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Revista Ad gentes Julio-Agosto

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ISSN: 0185-8424

REVISTA AD GENTES. PUBLICACIÓN BIMESTRAL DE LAS OBRAS MISIONALES PONTIFICIO EPISCOPALES DE MÉXICO A.R. www.ompe.mx

$15.00 MXN

AÑO LIV No. 613

Julio-Agosto 2021

Vocaciones nativas,

llamados a cumplir un sueño El llamado de Dios al amor se va concretizando en cada uno, según su vocación específica. Los laicos están llamados a hacer que el Reino de Dios crezca en el mundo, están llamados a anunciar a Cristo en todos los ambientes de su vida.


Mensaje del director

Los sueños condujeron a José a aventuras que nunca habría imaginado. El primero desestabilizó su noviazgo, pero lo convirtió en padre del Mesías; el segundo lo hizo huir a Egipto, pero salvó la vida de su familia; el tercero anunciaba el regreso a su patria y el cuarto le hizo cambiar nuevamente sus planes llevándolo a Nazaret, el mismo lugar donde Jesús iba a comenzar la proclamación del Reino de Dios. […] En definitiva, se adaptó a las diversas circunstancias con la actitud de quien no se desanima si la vida no va como él quiere, con la disponibilidad de quien vive para servir. Mensaje del Santo Padre Francisco para la 58 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.

P. Antonio de Jesús Mascorro Tristán, MG Con el gozo de encontrarnos una vez más en esta su revista misionera, me permito saludarlos con gran alegría. Espero se encuentren experimentando el amor y la misericordia que Dios nos regala en todo momento. Oremos juntos para que el Espíritu Santo continúe conduciendo el caminar misionero de la Iglesia que peregrina en México. El próximo 15 de agosto celebraremos la Jornada de las Vocaciones Nativas, con el lema: Llamados a cumplir un sueño. Jornada que se vive con la esperanza y el sueño de que en tierras de misión se formen a seminaristas, religiosas y religiosos, así como catequistas laicos. Esta Jornada nació por la iniciativa de dos mujeres, Juana y Estefanía: inspiradas por el Espíritu Santo sintieron la responsabilidad de orar y apoyar económicamente a seminaristas en formación de tierras lejanas con respecto a su País. En la actualidad los nativos reciben formación humana y cristiana de parte de misioneros que llegan desde lejos y consagran su vida a la misión; formación que sería imposible sin la ayuda espiritual y material de fieles que, conscientes de la universalidad de su bautismo, desarrollan una responsabilidad de comunión católica. Desde la expresión de una comunidad copartícipe y empática mantengamos viva y eficaz la oración y el apoyo material por las vocaciones: para la formación de aquellos nativos que en un futuro serán sacerdotes, religiosas y catequistas en su pueblo de origen, así como para los proyectos pastorales y humanitarios que demandan esas diócesis donde sirven incansables misioneros: «Las vocaciones tienden […] a generar y regenerar la vida cada día […] Toda vocación verdadera nace del don de sí mismo, que es la maduración del simple sacrificio. También en el sacerdocio y la vida consagrada se requiere este tipo de madurez» (Papa Francisco). En nuestro país la Obra de San Pedro Apóstol recoge las ayudas espirituales y materiales a fin de apoyar tanto a los seminarios y a las casas de formación de jóvenes religiosas, así como a la necesaria preparación de los mismos formadores. Gracias a quienes apoyan mes con mes con una beca a seminaristas nativos en formación: Dios bendiga sus esfuerzos y multiplique sus ofrendas. Por último, quisiera mencionar que en este mes de julio se estará llevando a cabo el CLAEM y, por primera vez, a distancia por la plataforma Zoom. Esperamos que esta experiencia sea de gran provecho para los más de 100 alumnos que se seguirán formando, este año concretamente, en la Espiritualidad Misionera. Pongamos en las manos de Dios a todos ellos y a los profesores que diligentemente han planeado su clase. Pidamos al Espíritu Santo que guíe los esfuerzos y sueños de las vocaciones nativas que florecen en territorios de misión ad gentes. Que Santa María de Guadalupe, Estrella de la Evangelización en América Latina, acompañe con amor materno a los futuros sacerdotes, religiosas y catequistas, los proteja y camine junto a ellos para que den testimonio fiel de nuestro Señor Jesucristo.


AÑO LIV NO. 613 JULIO · AGOSTO 2021

Propietario

OBRAS MISIONALES PONTIFICIO EPISCOPALES DE MÉXICO A.R. Director General

P. ANTONIO DE JESÚS MASCORRO TRISTÁN, MG Editora

DIANA MONROY RODRÍGUEZ Diseño

BIBLIA Y MISIÓN

El varón justo

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CLAUDIA B. CHÁVEZ RAMÍREZ COLABORADORES

P. Dr. Luis García Orso, S.J. P. Marcos Garduño Arias, SX Diego Alberto Barrios Berumen Hna. Yaneth Hernández López Juan Herrera Herrera Hna. Anastacia Jepele Samuki Pbro. Bernabé López Hernández

LA MISIÓN HOY

La misión profética de la Iglesia TESTIMONIOS MISIONEROS

Vocación chinanteca

AL SERVICIO DE LA MISIÓN

Vocaciones nativas

MISIÓN Y PERSPECTIVA Fotografía Págs: 8-11, 30-37, 42-43 Cathopic

REVISTA AD GENTES, Año LIV, número 613, julio · agosto 2021, es una publicación bimestral impresa, distribuida por Obras Misionales Pontificio Episcopales de México, A. R., Prolongación Misterios No. 24, Col. Tepeyac Insurgentes. Delegación Gustavo A. Madero, C.P. 07020, Tel. (01 55) 57500544, www.ompe.mx, Editor responsable: Antonio de Jesús Mascorro Tristán, MG. Reserva de Derechos No. 04-2008-042412363000-102, ISSN: 0185-8424, Licitud de Título No. 12345. Licitud de Contenido No. 9908, ambos otorgados por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación, Permiso SEPOMEX No. PPO9-1848. Impresa por Editorial Esfuerzo S. A. de C. V. Esfuerzo 16-A, Col. Lázaro Cárdenas, C.P. 53560, Naucalpan de Juárez, Estado de México. Este número se terminó de imprimir el 25 de junio de 2021, con un tiraje de 10,000 ejemplares. El contenido de los artículos que aparecen en cada número es responsabilidad de los autores y no compromete la opinión de los editores.

Vocación: sueño, servicio y fidelidad TESTIMONIOS MISIONEROS

A ejemplo de San José LA VOZ DEL PAPA

San José: el sueño de la vocación ESPIRITUALIDAD MISIONERA

El sacramento de la reconciliación... IGLESIA EN SALIDA

Promoción del Clero Local... LA VOZ DE NUESTROS PASTORES

A reconstruir la unidad Visítanos: www.ompe.mx Revista Adgentes

CUADRO POR CUADRO

Gran Torino

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BIBLIA Y MISIÓN Exhortación Apostólica Redemptoris Custos, del Papa San Juan Pablo II, 17-21

El varón justo Durante su vida, que fue una peregrinación en la fe, José, al igual que María, permaneció fiel a la llamada de Dios hasta el final. La vida de ella fue el cumplimiento hasta sus últimas consecuencias de aquel primer «fiat» pronunciado en el momento de la anunciación mientras que José en el momento de su «anunciación» no pronunció palabra alguna. Simplemente él «hizo como el ángel del Señor le había mandado» (Mt 1, 24). Y este primer «hizo» es el comienzo del «camino de José». A lo largo de este camino, los Evangelios no citan ninguna palabra dicha por él. Pero el silencio de José posee una especial elocuencia: gracias a este silencio se puede leer plenamente la verdad contenida en el juicio que de él da el Evangelio: el «justo» (Mt 1, 19).

H De Tovar, A. (siglo XVIII). San José y el Niño Jesús. Córdoba, España.

ace falta saber leer esta verdad, porque ella contiene uno de los testimonios más importantes acerca del hombre y de su vocación. En el transcurso de las generaciones la Iglesia lee, de modo siempre atento y consciente, dicho testimonio, casi como si sacase del tesoro de esta figura insigne «lo nuevo y lo viejo» (Mt 13, 52).

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El varón «justo» de Nazaret posee ante todo las características propias del esposo. El Evangelista habla de María como de «una virgen desposada con un hombre llamado José» (Lc 1, 27). Antes de que comience a cumplirse «el misterio escondido desde siglos» (Ef 3, 9) los Evangelios ponen ante nuestros ojos la imagen del esposo y de la esposa. Según la costumbre del pueblo hebreo, el matrimonio se realizaba en dos etapas: primero se celebraba el matrimonio legal (verdadero matrimonio) y, solo desJulio - Agosto 2021


El varón «justo» de Nazaret posee ante todo las características propias del esposo.

pués de un cierto período, el esposo introducía en su casa a la esposa. Antes de vivir con María, José era, por tanto, su «esposo»; pero María conservaba en su intimidad el deseo de entregarse a Dios de modo exclusivo. Se podría preguntar cómo se concilia este deseo con el «matrimonio». La respuesta viene solo del desarrollo de los acontecimientos salvíficos, esto es, de la especial intervención de Dios. Desde el momento de la anunciación, María sabe que debe llevar a cabo su deseo virginal de darse a Dios de modo exclusivo y total precisamente por el hecho de llegar a ser la madre del Hijo de Dios. La maternidad por obra del Espíritu Santo es la forma de donación que el mismo Dios espera de la Virgen, «esposa prometida» de José. María pronuncia su «fiat».

Dyce, W. (1847). San José. Obra de Dominio Público.

El hecho de ser ella la «esposa prometida» de José está contenido en el designio mismo de Dios.

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Así lo indican los dos Evangelistas citados, pero de modo particular Mateo. Son muy significativas las palabras dichas a José: «No temas en tomar contigo a María, tu mujer, porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo» (Mt 1, 20). Estas palabras explican el misterio de la esposa de José: María es virgen en su maternidad. En ella el «Hijo del Altísimo» asume un cuerpo humano y viene a ser «el Hijo del hombre». Dios, dirigiéndose a José con las palabras del ángel, se dirige a él al ser el esposo de la Virgen de Nazaret. Lo que se ha cumplido en ella 5


BIBLIA Y MISIÓN

Correggio. (1517). Descanso de la huida de Egipto (detalle).

por obra del Espíritu Santo expresa al mismo tiempo una especial confirmación del vínculo esponsal, existente ya antes entre José y María. El mensajero dice claramente a José: «No temas tomar contigo a María tu mujer». Por tanto, lo que había tenido lugar antes —esto es, sus desposorios con María— había sucedido por voluntad de Dios y, consiguientemente, había que conservarlo. En su maternidad divina María ha de continuar viviendo como «una virgen, esposa de un esposo» (cf. Lc 1, 27). En las palabras de la «anunciación» nocturna, José escucha no solo la verdad divina acerca de la inefable vocación de su esposa, sino que también vuelve a escuchar la verdad sobre su propia vocación. Este hombre «justo», que en el espíritu de las más nobles tradiciones del pueblo elegido amaba a la virgen de Nazaret y se había unido a ella con amor esponsal, es llamado nuevamente por Dios a este amor.

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«José hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer» (Mt 1, 24); lo que en ella había sido engendrado «es del Espíritu Santo». A la vista de estas expresiones, ¿no habrá que concluir que también su amor como hombre ha sido regenerado por el Espíritu Santo? ¿No habrá que pensar que el amor de Dios, que ha sido derramado en el corazón humano por medio del Espíritu Santo (cf. Rm 5, 5) configura de modo perfecto el amor humano? Este amor de Dios forma también —y de modo muy singular— el amor esponsal de los cónyuges, profundizando en él todo lo que tiene de humanamente digno y bello, lo que lleva el signo del abandono exclusivo, de la alianza de las personas y de la comunión auténtica a ejemplo del Misterio trinitario. «José ... tomó consigo a su mujer. Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo» (Mt 1, 24-25). Estas palabras indican también otra proximidad esponsal. La profundidad de esta proximidad, es decir, la intensidad espiritual de la unión y del contacto entre personas —entre el hombre y la mujer— proviene en definitiva del Espíritu Santo, que da la vida (cf. Jn 6, 63). José, obediente al Espíritu, encontró justamente en Él la fuente del amor, de su amor esponsal de hombre, y este amor fue más grande que el que aquel «varón justo» podía esperarse según la medida del propio corazón humano. En la liturgia se celebra a María como «unida a José, el hombre justo, por un estrechísimo y virginal vínculo de amor». Se trata, en efecto, de dos amores que representan conjuntamente el misterio de la Iglesia, virgen y esposa, la cual encuentra en el matrimonio de María y José su propio símbolo. «La virginidad y el celibato por el Reino de Dios no solo no contradicen la dignidad del matrimonio, sino que la presuponen y la confirman. El matrimonio y la virginidad son dos modos de expresar y vivir el único misterio de la Alianza de Dios con su pueblo», que es comunión de amor entre Dios y los hombres.

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Sanzio, R. (1507). Sagrada Familia del Cordero. Madrid, España.

la comunión de bienes— se sigue que, si Dios ha dado a José como esposo a la Virgen, se lo ha dado no solo como compañero de vida, testigo de la virginidad y tutor de la honestidad, sino también para que participase, por medio del pacto conyugal, en la excelsa grandeza de ella».

Mediante el sacrificio total de sí mismo José expresa su generoso amor hacia la Madre de Dios, haciéndole «don esponsal de sí». Aunque decidido a retirarse para no obstaculizar el plan de Dios que se estaba realizando en ella, él, por expresa orden del ángel, la retiene consigo y respeta su pertenencia exclusiva a Dios. Por otra parte, es precisamente del matrimonio con María del que derivan para José su singular dignidad y sus derechos sobre Jesús. «Es cierto que la dignidad de Madre de Dios llega tan alto que nada puede existir más sublime; más, porque entre la beatísima Virgen y José se estrechó un lazo conyugal, no hay duda de que, a aquella altísima dignidad, por la que la Madre de Dios supera con mucho a todas las criaturas, él se acercó más que ningún otro. Ya que el matrimonio es el máximo consorcio y amistad —al que de por sí va unida Julio - Agosto 2021

Este vínculo de caridad constituyó la vida de la Sagrada Familia, primero en la pobreza de Belén, luego en el exilio en Egipto y, sucesivamente, en Nazaret. La Iglesia rodea de profunda veneración a esta Familia, proponiéndola como modelo para todas las familias. La Familia de Nazaret, inserta directamente en el misterio de la encarnación, constituye un misterio especial. Y —al igual que en la encarnación— a este misterio pertenece también una verdadera paternidad: la forma humana de la familia del Hijo de Dios, verdadera familia humana formada por el misterio divino. En esta familia José es el padre: no es la suya una paternidad derivada de la generación; y, sin embargo, no es «aparente» o solamente «sustitutiva», sino que posee plenamente la autenticidad de la paternidad humana y de la misión paterna en la familia. En ello está contenida una consecuencia de la unión hipostática: la humanidad asumida en la unidad de la Persona divina del Verbo-Hijo, Jesucristo. Junto con la asunción de la humanidad, en Cristo está también «asumido» todo lo que es humano, en particular, la familia, como primera dimensión de su existencia en la tierra. En este contexto está también «asumida» la paternidad humana de José. Con base en este principio adquieren su justo significado las palabras de María a Jesús en el templo: «Tu padre y yo ... te buscábamos». Esta no es una frase convencional; las palabras de la Madre de Jesús indican toda la realidad de la encarnación, que pertenece al misterio de la Familia de Nazaret. José, que desde el principio aceptó mediante la «obediencia de la fe» su paternidad humana respecto a Jesús, siguiendo la luz del Espíritu Santo, que mediante la fe se da al hombre, descubría ciertamente cada vez más el don inefable de su paternidad.

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LA MISIÓN HOY Diego Alberto Barrios Berumen, Diócesis de Zacatecas

La misión profética de la Iglesia La Iglesia es misionera por naturaleza, pues es la primer tarea que Jesús da a los apóstoles antes de su ascensión a los cielos al recibir el mandato de anunciar a las gentes el mensaje del Reino de los cielos. Pero también, la Iglesia es profética, y esta tarea se encuentra intrínsecamente unida a la misión de la Iglesia, pues ésta ha sido llamada a evangelizar con un mensaje de paz y amor, y a levantar la voz cuando la injusticia y el desamor de los hombres es latente, sobre todo en un mundo tan secularizado como en el que vivimos.

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La misión profética en las Sagradas Escrituras

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ntes que todo, para poder hablar de esta misión, es necesario entender que es un profeta. El profeta es el que anuncia y denuncia. En el Antiguo Testamento, anuncia la salvación y la protección de Dios para el pueblo elegido, pero denuncia el pecado y la desobediencia del pueblo que hace que Dios desate su cólera y rompa con la alianza hecha entre Él y sus elegidos. Pero no solo hace esto, sino que también es un hombre de Dios, tiene una estrecha relación con Dios, se comunica directamente con Él, y Dios, para reafirmar su elección hacia este hombre, se comunica con él y le habla, lo protege.

Mención aparte merece Juan el Bautista, pues él fue considerado mas que un Profeta, pues es el puente entre la Antigua y la nueva alianza, es la voz que clama en el desierto; es el que dio su vida al denunciar el pecado del Herodes, es el profeta de la verdad. La misión de Juan se hace plena el día del Bautismo del Señor, pues aunque trata de oponer resistencia, obedece al cumplir con la tarea de bautizar al redentor de los hombres. Juan Bautista es el claro ejemplo que nos dice que hablar con la verdad siempre es lo correcto, aunque las consecuencias sean desastrosas en algunas ocasiones. Ya Jesus ha dicho que la Verdad nos hará libres.

el acontecimiento de arranque para iniciar con esta labor profética en la Iglesia naciente, que adquiere su importancia a lo largo de la vida de la institución fundada por Jesús.

El Bautismo, don por el que se nos otorga la misión profética El bautismo es la puerta de entrada a la vida divina, pues por medio de este sacramento, se nos otorgan las tres funciones del ministerio de Cristo: la función regia, que es la que nos ayuda a identificarnos con el Padre como Hijos y nos ayuda a luchar contra las acechanzas del maligno; la sacerdotal, que nos hace participes de la liturgia y de la vida sacramental; y la profética, que nos debe motivar a ser incansables promotores del anuncio de la Buena Nueva de Jesús y a ser testigos, tanto de palabra como de acciones, de la resurrección del Señor.

El Concilio Vaticano II y la Misión profética en nuestro tiempo El Concilio Vaticano II, nos dice en la Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, sobre todo en el numero 35 las tareas e importancia que tiene la misión profética en el mundo y sobre todo en la vida de la Iglesia hoy, y destaca la importancia del laico dentro de esta función en la vida eclesial.

En el Nuevo Testamento, se podría decir que la tarea fundamental del profeta cambia un poco a raíz del mensaje que trae la salvación definitiva: el mensaje de Jesús, el Único y Verdadero Profeta. Los primeros profetas fueron los 72 discípulos, que llevaron el mensaje de salvación al pueblo oprimido por el imperio romano, y tenían clara la misión: expulsar demonios, llevar el mensaje de salvación. Después de la Resurrección, este mensaje es más especifico, y se da a los once, por medio del mandato a bautizar a todas las naciones en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Pentecostés es Julio - Agosto 2021

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LA MISIÓN HOY

Cristo, el gran Profeta, (…) cumple su misión profética hasta la plena manifestación de la gloria, no sólo a través de la Jerarquía, que enseña en su nombre y con su poder, sino también por medio de los laicos, a quienes, consiguientemente, constituye en testigos y les dota del sentido de la fe y de la gracia de la palabra. En este texto se resalta la importancia de los laicos, pues el concilio dice que el laico también esta llamado a anunciar el mensaje de Cristo y de su Iglesia, y no solo los ministros ordenados, a quienes da su lugar, pues estos enseñan en el nombre y con el poder de Cristo. Algo muy importante es el sentido de la fe y la gracia de la palabra. Esto quiere decir que también el Espíritu Santo actúa a través de los laicos, quienes también están llamados realizar esta misión de la Iglesia. … No escondan esta esperanza en el interior de su alma, antes bien manifiéstenla, incluso a través de las estructuras de la vida secular, en una constante renovación… La misión profética debe manifestar siempre una esperanza, pues en este mundo tan fragmentado en el que vivimos, estamos llamados a ser portadores de buenas noticias para todos los pueblos. Esa esperanza es la de Cristo, que siempre está con nosotros, que camina con nosotros, que nos escucha y nos lleva de la mano. Si un cristiano vive con verdadera esperanza, no la guarda para sí, sino que la manifiesta y ayuda a los hermanos que la han perdido a recuperarla. Esto nos ayuda a vencer la tentación y ser más solidarios con el que sufre y está triste. Los laicos quedan constituidos en poderosos pregoneros de la fe en la cosas que esperamos (…) Tal evangelización, es decir, el anuncio de Cristo pregonado por el testimonio de la vida y por la palabra, adquiere una característica específica y una eficacia singular por el hecho de que se lleva a cabo en las condiciones comunes del mundo. El laico es evangelizador, pero lo hace dentro del mundo cotidiano con un testimonio de 10

vida concreto, lleno de luces y sombras, pues no deja de ser un hombre de su tiempo. El evangelizador laico, es testigo fiel por su vida y su voz, que anuncia y testifica al Resucitado en un ambiente muy concreto: su vida familiar, laboral, social, de entorno ambiental, etc. y vive en un ambiente privilegiado, que muchas veces también es minusvalorado. La misión profética también se lleva a cabo en la vida matrimonial y familiar. (…) Aquí los cónyuges tienen su propia vocación: el ser mutuamente y para sus hijos testigos de la fe y del amor de Cristo. La familia cristiana proclama en voz muy alta tanto las presentes virtudes del reino de Dios como la esperanza de la vida bienaventurada. De tal manera, con su ejemplo y su testimonio arguye al mundo de pecado e ilumina a los que buscan la verdad. El matrimonio y la familia es una institución seriamente atacada en nuestro tiempo. Innumerables ideologías buscan dañarla gravemente, buscando la pérdida del sentido original de la familia. Este texto debe resonar cada vez más fuertemente en nuestro mundo, pues claramente dice que es la escuela de valores y virtudes que nos llevarán a la vida celestial, y esto verdaderamente nos llama a defenderla sobre cualquier manera de pensar que solo busque denigrarla y atacarla. La familia constituye una muestra muy grande del amor de Dios y nos llama a anunciarla pregonera de vida, donde se aprende lo más elemental en el ser humano: a amar, a ser amado y a sentirse amado. Los laicos, incluso cuando están ocupados en los cuidados temporales, pueden y deben desplegar una actividad muy valiosa en orden a la evangelización del mundo. Ya que si algunos de ellos, cuando faltan los sagrados ministros o cuando éstos se ven impedidos por un régimen de persecución, les suplen en ciertas funciones sagradas, según sus posibilidades, y si otros muchos agotan todas sus energías en la acción apostólica, es necesario, sin embargo, que todos contribuyan a la dilatación y al crecimiento del reino de Dios en el mundo. Por ello, dedíquense los laicos a un conoJulio - Agosto 2021


cimiento más profundo de la verdad revelada y pidan a Dios con instancia el don de la sabiduría. Los laicos están llamados a hacer que el Reino de Dios crezca en el mundo, están llamados ha anunciar a Cristo en todos los ambientes de su vida, pero también están llamados a enriquecerse con la sabiduría para poder anunciar cada vez mas con mayor fidelidad y veracidad. El laico está llamado a conocer más y más su fe, pues “nadie puede dar lo que no tiene”. Si un cristiano no conoce a Cristo y a su Iglesia, no puede anunciar con palabras y menos con el testimonio de vida a Aquél que ha dado su vida por la humanidad, y nuestro mundo exige la Verdad de Jesucristo con todo lo que esto conlleva, es decir, conocerlo de la manera más real y verídicamente posible. El laico también muestra a Cristo a través de actos en lo que la presencia del ministro ordenado es difícil o nula, si bien, no lo sustituye, con sus actos ejerce de algún modo la función litúrgica por poseer también el sacerdocio común de Cristo. ...

cuando se publicaron. Si de verdad buscamos una renovación en la vida de la Iglesia, es necesario asimilar y entender que la Iglesia es profética en esencia, está llamada a recibir el mensaje evangélico para después ponerlo en practica en la vida ordinaria e intraeclesial y así mostrar al mundo que el Espíritu Santo es quien la guía y conduce. Es importantísimo que estemos atentos a los signos de los tiempos, que seamos capaces de anunciar al Verbo encarnado que ha dado su vida para salvarnos, que mostremos la misericordia y el amor del Padre y que denunciemos con valentía y audacia las injusticias y velemos siempre por procurar el bien propio y de los hermanos, para llegar a ser la Iglesia que alza la voz y sea cada vez más samaritana. Debemos buscar ser portadores de buenas noticias para el mundo y ser día con día una Iglesia más hermana. Seamos fieles portadores de la Buena Noticia de Cristo, y estemos atentos ante la injusticia y la opresión, para defender y difundir lo que Dios nos dice a través de los complicados escenarios que se presentan a lo largo de la vida.

No cabe duda que las palabras de esta constitución que analizamos son tan vigentes como Julio - Agosto 2021

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TESTIMONIOS MISIONEROS Hermana Yanet Hernández López, Misionera Sierva del Espíritu Santo

Vocación Chinanteca Mi nombre es Yanet Hernández López, originaria de Santiago Comaltepec, comunidad Chinanteca de la Sierra Norte del estado de Oaxaca. Mis padres, Celso Elías Hernández López y Ernestina Irene López Krauletz. Pertenezco a una familia de 6 hermanos, 2 varones y 4 mujeres, soy la hija más pequeña. Mis padres y dos de mis hermanos son católicos, los demás cambiaron de religión y profesan otro credo actualmente.

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recí en una familia de raíces católicas, cuando tenía 12 años, formé parte del coro de la Iglesia, gracias a la invitación del nuevo párroco de ese tiempo (Padre Gil Antonio Torres Varela). Para mi comunidad la llegada del nuevo párroco implicó grandes cambios en la parroquia, ya que invitaba a participar más frecuentemente en las actividades de la Iglesia. Surgieron grupos de catequistas, y actividades hasta en ese momento desconocidas para todos, retiros, encuentros, movimientos juveniles, todo ello me causó gran motivación ya que dio un giro a mi percepción de una iglesia en camino de transformación, por lo menos a mi visión en ese momento.

Junto con el Padre Gil, estaba también una Hna. Misionera, Gloria Sahagún Guerrero, quienes con su alegría, entusiasmo y energía motivaron mi vocación; era algo nuevo para mí, conocer a una Religiosa y descubrir la alegría de su vivencia, entrega y servicio, en especial a mi comunidad y a la parroquia en su conjunto. A mis 13 años, comencé a sentir mucha atracción al ejemplo de vida, que me representaban el párroco y la Hna. Gloria, había descubierto que había otros estilos de vida, que no todo se centraba en formar una familia, que había algo más, pero no entendía ni comprendía que era. Me hice amiga de ellos, y solicité me die12

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ran permiso de ser catequista en mi pequeño pueblo, pese a mi corta edad, ellos organizaron grupos de formación de catequistas y me concedieron el permiso. Eran pequeños pasos, pero para mí muy significativos, a la par de mis estudios en la secundaria y el bachillerato, continué como catequista, cuando cumplí los 17 años, comencé a tener más claridad del llamado que estaba experimentando, pero que no comprendía, hablé con mis padres, en especial con mi madre, y le compartí mis inquietudes, ella con una sonrisa no respondió nada a mis planteamientos, en realidad no sabía concretamente que era lo que buscaba, ¿quería ser monja acaso? ni siquiera sabía lo que eso significaba. Para ese tiempo el padre Gil y la Hna. Gloria habían sido destinados a otra parroquia, sabía que tenía que asumir mis inquietudes y volverlas a plantear a mis padres, a lo que ellos respondieron, que me dejarían hacer con mi vida lo que quisiera en el momento que tuviera una profesión, aún seguía siendo menor de edad, así que accedí. Me mudé a la ciudad de Oaxaca, para comenzar mis estudios universitarios, mi padre quería que estudiara informática, lo recuerdo bien, pero en mi mente tenía claro que quería concluir la universidad lo más pronto posible, así que elegí pedagogía, todo fuera por terminar en menos tiempo, mi padre no estaba de acuerdo, pero al final se alegró de que hubiese elegido una carrera profesional. Mientras estudiaba, volví a conectarme con el padre Gil y Hna. Gloria, a ellos también les plateé mis inquietudes, ellos me orientaron explicándome las diferencias y estilos de vida, me contactaron con las promotoras vocacionales, así que me di a la tarea de visitar todos los conventos en la ciudad, fue así como conocí a las Hermanas Misioneras Siervas del Espíritu Santo. Había encontrado, por sorpresa, Hermanas de diferentes culturas, nacionalidades viviendo juntas, por una común misión, el servicio hacia los demás, desde la iglesia y para la Iglesia, ahí donde fuese necesario, me sentí atraída a Julio - Agosto 2021

REGIÓN CHINANTECA La región chinanteca se encuentra a un 100 km de la ciudad de Oaxaca. Se extiende a lo largo de 17 municipios ubicados en la parte nordeste del estado. Colinda al norte con Veracruz, al noroeste con la región mazateca, al oeste con la cuicateca y al sur y sureste con la zapoteca.

Catorce municipios se consideran el corazón de la Chinantla: San Juan Bautista Tlacoatzintepec, San Pedro Sochiapan, Ayotzintepec, San Felipe Usila, San José Chiltepec, San Lucas Ojitlán, Santa María Jacatepec, San Juan Bautista Valle Nacional, San Juan Lalana, San Juan Petlapa, Santiago Jocotepec, San Pedro Quiotepec, San Pedro Yolox y Santiago Comaltepec. La distribución de los municipios chinantecos está repartida entre los distritos de Cuicatlán, Tuxtepec.

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TESTIMONIOS MISIONEROS

esta forma tan concreta de vivencia. Hasta ese momento no comprendía el llamado de Dios.

No se trata de romper paradigmas culturales, sino de hacer vida lo heredado culturalmente.

Ahora es cuando descubro que Dios va haciendo caminos en nuestra vida, camina con nosotros y nos va acompañando a lo largo de nuestra vida. ¿Había encontrado lo que buscaba, lo que Dios tenía destinado para mí? No fue fácil, mis padres tenían una condición para mí y sabía que no estaban de acuerdo con mis ideales, por lo que comencé a visitar a las Hermanas a escondidas, los fines de semana tenía mi acompañamiento, y me quedaba en la casa. Viví sola durante 4 años, pero mis padres me visitaban frecuentemente así que tenía libertad para visitar a esta congregación. Al terminar mis estudios universitarios, volví a hablar nuevamente con mis padres, la respuesta no había cambiado, seguía siendo un rotundo no, pero ya era mayor de edad y había cumplido la solicitud que me habían pedido, tenía formalmente una profesión, así que tuve la gran osadía de solicitar mi ingreso a la congregación de las Misioneras Siervas del Espíritu Santo, y así sin el permiso de mis padres, me mudé al convento. Las Hermanas, junto con dos sacerdotes verbitas, miembros de la misma familia congregacional, visitaron a mis padres, pero ni así obtuve el consentimiento de ellos. Sin embargo, decidí iniciar mi formación, pese a su desacuerdo. Ahora soy juniora, ya en el último año de preparación para los votos perpetuos, mi madre ya está de acuerdo a mi opción y elección por la vida Religiosa Misionera, sin embargo, mi padre sigue en desacuerdo, han pasado un poco más de 10 años, y experimento a Dios fortaleciendo con grandes bendiciones mi vida, y me invita desde lo que soy como mujer chinanteca, en una cultura donde la prioridad es formar una familia y engendrar hijos, cuidar a los padres, me siento invitada a cuidar de una gran familia en la que Dios me ha invitado a compartir la vida y la misión. Porque no

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se trata de romper paradigmas culturales, sino de hacer vida lo heredado culturalmente y desde el seno familiar para compartirlo en y para con los demás, por eso hoy estoy convencida, de que el llamado de Dios que he experimentado en mi vida, es una opción de apostar a formar una gran familia en la que todos unidos como hermanos (as), seamos capaces de velar por cada uno, y donde el amor de Dios se conjuga en el signo de ser capaces de compartir la vida y de dar a conocer ese amor a aquellos a quienes aún no se les ha sido anunciado, o aquellos que conociéndole, no han descubierto la gracia de su amor. No podemos quedarnos en nuestras comodidades, cruzados de brazos, hay que hacer camino con el Dios de la vida, abrirnos hacia los demás, salir de nosotros mismos, para abrirnos a las necesidades de nuestros pueblos, de nuestra gente, de nuestra sociedad, para dar a conocer al Dios de la vida ahí donde aún no ha sido conocido, para lograr que otros también vivencien la cercanía, la presencia de Dios, hecho carne en nuestra humanidad, un Dios que nos quiere cercanos, ajenos a la indiferencia, pero recíprocos en el amor, volcados en el deseo de hacernos hermanos como la gran familia que somos. Por ello es de suma importancia apoyar las vocaciones nativas, porque es desde el seno cultural donde se tejen los lazos de solidaridad, donde surgen hombres y mujeres sedientos de entrega y servicio, pero que en ocasiones no reciben el apoyo necesario, por eso hay que enfatizar y concientizar a nuestras familias a ser solidarias y compartidas, en la donación de los propios hijos para la misión de nuestra Iglesia. Porque la Iglesia necesita colaboradores para hacer extender la misión común entre nuestros pueblos y culturas. Con toda esta experiencia vivida durante estos años y desde mi familia, quiero agradecer a Dios por haberme llamado a colaborar en esta misión, misión de la cual, todos somos participes como Iglesia que somos. Julio - Agosto 2021

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TESTIMONIOS MISIONEROS

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MISIÓN Y PERSPECTIVA Pbro. José Guadalupe Martínez Rea MG.

Vocación Sueño, servicio y fidelidad

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Objetivo:

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escubrir juntos, que cada uno de nosotros ha sido llamado por Dios; llamado que se concretiza en una vocación específica y que la realización plena de esta nos lleva a la felicidad, a través de una profesión en la vida.

Contemplación de la realidad social y eclesial Contemplado la realidad social con una mirada de fe, los bautizados nos damos cuenta de que independientemente de la formación que tengamos, somos conscientes de que día a día somos interpelados por los acontecimientos que nos han tocado vivir, y que la realidad en nuestro entorno, pide de cada uno de nosotros un compromiso cada vez más puntual, para que seamos capaces de transformar esta realidad y tener una mejor calidad de vida y así también, trabajar para dejar un mundo mejor a las generaciones futuras. Estamos viviendo un momento coyuntural en el plano sociopolítico, estamos confrontados con una realidad política que pide de cada uno de nosotros no solo conciencia, sino compromiso activo para juntos buscar el bien para todos y sobre todo para aquellos que son menos afortunados en la sociedad. Con una mirada crítica y atenta a la realidad de nuestra Iglesia, nos damos cuenta de que, en este tiempo de pandemia, nos hemos tenido que reinventar para que los procesos pastorales siguieran su curso, realizando nuestro trabajo de formas diversas, utilizando los medios de comunicación que están a nuestro alcance. También somos conscientes de que el Señor, sigue cumpliendo sus promesa de no dejarnos solos en nuestro peregrinar; muchos son los frutos de los procesos eclesialespastorales que en diferentes regiones del país, ponen de manifiesto que el esfuerzo y compromiso de grupos y de las distintas pastorales en nuestras parroquias siguen siendo iluminadas por el Espíritu Santo y pedimos que Julio - Agosto 2021

los dones de este Maestro y Guía, el Espíritu Santo, sigan siendo derramados en cada uno de los corazones de nuestros fieles, para que sigamos siendo testigos de Jesús, fermentando las masas. El Espíritu de fortaleza descienda sobre todos nosotros para que reconociendo nuestras limitaciones dejemos que El siga siendo el protagonista de la evangelización en nuestras comunidades eclesiales.

Propuestas A la luz del Evangelio e inspirados por el mensaje de nuestro santo padre el Papa Francisco, que con ocasión de la 58 jornada mundial por las vocaciones, nos invita a contemplar la figura de San José, teniendo presente la experien21


MISIÓN Y PERSPECTIVA

cia de su llamado para ser el custodio del Hijo de Dios y de la Virgen María; reflexionemos en nuestra propio llamado, para visualizar mejor nuestra propia vocación, viviéndola en el amor y adecuándola al proyecto de Dios, y así seamos capaces de alcanzar la felicidad y realización de nuestras vidas aquí en la tierra, para después gozar con Jesús de las realidades eternas. Creemos que la invitación a vivir este tiempo acompañados de la figura de San José será un tiempo privilegiado y tiempo de gracia, para profundizar más sobre este santo del silencio, que, desde esa actitud callada, desarrolla un papel muy importante en la realización del plan Divino. Este tiempo nos dará la oportunidad de conocer más afondo por qué el papa Pio IX lo proclamó patrono de la Iglesia Universal. Mencionábamos al principio que las palabras claves de una vocación son: Sueño, Servicio y Fidelidad. Palabras más palabras menos que en las distintas vocaciones especificas podríamos destacar. En la vida, todos tenemos sueños, anhelamos algo en la vida, cada uno de nosotros siente la necesidad de realización. Los sueños son hasta cierto punto, metas que uno quiere alcanzar y el motor para que alguien se esfuerce a vivir de una manera autentica. Casi todos nosotros sentimos la necesidad de amar y ser amados y es ahí donde vamos dándonos cuenta de que entre tantos sueños que en la vida tenemos, el amor, es lo único que nos lleva a una realización plena. Los expertos aseguran que para que uno sea capaz de encontrar su propia vocación es necesario saberse identificar con lo que se es y estar seguro de lo que se quiere, lo que a cada uno le gusta en la vida; porque solo estando identificado y sabiendo qué es lo que le gusta a uno, y reconociendo las propias cualidades, limitaciones e inclinaciones, será más fácil elegir una profe22

sión que ayude a vivir la vocación, ya sea dentro del terreno lo humano o alguna cosa en particular del terreno de la naturaleza en general. El reconocimiento de las cualidades y gustos en la vida, y también de las limitaciones, llevan al individuo a ir descartando aquellas cosas en las cuales no se sentiría tan identificado y que no lo llevarían a realizarse. En cada persona hay siempre la necesidad de servir a los demás, siempre hay la pregunta: ¿para qué quiero realizar eso que he elegido hacer? ¿Será por el simple hecho de saber algo más en la vida?, ¿Será por filantropía?, ¿Quizá será por servir a los demás? Cuando se tiene claro lo anterior, y se ha elegido la profesión, es importante preguntarse la forma de realizar lo que se ha elegido ya sea que lo haga solo o en equipo con alguien más. Según los evangelistas, San José fue capaz de hacer todo este proceso de discernimiento partiendo de los sueños que según se nos narran en los Evangelios. San José Julio - Agosto 2021


privilegiada y sin muchas carencias. Nos falta mucho crecer en el sentido de donación y servicio a los demás. En una sociedad como la nuestra pareciera que carecemos de sensibilidad hacia las necesidades de los demás, y caemos en un individualismo autorreferencial. El hecho de que el discernimiento para elegir una profesión no sea fruto del preguntarnos si tenemos o no tenemos vocación, da como resultado el que se llegue a renunciar a lo que hace, o se hace sin encontrarle el gusto que se debería y se llega a una frustración personal y frustrando a los demás en la vida, porque no se tiene vocación para eso que se realiza.

fue un hombre que confió en los sueños que tenía e invirtió en ellos todo lo que tuvo a su alcance, supo meditar y arriesgar; sacrificando intereses personales para que el sueño llegara a realizarse. Supo acoger el proyecto que Dios ponía frente a él. En nuestra sociedad actual pareciera que nos faltan métodos para poder ayudar a nuestros jóvenes para que alcancen sus sueños y realizarlos, también nos falta visión de servicio. Cuando tratamos de ayudar a nuestros jóvenes a dar un paso en la elección de una profesión, pensamos de inmediato en los beneficios personales, nos cuesta trabajo pensar en las personas que se beneficiarían con esa profesión, somos egocéntricos. Lo último en lo que pensamos, en muchos de los casos, es preguntarnos si con las cualidades y limitaciones, los intereses y gustos, el joven tendrá vocación para realizar lo que se le ayuda a elegir como profesión y si será feliz y realizado con ella. El parámetro para elegir una profesión hoy en día pareciera no es el qué, si tengo vocación para eso o no, sino cuál de todas las profesiones pueden redituarme más y con cuál de ellas seré capaz de ser parte de una élite Julio - Agosto 2021

Se debe de entender que la profesión que se eligió es solo una herramienta para poder realizar la vocación en la vida y ser feliz, sirviendo a los demás y disfrutando de lo que se hace, adecuando la vida al proyecto de Dios; y así se llegará a una fidelidad autentica a la vocación. Se sentirá una fuerza para invertir y sacrificar cosas con tal de que el sueño se haga una realidad. La pasión por lo que se hace en la vida será el motor para mantenerse en la profesión que se realiza, sabiendo que de esa forma se está viviendo la vocación con fidelidad y dedicación.

Discernir Sabemos bien que San José es nombrado muy pocas veces en la Biblia, pero lo que sabemos sobre su adhesión al proyecto de Dios, a través de sus sueños, nos es iluminador y alcanzamos a ver cómo el discernimiento de su vocación no pudo ser tan fácil; pero fue un hombre que supo soñar y ser fiel a su vocación de custodio de la familia de Nazaret, viviendo con fidelidad su oficio de carpintero y siendo feliz donando su vida al servicio de Jesús y de María, y de seguro también sirviendo a todos aquellos que eran cercanos a su familia. 23


MISIÓN Y PERSPECTIVA

Los varios pasajes vocacionales y sobre el discipulado, que en los evangelios encontramos, son también una luz para iluminar nuestra propia vocación. Tomando el Evangelio de Marcos (Mc 1,16-20; 2, 13-14; 3,13-15; 6,6b-7; 8,34-35; 9,33-35); nos lleva a caer en la cuenta de que la vocación es un don, o sea un regalo, que sin mérito alguno se recibe de Dios. La respuesta a la vocación es y debe ser en plena libertad, que implica dedicación y contemplación en la presencia del Maestro y después de instruirlos; Jesús hace participes a sus discípulos de su gracia y de su poder, y los envía a ser continuadores de su misión, subrayando siempre la importancia del servicio y fidelidad a la vocación. Los documentos del Papa Francisco, una y otra vez enfatizan la importancia de la vocación como un don y la gratuidad que la caracteriza, haciendo hincapié en que la vocación es para servir a los demás y que se debe vivir en la fidelidad, adecuando la propia vida al proyecto de Dios. De la primera encíclica del Papa Francisco, Lumen Fidei, tomando la primera parte del primer capítulo, números 8-11, donde se nos presenta la figura de Abraham, nuestro padre en la fe, se subrayar la importancia que tiene la escucha de la Palabra de Dios en la vocación, ya que de la escucha nace la fe y la claridad para acoger la llamada de Dios. Hablando de la vocación y reflexionando sobre la fidelidad y servicio, Evangelli Gaudim 19, también puede aportar luz a nuestra reflexión y reforzar en nosotros la responsabilidad que tenemos en la evangelización y misión de Jesús. En la exhortación Apostólica Postsinodal Amoris Laetitia, particularmente en el capítulo tercero, el Papa Francisco nos invita a tener La mirada puesta en Jesús: la vocación de la familia. A través de todo el capítulo el Papa, basándose en textos evangélicos y algunos documentos de la Iglesia, va describiendo la vocación de la familia entera.

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El Papa Francisco, en algunos de sus documentos trata la vocación en un sentido más amplio que en los evangelios, ya que, en estos, se subraya más el llamado a la vida religiosa, en cierto sentido. En la Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate, según mi opinión, es donde con más libertad el Su Santidad nos ayuda ampliar nuestro concepto de vocación. Basado en el texto de Efesios 1,4. Dios nos ha elegido en él, antes de la fundación del mundo, para que vivamos ante él santamente y sin defecto alguno, en el amor. El llamado de Dios al amor se va concretizando en cada uno, según su vocación específica que de él ha recibido, ya sea el matrimonio, vida realizada en la soltería al servicio de la familia o de los demás, ministerio ordenado y vida religiosa.

Celebrar Nos sobran razones para agradecer a Dios por la figura de San José y para honrarlo como patrono de la Iglesia universal, y cusJulio - Agosto 2021

todio no solo de la familia de Nazaret, sino también custodio de las vocaciones sacerdotales y religiosas, y también de las vocaciones a la vida de solteros, viviendo al servicio de la Iglesia y para bien de los demás y la vocación al matrimonio. Celebrar a San José, es celebrar ese gran ejemplo de vocación y adhesión de su voluntad a la voluntad de Dios, como ejemplo para cada uno de nosotros; para así vivir nuestra vida movidos por nuestros sueños, haciendo un buen discernimiento a la luz de la Palabra de Dios y habiendo encontrado nuestra vocación, trabajar arduamente para que realizando lo que nos gusta y donde el señor nos llama seamos felices y hagamos felices a los demás. Agradezcamos a Dios por la figura de San José, pero que nuestro corazón se muestre aún más agradecido con Dios por permitirnos encontrar la vocación que Él nos ha dado y que a través de nuestra profesión específica, nos realicemos en la vida, sirviendo siempre a los demás y viviendo con fidelidad a nuestra vocación. 25


TESTIMONIOS MISIONEROS Anastacia Jepele Samuki, Congregación de Hermanas Josefinas

A ejemplo de San José Mi nombre es Anastacia Jepele Samuki, nací en 1 de junio del 1995 en la provincia de Huambo, país Angola África mis padres son: Domingos Samuki (q.e.p.d.) y Rosalina Nambongo Tomas, (q.e.p.d.) tengo tres hermanos dos mujeres y un varón, fui bautizada en la parroquia de nuestra señora de Fátima Huambo Angola en 22 de abril de 1995. La primera comunión fue en la parroquia de san Luis de Gonzaga el 25 de diciembre de 2011, la confirmación fue el 5 de octubre de 2012 provincia de Huambo.

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Experiencia vocacional

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i experiencia vocacional fue la siguiente: formaba parte de la iglesia en ese tiempo, y ese día me tocó cantar en la fiesta de san José el 19 de Marzo de 2013 en la parroquia de san Luis de Gonzaga, fue allí donde conocí a las Hermanas Josefinas, me llamó la atención el testimonio de vida que ellas daban, la cercanía que ellas presentaban al pueblo, sobre todo la alegría, fue allí donde descubrí la primera mirada de Cristo; después de un tiempo, esta mirada de Cristo se fue fortaleciendo en el momento cuando me explicaban la historia de la congregación, principalmente la valentía que tuvieron nuestros fundadores de poder abandonar todo para seguir a Cristo. Para mí fue muy significativo, después de un tiempo, el Señor me habló para otro lado, tenía que dejar mi país, porque tenía que venir a México

para hacer la formación, gracias a Dios mi familia me apoyó y ellos me comprendieron porque en la familia hay algunos que entregaron sus vidas al servicio del Señor, pero siempre hay quien en la familia alguien que nunca está de acuerdo. Yo en este momento me sentía contenta y con miedo de dejar mi país, me surgieron muchas dudas, pero solo confié en el Señor, con el apoyo de mi familia y de las hermanas. Estando aquí en México en los primeros meses me costó mucho, porque no entendía nada de lo que hablaban, en la parte del alimento la cultura es totalmente diferente, gracias a Dios las hermanas me ayudaron bastante y yo me dejé ayudar, me siento contenta con esta opción de vida que elegí. A lo largo de esta caminata ya he vivido crisis vocacionales, no como de una religiosa que ya caminó bastante. Cuando estoy en estas situaciones tengo medios para ayudarme, por ejemplo: rezo los salmos, o me encomiendo en las manos de san José, porque yo lo considero como mi padrino, porque si conozco a las hermanas josefinas es gracias a Julio - Agosto 2021

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La Congregación de Hermanas Josefinas fue fundada el 22 de septiembre de 1872,

por el P. José María Vilaseca Aguilera y la M. Cesárea Ruiz de Esparza y Dávalos. En la historia de las fundaciones es la primera fundación nativa fundada por un Español y una mexicana. Ambos fundadores expresan que «Hacer siempre y en todo lo mejor» y «Dios me ve» es el culmen del caminar en la presencia de Dios para agradarle solo a Él; sus dos grandes objetivos son: conservar como María y José a Jesús en su Ser y Hacer y evangelizar a los más pobres en los Colegios, Casas hogares, Hospitales, Campos de misión, Misión parroquial, Migrantes entre otras necesidades.

Somos llamadas a ser generosas en nuestro servicio al reino, dar la vida entera a favor de nuestras/os hermanos, caminamos al lado de ellas/os contagiando nuestra Pasión por Cristo y testimoniando nuestra Pasión por la Humanidad, para ir así transformando el entorno y junto con nuestras hermanas/os laicos «realizar el mismo proyecto de Dios para la salvación de la humanidad». Nuestra espiritualidad es Josefina. El espíritu de nuestra Congregación nos exige configurarnos con Cristo sencillo, humilde y lleno de celo quien al lado de María y José creció en edad, sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres, dedicó su vida al anuncio del Reino y buscó en todo el agrado del Padre y nos enseña con su vida un camino integral de crecimiento y maduración, para vivir nuestra vocación Josefina. Nos encontramos en los siguientes países. México, Nicaragua, El Salvador, Puerto Rico, Costa Rica, Venezuela, Perú, Estados Unidos y Angola.


él, las conocí en su día, otro medio que utilizo es platicar con la persona que me acompaña en la formación.

Mi cultura y la vida religiosa En Angola, hay una tradición cultural bastante fuerte de pedir la mano de la novia en matrimonio llamada alabamiento. Cuando una joven pareja decide casarse, es necesario que tengan la aprobación de la familia de la novia, y eso solamente es posible si, durante la pedida, todos están de acuerdo con que el matrimonio se lleve a cabo. La joven pareja señala el día de la pedida. Ese día lo fijan el tío y la tía de la novia, pues es necesario reunir a toda la familia y se le entrega una lista al novio con todas las cosas que debe reunir antes del día de la pedida de mano, la mujer tiene de ser virgen, de no serlo, ya no se tiene que presentar antes en la familia del hombre, y esta mujer tiene que estar bien preparada porque si no está preparada no puede casarse, peor si ella es estéril, porque en mi país los hijos son muy importantes. Pero para mí lo más valioso es donar mi vida para el servicio de la iglesia, porque a pesar de que no voy a tener hijos carnalmente, pero sí espiritualmente, tendré bastantes, no lo estoy rechazando, pero lo miro desde esta perspectiva, no lo estoy perdiendo estando aquí. Otra realidad que conjugo con la vida religiosa y mi cultura tiene que ver con el tema de las celebraciones, en especial el de la Eucarística cuando tenemos eventos hay ritos que yo aprecio. En este momento recuerdo que en mi primera recepción hice una entronización de la Palabra esto se hace como parte de mi cultura y para mí lo enriqueció ahora la cultura de México; no me quedo solo con lo mío, sino me abrí para aprender o profundizar nuevas cosas que el Señor me va regalando cada día, en este momento me siento agradecida por todos los medios que me ha puesto mi congregación, la verdad he aprovechado mucho apenas estoy experimentando vivir la vida religiosa en comunidad, para mi es muy Julio - Agosto 2021

importante porque a cada uno el Señor lo va llamando de diferente manera, no para estar solos sino en comunidad. Me siento contenta porque para mí la alegría nace de la gratuidad de un encuentro, la alegría del encuentro con Él y de su llamada lleva a no cerrarse, sino a abrirse. No debemos tener miedo de las dificultades, son medios para nuestro crecimiento, porque sin dificultad no hay historia ni experiencia de vida. Lo más importante es responder este llamando con generosidad y con responsabilidad.

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LA VOZ DEL PAPA Mensaje del Santo Padre Francisco para la 58 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

San José:

el sueño de la vocación Queridos hermanos y hermanas: El pasado 8 de diciembre, con motivo del 150.º aniversario de la declaración de san José como Patrono de la Iglesia universal, comenzó el Año dedicado especialmente a él (cf. Decreto de la Penitenciaría Apostólica, 8 de diciembre de 2020). Por mi parte, escribí la Carta apostólica Patris corde para «que crezca el amor a este gran santo». Se trata, en efecto, de una figura extraordinaria, y al mismo tiempo «tan cercana a nuestra condición humana». San José no impactaba, tampoco poseía carismas particulares ni aparecía importante a la vista de los demás. No era famoso y tampoco se hacía notar, los Evangelios no recogen ni una sola palabra suya. Sin embargo, con su vida ordinaria, realizó algo extraordinario a los ojos de Dios.

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ios ve el corazón (cf. 1 Sam 16,7) y en san José reconoció un corazón de padre, capaz de dar y generar vida en lo cotidiano. Las vocaciones tienden a esto: a generar y regenerar la vida cada día. El Señor quiere forjar corazones de padres, corazones de madres; corazones abiertos, capaces de grandes impulsos, generosos en la entrega, compasivos en el consuelo de la angustia y firmes en el fortalecimiento de la esperanza. Esto es lo que el sacerdocio y la vida consagrada necesitan, especialmente hoy, en tiempos marcados por la fragilidad y los sufrimientos causados también por la pandemia, que ha suscitado incertidumbre y miedo sobre el futuro y el mismo sentido de la vida. San José viene a nuestro encuentro con su mansedumbre, como santo de la puerta de al lado; al mismo tiempo, su fuerte testimonio puede orientarnos en el camino. San José nos sugiere tres palabras clave para nuestra vocación. La primera es sueño. Todos en la vida sueñan con realizarse.

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Y es correcto que tengamos grandes expectativas, metas altas antes que objetivos efímeros —como el éxito, el dinero y la diversión—, que no son capaces de satisfacernos. De hecho, si pidiéramos a la gente que expresara en una sola palabra el sueño de su vida, no sería difícil imaginar la respuesta: “amor”. Es el amor el que da sentido a la vida, porque revela su misterio. La vida, en efecto, sólo se tiene si se da, sólo se posee verdaderamente si se entrega plenamente. San José tiene mucho que decirnos a este respecto porque, a través de los sueños que Dios le inspiró, hizo de su existencia un don. Los Evangelios narran cuatro sueños (cf. Mt 1,20; 2,13.19.22). Eran llamadas divinas, pero no fueron fáciles de acoger. Después de cada sueño, José tuvo que cambiar sus planes y arriesgarse, sacrificando sus propios proyectos para secundar los proyectos misteriosos de Dios. Él confió totalmente. Pero podemos preguntarnos: “¿Qué era un sueño nocturno para depositar en él tanta confianza?”. Aunque en la antigüedad se le prestaba mucha atención, seguía siendo poco ante la realidad concreta de la vida. A pesar de todo, san José se dejó guiar por los sueños sin vacilar. ¿Por qué? Porque su corazón estaba orientado hacia Dios, ya estaba predispuesto hacia Él. A su vigilante “oído interno” sólo le era suficiente una pequeña señal para reconocer su voz. Esto también se aplica a nuestras llamadas. A Dios no le gusta revelarse de forma espectacular, forzando nuestra libertad. Él nos da a conocer sus planes con suavidad, no nos deslumbra con visiones impactantes, sino que se dirige a nuestra interioridad delicadamente, acercándose íntimamente a nosotros y hablándonos por medio de nuestros pensamientos y sentimientos. Y así, como hizo con san José, nos propone metas altas y sorprendentes. Los sueños condujeron a José a aventuras que nunca habría imaginado. El primero desestabilizó su noviazgo, pero lo convirtió en padre del Mesías; el segundo lo hizo huir a Egipto, pero salvó la vida de su familia; el Julio - Agosto 2021

tercero anunciaba el regreso a su patria y el cuarto le hizo cambiar nuevamente sus planes llevándolo a Nazaret, el mismo lugar donde Jesús iba a comenzar la proclamación del Reino de Dios. En todas estas vicisitudes, la valentía de seguir la voluntad de Dios resultó victoriosa. Así pasa en la vocación: la llamada divina siempre impulsa a salir, a entregarse, a ir más allá. No hay fe sin riesgo. Sólo abandonándose confiadamente a la gracia, dejando de lado los propios planes y comodidades se dice verdaderamente “sí” a Dios. Y cada “sí” da frutos, porque se adhiere a un plan más grande, del que sólo vislumbramos detalles, pero que el Artista divino conoce y lleva adelante, para hacer de cada vida una obra maestra. En este sentido, san José representa un icono ejemplar de la acogida de los proyectos de Dios. Pero su acogida es activa, nunca renuncia ni se rinde, «no es un hombre que se resigna pasivamente. Es un protagonista valiente y fuerte» (Carta ap. Patris corde, 4). Que él ayude a todos, especialmente a los jóvenes en discernimiento, a realizar los sueños que Dios tiene para ellos; que inspire la iniciativa valiente para decir “sí” al Señor, que siempre sorprende y nunca decepciona. 31


LA VOZ DEL PAPA

La segunda palabra que marca el itinerario de san José y de su vocación es servicio. Se desprende de los Evangelios que vivió enteramente para los demás y nunca para sí mismo. El santo Pueblo de Dios lo llama esposo castísimo, revelando así su capacidad de amar sin retener nada para sí. Liberando el amor de su afán de posesión, se abrió a un servicio aún más fecundo, su cuidado amoroso se ha extendido a lo largo de las generaciones y su protección solícita lo ha convertido en patrono de la Iglesia. También es patrono de la buena muerte, él que supo encarnar el sentido oblativo de la vida. Sin embargo, su servicio y sus sacrificios sólo fueron posibles porque estaban sostenidos por un amor más grande: «Toda vocación verdadera nace del don de sí mismo, que es la maduración del simple sacrificio. También en el sacerdocio y la

vida consagrada se requiere este tipo de madurez. Cuando una vocación, ya sea en la vida matrimonial, célibe o virginal, no alcanza la madurez de la entrega de sí misma deteniéndose sólo en la lógica del sacrificio, entonces en lugar de convertirse en signo de la belleza y la alegría del amor corre el riesgo de expresar infelicidad, tristeza y frustración» (ibíd., 7). Para san José el servicio, expresión concreta del don de sí mismo, no fue sólo un ideal elevado, sino que se convirtió en regla de vida cotidiana. Él se esforzó por encontrar y adaptar un lugar para que naciera Jesús, hizo lo posible por defenderlo de la furia de Herodes organizando un viaje repentino a Egipto, se apresuró a regresar a Jerusalén para buscar a Jesús cuando se había perdido y mantuvo a su familia con el fruto de su trabaja, incluso en tierra extranjera. En definitiva, se adaptó a las diversas circunstancias con la actitud de quien no se desanima si la vida no va como él quiere, con la disponibilidad de quien vive para servir. Con este espíritu, José emprendió los numerosos y a menudo inesperados viajes de su vida: de Nazaret a Belén para el censo, después a Egipto y de nuevo a Nazaret, y cada año a Jerusalén, con buena disposición para enfrentarse en cada ocasión a situaciones nuevas, sin quejarse de lo que ocurría, dispuesto a echar una mano para arreglar las cosas. Se podría decir que era la mano tendida del Padre celestial hacia su Hijo en la tierra. Por eso, no puede más que ser un modelo para todas las vocaciones, que están llamadas a ser las manos diligentes del Padre para sus hijos e hijas. Me gusta pensar entonces en san José, el custodio de Jesús y de la Iglesia, como custodio de las vocaciones. Su atención en la vigilancia procede, en efecto, de su disponibilidad para servir. «Se levantó, tomó de noche al niño y a su madre» (Mt 2,14), dice el Evangelio, señalando su premura y dedicación a la familia. No perdió tiempo en analizar lo que no funcionaba bien, para no quitárselo a quien tenía a su cargo. Este cuidado atento y solícito es el signo de una vocación realizada, es el testimonio de una vida tocada por el amor de Dios. ¡Qué her-

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moso ejemplo de vida cristiana damos cuando no perseguimos obstinadamente nuestras propias ambiciones y no nos dejamos paralizar por nuestras nostalgias, sino que nos ocupamos de lo que el Señor nos confía por medio de la Iglesia! Así, Dios derrama sobre nosotros su Espíritu, su creatividad; y hace maravillas, como en José. Además de la llamada de Dios —que cumple nuestros sueños más grandes— y de nuestra respuesta —que se concreta en el servicio disponible y el cuidado atento—, hay un tercer aspecto que atraviesa la vida de san José y la vocación cristiana, marcando el ritmo de lo cotidiano: la fidelidad. José es el «hombre justo» (Mt 1,19), que en el silencio laborioso de cada día persevera en su adhesión a Dios y a sus planes. En un momento especialmente difícil se pone a “considerar todas las cosas” (cf. v. 20). Medita, reflexiona, no se deja dominar por la prisa, no cede a la tentación de tomar decisiones precipitadas, no sigue sus instintos y no vive sin perspectivas. Cultiva todo con paciencia. Sabe que la existencia se construye sólo con la continua adhesión a las grandes opciones. Esto corresponde a la laboriosidad serena y constante con la que desempeñó el humilde oficio de carpintero (cf. Mt 13,55), por el que no inspiró las crónicas de la época, sino la vida cotidiana de todo padre, de todo trabajador y de todo cristiano a lo largo de los siglos. Porque la vocación, como la vida, sólo madura por medio de la fidelidad de cada día. ¿Cómo se alimenta esta fidelidad? A la luz de la fidelidad de Dios. Las primeras palabras que san José escuchó en sueños fueron una invitación a no tener miedo, porque Dios es fiel a sus promesas: «José, hijo de David, no temas» (Mt 1,20). No temas: son las palabras que el Señor te dirige también a ti, querida hermana, y a ti, querido hermano, cuando, aun en medio de incertidumbres y vacilaciones, sientes que ya no puedes postergar el deseo de entregarle tu vida. Son las palabras que te repite cuando, allí donde te encuentres, quizás en medio de pruebas e incomJulio - Agosto 2021

prensiones, luchas cada día por cumplir su voluntad. Son las palabras que redescubres cuando, a lo largo del camino de la llamada, vuelves a tu primer amor. Son las palabras que, como un estribillo, acompañan a quien dice sí a Dios con su vida como san José, en la fidelidad de cada día. Esta fidelidad es el secreto de la alegría. En la casa de Nazaret, dice un himno litúrgico, había «una alegría límpida». Era la alegría cotidiana y transparente de la sencillez, la alegría que siente quien custodia lo que es importante: la cercanía fiel a Dios y al prójimo. ¡Qué hermoso sería si la misma atmósfera sencilla y radiante, sobria y esperanzadora, impregnara nuestros seminarios, nuestros institutos religiosos, nuestras casas parroquiales! Es la alegría que deseo para ustedes, hermanos y hermanas que generosamente han hecho de Dios el sueño de sus vidas, para servirlo en los hermanos y en las hermanas que les han sido confiados, mediante una fidelidad que es ya en sí misma un testimonio, en una época marcada por opciones pasajeras y emociones que se desvanecen sin dejar alegría. Que san José, custodio de las vocaciones, los acompañe con corazón de padre.

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ESPIRITUALIDAD MISIONERA

Congregación para la Evangelización de los Pueblos

por: Pbro. Bernabé López Hernández

El sacramento de la reconciliación en épocas difíciles La Pandemia del Covid-19 me ha llevado a pensar la necesidad de tantos fieles cristianos no solo por la salud física, sino también por la salud espiritual. De por sí, muchos católicos tienen la costumbre de acercarse al sacramento de la confesión durante los últimos días de cuaresma y la semana santa, para cumplir con el mandamiento de la Iglesia, recogido en la norma, que obliga confesar fielmente los pecados graves, al menos una vez al año (Catecismo de la Iglesia Católica n. 1457; canon 989).

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os dos mil años de historia de la Iglesia han sido testigos de las múltiples épocas de dificultad que ha sufrido para administrar los medios de salvación a la humanidad que padecen por circunstancias difíciles, como las guerras, pandemias y persecuciones, que no permite a la Iglesia ejercer en todas sus formas las prácticas sacramentales, y administrarles a sus hijos la recepción de estos. No pocos sacerdotes, y fieles cristianos han ofrecido sus vidas en sacrificio por el amor que el Espíritu Santo les mueve a dar a sus hermanos sufridos. La Iglesia como buena madre, socorre con la ayuda del Señor resucitado a todos aquellos que, en tiempos y lugares distintos, sufren un flagelo, ya sea natural o bien impuesto por el mismo hombre.

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De igual modo experimenta en estas circunstancias el poder de la comunión de los santos, eleva a su Señor Crucificado y Resucitado votos y oraciones, en particular el Sacrificio de la Santa Eucaristía y administra el Sacramento de la Reconciliación. Ante tal situación, nosotros nos unimos a esta piedad de los Santos, para que los seres humanos flagelados, encuentren consuelo en la preciosa y misericordiosa sangre de nuestro Señor Jesucristo, y pedimos que sus sufrimientos no sean en vano. Que encuentren en la Reconciliación Sacramental un motivo para su fortaleza espiritual en este trance de la oblación. Pero, qué decir de los fieles que, por la agitada llegada de una enfermedad contagiosa, Julio - Agosto 2021

una persecución inesperada y un martirio imprevisto, no tengan la gracia de participar en el Sacramento del perdón. La gravedad de las circunstancias exige una reflexión sobre la urgencia y la centralidad del Sacramento de la Penitencia/Reconciliación, junto con algunas aclaraciones necesarias, tanto para los fieles laicos como para los ministros Me imagino que, en las presentes circunstancias, el deseo de recibir el perdón de los pecados es mayor. Sin embargo, no se puede acceder al sacramento, por dichas circunstancias y porque a las Iglesias se les prohibió sus servicios o porque están cerradas por miedo a un contagio o represión. Para estos tiempos, la Iglesia ofrece formas alternas de acompañar a los fieles y de ofrecerles los bienes espirituales. En ese sentido, 35


ESPIRITUALIDAD MISIONERA

graves que en su momento no pudieron ser confesados (cf. c. 962 § 1 CIC y can. 721, § 1 CCEO). Después de recordar que el único modo ordinario de reconciliarse con Dios y con la Iglesia transcribo las palabras del Pbro. Dr. Mario Medina Balam, sobre las otras formas de reconciliación en tiempos difíciles. En este caso, la reconciliación se puede tener por otros medios. Principalmente dos son estos medios: la absolución general o colectiva (canon 961) y la contrición perfecta (Catecismo de la Iglesia Católica n. 1452; canon 916). En el primer caso se requiere la presencia del sacerdote, quien es el que da la absolución a muchos a la vez, como podría ser a un grupo de enfermos contagiados del coronavirus o de médicos y enfermeras que los atienden. También, es admisible que por causa de guerra o inminente persecución se administre el Sacramento.

me permito transcribir unas formas de recibir el perdón fuera del orden establecido: La Penitenciaria Apostólica sobre el Sacramento de la Penitencia, nos dice que: “la confesión individual representa el modo ordinario de celebrar este sacramento (cf. c. 960 del CIC y can. 720), mientras que la absolución colectiva, sin la confesión individual previa, no puede impartirse sino en caso de peligro inminente de muerte, por falta de tiempo para oír las confesiones de los penitentes individuales (cf. c. 961 § 1 del CICI y can. 720, § 2 CCEO) o por grave necesidad ((cf. can. 961, § 1, 2° CIC y can. 720, § 2, 2° CCEO), cuya consideración corresponde al obispo diocesano/eparquial, teniendo en cuenta los criterios acordados con los demás miembros de la Conferencia Episcopal (cf. c. 455 § 2 CIC), y sin perjuicio de la necesidad, para la válida absolución, del votum sacramenti por parte del penitente individual, es decir, del propósito de confesar a su debido tiempo los pecados 36

La contrición perfecta no requiere la presencia de un sacerdote y todos pueden tener acceso a ella. Conlleva tres elementos: 1) el arrepentimiento o dolor del alma por los pecados cometidos, leves y graves, sentimiento que brota del amor a Dios; 2) el propósito de enmienda, es decir, de no volver a pecar; y 3) el propósito sincero de hacer la confesión sacramental apenas se pueda. ¿Cómo hacerlo? En un ambiente de oración, uno se pone en presencia de Dios (podría ayudar un crucifijo) y le abre su corazón, diciéndole en silencio todo aquello de lo que le pide perdón y le promete que apenas pueda confesarse lo hará; puede terminar su acto de contrición con la oración del Padre Nuestro, en gratitud por el perdón recibido. Ordinariamente, este modo de reconciliarse con Dios y con la Iglesia está ligado a la comunión eucarística. Sin embargo, en las presentes circunstancias, muchos que desean estar en paz con Dios y consigo mismos pueden también usar este camino para Julio - Agosto 2021


acercarse a la misericordia de Dios, como el Papa Francisco lo ha sugerido. También otro medio muy al alcance de los penitentes es la pasada Jornada Nacional Penitencial, realizada por Obispos de México, el viernes de dolores (3 abril del 2020, concluyendo con la oración, el ayuno y la invitación a hacer el acto de contrición perfecta. Es una buena oportunidad para que, como pueblo de Dios, nos acerquemos a la misericordia. Pero, puntualizo que estos medios de reconciliación con Dios son totalmente extraordinarios. Hermanos, nuestra salud en el sentido más estricto, depende de la calidad de nuestra relación con Dios; lo que el pecado ha destruido será restablecido solamente por la confianza en Dios que siempre perdona y sana al hombre si se lo solicita. Peguntémonos ahora, ¿ante las crisis mundiales que amenazan no solo a los cristianos Julio - Agosto 2021

de qué manera nos debemos preparar para que nosotros o nuestros hermanos puedan estar en relación con los medios de salvación que nos ofrece Jesucristo a manos llenas? ¿Estaremos dispuestos a responder a la llamada de Dios para restaurar al hombre en toda su integridad? Quiero concluir con las palabras de dos Santos de nuestros tiempos acerca de la restauración del hombre de hoy: “La restauración del sentido del pecado es la primera medida para enfrentarse a la grave crisis espiritual que pesa sobre el hombre de hoy" (Juan Pablo II). Estas crisis mundiales, son crisis de santos" (San Josemaría Escrivá, Camino, 301). Necesitamos renovarnos; solo la conversión de los corazones renovará la sociedad. Cristo nos quiere empeñados por la santidad, nos quiere muy suyos, auténticos discípulos; si fracasamos como cristianos, fracasamos como hombres. 37


IGLESIA EN SALIDA por Pbro. Marcos Garduño Arias SX, Misioneros Xaverianos. marcos.garduno77@yahoo.com

Promoción del Clero Local en tierras de misión

Hemos escuchado con frecuencia la frase del Papa san Juan Pablo II, «¡la fe se fortalece dándola!» (RMi 2) y es que si nos fijamos bien, en muchos de los aspectos de la vida, la mayor parte del tiempo, nuestros pensamientos y acciones se centran mucho más en recibir que en dar, en la búsqueda de nuestro propio bienestar y una vez satisfechos, en colaborar un poco en mejorar el ambiente que nos rodea en la medida que, de igual manera, nos sirva para salvaguardar nuestro propio bienestar y de los nuestros.

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A

parentemente, el dar en sí mismo, si no nos trae beneficios inmediatos o al menos la remuneración de lo que estamos dando, nos hace perder interés; ello es una mentalidad de comercio que ha impregnado lo más profundo de nuestro ser y muchas veces modera nuestras relaciones humanas ordinarias y de amistad, e incluso nuestras relaciones de fe con Dios, reflejándose en nuestras relaciones de servicios dentro de la Iglesia.

Muchas veces la figura de Dios es como la de cualquier otro patrón antropomórfico déspota, egoísta dueño de nuestra vida, salud, libertad y bienestar; como si no quisiera darnos nada de eso que nos pertenece y tendríamos que convencerlo con un sinfín de ruegos, prometerle tantas mandas y sacrificios para ver si le convencemos, si ablandamos su corazón para que nos permita un poco más de vida, de salud, un poco de inteligencia para poder pasar el examen semestral o la tesina. Por tanto, cuando estamos bien, no necesitamos de su presencia o intervención porque lo tenemos todo. Cuando por el contrario, el Dios que nos vino a revelar Jesucristo, se trata de un Dios totalmente loco y vertido hacia la humanidad, deseoso de dárnoslo todo para que seamos plenos y felices, compartiendo con nosotros incluso nuestra propia fragilidad. Pero muchas veces nuestra desconfianza y nuestros límites para escuchar y obedecer lo que nos pide, nos lleva precisamente a nuestra propia ruina. Una imagen de Dios tan negativa de esa manera, nos lleva a producir una imagen igualmente negativa de la Iglesia, negando su dimensión trascendental, no pasa de ser más que como cualquier otra institución social, perdemos tiempo en encontrar información o mejor, desinformación que retroalimente nuestra negatividad, vemos una institución de negocios, mal manejo de grandes cantidades de dinero, una institución que impone sus ideologías, moral o maneras en cómo se debe creer, maneras estratégicas de como expandir el número de integrantes, etc. etc. Marzo - Abril 2021

Hace poco, el Papa Francisco decía que, «un cristiano no inicia a serlo a partir de la aceptación de una ideología, un credo o creencia, sino a partir del encuentro con una persona, esa persona es la de Cristo resucitado». Cuando realmente esto sucede, la visión de Dios y de la Iglesia automáticamente cambia; la organización de la Iglesia como institución es un mal necesario compuesta por seres humanos frágiles y pecadores, pero grande en cuanto sea humilde y tenga como centro a Cristo resucitado y reconozca su ser de sierva para anunciar la alegría del Evangelio, alegría provocada solo a partir de ese encuentro con Cristo que ofrece nuevas esperanzas y posibilidades de vida eterna para toda la humanidad, por lo tanto destinataria del anuncio del Evangelio. Compartir, pues, la fe se debe traducir en signos concretos de amor, y aunque no siempre se puede ir a tierras extranjeras o de misión para compartir a viva voz la fe; dentro de la tradición de la Iglesia se han desarrollado diversas formas de apoyar la misión en el mundo entero principalmente en tres formas: oración, ayuno y ayuda económica. En los lugares de misión de primer anuncio, o primera evangelización, se presentan diversas necesidades que requieren del apoyo firme y fiel de las comunidades cristianas ya maduras en su fe y consolidadas en va39


IGLESIA EN SALIDA

familias son suficientes para apoyar el largo proceso que requiere una formación en el seminario; por ellos es necesario apoyar el surgimiento para la consolidación de la fe de estas nuevas comunidades, que requieren testimonios de fe sólida con miembros del propio lugar. Es pues, muy necesario que nos demos cuenta de la responsabilidad evangelizadora que tenemos todos y cada uno de los miembros de la Iglesia, en la propagación del Evangelio en el mundo entero y que estemos enterados de las necesidades reales que viven las comunidades más jóvenes en lugares más remotos; donde muchas veces los mismos párrocos y obispos no encuentran la manera de apoyar a su crecimiento, no saben a dónde acudir para no dejar pasar las oportunidades que en algunas ocasiones se presentan.

rias cuestiones humanas. Considerando que la mayor parte de las pequeñas comunidades que empiezan a formarse son frágiles en su fe y en sus recursos humanos, así como económicos, su fe es inconsistente y titubeante, necesita de tener una respuesta personal y comunitaria propia, es decir, consolidarse cada vez más. Por tanto cuando surgen vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa en el lugar, es una viva señal de que la fe comienza a calar profundamente con un talante mucho más fuerte, e inicia una respuesta mucho más consistente, ello también traería un refuerzo consistente a la propia comunidad puesto que miembros de la propia comunidad les pueden transmitir la fe con su ropaje cultural e histórico de una manera más encarnada y sentida. Lamentablemente, los recursos de esas comunidades en la mayor parte de los casos no son suficientes, pero tampoco los recursos de las 40

Esto lo menciono porque yo mismo fui testigo de esta realidad al estar de misión en Bangladesh; aun si a Bangladesh alcanza a llegar una pequeña porción de las ayudas que da el Vaticano a las iglesias necesitadas de África y Asia, es insuficiente para solventar las necesidades primarias de ambas partes; para muchos seminaristas también les era casi imposible que sus familias aportaran lo necesario, económicamente, para su formación puesto que las familias normalmente son de muy bajos recursos. En muchas ocasiones los obispos se ven obligados a salir del propio país para realizar giras en búsqueda de ayuda en las comunidades de Europa o Norteamérica para poder sostener su trabajo pastoral en sus diócesis. En algunas ocasiones teniendo éxito basados en la generosidad de las comunidades visitadas pero en otras no con tanto éxito. Ser pues una Iglesia en salida exige e implica también esto, que vivamos la fraternidad y solidaridad con las comunidades de otros lugares, que sus penas y alegrías las sintamos también como nuestras, puesto que formamos parte de la misma familia de Dios, especialmente con aquellas comunidades mucho más sensibles y necesitadas, las que están viviendo Marzo - Abril 2021


en situaciones de persecución y en proceso de consolidación de su propia fe, donde es necesario nuestro apoyo, oración y estímulo. No podemos quedarnos en el drama de la vivencia de nuestro propios problemas al interior de nuestras pequeñas comunidades, en la mayor parte de las ocasiones el ver y colaborar en la solución de los problemas de otras comunidades nos ayuda a disminuir la importancia de los problemas que tenemos que enfrentar en las nuestras, nos da luces para solucionar los nuestros. Ser una iglesia en salida es vivir la Pascua del Señor, es dejarnos conducir por la fuerza del Espíritu Santo que nos saca de nuestros miedos y nos da valentía ante los retos que nuestro mundo impone, pero que a ejemplo de las primeras comunidades cristianas, noMarzo - Abril 2021

sotros también si nos dejamos alcanzar por el Señor resucitado, nos dará el impulso necesario con su mandato; «Vayan por todo el mundo y bauticen a todas las criaturas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19), aun si no podemos dedicar nuestra vida a la evangelización directamente, sí tenemos la posibilidad de apoyar las grandes obras destinadas a la evangelización impulsadas por los evangelizadores y que requieren de apoyo más allá de sus propias fuerzas, puesto que no es una obra a nombre personal sino de la comunidad eclesial universal y sentida como propia por todos los miembros de la Iglesia católica. Esta falta de conciencia y solidaridad muchas veces no permite que se lleven a cabo tantas iniciativas positivas y necesarias de evangelización en lugares de misión o de primer anuncio. 41


LA VOZ DE NUESTROS PASTORES

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A reconstruir la unidad

Estamos llamados a cuidar la unidad, a tomar en serio esta apremiante súplica de Jesús al Padre

+ Felipe Arizmendi Esquivel Obispo Emérito de SCLC www.cem.org.mx

VER

H

an pasado las elecciones en nuestro país para muy variados cargos en el gobierno y en las legislaturas. En la inmensa mayoría de lugares, todo transcurrió en paz; los perdedores han aceptado la decisión de la ciudadanía. Cuando no se aceptan los resultados, se provocan crispación social y enfrentamientos violentos. Hay líderes que, porque así son desde siempre, en vez de ayudar a la fraternidad y al respeto hacia los adversarios políticos, los ofenden y condenan, abusando de su poder mediático, e incluso pueden influir en los poderes legislativos y judiciales. Hacen gala de su ingenio para denostar a quienes piensan y actúan en forma diferente.

crea un ambiente de confrontación agresiva, que no ayuda a la paz social. Los partidos nos parten.

Dentro del régimen democrático que predomina en la mayoría de los países, el sistema de partidos políticos hace honor a su nombre, partidos, porque parten a la sociedad, la confrontan y dividen. Sobre todo, en tiempos electorales, se asiste a una verdadera guerra; cada uno, en vez de valorar los puntos positivos de los contrincantes, se empeña en desprestigiarlos, ridiculizarlos y pisotearlos. Nada bueno ven en ellos y se presentan a sí mismos como la única solución a todos los problemas. Esto

En la comunidad eclesial, tampoco faltan divisiones y descalificaciones entre los seguidores de Jesús. Desde el año 1992, instituimos el Consejo Interreligioso de Chiapas, integrado por líderes de diversas confesiones evangélicas y los obispos de esta provincia. Nuestros diálogos no eran para discutir cuestiones doctrinales, sino para unirnos y organizar caminos de reconciliación en las poblaciones divididas por diversos motivos, sobre todo religiosos.

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En una ocasión, en mi diócesis anterior, convoqué a los líderes de los diferentes partidos políticos del municipio, para dialogar sobre dos puntos: ¿Cómo ven la actuación de nuestra diócesis, y qué nos sugieren para mejorar nuestro servicio? Al final, me dijeron: Invítenos con más frecuencia a estos diálogos, porque sólo aquí, con Usted, no nos peleamos entre nosotros.

PENSAR

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LA VOZ DE NUESTROS PASTORES

El Papa Francisco, en una Misa celebrada en la Basílica de San Pedro con los fieles de Myanmar residentes en Roma, en cuyo país hay graves confrontaciones políticas y sociales, dijo: «Jesús reza al Padre para que guarde a los suyos en la unidad, para que “todos sean uno” (Jn 17,21), una sola familia donde reinan el amor y la fraternidad. Él conocía el corazón de sus discípulos; a veces los había visto discutir sobre quién debía ser el más grande, quién debía mandar. Esta es una enfermedad mortal: la división. La experimentamos en nuestro corazón, porque frecuentemente estamos divididos dentro de nosotros mismos. Experimentamos la división en las familias, en las comunidades, entre los pueblos, incluso en la Iglesia. Son muchos los pecados contra la unidad: las envidias,

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los celos, la búsqueda de intereses personales en vez del bien de todos, los juicios contra los otros. Y estos pequeños conflictos que tenemos entre nosotros se reflejan después en los grandes conflictos, como el que vive en estos días vuestro país. Cuando los intereses de parte, la sed de ventajas y de poder se imponen, estallan siempre enfrentamientos y divisiones. La última recomendación que Jesús hace antes de su Pascua es la unidad. Porque la división viene del diablo que es el que divide, el gran mentiroso que siempre divide. » Estamos llamados a cuidar la unidad, a tomar en serio esta apremiante súplica de Jesús al Padre: que sean uno, que formen una familia, que tengan el valor de vivir vínculos

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de amistad, de amor, de fraternidad. Cuánta necesidad hay, sobre todo hoy, de fraternidad. Sé que algunas situaciones políticas y sociales son más grandes que ustedes, pero el compromiso por la paz y la fraternidad nace siempre de la base. Cada uno, en lo pequeño, puede hacer su parte. Cada uno, en lo pequeño, puede comprometerse a ser constructor de fraternidad, a ser sembrador de fraternidad, a trabajar en la reconstrucción de lo que se ha roto, en vez de alimentar la violencia. Estamos llamados a hacerlo, también como Iglesia. Promovamos el diálogo, el respeto por el otro, la custodia del hermano, la comunión. Y no dejemos entrar en la Iglesia la lógica de los partidos, la lógica que divide, la lógica que nos pone a cada uno de nosotros al centro, descartando a los demás. Esto destruye: destruye la familia, destruye la Iglesia, destruye la sociedad, nos destruye a nosotros mismos» (16 de mayo de 2021). Julio - Agosto 2021

ACTUAR Si tienes conflictos en tu matrimonio, aprende a escuchar, a comprender, a resaltar lo positivo de tu cónyuge, a perdonar y a pedir perdón. Si entre tus hijos hay pleitos, edúcalos para que se sobrelleven, que se respeten en sus diferencias, que se ayuden y que compartan sus cosas; así aprenden a vivir en paz y armonía, también más allá del hogar. Entre simpatizantes de partidos distintos, que algunos den los primeros pasos, aunque sean pequeños, para no dejarse influenciar por el ambiente hostil hacia los otros, sino empeñarse en darse la mano y construir juntos algunos proyectos. En la comunidad eclesial, orar al Espíritu para que aprendamos a respetarnos en nuestras legítimas diferencias y a trabajar por la fraternidad entre los creyentes, y así colaborar en la construcción del Reino de Dios en la sociedad.

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CUADRO POR CUADRO por P. Dr. Luis García Orso, S.J.

Gran Torino Título: Gran Torino

Año: 2008

Duración: 120 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Clint Eastwood

Guion: Nick Schenk

Fotografía: Tom Stern

Música: Kyle Eastwood

Producción: La Sombra del Guayabo,

La Media Luna, Ambulante.

Reparto: Clint Eastwood, Christopher Carley,

Bee Vang, Ahney Her

Género: Drama social actual

Valoración: Historia que nos acerca a situaciones actuales de maldad, violencia y culpa, y con qué espíritu enfrentarlas para encontrar algo mejor y rescatar la dignidad humana.

¿Qué sabe uno en realidad de la vida y de la muerte, de la culpa y el perdón, del dolor y la salvación? El viudo Kowalski se lo pregunta irónico al joven sacerdote de 27 años, recién ordenado, que preside la misa del funeral de la esposa. Si por su poca experiencia pareciera que el sacerdote poco sabe, más allá de lo aprendido en sus estudios, tampoco uno alcanza a ver mucho en el viejo Walt Kowalski: con cara de pocos amigos, cuestionador de costumbres modernas, casi grosero, solo y amargado, y que además pasa el tiempo bebiendo cerveza en la entrada de su casa y despotricando en forma racista de sus vecinos de la etnia Hmong venidos del sudeste asiático. El viejo Walt observa con desprecio cómo el vecindario donde siempre ha vivido, en Detroit, ha ido viniendo a menos con la llegada de inmigrantes orientales y de pandillas de jóvenes latinos, afroamericanos y asiáticos. El viejo Kowlaski vive descontento del presente, preocupado del futuro y atado a un pasado que vivió feliz con su esposa y en que peleó en la guerra de Corea, a principios de 46

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los años cincuenta. De esta historia guarda hasta ahora un rifle M1 que usó en la guerra, la medalla que ganó por matar soldados norcoreanos y un carro Gran Torino 1972, de la misma empresa Ford en que él trabajo por treinta años. Los espectadores no hemos de perder de vista la fuerte carga simbólica de estos tres objetos. A sus 78 años de edad, en 2008, con una impresionante madurez personal y cinematográfica, Clint Eastwood (nació en 1930) dirige y actúa Gran Torino, y nos ofrece su muy personal respuesta a las preguntas fundamentales planteadas al inicio, al narrarnos un momento en la historia del anciano protagonista. Y las respuestas sólo podrán venir de la misma experiencia de la realidad vivida, sufrida, enfrentada: con unos violentos y prepotentes jóvenes pandilleros, con las familias Hmong que lo desarman con su generosidad y convivencia, con el tímido jovencito Thao que no sabe cómo trabajar y cómo luchar por él mismo, con unos hijos casados que sólo lo buscan para sacarle dinero. En el cruce de estos personajes y de estas vidas, Kowalski tendrá que responder con los valores en que cree, pero también enfrentarse a la maldad y violencia del tiempo actual, a los demonios del pasado,

Sabías que... Gran Torino es la primera película en

la que se describen personajes de la

comunidad Hmong, una etnia de 18 clanes distribuida entre las montañas de Laos,

Vietnam, Tailandia y otras partes de Asia,

que se trasladó con muchas penalidades a Estados Unidos tras su participación en la

Guerra de Vietnam.

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CUADRO POR CUADRO

a las culpas de la guerra, a la preocupación de un futuro sin esperanza para las nuevas generaciones, a la defensa de la dignidad pisoteada y ultrajada, y a su propia vida que va llegando al final.

Sabías que... A pesar de que el guionista escribió el personaje de Walt Kowalski sin pensar en un actor concreto, Clint Eastwood sintió que estaba hecho a su medida.

Con un guion muy sencillo y natural, Eastwood deja transparentar la simplicidad y la hondura que traen consigo la madurez, y evoca en el protagonista de Gran Torino una síntesis de algunos los mejores personajes en su carrera cinematográfica: el policía justiciero y salvador de Harry el Sucio (1971), el misterioso desconocido que defiende a los débiles en The Pale Rider (El jinete pálido,1985), el pistolero retirado que sale a vengar a una mujer ultrajada en The Unforgiven (Los imperdonables, 1992), el boxeador retirado que es retado en sus convicciones por una novata en Million Dollar Baby (Golpes del destino, 2004). Pero, además, Eastwood recrea a su modo el último papel del legendario John Wayne en The Shootist (El último pistolero, de Don Siegel, 1976), y rinde homenaje a un género tan querido y tan clásico en el cine como el western. Quizás el maestro Eastwood nos empieza a dejar su testamento espiritual y cinematográfico. Con una explícita ambientación en la fe católica, Gran Torino se convierte en una parábola cinematográfica sobre el mal, la culpa y la redención. En el trasfondo se vislumbra la figura de Jesús, el Hijo de Dios, qué nos enseña con su vida cómo afrontar estas realidades últimas de la existencia. Impresiona en la historia de Gran Torino cómo el viejo renegado Walt Kowalski puede convertirse en figura del buen samaritano, del padre misericordioso, y del Cordero de Dios que se entrega para redimir a los oprimidos por el Mal. Cuando termina la película reconocemos que el Espíritu de la redención de Jesucristo lo alcanza todo. Gran Torino es una película muy apreciada por el público y puede hallarse en varias plataformas digitales. Después de ella, Eastwood todavía ha dirigido y actuado en Trouble with the Curve (2012, Curvas de la vida), The Mule (2018, La mula) y Cry Macho (2021).

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