febrero 2022
Dios, que no se equivoca y que sostiene la realidad de nuestra vida y le da sentido, expresa su voluntad a través de la experiencia misma de la vida que nos hace voltear y revalorar el papel tan importante que tienen los ancianos en la vida social: Ellos son quienes han acumulado experiencia de vida y nos pueden advertir para vivir la nuestra. Los ancianitos son personas que han caminado, han sembrado, se han donado a lo largo de la vida en favor de otros. Tienen riqueza acumulada a través de la experiencia de la vida de sus años. Una riqueza que los más jóvenes pueden y deben aprovechar para la construcción de su propia vida y esto se da a través de pasar tiempo unos con otros; a través de algunos juegos que se pueden realizar y sobre todo a través del diálogo fraterno. de la caridad, el don del amor y darle a esa persona el trato de hijo de Dios que nos lleva a vivir la fraternidad. Hay una hermosa historia de la Segunda Guerra Mundial, que dice que un niño de 10 años corría huyendo por un camino ya que soldados enemigos bombardeaban su aldea... Este niño de diez años llevaba cargando a sus espaldas a niño de dos años, era su hermanito, el pequeño iba muerto; el hermanito más grande lo llevaba para incinerarlo; alguien le preguntó: «Oye chico, ¿no es mucha carga, el niño que llevas en la espalda, para poder huir?» el pequeño de 10 años respondió: «No es una carga, es mi hermano». Así el nieto podría decir: «No es una carga, es mi abuelito, es mi abuelita». Todo este contexto especialmente en esta época de pandemia en que los cuidados sobre las personas de la tercera edad, han llevado a nuestros ancianitos a permanecer casi de manera permanente en los límites interiores de las viviendas; sí cuidados, aunque también condenados a permanecer protegidos pero potencialmente olvidados por los más jóvenes, quienes pueden con más libertad disfrutar de espacios abiertos.
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Reflexionemos La donación, la vida de la caridad al servir a los demás nos lleva a vivir el don de la fraternidad. Y cuando alcanzamos a ver al otro: Sea bebé, niño, adolescente, joven, adulto o anciano, en su dimensión de hijo de Dios, vivimos en fraternidad humana y ver en el anciano a un hermano es una gran oportunidad de compartir, de aprender y de vivir en la verdadera dignidad de los hijos de Dios: Valorando su ser; respetando su caminar por la vida; comprendiendo su diferente cosmovisión; venerando sus canas; corona de sabiduría; aprendiendo de su experiencia, apoyándolo en sus limitaciones y dejando un ejemplo de amor, para nuevas generaciones. Señor tú que eres Padre Eterno de Nuestro Señor Jesucristo, tú que eres sabiduría divina y eterna, danos luz para ver en nuestros queridos ancianos y ancianas la riqueza que su paso por la vida ha adquirido. Permítenos descubrir en ellos, tu presencia de paz y sabiduría. Y permítenos ser para ellos, especialmente en esta época de pandemia, un remanso de paz y de alegría.
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El Evangelio del sufrimiento significa no sólo la presencia del sufrimiento en el Evangelio, como uno de los temas de la Buena Nueva, sino además la revelación de la fuerza salvadora y del significado salvífico del sufrimiento en la misión mesiánica de Cristo y luego en la misión y en la vocación de la Iglesia. Salvifici Doloris, 25
Los
ojos de la misión
TESTIMONIOS MISIONEROS Esther Villafaña Ruiz, UEM Autlán
Trabajando por la Misión desde la enfermedad Mi nombre Esther Villafaña Ruiz, (aunque me conocen como Lety) soy de Unión de Tula, de la Diócesis de Autlán, Jalisco.
A
la edad de un año me enfermé de Polio (Parálisis Infantil) por lo cual no volví a caminar hasta los 4 años, pero con mucha dificultad, por tal motivo no pude estudiar sino hasta tercero de primaria. Pasé mi niñez y juventud un poco alejada de Dios ya que a Él lo culpaba de mi limitación.
A la fecha me han hecho siete cirugías y desde la primera quedé más limitada y en cada una me decían los doctores que ya no volvería a caminar. Pero Dios tenía, que tenía un plan, siempre me levantaba y volvía a caminar. Un misionero me hablo del amor de Dios y de la misión que tenemos cada uno. Me enamoré de Dios y de las Misiones, y junto con un amigo iniciamos un grupo Juvenil Misionero que duró 37 años; teníamos grupos de la IAM, de la UEM y la PF, después me pidieron que trabajara a nivel Diócesis a tiempo completo como encargada de la UEM, duré 28 años (apoyando a los directores de misiones Samuel Michel y Amado Álvarez) y 9 como directora Diocesana de misiones.
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Con mucha dificultad, pero se logró atender nuestra diócesis con la animación misionera y tener todas las obras pontificias, llegando a tener más de 50 grupos, sobre todo de la UEM y un equipo de once sacerdotes encargados de los decanatos y de las obras. Yo quería ir a África, pero Dios puso a África en mi Diócesis, soy madrina de matrimonio de la pareja Rayas de la Rosa que se fueron por 3 años como misioneros a Burquina Faso, África, y ahora tenemos un grupito de personas que apoyan a niños de África siendo padrinos. Hoy se ha complicado más mi salud y paso más en la cama que caminando ya que me salen unas llagas en la planta de un pie y los dolores son fuertes, pero soy feliz ya que Dios me ha permitido seguir trabajando, a veces desde mi cama dando platicas presacramentales, desde bautismo hasta matrimonio. Mucha gente viene a platicar conmigo o a pedir consejo y, sobre todo, porque tengo la dicha de tener el Santísimo Sacramento en casa con aprobación del Sr. Obispo donde hacemos oración. Con adultos preparo grupos para que vayan a misiones en semana santa, doy catecismo y vienen niños a rezar el Santo Rosario Misionero desde el 12 de Julio de 1994 a la fecha, de domingo a domingo a las 4 de la tarde. He sufrido muchos dolores y limitaciones, ahorita ando con andadera y en silla de ruedas, pero mi lema es «sufrir sonriendo para hacer sonreír a los que sufren». Doy gracias a Dios de como Él me ha permitido trabajar para su reino y mi deseo es conquistar muchas almas para Él. Con mi poco estudio, pero con la sabiduría de Dios me ha permitido hacer folletos y libros que ayuden espiritualmente a la gente y a crecer en la fe, (como son de oraciones,
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los sacramentos, los mandamientos, a la virgen de Guadalupe, las posadas, el manual de la UEM y las reflexiones cuaresmales, para enfermos etc.). Me despido diciéndoles que vale la pena trabajar por Cristo y si Dios se ha fijado en mí y si de mi persona, con todas mis limitaciones, ha hecho cosas útiles, cuanto más hará contigo. Dios te bendiga
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LA VOZ DEL PAPA Papa Francisco
La fe exhorta a la hospitalidad Del 2 al 6 de diciembre de 2021, el Papa Francisco realizó un viaje apostólico a Chipre y Grecia, el cual fue el viaje número 35 de su Pontificado. El día 5 de diciembre visitó el Centro de acogida e identificación de Mitilene y se dirigió a los refugiados con las siguientes palabras: Hermanas, hermanos, estoy nuevamente aquí para encontrarme con ustedes; estoy aquí para decirles que estoy cerca de ustedes de corazón; estoy aquí para ver sus rostros, para mirarlos a los ojos: ojos cargados de miedo y de esperanza, ojos que han visto la violencia y la pobreza, ojos surcados por demasiadas lágrimas. Hace cinco años, el Patriarca Ecuménico y querido hermano Bartolomé dijo en esta isla algo que me impactó: «El que les tiene miedo no los ha mirado a los ojos. El que les tiene miedo no ha visto sus rostros. El que les tiene miedo no ve a sus hijos. Olvida que la dignidad y la libertad trascienden el miedo y la división. Olvida que la migración no es un problema del Oriente Medio y del África septentrional, de Europa y de Grecia. Es un problema del mundo» (Discurso, 16 abril 2016).
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í, es un problema del mundo, una crisis humanitaria que concierne a todos. La pandemia nos ha afectado globalmente, nos ha hecho sentir a todos en la misma barca, nos ha hecho experimentar lo que significa tener los mismos miedos. Hemos comprendido que las grandes cuestiones se afrontan juntos, porque en el mundo de hoy las soluciones fragmentadas son inadecuadas. Pero mientras se llevan adelante las vacunaciones a nivel planetario y —aun en medio de muchos retrasos e incertezas— algo parece que se está moviendo en la lucha contra el cambio climático, todo parece terriblemente opaco en lo que se refiere a las migraciones. Y, sin embargo, están en juego personas, vidas humanas. Está en juego el futuro de todos, que sólo será sereno si está integrado. El futuro sólo será próspero si se reconcilia con los más débiles. Porque cuando se
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rechaza a los pobres, se rechaza la paz. Cierres y nacionalismos —nos enseña la historia— llevan a consecuencias desastrosas. En efecto, como ha recordado el Concilio Vaticano II, «es absolutamente necesario el firme propósito de respetar a los demás hombres y pueblos, así como su dignidad, y el apasionado ejercicio de la fraternidad en orden a construir la paz» (Const. past. Gaudium et spes, 78). Es una ilusión pensar que basta con salvaguardarnos a nosotros mismos, defendiéndonos de los más débiles que llaman a la puerta. El futuro nos pondrá cada vez más en contacto unos con otros; para orientarlo hacia el bien no sirven acciones unilaterales, sino políticas más amplias. La historia, repito, nos enseña, pero todavía no hemos aprendido. Que no se vuelvan las espaldas a la realidad, que termine el continuo rebote de responsabilidades, que no se delegue siempre a los otros la cuestión migratoria, como si a ninguno le importara y fuese sólo una carga inútil que alguno se ve obligado a soportar. Hermanas, hermanos, sus rostros, sus ojos nos piden que no miremos a otra parte, que no reneguemos de la humanidad que nos une, que hagamos nuestras sus historias y no olvidemos sus dramas. Elie Wiesel, testigo de la tragedia más grande del siglo pasado, escribió: «Me acerco a los hombres, mis hermanos, porque recuerdo nuestro origen común, porque me niego a olvidar que su futuro es tan importante como el mío» (From the Kingdom of Memory, Reminiscenses, Nueva York, 1990, 10). En este domingo, ruego a
Dios que nos despierte del olvido de quien sufre, que nos sacuda del individualismo que excluye, que despierte los corazones sordos a las necesidades del prójimo. Y ruego también al hombre, a cada hombre: superemos la parálisis del miedo, la indiferencia que mata, el cínico desinterés que con guantes de seda condena a muerte a quienes están en los márgenes. Afrontemos desde su raíz al pensamiento dominante, que gira en torno al propio yo, a los propios egoísmos personales y nacionales, que se convierten en medida y criterio de todo. Enero - Febrero 2022
Han pasado cinco años desde la visita que realicé con los queridos hermanos Bartolomé y Ieronymos. Después de todo este tiempo constatamos que poco ha cambiado sobre la cuestión migratoria. Ciertamente, muchos se han comprometido en la acogida y en la integración, y quisiera agradecer a los numerosos voluntarios y a cuantos, a todo nivel —institucional, social, caritativo, político—, han asumido grandes esfuerzos, haciéndose cargo de las personas y de la cuestión migratoria. Reconozco el compromiso en la financiación y construcción de dignas estructuras de acogida y agradezco de corazón a la población local por todo el bien que ha hecho y los numerosos sacrificios que han aceptado. Asimismo, quisiera agradecer a las autoridades locales, que reciben, custodian y ayudan a salir adelante a esta gente que viene a nosotros. Gracias por lo que hacen. Pero debemos admitir amargamente que este país, como otros, está atravesando actualmente una situación difícil y que en Europa sigue habiendo personas que persisten en tratar el problema como un asunto que no les incumbe. Esto es trágico. Recuerdo sus últimas palabras [dirigiéndose a la presidenta]: «Que Europa haga lo mismo». Y, ¡cuántas condiciones indignas del 29
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hombre! ¡Cuántos puntos críticos donde los migrantes y refugiados viven en situaciones límite, sin vislumbrar soluciones en el horizonte! Y, sin embargo, el respeto a las personas y a los derechos humanos —especialmente en el continente que no cesa de promoverlos en el mundo— debería ser salvaguardado siempre, y la dignidad de cada uno debería ser antepuesta a todo. Es triste escuchar que el uso de fondos comunes se propone como solución para construir muros, para construir alambres de púas. Estamos en la época de los muros y de los alambres de púas. Ciertamente, los temores y las inseguridades, las dificultades y los peligros son comprensibles. El cansancio y la frustración, agudizados por la crisis económica y pandémica, se perciben, pero no es levantando barreras como se resuelven los problemas y se mejora la convivencia, sino uniendo fuerzas para hacerse cargo de los demás según las posibilidades reales de cada uno y en el respe-
to de la legalidad, poniendo siempre en primer lugar el valor irrenunciable de la vida de todo hombre, de toda mujer, de toda persona. Cito una vez más a Elie Wiesel: «Cuando las vidas humanas están en peligro, cuando la dignidad humana está en peligro, los límites nacionales se vuelven irrelevantes» (Discurso de aceptación del Premio Nobel de la paz, 10 diciembre 1986). En varias sociedades los conceptos de seguridad y solidaridad, local y universal, tradición y apertura se están oponiendo de modo ideológico. Más que sostener unas ideas, puede ayudar partir de la realidad, detenerse, ampliar la mirada, sumergirse en los problemas de la mayoría de la humanidad, de tantas poblaciones víctimas de emergencias humanitarias que no han provocado sino sólo padecido, a menudo después de largas historias de explotación todavía en curso. Es fácil arrastrar a la opinión pública, fomentando el miedo al otro; ¿por qué, en cambio, con el mismo tono, no se habla de la explotación de los pobres, o de las guerras olvidadas y a menudo generosamente financiadas, o de los acuerdos económicos que se hacen a costa de la gente, o de las maniobras ocultas para traficar armas y hacer que prolifere su comercio? ¿Por qué no se habla de esto? Hay que enfrentar las causas remotas, no a las pobres personas que pagan las consecuencias de ello, siendo además usadas como propaganda política. Para remover las causas profundas no se puede sólo resolver las emergencias. Se necesitan acciones concertadas. Es necesario acercarse a los cambios históricos con amplitud de miras. Porque no hay respuestas fáciles para problemas complejos; existe más bien la necesidad de acompañar los procesos desde dentro, para superar los guetos y favorecer una lenta e indispensable integración, para acoger las culturas y las tradiciones de los otros de una manera fraterna y responsable. Sobre todo, si queremos recomenzar, miremos el rostro de los niños. Hallemos la valentía de avergonzarnos ante ellos, que son inocentes y son el futuro. Interpelan nuestras conciencias y nos preguntan: «¿Qué mundo nos quie-
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ren dar?». No escapemos rápidamente de las crudas imágenes de sus pequeños cuerpos sin vida en las playas. El Mediterráneo, que durante milenios ha unido pueblos diversos y tierras distantes, se está convirtiendo en un frío cementerio sin lápidas. Esta gran cuenca de agua, cuna de tantas civilizaciones, ahora parece un espejo de muerte. ¡No dejemos que el mare nostrum se convierta en un desolador mare mortuum, ni que este lugar de encuentro se vuelva un escenario de conflictos! No permitamos que este «mar de los recuerdos» se transforme en el «mar del olvido». Hermanos y hermanas, les suplico: ¡detengamos este naufragio de civilización! Dios se hizo hombre en las orillas de este mar. Su Palabra ha resonado llevando consigo el anuncio de Dios, que es «Padre y guía de los hombres» (S. Gregorio Nacianceno, Sermón 7, en honor de su hermano Cesario, 24). Él nos ama como hijos y quiere que seamos hermanos. Y, en cambio, ofendemos a Dios, despreciando al hombre creado a su imagen, dejándolo a merced de las olas, en la marea de la indiferencia, a veces justificada incluso en nombre de presuntos valores cristianos. La fe nos pide compasión y misericordia —no nos olvidemos que este es el estilo de Dios: cercanía, compasión y ternura—. La fe exhorta a la hospitalidad, a aquella filoxenia que impregnó la cultura clásica, encontrando luego en Jesús su propia manifestación definitiva, especialmente en la parábola del Buen Samaritano (cf. Lc 10,29-37) y en las palabras del capítulo 25 del Evangelio de Mateo (cf. vv. 31-46). No es ideología religiosa, son raíces cristianas concretas. Jesús afirma solemnemente que está allí, en el forastero, en el refugiado, en el que está desnudo y hambriento; y el programa cristiano es estar donde está Jesús. Sí, porque el programa cristiano, escribió el Papa Benedicto, «es un corazón que ve» (Carta enc. Deus caritas est, 31).
salida para la gente, para desplazarse a otro lado. Gracias, hermanos y hermanas griegos, gracias por esta generosidad. Y ahora pidamos a la Virgen María que nos abra los ojos ante los sufrimientos de los hermanos. Ella se puso en camino rápidamente al encuentro de su prima Isabel, que estaba encinta. ¡Cuántas madres embarazadas encontraron la muerte rápidamente, estando de viaje, mientras llevaban la vida en su vientre! Que la Madre de Dios nos ayude a tener una mirada materna, que ve en los hombres hijos de Dios, hermanas y hermanos que acoger, proteger, promover e integrar; y a amar con ternura. Que María Santísima nos enseñe a anteponer la realidad del hombre a las ideas e ideologías, y a dar pasos ágiles al encuentro del que sufre.
Y no quisiera terminar este mensaje sin agradecer al pueblo griego por el recibimiento, pues tantas veces la acogida se convierte en un problema porque no encuentra camino de Enero - Febrero 2022
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IGLESIA EN SALIDA por Marco Antonio Ureño Arriaga, Seminario de Zacatecas
Misioneros, artesanos de la fraternidad Reflexiones a la luz de Fratelli Tutti
Una vez más el Papa Francisco el pasado 3 de octubre del 2020 nos ha regalado una Carta Encíclica en donde sigue trazando el futuro de la Iglesia como comunidad que busca el diálogo, la fraternidad y la amistad con toda la humanidad. Se trata de Fratelli Tutti, documento que nos recuerda que Dios ha creado a todos los seres humanos iguales en los derechos, en los deberes y en la dignidad, y los ha llamado a convivir como hermanos entre ellos (5). El deseo profundo del Papa como líder de la Iglesia católica es hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad (8).
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omo discípulos misioneros, estamos llamados a seguir proclamando desde todas las dimensiones de nuestra vida que Jesús es nuestro hermano y amigo y que uno de sus deseos más profundo es que todos con nuestra propia esencia seamos uno, como Él y el Padre son Uno. A continuación, haremos un breve recorrido por tres de los capítulos de esta Encíclica que justamente guarda dentro de sí el deseo de una humanidad unida que entre en diálogo con quien piensa diferente y podamos juntos destruir los muros que nos separan y construir puentes que nos unan todo desde la perspectiva de la misión.
Un extraño en el camino Con el pasaje bíblico del Buen Samaritano, el Papa nos recuerda cuál sigue siendo hoy la misión de la Iglesia: acercarnos al hermano que está tirado y herido en el camino, sin importar nuestras diferencias culturales, sociales o religiosas creando una cultura diferente que nos oriente a superar las enemistades y a cuidarnos unos a otros (57). Pues hoy sigue resonando en el corazón de cada ser humano la pregunta dirigida a Caín tras matar a su hermano «¿Dónde está tu hermano Abel?» (Gn 4, 9) y ante esta pregunta no podemos quedarnos sin respuesta, debemos responder y dar cuentas de lo que hemos hecho por los demás hijos de un mismo Padre. Al amor no le importa si el hermano herido es de aquí o de allá (62) por ello, más que nunca debemos esforzarnos por mirar lo que nos hace diferentes y fijarnos en lo que nos hace ser hermanos, no pasar de largo junto al otro pues la vida no es tiempo que pasa, sino tiempo de encuentro (66). Por tanto, nosotros creyentes enfrentamos cada día la opción de ser buenos samaritanos o indiferentes viajantes que pasan de largo (69), la misión es clara, pero revisemos nuestros días y preguntémonos qué papel estoy haciendo como bautizado en mi comunidad, de tal manera que no nos pase como la parábola del Buen Samaritano en donde los que pasan de largo y no se detiene a ayudar eran personas religiosas (74) que no tuvieron Enero - Febrero 2022
el valor de acercarse y sanar las heridas del que sufre. La esperanza no ha muerto y hoy, hundir a un pueblo en el desaliento es el cierre de un círculo perverso perfecto (75) y quien lo hace falta gravemente contra la humanidad, de ahí la importancia de ser portadores de luz, encender en nuestro corazón el deseo gratuito, puro y simple de querer ser pueblo, de ser constantes e incansables en la labor de incluir, de integrar, de levantar al caído (77) pues ante tantos retos que enfrentamos como humanidad tenemos la gran oportunidad de crecer y superarlos juntos. Sintamos cómo el Señor nos llama a volvernos próximos con todos. Que cada pensamiento, cada acción y palabra sea para edificar y curar, no para destruir y herir, que por nuestra cercanía y hermandad el mundo sepa que somos de Cristo.
Un corazón abierto al mundo entero Para lograr una humanidad más fraterna tenemos que enfrentar varios retos que hoy se nos presentan como misión de todos. Entre los cuales destaca la migración, que como Iglesia tenemos que ayudar al migrante con cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar (139), esto plantea una misión fuerte y ardua pero que con la fuerza que emana de Cristo podremos lograr eso y más como muchos centros de ayuda a migrantes 33
IGLESIA EN SALIDA
inculturación del Evangelio en donde Cristo la única verdad toma formas diferentes en la expresión de fe. En sí, el mundo crece y se llena de nueva belleza gracias a sucesivas síntesis que se producen entre culturas abiertas, fuera de toda imposición cultural (148) de ahí la importancia de proponer y no de imponer la fe.
Caminos de reencuentro Finalmente, como misioneros nos corresponde de una manera especial el encargo que el Papa nos hace para cicatrizar las heridas hoy se necesitan artesanos de paz, dispuestos a generar procesos de sanación y reencuentro con ingenio y audacia (225), sin duda que la dimensión misionera siempre se le ha caracterizado por la capacidad de crear nuevas maneras de anuncio y propuesta del Evangelio. Cada misionero es hijo de su tiempo y el Espíritu alienta y sopla ideas que con ardor nos hace lanzarnos a la aventura de fe que conlleva la proclamación de la Buena Nueva.
lo han hecho viendo en cada persona el mismo rostro de Cristo. Además cuando se acoge de corazón a la persona diferente, se le permite seguir siendo ella misma (134). Imaginemos los cientos de misioneros que llegan a tierra de misión, tanto en otro tiempo como en la actualidad, el encuentro entre culturas hace que surjan una riqueza de valores y frutos. Pues los inmigrantes, sea cual sea su motivo de movilidad, si se les ayuda a integrase, son una bendición, una riqueza y un nuevo don que invita a una sociedad a crecer (135). Hoy la misión sigue teniendo la oportunidad de tomar rasgos nuevos y diferentes según las culturas del lugar de evangelización logrando la 34
Para lograr ser artesanos de paz y constructores de una civilización del amor es muy importante asumir el pasado para liberar el futuro de las propias insatisfacciones, confusiones o proyecciones (226). Ver al pasado con ojos de compasión, rescatar lo bueno y mejorar en los errores. Son muchos los acontecimientos de violencia que han quebrantado la unidad, pues cada violencia cometida contra un ser humano es una herida en la carne de la humanidad (227). En la búsqueda de la paz y la fraternidad es importante rescatar la virtud de la caridad para formar una nueva sociedad basada en el servicio a los demás, más que en el deseo de dominar (229) todo por medio del diálogo, justicia, desarrollo mutuo y un profundo proceso de reconciliación. Es importante también, colocar en el centro de nuestra actividad misionera a la persona humana que de diferentes maneras grita auxilio y que como servidores del Señor hoy podemos atender a sus necesidades. Los pobres guardan especial importancia en la misión de la Iglesia pues son ellos el vivo Enero - Febrero 2022
rostro de Cristo y por eso debemos estrechar una amistad con ellos de tal manera que al comprender su situación les ofrezcamos una visión nueva de su realidad en donde logren integrar su persona y su deseo de superarse día con día en su crecimiento interior. Hay que asumir nuestro pasado doloroso para no volver a cometer los mismos errores pues la memoria del pasado es garante y estímulo para construir un futuro más justo y fraterno (248).
la guerra, a la discriminación, a la pena de muerte, sí a una cultura del encuentro, al diálogo y a la cultura de la vida. De tal manera que juntos sigamos por los caminos del Señor, que al pasar por nuestras vidas las toca y transforma alcanzando el ideal de su oración sacerdotal «que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17, 21).
Finalmente debemos luchar contra todo tipo de injusticia de manera pacífica, no a Enero - Febrero 2022
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TESTIMONIOS MISIONEROS OMPE México
XVI CONAMI
Bautizados y enviados, testigos de esperanza Del 28 al 31 de octubre, bajo el lema «Bautizados y enviados, testigos de esperanza», se llevó a cabo el XVI Congreso Nacional Misionero desde la Arquidiócesis de Monterrey; el cual, debido a la actual pandemia, se realizó en un formato híbrido. Cabe recordar que el Congreso Nacional Misionero, CONAMI, celebrado cada cinco años, es un espacio de encuentro alegre, cercano y fraterno de la comunidad eclesial que peregrina en México y en el mundo, en el que se ora, se estudia, se reflexiona, se celebra y se comparten experiencias sobre la permanencia, la urgencia y los desafíos de la misión ad gentes de la Iglesia.
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n cada Congreso Nacional Misionero, la Iglesia mexicana se ha esforzado por encontrar una manera concreta de revitalizar su compromiso misionero, así como de ir descubriendo cuál es la manera de llevarlo a cabo de modo eficaz y coherente. El objetivo de este XVI CONAMI fue: «Compartir la vida de Dios Creador: su amor, su misericordia y su bondad, “para provocar en los bautizados relaciones fraternas y solidarias, santificando al mundo dando vida y belleza a toda la creación, a través del testimonio de la fe y haciendo opción por una Iglesia misionera ad gentes, a fin de que podamos hacernos presentes en todas las periferias existenciales y geográficas, como testigos de esperanza, respondiendo a los retos y desafíos de la actualidad».
28 de octubre La Misa de apertura se llevó a cabo el 28 de octubre en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe y fue presidida por S.E. Mons. Franco Coppola, quien, en su Homilía aludiendo al lema del Congreso, dijo que «somos llamados a ser testigos de cómo el Señor a alimentado nuestra vida, testigos de cómo el Señor ha cambiado nuestra vida... Ser testigos de esperanza, iniciando con nuestros hermanos con los cuales vivimos y que no han conocido a Jesús, no saben de nombre, pero no lo conocen, no lo han encontrado y no han encontrado a nadie que de testimonio de ello». Sobre la importancia de la realización del CONAMI dijo «me parece muy importante, diría que es la misión central que tenemos delante de nosotros, tener presentes el mensaje que nos ha hecho el Papá Francisco en el mensaje del pasado Domingo Mundial de las Misiones a través del pasaje de los Hechos de los Apóstoles donde Pedro dice “No podemos callar lo que hemos visto y oído”, somos testigos de esperanza, por esta razón, no porque hemos estudiado o leído, o porque nos hayamos formado de una manera especial, claro esto también es necesario, pero lo que nos hace testigos es el haber visto, oído y tocado con nuestras manos». Por su parte el Arzobispo de Monterrey, Mons. Rogelio Cabrera López, después de la celebración Eucarística dio un mensaje en el que resaltó la importancia de vivir el Congreso obedeciendo el mandato de Cristo: «ir a todas partes» «Cristo salió por obediencia al Padre —dijo—, por amor al Padre; la Iglesia también quiere dar esta salida misionera en obediencia al mandato de Cristo y por amor a él, no olvidemos nunca que la misión es respuesta de amor “Amoris misio” Misión de Amor. Cristo el misionero vino y se encarnó y habitó entre nosotros por una sola razón, porque nos amó hasta el extremo».
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Respecto al lema del Congrego comentó: «El congreso misionero nos ha regalado un lema muy bonito “bautizados y enviados testigos de esperanza”. Fíjense bien podríamos decir en una sola palabra bautizados-enviados, pero ahí hay una y, que es enfática, un énfasis, bautizados y enviados, porque el bautismo ha sido la primera experiencia del amor explícito de Dios. Como dice San Pablo, ya no solo te llamas, sino que verdaderamente ya eres un hijo de Dios». Resaltó la importancia del bautismo, pues este, «nos hermana con Cristo, el bautismo nos permite ser parte de la familia divina, por lo tanto, de vivir una experiencia afectiva y amorosa de Dios. Dios ha querido aceptarnos en su familia, pero también nos quiere testigos de este amor experimentado en su casa, en su familia. La Iglesia es la casa de los hermanos y de las hermanas que se aman. Es la familia de las amigas y amigos que se quieren». Por su parte el Padre Antonio de Jesús Mascorro Tristán MG, Director Nacional de Obras Misionales Pontificio Episcopales de México, dijo en su mensaje inaugural resaltó el esfuerzo de cada uno de los implicados en la organización del congreso, hizo énfasis en la importancia de extender el congreso más allá de su duración compartiendo lo aprendido en las distintas comunidades y áreas de trabajo pastoral, para, de esta forma, hacer extensiva la pasión por la misión universal de la Iglesia. Las actividades de este día concluyeron con la conferencia del Pbro. P José Antonio Portillo, quien habló sobre los orígenes de la Iglesia Diocesana en el noroeste novohispano.
29 de octubre En la primera conferencia del día 29 de octubre, «Retos y desafíos actuales de la Misión, y la virtud cristiana de la esperanza», a cargo del Pbro. Armando González, se habló de los retos tanto externos (El fenómeno de 38
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las culturas originarias y El imperialismo musulmán) como internos (Desertificación cristiana del mundo occidental y autosabotaje cristiano) que como Iglesia tenemos para llevar a cabo la Misión. Señaló lo difícil que ha sido apartar el concepto colonialista de la misión. La Celebración Eucarística de este día se realizó en la Basílica de la Purísima Concepción y fue presidida por Mons. Juan Carlos Arcq Guzmán, Obispo auxiliar de Monterrey, quien en su Homilía dijo sobre la evangelización que se sostiene mediante tres testimonios, entre ellos el testimonio de vida. El testimonio de vida es el soporte de todo, puesto que es el que da credibilidad; sin embargo, el testimonio de vida más hermoso, a la larga quedaría infecundo, si no es esclarecido por el testimonio de la Palabra, es decir, el anuncio del Evangelio.
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El Padre Alberto Anguiano García, Rector de la universidad Pontificia de México, en su conferencia «La salvación: comuniónparticipación en la vida divina» tuvo como eje caer en la cuenta de que, por el bautismo, participamos de la vida de Cristo y de su misión salvadora; a fin de que, asumamos comprometidamente que somos enviados a hacer discípulos a todos los pueblos, a bautizarlos en la comunión del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y a enseñarles a cumplir todo lo que él nos ha mandado (cf. Mt 28, 19 -20), de modo que experimentemos entre nosotros los mismos sentimientos de Cristo, vida y plenitud de nuestra vida (Cf. Flp 2, 1-8). El Padre Anguiano resaltó la importancia de la vivencia comunitaria del mandato misionero, puesto que «desde que seguimos a Jesús junto con otros discípulos, entonces ya estamos viviendo la comunión; Jesús no llamó a un discípulo, Él llamó a muchos, a doce apóstoles y, de esa manera, les enseñó a convivir a experimentar la unidad en el amor y en el servicio, porque de eso Jesús, el enviado del Padre es testigo, Él, en el seno de Dios vive una comunión. Así nosotros, en nuestros días, debemos vivir esa experiencia de comunión, que es salvación».
30 de octubre La tercera conferencia del CONAMI, que se realizó el 30 de octubre, fue impartida por el Pbro. Carlos Alberto Santos y tuvo como tema «La fraternidad cristiana como “fermento” de la Misión evangelizadora de la Iglesia». El objetivo de esta charla fue recordar que el objetivo de la Misión es «compartir la vida de Dios Creador: su amor, su misericordia y su bondad, para provocar en los bautizados relaciones fraternas y solidarias, santificando al mundo dando vida y belleza a toda la creación, a través del testimonio de la fe y haciendo opción por una Iglesia misionera ad gentes, a fin de que podamos hacernos presentes en todas las periferias existenciales y geográficas, como testigos de esperanza, respondiendo a los retos y desafíos de la actualidad». 39
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El Pbro. Carlos Alberto Santos, resaltó la importancia de la imagen del fermento, la cual recuerda la dinámica de «transformación, que Nuestro Señor le da a la levadura en medio de la masa, misma transformación que se espera por la labor misionera y evangelizadora de la Iglesia; esta misma imagen, aplicada al tema de la fraternidad nos ayuda a entender que la fraternidad cristiana tiene un poder de transformación en la labor misionera de la Iglesia, una labor que, a veces, reductivamente podríamos ubicarla a nivel de doctrina; sin embargo, es una forma de vida que nos acerca a la acción misma del Verbo que, encarnándose se ha hecho solidario, se ha unido a nuestra carne para redimirla, para salvarla». La Misa de este día fue celebrada en la Basílica de Nuestra Señora del Roble por Mons. José Armando Álvarez Cano, Obispo de Tampico y responsable de la Dimensión de Misiones de la Conferencia del Episcopado Mexicano. En su Homilía Mons. Armando habló sobre el llamado que interpela al cristiano de hoy, que es a dar testimonio con nuestra vida, testimonio con nuestra palabra y el testimonio de Dios que tiene que ir confirmando nuestras obras; en un mundo un poco perdido, en un mundo, en este momento, totalmente desanimado, aislado y temeroso, estamos llamados a dar testimonio de nuestra esperanza. El tema de la siguiente conferencia fue «¿Qué es la teología de la esperanza?», durante la cual el Pbro. Carlos Alberto Santos, habló sobre la importancia de anunciar a Jesucristo, el crucificado-resucitado, gritarlo como una buena nueva, transparentarlo con la vida, contagiarlo con esperanza. Señaló como misión de la Iglesia testimoniar la fuerza de la esperanza, sobre todo, en tiempos difíciles como en los que vivimos actualmente.
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31 de octubre En la última conferencia, impartida el 31 de octubre, a manera de conclusión, tuvo como tema el lema del congreso «Bautizados y enviados, testigos de esperanza»; y, de esta manera, se aterrizó la temática general del congreso a un contexto actual, en el que, en medio de las dificultades los misioneros son portadores de la esperanza. El Pbro. Sergio Espinoza, Misionero de Guadalupe, dijo que, como cristianos «podemos leer las razones de la esperanza al contemplar al Resucitado, quien se identifica por sus heridas transfiguradas: la palabra final es la del Padre; el seguimiento de Jesucristo pasa por el crisol del sufrimiento; la fuerza del Espíritu lo renueva todo y lo llena de la vida de Dios». «Los testigos de esperanza han de elegir la paz, mostrar lo absurdo de la violencia y de la guerra, y apoyar a los profetas de paz. Y donde haya desencuentros debemos trabajar por la reconciliación, a todos los
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tarnos unos a otros y buscar a muchos más que compartan con nosotros el interés de este testimonio. Este testimonio de esperanza tiene que llegar a todas partes; además, tenemos como interlocutores privilegiados, hoy en día, a aquellas personas que por razones de la situación actual se encuentran más tristes o en situaciones nada favorables, es ahí en donde debemos desarrollar nuestra misión». La misa de Clausura fue presidida por Mons. Rogelio Cabrera López, en la Catedra Metropolitana de Monterrey. En su Homilía Mons. Cabrera, enfatizó que es por el bautismo por el que somos misioneros y es por este dinamismo que la participación de los cristianos en la misión es ineludible; sin embargo, refiriéndose al lema, debemos considerar como meta ser «testigos de esperanza» y, de igual manera, cumpliendo con el mandamiento de amar a Dios y al prójimo como a uno mismo, ser todos hermanos. niveles: personal, cultural, intra-eclesial y ad gentes. Evangelizar para la paz y la reconciliación es un servicio, requiere una espiritualidad, exige diseñar buenas estrategias y comprometerse, sin miedo, confiados en el Señor». Puesto que «nuestra misión es evangelizar aquí y ahora, ser testigos de esperanza. Desde los apóstoles ha habido grandes figuras en esta gesta maravillosa, pero ahora es nuestro tiempo y nuestro reto. –por ello– Hemos de cultivar una espiritualidad misionera, una espiritualidad que se nutra de manera constante en la vida de oración y en la celebración de la liturgia». Al concluir su conferencia, en entrevista para OMPE, el Padre Sergio comentó: «He querido aportar una mirada misionera al tema que nos concierne este año “Bautizados y enviados, testigos de esperanza. Es muy importante que nos sumemos todos los hermanos y hermanas a la obra misionera; lo primero es, si verdaderamente queremos ser testigos de esperanza, alenEnero - Febrero 2022
En esta celebración Eucarística se realizó el envío de seis Misioneros Laicos Asociados a los Misioneros de Guadalupe y tres Misioneros de Guadalupe a Tierras de Misión; sus nombres, lugar de procedencia y lugar al que se les envía son: María del Consuelo Ruíz Torres, de Torreón, Coahuila, enviada a Mozambique; Ivette Stephanie Rodríguez Reina, de Chihuahua, Chihuahua, a Mozambique; Padre Gerardo Guajardo Núñez, de Torreón, Coahuila, a la Amazonía en Brasil; Diácono Alberto Pérez, de Villahermosa, Tabasco, a la Amazonía en Brasil; María Teresa Esparza del Río, de Villa de Ramos, San Luis Potosí, a la Amazonía en Brasil; María Hilda Oliva Alvarado, de Ciudad de México, a la Amazonía en Brasil; Agustín Pérez Linares, de Monterrey, Nuevo León, a la Amazonía en Brasil; Juan Pablo de la Rosa Miranda, de Tonalá, Chiapas, a la Amazonía en Brasil; Seminarista Marco Antonio Miranda Rodríguez, de Santiago Tilapa, Estado de México, a la Amazonía en Brasil.
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LA VOZ DE NUESTROS PASTORES
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«Todos somos discípulos misioneros en salida» Mensaje al Pueblos de América Latina y el Caribe
Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe
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osotros, miembros de la Asamblea Eclesial, reunidos de modo virtual y presencial, en la sede de la Conferencia Episcopal Mexicana, del 21 al 28 de noviembre de 2021, bajo la mirada amorosa de Santa María de Guadalupe, saludamos al Pueblo de Dios en camino, a los hombres y mujeres de nuestra querida América Latina y el Caribe.
Nos ha unido el deseo de reavivar el espíritu de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y Caribeño, realizada en Aparecida en 2007, en sintonía con las anteriores Conferencias Generales y teniendo en el horizonte el Jubileo Guadalupano en 2031 y el Jubileo de la Redención en el 2033. Confesamos que Jesucristo Resucitado quien nos ha convocado una vez más y, como en Aparecida, nos ha hecho reconocernos discípulos misioneros de su Reino, enviados a comunicar por desborde de alegría el gozo del encuentro con Él, para que todo tengamos en Él vida plena (cf. DAp 14). Desde entonces, Jesús nos acompaña en la tarea emprendida de repensar y relanzar la misión evangelizadora en las nuevas circunstancias latinoamericanas y caribeñas. Tarea que nos ha comprometido en un camino de conversión decididamente misionera, para someterlo todo al servicio de la instauración del Reino de la vida (cf. DAp 366). Propósito en el que avanzamos y que requiere de mayor responsabilidad pastoral. Sueño Enero - Febrero 2022
profético al que el Señor hoy nos confirma y anima a vivir caminando juntos, guiados por su Espíritu. Con gran alegría hemos vivido esta Asamblea como una verdadera experiencia de sinodalidad, en la escucha mutua y en el discernimiento comunitario de lo que el Espíritu quiere decir a su Iglesia. Hemos caminado juntos reconociendo nuestra poliédrica diversidad, pero sobre todo aquello que nos une, y en el diálogo nuestro corazón de discípulos se ha vuelto hacia las realidades que vive el continente, en sus dolores y esperanzas. Constatamos y denunciamos el dolor de los más pobres y vulnerables que sufren el flagelo de la miseria y las injusticias. Nos duele el grito de la destrucción de la casa común y la “cultura del descarte” que afecta sobre todo a las mujeres, los migrantes y refugiados, los ancianos, los pueblos originarios y afrodescendientes. Nos duele el impacto y las consecuencias de la pandemia que incrementa más las desigualdades sociales, comprometiendo incluso la seguridad alimentaria de gran parte de nuestra población. Duele el clamor de los que sufren a causa del clericalismo y el autoritarismo en las relaciones, que lleva a la exclusión de los laicos, de manera especial a las mujeres en las instancias de discernimiento y toma de 43
LA VOZ DE NUESTROS PASTORES
decisiones sobre la misión de la Iglesia, constituyendo un gran obstáculo para la sinodalidad. Nos preocupa también la falta de profetismo y la solidaridad efectiva con los más pobres y vulnerables. Por otro lado, nos llena de esperanza la presencia de los signos del Reino de Dios, que llevan por caminos nuevos a la escucha y al discernimiento. El camino sinodal es un significativo espacio de encuentro y apertura para la transformación de estructuras eclesiales y sociales que permitan renovar el impulso misionero y la cercanía con los más pobres y excluidos. Vemos con esperanza la Vida Religiosa; mujeres y hombres que viviendo contracorriente dan testimonio de la buena nueva del Evangelio, así como la vivencia de la piedad popular en nuestros pueblos. Esta Asamblea es un kairós, un tiempo propicio para la escucha y el discernimiento que nos conecta de forma renovada con las orientaciones pastorales de Aparecida y el magisterio del Papa Francisco, y nos impulsa a abrir nuevos caminos misioneros hacia las periferias geográficas y existenciales y lugares propios de una Iglesia en salida.
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¿Cuáles son entonces esos desafíos y orientaciones pastorales que Dios nos llama a asumir con mayor urgencia? La voz del Espíritu ha resonado en medio del diálogo y el discernimiento señalándonos varios horizontes que inspiran nuestra esperanza eclesial: la necesidad de trabajar por un renovado encuentro de todos con Jesucristo encarnado en la realidad del continente; de acompañar y promover el protagonismo de los jóvenes; una adecuada atención a las víctimas de los abusos ocurridos en contextos eclesiales y comprometernos a la prevención; la promoción de la participación activa de las mujeres en los ministerios y en los espacios de discernimiento y decisión eclesial. La promoción de la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural; la formación en la sinodalidad para erradicar el clericalismo; la promoción de la participación de los laicos en espacios de transformación cultural, política, social y eclesial; la escucha y el acompañamiento del clamor de los pobres, excluidos y descartados. La renovación de los programas de formación en los seminarios para que asuman la ecología integral, el valor de los pueblos originarios, la inculturación e in-
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terculturalidad, y el pensamiento social de la Iglesia como temas necesarios, y todo aquello que contribuya a la adecuada formación en la sinodalidad. Renovar a la luz de la Palabra de Dios y el Vaticano II nuestro concepto y experiencia de Pueblo de Dios; reafirmar y dar prioridad a la vivencia de los sueños de Querida Amazonía; y acompañar a los pueblos originarios y afrodescendientes en la defensa de la vida, tierra y sus culturas. Con gran gratitud y alegría reafirmamos en esta Asamblea Eclesial que el camino para vivir la conversión pastoral discernida en Aparecida es el de la sinodalidad. La Iglesia es sinodal en sí misma, la sinodalidad pertenece a su esencia; por tanto, no es una moda pasajera o un lema vacío. Con la sinodalidad estamos aprendiendo a caminar juntos como Iglesia Pueblo de Dios involucrando a todos sin exclusión, en la tarea de comunicar a todos la alegría del Evangelio, como discípulos misioneros en salida. El desborde de la fuerza creativa del Espíritu nos invita a seguir discerniendo e impulsando los frutos de este acontecimiento eclesial Enero - Febrero 2022
inédito para nuestras Iglesias y comunidades locales que peregrinan en América Latina y el Caribe. Nos comprometemos a seguir por el camino que nos señala el Señor, aprendiendo y creando las mediaciones adecuadas para generar las transformaciones necesarias en las mentalidades, en las relaciones, en las prácticas y en las estructuras eclesiales (cf. DSD 30). El itinerario pastoral que tenemos frente a nosotros nos guiará en el proceso de conversión misionera y sinodal. Damos gracias al Señor de la Vida y a todas las personas han hecho posible la realización de esta Asamblea y los ponemos bajo la protección de la Virgen de Guadalupe que acompaña con su ternura de madre el caminar de la Iglesia en este continente. Le encomendamos los frutos de este acontecimiento eclesial, y pedimos su intercesión para que con valentía y creatividad lleguemos a ser una Iglesia en salida, sinodal y misionera que el Señor espera de nosotros, porque todos somos discípulos misioneros en salida.
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CUADRO POR CUADRO
El lenguaje del corazón Título: Marie Heurtin
Director: Jean-Pierre Améris Guion: Jean-Pierre Améris , Philippe Blasband Protagonistas: Ariana Rivoire y Isabelle Carré Género: : Clásico, Drama País: Francia Idioma: Fancés Duración: 95 min
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urante el mes de febrero el Papa Francisco nos invita a orar por «las mujeres religiosas y consagradas, agradeciéndoles su misión y valentía, para que sigan encontrando nuevas respuestas frente a los desafíos de nuestro tiempo».
A lo largo de la historia muchas mujeres que han decido consagrar su vida a Dios han dado ejemplo con un testimonio de vida que, además de fortalecer a nuestra Iglesia, ha dejado huella en la sociedad. Entre los muchos nombres encontramos fundadoras de comunidades dedicadas a la educación, a la salud, al bienestar social; hay quienes han luchado por los derechos humanos y aquellas que con su amor y entrega han cambiado la vida de personas en situaciones vulnerables. 46
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A finales del siglo XIX vivió en Francia la Hermana Sainte-Marguerite, perteneciente a la comunidad de las Hijas de la Sabiduría, religiosas que atendían a jóvenes sordos. La Hermana Sainte-Marguerite escribió en su diario la historia de Marie Heurtin, una joven sordociega congénita, quien estuvo bajo su cuidado. Marie Heurtin creció prácticamente abandonada por su familia, que, sin embargo, se negó a ingresarla en un manicomio, como era lo habitual en esas fechas para las personas que nacían sordociegas. En 1895, Heurtin ingresó en la institución religiosa de Larnay, cerca de Poitiers. Su formación y educación evolucionó sobresalientemente gracias a la intervención y dedicación de la Hermana Sainte-Marguerite, que durante más de diez años y desde el primer momento le enseñó a relacionarse con la lengua de signos (idioma utilizado en la comunidad sorda, a través de las manos).
Hoy conocí un alma, un alma muy pequeña y frágil, un alma aprisionada, la cual brillaba a través de su prisión. Está atrapada en un mundo de oscuridad y silencio. ¿Cómo podemos hablar con ella? ¿Cómo podemos escucharla? ¿Cómo es vivir en completa oscuridad y silencio?
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CUADRO POR CUADRO
Marie me ha dado tantas cosas, me ha hecho descubrir otro mundo que yo desconocía por completo, un mundo que se puede tocar, un mundo donde todo lo que está vivo, palpita bajo los dedos.
La película francesa, dirigida por Jean-Pierre Améris, «El lenguaje del corazón» nos narra el proceso y las dificultades que juntas atravesaron la Hermana Sainte-Marguerite y Marie Heurtin; con una estética de colores brillantes podemos apreciar la belleza de un mundo que le es completamente ajeno a una joven que nunca ha podido percibirlo más que con el tacto, a través de la iluminación no solo contemplamos la campiña francesa en todo su esplendor, sino que percibimos el calor que poco a poco va llenando el corazón de Marie, apartándola de la obscuridad en la que durante 14 años vivió. El lenguaje del corazón, a través de una historia, quizás conocido, nos muestra la importancia de prepararnos para dar respuesta a las necesidades de los destinatarios privilegiados, a los más vulnerables, dar respuesta a aquellos que necesitan ser consolados y reconfortados en su idioma, en su propio lenguaje.
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