Skip to main content

Derecho de Vozs- Informe sobre 479 casos de violencia sexual por motivo del conflicto armado en COL

Page 1

DERECHO DE VOZS Informe para la COMISIÓN PARA EL ESCLARECIMIENTO DE LA VERDAD, LA CONVIVENCIA Y LA NO REPETICIÓN 479 casos de violencia sexual por motivo del conflicto armado en Colombia

Fundación Círculo de Estudios Culturales y Políticos 2020 1


DERECHO DE VOZS Informe para la COMISIÓN PARA EL ESCLARECIMIENTO DE LA VERDAD, LA CONVIVENCIA Y LA NO REPETICIÓN Informe sobre 479 casos de violencia sexual por motivo del conflicto armado en Colombia

© Círculo de Estudios, 2020

Fundación Círculo de Estudios Culturales y Políticos Comité editorial: Coordinación; Paula Gempeler Redacción; Paula Gempeler, Nhora Álvarez Borras, Manuel Meza, Javier David Ortiz Ilustraciones: María Fernanda Cortés Edición general: Rough! Comunicaciones Este informe fue posible gracias al apoyo de: Fondo de Contribuciones Voluntarias de las Naciones Unidas para el Apoyo a las Víctimas de la Tortura, PNUD Colombia, USAID Colombia, AECID y Oxfam en Colombia www.circulodeestudios.org

2


3


INDICE PREFACIO 1.

INTRODUCCIÓN

1.1.

Presentación de la Fundación Círculo de Estudios

2.

METODOLOGÍA

2.1.

Metodología de trabajo de la Fundación Círculo de Estudios

2.1.

Sistematización, análisis y descripción de la información

3.

ANÁLISIS DESCRIPTIVO DE LA INFORMACIÓN

4.

ANÁLISIS

4.1.

Dinámicas del conflicto armado en Colombia y su relación con la violencia sexual

4.1.1.

Análisis descriptivo

4.1.2.

El accionar de los armados y las violencias basadas en género

4.1.3.

La violencia sexual como estrategia de guerra

4.2.

Afectaciones derivadas de la violencia sexual

4.2.1.

Afectaciones psicosociales

4.2.1.1.

Miedo

4.2.1.1.1.

Maternidades sobreprotectoras

4.2.1.1.2.

Sentimientos de culpa y vergüenza

4.2.1.1.3.

El peso del secreto

4.2.1.1.4.

Rabia y desconfianza hacia los hombres

4.2.1.1.5.

Miedo a los uniformados

4.2.1.2.

Afectaciones a las relaciones de pareja

4.2.1.2.1.

No volver a conformar relaciones de pareja

4.2.1.2.2.

Ruptura relaciones de pareja

4.2.1.3.

Afectaciones al tejido social

4.2.1.3.1.

Afectaciones al tejido social primario 4


4.2.1.3.2.

Aislamiento social

4.2.1.3.3.

Afectaciones ligadas al territorio

4.2.1.4.

Afectaciones al proyecto de vida

4.2.1.4.1.

Afectaciones a la niñez

4.2.1.4.2.

Afectaciones en el derecho y acceso a la educación

4.2.1.4.3.

Afectaciones socioeconómicas

4.2.1.4.4.

Participación política

4.2.2.

Afectaciones a la salud mental

4.2.2.1.

Trastornos depresivos

4.2.2.2.

Ansiedad

4.2.2.3.

Trastornos alimenticios

4.2.2.4.

Trastornos del sueño

4.2.2.5.

Uso desproporcionado y dependencia de sustancias psicoactivas

4.2.3.

Afectaciones físicas

4.2.3.1.

Aborto por violencia sexual

4.2.3.2.

Enfermedades de transmisión sexual (ETS) e Infecciones de transmisión sexual (ITS)

4.2.3.3.

Embarazo

4.3.3.4.

Lesiones físicas

4.3.3.5.

Padecimientos físicos

5.

VIOLENCIA SEXUAL COMO FORMA DE TORTURA

6.

CONCLUSIONES

7.

BIBLIOGRAFÍA

5


Lista de tablas, gráficas y mapas

Tabla 1.

Grupos poblacionales por identidad de género y orientación sexual

Tabla 2.

Departamento de residencia

Tabla 3.

Pertenencia étnica

Tabla 4.

Nivel de escolaridad

Tabla 5.

Ocupación

Tabla 6.

Frecuencia hechos de violencia sexual

Tabla 7.

Departamento de ocurrencia de los hechos

Tabla 8.

Frecuencia hechos de violencia sexual por grupo armado

Tabla 9.

Frecuencia hechos de violencia sexual por grupo armado desagregado

Tabla 10.

Urbano/rural

Tabla 11.

Edad al momento de los hechos

Tabla 12.

Riesgos al momento de los hechos

Tabla 13.

Edad al momento de los hechos personas LGBTIQ+

Tabla 14.

Consecuencias socioeconómicas

Tabla 15.

Acompañamiento psicosocial

Tabla 16.

Consecuencias físicas

Tabla 17.

Indicio de subregistro

Tabla 18.

Casos citados en el informe

Gráfica 1.

Hechos por año por actor armado agregado

Mapa 1.

Departamento de ocurrencia de los hechos

6


7


PREFACIO El significado de las palabras vos y voz, dependen en nuestro castellano de la letra con la que termina la palabra; con z hace referencia a la emisión de un sonido articulado, una unidad léxica, incluso, una exclamación, o una queja, o un murmullo. Por su parte, con s, significa la segunda persona del singular; tu, el otro, la alteridad. Derecho de vos, entonces, es el conjunto de todos tus derechos, de todas las libertades civiles, aún de aquellas que si bien pueden derivarse o inferirse no se encuentran normativamente consignadas; el derecho a decir no, el derecho a llorar, a reír, el derecho a ser amando y amar, el derecho a la diferencia, a ser diferentes, a exaltar nuestras diferencias. En el contexto de las víctimas a todo ello se suma la restitución eficiente de los derechos; el derecho a la dignidad, a la reconstrucción de un proyecto de vida, el derecho a un horizonte de sentido y trascendencia. En resumen, Verdad y Justicia en el sentido más profundo de estos ideales que deberá expresarse en la praxis cotidiana, en su reivindicación y su ejercicio. Por su parte, el derecho de voz no es cosa distinta a la libertad de expresión sin limitaciones, a una expresión que no se remite únicamente al ámbito del discurso hablado, sino que se desborda al territorio de las emociones, de los gestos, de todo aquello que necesitamos decir, que queremos decir, territorios en los cuales, en ciertas ocasiones, las palabras resultan insuficientes. Semejante voz, en no pocas ocasiones de nuestra historia humana, ha sido silenciada, por vergüenza, por conveniencia, por pactos de silencio. Quizá, como seres humanos, como especie humana, hay hechos que preferimos no saber, que

8


deseamos olvidar, porque nos enfrentan al interrogante sobre nuestra propia naturaleza. Empero, la memoria histórica precisa para ser verídica, para que no quede convertida en panegírico, de esos relatos, de esas voces, de esos gestos, que documentan la atrocidad, la ignominia, la cruda violencia del conflicto. De tal memoria histórica tendrá que devenir un compromiso por parte de todas las personas que componen el cuerpo social, un compromiso con aquella palabra arriba pronunciada; alteridad, otredad.

Sin el otro, sin vos, sin alteridad,

desaparece el Derecho, y desaparece la lucha, y desaparece el amor, y desaparece el mañana. Sin alteridad no existe manera posible de transformar la realidad social, no existe manera de satisfacer el derecho de voz de las víctimas de la violencia sexual por motivo del conflicto armado. Imaginando que la memoria histórica -a propósito de la violencia sexual por motivo del conflicto armado- pudiese articular, ella, una solicitud, un clamor ¿Qué diría? Tal vez estas palabras hurtadas de la página ciento sesenta y tres de un libro escrito por Nick Cave; “Cada uno de vosotros está cambiando de forma, tú te estás convirtiendo en Mnemósine. Mnemósine significa memoria, te estás convirtiendo en memoria. Por favor recuérdame, por favor no te olvides de mí, por favor”.1

1

Cave, La canción de la bolsa para el mareo,

173.

9


1. Introducción

El presente informe ha sido construido

de ideas, a partir de estos testimonios,

a partir de las voces de mujeres y

el presente informe buscará analizar

personas lesbianas, gay, bisexuales,

las afectaciones derivadas de los

transgénero, intersexuales, queer y

hechos

demás

identificar

orientaciones

identidades

de

sexuales

género

e

diversas

de

violencia

sexual

patrones

comportamiento

de

e de

los

actores

(OSIGD) que, a lo largo de los

armados en el ejercicio de la violencia

procesos

sexual

de

acompañamiento

realizados por la Fundación Círculo de Estudios

Culturales

y

por

motivo

del

conflicto

armado en Colombia.

Políticos

durante más de cinco años, han

A

partir

de

los

testimonios

logrado elaborar relatos sobre los

documentados, Círculo de Estudios

hechos de violencia ocurridos en su

busca visibilizar los impactos en torno

contra, así como sobre los impactos

a las violencias sufridas como un

que se derivaron de estos.

ejercicio político para hacer frente al silencio y a la negación de la violencia

La construcción de un relato verbal de

sexual

los hechos permite en las personas la

violencia que es ejercida de manera

apropiación de sus historias de vida al

sistemática

mostrarles

mujeres, niños, niñas, adolescentes,

su

capacidad

de

sobreponerse a los múltiples hechos

como y

una

modalidad

generalizada

de

contra

jóvenes y personas de OSIGD.

de violencia que han vivido y, así, decidir desde qué mirada quieren que su historia sea contada. En este orden

10


11


12


13


1.1 Presentación de la Fundación Círculo de Estudios Culturales y Políticos

Círculo

de

una

Círculo de Estudios desarrolla su

organización no gubernamental que

trabajo a través de la tecnología de los

tiene

Círculos

por

Estudios

es

objeto acompañar

la

de

Estudios,

que

se

construcción de procesos -orientados

fundamenta en la socialización y

a la reivindicación de los Derechos

apropiación de conceptos y técnicas

Humanos y promover la observancia

para la construcción de redes infinitas

del

de

Derecho

Internacional

conocimiento

entre

sus

Humanitario- desde los cuales sea

participantes, caracterizada por ser

posible la transformación de las

una propuesta de trabajo colectiva e

condiciones generales que devienen

interdisciplinar en sus didácticas. Tal

de la dinámica del conflicto armado

abordaje

en Colombia.

psicosocial, la formación en derechos,

facilita

la

perspectiva

la prevención de violencias en el El equipo de trabajo de Círculo de

contexto del conflicto armado, el

Estudios está conformado por un

fortalecimiento del tejido social, la

grupo interdisciplinar, con amplio

construcción cotidiana de la paz, y el

conocimiento del contexto —social,

fortalecimiento

del

cultural,

Derecho,

colaboración

jurídico,

económico

y

político— colombiano y experiencia

en

Estado

de con

diferentes organizaciones.

certificada de más de quince años en el

diseño,

implementación,

Desde el 2011, Círculo de Estudios ha

coordinación, ejecución, monitoreo y

implementado el programa Derecho

evaluación de proyectos realizados

de Vozs; este programa "dada la

con recursos provenientes de la

homonimia entre el sustantivo voz y el

cooperación nacional e internacional,

pronombre vos, hace referencia al

dirigidos a comunidades vulnerables y

derecho

víctimas del conflicto, especialmente,

pensamientos y emociones, y al

víctimas de violencia sexual y de

conjunto de derechos de los que es

violencias basadas en género.

titular un ser humano en tanto que ser

a

expresar

libremente

humano".

14


Derecho de Vozs parte de la premisa

departamentos de Colombia , han

de la relación indivisible entre el

sido beneficiarias de la estrategia

acompañamiento

el

1430 personas y se han documentado

Derechos

más de 500 casos de violencia sexual

Humanos (DDHH); especialmente, el

y otras violencias basadas en género.

derecho a la libertad de expresión, a

En ese sentido, El Derecho de Vozs

la participación y al acceso a la justicia

busca aportar a la consolidación de

y la reparación, de las mujeres, niñas,

relaciones

jóvenes y personas con OSIGD que

transicional a partir de dos objetivos:

han sido víctimas de violencia sexual y

i) contribuir al establecimiento de las

otras violencias basadas en género.

condiciones necesarias para concretar

Este trabajo ha estado basado en la

el acceso a la justicia, a la atención y a

evidencia de que la violencia sexual

la reparación de las víctimas, y ii) hacer

por motivo del conflicto armado ha

visibles las múltiples implicaciones de

sido una problemática sistemática,

este delito de Lesa Humanidad en

generalizada,

Colombia.

ejercicio

real

psicosocial de

y

los

que

y

permanece

propias

de

la

justicia

invisible e impune; por lo que, a partir de los círculos de estudio, se ha

Asimismo, este proceso ha facilitado

facilitado

la incidencia, la cohesión de círculos

que

participantes

las

se

personas

apropien

de

en las diferentes regiones del país, el

herramientas y conceptos útiles para

fortalecimiento de los liderazgos y

la mejoría de la situación psicosocial,

procesos organizativos locales, así

el fortalecimiento de la defensa de los

como el avance en el establecimiento

DDHH y la cultura de paz.

de alianzas estratégicas entre las instituciones estatales y la sociedad

Los círculos de estudio promueven el

civil. Además, ha aportado a la

empoderamiento

reconstrucción

individual

y

el

de

la

memoria

fortalecimiento organizativo, facilitan

histórica, a la cualificación de mujeres

la

y

documentación

posibilitan

de

claridades

casos,

de

OSIGD

en

los

un

contenidos relativos a los DDHH, las

acercamiento a las víctimas que

rutas de reivindicación de estos y la

minimiza

segundas

construcción de paz. En este sentido,

victimizaciones. El programa se ha

Círculo de Estudios busca aportar a la

venido

igualdad

el

riesgo

de

implementando

para

personas

en

17

de

género

y

el

15


empoderamiento

las

coordinación, el impulso de los casos

mujeres, niñas, niños, adolescentes,

y la sensibilización de las instituciones

jóvenes

estatales en torno a la importancia de

y

de

personas

todas de

OSIGD,

beneficiarias de sus programas.

cualificar los procesos de orientación, atención y prevención de violencias

Adicionalmente, se busca promover la

basadas en género en cualquier

inclusión de las mujeres, jóvenes y las

ámbito, con especial énfasis en las

personas de OSIGD en procesos que

mujeres, quienes son las que han

favorezcan el mejoramiento de su

estado menos presentes en la toma

situación psicosocial, promuevan la

de decisiones de desarrollo local y

igualdad de oportunidades en el

participación política. Esta situación

acceso a derechos y la participación a

generalizada ha provocado que sus

través de una articulación entre las

intereses, opiniones y visiones queden

instituciones que coordinan los casos

ausentes

y permitan el acceso al Sistema

discusión pública.

Integral

de

Justicia,

e

invisibilizados

de

la

Verdad,

Reparación y No Repetición. Por otro lado, a través de las actividades de formación, se pretende la apropiación de competencias para los funcionarios y funcionarias, en los cuales se han identificado falencias frente a las rutas de protección y prevención, así como sobre el alcance de los hechos violentos que amenazan la integridad física y emocional de las comunidades. En este sentido, se busca

incidir en la consecución de

avances para la restitución de los derechos que han sido vulnerados en el contexto del conflicto armado. Dicha incidencia se ha realizado a través del trabajo intersectorial de

16


17


18


19


2. Metodología 2.1 Metodología de trabajo de Círculo de Estudios La metodología utilizada por Círculo de Estudios cuenta con un constructo teórico que se ha validado en la práctica del acompañamiento a mujeres, niños, niñas y personas de OSIGD, durante 11 años continuos, gracias a su potencial para reivindicar los DDHH a partir del fortalecimiento de capacidades psicosociales. Dicha metodología recibe el nombre círculos de estudio para el acompañamiento psicosocial y formación en Derechos Humanos a víctimas de violencia sexual por motivo del conflicto armado, y cuenta tanto con el reconocimiento de las personas participantes de los procesos, como de las entidades aliadas. Desde el año 2008 Círculo de Estudios viene haciendo ejercicio de su objeto institucional a través del acompañamiento psicosocial a víctimas de diferentes vulneraciones de DDHH en varias regiones del país. Es así como surge en 2011 la iniciativa de organizar espacios concretos para víctimas de violencia sexual en contextos de conflicto armado. La implementación de los círculos de estudio para el acompañamiento y formación, como se ha indicado, reciben el nombre de Derecho de Vozs y está pensada como una estrategia psicosocial para el acceso formal a la administración de Justicia y a la ruta de atención y reparación del Estado por parte de víctimas del conflicto armado. El Derecho de Vozs ha posibilitado claridades para el adecuado acercamiento a las víctimas, al construir confianzas entre ellas y los entes del Estado que tienen la competencia legal de atender, reparar e investigar los delitos que cometieron los actores armados en su contra.

20


Uno de los objetivos de la formación en herramientas psicosociales y en Derechos Humanos es promover la autonomía de las personas víctimas de violencia sexual (VS) y violencia basada en género (VBG) y el mejoramiento de las condiciones materiales de vida de las mismas, pues esto representa un hito dentro del trabajo de acompañamiento y formación, convirtiéndose en un resultado visible en la búsqueda por la transformación de las realidades concretas de la población víctima del conflicto armado. La metodología consta de cinco componentes teóricos que operan integralmente en las diferentes situaciones en las que se implementa el acompañamiento psicosocial que derivan en el sexto componente, que los reúne a todos de manera integral. A continuación, desde una mirada analítica, se identificarán y expondrán brevemente cada uno de estos componentes: 1) la hermenéutica; 2) la acción comunicativa-política; 3) los Derechos Humanos; 4) la técnica psicosocial; y 5) la tecnología de los círculos de estudio; 6) los círculos de estudio para el acompañamiento psicosocial y formación en Derechos Humanos a víctimas de violencia sexual por motivo del conflicto armado. •

La comprensión hermenéutica de la realidad

La comprensión hermenéutica de la realidad es una de las dos posturas generales que se construyeron y discutieron en el siglo XX en torno al problema del conocimiento. La hermenéutica parte de una comprensión de la realidad que se basa en el diálogo permanente entre los hechos y las subjetividades y particularidades que los componen. Así, esta relación dialógica propone una comprensión de la realidad siempre sujeta a nuevas interpretaciones que no buscan invalidar otras concepciones preexistentes de la misma, sino aportar a la complejización de los discursos sobre un mismo hecho, acontecimiento o fenómeno. Esta postura se contrapone a la lectura positivista ampliamente generalizada, donde la neutralidad valorativa y la objetividad inductiva se posicionan como la columna del aparato conceptual que las sustenta. Los aspectos más relevantes de la crítica hermenéutica pueden resumirse de la siguiente manera:

21


a) el origen del conocimiento no es la observación neutral y objetiva; b) la medida y la cuantificación es un procedimiento científico, pero no el único procedimiento que confiere estatus de cientificidad a un procedimiento; c) no es posible hablar de una realidad dada de una vez y para siempre, por tanto, el conocimiento no “descubre” lo real, sino que construye modelos de realidad; d) el conocimiento es un hecho social, los procedimientos, las técnicas, los medios para construir conocimiento se encuentran afectados por las variables sociales y de contexto; e) no es posible el conocimiento sin interese; de tal suerte, el ideal de la neutralidad valorativa es inalcanzable; f) la validez de una hipótesis es determinada por la tradición crítica; g) en las disciplinas sociales el principio descriptivo-explicativo, es insuficiente; así pues, la investigación social debe orientarse hacia la interpretación y la comprensión; h) el conocimiento es un hecho político en dos sentidos; primero, porque a través de las instituciones sociales se encuentra inscripto en las dinámicas de circulación del poder; y, segundo, porque tiene la capacidad de desplazar o, por lo menos, cuestionar ciertos modelos de circulación del poder y ciertos regímenes de verdad.2

•

La Teoría de la Acción Comunicativa

La metodología utilizada por Círculo de Estudios parte de la comprensión hermenéutica de la realidad en perspectiva de la Teoría de la Acción ComunicativaPolítica de Jürgen Habermas. Desde la Acción Comunicativa-Política Habermas plantea algunas reflexiones epistemológicas sobre las maneras en las cuales se entienden los seres humanos, donde aborda el sentido político del lenguaje. Para Habermas, el lenguaje es el medio social que puede potencialmente construir conocimiento de manera colaborativa a través de un diálogo consciente y democrático. Estos planteamientos guardan una estrecha relación con el carácter político del acompañamiento psicosocial, pues proponen espacios seguros para el diálogo, donde los pensamientos, las emociones, las ideas y opiniones pueden comunicarse de manera acertada a partir del reconocimiento del otro.

2

Fundación Círculo Generales, 2-3.

de

Estudios

Culturales

y

Políticos,

Fundamentos

22


En este sentido, la realización colectiva de la acción comunicativa planteada por Habermas hace efectiva la circulación del poder a través de la palabra, que, pensada desde Foucault, les otorga el carácter político a los espacios de conversación en tanto que democráticos y horizontales. Por tanto, el acompañamiento psicosocial es entendido como un ejercicio que se sustenta en la capacidad lingüística humana para socializar las ideas, los pensamientos y las emociones por medio de discursos. Estos planteamientos posibilitan comprender el conocimiento como un acto social, comunicativo y democrático, que permite la construcción de acuerdos con arreglo a unos mínimos, entre los que se destaca el respeto por las reglas acordadas entre quienes participen del acto comunicativo. Tal ideal de comprensión de la realidad, planteado por Habermas a partir del concepto de la acción comunicativa, es trasladado al terreno político en la praxis común, entendida como "la intersubjetividad de rango superior de un entendimiento entre ciudadanos que se reconocen recíprocamente como libres e iguales".3 La ocurrencia de este fenómeno social y político se da en tanto que la formación de la opinión y la voluntad estructurada de manera democrática posibilite un acuerdo normativo racional, incluso entre extraños. Así, el punto de encuentro serían las condiciones bajo las cuales pueda configurarse y reproducirse comunicativamente una comprensión ético-política de la ciudadanía. Este espacio de acción comunicativa política permite configurar una red lingüística que se preocupa inicialmente por la exigencia y la reivindicación de los Derechos Humanos en espacios no formales, como círculos de estudio, centros de pensamiento, escuelas de formación, que, a su vez, tienen la capacidad de incidir en la construcción políticas públicas al convertirse en proponente y ejecutor de soluciones que tienen por objetivo lo público. En todo momento, en cada lugar, donde un ciudadano participa del proceso circular que se pone en marcha mediante la comunicación, realiza lo que Habermas define como autocomprensión ético-política. [...] Tal comprensión de sí no es otra cosa que el resultado de la acción comunicativa política; discusión, en un espacio público, entre ciudadanos donde se adoptan posiciones sobre diferentes temas 3

Habermas, La inclusión del otro. Estudios de teoría política, 113.

23


relevantes para el ejercicio de las libertades civiles y la preservación de los derechos fundamentales.4

Este espacio público es donde puede y debe nacer la nueva democracia; verdadera representación capaz de reescribir las relaciones tradicionales de poder a partir del ejercicio individual y colectivo de la ciudadanía. •

La perspectiva de los Derechos Humanos

Todos los elementos de la metodología de Círculo de Estudios están determinados por la perspectiva de los Derechos Humanos. Con esta perspectiva se regula el filtro que planea, implementa y delimita cualquier acción alrededor de los círculos de estudio: Los Derechos Humanos determinan los alcances y los límites de las relaciones que se establecen entre las personas (…) tales derechos constituyen un carácter, una manera de ser, un Ethos que garantiza la convivencia con los otros (…). No es posible hablar de acompañamiento psicosocial al margen de los Derechos Humanos, puesto que dicho acompañamiento es un escenario configurado por derechos y, especialmente, por el derecho (...) a expresar libremente opiniones y emociones; el derecho a la igualdad sin menoscabo de la diferencia; y el derecho a construir una realidad nueva.5

•

El enfoque de género

El enfoque de género toma en cuenta los diferentes roles de mujeres y hombres, niñas y niños dentro del hogar, la comunidad, el lugar de trabajo, en los procesos políticos y la economía. Frecuentemente estos roles diferenciados resultan en que las mujeres cuentan con menor acceso a y control de los recursos, y menor participación e influencia en los procesos de toma de decisiones. Desde un enfoque de género también se toma en cuenta otros factores identitarios como la etnia, la sexualidad, la orientación sexual, el estatus legal, las habilidades, el idioma, la religión, el estatus socio económico y el nivel educativo y cómo estos pueden afectar y/o influenciar experiencias individuales y grupales.

4 Fundación Círculo de Estudios Culturales y Políticos, Fundamentos Generales, 4. 5 Anaya, Sánchez, y Álvarez, El cuidado de Sí para cuidar la otredad, 7.

24


Por tanto, la desigualdad es una categoría de análisis fundamental para el enfoque de género porque permite reconocer y entender cómo funcionan las relaciones de poder establecidas socialmente. La desigualdad se comprende entonces como un fenómeno multidimensional que clasifica a las personas de acuerdo con su identidad y a las oportunidades que tienen. Estas desigualdades se producen permanentemente por relaciones de poder, entre las que se encuentra el sistema sexo-género. Este sistema se ha conceptualizado como un conjunto de reglas o principios que son racionalmente enlazados y ordenados para situar histórica y culturalmente la jerarquización y las relaciones de poder basadas en la desigualdad entre hombres y mujeres, entre heterosexuales y homosexuales, entre personas cisgénero y transgénero, etcétera. Al respecto, se han consolidado bajo este sistema de ideales la heterosexualidad obligatoria y la dominación masculina. En consecuencia, la desigualdad de género define las relaciones de los cuerpos con otros cuerpos y su entorno, mediadas por imposiciones estructurales de todo un sistema construido socialmente desde quienes han ejercido el poder para discriminar/excluir. En contextos de guerra, esta estructura ha permeado la cotidianidad de las comunidades a través de formas de exclusión y violencia permanente. •

La técnica psicosocial

La técnica es un instrumento con principios, creado y practicado por la humanidad para conseguir unos fines específicos enmarcados en un sentido claro que se relaciona, por un lado, con la responsabilidad de la acción y, por otro, con la posibilidad de emplazar realidades. En resumen, por técnica psicosocial se entiende el campo de intersección entre los contenidos teóricos antes descritos y el momento de disposición de los mismos para servir como referente, límite y mediación de la tecnología específica. Con la técnica psicosocial se logra la unidad responsable de partes que tienen características propias. Esta unidad se relaciona directamente con la búsqueda de nuevos discursos que funden otras realidades:

25


La perspectiva psicosocial se nutre de diferentes elementos entre los cuales es dable subrayar tres, atendiendo a su carácter esencial: primero, la realidad se construye en la red de las relaciones humanas; segundo, la realidad o, mejor, las realidades, se manifiestan a través de los discursos; tercero, las emociones privilegian, transforman, deconstruyen, provocan, discursos. (...) [L]a realidad no es una instancia inmutable exterior al individuo, no es algo que se aprehende a través de los sentidos, ni algo que se recibe por medio de la intervención divina. Por el contrario, la realidad es un constructo siempre cambiante, siempre susceptible de transformación. (...) dicho constructo no es el producto de la actividad solitaria de un sujeto que piensa, es el resultado de la interacción de los sujetos (...) las realidades se inventan, se crean, se originan en las relaciones que establecen los hombres y las mujeres con el otro, con los otros (...) por medio de los discursos. Si bien en nuestra cultura se ha privilegiado la palabra escrita o hablada como manifestación por excelencia del discurso, por discurso debe entenderse cualquier expresión que tenga por objeto comunicar.6

La técnica psicosocial reconoce entonces la importancia de las emociones “en la construcción de la realidad (...)[.] [L]as emociones son un elemento que participa directamente en la manera como se concibe la realidad y como el ser humano se refiere a ella”.7 De tal suerte, la técnica psicosocial posibilita la construcción de espacios sociales, delimitados por el Ethos de los derechos democráticos, participativos y horizontales (ajenos a la noción de autoridad o al dominio de los expertos), para hacer posible el ejercicio real y cotidiano de El derecho de Vozs. •

Tecnología de los círculos de estudio

Los círculos de estudio son la herramienta de investigación desde la cual se implementan todos los elementos de la metodología. Así, los círculos representan un ejercicio puntual y práctico en el que confluyen los conceptos teóricos anteriormente expuestos. De este modo, los círculos se caracterizan de la siguiente manera: i) Los círculos de estudio son espacios, no formales, para la socialización del conocimiento (artístico, científico, tecnológico, etcétera) es decir, para el ejercicio

6 7

Ibíd., 12 y 13. Ibíd., 13.

26


de la acción comunicativa. ii)Las reglas y los contenidos del círculo se determinan a partir de los intereses de los participantes, no son una imposición externa. iii) Cuando su objetivo exija la orientación de expertos, ellos son, simplemente, facilitadores de las dinámicas propias del círculo, en ningún caso son espacio de circulación privilegiada del poder. iv) El objeto constante del círculo es la producción, por parte de los participantes, de discursos. v) El objeto último de los círculos de estudio es la cualificación de los participantes en una determinada materia para que cada uno de ellos se encuentre en la capacidad de socializar su experiencia con otros grupos. vi) Del punto anterior se desprende que el ideal de la tecnología en cuestión es la consolidación de un proceso ininterrumpido de construcción de redes de saberes e intereses.8

•

Círculos de estudio para el acompañamiento psicosocial y formación en Derechos Humanos a víctimas de violencia sexual por motivo del conflicto armado Como se ha mencionado, los círculos son una estrategia para el

acompañamiento psicosocial y la formación en Derechos Humanos que se instauran en una relación horizontal (circular) entre las personas que participan, donde se establece una interlocución de saberes que propician la dignificación de las historias personales y la importancia de la pluralidad del saber. Esa pluralidad se manifiesta a través de las biografías y experiencias personales que empiezan a adquirir un sentido profundamente significativo al momento de contextualizar los episodios traumáticos en un escenario violento y coercitivo. Este ejercicio amplía las miradas que pasan por la particularidad del suceso a la manifestación de un fenómeno que se ha construido bajo un repertorio de violencia específico y dirigido a un sector poblacional específico por parte de grupos armados legales e ilegales. Los círculos de estudios para el acompañamiento logran generar un espacio de confidencialidad con y entre las personas participantes; se promueve la conversación sobre sus emociones en relación con el hecho violento y demás condiciones sujetas a su situación actual como la justicia y sus obstáculos, la atención institucional, la atención en salud y sus condiciones socioeconómicas y 8

Fundación Círculo de Estudios Culturales y Políticos, Fundamentos Generales, 6.

27


familiares. El círculo, además, promueve el establecimiento de referencias o identidades entre las víctimas, con el propósito de facilitar la conformación de vínculos de apoyo y la reconstrucción de un entramado social a partir de las nuevas condiciones psicosociales que experimentan las víctimas de violencia sexual. Los círculo de estudios favorecen la participación de aquellas personas en mayor grado de vulnerabilidad, entendiendo por ello a las personas no organizadas y no conocedoras de los Derechos Humanos, con casos recientes de victimización, pertenecientes a comunidades campesinas, indígenas y afrocolombianas; cualifican la dimensión política de las personas participantes como insumo para la defensa de sus derechos; se analizan contextos, revisan conceptos, discuten opiniones y construyen saberes (partiendo de los pre-saberes) relacionados con las normas, leyes y teorías que fortalezcan su capacidad discursiva y argumentativa. A pesar de la insinuación mental que tradicionalmente se asocia con la figura del círculo, éste no es cerrado. Por el contrario, el espacio permite transformaciones, nuevos asistentes, nuevos tópicos de discusión y la inclusión en las metodologías de nuevas estrategias y materiales. Es decir que, las necesidades emergentes de quienes participan en éste, motivarán temas de mayor demanda para ser asumidos dentro de las discusiones. Sin embargo, el círculo sí debe tener un objetivo común en medio de una temática clara para atender las demandas e inquietudes de los participantes de manera adecuada y precisa. Desde la creación inicial de estos espacios se erigieron principios fundamentales que debían regir las discusiones y contribuir en la puesta en práctica de los postulados que se promocionaban desde allí. Hemos recogido aquí algunos de estos principios básicos: o Recuperar y articular de los saberes del/las orientador/as y de las personas participantes o Respetar todas las opiniones o Reivindicar del derecho a equivocarse o Libertad de expresión y circulación de la palabra o Fomentar la franqueza y al debate de ideas

28


o Motivar a las personas participantes a tener confianza en si-mismo o Desarrollar la creatividad o Facilitar el análisis de problemas y búsqueda de soluciones o Incitar a la reflexión o Producir satisfacción o Descubrir y potenciar el liderazgo o Crear y fortalecer valores personales y de grupo o Propiciar la interacción y la interdependencia o Desarrollar habilidades y dominios de conocimientos o Desarrollar el potencial cognitivo o Desarrollar destrezas sociales o Buscar el consenso o Fortalecer la estima de sí y de grupo o Fortalecer la unidad del grupo en un ambiente democrático Para el año 2013 la estrategia se amplía y logra establecerse ya no sólo en ciudades capitales, sino también en ciudades intermedias donde la oferta institucional para los casos de violencia sexual es aún más precaria, y en donde la discriminación y los patrones machistas se acentúan aún más. Con esta ampliación territorial de los círculos de estudios para el acompañamiento psicosocial y la formación en Derechos Humanos, se comenzó el proceso de respaldo de liderazgos a partir de la designación de nuevas personas encargadas de generar los espacios y dinamizarlos: las gestoras son personas víctimas que han venido formándose en los espacios de los círculos. Para este propósito, ha sido fundamental la participación de varias víctimas, personas líderes y defensores de Derechos Humanos que son el puente entre el proyecto y las personas víctimas y se encargan de hacerle seguimiento a la apropiada implementación del proceso de acompañamiento. Una de las líneas de trabajo del programa ha sido la consolidación de una red de más de cincuenta gestores y gestoras de diferentes departamentos del país a quienes se les ha formado y compartido la metodología, permitiendo así la cualificación de su liderazgo. Asimismo, se ha promovido la puesta en marcha de

29


asociaciones defensoras de los Derechos Humanos9; pues el liderazgo político surge en muchas de las personas participantes como un resultado de sus experiencias previas, conocimientos adquiridos, compromiso para con las exigencias expuestas desde el círculo, así como la capacidad particular y personal para apropiarse de las demandas y propuestas que se desprendan de las discusiones. En conclusión, la tecnología construida por Círculo de Estudios ha posibilitado la consolidación de espacios para la formación en DDHH, la adquisición e interiorización de herramientas psicosociales para afrontar los hechos violentos y sus consecuencias, y la reconfiguración de redes de apoyo y tejido social fragmentado por las dinámicas de los distintos actores armados en el territorio colombiano, aportando a los procesos de exigibilidad de derechos ante el Estado mientras comparte herramientas para la consolidación de una verdadera ciudadanía democrática. 2.2 Análisis de datos Para la sistematización, análisis y descripción de la información recolectada, este informe hace uso de metodologías cuantitativas y cualitativas. Para el análisis cuantitativo de la información se partió de la construcción de una base de datos que sistematizó la información consignada en los relatos de las personas acompañadas; las variables se expresaron en medidas de tendencia central y de dispersión como el promedio y la desviación estándar cuando la variable fue cuantitativa en escala de razón.

Las variables categóricas o cualitativas se

describieron en porcentajes.10

9

Desde el 2013, la Fundación conoce de la creación de, por lo menos, cuatro organizaciones de sociedad civil orientadas exclusivamente a la defensa de los derechos de las víctimas de violencia sexual. 10 Todo el análisis de los datos se realizó en el software Stata 14. Para el análisis cualitativo, se utilizó el software NVivo para sistematizar la información y dividirla en categorías que se corresponden con los capítulos del informe.

30


•

Población

mujeres heterosexuales-cisgénero11 y personas LGBTIQ+ mayores de 18 años, víctimas de violencia sexual por motivo del conflicto armado beneficiarias de los programas Derecho de Vozs y Cuerpo Territorio de Derechos, llevado a cabo en 17 departamentos del país: Bolívar, Magdalena, Sucre, Guajira, Cesar, Valle del Cauca, Cauca, Chocó, Norte de Santander, Santander, Nariño, Atlántico, Antioquia, Bogotá D.C, Tolima, Meta y Arauca. •

Muestra

Se partió de una muestra de 455 personas. De estas 455 personas, 26 sufrieron hechos de violencia sexual en años diferentes de su vida, estos fueron catalogados como casos en el presente informe, para un total de 479 casos. •

Criterios de exclusión

Se excluyeron los datos de las personas o casos que estuvieran duplicados, los que no contaban con los datos de contacto de las personas y los que no tuvieran un consentimiento informado para el uso investigativo de la información recolectada.

11

En adelante se utilizará la categoría "mujeres" para la designación de este grupo poblacional y “LGBTIQ+” para personas de OSIGD.

31


32


3. Descripción de la población

Este capítulo del informe ofrece una

violencia sexual, que en el caso de

descripción sociodemográfica de las

este informe comprende a hombres

personas víctimas de violencia sexual

transgénero,

por motivo del conflicto armado

hombres bisexuales, hombres gay y

acompañadas psicosocialmente por

mujeres lesbianas. Como se muestra

Círculo de Estudios a través del

en la Tabla 1, el 84,6% de las personas

programa

acompañadas

Derecho

de

Vozs.

En

mujeres

son

transgénero,

mujeres

particular, se considera la identidad

heterocisgénero, mientras el 15,4%

de género y la orientación sexual, el

son parte de las personas LGBTIQ+.

departamento

la

Dentro del último grupo, la mayoría

de

de las personas acompañadas son

pertenencia

de étnica,

residencia, el

nivel

escolaridad y la ocupación.

hombres gay (30) y mujeres lesbianas (24).

El presente informe se centra en dos grupos poblacionales con los que se trabajó de manera diferenciada. El primer grupo es mujeres víctimas de violencia sexual y el segundo grupo son personas LGBTIQ+ víctimas de

33


Tabla 1. Grupos poblacionales por identidad de género y orientación sexual Mujeres heterocisgénero

385

84,6%

70 1 10 1 30 24 4

15,4%

455

100%

Personas LGBTIQ+ Hombre transgénero Mujer transgénero Hombre bisexual Hombre gay Mujer lesbiana Sin información Total

La Tabla 2 muestra el lugar de

adelantados por Círculo de Estudios

residencia de las mujeres y de las

tienen lugar allí. Esto está seguido por

personas

los

LGBTIQ+

víctimas

de

departamentos

de

Atlántico

violencia sexual acompañadas. El

(10,3%), Cesar (10,1%), Nariño (9,5%),

departamento que registra el mayor

La

número

Santander

de

personas

departamento

de

es

Chocó

el

(27,5%)

Guajira

(9,2%) (8,4%).

departamentos,

debido a que el mayor número de

también

proyectos

acompañamiento

y

acompañamiento

procesos

de

psicosocial

y

se

el

Norte En

ha

de

estos centrado

trabajo

de

psicosocial

de

Círculo de Estudios.

34


Tabla 2. Departamento de residencia Santander Tolima Antioquia Magdalena Atlántico Bolívar Cauca Chocó

7 20 11 27 47 2 8 125

1,5% 4,4% 2,4% 5,9% 10,3% 0,4% 1,8% 27,5%

43 17 19 46 1 38 1 42 1

9,5% 3,7% 4,2% 10,1% 0,2% 8,4% 0,2% 9,2% 0,2%

Nariño Bogotá D.C. Meta Cesar Valle del Cauca Norte de Santander Cundinamarca La Guajira Guainía Total

Los

departamentos

455

con

mayor

100%

El 48,4% de la población considerada

número de casos, considerados en la

en

este

informe

son

personas

tabla anterior, quedan en zonas

afrocolombianas, el 42,9% personas

costeras del país, tanto en la costa

mestizas, el 4,0% personas indígenas

pacífica como en la costa atlántica.

y el 0,2% corresponde a una persona

Como lo muestra la Tabla 3, esto se

ROM. Para 21 de las personas no se

traduce en una alta representatividad

registró la pertenencia étnica de las

de la población afrocolombiana.

personas acompañadas.

35


Tabla 3. Pertenencia étnica

Afrocolombiana Indígena ROM Mestiza Sin información

220 18 1 195 21

48,4% 4,0% 0,2% 42,9% 4,6%

Total

455

100%

En términos de nivel de escolaridad, la Tabla 4 muestra que la mayoría de la población acompañada terminó sus estudios de bachillerato (54,9%). Esto está seguido de las personas que terminaron estudios de primaria (25,3%), ningún nivel educativo formal (10,8%), estudios de pregrado finalizados (5,7%) y educación superior incompleta (1,8%). Para 7 de las personas, la información de nivel educativo no fue registrada.

Tabla 4. Nivel de escolaridad Ninguno Primaria Bachillerato Educación superior incompleta Pregrado Sin información

49 115 250 8 26 7

10,8% 25,3% 54,9% 1,8% 5,7% 1,5%

Total

455

100%

36


Finalmente, en este capítulo se considera la ocupación de las personas acompañadas por Círculo de Estudios. Como muestra la Tabla 5, el 51,6% corresponde a la categoría de trabajo independiente y rebusque, que incluye oficios tales como estilista, comerciante, jornalera de campo o empleada doméstica. El 33,0% corresponde a trabajo no remunerado como el de estudiantes y amas de casa. El 8,6% corresponde a personas desempleadas y el 5,7% corresponde a personas empleadas con formación de educación superior, lo que incluye técnicos, tecnólogos y profesionales. Para 5 de las personas no se registró la ocupación.

Tabla 5. Ocupación Trabajo independiente y rebusque Trabajo no remunerado Profesión Desempleado Sin información

235 150 26 39 5

51,6% 33,0% 5,7% 8,6% 1,1%

Total

455

100%

37


38


39


4. Análisis 4.1 Dinámicas del conflicto armado en Colombia y su relación con la violencia sexual El presente capítulo se centra en el análisis de los casos documentados y busca dar cuenta de las dinámicas de los actores armados en los territorios centrándose en el papel del ejercicio de la violencia sexual como práctica de guerra. Este análisis se llevará a cabo a partir de los siguientes apartados: 1) descripción de los casos, 2) el accionar de los actores armados y las violencias basadas en género, 3) la violencia sexual como estrategia de guerra. 4.1.1 Análisis descriptivo Como se describió en el capítulo anterior, el presente informe parte del análisis de los testimonios de 455 personas que recibieron acompañamiento psicosocial por parte de Círculo de Estudios. En este apartado se hará un análisis descriptivo estadístico del contenido de la base de datos recolectada por Círculo de Estudios con las siguientes variables: a) frecuencia hechos de violencia sexual, b) departamento de ocurrencia de los hechos, c) frecuencia de hechos por actor armado, d) temporalidad de los casos, e) caracterización de las víctimas. Esto permite caracterizar la base de datos y situar en un contexto histórico, temporal y geográfico los testimonios de las personas acompañadas. •

Frecuencia de hechos de violencia sexual

Como se puede observar en la Tabla 6, el 4,0% de las personas acompañadas reportaron haber sido víctimas de violencia sexual en dos ocasiones diferentes, el 0,7% reportaron tres hechos de violencia sexual y el 95,4% un hecho de violencia sexual.

40


Tabla 6. Frecuencia hechos de violencia sexual Un hecho Dos hechos Tres hechos

434 18 3

95,4% 4,0% 0,7%

Total personas

455

100%

Esta división por hechos representa la frecuencia de hechos de violencia sexual que ocurrieron en distintos momentos y que las personas acompañadas identifican como acontecimientos independientes. Sin embargo, dentro de cada uno de esos hechos ocurrieron una o múltiples formas de violencia por uno o varios responsables. Teniendo claro lo anterior, en el presente informe se utilizarán dos unidades de análisis distintas: las personas acompañadas, que corresponden a 455, y los casos documentados, que corresponden a 479. •

Departamento de ocurrencia de los hechos

Estos 479 ocurrieron en un total de 25 departamentos enlistados en la Tabla 7. Como se puede ver en dicha tabla, el 26,3% de los casos documentados ocurrieron en el departamento del Chocó, el 10,6 % en Nariño y el 9,0% en Magdalena.

41


Tabla 7. Departamento ocurrencia de los hechos Antioquia Arauca Atlántico Bolívar Caldas Caquetá Cauca Cesar Chocó Cundinamarca Córdoba Guainía Guaviare Guajira Huila Magdalena Meta Nariño Norte de Santander Risaralda Santander Sucre Tolima Valle del Cauca Vichada

34 3 11 7 1 3 12 40 126 3 6 1 3 4 33 43 12 51 39 1 9 8 22 3 4

Total

479

7,1% 0,6% 2,3% 1,5% 0,2% 0,6% 2,5% 8,4% 26,3% 0,6% 1,3% 0,2% 0,6% 0,8% 6,9% 9,0% 2,5% 10,6% 8,1% 0,2% 1,9% 1,7% 4,6% 0,6% 0,8% 100%

El alto número de casos en el departamento del Chocó, como ya se ha expuesto, se debe a que gran parte del trabajo de Círculo de Estudios se ha centrado en el acompañamiento a víctimas de violencia sexual en dicho departamento. Sin embargo, la representatividad de los casos en los demás departamentos da cuenta de aquellos territorios de las costas atlántica y pacífica y del fuerte impacto que el conflicto armado ha tenido en esas regiones del país.

42


En el mapa que se encuentra a continuación, se da una descripción gráfica de la concentración de casos por departamento. Los colores más fuertes dan cuenta de una concentración mayor de casos, siendo 127 el número más alto de casos por departamento en el Chocó, mientras que los colores más pálidos dan cuenta de los departamentos con menor concentración de casos, como lo serían el departamento de Caldas, Risaralda.

Ocurrencia de los hechos de violencia sexual

43 7

6

Frecuencia de hechos

39

34

9

127

3

127 3 3 12 51

22

4

64

12

4

1

3 3

Con tecnología de Bing © DSAT for MSFT, Microsoft, Navteq, Wikipedia

43


44


45


•

Frecuencia de hechos por actor armado

Los responsables de los 479 casos documentados se dividen de la siguiente manera: el 42,2% se les atribuyen a grupos guerrilleros, el 40,7% a grupos paramilitares, el 16,3% a grupos armados no identificados y el 0,8% a agentes del Estado.

Tabla 8. Frecuencia hechos de violencia sexual por grupo armado Guerrillas Agentes del Estado Paramilitares No identificado

202 4 195 78

42,2% 0,8% 40,7% 16,3%

Total

479

100%

La división de responsables representada en la Tabla 8 hace referencia a los actores armados agregados, pues un alto número de las personas acompañadas no saben a ciencia cierta el grupo armado específico al cual pertenecían su(s) agresor(es), pero suelen saber por lo comentado por la comunidad si pertenecían a guerrillas o grupos paramilitares. La Tabla 9 da cuenta de los responsables desagregados, donde se pudieron identificar: ELN (5,0%), FARC-EP (24,4%), Ejército (0,6%), Policía (0,2%), Rastrojos (1,0%), Urabeños (0,6%), AUC (9,6%), Águilas Negras (2,5%), guerrillas sin identificar (12,7%), paramilitares sin identificar (27,3%), no identificados (15,9%).

46


Tabla 9. Frecuencia hechos de violencia sexual por grupo armado desagregado ELN FARC-EP Ejército Policía Rastrojos Urabeños AUC Águilas Negras

24 117 3 1 5 3 46 12

5,0% 24,4% 0,6% 0,2% 1,0% 0,6% 9,6% 2,5%

Guerrilla sin identificar

61

12,7%

Paramilitares sin identificar No identificado

131 76

27,3% 15,9%

Total

479

100%

47


•

Temporalidad de los casos

Como se puede observar en el Gráfico 1, los casos documentados ocurrieron entre los años 1967 y 2017, con una concentración del 77,5% de los casos entre los años 1995 y 2010. Esta concentración de casos responde a dos periodos que el Grupo de Memoria Histórica dividió de la siguiente manera: 1) el periodo entre 1996 y 2005, y 2) el periodo entre 2005 y 2012. Grafíco 1. Hechos por año por actor armado agregado 60 40 20

19 6 19 7 6 19 9 7 19 1 7 19 3 7 19 5 7 19 7 7 19 9 8 19 1 8 19 3 8 19 5 8 19 7 8 19 9 9 19 1 9 19 3 9 19 5 9 19 7 9 20 9 0 20 1 0 20 3 0 20 5 0 20 7 0 20 9 1 20 1 1 20 3 1 20 5 17

0

Guerrillas

Agentes del Estado

Paramilitares

Total

El primer periodo hace referencia a lo que en el informe ¡Basta Ya! aparece como el capítulo Los años de la tragedia humanitaria. Según el análisis consignado en dicho informe, entre los años 1996 y 2005, la guerra alcanzó su máxima expresión, extensión y niveles de victimización. El conflicto armado se transformó en una disputa a sangre y fuego por las tierras, el territorio y el poder local. Se trata de un periodo en el que la relación de los actores armados con la población civil se transformó. En lugar de la persuasión, se instalaron la intimidación y la agresión, la muerte y el destierro. […] Para este periodo, la violencia adquirió un carácter masivo. Las masacres se convirtieron en el signo característico. El desplazamiento forzado escaló hasta llevar a Colombia a ser el segundo país en el mundo, después de Sudán, con mayor éxodo de personas. Los repertorios de violencia de los actores armados registraron su mayor grado de expansión en la historia del conflicto armado colombiano.12

12

Centro Nacional de Memoria Histórica, ¡Basta Ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad, 156.

48


El segundo periodo, de 2005 a 2012, se caracterizó por el fracaso de las negociaciones del gobierno de Andrés Pastrana con la guerrilla de las FARC-EP, así como por la desmovilización de los grupos paramilitares en medio de las estrategias de Defensa y Seguridad Democrática del gobierno de Álvaro Uribe Vélez: Su propuesta de la recuperación militar del territorio combinaba la profundización de la guerra contra las guerrillas —a las cuales negaba cualquier carácter político e ideológico— con la desmovilización de los paramilitares por medio de unas polémicas negociaciones, cuyos resultados han sido inciertos y desiguales en el territorio nacional. Obviamente, esta negativa a reconocer la existencia de un conflicto interno descartaba de entrada toda posibilidad de diálogos y negociaciones con la guerrilla, considerada un simple grupo de narcoterroristas que atacaba a un Estado plenamente legítimo. A partir de este planteamiento, su Gobierno desencadenó la mayor ofensiva política, militar y jurídica contra las guerrillas en la historia del conflicto colombiano.13

Como da cuenta el análisis consignado en el informe ¡Basta Ya!, el aumento de combates entre los distintos actores armados da cuenta de la reconfiguración territorial que tuvo lugar en el periodo de tiempo en el cual se concentran los casos documentados (1995-2010) y que, más allá de aumentar el número de muertos en combate, recrudeció las acciones de guerra de los actores armados en contra de la población civil. Este fenómeno se le atribuye a diversos factores y ha suscitado múltiples debates políticos y académicos. Sin embargo, el presente informe toma como punto de referencia para la comprensión de las dinámicas territoriales el análisis consignado en el informe ¡Basta ya! del Grupo de Memoria Histórica. En este periodo específicamente, y desde entonces, la relación de los actores armados con la población civil tuvo un cambio significativo, pues el conflicto armado pasó de centrarse en los combates entre los distintos actores armados a dinámicas de control territorial que involucraban de manera directa a la población civil. Esta modalidad de guerra es lo que la politóloga Mary Kaldor denomina las nuevas guerras, que se caracterizan por la informalidad de los conflictos armados

13

Centro Nacional de Memoria Histórica, 179.

49


contemporáneos que dirigen la gran mayoría de sus acciones bélicas a la población civil: las nuevas guerras implican una difuminación de las distinciones entre la guerra (generalmente definida como violencia entre estados o grupos políticos organizados por motivos políticos), el crimen organizado (violencia llevada a cabo por grupos organizados de forma privada con fines privados, generalmente con fines lucrativos) y violaciones a gran escala de los Derechos Humanos (violencia llevada a cabo por estados o grupos organizados políticamente contra individuos.14

La razón de este nuevo enfoque de la guerra que involucran “redes de actores estatales y no estatales y [donde] la mayor parte de la violencia está dirigida contra civiles”,15 responde en el caso colombiano a la necesidad de consolidar el control territorial. A diferencia de las guerras tradicionales, donde dos estados-nación se enfrentan en un espacio geográfico determinado, las nuevas guerras ocurren dentro de un territorio nacional y los actores que se enfrentan entre sí no tienen un territorio delimitado sobre el cual tengan jurisdicción. Esto implica que los actores armados se encuentran en constante tensión por el control del territorio y que deben buscar a toda costa dar cuenta de su autoridad y poderío. Este análisis de Kaldor es útil a la hora de intentar entender el recrudecimiento de las violencias hacia la población civil en el período en que los actores armados comienzan a disputarse más fuertemente el control territorial. En este orden de ideas, el accionar de los actores armados se ha centrado en las zonas rurales del país, donde la presencia estatal es más reducida y donde, por las características propias del campo colombiano, los actores armados encuentran mayores ventajas para su subsistencia. Esto se muestra en la Tabla 10, donde se puede ver que el 64,1% de los casos documentados ocurrieron en zona rural, mientras que el 35,9% en cascos urbanos.

14 15

Kaldor, New and Old Wars, 2. Kaldor, vi.

50


Tabla 10. Urbano/rural

•

Urbano Rural

172 307

35,9% 64,1%

Total

479

100%

Caracterización de las víctimas

Un factor determinante para comprender las dinámicas de los actores armados en relación con la violencia sexual es el perfil de las personas violentadas. Como se evidenció en el capítulo anterior, de las 455 personas acompañadas, el 84,6% son mujeres, mientras el 15,4% son personas LGBTIQ+ (Tabla 1). Si bien, desde Círculo de Estudios se reconoce que toda persona puede ser víctima de violencia sexual, el trabajo de acompañamiento se ha centrado exclusivamente en los grupos ya mencionados por representar los grupos poblacionales mayoritariamente afectados por esta modalidad de violencia. El perfilamiento de las víctimas de violencia sexual por parte de los actores armados surge de concepciones heteropatriarcales que históricamente han relegado a las mujeres al rol de víctimas por su condición de género. Es de suma importancia reconocer que las personas con identidades sexuales y de género no hegemónicas, o LGBTIQ+, también han sido históricamente discriminadas y violentadas de múltiples maneras, aunque la visibilidad de este tipo de violencias sea relativamente reciente, pues fueron reconocidas como grupo poblacional hasta hace muy poco. En este orden de ideas, la violencia sexual, como parte de las violencias basadas en género, recae sobre las personas que se encuentran en la base de la estructura jerárquica del género, ya sea por su condición de género (mujeres heterocisgénero), por su orientación sexual (gays, lesbianas, bisexuales) o

51


por su identidad de género no normativa (personas transgénero y no binarias). Las violencias basadas en género consisten entonces en actos violentos que implican o surgen de un reconocimiento de debilidad o inferioridad de condiciones basadas en el género, sea hombre, mujer u otro16. A través del artículo 13 sobre el derecho a la igualdad y no discriminación contemplado en la Constitución Política de Colombia de 1991, la Corte Constitucional ha brindado protección legal y material a las personas LGBTIQ+ en el territorio nacional. La igualdad es un principio que tiene como base la dignidad humana, según el cual todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, por tanto, deben recibir el mismo trato y protección por parte de las autoridades, y gozar de los mismos derechos, oportunidades y libertades sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica17. La Constitución Política define la igualdad como patrón fundamental del Estado y la sociedad. Por esta razón, la Carta rechaza cualquier trato excluyente o diferenciador que no tenga estricta justificación en sus postulados; pues tales mandatos han sido inspirados por obligaciones y pautas normativas definidas internacionalmente que sirven de referencia para comprender su definición y alcance18. En tal sentido, el artículo 13 de la Constitución ordena al Estado garantizar medidas especiales de protección a favor de grupos que por razones históricas o coyunturales se encuentran en condiciones menos favorables para el ejercicio efectivo de sus derechos, los cuales se han denominado sujetos de especial protección constitucional, entre los que se encuentran las personas LGBTIQ+.

16

Véase, Forer y López Díaz, Acerca de los crímenes de lesa humanidad y su aplicación en Colombia, 3. 17 Véase, Corte Constitucional, Sentencia T-077/16 18 Véase, Corte Constiticional, Sentencia T-1090/2005

52


De otra parte, el componente etario juega un papel fundamental a la hora de develar los patrones en el ejercicio sistemático y generalizado de la violencia sexual por motivo del conflicto armado. Si se tiene en cuenta que la violencia sexual se ensaña contra cuerpos leídos como apropiables e indefensos, la edad de las personas es otro factor determinante en el perfilamiento de las víctimas de violencia sexual por parte de los actores armados. Como se puede observar en la Tabla 11, el 43,8% de los casos corresponden a personas que tenían menos de 18 años al momento de los hechos, de los cuales el 24,6% del total de los casos corresponde a menores de 14 años.

Tabla 11. Edad al momento de los hechos Menores de 14 años

118

24,6%

Adolescentes (15-18 años)

92

19,2%

Adulto joven (19-27 años) Adulto (28-59 años)

129 139

26,9%

Adulto mayor (+60 años) Total

1 479

29,0% 0,2% 100%

53


54


4.1.2 El accionar de los armados y las violencias basadas en género Ellos llegaban a la parcela y obligaban a las mujeres a atenderlos sexualmente, no les importaba que fueran niñas o adultas, para ellos todas las mujeres del corregimiento eran iguales y para hacer lo mismos: tenían que hacer lo que ellos decían y por miedo lo hacían; les pegaban, las violaban, las maltrataban Jessica19 (C.056), Magdalena

Este capítulo parte de los testimonios de las 455 personas acompañadas psicosocialmente y de cómo percibieron la llegada de los actores armados a sus territorios y comunidades. A partir de la pregunta ¿cómo eran sus vidas antes y después de la llegada de los actores armados? las personas acompañadas describieron el accionar de los actores armados dando cuenta de dinámicas de discriminación hacia las mujeres y personas LGBTIQ+. Este apartado analiza esas descripciones con miras a identificar patrones de comportamiento de los actores armados en relación con las violencias basadas en género y el ejercicio de la violencia sexual. Luciana (C.451) vivía en Medio Atrato, Chocó en el año 2004 cuando fue víctima de acceso carnal violento y esclavitud sexual por parte de integrantes de las Autodefensas Campesinas. Según el relato de Luciana, en el año 2004 los armados de la región hicieron una reunión y escogieron las casas en las que se iban a meter y obligaban a las mujeres a lavar, cocinar y tener relaciones sexuales con ellos: Los paramilitares se contaban entre ellos cuáles mujeres les habían gustado más y a esas mujeres las obligaban a estar con el resto.

19

Los nombres e identidades de las personas fueron cambiados con el fin de garantizar la protección de los derechos a la intimidad y confidencialidad de las víctimas, preservar su seguridad y evitar la exposición en este informe. Al final de este documento se encuentra una tabla donde se relacionan los nombres asignados con el número del caso.

55


Además, recuerda que cuando la gente iba viajando por el río Beberá los paramilitares los hacían orillar en el río y si una mujer le gustaba a alguno de los armados la bajaban del bote y abusaban sexualmente de ella: En Bebaramá, Tanguí Tagachí, Bella Vista, Arquía, Murrí y Bojayá a las mujeres nos violentaron mucho, también a la comunidad LGBTI. Cuando los paramilitares se enteraban de que alguien era gay se lo llevaban a violarlo para corregirlo.

Por último, afirma que en la región ocurrían con frecuencia reclutamiento de niños, niñas, adolescentes y jóvenes (NNAJ), homicidios, violencia sexual y masacres hacia la población civil. Como ilustra el relato de Luciana, el accionar de los actores armados permite develar patrones en el ejercicio de ciertas violencias. La violencia sexual y otras violencias basadas en género hacían parte de la regularidad del accionar de los armados en la región. Este relato nos permite afirmar que en el Medio Atrato hubo un perfilamiento específico hacia mujeres y personas LGBTIQ+ como cuerpos apropiables y disponibles para los actores armados20. Si bien la violencia sexual recae de manera desproporcionada sobre estos dos grupos poblacionales, las formas de la victimización son diferenciadas. Las mujeres son obligadas a servirle a los actores armados realizando labores domésticas que desde la concepción heteropatriarcal se les atribuyen por su condición de género tales como lavar, cocinar y atender a los armados. A partir de lo narrado en el testimonio de Luciana, la violencia ejercida hacia las mujeres por parte de paramilitares en el Medio Atrato denota una concepción de las mujeres como disponibles. Esto explicaría la relación entre la servidumbre y la violencia sexual, entendiendo el cuerpo de las mujeres como dispuesto para satisfacer a los hombres armados.

20

Véase, Centro Nacional de Memoria Histórica, La guerra inscrita en el cuerpo. Informe nacional de violencia sexual en el conflicto armado.

56


Así se evidencia en el relato de Jessica (C.056), quien sufrió de violencia sexual en el municipio de Sitionuevo, Magdalena en el año 2002 por parte de integrantes del Bloque Norte de las AUC. Según el relato de Jessica las violencias ocurridas en su contra fueron una represalia de los actores armados porque su padre no pudo pagar las vacunas que ellos le cobraban. Jessica recuerda que su vida y la de su comunidad cambiaron drásticamente con la llegada de los paramilitares y que las mujeres se vieron especialmente afectadas: Ellos llegaban a la parcela y obligaban a las mujeres a atenderlos sexualmente, no les importaba que fueran niñas o adultas, para ellos todas las mujeres del corregimiento eran iguales y para hacer lo mismo; tenían que hacer lo que ellos decían y por miedo lo hacían, les pegaban, las violaban, las maltrataban.

Este testimonio da cuenta de cómo los actores armados, al tomar control sobre un territorio, toman control sobre quienes lo habitan. Sin embargo, al no tener jurisdicción 'formal' sobre dicho territorio, el ejercicio de la violencia se convierte en el vehículo para expresar su autoridad. En este ejercicio de poder, los cuerpos de mujeres, niños, niñas, adolescentes y jóvenes se convierten en el canal de comunicación por el cual se transmite el mensaje. Como afirma Rita Segato en La guerra contra las mujeres, el accionar de los actores armados ya no va dirigido al combate con otros guerreros, sino a la demostración del poder por medio del ejercicio de la violencia hacia quienes deberían estar protegidos/as por otros hombres/guerreros: Y ¿por qué en las mujeres y por qué por medio de formas sexualizadas de agresión? Porque es en la violencia ejecutada por medios sexuales donde se afirma la destrucción moral del enemigo, cuando no puede ser escenificada mediante la firma pública de un documento formal de rendición. En este contexto, el cuerpo de la mujer es el bastidor o soporte en que se escribe la derrota moral del enemigo.21

Para Segato, la violencia sexual ejercida hacia mujeres y niños, niñas, adolescentes y jóvenes (NNAJ), además de enviar un mensaje a quienes sufren la violencia de 21

Segato, La guerra contra las mujeres, 61.

57


manera directa y a quienes están en peligro de sufrirla, constituye un mensaje para la comunidad en su totalidad: quién detenta el poder sobre el territorio -y el territorio incluye la comunidad y todos los aspectos de sus vidas-. Es de esta manera que se entiende por qué la violencia sexual en el contexto del conflicto armado juega un papel expresivo antes que instrumental, pues su utilidad para quien la ejerce recae en la capacidad de enviar un mensaje contundente que es en sí mismo un mecanismo de intimidación, amedrentamiento y control. El accionar de los actores armados parte entonces de las concepciones heteropatriarcales arraigadas en la sociedad colombiana y que se ven profundizadas a través de la búsqueda de estrategias de control de la población a partir de la imposición de reglas morales. Con esta voluntad de control, los actores armados terminan por leer a la población civil a partir de la diada entre adhesión o aniquilación de los cuerpos civiles anexos al territorio. Esto significa que ante los ojos de los actores armados que buscan controlar un territorio delimitado, sus pobladores parecieran representar dos opciones: 1) adheribles a sus grupos armados, ya sea por el ingreso a las filas, ya sea por la obediencia o disposición a 'colaborar', o 2) aniquilables, ya sea por el asesinato, el desplazamiento o las violencias correctivas y represivas, ya sea por el aniquilamiento de su condición de ciudadanos y de sus identidades a través del sometimiento absoluto. El testimonio de María (C.339) da cuenta de hasta qué punto los actores armados imponen un código moral que permea los aspectos más íntimos de la cotidianidad de las personas. María vivía en el Alto Baudó, departamento del Chocó, en el año 2005 cuando fue víctima de violencia sexual por parte de integrantes del ELN. Según cuenta María la llegada de los actores armados implicó una ruptura en el relacionamiento propio de la comunidad: Llegaban al pueblo y siempre decían que querían lo mejor para el pueblo; hacían reuniones y de esas reuniones siempre había alguien para ellos castigarlo por algo malo que había hecho. Algunas veces los mandaban a limpiar los montes y, en una ocasión, mataron a un señor porque supuestamente era chismoso. Las mujeres también tenían reglas: una no podía hacer chisme, también tenía castigo, la mandaban a una a barrer el pueblo. Yo no supe de más mujeres que violaran, pero

58


las mujeres estábamos temerosas; de pronto todas habíamos sido violadas y ninguna nos atrevimos a decir nada.

Este testimonio da cuenta de varios elementos: en primer lugar, permite ver el trato diferenciado que los actores armados dan a hombres y mujeres así el 'crimen' sea el mismo (al hombre chismoso lo castigan o asesinan, a la mujer chismosa la ponen a barrer el pueblo) dando cuenta del componente generizado en el ejercicio de las violencias. Por generizado se entiende que la violencia sexual es ejercida en este contexto de manera diferenciada según la lectura que el victimario hace sobre el género de quien está siendo víctima de este tipo de violencia. En segundo lugar, el testimonio pone en evidencia que la autoridad de los actores armados permea las relaciones sociales hasta el punto de controlar algo tan íntimo como los temas de conversación (chisme); en tercer lugar, ejemplifica la ruptura de las relaciones de confianza dentro de la comunidad y las implicaciones que esto tiene para el ejercicio de la violencia sexual («de pronto todas habíamos sido violadas y ninguna nos atrevimos a decir nada»). María termina su relato haciendo referencia a las afectaciones al tejido social describiendo un antes y un después en las formas de vida y el relacionamiento de la comunidad del Alto Baudó: La vida antes de la violencia era otra, muy calmada; una podía salir a estar en la playa, una paraba tarde en la noche, así reunido contando chistes, salíamos a bailar. Todo eso ya no se puede. Antes la gente era muy amable, pero ahora, con todo lo que ha pasado la gente se ha vuelto muy resentida.

Este testimonio permite entrever hasta qué punto las medidas de control de los actores armados logran desmantelar el tejido social de las comunidades; no se trata únicamente de temerle u obedecerle a los actores armados, se trata de limitar las relaciones de cercanía dentro de la comunidad, pues al ser un actor externo que amenaza a la población, un tejido social fortalecido funciona como escudo que mantiene al actor armado aislado de la vida de la comunidad. Así, las dinámicas de control de la población van más allá de la obediencia o colaboración con el accionar de los actores armados, pues estos buscan la anulación de las voluntades de los pueblos como medida para asegurar su autoridad y jurisdicción sobre el territorio. 59


A partir de los testimonios recolectados y la relación que plantean entre el ejercicio de la violencia sexual y la ruptura de los lazos comunitarios, se puede afirmar que la violencia sexual logra dinamitar las relaciones de cercanía y confianza dentro de una comunidad, demostrando ser altamente efectiva para lograr los objetivos de los grupos armados. Por otro lado, la violencia ejercida hacia las personas LGBTIQ+ tiene un carácter distinto. Dentro de las concepciones heteropatriarcales presentes en la sociedad colombiana, la existencia misma de las personas con identidades de género y orientaciones sexuales no hegemónicas implica una ruptura de la norma y de los valores tradicionales. Estas concepciones binarias y heteronormativas se acentúan dentro de los grupos armados como parte del ejercicio de la masculinidad hegemónica ejemplificada, entre otras aproximaciones, en la imagen del guerrero, tal como lo plantea Rita Segato al analizar el funcionamiento de las corporaciones masculinas en Ciudad Juárez22. Este imaginario inalcanzable pone de manifiesto la constante competencia por acercarse al ideal del guerrero por medio de la actualización de la jerarquía de género: una de las vías para manifestar y afirmar la superioridad es demostrar que alguien más no lo está (sumisión). En este orden de ideas, la existencia de las personas LGBTIQ+, al desafiar los presupuestos que fundamentan la jerarquía de género, implican una amenaza para la masculinidad tradicional que responde con una violencia desproporcionada y demostrativa; lo anterior se refleja en el caso de Mariana, quien fue víctima de múltiples violencias por su identidad y expresión de género por parte de varios actores armados hasta el día en que fue asesinada. Mariana (C.593) vivía en el municipio de Tumaco, Nariño, donde fue víctima de tres hechos de violencia sexual. En el año 2008 sufrió de acceso carnal violento a la edad de 13 años por parte de integrantes de la Columna Móvil Daniel Aldana de las FARC-EP. Ese mismo año fue víctima de desnudez forzada y acceso carnal 22

Véase, Segato, Rita La guerra contra las mujeres, 2016

60


violento por parte de alias Caleñito, integrante de las Águilas Negras. Al momento de los hechos el victimario le expresó que eso le estaba ocurriendo por ser marica. En el año 2017, cuando salía de un velorio, fue asesinada por paramilitares por pasar un límite geográfico establecido por los actores armados para limitar la circulación de las personas LGBTIQ+. Luego de su homicidio, los actores armados hicieron una serie de afrentas verbales al cuerpo dejando en manifiesto el componente discriminatorio del asesinato. Antes de su muerte, Mariana hacía parte visible de las personas LGBTIQ+ en Tumaco y ejercía labores de liderazgo. Este caso particular esboza un posible patrón en el accionar de los actores armados en el municipio de Tumaco para con las personas LGBTIQ+, quienes sufren de violencias sistemáticas a lo largo de su vida debido a su orientación sexual y/o su expresión e identidad de género. Este grupo poblacional ha sufrido de manera desproporcionada con la presencia de los actores armados, pues se han ensañado con sus cuerpos para corregirlos y castigarlos. Así se evidencia en el caso de Juan (C.586), quien fue víctima de acoso sexual y acceso carnal violento por parte de un actor armado no identificado en el municipio de Tumaco, Nariño, en el año 2012. Juan cuenta que las amenazas por parte del grupo que lo violentó comenzaron en el año 2009, cuando tenía tan solo 11 años, cuando se comenzó a notar. A partir de ese momento fue víctima de acoso sexual por parte de distintos actores armados y miembros de la comunidad durante varios años. En el año 2012, mientras estaba en la playa, se encontró con dos integrantes de un grupo armado que solían amenazarlo y acosarlo desde pequeño. Los agresores comenzaron a insultarlo, pero como no les hizo caso, lo agredieron sexualmente mientras se reían y le gritaban comentarios relacionados con su orientación sexual. Juan reporta que, además de las afectaciones a nivel personal, las violencias sufridas han tenido un impacto a nivel comunitario:

61


El conflicto no se sentía de día, sino de noche. No podíamos andar por ahí porque nos preguntaban quiénes éramos, qué hacíamos y para dónde íbamos. La comunidad LGBTI ha sido la más afectada por los armados; ellos se la pasaban entregando panfletos donde decían que nos iban a asesinar porque éramos una 'plaga'.

Lo narrado por Juan da cuenta del accionar diferenciado de los actores armados frente a las personas LGBTIQ+, pues el ejercicio de la violencia sexual y las violencias basadas en género tienen como objetivo el aniquilamiento de sus vidas y sus identidades. Como se afirma en el informe del Centro Nacional de Memoria Histórica, La guerra inscrita en el cuerpo, Sobre sus cuerpos, los actores armados han realizado una doble lectura: por un lado, son considerados cuerpos apropiables, en algunos casos hipersexualizados, que están a su disposición, pero también son leídos como cuerpos anómalos, sujetos de corrección, castigo y aniquilamiento, tanto simbólico como material.23

En los testimonios recolectados, un alto número de personas relacionaron la llegada de los actores armados a sus territorios con el ejercicio sistemático de la violencia sexual hacia mujeres, NNAJ y personas LGBTIQ+, refleja cómo ante los ojos de los armados, estos grupos poblacionales son leídos como indefensos y por lo tanto objeto de posible sometimiento a su voluntad por medio de violencias físicas y psicológicas. En este orden de ideas, en el presente informe se habla de 'cuerpos feminizados' para hacer referencia a cómo la mirada de los actores armados lee a estos cuerpos como inferiores en la jerarquía de género y, por tanto, objeto disponible para el ejercicio de la violencia en razón de sus condiciones, expresiones e identidades de género así como sus orientaciones sexuales.

23

Centro Nacional de Memoria Histórica, La guerra inscrita en el cuerpo. Informe nacional de violencia sexual en el conflicto armado, 322.

62


4.1.3 La violencia sexual como estrategia de guerra En el momento que abusaron de mí también abusaron del resto; de mi hermana, mi madre y mis tías. No tenían piedad de nadie, y nosotras por miedo a que nos mataran pues teníamos que dejarnos porque si nos resistíamos era peor. Y a otras mujeres también, pues sí, ya en ese momento se sabía quiénes eran y qué delitos cometían en el pueblo, pero no se podía decirles nada porque mandaban y gobernaban en ese entonces el pueblo. Adelaida (C.045), Magdalena La pregunta planteada en el apartado anterior, ¿cómo eran sus vidas antes y después de la llegada de los actores armados?, sirve también para analizar el contexto en el cual ocurrieron los hechos victimizantes, partiendo de la relación que las personas acompañadas establecen entre la ocurrencia de la violencia sexual y el desplazamiento forzado. Este apartado busca analizar la relación entre estos dos hechos victimizantes con miras a comprender algunos de los objetivos concretos de los actores armados al adoptar la violencia sexual como práctica de guerra. En el año 2005, Luz (C.039) vivía en Malambo, Atlántico, cuando fue víctima de acceso carnal violento por parte de paramilitares. Luz relata que llegó a ese municipio porque le ofrecieron trabajo a su marido cuidando una finca. Cuando llevaban menos de un mes viviendo allá, llegaron varios hombres encapuchados preguntando por el dueño de la finca y argumentando que les debían dinero de unas 'vacunas'. El marido de Luz les dijo que el dueño no estaba viviendo ahí y que él no tenía dinero para darles. Ante esta respuesta, los hombres entraron forzadamente a la casa y le exigieron que pagara a como diera lugar, así el pago fuera 'en especie'. Posteriormente los golpearon a los dos y a ella la violaron. Luz cuenta que para la época los paramilitares hacían presencia en el territorio: ellos querían tener dominio de toda la zona, y al que no tenía dinero para darles abusaban de sus mujeres y el que no se dejaba lo mataban. En su relato, Luz establece una relación entre las dinámicas de control de la población, como lo es el cobro de 'vacunas', y el ejercicio de la violencia sexual.

63


Las palabras de Luz explicitan el uso estratégico de la violencia sexual. Por un lado, se utiliza como un castigo por no pagar el dinero que los armados exigían (así el pago fuera en especie); por otro, el ejercicio sistemático de la violencia sexual funciona de forma ejemplarizante a manera de amenaza (al que no tenía dinero para darles abusaban de sus mujeres). Luego de los hechos, ella y su marido se vieron obligados a desplazarse dejando atrás sus bienes materiales y su trabajo. Al desplazarse los actores armados se apropiaron de la finca en donde trabajaban. La forma en la que Luz narra los hechos permite entrever cómo la violencia sexual ejercida hacia las mujeres buscaba controlar el comportamiento de la comunidad, pues, tal como se ha indicado, en la lógica basada en el género (generizada) de los actores armados, la violencia sexual ejercida contra las mujeres implica la máxima demostración de control y sumisión. Esta agresión contra la supuesta 'propiedad' de los otros hombres ('sus mujeres') pone de manifiesto el poder de los actores armados por encima del de los habitantes de la región. Dentro de las lógicas generizadas desde las cuales se ejerce la violencia sexual por motivo del conflicto armado, el ejercicio de la violencia sexual hacia las mujeres de una comunidad implica 1) que los hombres del territorio no se encuentran en capacidad de protegerlas y 2) que sus propiedades han sido usurpadas y se encuentran a disposición de los armados. La forma en la que los actores armados utilizan la violencia sexual denota hasta qué punto el cuerpo de las mujeres es leído en relación con el territorio. El control del territorio implica el control de los cuerpos, la conquista del territorio implica la conquista de los cuerpos y viceversa. En síntesis, como lo plantean diversos autores, entre ellos Segato, la incierta jurisdicción sobre el territorio físico delimitado es sustituida y satisfecha por medio del control de los cuerpos. Así como en el caso de Luz, el 77,4% de las personas acompañadas reportaron desplazamiento forzado como consecuencia de la violencia sexual. Esta modalidad de violencia permite entrever algunos de los objetivos que parecieran buscar los armados al adoptarla como práctica de guerra. En el caso de Victoria (C.343), quien fue desplazada como consecuencia directa de los hechos victimizantes, el ejercicio

64


de la violencia sexual fue una estrategia de los integrantes de las FARC-EP para apropiarse de las tierras de su padrastro: En ese tiempo mi padrastro era concejal de Urrao. Fue un día de noviembre de 2012 y él se había ido a trabajar. Mi mamá era enfermera de ambulancia y le había tocado turno. A la media hora de que ella salió tocaron a la puerta de la casa. Estábamos mi hermana mayor, de 16 años, y yo. Mi hermana me dijo 'Anda para ver quién es'. Yo pregunté quién era y me dijeron que estaban buscando a mi padrastro. Yo les dije que no estaba y el hombre que estaba tocando siguió insistiendo con que le abriéramos la puerta. Decía que eran unos amigos de mi papá y que necesitaban dejarle una encomienda. Cuando abrí la puerta vi que eran como 6 hombres y estaban armados. Traté de cerrar la puerta, pero no pude y salí corriendo para adentro. En ese momento salió mi hermana y le preguntaron dónde estaba mi papá. Ella dijo que no sabíamos y nos empezaron a pegar. Dos la cogieron a ella y dos a mí. Revolcaron toda la casa buscando a mi papá. El más grandote decía que como mi papá no estaba le iban a dejar una razón con nosotras. Otro le decía “cómanse a esas perras”. También nos decían que las mujeres no servíamos para nada. A mi hermana le pegaron más que a mí. Nos violaron dos a cada una y cuando se fueron dejaron un papel que decía Por las tierras dejamos un regalito con sus hijas.

El relato de Victoria deja de manifiesto el uso específico de la violencia sexual para lograr el despojo de tierras. Los actores armados no sólo buscaron desplazar a la población considerada ‘enemiga’ o como ‘castigo’ por la desobediencia a sus imposiciones. En el testimonio de Victoria se puede ver claramente el objetivo de apropiarse de las tierras («Por las tierras dejamos un regalito con sus hijas»). Victoria cuenta que ese mismo día se desplazaron para Quibdó y dejaron todo abandonado: Después de que nos vinimos a Quibdó, a los dos meses mi papá dijo que iba a Urrao a recoger todo lo que habíamos dejado allá. Él se fue y se quedó como un mes, renunciando al consejo y arreglando todo. Cuando mi mamá preguntó qué había pasado con las tierras, él dijo que iba a dejar así. Las tierras eran de mi papá y ellos querían que les vendiera las tierras, pero él no quiso. Por eso nos pasó lo que nos pasó.

65


El ejercicio de la violencia sexual en el caso de Victoria fue utilizado como castigo por no querer vender las tierras, pero también como la estrategia más efectiva para lograr apropiarse de estas. Casos como este, en el que las personas relacionaron la violencia sexual con el desplazamiento forzado, permiten considerar que el ejercicio de la violencia sexual, como práctica de guerra en Colombia, ha tenido como uno de sus objetivos principales el desplazamiento forzado de las personas. Este desplazamiento beneficia a los victimarios por la facilidad para apropiarse de las tierras abandonadas. No es entonces coincidencia que en el 8% de los casos documentados los armados hayan ido a las casas de las personas a buscarlas, violentarlas sexualmente y amenazarlas para que se desplacen del territorio. Tal es el caso de Daniela (C.109), quien fue víctima de acceso carnal violento por parte del Frente 3 de las FARC-EP cuando vivía en Belén de los Andaquíes en el departamento de Caquetá, en el año 2009. Para esa época ella vivía con su esposo en una finca, trabajan en el campo y ella era secretaria de la Junta de Acción Comunal (JAC). Según cuenta Daniela, un día su esposo se fue a otro municipio a visitar a su mamá. Mientras él estaba de viaje, cinco hombres armados llegaron a su casa preguntando por él: Se quedaron por ahí dando vueltas por la finca y me seguían preguntando por mi esposo. Mi hijo estaba prestando servicio militar y me dijeron que alguien les había dicho que era soldado profesional y que eso estaba prohibido ahí. Además, en esa época era peor porque estaban en todas esas campañas de desmovilización. Ellos aprovecharon que yo estaba sola en la casa y después de eso me violaron.

Luego de los hechos, Daniela, por su cercanía con la comunidad a raíz de su puesto en la Junta de Acción Comunal, se enteró que los armados habían estado preguntando por sus tierras y que las querían para ellos. El testimonio de Daniela pone de manifiesto un plan para apropiarse de las tierras de la familia que se evidencia en los siguientes elementos: 1) según el presidente de la JAC y otros miembros de la comunidad, los actores armados querían 66


apropiarse de las tierras de Daniela, 2) el hecho de violencia sexual ocurrió justamente cuando Daniela se encontraba sola en la casa, de lo cual se puede deducir que los actores armados planearon la 'visita', 3) al hacer referencia a la prohibición de tener un hijo soldado profesional, los guerrilleros parecieran dejar claro que está incumpliendo las reglas para habitar la zona. Adicionalmente, Daniela cuenta que luego del desplazamiento forzado los guerrilleros lograron ubicarla y comenzaron a llamarla insistiendo en comprarle las tierras. La citaron para encontrarse con ellos, pero ella no fue a los encuentros y cambió nuevamente de número de teléfono y de lugar de residencia. Este último aspecto da cuenta del interés de los armados por legalizar la tenencia de la finca, haciendo visible la relación entre la violencia sexual sufrida y el despojo de tierras. Si bien la mayoría de los casos documentados ocurrieron en el lugar de vivienda de las personas cuando los armados llegaban a buscarlas, se pudieron identificar otros lugares donde se ejerció violencia sexual de manera recurrente, develando un patrón en el ejercicio de la violencia sexual por motivo del conflicto armado. Los lugares de ocurrencia de los hechos se relacionan con distintos modos de ejercer la violencia sexual. A continuación, se describen algunos de los casos que representan los modos más reportados por las personas acompañadas: •

Gabriela (C.002) ejercía el trabajo sexual en San Vicente de Chucurí, Santander, en el año 2001. La mujer cuenta que un día un paramilitar entró a su pieza y le dijo 'quiero estar con usted'. Ella le respondió informándole el costo del servicio. Sin embargo, el armado se negó a pagarle y la amenazó. Eso sucedió en repetidas ocasiones; llegaban a su pieza y la obligaban a tener relaciones sexuales con ellos mientras la intimidaban con sus armas.

•

Sara (C.015) vivía en el sur del departamento de Bolívar cuando fue violentada sexualmente por un integrante de una guerrilla sin identificar en el año 1998. Sara cuenta que una señora le ofreció un trabajo y ella aceptó porque necesitaba los ingresos para la manutención de sus hijas:

67


me llevó a un lugar horrible donde había muchos hombres armados y más personas reclutadas raspando coca. Llegué allá con los ojos vendados. Parecía un campamento guerrillero, pero no estoy segura.

En ese lugar sufrió de acceso carnal violento por parte de los armados. •

Sofía (C.087) y Fernanda (C.089) fueron violentadas sexualmente por integrantes de las FARC-EP cuando transitaban por la ruta habitual entre el colegio y su casa. Sofía fue violentada en Bogotá en el año 2007 y Fernanda en 1986 en Cajibío, Cauca. Así como los casos de Sofía y Fernanda, las personas acompañadas reportaron que los diversos actores armados las interceptaron en caminos, carreteras o vías y se las llevaron a lugares alejados para violentarlas.

•

Valentina (C.050) trabajaba en un bar del terminal de Barranquilla, Atlántico, en el año 1994. La mujer relata que los paramilitares llegaban a tomar a ese lugar y a acosar a las mujeres que les gustaban. Ella solía atenderlos, pero nunca había sido víctima de sus comportamientos: Un día se tomaron tres botellas de ron, pero sólo me pagaron dos y me dijeron que me fuera con ellos para cancelarme la última botella. Me subieron en una camioneta negra y me llevaron vía Puerto Colombia". Estando en el carro la violentaron sexualmente y la dejaron desnuda botada en la carretera. Ella se desplazó y a los 4 meses regresó: "cuando volví llegué a trabajar en ese mismo lugar y me contaron que dos de mis compañeras no habían regresado nunca, después de salir con esos mismos hombres.

•

Isabella (C.070) estaba en Manatí, Atlántico, con una amiga en una fiesta de la gente de su colegio, en el año 2002: En esa fiesta había mucha gente, llegaron unos hombres bien vestidos y se sentaron en la mesa de al lado nuestro. Nosotras estábamos tomando cerveza y ellos nos invitaron a tomar algo más fuerte. Recibimos un trago y al rato nos paramos para irnos. Cuando íbamos saliendo los hombres nos pidieron que nos quedáramos, nosotras por pena nos sentamos un rato.

68


Cuando ya nos íbamos a ir nos dijeron que nos invitaban a comer chicharrón en un sitio conocido del pueblo.

Isabella cuenta que en camino a ese lugar su amiga comenzó a sentirse mal y les dijeron que se iban a ir. Los hombres armados les sacaron las armas y las obligaron a subirse a unas camionetas con ellos. Se las llevaron a una finca donde les dijeron que eran paramilitares y que mejor se quedaran calladas y obedecieran: pensamos que nos iban a secuestrar y les dijimos que no teníamos dinero. Ellos se rieron y nos dijeron que tocaba colaborar con el conflicto y que este era un aporte sexual. •

Camila (C.779) vivía en el sur del municipio de Tumaco y trabajaba en el bar de una tía como mesera para el año 2017. En la zona había presencia de las disidencias de las FARC-EP, al mando de alias Guacho. Camila recuerda que los armados comenzaron a acosarla, pero ella los ignoraba. Un día los armados organizaron una fiesta en el bar y uno de ellos empezó a ofrecerle cerveza. Ella, por miedo a molestarlo, aceptó la cerveza. Al rato comenzó a sentirse mareada y le pidió permiso a su tía para irse a descansar. Cuenta que fue violentada mientras estaba inconsciente.

Estas narraciones ilustran algunas de las modalidades que se reportaron en los casos documentados y que permiten entrever las distintas estrategias de los actores armados para ejercer la violencia sexual, así como los lugares donde encuentran y elijen a las mujeres que van a violentar. Estos casos permiten constatar la normalización de la práctica de la violencia sexual en los espacios cotidianos de las personas y de los armados y que parecieran tener motivaciones distintas a aquellos casos en los que buscan a las víctimas en sus casas para violentarlas con un objetivo concreto. En estos relatos se hace evidente, una vez más, cómo ante los ojos de los actores armados las mujeres y niñas son leídas como 'disponibles' para los hombres cuando deseen tomarlas. Además, permite identificar hasta qué punto la vida de las mujeres y niñas se ve afectada por la presencia de los actores armados, quienes están en constante búsqueda de favores sexuales en todos los espacios que habitan como, por ejemplo, bares, caminos, colegios, tiendas.

69


70


71


4.2 Afectaciones derivadas de la violencia sexual Jamás en mi vida esperé que alguien me tomara a la fuerza, uno no dimensiona cuando no le ha sucedido las implicaciones que una violación tiene en la parte emocional de las personas, yo soy otra persona y la desconfianza es el pan de cada día en mi vida. La violencia sexual es una manera de matar psicológicamente a una persona, lo peor de la vida es ser violado de esa manera. Por muchos años viví con miedo a todo, repetía en mi cabeza las imágenes, los sonidos, los insultos. Después, lo que terminó por acabar mi vida fue descubrir que era portador del VIH a raíz de eso. Yo sentía que me habían matado, pero que no me habían matado bien. Diego (C.335), Chocó El presente capítulo comprende el análisis de las distintas afectaciones derivadas de los hechos de violencia sexual. Las categorías acá utilizadas corresponden a los elementos identificados en los testimonios de las 455 personas acompañadas. En particular se tratarán los siguientes ejes de análisis: a) afectaciones psicosociales, b) afectaciones a la salud mental, c) afectaciones físicas.

4.2.1 Afectaciones psicosociales Ya después de eso no soy muy amante de los hombres, no me gusta tener relaciones. No he tenido marido desde esa vez. Mi vida sexual se vio completamente afectada, no siento ningún placer con las relaciones sexuales, no siento nada por los hombres, no siento amor por ellos. Allá yo antes cultivaba, estaba pendiente de los animales y la vida me gustaba; después de eso ya perdí el interés en todo. Los grupos armados hicieron y deshicieron con la gente, con las propiedades y con uno como persona. Ada (C.350), Chocó

72


El impacto de la violencia sexual varía de persona a persona, pues la profundidad de las afectaciones está ligada tanto a la manera misma en la que la violencia sexual fue ejercida (uso de la fuerza, amenazas, lugar de ocurrencia, identidad del victimario, quiénes estaban presentes, etcétera.), al significado de los hechos violentos para la víctima, al contexto en el cuál ocurrieron las violencias y las relaciones sociales de la víctima en los contextos cotidianos. Este apartado busca analizar con categorías construidas a partir de los testimonios mismos de las víctimas de violencia sexual, las distintas afectaciones psicosociales derivadas de los hechos de violencia. Es importante resaltar que el bienestar psicosocial se puede entender como el equilibrio existente y satisfactorio que cada quien percibe en torno a su cuerpo, sus emociones y sus relaciones; en este orden de ideas, el sufrimiento del cuerpo afecta y tiene la capacidad de transformar todos los otros elementos constitutivos de las personas, en tanto es concebido de manera sistémica. En el caso de la violencia sexual, los impactos derivados de los hechos violentos tienen la capacidad de complejizar las relaciones, emociones y la corporalidad misma de las personas de un modo no beneficioso para el bienestar de cada quien. Por lo tanto, al hablar de afectaciones psicosociales se hace referencia a distintas dimensiones de los seres humanos tales como sus relaciones sociales, familiares, laborales, escolares y de la vida cotidiana, su relación consigo mismas, su relación con sus espacios (la casa, el lugar de trabajo y el territorio que habitan), su relación con las autoridades e instituciones estatales, entre otras. En este orden de ideas, en el presente apartado, a partir de los testimonios documentados, se busca analizar la diversidad de aspectos que han sido afectados por la violencia sexual por motivo del conflicto armado. Así, las categorías de análisis parten de las afectaciones que las víctimas identificaron como consecuencias directas o derivadas de los hechos violentos ocurridos en su contra: 1)miedo ( a. maternidades sobreprotectoras, b. el peso del secreto, c. rabia y desconfianza hacia los hombres, d. miedo a los uniformados), 2)afectaciones a relaciones de pareja (a. ruptura de relaciones de pareja, b. no volver a conformar relaciones de pareja), 3) afectaciones al tejido social (a. afectaciones al tejido social

73


primario, b. aislamiento social, c. afectaciones ligadas al territorio), 4)afectaciones al proyecto de vida (a. afectaciones a la niñez, b. afectaciones en el derecho y acceso a la educación, c. afectaciones socioeconómicas, d. participación política). 4.2.1.1 Miedo El miedo fue la afectación psicosocial que más reportaron las personas acompañadas y que relacionan con distintas consecuencias negativas en sus vidas. El miedo en relación con la violencia sexual tiene unas características particulares que se irán develando a partir de los ejes que componen este apartado: 1) maternidades sobreprotectoras, 2) el peso del secreto, 3) rabia y desconfianza hacia los hombres, y 4) miedo a los uniformados. Si bien el miedo que reportan las víctimas aparece como una consecuencia derivada de la violencia sexual, la sensación de miedo a sufrir una agresión sexual acompaña a las mujeres y a demás cuerpos objetualizados como femeninos (en adelante cuerpos feminizados) desde muy temprana edad y es exacerbado con la ocurrencia de la violencia sexual. Este miedo a ser víctima de una agresión sexual es transmitido de generación en generación y son las madres, abuelas, hermanas y cuidadoras quienes le enseñan a las nuevas generaciones de mujeres a tomar precauciones, a estar siempre atentas, a tener miedo a la violencia sexual en el horizonte de posibilidades del día a día. Esta transmisión generacional responde al universo simbólico de la vulnerabilidad de las mujeres y demás cuerpos feminizados frente a la violencia sexual y resulta en un miedo colectivo: no es únicamente el miedo individual, se tiene miedo de las agresiones sexuales que pueda sufrir cualquier cuerpo feminizado. Como lo afirman Juliana Toro y María Ochoa en su investigación sobre las cartografías del miedo en Medellín, "[…] el miedo es inoculado con mensajes inocentes desde la infancia y opera como una ‘caja de resonancia del discurso ancestral’ cada vez que se establece la idea de que la mujer que está en la calle, está fuera de lugar".24 Esta sensación de no pertenecer al espacio público se expresa de distintas maneras y tiene varios matices según las situaciones concretas y las condiciones de vida de 24

Toro-Jímenez y Ochoa-Sierra, «Violencia de género y ciudad: cartografías feministas del temor y el miedo», 72-73.

74


las personas. Por ejemplo, la noche suele ser percibida como un factor que aumenta el peligro, así como las calles donde hay concentración de la presencia masculina (lugares donde se concentran los talleres mecánicos, las obras, o las canchas de fútbol y baloncesto). Sin embargo, el miedo a habitar o transitar estos espacios, y muchos otros, se ve mermado o desparece por completo cuando se cuenta con la compañía masculina. Así, se puede constatar que el miedo a sufrir una agresión sexual tiene un componente que se deriva de los prejuicios socioculturales sobre el género: afecta únicamente a cuerpos feminizados, aumenta en espacios solitarios ('la calle no es para que una mujer ande sola') o de concentración masculina y disminuye junto a la compañía ‘protectora’ de un hombre. Si bien el miedo a las agresiones sexuales es aprendido y transmitido generacionalmente, las experiencias de vida de mujeres, niñas y adolescentes les recuerda una y otra vez su vulnerabilidad frente a la violencia sexual. Como lo afirman Ochoa y Torres; ... no se puede desconocer que esos temores se encuentran justificados en los diferentes abusos que sufren las mujeres, que van desde una mirada persistente y morbosa hasta la violación y el feminicidio. Desde la adolescencia, las mujeres conviven diariamente con las miradas, el escrutinio y los comentarios soeces sobre su cuerpo, sufren acoso sexual callejero de manera cotidiana, y todas las mujeres han vivido al menos una situación que las ha perturbado por su condición de mujer.25

Para las personas LGBTIQ+ la situación es bastante similar: sus cuerpos son leídos como vulnerables frente a la violencia sexual, es decir, son leídos como cuerpos femeninos/feminizados. Aunque hombres gays, mujeres transgénero y personas no binarias que hayan sido socializadas como hombres desde su infancia no experimentan del mismo modo la inculcación del miedo a la violación, una vez su expresión de género, su orientación sexual y/o su identidad de género se desvían de la norma, las agresiones sexuales y la hipersexualización de sus cuerpos se convierte en parte de su cotidianidad.

25

Ibíd., 82.

75


En este orden de ideas, es normal que la ocurrencia de hechos de violencia sexual profundice y actualice ese miedo 'raíz', que hace parte de la vida misma de las personas feminizadas. La violencia sexual es entonces un miedo hecho realidad y una amenaza en el futuro. Así lo reflejan las cifras sobre la frecuencia de la violencia sexual tomadas de las 455 personas acompañadas. Como se puede observar en la Tabla 6, expuesta anteriormente, las personas víctimas de violencia sexual por motivo del conflicto armado viven con el riesgo de volver a sufrir otras violencias y agresiones sexuales en el futuro: 18 personas, el 4,0% de los casos documentados, reportaron haber sufrido de dos hechos de violencia sexual y el 0,7% (3 personas) reportaron haber sufrido 3 hechos de violencia sexual. En este sentido, cada hecho de violencia sexual reitera el peligro frente a nuevas agresiones y profundiza la sensación de miedo. Ese miedo tiene la capacidad de transformar profundamente la vida de las personas, quienes no encuentran formas de sentirse seguras, de protegerse ellas y a los cuerpos feminizados que las rodean. Esta toma de conciencia de la vulnerabilidad frente a las agresiones sexuales conlleva también la conciencia frente las consecuencias derivadas de esta forma de violencia y las implicaciones de vivir siendo víctima de violencia sexual. A continuación, se exploran las distintas maneras en las que ese miedo se expresa y de qué manera termina transformando la forma en la que las personas se relacionan con sus entornos más cercanos. •

Maternidades sobreprotectoras

Una de las consecuencias derivadas del miedo exacerbado frente a la violencia sexual es lo que aquí llamaremos maternidades sobreprotectoras. Como bien se expuso a principios de este apartado, el miedo a la violencia sexual no es únicamente individual, sino colectivo, y una de las expresiones de ese carácter colectivo son las maternidades. Las madres/cuidadoras suelen tener una consciencia de la vulnerabilidad de las mujeres, adolescentes y niñas ante este tipo de violencia; para los casos de mujeres que han sido víctimas de violencia sexual esta toma de consciencia se profundiza por el trauma derivado de los hechos violentos y puede expresarse a partir de medidas de cuidado extremo, en muchos casos desproporcionadas.

76


Tal es el caso de Catalina (C.326), quien fue víctima de violencia sexual por parte de integrantes del ELN en la vía Lloró-Bagadó, departamento del Chocó, cuando se encontraba en un viaje de trabajo en el año 2004. Fue violentada junto a otras dos mujeres con las que viajaba. Luego de los hechos, Catalina reporta múltiples afectaciones en su vida diaria, entre las cuales hace especial referencia al miedo y la desconfianza: Después de los hechos me volví muy desconfiada con los hombres, hasta con mis familiares tengo mucha desconfianza y soy muy protectora con mis hijas. No dejo que los hombres en general estén cerca de las niñas.

Así como Catalina, varias de las mujeres acompañadas comentan haber cambiado drásticamente la relación con sus hijas a raíz de una desconfianza generalizada hacia los hombres. El componente generizado de la violencia sexual tiene un impacto tal en la percepción del peligro que la desconfianza y el miedo logran permear espacios que antes representaban seguridad para las víctimas; así, espacios tales como el barrio, la casa propia o de familiares y amigos cercanos dejan de ser percibidos como espacios seguros por la amenaza de la 'intrusión' o la presencia masculina. Emilia (C.006) fue víctima de violencia sexual por parte de un actor armado no identificado en el municipio de Bucaramanga, Santander, en el año 2004. Emilia se encontraba en una finca con su familia, al otro lado del barrio Villa Luz, cuando alrededor de 8 hombres armados llegaron preguntando por la ubicación de unas armas. Al no encontrar respuesta, separaron a los hombres de las mujeres, y ella junto al resto de mujeres y niñas que se encontraban en el lugar fueron llevadas a un cuarto donde sufrieron de acceso carnal violento. Emilia reporta un cambio en las sensaciones de seguridad y tranquilidad que afectan de manera significativa sus relaciones sociales y familiares: Yo vivía feliz con mi familia en el campo, me sentía tranquila. Luego de eso me alejé de todo, me encerré; yo no quería que me hablaran. Sentía además mucha inseguridad por mis hijas, yo no era capaz de dejarlas nunca solas por miedo a que les pasara lo mismo que nos pasó a mí y a mi hermana.

77


Aun en los casos en los que la violencia sexual ocurre de manera individual (una sola persona es violentada) la sensación de peligro e inseguridad frente a la violencia sexual aumentan significativamente. Sin embargo, en los casos en los que la violencia sexual ocurre de manera colectiva (varias personas son violentadas) el componente generizado de la violencia sexual se hace aún más evidente ante los ojos de las víctimas; acciones tales como separar a hombres de mujeres para violentarlas sexualmente refuerzan las jerarquías de género y reiteran la feminización de los cuerpos violentados. Así, no es de extrañar que en la mayoría de los casos en los que las madres/cuidadoras acompañadas reportan un cambio en el ejercicio de sus maternidades, hayan sido víctimas de violencia sexual junto a otras mujeres, adolescentes y niñas. Los distintos impactos que la violencia sexual tiene en las maternidades no se limitan a las situaciones en las que las madres/cuidadoras son las víctimas de violencia sexual; en el caso en el que las víctimas son niños y niñas o cuando requieren de cuidados especiales por parte de sus madres/cuidadoras, la sensación de responsabilidad frente al bienestar de esas vidas termina por afectar de manera significativa a las madres/cuidadoras. Tal es el caso de Amanda (C.191), quien sufrió de violencia sexual por parte de un miembro de una guerrilla sin identificar; los hechos ocurrieron en el municipio de Codazzi, Cesar, en el año 2012 mientras ella estaba en la casa y su madre se encontraba en el trabajo. El caso de Amanda fue narrado por su madre, pues ella tiene una discapacidad cognitiva que, entre otras cosas, le dificulta la comunicación verbal. En su relato, la madre hace referencia a los impactos que la violencia sexual ha tenido en ambas, pues al tener una relación de cuidado tan cercana con su hija siente las consecuencias de los hechos de manera conjunta: El día que la encontré en la casa me sentí culpable y sentí mucha impresión de verla así. Yo trabajo para mi hija y mis nietas y ese día sentí que mi vida se me

78


acababa. Desde ese día no ha sido nada fácil continuar con la vida y los proyectos que teníamos, no sabiendo lo que le ocurrió.

Como se expone en el relato de la madre de Amanda, el peso de la violencia sexual recayó no sólo en Amanda sino también en su madre, quien carga con culpa de los hechos ocurridos en contra de su hija. En situaciones como esta, en la que la violencia sexual se ejerce contra personas en incapacidad de resistir, la ocurrencia de los hechos profundiza la sensación de miedo e inseguridad de la madre/cuidadora, quien llega a experimentar las consecuencias de la violencia sexual de manera muy profunda, como si le hubiera ocurrido a ella. • El peso del secreto A partir de los relatos documentados se pudo identificar que el 5% de las personas acompañadas no comentaron los hechos de violencia sexual con nadie durante años e incluso algunas hablaron de lo ocurrido por primera vez en los círculos de estudio. Dentro de las múltiples razones presentadas prevalecen miedos asociados a los sentimientos de culpa y vergüenza, así como a represalias por parte de los victimarios. Este último aspecto se relaciona con las amenazas recibidas durante los hechos de violencia sexual. Como se puede observar en la Tabla 12, durante los procesos de documentación el 94,9% de las personas acompañadas aseguran haber sentido que su vida estaba en riesgo; este riesgo hace referencia a violencia desproporcionada al momento de los hechos, intento de homicidio durante la violencia sexual, asesinato de alguna persona que también sufrió violencia sexual junto a ellas, estar siendo apuntadas con un arma durante los hechos, entre otras, y, en la mayoría de los casos registrados, amenazas de muerte en caso de denunciar.

79


Tabla 12. Riesgos al momento de los hechos Sí No Sin información

432 21 2

Total

455

94,9% 4,6% 0,4% 100%

Estas amenazas son dirigidas hacia las personas o hacia sus familias y marcan un patrón en el accionar de los actores armados a la hora de ejercer violencia sexual. A diferencia de otras formas de violencia ejercidas de manera generalizada por los actores armados a lo largo del conflicto armado colombiano, la violencia sexual carga con un estigma que, como se ha mencionado anteriormente, culpabiliza a las víctimas, aumentando las barreras para la denuncia. Esto sumado a las amenazas de muerte en caso de denuncia y a las dificultades emocionales para hablar sobre la violencia sexual en específico terminan siendo razones de peso para guardar secreto sobre lo ocurrido, o comentarlo en un círculo pequeño y de extrema confianza, dejando la denuncia ante las autoridades fuera de cuestión. En este contexto, es necesario resaltar que la violencia sexual ha sido utilizada por los actores armados como una forma de silenciar los liderazgos políticos y comunitarios de las mujeres organizadas. El uso de la violencia sexual como una estrategia para silenciar a las lideresas afecta al resto de las mujeres de la comunidad al debilitar, e incluso acabar, con las redes de apoyo y resistencia a las violencias basadas en género y a las afectaciones desproporcionadas que recaen sobre las mujeres en los contextos de guerra. El bajo número de casos documentados de violencia sexual contra lideresas por su accionar político es muestra de la efectividad de la violencia sexual como forma de silenciamiento. Esto se contrapone con los múltiples casos conocidos por Círculo de Estudios que hacen referencia a esta modalidad de violencia, pero que no han sido documentados para proteger la integridad y seguridad de las personas violentadas.

80


A partir de los testimonios documentados se pudo establecer que, a la hora de guardar secreto, la vergüenza juega un papel fundamental. La vergüenza es una de las emociones que más reportan las víctimas de violencia sexual en general y se puede entender como una consecuencia de la desnudez forzada, del despojo total de poder sobre sí mismas al cual son sometidas por el victimario, de la ausencia total de autonomía y dignidad, y de la sensación de pérdida del honor. En tal sentido, la vergüenza y el secreto tienen una relación estrecha, pues una situación tan humillante como la violencia sexual es difícilmente comunicable y logra quebrantar la posibilidad que las personas tienen de conversar sobre lo ocurrido. Tal es el caso de Belén (C.106), quien fue víctima de violencia sexual por parte de integrantes de las FARC-EP en el municipio de El Copey, Cesar, en el año 2003. Belén afirma que los hechos de violencia sexual se convirtieron en una carga enorme para ella: Uno habla de a pocos y logra decir las cosas y puede descansar, pero uno no puede decir esas cosas en familia. Yo no logro olvidar, eso siempre está presente. Cuando todo pasó me daba mucha vergüenza, no soy incluso capaz de contarle a mi esposo lo que me sucedió.

Como se afirma en el relato de Belén, la vergüenza conlleva una imposibilidad de tratar el tema con las personas cercanas que termina por consolidar un muro que aísla a las personas y las deja solas con las consecuencias físicas y emocionales de la violencia sexual. Similar al caso de Belén es el de Trinidad (C.060), quien sufrió de violencia sexual por parte de integrantes del ELN en el año 1998 en el municipio de Galeras, Sucre: Yo nunca le conté a nadie de mi familia, yo tenía mucha vergüenza. Después de eso me vine para Barranquilla y mi comportamiento era diferente, ya mis tíos no me soportaban. Aún estoy traumatizada.

81


En el testimonio de Trinidad, la vergüenza derivada de la violencia sexual no le permitió comunicarles a sus familiares lo ocurrido y terminó por generar distanciamientos y rupturas en los lazos familiares. Estas consecuencias derivadas de los hechos violentos profundizan el impacto de la violencia sexual en las personas y no permiten la elaboración de lo ocurrido ni de las emociones asociadas al recuerdo de los hechos violentos. Además, desde el punto de vista de los victimarios, la vergüenza que suele acompañar la violencia sexual es de suma utilidad, pues funciona como un mecanismo de control que puede garantizar el silencio, evitar la denuncia y aislar a las víctimas, constituyendo una barrera para el ejercicio del derecho a la verdad y a la justicia. No sólo la vergüenza es utilizada como mecanismo de control, el miedo a las represalias de los actores armados es una de las principales razones por las cuales las personas guardan secreto, pues ponen sus vidas y las de sus familias en riesgo. Tal es el caso de Laura (C.092), quien fue víctima de acoso sexual, esclavitud sexual y lesiones personales por parte de integrantes de las FARC-EP en el municipio de Tame, Arauca, en el año 2003. Según cuenta Trinidad, para la época la única autoridad presente en la zona eran las FARC-EP, no había presencia de autoridades estatales tales como Policía o Ejército, y, por lo tanto, debían obedecerles sin cuestionamiento alguno. Trinidad sufrió de violencia sexual junto con su madre en múltiples ocasiones por cuestionar el trato que la guerrilla tenía con ellas y para con las demás personas de la comunidad. En este caso concreto se puede constatar cómo la violencia sexual fue utilizada como un mecanismo de control de la población, como una demostración de autoridad y como un castigo por desafiarla. Sumado a los hechos de violencia sexual, la población se encontraba amenazada de muerte en caso de desobedecer las normas u órdenes de los armados; en este sentido, la violencia sexual funciona como una reiteración del orden de las cosas para quienes la sufren de manera directa ('esto te va a ocurrir si vuelves a desafiarnos'), pero también como una advertencia ('cosas peores te pueden ocurrir a ti y a quienes te rodean si sigues así'):

82


Después de la violencia sexual yo me mantuve en silencio. Sólo le comentamos a algunas personas de la familia, pero nos dijeron que era mejor quedarnos calladas o podían despojarnos de nuestras tierras y quemar las casas de toda la familia. Los actores armados nos amenazaban constantemente con tirarnos a un pozo con las manos atadas.

En el relato de Trinidad se puede evidenciar que el miedo a represalias juega un papel fundamental en desincentivar la denuncia, tanto por la justicia formal, como por sanción social. Sin embargo, es fundamental resaltar que la ausencia de denuncia no impide que el mensaje de la fuerza de la autoridad llegue al resto de la población, demostrando cómo la violencia sexual termina siendo más expresiva que instrumental. •

Rabia/desconfianza hacia los hombres

Como se abordó en páginas anteriores, el miedo derivado de la violencia sexual aparece ante la toma de conciencia de la vulnerabilidad que cuerpos feminizados encarnan frente a este tipo de violencia. Una de las expresiones de esa toma de conciencia es la desconfianza que se instala en la vida de las personas víctimas de violencia sexual y que permea la relación que establecen con el mundo que las rodea; es una desconfianza que se instaura en el corazón del ejercicio de su derecho a pertenecer a una sociedad que las cuida, las protege y las apoya. Esta desconfianza logra destruir por completo el concepto de Estado de derecho; se interpone en la relación con las instituciones del Estado y con las estructuras sociales; transforma la noción de sociedad y de comunidad; termina por desestructurar el tejido social, y encuentra su punto de máxima expresión en la desconfianza hacia los hombres. Múltiples relatos de las personas acompañadas hacen referencia a una desconfianza hacia el género masculino en general, y va más allá de los victimarios o de actores armados; se extiende incluso a relaciones cercanas que antes de los hechos las personas consideraban seguras.

83


Tal es el caso de Magdalena (C.020), quien sufrió de violencia sexual por parte de paramilitares en el municipio de Sabanalarga, Atlántico, en el año 2005. En aquella época la zona estaba controlada por paramilitares, quienes ejercían control sobre la población y obligaban a las mujeres a lavarles y cocinarles, como era el caso de la mamá de Magdalena. Ella cuenta que un día la madre se negó a realizar estas labores para los armados y, como consecuencia, los paramilitares se tomaron la finca de su familia durante 8 días. En esa semana asesinaron a su abuelo, su abuela murió de un infarto, intentaron violentarla sexualmente y cuando su madre y su padre intervinieron fueron agredidos por los actores armados; en esos hechos a su padre le cortaron un dedo. Finalmente, desaparecieron al padre de Magdalena y, luego, violentaron sexualmente a todas las mujeres de la familia. Luego de los hechos la familia cambió de identidad y se vio obligada a desplazarse hacia Barranquilla. A raíz de las múltiples violencias vividas Magdalena reporta una desconfianza generalizada hacia los hombres: Después de todo eso yo sentía mucho rechazo hacia los hombres, no podía ni tener buenas relaciones con mis hermanos, yo solo podía sentir odio por ellos. Tal como se explora en el caso de las maternidades sobreprotectoras, luego de los hechos de violencia sexual, el componente generizado de la violencia se hace aún más evidente ante los ojos de quien la sufre, dejando una marca indeleble en las personas: el orden jerárquico del género y los medios de actualización y reiteración de dicho orden. En este sentido, así como relata Magdalena, la desconfianza, la rabia y el rechazo hacia el género masculino es tan fuerte que puede permear relaciones cercanas tales como hermanos, padre y pareja. •

Miedo a los hombres uniformados

Otra manifestación de la desconfianza hacia los hombres se expresa en el miedo a los uniformados. En los relatos, al hacer referencia a las consecuencias psicosociales derivadas de la violencia sexual, varias personas cuentan sentir miedo ante la presencia de hombres uniformados, sean actores armados legales o ilegales. Así lo reporta Julieta (C.202), quien fue víctima de acceso carnal violento por parte de paramilitares en el municipio de Codazzi, Cesar, en el año 2000: Yo no quería

84


estar cerca de los hombres, ya no les tenía confianza, me siento muy incómoda cerca de un arma o de un uniforme. A partir del relato de Julieta se puede establecer una relación entre el uniforme/porte de armas y el ejercicio de la violencia sexual. Dicha relación no es una simple casualidad, tal como lo describe Marta Torres Falcón en su artículo Entre el silencio y la impunidad, la sola presencia de militares, guerrilleros o simplemente hombres armados por cualquier motivo genera una profunda inseguridad. Las mujeres saben que pueden sufrir hostigamiento (miradas, chiflidos, comentarios sarcásticos), que las palabras rápidamente pueden convertirse en tocamientos indeseados y que de ahí a la violación el trecho puede ser muy breve.26

Este miedo a los uniformados no se limita a actores armados ilegales, por el contrario, comprende a cualquier hombre con un arma. Las violencias basadas en género que experimentan las mujeres y demás cuerpos feminizados en la vida cotidiana se agudizan ante la presencia de un hombre armado porque el arma acaba, incluso de manera simbólica, con cualquier posibilidad de resistencia ante la violencia sexual. Este poder no es solo evidente para quienes sufren la violencia o están en riesgo de sufrirla, sino también para quienes tienen la posibilidad de ejercerla. El miedo a la capacidad de ejercer violencia sin límites aparece en relato de Silvia (C.192), quien fue víctima de violencia sexual y lesiones personales por parte de paramilitares en el municipio de Ábrego, Norte de Santander. Mientras se encontraba trabajando en una finca, alrededor de 100 hombres armados llegaron a su lugar de trabajo, se llevaron trabajadores y violentaron a las mujeres. A Silvia la golpearon fuertemente en la cabeza y fue violentada mientras estaba en estado de inconsciencia: Yo tenía miedo de ver a cualquier hombre en uniforme, así fueran del Ejército. Silvia cuenta que luego del desplazamiento forzado, cuando llegaba

26

Torres Falcón, «Entre el silencio y la impunidad: violencia sexual en escenarios de conflicto», 90.

85


cualquier fuerza armada a su comunidad, se escondía inmediatamente y sufría de mucho estrés y ansiedad. En las distintas regiones del país donde se han concentrado las disputas territoriales entre actores armados, la militarización de la vida termina por estar naturalizada. En dichos contextos, las mujeres y demás cuerpos feminizados tienen claras las implicaciones de la presencia de hombres armados y comienzan a leer los espacios seguros e inseguros en relación con la presencia de uniformados. Este miedo está presente en el testimonio de Rocío (C.777), quien fue víctima de acceso carnal violento por parte de un paramilitar en el municipio de Tumaco en el año 2003. Al momento de los hechos, Rocío tenía 14 años y como consecuencia de los hechos quedó en estado de embarazo. En la actualidad, Rocío reporta sentir mucho miedo por la presencia de actores armados en la zona, lo cual le ha generado pesadillas asociadas al hecho victimizante y temor constante a que su hija pueda ser víctima de violencia sexual, pues el colegio de la niña queda cerca de una estación de Policía. En el caso específico de las personas LGBTIQ+ el miedo a los uniformados tiene una dimensión adicional; la imposición de reglas morales por parte de los actores armados según las cuales la existencia misma de las personas LGBTIQ+ está prohibida. Así como se expuso en capítulos anteriores, el porte mismo de las armas denota la fuerza de la autoridad en el territorio, una autoridad que, por la inestabilidad propia de su poder, utiliza el ejercicio sin límites de la violencia de manera expresiva e intimidatoria. Una de las poblaciones más afectadas por este ejercicio de violencia son las personas LGBTIQ+, quienes además de sufrir un sinnúmero de violencias en sus vidas cotidianas, ven aumentar y legitimar las acciones discriminatorias con la llegada de los actores armados a los territorios. Así lo esboza el caso de David (C.334), quien a los 14 años fue víctima de violencia sexual por parte de integrantes de las FARC-EP en el año 2000 en la cabecera municipal de Bagadó, Chocó: A mi familia la identificaron porque mi mamá era comerciante y tenía dos hermanos que eran policías. Ellos llegaron al pueblo abatiendo a la Policía y a las familias de

86


los policías, y entonces nos fueron a buscar. A mi mamá le saquearon el negocio ese día. Mi aspecto personal era femenino, tenía el pelo largo y yo me considero un hombre afeminado. Ellos llegaron diciendo ¡en esta familia hay maricas!, y me sacaron al patio de la casa y después a la plazoleta del pueblo.

David fue violentado públicamente por su expresión de género y desde ese día su identidad y su orientación sexual estuvieron expuestas ante el resto de la comunidad: Yo tenía mi inclinación, pero aún no me había decidido y me sentí acusado porque ellos fueron quienes me evidenciaron delante de todo el pueblo. Fue un episodio muy violento en contra de mi integridad, tuve tanto miedo que fue difícil para mí reconocer mi sexualidad, sentí más que nunca que eso era malo.

A raíz de lo anterior, David reporta miedo al ver policías, soldados y hombres armados en general, pues desde ese día identifica a los actores armados con el ejercicio de la violencia homofóbica y discriminatoria.

87


88


4.2.1.2 Afectaciones a relaciones de pareja Las afectaciones a las relaciones de pareja tienen en su raíz el impacto que los hechos de violencia sexual han tenido en la relación que las personas establecen consigo mismas y con sus cuerpos, con la posibilidad de establecer intimidad consigo mismos/as y con otras personas. En este contexto se entiende por intimidad como a aquellas relaciones, pensamientos y emociones que giran en torno a la vida privada de las personas y que implican cercanía y confianza; relaciones de estrecho significado emocional y relacional para quienes las viven. De este modo, la intimidad no se encuentra relacionada únicamente con actos sexuales o con la vida sexual de las personas, sino que contiene otros elementos asociados a la experiencia integral de la sexualidad, es decir la relación de significado asociada a lo emocional, la experiencia del amor, la confianza, la estima personal, la seguridad y el apoyo mutuo. En este apartado se analizan las afectaciones psicosociales derivadas de la violencia sexual que impactaron el ejercicio y los espacios de intimidad de las personas víctimas a partir de dos ejes: 1) ruptura en las relaciones de pareja y 2) no volver a conformar relaciones de pareja. •

Rupturas/problemas en las relaciones de pareja

A partir de los casos documentados, se pudo constatar el fuerte impacto que la violencia sexual tiene en las relaciones de pareja; las personas acompañadas hicieron énfasis en las distintas afectaciones y reportaron haber terminado relaciones que tenían cuando ocurrieron los hechos de violencia o las relaciones que conformaron varios años después. Algunos de los motivos se relacionan con afectaciones emocionales que imposibilitan o dificultan el relacionamiento cercano, afectivo y sexual de las personas víctimas de violencia sexual; otras rupturas se dan como consecuencia de las reacciones de las parejas de las personas acompañadas al enterarse de la

89


violencia sexual, o frente a los cambios en el comportamiento de sus parejas luego de los hechos violentos. Para comprender con mayor profundidad el impacto que la violencia sexual puede tener en las relaciones de pareja es necesario tener en cuenta las afectaciones psicosociales expuestas en el apartado anterior en relación con el miedo, la desconfianza, la culpa y la vergüenza. María (C.339) vivía en Alto Baudó, Chocó en el año 2005 junto con su marido y sus suegros. Un día, mientras le llevaba el almuerzo a su marido que se encontraba trabajando en unos cultivos, fue víctima de acceso carnal violento por parte de integrantes del ELN. Los guerrilleros la amenazaron para que no contara lo sucedido, asegurándole que la asesinarían a ella y a su marido: Luego de eso me tocó ir de nuevo a la casa y en el instante que yo llegué me preguntaron mis suegros qué me había pasado. Yo les dije que me había caído, pero ellos me veían muy temerosa y asustada. Yo igual les negué todo, no les conté nada. Les dije que me había caído en el camino y que debía volverme a organizar para ir a dejarle la comida a mi marido. Cuando llegué, mi marido me preguntó que por qué me había demorado y le dije lo mismo, pero él decía que me veía muy rara. Después de ese día ya yo no quería andar por ese mismo lugar, entonces le decía que no me gustaba entrar al monte. Nunca le conté porque la guerrilla se mantenía mucho en el pueblo.

Como se puede ver en el relato de María, su decisión de guardar el secreto se relaciona con el miedo a las represalias por parte de los actores armados, pues ella y su familia convivían con ellos en el día a día. A raíz de los hechos, María contrajo gonorrea y tuvo que comenzar un tratamiento. Esto implicó contarle a su esposo lo que había ocurrido unos meses atrás: Por eso nos dejamos con mi marido, él pensó que había estado con otras personas que me habían infectado, creyó que yo le había sido infiel. Siempre la culpan a una, siempre creen que una motiva a las personas o a los hombres a que le hagan daño. Una siente mucha rabia, mucho rencor. Además, al ver a esas personas una siempre se va a acordar de lo que le han hecho. […] Ya cuando me vine a Quibdó, porque nos dejamos con mi marido, las cosas se me pusieron muy difíciles; me tocó

90


empezar a buscar trabajo y pasé muchas dificultades porque él no me quería colaborar con el niño.

El caso de María da cuenta de varios elementos; en primer lugar, de la presión que viven las personas violentadas sexualmente y amenazadas que deben convivir con sus victimarios en el día a día y que cargan con el miedo de que los hechos ocurridos en su contra conlleven implicaciones contra su familia; en segundo lugar, este caso ejemplifica cómo las concepciones patriarcales arraigadas en la sociedad colombiana terminan por culpabilizar a las víctimas por los hechos violentos al deslegitimar sus testimonios y sus experiencias de vida; en tercer lugar, el relato da cuenta de cómo las afectaciones derivadas de la violencia sexual se profundizan por los contextos en los cuales deben sobrevivir las víctimas de dichas violencias, cuando como consecuencia de los hechos sus relaciones se acaban, deben desplazarse y enfrentar múltiples dificultades económicas, romper con sus núcleos familiares y cargar con las responsabilidades de sus hijos e hijas. Bárbara (C.146) fue víctima de violencia sexual cuando tenía 10 años junto con su hermana de 9 años por parte de paramilitares en el municipio de San Onofre, Sucre, en el año 1999. Bárbara cuenta que los armados justificaron la violencia sexual como un castigo a la madre de las niñas por no haber respetado las reglas que ellos imponían: Un año antes de eso los paramilitares mataron a mi padre y, por reglas de ellos, no se podía enterrar a la gente en el cementerio, sino que le tocaba a la gente hacer un hueco donde los paramilitares dijeran y enterrar el cuerpo ahí. Mi mamá no quiso hacerles caso y se llevó el cuerpo de mi papá para Cartagena. El día que nos violaron los paramilitares le dijeron a mi mamá que eso era por haberles desobedecido la orden.

Las afectaciones derivadas de la violencia sexual cometida en contra de Bárbara han tenido un fuerte impacto en su vida por la edad que tenía al momento de los hechos, así como por el componente normalizador y ejemplificador de la violencia sexual ocurrida en su contra.

91


Por otra parte, no se pueden dejar de lado las afectaciones particulares que se relacionan tanto con del homicidio de su padre como con el hecho de haber sido víctima de violencia sexual por quienes lo asesinaron: Luego de los hechos me volví una niña triste y amargada. Ya no quería ver a mis amigos y cuando me volví adolescente sentía mucho rechazo hacia los hombres, les tenía rabia. La relación que tuve con el padre de mi primera hija se acabó por eso, porque yo tenía muchas dificultades para relacionarme con él. Ahora soy muy prevenida con mis hijas, no quiero que les pase lo mismo que a mí.

Como se puede ver en el caso de Bárbara, las afectaciones derivadas de la violencia sexual tienen un impacto prolongado en la vida de las personas, y pueden afectar las relaciones de pareja muchos años después de ocurridos los hechos. •

No volver a conformar relaciones de pareja

Las personas acompañadas hablan en sus testimonios de sentir miedo de volver a conformar relaciones de pareja luego de los hechos por tener que contarles lo que les ocurrió, por no poder conectarse emocional ni sexualmente, por los distintos prejuicios hacia las víctimas de violencia sexual, por miedo a que las dejan al enterarse de lo que les sucedió. A continuación, se analizan algunos casos en los que las consecuencias de los hechos de violencia sexual les impidieron volver a conformar relaciones de pareja. Matilde (C.066) fue víctima de violencia sexual por parte de un actor armado no identificado en el municipio de Buenavista, Sucre, en el año 2002. Como consecuencia de los hechos, Matilde afirma que su vida nunca volvió a ser la misma y que hoy en día las relaciones sexuales, más que placer, le recuerdan al hecho victimizante y a los golpes, humillaciones y maltratos sufridos. Esto ha generado que no quiera volver a conformar relaciones de pareja ni a tener encuentros sexuales. Así como en el caso de Matilde, varias de las personas acompañadas reportan no haber vuelto a conformar relaciones de pareja ni a tener relaciones sexuales, algunas durante ciertos periodos de tiempo, otras afirman haber dejado de lado 92


ese aspecto de sus vidas. También es importante resaltar que, en algunos casos, las afectaciones físicas derivadas de los hechos violentos causan sensaciones incómodas y dolor en las personas a la hora de tener relaciones sexuales. Esto, sumado a la desconfianza generalizada hacia los hombres, así como la dificultad para conversar sobre dichos dolores o molestias sin sentirse avergonzadas y/o juzgadas, explica por qué las personas terminan por evitar o renunciar a este aspecto de sus vidas. Carolina (C.342) fue víctima de violencia sexual cuando tenía 9 años en el municipio de Medio Atrato, Chocó, en el año 2002, por parte de integrantes de las FARC-EP. Carolina fue violentada por dos guerrilleros que la amenazaron diciéndole que si contaba algo la mataban a ella y a su mamá: Después de que me dijeron eso yo me metí al río y al rato el sangrado se me pasó. Yo tenía mucho miedo de los hombres armados porque Las Águilas Negras mataron a mi papá. Por eso nunca dije nada.

El impacto de los hechos violentos se ve acrecentado por guardar el secreto sobre lo ocurrido; el miedo de una niña de 9 años a que si cuenta lo que le ocurrió asesinen a su madre es aún más fuerte por el asesinato de su padre a manos de paramilitares. El caso de Carolina da cuenta del impacto que los hechos de violencia sexual, las amenazas, insultos y demás formas de violencia sufridas pueden generar en la vida de las personas: Muchas veces estoy de malgenio y no confío en los hombres. Yo tengo una niña, pero no me gusta convivir con nadie por miedo a que le hagan algo a ella o incluso a mí. En ocasiones tengo sexo con alguien, pero en medio de eso tengo un poco de rabia y no quiero que sigamos.

En el testimonio de Carolina se puede ver cómo la violencia sexual que sufrió de niña tiene un impacto en sus relaciones de pareja, en su capacidad para establecer intimidad con hombres, y en el ejercicio de su maternidad. Como se analizó en secciones anteriores, el miedo y la desconfianza hacia los hombres es tal luego de 93


los hechos de violencia sexual, que algunas personas terminan por alejar a los hombres de sus vidas y, en caso de ser madres, de las vidas de sus hijos e hijas. Varias de las personas acompañadas afirman sentir miedo de volver a ser víctimas de violencia sexual por parte de sus compañeros quienes pueden obligarlas o maltratarlas si algún día no quieren tener relaciones sexuales con ellos. Las distintas imposibilidades para conformar relaciones de pareja o para mantenerlas suelen ser leídas como ‘fracasos’ por parte de las víctimas de violencia sexual, profundizando las sensaciones de tristeza, desamparo, soledad y frustración que las personas reportan sentir en múltiples ocasiones luego de los hechos violentos. 4.2.1.3 Afectaciones al tejido social •

Aislamiento social

El aislamiento social es un fenómeno en el que las personas se alejan de su entorno. Aunque esta conducta pudiera entenderse como una reacción voluntaria de las personas, es de vital importancia tener en cuenta que cuando el aislamiento ocurre como consecuencia de un hecho violento, no es una conducta voluntaria. Esto hace que las personas se alejen de sus relaciones significativas, se marginen de escenarios como las reuniones o espacios familiares y de amigos cercanos, eviten las interacciones cotidianas de la vida en comunidad y se alejen o dejen sus trabajos. El aislamiento social constituye entonces una afrenta a los derechos culturales de las personas y un impedimento para el disfrute de sus vidas en comunidad, elementos esenciales para el desarrollo humano. A continuación, se analizarán algunas de las razones dadas por las personas acompañadas que explican el aislamiento social, así como las consecuencias de este. Paloma (C.267) fue víctima de violencia sexual por parte de integrantes del Frente 44 de las FARC-EP en el municipio de Mapiripán, Meta, en el año 1994. Para el momento de los hechos, Paloma tenía 14 años. En la actualidad, la mujer afirma sentirse triste y sola, y recuerda que cuando ocurrieron los hechos se sentía

94


abandona y preocupada por sus seres queridos al ver el accionar de los actores armados en la región: Siento un dolor en el alma. Soy una mujer sola y triste sin saber qué hacer con tanto desespero, pensando que Dios me abandonó. A raíz de estos sentimientos de tristeza y desamparo, Paloma se alejó de sus amigos, familiares y vecinos. Como se puede ver en el relato, las consecuencias psicosociales de la violencia sexual la han llevado a alejarse de sus entornos cercanos y cotidianos, situación que termina por profundizar los sentimientos de soledad y abandono. En el proceso de documentación, una emoción que las personas acompañadas refirieron constantemente fue la soledad y la sensación de que cualquier persona les puede hacer daño. También afirmaron tener miedo de comunicarle a otras personas sus emociones, así como las afectaciones que ellas mismas perciben como consecuencia de los hechos de violencia sexual, pues sienten miedo a ser juzgadas. Tal es el caso de Consuelo (C.772), quien fue víctima de acoso sexual prolongado, acceso carnal violento y lesiones personales por parte de integrantes de una guerrilla sin identificar. Los hechos ocurrieron en una vereda del municipio de Tumaco en el año 2002 en una fiesta que ella organizó para recolectar fondos para una causa social en la vereda. Al terminar la fiesta se devolvió caminando para su casa y en el camino aparecieron cinco hombres armados, dentro de los cuales estaba el armado que llevaba meses acosándola. Los hombres la llevaron a una calle oscura, la durmieron con un pañuelo, la golpearon y violaron en estado de inconciencia. Luego la amenazaron a través de una nota escrita que le dejaron sobre el cuerpo. A raíz de los hechos violentos, Consuelo afirma que durante mucho tiempo se mantuvo aislada en su casa, pues sentía vergüenza de lo que le había ocurrido; no quería salir de su casa a ningún lado ni interactuar con nadie, pues sentía que la gente de toda la vereda sabía lo que le había ocurrido y que la acusaban de habérselo buscado por salir de fiesta 'sola'.

95


La mujer afirma que estos sentimientos de vergüenza han estado asociados a sentimientos de rabia hacia los hombres y que, incluso en la actualidad, se resiste a las interacciones cercanas con hombres, especialmente cuando le coquetean. El relato de Consuelo da cuenta de cómo el estigma de la violencia sexual acrecienta las afectaciones psicosociales derivadas de la violencia sexual, pues el miedo a ser juzgada y culpabilizada aparece como una de las razones centrales para el aislamiento social. El miedo a ser juzgadas y culpabilizadas por los hechos de violencia sexual se agrava en el caso de las personas LGBTIQ+ porque sienten que, además de tener que enfrentar los estigmas que recaen sobre las personas víctimas de violencia sexual, deben enfrentar los prejuicios relacionados con su identidad de género y/u orientación sexual. Así lo demuestra el caso de Sebastián (C.311), quien sufrió de esclavitud sexual y lesiones personales mientras se encontraba secuestrado por el ELN en Quibdó, Chocó. Sebastián estuvo en cautiverio durante 45 días en el año 2003, cuando tenía 20 años. Él fue secuestrado mientras iba en un carro con unos amigos hacia una fiesta;

el

ELN

se

los

llevó

pensado

que

eran

personas

adineradas.

Aproximadamente a los 20 días de estar secuestrado empezaron a darse cuenta de que tenía una orientación sexual diversa. Un día se fue para el río a bañarse y uno de los guerrilleros le dijo que tenía 'estilo de gay'. A partir de ese momento sufrió de múltiples hechos de violencia sexual por parte de varios hombres, entre los cuales recuerda a alias El Tigre y alias Boche. Según cuenta Sebastián, su secuestro fue de conocimiento público y tuvo alta difusión en Quibdó. Esto último significó un peso mayor para Sebastián luego de su liberación, pues se sentía expuesto a los comentarios e indagaciones de la gente. Después de los hechos ha sufrido una afectación psicosocial muy fuerte y se mantiene encerrado en su casa por miedo. Manifiesta sentirse avergonzado por su orientación sexual y no le gusta hacerla evidente para los demás pues se siente muy discriminado. Este testimonio pone de manifiesto el fuerte impacto que los hechos ocurridos en su contra y el componente homofóbico que los caracterizó han tenido en su

96


autoestima, el desarrollo de su identidad y la capacidad de relacionarse con otros sin medio a ser juzgado y discriminado. Situaciones como esta suelen presentarse en personas LGBTIQ+ que han sido víctimas de violencia sexual por su orientación sexual y/o su identidad de género. En otros casos similares al de Sebastián, el aislamiento responde al miedo a sufrir segundas victimizaciones, así como a ver su identidad cuestionada, patologizada y condenada nuevamente. Adicionalmente, en algunas ocasiones, las violencias discriminatorias sufridas a lo largo de sus vidas llevan a sentir vergüenza de quienes son, a sentirse culpables por los hechos violentos y a no querer o no poder enfrentar las duras condiciones de vida que las personas LGBTIQ+ suelen tener a raíz de las concepciones heteropatriarcales arraigadas en la sociedad colombiana.

97


98


•

Afectaciones al tejido social primario Las afectaciones derivadas de la violencia sexual no sólo afectan a las

personas que sufrieron directamente las violencias, sino que tienden a afectar también al tejido social primario. Esto significa que tanto el núcleo familiar como los amigos cercanos y la comunidad misma se ven afectadas por los hechos de violencia sexual ocurridos en contra de una o varias personas de la comunidad. Esta sección analiza algunas de las maneras en las cuales el ejercicio de la violencia sexual como práctica de guerra impacta el tejido social en todas sus dimensiones. Algunas de las personas acompañadas relatan cambios drásticos en las dinámicas familiares luego de los hechos de violencia sexual. Estas afectaciones se derivan tanto de haber presenciado los hechos violentos, como del impacto al enterarse de la violencia sufrida por sus familiares. Tal es el caso de Alexandra (C.195), quien fue víctima de acceso carnal violento y lesiones personales a la edad de 12 años por parte de un integrante de las FARC-EP en el municipio de Pelaya, Cesar. Luego de los hechos violentos, dice haberse sentido muy triste, pues le generaba un fuerte malestar la idea de que un hombre la hubiera violentado de esa forma. Duró bastante tiempo sin salir de casa, por lo que tuvo que abandonar sus estudios: Yo me la pasaba en la casa llorando y le decía a mi hermana que me quería matar. Cuando mis papás me vieron tan afectada quedaron destrozados. Yo sentía que jamás iba a ser capaz de superar lo que me había pasado.

Los hechos de violencia sexual afectaron el núcleo familiar de Alejandra; tanto la idea de que una niña de 12 años hubiera sido sometida de esa manera, como las afectaciones psicosociales derivadas de la victimización tienen un impacto en las personas que conforman el núcleo familiar y en las dinámicas de este. Similar al caso anterior es el de Mayra (C.014), quien fue víctima de acceso carnal violento por parte de un integrante de una guerrilla sin identificar en el municipio de Barrancabermeja, Santander, en el año 1990. Luego de los hechos, Mayra se encerró en su casa con su hija y su madre y se aisló de todas las actividades de su

99


vida cotidiana. Relata haber tenido fuertes sentimientos de tristeza y miedo que le imposibilitaban relacionarse con los demás: Después de que le conté lo que me había pasado, mi madre se enfermó más de lo que ya estaba y mi hija no entendía nada de lo que pasaba, solo se ponía a llorar cada vez que me veía llorando a mí.

En situaciones como la de Mayra, donde las consecuencias psicosociales derivadas de los hechos violentos logran afectar de tal manera la salud de su madre y la cotidianidad de su hija, los sentimientos de culpa y angustia suelen profundizarse. En varios casos como este, las personas acompañadas reportan sentir culpa, tristeza o responsabilidad por las afectaciones emocionales que los hechos violentos ocurridos en su contra generaron para las personas cercanas. Esta situación termina por profundizar el trauma derivado de la violencia sexual y suele poner aún más presión sobre las víctimas y la necesidad de 'recuperarse' de lo ocurrido. En el caso de Pablo (C.579) permite comprender el papel central que la violencia sexual juega en el aumento y el recrudecimiento de las actitudes discriminatorias dentro del tejido social de las personas LGBTIQ+. Pablo fue víctima de acceso carnal violento y lesiones personales por parte de un actor armado sin identificar. Durante los hechos de violencia, el victimario hizo referencia en múltiples ocasiones a la orientación sexual de Pablo: Me dijo que esto me había tocado por ser gay y que si fuera 'macho' nada de esto me estaría pasando». Luego de los hechos, Pablo compartió lo ocurrido con sus padres, quienes lo culparon de las violencias sufridas diciéndole que «eso le pasaba por irse a buscar lo que no se le había perdido.

Las tensiones existentes dentro del núcleo familiar aumentaron luego de los hechos de violencia sexual y terminaron por afectar significativamente a Pablo, impactando la percepción y el valor de sí mismo, así como la relación con su cuerpo y su identidad: Después de todo eso yo pensé que ser homosexual estaba mal y solía encerrarme a llorar a escondidas. El relato de Pablo permite ver de qué manera la presencia y las imposiciones morales de los actores armados logran permear el 100


tejido social de las comunidades y, en el caso específico de las personas LGBTIQ+, dinamitar las pocas redes de apoyo y lugares seguros con los que se contaba antes de la llegada de los armados a los territorios. •

Afectaciones ligadas al territorio

Las afectaciones ligadas al territorio son uno de los aspectos con menor visibilidad a la hora de analizar las consecuencias de la violencia sexual por motivo del conflicto armado. Si bien los casos se documentaron de manera individual, las afectaciones reportadas tienen una dimensión colectiva, tal como se evidencia en la relación con la comunidad y el territorio. Los casos consignados en esta sección se enfocan en las distintas formas en las que los hechos violentos afectaron de manera individual la relación de las personas acompañadas con los territorios, es necesario resaltar el componente colectivo de este tipo específico de afectaciones. No es de extrañar que la violencia sexual genere una ruptura en la relación comunidad-territorio, pues, como se expuso en capítulos anteriores, uno de los objetivos del ejercicio de la violencia sexual en el conflicto armado colombiano ha sido el control territorial. La relación que las comunidades establecen con el territorio que habitan va más allá de la ocupación de un lugar geográfico específico y se adentra en elementos simbólicos asociados a la cultura, las tradiciones, las economías propias de cada pueblo, la idiosincrasia, los planes de vida y las condiciones específicas para el desarrollo étnico de cada población. Estas afectaciones se presentan de manera colectiva en poblaciones afrodescendientes e indígenas, que tienen una relación identitaria y ancestral con el territorio. Las implicaciones de la presencia de actores armados, las disputas por el control territorial, el despojo de tierras, las economías extractivas, los monocultivos de plantaciones de uso legal e ilegal constituyen estrategias que rompen el tejido social y generan desarraigo. La ruptura de la relación comunidad-territorio representa la pérdida del sentido identitario de las poblaciones e impacta de manera negativa las prácticas culturales y las redes de apoyo familiares y comunitarias.

101


Silvia (C.192) fue víctima de acceso carnal violento y lesiones personales por parte de las AUC en el año 2001 en zona rural del municipio de Ábrego, Norte de Santander. Luego de los hechos violentos, Silvia reporta no haber vuelto a sentirse segura ni tranquila en el campo. Por eso y por las amenazas recibidas se vio obligada a desplazarse a un casco urbano. Desde ese día no quiso volver a vivir en el campo ni volver a visitarlo; afirma sentir pánico cuando ha tenido que ir a zona rural nuevamente. Además de la evidente ruptura de la relación de Silvia con su lugar de vivienda por el desplazamiento forzado, la relación que la mujer tenía con el campo se vio profundamente afectada. Luego de los hechos violentos el campo pasó de ser su lugar de vivienda y la tierra su medio de sustento, a generar sentimientos de angustia y miedo que, hasta el día de hoy, no han cesado. Las implicaciones morales e inmateriales que esta ruptura tiene en la vida de Silvia son difícilmente cuantificables; las dificultades económicas derivadas del desplazamiento forzado, la pérdida de bienes y de las actividades económicas de la mujer son algunas de las afectaciones derivadas de la violencia sexual. Sin embargo, en el caso de Silvia, la imposibilidad psicosocial para regresar al campo implica la pérdida de su actividad económica más allá de las condiciones materiales. Esta pérdida afecta de manera significativa el proyecto de vida y la construcción identitaria de Silvia. De otra parte, Karla (C.444) sufrió de acoso sexual prolongado y acceso carnal violento por parte de integrantes del Frente 34 de las FARC-EP, en el municipio de Medio Atrato, Chocó, en el año 2008. Karla recuerda que antes de los hechos ella y su familia vivían de la siembra, hacían muchas fiestas y reuniones y disfrutaban de actividades al aire libre. Después de ocurridos los hechos de violencia sexual se vio obligada a abandonar el territorio, desplazándose hacia Quibdó. A raíz de lo anterior, no volvió a dedicarse a la agricultura ni volvió nunca a visitar a su familia. Adicionalmente, como el hecho de violencia sexual ocurrió al borde de un río, Karla reporta tenerle miedo al agua y no haberse vuelto a bañar en un río. Este caso da cuenta de cómo el trauma derivado de los hechos de violencia sexual ocurridos en su contra fracturaron el tejido social y las redes de apoyo de Karla. El desplazamiento forzado respondió a la necesidad de alejarse del territorio donde

102


fue violentada. Sin embargo, esto implicó una ruptura con sus relaciones familiares cercanas, con su relación con la tierra y la agricultura, así como con el río y las actividades culturales y comunitarias que se desarrollaban en torno a este. El río, para muchas comunidades, guarda dentro de sí la memoria, tradiciones y sabiduría de la herencia afrodescendiente del pacífico colombiano. En él reposan procesos de resistencia y solidaridad, y representa la importancia del colectivo en el entretejido comunitario. La cotidianidad de las comunidades del pacífico colombiano, y de manera específica las del pacífico chocoano, transcurre alrededor de las aguas del río, donde se han gestado cambios y se celebra la vida ante las adversidades. Sin embargo, el río también ha sido testigo y víctima del conflicto armado, del extractivismo económico y de la explotación de sus innumerables recursos. Estas poblaciones han establecido históricamente relaciones sociales en el espacio que suponen una continuidad entre el mundo social y el natural, así como una relación con la tierra y el agua que parten de una comprensión comunitaria de la sociedad. En este sentido, el río es un símbolo transversal en la vida de las comunidades afrodescendientes del pacífico colombiano. Muestra de lo anterior es el río Atrato, declarado por la Corte constitucional como sujeto de derechos que se entrecruza con la necesidad de conectar una historia y herencia cultural que han sido fuertemente golpeadas por el conflicto armado.

103


104


105


4.2.1.4 Afectaciones al proyecto de vida Yo era una mujer llena de vida a la que le arruinaron los proyectos y metas que tenía. Yo quería ser psicóloga, pero esa idea se estancó luego de lo que me pasó. Duré 14 años sin hacer ningún avance en mi vida. Ahora ya pude retomar mis estudios y espero poder ser psicóloga algún día Olivia (C.194), Arauca Este apartado se centra en analizar las afectaciones al proyecto de vida derivadas de la violencia sexual. El proyecto de vida se entiende como el camino que las personas deciden tomar en aspectos tales como su oficio, sus medios de vida, las opciones académicas, la constitución o no de una familia, entre otros, y que está conectado con las posibilidades y las limitaciones del entorno en el que se desenvuelve, así como la cultura, la pertenencia étnica y la simbología asociada a un momento u época en la que viven las personas. En este orden de ideas, la ocurrencia de violencia sexual tiene un impacto en el proyecto de vida de las personas, ya que se conecta con elementos como el sufrimiento psicosocial, la aparición de emociones que llevan a la persona a tomar decisiones diferentes a las que tenía planeadas, e incluso, en ocasiones, este hecho les impide tomar decisiones que se orientan a construir o continuar con lo que tenían planeado. La magnitud y profundidad de los impactos se relacionan con el momento vital en el que ocurrieron los hechos de violencia sexual, por lo que la primera sección de este apartado se centra en las afectaciones a la niñez y la infancia. En segundo lugar, se abordarán las afectaciones al estudio y la formación; luego las afectaciones socioeconómicas y, por último, las afectaciones al derecho a la participación política.

106


4.2.1.4.1 Afectaciones a la niñez Ese fue el peor día de mi vida, sentí que dejé de ser una niña feliz y me sentía culpable por cómo estaba vestida. Cada día pensaba en lo que me había pasado, y era peor porque no podía contarle a mi mamá que era mi mejor amiga. Me dijeron que la mataban si contaba y yo sentía que tenía que protegerla. Elvira(C.208), Cesar Uno de los grupos poblacionales más afectados por la violencia sexual por motivo del conflicto armado han sido los niños, niñas, adolescentes y jóvenes (NNAJ), pues dicha modalidad de violencia se ha ensañado con sus cuerpos de manera desproporcionada. La violencia sexual como una expresión de las violencias basadas en género recae sobre los cuerpos de NNAJ por ser leídos como especialmente indefensos ante la presencia y la voluntad de los actores armados. Muestra de lo anterior son las preocupantes cifras sobre la edad al momento de los hechos tomadas de los 479 casos documentados por Círculo de Estudios. Como se puede observar en la Tabla 11, expuesta anteriormente, el 24,6% de los casos documentados ocurrieron contra menores de 14 años y el 19,2% contra adolescentes entre los 15 y los 18 años, para un total de 43,8% de casos contra NNAJ. Teniendo en cuenta estas cifras, es necesario comprender que cuando se sufre de violencia sexual en la infancia y/o adolescencia, las afectaciones derivadas de estos hechos tienen un fuerte impacto en el desarrollo psicosocial de las personas, afectando su universo emocional, su desarrollo identitario, la relación con su cuerpo y el cuerpo de las demás personas, entre muchos otros impactos que se irán analizando en estas páginas. Por esto mismo, no es de extrañar que varias personas, al referirse a las afectaciones derivadas de la violencia sexual, lo equiparon con 'la muerte del alma, del espíritu' o 'la muerte psicológica'. Esta expresión hace referencia a los efectos degradantes que las víctimas enfrentan y trascienden cualquier afectación física, hablando de la tortura emocional que viven los niños y niñas que han sufrido la violencia sexual.

107


En este contexto, la violencia sexual es un evento que destruye lo que se ha constituido como fundamental en la vida de NNAJ; esto quiere decir que se desdibuja el sentido de seguridad que permite a las personas desarrollarse física y psicosocialmente de manera óptima. Adicionalmente, se pierde de vista la sensación de protección del entorno hacia ellos/as y se degradan los procesos de valor propio. Esto implica, en la mayoría de los casos, que se establecen relaciones gobernadas por el miedo, la sensación de desconfianza, la confusión y la desesperanza. A diferencia de las afectaciones reportadas las personas que sufrieron de violencia sexual en su edad adulta, en NNAJ difícilmente se produce un relato verbal de los hechos violentos y de los impactos que las personas son capaces de identificar en los distintos ámbitos de sus vidas. Por lo tanto, la lectura de los hechos violentos puede llegar a ser un contenido oculto en las personas, que día a día se va instalando en los procesos emocionales y relacionales y logra afectar de tal manera que puede desestructurar la experiencia de vida de NNAJ y transformarla por completo. Nicole (C.035) fue víctima de violencia sexual a los 9 años en el municipio de San Onofre, Sucre, en el año 1998, por parte de integrantes de las AUC. Nicole cuenta que en la madrugada llegaron cuatro hombres de las AUC a su casa, entraron a la fuerza, tomaron a su padre y lo asesinaron enfrente de ella y sus dos hermanas. Luego, los armados las agredieron sexualmente a las tres. Finalmente las amenazaron y les dieron dos días para irse de la región. A raíz de los hechos Nicole afirma haber quedado con temor y desconfianza generalizadas hacia las personas, dice que lo ocurrido esa noche le afectó mucho su vida emocional, su salud y su forma de ser: afectó mi niñez y acabó con mis sueños.

108


109


A partir de lo expuesto en el caso de Nicole, es viable afirmar que la violencia sexual significa un antes y un después determinante en su vida que cambia para ella sus emociones, opciones de vida y relaciones. Ocurre del mismo modo en el caso de Victoria (C.343), quien fue víctima de lesiones personales y acceso carnal violento a la edad de 13 años por parte de integrantes de las FARC-EP en el municipio de Urrao, Antioquia, en el año 2012: Desde que pasó eso, la verdad es que ya no volví a ser la misma, yo no salgo, no me reúno y cuando salgo hago una vuelta y me voy para mi casa de una vez. Antes salía de paseo y estaba en un equipo de fútbol. Después de ese día no volví a jugar y mi vida me cambió.

Como se puede ver en el caso de Victoria, los hechos de violencia sexual marcaron un antes y un después y afectaron la vivencia que ella tenía de su infancia, las cosas que disfrutaba y la manera en la que se relacionaba con su entorno. Las afectaciones reportadas por Victoria suelen ser comunes en NNAJ que han sufrido de violencia sexual y hacen manifiestas en afectaciones a corto, mediano y largo plazo tales como 1) dificultades para dormir (pesadillas, terrores nocturnos, encopresis, enuresis), 2) sensación de miedo generalizado, 3) conductas sexualizadas que abarcan una gran parte de la estigmatización social en su contra e, incluso, transforman la percepción que las personas tienen de sí mismas, generando, en ciertas ocasiones, que se les margine de los espacios de socialización. De igual manera, es importante resaltar que, con la ocurrencia de la violencia sexual a temprana edad, la mayoría de las personas experimentan efectos durmientes; es decir, cuando niños y niñas al parecer no experimentan problemas significativos inmediatamente después de la violencia, pero que, con el paso del tiempo, se expresan en situaciones emocionales de difícil manejo o comprensión para quien la vive, así como para las personas que le rodean. Así se evidencia en el caso de Francisco (C.329), quien fue víctima de acoso sexual y acceso carnal violento a la edad de 8 años por parte de un actor armado sin identificar en Quibdó, Chocó:

110


Mi mamá y mi abuela trabajaban, yo salía del colegio en la tarde y me quedaba solo en la casa. Ellas me tenían prohibido salir a la calle, pero yo de todos modos me salía a jugar con mis amigos. Esa tarde estaba jugando y el hombre estaba afuera de una casa. Él era uno allegado al barrio, yo ya lo había visto antes, a veces aparecía, no era completamente desconocido para mí, pero ni siquiera sabía su nombre. Yo no sabía mucho de él, yo era un niño de la casa. Ese día él me dijo por mi nombre 'Francisco, ven'. Cuando fui hasta donde él estaba me entró a la casa y me dijo que lo acompañara, que se iba a bañar. Yo, como niño inocente, igual fui y él comenzó a bañarse y empezó a hablarme. Me preguntaba si yo ya me masturbaba y si tenía novia. Él era como de 30 años [...]. Yo estaba sentado viéndolo bañar, igual yo ya creía que sentía atracción sexual por los hombres. Él se bañaba en un patio y me pidió que lo restregara. Yo le dije que no e intenté salirme[...]. Cuando llegué a mi casa me puse a llorar; me bañé y me restregaba, estaba asqueado. Él vivía como a cinco casas de la mía. Tuve mucho sangrado, pues yo era un niño de sólo 8 años. Me quedé en la casa solo hasta que llegó mi abuela. Ella se asustó porque yo estaba arropado y no quise comer. Le dije que me dolía la cabeza, que estaba maluco. Yo me tomé tres pastillas porque me quería morir, pero era un niño y no sabía qué efecto tendrían las pastillas. Mi mamá llegó y me preguntó cómo estaba y yo solo quería quedarme durmiendo. Me daba miedo salir de la casa hasta que no llegara mi abuela. En los siguientes días él pasó dos veces y me gritaba, cuando me mandaban a hacer mandados lo vi dos veces, pero yo caminaba rápido.

Como se puede observar en el relato de Francisco, a la edad de 8 años no contaba con las herramientas para verbalizar lo que le había ocurrido y para elaborar un relato de la situación que le permitiera comprender los hechos de violencia que había vivido y poder comunicárselo a su madre y su abuela. Esto, en el caso de Francisco, lo llevó a guardar el secreto, pues sentía miedo de las represalias que pudiera tomar su agresor contra su familia: Cuando tenía 10 años el recuerdo se hizo más fuerte de repente. Yo escribía mucho lo que me había pasado y lo arrancaba y lo volvía y lo escribía. Yo siempre pensaba que si le decía a mi mamá él la iba a matar.

El testimonio permite ver el efecto durmiente que experimentó Francisco, cuando, dos años después de ocurridos los hechos violentos, comenzó a experimentar afectaciones derivadas de los hechos violentos tales como el recuerdo recurrente de la violencia sexual, pesadillas, miedo y desconfianza generalizada hacia los hombres(«cuando tenía 10 años el recuerdo se hizo más fuerte de repente»). 111


Escribir lo que le había ocurrido es una forma de intentar comprender los hechos violentos. Por otro lado, el relato de Francisco expone la alta vulnerabilidad de NNAJ ante la violencia sexual en sus ambientes cotidianos, pues sus espacios seguros se ven limitados por la mirada de los actores armados que ven sus cuerpos como vulnerables y apropiables: Los grupos armados han hecho uso de la naturalización de la fragilidad y disponibilidad de los cuerpos de los niños, niñas y adolescentes. En su accionar se refleja la prevalencia de un discurso que los sitúa en el lugar de sujetos inacabados, seres en construcción, personas inmaduras y sin voluntad propia, extensiones de los adultos. En últimas, cuerpos apropiables y serviles a las lógicas de la guerra.27

Así como se afirma en el informe La guerra inscrita en el cuerpo, la mirada constante de los actores armados recae especialmente sobre NNAJ en sus espacios de socialización tales como colegios, parques, espacios de juego y sus lugares de vivienda («esa tarde estaba jugando y el hombre estaba afuera de una casa»). Esta mirada que sitúa a NNAJ como cuerpos disponibles y apropiables es la misma mirada que los sexualiza desde edades tempranas. En su relato, Francisco cuenta que yo, como niño inocente, igual fui y él comenzó a bañarse y empezó a hablarme. Me preguntaba si yo ya me masturbaba y si tenía novia. Estas preguntas ponen en evidencia de qué modo la mirada de los agresores sexualiza los cuerpos de NNAJ. Este tipo de comentarios haciendo referencia a la 'madurez' sexual de NNAJ antes, durante o luego de los hechos de violencia sexual suelen estar presentes en varios de los testimonios documentados. En el caso específico de hombres gay y mujeres transgénero, en los relatos se puede observar que apenas 'se les comienza a notar', los hombres en general y los actores armados en particular, comienzan a hipersexualizar sus cuerpos, situación que viven de ahí en adelante de manera cotidiana. Esta hipersexualización de los cuerpos que rompen con la heteronormatividad funciona también como una estrategia para castigar a las disidencias sexuales por sus comportamientos y expresiones. 27

Centro Nacional de Memoria Histórica, La guerra inscrita en el cuerpo. Informe nacional de violencia sexual en el conflicto armado, 265.

112


De lo anterior se deduce por qué la violencia sexual sufrida por personas LGBTIQ+ suele comenzar, en mayor medida, siendo menores de 14 años. Como se muestra en la Tabla 13, de los 74 casos documentados de violencia sexual hacia personas LGBTIQ+, el 62,2 % de los casos documentados ocurrieron contra menores de 18 años, de los cuales el 41,9% ocurrieron cuando eran menores de 14 años y el 20,3% cuando estaban entre los 15 y los 18 años.

Tabla 13.

Edad al momento de los hechos personas LGBTIQ+

Menores de 14 años

31

Adolescentes (15-18 años) Adulto joven (19-27 años)

15 16

Adulto (28-59 años)

12

16,2%

Total

74

100%

41,9% 20,3% 21,6%

Estas cifras alarmantes pueden explicarse a partir de la intención correctiva que suele acompañar los hechos de violencia sexual cometidos contra personas con identidades de género y orientaciones sexuales no normativas y que comienzan a sufrir las personas cuando 'se les comienza a notar'. En este orden de ideas, las expresiones femeninas o afeminadas de hombres gay y mujeres trans suelen ser percibidas más fácilmente y desde edades más tempranas por las miradas correctoras de la sociedad y los actores armados, y les ponen en condiciones de mayor vulnerabilidad. Muestra de lo anterior es el caso de David (C.334), quien sufrió de violencia sexual en Bagadó, Chocó, por parte de integrantes de las FARC-EP en el año 2000 cuando tenía 14 años: En esa época yo tenía 14 años y ya mi inclinación sexual se notaba. El pueblo fue tomado por la guerrilla desde el 16 al 21 de octubre del año 2000, durante cinco días. David cuenta que en el contexto de esa toma guerrillera fue sacado de su casa por actores armados ‘por ser marica’: 113


Reclutaron a algunos jóvenes, se los fueron llevando y después, a los que quedábamos, nos llevaron al río. Allí me empezaron a coger las nalgas y los genitales, me halaban el cabello y me zambullían en el agua como para ahogarme; me insultaban y me decían marica, y que estaba bueno para hacerme volver hombre, que estaba bueno para darme por el culo. Decían muchas cosas ofensivas y se tocaban los genitales mientras me insultaban, se agarraban el miembro y después me cogían del pelo fuertemente y me zambullían en el agua una y otra vez diciendo esto es para que aprenda a ser hombre.

El testimonio expone el carácter correctivo de la violencia sexual ejercida contra David y que toma la hipersexualización de su cuerpo como punto de partida y medio para ejercer esa violencia. Los hechos victimizantes ocurrieron en el espacio público y tuvieron un fuerte impacto en la relación de David con su cuerpo y su identidad: Yo tenía mi inclinación, pero aún no me había decidido y me sentí acusado porque ellos fueron quienes me evidenciaron delante de todo el pueblo. Fue un episodio muy violento en contra de mi integridad, tuve tanto miedo que fue difícil para mí reconocer mi sexualidad, sentí más que nunca que eso era malo.

El testimonio de David evidencia los impactos excesivos que puede tener la violencia sexual en las personas LGBTIQ+, especialmente cuando la sufren en su infancia y/o adolescencia. Además de las afectaciones propias de la violencia sexual hacia NNAJ, las personas LGBTIQ+ deben enfrentar el carácter discriminatorio y correctivo de la violencia sexual que, en casos como el de David, ponen en evidencia sus identidades de género y orientaciones sexuales no hegemónicas, haciéndoles más vulnerables ante segundas victimizaciones por parte de actores armados, pero también de la sociedad en general. Esta violencia correctiva y discriminatoria tiene la capacidad de impactar negativamente la percepción que las personas tienen de sí mismas en una edad en la que se está desarrollando la personalidad y la identidad («tuve tanto miedo que fue difícil para mí reconocer mi sexualidad, sentí más que nunca que eso era malo»).

114


En ciertas situaciones se ha identificado que algunos aspectos de afectación psicosocial derivada de la ocurrencia de la violencia sexual cuando eran NNAJ pueden incluso aparecer en la adultez. En el caso específico de las personas LGBTIQ+ los hechos de victimización secundaria a los que están expuestas a lo largo de su vida pueden traer a colación la experiencia o la vivencia de afectaciones que se correlacionan con los hechos de violencia sexual pasados y actuales. Estos sucesos estresantes o que recuerden al abuso sufrido pueden hacer que las afectaciones surjan y se hagan más sentidas y visibles para las personas después de muchos años de ocurridos los hechos.

115


116


4.2.1.4.2 Afectaciones en el derecho y acceso a la educación No me gustaba que otros me vieran mal o triste y por eso me encerré, yo prefería sufrir sola, en silencio. Vivía con miedo y lloraba todo el día. Tuvimos que dejar la vereda donde vivíamos y por eso me tocó dejar de estudiar. Luego intenté volver a estudiar, pero todo era muy difícil y me tocó comenzar a trabajar. Cristina (C.291), Antioquia Esta sección busca analizar los impactos que las afectaciones derivadas de la violencia sexual pueden tener en el derecho y acceso a la educación. Las afectaciones aquí analizadas se relacionan con las afectaciones a la niñez, a las capacidades de las personas para relacionarse con su entorno de manera óptima, así como a la relación entre el acceso al estudio y las condiciones socioeconómicas del núcleo familiar. Por lo tanto, los casos aquí consignados son representativos de las siguientes categorías identificadas en los testimonios de las 455 personas acompañadas: 1) por embarazo, 2) por miedo y aislamiento social, 3) por desplazamiento forzado y 3) por miedo a ser juzgadas. •

Por embarazo Claudia (C.117) fue víctima de acceso carnal violento y lesiones personales

por parte de integrantes de las AUC en Tibú, Norte de Santander, en el año 2004. Para el momento de los hechos, Claudia tenía 20 años y se encontraba estudiando para convertirse en profesional. A raíz de los hechos de violencia, Claudia quedó en estado de embarazo y tuvo que abandonar sus estudios: El embarazó me afectó mucho emocionalmente, desde el principio yo me resistía a aceptar que eso me hubiera pasado a mí. Me aislé de todo el mundo y no le comenté a nadie lo que me había pasado ni el embarazo.

Claudia tuvo que abandonar sus estudios pues se sentía imposibilitada para relacionarse con su entorno como había hecho hasta el momento de los hechos.

117


Adicionalmente, luego de enterarse del embarazo las afectaciones emocionales se profundizaron y terminó asilándose de sus entornos cercanos, entre esos los espacios de formación. Al haber abandonado sus estudios y tener la responsabilidad de un bebé, se reducen significativamente las posibilidades de formarse más adelante o de conseguir un trabajo con una remuneración económica que aporte al mejoramiento de sus condiciones de vida. En este caso, las afectaciones derivadas de la violencia sexual se entrecruzan con las concepciones patriarcales que relegan a las mujeres al papel de madres y cuidadoras, labores que suelen ejercer sin el apoyo de los hombres. Estas situaciones, sumadas a las afectaciones específicas derivadas de la violencia sexual en el caso de Claudia, constituyen barreras difícilmente superables para el acceso a la educación y a mejores condiciones de vida para ella y su bebé. •

Por miedo y aislamiento social Violeta (C.189) fue víctima de acceso carnal violento por parte de integrantes

de las AUC en Bosconia, Cesar, en el año 2004, cuando tenía 17 años. Ella estudiaba en una vereda y vivía junto a sus padres, quienes se dedicaban al campo. Violeta cuenta que era una niña muy feliz que amaba todo lo que hacía y la forma en la que vivía. Igualmente, dice haber tenido excelente rendimiento en sus estudios. Tras la llegada de las AUC, perdió el entusiasmo en los estudios y sentía miedo de salir al campo con sus padres, por lo que permanecía en su cuarto esperando no encontrarse a los armados. Después de ocurrido el hecho de violencia, sufrió de ansiedad, estrés y nervios. La familia le brindó mucho apoyo, aunque no le contó a su madre hasta dos meses después del hecho y sintió impotencia dado que el hombre tenía una presencia constante en el lugar donde vivía. Violeta cuenta que luego de la violencia sexual empezó a desconfiar de todas las personas y no le encontraba sentido a la vida. Dejó de estudiar y evitaba en lo posible estar en grupos, se volvió muy callada. El caso de Violeta permite identificar en qué medida las afectaciones psicosociales derivadas de la violencia sexual tienen un impacto en las capacidades de la joven

118


para relacionarse con su entorno. El aislamiento social consecuencia de los hechos violentos alejó a Violeta de los espacios de socialización y de su lugar de estudio. Leonor (C.333) reporta afectaciones similares tras sufrir violencia sexual por parte de tres integrantes de Los Urabeños en Quibdó, Chocó, en el año 2015. Leonor relata que los actores armados la agredieron por su orientación sexual y que lo hicieron explícito durante la agresión. Los hechos violentos generaron en ella múltiples afectaciones a nivel emocional: Duré dos meses sin ir a clase, tenía miedo constante, dolores de cabeza, insomnio y no salía ni comía casi. Después de eso yo no quiero estar cerca de ningún hombre, ni siquiera los hombres de mi familia. Yo me sentía culpable y cambié mi forma de vestir.

El relato de Leonor da cuenta de los impactos de la violencia sexual que afectan el desarrollo normal de las actividades propias de la vida de cada persona. En el caso de Leonor, el miedo a sufrir de nuevas agresiones y a estar cerca de otros hombres pareciera ser una de las razones por las cuales tuvo que abandonar sus estudios durante dos meses. Si bien en este caso concreto, Leonor regresó al colegio, la violencia sexual tuvo un impacto en su desempeño escolar, en su acceso a la educación y en su desarrollo en los espacios de socialización propios de una joven de 17 años. Angélica (C.209) fue víctima de violencia sexual por parte de integrantes de las FARC-EP en el municipio de La Paz, Cesar, en el año 1991, cuando tenía 10 años: En la vereda todo era normal y tranquilo. Mis hermanos y yo estudiábamos y mis papás trabajaban la tierra. Todos vivíamos felices y la pasábamos bien. Después de la llegada de la guerrilla sufrimos de violencia sexual junto con mis hermanas. Yo nunca pude hablar de lo que me había pasado porque sentía mucho miedo de que ellos se enteraran y me hicieran algo a mí o a mi familia. Todo en mi vida cambió, ya no era feliz, no me sentía feliz en ningún lado. No quería ir al colegio ni quería jugar [...] Yo soñaba con ser una profesional y tener una pareja estable, pero todo eso se vino al piso después de lo que me hicieron.

119


A raíz de los hechos de violencia sexual, Angélica dejó de ir al colegio por unos meses y cuando volvió vio afectado su rendimiento escolar y su desarrollo personal. •

Por desplazamiento forzado Amalia (C.201) fue víctima de acceso carnal violento y lesiones personales

por parte de paramilitares en el año 2006 en La Jagua de Ibirico, Cesar. Amalia cuenta que antes de los hechos su familia vivía bien, su familia se dedicaba a trabajar la tierra de la finca que tenían y ella se dedicaba a estudiar. Luego de la violencia sexual ella y su familia tuvieron que desplazarse por las amenazas y perdieron todo lo que tenían. Al nuevo lugar al que llegaron no tenían buenos ingresos y debían pagar arriendo y demás gastos a los que no estaban acostumbrados y que no tenían cómo cubrir. Por esto mismo, Amalia tuvo que abandonar sus estudios para apoyar económicamente a su familia. Las personas que son desplazadas mientras cursan sus estudios suelen reportar abandono escolar/universitario por la necesidad de empezar a trabajar para suplir las necesidades básicas generadas por el desplazamiento forzado. •

Por miedo a ser juzgada Amparo (C.412) fue víctima de acceso carnal violento por parte de

integrantes de las FARC-EP en Urrao, Antioquia, en el año 2012, cuando tenía 15 años. A raíz de los hechos Amparo abandonó sus estudios de manera definitiva: Después de los hechos yo no volví a ser la misma, ya no salía ni me reunía con amigos. Estaba en un equipo de fútbol, pero luego de eso no volví a jugar. Tuve muchas pesadillas sobre lo que me pasó y me salí de estudiar porque tenía mucha vergüenza por lo que me habían hecho, yo tenía mucho miedo de que las personas supieran y me fueran a juzgar.

En el caso de Amparo, las afectaciones psicosociales asociadas al miedo y la vergüenza tienen fuertes impactos en otros ámbitos de su vida y la alejan de sus espacios cotidianos.

120


Así como lo refiere el testimonio de Amparo, la vergüenza es una de las emociones más comúnmente reportadas como consecuencia de los hechos de violencia sexual. Es una afectación derivada de la desnudez forzada, del despojo total de poder sobre sí mismos/as al que somete el victimario a la víctima y a la ausencia total de autonomía y dignidad. La vergüenza es entonces una emoción que surge de la conciencia que tienen las personas asociada al deshonor. A partir de lo anterior, se puede entender la relación que suele plantearse entre la ignominia y la vergüenza, donde la primera hace referencia a la pérdida del nombre y da cuenta de la experiencia que puede sufrir una persona que ha sido víctima de violencia sexual luego de haber sido sometida a un estado de injusticia, deshonra, humillación y desacreditación; de este modo, la vergüenza consecuente de la violencia sexual se deriva tanto de los hechos de violencia como de la reacción del entorno a dicha situación (comunidad, sociedad, Estado, instituciones). Adicionalmente, la vergüenza está íntimamente relacionada con la experiencia de culpabilización. En las sociedades machistas y en contextos patriarcales en los que se adjudica la 'responsabilidad' por los hechos de violencia sexual a la víctima, los sentimientos de culpa y vergüenza son más fuertes y pueden permanecer con las víctimas por un largo periodo de tiempo. En el caso de Amparo, esta estigmatización hacia las víctimas de violencia sexual jugó un papel fundamental en su incapacidad para volver al colegio. De los casos analizados en esta sección se puede afirmar que los NNAJ que sufren de violencia sexual tienen la posibilidad de ver afectado su acceso a la educación como consecuencia de la violencia sexual y de los estigmas asociados a la misma, así como de otros hechos victimizantes que muchas veces se relacionan con esta, tales como el desplazamiento forzado o el asesinato de familiares que aportaran a la manutención del hogar. Dada la relación entre la violencia sexual y el desplazamiento forzado, la falta de garantías para acceder a la educación profundiza las situaciones de precariedad económica que suelen enfrentar las víctimas de violencia sexual a lo largo de su vida.

121


122


4.2.1.4.3 Afectaciones socioeconómicas Las tierras eran nuestras y no pudimos volver más para allá. La cosecha se perdió y se perdieron los animales, la casa, todo lo dejamos. […] Me tocó arrendar y aguantar hambre; nunca antes había tenido que aguantar hambre porque antes tenía pollos, marranos, siembra. Hortensia (C.340), Chocó

Aquí se busca analizar las afectaciones socioeconómicas derivadas de los hechos de violencia sexual a partir de una mirada psicosocial que comprende las afectaciones socioeconómicas como parte integral de la vida de las personas acompañadas, en la medida en que se relacionan estrechamente con la realización de su proyecto de vida, así como con la imposibilidad de las personas para satisfacer sus necesidades básicas. A partir de un análisis de los casos documentados se pudo identificar que, como se muestra en la Tabla 14, el 75,6% de las personas acompañadas reportaron haber sufrido de afectaciones socioeconómicas como consecuencia de la violencia sexual ejercida en su contra. El alto número de personas que reportan afectaciones socioeconómicas puede ser leído a partir de la relación entre la violencia sexual y el desplazamiento forzado, como se ha analizado en páginas anteriores. Sin embargo, las afectaciones socioeconómicas reportadas por las 455 personas acompañadas dan cuenta de los impactos específicos que los hechos de violencia sexual tuvieron en distintos aspectos de sus vidas. En este orden de ideas, en esta sección se analizan algunos casos representativos a partir de las siguientes categorías: 1) pérdida de la soberanía alimentaria, 2) pérdida de su actividad económica, 3) extorsión y vacunas, 4) homicidio de un proveedor económico, 5) desintegración del núcleo familiar, 6) múltiples desplazamientos, 7) por sufrimiento emocional, 8) por afectaciones físicas.

123


Tabla 14. Consecuencias socioeconómicas

•

Sí No

344 111

Total

455

75,6% 24,4% 100%

Pérdida de la soberanía alimentaria Estefanía (C.081) sufrió de violencia sexual por parte de paramilitares en

Tierralta, Córdoba, en el año 2000: Yo llegué de Carepa, Antioquia, porque a mi marido le gustaba mucho vivir en el campo y allá había oportunidad de trabajar en la tierra. Cuando llegamos allá los paramilitares tenían tomada la región y nos dijeron que teníamos que cooperar con ellos o nos tocaba irnos.

Estefanía cuenta que una noche llegaron varias camionetas a la finca donde trabajaban y sacaron a todo el mundo de las casas: a los hombres los amarraron, pero su marido se resistió y los paramilitares le cortaron una pierna con el machete y se los llevaron a todos. A varios de ellos los mataron y a las mujeres las metieron en una casa: Nos seleccionaron, a las más jóvenes nos llevaron a un cuarto, éramos como 10, y a todas nos violaron [...]. Nosotras les preguntábamos por qué nos estaban haciendo eso y ellos nos decían que era porque no habíamos querido colaborar.

124


Cuando las dejaron ir, Estefanía salió a buscar a su marido, y lo encontró ensangrentado y botado en el suelo. Ese mismo día se fueron de la región, dejando todo botado. Estefanía cuenta que sus condiciones de vida desde entonces han sido precarias; las dificultades socioeconómicas derivadas del desplazamiento forzado han tenido un fuerte impacto en su capacidad para recuperarse de los hechos violentos: Yo lo tenía todo y lo perdí todo. No me hacía falta nada y estaba en el lugar que quería. A mi marido y a mí nos gustaba mucho vivir en el campo. Ahora en la ciudad tengo que pagar por todo lo que necesito. Yo recibo algunas ayudas del gobierno, pero no me alcanzan porque mi esposo no ha podido volver a trabajar de verdad por la incapacidad de su pierna.

En el testimonio, Estefanía hace énfasis en las dificultades económicas por la pérdida de la soberanía alimentaria de ella y su familia («Yo lo tenía todo y lo perdí todo. No me hacía falta nada y estaba en el lugar que quería»). El desplazamiento forzado hacia una ciudad implica, en el caso de Estefanía, la pérdida de su actividad económica, la pérdida de su lugar de vivienda y la necesidad de acomodarse a una nueva relación económica con su entorno («Ahora en la ciudad tengo que pagar por todo lo que necesito»). Sumado a lo anterior, la imposibilidad de su marido para conseguir un trabajo por la incapacidad en su pierna derivada de los hechos de violencia ocurridos en su contra juega un papel fundamental en la precarización de las condiciones de vida del núcleo familiar. El caso de Estefanía da cuenta de la realidad de muchas familias que han sido desplazadas del campo por la violencia en Colombia, y que terminan asentándose en los barrios periféricos de las ciudades, donde se transforman radicalmente sus formas y condiciones de vida. Mientras en el campo Estefanía y su familia podían contar con la tierra para garantizar sus medios de subsistencia, una vez desplazados a la ciudad, se vieron obligados a buscar un trabajo que no les permitía sostener un nivel de vida digna, como el que tenían en el campo.

125


126


127


•

Pérdida de su actividad económica

En el año 2001, Leidy (C.432) fue víctima de acceso carnal violento y lesiones personales en la zona rural de Quibdó, Chocó, por parte de integrantes del Frente 34 de las FARC-EP: Yo me dedicaba a sacar oro con una batea. Un día estaba barequeando cerca de una loma y escuché los silbidos de varios hombres. Al ratito llegaron tres hombres que iban vestidos de militar. Uno de ellos me llamó, pero a mí me dio miedo y no fui. El hombre me amenazó con un arma y los otros me arrastraron.

A raíz de los hechos de violencia, Leidy tuvo que desplazarse a la ciudad de Quibdó y abandonar su forma de vida: Lo único que yo sabía hacer era recoger y encontrar oro con una batea. En Quibdó he tenido que pasar muchas dificultades porque no sabía hacer nada más y nunca pude volver a barequear. El testimonio de Leidy se nombran algunas implicaciones que el desplazamiento forzado derivado de la violencia sexual puede tener en las actividades económicas de las personas. Leidy recibió educación formal hasta completar primaria y se dedicaba a barequear como su principal actividad económica. El desplazamiento forzado hacia una ciudad implicó el desarraigo con el territorio rural y las posibilidades de subsistencia propias de este, obligando a Leidy a entrar en un mercado laboral sin contar con herramientas para 'competir' y poder conseguir un trabajo del cual pueda vivir. La pérdida de las actividades económicas suele afectar principalmente a personas que habitan la ruralidad y deben asentarse en las ciudades luego de los desplazamientos forzados. Adicionalmente, en el caso de las personas LGBTIQ+, se reportó la inestabilidad económica por la imposibilidad para ejercer su oficio por la prohibición de actores armados. Tal es el caso de Alison (C.321), quien fue víctima de desnudez forzada y tratos sexuales abusivos por parte de integrantes de un grupo armado sin identificar. Alison trabajaba como estilista en las fiestas de los distintos municipios de Chocó, entre ellos el municipio de Beté. En 2011 mientras se encontraba en Beté trabajando para las fiestas, fue agredida por actores armados por su orientación sexual. 128


Durante los hechos de violencia sexual los victimarios hicieron referencia a su orientación sexual y le dijeron que no podía regresar al territorio porque aquí no pueden venir machorras. Alison reporta pérdida de ingresos económicos por la prohibición para regresar al territorio donde solía trabajar. En otros casos, las personas LGBTIQ+, principalmente mujeres transgénero y hombres gay, han reportado que los actores armados, luego de violentarles sexualmente, les han prohibido ejercer su oficio de estilistas. Estas violencias discriminatorias tienen un impacto significativo en la economía de las personas LGBTIQ+, quienes ya sufren de múltiples barreras para acceder a trabajos dignos, estables y bien pagos, así como para acceder a educación que les permita mejorar sus horizontes laborales. •

Extorsión y 'vacunas' Paulina (C.595) fue víctima de acceso carnal violento por parte de integrantes

de una guerrilla sin identificar en área rural de Tumaco, Nariño, en el año 2008. Paulina cuenta que ella y su familia vivían felices en el campo hasta que la guerrilla los empezó a extorsionar y amenazar: Ellos nos dijeron que teníamos que sembrar cultivos ilícitos. Mi esposo dijo que él no iba a cortar el plátano, el cacao ni los piñales para cultivar coca. Además, también teníamos coco, yuca, maizales, tomatales y árboles de fruta. Después de que nos negamos, la guerrilla cometió todo tipo de barbaridades con nosotros.

Según el relato de Paulina, sus actividades económicas agrícolas se vieron afectadas por la presión de la guerrilla para que sembraran cultivos de uso ilícito, además, recuerda que la poca plata que producían iba destinada para el grupo armado. Paulina relaciona la violencia sexual con la negativa a plantar coca en su tierra y cuenta que por esto mismo su hijo fue asesinado y sufrió de desplazamiento forzado junto con su núcleo familiar. Así como se afirma en el relato, los actores armados solían controlar el comercio, la economía y los recursos de las personas que habitan los territorios que ellos llegaban a ocupar. Al igual que en el caso de Paulina, donde los actores armados 129


quisieron controlar el uso de la tierra, otros casos documentados reportan el control de los ingresos por distintas actividades económicas mediante el cobro de vacunas, extorsiones o restricciones en el manejo de los comercios y las mercancías. Estas imposiciones ocurren antes de la violencia sexual y se relacionan con ella, como en el caso de Paulina, pero también ocurren en los lugares a los cuales llegan las personas luego de ser desplazadas, pues suele ser común que luego del desplazamiento forzado a las ciudades, las personas lleguen a vivir a barrios marginales con presencia de actores armados. •

Homicidio de un proveedor económico Elena (C.275) fue víctima de acceso carnal violento por parte de las FARC-

EP en el municipio de Líbano, Tolima, en el año 2001. La mujer relata que para la época ella tenía 17 años y vivía en el campo con su familia: Un día llegaron hombres armados y encapuchados de las FARC a la finca de mi abuelo. Ese día asesinaron a mis tíos, nos violaron a mí y a mi prima y a ella la asesinaron. Elena cuenta que después de los hechos violentos ella y el resto de los miembros de su familia se vieron obligados a desplazarse y abandonar sus tierras. Desde entonces han sufrido múltiples dificultades económicas, pues además de la pérdida de sus bienes, su lugar de vivienda y sus tierras, los armados asesinaron a quienes sostenían a la familia. Dentro de los relatos documentados, se presentan casos como el de Elena, en el que la violencia sexual se relaciona con el asesinato de miembros del núcleo familiar, en la mayoría de los casos hombres, que suelen aportar económicamente al mantenimiento del núcleo familiar. Adicionalmente, en algunos casos se reportan afectaciones socioeconómicas a raíz de la pérdida de los aportes económicos de miembros del núcleo familiar por reclutamiento forzado de distintos grupos armados.

130


•

Desintegración del núcleo familiar

María fue víctima de acceso carnal violento por parte de integrantes del ELN en Alto Baudó, Chocó, en el año 2005. María cuenta que no le contó a su marido que había sufrido de violencia sexual pues los actores armados convivían de cerca con la comunidad y sentía temor de las posibles represalias si contaba lo sucedido. Sin embargo, a raíz de los hechos de violencia sexual María contrajo una ETS y debió contarle a su marido los hechos ocurridos en su contra. Él no le creyó y la acusó de haberle sido infiel, razón por la cual la relación se terminó. A raíz de los hechos de violencia sexual y de la ruptura de su relación marital, María tuvo que desplazarse a Quibdó, donde sufrió múltiples dificultades económicas por las dificultades para encontrar trabajo y vivienda, así como por las necesidades económicas que ahora debía suplir como madre cabeza de familia, pues su expareja dejó de aportar económicamente luego de la separación. Emma (C.300) fue víctima de acceso carnal violento, esclavitud sexual y lesiones personales desde los 15 hasta los 17 junto con su hermana cuatro años menor, por parte de integrantes de un grupo paramilitar en Medellín, Antioquia desde 2009 hasta 2011. La mujer manifiesta que a raíz de los hechos ocurridos en su contra y de las imposibilidades para hacer frente a esta situación, su padre intentó asesinar a uno de sus victimarios: Mi papá quiso tomarse la justicia por sus manos y le pegó unos tiros al tipo este, luego de que ninguna institución quiso ayudarnos, él ahora está en la cárcel porque con la pistola le dio un golpe al tipo y le dañó un ojo, pero el que me violó sigue campante.

Emma reporta la desintegración del núcleo familiar a raíz de la situación de su padre, que ha generado sentimientos de culpa e indefensión. En razón de lo anterior, se vieron obligadas a desplazarse y desde entonces han sufrido de dificultades económicas por la pérdida de sus bienes y por la detención de su padre, quien era la cabeza de hogar.

131


•

Múltiples desplazamientos Beatriz (C.114) fue víctima de acceso carnal violento por parte de integrantes

del Frente 41 de las FARC-EP en Mapiripán, Meta en el año 2005 y ha sufrido de múltiples desplazamientos forzados por motivo del conflicto armado. Para el año 2004 Beatriz y su familia se fueron a vivir a Mapiripán, por el río Siare, en el Meta, en búsqueda de mejores oportunidades económicas. En esta región, a raíz del conflicto latente en la época entre la guerrilla de las FARC-EP y grupos paramilitares, la población civil sufrió las consecuencias de los enfrentamientos y los mecanismos de control territorial de los actores armados. En el año 2005, las FARC-EP obligó a la población a desplazarse del casco urbano argumentando que iban a llevar a cabo un combate contra grupos paramilitares de la región. Beatriz se vio obligada a abandonar el casco urbano de Puerto Siare, y ella, junto con su familia y aproximadamente 80 familias más, tuvieron que dirigirse hacia Caño Jabón. Una vez que las personas estuvieron instaladas en Caño Jabón, en las horas de la noche, uno de los miembros de este grupo armado la violó, amenazándola para que no comentara lo sucedido. Ella pudo escapar días después hacia San José del Guaviare, en donde tuvo que intentar construir una nueva vida, pero en el año 2008 fue amenazada por una persona que pertenecía a las FARCEP y la conocía por su estancia en Puerto Siare. En ese entonces la mujer pudo recibir auxilio de la Cruz Roja Internacional y salió de San José del Guaviare hacia Bucaramanga con uno de sus hijos, en ese entonces menor de edad. A mediados de 2010 se desplazó nuevamente, esta vez a la ciudad de Villavicencio. Sin embargo, una vez instalada en Villavicencio, las amenazas no cesaron, esta vez por parte de un grupo paramilitar y la obligaron a desplazarse nuevamente. El caso de Beatriz pone de manifiesto las situaciones a las cuales se enfrentan las personas que han habitado el campo colombiano y que han sufrido de desplazamiento forzado, pues los lugares de acogida suelen estar controlados por otros actores armados que no permiten la consecución de condiciones de vida dignas, extorsionan y amenazan a la población. Adicionalmente, así como se manifiesta en el relato de Beatriz, los grupos armados en muchas ocasiones

132


persiguen a las personas a sus nuevos lugares de asentamiento donde las amenazan y desplazan nuevamente. De lo anterior se induce que los múltiples desplazamientos forzados derivan en una inestabilidad económica por la pérdida de los medios de subsistencia, el lugar de vivienda, entre otras, así como por las consecuencias psicosociales derivadas de los hechos violentos, incluido el desplazamiento forzado, las amenazas y la persecución. •

Sufrimiento emocional

Jazmín (C.251) fue víctima de acceso carnal violento por parte de integrantes de un grupo armado sin identificar en Cachirá, Norte de Santander, en el año 1999. Jazmín cuenta que iba con su tío viajando por carretera cuando se encontraron con un retén de hombres armados que les obligó a bajarse del carro e irse monte adentro con ellos. Jazmín afirma que la experiencia fue tan traumática para ella que no pudo regresar al páramo, donde realizaba su actividad económica. Debido a esto dejó de trabajar durante varios meses y tuvo que enfrentar varias dificultades económicas. Luego, por enfrentamientos entre la guerrilla y el Ejército en la zona en la que vivía y trabajaba, tuvo que desplazarse y desde entonces no pudo retomar su actividad económica. Así como se analizó en el apartado de afectaciones ligadas al territorio y como da cuenta el caso de Jazmín, uno de los impactos reportados fue la ruptura en la relación con el territorio y las consecuencias emocionales, identitarias y socioeconómicas derivadas de esto. Sin embargo, las afectaciones socioeconómicas por sufrimiento emocional no se limitan a casos como el de Jazmín; otras personas reportan imposibilidad para trabajar por síntomas de depresión, miedo a salir de sus casas, dificultades para mantener un trabajo estable. Tal es el caso de Karen (C.397), quien fue víctima de acoso sexual, acceso carnal violento y lesiones personales por parte de integrantes de las FARC-EP en el año 1999 en Quibdó, Chocó. Karen cuenta que un hombre la engañó con la excusa de darle trabajo para llevarla hacia las afueras de la ciudad, donde se encontró con 5 hombres pertenecientes a

133


las FARC-EP, quienes la violentaron sexualmente. Además de las secuelas físicas reportadas por Karen como lesiones en las costillas, ampollas y hematomas por los golpes, Karen reporta afectaciones psicosociales severas que derivaron en alcoholismo y uso desmedido de sustancias psicoactivas (SPA). A raíz de esto, Karen ha tenido múltiples dificultades en todos los ámbitos de su vida, incluido el ámbito laboral. Su problema con el uso de SPA y las múltiples afectaciones emocionales le han causado la pérdida de varios trabajos, así como dificultades para mantener una estabilidad laboral. •

Por afectaciones físicas Marcela (C.240) fue víctima de acceso carnal violento y lesiones personales

por parte de integrantes de las FARC-EP en el año 1999 en la vía CúcutaBucaramanga: Yo iba viajando en un bus con mi hermana, íbamos hacia Bucaramanga, cuando justo antes de llegar a la Cuesta Boba, el bus tuvo un accidente por dos hombres que se estrellaron de frente contra nosotros. Todos nos bajamos y el conductor se fue en un carro que pasó a buscar ayuda. Mientras estábamos esperando llegaron del monte varios hombres armados con brazaletes de las FARC-EP y preguntaron por el chofer el bus. Le quitaron las lleves al ayudante, nos obligaron a subirnos al bus y arrancaron. Cuando llevábamos como 20 minutos andando se desviaron de la carretera y cogieron por otro lado. Luego se detuvieron y nos obligaron a bajarnos del bus. Mandaron a hombres para un lado y a mujeres para el otro.

Marcela cuenta que ella junto con el resto de las mujeres que iban en el bus sufrieron de violencia sexual. Durante los hechos, la empujaron contra una roca y cuenta que sintió un dolor incontrolable. Como consecuencia de lo anterior sufrió una lesión que le implicó un remplazo total de cadera. Esta lesión ha sido incapacitante y le ha impedido desempeñarse en su trabajo como solía hacerlo, lo cual le ha ocasionado dificultades económicas. En los casos donde la violencia ejercida contra las personas durante los hechos de violencia sexual generó lesiones físicas de gravedad, los gastos médicos implican

134


también un desbalance en las finanzas del hogar que puede derivar en dificultades económicas a largo plazo. Tal es el caso de Rebeca (C.652), quien fue víctima de acceso carnal violento por parte de alias Julián, líder de un grupo paramilitar, en el año 2008 en Bucaramanga, Santander. A raíz de los hechos de violencia sexual, Rebeca contrajo una ETS que no se trató a tiempo y derivó en múltiples afectaciones a nivel físico que requirieron de tratamientos médicos y cirugías. Además de la pérdida de la estabilidad económica por el desplazamiento forzado, las múltiples afectaciones físicas impidieron que mantuviera una estabilidad laboral. Sumado a lo anterior, Rebeca reporta que los gastos médicos han sido excesivos y que han tenido un fuerte impacto en sus condiciones socioeconómicas.

135


136


137


4.2.1.4.4 Participación política

A raíz de lo que me pasó mi vida cambió bastante, ya no hago lo mismo a lo que estaba acostumbrada, dejé todas las actividades comunitarias, especialmente lo que hacía para ayudar a otras personas necesitadas, así como mis labores de liderazgo. Vanesa (C.212), Magdalena En esta sección se analizan las afectaciones al proyecto de vida de las personas en relación con el plan de vida comunitario a partir del silenciamiento de los liderazgos de personas que, por vocación, habían elegido desempeñar roles de alto beneficio para sí mismas, para su comunidad y su territorio. Estos liderazgos se vieron suspendidos, invisibilizados y acabados debido a la violencia sexual ocurrida en su contra. Aracely (C.298) fue víctima de acceso carnal violento por parte de miembros del Bloque Metro de las AUC en Guatapé, Antioquia, en el año 2001. Para la época, Aracely ejercía labores de liderazgo comunitario en relación con grupos de jóvenes y de viviendas de interés social. En una ocasión, Aracely intercedió por unos vecinos retenidos por los parailitares al mando de alias 'Mortiño' y logró que las personas fueran liberadas. Sin embargo, como consecuencia de lo anterior, alias Castañeda la citó para hablar sobre lo que ella había hecho, la golpeó, la amenazó de muerte y la violó. Al finalizar le dijo quedas advertida de lo que te puede pasar si sigues en esas. Al día siguiente recibió amenazas que la obligaron a desplazarse. Tres años después regresó al municipio para hacer unas diligencias. Los actores armados, al enterarse que había regresado, la buscaron y violentaron sexualmente a su hija de 4 años que la estaba acompañando como represalia por haber regresado. Aracely cuenta que su vida cambió radicalmente después de los hechos de violencia ocurridos en su contra y en contra de su hija. La violencia sexual fue

138


ejercida como una forma de silenciar el liderazgo de Aracely y luego como una forma de castigarla por regresar al territorio. Luego de esto, Aracely cuenta que no volvió a participar en actividades comunitarias ni a ejercer labores de liderazgo, pues además del miedo por su integridad y la de su hija, las consecuencias psicosociales han tenido un fuerte impacto en su personalidad y en su capacidad para relacionarse con otras personas desde los espacios de organización social. Diego (C.335) fue víctima de acceso carnal violento y lesiones personales por parte de integrantes del Frente 54, Columna Móvil Aurelio Rodríguez, de las FARC-EP. Los hechos ocurrieron en Bagadó, Chocó, en el año 2000 cuando Diego tenía 20 años en medio de una toma guerrillera: Antes de los hechos mi vida era muy normal, era una persona de casa, siempre me ha gustado el comercio y oficios varios para sacar a mi familia adelante. En esa época la política me apasionaba, inmediatamente después de la toma me tocó retirarme de actividades por mi seguridad. Era un pueblo acogedor y maravilloso, de gente cálida: un pueblo normal. Antes uno podía andar por ahí independientemente de las críticas por mi orientación sexual, eran señalamientos que ahora uno sabe que no deben ocurrir, pero que no pasaban de ahí. De todos modos, yo siento que fui pionero del movimiento en Bagadó, abrí campo a los gays y en este momento hay más de 20, yo siento que, hasta ese momento, en el pueblo los vecinos y toda la gente siempre mi postura la respetó.

El relato de Diego pone en evidencia el impacto que la violencia sexual tuvo en su liderazgo político por los derechos de las personas LGBTIQ+ y de la comunidad en general («inmediatamente después de la toma me tocó retirarme de actividades por mi seguridad»). Si bien la violencia ejercida en su contra no fue a raíz de su liderazgo, sí tuvo un carácter discriminatorio que implicó para Diego mantener bajo perfil por miedo a las acciones discriminatorias de los actores armados contra las personas LGBTIQ+ en general. Como se ha analizado a lo largo del presente capítulo, la violencia sexual tiene la capacidad de desestabilizar el tejido social, de romper los lugares comunitarios y los lugares seguros para el desarrollo de las actividades propias de cada comunidad. Por lo tanto, los liderazgos de las personas se ven silenciados con la 139


presencia de los actores armados y, más aún, cuando estas han sido víctimas de hechos de violencia sexual. 4.2.2 Afectaciones a la salud mental Luego de lo que pasó yo estaba muy deprimida y no podía dormir bien. No veía la vida como antes y me volví agresiva. Pensé varias veces en quitarme la vida, tenía un sentimiento de haber perdido la dignidad y el valor. Carmen (C.186), Cesar Para comprender las afectaciones de la violencia sexual a la salud mental es fundamental establecer la relación entre la violencia sexual y el trauma. Si bien no todas las experiencias de violencia sexual conllevan un trauma para quien las sufre, es bastante común que así ocurra: de las 455 personas acompañadas, el 24,2% reportaron afectaciones a la salud mental. Como plantea la revisión de Dworkin, Menon, Bystrynski y Allen de más de 400 casos que analizan la prevalencia de distintas psicopatologías en relación con la violencia sexual, se puede establecer una relación entre ésta y síndrome de estrés postraumático, trastornos bipolares, ansiedad y trastornos de ansiedad, trastornos depresivos e ideación suicida, trastornos de alimentación, trastornos del sueño, y uso desproporcionado y dependencia de sustancias psicoactivas. Aunque estos trastornos y síndromes no se relacionan únicamente con la violencia sexual ni establecen una relación causal entre los mismos, analizar la violencia sexual desde el concepto del trauma nos permite comprender la diversidad y profundidad de las afectaciones a la salud mental. Se entenderá por trauma el impacto que tiene una experiencia violenta en la vida de una persona. Dicha experiencia puede generar malestar a nivel psicosocial, alterar la experiencia de vida que se tenía antes de los hechos violentos, cambiar fuertemente sus pensamientos sobre sí misma y sobre su entorno, afectar sus conductas y contenidos discursivos, y menoscabar la percepción sobre sus capacidades y sus relaciones. En este orden de ideas, el desarrollo de

140


psicopatologías asociadas al trauma de la violencia sexual se relaciona directamente con el ambiente y el contexto social y cotidiano en el cual ocurren los hechos de violencia sexual, así como en el cual se da el proceso de recuperación de los hechos violentos. De esta manera, los aspectos particulares de la violencia sexual como una forma de trauma se relacionan con aspectos específicos del ambiente de cada persona, afectando la recuperación, así como la prevalencia y profundización tanto de psicopatologías asociadas al trauma, como de psicopatologías presentes antes de los hechos violentos y que pueden profundizarse con los mismos. El ambiente en el cual se desenvuelve la víctima tiene un impacto directo en su interpretación de los hechos y su capacidad para enfrentarlos. Esto es particularmente visible para el caso de la violencia sexual; si partimos de los mitos y estigmas asociados a la violación, y a la violencia sexual en general, la víctima suele ser culpabilizada, argumentando que 'ella se lo buscó', y relacionando cualquier actitud o condición de la víctima con la agresión. Estos estigmas son frecuentemente internalizados por la persona que ha sufrido violencia sexual y tienen un impacto directo en su capacidad para recuperarse de los hechos. A partir de lo anterior, es evidente que las personas que han sido víctimas de violencia sexual por motivo del conflicto armado enfrentan unas condiciones especialmente difíciles durante el proceso de recuperación y que, en múltiples ocasiones, no encuentren condiciones necesarias para la recomposición de su vida. Como se expuso en capítulos anteriores, la ocurrencia de la violencia sexual por motivo del conflicto armado suele estar acompañada de otro tipo de violencias que pueden haber ocurrido antes, al mismo tiempo o después de la violencia sexual. Tomando en cuenta los testimonios recolectados, se pudieron identificar que las siguientes modalidades de violencia suelen ser vividas por quienes han sufrido violencia sexual a raíz del conflicto armado: desplazamiento forzado, asesinato selectivo, masacres, secuestro, intimidación y amenazas, extorsión, robo y despojo de bienes y tierras, y múltiples formas de tortura. A este panorama se suma el agravante de que quien comete la violencia sexual utiliza el uso de la fuerza, de las

141


armas, de su autoridad y presencia en los territorios, y de su situación de poder militar a la hora de ejercer la violencia sexual. Analizar el contexto en el cual ocurren las violencias y en el cual se desenvuelven las víctimas puede dar luces para comprender el desarrollo de síndromes y psicopatologías derivadas de la violencia sexual y que afectan de manera desproporcionada la salud mental de las víctimas. Varios estudios han explorado la prevalencia de psicopatologías asociadas al trauma derivado de la violencia sexual cuando se presenta el uso de la fuerza y la violencia desproporcionada al momento de los hechos: A partir de este trabajo es evidente que, aunque la violencia sexual es una experiencia que cambia la vida de muchos sobrevivientes, no todos los que son agredidos desarrollan problemas psicológicos. […]Las características de los traumas experimentados, como la cantidad de fuerza utilizada y las apreciaciones subjetivas del trauma por parte de los sobrevivientes (por ejemplo, culparse), también se asociaron con la recuperación en este análisis.28

Así, este apartado busca analizar las distintas formas en las que las personas perciben las afectaciones a su salud mental, tomando como punto de partida las afectaciones que ellas relacionan como consecuencias derivadas de la violencia sexual y que las afectan tanto en el momento inmediato, como a mediano y largo plazo. A partir de los testimonios documentados, se diferenciarán las afectaciones en las siguientes categorías: 1) trastornos depresivos, 2) ansiedad, 3) trastornos alimenticios, 4) trastornos del sueño y 5) uso desproporcionado y dependencia de sustancias psicoactivas. Es preciso tener en cuenta que, si bien las afectaciones han sido diferenciadas en estas cinco categorías, estas se relacionan entre ellas. •

Trastornos depresivos Los trastornos depresivos suelen ocurrir con frecuencia en las víctimas de

violencia sexual y se caracterizan por sentimientos de tristeza y culpa, pérdida del

28

Dworkin et al., 3.

142


interés o placer, falta de autoestima, alteraciones del sueño o en los hábitos alimenticios, sensación de cansancio y falta de concentración. Las víctimas de violencia sexual por motivo del conflicto armado se enfrentan a un sinnúmero de consecuencias derivadas de los hechos violentos tales como la desestabilización de las redes de apoyo, el estigma asociado a la violencia sexual, las afectaciones derivadas de otros hechos victimizantes, entre otras muchas que serán analizadas a lo largo del presente capítulo. Tomando esto en cuenta, en el contexto específico en el cual se presentan los trastornos depresivos asociados a la violencia sexual por motivo del conflicto armado, las personas se ven enfrentadas a situaciones que generan una clara ruptura con su vida diaria mientras ven su capacidad para hacer frente a dichas situaciones profundamente afectada. Es así como los síntomas asociados a un trastorno depresivo se profundizan, dándole prevalencia a la ideación suicida que las víctimas relacionan con sentimientos de impotencia, tristeza y desesperanza frente a la pérdida de la vida 'normal', tal y como la percibían antes de los hechos de violencia. Elisa (C.184), quien fue víctima de violencia sexual por integrantes de las FARC-EP en Apartadó, Antioquia en 1992, manifiesta haber tenido síntomas asociados a la depresión, la pérdida de interés en las actividades de su vida diaria tales como bañarse, salir de la casa, o comer: no podía dormir y sentía que esos hombres seguían conmigo. Yo no salía de la casa porque sentía que en cualquier esquina me los podía encontrar. Dado que los hechos de violencia sexual ocurrieron en su lugar de vivienda, Elisa manifiesta una sensación de persecución constante, incluso dentro del hogar. Esta situación cuenta con dos agravantes: por un lado, la presencia constante de actores armados en el territorio, quienes tenían amenazado a su núcleo familiar; y por el otro, que ella se desempeñaba como ama de casa y pasaba la mayor parte del día en el lugar en el que ocurrieron los hechos. Después de la violencia sexual, Elisa se vio obligada a desplazarse a Medellín, donde vivió con un hermano. Sin embargo, las sensaciones de desarraigo tanto

143


corporal como de sus relaciones cercanas y redes de apoyo, se profundizaban con las condiciones del desplazamiento y el miedo por su integridad y la de su familia. Esto se manifiesta en las sensaciones de impotencia que muchas veces se hacen presentes a partir de sentimientos como la rabia y el llanto: Yo solía ser una persona feliz, pero después de los hechos yo era amargada, aburrida y no hablaba. Me la pasaba llorando en la pieza, pues no se me borraban los pensamientos de todo lo que me había ocurrido.

Esta situación derivó en un intento de suicidio que Elisa relaciona con la sensación de persecución, el miedo y la tristeza por la pérdida de su vida normal. Se reportan también algunos casos en los que los síntomas asociados a un cuadro depresivo se presentan como consecuencia del trauma derivado de la violencia sexual junto a otros hechos victimizantes que ocurrieron al mismo tiempo. Tal es el caso de Olivia (C.194), quien fue víctima de acceso carnal violento, esclavitud sexual y tortura mientras estuvo secuestrada por las FARC-EP en Arauca desde 1999 hasta 2003. Olivia reporta haber tenido pensamientos suicidas que relaciona con una fuerte sensación de impotencia y recuerdos constantes de un hombre y una mujer que estuvieron secuestrados con ella, quienes fueron torturados, la mujer, al igual que ella, fue accedida carnalmente y fueron posteriormente asesinados y enterrados frente a ella. El relato pone de manifiesto la relación entre el trauma vivido por Olivia y los síntomas de depresión. El trauma se presenta aquí a través de la imposibilidad de Olivia para retomar las actividades de su vida cotidiana, del cambio de percepción sobre su entorno y sobre sí misma: hoy en día todavía me tortura el recuerdo de ellos dos, la impotencia por no poder ayudarlos. Cuando todo eso pasó yo no podía andar sola y no tenía ganas de nada, ni de vivir. Yo era una mujer llena de vida, pero todos mis proyectos y mis metas se arruinaron y duré como unos 14 años sin avanzar en nada en mi vida.

144


De este modo, el trauma suele ser percibido como una marca o un hito que denota un quiebre en sus vidas, que está presente de manera constante y que atraviesa sus emociones y sentimientos, aquejándoles por un largo periodo de tiempo. En algunas ocasiones, estos síntomas resultaron también en medicación, frecuentemente

con

acompañamiento

médico

e

incluso

se

presenta

automedicación. Así es el caso de Amalia, quien fue víctima de violencia sexual por parte de paramilitares a los 13 años, en La Jagua de Ibirico, departamento del Cesar, en el año 2006. Amalia afirma que 'no quedó normal' después de los hechos, y manifiesta tener pesadillas, insomnio y alteraciones emocionales consigo misma y en las relaciones con otros. Dice haber sufrido de ataques de pánico y haber tenido ideaciones suicidas, llegó a cortarse el cuerpo y tuvo que medicarse. También se reportan casos donde, a raíz del trauma generado, fue necesaria la hospitalización para el manejo de los síntomas fruto de las experiencias traumáticas. Este es el caso de Aurora (C.272), quien fue víctima de violencia sexual durante el año 1995 en el municipio de Lérida, Tolima: Desde que tenía aproximadamente 9 años los miembros del ERP, cuando me dirigía a estudiar, me obligaban a que los siguiera, en particular eran dos de ellos los que me acosaban. Me llevaban al monte y cuando no me dejaba me golpeaban, me quitaban la ropa y uno de ellos se iba; el otro me empezaba a tocar y se desnudaba, se cogía el pene y después me cogía del cabello y me llevaba la cabeza a sus partes íntimas y me pegaba porque yo lloraba mucho. Después me penetraba y me tapaba la boca. Cuando terminaba, él silbaba y llegaba el otro para lo mismo. Cuando yo llegaba a mi casa, mi mamá me pegaba porque llegaba sucia y me decía que yo me revolcaba jugando; yo le decía que no, que era que en la carretera había vacas y me tocaba meterme por el monte. Pasaba un tiempo cuando volvían los grupos y era como lo mismo otra vez. Eso me ha dejado consecuencias terribles en mi vida, no puedo tener amistades, vivo en mi soledad, tengo ataques de pánico, y así.

Los abusos constantes y prolongados en el tiempo a los cuales fue sometida Aurora tienen consecuencias innegables en su salud mental, tales como su hospitalización en una institución psiquiátrica. Adicionalmente, el hecho de que la violencia haya ocurrido desde una edad tan temprana afectó el desarrollo de Aurora. En el relato

145


se evidencia que ella no contaba con los elementos necesarios para comprender a cabalidad la violencia que estaba sufriendo, ni con las herramientas necesarias para poder comunicar su malestar a su madre. •

Ansiedad La ansiedad es un estado que compromete reacciones físicas, emocionales

y cognitivas y puede aparecer en situaciones estresantes en casi todas las personas. Sin embargo, cuando las preocupaciones y los miedos se tornan excesivos e intensos y se presentan de manera constante e inevitable ante situaciones cotidianas, es común que persista una sintomatología asociada al nerviosismo que se caracteriza por la dificultad para dejar de pensar en una preocupación, la dificultad para hacer frente a la incertidumbre, la sensación contante de miedo, el pensamiento catastrófico, algunas veces imposibilidad para dormir, sensación de indecisión o temor constante a tomar las decisiones equivocadas, y dificultad para obtener concentración. Este tipo de síntomas son indicios para identificar un trastorno de ansiedad generalizada, que además puede producir sintomatología física como taquicardia, cansancio, sudoración y respiración agitada. Este trastorno afecta de manera sustancial la vida de las personas ya que les impide tomar decisiones y les dificulta los procesos de socialización, pues éstos representan eventos estresantes para las personas que sufren este trastorno. Además, puede impedir la transformación o resignificación de historias de vida y, en ese sentido, constituir un obstáculo para la reconstrucción de los hechos violentos, para la documentación de los casos y para el acceso a la justicia y la reparación. A partir de los testimonios analizados, se puede ver en una gran cantidad de casos que los ataques de pánico o episodios nerviosos ocurren cuando las personas regresan al lugar de los hechos o a algún lugar que relacionan con los hechos. Por ejemplo, Angélica, quien fue víctima de violencia sexual a los 10 años por parte de las FARC-EP, reporta que 27 años después sigue presentando problemas nerviosos y se enferma si visita el lugar donde le sucedieron los hechos. Ella fue violada junto a sus dos hermanas, quienes también eran menores de edad, y fueron amenazadas por los actores armados con el asesinato de sus padres si contaban lo sucedido. 146


Por esta razón, Angélica nunca habló de los hechos. La imposibilidad para hablar sobre lo sucedido profundiza los sentimientos de soledad y aislamiento. Es común encontrar casos donde los episodios ansiosos o ataques de pánico son detonados por los recuerdos de los hechos violentos. Tal es el caso de Vanesa (C.212), quien fue víctima de violencia sexual junto a sus tías y primas por parte de una guerrilla sin identificar, en el departamento de Cesar, en el año 1998. Vanesa reporta alteraciones nerviosas por el recuerdo constante de lo ocurrido. El caso de Vanesa evidencia síntomas asociados a un trastorno de estrés post-traumático que se caracteriza por la imposibilidad de recuperarse después de experimentar o presenciar un evento atemorizante. Estos síntomas pueden durar varios meses, e incluso años, y suelen presentarse episodios que recuerdan el trauma y causan reacciones emocionales y físicas intensas. Los síntomas propios de este tipo de trastornos se caracterizan por pesadillas, recuerdos repentinos, evitar situaciones que recuerden el trauma, reaccionar exageradamente ante los estímulos, y sufrir de ansiedad o depresión. •

Trastornos alimenticios Las alteraciones en los hábitos alimenticios que las personas entrevistadas

identifican como consecuencia de la violencia sexual vivida, y suelen presentarse al mismo tiempo que otros síntomas propios de un cuadro depresivo tales como sentimientos de tristeza, pérdida de interés en las actividades de la vida diaria, y pérdida del sentido o valor de la vida. Sin embargo, en los testimonios analizados se pudo identificar también la presencia de desórdenes alimenticios relacionados directamente con el trauma derivado de la violencia sexual. Rosa (C.458), quien fue víctima de violencia sexual por parte de 3 miembros de un grupo armado sin identificar en Apartadó, Antioquia en el año 1995, manifiesta haber perdido el apetito y presentar dificultad para comer luego de los hechos de violencia. Estos desórdenes alimenticios aparecen como consecuencia de un cambio profundo en la percepción del cuerpo propio y que les imposibilita a las personas relacionarse con su cuerpo de la misma forma que antes. En su relato, Rosa hace referencia a esta sensación de desarraigo corporal:

147


Cuando acabaron quedé caída en el suelo. Después corrí al caño a bañarme. Regresé a mi casa mojada y llorando. Me encerré en mi cuarto a llorar hasta que mi mamá me escuchó y entró a preguntarme qué me pasaba. El acto de bañarse o limpiarse luego de los hechos de violencia sexual denota la sensación de suciedad y desagrado con el propio cuerpo así como la necesidad de despojarse del mismo, “de quitarse de su cuerpo el recuerdo de lo sucedido”.29 En este orden de ideas, la relación entre la violencia sexual y los desórdenes alimenticios suele partir de la sensación de desarraigo corporal, de la necesidad de limpiar el cuerpo, ya no solo de los fluidos y contacto con los victimarios, sino fundamentalmente del recuerdo de lo ocurrido. Por otro lado, en el caso de Xiomara (C.211), quien fue víctima de violencia sexual a la edad de 13 años por parte de un paramilitar en el municipio de Andes, Antioquia, en el año 2002, los desórdenes alimenticios se presentaron en relación con los sentimientos de culpa por la violencia sufrida. Xiomara manifiesta haber sentido culpa por la voluptuosidad de su cuerpo debido al entrenamiento de patinaje. Luego de los hechos de violencia sexual, no sólo dejó de entrenar, sino que alcanzó principios de anorexia y bulimia: yo tenía una dieta muy estricta y no comía casi nada, quería reducir el cuerpo que tenía. Desde ese día sentía que mi cuerpo no debía ser así si yo apenas tenía 13 años. Xiomara cuenta haber sufrido de cambios constantes en sus emociones y de haber recurrido al consumo de drogas. •

Trastornos del sueño

Los trastornos del sueño se caracterizan por la dificultad para conciliar el sueño o permanecer dormido, y pueden estar relacionados con otras afectaciones físicas o psicosociales. Un trastorno del sueño puede tener consecuencias negativas en el proceso de recuperación de un trauma asociado a la violencia sexual, pues la falta 29

Centro Nacional de Memoria Histórica, La guerra inscrita en el cuerpo. Informe nacional de violencia sexual en el conflicto armado, 241.

148


de descanso afecta de manera negativa la capacidad de pensar con mayor claridad, aumenta la irritabilidad y puede tener impactos negativos en la regulación de la vida diaria y en la capacidad de responder a los compromisos y las responsabilidades en la cotidianidad. Alicia (C.533) fue víctima de acoso sexual, acceso carnal violento y lesiones personales por integrantes de un grupo armado sin identificar en el municipio de Riohacha, Guajira, en el año 1992. En los mismos hechos, su hija de 10 años fue víctima de acceso carnal violento por sus mismos agresores. A raíz de los hechos violentos, no pudo volver a conciliar el sueño con facilidad durante varios años y más de 20 años después sigue presentando insomnio constante. Ha sufrido de insomnio en relación con un cuadro depresivo como resultado del trauma asociado a la violencia sexual sufrida por ella y por su hija; por esta razón, así como por falta de acceso a asistencia médica y psicológica especializada, la mujer ha optado por automedicarse, tanto para poder conciliar el sueño como para poder regular sus emociones. En un gran número de casos los trastornos del sueño se presentan como consecuencia de otros malestares derivados de la violencia sexual. Así lo reporta Sol (C.031), quien fue víctima de violencia sexual por parte de paramilitares en el municipio de Chibolo, Magdalena, en el año 2005 a la edad de 15 años: Después de ese día cambió mucho mi forma de ser y de tratarme con los demás. Ya no me siento la misma y esto ha hecho que tengamos muchos conflictos con mi familia. Sol manifiesta que, producto del deteriorio de sus relaciones familiares, se han profundizado sus crisis nerviosas y le han generado malestares físicos, falta de apetito y pérdida de peso, así como fuertes dolores de cabeza e insomnio. El caso de Sol pone de manifiesto cómo la ausencia del descanso a causa del insomnio termina por degradar las emociones de las personas y las relaciones interpersonales, especialmente en los casos en los que se relaciona con síntomas asociados a la depresión.

149


•

Uso muy frecuente y/o dependencia de sustancias psicoactivas Al hablar del uso desmesurado y la dependencia de SPA en relación con los

traumas consecuentes de la violencia sexual, es necesario mencionar la correlación entre los síntomas asociados a un cuadro depresivo y las adicciones o el consumo de SPA. Debido a los sentimientos de tristeza prolongada, el menoscabo de la estima de sí misma y la pérdida del sentido y el valor de la vida que se experimentan en la depresión, el consumo de SPA se torna en una alternativa de escape temporal. Tal es el caso de Kimberly (C.382), quien fue víctima de acceso carnal violento junto a su compañera sentimental en el año 2011, en el municipio de Quibdó, Chocó, por parte de actores armados no identificados: Desde ese día sufrí un silencio y solo sentía calma cuando tomaba. Entraba en ataques depresivos y en encierro, tenía muchos llantos y quedé muy marcada. Cada vez que cumplo años me acuerdo de eso y sólo quiero emborracharme.

El silencio que describe Kimberly hace referencia a la ruptura de la relación consigo misma y de la impotencia frente a los recuerdos traumáticos de los hechos violentos, que derivan en el consumo habitual de alcohol. En algunos casos, el uso desproporcionado y la dependencia de SPA puede relacionarse con patologías; así lo cuenta Samira (C.306), quien, debido al consumo habitual de alcohol, desarrolló una enfermedad hepática que ha tenido fuertes repercusiones en su salud física y mental. A raíz de la violencia sexual de la cual fue víctima en el año 2001 por parte de paramilitares en el municipio de Guatapé, Antioquia, asegura sufrir episodios depresivos que se caracterizan por la tristeza y el llanto frecuente, la sensación constante de miedo y rabia, pesadillas y problemas para conciliar el sueño, así como pensamientos de venganza y sentimientos de dolor e indignación por las dificultades que ha tenido que enfrentar desde los hechos violentos y como consecuencia de su adicción. Es necesario analizar también la prevalencia de adicciones a SPA en personas víctimas de violencia sexual a la luz de la falta de acceso a servicios de salud mental

150


y acompañamiento psicosocial. Varios de los relatos muestran el interés por parte de las personas de recibir atención psicológica especializada. Así lo afirma Sebastián (C.311), quien sufre de alcoholismo y sostiene ideas suicidas como consecuencias de los hechos de violencia sexual ocurridos en su contra: yo quisiera tener acompañamiento psicológico, pero aquí eso no se puede. En Quibdó los psicólogos tienen fama de contar todo lo que uno les dice. El testimonio de Sebastián ejemplifica la situación que viven las personas víctimas de graves violaciones a los Derechos Humanos y que desean recibir acompañamiento psicosocial. En ciudades pequeñas y medianas, así como en los pueblos, se han reportado falta de confianza en los profesionales de la salud (médicos, enfermeras, auxiliares de laboratorios clínicos, psicólogos y psicólogas). Esta desconfianza generalizada por la falta de confidencialidad tiene un impacto en el acceso a acompañamiento psicosocial por parte de las personas que han sido víctimas de violencia sexual. Como se muestra en la Tabla 15, solo el 31,9% de las personas acompañadas reportaron haber accedido a acompañamiento psicosocial antes de los círculos de estudios; sin embargo, su participación en el programa denota un interés por recibir atención psicosocial en relación con los hechos victimizantes sufridos. Tabla 15. Acompañamiento psicosocial Sí No Sin información

145 290 20

Total

455

31,9% 63,7% 4,4% 100%

Los impactos que un trastorno depresivo puede tener en la vida de una persona se profundizan aún más con el uso desmedido y la dependencia de SPA. Estos síntomas y/o trastornos se prolongan en el tiempo y las víctimas pueden sufrirlos durante toda su vida, sobre todo si no cuentan con las condiciones y la atención médica necesarias para afrontar el trauma subyacente.

151


Tal como se ha expuesto, las personas consumidoras de SPA presentan graves repercusiones en varios aspectos de sus vidas tales como el ámbito laboral, económico, familiar y el proyecto de vida en general. Así lo reporta Felipe (C.313) , quién fue víctima de violencia sexual a los 12 años en el municipio de Atrato, Chocó, en el año 2000. Felipe fue víctima de acceso carnal violento en dos ocasiones, primero por parte de un miembro del Ejército y luego por parte de tres guerrilleros del ELN: Luego de eso me tocó desplazarme y me tocó venir a hacer mandados, a hacer aseo. Mis amigas me ayudaban, pero no tuve apoyo. Yo empecé a consumir marihuana, perica, el trago no lo he podido dejar. De martes a jueves no tomo porque el trabajo no me lo permite.

Al entender la violencia sexual por motivo del conflicto armado como un hecho violento en el cual las personas son despojadas de todo control, autonomía y poder sobre su cuerpo y su integridad, es apenas entendible que las víctimas presenten pensamientos de subvaloración, vergüenza y falta de aprecio hacia sí mismas. Estas emociones generan en las personas una tendencia a querer escapar de su realidad, de su cuerpo y de sus pensamientos, escapar de su historia y sus recuerdos sobre los hechos violentos.

152


153


154


155


4.2.3 Afectaciones físicas A raíz de la violencia sexual no me llegó el periodo durante más de tres años y por el forcejeo me maltraté mucho uno de mis brazos. También quedé con un dolor horrible en mi pierna derecha y por eso me queda muy difícil trabajar. Alicia (C.533), Guajira

A partir de los testimonios documentados de las 455 personas acompañadas se pudieron identificar una multiplicidad de afectaciones físicas consecuencia de la violencia sexual de corto, mediano y largo plazo que serán tratadas en este capítulo a partir de las siguientes categorías: 1) aborto, 2) enfermedades e infecciones de transmisión sexual, 3) embarazo, 4) lesiones físicas y 5) padecimientos físicos. Esta categorización busca identificar, a partir de un análisis descriptivo, de los distintos patrones en el ejercicio de la violencia física durante los hechos de violencia sexual, tomando como punto de partida los testimonios de las 371 personas que, como se muestra en la Tabla 16, reportaron afectaciones físicas derivadas de la violencia sexual. Tabla 16. Consecuencias físicas Sí No reporta

371 84

Total

455

•

81,5% 18,5% 100%

Aborto Dentro de las afectaciones físicas, algunas personas que sufrieron de la

violencia sexual mientras estaban en estado de embarazo reportaron haber perdido al bebé como consecuencia de la violencia sexual. Entre las causales documentadas

156


se encuentran el uso desproporcionado de la fuerza, estrés emocional resultante los hechos violentos, parto prematuro por la violencia sexual que termina en la muerte del recién nacido y aborto forzado. Jennifer (C.197) fue víctima de acceso carnal violento e intento de asesinato por parte de paramilitares en el municipio La Jagua de Ibirico, Cesar, en el año 1996, cuando se encontraba en estado de embarazo. El día que ocurrieron los hechos los paramilitares asesinaron a su compañero sentimental; en la noche, fueron a su lugar de vivienda donde ella se encontraba con sus dos hijos. Los paramilitares entraron a la fuerza a la casa, la golpearon y la violaron. Al terminar, lanzaron disparos hacia la casa, dos de los cuales hirieron a Jennifer en la espalda. Como consecuencia de lo anterior perdió al bebé por un aborto espontáneo. En el caso de Jennifer se pueden identificar las distintas modalidades de violencia que acompañan el ejercicio de la violencia sexual y que generan un sinnúmero de afectaciones en la vida de las personas; hasta el día de hoy, Jennifer reporta dolores en la espalda e hinchazón que le genera problemas en la columna. Juliana (C.406) vivía en Riosucio, Chocó, en 1989 junto con su marido. Para esa época las FARC-EP hacía presencia en el territorio. El esposo de Juliana trabajaba con madera y los guerrilleros le habían quitado parte de su mercancía, por esta razón él protestó y fue a reclamarle a los armados. Como consecuencia de lo anterior, alias El Cholo la amenazó con un arma y la violó para que aprendieran a respetar. Al momento de los hechos, Juliana se encontraba en estado de embarazo. A raíz de la violencia sexual tuvo prematuramente al bebé, con tan solo 7 meses de embarazo, por lo cual éste murió. Si bien la muerte del bebé es una consecuencia de la violencia sexual, la dificultad para acceder a servicios médicos que pudieran atender las necesidades de Juliana se relaciona de manera directa con la salud de ella y su bebé. La falta de acceso al sistema de salud, la precariedad de los servicios disponibles, así como la desconfianza en la confidencialidad de los médicos tratantes son

157


algunas de las razones que las personas dan a la hora de explicar por qué no recibieron atención médica luego de los hechos de violencia sexual; en los casos en los que acceden a servicios médicos, un gran número de personas afirmaron no haberle comunicado al personal de salud que habían sufrido de violencia sexual y haber inventado otra historia que respaldara la consulta. En el 2001 Liseth (C.470) vivía en el municipio de Lloró, Chocó, y tenía 6 meses de embarazo. Un día, mientras su pareja y sus padres se encontraban trabajando en la mina y ella se encontraba en casa a cargo de las labores domésticas, un paramilitar entró a su hogar amenazándola con un arma y la violó. A raíz de los hechos sufrió un aborto. Por más de que el victimario la amenazó de muerte si contaba lo sucedido, ella le comentó a su esposo y a sus padres. Su esposo fue a confrontar al comandante del grupo, alias 'Raúl', razón por la cual los amenazaron y tuvieron que desplazarse. Liseth reporta múltiples afectaciones emocionales por la pérdida del bebé. Además, afirma sentir mucho miedo de hablar sobre las violencias sufridas por temor a ser estigmatizada y señalada. Adriana (C.297) tenía 11 años cuando sufrió de acceso carnal violento por parte de integrantes de las FARC-EP. En aquella época, 1997, vivía en el municipio de Riosucio, Chocó, junto con su abuelo, su madre y sus tres hermanos. Un día, en la tarde, un armado conocido como alias Yiyo ingresó a su casa, amenazó a todos los presentes, se la llevó a un cuarto y la violó. Como consecuencia de los hechos, la niña quedó en estado de embarazo. A raíz de lo anterior, la madre de Adriana fue a reclamarle a un comandante de las FARC-EP por el accionar de sus hombres y fue asesinada por eso. Luego del reclamo de la madre, los armados obligaron a Adriana a abortar y la desplazaron a ella y a su familia. En el caso de Adriana el aborto forzado y el asesinato de su madre sirvieron como una estrategia para ocultar las evidencias de la violencia sexual y eliminar las posibilidades de repercusiones contra los armados por ejercer violencia sexual contra una menor de 14 años.

158


•

Enfermedades e infecciones de transmisión sexual (ETS e ITS) Un alto número de personas, el 30,5% de las personas acompañadas,

reportan haber sufrido de ETS e ITS a raíz de la violencia sexual. Además de las consecuencias específicas de cada tipo de enfermedad/infección, como ya se ha afirmado, las personas que sufren de violencia sexual por motivo del conflicto armado no suelen acceder a servicios de atención médica. En relación con ETS e ITS, las personas reportan falta de confianza en la atención médica: tienen miedo a ser juzgadas, culpabilizadas por los hechos violentos y a que no se respete la confidencialidad en caso encontrarse resultados positivos para alguna ETS/ITS. Sumado a lo anterior está también el miedo a represalias por parte de los actores armados si cuentan lo ocurrido, así como la falta de accesibilidad a servicios de salud. Este último aspecto es de vital importancia si se toma en cuenta que el 64,1% de los 479 casos registrados ocurrieron en zona rural, donde el acceso a entidades prestadoras de salud es bastante precario (ver Tabla 10). Esta sección buscar identificar las afectaciones a mediano y largo plazo derivadas de ETS e ITS producto de la violencia sexual que no fueron descubiertas ni tratadas a tiempo. Mónica (C.554) sufrió de violencia sexual en múltiples ocasiones por parte de 3 hombres pertenecientes a grupos paramilitares en el año 1998 en la Sierra Nevada de Santa Marta. Como consecuencia de la violencia sexual contrajo gonorrea y virus del papiloma humano (VPH). Para el momento de los hechos Mónica se encontraba en estado de embarazo y reporta haber tenido fuertes afectaciones a su salud y a la del bebé por la gonorrea. Adicionalmente, como consecuencia a largo plazo del VPH, ha sufrido de cáncer de cuello uterino. En muchos de los casos, las personas acompañadas reportan haber transmitido las ETS/ITS a sus bebés, ya sea porque se encontraban en estado de embarazo durante los hechos violentos, o porque quedaron en embarazo como consecuencia de estos. Rebeca (C.652) fue víctima de violencia sexual por parte de alias Julián, líder paramilitar en el municipio de Bucaramanga, Santander, en el año 2008. Como consecuencia de los hechos violentos Rebeca contrajo Herpes Gravídico. Sin embargo, por las múltiples amenazas de los victimarios no denunció los hechos ni

159


recibió atención médica. No recibió un tratamiento adecuado y a tiempo para tratar la ETS, lo que generó graves afectaciones en su salud; el herpes terminó por convertirse en una enfermedad crónica que generó daños a nivel sistémico, entre los cuales se resaltan la necesidad de recurrir a una cirugía para la extracción del útero (histerectomía) y de un ovario que estaba comprometido. El caso de Rebeca ejemplifica de la realidad de muchas de las víctimas de violencia sexual por motivo del conflicto armado, quienes desarrollan enfermedades crónicas tanto por el no tratamiento o tratamiento inadecuado de las ETS/ITS, como también por consecuencias de heridas derivadas del traumatismo producto de la violencia sexual, tales como fístulas o desgarramientos. Estas enfermedades crónicas pueden generar daños a nivel sistémico, tal es el caso, por ejemplo, de un herpes no tratado que puede afectar otras partes del cuerpo como costillas, tórax, abdomen y piernas, generando quemaduras que se caracterizan por ser extremadamente dolorosas, o de un desgarramiento que produzca una infección y genere la pérdida de órganos reproductivos. Catalina (C.326) fue víctima de acceso carnal violento por parte de integrantes del ELN en la vía Lloró-Bagadó, en el departamento del Chocó, en el año 2004. Como consecuencia de los hechos, Catalina contrajo sífilis, sin embargo, se dio cuenta cinco meses después de ocurridos los hechos. Por no haber sido tratada a tiempo, Catalina tuvo que enfrentar múltiples complicaciones en su estado de salud y sostuvo un tratamiento que duró más de un año para lograr superar la enfermedad. Este tipo de afectaciones que requieren de atención médica prolongada implican una carga emocional y económica para las personas, pues dichas enfermedades son un recordatorio constante de los impactos de la violencia sexual en sus cuerpos, además de tener que suplir los gastos médicos y de transporte hasta las entidades prestadoras de servicios de salud.

160


•

Embarazo El 10,3% de las personas acompañadas reportaron haber quedado en estado

de embarazo como consecuencia de la violencia sexual. Las afectaciones resultantes un embarazo coaccionado se extienden a múltiples ámbitos de la vida de las personas: físicos, emocionales, relacionales y económicos. En esta sección se analizan algunas de las implicaciones a partir de: 1) embarazo llevado a término, 2) interrupción voluntaria del embarazo, 3) aborto espontáneo. Llevado a término: Camila (C.779) fue víctima de acoso sexual y acceso carnal violento por parte de un integrante de las disidencias de las FARC-EP, al mando de alias 'Guacho', en el municipio de Tumaco, Nariño, cerca la frontera con Ecuador, en el año 2017. Una noche, en una fiesta que habían organizado en el bar de una tía donde ella trabajaba, un hombre le ofreció una cerveza; ella sabía que pertenecía al grupo de alias 'Guacho' y por miedo aceptó: Luego de tomarme la cerveza me empecé a sentir muy mareada y le pedí a mi tía permiso para irme a descansar. Al otro día me levanté sintiéndome muy cansada, me dolía la vagina y tenía la ropa interior mojada. No entendí bien qué había pasado, pero me dio miedo comentarlo con alguien. Varios meses después empecé a sentir náuseas y mareo.

Camila relata que una vez los actores armados empezaron a acosarla intentó regresar a la ciudad de Tumaco, pero necesitaba el trabajo para poder enviarle plata a su hermana para la manutención de su hija. Luego de enterarse del embarazo, Camila intentó abortar de manera casera, pero luego de tres intentos fracasó. A raíz de lo anterior tuvo varios intentos de suicidio. El estrés emocional de vivir una maternidad coaccionada sumado a las consecuencias psicosociales de la violencia sexual, así como las múltiples dificultades económicas que se acrecentaban con el nuevo bebé, han impactado de manera negativa la relación que Camila ha podido establecer con su hijo: Yo sé que él no tiene la culpa de nada, pero cada vez que lo veo me acuerdo de todo lo que me pasó.

161


Claudia (C.117) fue víctima de acceso carnal violento junto con su hermana y otras mujeres que trabajaban en la finca en Tibú, Norte de Santander, en el año 2004, por parte de integrantes de las AUC. Claudia recuerda que para la época alias 'Camilo', alias 'El Lobo' y alias 'Gacha' eran los comandantes en la zona. A raíz de los hechos, Claudia quedó en estado de embarazo, pero por las múltiples hemorragias que sufrió en los meses siguientes a los hechos violentos solo se dio cuenta que estaba embarazada varios meses después de ocurridos los hechos: El embarazo me afectó mucho, desde el principio fue muy traumático, yo me resistía a la idea de que todo eso me hubiera pasado. Después de todo eso salimos todos desplazados y yo me aislé de todas las personas, no quería hablar con nadie de lo que me había pasado, no le conté a nadie ni de la violación ni del embarazo.

Cuando Claudia se enteró que estaba embarazada quiso abortar, pero por el avanzado tiempo de gestación y por asesoría de su hermana, decidió continuar con el embarazo, aunque seguía resistiéndose a ser madre en esas condiciones. Es necesario agregar que, así como lo muestra el caso de Claudia, las condiciones de vida de las personas luego de un desplazamiento forzado y del asesinato de familiares profundizan las afectaciones físicas y psicosociales derivadas de la violencia sexual y del embarazo no deseado. Eugenia (C.367) fue víctima de acoso sexual y acceso carnal violento a los 17 años por parte de Orlando Zapata, alias El Paisa, integrante de una guerrilla sin identificar, en el año 2008 en el municipio de Quibdó. Como consecuencia de los hechos Eugenia quedó en estado de embarazo y sufrió una infección urinaria aguda que requirió hospitalización. Eugenia reporta afectaciones en sus relaciones de pareja y en su relación con su hija: yo todavía tengo mi pareja que es la única que he tenido y siempre que teníamos relaciones yo me acordaba de lo que me pasó. Hace más de un año no he vuelto a tener intimidad con él porque los recuerdos cada vez son peor. Por eso también tuve que enviar a mi hija a vivir a otra ciudad con unos familiares porque no soporto su presencia; además, por la rabia y el resentimiento que siento yo la maltrataba. Lloraba todos los días y me mantenía encerrada, no salía a la calle y cuando me di cuenta de que estaba embarazada lloraba aún más y tomé muchas cosas para que

162


se me saliera la niña, pero no fue así. Cuando la niña nació yo no la cargaba y solo me la pasaba llorando.

El caso de Eugenia pone de manifiesto cómo las afectaciones resultado de la violencia sexual y la maternidad coaccionada impactan también a los hijos e hijas fruto de la violencia sexual, así como a otras personas del núcleo familiar, quienes en múltiples ocasiones deben hacerse cargo de los niños y niñas ante la imposibilidad de sus madres para cuidarles: Los embarazos producto de violencia sexual producen un triple impacto: hacia la madre, hacia los niños o niñas y hacia las familias (generalmente a las abuelas quienes asumen los nuevos roles como madres para suplir a sus hijas). Esta es una de las razones por las cuales algunas mujeres que decidieron tener a sus hijos e hijas los protegen de la “verdad” sobre sus orígenes y sus padres y les ocultan lo que sucedió para aminorar sus sufrimientos o evitar exponerlos a burlas, señalamientos o sanciones sociales.30

Se debe tener en cuenta también que algunas mujeres no tienen conocimiento de su derecho a la interrupción voluntaria el embarazo (IVE), por lo cual no ven una opción más allá de llevar su embarazo a término por miedo a implicaciones legales; otras, en cambio, teniendo conocimiento de su derecho a la IVE, deciden no hacerlo por motivos morales y religiosos. Interrupción voluntaria del embarazo: La interrupción voluntaria del embarazo (IVE) se presenta como una opción para personas que no quieren llevar a término los embarazos producto de la violencia sexual, ya sea por dificultades económicas, por no querer vivir una maternidad coaccionada, por protegerse del estigma, el prejuicio y las preguntas de familiares y sus círculos sociales, o para cuidar su salud emocional y física. Aunque la violencia sexual sea reconocida como una causal para poder acceder a la IVE, el acceso a dicho derecho presenta múltiples barreras. Como se mencionó en páginas anteriores, las dificultades para acceder a los servicios de salud son muy variadas y pasan desde la lejanía de los centros de salud

30

Centro Nacional de Memoria Histórica, 354.

163


hasta el miedo al prejuicio y las segundas victimizaciones por parte del personal médico. De lo anterior se puede comprender por qué las mujeres que reportaron haber interrumpido su embarazo lo hicieran de manera artesanal y sin recurrir a un centro de salud. Luciana (C.451) fue víctima de violencia sexual por parte de alias Milicia, alias Alex y alias Guayabo, tres paramilitares de las Autodefensas Campesinas, en el año 2004 en Medio Atrato, Chocó. Luciana cuenta que los paramilitares elegían a las mujeres que más les gustaban para obligarlas a lavar y cocinar y para abusar sexualmente de ellas. Un día, mientras su esposo se encontraba fuera del pueblo haciendo unas diligencias, los paramilitares llegaron a su casa y le dijeron que había sido 'una de las elegidas'. A raíz de los múltiples hechos de violencia sexual que sufrió ese día, quedó en estado de embarazo. Luciana cuenta que por las difíciles situaciones en las cuales tenía que vivir, así como por miedo a represalias por parte de sus victimarios, decidió abortar de manera artesanal. En casos como el de Luciana, donde los actores armados tienen una fuerte presencia en el territorio y en la vida cotidiana de las personas, el aborto casero suele ser la única opción para interrumpir el embarazo, pues practicarse una IVE en un centro de salud puede poner en riesgo la vida de la mujer al hacer visible para otros los hechos de violencia sexual. Sin embargo, los abortos caseros sin el acompañamiento adecuado pueden acarrear complicaciones que ponen en riesgo la vida de las personas. Tal es el caso de Brenda (C.561), quien sufrió de acceso carnal violento por parte de integrantes de las AUC en el municipio de Buenos Aires, Cauca, en el año 2001. La mujer no comentó con nadie los hechos de violencia sexual ni el embarazo producto de estos, y decidió practicarse un aborto de manera artesanal. Sin embargo, Brenda tuvo complicaciones con el procedimiento y sufrió de sangrado abundante y constante que puso en riesgo su vida. Casos como el de Brenda dan cuenta tanto de los riesgos asociados a los abortos artesanales y de las consecuencias de la falta de acceso a servicios de salud que garanticen el derecho a la IVE, así como de la necesidad de deshacerse de las consecuencias de la violencia sexual en sus

164


cuerpos, de reclamar sus cuerpos como suyos después de la alienación vivida durante los hechos violentos. Aborto espontáneo: En algunos casos, así como se abordó en la sección sobre aborto por violencia sexual, los múltiples traumas tanto físicos como emocionales resultado de los hechos de violencia sexual, del uso desproporcionado de la violencia y de otros hechos victimizantes que acompañan a la violencia sexual (asesinatos, desapariciones, tortura), terminan por generar un aborto espontáneo. Tal es el caso de Melisa (C.036), quien fue víctima de acceso carnal violento en el año 2002 en los Montes de María, departamento de Bolívar, por parte de integrantes de un grupo armado sin identificar. Como consecuencia de los hechos, Melisa quedó embarazada, pero debido su estado de alteración emocional sufrió un aborto espontáneo unos meses después. Entre otras causas exógenas que pueden producir un aborto espontáneo se encuentran las consecuencias físicas de la violencia sexual. Así lo reporta Rosario (C.442), quien fue víctima de acceso carnal violento a la edad de 13 años por parte de integrantes del Frente 34 de las FARC-EP en el municipio de Vigía del Fuerte, Antioquia, en el año 2000. Rosario quedó en embarazo como consecuencia de los hechos de violencia sexual, pero lo ocultó por miedo y vergüenza. Al quinto mes de embarazo, por una infección vaginal aguda sufrió un aborto. •

Lesiones físicas El ejercicio de la violencia sexual por motivo del conflicto armado, así como

se ha venido perfilando desde capítulos anteriores, suele conllevar un uso desmesurado de la fuerza que se revela en el sinnúmero de lesiones físicas reportadas por las víctimas. Si bien las afectaciones son muy variadas, en esta sección se analizan a partir de dos categorías: 1) lesiones por uso desproporcionado de la fuerza, 2) lesiones propias de la violencia sexual. En referencia a la primera categoría, se encuentra el caso de Jessica (C.056), quien fue víctima de acceso carnal violento y lesiones personales por parte de tres

165


hombres integrantes de un grupo paramilitar en el municipio de Sitionuevo, Magdalena, en el año 2002. Durante los hechos de violencia sexual, Jessica sufrió múltiples golpes en la cabeza y en la cara que le generaron la pérdida del paladar, del sentido del olfato, así como golpes y cortadas en la pierna derecha que requirieron dos operaciones. Ruth (C.242) fue víctima de acceso carnal violento y lesiones personales por parte de integrantes de las FARC-EP en la carretera Cúcuta-Bucaramanga en el año 1999. Ella viajaba en un bus que fue interceptado por la guerrilla a mitad de viaje. Los armados detuvieron el bus y bajaron a todos los pasajeros. Separaron a hombres de mujeres y se las llevaron para el monte: Cuando íbamos caminando por el monte uno de ellos me empujó contra una piedra y sentí un dolor incontrolable en la cadera. Cuando caí dos me cogieron a la fuerza y entre tres guerrilleros me violaron.

A raíz del golpe Ruth tuvo que someterse a un remplazo total de cadera que le ha traído bastantes problemas económicos pues la lesión de la cadera le ha generado una discapacidad que le dificulta trabajar. Así como los dos casos anteriores, otras personas acompañadas reportaron: fracturas; fisuras en columna y costillas que derivaron en lesiones pulmonares; desviación de la columna por fractura de vértebras; cortaduras en piernas, brazos, cara y abdomen por vidrios, cuchillos, arbustos, espinas, alambres de púas; moretones y lesiones en brazos y piernas por forcejeo; heridas de bala; trauma craneoencefálico por golpes y caídas; pérdida temporal de la memoria; hemorragias internas por golpes; problemas y pérdida de visión temporal y permanente por golpes en la cara y lo ojos. La segunda categoría hace referencia a aquellas lesiones físicas propias de la violencia sexual. En el caso de Ximena (C.200), quien fue víctima de acceso carnal violento y lesiones personales por parte de integrantes de las FARC-EP en el municipio de La Jagua de Ibirico, Cesar, en el año 2000, las múltiples violencias físicas que sufrió como parte de los hechos de violencia sexual le dejaron cicatrices

166


en las piernas y la cara, así como cicatrices y desgarramiento vaginal por el acceso realizado con el arma de uno de los actores armados. En varios de los casos documentados las personas reportan heridas y lesiones por el acceso con distintos objetos, así como con partes del cuerpo de manera forzada y violenta; desgarros y hemorragias anales y vaginales que con frecuencia dificultan caminar o sentarse; dolores recurrentes y prolongados en el tiempo en el recto, la vagina y el útero; ampollas y cortadas en la boca y los labios; ardor e hinchazón en la garganta; cólicos fuertes por un largo periodo de tiempo luego de los hechos violentos; sangrado por el ano y/o vagina cuando tienen relaciones sexuales; daños en los tejidos de la vagina; fístulas, desprendimiento de la matriz, descenso de la vejiga, entre otros. •

Padecimientos físicos Esta sección da cuenta de aquellas situaciones en las que las lesiones físicas

y consecuencias psicosociales derivadas de la violencia sexual se convierten en problemas crónicos para las víctimas. Por ejemplo, el caso de Olivia (C.194), quien fue víctima de secuestro y esclavitud sexual durante 4 años, de los 18 a los 23, por parte de integrantes del Frente 10 de las FARC-EP, Columna móvil Alfonso Castellanos, entre los años 1999 y 2003 en el departamento de Arauca. Olivia cuenta que, al llegar al campamento, los hombres que la llevaban le pusieron ropa vieja y la amarraron a un palo donde sufrió de múltiples hechos de violencia sexual y lesiones personales. Durante gran parte de su cautiverio estuvo amarrada en ese lugar soportando un sinnúmero de vejámenes. Entre sus victimarios logra identificar a alias Asdrúbal, alias El Paisa, alias Franklin y alias Gabino. Este último fue quien mayor daño le hizo al maltratarla constantemente con golpes, distintos actos de violencia sexual y tortura, usando un balde de agua para sumergirla en contra de su voluntad. A raíz de los múltiples hechos violentos vividos durante esos cuatro años, Olivia manifiesta haber quedado con una alteración nerviosa que le ocasiona episodios de taquicardia, preinfartos y desmayos.

167


De otra parte, Xiomara (C.211) fue víctima de acceso carnal violento a la edad de 13 años por parte de paramilitares en el municipio de Andes, Antioquia, en el año 2002. A raíz de los hechos, Xiomara presentó sangrado vaginal durante unas semanas, y desde ese momento hasta la actualidad ha tenido cambios fuertes en su ciclo menstrual que no ha podido regular, teniendo menstruaciones que le duran muchos días. Así como los casos de Olivia y Xiomara, las personas acompañadas reportaron múltiples padecimientos físicos que relacionan con la violencia sexual. Varios de los padecimientos documentados hacen referencia a un deterioro general en la salud que las personas relacionan con estrés emocional por los hechos violentos, así como por las condiciones de vida que deben enfrentar luego de los desplazamientos forzados. Este deterioro general en la salud suele implicar una baja en las defensas que deja a las personas más expuestas a todo tipo de enfermedades y malestares. Como consecuencia de lo anterior, las personas reportan sentirse agotadas física y emocionalmente y tener una mayor predisposición para contraer enfermedades que antes de los hechos violentos. Adicionalmente, se documentaron otro tipo de padecimientos tales como: problemas cardiacos; dolores de cabeza y migrañas; dolores y/o sangrado con cada relación sexual; hipertensión; convulsiones por trauma craneoencefálico; cambios en el ciclo menstrual, tanto la suspensión de la menstruación durante meses e incluso años, así como ciclos menstruales más largos de lo común, y pérdida total del apetito sexual, entre otras.

168


169


5. LA VIOLENCIA SEXUAL COMO FORMA DE TORTURA El presente capítulo analiza los casos en los cuales la violencia sexual fue ejercida como una forma de tortura por motivo del conflicto armado colombiano. La Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura y Otro Tratos o Pena Crueles, Inhumanos o Degradantes, de 1984 y aprobada en Colombia por la Ley 70 de 1986 define la tortura de la siguiente manera: Se entenderá por el término "tortura" todo acto por el cual se inflijan intencionalmente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia. No se considerarán torturas los dolores o sufrimientos que sean consecuencia únicamente de sanciones legítimas, o que sean inherentes o incidentales a éstas.

Sin embargo, por el contexto específico del conflicto armado colombiano, quienes ejercen la tortura no son exclusivamente funcionarios públicos, pues la autoridad de los distintos actores armados sobre el territorio y las poblaciones que lo habitan denotan un poder similar al del Estado. Por lo tanto, es necesario aclarar que la

170


definición de tortura ha ampliado la definición de perpetrador hacia cualesquiera grupo que ejerza, o pretenda ejercer, poder y/o control sobre un territorio o población, tal como lo afirma Triana; los instrumentos en el derecho internacional en materia de Derechos Humanos han abordado la tortura como una violación que puede presentarse en todo contexto y lugar sin importar si es una acción en situación de conflicto armado, dictadura, democracia u otro escenario incluso por fuera de la violencia de un aparato político o militar.31

Tomando como punto de partida estas definiciones y los testimonios documentados, se busca comprender de qué manera se ejerció tortura a través de la violencia sexual a partir de las siguientes categorías de tortura: 1) castigo, 2) acoso sexual prolongado, 3) intimidación y 4) discriminación. Si bien estas categorías dan cuenta de las distintas expresiones de la tortura identificadas en los testimonios, no siempre se ejercen de manera diferenciada, es decir que un mismo caso puede denotar varias formas de tortura. Raquel (C.364) fue víctima de acceso carnal violento y tortura por parte de integrantes de las FARC-EP cuando se encontraba en la zona rural de Quibdó, Chocó, en el año 2001. Raquel cuenta que: cuando esa gente llegó a invadir el pueblo, mataban mucho, nos les importaba que la gente viera, eran los reyes del pueblo y mandaban, llegaban a la casa de uno y sin pedir permiso colgaban sus hamacas, dormían en las casas, tocaba cocinarles, lavarles la ropa.

Estas dinámicas afectaban directamente a Raquel, pues cuenta que normalmente le tocaba lavarles ropa a los guerrilleros, regalarles las gallinas y cocinarles. Un día, cuando algunos guerrilleros se encontraban en su casa obligándola a realizar dichas labores, ella se les enfrentó: el día anterior que fueron a mi casa algunos guerrilleros les dije que no les iba a dar más nada de mi negocio, que me iban a quebrar y si querían matarme pues que lo hicieran. 31

Triana, «La tortura en los informes de memoria histórica en Colombia: Parámetros para su visibilización», 16-17.

171


172


173


Según el relato de Raquel esta fue la razón por la cual los guerrilleros la violentaron sexualmente. Al siguiente día de habérseles enfrentado, tres armados encapuchados llegaron a su casa a media noche y la violaron los tres. Al salir de la casa, uno de ellos le dijo calladita te ves más bonita. En el caso de Raquel, la violencia sexual fue un castigo por desobedecer a los armados y por cuestionar su autoridad. Adicionalmente, la frase que le dijo uno de los guerrilleros antes de salir de su casa («calladita te ves más bonita») pone de manifiesto que la violencia sexual era una forma de callar a la mujer después de haber levantado su voz para reclamar por los tratos que le imponían los guerrilleros. Por otro lado, Jacinta (C.523) estaba visitando a su hermana en Plato, Magdalena, cuando fue víctima de acceso carnal violento y tortura por parte de paramilitares. La mujer cuenta que por esos días estaba amenazado el cuñado de la hermana porque los paramilitares pensaban que era un informante de la guerrilla. Un día, mientras estaban en la celebración de cumpleaños de su hermana, cinco paramilitares llegaron a la casa a buscar al cuñado de la hermana. Insultaron a todos los presentes mientras les amenazaban con armas y revolvían la casa buscando al hombre: A los niños y a mi cuñado los maltrataron a ver si podían sacarles información y a todas las mujeres de la casa nos violaron. Al hermano de mi cuñado lo localizaron tres meses después y lo desaparecieron.

El caso de Jacinta permite identificar el uso de la violencia sexual como 1) una forma de obtener información, 2) una forma de intimidar a las personas, 3) un castigo por no entregar dicha información y por 'proteger' al hombre que ellos estaban buscando. Además de los hechos de violencia sexual, en el relato Jacinta afirma que a los niños y a su cuñado les generaron lesiones personales con miras a obtener información sobre el paradero del hombre que buscaban. En otros casos similares a este, los actores armados llegan a los hogares buscando armas, dinero, caletas y personas de interés para ellos. En todos ellos la violencia sexual va acompañada de amenazas, intimidación con armas y expresiones verbales que explicitan el carácter intimidatorio de la violencia sexual. En este tipo de casos,

174


tal cual como ocurre con Jacinta, los cuerpos feminizados son utilizados como el repositorio de los mensajes de castigo a terceros; es a través del cuerpo de las mujeres y NNAJ que se castigan las acciones de otros. Tal es el caso de Carmen (C.186), quien fue víctima de acceso carnal violento y tortura por parte de las AUC en el municipio de San Alberto, Cesar, en el año 2004. Para la época, la pareja de Carmen hacía parte de las AUC, pero había decidido abandonar ese grupo armado para cuidar a sus hijos y su esposa. Según el relato de Carmen, a los paramilitares no les gustó esta decisión de su marido y tomaron represalias utilizándola a ella como medio para hacer llegar el mensaje. Un día que su marido se encontraba fuera de casa llegaron varios integrantes de las AUC, preguntaron por su pareja y luego la violaron a ella. Carmen recuerda que: cuando los paramilitares llegaron a Palmitas, empezaron asesinando a muchas personas, retenían y desaparecían, bastantes familias se fueron del pueblo abandonando todo lo que tenían.

La violencia ejercida contra Carmen fue utilizada como un medio para castigar a su marido por haberse salido del grupo paramilitar; además, fue utilizada también como un castigo ejemplarizante para los mismos integrantes del grupo: esto es lo que les ocurre si intentan irse. Este tipo de violencia ejercida hacia los mismos integrantes del grupo funciona como una estrategia de pedagogía de la crueldad, donde se enseñan las 'reglas del juego' y se enseña a otros a respetarlas y a ejecutarlas32. Para el año 2003, Laura (C.092) vivía en el municipio de Tame, Arauca, cuando fue víctima de acceso carnal violento, acoso sexual, lesiones personales y tortura por parte de integrantes del Frente 45 de las FARC-EP: Yo atendía una tienda con mi mamá y los de las FARC se la pasaban diciéndome cosas y acosándome. Nosotras teníamos que obedecer todo lo que nos dijeran. Yo

32 Sobre el concepto de pedagogías de la crueldad, véase Segato, Las estructuras elementales de la violencia. Ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos.

175


me sentía explotada, abusada y sin dignidad. Ellos tenían un campamento en el monte cerca de la vereda donde yo vivía.

Laura cuenta que los guerrilleros abusaban sexualmente de ella y de su mamá con regularidad como una forma de castigarlas por revelarse ante las condiciones abusivas de los armados, tales como humillaciones, malos tratos, agresiones físicas tales como tomarlas del cuello o del cabello y golpearlas, y agresiones verbales constantes. La llegada de los guerrilleros implicó una transformación negativa en la vida de la comunidad: Ellos comenzaron a llevarse las cosas de la gente, se llevaban a los menores para reclutarlos, se robaban animales, asesinaban a la gente que no accedía a sus condiciones, abusaban a mujeres y niñas y sacaban desplazada a la gente para quedarse con sus tierras.

En este testimonio se puede ver cómo la violencia ejercida hacia Laura y su madre funcionó como una estrategia de control e intimidación; por un lado, el acoso sexual prolongado funciona como una amenaza latente de lo que puede ocurrir si se atreven a desafiar la voluntad de los armados; por otro lado, el acceso carnal violento funciona como un castigo por romper el orden establecido y atreverse a cuestionar la autoridad de las FARC-EP en la zona. En su relato, Laura ayuda a patrones de comportamiento los actores armados en la región: Los guerrilleros siempre estaban armados y nos amenazaban diciendo que ellos eran la ley. Se paraban en la entrada de los colegios con panfletos para intimidar a los niños y que hicieran lo que ellos dijeran. Muchas veces se los llevaba para la guerrilla. Extorsionaban ganaderos y campesinos, y nos cobraban vacunas por todo. El Ejército o la Policía no estaban presentes, no había puestos de Policía, la autoridad eran las FARC y por eso toda la población le tenía que obedecer.

176


Como se puede ver en este testimonio, en múltiples ocasiones los grupos armados son la autoridad en la región; el ejercicio de su autoridad se expresa intimidando a la población de diversas maneras, dejando claro que ellos tienen control sobre todos los aspectos de la vida de las personas y que se encuentran en condición de decidir qué se debe hacer, cómo y cuándo. En estos contextos, la violencia sexual como forma de tortura funciona de manera expresiva, mandando un mensaje a toda la comunidad sobre los alcances de la autoridad de los armados. Como bien asegura Triana, desde un imaginario, puede pensarse a la tortura como el ejercicio de la violencia sobre una persona en estado de indefensión a la cual se le quiere hacer confesar o que entregue información. No obstante, las dinámicas del conflicto armado interno han matizado y transformado la práctica de la tortura a otros espacios donde no es sólo causar sufrimientos a un cuerpo sino que es utilizada como un arma de guerra donde el miedo, la intimidación y el control social son elementos que contribuyen a que la tortura se manifieste de otras formas.33

La tortura como forma de intimidar a la población puede tener múltiples objetivos, algunos de los cuales ya fueron expuestos, tales como el control de las acciones de los habitantes de una región. Sin embargo, una de las formas de intimidación que se presenta con mayor regularidad en los relatos documentados es la intimidación como estrategia para lograr el desplazamiento forzado de las personas. Como se ha tratado a lo largo del presente informe, se puede afirmar la relación estrecha y directa entre la violencia sexual y el desplazamiento forzado. En este punto se busca analizar el papel de la tortura dentro de esa relación a partir del caso de Claudia (C.117). Para el año 2004, Claudia vivía en el municipio de Tibú, Norte de Santander, donde fue víctima de acceso carnal violento, lesiones personas y tortura por parte de integrantes de las AUC. Según cuenta la mujer, ellos tenían control de todo el Catatumbo desde 1999. Un día, mientras ella se encontraba en la finca donde vivía y trabajaba, diez hombres armados pertenecientes a las AUC llegaron a la casa amenazando a todas las personas presentes: 33

Triana, «La tortura en los informes de memoria histórica en Colombia: Parámetros para su visibilización», 16-17.

177


Ellos llegaron apuntándonos a todos con las armas, y nos amarraron a la señora que cocinaba en la finca, a mí y a mi hermana. Tres armados nos sacaron de la casa, nos llevaron para atrás y nos violaron. Uno de ellos nos dijo que nos quitáramos la ropa y yo lloraba incontrolada. Se pusieron a hablar entre ellos y después nos taparon los ojos. [...] Me decían que no llorara, que disfrutara.

Claudia cuenta que cuando terminaron con ellas, los armados se llevaron a su cuñado con el pretexto de que les mostrara el camino de salida; unos metros más adelante, cerca al río Catatumbo, lo asesinaron. Un día después, los amenazaron y les dieron doce horas a su familia para salir de la región. Como se puede observar en el testimonio de Claudia, la violencia sexual se ejerció como una forma de intimidación para un objetivo ulterior: desplazarlos de la región. La mujer recuerda que toda su familia se desplazó luego de los hechos pues por más de que había presencia de entidades del Estado, todas estaban articuladas con las AUC: Yo no me sé los nombres de los hombres que me hicieron eso, pero sé que los jefes de ellos eran alias 'Camilo', alias 'El Lobo' y alias 'Gacha'. Ellos abusaban y violaban a todas las mujeres que les gustaban y nadie podía decir nada porque se paseaban por el pueblo con la Policía.

Este tipo de 'alianzas visibles' entre los paramilitares y las fuerzas del Estado funcionan también como estrategias de intimidación que se articulan con la tortura para lograr la sumisión y el control del territorio y la población. Por último, se analizan tres casos en los que la violencia sexual fue ejercida por discriminación. De acuerdo con los testimonios recolectados, en todos los casos menos uno, la violencia sexual ejercida hacia personas LGBTIQ+ ocurrió en razón de sus expresiones e identidades de género y/o su orientación sexual. Esto significa que la motivación y la razón para ejercer tortura hacia estas personas parte de concepciones discriminatorias hacia sus vidas y sus identidades. Por lo tanto, se puede afirmar que las personas LGBTIQ+ han sido afectadas de manera desmedida por la tortura en el contexto del conflicto armado, generando daños individuales,

178


pero también colectivos que tienen fuertes impactos en el desarrollo de la personalidad e identidad de las personas, así como la libertad de expresión y la capacidad de construir comunidad, lazos cercanos y redes de apoyo. En el año 2012, Eva (C.317), una mujer transgénero, fue víctima de acceso carnal violento, secuestro, esclavitud sexual y tortura por parte de integrantes de un grupo armado sin identificar en el municipio de Bajo Baudó, Chocó: Nos habíamos ido con otras cuatro chicas trans a Pizarro a hacer parte de las fiestas del municipio. Cuando íbamos en la lancha los armados nos hicieron un retén. Cuando nos vieron a nosotras querían que nos bajáramos de la lancha, pero el cura que estaba ahí dijo que sólo íbamos a las fiestas y que nos dejaran seguir. En la noche los armados llegaron a donde nosotras nos estábamos quedado y nos mandaron llamar. Se llamaban Andrés y Pollo y nos dijeron que escogiéramos uno de los cuatro hombres o nos tocaba irnos con ellos. Yo pensé que estaban molestando y me dio risa, pero ellos me agarraron del brazo y me amenazaron un arma. Yo elegí al que me pareció que tenía menos ganas de estar ahí. Al día siguiente madrugamos con una compañera a hacer unas vueltas y uno de los hombres se fue detrás nuestro.

Eva cuenta que luego aparecieron más armados, la accedieron carnalmente y se la llevaron para el monte. La tuvieron secuestrada durante nueve días en los que la violentaron múltiples veces. Durante esos días la insultaron y mientras la violentaban le decían que eso le pasaba por ser marica, porque los maricas sirven solo para eso. Cuando logró escapar de allá, supo que a otra de sus compañeras le había pasado lo mismo. El testimonio de Eva revela del componente discriminatorio de la violencia sexual; los actores armados perfilan a sus víctimas desde el momento en el que las ven llegar a su territorio y las persiguen hasta que encuentran la oportunidad de violentarlas. Esta violencia se ejerce de manera correctiva, como un castigo que busca poner de manifiesto que la persona está rompiendo las reglas. En el caso de las personas LGBTIQ+, su existencia misma rompe las reglas de los actores armados y es en ese sentido que se puede hablar de una violencia por

179


discriminación. Por otro lado, además del castigo específico hacia la persona torturada, la violencia sexual funciona en este caso de forma ejemplarizante, pues pone de manifiesto qué ocurre cuando «los maricas» se atreven a ir al territorio de los armados. En este sentido, la violencia ejemplarizante logra intimidar al resto de personas

LGBTIQ+,

controlando

sus

comportamientos,

socavando

sus

posibilidades de sentirse seguras y pertenecientes a la comunidad. En el año 2011, Alison (C.321), mujer lesbiana, se encontraba en Medio Atrato, Chocó, cuando fue víctima de desnudez forzada y tortura por parte de un actor armado sin identificar. Al igual que Eva, Alison había viajado al municipio para participar de las fiestas de Beté. Alison cuenta que a la entrada del pueblo ella y una amiga con la que iba se encontraron con los actores armados. Ellos les preguntaron qué estaban haciendo en el pueblo y ellas les explicaron que las habían contratado para arreglar a las niñas que iban a salir en el reinado y que iban a ser parte de la Junta de Acción Comunal de Beté. Los armados les requisaron los bolsos y les advirtieron que no podían estar hablando con todo el mundo y que tenían que portarse bien. En la noche, mientras estaban arreglando a las niñas del pueblo, la llamaron a decirle que su hija estaba enferma. El jefe del grupo armado se enteró y le preguntó que con quién estaba hablando, que le había advertido que no podían hablar con nadie y le quitó el teléfono. Le dijo que cuando terminara de trabajar le devolvía el teléfono. Cuando terminó de trabajar la mandaron a llamar, le preguntaron cuántos años tenía, a qué se dedicaba y si le gustaban los hombres porque tenía cara de lesbiana. Ella les dijo que era lesbiana y uno de ellos, que estaba tomando, le preguntó si quería tener una experiencia sexual con dos hombres. Ella les dijo que no, que tenía pareja, pero que no estaba con ella. Los armados le dijeron que tenía que hacer lo que ellos le dijeran y se la llevaron para lugar apartado. Le pidieron que se quitara la ropa, pero ella mostró repulsión y le empezaron a gritar y a amenazarla con las armas para que se desnudarse. El hombre le dijo que las lesbianas eran mujeres fáciles, que se vistiera, que a él no le gustaba comer machorras y le dijo que se fuera desnuda porque si se vestía era una forma de humillarlo a él. Ella salió corriendo y cuando regresó al pueblo le contaron que habían pasado varios casos similares a ese, que los armados habían violado a varias

180


mujeres, que en algunos casos regresaban y en otros las mataban y las enterraban en el monte. El relato de Alison muestra que, si bien las medidas de control se ejercían hacia toda la población que vivía/llegaba al pueblo (el retén estaba en la entrada del pueblo), la expresión de género de Alison fue la razón por la cual la perfilaron para ser víctima de violencia sexual («tenía cara de lesbiana»). La 'invitación' que los armados le hicieron («le preguntó si quería tener una experiencia sexual con dos hombres») da cuenta de la necesidad de saber disponibles los cuerpos de las mujeres que llegaran a la región. En este caso concreto, la violencia sexual funciona como un mecanismo de intimidación hacia el resto de la población: incluso las mujeres lesbianas, quienes por su orientación sexual no están 'disponibles' para los hombres, terminan por estar sometidas a la voluntad de estos. El accionar del hombre que la agredió deja claro el componente expresivo de la violencia sexual hacia Alison cuando la hace desnudarse, pero decide no accederla carnalmente («el hombre le dijo que las lesbianas eran mujeres fáciles, que se vistiera, que a él no le gustaba comer machorras y le dijo que se fuera desnuda porque si se vestía era una forma de humillarlo a él»). El acto de desnudarla y enviarla desnuda de regreso al pueblo tiene como objetivo hacerle creer a la comunidad que él y el resto de los armados tienen derecho a los cuerpos de todas las mujeres, sin importar quiénes sean ni de dónde vengan. Esta forma de tortura busca entonces 1) intimidar al resto de la población utilizando el cuerpo de Alison para enviar el mensaje, y 2) castigar a Alison por su orientación sexual y su expresión de género. Para el año 2000 David (C.334), hombre gay, tenía 14 años y vivía junto con su familia en Bagadó, Chocó. Cuenta que durante cinco días el pueblo fue tomado por la guerrilla. En el contexto de esa toma guerrillera, fue víctima de tratos sexuales abusivos y tortura por parte de integrantes del frente de las FARC-EP al mando de alias Karina: A mi familia la identificaron porque mi mamá era comerciante y tenía dos hermanos que eran policías. Ellos llegaron al pueblo abatiendo a la Policía y a las familias de

181


los policías, y entonces nos fueron a buscar. [...] Mi aspecto personal era más femenino, tenía pelo largo y yo me considero un hombre afeminado; en esa época me veía más femenino que ahora. Ellos llegaron diciendo «en esta familia hay maricas», y me sacaron al patio de la casa y después a la plazoleta del pueblo. Ahí mataron a un señor y luego se camuflaron en el pueblo, no todos estaban vestidos con ropa militar para que no fueran fáciles de identificar, y así el Ejército no podía atacar [...]. Nos tuvieron a varios muchachos y hombres en pleno sol en la plazoleta del pueblo, desde la 1:00 p.m. hasta las 5:00 p.m. Reclutaron a algunos jóvenes, se los fueron llevando y después, a los que quedábamos, nos llevaron al río. Allí me empezaron a coger las nalgas y los genitales, me halaban el cabello y me zambullían en el agua como para ahogarme; me insultaban y me decían «marica», y que «estaba bueno para hacerme volver hombre», que «estaba bueno para darme por el culo». Decían muchas cosas ofensivas y se tocaban los genitales mientras me insultaban, se agarraban el miembro y después me cogían del pelo fuertemente y me zambullían en el agua una y otra vez diciendo «esto es para que aprenda a ser hombre». Las monjas que vivan allí intervinieron, rogando que me dejaran tranquilo que yo era tan solo un niño. Yo estaba muy atemorizado, no teníamos con quién defendernos. Finalmente, no me reclutaron porque era marica y lo evidenciaron: «este marica no nos sirve para nada».

En el testimonio de David ve claramente que, durante la toma guerrillera, los armados ejercieron varias formas de tortura hacia la población civil. En primer lugar, llegaron buscando a las familias de policías para violentarlas como una forma de derrota simbólica hacia la autoridad del pueblo antes de su llegada. En segundo lugar, llevar a las personas a la plaza del pueblo y asesinarlas en un lugar público constituye una forma de intimidación que busca controlar a la población y 'dar ejemplo' de cómo funcionan las cosa bajo su mando. En tercer lugar, la violencia ejercida hacia David específicamente da cuenta del componente discriminatorio, ejemplarizante y correctivo de la tortura en este caso concreto. Desde el primer contacto con David, los armados dejan claro que se lo llevan por su orientación sexual («en esta familia hay maricas») y que, de ahí en adelante, lo que le ocurra está directamente relacionado con eso. Luego, cuando David es llevado a la orilla del río, los insultos («me decían marica, y que estaba bueno para hacerme volver hombre, que estaba bueno para darme por el culo, esto es para que aprenda a ser hombre») dan cuenta de la intención correctiva de la violencia sexual; por medio de la feminización del cuerpo de David los actores armados ponen de manifiesto 182


lo que ocurre con quienes se salen de la estructura heteropatriarcal: o vuelven a ser 'hombres de verdad' o serán sometidos a las mismas violencias que el resto de los cuerpos femeninos/feminizados. A partir de los casos analizados en el presente capítulo se puede afirmar que la violencia sexual ha sido utilizada como una forma de tortura de muy diversas maneras para lograr los objetivos específicos de los actores armados. En los relatos se observa hasta qué punto el ejercicio de la tortura trasciende las afectaciones individuales y del ambiente inmediato de la víctima y se extiende hasta permear el tejido social y la comunidad misma: El escenario del conflicto convierte a la tortura en un acto público donde no sólo se busca el daño físico y psicológico de quien la recibe, sino que deja huella en la comunidad testigo. Es decir, la tortura en el conflicto se realiza sobre el cuerpo, sobre el conjunto social y sobre el territorio. Cometer la tortura en un lugar habitual para la victima no es un acto inconsciente del victimario, es una forma particular de ejercerla y responde a motivos estratégicos.34

34

Triana, 36.

183


184


6. Conclusiones •

En términos generales, la extensa documentación realizada por la fundación Círculo de Estudios da cuenta de la existencia del delito de la violencia sexual como un hecho cierto e incontestable en el contexto del conflicto armado Colombiano.

•

Semejante delito es imputable, en mayor o menor medida, a todos los actores armados del conflicto armado colombiano.

•

El delito de la violencia sexual ha sido cometido, principalmente, contra mujeres y personas de OSIGD, por su contexto de vulnerabilidad, y como amplificación de los prejuicios socio-culturales a propósito de género.

•

Asociada a la situación de riesgo derivada de las condiciones de género, el informe pone en evidencia la relación sistémica entre diferentes situaciones de vulnerabilidad (pobreza, dificultad de acceso a la educación, etnia y edad).

•

Los prejuicios socio-culturales anotados, que pueden resumirse como heteronormatividad y patriarcalismo, contribuyen a la negación y el silenciamiento de este delito, permitiendo hipotetizar que, a pesar de los diferentes esfuerzos por hacerlo visible, los niveles de subregistro son significativamente altos.

•

El delito de la violencia sexual no ha tenido lugar como acciones aisladas al margen de las dinámicas del conflicto, sino que hace parte de las estrategias generalizadas de apropiación, control, normalización, castigo-corrección, de comunidades y territorios por parte de los grupos armados.

•

Este informe ha analizado los 479 casos de violencia sexual por motivo del conflicto armado de mujeres heterosexuales-cisgénero y personas LGBTIQ+

185


documentados por Círculo de Estudios. El análisis presentado se centró en el estudio de las dinámicas del conflicto, la identificación de posibles patrones de comportamiento en el ejercicio de la violencia sexual y otras violencias basadas en género, el estudio de las afectaciones psicosociales tanto individuales como colectivas derivadas de los hechos de violencia, y la relación entre el ejercicio de la violencia sexual y las formas de tortura. •

La fase de documentación que sirve de base para la construcción de este informe tomó más de 5 años de trabajo y acompañamiento. Como se ilustra de manera detallada en el capítulo de metodología, este proceso consolidó un espacio colectivo en torno a la defensa de los Derechos Humanos y esclarecimiento del contexto en el cuál ocurrieron las violencias. El acompañamiento fortaleció la capacidad de las personas acompañadas de construir un relato sobre los hechos de violencia, sus impactos y el lugar que esos acontecimientos ocupan en su historia de vida.

•

La recolección de testimonios sobre hechos de violencia sexual implica un proceso de largo aliento si se quiere que aporte al bienestar psicosocial de las personas y no constituya una extracción de información que suele implicar una acción con daño para la persona que debe relatar una vez más los hechos de violencia ocurridos en su contra.

•

Este proceso de acompañamiento no estuvo solo dirigido a la documentación de los casos, también buscaba la consolidación de grupos de personas que compartían historias similares, el fortalecimiento de sus conocimientos en torno a sus derechos y los caminos a seguir para su restitución,

la

identificación

y

fortalecimiento

de

liderazgos

y

la

intermediación y facilitación de diálogos con las instituciones del estado, solo en ese contexto de la construcción de un vínculo y de las condiciones psicosociales fue posible la documentación de los casos. •

Una de las consecuencias que derivan de la dificultad para poder hablar sobre los hechos de violencia sexual, como se ha indicado, es el indicio de subregistro, pues no han existido en el país las condiciones necesarias para

186


que se hagan visibles este tipo de relatos sin que las personas corran el riesgo de vivir segundas victimizaciones. Como se puede ver en la Tabla 17, de las 455 personas acompañadas, el 50,1% reportaron conocer a otras personas víctimas de violencia sexual por motivo del conflicto armado fuera de los círculos de estudio.

Tabla 17. Indicio de subregistro

•

Sí No

240 215

50,1% 44,9%

Total

455

100%

Existe, por tanto, un indicio del alto número de casos sin registrar y de la generalidad con la cual se ha ejercido la violencia sexual por motivo del conflicto armado.

•

En los múltiples procesos de paz que se han llevado a cabo en el país, la violencia que menos reconocimiento ha tenido por parte de los actores armados legales e ilegales ha sido la violencia sexual. Varios actores armados han negado que la violencia sexual se utilizara como una estrategia de guerra dentro de sus filas y han sostenido que cuando altos mandos se enteraban de un caso de violencia sexual, se imponían sanciones.

•

Sin embargo, resulta necesario insistir que este informe demuestra que todos los actores armados ejercieron violencia sexual de manera generalizada y se pudieron identificar patrones en el ejercicio de la misma que dan cuenta de un uso sistemático de esta modalidad de violencia.

187


•

A pesar de que este es uno de los informes presentados ante la CEV que se construyó a partir de un mayor número de casos, esta muestra sigue siendo una pequeña representación de las realidades de la violencia sexual por motivo del conflicto armado en Colombia. Esto ratifica el hecho de que la violencia sexual y otras violencias basadas en género están lejos de ser erradicadas en el país y siguen siendo parte del repertorio de los actores armados que se disputan los territorios aún después de la firma del acuerdo de paz entre el Estado colombiano y la guerrilla de las FARC-EP en el año 2016.

188


189


Bibliografía Alvarez, Nhora, Anaya, Alberto y Sánchez, Nathalie. El cuidado de Sí para cuidar la otreidad. Bogotá: Fundación Círculo de Estudios, 2009. Cave, La canción de la bolsa para el mareo. Piso. Madrid, 2015. 173.

Editorial Sexto

Centro Nacional de Memoria Histórica. ¡Basta Ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad. Bogotá D.C.: Centro Nacional de Memoria Histórica, 2013. ———. La guerra inscrita en el cuerpo. Informe nacional de violencia sexual en el conflicto armado. Bogotá D.C.: Centro Nacional de Memoria Histórica, 2017. Dworkin, Emily, Suvarna Menon, Jonathan Bystrynski, y Nicole Allen. «Sexual assault victimization and psychopathology: A review and meta-analysis». Clin Psychol Rev. 56 (agosto de 2017): 65-81. Forer, Andreas, y Claudia López Díaz. Acerca de los crímenes de lesa humanidad y su aplicación en Colombia. Bogotá D.C.: Deutsche Gesellschaft für Technische Zusammenarbeit (GTZ) GmbH, 2010. Fundación Círculo de Estudios Culturales y Políticos. El Derecho de Voz(s). Bogotá D.C.: Fundación Círculo de Estudios, 2012. ———. Fundamentos Generales. Bogotá D.C.: Fundación Círculo de Estudios, 2012. Habermas, Jürgen. La inclusión del otro. Estudios de teoría política. España: Paidós, 1999. Kaldor, Mary. New and Old Wars. Cambridge: Polity Press, 2012.

190


Segato, Rita Laura. La guerra contra las mujeres. Madrid: Traficantes de sueños, 2016. ———. Las estructuras elementales de la violencia. Ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos. Buenos Aires: Universidad Nacional de Quilmes, 2003. Toro-Jímenez, Juliana, y María Ochoa-Sierra. «Violencia de género y ciudad: cartografías feministas del temor y el miedo». Sociedad y economía 32 (2017): 65-84. Torres Falcón, Marta. «Entre el silencio y la impunidad: violencia sexual en escenarios de conflicto». Revista estudios de género, La Ventana 41 (junio de 2015): 73112. Triana, Rodrigo Arturo. «La tortura en los informes de memoria histórica en Colombia: Parámetros para su visibilización». Universidad Nacional de Colombia, 2014.

191


192


DERECHO DE VOZS Informe sobre 479 casos de violencia sexual por motivo del conflicto armado en Colombia

Informe para la COMISIÓN PARA EL ESCLARECIMIENTO DE LA VERDAD, LA CONVIVENCIA Y LA NO REPETICIÓN Fundación Círculo de Estudios Culturales y Políticos 2020

193


194


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook