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El pasado invierno Carlitos, de cuatro años y su hermana mayor Sara, de doce, se mudaron a Cádiz desde Madrid porque su abuela había “muerto” con lo cual ellos iban a heredar la casa, que estaba junto a la playa de Tarifa, solo había un problema, Sara era alérgica al agua de mar y la última vez que visitaron a su abuela, Carlitos que era muy travieso cambió la protección de Sara contra el agua de mar por vinagre, entonces, a Sara la tuvieron que llevar al hospital. Carlitos no tenía nada que hacer y entonces, su abuela le compró un cangrejo al que llamó Sebastián, al él no le gustaba, pero sabía que a su hermana sí. Carlitos se pasó casi todo el verano sin dar de comer al cangrejo y el pobre, casi se muere de hambre. Como Sebastián no aguantaba más un día mientras jugaban el cangrejo arrancó a Carlos un oreja de cuajo y de tal grito que pegó el niño, tan agudo e insoportable, la abuela murió (así que ya sabéis como murió la vieja). En honor a su abuela Carlitos se apuntó al conservatorio para aprender a tocar la trompeta. No le gustaba nada de nada pero a su cangrejo le encantaba y también se apuntó. Como no podía tocar con las pinzas, le operaron y le pusieron unas manos de bebé pintadas de rojo aún más extrañas. En realidad, no eran manos de bebé eran de la abuela de Carlitos que era muy pequeña y gotda Lo malo de esas manos era que estaban arrugadas y llenas de moho porque la abuela había vivido en un basurero antes de vivir en Tarifa y nunca se había lavado

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las manos, solo un día , el día, en el que se casó con Manolete, se las lavó porque no entraba el anillo con tanta suciedad. Sebastián estaba muy orgulloso con sus manos nuevas, tanto que presumió por todo el hospital incluyendo la cocina la cocina, hasta que le confundieron con un cóctel de cangrejo que habían pedido en la habitación 13X, Sebastián estaba muy asustado. Cuando llegó a esa habitación se encontró con Carlitos y con Sara, Carlitos, se alegró mucho porque pensaba que había su cangrejo para siempre. Sebastián, también se alegró, se alegró porque a Carlitos le habían operado y puesto una nueva oreja del mismo tamaño y tono de la piel que la otra ¡era de su abuela!!! Pero esa no estaba sucia porque la abuela se lavaba las orejas dos veces al día, y tres los fines de semana. Sara también estaba muy contenta por razón varias razones, en concreto, estaba contenta por tres razones, la primera era porque echaba de menos a su hermano y le había vuelto a ver, la segunda era porque Carlitos había puesto el nombre de Sebastián al cangrejo y la gustaba mucho porque cuando se rompió la nariz su madre la compró una muñeca de la sirenita y fue lo único que la dejaron tener durante la operación y por eso la trae muy buenos recuerdos. La última razón era que por fin iba a salir del hospital al día siguiente y su madre y ella iban a comprar una piscina para ella y su hermano. Carlos le dijo a su hermana que él y Sebastián iban al conservatorio a tocar la trompeta y a Sara como la pareció buena idea se apuntó con Carlitos y el cangrejo a las clases de trompeta. Un día de otoño llegaron las notas del conservatorio y como es muy normal Carlitos suspendió todo mientras que las notas mas bajas de Sebastián y de Sara fueron u aprobado raspado en coro. -

No entiendo por qué me han suspendido en coro, si yo cantaba la mar de bien en los conciertos que daba papa. -Dijo Carlos

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¿Tu padre era cantante?, ¿Quién?Pregunto Sebastián ilusionado.

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Nuestro padre era Michael Jacksonrespondió Sara.

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¡ Alaaaaa!- Exclamó Sebastián- ¿Cómo murió?

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No murió exactamente, su médico le medio matódijeron Sara y Carlos a Coro.

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Sigo preguntándome como es que me han suspendido.- Insistió Carlos.

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Te han suspendido por que desde que te quitaron las anginas cantas como un gallo borracho. -Le dijo su madre.

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¿Qué hora es? -Preguntó Carlos.

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¿A que viene eso?- Le dijo Sara.

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Viene a que llegamos tarde a nuestro concierto de trompeta.Dijo el Cangrejo Sebastián.

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Subid todos al coche, rápido- gritó la madre.

Cuando llegaron al conservatorio Sebastián se puso a bailar mientras tocaba la trompeta y entonces fue cuando un famosísimo coreógrafo le vio bailar y le dijo que bailaba mucho mejor que Beyonce y que Shakira en sus comienzos. Tras terminar el concierto Sebastián se fue con el coreógrafo a ensayar su nuevo baile llamado “HARIBO”. Tenian muchas cosas que hacer, tenían que escribir la canción, diseñar el baile, el vestuario y el lugar en que se grabaría. Decidieron que la canción sería la siguiente:

El se llama Haribo el osito original tiene zumo y sabor el sabor más natural. Vive un sabor mágico ven al mundo Haribo

SIN AZÚCARES AÑADIDOS

El baile que la acompañaba era muy sencillo, tan sencillo que para ahorrar complicaciones ni si quiera había. El videoclip se grabaría en el Zoo en la jaula de los osos panda que son los más bonitos y los menos agresivos. El vestuario por muy ridículo y extraño que parezca para un cangrejo con manos será un disfraz de golosina con purpurina.

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Mientras grababan el video clip, el coreógrafo dijo que quedaría mejor si Sebastian tocaba la trompeta mientras bailaba lo que quisiera y a su vez una bella langosta estaría cantando la canción. En cuanto Sebastián conoció a la langosta Hanna, notó que se iban a odiar a muerte, pero tenían que llevarse bien por que si no nadie iba a ser famoso. Tras grabar el vídeo y enseñárselo a los jueces Sebastián volvió al conservatorio, ¡Era el turno de Sara y de Carlos! -Sara, Carlos ya he llegado, empecemos el concierto. La actuación duró menos de diez minutos cuando lo normal eran veinte. Duró tan poco por que todo el mundo menos Carlos y Sara empezó a vomitar, a desmallarse y el presentador Rubén murió de un infarto al ver a un cangrejo con manos mohosas arrugadas y pintadas de rojo. Cuando Sara, Carlitos y Sebastián llegaron a casa estuvieron jugando a l pìlla pilla y al escondite. Sara contaba, Sebastián se escondió en la baza y Carlitos se escondió bajo la alfombra, bqjo la que encontró un charco de sangre seca y pegajosa y su antigua oreja que le arrancó Sebastián. No solo encontró la oreja y la sangre, también encontró una trampilla que conducía a un sótano siniestro y oscuro, el sótano estaba lleno de cabezas cortadas metidas en botes de pepinillos en vinagre. Todas las cabezas estaban en unas estanterías metálicas. Carlos que era bastante cotilla cogió una de las cabezas y la giró para verla por detrás, al instante se abrió una puerta en la estantería y al instante la cruzó. Encontró un jardín muy amplio en el que había un conejo. Carlo lo persiguió, el conejo entró en su madriguera y Carlos, que era muy pequeño, consiguió pasar. -¡Que grande es esta madriguera¡. Pensó Carlos. Y de repente cayó por un agujero de unos 80 metros de profundidad. Cuando el agujero terminó Carlos se estampanó contra el suelo. En la cueva en la que

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se hallaba había una mesa en la que había una tarta. Como Carlos no se podía resistir comió un trozo y al instante se hizo muy pequeño, más o menos de unos 6 milímetros. Carlos divisó al fondo una puerta de medara, vio una llave dorada y la intentó coger. Como era tan pequeño no podía con la llave, Carlos se quedó un rato pensando y se le ocurrió que podía pasar por la cerradura si saltaba desde la llave dorada. Carlos trepó por la llave, pero tropezó y se cayó en un vaso de Fanta con una poción que le hizo muy grande. Se secó con la alfombra que había en el suelo y después cogió la llave que en ese momento era mas pequeña que su uña del dedo meñique de su pie, la miró y se le coló por las rallitas de las huellas dactilares. Carlos estaba tan enfadado que se apoyó bruscamente en la puerta y la rompió entera. Como no cabía por ella cogió tarta que tenía pegada por los morros y la mezcló con un poco de Fanta que tenía por el pelo, se lo comió y se volvió normal, un poquitito mas alto, pero solo unos centímetros. Cuando salió por la puerta, se chocó con Sara y con Sebastián. -

¿Cono habéis llegado aquí?. Preguntó Carlos.

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Yo a través de la baza, y por cierto, esto es tuyo, de cuando te lo tragaste con dos años.

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Yo os estaba buscando en el armario, cuando de repente vi una torre y fui corriendo hasta ella y es donde estamos ahora. Dijo Sara sin aliento.

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Carlos, ¿Qué tienes en el bolsillo? Preguntó Sebastián.

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La oreja que me arrancaste en verano. Respondió.

Pasado un rato, a lo lejos, divisaron un curioso individuo sentado junto a dos niñas de mas o menos siete años y a un pequeño dragón. Carlos, el Cangrejo y Sara fueron corriendo hacia el grupo para preguntar donde estaban. Tras presentarse Carlos pregunto a Kica y Alicia ( las dos niñas) como habían llegado y ellas respondieron: -Yo he llegado a través de una madriguera de veinte metros de profundidad por seguir a un conejo. -Y yo quería ir a la piscina gracias a mi magia y el libro de hechizos, pero me hice un lio con las palabras y llegue aquí junto a mi dragón Héctor, dijo Kika.

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- Y tu ¿ Cómo has llegado aquí? Preguntó Sara al extraño personaje. -Yo vivo aquí, soy el Sombrerero Loco, pero todos me llaman “Sombrerero”, respondió. - No es por ser repipi, pero … ¡¿Dónde porras estamos?! Dijo Sara bastante histérica. - Estamos en el país de las maravillas y dentro de poco va a ser destruido. Dijo Héctor -¿ Por qué? Preguntó Sebastian - Pues porque Lewis Carroll en inventor de este “país” quiere borrar todos los libros incluyendo el primero que escribió de “Alicia en el País de las Maravillas”. Dijo Alicia. - ¿Y donde está ese dichoso libro? Preguntó Sara que estaba de mal humor. - No lo sabemos, ni siquiera él lo sabe. Dijo el Sombrerero. - Pues que tonto ¿ para qué quieres un libro, si no sabes donde está?. Dijo el cangrejo en tono burlón. Cuando llegó la noche se sentaron todos alrededor del fuego, y fue donde empezaron a hablar para conocerse mejor. Pasado un rato, Alicia le preguntó a Sara: -

¿ Qué es eso que tienes en el brazo y en las piernas? Preguntó Alicia a Sara.

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¿El que? Preguntó Sara. – Aaaaa, son las marcas que tengo de la alergia al agua de mar.

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Yo se una pócima para quitarte la alergia. Exclamó Kika

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¿¡ Sí!?. Preguntó Sara emocionada. ¿Cómo es?

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Es muy sencillo, solamente necesitas: 1. Dos pinzas de cangrejo 2. La cabeza de Lewis Carroll. 3. Un horno a 380º C. 4. Cinco gotas de sangre de diabético. 5. Un litro de agua de mar. 6. Cuatro caramelos a elegir el sabor y … nada mas

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Yo tengo la pinzas, las llevo siempre con migo. Dijo Sebastián.

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¿Dónde la llevas? Preguntó Sara intrigada.

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No te vas a imaginar donde, te lo aseguro-respondió.

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Y yo soy diabético, dijo el sombrerero, tengo una costra en la rodilla, si me la arranco y la exprimimos saldrán las suficientes gotas.

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Entonces-dijo Kika- solamente nos faltan los caramelos, el agua de mar y lo mas difícil de conseguir, la cabeza de Lewis Carroll. Exclamó Sara.

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Si, es verdad, el otro día salió en las noticias que del 18 de abril al 1 de mayo estará en DisneyLand parís, en el centro del laberinto firmando libros. Siguió Carlos.

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Pues vamos. Exclamaron Sara y Héctor a la vez.

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Yo me quedo aquí, dijo el sombrerero, alguien tiene que darle la noticia a la reina Roja y a la reina Blanca.

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¿Kika, tu puedes llevarnos hasta allí con tu magia? Preguntó Alicia.

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Si, si que puedo, siempre y cuando tenga cobertura en la barita. Dijo Kika bromeando.

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¿Cobertura en la barita? ¿De qué estas hablando? Preguntó Héctor entre carcajada y carcajada..

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Es broma, venga vamos, dijo Kika. En ese momento Kika y Héctor murmuraron unas palabras muy raras. En un abrir y cerrar de ojos aterrizaron en la puerta del laberinto, junto a una niña que parecía que se había perdido.

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Hola ¿Cómo te llamas? ¿Te has perdido? le preguntó Alicia.

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Hola, si me he perdido. Me llamo Claudia, pero todo el mundo me llama pantaloncitos rojos, contestó entre sollozos.

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Yo me llamo Alicia, ella es Sara, él Carlos, ella Kika y el cangrejo se llama Sebastián. Dijo Alicia.

La niña era de la misma edad que Carlos, vestía, como no, unos pantalones rojos, una camisa de cuadros y un polo blanco, también levaba unas playeras iguales que la camisa. En una mano llevaba una bolsita de ositos Haribo y en la otra un tarro de Nocilla. Se adentraron en el laberinto, pasado un rato (seis horas) se dieron cuenta que estaban dando vueltas por el mismo sitio y entonces fue cuando Héctor tubo la malísima idea de ir saltando de muro en muro por el laberinto. Como

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era muy grande, tardaron mas de seis días en cruzarlo, claro está que ciertas personas murieron en el trayecto. Kika murió por que pisó a Sebastián, se dio con él en la cabeza y adiós, muerta. Sebastián murió por que Kika le pisó, es decir murió aplastado. Alicia, murió por pura deshidratación. Y Héctor por hambre el primer día. Sara, Carlos y Pantaloncitos Rojos estaban muy tristes especialmente Carlitos que había perdido a su mejor amigo. Cuando los tres niños llegaron al centro del laberinto, vieron a Lewis Carroll luchando contra un señor. ¡era el padre de Pantaloncitos Rojos! Pasados unos 20 minutos el padre de Pantaloncitos Rojos le clavó a Lewis Carroll una espada en el corazón, Sara aprovecho para coger la espada que tenía en la mano Lewis Carroll y … zas!!! Le cortó la cabeza de un corte limpio. Prepararon la pócima y regresaron a Cádiz con la compañía de aviones Iberia Exprés, que como decía en el anuncio “Solo un 10% de nuestros clientes sobreviven” y así fue, solo sobrevivieron cuatro personas de las cuarenta que viajaban; Sara, Carlitos, Pantaloncitos Rojos y su padre. Cuando llegaron a Cádiz, Pantaloncitos Rojos y su padre se quedaron a vivir en casa de Sara y Carlitos. Todos los días, iban a la playa y uno de los, por desgracia hubo un tsunami y se ahogaron todos!!!!



El pasado invierno de Carlitos.