REVISTA AD GENTES. PUBLICACIÓN BIMESTRAL DE LAS OBRAS MISIONALES PONTIFICIO EPISCOPALES DE MÉXICO A.R.
ISSN: 0185-8424
Año LII No. 602: Nueva época Septiembre - Octubre 2019 Costo: $15.00 M.N OMPE MÉXICO
Quien ama se pone en movimiento, sale de sí mismo, es atraído y atrae, se da al otro y teje relaciones que generan vida. Papa Francisco
Las Obras Misionales Pontificias son un importante impulso para la cooperación en la misión. Pbro. Luis Castillo
MENSAJE DEL DIRECTOR PBRO. JOSÉ AYALA MADRIGAL
La Iglesia está en misión en el mundo: […] Una Iglesia en salida hasta los últimos confines exige una conversión misionera constante y permanente. Cuántos santos, cuántas mujeres y hombres de fe nos dan testimonio, nos muestran que es posible y realizable esta apertura ilimitada, esta salida misericordiosa, como impulso urgente del amor y como fruto de su intrínseca lógica de don, de sacrificio y de gratuidad (cf. 2 Co 5,14-21). Porque ha de ser hombre de Dios quien a Dios tiene que predicar (cf. Carta apost. Maximum illud). Mensaje del Santo Padre Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones 2019.
Estimados amigos de Ad Gentes reciban un cordial saludo, deseando de todo corazón que sigan experimentando la gracia y la paz que el Señor Jesús nos concede día a día para vivir. Oremos juntos para que el Espíritu Santo continúe conduciendo el caminar misionero de la Iglesia que peregrina en México. Además, pidamos para que guíe los pasos y esfuerzos de todos los misioneros que se encuentran entregando la vida para extender el Reino de Dios en territorios de misión ad gentes. El próximo 20 de octubre estaremos celebrando la Jornada Mundial de las Misiones, la cual se vuelve muy especial y realmente significativa: el Papa Francisco convocó, desde hace dos años, a celebrar un Mes Misionero Extraordinario octubre 2019, a propósito del 100 aniversario de la Carta Apostólica Maximum Illud de su predecesor el Papa Benedicto XV: La visión profética de su propuesta apostólica me ha confirmado que hoy sigue siendo importante renovar el compromiso misionero de la Iglesia, impulsar evangélicamente su misión de anunciar y llevar al mundo la salvación de Jesucristo, muerto y resucitado (Francisco). El lema de la jornada es: Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo, para dar respuesta al compromiso bautismal. De esta manera, la misión se vuelve el fundamento de una Iglesia que es católica y, además, actúa en el mundo. Por tanto, como en tiempos de la Maximum illud, hoy la Iglesia sigue teniendo el mismo desafío: provocar en los bautizados la conciencia misionera universal, para comunicar el Evangelio a toda la creación según la voluntad salvífica del Padre que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad (cf. 1 Tim 2, 4). Sigamos orando por la misión universal de la Iglesia para que cualquier persona de cualquier parte del mundo conozca la vida divina de Dios: su amor, su misericordia y su bondad. Me despido invocando, para ustedes y sus familias, la maternal intercesión de María Reina de las Misiones. Que ella interceda por nosotros y nos acompañe a ser esos discípulos misioneros en salida, siempre dispuestos a orar y a dar testimonio para que la Buena Nueva de su Hijo Jesucristo llegue a todas las naciones, a todas las gentes.
Pbro. José Ayala Madrigal Obras Misionales Pontificio Episcopales de México Director Nacional
SEPTIEMBRE · OCTUBRE 2019 AÑO LII NO. 602: NUEVA ÉPOCA
CONTENIDO
BIBLIA Y MISIÓN La misión de la Iglesia y la missio ad gentes
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LA MISIÓN HOY Por la salvación de todo el mundo.
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TESTIMONIOS MISIONEROS Misión, ¡Pura vida!
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AL SERVICIO DE LA MISIÓN DOMUND 2019
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MISIÓN Y PERSPECTIVA Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo
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IGLESIA EN SALIDA Primavera misionera, donde el Espíritu guía
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LA VOZ DEL PAPA Mensaje del Santo Padre Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones 2019
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TESTIMONIOS MISIONEROS "Jóvenes de Cristo, a las periferias del mundo" XIII CONAJUM
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TESTIMONIOS MISIONEROS La fuerza del Amor
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CUADRO POR CUADRO La sal de la tierra
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OBRAS MISIONALES PONTIFICIO EPISCOPALES DE MÉXICO A.R. Propietario
PBRO. JOSÉ AYALA MADRIGAL Director General
PBRO. LUIS ALBERTO CASTILLO HERNÁNDEZ
Secretario Nacional de la Pontificia Obra de la PF
DIANA MONROY RODRÍGUEZ Editora
CLAUDIA B. CHÁVEZ RAMÍREZ Diseño
COLABORADORES
Comunidad Misionera de Villaregia Pbro. Dr. Luis García Orso Pbro. Marcos Garduño Arias, SX Daniel Durán González Hna. Gisel María Muñóz
Revista Adgentes
Fotografía Págs: 14-17 Comunidad Misionera de Villaregia Págs: 10-13, 22-24, 28-33, 38-41 Cathopic Págs: 34-37 MEG
REVISTA AD GENTES, Año LII, número 602: Nueva época, septiembre · octubre 2019, es una publicación bimestral impresa distribuida por Obras Misionales Pontificio Episcopales de México, A. R., Prolongación Misterios No. 24, Col. Tepeyac Insurgentes. Delegación Gustavo A. Madero, C.P. 07020, Tel. (01 55) 57500544, www.ompe.mx, Editor responsable: José Ayala Madrigal. Reserva de Derechos No. 04-2008-042412363000-102, ISSN: 0185-8424, Licitud de Título No. 12345. Licitud de Contenido No. 9908, ambos otorgados por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación, Permiso SEPOMEX No. PPO9-1848 Impresa por Editorial Esfuerzo S. A. de C. V. Esfuerzo 16-A, Col. Lázaro Cárdenas, C.P. 53560 Naucalpan de Juárez, Estado de México. Este número se terminó de imprimir el 19 de agosto de 2019, con un tiraje de 10, 000 ejemplares. El contenido de los artículos que aparecen en cada número es responsabilidad de los autores y no compromete la opinión de los editores.
Septiembre - Octubre 2019
EDITORIAL
A casi cien años de la promulgación de la Carta Apostólica Maximum Illud, con la celebración del Mes Misionero Extraordinario no solo se presenta la oportunidad de renovar nuestro compromiso misionero, sino también, la oportunidad de replantearnos nuestro papel como agentes de cambio, a partir de la propagación del Evangelio. El lema para esta jornada DOMUND es: «La Iglesia de Cristo en misión en el mundo», reforzando así la idea de que los discípulos de Cristo, tienen la tarea de llevar el mensaje salvífico a cada rincón de la tierra. Al igual que hace cien años el mundo necesita de un mensaje que se contraponga a la cultura de muerte y violencia que impera en nuestra sociedad; las víctimas de la guerra necesitan paz; los pobres y los más vulnerables necesitan ser escuchados, requieren de profetas que les anuncien palabras de consuelo y denuncien sus necesidades. La Iglesia de Cristo en el mundo, no puede, no debe, permanecer ajena a él. En su mensaje para el DOMUND, el Papa nos dice «La Iglesia está en misión en el mundo: la fe en Jesucristo nos da la dimensión justa de todas las cosas haciéndonos ver el mundo con los ojos y el corazón de Dios; la esperanza nos abre a los horizontes eternos de la vida divina de la que participamos verdaderamente; la caridad, que pregustamos en los sacramentos y en el amor fraterno, nos conduce hasta los confines de la tierra». Nos exhorta a salir, a ser la Iglesia misionera que se pone en movimiento para salir de sí misma al encuentro del otro; a no ser los hijos de Dios entre paredes. El envío es inherente al bautismo; somos bautizados, somos enviados y nuestra misión es comunicar la vida que se nos ha comunicado en el bautismo. En su mensaje de este año, el Papa Francisco dedica un espacio a las Obras Misionales Pontificias, instrumento misionero eclesial que, mediante la oración, y la caridad de los cristianos «apoyan al Papa en su compromiso misionero»; colaboremos en la difusión de información que contribuya al óptimo conocimiento de cada una de estas Obras. El próximo 20 de octubre asumamos nuestro compromiso misionero, seamos «La Iglesia de Cristo en misión en el mundo».
BIBLIA Y MISIÓN
P. Fabrizio Meroni
La misión de la Iglesia y la
missio ad gentes
La certeza de que la misión no solo representa la naturaleza misma de la Iglesia (cf. Ad gentes, 2), sino su origen, propósito y vida, nos obliga a reconsiderar su raíz trinitaria y cristológica y su origen pneumatoló-gico para que Dios Padre sea glorificado y su creación tenga vida. Las relaciones intratrinitarias (procesiones y misiones) establecen el espacio teológico donde situar a la Iglesia desde la creación en Cristo, para la redención de la Pascua y en su realización escatológica. La misión hace a la Iglesia porque la constituye como mucho más que un mero instru-mento para la salvación.
Murillo (1655). Juan Bautista presentando a Cristo. Instituto de Arte de Chicago.
La misión hace a la Iglesia porque la constituye como mucho más que un mero instru-mento para la salvación.
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a Iglesia, sacramento universal de salvación (cf. Lumen gentium, 1, 9, 48, Ad gentes, 1; Gaudium et spes, 45), es mucho más que un medio o una marca a superar. La Iglesia es la revelación soteriológica de la Verdad plena sobre el mundo y nuestra humanidad en Dios. «La misión no responde principalmente a las iniciativas humanas; el protagonista es el Espíritu Santo, el proyecto es suyo (cf. Redemptoris missio, 21). Y la Iglesia es sierva de la misión. No es la Iglesia la que hace la misión, sino que es la misión la que hace la Iglesia. Por lo tanto, la misión no es el instrumento, sino el punto de partida y el fin»1. Consiguientemente, la misión de la Iglesia debe entenderse como una efectiva participación histórica y sacramental efectiva en las misiones que Dios Padre confía al Hijo y al Espíritu Santo en el mundo. La Iglesia es misionera por naturaleza porque nace y se funda en la Pascua de la muerte y resurrección de Jesús. La cruz, la
1 Papa Francisco, Discurso a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Congregación para la Evangeli- zación de los Pueblos, 3 de diciembre de 2015.
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Murillo (1655). El Bautismo de Cristo. Gemäldegalerie, Berlín.
vida histórica y la resurrección de Jesús de Nazaret y el derramamiento del Espíritu en Pentecostés constituyen la Iglesia en permanente estado de misión, caracterizando por tanto su naturaleza intrínseca como espacio de salvación y como tiempo de reconciliación con Dios, ubicado dentro de la historia y el mundo. El mandato misionero (cf. Mt 28,19, Hch 1,6-8) hace explícita su dimensión universal (hacer discípulos de todos los pueblos), la llamada a participar en la Pascua de Jesucristo en el bautismo (cf. Rm 6) y su permanencia en el tiempo y en el espacio geográfico hasta los confines de la tierra, sin reemplazar nunca a su fundador y Señor Jesucristo: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28,20).
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La missio ad gentes es la forma original, el paradigma y el modelo que configura toda la misión evangelizadora de la Iglesia, ya que expresa el anuncio del Evangelio y la transformación sacramental del mundo, haciendo de todos los pueblos discípulos misioneros del Señor Jesús. La especificidad de la missio ad gentes en la misión evangelizadora de la Iglesia reside en su peculiar relación con el todavía no acontecido encuentro personal con Jesucristo y su Evangelio, con la ausencia de una fe cristiana capaz de generar nuevas culturas, con mujeres y hombres cuyas religiones y pueblos anhelan la liberación del pecado y de la muerte en el aquí y ahora de la historia humana. Conocer a Cristo o no conocerlo, ser bautizado o no serlo, abrazar la fe cristiana y pertenecer a la Iglesia, vivir el Evangelio del perdón y la reconciliación y la experiencia de Dios o no vivirlo constituye la verdadera diferencia. De hecho, para colaborar en la salvación del mundo, debemos amarlo (cf. Jn 3,16) y estar dispuestos a dar la vida sirviendo a Cristo, único salvador del mundo. La misión, la conversión, el bautismo, la fe, el amor representan la voluntad del Señor Jesús con respecto a su Iglesia. Vender un producto con fines religiosos para obtener ganancias o aumentar el número de seguido5
BIBLIA Y MISIÓN
res, manipular la libertad de las personas en sus necesidades materiales y espirituales más profundas para la salvación, unir ideologías y opiniones religiosas es proselitismo. La misión de Jesús, el centro y culmen de la misión de la Iglesia, es la verdadera comunicación de la vida divina, de la vida eterna, de la vida de las hijas e hijos amados desde siempre por aquel que nos ha creado y que es nuestro Padre en Cristo. Dar la vida por Dios Padre, ofrecer la vida por el Espíritu Santo, sacrificar la vida por Cristo representa el origen y la finalidad de la misión, es la originalidad de la missio ad gentes, hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste, la morada de Dios entre los hombres (cf. Ap 21).
Murillo (1664). La fe o la Iglesia triunfante. Boscot Park, Oxfordshire.
La missio ad gentes, como el primer anuncio dirigido a personas, lugares y pueblos todavía no transfigurados por la Pascua de Jesús, cualifica la evangelización de la Iglesia guiada por el Espíritu Santo en su deber irrenunciable por penetrar, convertir y transformar el mundo hasta los confines de la tierra para que todos podamos ser salvados. La missio ad gentes corresponde, aunque no se reduce a eso, a la necesidad natural inscrita en el corazón de todo hombre de ser salvado, es decir, de experimentar la plenitud de la vida en la victoria sobre el pecado, la enfermedad y la muerte. En la missio ad gentes, la Iglesia es conducida por la salvación de Jesús hacia un
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mundo que el mismo Dios salvador ya había creado y constituido para ser salvado en su Hijo Jesús. En el anuncio, en los sacramentos y en el amor, propios de la missio ad gentes, los destinatarios, así como los misioneros, están todos necesitados de la salvación de Jesucristo, como el cumplimiento del proyecto original de la humanidad y de la vida en plenitud iniciada en la creación y siempre activa durante su camino hacia la eternidad. Toda la creación, en la central mediación antropológica de la vida inteligente, corporal y libre del hombre, pide la eternidad de la vida de Dios. Es bien conocida la magistral insistencia y exhortación del Santo Padre Francisco sobre la misión, pertinazmente comunicada en términos pastorales como «Iglesia en salida», «Iglesia hospital de campaña», «Iglesia pueblo fiel y santo de Dios». En el número 15 de la Evangelii gaudium el Papa afirma que la misión debe convertirse en el paradigma de la vida y del trabajo ordinario de la Iglesia. Se requiere una auténtica conversión misionera de los discípulos de Jesús y de las estructuras de las comunidades eclesiales (cf. Evangelii gaudium, 25, 27), como estado permanente de íntima comunión misionera con Cristo, de encuentro personal con Jesús vivo en su Iglesia. Citando a san Juan Pablo II, el Papa Francisco nos dice que «la intimidad de la Iglesia con Jesús es una intimidad itinerante, y la comunión “esencialmente se configura como comunión misionera”»2. La misión de Jesús puesta en el corazón de la Iglesia se convierte así en el criterio de discernimiento espiritual para evaluar la eficacia de sus estructuras pastorales, los resultados de su trabajo apostólico, la fecundidad de sus ministros y la alegría que somos capaces de comunicar, ya que sin alegría no podremos atraer a nadie3. Esta exhortativa insistencia del magisterio pontificio sobre la misión pone de relieve, pa2 Id, Ex. Ap. Evangelii gaudium, 23. 3 Cf Id, Encuentro con el Comité directivo del CELAM, Bogotá, 7 de septiembre de 2017.
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radójicamente, una profunda crisis del sentimiento eclesial sobre la misión misma, y particularmente en relación con la missio ad gentes. Está muy difundido entre los bautizados, fieles y pastores, cierto cansancio misionero en el que se esconde, detrás de supuestas formas de inculturación, la autorreferencialidad eclesial de ciertas Iglesias locales. También la introversión burocrático-clerical de la actividad administrativa pastoral parece estructurar la supervivencia de muchas instituciones y de algunos cristianos dedicados al mantenimiento de lo existente, de acuerdo con el criterio del «siempre se ha hecho así» (cf Evangelii gaudium, 33). La irrelevancia social y cultural de los cristianos, junto con la caída de la necesidad de ser aceptados y percibidos como comercialmente atrayentes en la era tecnológico-afectiva, nos obliga a una especie de homologación mundana y mediática, lo que desencadena una fuerte tentación centrípeta. Aparentamos estar más preocupados por renovar lo viejo que por renacer de lo alto a la novedad de la Pascua: el vino nuevo necesita odres nuevos, porque destruiría los viejos (cf. Mt 9,17). Estamos muy tentados por la reducción de la misión a una mera yuxtaposición a estructuras ya existentes y tal vez fugaces, en lugar de tener el coraje apostólico y la audacia necesarios para dejarnos reconstruir y reformar con nuevas formas de presencia y de testimonio cristiano (cf. Gaudete et exsultate, 130-132). Me parece que podemos señalar algunos puntos esenciales para una acción positiva de la vida eclesial con referencia sobre todo a la experiencia de la fe y, por tanto, a su inteligencia teológica y a su práctica pastoral para que la misión se convierta en la forma existencial de los bautizados. La missio ad gentes, como el mandato divino de la Iglesia para ir a todos los pueblos y hasta los confines de la tierra (cf. Ad gentes, 1), sigue siendo el movimiento del amor de Dios que invita, envía, convoca y atrae, movimiento de amor que mide y revela la autenticidad misionera de la vida y de la acción eclesial. Tres parecen ser los temas cruciales para la renovación de la conciencia, del ardor y de la responsabilidad misionera. Sept. - Octubre 2019
Se requiere una auténtica conversión misionera de los discípulos de Jesús y de las estructuras de las comunidades eclesiales
En primer lugar, debemos redescubrir el vínculo intrínseco entre misión y salvación cristiana (cf Ad gentes, 7). Discípulos misioneros enviados y destinatarios, iglesias que parten y receptores, culturas y experiencias religiosas no marcadas por el Evangelio de Jesús, cuyos miembros desean plenitud de vida, requieren conversión y ser reconsiderados a la luz de la necesidad universal de salvación del pecado y la muerte. El misterio pascual y la misión histórica de Jesús muestran que la necesidad de amor, la necesidad de salvación del mal y de la muerte, del pecado y del dolor, del odio y de la división, es constitutiva del hombre que, por la creación en Cristo, añora la filiación divina. El interés por el diálogo, por la convivencia pacífica, por la justicia social y económica, por la ecología y la alteridad, debe recualificarse y reestructurarse profundamente ante la abundante ofrenda de salvación cuyo centro es el misterio pascual (cf. Gaudium et spes, 22). Hemos sido llamados a inserirnos más conscientemente en la unicidad salvífica universal de Jesucristo salvador, en la misión soteriológica de la Iglesia ante los desafíos teológicos de las religiones y en el nuevo contexto mundial de la tecnología digital. La preocupación por la salvación realizada por Jesucristo, el único mediador entre Dios y los hombres, es estar interesados en que todos tengan vida y la tengan en abundancia y para siempre. Un segundo elemento crucial para una verdadera renovación de la Iglesia en un estado permanente de misión es la necesidad de recuperar la relación con el mundo (cf. Gaudium et spes), que nos incluye a todos nosotros, al 7
mundo que nos rodea, el mundo de la materia, del cuerpo y de las cosas, el mundo del tiempo y del espacio, de las culturas y de las religiones. Debemos aprender de Dios que, para salvar al mundo, lo ama desde la creación y nos ofrece su vida divina en el Hijo enviado y sacrificado por nosotros. Dios amó tanto al mundo que envió a su Hijo para que tengamos vida plena, nos dice san Juan en su Evangelio (Jn 3,16; 10,10). La missio ad gentes, para renovar evangélicamente la Iglesia, requiere un reavivamiento sustancial de la centralidad bautismal de los fieles laicos y de su secularidad, de su presencia ordinaria en el mundo. El testimonio cristiano encuentra, en la fe eclesial de los discípulos de Jesús y en su competencia profesional, la articulación y la eficacia de estar en el mundo a pesar de no ser del mundo ni provenir del mundo. El fiel laico bautizado, en virtud de la experiencia común del amor conyugal que genera vida y familia, junto con su adhesión radical al mundo y a su transformación, gracias a su trabajo, exige ser colocado en el centro de las preocupaciones pastorales del anuncio, de la vida litúrgica, de la formación catequética y de la caridad comunitaria. Aquí tenemos que recordar, siguiendo las enseñanzas de san Juan Pablo II en la Christifideles laici 59, que «una fe que no se hace cultura, es una fe “no plenamente acogida, no enteramente pensada, no fielmente vivida”». La tentación de reducir la Iglesia al mundo clerical y a una cierta pastoral clericalizante, el haber reducido el amor humano entre un hombre y una mujer a una simple actividad pastoral de discutible preparación al matrimonio y a su celebración canónico-ritual, la indiferencia hacia el mundo del trabajo, la profesión y la transformación del mundo, requieren una renovación radical de los contenidos sobre los que se nos pide empeñar nuestro bautismo y nuestra fe. Creo que la experiencia humana básica del amor conyugal entre un hombre y una mujer puede representar el 8
lugar de la salvación para todos4, respetando por un lado la esencial necesidad dogmática de la fe cristiana, del bautismo y de la Iglesia para ser salvada en la Pascua de Jesucristo (cf. Lumen gentium, 14; Ad gentes, 7; Gaudium et spes, 22), y, por otro lado, respetando la exigencia evangélica de que todos seremos juzgados por amor (cf. Mt 25). Si puede tener sentido hablar de una missio inter gentes, complementaría a su dimensión ad gentes, pero nunca en contraposición o sustitución, debe entenderse como un modo de presencia dinámica del anuncio y conversión de los pueblos, culturas, religiones y personas que se encuentran y se abren al Evangelio de Jesús y a su Iglesia. La fe cristiana que impregna esta interculturalidad abre nuevos horizontes, transforma las relaciones y los pueblos, transfigura la materia, los cuerpos y el mundo para la gloria de Dios y la vida plena del hombre y de la mujer. El diálogo entre las personas, sus culturas y sus religiones y el respeto indispensable para la libertad religiosa de cada persona representan el horizonte natural y necesario de la misión de la Iglesia en el mundo. La coexistencia pacífica y ordenada de comunidades religiosas diversas y el respeto recíproco mutuo debe garantizar la libre posibilidad de la misión, de la conversión y de la pertenencia religiosa y comunitaria. Presencias cristianas significativas y creativas en lugares mayoritariamente indiferentes u hostiles a la fe, en el que el testimonio cristiano 4 Cf F. Meroni, Christ’s Salvation, Church and Other Religions in Light of Vatican II, en Id (ed.), Mission Makes the Church, Aracne, Roma 2017, 195225. Cf Id, Il mistero nuziale e le sfide del gender. Uomo e donna: è ancora possibile?, Cantagalli, Siena 2015.
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Murillo (1655). Juan Bautista presentando a Cristo. Instituto de Arte de Chicago.
BIBLIA Y MISIÓN
Un tercer elemento de vital importancia para que la misión moldee la naturaleza, la vida y las estructuras de la Iglesia se encuentra en la necesidad experiencial y teológica de refundar y entender mejor la lógica sacramental del evento Jesucristo, de su Encarnación y de su Pascua. Limitar la misión al anuncio y testimonio de los valores del Reino no solo significa reducirla, sino también privar a la Palabra de Dios y al reino de Dios de la concreta realidad histórico-escatológica de la Encarnación y de la eficacia salvífica y transformadora de la obra misionera de la Iglesia fundada en la Pascua de Jesús. Las bienaventuranzas, el precepto de amor y la liberación de los pobres son teológicamente concretos y pastoralmente eficaces solo dentro de la recíproca fundación sacramental. El bautismo y la confirmación como inmersión e identificación pneumatológica con el misterio pascual; la Eucaristía como una forma de comunión de auténtica y corpórea unidad de Dios en Cristo con nuestra humanidad en el orden del sacrificio y la oblación; el matrimonio como sacramental unidad de Dios con su criatura humana, de Jesucristo con su Iglesia; la reconciliación y la unción de los enfermos como verdadera liberación del pecado y recreación de la vida plena; el sacramento del orden como un ministerio al servicio de la forma eucarística del mundo y de la humanidad redimida, necesitan ser redescubiertos en la reflexión teológica y en la acción pastoral en la misión. Sin el sacramento, el amor y la misericordia siguen siendo vagas intuiciones de fraternidad y de reconciliación configuadas según criterios mundanos y esSept. - Octubre 2019
Murillo (1655). El Bautismo de Cristo. Gemäldegalerie, Berlín.
convive día a día con la tragedia del martirio de sangre, los movimientos eclesiales, las asociaciones laicales, los institutos misioneros y las nuevas formas eclesiales de vida comunitaria, son experiencias eclesiales a las que referirnos para comprender la missio ad gentes en su reconstrucción paradigmática de toda la misionariedad de la Iglesia enviada al mundo, para la salvación y la transformación del mundo.
tablecidas asistencialmente como meras organizaciones no gubernamentales, tal como a menudo subraya el Papa Francisco. Solo en el sacramento se comprende el verdadero significado del mundo, de la materia y del cuerpo que, enfermo por el pecado, anhela la recreación pascual de la vida. Como bien nos recuerda el Papa emérito Benedicto XVI en la exhortación apostólica Sacramentum caritatis: «En efecto, la doctrina católica afirma que la Eucaristía, como sacrificio de Cristo, es también sacrificio de la Iglesia, y por tanto de los fieles. La insistencia sobre el sacrificio –“hacer sagrado”– expresa aquí toda la densidad existencial que se encuentra implicada en la transformación de nuestra realidad humana ganada por Cristo (cf. Flp 3,12). El nuevo culto cristiano abarca todos los aspectos de la vida, transfigurándola»5. Por lo tanto, la Iglesia es recibida por Dios y vivida en el Espíritu del Señor resucitado como pueblo santo y fiel de Dios, cuerpo y esposa de Jesucristo, templo del Espíritu Santo. Descuidar el sacramento como un momento sacrificado y resucitado de la Palabra de Dios proclamada y encarnada pone en peligro la exclusión de gran parte del trabajo pastoral ordinario de muchas comunidades cristianas, pastores y misioneros, por lo que la reflexión sobre la misión hoy parece ser insignificante. Una articulación ponderada y sabia del anuncio, del sacramento y del testimonio cristiano en la missio ad gentes, podría ayudarnos a renovar y reformar radicalmente en sentido misionero toda la vida y la actividad de la Iglesia. 5 Benedicto XVI, Ex. Ap. Sacramentum caritatis, 70-71.
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LA MISIÓN HOY
Pbro. Luis Alberto Castillo Hernández / Pontificia Obra de la Propagación de la Fe, Secretario Nacional
Por ladesalvación todo el mundo El Domingo Mundial de las Misiones (mejor conocido como Domund) es una jornada anual en la que la Iglesia católica promueve el espíritu misionero. Se celebra en todo el mundo el penúltimo domingo de octubre.
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Las misiones modernas
Las Obras Misionales Pontificias son un importante impulso para la cooperación en la misión.
Desde el inicio, los cristianos han extendido el Evangelio en otros lugares, enviados por la comunidad, o de modo connatural a su vida y profesión. Con el tiempo, ha sido habitual el envío de pastores: obisCambio de perspectiva pos, monjes-presbíteros. Con la aparición de las órdenes mendicantes en el s. XIII, y luego de otras congregaciones religiosas, El Concilio Vaticano II revisó la praxis mise dio un fuerte impulso a la misión, sobre sionera de los últimos siglos para afrontar todo para la evangelización de «nuevos algunas cuestiones abiertas. mundos». a) La imagen de las misiones como algo En el siglo XVII la Santa Sede dirigió gran sectorial de lo que se ocuparían solo alparte de la actividad misionera mediangunos. El Concilio en cambio dirá que te la Congregación de Propaganda Fide la misión es obra del entero pueblo de (1622). Su activación y la dedicación de las Dios en la que todos los fieles colaboran órdenes y congregaciones religiosas cona su modo (Cf AG 38). El colegio episcopal figuraron las misiones modernas, es decir, y su cabeza ejercen esa responsabilidad aquellos territorios lejanos de Europa, de«primaria e inmediatamente», pues los pendientes del Papa y de sus equipos miObispos han sido ordenados no solo sioneros. para su diócesis, sino para la salvación del mundo (Cf AG 38). Esta universalidad Durante el siglo XX una de las principaesta también inscrita en los Presbíteros, les preocupaciones del Magisterio fue la participada con los Obispos de la solliactividad misionera a la que se dedicaron citudo omnium ecclesiarum (Lat. «resvarios documentos: Maximum Illud (1919), ponsabilidad de todas las iglesias»). Rerum Ecclesiae (1926), Evangelii Praecones (1951), Fidei Donum (1957), Princeps Pastob) La identificación de las misiones rum (1959). En ellas los Papas piden la forcon los territorios subdesarrollados mación del clero autóctono; la adecuada no siempre se ajustaba a la realidad, y formación intelectual y espiritual de los propiciaba una imagen de unas Iglesias misioneros; la inculturación de las tradiricas que dan y envían a unas misiones ciones, lenguas y usos de los pueblos; evipobres y receptoras. Esto evoca a un intar confusión entre la actividad religiosa y grato colonialismo. la colonial. Pero quizá lo más importante es que llamaron a asumir la misión como c) La Misión no solo era algo propio de tarea de todos. Pío XII apeló a la responsaterritorios lejanos de Europa (Misiones bilidad de los obispos como sucesores de extranjeras), era necesaria también en los apóstoles. Con la encíclica Fidei Dolos países de antigua tradición cristiana num, de manera novedosa, pidió el envío donde existían amplias zonas de poblade sacerdotes diocesanos a las misiones. ción ajenas al Evangelio.
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d) Este cambio de perspectiva causó inquietud, pues suponía ampliar términos como «misionero», «misiones». Si para ser misioneros no hacía falta ir lejos, ¿no se desactivaría el envío misionero? Todo lugar es lugar de misión, lo que no tiene que afectar el envío a otros lugares, si realmente se comprende a la Iglesia en estado de misión allí donde se encuentran los cristianos. La corresponsabilidad misionera de todos en la Iglesia era el marco que el Concilio señaló para comprender las misiones en el seno de la única misión.
Explicaciones del magisterio La crisis misionera tuvo que ver con el rechazo de la actividad Ad gentes como una indebida invasión cultural de las particularidades locales; o contraria al respeto de la conciencia; o a la consideración de las religiones no cristianas como caminos ordinarios de salvación; o considerar como objetivo de la Misión la promoción humana y la defensa de las injusticias. La Iglesia reaccionó con tres documentos: el decreto Ad Gentes (del Concilio Vaticano II), la exhortación Evangelii Nuntiandi (Pablo VII, 1975) y la encíclica Redemptoris Missio (Juan Pablo II, 1990). A partir de los 70’s las conferencias del CELAM vieron la necesidad de un discernimiento teológico pastoral sobre la relación entre evangelización y liberación.
Cooperación misionera Poco a poco se ha ido tomando conciencia de que todos los cristianos han de responsabilizarse de las misiones, no solo los religiosos misioneros, sino también los obispos, presbíteros y laicos, estos últimos pueden ser enviados de forma individual o en familia, o bien, permanecen en su lugar, oran por las misiones y colaboran con su ayuda material, o con su competencia profesional. En diversas formas todos los cristianos se encuentran en estado de misión.
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De aquí surge la cooperación misionera entre todas las Iglesias. Además de muchas iniciativas locales de animación misionera y de envío de misioneros, las Obras Misionales Pontificias son un importante impulso para la cooperación en la misión. Aunque surgieron históricamente como iniciativas particulares en 1922 recibieron el título de «pontificias». Los Papas las han recomendado reiteradamente.
Como respuesta: DOMUND En febrero de 1926, se publicó la encíclica Rerum Ecclesiae, en la que el papa Pío XI reafirmó la importancia y urgencia de los objetivos misioneros programados al principio de su pontificado y manifestó su resolución de acortar las etapas para su realización. «La Iglesia -afirma en esta encíclica- no tiene otra razón de ser sino la de hacer partícipes a todos los hombres de la redención salvadora, dilatando por todo el mundo el reino de Cristo». En ese contexto, un breve rescripto de la Sagrada Congregación de Ritos, firmada por el Prefecto Cardenal Vicco, con fecha 14 de abril de 1926, fue el acta fundacional del Domingo Mundial de las Misiones. El acrónimo Domund fue creado por Ángel Sagarminaga, primer director nacional de las Obras Misionales Pontificias de España en 1943. Tiene cinco grandes objetivos:
1. Oración ferviente al Señor para acelerar
su reinado en el mundo. 2. Hacer comprender a todos los fieles el formidable problema misionero. 3. Estimular el fervor misionero de los sacerdotes y de los fieles. 4. Dar a conocer mejor la Pontificia Obra de la Propagación de la Fe. 5. Solicitar la ayuda económica en favor de las Misiones.
El Consejo Superior General propone entre otras cosas:
misionera en todo el mundo católico.
2. Que se celebre en esa jornada la misa «por la evangelización de los pueblos». 3. Que la predicación, en ese día, sea de carácter misionero, con especial referencia a la Pontificia Obra de la Propagación de la Fe. Bautizados y enviados. La Iglesia de Cristo en misión en el mundo. El DOMUND este año tiene algunas características especiales, el Papa Francisco nos ha convocado, desde octubre de 2017, a vivir un Mes Misionero Extraordinario; aunque parece algo novedoso, y habiendo leído todo lo precedente, no se trata de otra cosa que volver a tomar conciencia de nuestro bautismo y la misión que el Señor nos ha encomendado. Es cierto que es la pretensión de cada año con la Jornada Mundial de las Misiones, y que corremos el riesgo de verlo como algo transitorio, programado y pasajero o, peor aún, con caducidad, pero ahora tenemos la oportunidad de ver la continuidad y la actualidad de la Misión de la Iglesia, volver a los orígenes, eso que los apóstoles hacían con tanto ardor y celo. El Evangelio no puede reducirse a un proyecto puramente temporal. Ojalá que vayamos migrando poco a poco de una pastoral de eventos a una pastoral más programática, pero, sobre todo, a una pastoral mas encarnada y viva.
1. Que se fije el domingo penúltimo de octubre como jornada de oración y propaganda Sept. - Octubre 2019
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TESTIMONIOS MISIONEROS
Comunidad Misionera de Villaregia
¡Pura vida!
Misión...
Ana Ivelisse Rodríguez Ruiz, misionera puertorriqueña de la Comunidad Misionera de Villaregia, enviada a la Iglesia de Burkina Faso, nos escribe para compartir sus primeras impresiones en el continente africano, específicamente en Yopougon, Costa de Marfil, en donde vivió unos meses de inserción para aprender el idioma y entrar en punta de pies en la realidad africana.
A
na Ivelisse participó en el curso del Centro Latinomaericano de Animación y Espiritualidad Misionera (CLAEM), de OMPE México, durante los años 2014 – 2016, enviada por la diócesis de Arecibo, Puerto Rico, en la cual se encontraba en los últimos años. Compartimos estas líneas que brotan de un corazón enamorado de Dios y de su pueblo. Como quisiera ser una pintora para con algunas pinceladas plasmar lo que mis ojos contemplan, saber dar las tonalidades correctas; trazar las líneas, dar la justa profundidad… Como quisiera ser escritora para poder narrar la vida, los gritos y las esperanzas; los dolores y las alegrías, permitir que el lector, la lectora, se identifiquen con la narración… Como quisiera ser fotógrafa y saber tomar la fotografía que manifieste la realidad, el ángulo perfecto…
Costa de Marfil es un país ubicado en África occidental. Limita con Liberia y Guinea al oeste; Malí y Burkina Faso al norte; Ghana al este, y con el golfo de Guinea al sur. Costa de Marfil es el 53° país más poblado y el 68° más grande del mundo, con una población estimada en algo menos de 23 millones de habitantes y un área de 322 463 km². 2 Su capital es Yamusukro y la sede del gobierno, Abiyán.
Como quisiera ser cantautora para poner palabras y música a lo que mis sentidos experimentan… 14
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Quizás para estar en las últimas tendencias, quisiera ser una influyente para poder dar a conocer; transmitir o mejor para poder influenciar sobre la vida, la realidad de Costa de Marfil, que me dio la bienvenida, akwaba, y me abrió las puertas para entrar en el continente de la esperanza: África. Mi realidad es que intento ser misionera, intento y deseo compartir la vida que Dios me regala en Él; compartir el Amor que da sentido profundo a mi existencia…en este compartir de la vida deseo que todos nos podamos experimentar personas, hijos e hijas del mismo Padre; de la misma dignidad; con las mismas esperanzas y posibilidades, compartiendo el dolor para que duela menos… Desde este intento de misionariedad comparto lo que Dios me permitió vivir en estos cuatro meses en Costa de Marfil en preparación al encuentro Sept. - Octubre 2019
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TESTIMONIOS MISIONEROS
Akwaba significa «bienvenido» en lengua baoulé. El grupo étnico baoulé es uno de los más numerosos de Costa de Marfil, cuenta con 3 500 000 miembros. En otro tiempo, los baoulé, formaron parte del país Akan, actual Ghana.
con el país de Burkina Faso, al que he sido en- ¡Cuánta vida, en los niños, en los adolescenviada. La sensación que predomina es la de sen- tes, en los jóvenes, en la misa! ¡Cuánta alegría, tirme dentro de una tarjeta postal, llena de vida. cuanta fiesta, cuanta vida vivida a veces desde y en el dolor, pero con dignidad! Una tarjeta postal llena de vida; porque la misión es vida, vida pura. Esta es la experiencia Ha sido un tiempo especial que puedo resumir que Dios me ha regalado en estos cuatro me- en los tres regalos que recibí de la gente buena ses en medio de los hermanos y hermanas de marfileña. Agradezco a Dios que me permitió Costa de Marfil. entrar en tierra africana pasando por Costa de Marfil. ¡Cuánta vida contemplé mientras las mujeres preparan el acheké, comida base realizada de 1. El sentido de acogida; akwaba, la bienla yuca, una preparación compleja: se ralla la venida; rito de recibimiento, en el cual se yuca, después se aplasta para quitar el almicomparte la vida, en el cual se manifiesta dón se pone a secar al sol, después se cierne, se el sentido de acogida al extranjero, lo cual cocina al vapor y se empaca lista para ser conagradezco. sumida. ¡Mientras se desarrolla esta actividad las mujeres comparten la vida…! 16
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2. El amor por lo que uno es, la identidad; el sentido de pertenencia, a una realidad el ser marfileño. 3. El sentido de la fiesta; la alegría, agradezco por la alegría; en Costa de Marfil cada evento se vuelvo motivo de fiesta; motivo para danzar. Agradezco porque, no obstante el dolor y la dificultad, este pueblo sabe celebrar con profundidad. Gracias Costa de Marfil, gracias por enseñarme a balbucear el francés, gracias por cada persona encontrada, gracias por renovar en mí, el amor por la misión, gracias por grabar en mi corazón que la misión es… ¡pura vida!
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Desde el miércoles 10 de julio 2019, me encuentro en tierras burkinesas, la tierra de los hombre y mujeres íntegros; a estas tierras Dios me llamó y aquí me estaba esperando, ahora me toca a mí descubrirlo, encontrarlo en cada persona, en la vida comunitaria, en la realidad, que a primera vista se presenta muy pobre; desafiante. A ustedes lectores gracias por acompañarme con tanto cariño, gracias por las oraciones que sostienen y dan fortaleza. Que Dios Trinidad; fuente y origen de la misión les colme de su bendición. Un fuerte abrazo.
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LOS OJOS DE LA MISIÓN
Desde el momento en que los apóstoles «salieron y predicaron por todas partes» (Mc 16,20) la palabra divina, logrando que «la voz de su predicación repercutiese en todas las naciones, aun en las más apartadas de la tierra» (Sal 18,5), ya en adelante nunca jamás la Iglesia, fiel al mandato divino, ha dejado de enviar a todas partes mensajeros de la doctrina revelada por Dios y dispensadores de la salvación eterna, alcanzada por Cristo para el género humano. Maximum Illud, 2
MISIÓN Y PERSPECTIVA
Daniel Alonso Durán González / OMPE México
Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo
La Iglesia, sacramento visible en el mundo, traza y extiende el proyecto del reino desde una visión universal 1. La salvación que se dirige a todos los pueblos, iniciativa de Dios (1 Jn 4, 8-10), se manifiesta en todos los tiempos y en culturas concretas. El bautismo favorece la íntima relación entre Iglesia y mundo, predispone para la misión y comunica la vida divina: Nosotros no tenemos un producto que vender —no tiene nada que ver con el proselitismo, no tenemos un producto que vender—, sino una vida que comunicar: Dios, su vida divina, su amor misericordioso, su santidad (Francisco). Comunicando la vida divina —la Iglesia— lleva a cabo el mandato del Señor Jesús y, con ello, manifiesta al mundo el amor de Dios por la humanidad.
1 La universalidad de la salvación no significa que se conceda solamente a los que, de modo explícito, creen en Cristo y han entrado en la Iglesia. Si es destinada a todos, la salvación debe estar en verdad a disposición de todos. Pero es evidente que, tanto hoy como en el pasado, muchos hombres no tienen la posibilidad de conocer o aceptar la revelación del Evangelio y de entrar en la Iglesia. Viven en condiciones socioculturales que no se lo permiten y, en muchos casos, han sido educados en otras tradiciones religiosas. Para ellos, la salvación de Cristo es accesible en virtud de la gracia que, aun teniendo una misteriosa relación con la Iglesia, no les introduce formalmente en ella, sino que los ilumina de manera adecuada en su situación interior y ambiental Esta gracia proviene de Cristo; es fruto de su sacrificio y es comunicada por el Espíritu Santo: ella permite a cada uno llegar a la salvación mediante su libre colaboración. RMi 10.
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ara el discípulo misionero de la actualidad recorrer el camino de salvación requiere valentía ante los desafíos que afronta la acción misionera de la Iglesia. Comunicar a Cristo a toda la humanidad ha de ser siempre el cometido fundamental de la Iglesia en todas las épocas y particularmente en la nuestra —como recordaba en mi primera Encíclica programática— es «dirigir la mirada del hombre, orientar la conciencia y la experiencia de toda la humanidad hacia el misterio de Cristo» (RMi 4). Al misterio revelado responde la fe, a la fe el anuncio y al anuncio la conversión desde la experiencia del misterio de Dios revelado en Jesús de Nazaret.
Crisis de identidad bautismal: ¿oportunidad o rezago? La identidad del cristiano en el mundo debe ser exteriorizada desde una vida autentica de fe que se revalide en el compromiso por la evangelización en el mundo, ahí donde se manifiesta la convergencia de distintas y muy variadas culturas que, en muchos de los casos, se diluyen de manera sistemática en una homogeneización de pensamientos, comportamientos y estilos de vida, perdiendo identidad y particularidad. La correlación entre Evangelio y cultura ha perdido fuerza en culturas con tradición netamente cristiana: La ruptura entre Evangelio y cultura es sin duda alguna el drama de nuestro tiempo, como lo fue también en otras épocas. De ahí que hay que hacer todos los esfuerzos con vistas a una generosa evangelización de la cultura, o más exactamente de las culturas. Estas deben ser regeneradas por el encuentro con la Buena Nueva. Pero este encuentro no se llevará a cabo si la Buena Nueva no es proclamada (EN 20). La crisis de identidad con relación a la fe manifiesta, por un lado, la introversión Sept. - Octubre 2019
eclesial que va sofocando la creatividad misionera en los agentes de pastoral y apisona la iniciativa generosa de un gran número de cristianos que buscan dar respuesta a su compromiso bautismal. Por otro lado, se desarrolla una actitud de desaliento y desanimo en la acción pastoral de los agentes o terminan realizando actividades mal planeadas y sin proyección eclesial agotando las fuerzas y las aspiraciones más sinceras y desinteresadas: El problema no es siempre el exceso de actividades, sino sobre todo las actividades mal vividas, sin las motivaciones adecuadas, sin una espiritualidad que impregne la acción y la haga deseable. De ahí que las tareas cansen más de lo razonable, y a veces enfermen. No se trata de un cansancio feliz, sino tenso, pesado, insatisfecho y, en definitiva, no aceptado (EG 82). Hoy, como en otras épocas, la crisis del compromiso misionero encuentra delante de sí una oportunidad para un nuevo impulso en la actividad misionera de la Iglesia (RMi 30) frente a un desafiante secularismo de la sociedad. Por tanto, saber llevar a cabo la misión 25
MISIÓN Y PERSPECTIVA
desde la diversidad y mantener aun así la armonía, sin perder la identidad, es fundamental para la expresión de la fe cristiana en un mundo con características indiscutibles de pluriculturalidad, pero que al mismo tiempo se completa y transforma con rasgos exactos de interculturalidad: 1
En estos tiempos de pluralismo, la espiritualidad misionera no puede ser cultivada como ensimismamiento autorreferencial en grupos cerrados y tribales por temor a lo diferente; tampoco como espíritu de expansión y asimilación de la diferencia del otro. La fuente espiritual del siglo XXI es el encuentro con el otro, reconociendo su diversidad, y juntos abrirse al Misterio inefable para encontrarnos en su vorágine de amor2.
Conciencia, conocimiento y responsabilidad misionera Encuentro y diálogo son pautas necesarias en la evangelización de los pueblos y culturas, permiten que la misión evolucione hacia una etapa más consciente y responsable, que los agentes de pastoral se
comprometan más por una participación solidaria que por una evangelización unidireccional y que la Iglesia se preocupe por desarrollar una formación integral de la persona más que por ser una institución autorreferencial: La misión dice a la Iglesia que ella no es un fin en sí misma, sino que es un humilde instrumento y mediación del Reino3. Superar actitudes de hegemonía y vanagloria ayudará a disminuir atributos negativos que han acompañado a la Iglesia como institución a lo largo de la historia. Y así, superando concepciones etnocentristas, la misión impulsará cada vez más la extensión del Reino aquí y ahora. Optar por una formación pastoral en clave misionera, para que la conciencia, el conocimiento y la responsabilidad misionera vuelvan a ser parte de la vida ordinaria de todo el Pueblo santo de Dios (Francisco), es vital y decisivo en la comunidad de discípulos misioneros que se comprometen, desde la certeza que da una vida de fe, en la construcción de un entorno más justo y solidario: por lo que no corresponder sería ignorancia o miedo; y a nosotros cristianos, no nos está permitido ni lo uno ni lo otro4.
Animadores misioneros en misión en el mundo para la cooperación misionera Es evidente que una gran parte del Pueblo de Dios se sitúe ajeno hacia la dimensión misionera ad gentes de la Iglesia, y que entre los agentes de pastoral, los ministros ordenados y los consagrados se exprese, como aludiendo a expresiones añosas, que «las misiones atañen exclusivamente a los religiosos misioneros», dando como resultado acciones pastorales opuestas a la universalidad de la misión y que, aún con todo y el cambio de paradigma sobre la misión gestado a inicios del siglo pasado5, deja ver carencias y descui3 Mensaje del Santo Padre Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones 2017, 7. 4 "La nueva evangelización" S.E. Mons. Rino Fisichella
2 Cerviño, L. (2018). La etapa pluralista como contexto actual de la missio ad-inter gentes: inequidad, globalización, migración, religiones, ciudad y mundo virtual. En La misión, futuro de la Iglesia (68). España: OMP-PPC.
5 […] la misión antecede a la Iglesia, el origen de la misión se encuentra en Dios (missio Dei). La misión se coloca en el punto de partida y en el centro, y la Iglesia se encuentra a su servicio. El Dios misionero (la misión de Dios) llama a la Iglesia a la existencia para que se prolongue la iniciativa del Dios misionero. Ibid. 21.
2^t
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dos en la formación misionera del laico, del consagrado o consagrada y del ministro ordenado. Conviene, por tanto, que la actividad misionera derive de una capacitada y decisiva «animación misionera»6, para que la «cooperación misionera»7 entre las iglesias sea efectiva, consciente y responsable. Para esta encomienda se necesita animadores misioneros debidamente formados que lleven a cabo esta tarea, iluminando y proyectando toda la acción pastoral desde un itinerario misionero transversal que la envuelva en su conjunto, para que se desarrolle una pastoral orgánica y, hacia la comunidad, se impulse la salida para el encuentro con los hermanos en Cristo que no se reconocen más como Iglesia. Claro está que a cada bautizado le corresponde, por el hecho mismo de su bautismo, anunciar la Buena Nueva. Sin embargo, el nivel de responsabilidad se descubre a partir de la vocación específica que se ha adquirido voluntariamente. Por lo tanto, y para impulsar una cooperación misionera más recíproca y efectiva, está, en primer lugar, la cooperación en lo espiritual y material. Es en este ámbito donde todos los bautizados participan activamente orando y apoyando materialmente por las misiones y por los misioneros: Esta cooperación solo será posible si se mantiene un trabajo asiduo de animación y de motivación misionera que despierte el compromiso ad gentes […] La comunicación misionera es el alma de la animación misionera, tan importante como la propia acción evangelizadora directa: no se la puede entregar a una iniciativa de aficionados8.
6 Las actividades de animación deben orientarse siempre hacia sus fines específicos: informar y formar al Pueblo de Dios para la misión universal de la Iglesia; promover vocaciones ad gentes; suscitar cooperación para la evangelización. RMi 83. 7 Miembros de la Iglesia en virtud del bautismo, todos los cristianos son corresponsables de la actividad misionera. La participación de las comunidades y de cada fiel en este derecho-deber se llama «cooperación misionera». RMi 77. 8 Raschietti, S. (2017). Ámbitos privilegiados de la misión ad gentes para el laico misionero. Una reflexión a partir de América Latina. En Laicado y misión (157). España: OMP-PPC.
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Otro ámbito es la colaboración de los que se encargan de la formación misionera para los que realizarán personalmente la misión, donde este agente de pastoral ya sea ordenado, consagrado o laico, previamente formado en la misionología y demás disciplinas teológicas, aporta sus conocimientos y tiempo para preparar agentes idóneos para la misión: […] Es necesario que haya proyectos bien definidos para que la cualificación de cada agente pueda encontrar su espacio específico de expresión, aunque tuviese que estar abierto a cualquier adaptación. Normalmente, muchos misioneros terminan actuando en ámbitos que no se imaginaban para responder a desafíos que tampoco se imaginaban, pero que forman parte de las urgencias cotidianas, así como de la cosmovisión de sus interlocutores 9. 9 Ibid. 158 – 159.
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MISIÓN Y PERSPECTIVA
El siguiente ámbito se concreta, por así decirlo, en la obtención de vocaciones específicamente ad gentes10: misioneros (consagrados, consagradas, ministros ordenados o laicos) implicados directamente en la evangelización, en la “edificación” de iglesias nacientes y en la promoción humana: esta representa el corazón de la cooperación, ya que sin misioneros no hay misión11.
Discípulos misioneros que dan vida y belleza al mundo La misión implica reconocer que, en las relaciones interpersonales y en el cuidado de la creación12, somos coparticipes de una convivencia 10[…] Con todo, la misión se proyecta naturalmente más allá de las fronteras, con generosidad, con apertura a nuevos horizontes y desafíos: jamás se cierra. La Iglesia «ha nacido “en salida”» (cf. EG 17a; 20; 24; 46) y se reencuentra a sí misma cada vez que sale de sí y se abre: la comunidad cristiana debe su origen al anuncio del Evangelio, y su propia vitalidad a la continua y valiente transmisión de ese anuncio al mundo entero. Por eso, el norte de toda misión es inevitablemente ad gentes: esto expresa no solamente un programa de acción, sino también una tensión fundamental. Ibid. 141. 11 Ibid. 156. 12Para la tradición judío-cristiana, decir «creación» es más que decir natura-
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solidaria y de un desarrollo humano integral, así como responsables en nuestra relación con el medioambiente: la misión es nuestra propia santificación y la del mundo entero, desde la creación (Francisco). Santificarnos a nosotros mismos y al mundo siendo “luz y sal” en él, desde la dimensión bautismal que impulsa la misión, es participar y transmitir la vida divina de Dios: La dimensión misionera de nuestro bautismo se traduce así en testimonio de santidad que da vida y belleza al mundo (Francisco). Programar el Mes Misionero Extraordinario con seriedad y responsabilidad, para dar testimonio de lo bueno y de la belleza del Evangelio al mundo, es la tarea fundamental de los que forleza, porque tiene que ver con un proyecto del amor de Dios donde cada criatura tiene un valor y un significado. La naturaleza suele entenderse como un sistema que se analiza, comprende y gestiona, pero la creación sólo puede ser entendida como un don que surge de la mano abierta del Padre de todos, como una realidad iluminada por el amor que nos convoca a una comunión universal (LS 76).
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mamos parte del Pueblo de Dios, de los que dan vida y belleza al mundo por la fuerza renovadora del Espíritu: No tenemos que esperar la acción del Espíritu, porque el Espíritu ya está actuando […] Experimentar el Espíritu implica asumir un riesgo. Hay que salir a lo otro, viajar a lo diferente, a lo absolutamente desconocido, dejarnos transformar y modificar por ello. Hemos de renunciar a nosotros y salir a los demás13. Como en los tiempos de la Maximum illud hoy mismo percibimos la necesidad de despertar la conciencia misionera, sólo que no lo vamos a hacer fuera del mundo ni alejados de él, pero sí desde una posición que incluya a todas las personas para que sientan la infinita ternura y misericordia de Dios: El evangelio no es para algunos sino para todos. No es sólo para los que nos parecen más
cercanos, más receptivos, más acogedores. Es para todos. No tengan miedo de ir y llevar a Cristo a cualquier ambiente, hasta las periferias existenciales, también a quien parece más lejano, más indiferente. El Señor busca a todos, quiere que todos sientan el calor de su misericordia y de su amor (Francisco). Valoremos el Mes Misionero Extraordinario como una oportunidad significativa para renovar los procedimientos, los objetivos, los espacios de encuentro y a nosotros mismos con compromiso […] compromiso, no de re-evangelización, pero sí de una evangelización nueva. Nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión. (Juan Pablo II), para que la misión sea el fundamento de una Iglesia que actúa en el mundo y no un apéndice más adquirido en el bautismo sin consecuencias ni responsabilidades.
13 Biord, R. (2018). La missio Dei: ¿Paradigma de la teología o un caballo de Troya? En La misión, futuro de la Iglesia (308). España: OMP-PPC.
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LA VOZ DEL PAPA
Mensaje del Santo Padre para la Jornada Mundial de las Misiones 2019
Francisco
Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo
Queridos hermanos y hermanas: He pedido a toda la Iglesia que durante el mes de octubre de 2019 se viva un tiempo misionero extraordinario, para conmemorar el centenario de la promulgación de la Carta apostólica Maximum Illud del Papa Benedicto XV (30 noviembre 1919). La visión profética de su propuesta apostólica me ha confirmado que hoy sigue siendo importante renovar el compromiso misionero de la Iglesia, impulsar evangélicamente su misión de anunciar y llevar al mundo la salvación de Jesucristo, muerto y resucitado.
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E
l título del presente mensaje es igual al tema del Octubre misionero: Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo. La celebración de este mes nos ayudará en primer lugar a volver a encontrar el sentido misionero de nuestra adhesión de fe a Jesucristo, fe que hemos recibido gratuitamente como un don en el bautismo. Nuestra pertenencia filial a Dios no es un acto individual sino eclesial: la comunión con Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, es fuente de una vida nueva junto a tantos otros hermanos y hermanas. Y esta vida divina no es un producto para vender —nosotros no hacemos proselitismo— sino una riqueza para dar, para comunicar, para anunciar; este es el sentido de la misión. Gratuitamente hemos recibido este don y gratuitamente lo compartimos (cf. Mt 10,8), sin excluir a nadie. Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, y a la experiencia de su misericordia, por medio de la Iglesia, sacramento
universal de salvación (cf. 1 Tm 2,4; 3,15; Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 48). La Iglesia está en misión en el mundo: la fe en Jesucristo nos da la dimensión justa de todas las cosas haciéndonos ver el mundo con los ojos y el corazón de Dios; la esperanza nos abre a los horizontes eternos de la vida divina de la que participamos verdaderamente; la caridad, que pregustamos en los sacramentos y en el amor fraterno, nos conduce hasta los confines de la tierra (cf. Mi 5,3; Mt 28,19; Hch 1,8; Rm 10,18). Una Iglesia en salida hasta los últimos confines exige una conversión misionera constante y permanente. Cuántos santos, cuántas mujeres y hombres de fe nos dan testimonio, nos muestran que es posible y realizable esta apertura ilimitada, esta salida misericordiosa, como impulso urgente del amor y como fruto de su intrínseca lógica de don, de sacrificio y de gratuidad (cf. 2 Co 5,14-21). Porque ha de ser hombre de Dios quien a Dios tiene que predicar (cf. Carta apost. Maximum Illud). Es un mandato que nos toca de cerca: yo soy siempre una misión; tú eres siempre una misión; todo bautizado y bautizada es una misión. Quien ama se pone en movimiento, sale de sí mismo, es atraído y atrae, se da al otro y teje relaciones que generan vida. Para el amor de Dios nadie es inútil e insignificante. Cada uno de nosotros es una misión en el mundo porque es fruto del amor de Dios. Aun cuando mi padre y mi madre hubieran traicionado el amor con la mentira, el odio y la infidelidad, Dios nunca renuncia al don de la vida, sino que destina a todos sus hijos, desde siempre, a su vida divina y eterna (cf. Ef 1,3-6). Esta vida se nos comunica en el bautismo, que nos da la fe en Jesucristo vencedor del pecado y de la muerte, nos regenera a imagen y semejanza de Dios y nos introduce en el cuerpo de Cristo que es la Iglesia. En este sentido, el bautismo es realmente necesario para la salvación porque nos garantiza que somos hijos e hijas en la casa del Padre,
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siempre y en todas partes, nunca huérfanos, extranjeros o esclavos. Lo que en el cristiano es realidad sacramental —cuyo cumplimiento es la eucaristía—, permanece como vocación y destino para todo hombre y mujer que espera la conversión y la salvación. De hecho, el bautismo es cumplimiento de la promesa del don divino que hace al ser humano hijo en el Hijo. Somos hijos de nuestros padres naturales, pero en el bautismo se nos da la paternidad originaria y la maternidad verdadera: no puede tener a Dios como padre quien no tiene a la Iglesia como madre (cf. San Cipriano, La unidad de la Iglesia católica, 4). Así, nuestra misión radica en la paternidad de Dios y en la maternidad de la Iglesia, porque el envío manifestado por Jesús en el mandato pascual es inherente al bautismo: como el Padre me ha enviado así también os envío yo, llenos del Espíritu Santo para la reconciliación del mundo (cf. Jn 20,19-23; Mt 28,16-20). Este envío compete al cristiano, para que a nadie le falte el anuncio de su vocación a hijo adoptivo, la certeza de su dignidad personal y del valor intrínseco de toda vida humana desde su concepción hasta la muerte natural. El secularismo creciente, cuando se hace rechazo positivo y cultural de la activa paternidad de Dios en nuestra historia, impide toda auténtica fraternidad universal, que se expresa en el respeto recíproco de la vida de cada uno. Sin el Dios de Jesucristo, toda diferencia se reduce a una amenaza infernal haciendo imposible cualquier acogida fraterna y la unidad fecunda del género humano. El destino universal de la salvación ofrecida por Dios en Jesucristo condujo a Benedicto XV a exigir la superación de toda clausura nacionalista y etnocéntrica, de toda mezcla del anuncio del Evangelio con las potencias coloniales, con sus intereses económicos y militares. En su Carta apostólica Maximum Illud, el Papa recordaba que la universalidad divina de la misión de la Iglesia exige la salida de una pertenencia exclusiva a la propia patria y a la propia etnia. La apertura de la cultura y de la comunidad a la novedad salvífica de Jesucris32
to requiere la superación de toda introversión étnica y eclesial impropia. También hoy la Iglesia sigue necesitando hombres y mujeres que, en virtud de su bautismo, respondan generosamente a la llamada a salir de su propia casa, su propia familia, su propia patria, su propia lengua, su propia Iglesia local. Ellos son enviados a las gentes en el mundo que aún no está transfigurado por los sacramentos de Jesucristo y de su santa Iglesia. Anunciando la Palabra de Dios, testimoniando el Evangelio y celebrando la vida del Espíritu llaman a la conversión, bautizan y ofrecen la salvación cristiana en el respeto de la libertad personal de cada uno, en diálogo con las culturas y las religiones de los pueblos donde son enviados. La missio ad gentes, siempre necesaria en la Iglesia, contribuye así de manera fundamental al proceso de conversión permanente de todos los cristianos. La fe en la pascua de Jesús, el envío eclesial bautismal, la salida geográfica y cultural de sí y del propio hogar, la necesidad de salvación del pecado y la liberación del mal personal y social exigen que la misión llegue hasta los últimos rincones de la tierra. La coincidencia providencial con la celebración del Sínodo especial de los obispos para la región Panamazónica me lleva a destacar Sept. - Octubre 2019
que la misión confiada por Jesús, con el don de su espíritu, sigue siendo actual y necesaria también para los habitantes de esas tierras. Un Pentecostés renovado abre las puertas de la Iglesia para que ninguna cultura permanezca cerrada en sí misma y ningún pueblo se quede aislado, sino que se abran a la comunión universal de la fe. Que nadie se quede encerrado en el propio yo, en la autorreferencialidad de la propia pertenencia étnica y religiosa. La pascua de Jesús rompe los estrechos límites de mundos, religiones y culturas, llamándolos a crecer en el respeto por la dignidad del hombre y de la mujer, hacia una conversión cada vez más plena a la verdad del Señor resucitado que nos da a todos la vida verdadera. A este respecto, me vienen a la mente las palabras del papa Benedicto XVI al comienzo del encuentro de obispos latinoamericanos en Aparecida, Brasil, en el año 2007, palabras que deseo aquí recordar y hacer mías: «¿Qué ha significado la aceptación de la fe cristiana para los pueblos de América Latina y del Caribe? Para ellos ha significado conocer y acoger a Cristo, el Dios desconocido que sus antepasados, sin saberlo, buscaban en sus ricas tradiciones religiosas. Cristo era el Salvador que anhelaban silenciosamente. Ha significado también haber recibido, con las aguas del bautismo, la vida divina que los hizo hijos de Dios por adopción; haber recibido, además, el Espíritu Santo que ha venido a fecundar sus culturas, purificándolas y desarrollando los numerosos gérmenes y semillas que el Verbo encarnado había puesto en ellas, orientándolas así por los caminos del Evangelio. [...] El Verbo de Dios, haciéndose carne en Jesucristo, se hizo también historia y cultura. La utopía de volver a dar vida a las religiones precolombinas, separándolas de Cristo y de la Iglesia universal, no sería un progreso, sino un retroceso. En realidad sería una involución hacia un momento histórico anclado en el pasado» (Discurso en la Sesión inaugural, 13 mayo 2007). Confiemos a María, nuestra Madre, la misión de la Iglesia. La Virgen, unida a su Hijo desde la encarnación, se puso en movimiento, participó totalmente en la misión de Jesús, misión que a Sept. - Octubre 2019
los pies de la cruz se convirtió también en su propia misión: colaborar como Madre de la Iglesia que en el Espíritu y en la fe engendra nuevos hijos e hijas de Dios. Quisiera concluir con unas breves palabras sobre las Obras Misionales Pontificias, ya propuestas como instrumento misionero en la Maximum Illud. Las OMP manifiestan su servicio a la universalidad eclesial en la forma de una red global que apoya al Papa en su compromiso misionero mediante la oración, alma de la misión, y la caridad de los cristianos dispersos por el mundo entero. Sus donativos ayudan al Papa en la evangelización de las Iglesias particulares (Obra de la Propagación de la Fe), en la formación del clero local (Obra de San Pedro Apóstol), en la educación de una conciencia misionera de los niños de todo el mundo (Obra de la Infancia Misionera) y en la formación misionera de la fe de los cristianos (Pontificia Unión Misional). Renovando mi apoyo a dichas obras, deseo que el Mes Misionero Extraordinario de Octubre 2019 contribuya a la renovación de su servicio a mi ministerio misionero. A los misioneros, a las misioneras y a todos los que en virtud del propio bautismo participan de algún modo en la misión de la Iglesia, les envío de corazón mi bendición. Vaticano, 9 de junio de 2019, Solemnidad de Pentecostés. Francisco 33
TESTIMONIOS MISIONEROS
Hna. Gisel María Muñoz Rodríguez / Misionera Eucarística Guadalupana (MEG)
La fuerza del
Amor
Soy Gisel María Muñoz Rodríguez, originaria de Carúpano, Estado Sucre, Venezuela. Antes de ser religiosa prestaba mi servicio en la catequesis, en la infancia misionera y en el grupo juvenil de mi Parroquia, mientras estudiaba Licenciatura en Gerencia de Recursos Humanos.
S
entí el llamado a la vida consagrada desde niña, siempre decía que yo era de Dios, me ponía una toalla en la cabeza diciendo que era mi velo, y en varias ocasiones le decía a Dios que solo sería para Él, que no tendría ojos para nadie más; sin darme cuenta desde ese momento me estaba consagrando a Dios; con el paso de los años recuerdo que tenía 14 años escuché por medio de una religiosa de nombre Marielena que Dios me amaba y sentí que mi vida cambió desde ese momento, en mi mente constantemente llegaba esa frase «Dios te ama» y me preguntaba, ¿por qué? ¿cómo?, lo veía como algo pasado, solo como una idea. Después, a los 16 años mi salud se debilitó bastante,
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pensé que moriría en ese tiempo, un día por la tarde estaba con mucho miedo y desesperación; experimenté en mi vida la presencia de Jesús Eucaristía recordándome que me amaba, fue entonces cuando todo mi ser se fortaleció en el amor, fue la fuerza del amor la que me levantó de la cama, me impulsó a seguir adelante, empecé a recuperar la salud, la alegría de sentirme amada era tal que no podía dejar de sonreír, hablar, disfrutar, de contagiar a los demás el amor, algunas personas se sorprendieron de mi cambio tan repentino, otros se preguntaban cómo pasé de la amargura a la alegría y al amor. Sentí como mi corazón se inflamaba del amor de Dios y me invita a servirle, seguirle, amarle hasta el extremo y a entregarlo todo. Comencé mi búsqueda de Dios, sentía sed de Él, de conocerlo, de entender porque me regala tanto amor, así fue como en una pascua juvenil conocí a una religiosa (MEG) la Hna. Candelaria quien me transmitió paz, sencillez y la alegría de su entrega a Dios, en pocos minutos que la escuché en una dinámica, ¿cuál fue mi sorpresa? me mostró un cristo adornado, hermoso y me dijo «Jesús te ama», volví a Sept. - Octubre 2019
tener ese sentimiento que ya antes había experimentado y me sentí nuevamente amada, en ese momento dije yo quiero ser como ellas, quiero mostrar ese amor de Dios con mi vida, con mis palabras, entrega, y así fue como inicié mi discernimiento vocacional con las Misioneras Eucarísticas Guadalupanas. Por mucho tiempo mi madre y mis hermanos no estaban de acuerdo en que consagrara mi vida a Dios, me decían constantemente que cómo iba a dejar yo todo lo que hasta ahora tenía, para qué me había preparado profesionalmente, que no tenía sentido este estilo de vida. Atravesé por muchas dificultades, tuve que ir «contra corriente» y experimentar cómo Dios me fortalecía cada vez más, sentí con mayor intensidad el llamado de Dios a seguirle, mi oración por mucho tiempo fue «Jesús, mi Señor no permitas que me separe de ti y cuando veas que decaiga, agárrame fuerte y no me sueltes, no dejes que me aleje de ti; nada me turbe, nade me espante, quien a Dios tiene nada le falta». Sept. - Octubre 2019
Así, con el deseo de servir a Dios como Misionera Eucarística Guadalupana desde una entrega completa por medio de la vida consagrada, decidí dejar mi país, mi gente, mi mundo en el que me desenvolvía para venir aquí, a esta hermosa patria, México, en donde durante estos nueve años, he ido conociendo poco a poco esta nueva cultura en la que me encuentro, ha sido para mí un gran reto. Cuando venía en el avión hacia México tenía mucho miedo, no sabía hacia donde me iba a dirigir, ni cómo eran las personas con las que iba a convivir y le dije al Señor: «a partir de ahora Jesús Amado, me pongo en tus manos, se tú mi fuerza, mi todo, no me abandones nunca, no sé lo que me espera pero lo acepto todo por amor a ti, que sea tu amor el que me mueva y me ayude en cada momento». Ser misionera lejos de tu patria en principio cuesta, pero vas adquiriendo las respuestas que necesitas a través de la paciencia, de observar, de ver, solo ver dejándote 35
TESTIMONIOS MISIONEROS
tocar por la realidad, equivocándote las veces que sea necesario, palabras, gestos, nombres de objetos, de fruta, de personas y comidas diferentes; cómo añoraba mis comidas, mis dulces, lo que más me gustaba comer (arepa, toddy, samba, parrilla, chocolate caliente, hony bran, cracker bran, cocosete), pero con el paso de los días, empecé a disfrutar de las comidas propias de este país y por supuesto a encontrar mi preferida (los chilaquiles verdes, los tacos dorados y tacos al pastor), en un principio me preguntaba «dónde estoy, qué hago aquí, porque me vine, Dios no entiendo nada de lo que dicen». En el apostolado los métodos a implementar necesitan ser diferentes, es otra cultura, son otras personas, ¿cómo hacer? aun cuando tenía experiencia de pastoral llego aquí y ¡oh sorpresa! descubro que no tengo las herramientas necesarias para responder a este servicio, tengo que empezar de nuevo, pero para ello necesito conocer para saber cómo hablar, qué decir, qué es lo que la gente necesita, cómo llevar a Dios en este lugar, cómo decirles, Señor, que tú los amas y estás con ellos, desde esta realidad, en esto la
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inculturación juega un papel muy importante, sin perder tu esencia te fusionas con otra cultura, empiezas a abrirte a nuevos horizontes. He aprendido muchas cosas, he descubierto las maravillas de este lugar, gente sencilla, con gran corazón, servicial, atenta, preocupada, generosa, muy tranquila; qué decir de la fe, con una fe muy grande a Dios y a María de Guadalupe «la Morenita». Qué grande es la fe de este pueblo, desde los más chiquitos hasta los más grandes, me llena de mucha alegría, porque no había conocido gente con tanta fe, como los mexicanos, pues en Venezuela a pesar de que estamos consagrados al Santísimo Sacramento no tenemos una fe como la que he visto aquí, eso me llena de emoción. Siendo novicia, en la Parroquia de La Santa Cruz, en la Ciudad de México, tuve la oportunidad de realizar el apostolado de la escucha en el que descubrí a Jesús sufriente, entregado, crucificado, en el sufrimiento de tantas personas, nunca pensé que podía guardar silencio tanto tiempo para escuchar, pero Dios me mostró que sí se puede, escuchar a las personas fue para mí escuchar a Dios que clama, que sufre, que me Sept. - Octubre 2019
necesita, vivirlo y experimentarlo en su pueblo con hambre y sed de Él, necesitado de amor, de escucha, de compasión, fue una bendición el poder secar las lágrimas a Jesús a través de estas personas, fortaleciendo mi fe y amor hacia Él. Pude ser pan partido y ofrecido en este maravilloso servicio que me llenó de mucha paz, alegría, fortaleza y deseo de Dios cada vez más fuerte. En fin, resumo esta experiencia en 5 palabras: amar, estar, dar, entregar y servir. Actualmente, estoy prestando mi servicio en un colegio impartiendo la materia de educación en fe, en La Mira, Michoacán, ha sido una experiencia extraordinaria, única, en un principio me pregunté ¿Qué voy a hacer allí? ¿en el colegio puedo ser misionera? me sentía como encerrada en cuatro paredes, cumpliendo con requerimientos, los alumnos se resisten a escuchar hablar de Dios, me sentí en muchas ocasiones frustrada, sin saber por dónde; sin embargo, durante estos 4 años que llevo aquí he descubierto que Dios puede hacer mucho a través de mí para ayudar a esta gente que vive sufriendo por el narcotráfico, la violencia, los secuestros, la inseguridad, el miedo. En cada uno de los alumnos, y las personas con la que convivo a diario, Dios me está gritando «ámame, escúchame, ayúdame, te necesito, consuélame». He visto el sufrimiento de tanta gente por haber perdido a un ser querido, porque ya un familiar desapareció o ha sido asesinado, tantos jóvenes que sufren por la separación de sus padres, por las familias fracturadas; después de varios años empiezo a descubrir la misión tan hermosa que Dios me pide, en este pueblo herido, me invita a «curar sus llagas, sus heridas, acompañarlo hacia la cruz» en el caminar con estas personas, en especial con los adolescentes y jóvenes, para con amor ayudarlos a disfrutar de la alegría de su resurrección y la presencia viva y real en la Eucaristía. Como nuestro lema lo expresa: «Restaurarlo todo en Cristo por María». En la donación, entrega, compartir y la alegría constante. Para ser misionera no se necesita ir solamente a lugares alejados, se es misionero desde nuestro bautismo, donde nos encontremos, en donde Dios nos necesite, a mí Sept. - Octubre 2019
me necesita aquí en el Colegio Lumen de La Mira, Michoacán, para mostrar con mi vida y testimonio «la fuerza del amor» de su amor inagotable. ¿Y a ti a que te invita? ¿A dónde te llama? ¿Qué te está pidiendo Dios? ¿Le quieres responder? Bueno, finalmente quisiera terminar citando a Rufino Velasco quien en su libro «la Iglesia de Jesús» hace mención de los cristianos de esta forma: «habitan sus propias patrias, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos, y todo lo soportan como extranjeros; toda tierra extraña es para ellos patria, y toda patria tierra extraña». Por eso te digo, cuando estés en tierra extraña espero recuerdes lo que has leído, no es fácil, pero enriquece tu cultura y tus costumbres, aprendes cosas maravillosas, no dejes de experimentarlo, tendrás otra visión, atrévete a ir más allá de tus fronteras. Tú también puedes ser Misionero. 37
IGLESIA EN SALIDA
Pbro. Marcos Garduño Arias SX / Misioneros Xaverianos. marcos.garduno77@yahoo.com
Primavera misionera, donde el Espíritu nos guía
El mes de octubre, Mes Misionero Extraordinario, que por lema lleva «bautizados y enviados, la Iglesia de Cristo en misión en el mundo», tiene como fin, precisamente, poner a la Iglesia entera en disposición al Espíritu, a través de la escucha y el discernimiento, para que nos lleve a una acción concreta y renovada en nuestro mundo y contexto actual; de tal forma que nos haga desprendernos de las seguridades y comodidades a las que nos encontramos aferrados, dentro de las estructuras en las que estamos acostumbrados a refugiarnos, alejándonos cada vez más de las aventuras a las que el Espíritu nos impulsa, poniendo nuestra confianza en su acción, dejándonos guiar por su impulso misionero. Ser una Iglesia en salida, expuesta, en lío, pero un lío ordenado como aclara el Papa Francisco a los jóvenes.
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E
l Papa Francisco, profeta de nuestros días, nos devela que la realidad histórica en la que vivimos actualmente, no es un cambio simple, sino radical y definitivo, se habla de un cambio de paradigma en la humanidad en donde en el universo entero está surgiendo algo totalmente nuevo, en las formas de vivir, de pensar y de relacionarse entre los seres humanos y la creación en general, por lo tanto, le altera en todos los campos de la vida tanto en lo material como en lo espiritual, su forma de trascender; así que la propuesta del Papa Francisco no es un simple movimiento, mediocre, ficticio o aparente, dentro de la iglesia para cumplir nuestra tarea misionera en nuestro mundo actual. No basta con darle una manita de gato a las sacristías o darles un color más atractivo, no basta con cerrar las grietas que provocó el terremoto en los templos de los estados del centro y sur de México en años recientes, no basta con agilizar las burocracias de procesos y documentaciones en las oficinas parroquiales, solo por miedo a no parecernos a las estructuras gubernamentales y tener más contentos a los feligreses. No, no es así, la propuesta del Papa es mucho más
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arriesgada y, creo que, tiene como fondo de inspiración el pasaje evangélico de Juan (3, 1-8), el diálogo que se mantiene entre Jesús y Nicodemo. Para Nicodemo el tener que volver a nacer del agua y del Espíritu, que es la propuesta clara y contundente de Jesús, parece incomprensible; pero aun comprendiéndolo, no le parece posible arriesgar y aventurarse tanto con su vida, porque el volver a nacer implica romper con todo lo establecido, con la historia, con todo lo que siempre nos ha dado seguridad y refugio, pero con la certeza de que no vamos por un camino ciego, sin sentido, sino guiados por el gran protagonista de la misión, el Espíritu de Dios. Esta acción o propuesta, me hace recordar al gran filósofo moderno de origen Alemán Friedrich Nietzsche, quien con sus teorías ha influido tanto, consciente o inconscientemente, en el pensamiento social e individual de occidente hasta nuestros días. Sus propuestas resultan interesantes, entre ellas el aforismo «Dios ha muerto», pero al no ser integrales provocan algunos desórdenes que tarde o temprano cobran
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IGLESIA EN SALIDA
factura, que él mismo pagó y con creces, antes de su propia muerte, en medio de la desesperación. Sin embargo, de él retomaremos el concepto del superhombre. Pensando que con su propuesta estaba descubriendo el hilo negro de la existencia humana, su pensamiento va en armonía con muchas de las cuestiones que en las Sagradas Escrituras, ya desde el Antiguo Testamento, se habían planteado y de alguna manera intentado responder. Una de las principales cuestiones es la de no dejarnos dominar por lo que nosotros mismos hemos creado; puesto que somos parte de un espíritu que busca siempre su libertad, esa es su naturaleza. Nietzsche propuso un proceso de transformación para conseguir la meta más preciada, la de llegar a ser el superhombre, a la que todo ser humano está potencialmente encausado. Para ello proponía tres figuras simbólicas en este proceso: la primera hace referencia al burro, pues plantea que en principio todos adoptamos la figura del burro, porque sin cuestionar nada, aceptamos cargas pesadas, sin sentido y que no nos benefician de manera alguna, simplemente lo realizamos por mantener contentos a quienes ponen sus cargas en nosotros, pero llega un momento de cansancio y de hartazgo que decidimos tirar todas las cargas, transformándonos así en la figura del león, que a costa de todo destruye todo sin consideración, una vez destruido todo cuanto existe, es capaz de un resurgimiento, en el que vemos todo nuevo, con inocencia y creatividad, así se da el nacimiento del superhombre y lo hace a través de la figura del niño, quien es capaz de ver todo nuevo y crearlo todo nuevo. El planteamiento de Nietzsche es muy interesante, incluso armónico con cierto pensamiento bíblico; sin embargo, su concepción humana de la persona parece incompleta, coartada, aferrada a la confianza en sí mismo y destinada a un individualismo asfixiante. No está de más mencionar el eco de sus ideas, años después, en contra de todas 40
las instituciones humanas y sociales, tanto políticas como religiosas, y su responsabilidad ante el dolor que la humanidad experimentó al vivir las dolorosas consecuencias de la primera y segunda guerra mundial, culpabilizándolas de todos los sufrimientos, tanto por provocarlos o por ser indiferentes ante ellos. La propuesta del Evangelio, no queda truncada ante los límites humanos, por el contrario, los límites humanos nos ayudan a ver y trascender más allá de la frustración a las restricciones de cualquier fuerza individual o colectiva. Nos abre positivamente a un mundo de relaciones, lo cual posibilita lo trascendental, entendido no solo como una realidad imaginaria a futuro, sino como un compromiso con las realidades con las que tenemos que habérnoslas todos los días de nuestra vida; comprometiéndonos a luchar por la justicia y la paz en este mundo y no solo nos implanta sueños inciertos, como pretendieron acusar tantos filósofos promotores del pensamiento existencialista. Por el contrario, el Evangelio también nos pone al tanto de saber que no somos seSept. - Octubre 2019
res limitados a este mundo, estamos en él, pero no pertenecemos a él, nos considera peregrinos ante esta realidad, pero no indiferentes; porque depende del compromiso y servicio que realicemos aquí que construiremos nuestro futuro para la eternidad, no están desvinculadas, una es consecuencia de la otra. Por lo tanto, nuestra existencia en este mundo es la construcción de lo que ya esperamos, que de alguna manera ya comenzamos a saborear, esa realidad divina que ya existe en nosotros, porque en ella fuimos inmersos a través de la gracia del bautismo, recibiendo en nosotros el Espíritu de Dios, lo cual nos transforma en sus hijos y hermanos entre nosotros, pero que es un don que surge a consecuencia del misterio pascual, es decir de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, «por nosotros», por nuestra salvación, el Padre quien lo resucitó al asumir toda nuestra condición humana, nos incluye a todos los que hemos puesto nuestra confianza en Él. La primavera misionera a la que estamos llamados como Iglesia a vivir con decisión radical, no consiste en el titubeante restablecimiento de las estructuras y formas en las que se expresa en este mundo nuestra Sept. - Octubre 2019
fe, sino en un verdadero y sincero renacer de nuevo del agua y del Espíritu, no basado en estrategias comerciales u otro tipo de proselitismo, no basado en nuestras propias fuerzas humanas o confiados en las herramientas materiales; quizás todo esto tenga su función como expresión de lo que creemos, es decir, acciones concretas. Lo que ahora se requiere es una verdadera conversión que tenga como punto de partida un encuentro real con Cristo resucitado; Él mismo, al cumplir su misión en este mundo, nos envía y constantemente nos sigue enviando, constituyéndonos misioneros, es decir, partícipes del envío que el Padre le ha hecho, fortaleciéndonos a la vez con el don del Espíritu Santo, participándonos de su misma misión, la misma misión y razón de ser de la Iglesia. Por ello, se deduce que la única razón de ser de la Iglesia, aquí en la tierra, donde no es su lugar natural, es anunciar el Evangelio de Cristo a quienes no lo conocen, para que así sea por todos conocido y amado, nuestro Señor Jesucristo.
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OMPE México
Caminar como peregrino en la Jornada Mundial de la Juventud, al encuentro con el Papa Francisco, ha sido un viaje extraordinario, sin duda alguna puedo decir que fue un verdadero regalo del cielo.
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l Congreso Nacional Juvenil Misionero, celebrado cada tres años, es un espacio de encuentro alegre, cercano y fraterno de la Iglesia joven de México.
Preparación Las OMPE México ofrecieron como preparación al XIII CONAJUM un material llamado «Catequesis Juveniles para la Misión» con la finalidad de reflexionar y profundizar, junto con los jóvenes, sobre la cultura del encuentro; teniendo como coordenada principal el reciente Sínodo, para clarificar una espiritualidad juvenil reconciliadora, lo cual, a su vez ayuda a enfatizar la temática, además de responder a la necesidad de reconciliación en nuestra patria que condiciona y exige ciertas consecuencias concretas de la espiritualidad juvenil misionera; por último, el énfasis del Papa en la 42
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cultura del encuentro que matiza la espiritualidad del joven, más que como un modo de vivir, un estilo de vida. La convicción principal, expresada a modo de lema y sublema, «¡Jóvenes de Cristo, a las periferias del mundo!», «bautizados y enviados, presentes en el mundo, para la cultura del encuentro», respectivamente, van más allá de un simple eslogan. Reflejan una convicción: la pertenencia a Cristo de los jóvenes; manifiestan también una consecuencia: la necesidad, no solo de ir a las periferias, sino de repensar la vida desde los más pobres y desprotegidos. Indican, a su vez, la raíz del compromiso: el bautizo nos constituye necesariamente en misioneros; el lema y el sublema señalan a su vez, la historia como espacio y la cultura del encuentro como misión precisa.
El CONAJUM La XIII edición se celebró en Villahermosa, Tab. del 25 al 28 de julio del 2019, teniendo como inicio la fiesta del apóstol Santiago. Este día alrededor de 4 mil jóvenes de todo el país y del extranjero se dieron cita para iniciar esta gran fiesta misionera. Con un breve acto cívico, todos los asistentes contagiados de la alegría, fueron testigos de este inicio de actividades. Se dieron cita en la inauguración, la autoridad civil, quien dirigió un mensaje a los jóvenes, así como también las autoridades eclesiásticas entre ellos Mons. Gerardo de Jesús Rojas López, presidente del Congreso y obispo de la diócesis anfitriona; el director nacional de las OMPE, Pbro. José Ayala Madrigal; Pbro. Luis Alberto Castillo, Secretario Nacional de la Propagación de la Fe; Pbro. José Concepción Javier de la Cruz, director diocesano de misiones en Tabasco; algunos directores diocesanos de misiones del país y religiosos misioneros de diversos institutos misioneros presentes en el país. Los patronos de este XIII CONAJUM fueron el Señor de Tabasco y Santa María de la Victoria, quienes estuvieron presentes con los Sept. - Octubre 2019
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Todo desarrollado de una manera dinámica y atractiva para captar la atención de los asistentes y así motivarlos a tomar acciones concretas en sus diversos grupos y realidades.
jóvenes para acompañarlos en este encuentro con Cristo. Cabe señalar que la diócesis se encuentra en los festejos de los 500 años de la primer Misa en territorio diocesano. Continuando con este júbilo, se dio paso a la Santa Eucaristía donde estuvieron presentes alrededor de 30 sacerdotes, 3 diáconos y fue presidida por S.E. Mons. Gerardo de Jesús Rojas López quien condujo a los jóvenes a un momento de oración y encuentro con Dios, reflexionando sobre la cultura del encuentro para ser promotores de paz y alcanzar la santidad. Ese mismo día se mostró a todas las delegaciones la riqueza cultural con la que cuenta Tabasco por medio de un festival.
El núcleo temático fue el siguiente: Importancia, necesidad y urgencia de encuentro, por el Dr. Lucas Cerviño. Lugares de encuentro y sinodalidad, por Mons. Juan Armando Pérez Talamantes, obispo responsable de la Dimensión Episcopal Mexicana de Pastoral de Adolescentes y Jóvenes. Hacia una espiritualidad juvenil de encuentro, por el Pbro. Luis Alberto Castillo Hernández, secretario nacional de la Pontificia Obra de la Propagación de la Fe. Reconciliándonos para que el mundo crea, por el Lic. Genner Peniche, de Jesuitas por la paz.
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Las demás Eucaristías estuvieron presididas por Mons. Juan Armando Pérez Talamantes, y por Mons. José Armando Álvarez Cano, Obispo responsable de la Dimensión Episcopal de Misiones. Los momentos litúrgicos y de espiritualidad estuvieron diseñados para lograr integrar los conceptos reflexionados en los temas a través de la oración. De manera especial desatacamos la Lectio Divina, con el tema de la cultura del encuentro a través del texto de la «mujer sirofenicia» (Mc 7,24-30), el viacrucis juvenil misionero realizado en las distintas parroquias y comunidades que hospedaron a los congresistas, y el Rosario Misionero que precedió a un concierto cargado de una profunda experiencia espiritual misionera a través del canto.
Los talleres fueron: «Los retos de la evangelización en las redes sociales», por la joven María Magdalena Rendón Castilla, de Evangelización Activa. «Aguas con lo que publicas», por el joven conferencista Marco Antonio García Rodríguez. «La reconciliación para la cultura de la paz», por Genner Peniche, de Jesuitas por la paz. Logrando en los jóvenes la toma de conciencia en cada uno de los temas que pudieron compartir, siendo responsables y propositivos en el uso de las redes sociales y en el trato personal con los demás. Los testimonios misioneros en esta ocasión estuvieron dirigidos por laicos, todas ellas mujeres, a las cuales les agradecemos Sept. - Octubre 2019
profundamente el habernos abierto su corazón y manifestarnos no solo lo heroico de la misión, sino, sobre todo, el aspecto más humano de la misma. Ellas fueron Citlalli, Itzel y Nayeli Estrada Torres, del Instituto de Misioneros Seglares, que de niñas junto a sus padres estuvieron de misiones en áfrica. De los Misioneros Laicos asociados a los Misioneros de Guadalupe: Laura Marrufo, coordinadora; Marisol Nevárez García, enviada a la misión en Kenia y Rocío Esmeralda Solís, enviada a la misión en Guatemala.
Oramos para que Dios cultive en los jóvenes la semilla de la fe y los motive a ir a las periferias del mundo anunciando a Cristo. Agradecemos a la diócesis de Tabasco por la realización del congreso; a las familias, sacerdotes, obispos y a tantos jóvenes que se dieron cita en este XIII CONAJUM.
Tuvimos también una Expo Vocacional Misionera con la presencia de 26 institutos misioneros que compartieron el carisma, la experiencia en tierras de misión y algunos momentos de diversión con los jóvenes.
Promover la misión a favor de la vida íntegra desde las periferias y con un diálogo profético.
El domingo 28 concluimos el CONAJUM con la Solemne Misa de clausura, presidida por Gerardo de Jesús Rojas López, Obispo de Tabasco, donde se envió al Pbro. Rodolfo Loza Hernández, M. G. a la misión en Perú y a las dos jóvenes antes mencionadas en los testimonios. Al terminar se leyeron las conclusiones del congreso, que a partir de ahora asumimos como «compromisos». El ultimo gesto del CONAJUM fue la Marcha Juvenil Misionera, desde las instalaciones del Parque Tabasco hasta la Catedral, como expresión de la Iglesia que se encuentra con la Palabra, reflexiona en actitud de encuentro y sinodalidad, se alimenta de la Eucaristía, es promotora de reconciliación y de paz, y sale a las periferias del mundo. Sept. - Octubre 2019
Favorecer la cultura del encuentro para promover el bien común y la paz social.
Salir de la zona de confort para iniciar procesos, en actitud de sinodalidad, confiando que la misión es de Dios. Anunciar y vivir la unidad en las diferencias, gracias a las mociones del Espíritu Santo, para promover la paz. Lograr un diálogo en todas las direcciones. En vertical, para que sea Dios quien inspire; en horizontal para que, escuchando los signos de los tiempos y con los pies en la tierra, podamos abrirnos a la presencia del Resucitado, así la Buena Noticia sea íntegra en todos.
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CUADRO POR CUADRO
P. Dr. Luis García Orso, S.J.
La sal de la tierra Título: The Salt of the Earth
Director: Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado
Guión: Juliano Ribeiro Salgado, Wim Wenders, David Rosier
Fotografía: Hugo Barbier, Juliano Ribeiro Salgado País: Brasil, Francia, Italia.
Año: 2014
Duración: 110 min.
Reparto: Sebastião Salgado, Juliano Ribeiro Salga-
do, Wim Wenders
Género: Documental biográfico
Valoración: Un acercamiento a la historia foto-
gráfica de Sebastião Salgado, que se vuelve una
hermosa, honda y dolorosa reflexión sobre lo mejor
y lo peor de la condición humana.
E
l reconocido fotógrafo social Sebastião Salgado (nacido en 1944, en Minas Gerais, Brasil) ha sido testigo cercano de acontecimientos relevantes y dramáticos de la historia reciente en diversos puntos del planeta: hambrunas, desplazamiento de refugiados por la violencia y la guerra, condiciones infrahumanas de trabajadores de minas o de pozos petroleros. Sus fotografías han conmocionado, emocionado y molestado; quizás a nadie han dejado indiferente. Su hijo Juliano convenció a Salgado de contar su vida y su obra en una película documental, apoyados por el afamado director de cine Wim Wenders. El resultado en intensos 110 minutos es La sal de la tierra.
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El documental sigue el orden de la obra fotográfica, desde que el joven Sebastião, recién casado con Léila, sale en 1969 de Brasil a Francia para hacer estudios especiales en Economía, y luego en 1974 cambia su trabajo de economista en fotógrafo autodidacta. Indígenas de los Andes y de Tarahumara y campesinos sin tierra del Nordeste de Brasil serán sus primeros amigos cercanos, conviviendo largamente entre ellos, aprendiendo a recoger en fotografía el rostro y la fuerza moral que las personas le ofrecen. Después, como miembro de la organización Médicos sin Fronteras, Salgado irá a Etiopía y a Sudán, y los espectadores del filme empezaremos a conmovernos y llorar frente a tantos niños y mujeres muriendo de hambre. Llevados por Salgado, algo va sucediendo en nuestro interior que nos hermana con los más pobres de la tierra y que nos interpela por la desigualdad injusta y lacerante que vivimos en el mundo. Pero la vergüenza y el dolor por el absurdo de la guerra y la violencia tocan extremos impensables cuando Salgado pasa los años 1993-1997 documentando la huida de Ruanda de los tutsis para escapar del salvaje asesinato por los
hutus, el asentamiento de millones de personas en campos de refugiados en Zaire, y la muerte también por hambre y cólera. Sebastião mismo confesará sobre esta etapa de su vida: «Ya no creía en nada. No creía en la salvación de la especie humana. No podíamos sobrevivir así. No merecíamos vivir más. ¿Cuántas veces tiré al suelo la cámara para llorar por lo que veía?».
Sabías que... El documental Sal de la tierra fue estrenado
en el Festival de Cannes 2014, en donde
compitió en la categoría Un certain regard y ganó el Premio Especial.
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CUADRO POR CUADRO
Sabías que... Por su trabajo en fotografía sociodocumental,
Sebastião Salgado, ha recibido numerosos
premios internacionales, entre otros el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1998.
El intenso diálogo que plantean Sebastião Salgado y Wim Wenders es el espejo inevitable y real de una terrible trayectoria de la humanidad que se ha olvidado de quién es y hacia donde va. Y la verdad, duele mirarse en esas fotografías que hoy son todos esos fotogramas de vidas embalsamadas, viajando desde lejos para enseñarnos ese dualismo de nuestra realidad: el bien y el mal, Oriente y Occidente, el caos y la guerra, frente a una naturaleza inconmensurable. Como dice Salgado «La historia de la humanidad es una historia de guerras». En El cielo sobre Berlín (Der Himmel über Berlin, 1987) de Wenders, se nos proponía una reflexión sobre la humanidad, la historia del nazismo, y sobre el tiempo y la guerra a través de ángeles que nos miran. En La sal de la tierra no sólo se vuelve a retomar esas premisas a través del trabajo de Salgado, si no que su cámara es el mejor reflejo de aquellos ángeles, y los retratos del fotógrafo se convierten en el mejor motor para esa reflexión sobre la historia de la humanidad. Salgado ha sentido, sufrido, palpitado con la condición humana, en su miseria y en su grandeza, en la vida y en la muerte. Y si un fotógrafo es alguien que «escribe y reescribe el mundo con luces y sombras», si es también un artista y un explorador, en medio de su desesperanzada crisis, Salgado regresa a su tierra y su casa natal, abandonadas por la sequía. Como si oyera al Creador, se siente movido a replantar la tierra y hacerla fructificar, a redescubrir la belleza de la creación ahí donde el hombre no ha impuesto su violencia y su devastación. Génesis es este último proyecto (en 2013), que el fotógrafo comparte con la humanidad para volver a creer en la capacidad transformadora y solidaria que tenemos como humanos. Una oda a la naturaleza, la gran olvidada de nuestra civilización; un canto a la vida, a la humanidad. «Al fin y al cabo, las personas son la sal de la Tierra».
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