ISSN: 0185-8424
REVISTA AD GENTES. PUBLICACIÓN BIMESTRAL DE LAS OBRAS MISIONALES PONTIFICIO EPISCOPALES DE MÉXICO A.R.
Año LII No. 603: Nueva época Noviembre - Diciembre 2019 Costo: $15.00 M.N OMPE MÉXICO
Nuestro compromiso
CON LA MISIÓN
El testigo de Jesús jamás busca ser destinatario de un reconocimiento de los demás, sino que es él quien debe dar amor al que no conoce al Señor. Papa Francisco
El diálogo intercultural e interreligioso no está reservado a los especialistas, sino que representa el compromiso de toda la Iglesia.
MENSAJE DEL DIRECTOR PBRO. JOSÉ AYALA MADRIGAL
A la cifra escatológica que representa Cristo, plenitud del tiempo, no se le mira como una fecha para saber qué día es hoy numéricamente, sino para preguntarse cuál es la calidad de las relaciones con las que hoy se convive y se construye toda sociedad. Proyecto Global de Pastoral CEM, 6.
Estimados lectores, que la paz que nos trae Jesús permanezca siempre con nosotros, y que su presencia llene de esperanza nuestro corazones, de amor nuestras vidas y, mientras peregrinamos en esta vida, nos cuide a todos en la palma de su mano. Ahora que estamos por concluir un año más, y que ya está cerca la solemnidad de la Navidad, deseo enviarles mi más sincero agradecimiento por seguir leyendo esta su revista, por seguir formándose e informándose en el tema de la misión. Que el buen Dios, que se ha encarnado en la historia humana a través de su Hijo Jesucristo, colme de bendiciones a todos los bienhechores que hacen posible que esta revista misionera llegue a muchas partes de nuestro país. Quiero desearles que vivan un fin de año en paz y armonía, que puedan darse la oportunidad de contemplar la misericordia divina en el nacimiento donde el Niño Jesús se ha manifestado a la humanidad entera; aquel que nos ha reconciliado con el Padre celestial por medio de su encarnación, muerte y resurrección. En él adquiere sentido las fiestas decembrinas: la unión familiar, los reencuentros, los regalos, la cena navideña y de fin de año, y toda la ambiente que envuelve esta temporada. Es en ese Niño donde toda la humanidad encuentra su unidad. Pidamos al Espíritu Santo nos dé los dones necesarios, como bautizados, para anunciar la gloria de Dios que se ha manifestado en Belén desde la sencillez y fragilidad de un bebé que ha nacido como uno de nosotros, y que también ha necesitado del cuidado de unos padres para crecer en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres (cf. Lc 2, 52). Pidamos a la Virgen María que nos enseñe a ser verdaderos discípulos misioneros de su Hijo Jesucristo, y así seamos signos visibles del Reino de Dios y sus valores ante aquellos que necesitan certeza y esperanza en su vida. ¡Feliz Navidad! Pbro. José Ayala Madrigal Obras Misionales Pontificio Episcopales de México Director Nacional
NOVIEMBRE · DICIEMBRE 2019 AÑO LII NO. 602: NUEVA ÉPOCA
CONTENIDO
BIBLIA Y MISIÓN Haznos instrumentos de tu paz
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LA MISIÓN HOY Sínodo para la Amazonía
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AL SERVICIO DE LA MISIÓN La Amazonía
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TESTIMONIOS MISIONEROS Misión internacional en San Cristóbal, Coclé, Panamá
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MISIÓN Y PERSPECTIVA Nuestro Compromiso con la Misión
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ESPIRITUALIDAD MISIONERA Misión de la Iglesia religiosa y cultura en diálogo
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TESTIMONIOS MISIONEROS ¡Italia, Puerto Rico y México dan voz al mundo
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LA VOZ DEL PAPA La esperanza de los pobres nunca se frustrará
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IGLESIA EN SALIDA Diálogo Interreligioso para la reconciliación
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CUADRO POR CUADRO Una pastelería en Tokio
Visítanos: www.ompe.mx
OBRAS MISIONALES PONTIFICIO EPISCOPALES DE MÉXICO A.R. Propietario
PBRO. JOSÉ AYALA MADRIGAL Director General
DIANA MONROY RODRÍGUEZ Editora
CLAUDIA B. CHÁVEZ RAMÍREZ Diseño
COLABORADORES
Comunidad Misionera de Villaregia Pbro. Dr. Luis García Orso Blanca Villegas
Revista Adgentes
Fotografía Págs: 12-13, 34-37 Pixabay Págs: 30-33 Comunidad Misionera de Villaregia Págs: 18-21, Mónica Torres
REVISTA AD GENTES, Año LII, número 603: Nueva época, noviembre · diciembre 2019, es una publicación bimestral impresa distribuida por Obras Misionales Pontificio Episcopales de México, A. R., Prolongación Misterios No. 24, Col. Tepeyac Insurgentes. Delegación Gustavo A. Madero, C.P. 07020, Tel. (01 55) 57500544, www.ompe.mx, Editor responsable: José Ayala Madrigal. Reserva de Derechos No. 04-2008-042412363000-102, ISSN: 0185-8424, Licitud de Título No. 12345. Licitud de Contenido No. 9908, ambos otorgados por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación, Permiso SEPOMEX No. PPO9-1848 Impresa por Editorial Esfuerzo S. A. de C. V. Esfuerzo 16-A, Col. Lázaro Cárdenas, C.P. 53560 Naucalpan de Juárez, Estado de México. Este número se terminó de imprimir el 19 de octubre de 2019, con un tiraje de 10, 000 ejemplares. El contenido de los artículos que aparecen en cada número es responsabilidad de los autores y no compromete la opinión de los editores.
Noviembre - Diciembre 2019
EDITORIAL
Durante la segunda mitad del siglo XX, después del Concilio Vaticano II, la manera de entender la misión de la Iglesia encontró un cambio de paradigma: sin dejar de atender a los pueblos que aún no conocía el mensaje de Cristo Jesús, la Iglesia dejó de circunscribir su misión al lugar geográfico específico en el que los misioneros llevaban a cabo su tarea, y comenzó a emplearla como clave de reflexión sobre su propia esencia y su propio deber ser. Sin embargo, ese fue solo el primer paso. El Concilio también exhortó a volver a las raíces de la misión, a Jesucristo mismo, quien predicó, cuestionó y denunció aquellas acciones que, lejos de buscar la igualdad, propiciaban la inequidad, la segregación y la opresión de los más pobres y de los más débiles. La Iglesia conciliar invitó a comprender la tarea misionera desde un enfoque diferente, desde el enfoque de aquellos que habitan las periferias; inclusive verlos más que como objetivo o destinatarios del mensaje, como interlocutores y partícipes activos de la labor evangelizadora. El pasado mes de octubre se vivió el Mes Misionero Extraordinario. Bajo el lema «Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo», con ocasión del centenario de la Carta Apostólica Maximum Illud, fuimos convocados a retomar conciencia de nuestro bautismo y de la importancia de la misión ad gentes. Sin embargo, es necesario ver la celebración del Mes Misionero Extraordinario, no como un episodio autoconclusivo en la historia de las celebraciones misioneras, sino como el punto de partida de un itinerario que contemple la reflexión, el trabajo y la constancia para cumplir con el mandato que nos ha sido encomendado. Estamos por concluir un año más y cada vez más cerca de celebrar la Navidad, el nacimiento de Jesús, el misionero del Padre; que con él nazca en nuestros corazones el deseo de llevar la Buena Nueva a cada rincón de la tierra. Cristo, con su luz, viene a iluminarnos en medio de las tinieblas, viene a mostrarnos la infinita misericordia del Padre, a ofrecernos la redención. Que esta Navidad el amor de Dios ilumine cada hogar y brinde calidez a cada corazón. ¡Feliz Navidad y Prospero año nuevo!
BIBLIA Y MISIÓN
Haznos
OMPE México
instrumentos de tu paz
Una propuesta de reconciliación en tierra de misión
La religión, con sus creencias y sus prácticas, debería ser siempre una razón para la reconciliación, quizás la razón, incluso, la ocasión principal. Corresponde a quienes nos decimos observadores y testigos de unos valores que tienen como punto de partida el Evangelio —de diversos modos y por heterogeneidad de caminos— promover el arrepentimiento y el perdón, pero también —y sobre todo— procesos de auténtica reconciliación. Se propone, a partir de esta convicción fundamental, reflexionar sobre un itinerario de reconciliación a partir de Jn 21,1-14, con la finalidad de percibir algunos desafíos elementales que sirvan de referencia en nuestro ministerio misionero1.
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esarrollaremos nuestra propuesta en tres momentos: primero presentamos algunos presupuestos; después abordaremos propiamente el itinerario que se puede releer en el relato de la aparición del Resucitado en el lago de Tiberíades a algunos de los discípulos; por último, una breve conclusión.
El Greco (1597). La Virgen y el niño con Santa Ana.
1. Presupuestos
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El compromiso por la reconciliación en el ámbito religioso e interreligioso supone, en primer lugar, un ejercicio de honestidad. Es importante que, con transparencia, reconozcamos que las personas y grupos religiosos de todos los tiempos y de cual-
1 Por amor a la verdad y por una elemental honestidad intelectual, debemos decir que la intuición básica de esta clave de lectura es de R. J. Schreiter, El ministerio de la reconciliación. Espiritualidad y estrategias, Sal Terrae, Santander 2000, 119-135; la propuesta interpretativa es nuestra.
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El compromiso por la reconciliación en el ámbito religioso e interreligioso supone, en primer lugar, un ejercicio de honestidad.
quier denominación, nos movemos entre la gracia de favorecer el perdón y la reconciliación, y la tentación de promover la ofensa y el odio. El integrismo o fundamentalismo, las guerras con pretextos religiosos, la apología sobre la violencia de parte de muchos líderes, incluso cierto lenguaje impregnado de agresión o desprecio, evidencian que la religión siempre está en la posibilidad de ser una razón para la paz y la reconciliación, o de ser usada como un pretexto para la guerra y la enemistad.
El Greco (1597). La Anunciación. Museo del Prado, España.
En segundo lugar, nuestra experiencia comunitaria, local o global, nos ha enseñado que la paz es un deseo profundo que los seres humanos solo llegamos a experimentar parcialmente; es un valor que depende demasiado de nuestra vulnerabilidad. De ahí que, al deseo de vivir en paz, debemos agregarle la convicción de construir la reconciliación. Cada paz no lograda, incluso la conseguida, siempre requerirá de la reconciliación, para no disimular perdones, ni falsificar arrepentimientos.
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En tercer lugar, la misión no debe ser un campo de batalla de las religiones, sino el espacio más importante, en donde las opiniones se postran ante la Verdad, las diferencias se aprecian desde las coincidencias, las ideologías se arrodillan ante el Evangelio. Es decir, la misión tendría que ser el espacio de encuentro donde descubrimos, todos sin excepción, que lo más importante de una creencia religiosa, no es lo que se diga, sino lo que se haga en favor de los más desprotegidos y excluidos, para aliviar su sufrimiento y mitigar sus dolores. Por último, los cristianos podemos aportar, con modestia pero con convicción, el principio 5
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de resurrección como un valor fundamental para la reconciliación; no la resurrección percibida aisladamente, sino concebida de manera integral. Es posible esto, porque los relatos de resurrección no niegan la realidad de la violencia; la reconocen con su crudeza, sin ignorar a la(s) víctima(s) y sin justificar a los verdugos. Sin embargo, no se quedan en la contemplación de la violencia de manera masoquista o resignada; dan el salto a la resurrección proponiendo, como condición ineludible, que se asuman procesos honestos de reconciliación.
2. Un encuentro leído en clave reconciliación Existe un pasaje, entre los relatos de resurrección, que se puede releer en clave de reconciliación; nos referimos a la aparición del resucitado que nos presenta en el evangelio de Juan en 21,1-14. Leyendo con atención este pasaje y releyéndolo desde los presupuestos que hemos indicado en el apartado anterior, consideramos que es posible identificar un itinerario de reconciliación, en el que se resaltan, no solo algunos pasos concretos a seguir, sino, sobre todo, ciertas convicciones precisas a observar.
Que es indispensable reconocer que alguien tiene que tomar la iniciativa para el proceso de reconciliación; y, casi nunca, es el que ofendió.
tad, incluso, la pretensión del olvido, que por cierto, materialmente es prácticamente imposible. En el presente relato podemos identificar varios elementos que podrían ayudarnos a valorar y usar de manera adecuada la memoria del hecho en orden a la reconciliación. Primeramente hay que señalar que el resucitado es el crucificado. De hecho, lo primero que hace cuando se les aparece a los discípulos, es mostrarles las manos y el costado, evidencias de su muerte (20,20); por otra parte, el mismo Tomás, nos sirve para esta constatación, pues cuando los discípulos le dan la noticia de que vieron al Resucitado, él pide corroborarlo viendo y tocando las huellas de la crucifixión (vv. 24-25).
El Greco (1605). La Anunciación. Capilla Mayor del Hospital de la Caridad de Illescas, España.
• No hay que minimizar la dificultad
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Un error frecuente cuando se quieren hacer procesos de reconciliación es la minimización de la problemática que dio origen a la enemis-
Por último, la mayoría de apóstoles y discípulos, habían emprendido la huida de Jerusalén, lugar de los acontecimientos dolorosos, que apenas habían padecido. De hecho, no estaban todos cuando se les apareció la primera vez (véase 20,19.24); y los que se habían quedado en Jerusalén, empapados por el terror, permanecían encerrados por miedo a los judíos (v. 19), probablemente porque temían correr la misma suerte que su Maestro. Es probable que el autor del relato, previendo que algunos miembros de sus comunidades, hicieran la separación absurda de la resurrección de la cruz, presenta a Tomás pidiendo introducir su mano y sus dedos en las evidencias de la muerte.
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Las personas que han padecido alguna situación traumática a causa de algún sufrimiento específico tienden a distraerse, incluso pretenden olvidar, el tremendo dolor que han padecido y del horror que han contemplado. Como los discípulos, ciertos grupos o personas que sufren violencia, desean olvidar lo ocurrido, anhelan una vida alejada de todo aquello que les hizo daño. El narrador no minimiza la dificultad y presenta a los apóstoles, ausentes en los primeros momentos, incluso en su oficio cotidiano de pescadores: querían alejarse de la realidad que les recordaba su sufrimiento. Sin embargo, sabe que esto no funciona, pues el pasado no puede olvidarse, mucho menos ser arrinconado, ignorándolo. El sufrimiento no se debe olvidar totalmente, tampoco el dolor se debe ignorar. Es el primer paso para asumir procesos de reconciliación. • El proceso lo inicia la parte más consciente
El Greco (1603). Navidad. Capilla Mayor del Hospital de la Caridad de Illescas, España.
El hecho de que se asuman los sufrimientos de manera adecuada no significa, en modo alguno, que ambas partes, la ofendida y la ofensora, se comportan del mismo modo ante la situación. En las enemistades o relaciones rotas muchas personas caemos en la trampa de pensar, incluso de esperar, que la parte más
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l narrador del evangelio de Juan al contar el prendimiento dice que Jesús mismo les dijo a sus agresores que dejaran marchar a sus discípulos (18,8); sin embargo, el mismo narrador se delata al referir unas palabras de Jesús a modo de cita de cumplimiento en el v. 9; además, en la vida real es prácticamente imposible que un monto de gente que va para echarle mano a alguien ande obedeciendo al que consideran enemigo o tengan atenciones con los acompañantes de su víctima. Así que, es muy probable que estemos en una suavización literaria para evitar recordar un hecho doloroso en las primeras comunidades pues no habría resultado nada grato recordar que los apóstoles, en el momento más difícil, habían abandona al Maestro.
culpable inicie los procesos de reconciliación. Es cierto que así debería de ser; sin embargo, la experiencia nos enseña y la historia registra, que casi siempre la parte más culpable tiende a ignorar el problema o, incluso, a reaccionar haciéndose la víctima. En el caso de nuestro relato la víctima, el ofendido, era Jesús; los apóstoles, que ahora ya han vuelto a su oficio anterior, eran de algún modo los ofensores: habían huido ante el prendimiento de Jesús; es cierto que hizo un esfuerNoviembre - Diciembre 2019
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BIBLIA Y MISIÓN
zo por reaccionar, pero totalmente equivocado, pues al usar la espada mereció una reprimenda de Jesús (18,10-11); este mismo negará ser seguidor de Jesús ante una portera (18,17), algunos que —como él— se calientan en la fogata (v. 25) y ante uno de los siervos de los sacerdotes, pariente de aquel a quien previamente le había cortado la oreja (vv. 26-37). Prácticamente los discípulos desaparecen de todo el proceso de Jesús; en el momento de la crucifixión solamente están algunas mujeres, junto con su madre, y el personaje —que lo más seguro es que sea alguien simbólico— que es nombrado como el discípulo amado (19,25-27), así como en el momento de la sepultura, se hace presente Nicodemo (19, 38ss). Ninguno de los que se encontrarán con el Señor en el lago, lo acompañó en su proceso. Por el contrario, la inocencia de Jesús resalta, aún más, cuando se observa que pudiendo haber evidenciado a sus discípulos en el interrogatorio que le hace el Sumo Sacerdote (18,19), evita hacerlo. No obstante la inocencia de Jesús como víctima, no solo ante la violencia sufrida, sino ante el abandono y la negación de los propios, el evangelio lo presenta tomando la iniciativa para el encuentro. Primeramente, es él quien suscita el encuentro, lo provoca, se les manifiesta otra vez (21,1); la trama 8
El Greco (1595). La Virgen María. Museo del Prado, España.
Para que se supere el círculo vicioso tiene que haber alguien que haga algo diferente.
narrativa ofrece el elemento de la insistencia por contrastes: mientras los discípulos están encerrados, escondidos, por miedo a los judíos, Jesús se presenta en medio de ellos (20,1920); algunos no habían alcanzado a verlo, como Tomás, y se les aparece, una vez más, ocho días después (v. 26); ahora, después de estos encuentros, algunos de ellos se van hacia Galilea, de regreso a sus antiguos oficios, y ahí una vez más Jesús (21,1). Esta insistencia refleja el deseo profundo de una de las partes, y no necesariamente la culpable, de suscitar un encuentro. En segundo lugar, Jesús hace del encuentro algo cordial, llamándolos «muchachos» (en griego paidion), o mejor dicho, «chamacos» como se dice en nuestros pueblos. Este término, poco frecuente en el mismo evangelio, contiene un tono coloquial que, en las sociedades agrícolas desarrolladas como las de aquel tiempo y como muchas de las que existen en nuestros países de Latinoamérica, significa rompimiento de una formalidad innecesaria que genera distanciamiento, a través de un lenguaje más bien cariñoso2. Es este 2 Para este matiz coloquial véase R. E. Brown, El Evangelio de Juan XIII-
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lenguaje de cercanía lo primero que escuchan los discípulos; incluso, echan las redes antes que aquel que les hablaba con cierto tono coloquial, el Señor.
El Greco (1603). Inmaculada Concepción. Capilla Oballe de Toledo, España.
Está claro pues, desde lo que hemos afirmado, que es indispensable reconocer que alguien tiene que tomar la iniciativa para el proceso de reconciliación; y, casi nunca, es el que ofendió más o el responsable de la enemistad; más bien, casi siempre, es el más consciente de la situación, que muchas veces coincide con las víctimas, quien toma la iniciativa para la reconciliación. • Es indispensable romper el círculo vicioso Todo lo que hacemos se maneja, casi siempre, a partir de una especie de círculo, a manera de ciclos; cuando es algo negativo le llamamos círculo vicioso. Toda ofensa o comportamiento violento tiene un ciclo vicioso con base en una reciprocidad mal entendida: «me hizo, le hago», «nos ofendió, lo ofendemos», «me mató a un miembro de mi grupo, yo le mato otro»… Para que se supere el círculo vicioso tiene que haber alguien que haga algo diferente. Aquellos hombres, al menos Pedro y los de Zebedeo, sabían de pesca. Quienes desde pequeños observamos a los pescadores por haber tenido la suerte de vivir cerca del mar, de algún río o lago, constatábamos que echaban la red o atarraya hacia la izquierda, como un movimiento natural al usar la mano derecha como punto de apoyo. Es casi seguro, por cuestiones elementales de antropología, que aquellos hombres del siglo I d. C. hayan pescado de manera semejante. De este modo, al pedirles el Resucitado a aquellos hombres que echaran la red a la derecha de la barca, les estaba presentando una alternativa a lo habían estado haciendo, sin resultado alguno (v. 6), pero al mismo XXI, Cristiandad, Madrid 2000, 1517; sin embargo, probablemente no está en lo correcto en su apreciación despectiva de este tipo de lenguaje.
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tiempo, un esfuerzo, pues el movimiento natural es que la red se tire hacia la izquierda de la persona. Las relaciones personales y colectivas que se han dañado, necesitan de la construcción de círculos virtuosos para la necesaria superación de los círculos viciosos. El resultado no se puede prever; pero quien se aventura generosamente en esta dinámica puede estar seguro que habrá frutos, incipientes es cierto, pero que alcanzan a vislumbrar procesos de auténtica reconciliación. • Involucramiento mutuo La reconciliación nunca se da de manera unilateral; el arrepentimiento y el perdón pueden participar de la unilateralidad, es decir, lo puede hacer una sola persona aun 9
BIBLIA Y MISIÓN
cuando la otra parte involucrada, no esté dispuesta. En el caso de la reconciliación siempre se necesitan las dos partes; no con la misma intensidad, pero sí con una disponibilidad semejante para iniciar el proceso de sanación. La pregunta de Jesús sobre si tienen algo que comer (v. 5) con su correspondiente hallazgo de peces por parte de los discípulos, así como con la petición, con todo de orden, una vez en tierra, de que lo discípulos acerquen algunos de los peces que acaban de pescar, juegan en el desarrollo del relato un papel importante para captar, desde la perspectiva de la reconciliación, la necesidad del involucramiento mutuo. La reconciliación solo se puede dar en un esfuerzo multi o al menos bilateral; sin corresponsabilidad no puede darse este proceso. Muchas personas y grupos juegan al paternalismo y al asistencialismo espiritual o ético, olvidando que la otra persona, agresor o víctima, es indispensable para que se pueda dar un auténtico proceso de reconciliación. Esta corresponsabilidad seguramente hace que el proceso sea más lento, incluso más complicado, de lo que a veces se quiere, incluso se necesita, pero es la única manera de que realmente se dé la reconciliación.
El Greco (1596). Adoración de los pastores. Museo Nacional de Arte de Rumania.
• Generación de nuevos espacios
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Un amigo de Guinea Ecuatorial, Antonio Mba, me explicó con paciencia fraternal hace un par de décadas, que en su comunidad había un árbol llamado el Árbol de la Palabra; frondoso, acogedor y hasta bonito. Ahí se reunían los ancianos del grupo étnico para platicar sobre los problemas de la comunidad, incluso de las rivalidades surgidas, para buscar soluciones. Decía este gran amigo que, cuando siendo pequeños veían que los ancianos se encaminaban a ese lugar, se daban cuenta que había un problema pero también que se iba a conversar sobre su respectiva solución. Es deNoviembre - Diciembre 2019
cir, tenían un espacio especial para pensar, buscar y promover la reconciliación. Todas las culturas, de acuerdo al antropólogo E. T. Hall, manejan una percepción del espacio3, pues este dice mucho por sí mismo y además se le hace hablar de acuerdo a ciertos valores e intereses del propio grupo. Todos los seres humanos necesitamos del espacio y nos relacionamos con él de manera convencional. Distinguimos espacios de acuerdo al uso y significado que tienen; pero también creamos espacios con una función específica. Jesús y los discípulos recrean un espacio cotidiano con una nueva significación. Muchas veces Jesús había comido con sus discípulos; seguramente también en la orilla del lago de Tiberíades; quizás hasta en aquel mismo lugar, como acostumbran, todavía, muchos pescadores de nuestras comunidades. Pero ese día, aquella comida no fue igual, tampoco con las mismas intenciones de muchos otros encuentros que habían tenido aquellos hombres antes de que su Maestro muriera. Era un almuerzo de un ofendido y unos ofensores, por acción u omisión; de hecho nadie se atrevía a hacer demasiadas preguntas, tampoco a tener la iniciativa elemental de repartir la comida (vv. 12-13). Seguramente no fue una comida demasiado agradable; pero debió ser muy significativa y, sobre todo determinante, para iniciar un verdadero proceso de reconciliación. La reconciliación no se puede dar en cualquier espacio; no tienen que ser espacios necesariamente neutros, deben ser sobre todo, espacios que pueden resignificarse. Al decir espacio no nos referimos solo al área física, sino también a los eventos y acontecimientos. Existen muchos espacios que se pueden aprovechar; sin embargo, también se tienen que crear otros, incluso resignificar otros
3 Pueden consultarse dos de sus obras principales: La dimensión oculta, Siglo XXI, México 2003 (23ª edic.); El lenguaje silencioso, Alianza, Madrid 1989.
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más. Necesitamos de ello para los procesos de reconciliación.
3. A modo de conclusión Las religiones y quienes pertenecemos a ellas deseamos ser instrumentos de reconciliación; pero así como un instrumento se habilita, se prepara, también los grupos y las personas debemos habilitarnos permanentemente para convertirnos en promotores y amigos de la reconciliación, no en sus detractores y enemigos, o peor aún en sus verdugos. Generemos itinerarios, los necesitamos, seamos víctimas o verdugos, o las dos cosas simultáneamente, que es lo más seguro. Que el Señor nos ayude a nunca olvidar esta necesidad. Involucrémonos en estos itinerarios; no se trata solo de constatar qué tanto somos culpables o no, en las diversas situaciones de violencia o enemistad por causas religiosas, políticas, etc. Que el buen Dios, que habita en cada ser humano, nos ayude a responsabilizarnos de las soluciones, aunque no seamos culpables directos del problema. Y, por último, somos conscientes, de que la palabra Dios ha sufrido muchos abusos y ha sido corrompida y profanada por las religiones y quienes se dicen sus servidores; incluso que se ha derramado mucha sangre y se han provocado bastantes sufrimientos, a causa de ella. Y aunque «no podemos limpiar (totalmente) la palabra ‘Dios’ y no podemos devolverle su integridad; sin embargo, profanada y mutilada como está, podemos levantarla del polvo y erigirla por sobre una hora de gran zozobra»4. Y esta hora es la necesidad de la reconciliación entre las personas y los pueblos.
4 M. Buber, El eclipse de Dios, Nueva Visión, Buenos Aires 1984, 14.
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LA MISIÓN HOY
Más información en: www.sinodoamazonico.va
Sínodo para la
Amazonía
El pasado 15 de octubre del 2017, Papa Francisco convocó una Asamblea Sinodal Especial sobre la Panamazonía, indicando que el principal objetivo es «encontrar nuevos caminos para la evangelización de aquella porción del Pueblo de Dios, sobre todo de los indígenas, muchas veces olvidados y sin una perspectiva de un futuro sereno, también por la causa de la crisis de la foresta amazónica, pulmón de fundamental importancia para nuestro planeta».
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l Sínodo Amazónico es un gran proyecto eclesial, cívico y ecológico que mira a superar los confines y redefinir las líneas pastorales, adecuándolas a los tiempos contemporáneos. La Panamazonía está formada por nueve países: Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela, Suriname, Guayana y Guayana Francesa, se trata de una región que es una importante fuente de oxígeno para toda la tierra, donde se concentran más de un tercio de las reservas forestales primarias del mundo. Es una de las mayores reservas de biodiversidad del planeta, conteniendo el 20% del agua dulce no congelada.
La primera vez que el Papa tocó territorio amazónico (en Perú) el 19 de enero del 2018, expresó su preocupación por los indígenas afirmando: «Probablemente, los pueblos originarios amazónicos, nunca estuvieron tan amenazados como ahora. La Amazonía es una tierra disputada 12
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Las Obras Misionales Pontificias son un importante impulso para la cooperación en la misión.
desde varios frentes». En esa ocasión inauguró oficialmente la preparación para el evento que tendrá lugar en octubre del 2019.
y para una Ecología Integral, se pude leer En la selva amazónica, de vital importancia para el planeta, se desencadenó una profunda crisis por causa de una prolongada intervención La población de este vasto territorio es de cer- humana donde predomina una «cultura del ca de 34 millones de habitantes, de los cuales descarte» (LS 16) y una mentalidad extractivismás de tres millones son indígenas, pertene- ta. La Amazonía es una región con una rica cientes a más de 350 grupos étnicos. Pueblos biodiversidad, es multi-étnica, pluri-cultural y culturas de todos los tipos como los afrodes- y pluri-religiosa, un espejo de toda la humanicendientes, campesinos, colonos, que viven en dad que, en defensa de la vida, exige cambios una relación vital con la vegetación e con las estructurales y personales de todos los seres aguas de los ríos. humanos, de los estados, y de la Iglesia. La Justicia Social y los derechos de estos pueblos son una indicación prioritaria para el Papa Francisco que reiteró: «El problema esencia es cómo reconciliar el derecho al desarrollo, incluso social y cultural, con la tutela de las características propias de los indígenas y de sus territorios». (III Fórum de los Pueblos Indígenas, el 15 de febrero del 2017)
Aunque la temática se refiera a una región específica, como la Panamazonía, las reflexiones propuestas van más allá del territorio geográfico, pues abarcan toda la Iglesia y se refieren al futuro del planeta. Según el Documento Preparatorio (n. 12) «la Asamblea Especial para la Panamazonía está llamada a encontrar nuevos caminos para hacer crecer el rostro amazónico de la Iglesia y también para responder a las situaciones de injusticia de la región». En el documento preparatorio del Sínodo Amazonía: Nuevos Caminos para la Iglesia Noviembre - Diciembre 2019
Las reflexiones del Sínodo Especial superan el ámbito estrictamente eclesial amazónico, porque se enfocan a la Iglesia universal y también al futuro de todo el planeta. Partimos de un territorio específico, desde donde se quiere hacer un puente hacia otros biomas esenciales de nuestro mundo: cuenca del Congo, corredor biológico Mesoamericano, bosques tropicales de Asia Pacífico, acuífero Guaraní, entre otros. Escuchar a los pueblos indígenas y a todas las comunidades que viven en la Amazonía, como los primeros interlocutores de este Sínodo, es de vital importancia también para la Iglesia universal. Para ello necesitamos una mayor cercanía. Queremos saber ¿Cómo imaginan su “futuro sereno” y el “buen vivir” de las futuras generaciones? ¿Cómo podemos colaborar en la construcción de un mundo que debe romper con las estructuras que quitan vida y con las mentalidades de colonización para construir redes de solidaridad e interculturalidad? y, sobre todo, ¿Cuál es la misión particular de la Iglesia hoy ante esta realidad? 13
TESTIMONIOS MISIONEROS
Blanca Villegas / Liga Misional Juvenil. Guadalajara, Jal., México
Misión internacional en San Cristóbal, Coclé, Panamá
«La actividad misionera es respuesta al amor con el que Dios nos ama. Su amor nos redime y nos impulsa a la misión ad gentes» Quiero contarles algo que me sucedió en este año. Dios me llamó a vivir una misión internacional en la comunidad llamada San Cristóbal de la Provincia de Coclé, Panamá, la cual decidí aceptar.
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a misión en la comunidad de San Cristóbal fue una experiencia única, increíble e irrepetible. Fue algo nuevo para mí, que a pesar de retos y obstáculos, lo pude superar. Creo que esta misión fue muy enriquecedora porque tenía algo más especial, éramos 6 misioneros de distintos países: tres jóvenes de Panamá (Mónica, Criss y Edgar), uno de Costa Rica (Luis Alejandro), una de Puerto Rico (Dalymar) y su servidora, de México (Blanca). Compartir con ellos estos momentos, me ayudó a crecer en el ámbito espiritualmisionero y abrió más horizontes en mi vida. Juntos descubrimos que el amor por la misión es único y que con el servicio se alimenta el espíritu, para llegar así, a nuestra definición en común: La misión es un tatuaje sin tinta y con ella se crean puentes entre países.
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hay una escuelita primaria, así que para los demás estudios es necesario mudarse a la ciudad para estudiar y esto hace que solo haya en la comunidad adultos mayores y algunos matrimonios y niños. Son alrededor de noventa familias las que viven en cinco comunidades de San Cristóbal, y con todas las circunstancias y dificultades en las que viven, no es impedimento para vivir felices: ellos comparten lo que tienen y lo que producen con los demás, pues aman su tierra. Para mí, esta comunidad es misionera por naturaleza, pues me di cuenta de lo dispuestos y abiertos que están a recibir a Cristo en el prójimo. Y aunque reciben la Eucaristía una vez al año (aquellos que no tienen cómo trasladarse a la ciudad), viven su fe al máximo en la Celebración de la Palabra y en el rezo del rosario: su fe es viva y su amor a Dios es grande y fiel.
San Cristóbal, es una de las comunidades más lejanas de la ciudad de Panamá, se encuentra en lo que ellos llaman «el interior», que es la parte montañosa. Para llegar a este lugar se hacen seis horas desde la provincia de Coclé, Penonomé; cabe mencionar, que el trayecto es difícil ya que no es camino de asfalto, la tierra con la lluvia se torna como barro, lo que hace que el camino sea muy complicado. Cruzamos ríos y montes para llegar hasta ahí, sin duda, es muy complicado para los habitantes de esta comunidad ir hacia la provincia, las personas carecen de algunos servicios básicos, como la luz y el drenaje; sus viviendas en la mayoría son construidas con madera; no tienen médico, lo que significa que solo cuando existe una urgencia es cuando hacen todo por llegar a la ciudad; solo Noviembre - Diciembre 2019
Vivir en su realidad, conocer su vida cotidiana con sus niños y adultos mayores, conocer sus necesidades, sus sufrimientos, sus alegrías, ver sus rostros llenos de alegría al escuchar la palabra viva en el Evangelio y su devoción de rezar el rosario, el acompañarnos a caminar para llegar a más comunidades, la emoción al compartirnos sus tradiciones y compartir las nuestras con ellos, el hacernos parte de su comunidad, darme cuenta de todas las oraciones que hacían por nosotros y por todos los jóvenes que iban a su País para el encuentro con el Papa y la gratitud que nos mostraron por haber ido a estar con ellos... con todo esto, con todo lo que viví con ellos y el aprendizaje que recibí con esta experiencia, es sin duda, la mayor recompensa que Dios me ha dado en esta misión. En ella encontré a Dios en cada una de las personas y en cada uno de los detalles que recibí. Al regresar a la ciudad de Panamá para vivir la JMJ como peregrina, encontré en toda la gente panameña, que acogía con gran alegría jóvenes de todo el mundo en su tierra, el rostro de Cristo. Recuerdo escuchar a 19
TESTIMONIOS MISIONEROS
nos de todo el mundo, para que pudiéramos vivir esta jornada. Su entrega a nosotros era por completo y es así como algunas personas se convierten en una familia para toda la vida. Cada momento de esta jornada fue único: los bailes, las porras, el caminar con la multitud, alabar a Dios, la Eucaristía, el rosario, el viacrucis; todo esto va preparando al joven a dar un giro muchas veces inesperado en su vida. El encuentro con el Papa fue uno de los momentos más emotivos, todos en espera de su Santidad para escuchar a través de él, el mensaje que Dios tenía para la juventud del mundo entero.
muchos que entre ellos mismos estaban conociéndose gracias a esta JMJ y que se sentían muy agradecidos porque fuimos a su país, pues ahora eran un Panamá nuevo. El encuentro con miles y miles de jóvenes de otros países, de distintas culturas y maneras de vivir su fe, fue impresionante; ver las calles repletas de jóvenes caminando todo el día y creando lazos de amistad, fue una manera grandiosa de constatar cómo es posible promover la paz, la unidad y la fraternidad entre los pueblos. Durante la jornada de la juventud te das cuenta de lo increíble que es reunirse para vivir, compartir y gozar la fe «haciendo lío». Panamá nos dio mucho, nos dio alimento, hospitalidad, enseñanzas, pero sobre todo, nos dio amor. Las familias nos abrieron las puertas de sus hogares y de sus corazones acogiendo peregri20
En lo personal, mi momento llegó el día de la velada, fue allí cuando encontré respuesta a todo lo que me cuestionaba antes de hacer este viaje... Había llegado el momento de abrirme por completo a Dios y decir con fuerza y disposición ante Él: ¿Señor, qué quieres de mí? A pesar de que esta pregunta ya me la había hecho antes, siempre tuve miedo de escuchar lo que Dios me pediría, sin embargo, en este momento me sentía dispuesta y convencida, así que en la oración y en el silencio, su respuesta me sacudió por completo: «¿Todavía lo dudas? Es por eso que te traje hasta aquí, sígueme y no tengas miedo». Dios siempre es fiel y todo lo que hace que suceda en tu vida es por algo. Ahora me encuentro más que convencida de que la JMJ es un evento que propicia un encuentro con Dios, pero también te llevas el compromiso de dar testimonio con tu vida de las grandezas que el Señor ha hecho en ti, llevándolo a cada Noviembre - Diciembre 2019
plaza, a cada esquina, a cada rincón de la tierra. Y sí, aún existen muchos jóvenes que están dispuestos a entregar su vida a Dios, dispuestos a luchar «por la salvación de todo el mundo» (Lema de la LMJ) de la mano de Jesús y de María.
Al finalizar la jornada, no se termina la experiencia, sino que el Santo Padre nos envía con un mensaje de paz y esperanza para cumplir nuestra misión: «llevar la Buena Noticia a los pobres, la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, dar libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia en el Señor» (cfr. Lc 4, 18-19).
Tres meses antes de la JMJ se me presentó la oportunidad de asistir a ella por parte de OMPE México, ni siquiera sabía si alcanzaría a juntar Estemos abiertos a escuchar la voz del Señor el dinero necesario o si podría ir. Tenía muchas y estar dispuestos a decir «Hinnení», «Heme dudas, preocupaciones y me cuestionaba todos aquí, aquí estoy» en hebreo; esta es la reslos días si realmente quería ir. En fin, Dios me puesta que Dios espera de nosotros al salir a sorprendió cuando menos lo esperaba, aprendí nuestro encuentro, seamos como María, «ina confiar plenamente y a decir un «Sí» de ver- fluencers» de Dios. dad. Después de cuatro años tambaleando en el caminar misionero, descubrí que sí es aquí «No se olviden que no son el mañana, no son el dónde Dios quiere que esté y que aunque las —mientras tanto— sino el ahora de Dios» circunstancias se tornen difíciles, Él siempre me fortalecerá. Toda esta experiencia vivida (Mensaje con el que el Santo Padre despidió a me llena de alegría, y no es alegría de haber he- los jóvenes en la JMJ Panamá 2019) cho lo que debía, sino alegría por haber sido yo misma, por haber vivido de verdad y porque vivir de verdad es servir en dónde te encuentres. Noviembre - Diciembre 2019
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LOS OJOS DE LA MISIÓN
La alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie. Así se lo anuncia el ángel a los pastores de Belén: «No temáis, porque os traigo una Buena Noticia, una gran alegría para todo el pueblo» (Lc 2, 10). Evangelii Gaudium, 271
MISIÓN Y PERSPECTIVA
Diana Monroy Rodríguez / OMPE México
Nuestro
Compromiso con la Misión Por supuesto que todos estamos llamados a crecer como evangelizadores. Procuramos al mismo tiempo una mejor formación, una profundización de nuestro amor y un testimonio más claro del Evangelio. En ese sentido, todos tenemos que dejar que los demás nos evangelicen constantemente; pero eso no significa que debamos postergar la misión evangelizadora, sino que encontremos el modo de comunicar a Jesús que corresponda a la situación en que nos hallemos. En cualquier caso, todos somos llamados a ofrecer a los demás el testimonio explícito del amor salvífico del Señor, que más allá de nuestras imperfecciones nos ofrece su cercanía, su Palabra, su fuerza, y le da un sentido a nuestra vida. Tu corazón sabe que no es lo mismo la vida sin Él; entonces eso que has descubierto, eso que te ayuda a vivir y que te da una esperanza, eso es lo que necesitas comunicar a los otros. Nuestra imperfección no debe ser una excusa; al contrario, la misión es un estímulo constante para no quedarse en la mediocridad y para seguir creciendo. El testimonio de fe que todo cristiano está llamado a ofrecer implica decir como san Pablo: «No es que lo tenga ya conseguido o que ya sea perfecto, sino que continúo mi carrera [...] y me lanzo a lo que está por delante» (Flp 3,12-13). Evangelii Gaudium, 121
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l pasado mes de octubre se vivió el Mes Misionero Extraordinario. Bajo el lema «Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo», con ocasión del centenario de la Carta Apostólica Maximum Illud, fuimos convocados a retomar conciencia de nuestro bautismo y de la importancia de la misión ad gentes. Sin embargo, es necesario ver la celebración del Mes Misionero Extraordinario, no como un episodio autoconclusivo en la historia de las celebraciones misioneras, sino como el punto de partida de un itinerario que contemple la reflexión, el trabajo y la constancia para cumplir con el mandato que nos ha sido encomendado.
Un cambio de paradigma El 30 de noviembre se cumplirán 100 años de la Carta Apostólica Maximum Illud, documento profético que supo leer los signos de su tiempo, pues en ella se enfatiza que la labor misionera es ineludible, por ello «no había de limitarse ciertamente a la vida de los apóstoles, sino que se debía perpetuar en sus sucesores hasta el fin de los tiempos, mientras hubiera en la tierra hombres para salvar la verdad» (MI, 1). Al no limitarse a un tiempo y espacio era preciso apartar de la labor misionera cualquier tipo de nacionalismos. Después de la Gran Guerra (1914-1918), Benedicto XV, comprendió «la necesidad de dar una impronta evangélica a la misión en el mundo, para purificarla de cualquier adherencia colonial y apartarla de aquellas miras nacionalistas y expansionistas que causaron tantos desastres»1. Avanzando en esta línea temporal, la evolución de las circunstancias históricas y de la vida eclesial, así como la profundización teológica, fueron produciendo un cambio de paradigma, que quedó sellado en el Vaticano II.
1 Congregación para la Evangelización de los Pueblos, Obras Misionales Pontificias (2019). Bautizados y Enviados: La Iglesia de Cristo en Misión en el Mundo. Milán, Italia.
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En el periodo postconciliar se fue pasando a un modelo post-colonial y post-moderno. Por lo que, para comprender la convocatoria del Papa Francisco —a vivir y dar continuidad al Mes Misionero Extraordinario— es necesario mirarla bajo estas dos lupas. «El Concilio incorporó a la reflexión eclesial, desde una perspectiva más inductiva, los temas relacionados con la secularización y la pobreza. Asumiendo los problemas del hombre se buscaron alternativas que tuviesen que ver con lo específico cristiano. […] No es exagerado decir que recién en el Concilio Vaticano II se superaron las matrices culturales grecolatinas. La Iglesia comenzó a pensarse como “no necesariamente europea”. Este movimiento intelectual ayudó a que las iglesias periféricas generaran un 25
MISIÓN Y PERSPECTIVA
los pobres, la Iglesia, impulsada por el Espíritu Santo, debe avanzar por el mismo camino que avanzó Cristo: esto es, el camino de la pobreza, la obediencia, el servicio y la inmolación de sí mismo hasta la muerte, de la que surgió victorioso por su resurrección» (AG, 5). En su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, el Papa Francisco, habla de comunicar la Buena Nueva, en un mundo cuyo mayor riesgo es «una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada». Sin embargo, es innegable que en la actual encrucijada histórica se han multiplicado las imágenes y metáforas para designar la misión universal de la Iglesia. Esto resulta necesario para dar cuenta de una concepción holística de la misión. No obstante, corre el riesgo de difuminar o desdibujar el sentido de la misión ad gentes, definida como «la evangelización y la plantación de la Iglesia en los pueblos o grupos humanos en los cuales no ha arraigado todavía» (AG, 6) y de la vocación misionera, ad vitam y ad gentes. intento propio de reflexión teológica muy vinculado a lo particular y concreto de las situaciones de cada región»2 (Morello, 2006). Este dinamismo misionero se vio reflejado en el Decreto Ad Gentes, trasladando la Misión a un escenario más rico y complejo, enlazando con el comienzo de la constitución sobre la Iglesia, que empieza hablando de las misiones divinas y pone a toda la Iglesia en estado de misión, hacia fuera, pero precisamente desde dentro, desde su vitalidad interior: la acción misionera brota de la Iglesia-misterio, y se convierte en tarea de todo el pueblo de Dios, pastores, laicos y religiosos y, de igual manera «como esta misión continúa y desarrolla en el curso de la historia la misión del propio Cristo, que fue enviado a evangelizar a
2 Morello, G. (2006). El Concilio Vaticano II y su impacto en América Latina: a 40 años de un cambio en los paradigmas en el catolicismo. Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales. Recuperado el 22-10-2019 en http://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S018519182007000100081&script=sci_arttext
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Ello reclama una consideración teológica de la misión ad gentes desde la misión de la Trinidad, que se realiza a través de la misión del Hijo y del Espíritu y que es prolongada y continuada por la Iglesia. Esta se va realizando, a raíz de Pascua/Pentecostés, como comunión de iglesias, que hace ver que cada iglesia local nace de la misión y vive para la misión. La Iglesia, ya completa desde el mismo día de Pentecostés, debe desarrollarse y extenderse hasta llegar a los confines de la tierra y a la entera humanidad; hasta abarcar la edad perfecta en Cristo (Cf. Ef 4, 13). Esta plenitud católica exige que todos los elegidos entren en ella y que cada uno alcance la perfección según su conformidad a Cristo, en la fe viva y en la caridad perfecta. «Este desarrollo de la Iglesia tiene lugar entre dos momentos decisivos: desde su manifestación pública en el día de Pentecostés, que señala la fe en la resurrección de Cristo sellada por el Espíritu Santo, hasta el regreso del Señor y la instauNoviembre - Diciembre 2019
Papa Francisco, Santa Misa para el Día Mundial de las Misiones. 20 de octubre, 2019
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uisiera escoger tres palabras de las lecturas que hemos escuchado: un sustantivo, un verbo y un adjetivo. El sustantivo es el monte: de esto habla Isaías, cuando profetiza acerca de un monte del Señor, más elevado que las colinas, al que confluirán todas las naciones (cf. Is 2,2). El monte vuelve en el Evangelio, ya que Jesús, después de su resurrección, indica a los discípulos, como lugar de encuentro, un monte de Galilea, precisamente en Galilea, que está habitada por muchos pueblos diferentes, la «Galilea de los gentiles» (cf. Mt 4,15). Entonces, pareciera que el monte es el lugar donde a Dios le gusta dar cita a toda la humanidad. Es el lugar del encuentro con nosotros, como muestra la Biblia, desde el Sinaí pasando por el Carmelo, hasta llegar a Jesús, que proclamó las Bienaventuranzas en la montaña, se transfiguró en el monte Tabor, dio su vida en el Calvario y ascendió al cielo desde el monte de los Olivos. El monte, lugar de grandes encuentros entre Dios y el hombre, es también el sitio donde Jesús pasa horas y horas en oración (cf. Mc 6,46), uniendo la tierra y el cielo; a nosotros, sus hermanos, con el Padre.
¿Qué significado tiene para nosotros el monte? Que estamos llamados a acercarnos a Dios y a los demás: a Dios, el Altísimo, en el silencio, en la oración, tomando distancia de las habladurías y los chismes que contaminan. Pero también a los demás, que desde el monte se ven en otra perspectiva, la de Dios que llama a todas las personas: desde lo alto, los demás se ven en su conjunto y se descubre que la belleza sólo se da en el conjunto. El monte nos recuerda que los hermanos y las hermanas no se seleccionan, sino que se abrazan, con la mirada y, sobre todo, con la vida. El monte une a Dios y a los hermanos en un único abrazo, el de la oración. El monte nos hacer ir a lo alto, lejos de tantas cosas materiales que pasan; nos invita a redescubrir lo esencial, lo que permanece: Dios y los hermanos. La misión comienza en el monte: allí se descubre lo que cuenta. En el corazón de este mes misionero, preguntémonos: ¿Qué es lo que cuenta para mí en la vida? ¿Cuáles son las cumbres que deseo alcanzar? Subir y bajar: el cristiano, por tanto, está siempre en movimiento, en salida. De hecho, el imperativo de Jesús en el Evangelio es id. Todos los días cruzamos a muchas personas, pero —podemos preguntarnos— ¿vamos al encuentro de esas personas? ¿Hacemos nuestra la invitación de Jesús o nos quedamos en nuestros propios asuntos? Todos esperan cosas de los demás, el cristiano va hacia los demás. El testigo de Jesús jamás busca ser destinatario de un reconocimiento de los demás, sino que es él quien debe dar amor al que no conoce al Señor. El testigo de Jesús va al encuentro de todos, no sólo de los suyos, de su grupito. Jesús también te dice: “Ve, ¡no pierdas la ocasión de testimoniar!”. Hermano, hermana: El Señor espera de ti ese testimonio que nadie puede dar en tu lugar. «Ojalá puedas reconocer cuál es esa palabra, ese mensaje de Jesús que Dios quiere decir al mundo con tu vida. […] Así tu preciosa misión no se malogrará» (Exhort. apost. Gaudete et exsultate, 24).
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ración definitiva del Reino, momento en el que la Iglesia llegará a su plenitud. En todo este tiempo la ley del crecimiento es esencial para ella, puesto que debe completarse tanto en cada uno de sus miembros como en su totalidad»3 (Borda, 1990). Esta perspectiva debe ser desarrollada a medida que se toma conciencia de cada iglesia como sujeto prioritario de la evangelización y de que cada bautizado vive su eclesialidad como protagonista de la misión universal. Es así como se puede articular de modo armónico la misión de la Iglesia con la misión ad gentes. La eclesiología del Papa Francisco es planteada desde su raíz en clave misionera y a su vez aporta al conjunto de la Iglesia un dinamismo 3 Borda, E. (1990). Reflexiones sobre la teología de la misión en el XXV aniversario del decreto «Ad Gentes». Scripta theologica: revista de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Recuperado el 21-10-2019 en https:// dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4352364
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misionero. Su tradición espiritual y teológica, su experiencia pastoral y el contexto latinoamericano (especialmente la teología del pueblo y Aparecida) ofrecen los presupuestos que la hacen comprensible. Su percepción del mundo actual (dominado por la globalización) despliega un escenario de misión universal. Por ello el programa de su pontificado es una conversión pastoral y misionera de todo y de todos en la Iglesia. Los datos fundamentales de la revelación reclaman una Iglesia en salida y una concepción de los bautizados como discípulos misioneros. En consecuencia, todas las realidades eclesiales deben afrontar una reforma desde la misión que le permita salir de la tentación de la auto-referencialidad y de la mundanización espiritual. «Esta valoración de la “misionología narrativa” entronca con el horizonte universal y con el di-
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namismo que brota del núcleo del mensaje cristiano, a la luz de lo cual se puede afirmar con nitidez que no es la Iglesia la que hace la misión sino que es la misión la que hace la Iglesia»4 (Bueno, 2018). Junto a la dimensión misionera, la eclesiología de Francisco está caracterizada por esta doble coordenada: la Iglesia tiene que ser pensada y vivida en clave bautismal y debe desarrollarse en un modo sinodal. Tanto lo uno como lo otro, se encuentran vinculados al dinamismo misionero. El bautismo hace participar en el acontecimiento salvífico fundamental y por ello inserta de modo activo en la misión del Hijo y del Espíritu; la misión universal que reclama nuestro mundo sólo puede ser llevada adelante con la participación de todos los bautizados. «El bautismo es el primero de los sacramentos. Como decíamos respecto al kerygma, el bautismo es primero no simplemente porque se encuentra al inicio, sino que conserva su valor y su fuerza a lo largo de toda la vida cristiana. Todo en la vida cristiana, actividades y ministerios, vive del bautismo y expresa su dimensión salvífica. […] El bautismo no debe quedar como un suceso del pasado sino como una experiencia salvífica fundante y por ello como el inicio del camino de la fe y a lo largo de este itinerario permanece como realidad viva que sigue afectando al presente» (Bueno, 2018). La sinodalidad eclesial puede definirse como la puesta en acto de esta interacción orgánica de fieles y pastores, en su unidad y diferencia, a su vez debe manifestar la base bautismal para orientar las capacidades de todos en la misión. El ejercicio de la sinodalidad debe ser vista por tanto como convergencia en y para la misión. … Recordemos que «en virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero (cf. Mt 28,19). Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración 4 Bueno, E. (2018) La misión ad gentes, paradigma de toda actividad eclesial. Grupo Editorial Fonte. Eclesiología del Papa Francisco (p 288). Burgos, España.
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de su fe, es un agente evangelizador, y sería inadecuado pensar en un esquema de evangelización llevado adelante por actores calificados donde el resto del pueblo fiel sea solo receptivo de sus acciones. La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados. Esta convicción se convierte en un llamado dirigido a cada cristiano, para que nadie postergue su compromiso con la evangelización, pues si uno de verdad ha hecho una experiencia del amor de Dios que lo salva, no necesita mucho tiempo de preparación para salir a anunciarlo, no puede esperar que le den muchos cursos o largas instrucciones. Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús; ya no decimos que somos “discípulos” y “misioneros”, sino que somos siempre “discípulos misioneros”» (EG, 120). Por lo tanto, comprender el estado actual de la misión, su concepción y percepción, nos ayudará a comprometernos desde nuestra identidad bautismal para ser la Iglesia de Cristo en misión en el mundo.
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TESTIMONIOS MISIONEROS
Comunidad Misionera de Villaregia
dan voz al mundo!
¡Italia, Puerto Rico y México «Por sus a frutos los conoceréis. ¿Se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos…» Mt 7, 16-17
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urante el mes de julio trece jóvenes del equipo misionero de la pastoral juvenil de la diócesis de Arecibo en Puerto Rico, dos jóvenes italianos y quince jóvenes mexicanos del GIMVI (Grupo de Impulso Misionero Villaregia) realizaron una misión juvenil en la parroquia Cristo Rey de la diócesis de Texcoco, confiada a la Comunidad Misionera de Villaregia.
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La Diócesis de Texcoco, ubicada al noroeste del Estado de México, tiene una extensión territorial de 1,137 km² y está conformada por los municipios de: Tepetlaoxtoc, Papalotla, Tezoyuca, Chiautla, Chiconcuac, Atenco, Texcoco, Chicoloapan, Chimalhuacán.
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Con la alegría que caracteriza a la juventud llevaron adelante la misión Juvenil titulada «Dale voz al mundo» con el objetivo de motivar a los jóvenes mexicanos a acercarse a su parroquia y emprender un camino de fe. El primer fruto de esta misión fue la convivencia multicultural que pudieron realizar, conocer otras culturas y dar conocer sus culturas, sus sueños, lo que los motiva a servir, participar cada día en la celebración eucarística y trabajar en equipos; ingredientes que favorecieron la fraternidad entre ellos. La misión se desarrolló en quince días de intensas actividades, empezando por visitar las casas de las colonias que conforman la comunidad parroquial, compartir con las familias, preparar las pláticas y actividades artísticas para los jóvenes y concluir con un momento de fiesta y de compartir talentos. Fue una experiencia que ha queNoviembre - Diciembre 2019
dado grabada en los corazones de quienes participaron: «Antes de venir a México tuvimos varios momentos de preparación misionera pero, sobre todo, recibimos como regalo el destino a este lugar en un momento de oración, sentimos que desde que supimos que íbamos a venir a Texcoco, nuestra oración por este pueblo no ha cesado» nos comentan los jóvenes de Puerto Rico. »Para mí —continúa— fue importante caminar por las calles sin asfalto, en medio del polvo, para llevar una palabra de esperanza a todas y cada una de las personas que nos abrían su puerta física y espiritual dejándonos humildemente entrar a su vida; tuvimos también la dicha de llevar un rayo de la luz del Señor a las personas enfermas; y nuestra más grande recompensa fue ver el brillo de esperanza en sus ojos, antes cansados, al terminar la oración».
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Historia de la Diócesis de Texcoco El 13 de abril de 1960, el papa Juan XXIII con la bula «Caelestis Civitas» da origen a esta diócesis, que se erige el 18 de octubre en la fiesta del evangelista San Lucas, con 54 parroquias desprendidas en su totalidad de la Arquidiócesis de México con una población cercana a los 700 mil habitantes. Al año siguiente inmediatamente fue erigido el Seminario Conciliar de Texcoco. En el XXV aniversario de la Diócesis fue proclamado el Sínodo Diocesano. En sus inicios abarcaba treinta y siete municipios mexiquenses, que se fueron reduciendo conforme se crearon las diócesis de Tlalnepantla en 1964, Cuautitlán en 1979, Nezahualcóyotl en 1979, Ecatepec en 1995 y Teotihuacán en el 2008. Antes de la llegada de los españoles, Texcoco fue capital del reino de Acolhuacan, una de las naciones mas poderosas del Anáhuac y residencia de los monarcas de los que se conocen catorce, distinguiéndose entre ellos Netzahualcóyotl, filósofo y poeta (1431-1472), que tuvo primero por capital a Tenayuca y luego a Texcoco. Las dos primeras escuelas que hubo en México fueron fundadas por franciscanos y, hay que recalcarlo, estas son también las primeras escuelas del Nuevo Mundo. La primera fue la fundada en Texcoco por Fray Pedro de Gante el año 1523, antes de la llegada de Los Doce y la segunda, la de San José de los Naturales en el convento de San Francisco en el centro de la Ciudad de México. Fray Pedro de Gante nació por el año 1480, sin duda en Ayghem-Saint-Pierre, cerca de la ciudad de Gante (Bélgica). Llegó a México en 1523 y aquí vivió hasta su muerte el año 1577, en edad bien avanzada, sin haber regresado jamás a Europa, prodigando su acción apostólica en los campos más diferentes, y enseñando a leer y escribir a numerosas generaciones de indios. En general se considera al convento de San Antonio de Padua, en Texcoco, como el más antiguo de la Providencia del Santo Evangelio, después de San Francisco en la Ciudad de México. Efectivamente, fue hacia Texcoco donde, desde 1523, se dirigieron los primeros franciscanos llegados a México antes de los doce: Pedro de Gante, Juan de Ayora y Juan de Tecto. Para escribir sobre la historia del convento debemos basarnos en las crónicas escritas entre el siglo XVI y XIX, y en los numerosos documentos dispersos en los archivos de la Ciudad de México ya que, por desgracia, de los archivos del convento solo quedan seis registros de bautizos celebrados entre 1670 y 1710. Más información en www.diocesisdetexcoco.org Noviembre - Diciembre 2019
»En las visitas a las casas algunas personas mayores desahogaban con nosotros las cargas que llevaban consigo desde hace años y las lágrimas de impotencia rodaban por sus mejillas; siento que fue un gran regalo poder recibir la historia de las personas que encontramos». »La alegría de los más pequeños recargaba nuestra alma de energía y esperanza, con sus risas, sus abrazos y sus miradas tan inocentes nos dábamos cuenta que, aunque la vida se torna difícil por las pruebas y retos que se presentan día con día para poder avanzar, a pesar de las crisis personales, familiares y sociales con las que constantemente la gente lucha, hay un enorme deseo de crecer y salir adelante, hay una gran esperanza».
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Para los jóvenes de las colonias de la periferia fue importante percibir el interés de estos amigos venidos de tan lejos para convivir con ellos, para compartir la fe, la alegría de vivir y el deseo de ser mejores cada día. Gracias a estos amigos que dedicaron sus vacaciones de la universidad o del trabajo para vivir estos días compartiendo lo que son. Esta experiencia de amor creó una gran familia entre estos dos pueblos, que, a pesar de tener una cultura diferente, supieron ser hermanos y cuidarse los unos a los otros. La Hermana Maura que estuvo a cargo de esta misión junto con el Padre Marco, les agradeció a los dos grupos por compartir sus dones con los demás ya que, de esta manera dan los frutos tan bellos que vimos en estos días. 33
IGLESIA EN SALIDA
Pbro. Marcos Garduño Arias SX / Misioneros Xaverianos. marcos.garduno77@yahoo.com
Diálogo Interreligioso para la reconciliación
La actual dinámica social ha sido motivo de muchas preocupaciones y serias reflexiones a nivel mundial, encaminadas a comprender cómo vivimos nuestra identidad y nuestras relaciones humanas, motivadas muchas veces por los vertiginosos y frenéticos cambios que son característicos de nuestros días; pues, por mucho tiempo, las delimitaciones territoriales nos daban mucha seguridad y una sólida identidad, porque en ellas se determinaba el desarrollo de una cultura, ideología, características económicas, formas de pensar y ver la vida, una cierta jerarquía de valores, etc.
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finales del siglo XX, e inicios del siglo XXI, todo parece haberse salido de dicho control, principalmente a causa de las políticas liberales de comercio, del conocido mercado libre, con múltiples tratados libres de comercio entre diversos países, se ha creado una economía cada vez más interdependiente a nivel mundial, por lo que exige un acercamiento e interacción no solo de productos sino de culturas y valores, para llegar a esos acuerdos necesarios. Por otra parte, los medios de comunicación, cada vez acercanmás a las personas y crean esa visión, a la que se le ha llamado «aldea global», para significar cómo para los medios de comunicación no hay límites territoriales, lingüistícos, culturales o religiosos. Otro fenómeno que se Noviembre - Diciembre 2019
ha identificado son las migraciones masivas, especialmente de los países pobres hacia los países más desarrollados, porque también estas ideologías de globalización motiva a tener más, pero produce cada vez menos ricos y más pobres, de tal manera que muchos grupos se ven obligados o motivados a emigrar de sus territorios para buscar nuevas oportunidades para mejorar sus condiciones de vida, muchas de veces arriesgando la propia vida personal y familiar, pero todo ello va generando cambios, interacción con culturas diferentes, las cuales muchas veces no son fácil de aceptar tanto a los que llegan como a los que tienen que recidir en tal territorio, provocando confusión en sus propios valores, y todo afectando en la manera de ver la vida y cómo nos vamos relacionando. Esta realidad nos ha llevado a una inseguridad; y la tendencia para responder a esta situación, en algunos casos, se cae en soluciones extremistas, provocadas por el miedo a lo diferente, a los cambios y tienden a encerrarse en sí mismos, sin permitir la interacción, se empeñan en generalizar lo que siempre han sido, absolutizando lo
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que ellos consideran como único e importante, sin permitir los cambios que parecen inevitables. Por otra parte podemos ver respuestas de personas que ante un mundo tan revuelto, no se esmeran por conservar ningún tipo de valores, para evitar la fatiga de pensar y reflexionar, se dejan llevar por el conocido relativismo, viven a merced del momento, aceptando lo que venga, para ellos todo es admisible, pero poco a poco se vacían de sentido porque para ellos no existen las jerarquías de valores, todo se reduce a un falso respeto de opiniones o formas de sentir, haciendo difícil conservar metas y propósitos en sus propias vidas. Con el pretexto de no causar conflicto en los demás y en nombre de la libertad, los valores generales y establecidos los consideran como aberraciones innecesarias, imposiciones y causas de violencia. A estas alturas, a nivel mundial, estos cambios son una realidad que se nos ha impuesto, no podemos tener mayor control sobre ellos, los movimientos masivos de migrantes y el acercamiento a través de los medios, que no respeta territorios ni
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IGLESIA EN SALIDA
límites de cualquier tipo, han alterado nuestros conocimientos e información, positiva o negativamente de tal manera que sólo podemos tener control en nuestra decisión de qué podemos hacer con ello, es decir, nuestra respuesta ante tal realidad. Nos preguntamos sobre la realidad que vive el Medio Oriente en los últimos años, y aunque por muchos años en ese territorio han convivido las religiones más significativas, conocidas como abrahámicas, pero encerradas en sí mismas, y ahora que la dinámica social a nivel mundial les exige abrirse e interactuar, se ven amenazadas unas a otras y su reacción lamentable ha sido la violencia extravagante, especialmente de los que piensan tener mayor fuerza sobre los más débiles; tal es el caso de las mayorías islámicas contra la minoría cristiana, en donde los musulmanes se han propuesto limpiar esos territorios de toda manifestación cristiana. Con fuertes amenazas han provocado el éxodo de muchos cristianos, pero quienes se resisten a dejar el territorio, un gran número, han sido martirizados. Casi logrando su propósito, ahora hay un reducido número de cristianos en ese lugar, pero son cristianos que dan un testimonio de fe y una sólida transparencia ante los valores de lo que creen. El cristianismo que aparentemente estaban a punto de exterminar, reaparece con una fuerza que les ha extrañado tanto y mientras se vive el duelo, el restablecimiento del lugar, también se vuelve a expandir y apreciar el cristianismo, con cristianos verdaderamente valientes y decididos. Un cristianismo que no tiene lugar en sus corazones para el odio y resentimiento, sino que ve una oportunidad de anunciar con firmeza los valores del Evangelio y hacer presente a través de sus vidas a aquel en quien han puesto toda su confianza, Cristo Resucitado. Ellos son testigos vivos de esa presencia del Dios vivo, que en medio de los signos de muerte les hace ver sus signos de vida, de tal manera que no les importa incluso ofrendarse para experimentar la vida eterna. 36
Estas situaciones son las que hacen urgente una respuesta distinta. Lo que la iglesia siempre ha propuesto es el diálogo interreligioso, un elemento positivo, moderno y civilizado; que en primer lugar permite el conocimiento mutuo, evitando la violencia a través del satanizar al que cree, piensa o actúa distinto; por el contrario, crea cercanía encontrando elementos comunes y llegando a ciertos acuerdos, desvaneciendo todo tipo de sentimientos de amenaza. Sin embargo, la falsa ilusión, de quienes piensan ser más fuertes y poder dominar a los demás, ejerce con facilidad violencia, en este caso somos testigos que se han equivocado y aunque aparentemente en Medio Oriente hayan desaparecido el cristianismo, por un momento, los que aún permanecen con su testimonio han creado una plataforma para que el cristianismo resurja con mayor esperanza, con fuerza y seguridad nunca antes vista. Es así, con esa esperanza que lo ven los mismos cristianos del lugar, porque a pesar de todo lo que han padecido, Dios les ha capacitado para perdonar y seguir adelante, para no responder con odio y resentimiento, sino con comprensión y compasión, porque saben que es más doloroso para quienes provocan la muerte que para quien la padece Noviembre - Diciembre 2019
confiando totalmente en el amor del Dios verdadero. La situación en Medio Oriente, es un ejemplo de varias situaciones de lo que es y padece el cristianismo en muchos lugares del mundo actual y a través de los tiempos desde sus orígenes, incluyendo lugares supuestamente evangelizados. Se trata de una violencia que se ejerce, incluso entre los mismos cristianos, no tanto motivada por los valores evangélicos sino por el alejamiento de los mismos; cuando las personas se dejan llevar por intereses de dominio, poder o intereses económicos muchas veces atentan contra el bien de las personas. El testimonio, de quienes viven la justicia y los valores integrales del Evangelio, se vuelve una amenaza para estas personas soberbias, de tal forma que prefieren atacarles y desaparecerles de su escenario, para no tener cargos de conciencia. Pero es una falsa ilusión que se hacen porque no se dan cuenta de la fuerza y poder que hay en ellos, porque a pesar de su aparente sencillez, no se basan en sus propias fuerzas humanas, sino en la misma fuerza de Dios que ha encontrado su fuerza en la debilidad humana, como lo proclamaba San Pablo desde su propia experiencia, quien ha puesto toda su confianza Noviembre - Diciembre 2019
en Dios, no ha de quedar defraudado, están revestidos del amor infinito de Dios que habita en ellos. Esta condición y disponibilidad de la persona ante Dios, nos abre valientemente a superar cualquier tipo de obstáculo que provenga de este mundo, por muy duro que parezca, porque Dios nos da la seguridad de saber que nuestra morada definitiva no es esta realidad dominada por los valores de este mundo, Dios nos ofrece plenitud de vida en su tiempo de eternidad, en la trascendencia. Finalmente, podemos decir que las situaciones a las que nos enfrentamos actualmente, nos han obligado a romper nuestros conceptos territoriales, ahora todo se ha globalizado y no hay culturas, ideas, valores encerradas en un solo lugar, de tal manera que para evitar cualquier tipo de relativismo o aún peor las imposiciones violentas de un determinado pensamiento o religión, es necesario que la humanidad entera se prepare cada vez más a la tolerancia de lo diferente y acercarnos sin prejuicios para tener un conocimiento sincero, en cualquier parte del mundo o situación que vivamos.
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ESPIRITUALIDAD MISIONERA
Congregación para la Evangelización de los Pueblos
Iglesia
Misión de la religiones y culturas en diálogo1 En su carta encíclica Redemptoris Missio, san Juan Pablo II afirmó claramente que «el diálogo interreligioso forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia. Entendido como método y medio para un conocimiento y enriquecimiento recíproco, no está en contraposición con la misión ad gentes; es más, tiene vínculos especiales con ella y es una de sus expresiones. En efecto, esta misión tiene como destinatarios a los hombres que no conocen a Cristo y su Evangelio, y que en su gran mayoría pertenecen a otras religiones.
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ios llama a sí a todas las gentes en Cristo, queriendo comunicarles la plenitud de su revelación y de su amor; y no deja de hacerse presente de muchas maneras, no solo en cada individuo, sino también en los pueblos, mediante sus riquezas espirituales, cuya expresión principal y esencial son las religiones, aunque contengan “lagunas, insuficiencias y errores”. Todo ello ha sido subrayado ampliamente por el Concilio Vaticano II y por el Magisterio posterior, defendiendo siempre que la salvación viene de Cristo y que el diálogo no dispensa de la evangelización.
» A la luz de la economía de la salvación, la Iglesia no ve un contraste entre el anuncio de Cristo y el diálogo interreligioso; sin embargo, siente la necesidad de compaginarlos en el ámbito de su misión ad gentes.
1 Congregación para la Evangelización de los Pueblos, Obras Misionales Pontificias (2019). Bautizados y Enviados: La Iglesia de Cristo en Misión en el Mundo. Milán, Italia.
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En efecto, conviene que estos dos elementos mantengan su vinculación íntima y, al mismo tiempo, su distinción, por lo cual no deben ser confundidos, ni instrumentalizados, ni tampoco considerados equivalentes, como si fueran intercambiables» (RM 55). La misión y el diálogo contienen respeto por el otro, fundado en la proclamación de la Buena Nueva de Jesucristo, reconociendo y promoviendo la libertad religiosa y el compromiso con el imperativo misionero. Ambos afirman la necesidad de no imponerse nunca al otro, así como también la necesidad de proponer a Cristo, la fe en Cristo y la pertenencia cristiana a su Iglesia. Hay al menos dos entidades distintas en el diálogo y la misión, así como una serie de tensiones positivas y fecundas. No solo existen dualidades o dialécticas, sino que existen dimensiones que actúan en direcciones diferentes y que están motivadas por diferentes elementos culturales y religiosos. Por simplicidad, practicidad y claridad a menudo es útil considerar estos elementos de dos en dos, pues son algo más que fuerzas dialécticas entre dos polos: todas las dimensiones contribuyen a definir el resultado global, cada una con su peso y su dirección. La existencia de múltiples dimensiones confirma la complejidad de la única realidad de la misión (cfr. RM 41). La misión y el diálogo tienen lugar cuando se encuentra la comunidad de fe con todo lo que constituye el contexto en el que vive y trabaja la comunidad cristiana. Toda la misión cristiana se realiza en la relación entre la Iglesia y el mundo, y las personas en el mundo. Tanto el depósito de la fe recibida de la Iglesia (las Sagradas Escrituras, los sacramentos y la caridad), como las culturas, los idiomas y las situaciones en las que se comunica esa Tradición están involucrados. Toda la fe y la teología son contextuales: el horizonte sociocultural es un factor esencial para la misión. Toda la misión tiene lugar dentro de áreas específicas y todas las teologías misioneras deben estar en una relación abierta y crítica con las culturas y religiones locales. Es únicamente a través del diálogo como los cristianos Noviembre - Diciembre 2019
pueden entender a los demás y a las expresiones culturales y religiosas que Dios nos ofrece para amar y evangelizar. Al comprometernos a dialogar con estas realidades, podemos comprender en nuestro tiempo y en los diferentes escenarios de nuestro mundo las constantes del amor de Dios por la salvación de todos. En la visión occidental del mundo, la cultura y la religión generalmente se consideran como entidades separadas: podemos reconocernos a nosotros mismos en la identidad cultural europea sin agregar ninguna referencia a la identificación de tipo religioso, por ejemplo, cristiana o musulmana. Sin embargo, esta división relativamente clara entre la religión y la cultura en la identificación personal o social a menudo no se encuentra en otras realidades socioculturales del mundo. En muchos pueblos, la pertenencia religiosa es constitutiva de la propia identidad étnica. Es precisamente por causa de esta riqueza en las diferentes visiones del mundo que el diálogo propuesto por la Iglesia no debe llevarse a cabo solo a nivel interreligioso, sino también a nivel de interculturalidad. Participar en la misión de la Iglesia necesariamente implica involucrarse en formas de diálogo. La misión como anuncio del Evangelio implica comunicación, discernimiento 39
ESPIRITUALIDAD MISIONERA
espiritual y conversión: esto significa tener la paciencia y la sabiduría para aprender el idioma, comprender los símbolos y las dinámicas culturales que le dan sentido e identidad a la persona con la que se quiere compartir la fe en Jesucristo. La acción y el compromiso por la justicia y la paz, por los pobres y los marginados, y por la integridad de la creación, requieren necesariamente comprender el contexto existencial de las personas, las formas culturales, sociales y religiosas con las que se convive, de donde han sido forjadas o bien limitadas y oprimidas. La proclamación del Evangelio en el diálogo puede requerir formas de testimonio y liberación que unen a cristianos y adherentes a otras religiones. Un texto muy importante e influyente que recoge estos temas lleva por título: Dialogo y anuncio. Este es un documento conjunto, producido en 1991 por el Consejo Pontificio para el diálogo Interreligioso y por la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, que afirma los elementos significativos del diálogo, especialmente el diálogo interreligioso y los de la misión evangelizadora de la Iglesia, y al mismo tiempo la relación mutua que los une. Este documento se refiere a cuatro formas de diálogo (cfr. diálogo y anuncio, 42), las cuales pueden considerarse dimensiones complementarias e interactivas:
a) El diálogo de la vida, donde las personas luchan por vivir en un espíritu de apertura y buena vecindad, compartiendo las alegrías y las tristezas, los problemas y los desafíos de la vida humana para una mejor comprensión y respeto mutuos; b) El diálogo de la acción, en el que los cristianos y los demás creyentes colaboran para el desarrollo integral, la libertad religiosa y la liberación del prójimo; c) El diálogo del intercambio teológico, donde los expertos tratan de profundizar la comprensión de sus respectivas herencias religiosas, sus Sagradas Escrituras y tradiciones para apreciar los valores espirituales de los demás; 40
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d) El diálogo de la experiencia religiosa y la oración, en el que las personas arraigadas en sus propias tradiciones religiosas comparten sus riquezas espirituales, en relación con la oración y la contemplación, con la fe y los caminos místicos de la búsqueda de Dios o del Absoluto. El Papa Francisco enfatiza que la dimensión primaria del diálogo, esencial para la misión cristiana, es el diálogo con Dios (cf Gaudete et Exsultate, 29 y 169). Nuestro encuentro fundamental y vivificante con el Absoluto nos transforma. Para nosotros, los cristianos, consiste en el encuentro con el Señor Jesús, muerto y resucitado, Dios del amor y de la santidad. Es a través de este encuentro que nuestra participación interior con Dios en Cristo, vivida como espiritualidad, se revela como una verdadera llamada a la santidad a través de la misión y el diálogo. «No imponemos nada, no usamos ninguna estrategia engañosa para atraer a los fieles, sino que testimoniamos con alegría, con sencillez, lo que creemos y lo que somos» (Discurso a los participantes en el Plenario del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, 28 de noviembre de 2013).
El diálogo intercultural e interreligioso no está reservado a los especialistas, sino que representa el compromiso de toda la Iglesia. «Todas las Iglesias locales y todos sus miembros —liderados por el Papa y sus obispos– están llamados al diálogo» (Diálogo y anuncio, 43). Los miembros de la Iglesia ejercen diferentes formas de diálogo —de la vida, de la acción, del intercambio teológico, de la experiencia religiosa— de acuerdo con su experiencia, su responsabilidad en la Iglesia y su estado de vida. El objetivo del diálogo intercultural e interreligioso en la misión de la Iglesia no es necesariamente la conversión al cristianismo, sino la conversión de las personas a una mejor comprensión mutua, a un conocimiento honesto y al respeto mutuo, al Noviembre - Diciembre 2019
El diálogo intercultural e interreligioso no está reservado a los especialistas, sino que representa el compromiso de toda la Iglesia.
servicio de la paz, de la armonía, de la justicia, de la reconciliación y de la promoción de la libertad religiosa. No obstante, los miembros de otras religiones pueden decidir libremente convertirse y abrazar la fe cristiana entrando en la Iglesia cuando son movidos por el Espíritu Santo y su conciencia les pide que lo hagan. La confianza y la apertura mutuas, basadas en la libertad religiosa, son la base del compromiso con un diálogo auténtico y fructífero. «“Aunque la Iglesia reconoce con gusto cuanto hay de verdadero y de santo en las tradiciones religiosas del budismo, del hinduismo y del islam —reflejos de aquella verdad que ilumina a todos los hombres—, sigue en pie su deber y su determinación de proclamar sin titubeos a Jesucristo, que es ‘el camino, la verdad y la vida’... El hecho de que los seguidores de otras religiones puedan recibir la gracia de Dios y ser salvados por Cristo independientemente de los medios ordinarios que él ha establecido, no quita la llamada a la fe y al bautismo que Dios quiere para todos los pueblos”. En efecto, Cristo mismo, “al inculcar con palabras explícitas la necesidad de la fe y el bautismo... confirmó al mismo tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que los hombres entran por el bautismo como por una puerta”. El diálogo debe ser conducido y llevado a término con la convicción de que la Iglesia es el camino ordinario de salvación y que solo ella posee la plenitud de los medios de salvación» (Redemptoris Missio, 55).
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LA VOZ DEL PAPA
«La condición de los pobres obliga a no distanciarse de ninguna manera del Cuerpo del Señor que sufre en ellos»
La esperanza de los pobres nunca se frustrará
Del mensaje del Papa Fracisco para la III Jornada Mundial de los Pobres, que se celabrará el 27 de noviembre.
«La esperanza de los pobres nunca se frustrará» (Sal 9,19). Las palabras del salmo se presentan con una actualidad increíble. Ellas expresan una verdad profunda que la fe logra imprimir sobre todo en el corazón de los más pobres: devolver la esperanza perdida a causa de la injusticia, el sufrimiento y la precariedad de la vida.
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l salmista describe la condición del pobre y la arrogancia del que lo oprime (cf. 10,1-10); invoca el juicio de Dios para que se restablezca la justicia y se supere la iniquidad (cf. 10,14-15). Es como si en sus palabras volviese de nuevo la pregunta que se ha repetido a lo
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largo de los siglos hasta nuestros días: ¿cómo puede Dios tolerar esta disparidad? ¿Cómo puede permitir que el pobre sea humillado, sin intervenir para ayudarlo? ¿Por qué permite que quien oprime tenga una vida feliz mientras su comportamiento debería ser condenado precisamente ante el sufrimiento del pobre? Este salmo se compuso en un momento de gran desarrollo económico que, como suele suceder, también produjo fuertes desequilibrios sociales. La inequidad generó un numeroso grupo de indigentes, cuya condición parecía aún más dramática cuando se comparaba con la riqueza alcanzada por unos pocos privilegiados. El autor sagrado, observando esta situación, dibuja un cuadro lleno de realismo y verdad. Noviembre - Diciembre 2019
Era una época en la que la gente arrogante y sin ningún sentido de Dios perseguía a los pobres para apoderarse incluso de lo poco que tenían y reducirlos a la esclavitud. Hoy no es muy diferente. La crisis económica no ha impedido a muchos grupos de personas un enriquecimiento que con frecuencia aparece aún más anómalo si vemos en las calles de nuestras ciudades el ingente número de pobres que carecen de lo necesario y que en ocasiones son además maltratados y explotados. Pasan los siglos, pero la condición de ricos y pobres se mantiene inalterada, como si la experiencia de la historia no nos hubiera enseñado nada. Las palabras del salmo, por lo tanto, no se refieren al pasado, sino a nuestro presente, expuesto al juicio de Dios.
parte de aquellos que son cómplices en este escándalo. Considerados generalmente como parásitos de la sociedad, a los pobres no se les perdona ni siquiera su pobreza. Se está siempre alerta para juzgarlos. No pueden permitirse ser tímidos o desanimarse; son vistos como una amenaza o gente incapaz, sólo porque son pobres. Para aumentar el drama, no se les permite ver el final del túnel de la miseria. Se ha llegado hasta el punto de teorizar y realizar una arquitectura hostil para deshacerse de su presencia, incluso en las calles, últimos lugares de acogida. Deambulan de una parte a otra de la ciudad, esperando conseguir un trabajo, una casa, un poco de afecto... Cualquier posibilidad que se les ofrezca se convierte en un rayo de luz; sin embargo, incluso donde debería existir al menos la justicia, a menudo se comprueba el ensañamiento en su contra mediante la violencia de la arbitrariedad.
También hoy debemos nombrar las numerosas formas de nuevas esclavitudes a las que están sometidos millones de hombres, mujeres, jóvenes y niños. Todos los días nos encontramos con familias que se ven obligadas a abandonar su tierra para buscar formas de subsistencia en otros lugares; huérfanos que han perdido a sus padres o que han sido separados violentamente de ellos a causa de una brutal explotación; jóvenes en busca de una realización profesional a los que se les impide el acceso al trabajo a causa de políticas económicas miopes; víctimas de tantas formas de violencia, desde la prostitución hasta las drogas, y humilladas en lo más profundo de su ser. ¿Cómo olvidar, además, a los millones de inmigrantes víctimas de tantos intereses ocultos, tan a menudo instrumentalizados con fines políticos, a los que se les niega la solidaridad y la igualdad? ¿Y qué decir de las numerosas personas marginadas y sin hogar que deambulan por las calles de nuestras ciudades?
El salmista describe con crudo realismo la actitud de los ricos que despojan a los pobres: «Están al acecho del pobre para robarle, arrastrándolo a sus redes» (cf. Sal 10,9). Es como si para ellos se tratara de una jornada de caza, en la que los pobres son acorralados, capturados y hechos esclavos. En una condición como esta, el corazón de muchos se cierra y se afianza el deseo de volverse invisibles. Así, vemos a menudo a una multitud de pobres tratados con retórica y soportados con fastidio. Ellos se vuelven como transparentes y sus voces ya no tienen fuerza ni consistencia en la sociedad. Hombres y mujeres cada vez más extraños entre nuestras casas y marginados en nuestros barrios.
Con frecuencia vemos a los pobres en los vertederos recogiendo el producto del descarte y de lo superfluo, para encontrar algo que comer o con qué vestirse. Convertidos ellos mismos en parte de un vertedero humano son tratados como desperdicios, sin que exista ningún sentimiento de culpa por
No hay forma de eludir la llamada apremiante que la Sagrada Escritura confía a los pobres. Dondequiera que se mire, la Palabra de Dios indica que los pobres son aquellos que no disponen de lo necesario para vivir porque dependen de los demás. Ellos son el oprimido, el humilde, el que
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LA VOZ DEL PAPA
está postrado en tierra. Aun así, ante esta multitud innumerable de indigentes, Jesús no tuvo miedo de identificarse con cada uno de ellos: «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40). Huir de esta identificación equivale a falsificar el Evangelio y atenuar la revelación. El Dios que Jesús quiso revelar es este: un Padre generoso, misericordioso, inagotable en su bondad y gracia, que ofrece esperanza sobre todo a los que están desilusionados y privados de futuro. ¿Cómo no destacar que las bienaventuranzas, con las que Jesús inauguró la predicación del Reino de Dios, se abren con esta expresión: «Bienaventurados los pobres» (Lc 6,20)? El sentido de este anuncio paradójico es que el Reino de Dios pertenece precisamente a los pobres, porque están en condiciones de recibirlo. ¡Cuántas personas pobres encontramos cada día! A veces parece que el paso del tiempo y las conquistas de la civilización aumentan su número en vez de disminuirlo. Es necesario, sobre todo en una época como la nuestra, reavivar la esperanza y restaurar la confianza. Es un programa que la comunidad cristiana no puede subestimar. De esto depende que sea creíble nuestro anuncio y el testimonio de los cristianos.
soterrado en segmentos de intimidad espiritual, sin ninguna influencia en la vida social (cf. Exhort. ap. Evangelii Gaudium, 183). El compromiso de los cristianos, con ocasión de esta Jornada Mundial ¬–27 de noviembre– y sobre todo en la vida ordinaria de cada día, no consiste solo en iniciativas de asistencia que, si bien son encomiables y necesarias, deben tender a incrementar en cada uno la plena atención que le es debida a cada persona que se encuentra en dificultad. Es necesario un cambio de mentalidad para redescubrir lo esencial y darle cuerpo y efectividad al anuncio del Reino de Dios.
La Iglesia, estando cercana a los pobres, se reconoce como un pueblo extendido entre tantas naciones cuya vocación es la de no permitir que nadie se sienta extraño o excluido, porque implica a todos en un camino co- La esperanza se comunica también a través de mún de salvación. La condición de los pobres la consolación, que se realiza acompañando a obliga a no distanciarse de ninguna manera los pobres no por un momento, cargado de endel Cuerpo del Señor que sufre en ellos. Más tusiasmo, sino con un compromiso que se probien, estamos llamados a tocar su carne para longa en el tiempo. Los pobres obtienen una comprometernos en primera persona en un esperanza verdadera no cuando nos ven comservicio que constituye auténtica evangeli- placidos por haberles dado un poco de nuestro zación. La promoción de los pobres, también tiempo, sino cuando reconocen en nuestro saen lo social, no es un compromiso externo al crificio un acto de amor gratuito que no busca anuncio del Evangelio, por el contrario, pone recompensa. de manifiesto el realismo de la fe cristiana y su validez histórica. El amor que da vida a la A los numerosos voluntarios, que muchas fe en Jesús no permite que sus discípulos se veces tienen el mérito de ser los primeros en encierren en un individualismo asfixiante, haber intuido la importancia de esta preocu44
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pación por los pobres, les pido que crezcan en su dedicación. Queridos hermanos y hermanas: Os exhorto a descubrir en cada pobre que encontráis lo que él realmente necesita; a no deteneros ante la primera necesidad material, sino a ir más allá para descubrir la bondad escondida en sus corazones, prestando atención a su cultura y a sus maneras de expresarse, y así poder entablar un verdadero diálogo fraterno. Dejemos de lado las divisiones que provienen de visiones ideológicas o políticas, fijemos la mirada en lo esencial, que no requiere muchas palabras sino una mirada de amor y una mano tendida. No olvidéis nunca que «la peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual» (ibíd., 200). Antes que nada, los pobres tienen necesidad de Dios, de su amor hecho visible gracias a personas santas que viven junto a ellos, las que en la sencillez de su vida expresan y ponen de manifiesto la fuerza del amor cristiano. Dios se vale de muchos caminos y de instrumentos infinitos para llegar al corazón de las personas. Por supuesto, los pobres se acercan a nosotros también porque les distribuimos comida, pero lo que realmente necesitan va más allá del plato caliente o del bocadillo que les ofrecemos. Los pobres necesitan nuestras manos para reincorporarse, nuestros corazones para sentir de nuevo el calor del afecto, nuestra presencia para superar la soledad. Sencillamente, ellos necesitan amor. A veces se requiere poco para devolver la esperanza: basta con detenerse, sonreír, escuchar. Por un día dejemos de lado las estadísticas; los pobres no son números a los que se pueda recurrir para alardear con obras y proyectos. Los pobres son personas a las que hay que ir a encontrar: son jóvenes y ancianos solos a los que se puede invitar a entrar en casa para compartir una comida; hombres, mujeres y niños que esperan una palabra amistosa. Los pobres nos salvan porque nos permiten encontrar el rostro de Jesucristo. El Señor no abandona al que lo busca y a cuantos lo invocan; «no olvida el grito de los pobres» Noviembre - Diciembre 2019
(Sal 9,13), porque sus oídos están atentos a su voz. La esperanza del pobre desafía las diversas situaciones de muerte, porque él se sabe amado particularmente por Dios, y así logra vencer el sufrimiento y la exclusión. Su condición de pobreza no le quita la dignidad que ha recibido del Creador; vive con la certeza de que Dios mismo se la restituirá plenamente, pues él no es indiferente a la suerte de sus hijos más débiles, al contrario, se da cuenta de sus afanes y dolores y los toma en sus manos, y a ellos les concede fuerza y valor (cf. Sal 10,14). La esperanza del pobre se consolida con la certeza de ser acogido por el Señor, de encontrar en él la verdadera justicia, de ser fortalecido en su corazón para seguir amando (cf. Sal 10,17).
La condición que se pone a los discípulos del Señor Jesús, para ser evangelizadores coherentes, es sembrar signos tangibles de esperanza. A todas las comunidades cristianas y a cuantos sienten la necesidad de llevar esperanza y consuelo a los pobres, pido que se comprometan para que esta Jornada Mundial pueda reforzar en muchos la voluntad de colaborar activamente para que nadie se sienta privado de cercanía y solidaridad. Que nos acompañen las palabras del profeta que anuncia un futuro distinto: «A vosotros, los que teméis mi nombre, os iluminará un sol de justicia y hallaréis salud a su sombra» (Ml 3,20).
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CUADRO POR CUADRO
P. Dr. Luis García Orso, S.J.
Una pastelería en Tokio Título: An
Directora: Naomi Kawase
Guión: Naomi Kawase, basado en la novela de Durian Sukegawa
Fotografía: Shigeki Akiyama Música: David Hadjadj País: Japón
Coproducción: Japón-Francia-Alemania
Año: 2015
Duración: 113 min.
Reparto: Masatoshi Nagase, Kirin Kiki, Miyoko
Asada, Etsuko Ichihara, Miki Mizuno, Kyara Uchida, Saki Takahashi
Género: Drama
L
a directora de cine, fotógrafa y escritora Naomi Kawase nació en Nara (Japón) el 30 de mayo de 1969. Abandonada por sus padres creció con su tía abuela. Su familia adoptiva es protagonista de sus primeros trabajos. Naomi se licenció en la Escuela de Fotografía de Osaka en 1989, y ahí trabajó posteriormente como docente durante cuatro años. En 1993 su cortometraje documental Abrazando el aire fue premiado en el Festival Image Forum de Japón; al año siguiente con Katatsumori (Caracol) recibió el Premio a la Excelencia en el programa Nuevas Tendencias en Asia. En 1996 se estrenó su mediometraje documental Sol de atardecer y un año después escribió y dirigió Suzaku, su primer largometraje de ficción. Por este filme, fue la cineasta más joven premiada en la historia del Festival de Cannes cuando ganó el Premio Cámara de Oro, a sus 27 años de edad.
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Kawase proviene de la fotografía y retoma a menudo su método de trabajo. Sus producciones son mezcla de géneros: documental, diario, relato íntimo, video de artista, meditación, poesía, autobiografía, ensayo. Sus filmaciones son de bajo presupuesto y prefiere trabajar con actores no profesionales. Sus temáticas retratan lo íntimo, lo espiritual y algunas veces son autobiográficas. Su obra gira en torno a la vida íntima, la búsqueda de los orígenes y de la identidad, con sus ausencias, sus ciclos y rituales. Sus primeras películas son documentales que parten de su propia vida: la búsqueda de su padre, que la abandonó de pequeña (En sus brazos), su tía abuela que la cuidó de pequeña (Katatsumori) y su embarazo y parto (Tarachime). En 2007 obtuvo el Gran Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes con una película sobre el dolor y el duelo considerada su obra maestra, Mogari no Mori (El bosque del luto). En 2015 su película Una pastelería en Tokio inauguró la sección Un certain regard del Festival de Cannes. En el verano de 2016 recibió un homenaje en el Festival Internacional de Cine de Guanajuato (México) y se proyectaron algunas de sus películas.
En Una pastelería en Tokio (título original: An, 2015), la directora japonesa reúne en una pequeña pastelería a tres personas de distintas generaciones: una anciana, un adulto y una jovencita colegiala. Tres vidas que no conocemos y que se irán amasando y sirviendo como los panecillos rellenos de frijoles dulces que los han hecho encontrarse.
Sabías que... Sobre el origen del dorayaki, hay una leyen-
da que cuenta que el primer dorayaki se hizo cuando un samurái llamado Benkei se olvidó de su gong (dora) después de abandonar la casa de un campesino donde se escondía
y el campesino posteriormente usó el gong para freír los buñuelos.
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CUADRO POR CUADRO
Sabías que... La historia que se plantea en Una pastelería
en Tokio está basada en la novela de Durian Sukegawa.
Sentaro es un hombre triste y cansado, y está a cargo del pequeño negocio de barrio. Wakana es una jovencita callada y solitaria que acude ahí a tomar un refrigerio. Sus semblantes contrastan con el rostro alegre y jovial de la anciana Tokue, que llega a solicitar el trabajo de ayudante de pastelería que pide un letrero exterior. Sentaro trata de explicarle a Tokue que ella no tiene la edad ni las fuerzas para un trabajo exigente y tempranero en la pastelería. La vieja lo tratará de convencer llevándole la salsa de frijoles dulces que ella prepara para rellenar las tortitas llamadas dorayakis; a Sentaro le gustarán tanto que aceptará trabajar con la ayuda de la anciana. El negocio empezará a tener cada vez más clientes, encantados de comer unos dorayakis tan sabrosos, hasta que la historia pasada de cada uno de los protagonistas toque el presente. Saber cocer y preparar los frijoles rojos (an, del título original del filme) requiere mucho cuidado, paciencia, tiempo, cariño; pero la vida también pide lo mismo. Los frijoles, el pan, y cada cosa y cada persona que llegan a nosotros, son regalos para ayudarnos a vivir; regalos inmerecidos para gustar y agradecer. La vieja Tokue sabe de cocina y sabe de la vida, y lo va compartiendo con una sonrisa y una delicadeza que nos atrapan, y unos ojos abiertos a todo. Entonces, las tres almas solas que se han encontrado en la sencilla panadería irán poco a poco cociendo aquello que traen de su historia, nada agradable, y podrán compartirlo con un nuevo sabor y una nueva mirada. La directora nos va narrando con un ritmo lento y una cámara atenta a los pequeños detalles para que también nosotros tengamos tiempo de cocinar y gustar lo que va sucediendo en nuestro interior. «¿Qué te hace estar triste?» –le pregunta Tokue al panadero–. «Mira que la luna brilla siempre para ti». La existencia de cada quien puede estar encerrada en espacios muy estrechos –como el cuarto o el negocio de Sentaro–, pero afuera brilla la luz, sopla el viento, se abren los cerezos blancos, ríen las jovencitas, cantan los pájaros… Hay que detenerse, hacer silencio, contemplar, escuchar… Las cosas más simples de la vida están ahí para nosotros. Las personas llegan y se van, pero hay algunas que nos tocan el corazón y nos enseñan a vivir en libertad y con sentido. Entonces se quedan, aunque ya no estén.
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INTENCIÓN MISIONERA
Para que en diferentes compelo Oriente Próximo, donde los mismo espacio de nentes religiosos compar ten el vida, nazca un es píritu de diálogo de encuentro y de , reconciliación. noviembre 2019
Para que todos lo l de las Mciun aíad sesade medidas ne e la sJoprn dadia n rasaqu to Pace mnid ar la adses rias mu p co ar las da e aenhatoce r squ ev más jó nu e el onsessere fu isine tu Mve ro ddedelos a un ida bil sa a gr priíaori sppon rees la d, y da lasale ec asllo ia lm cristian en aque te de . qucia lio e es elnEvsuan r tá frge anun iend o.
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