Page 1


Editorial La postmodernidad nos ha mostrado los límites del mundo y del individuo. Los meta-

rrelatos, aquellos que aspiraban a dar cuenta del sentido de nuestro lugar en el universo, han fracasado. La física cuántica y la deconstrucción le han dado al ser humano, ése que nació con la modernidad y que aspiraba a explicarlo todo, un revolcón de humildad ¿Habitamos en la paradoja de ser animales racionales en un mundo irracional? ¿Se debe a eso la extraña fascinación que en nuestra mente despiertan las paradojas? La paradoja nos muestra, en cierto sentido y desde mucho antes de que existiera la mecánica cuántica, los límites de la razón, ese privilegiado instrumento del que tantas veces se ha jactado a lo largo de su historia el ser humano. Todos los cretenses mienten, dijo Epiménedes el cretense mucho antes del gato de Schrodinger, y no podía ni estar mintiendo ni estar diciendo la verdad. En Bartelby el escribiente, de Melville, el tal Bartelby es, como indica el título, un escribiente que, cada vez que su jefe le pide que escriba algo, responde: preferiría no hacerlo, y no lo hace. La paradoja del escribiente –el escritor- que no escribe, la literatura como animal asediado por el silencio. Preferiría no hacerlo es una revista que pretende hacer -y en la paradoja se recreade la literatura un divertimento. De ella venimos y hacia ella andamos, construimos un mundo al cual ir, lo construimos poco a poco, partiendo de las palabras y de la apertura de horizontes que la posmodernidad nos dio. Somos la aporía del mundo, el espíritu crítico que encuentra en la literatura su sitio más querido, el lugar privilegiado en el que se transforma –se genera- la realidad. Partimos de la negación del escribiente Bartelby para reaccionar contra el mundo lógico y nos dejamos embarcar en el río de la resignificación del nuestro. Venimos de la frontera, de la orilla, de lo extraterritorial, para decir nada y todo, para decirnos que somos el mentiroso de Creta y sólo decimos la verdad.


Índice

Marzo 2011

Presentación Ficciones

Relatos

10 Raúl Del Valle CULEBRILLAS MACHETEADAS Anisotopía 12 Ollin Rafael METALEPSIS El demiurgo 14 Albert Mesas CUESTIÓN DE ESTILO Si lo digo lo hago o el paleta de antaño 16 Inma Ponce Torres El cocodrilo, el caracol y la hormiga 20 Laura Orlandini Bolsillos vacíos 22 Salvatore Maldera Llamadas y El destino cíclico discontínuo de los primeros errantes de la función: [R · ∞] 25 Pol Comelles Los Morlocks

Bestiario

Microrrelato

30 Albert Mesas The believer o un acto de fe 30 David Roas Locus amoenus y Sincronía 31 Raúl Del Valle En ningún sitio como en casa 32 Tahíche Rodríguez Las cosas claras; La esquinita de la calle Escher; Amores de infancia y Sucesos domésticos

4 Preferiríanohacerlo Marzo 2011


5

Tubo de Ensayo Crítica 34 Ollin Rafael El laberinto 39 Maria Fortuny El laberinto de Creta 41 Laura Carreras El laberinto invertido: la cárcel de minos 44 Albert Mesas Un mero trámite administrativo 47 David Díaz La fatalidad de la acción o el laberinto contemporáneo 52 Anaïs Egea Albero La literatura es un crisol inextricable -El laberinto y el péndulo-

Interlunio

Poesía

56 Anaïs Egea Albero Raúl Del Valle Maite Martí Vallejo

Marzo 2011 Preferiríanohacerlo 5


Presentación Después de dos meses, toda una vida (si somos más precisos), infructuosos (no tanto, a veces el camino más largo es el correcto) de intensa reflexión, y formulación de artículos sesudos sobre el significado del concepto Laberinto, nos encontramos en el mismo sitio indeterminado al que solemos llamar centro. Hace mucho tiempo sabemos que agotar la bibliografía no es lo más importante, sobre todo si no tienes mucho tiempo, pero no podemos evitar hacerlo como seres plenamente racionales. Lo hacemos sin resultado. Seguimos aquí en el principio, con el añadido de que ahora estamos rodeados de un “entendimiento” que no hace más que hacer más grande ésta habitación. Orgullosos hombres de letras, vamos al clásico y nos ponemos a leer al Pseudo-Apolodoro y su Biblioteca mitológica y a Pluvius Ovidus Naso y a todo aquello que nos suena griego, al mismo sustrato de la tierra cretense, pero después de lecturas incansables, de nuevo, nada. Agotados y perplejos por nuestra incapacidad, la simple visión del laberinto de Creta no hace sino sumirnos, aún más si es posible, en la desesperación, ese Laberinto casi circular no es sinuoso, no es confuso, está compuesto por una simple línea, en un recorrido que es bastante fácil de seguir con el dedo ¿Qué pasa? Esto no es el Laberinto en el que Dédalo “conturba las señales y a las luces con el torcido/ rodeo de sus variadas vías conduce a error”, esto no es nada, gritamos desesperados, nos arrodillamos e imploramos al cielo. Aún estamos en el centro. Cada vía, cada calzada pedregosa, cada vuelta de camino, curvatura metafórica, cada creativa solución nos marea por un rato en la ilusión del camino correcto para después arrojarnos sin la menor compasión al principio. Partamos dónde partamos los senderos parecen multiplicarse, ni siquiera el pensamiento divergente, ese del que estamos tan orgullosos, parece conducirnos a ningún lugar. Cada día nos levantamos pensando ¿Qué coño es el Laberinto? Pero nada, la respuesta no llega. Leemos a Borges, lo condimentamos con un poco de Victor Bravo al que mezclamos con Von Forester (el padre del constructivismo), nos metemos con la teoría cuántica, nos lanzamos hacia Maturana (Neurobiólogo de Harvard) y volvemos a empezar, teoría de la recepción, Morin, Lhuman, Ceruti y de nuevo: El Inicio. Rendidos por fin, hemos decidido esperar con la cabeza gacha, con los cuernos rozando el suelo, a nuestra terrible madre Tique (Fortuna) que con la espada de Teseo nos viene a dar la bienvenida.

Marzo 2011 Preferiríanohacerlo 7


Ficciones Raúl Del Valle CULEBRILLAS MACHETEADAS Anisotopía Ollin Rafael METALEPSIS El demiurgo Albert Mesas CUESTIÓN DE ESTILO Si lo digo lo hago o el paleta de antaño Inma Ponce Torres El cocodrilo, el caracol y la hormiga Laura Orlandini Bolsillos vacíos Salvatore Maldera Llamadas Pol Comelles Los Morlocks Marzo 2011 Preferiríanohacerlo 9


CULEBRILLAS MACHETEADAS Raúl del Valle

Anisotopía No sé dónde estoy. No tengo más certidumbre que la superficie de la pared en la que apoyo la espalda, la insondable oscuridad, el aplastante silencio y mi voluntad de salir de aquí. Limitados mis sentidos útiles al tacto, me desplazo hacia la derecha sin despegar la espalda de la piedra, anticipando el camino con la palma de la mano, con la única esperanza de alcanzar un interruptor o el marco de una puerta o una pared perpendicular a ésta, algo que me permita al menos sentir que llego a algún sitio, ni que sea el final de un pasillo ciego. Siento un miedo irracional a despegar la espalda de la pared, como si fuese mi peso el que la mantiene anclada en su posición y, una vez liberada de mi contacto, fuese a moverse dejándome sin mi único punto de referencia. Por el rato que llevo desplazándome sin detectar modificación alguna ni en su superficie ni en su trayectoria, deduzco que me hallo en un larguísimo pasillo. La pared de enfrente no debe andar muy lejos. Quizá estoy buscando del lado equivocado.

del espacio en el que me hallo confinado. Seguro que es un pasillo, quizá un túnel subterráneo, me digo para tranquilizarme y voy, poco a poco, despegando la espalda con una sensación agradable y contradictoria, como el placer que se siente al arrancar una costra. El pulso se me acelera, con el brazo derecho adelantado en la oscuridad –pero sin despegar la mano izquierda de la pared-, avanzo un paso y medio, que es lo máximo que me permite la longitud de mi brazo. Los dedos de mi mano exploradora tantean el aire sin conseguir tocar nada que se parezca a un muro.

Me armo de valor y me desprendo de mi único punto de referencia y aventuro otro paso en la oscuridad. Cinco pasos después empiezo a estar intranquilo. Sé que la pared no va a moverse de su sitio y que me bastará con andar hacia atrás en línea recta para toparme de nuevo con ella. Ahora bien, un cerebro privado de referencias no lo tiene fácil para andar en línea recta. Obviamente, a cinco pasos de distancia la Siento la necesidad de tocarla, de tocar la pared desviación será mínima y acabaré encontrándola sin de enfrente. No tanto porque piense que en ella voy problema. Avanzo cinco, diez, quince pasos más sin resultado. a encontrar la salida, porque vea en ella algún tipo de salvación, como para calmar una cierta angustia Llevo veinticinco cuando me detengo. ¿Y si no estoy topológica, el vértigo de no saber nada sobre la forma en un pasillo? ¿Y si el recinto donde me encuentro es 10 Preferiríanohacerlo Marzo 2011


una estancia de cuatro paredes de idéntica longitud o, aún peor, una inmensa celda circular? La tierra es redonda y sin embargo los habitantes de su superficie la percibimos como plana. Desecho la idea de mi cabeza ¿Quién va a construir algo así? ¿Qué sentido tendría semejante atrocidad arquitectónica? Decido volver sobre mis pasos intentando que la longitud de las zancadas de vuelta sea la misma que la de las de la ida. La diferencia de número entre unas y otras me dará una idea aproximada de la constante de desviación. En el sofocante silencio, los latidos de mi corazón resuenan como martillazos apagados. No hace calor pero estoy sudando. Llevo treinta pasos de retroceso y aún no he recuperado la pared. Dos pasos más tarde, cuando empiezo a estar verdaderamente asustado, mi talón choca contra ella.

agacharme y palpar los fragmentos con mis propias manos. Me siento en el suelo, aliviado al fin, y pienso que quizá esa sea nuestra única posibilidad de trascendencia: el sonido de nuestros huesos al desmoronarse mucho tiempo después de la propia muerte.

Uno de los catetos mide veinticinco, la hipotenusa mide treinta y dos, si supiese calcular raíces cuadradas podría aplicar pitágoras y averiguar la longitud del otro cateto y, por tanto, la distancia que separa el punto en el que abandoné la pared del punto al que he vuelto. Pero no sé calcular raíces cuadradas y la verdad es que tampoco me iba a servir de mucho averiguar esa distancia: en cuanto he sentido la seguridad de la pared contra mi espalda, he decidido que se acabaron las excursiones. Si encuentro la salida será sin abandonar esta pared. Sólo tengo que seguir desplazándome, al fin y al cabo no existe ningún muro infinito. Mientras avanzo a lo largo de la pared voy contando mentalmente mis pasos como una rudimentaria forma de hacerme una idea sobre el tiempo transcurrido y para mantener el cerebro ocupado en algo sencillo y racional, la sucesión de los números enteros, y evitar así las funestas cavilaciones a las que me podría conducir mi desesperada situación. Pero no es tan fácil, no logro llegar a quinientos sin descontarme. Si al menos tuviese un cuchillo, me digo, entonces podría cortarme una falange cada cincuenta pasos e ir guardándome los pedazos en el bolsillo. Claro, el problema llegaría cuando ya no me quedasen dedos que cortar. ¿En cuantos fragmentos pueden dividirse los cinco dedos de una mano? ¿Cuántos dedos son necesarios para seguir manejando con eficiencia un cuchillo? Esta vez creo que lo conseguiré. Estoy a punto de alcanzar el quinto centenar cuando mi pie derecho tropieza con algo que inmediatamente se desmorona desencadenando una catarata de sonidos que el eco convierte en una especie de sordo ladrido interminable. Comprendo lo que he derribado incluso antes de Marzo 2011 Preferiríanohacerlo11


METALEPSIS Ollin Rafael

El demiurgo “El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre. ¿Lo creerás, Ariadna? – dijo Teseo -. El Minotauro apenas se defendió – “ La Casa de Asterión, J.L. Borges Aprendí del mundo en sus paredes, no necesite más educación pues todo lo conozco, todo lo he visitado. Sobre mí, el cielo dibuja el camino de los dioses; poco a poco he aprendido a distinguirlos, la historia del universo me visita cada noche. Duermo de día en alguna zanja del camino bajo la sombra del muro eterno que me acompaña. Cuando es de mañana, me refugio cerca de la puerta, me recargo en la superficie plana y meto la cabeza entre las piernas, oculto al sol de mis ojos. Cuando el sol me alcanza a mediodía, raudo y cruel, camino de vuelta al centro, no me confundo ya en este palacio, conozco cada rincón, cada rasgadura del muro, cada despostillada esquina, aunque hay días, debo admitir, que descubro un nuevo sitio, un nuevo rincón del espacio.

calzadas cada vez son distintas. Puedo comenzar en cualquier sitio y dirigirme sin pensar hasta el final que yo decido siempre dónde es. También puedo terminar en el principio y así, en juegos, entretenerme con historias. ¿Yo seré eterno como los días?

Cuando abrí los ojos por primera vez, el mundo se abrió conmigo. Es la historia que me cuento de seguido. Quiero pensar que cada lugar lo he inventado yo, poco a poco y con la paciencia del eterno. Dije la palabra habitación y éstas se abrieron infinitas, dije fosos y aparecieron en cada vuelta del camino, dije camino y se dibujaron largos y sinuosos. Soy Dédalo, así me llamo cuando juego a que soy otros, soy Minotauro cuando corro con locura, inclinando los cuernos, al encuentro de otra muerte, Teseo en secreto y Es infinito a veces, creo. Cuando la tarde cae y en Ariadna cuando soy hermosa. el cielo descubro a Afrodita, ya estoy en el centro, me Sé que son juegos estúpidos pero aquí ya no hay tiro de espaldas y veo el devenir del mundo, visito nada más que hacer, me parece haber inventado el todo el tiempo. Hay días que, por solo, imagino a otro mundo entero, con sus vueltas de camino, con sus como yo, ahí, en lo profundo de la noche, aunque a habitaciones redondas, con su centro, con el fin de veces lo veo junto a Aquiles y otras en la cabeza de los días y el movimiento de los astros. Tengo nombres Hércules. Lo veo en su espiral, tumbado boca arriba, para todo: soñar, vivir, sendero, cruce, bifurcación, imaginándome solitario. muerte, dios y destino. Digo que aprendí del mundo en sus muros porque mi hermosa casa tiene los caminos decorados, cuenta la historia eterna. Es una historia infinita porque sus 12 Preferiríanohacerlo Marzo 2011


Marzo 2011 PreferirĂ­anohacerlo13


CUESTIÓN DE ESTILO Albert Mesas

Si lo digo lo hago o el paleta de antaño ¿Conocéis el templo de Artemis en Atenas? Pues claro, quién no lo conoce. ¿Y la biblioteca de Corinto? Pues también, joder, para no conocerla, si está en boca de todos. Ay, ¿y qué me decís si os menciono el bello palacio del rey de Argos? Pues eso, que, otra vez, sabéis de qué os hablo. Dicho esto, ya imaginaréis quién soy; efectivamente, Miklos Spyros, el famoso paleta. Mi reputación era tal que al final, si la obra no me convencía, la rechazaba; sencillísimo, la mandaba a la mierda. Por ejemplo, ¿os suena la acrópolis de Tebas? Pues claro que no, qué cojones os va a sonar si no existe. ¿Y por qué? Porque la rechacé; era un pésimo proyecto. Así de grande era yo...y ahora, miradme, aquí... Si es que tenía que haberlo visto venir, pero no, pudieron más mis ansias de triunfar y mi ego que mi sentido común. Si es que desde el principio eso tenía mala pinta, pero claro, con tanto oro encima de la mesa, como para decir que no. Y mira que los planos eran malos de la hostia, y cada vez que me quejaba al rey -era el que pagaba- se repetía la misma historia. Primero, él me decía que los planos estaban hechos por el mejor inventor de todos los tiempos (por los dioses, ahora no recuerdo su puto nombre), que si 14 Preferiríanohacerlo Marzo 2011

eran así era porque debían ser así. Luego, yo replicaba que una construcción como la que pretendía hacer, con esas paredes infinitas, con esas cámaras amorfas sin ventanas -y sin nada-, con sus corredores desmesurados y demás, era una terrible estupidez. Finalmente, ponía en duda mi profesionalidad y experiencia, afirmando que, tal vez, ya estaba viejo, y que, a lo mejor, era yo el que no sabía interpretar los planos del genuino inventor. Y ahí se terminaba la discusión; sin embargo, pudieron más mis ansias de triunfar y mi ego. Ay, me cago en todo el puto monte Olimpo; miradme ahora, que acabo de colocar la última piedra y, después de tantos años encerrado aquí construyendo, se me ha olvidado dónde cojones estaba la puta salida.


Marzo 2011 PreferirĂ­anohacerlo15


CUENTO Inma Ponce Torres

El cocodrilo, el caracol y la hormiga Lo presintió. La espalda se le incrustó en el asiento y el pie pisó a fondo el pedal. Mucha velocidad y poca distancia para evitar el golpe. Cesó el pestañeo y el tiempo se hizo lento hasta pararse con el impacto. No recuerda nada. El airbag no saltó y el cinturón de seguridad no pudo evitar que se estrellara contra el salpicadero. El cuerpo le penduló agitándole los últimos resquicios de memoria.

tiva; la boca se le abría y la baba le caía pesada entre los labios.

Era una tabula rasa, un olvido de la memoria, un recipiente vacío donde sólo retumbaba el eco de las ánforas. Tenía amnesia. No podía hablar. Se comunicaba con el mundo mediante gemidos provocados por las necesidades básicas: quejidos cortos, agudos e insistentes cuando tenía sed; un quejido largo y ronco para saciar el apetito. También se sabía cuando le gustaba algo: movía la cabeza agotando toda su trayectoria y observaba el objeto desde toda posible perspec-

ejemplo, no ha evolucionado.

Pocas cosas le entusiasmaban. Sólo las fotografías, los cuadros, las imágenes en general y en particular los dibujos la hacían contonear la cabeza. Lo más frecuente era el llanto, la ira, la carcajada, los brazos en aspaviento, los dientes rechinando… Asustaba. Luis le tenía miedo, pero sentía alivio al pensar que no podía Despertó en la cama de un hospital. Su cuerpo se moverse de la silla de ruedas y que era incapaz de prolongaba a través de sondas y máquinas; aún seguía decir palabra, y menos improperios. Su padre le exdormido. Cerró de nuevo los ojos e intentó desper- plicó lo que le sucedía a su madre: el accidente le había tarlo -esto le sucedía muy a menudo aunque no pudi- dañado el cerebro. era recordarlo-. Los abrió; consiguió mover el cuello, -Tenemos un cerebro compuesto por tres cerebros los brazos y arquear la espalda, pero las piernas se re- de diferente edad. El primero es el reptiliano, que es sistían. No sabía dónde estaba, no sentía parte de su como una especie de tallo que va del cuello al interior cuerpo, no sabía ni quién era y una especie de aullido de la cabeza –le recorría la nuca con los dedos-. Es comenzó a herir su garganta. el cerebro que tienen los reptiles. Un cocodrilo, por

16 Preferiríanohacerlo Marzo 2011

En un papel le dibujaba un cocodrilo esquemático con su correspondiente cerebro. -¿Nosotros somos como cocodrilos? -En parte sí, pero somos más complejos. El cerebro del cocodrilo está pensado para que repita y repita sus acciones.


-Vaya, qué aburrido.

-No hables así de tu madre. Puede que no piense pero estoy seguro de que siente.

- Sí, la verdad es que sí. Mira, el cocodrilo nunca Padre e hijo dejaron las elucubraciones y levantaron improvisa o investiga nuevas maneras de llegar de aquí a allá. Cuando aprende un camino, morirá haci- la cabeza del papel pinturrajeado. Se percataron de que la madre movía la cabeza lentamente apurando todos endo una y otra vez el mismo itinerario. -Mamá se está convirtiendo en un cocodrilo. Siem- los ángulos, la saliva le llegaba ahora a la barbilla y los pre hace lo mismo, siempre quiere estar en el mismo ojos vidriosos moldeaban las primeras lágrimas. lugar; ni siquiera quiere salir al patio.

-Todos tenemos la impronta del reptil, Luisito. Somos animales de costumbres. Te sigo contando. El cerebro de cocodrilo está cubierto por un cerebro posterior, llamado límbico. Hace unos doscientos millones de años aparecieron los primeros mamíferos. Recuerda, nosotros somos mamíferos. Al principio eran pequeños y vulnerables pero cuando consiguieron regular la temperatura de su cuerpo, pudieron competir con los grandes reptiles que entonces dominaban el mundo: los dinosaurios. Estos, al ocultarse el sol, perdían actividad debido a su sangre fría. En ese momento, los mamíferos invadían su espacio y dominaban la noche. Durante miles de años estuvieron desarrollando y perfeccionando un circuito de neuronas para agudizar su oído y así cazar sin ser cazados. Comían animales y sabes que la carne tiene proteínas. Éstas funcionan como diminutos ladrillos que van ampliando el cerebro.

-Papá, tiene lágrimas de cocodrilo –exclamó el chico entusiasmado por su ocurrencia.

Empezó a llorar con fuerza, con rabia inusitada. Parecía que esas palabras habían encontrado sentido en su perdida memoria. -Enséñale fotos a mamá Luisito, a ver si se calma mientras yo hago la comida. Con las imágenes iba recuperando el sosiego; mientras, Luis pintaba. Desde pequeño le han fascinado los caracoles. Se agolpan en el zócalo del patio y le divierte quitarlos de allí y llevarlos a la mesa del comedor para hacer carreras con ellos. Los sitúa en posición de salida y a ver quién llega primero a la meta. Son lentos y la viscosidad de su cuerpo no ayuda. Luisito, en la espera, los dibuja siguiendo una estructura simple que le había enseñado su mamá.

“El caracol lleva una casa a cuestas en forma de espiral –su mamá le dibujaba el armazón del animalillo. Para dar luz a la explicación, el padre la iba ilus- La casa tiene una puerta por donde asoma la cabeza y trando en papel: el cerebro reptiliano como un tallo saca las antenas al sol –dibuja la cabeza al término de rodeado de ladrillos pequeños englobados en el cere- la espiral. Cuando el caracol tiene sueño, va metiendo bro límbico. El niño miraba entusiasmado. La madre, la cabeza por el caminito de su cuerpo, que es como muy cerca, movía la cabeza y comenzaba a relajársele un laberinto, y se acuesta en el centro”. la boca. Quizás su madre pudiera dibujar. Cuántas veces habían dibujado juntos: un 6 y un 4, la cara de tu re-Este cerebro es el de las emociones –prosiguió el padre señalando la franja de proteínas. Cuando senti- trato. Tenía un montón de trucos para dibujar cosas mos deseo o rabia, cuando el dolor nos enloquece o el complejas de la manera más simple. Le apoyó en las miedo nos hace retroceder, nos estamos comportando piernas un cuaderno en blanco; le colocó el lápiz entre como uno de aquellos mamíferos de hace doscientos los dedos, rodeando su mano con la suya y empezó a deslizar el grafito sobre la página. millones de años. -Te voy a enseñar a dibujar un caracol, tal como tú -Papá, ¿y el cerebro no piensa? me enseñaste, a ver si lo recuerdas. Vamos a dibujar El padre rió, buena pregunta. Eso era la última un caracol muuuy grande, tan grande como la hoja, parte. para que lo veas bien. -El cerebro comenzó a pensar hace unos cien milLuisito situó la punta del lápiz en el centro de la pálones de años. El cerebro de los mamíferos sufrió una gina. transformación radical que supuso un extraordinario -Vamos a dibujar la casa del caracol. Es como un desarrollo del intelecto. Sobre los cerebros anterilaberinto, pero no te asustes, aquí no te pierdes. Sin ores se asentó una nueva capa de células cerebrales, formándose el neocórtex, lo que nos permite razonar. levantar el lápiz, hay que ir haciendo curvas cada vez más grandes. ¿Ves? Se va haciendo una espiral. Podría-A mamá parece que se le ha dañado la última capa. mos dibujar un caracol gigante pero ya no tenemos Creo que no puede pensar. Es como una mezcla de más espacio. Aquí la cabeza y las antenas. Ya, lo tenecocodrilo y elefante que a veces barrita. Marzo 2011 Preferiríanohacerlo17


-Papá, una hormiga. Mamá las dibujaba como mos. Cuando tenga sueño… bbbbbbb –con este ruido de motor recorría la espiral en sentido contrario, por ochos escuálidos. Me lo enseñó cuando diseñamos el el blanco, hasta llegar hasta el centro- el caracol se va formicario. a la cama y duerme: zzzzzz. -Claro… - Ahora tú mamá. Recordó entonces aquella historia del laberinto lleElla no le obedecía, pero agarró el cuaderno y el lápiz con fuerza. Luisito dejó el salón y fue al patio para poner en libertad a los animales. Pensaba en su cerebro, ¿cómo sería? La vida del caracol es simple, tendrá un cerebro parecido al cocodrilo.

Cuando estuvo sola abrió el cuaderno, cogió el lápiz con violencia y situó la punta en el centro de la página. Dibujó un caracol de un solo trazo firme y centrífugo. Cuando se le agotaba la página, hacía el camino inverso por el blanco de los trazos hasta llegar al centro. En todas las hojas pares hizo lo mismo, hasta agotar el cuaderno. Tenía una destreza espantosa y el dibujo lo repetía incesantemente. Cuando completó la libreta quedó exhausta. Estaba sola, puso la silla en marcha y aceleró desde el salón hasta la entrada, atravesó la puerta que había dejado abierta su hijo y rodó por las escaleras del patio. El niño, nervioso, llamaba a voces a su padre. Cuando fueron a socorrerla tenía una cara de muerte. Movía la cabeza, ¿el atrevimiento le había gustado? Entraron en la casa. El niño tropezó con el cuaderno que estaba en el suelo; lo abrió y encontró los dibujos de su madre. Caracoles, caracoles y más caracoles hacían lento el visionado de las páginas. -Mira papá. Le he recordado a mamá cómo se dibuja. Le he enseñado a dibujar caracoles, me lo enseñó ella. Ha pintado muchísimos, siempre lo mismo, creo que es por su cerebro de reptil. ¿Tú crees que podrá dibujar otra cosa? El padre cogió el cuaderno y observó las páginas una a una. La espiral de dentro afuera y de fuera adentro. Al principio el trazo limpio y perfecto, pero después, ante su asombro, iba perdiendo precisión y las líneas titubeaban al volver al centro. Luisito se acercó atraído por la cara desencajada de su padre: -El caracol no puede dormir, mamá ha olvidado dónde está su cama. Llegó a la última página y encontró un dibujo ligeramente distinto. El caracol seguía desorientado pero en la curva más externa una especie de ocho alargado se instalaba en el blanco. No supo qué era aquello, pero Luisito, que había aprendido el dibujo esquemático de su madre, le dio la clave: 18 Preferiríanohacerlo Marzo 2011

no de hormigas: todas iban a morir lo más lejos posible del centro. -¿Por qué habrá dibujado una hormiga dentro del caracol?

-A ver cómo te lo explico yo. Algún día, te ensañarán en clase de matemáticas que ese ocho escuálido es el símbolo del infinito. El caracol puede ser infinitamente grande y mamá quiere repetir su estructura infinitas veces, pero se ha quedado sin papel. -Ah. No llegó a comprender, pero se admiró con la inteligencia de los reptiles.


CUENTO Laura Orlandini

Bolsillos vacíos Es húmedo y corren las ratas, por ejemplo. El agua pasa por algunos hoyos estrechos y sucios, que de repente, sin ninguna razón, se transforman en ríos cristalinos, y luego desaparecen, no se sabe por dónde. Delante de mis pies se me presenta un laberinto enredado e indescifrable de pasajes y galerías. Se abren puertas, aparecen escaleras, se cruzan los caminos en más puntos. Cada vez el recorrido se hace más complicado, ya conozco muchos de los caminos que hay, aprendí a abrir las puertas laterales que al principio no había notado, a encogerme para bajar en las galerías más escondidas. Es muy divertido. Y no sé a donde voy, pero sé que hay algún sitio a donde ir, y tengo que ir a buscarlo, como un pequeño secreto guardado especialmente para mí. Voy recogiendo las cosas que La lógica implacable del sueño me hace encontrar encuentro. Me lleno los bolsillos de canicas. Trocitos una entrada escondida hacia ese lugar obscuro y gris de papel, migas, angulitos colorados de baldosas. Una que se queda bajo tierra con sus caminos retorcidos. vez, también, una flor. Todo va a pegarse y arrugarse Y pienso: maldita sea, de nuevo el subterráneo. Pero en mis bolsillos ya llenos e hinchados. Con una tozuno puedo deslizarme, no puedo cambiar de sueño. dez irreprensible que sólo tengo en los sueños sigo la Tengo que entrar, pasar por ese agujero que baja. En dirección desconocida y enmarañada que el laberinto algunos sueños más determinados y contundentes me me ofrece. Me someto al laberinto y a sus reglas, como encuentro con alguien parado en la entrada que me un amante fiel. Pero en algún momento, me pierdo. mira y me dice: ve. Así que el subterráneo gana, sin más remedio. Justo cuando estoy empezando a entenderlo, cuSiempre sueño con lo mismo. No es que me pase cada noche, eso no. Pero yo sé que si sueño, sueño con lo mismo. Ya llevo mucho tiempo así. Igual en el sueño estoy en el medio de un campo llano, con alguna senda recta que lleva hacia una casita lejana. O me encuentro en un bosque donde árboles grandes y torcidos no me dejan ver la luz, o a lo mejor en un ambiente nocturno y urbano, en una fiesta con mucha gente y demasiado ruido. Incluso si estoy en compañía de algún amigo que ha venido a visitarme en el sueño justo para desnudarme y lamerme las orejas. Nada, cada sueño acaba de la misma manera, da igual que este volando o follando, en algún momento siempre aparece una puertecita o un escotillón que me lleva hacia al subterráneo.

Allí abajo hay muchas cosas, algunas previsibles.

20 Preferiríanohacerlo Marzo 2011

ando pienso que ya no me engaña y que estoy descu-


briendo el sentido de todas esas callecitas enrolladas, llega el momento en que me pierdo. Miro alrededor y ya no reconozco nada, sigo adelante y siempre vuelvo al mismo punto, y me sale un pánico de animal atrapado, no hay puerta o pasaje que me salve. Es como si el laberinto se rompiera. Los trozos rotos del laberinto me rodean de una amenaza aplastante y el sueño se convierte en una pesadilla sin aire. Así que aparece una escarpada escalerita de piedra – siempre la misma, siempre en el momento y lugar en que menos pienso encontrarla - para huir del laberinto. Aburrida y puntual como la misa del domingo. Me molesta su presunción callada de ser la única posible vía de fuga, pero me encuentra sin defensas, y tengo que aceptarla con alivio. Mientras tanto, el subterráneo sin sentido ni dirección se ríe de mí. Y de repente se me hace deslumbrante una verdad, que si quiero dejar el laberinto – porque quiero dejarlo, eso lo sé - tengo que vaciar mis bolsillos de las cosas que he encontrado, tengo que dejar los escombros que cuidadosamente he guardado hasta allí. No puedo llevarme ni una canica, y me parece algo tremendo. El laberinto seguro tiene alguna salida propia, una salida de verdad, un punto de llegada que da sentido a todas esas galerías embrolladas. Una salida, y no un escape, como es esa escalera de piedra que tengo que subir para volver al aire y al mundo de arriba, allá donde no es preciso un destino definido para seguir adelante. Entonces el encanto inquieto del laberinto me deja pensar que esta vez no, esta vez me he perdido, pero si alcanzo a volver de nuevo, si alcanzo a encontrar de nuevo ese punto, entonces el laberinto no me escapará, llegaré hasta la salida, con los bolsillos llenos de perlitas coloradas, con el recorrido bien claro en mi mente, fiel a mi espejismo hasta el fondo. Pero ahora no puedo, tengo que escapar por allí, como un ladrón, ir subiendo rápido como el buceador que ya no tiene aire, y abandonar las cosas que he encontrado porque han empezado a pesarme increíblemente y no me dejan irme, me arrastran hacia el fondo. Subo corriendo y abro la puerta y la luz del mundo me golpea tan fuerte que siempre me despierto.

Marzo 2011 Preferiríanohacerlo21


CUENTO Salvatore Maldera

Llamadas reencontradas En la pantalla del móvil había un mensaje: “Núme- número provino la llamada, por favor? ro de llamadas perdidas: 12”. Usuario seleccionó “12” -Mmm… señor Usuario… y llamó. Alguien atiende: -Dime. -Hola. -Eh, es muy extraño. Nuestro sistema no logra de-Sí, buenas, ¿éste es el número de llamadas perdi- codificar el número… jo… que es muy extraño, no das? aparece número alguno y es técnicamente imposible, estamos directamente conectados a la database -Hola, buenas, sí, ¿en qué puedo ayudarle? BGLNT-TNPQ-PDET-RP7C o sea, Base global de -Hola, sí, escuche… números telefónicos guión total… total de números… -Buenas. -Da igual. -Sí, buenas, ¿qué tal? -Vale, no obstante, le recomendaría darla por per-Bien. dida y no escudriñar en el pasado. -Vale. Escuche, deseo recuperar una llamada que -¿Perdida? ¡Pero, señorita, si ya está perdida! hicieron esta mañana a mi móvil y que desgraciada-Bueno, digamos, en un orden cuadrado de pérmente no pude contestar. Pudo haber sido algo muy dida. importante. -No, no, no, de ninguna manera. Páseme la llama-Vale, permítame revisar en el sistema…- clic de da. Clique en retransferir y ya está. ratón, teclas- ¿señor? -Sí. -Perdió una llamada a las… - clica- nueve horas y trece minutos con cincuenta y cinco segundos de la mañana. -Exacto. ¿Sería tan amable de decirme de qué 22 Preferiríanohacerlo Marzo 2011

-Bueno, señor, pase lo que pase, esa llamada cobrará efecto al momento de ser contestada, será un nuevo registro. Según los papeles y ante la ley, nuestra empresa se lava las manos. -¿Perdone?


-Escudriñar en el pasado no es sano. -Proceda. -Vale. Hasta luego. GRABACIÓN: Gracias por usar nuestro servicio de llamadas al tiempo, perdidas-s-s-…- po, perdidas. En breves momentos será procesada su solicitud. ¡Que reviva un buen pasado! Hasta luego-go-go-gogo-g. Corte abrupto. Silencio.

Marzo 2011 Preferiríanohacerlo23


CUENTO Salvatore Maldera

El destino cíclico discontínuo de los primeros errantes de la función: [R · ∞] TONO DE MÓVIL. Pausa. Suena nuevamente TONO DE MÓVIL.

erda- mocos- ésta era la cuarta llamada, piensa otra solución para salvarnos- tono discontinuo.

Un botón verde se agranda como si tus ojos se hubieran incrustado en un dedo pulgar inmenso y se opriUn cráneo rompió el parabrisas de un coche y dejó men contra la superficie. salir un cuerpo por efecto de la inercia. Luego de su muerte, R. fue recogido por una inteligencia superior -Sí… -Hola, R., escucha rápidamente. Por favor: esta es dentro del sistema sagrado, y fue trasladado a la lista de llamadas en espera. Cuando su alma alcanzó a tomi cuarta llamada post mortem… car una línea telefónica con sus manos de inmortali-¿Eh? ¿quién es? dad y pudo escuchar –de nuevo- dentro de sí una voz que decía: tienes la oportunidad para enmendar algo -Soy un amigo. del pasado antes de ser absorbido para siempre. -¿Qué amigo? ¿cómo es que sabes mi nombre? -Escúchame… -¿Hola? -Hola. Escúchame: estoy atrapado en una telecomunicación con mi pasado, necesito salir para continuar con mi muerte ¡maldita sea! La clásica trampa de la tentación, pensaba que podría regresar al mundo físico- sollozos… -¡Espera! No te entiendo ¿quién eres? -Soy tú mismo dentro de veinte segundos, trato de salvarte de un ciclo erróneo, pero no hay manera. Ya has contestado, así que estoy por desaparecer. Recu24 Preferiríanohacerlo Marzo 2011


CUENTO Pol Comellas

Los Morlocks A. pensaba distraída en todo lo mal que le podía caer Lucía Etxebarría, cuando el pitido que indica el cierre automático de las puertas le recordó que se encontraba en un vagón de metro yendo hacia algún lugar. El dónde, concretamente, no lo recordaba de forma inmediata, aunque esperaba poder hacerlo pronto. -¿Bajas en la siguiente? – preguntó una voz masculina desde atrás. A. advirtió que, por mucho que lo intentara, era incapaz de acordarse del lugar al que se estaba dirigiendo. Todo lo que tenía en la cabeza era LUCÍA ETXEBARRÍA. Le echó la culpa a ella, por supuesto; reflexionando brevemente, de paso, en torno a las coincidencias que hay entre amar y odiar respecto a que ambas cosas provocan falta de concentración. Pero, claro, A. en realidad no sentía odio por aquella mujer, lo que sentía era desprecio.

o tres paradas. Todo ello resultaba desconcertante y fastidioso. Maldijo su pésima memoria y los porros (siempre acaba por culpar a los porros), hasta se le antojó que en ningún caso podía ser tan importante, fuera lo que fuera, el encuentro al que no iba a acudir. Lo único que le tocaba el coño era el olvido repentino y fulminante, que, en todo caso, debía justificarse por tratarse de algo trivial (o así quería pensarlo). Así que lo mejor era volver a casa. De nuevo el pitido y la voz de atrás se convirtió en un codazo punzante que la empujó hacia fuera del vagón. En el andén, A. preguntó a una mujer mayor dónde podría coger la línea azul. -¿La azul? Pues no sé, hija. Yo sólo uso la negra. -Tienes que coger la línea blanca y entonces hacer el cambio hacia la azul.

-No, no. La línea blanca es de tren, para cogerla tendrías que salir del metro y pagar otra vez el billete. La -No. No lo sé.- Contestó A., molesta. No podía ver que tienes que coger es la rosa, que te deja en el centro. al hombre que tenía detrás ya que estaba aprisionada Allí puedes coger la azul. entre una mujer gorda y un adolescente que apestaba -Sí, en el centro, claro... a tabaco que le impedían moverse. -Ya, cariño, pero así estas haciendo que la pobre A. leyó el mapa de la línea de metro en la que se chica dé la vuelta a media ciudad. Lo mejor es que te encontraba, la negra, de arriba a abajo, consiguiendo bajes en la siguiente parada y tomes el autobús 432, tan sólo que le sonaran vagamente los nombres de dos -¿Bajas o no? –Insistió la voz.

Marzo 2011 Preferiríanohacerlo25


que pasa justo por ahí y te deja en el centro en dos minutos.

-Sí, la negra. En dirección a la catedral...

-No me jodas. -Disculpen, pero el autobús 432 ya no circula por -...y luego son dos o tres paradas y ya puedes hacer aquí. Modificaron todas esas líneas el pasado trimes- el cambio. tre. Si lo que quieres es coger la azul, puedes hacerlo -¿Dos o tres? sin necesidad de ir hasta el centro. Basta con que cojas el cambio con la línea naranja, que está a dos paradas -No sé. de aquí, y luego encontrarás la correspondencia con la -¿Dos o tres? azul a tres paradas. En dirección al puerto, eso sí. -No sé. Toma un mapa. -Ya, claro, sí. Muchas gracias. A. contempló un entramado de líneas, colores, -En dirección al puerto, eso es. números y letras. Líneas de autobús entremezclándose -Bien, gracias. con vías de tren y túneles de metro que se confunden A. tomó de nuevo el metro, consiguiendo un hueco con los raíles del tranvía, línea blanca intermitente entre un carro de la compra y un cochecito con niño sobre otra negra cruzada por un continuo de puntos gritando. Se apeó tras dos paradas y tomó un estre- rojos interrumpidos por otros de color verde oscuro cho y largo pasillo que conectaba la línea negra con la que se disuelven en tonos más claros al acercarse a la naranja. ¿O era la blanca? Un turco tocaba Somewe- palabra catedral, la parte central del mapa, estallido here Over the Rainbow con una violín desafinado. cromático de redes neoplasticistas del subsuelo metAnuncios de Converse a ambos lados del pasillo. ropolitano. ¿Esas zapatillas no se llamaban Victoria? El andén de -Vale, gracias. la línea negra abarrotado: turistas y un grupo escoA. recorrió de nuevo el pasillo oyendo Ziggy Starlar uniformado con pantalones cortos y faldas hasta dust tocada de forma estridente e indigna. En el andén la rodilla. de la línea negra, libre de escolares, prefirió no hacer -Disculpe, ¿estoy en el andén correcto para ir direc- preguntas y abrirse paso hacia el interior del primer ción al puerto? tren que se detuvo. Viejas putas con aliento fétido y currantes sudorosos la acompañaron y la empujaron. -¿Qué puerta? Descendió pronto, después de dos paradas, aunque -El puerto. puede que fueran tres. Indicaciones para cambiar ha-No sé. Esta es la dirección que va hacia la catedral. cia las líneas gris y 512 de bus, pero nada de color azul. -¿El puerto? –preguntó la maestra – Te equivocas, A., casi sin pensar, persiguió las flechas que indicaban la salida al exterior, iniciando una carrera en el andén chica. Eso será en la línea naranja. abriéndose paso entre ejecutivos imberbes y amas de -Pero, entonces, para coger la línea azul... casa mal folladas. -Pregúntaselo al agente de seguridad. -No lo sé, señorita. Yo sólo me ocupo de la seguridad. Pregúntele a los de información. A. recorrió otro pasillo escuchando Starman mal tocada por un chico feo con gafas de pasta. Un señor mayor que iba del brazo de su mujer le estornudó en la cara. En un nuevo andén, un chico pecoso y pelirrojo con el uniforme granate de información hizo que A. parpadeara. -Oye, perdona, ¿tú sabes cómo puedo llegar hasta la línea azul? -Bueno, hay varias posibilidades… -La más corta. -Tienes que tomar la línea negra... -La negra. 26 Preferiríanohacerlo Marzo 2011


Marzo 2011 PreferirĂ­anohacerlo27


Bestiario

Microrrelato

Albert Mesas David Roas Raúl Del Valle Tahíche Rodríguez

Marzo 2011 Preferiríanohacerlo29


The believer o un acto de fe Las religiones son un fenómeno sumamente curioso; millones de personas dedican toda su vida a un Ser Superior que jamás han visto y jamás verán. A un Ser que les dicta qué deben hacer, cómo lo deben hacer y cuándo lo deben hacer. Incluso, en nombre de este Ser todopoderoso, se justifican guerras, masacres y asesinatos. Parece claro que, dicho esto, es casi imposible no pensar que estos millones de fieles padecen algún tipo de enfermedad psicológica. Sin embargo, no es así. Yo no soy religioso, no creo en ningún Ser Superior, pero eso no me convierte en un nihilista. Tampoco soy un perturbado, pese a que los médicos se empeñen en decir lo contrario. Yo, sencillamente, escucho una vocecita que retumba dentro de mi cabeza y que me sugiere qué debo hacer, aunque no en cada momento. Por ejemplo, el haber secuestrado y torturado salvajemente a este hijo de la gran puta ha sido sólo cosa mía, el que acabe apretando el gatillo ya no.

M David Roas Locus amoenus

Para Miguel Ángel Zapata, que sabe de lluvias e inundaciones

La tarde es deliciosa. Tras un largo día de calor, una leve brisa refresca el ambiente. Sentado en un banco del parque, disfruto a solas y en silencio de un momento casi perfecto. El cuerpo de la niña se estrella a mi lado con su característico ruido de fruta madura. Miro hacia arriba. El segundo cuerpo –el de un niño esta vez- cae unos instantes más tarde, a pocos metros del banco. Después cae otro, y otro más. La tormenta ha empezado.

Sincronía Para Ángel Olgoso

Hace unas semanas mi espejo empezó a retrasar. Me había colocado ante él, como siempre, para afeitarme y tuve la impresión de que mi imagen no iba acompasada con mis movimientos. No me equivocaba: el espejo devolvía mis gestos con un ligerísimo atraso. Como era el único que había en casa pensé que iba a ser un engorro tener que afeitarme a ciegas, así que salí y compré otro que funcionase bien. Pero no he tirado el espejo rebelde. De vez en cuando siento la necesidad de sentarme ante él y comprobar si coincido, por fin, con mi reflejo. Pero eso nunca sucede. Y entonces cronometro cuánto tarda en aparecer mi imagen. Una imagen que viene del pasado (hoy el retraso es ya de una hora) y en la que me veo sentándome frente al espejo y mirándolo (mirándome) fijamente. El resto del espectáculo ya no me interesa: verme sentado ahí, inmóvil, durante muchos minutos resulta ridículo, y al mismo tiempo inquietante. Entonces me levanto y me miro en el otro espejo, donde todo está en sincronía. Y respiro feliz. Extraído de Distorsiones, de David Roas. Ed. Páginas de espuma

30 Preferiríanohacerlo Marzo 2011

M

Microrrelato

Albert Mesas


Microrrelato Raúl Del Valle En ningún sitio como en casa Estas cosas se hacen mejor en casa, piensa apoyado en la barandilla del puente, con la vista clavada en el asfalto de la autopista ocho o nueve metros más abajo, y sigue andando hacia la estación de RENFE. Hace mucho que no utiliza el tren como medio de transporte habitual, desde que se sacó el carnet de conducir y se acostumbró a ir a todos los sitios en coche, así que no puede evitar, camino de la estación, sentir sobre sus hombros el peso de la derrota. Suicidarse antes de los veinte es un acto heroico, hacerlo a partir de los treinta es pura cobardía, solía decirse a los diecisiete años, cuando vivir en un cuarto piso, una cierta ciclotimia y querer ser poeta le hacían pensar a menudo en la posibilidad de saltar por el balcón como forma de acabar de una vez y para siempre con cualquier tipo de problema. Así que, ahora que a los treinta y tres, sabiéndose un cobarde, le empiezan a venir mal dadas, se acuerda del cuarto piso en el que vivía con sus padres y se lamenta por los escasos dos metros y medio que separan la acera de la ventana del primero en el que vive ahora. No pasa nada, sabe que sólo es cuestión de valor e insistencia, de disciplinada perseverancia. Y como él nunca ha sido ni disciplinado ni perseverante ni se ha caracterizado por su valor, decide recurrir a ayudas externas a pesar de que hace mucho tiempo que dejó de tontear con las drogas. El gramo de cocaína le cuesta tres llamadas, la botella de whisky un viajecito al súper. Después se prepara la cena, nada especial, no quiere ceremonias solemnes. Por el mismo motivo descarta el ritual de redactar una nota explicando las razones que le han llevado frente a la ventana abierta. La ventana da a un callejón poco transitado incluso durante el día, pero él, amparándose en una falsa prudencia, espera, al abrigo del alcohol y la farlopa, hasta bien entrada la madrugada. En realidad le hubiera gustado empezar algo antes, pero ha necesitado medio gramo y media botella para reunir el valor necesario. Sabe que no lo va a conseguir al primer intento, así que divide el medio que le queda en seis generosas rayas para reponer fuerzas entre salto y salto y deja el whisky abierto por si alguno de los golpes le lastima la mano dificultándole el gesto de desenroscar el tapón.

M Marzo 2011 Preferiríanohacerlo31


Las cosas claras Las religiones son un fenómeno sumamente curioso; millones de personas dedican toda su vida a un Ser Superior que jamás han visto y jamás verán. A un Ser que les dicta qué deben hacer, cómo lo deben hacer y cuándo lo deben hacer. Incluso, en nombre de este Ser todopoderoso, se justifican guerras, masacres y asesinatos. Parece claro que, dicho esto, es casi imposible no pensar que estos millones de fieles padecen algún tipo de enfermedad psicológica. Sin embargo, no es así. Yo no soy religioso, no creo en ningún Ser Superior, pero eso no me convierte en un nihilista. Tampoco soy un perturbado, pese a que los médicos se empeñen en decir lo contrario. Yo, sencillamente, escucho una vocecita que retumba dentro de mi cabeza y que me sugiere qué debo hacer, aunque no en cada momento. Por ejemplo, el haber secuestrado y torturado salvajemente a este hijo de la gran puta ha sido sólo cosa mía, el que acabe apretando el gatillo ya no.

32 Preferiríanohacerlo Marzo 2011

Microrrelato

Tahíche Rodríguez


Microrrelato

La esquinita de la calle Escher Deambulaba intranquilo, intentando disimular, alejándose lo más rápidamente posible de su barrio, su calle, su casa. De pronto: aquella risa jovial. Jamás olvidaría aquella forma de reír que tanto había llegado a odiar, así que cuando la reconoció de espaldas junto a la cabina no tuvo tiempo de pensárselo dos veces. Se dirigió corriendo hasta ella y la agarró por el hombro, le dio la vuelta violentamente y sus miradas se encontraron. Se reconocieron sin dificultad y quedaron paralizados: ella tenía diecisiete años, él treinta y dos. Ella pensó: “no puede ser, ¡pero si vamos juntos al instituto!”. Él pensó: “¡pero si acabo de estrangularte hace apenas una hora!”. Ambos sonrieron con cierta lascivia: es lo que tienen las feromonas y las segundas oportunidades no merecidas.

Amores de infancia Borjita dice que él no significa nada para mí. Me lo susurró anoche, con ese gruñidito sordo que le pesa en la voz. Piensa que no le entiendo, que no sé leer sus ojitos negros y apagados, esos ojitos que me auscultan desde la ventana mientras me creen dormida plácidamente. Le regalo el placer del observador silencioso sin que él lo sepa, como dejo también que haga desaparecer los animales de la granja de mi padre. Y no le digo nada. Piensa que no me doy cuenta, qué lindo. Luego se me presenta con la boquita toda manchada de sangre, siempre de noche para que no lo descubra. Pero yo me hago la tonta, y sé que el sonríe, sé que me enseña los dientes cuando me vuelvo sobre las sábanas. Me tiene loquita. ¡Cómo puede decir que no significa nada para mí, y que por eso ya no se refleja en los espejos! ¡Qué lindo!

Sucesos domésticos Desayuné con prisas y dejé el piso bien temprano. Estaría fuera una semana, así que mientras sorbía el café con leche, escribí “Bébeme” en una servilleta y la coloqué bajo una de las esquinas del tetra brik. Mi compañera de piso la vería nada más levantarse. Por eso me extrañó que el paquete de leche siguiera allí a mi regreso, aún a medio acabar; también la servilleta, en el suelo, pero de mi compañera ni rastro. Tras unos días de anhelada tranquilidad he comenzado a preocuparme por su ausencia. Aún más desde esta mañana, cuando he encontrado en un rincón de la despensa una diminuta puerta de menos de un palmo de altura, y junto a ella estos restos de tela. No consigo alejar de mi cabeza una idea pavorosa: los restos son una réplica en miniatura del pijama de Alicia. ¿Pero qué demonios hará desnuda por ahí con lo peligroso que está el barrio?

M

Marzo 2011 Preferiríanohacerlo33


Tubo de ensayo

Crítica

Ollin Rafael Maria Fortuny Laura Carreras Albert Mesas David Díaz Anaïs Egea Albero

Marzo 2011 Preferiríanohacerlo35


Ollin Rafael

El Laberinto Los extravíos de la razón “Nosotros (la indivisa divinidad que opera en nosotros) hemos soñado el mundo. Lo hemos soñado resistente, misterioso, visible, ubicuo en el espacio y firme en el tiempo; pero hemos consentido en su arquitectura tenues y eternos intersticios de sinrazón para saber que es falso” J.L. Borges En el Laberinto “cualquier lugar es otro lugar”. Es de la razón, se nos ha mostrado que la única verdad la expresión más inmediata de la paradoja, la repre- inmutable es la existencia del enigma. sentación lógica del enigma (Sorensen) y por eso, a veces, nos cuesta tanto trabajo pensarlo, es la lógica “Paradoja = lo que socava la legitimación del ortofuera de la lógica y nosotros aún dentro de los limites doxo.” H. von Forester de la razón moderna somos, casi, incapaces de comprenderlo. “Veintiséis tentativas precedieron la génesis actual y todas estuvieron destinadas al fracaso. El mundo del hombre ha salido del seno caótico de estos detritus anteriores, pero no tiene un certificado de garantía: también está expuesto al riesgo de fracasar y de retornar a la nada. “Esperemos que funcione”, exclamó Dios al crear el mundo, y esa esperanza –que ha acompañado toda la historia ulterior del mundo y de la humanidad- ha subrayado desde el inicio de qué manera esta historia está signada por la marca de la incertidumbre” (Ilya Prigogine- Isabella Stengers). Así, la modernidad engendra el demonio de la indeterminación del mundo. La propia “postmodernidad”, “la era del vacío”, “la hermenéutica de la razón”, es la época del laberinto, en la que la construcción sólida de la razón se debilita para dar paso a la ficción de la realidad. El laberinto es la paradoja de un mundo en el que hemos pretendido resolver el enigma por medio de la interpretación cartesiana y en el que, por medio 36 Preferiríanohacerlo Marzo 2011

En lo moderno es imprescindible el orden y lo real bajo el dominio de la objetividad de la razón, de sus presuposiciones lógicas y causales, de las fuerzas cohesionadoras de la identidad y de su condición de límite (Bravo). En la postmodernidad, es el cuestionamiento de esa verdad objetiva la demostración de los límites de la razón y una apertura a la infinitud de horizontes de lo que es imprescindible. La objetividad, como dice Heinz von Forester, es la ilusión de que las observaciones se pueden hacer sin un observador. El surgimiento de la teoría de la relatividad y de la mecánica cuántica, que en primer lugar acepta la observación como una acción creativa, articula el surgimiento de nuevos mundos en donde la verdad no es sino una interpretación o, como diría Borges, en donde “el escritor es un producto de su tiempo, pero el tiempo es un producto del escritor”. La antinomia, la paradoja, el carácter “insoluble” de determinados problemas se desplaza, como explica Mauro Ceruti,


de la periferia al centro y de los confines a las matrices donde se producen nuevos universos de discurso. “Verdad = el invento de un mentiroso.” H. von Forester Constantemente se ha visto en la postmodernidad el lugar del extravío de la razón; nada más lejos de la realidad. Es un momento de complicación terminológica, sin duda, pero también de asunción de responsabilidad frente a aquello que nos rodea, es el tiempo de la conciencia crítica y la libertad. Como von Forester lúcidamente señala, “si renuncio a la representación de una realidad independiente de mí, sólo entonces alcanzo la responsabilidad total por mis acciones, y con ello también la total libertad”. La libertad como carácter ominoso y perturbador del orden, en donde la servitud y la repetición de lo identitario se revelan como estrategias de cohesión. La incertidumbre de la postmodernidad no es la medida de nuestra ignorancia, es el resultado de la refinación de la observación sobre el mundo, “de un afinamiento del conocimiento de las leyes de la naturaleza y de la naturaleza de las leyes” (Ceruti).

“Realidad = una muleta cómoda pero superflua que nace a través del diálogo cuando la forma aparente (denotativa) del lenguaje es cambiada por su función (connotativa).” H. von Forester La paradoja, dice Víctor Bravo, al refutar la presuposición lógica de lo real funda otra representación de lo real “imposible” desde la normalidad lógica. Imposibilidad que sin embargo se realiza, es la paradoja y es el más extremo modo de la crítica a lo real y del vértigo del sentido.

C

“Observador = el que crea un universo, el que hace una distinción” H. von Forester En la narrativa, el juego como hilo conductor de la explicación ontológica, que diría Gadamer, es destructor del orden por medio de combinaciones, desplazamientos, repeticiones, inversiones y rupturas; es una crítica de lo real en donde se prefiguran y de la que emergen nuevos mundos. Se trata de un juego con convenciones tácitas en donde violarlas parcial o totalmente es una de las grandes alegrías (una de las numerosas obligaciones), cuyos límites se desconocen (Borges). La paradoja, principio lógico fundamental de la representación de otros mundos, y el laberinto, representación metafórica del enigma, perturban la razón. El laberinto configurado como espiral, la huida eterna hacia el interior, la recursividad, el regressus ad infinitum, la mîse en abyme destruye el orden y lo real; la causalidad, su elemento aglutinador, es puesta en crisis por el giro hermenéutico o lingüístico. El laberinto en la concepción postmoderna pierde el centro y, mediante sus múltiples senderos, descubre mundos. No hay solución al enigma. Marzo 2011 Preferiríanohacerlo37


38 PreferirĂ­anohacerlo Marzo 2011


Maria Fortuny

El laberinto de Creta Minos, rey de Creta, fue castigado por Poseidón cuando rompió su promesa de sacrificar el toro que éste le entregara: cautivado por la belleza del animal, Minos lo escondió entre su rebaño y ofreció otro toro en su lugar. La ira del dios frente a semejante traición no tardó en traer consecuencias pues Poseidón consiguió que la esposa del rey, Pasífae, se enamorara sin control del animal. La reina consiguió consumar su amor con la ayuda del ingeniero de palacio, el artífice ateniense desterrado en Creta, Dédalo, quien ideó una estructura de madera en forma de vaca cubierta de cuero para engañar al toro y satisfacer la pasión de la reina. Fruto de esta unión amorosa, nació Asterión, un ser mitad hombre y mitad toro. Entonces, para ocultar la traición de su mujer, Minos ordenó a Dédalo que construyera un recinto intrincado para encerrar a la criatura que su mujer había parido y éste hizo un edificio que hacía equivocarse, pues con intrincadas revueltas la salida permanecía secreta y nadie que entraba en él conseguía salir: Dédalo construyó el Laberinto de Creta para mantener oculto al monstruo.

podía salir. Hay quien dice que consiguió salir de la prisión pero que no podía escapar de Creta ya que Minos controlaba todas las salidas de la isla por mar, entonces el inventor fabricó unas alas con plumas y cera para él y para su hijo Ícaro y poder escapar así volando. Advirtió a Ícaro sobre lo peligroso que resultaría volar demasiado alto, pero éste, movido por el ansía de acercarse al sol, desobedeció las órdenes de su padre y los gritos que le suplicaban que volviera, subió más y más hasta que el calor del astro rey derritió la cera de sus alas condenándolo irremediablemente a caer al mar.

Cuenta la leyenda más famosa sobre el Laberinto que el rey Minos exigía un tributo de jóvenes vírgenes a la ciudad de Atenas cada año para alimentar al monstruo; las víctimas entraban en el Laberinto y eran devoradas por el Minotauro. Un año, pero, la hija del rey Minos, Ariadna, se enamoró de un joven ateniense al que estaba dispuesta a salvar de las garras de su hermanastro y a quien prestó su ayuda para que acabara con él y pudiera, después, encontrar la salida de entre Dédalo era un arquitecto cretense que fue dester- los pasadizos rebuscados del Laberinto. Ariadna le enrado a Creta. Fue castigado por Minos por haber ayu- tregó el extremo de un ovillo de lana a Teseo, héroe atdado a su esposa a satisfacer su deseo fatal y fue en- eniense, que debía atar a la entrada del laberinto para cerrado en su propio Laberinto, del que ni él mismo poder más tarde deshacer el camino. Una vez muerto Marzo 2011 Preferiríanohacerlo39


el Minotauro, Teseo se reunió con Ariadna, quien dejó atrás a su familia y a su tierra para emprender rumbo a Atenas y contraer matrimonio con el joven, pero el príncipe griego la abandonó durante el viaje en una isla de la que fue rescatada por Dionisio quien la tomó en matrimonio.

Creta durante la celebración de los festivales de la ciudad, los efebos y las doncellas imitaban el recorrido de las perdices en forma de danza erótica guiándose por los trazos del dibujo del suelo, que era un dibujo circular que los hacía girar y los llevaba hasta un centro del que debían ser capaces de alejarse. Esta danza formaba parte del rito de paso que debían superar los jóvenes cretenses.

Sin embargo los cretenses se niegan a admitir esta versión del mito y cuentan que el Laberinto era un recinto en el cual permanecían los jóvenes y las doncelEste laberinto, de forma circular por el que bailaban las atenienses preparados para participar en los jue- los jóvenes, es el que se ha encontrado representado gos fúnebres en honor a Androgeo, (difunto hijo de en las monedas de época minoica en el interior del Minos y Pasífae); algunos jóvenes eren sacrificados palacio de Cnosos. en su tumba y otros eran entregados como esclavos a los vencedores de los juegos. Se dice que cada año, todos los premios los ganaba el cruel Tauro, un general del rey Minos de quien se dice que tuvo un romance con la reina Pasífae. Minos, para castigar el arrogante comportamiento de Tauro y vengar el adulterio de su mujer, accedió a la petición de uno de los jóvenes atenienses, el héroe Teseo, de darle muerte con sus propias manos. Ariadna, abrumada por la actuación del joven ateniense se enamoró de él y suplicó a su padre que liberara a Atenas del yugo minoico. Minos accedió y Teseo se casó con Ariadna.

C

Ambas versiones son acontecimientos que tienen que ver con el bolynthos, -palabra cretense que sirve para designar el toro bravo-, pues el emblema del palacio de Cnosos, gobernado por Minos, era un toro celeste y debemos recordar que el nombre con el que era conocido el Minotauro, Asterión, deriva de la palabra griega astēr, que significa estrella. Otro elemento clave para la formación de la historia puede encontrarse en la misma procedencia de la palabra laberinto ya que el palacio de Cnosos también era conocido como la casa de la doble hacha (labrys) y se dice que era un complejo de habitaciones y pasadizos entre los cuales los invasores extranjeros tuvieron dificultades para capturar al rey y matarlo cuando tomaron la ciudad. Actualmente la mayoría de los estudiosos coinciden en afirmar que no existe más laberinto que el propio palacio del rey Minos, pero también se dijo que el laberinto era un dibujo que se encontraba en el suelo del jardín del palacio de Cnosos y que representaba los arbustos por entre los cuales renqueaban las perdices hasta encontrarse con un macho con el que copular, cosa que no sucedía nunca ya que los pasos erráticos de estas aves eran aprovechados por los cazadores para darles muerte una vez llegaban al centro. Así, en 40 Preferiríanohacerlo Marzo 2011


Laura Carreras

El laberinto invertido: la cárcel de minos La versión clásica más conocida del mito de Teseo y el Minotauro explica que Teseo se presentó voluntario de entre los jóvenes atenienses que cada nueve años se daban como tributo al rey Minos para alimentar al feroz Minotauro, el cual vivía encerrado dentro del laberinto construido por Dédalo. Teseo desembarcó en Cnosos con el objetivo de matar al monstruo y liberar a Atenas del deber que tenía que cumplir para con Creta. Ariadna, la hija del rey Minos, se enamoró de Teseo y le ayudó a escapar del laberinto con la ayuda de un hilo que Teseo debía ir dejando atrás a medida que se adentraba en la prisión del monstruo, construida en forma de caracol y con una única salida. Una vez muerto el Minotauro, Teseo salió del laberinto victorioso y todo el mundo lo elogió y cantó sus gestas.

la gloria de Atenas sino por su propia gloria. Teseo, pues, es el antihéroe moderno, aquél que no quiere saber de filosofías ni de palabras, aquél que sólo busca el beneficio propio.

Cortázar dibuja las personalidades de Teseo y el rey Minos como personajes que sólo quieren respetar el orden que ellos mismo han impuesto, y que son símbolo de los regímenes fascistas que atormentaron Europa durante la década de los 40, momento en el que el autor escribió la obra. El Minotauro se convierte, aquí, en la única víctima del mito. El Minotauro es el poeta, el hombre libre, el hombre diferente al que el sistema (Minos) teme y por eso lo encierra, lo mete dentro del laberinto para que no moleste. Y se inventa una imagen de él, mostrándolo al pueblo como una bestia feroz que mata y devora a sus víctimas. Y “TeJulio Cortázar (1914-1984) en cambio, nos cuenta seo es el gángster del rey, que va a Cnosos a matar al una versión completamente distinta en un texto dram- poeta pero que, cuando se llega a la última escena del ático titulado Los Reyes. Si bien todas las versiones poema y se conoce el secreto del Minotauro, éste es clásicas del mito coinciden en presentar a Teseo como en verdad un ser inocente que vive con sus rehenes y un héroe liberador de un pueblo ateniense oprimido que juega y danza con ellos, y ellos son felices de vivir por la figura de Minos y por el Minotauro, Cortázar con él”.1 nos presenta a Teseo como un guerrero despiadado, Y es que el Minotauro sólo quiere vivir y dejar viun defensor del orden que lo único que quiere es hac- vir y su único pecado ha sido el de haber nacido diserle el juego al rey Minos, por lo que se convierte en Fragmento extraído de una entrevista a Julio Cortázar una especie de sicario que mata al Minotauro no por 1 (1977).

Marzo 2011 Preferiríanohacerlo41


tinto al resto, y por este motivo Minos lo encierra en el laberinto, porque el hecho de tenerlo encerrado le da poder para tener atemorizados a su propio pueblo y al ateniense, porque por la noche llegan los gritos del monstruo al Egeo y así la leyenda cada vez es más temible. Pero Minos sospecha que el Minotauro nunca ha matado a ninguna de sus víctimas y tiene el miedo secreto de que éste esté intentando crear una nueva especie que algún día se le volverá en su contra; y es por este motivo que espera a Teseo, porque necesita huir de este miedo. Se trata de una contradicción: quiere asegurar su poder manteniendo vivo al Minotauro pero, a la vez, necesita que alguien mate al Minotauro porque quiere huir de la cárcel en la que el mismo se ha encerrado.

animal cuando me miras. A solas soy un ser de armonioso trazado; si me decidiera a negarte mi muerte, libraríamos una extraña batalla, tú contra el monstruo, yo mirándote combatir con una imagen que no reconozco mía.”2 >>

C

El Minotauro aparece aquí como un ser humanizado, lejos de la bestia temible que nos presenta la tradición clásica, como un adolescente asustado que trata de entender por qué lo han encerrado. Pero sólo Ariadna conoce la verdad. Sólo ella entiende que su figura de bestia esconde un ser apacible y que quién lo ha convertido en un monstruo ha sido Minos. Y Ariadna parece no importar ni a Teseo ni a su propio padre, ya que ambos se la disputan como si fuera un trofeo a ganar. Porque ella no importa, ella es una mujer y las mujeres, según Minos, no saben mirar porque, cuando miran, sólo ven sus sueños. Y precisamente son los sueños de Minos los que han convertido al Minotauro en una bestia. Pero aunque Ariadna sea consciente de la atrocidad que ha cometido su padre, el desenlace del mito se debe cumplir a la manera clásica y Ariadna dará el hilo guía a Teseo. Pero, esta vez, se lo dará con la esperanza de que sea el Minotauro quién dé muerte a Teseo y, de este modo, sea el monstruo quien escape victorioso del laberinto. Ariadna le pide a Teseo que cuando esté delante del Minotauro, le diga que ha sido ella quien le ha dado el hilo, para que el monstruo entienda que ella le está esperando fuera de los muros del laberinto. Pero el Minotauro piensa que Ariadna está enamorada de Teseo y, perdida ya toda esperanza de poder ser libre, decide dejarse matar: ofrece su cuello a la espada de Teseo y no ofrece ninguna resistencia ante la muerte. Finalmente Minos ha conseguido su propósito: el Minotauro ha quedado anulado, consumido por las paredes que lo oprimían y lo separaban de la realidad: dentro del laberinto él es un hombre, dentro del laberinto abandona la forma de bestia que lo encerró dentro de la cárcel; y no puede imaginar su vida sin las paredes que lo encarcelan.

2 <<MINOTAURO: “Sólo vuelvo a la doble condición 68.

42 Preferiríanohacerlo Marzo 2011

Julio Cortázar, Los reyes, Alfaguara, México, 1993, p.


Albert Mesas

Un mero trámite administrativo “Un laberinto es una casa labrada para confundir a los hombres; su arquitectura, pródiga en simetrías, está subordinada a ese fin” J.L. Borges, El inmortal Hablar hoy en día de laberintos es, de una manera casi literal, adentrarse en uno de ellos. Tomando como referencia el modelo arquitectónico clásico del laberinto mitológico del Minotauro, en nuestra época, cualquier cosa que nos rodea puede adquirir una forma pareja; los planos del metro, las indicaciones que nos da un buen samaritano cuando nos hallamos perdidos, el macabro trámite que debes padecer si quieres solucionar cierto problema con la compañía telefónica, el papeleo de matriculación universitaria, y así un largo etcétera, tanto como los infinitos pasillos de un laberinto.

mosos Astérix y Obélix, en 1976 dibujaron una de las mejores aventuras de estos singulares galos: Las doce pruebas de Astérix. Es evidente que la inspiración, como volviendo una vez más al punto de partida, surge de las doce pruebas que Hércules tuvo que superar para ser reconocido como un dios. En esta ocasión es el mismísimo emperador Julio César quien reta al indomable pueblo galo a lograr tal hazaña: “si las superáis sois dioses, y contra los dioses no se puede luchar. Sino, someteros a la ley de Roma”. Como es de esperar, el desenlace es uno de esos que se consideran “felices”. Sin embargo, por el camino hay una prueba que merece ser subrayada: la prueba VIII; obtener la forma A-38, un mero trámite administrativo. El edificio en donde se desarrolla la acción es más conocido como “La casa que enloquece”. Naturalmente, los héroes, Astérix y Obélix, terminan alcanzando la dichosa forma A-38, pero antes, y por única vez, se plantean en serio la posibilidad de rendirse. Y es que aquí, para sortear los obstáculos, de nada servirá la fuerza desmesurada de Obélix, ni tampoco la pócima mágica de Panoramix, y, por momentos, ni siquiera la astucia de Astérix parece ser el remedio.

También la mente humana, es decir, la ciencia pura, es un endiablado camino de confusiones y contradicciones, aún aspirando ésta a ser fuente irrefutable de conocimiento y saber. La propia cadena de ADN, con su forma entrecruzada, parece esbozar una laberíntica metáfora que nos advierte del riesgo que supone seguir por estos derroteros. Y qué decir de la literatura entonces; palabras enlazadas que nos transportan a mundos, más o menos, cercanos, mundos reales pero camuflados bajo el término ficción; vocablo que, para muchos, es justificación suficiente para decir que la literatura son fantasías sin repercusiones explícitas en La casa que enloquece cumple, en gran medida, la la vida cotidiana. forma básica de un laberinto; el plano del edificio se René Goscinny y Albert Uderzo, padres de los fa- ubica en la sexta planta, las ventanillas no son conMarzo 2011 Preferiríanohacerlo43


Franz Kafka, ya intuyó un mundo parejo al de Goscinny y Uderzo, o al nuestro. En su novela El Castillo (1922), K es contratado por el señor del castillo para desempeñar unas tareas de agrimensor. No obstante, al llegar al pueblo nadie tiene notica alguna de su presencia ahí, pero aún con eso, al pobre K se le designan, ¿Curioso? No tanto. Como decía, sólo se precisa por órdenes expresas del castillo, a unos ayudantes inechar un vistazo al mundo que nos envuelve para eptos, así como un cheque con los honorarios por la darnos cuenta que esa casa de locos tan surrealista y buena faena realizada. En El Proceso (1925), Josef K es arrestado por fantasiosa es, justamente, nuestro pan de cada día; la vida real; el laberinto cotidiano. ¿Quién no se ha visto causas que desconoce y que jamás llegará a conocer. inmerso en la psicotrópica situación de dar de baja De este modo, observamos como se traza una línea, una línea de móvil, o de intentar resolver un cobro o varias, de unión entre todas estas historias; imposibilidad de llegar a la figura de autoridad, incluso de erróneo con cualquier compañía del agua, luz o gas? A todos nos son horrorosamente familiares las tel- acceder a la justicia, escenarios laberínticos que desoeoperadoras recitando “todas nuestras líneas están rientan aunque su misión sea la de orientar, desesperocupadas, espere por favor, en breves instantes le at- ación por parte del sujeto que padece la acción, etc. Y enderemos”, o “ lo siento, esto es atención al cliente, lo más aterrador es que las únicas respuestas que se aquí no podemos ayudarle, en todo caso debe llamar obtienen son por parte del escalón más bajo de la pial servicio técnico, tome nota...” Servicio técnico que, rámide de poder y, por supuesto, éstas son tan oscuras cuando al fin lo encuentras, resulta que sólo trabaja como nulas. secutivas, se precisan mil formularios previos para obtener el deseado, y como no, los empleados desprenden una incompetencia inimaginable. Aunque lo más desesperante y desalentador es la ausencia de una supuesta figura visible de autoridad; nadie sabe quién está realmente al mando.

de diez a dos del medio día, y claro, tú siempre llamas fuera de horarios.

Respuestas que nos dibujan una sonrisa altamente peligrosa dado que nos acerca, un poco más, a la locura, y para muestra un botón:

“- Cuando yo era pequeño (palabras del recepcionista de la Casa que enloquece, que es muy anciano, tanto como para estar jubilado por duplicado, y encima es sordo) recuerdo (lo que denota que está encerrado ahí dentro desde hace una vida) que estaba en el tercer piso, pasillo B, puerta 6 Ya están informados señores, creo que no hay razón para perder la calma (palabras de una dudosa figura de autoridad física, el Señor Perfecto)” Llegados aquí, se hace evidente que ni siquiera el hilo de Ariadna puede guiarnos de regreso a casa; los laberintos modernos son diseñados al milímetro por el poder, con la meta de tenernos entretenidos un buen rato mientras ellos se jactan de nuestros esfuerzos infructuosos con toda la permisividad de la ley y la justicia. Ahora, ya no son necesarias aquellas cámaras oblicuas y abruptas de antaño, o los corredores oscuros e infinitos. No. Ahora, nuestro propio hogar puede transformarse en la peor de las encrucijadas, absolutamente insalvable. A los de arriba del castillo sólo les bastan nuestras ansias de conocimientos, nuestro anhelo de hallar respuestas, o más fácil todavía, únicamente requieren un problema sin fundamentos que nos perturbe lo suficiente, y así es cómo se alimenta su Gran Circo. Nada más. Así pues, nuestros laberintos han (des)evoluciona44 Preferiríanohacerlo Marzo 2011


do de tal manera que son capaces de retroalimentarse, incluso se puede decir que son circulares o cíclicos; no hay salida ni escapatoria; siempre regresamos al punto de origen; ya no hay juego. Al menos, si tenemos que asumir tal desdicha, personalmente prefiero aceptarla con una sonrisa en la boca –aunque no me lleve a la sabiduría-, enloquecer como los locos de la casa de Astérix –esos parecían disfrutar de su locura- , puesto que, como vengo diciendo, la esperanza utópica de contraatacar ya no es posible. Nosotros no somos dioses. Me alegra pensar que siempre nos quedará Astérix para evadirnos; los mundos kafkianos son demasiado conocidos: -Señorita, ¿es aquí dónde se consigue la forma A-39, tal y como estipula la nueva circular D-65? -¿Qué circular?

C

Marzo 2011 Preferiríanohacerlo45


David Díaz

La fatalidad de la acción o el laberinto contemporáneo

Teseo, ante la imponente entrada del Laberinto de Minos, del cuál nadie había conseguido salir, construido por Dédalo para encerrar a la bestia mitad hombre mitad toro, supo que se encontraba ante su destino. Más allá incluso de que llevara escondida la bovina de hilo que Ariadna, hija del Rey de Creta, le había dado para que no se perdiera en la infinitud de pasadizos que albergaba el laberinto. La bovina de hilo, si algún objetivo tenía, no era más que el de salir. Poder gozar de la victoria que le propicia su destino.

radas delatoras-, el hilo no le enseña ningún camino más que la vuelta; y se pierde como tantos otros antes que él se perdieron por los intrincados pasillos del laberinto. Nada, absolutamente nada, diferencia a Teseo del resto de personas que han sido devoradas por el Minotauro, su estar-en-el-laberinto es en todo idéntico al estar-en-el-laberinto de cualquier otro, pero Teseo no ha entrado en el laberinto para ser devorado y apaciguar así a la fiera. La liturgia es otra, su convicción es otra, el héroe no es héroe por accidente y no se encuentra voluntariamente ante la entrada del laberinto para mantener la tradición. Nadie va queriendo a ningún sitio para ser devorado.

El laberinto para el héroe cobra un sentido épico. Todos los que antes habían cruzado esa entrada majestuosa ante la que Teseo se encuentra sabían que su final era ser sacrificados para amansar la ira de una fiera que sólo se mantiene en su guarida si cada solsticio recibe el sacrificio de siete jóvenes que lo alimenten. Teseo deja su palacio en Atenas y se embarca con dirección a Creta con un propósito claro: matar al Minotauro. Cruza de la misma manera la entrada del laberinto como tantos otros desgraciados lo han hecho antes que él. Y pese a atar un cabo de la bovina a un saliente de una piedra a pocos metros de haber cruzado la puerta -ya totalmente a cubierto de mi-

El laberinto heroico se define por el hilo que lo conduce. Teseo se encuentra rodeado de perdición, caos y sinsentido, como todos se encontraron. Pero Teseo posee un hilo que lo mantiene en su existencia. El hilo es su narración heroica, su pasado desplegándose en su voluntad, el hilo es Teseo naciendo, siendo príncipe de Atenas, montándose en barco rumbo a Creta con la firme intención de acabar con el yugo cretense que atenaza al reino de su padre. El hilo pues no muestra el camino a seguir pero sí que es el motor de los pasos de Teseo. No sabe dónde ir, como nadie antes lo ha sabido; no sabe hacia dónde dirigirse, como nadie antes lo ha sabido; no sabe dónde se encuentra el

1. ANTE EL LABERINTO. LA ACCIÓN.

46 Preferiríanohacerlo Marzo 2011


Minotauro, como nadie antes lo ha sabido. El único vestigio humano que Teseo encuentra es precisamente la falta del mismo. El único vestigio es ese hilo que afirma al héroe en su condición de héroe alimentándole la voluntad épica. El único rastro humano ante la inmensidad caótica e irracional del laberinto, capaz de engullirse incluso al propio tiempo, es el rastro del que busca un rastro. Teseo va en busca del Minotauro para matarlo, y lo matará cuando se lo encuentre y donde se lo encuentre. El hilo es una línea recta capaz de allanar el más escarpado de los caminos, el análisis es un juego, el pensamiento no tiene cabida. La afirmación del propio ser en el acto es el momento heroico por antonomasia. Es sin duda la conjunción de los dioses y sus designios, no cabe la duda en el pecho henchido de Teseo, camina con paso firme, cauteloso pero firme, tocando con una mano la daga que lleva escondida y agarrando fuertemente la bovina de hilo que lo sacará de allí cuando todo haya acabado, porque Teseo está allí para enfrentarse con su destino y salir victorioso. El hilo obvia lo tortuoso del camino, obvia la distancia, obvia incluso hasta el tiempo; el laberinto engulle al tiempo y hace desconcertar al paseante con los “por aquí ya he pasado antes”; “esto es igual que lo que hice”; “más allá veo lo mismo que aquí”. El hilo impone su línea recta conformizante y lo relega todo a una simplicidad avasalladora: Nos dirigimos del punto A, al punto B. El sujeto heroico no percibe tan siquiera que al haber torcido hacia la derecha en aquél recodo no ha pisado en la única baldosa que no estaba suelta, no ha tropezado y no ha caído por el abismo. No repara en los detalles, porque tener la muerte cerca y sobrepasarla sin darse cuenta está a la misma distancia que no morir nunca, distancia que se mide con el hilo del pasado que reafirma en cada momento el quién soy yo y el para qué he venido aquí. La rectitud moral, epistemológica o geométrica es exactamente esto: una reducción al máximo exponente de la simplicidad. En el acto puro no ha lugar, bajo ninguna circunstancia, el pensamiento. En esa ecuación rectilínea el pensamiento se advierte como duda, como aparición del “¿y si?” que perturba. Si para el cumplimiento de la voluntad heroica es totalmente indiferente si torcer a la derecha o a la izquierda en la siguiente bifurcación, a qué viene preguntarse, una vez tomado el camino de la derecha, “¿si hubiera ido por la izquierda, habría llegado antes?”, o preguntárselo antes de tomar el camino o mientras se toma el camino A efectos prácticos el resultado es el mismo si nunca dudamos. El “¿y si?” perturba el recto destino al añadir un variable más a nuestra ecuación ultra-simplista y 2+2 nunca volverán a ser 4.

2. DESDE EL LABERINTO. LA POSIBILIDAD. “Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad”. Así recibe Asterión al visitante, pero Borges ya sabe que nadie visita La Casa de Asterión1. Se trata más bien de una advertencia: nuestro momento, el del individuo, es un encontrarse ya estando en la casa de Asterión: “Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar”. Para entender la existencia contemporánea el laberinto de Teseo nos da pistas pero también nos distrae. Nuestra existencia se parece más al habitante del laberinto que no a la del visitante, de todas formas estamos muy lejos de la univocidad epistemológica del Minotauro y su entorno. Pongamos por caso que lanzamos una pluma, estando de pie, en una habitación cerrada; cae irremisiblemente al suelo. Repetimos la acción una segunda, una tercera y una cuarta vez. La única conclusión que podemos sacar se nos antoja a todas luces un tanto parca, inútil y se resuelve en lo obvio: como no podemos concluir dónde exactamente caerá la pluma, pues ninguna de las veces ha caído en el mismo sitio, concluiremos que la pluma cae, y como mucho, en el caso concreto que nos atañe podremos afirmar que la pluma cae en esta habitación y no en otra. Nuestro conocimiento al respecto no aumentará ni repitiendo la misma acción infinitas veces ni variando las condiciones del experimento para reducir la entropía. A lo sumo nos servirá para hacer más fuerte la convicción de que nada ocurre nunca de la misma forma. Nos negamos así a la univocidad epistemólogica de Asterión porque sencillamente no la consideramos ni tan siquiera opción: Asterión es el laberinto. En nuestro ejemplo de la pluma: Asterión es la habitación. La comunicabilidad es accesoria en ese caso: El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos. El laberinto, como agente posibilitador, “actúa”, si se nos permite este término, como tabula rasa absoluta y trascendental. Desde la posibilidad, el hecho de que la pluma caiga o no caiga en el mismo sitio es meramente conjetural. La posibilidad posibilita, no Marzo 2011 Preferiríanohacerlo47


decide. La toma de decisión es comunicable, Asterión reduce al ridículo del insulto incluso la capacidad lectora y la añora como divertimento. El mayor flujo de conocimiento de la Humanidad reducido a juego, a pasatiempo. El agente de la posibilidad, el actor que hace posible que la posibilidad sea, se encuentra en un margen aristocrático del conocimiento, ni por encima ni por debajo. Su nivel ontológico-epistemológico es 0. En él y gracias a él ocurren todas las cosas, incluso podría pasar que la pluma cayera infinidad de veces en le mismo sitio en el mismo tiempo o en tiempos diferentes “sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales”. Nada es imposible. Des-cartar; di-lucidar; descubrir; cualquiera de las acciones básicas que acotan (des-) para que florezca el conocimiento no tienen cabida, lo cual no quiere decir que estén prohibidas, ¡incluso los animales pueden entrar! Lo que ocurre es que desde el laberinto eso, conocer, no procede. La posibilidad toma forma de juegos infantiles, de imaginación desbocada, ese juego tan borgiano que alimenta el absurdo describiendo escenas en las que un muerto en una batalla aparezca “más tarde” en la narración discutiendo con su mujer, por ejemplo. Asterión se inventa su casa con catorce patios y aljibes y abrevaderos que son infinitos.

3. EN EL LABERINTO. EL SUJETO. El experimento mental consiste en imaginar a un gato metido dentro de una caja que también contiene un curioso y peligroso dispositivo. Este dispositivo está formado por una ampolla de vidrio que contiene un veneno muy volátil y por un martillo sujeto sobre la ampolla de forma que si cae sobre ella la rompe y se escapa el veneno con lo que el gato moriría. El martillo está conectado a un mecanismo detector de partículas alfa; si llega una partícula alfa el martillo cae rompiendo la ampolla con lo que el gato muere, por el contrario, si no llega no ocurre nada y el gato continua vivo. Cuando todo el dispositivo está preparado, se realiza el experimento. Al lado del detector se sitúa un átomo radiactivo con unas determinadas características: tiene un 50% de probabilidades de emitir una partícula alfa en una hora. Evidentemente, al cabo de una hora habrá ocurrido uno de los dos sucesos posibles: el átomo ha emitido una partícula alfa o no la ha emitido (la probabilidad de que ocurra una cosa o la otra es la misma). Como resultado de la interacción, en el interior de la caja, el gato está vivo o está muerto. Pero no podemos saberlo si no la abrimos para comprobarlo. Si lo que ocurre en el interior de la caja lo intentamos describir aplicando las leyes de la mecánica cuántica, llegamos a una conclusión muy extraña. El gato vendrá descrito por una función de onda extremadamente compleja resultado de la superposición de dos estados combinados al cincuenta por ciento: "gato vivo" y "gato muerto". Es decir, aplicando el formalismo cuántico, el gato estaría a la vez vivo y muerto; se trataría de dos estados indistinguibles. La nueva mitología nos ha despojado de Héroes. El frío 50% de posibilidades lo es todo. El gato puede estar vivo o muerto y de hecho está en un mismo momento vivo y muerto. El cuento borgiano que nos sirve de espejo -a nosotros, los hombres de hoy en día- elige al monstruo en vez de al héroe para acercarnos un paralelismo vital. No hay nadie que pueda reconocerse en el héroe clásico unidireccional y unívoco, su desarrollo temporal que parece de ida y vuelta nos aleja de él como figura ejemplificante. El hilo de Ariadna también tiene como lectura el pasado epifánico, ese pasado que vuelve, se manifiesta en el presente para afirmar la acción: Teseo mata al Minotauro porque es Teseo quien mata al Minotauro. La acción, por dura y tajante que parezca, se justifica en el devenir narrativo del ser héroe. Esta percepción choca frontalmente con el devenir cuántico del sujeto:

48 Preferiríanohacerlo Marzo 2011


todas las posibilidades de las cosas ya están ahí dándose y es la aparición en escena del sujeto comprensor lo que hace que cristalice una probabilidad en acto. Una de tantas, una cualquiera que podría haber sido otra pero es la que es. Un acto que entenderá el sujeto siempre a posteriori. Entenderá que lo que ha hecho, su aparecer en escena, es el mismo fruto de su desazón ontológica porque no verá una razón mayor o mejor para que haya ocurrido lo que ha ocurrido en vez de otra cosa. Las cosas ocurren siempre antes. Esa sensación de que el mundo es como el agua de una fuente escapándose por entre los dedos de las manos es nuestro laberinto. Las acciones se llevan acabo fatalmente, incluso las propias como en un estado narcoléptico de sin querer queriendo. En cuanto algo ocurre, su onda expansiva es tan grande, recorre en tal brevedad de tiempo tantos kilómetros, que al segundo de haber ocurrido, el primer asombrado que mira alrededor como buscando una complicidad que le ayude a comprender, o un atisbo de luz, o ese hilo de Teseo; es el mismo que ha provocado la acción. Y no es que no exista ese hilo, y no es que no sepamos distinguir el hilo, nadie en su sano juicio duda ni un momento en contestar con voz firme a la pregunta ¿quién soy yo? Pero es como si ese hilo pasara de lado, tangencialmente por nuestra vida. Su presencia es constante y su empuje también. El laberinto quiere ser solucionado y el centro está cada vez más cerca, cada día que pasa es mejor que el anterior. La Humanidad se mueve en esa inconmensurable fuerza y nosotros enarbolamos con orgullo esa bandera. Incluso podemos agarrarnos a la libertad más radical: si nuestros actos no nos pertenecen el campo de juego es prácticamente infinito, la posibilidad se abre ante nosotros con toda su energía volitiva engrasada y dispuesta y es entonces cuando podemos gritar aquello de “¡un automóvil es más bello que la Victoria de Samotracia!”; o “¡Muerte a la muerte!”; o incluso “¡Viva la Muerte!”

ma borgiano de “La Casa de Asterión” consiste sencillamente en cerrar el vértice representacional del triángulo narrativo: AB (la línea tangente de la acción épica que desgarra); BC (La Posibilidad, potencialmente eterna desgarrada por el acto); y AC (el sujeto lector, el único capaz de comprender la posición heroica, la quietud posibilitadora del Minotauro y el juego poético del instante en que ambas líneas se encuentran y chocan). La ruptura de la voluntad con la acción no ha hecho que las cosas dejen de ocurrir, pareciera más que ha hecho que ocurran a pesar nuestro. Nuestro laberinto, mezcla corrompida de aquél que presenció Teseo desde el inminente afuera y de aquél que habitó Asterión desde el omniposibilitador adentro parece conformarse como la última broma de Dédalo: el laberinto de construcción inversa, es decir, desde su centro hacia los extremos. El sujeto también tiene un hilo (no hay que menospreciar nunca la fuerza creadora del yo) pero es un hilo que, atado en un saliente a unos escasos metros del centro, obliga al sujeto a un perpetuo hacia adelante. El centro clásico era aquél focal donde irremisiblemente Teseo se iba a encontrar con el Minotauro. Los extremos del laberinto contemporáneo, siempre alejándose y en construcción, son fractales, siempre en repetición de sí mismos. El hilo del sujeto, y ése es su drama, nunca se recogerá sobre sus pasos.

C

Pero de nuevo la caída y la desazón. Nos atraviesan las coordenadas del aquí y del ahora y esos paraísos prometidos se convierten en paraísos artificiales porque, como hemos dicho, el devenir cuántico del sujeto nos depara una especie de actuación secundaria en este circo: ni somos la estrella, ni presentamos a la estrella, tan sólo levantamos el telón. Teseo por ser Teseo mató al Minotauro, y al final del cuento de Borges, le comenta sorprendido a su enamorada: -¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió. Tal es la fuerza fatalista del acto puro del héroe. Yo, en cambio, por ser Yo, no consigo que me toque la lotería; y sigo sin trabajo; y nuestro papel en el draMarzo 2011 Preferiríanohacerlo49


Por

n e c ho a

l e t us er

Masturbarse es hacer el amor con la persona a la que más quiere uno, decía Woody Allen. ¿Es el laberinto sólo una paja mental o la metáfora que articula la construcción del mundo en el que vivimos? ¿Qué hacer si resulta que en realidad no hay salida, que la esencia del laberinto está en esa promesa implícita de un centro que no existe, de un afuera que no es tal? Seguramente dejar de buscar la salida, escribir poemas en las paredes, dibujar ventanas, buscar un rincón en el que se esté a gusto y sentarse un rato. Como si Asterión, en uno de sus incontables paseos por el interior del laberinto, encontrara a un semejante y ya no tuviese que jugar a imaginarse un compañero de juegos, con la estúpida alegría de los tocayos que se reconocen como tales, así nos hemos sentido desde Preferiría no hacerlo al descubrir a Preferiría no hacerlo, programa de radio argentino donde Carlos y Diego Skliar –tío y sobrino ahogándose juntos-, poetas los dos, tejen trincheras de palabras en las que aguantar lo peor de la tormenta. Los Skliar ponen música, hablan de literatura, se ríen el uno del otro, leen sus Poemas pésimos, pérfidos, pútridos, prácticos, provisorios pero personalmente propios… Desde el humor y la autoironía, en una conversación apenas audible, apelando a la lúcida y descreída sonrisa del resistente al que se le han caído todas las banderas y que, sin embargo, mantiene el asta, ya sin tela, levantada ni que sea para descargarla sobre la cabeza del primer banquero o político o cualquier otro tipo de criminal que cruce por delante.

50 Preferiríanohacerlo Marzo 2011


o Sk liar & Ca rlos Sklia r Dieg

88

.7

Bu

e

s no

A

Ar , es ir

ge

in nt

a

Idea y conducci贸n de Diego Skliar & Carlos Skliar, Todos los martes de 21 a 22h en FM La Tribu -88.7 Buenos Aires, Argentina- (-www. fmlatribu.com -online)

PREFERIRIA NOHACERLO

Para descargar y escuchar todos los programas visite http//preferirianohacerloradio.blogspot.com

Marzo 2011 Preferir铆anohacerlo51


Anaïs Egea Albero

La literatura es un crisol inextricable El Laberinto y el péndulo distribución de los temas y las formas literarias. A cada género le correspondía un tema, unas herramientas lingüísticas y filosóficas, unas características formales. La comedia se quedó con lo bajo, lo humorístico y lo satírico; con el lenguaje vulgar, con el enredo y con los temas cotidianos. La historia se quedó con los hechos reales, el lenguaje objetivo, las fuentes bibliográficas y la prosa. El péndulo se había alejado del terreno empantanado y se había elevado hacia un cielo sin nubes, un cielo lleno de compartimentos estancos, ordena¿Ficción y literatura son sinónimos? ¿O es la forma dos y herméticos como nichos mortuorios, a los que la que convierte algo en literario? ¿Mímesis o creación? recurrir antes de lanzarse a la tarea de escribir. El Barroco volvió a acercar el péndulo a la mixtura ¿Docere o delectare? ¿Las dos cosas o ninguna de ellas? El péndulo que marca las tendencias literarias anterior y el propio Lope mezcla en sus comedias lo siempre ha vacilado entre fondo y forma. Comenzó alto y lo bajo, lo clásico y lo popular; pero el Neoclacasi quieto en el centro de la curva, y se mantuvo sicismo atajó el capricho de la experimentación devarios siglos temblando sobre un lugar fangoso que volviendo el péndulo a las alturas: orden, claridad, fusionaba hechos reales y forma literaria, fantasía y esplendor. El Romanticismo empujó de nuevo la litformulación científica (entran en este campo desde eratura hacia la confusión entre géneros y formas y, los evangelios apócrifos hasta las crónicas de Indias, ya en los siglos veinte y veintiuno, miles de manos de pasando por los cantares de gesta, las silvas de varia escritores modernos y postmodernos surgieron del lección y las artes de amar). La literatura era aquello fango, de la guerra, de la posguerra, del fracaso, de la que estaba escrito. Todavía no se había desarrollado confusión vital, y agarraron del péndulo y tiraron de él hasta soltarlo de su cadena. Ahora mismo, el pénesta patológica necesidad de etiquetar todo. Podría decirse que, con la recuperación renacentis- dulo se hunde en un terreno cenagoso en que nadie ta de la taxonomía de los géneros clásicos, comenzó la sabe si alguna vez marcó un camino o si siempre estuA día de hoy, es realmente difícil saber qué es la literatura. Parece que, a lo largo de la historia, los únicos que lo tuvieron un poco más claro fueron Platón y Aristóteles, y cada uno nos legó una teoría completamente diferente. A partir de ahí, un teórico toma una base, otro teórico toma otra, y siguen dándose bandazos filosófico-estéticos a los que uno puede adherirse. No me negarán que el panorama es algo desalentador. Cualquier ámbito que se asemeje a la política acaba resultando desalentador.

52 Preferiríanohacerlo Marzo 2011


vo aquí, señalando que todo puede ser literatura y que puede que nada lo sea. Autoficción, novela histórica, literatura filosófica, libros que asemejan manuales de literatura. Ficción y no ficción, forma poética, prosa científica, filosofía, música y artes plásticas se amalgaman hoy en un crisol inextricable.

pretativas a sabiendas de que no existen. Aceptemos por fin que podremos abrir caminos, pero que jamás los despejaremos del todo. Dejémonos envolver por la vorágine literaria y zambullámonos en la ciénaga sabiendo que jamás podremos volver a salir de ella. Sabiendo que jamás querremos salir a respirar.

La literatura supera nuestra capacidad de síntesis, de catalogación y de comprensión. Precisamente ahí reside su interés. Dejemos de intentar rescatar el péndulo y de crear etiquetas que quedan obsoletas en el momento en que se aplican a un texto. Dediquémonos a explicar lo inexplicable, a buscar claves inter-

C

Marzo 2011 Preferiríanohacerlo53


Interlunio Anaïs Egea Albero Raúl Del Valle Maite Martí Vallejo


Anaïs Egea Albero "Como lobos en una estación seca Germinamos por todas partes. " Muhammad Al Magut Como lobos en una estación seca como jaurías muriendo de sed las madrigueras saqueadas y la tierra yerta vagamos. La tundra es amplia pero está vacía cayó nuestro hermano a plomo sobre las piedras punzantes y lo dejamos atrás porque hacía frío. Como lobos en una estación fría morimos. Pero avanzamos porque el horizonte nos contestó llantos idénticos a nuestros llantos si hay madrigueras y frío si hay piedras con sangre hay hermanos que siguen andando – Pronto sabremos que nos consuela el eco de nuestro propio aullido.

I

56 Preferiríanohacerlo Marzo 2011

Poesía vertical

Tierras sonámbulas


Raúl Del Valle

Escupir en la cara sólo de quien lo merezca, obedecer siempre a las tripas antes que al cerebro, someterse, de tanto en tanto, a los dictados del azar y el deseo, no caer en la tentación de reservar del mundo sólo un rincón tranquilo. Sentarse a mirar sólo aquello que merezca ser mirado, guardarse como de la peste de la amistad de los injustos, del favor de los crueles y de la estéril protección de los cobardes; no limitarse a vivir en las miradas ajenas ni romper en vano el incómodo silencio de los ascensores. Comprender que en la debilidad reside la fortaleza, que el azul sólo es azul porque así nosotros lo miramos, no buscar el fácil halago de los ignorantes ni la estúpida admiración de los mediocres. Conformarse con poder dormir cuando dormir bien no se pueda, aprender a distinguir la cáscara del fruto, el dolor de la dolencia, saber que toda posesión es el anticipo de una carencia.

58 Preferiríanohacerlo Marzo 2011

Poesía vertical

Manual de instrucciones


El sueño de los trenes

Poesía vertical

Normalmente se espera en el andén. Uno llega a la estación y atiende a los carteles para ver cuando llega el tren o se mete en el bar a tomar un cortao con la leche natural o caliente según el tiempo del que se disponga. Pero en el tren no se espera, para eso ya están los andenes y las cafeterías de estación. ¿Y qué se hace en el tren? Algunos -la mayoría si es de noche- duermen, otros se preparan para cerrar el bar, tres chicas más bien idiotas juegan a las cartas, un valenciano bastante pelma intenta ligar con una australiana de nombre René, un tal Cabrera Martín esnifa cocaína y explica a cualquiera que le sostenga la mirada durante más de cinco segundos que va a Motril a ver a unos primos para correrse una juerga, que se podría haber venido en coche, que a doscientos veinte en seis horas de Barcelona se planta en Granada, que, que, que... Ella duerme. Los hay que permanecen inmóviles, bien anclados en sus asientos, otros se balancean a cada nueva detención; la chica rubia se cubre el torso y la cabeza con un polar rojo, de aquella butaca emergen un par de calcetines con su respectivo par de pies, alguien habla por teléfono en voz muy baja, suena una tos...

Marzo 2011 Preferiríanohacerlo59


Tomás busca una mirada que le diga que en el fondo él no es tan malo; el cincuentón de la bolsa de trapo va a la naranja o a la aceituna, a lo que salga; el Barbate lía canuto tras canuto sentado en un taburete del vagón cafetería; el Rubio de la Perla explica, entre lingotazos a la petaca y maldiciones al móvil, sus anécdotas de cantaor retirado... ¿Y él? ¿Él qué hace? Él espera, aunque esté en un tren y sepa perfectamente que no es el lugar más apropiado para hacerlo. Él espera, porque nunca le gustaron los andenes, porque ni vino aquí para otra cosa, porque sólo sabe esperar sin saber muy bien qué es lo que espera pero esperando. Ella duerme sin saber que él espera y él espera sabiendo que es inútil, que sólo lo hace porque ella duerme, que en cuanto despierte se acabó la espera. Porque cuando ella abra los ojos al instante él perderá, otra vez sin saber por qué, hasta el último resquicio de esperanza. Mientras tanto le resulta hermoso verla dormir.

I 60 Preferiríanohacerlo Marzo 2011

Poesía vertical

Ella duerme, ya lo he dicho.


Maite Martí Vallejo

Tengo la actitud, la mano de obra pagada. Tres espeleólogos de Altamira cavan el túnel perfecto para una fuga perfecta. Tengo la aptitud, la disposición de ánimo. Estoy en situación de dar, dictar, abolir, anular, derogar, infringir cualquier orden. Porque tengo la actitud, el espíritu embargado, la mano de obra barata. Los vecinos de l´Eixample Esquerra se manifiestan contra el paso de las aves migratorias hacia l´Eixample Dreta. Porque tengo el alma en sazón, tengo la actitud, tengo la aptitud. Las catequistas de mi Primera Comunión le han robado las llaves a San Pedro. Lo he leído en El País. Hoy domingo 27 de junio. A las 12:45. Me ha hecho mucha ilusión. La Hermana Amparo estaría muy orgullosa de ellas. A pesar de mí. Porque tengo la actitud, tengo la aptitud. A pesar de ti.

62 Preferiríanohacerlo Marzo 2011

Poesía vertical

1ª Fórmula de cortesía ó A pesar de ti


Poesía vertical

Con categoría de accidente laboral: yendo o viniendo del trabajo. Me he dado un golpe en la mano izquierda. Motivo de consuelo,yo no soy zurda. Puedo escribir sobre ello con mi otra mano. Con mi mano derecha puedo escribir que me he dado un golpe en la mano izquierda. Por precipitada,por descoordinada,por absurda. Siempre hay un pie ligeramente más grande que otro, un testículo ligeramente más pequeño que otro. Siempre hay amigos a los que llamar, papeles que tramitar, lavadoras que poner, mucha hoja seca. No sé. Voy a volver a hacerme pis en la cama.

I

Marzo 2011 Preferiríanohacerlo63


Preferiría no hacerlo Año II Marzo 2011 Número 5 Director Enrique Bartelby

Redacción Maria Fortuny, Raúl del Valle, Albert Mesas, Ollin Rafael Corrección Maria Fortuny, Raúl del Valle, Ollin Rafael Redacción de Interlunio Inma Ponce Torres Edición Ollin Rafael Joan Vives Edición web Ollin Rafael Consejo editorial Raúl del Valle, Albert Mesas, Ollin Rafael, María Fortuny, David Roas, Antonino Marco Greco Ilustración de portada Marta Pagés Rufé Ilustraciones interiores: Pere Fortuny, Marta Pagés Rufé, Oriol Capella, Ester Pujol y Meritxell Escuert Mas

El laberinto  

No.5 de la revista digital de literatura Preferiría no hacerlo.

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you