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CONTEXTO 060621

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ABEJAS BAJO AMENAZA Científicos exigen transitar hacia una agroecología que disminuya el uso de pesticidas para conservar la flora y fauna nativas

La pandemia cambió tanto los protocolos para el proceso de las elecciones de este 6 de junio, que complicó el hallazgo de funcionarios de casilla. Pág. 12


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LETRAS DE MAQUÍO

Durante su trayectoria política y empresarial, Manuel “Maquío” Clouthier escribió numerosos artículos de opinión, que se publicaron en su momento en el diario El Universal y en los que vertió conceptos y reflexiones que continúan vigentes hoy más que nunca. Por eso en Noroeste iremos replicando algunos de esos escritos.

Nos volveremos extremosos (Segunda parte)

MANUEL CLOUTHIER DEL RINCÓN

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l ingeniero Manuel J. Clouthier dirigió las siguientes palabras a los alumnos de la generación 1980-1985 de ingenieros agrónomos fitotecnistas de la Escuela Superior de Agricultura de la Universidad Autónoma de Sinaloa, en su graduación: El miedo, escuchen bien amigos, siempre ha sido el peor de los consejeros, porque fanatiza y radicaliza. La gente deja de pensar, y en lugar de buscar soluciones busca víctimas para sacrificarlas, si es preciso, creyendo que así se salvará él y sobrevivirá. El inteligente culpa al tonto, el pobre al rico, el grande al chico y viceversa. Pero la verdad es que el temor nos impide reflexionar, nos lleva a la búsqueda de salidas fáciles cuando vivimos en un mundo complejo. En fin, nos fanatiza, haciéndonos creer que sólo es válido e importante lo que corresponde a nuestros intereses o a nuestro clan o grupo. Finalmente, surge la violencia en forma visible aunque ésta ha estado presente por largo tiempo en forma institucionalizada, porque la desigualdad en oportunidades es violencia. - Porque el ejercicio del poder por un solo hombre o partido es violencia. - Se violenta también a la sociedad cuando no se le permite autodeterminarse. - Se es violento cuando se es paternalista, porque libertad y responsabilidad son términos correlativos y jamás tendremos una comunidad libre y responsable en una sociedad paternalista. - Se violenta también cuando se esconde y manipula la información. - Se violenta también cuando se permite el tráfico de sucedáneos que narcotizan la voluntad del hombre. - Se violenta también al profesional cuando por malas políticas económicas y

administrativas se les corta su capacidad de ascenso social. Violenta, en fin, a la sociedad la mentira y la demagogia que adormecen las conciencias. Quiero terminar citando algo que dije en el mes de enero de 1972 (hace ya 13 años) en la asamblea anual de la Unión Nacional de Productores de Hortalizas. Sólo modificaré algunos términos en el estilo dado a que en ese tiempo me dirigía a ejidatarios y pequeños propietarios, aunque la esencia sigue siendo la misma y creo que hoy está más vigente que en aquellos tiempos. Uno de los grandes problemas de nuestro México es que en todo tipo de organización, llámese política, sindical o patronal, la fuerza desgraciadamente proviene de arriba y no de la base como es en toda la democracia. Es urgente concientizar a nuestro pueblo, tomarlo en cuenta, interesarlo en sus organismos para que se generen los cambios necesarios que para ser auténticos, deben expresar el sentir de la masa. Toda modificación auténtica y permanente debe expresar la exteriorización de las convicciones. Nada vale redactar fabulosos proyectos para resolver nuestros problemas, si éstos no representan el pensamiento real y el sentimiento vivencial del ciudadano de nuestro país. Los invito pues, jóvenes que hoy se gradúan, a tener la audacia y la osadía a veces criticada por los rutinarios para juntos promover los cambios y reformas necesarias que nos llevarán a cambiar a México. Sin osar ante el riesgo es imposible actuar de manera efectiva. Sólo aquellos que corren gozosos a su encuentro, son hombres de hecho. “El intelectual puro” pesa y valora los pros los contras, pero la mayoría de las veces carece de valor para dar el salto hacia lo desconocido, nunca llegará a las obras. Todo proceder exige una osadía que es considerada

por los “razonables” como locura. En el que actúa siempre hay una aparente sinrazón, si lo comparamos con el que limita a sacar, fría y objetivamente, sus conclusiones. Tengamos pues, la osadía de acelerar en lugar de retardar los cambios necesarios en México, concienticemos al pueblo en sus derechos y consiguientemente, en sus obligaciones y, sobre todo, alejemos el temor de que sólo bajo la mirada autoritaria del Presidente, el líder o el gobierno saldremos adelante, porque no es así. México tendrá su segundo despegue (el primero vino con la Revolución) cuando todos los mexicanos -trabajadores, profesionales y empresarios: hombres y mujeres, jóvenes y viejoshagamos a un lado todo los que nos divide y juntos nos decidamos a actuar en forma solidaria en aquello que todos queremos, que es libertad y responsabilidad, democracia y participación activa. Entonces habremos iniciado una etapa activa y de diálogo orientada hacia la responsabilidad socioeconómica y política, caracterizada en la interpretación de los problemas. Por la sustitución de explicaciones mágicas o caprichosas, por principios caudales siempre dispuestos a revisión, negando siempre las posiciones quietistas y sintiéndonos seguros en la argumentación porque habremos aprendido a dialogar más que polemizar. Busquemos, mis amigos, la concientización que lejos de ser agitación nos llevará a la integración de todos, especialmente de los marginados al proceso, y libremente en la vida política, económica y social de nuestra patria que es la familia que nos hermana a todos los mexicanos. Gracias. Miércoles 27 de febrero 1985

MANUEL CLOUTHIER DEL RINCÓN

El miedo, escuchen bien amigos, siempre ha sido el peor de los consejeros, porque fanatiza y radicaliza. La gente deja de pensar, y en lugar de buscar soluciones busca víctimas para sacrificarlas, si es preciso, creyendo que así se salvará él y sobrevivirá. El inteligente culpa al tonto, el pobre al rico, el grande al chico y viceversa.


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TERRITORIOS

Desmontar un gasoducto y venderlo como fierro viejo: una historia de mujeres yaquis El gasoducto ya era cosa consumada, o eso consideraban la empresa, la filial y el gobierno de Sonora. Se equivocaron. Las mujeres yaquis narran cómo frenaron este proyecto D A L I R I

O R O P E Z A

Y

R E Y N A

H A Y D E E

R A M Í R E Z


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OMA DE BÁCUM, SONORA.Un tubo gigante de metal cortado se ve en el fondo de un boquete de tierra. La familia de Carmen García se asoma al orificio que hizo el pueblo de Loma de Bácum para quitar un gasoducto. Los pobladores usaron una excavadora que decomisaron a la empresa IENova, filial de la transnacional estadounidense Sempra Energy. La empresa construía el gasoducto sin el aval de quienes aquí habitan. Nunca se realizó consulta alguna. Así que, después de una asamblea, el pueblo entero se desplazó al monte, excavó y cortó casi 10 kilómetros de tubo con soplete y lo llevaron a Ciudad Obregón para venderlo como fierro viejo. “La empresa se quejó, pataleó y demandó. ‘Síguele’, le dijimos, ‘nosotros lo vamos a seguir vendiendo como fierro viejo’”, asegura Guadalupe Maldonado Flores, yaqui que ha acompañado la defensa del territorio de la guardia tradicional de Loma de Bácum. En agosto del 2017 comenzaron a retirar el tubo. Pero el megaproyecto energético comenzó desde 2012 con la firma del contrato entre Enrique Peña, entonces presidente, y la empresa; las obras de construcción comenzaron en 2013. Pasaron por alto hacer una consulta de pueblos indígenas, sabían que el trazo atravesaba el territorio yaqui. El propósito era hacer el Gasoducto Sonora para la importación de gas rumbo a Agua Prieta. En 2016, la empresa entró a los ocho pueblos a promover la aceptación por medio de dinero, potabilizadoras de agua, hasta camionetas del año. IEnova tuvo el aval de siete de los ocho pueblos. En Loma de Bácum, fue imposible. Francisca Vázquez, madre de Carmen, tuvo un sueño estando en territorio sagrado del Bakatete. Después de ese sueño, las mujeres se organizaron. Aún estaba Casilda, una reconocida mujer yaqui, de edad, que se dedicó a convocar y organizar a las mujeres para detener lo que esta trasnacional estaba haciendo. Fueron ellas quienes encabezaron la defensa de la tierra. “A nosotras desde chiquitas nuestros ancestros, abuelos, que nunca estudiaron, que hablaban

nuestra lengua, nos decían cómo nos iban a quitar nuestras tierras. ‘El gobierno dice: todos van a estudiar. No se pongan del lado de ellos, desde hoy ustedes defienden su territorio, nosotros ya no vamos a estar, y el día que el gobierno quiera, los va a tener en la mira’”, cuenta Francisca. La reacción de la comunidad cuando les dijeron sobre un gasoducto fue preguntarse qué pasaría si eso explota estando tan cerca de los habitantes. “Nos acordamos de las palabras que dijeron nuestros ancestros, nuestros abuelos, que íbamos a perder nuestros territorios porque los mismos hermanos yoremes no iban a denunciarlo”. Así las mujeres de por lo menos cuatro de los ocho pueblos yaquis se comenzaron a organizar con la convocatoria de la gran amiga de Francisca, que falleció en 2020 por cáncer en medio de la pandemia por covid-19. Casilda era una mujer consagrada a ser cantora de la iglesia de Loma de Bácum. Estava dedicada a luchar contra la violencia a la mujer, defensora siempre a favor de los derechos de la mujer. Gracias al trabajo del grupo de mujeres de Bácum, lograron un amparo y un juez suspendió la obra en junio de 2017, también

ordenó retirar los tubos. Pero la empresa siguió construyendo hasta que el mismo pueblo de loma de Bácum los detuvo. Por eso desde entonces, cada 21 de octubre celebran la más reciente defensa del territorio. Hacen comida para todo el pueblo y también realizan danzas del venado con música tradicional, y el horizonte es que quede en la memoria de los jóvenes, de los niños. También por conservar en la memoria esta defensa, el pueblo dejó en la explanada de la plaza central, frente a la iglesia y a la guardia tradicional, los autos quemados que le pertenecían a la empresa. De acuerdo con una investigación de AvispaMidia, IEnova tiene inversiones por 8 mil 769 millones de dólares en México, y un historial de atropellos. Esta empresa acusó al pueblo yaqui de ser un “grupo criminal” que llevó a cabo actos de “vandalismo”. Habitantes de este y de los otros siete pueblos yaquis denuncian ahora la entrada de empresas mineras para exploración en su territorio. La Guardia de Loma de Bácum detectó por lo menos siete incursiones en la sierra del Bakatete para echar a andar proyectos

mineros. “Siempre hemos estado alerta, ahora con más razón”, asegura Guadalupe.

La libertad de un preso político

Una semana después de que el pueblo Yaqui de Loma de Bácum detuviera la maquinaria, un grupo de yaquis armados, la mayoría provenientes de Loma de Guamúchil, entraron a realizar disturbios. Varios testimonios dan cuenta de que la empresa les pagó. El objetivo de este grupo era irrumpir en el pueblo y reemplazar a la autoridad tradicional que se negó al gasoducto, y de este modo imponer una autoridad que aceptara el megaproyecto. Ese día que llegaron los agitadores había mucha gente en el pueblo, más de 600. Dijeron que venían a dialogar, a una junta, describe Francisca, una mujer de tono recio, de rebozo morado y falda tradicional yaqui que cuida a su papá con diabetes. Aparenta menos años de los que tiene, es una mujer consagrada a ser cantora de la iglesia de su pueblo. La familia de Carmen reconoce que otros pueblos aceptaron el trazo del gasoducto, sin embargo las autoridades tradicionales no


5 consultaron con sus respectivas tropas lo que correspondía. Solo pactaron. En Loma de Bácum, en cambio, el acuerdo de la tropa y la guardia tradicional es defender el territorio tanto de la minería como del gasoducto, y por ello trabajan en el fortalecimiento de sus tradiciones, lengua y actividades productivas. Pero ese 21 de octubre de 2016 hubo disparos. Fueron dos ataques en un mismo día, en el primero murió Cruz Buitimea, originario de Loma de Guamúchil. “Había mujeres, mi tía estaba ahí”, dice Carmen. “Mi tía dice que como sea, acarreó los palos de la leña y se los llevó a los hombres para que se defendieran con esos palos y piedras que juntó en su blusa porque no tenían nada con que defenderse”. Los agitadores venían armados, por eso el pueblo se defendió, explica Carmen mientras toma café con su familia en el solar de su casa, donde sus dos hijos juegan y cantan canciones en lengua jiaki. Cuenta que cuando llegaron a hacer el segundo ataque, ese 21, fue que culparon a Fidencio. “Él con toda seguridad les dijo: ‘si creen que yo lo maté lo veremos legalmente’”. Carmen acentúa: “y ya ves como es de corrupto este sistema, esta ley y este gobierno”. En ese momento, orillan a Fidencio en un árbol. Lo golpean. Corre. Lo persiguen. Logra escapar al meterse al monte. Fidencio tiene 32 años. Es originario de loma de Guamúchil aunque vive con su familia en Loma de Bácum. Ha tenido varios cargos. Hacía abiertamente comunicación contra el gasoducto. Cuando algunos de sus parientes recibieron dinero de la empresa IEnova, Fidencio les dijo: “¿Para qué agarran dinero si ese dinero se les va a ir?, en cambio el territorio ahí va a estar y se supone que el territorio es de nosotros. Pero si ustedes lo están vendiendo ya ustedes no van a tener para sus familias”. “Dicen que fue mi esposo”. Las dos personas que lo acusan presentaron un video donde él trae un arma como las que usan quienes se dedican vigilancia o policía comunitaria del pueblo de Loma de Bácum, como en aquel entonces era el encargo de Fidencio. Esas armas de la guardia tradicional son

calibre 45. Diferente al calibre de la bala que le encontraron al difunto Cruz, que fue calibre 22. Esto no lo consideran en el expediente. De acuerdo con testigos, ese día fueron los mismos yaquis de otros pueblos que entraron como agitadores del pueblo de Loma de Guamúchil quienes asesinaron a Cruz. “La idea era que hubiera muertos para justificar la entrada de la justicia de ellos para que entrara la policía”, cuenta Guadalupe Flores cuando hacemos un recorrido por la huerta agroecológico de este pueblo yaqui. “AMLO dice que en la Cuarta. Transformación no hay presos políticos. Pues yo digo: ¿Cómo va a decir que no hay presos políticos si está mi esposo? ¿Entonces qué es mi esposo?”, reclama Carmen con mucho enojo en su mirada. Luego se levanta a preparar tortillas para seguir platicando en el solar de su casa.

El secuestro de Fidencio

Seis días después llegó la Fiscalía

de Sonora a entrevistar a las personas en la Guardia Tradicional del pueblo por el asesinato. Era tarde noche. Se suponía que eran entrevistas a todas las personas el pueblo. Les interrogaban de a uno. Cuando Fidencio se presentó lo amarraron, iba a declarar pero apagaron todo y se lo llevaron. Con él se llevaron a la traductora y abogada, Anabela Carlón, a quien bajaron antes de llegar a la procuraduría. Carmen no se dio cuenta cuando se llevaron a Fidencio. No había orden de aprehensión ni le dieron las razones por las cuales se lo llevaban. Desde entonces está preso con una serie de irregularidades. Pie de Página cuenta con el expediente. Anabela levantó un acta con las faltas cometidas, la cual tampoco no consideran en el el archivo. Cuando iba a declarar en el pueblo antes de que se lo llevaran, lo amarraron por completo. Cuando llegaron a Obregón la carpeta ya estaba armada un día antes y ya

tenían la credencial de elector de Fidencio Aldama. Pero el juez desechó las pruebas. En suma, han amagado de manera velada que su libertad sería a cambio del paso del gasoducto. Fidencio ha dicho en todo momento que no. Para Carmen y su familia, lo que hicieron no es una detención, es un secuestro. A Fidencio le presentaron orden de aprehensión hasta que llegó a la entonces procuraduría de Justicia del Estado en su sede de Ciudad Obregón. Sin presencia de abogados o traductores, lo procesaron. “¿Por qué no me la presentaron en frente de mi familia [la orden de aprehensión], enfrente de la autoridad, enfrente de la tropa? ¿Por qué aquí, o sea, donde está el Yori?”, pensó Fidencio. Y lo obligaron a firmar la orden de aprehensión. Fidencio Aldama lleva cuatro años preso. Su hijo mayor, Ian, realiza danza del venado en las fiestas del pueblo en exigencia de su liberación. David Guadalupe Valenzuela, el


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último abogado que tuvo, murió de covid. En la intimidad que apenas logran en las visitas al penal de Obregón, Fidencio le platicó a Carmen “si yo le hubiera disparado a Cruz, le hubiera dado a alguien más, no nada más a él, porque yo tengo una 45”, en esa plática le recordó que tienen prohibido disparar hacia la gente, solo hacia el cielo para asustar. Desde el encierro, la familia de Carmen ha hecho campañas de apoyo, ha cambiado cuatro veces de abogado, ha realizado colectas, impulsado reuniones y visitando más pueblos en resistencia para denunciar el caso de su esposo. Fidencio ha hecho de todo desde adentro, buscando su liberación, desde campañas con reos, mandar cartas a la gobernadora, al presidente, hasta huelgas de hambre. “El gasoducto no debe pasar por aquí, ni en ningún pedacito de los ocho pueblos, ya, porque las tierras

son comunales, son de todos. Así como Lomas de Bácum defendió su pedacito, defendió a todo el territorio Yaqui, y así debe ser, y así está reconocido históricamente”, exclama Carmen frente su madre y sus hijos. Para Carmen y su familia, la justicia que informa el INPI o el gobierno federal no es verdadera, pues en su agenda no tienen contemplada la cancelación del gasoducto. Carmen recuerda que en los diálogos con las instituciones para construir un plan de justicia para su pueblo, quienes asisten son las autoridades duales y no las legítimas de Loma de Bacum, por lo que su pueblo no está siendo contemplado. “Les da igual nuestra autoridad, nuestro pueblo, nuestra gente, nuestra tropa”. Esto implica ignorar a todo un pueblo, asegura Carmen. Para ella, sacar los tubos de su territorio, no solo de Loma de Bácum sino de toda la extensión

Yaqui, es hacerles justicia. Al mismo tiempo justicia es liberar a Fidencio Aldama. “Al Estado le ganamos, ese tubo se lo tumbamos por la vía legal, por la vía social y por la vía física porque sabemos que el Estado aplica su licencia con su mano. Al Estado le valen las leyes, las aplica a su conveniencia. Aquí nos amparamos contra ese tubo y aun en contra de ese amparo entraron, y el gobierno no le hizo nada a la empresa, al contrario la protegió”, denuncia Guadalupe Flores mientras camina en el terreno de la huerta. “Ahora [la empresa] quiere negociar otra vez… pero ya no. Aquí ya entraron con el pie izquierdo y se van a ir igual, y ya no entraron”, denuncia. Y afirma que ni esta empresa, ni ninguna empresa minera entrarán en territorio Yaqui. “Que hay que pagar a la empresa porque no se activa el gasoducto. Pues páguenlo ustedes, nosotros no, ¿Quién les manda? Ahora, ya


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sabían a lo que se iban a enfrentar; amárrense los pantalones y páguenle. ¿Quién te obliga a pagar? Que hay tratado internacional, mándenlos por un tubo. Porque si empezamos con esos tratos internacionales, dígale a los gringos que devuelvan el territorio que quitaron, a ver sí es cierto. Ah verdad, lo aplican a su conveniencia pues. Y nosotros no estamos sometidos a ustedes”.

La siembra agroecológica

Guadalupe Flores tiene una sonrisa pícara pero todo el porte yaqui que se muestra imponente. Disfruta pasear por el huerto agroecológico que realizaron en Loma de Bácum, pocos metros de donde está el tubo del gasoducto. A lo lejos se ve pasar el tren de Ferromex. Guadalupe explica que en el Porfiriato también hubo represión por oponerse al tren. Después lo utilizaron para deportarlos a Yucatán y ser esclavos de haciendas henequeneras. “Aquí nacimos y aquí crecimos;

estas tierras no nos dieron ni los mexicanos, ni el gobierno mexicano, ni nadie. Nos lo dio nuestro creer divino de ser de aquí, y es la diferencia, que estamos defendiendo”. Actualmente Guadalupe Flores organiza los trabajos de siembra agroecológica, donde participan jóvenes, mujeres, hombres, y también mayores. “Primero empezamos la siembra allá arriba [señala la sierra sagrada del Bakatete] en unas 500 hectáreas. Es totalmente orgánico, no está contaminado, es buen terreno. Y aquí, estamos iniciando porque está cerquita del pueblo, para que los jóvenes que están aquí se acerquen también” La siembra agroecológica también ha servido para involucrar a las infancias yaquis, los llevan a conocer los límites territoriales, donde están los puntos naturales que toda la nación yaqui reconoce como su territorio, les llaman linderos. De acuerdo con Guadalupe, esto también ha servido para fortalecer la identidad propia.

“De nada nos vale tener mucho si no sabemos qué hacer con lo que tenemos. Si esto nos lo dieron, nos lo dejaron como herencia sagrada es para que de ahí vivamos y nos mantengamos bien”, explica Guadalupe. Esta tierra que nos muestran, apenas con las higueras naciendo, los magueyes con los que destilan Bacanora que recién brotaron, las pitayas, con un trazo para cultivar hortalizas en la temporada de menos calor, se abastece de una fuga de agua. La tierra es tan fértil, dice Guadalupe, que solo de echar la semilla crece. Ahora se aliaron con más personas originarias del pueblo yaqui, pero que viven en Arizona desde que sus familias fueron obligadas al exilio durante la Guerra del Yaqui. Para Guadalupe, la siembra agroecológica no es un proyecto temporal o sexenal, sino que su sentido es “transgeneracional”: “Estamos pensando en aquellos que aún no han nacido todavía ¿Qué les vamos a dejar a esos? Y

esos no se pueden defender porque no están, pero van a estar, así como a nosotros nos dejaron esto aquellos que ni siquiera nos conocían, hace cien años o más de cien años, y lucharon por ello y aquí estamos”. La mujer yaqui es muy importante por la transmisión de la lengua y tradiciones ancestrales, la etnia las ve como reservas de saberes, desde históricos a medicinales, y de fortaleza. En entrevista en 2017, anterior a su asesinato, la antropóloga y etnohistoriadora Raquel Padilla Ramos aseguró que la pérdida de las tradiciones y la lengua jiaki está relacionado con que las mujeres ya no realizan su vida comunitaria pues también salen a trabajar a las maquiladoras y esto ha afectado la vida familiar y social adentro de los pueblos. Guadalupe narra cómo su abuela, mujer yaqui, le enseñó la lengua, a defenderse e incluso a disparar un arma cuando era niño. En el huerto agroecológico de Loma de Bácum hay higos, estafiate, barciata, guacamote, chicura, citavaro, agave bacanora, sahuaros. La mayoría de plantas medicinales han sido sembradas por mujeres. Consiguieron celdas solares para realizar un riego por aspersor. Siembran por temporada las hortalizas como repollo, lechuga, y la base de todo es el frijol, maíz, calabaza. “Así dice el Juramento Yaqui, y eso es para todos los yoremes, todos los yoremes que han nacido aquí. Nosotros nacimos aquí, de aquí somos y en base a eso nos regimos, eso lo llevamos a la práctica porque es un deber sagrado de todo yoreme defender su territorio y hacer hasta la última consecuencia, y hasta la última defensa por su vida porque esa prácticamente es nuestra vida, nos quitan la tierra y nos quitan esto”.

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ÉXICO.- Lo primero que hay que saber, al ver estas imágenes, es que son la representación de crímenes de Estado. Crímenes terribles de lesa humanidad. Uno, cometido en 2009, en pleno apogeo de la guerra que el ex Presidente Felipe Calderón dirigió contra la población mexicana con el pretexto de las drogas. En esos años, en los que se multiplicaron las historias de terror, Óscar Kabata fue detenido y torturado por militares, que mataron a su amigo Víctor frente a él y le rompieron la vida. El otro, cometido en 2020, en medio de una pandemia y con un gobierno que ha prometido que eso no ocurriría más. Ocurrió en Nuevo Laredo, Tamaulipas, a donde una familia pobre, originaria de Chiapas, llegó en busca de trabajo y lo que encontró fue la muerte y la desaparición forzada de los dos hijos mayores. “Me siento culpable, porque yo siempre los protegí. Pero mis alas no fueron suficientes”, me dijo una noche de abril la madre de los

INVESTIGACIÓN

¿Cuándo nos dejó de conmover un crimen de Estado? Estas son historias de dos crímenes cometidos por quienes tienen el mandato de protegernos. Son también historias de impunidad. Sobre todo, son historias de indiferencia: dos familias rotas, abandonadas por un gobierno que prefiere mirar hacia otro lado, y por una sociedad que, a punta de golpes, dejó de sentir dolor D A N I E L A

P A S T R A N A


9 Raúl Tercero. 95 días frente a Palacio Nacional; siete en huelga de hambre chicos, mientras esperábamos a que los hombres llegaran de una reunión en Gobernación. ¿Qué palabras sirven para contar los escalofríos que provoca su testimonio? ¿Qué palabras pueden describir ese abandono que se siente en esos campamentos, instalados enfrente del Ejército y del Palacio Nacional? ¿Desamparo? ¿Indiferencia? ¿Soledad? ¿Cuándo nos acostumbramos a estos crímenes atroces? El abandono es de todos. Del gobierno que provocó esto, en primer lugar, pero también del que ahora hace de su espera una agonía interminable. Del Ejército, mandatado para protegernos. De la Comisión Nacional de Derechos Humanos, más ocupada en defender a una funcionaria pública que en atender estos crímenes de Estado. Pero es también un abandono de la sociedad. De medios de comunicación, para quienes son invisibles una huelga de hambre en el Zócalo de la capital y un campamento en las puertas de la Sedena. Y de la gente todos los días los mira sin ver, como parte del paisaje cotidiano de un país que, en algún sitio, dejó guardado el corazón.

Durante 3 meses, Raúl Tercero ha esperado una respuesta del gobierno de Andrés Manuel López Obrador por los crímenes que unos militares cometieron contra sus hijos en julio de 2020 en Nuevo Laredo, Tamaulipas: A Damián, de 19 años, lo ejecutaron, y a Alejandro, de 17, lo desaparecieron. Apenas unos días antes, Damián estaba haciendo trámites para entrar a la Guardia Nacional.

Dice: “Me da mucha envidia que pasen por aquí los militares, ellos siguieron con sus estudios y yo, por su culpa, estoy aquí afuera en una casa de campaña”.

Óscar Kábata. 65 días afuera de la Secretaría de la Defensa Nacional

Óscar Kabata fue detenido y torturado por militares en Ciudad Juárez en 2009. Tenía 17 años y soñaba con ser militar o policía federal, como su papá. Cuatro días lo torturaron. Mataron frente a él a su amigo, Víctor Manuel Vaca Prieto. Nunca recuperó su vida. Hoy, Óscar tiene 29 años y desde hace dos meses acampan afuera de la Secretaría de la Defensa Nacional en demanda de una reparación del daño.

“Este es el hotel más caro en el que he vivido”, dice el joven Kabata, mientras hace cuentas: la renta del baño, por ejemplo, le genera un costo de 2 mil 500 pesos mensuales. Pero no se va a mover, jura, y aprieta la masno: “No me siento seguro, pero nos arreglan o nos matan aquí afuera”.

En lo que él llama “sala”, Óscar se sienta todos los días a conversar con su vecino de banqueta, Erick Guidchard, quien demanda la reparación del daño por el asesinato de su padre y tres de sus tíos, ocurrido en Chiapas en 1974. Cada tanto, los militares se acercan a escuchar sus pláticas.


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El campamento fue instalado el 24 de marzo del 2021, sobre la avenida Industria militar. Mientras intenta realizar arreglos a una nueva carpa que consiguieron, Óscar recuerda aquella ocasión en la que se cortó las venas de su antebrazo izquierdo como reflejo de la desesperación e impotencia por la que ha atravesado durante todo el tiempo que lleva enfrentándose a las autoridades para exigir justicia.

La sombra del recuerdo de los abusos que vivió le atormentan la cabeza y la ayuda psicológica que recibe no es constante ni buena. Las sesiones son muy espaciadas y hay una rotación considerable del personal que lo atiende por lo que ha tenido que contar una y otra vez toda su historia. “Te soy sincero, ando muy mal”, confía. Las noches son largas y el insomnio se prolonga varios días. A Óscar, escuchar narcocorridos en vehículos en los que van militares, le provoca pánico. Cuando cae la noche, se dedica a buscar información sobre su caso y tuitear. «Todo el tiempo estoy buscando. Los abogados y las autoridades no hablan con la verdad y por eso tengo que buscar la verdad sobre cada cosa que dicen”.

“Nos vigilan” platica Óscar con su compañero de plantón. Por unas rendijas en forma de círculo que están en el edificio de enfrente, donde despacha el jefe del Ejército mexicano, se observan siluetas. A veces, de lejos les toman fotos, sobre todo cuando hay alguna novedad en el campamento.


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Desde el jueves 20 de mayo, la bandera que está en el Zócalo no ha sido guardada. El ritual diario para izarla y bajarla, a cargo del Ejército mexicano, fue suspendido porque Raúl Tercero se puso en huelga de hambre a los pies del asta.

Raúl Tercero. 95 días frente a Palacio Nacional; siete en huelga de hambre Durante 3 meses, Raúl Tercero ha esperado una respuesta del gobierno de Andrés Manuel López Obrador por los crímenes que unos militares cometieron contra sus hijos en julio de 2020 en Nuevo Laredo, Tamaulipas: A Damián, de 19 años, lo ejecutaron, y a Alejandro, de 17, lo desaparecieron. Apenas unos días antes, Damián estaba haciendo trámites para entrar a la Guardia Nacional.

Raúl Tercero es originario de Chiapas. Durante los primeros meses de la pandemia de covid-19 se mudó a Tamaulipas con su esposa y sus hijos mayores en busca de un trabajo que escaseaba en su estado. Ahora, su casa es la plancha del Zócalo de la capital, frente a la puerta del Palacio Nacional.

“Lo que más extrañamos es la comida, aquí no se come igual”, dice el señor Romeo Ibarra, tío de Raúl Tercero, quien desde febrero acompaña a su sobrino y a su esposa en el campamento. Regularmente acuden a una cocina económica que está entre los locales del Centro Histórico, que cuesta 60 pesos. El baño cuesta 5, y la regadera de un hotel donde les dejan bañarse 30 pesos. “No nos bañamos diario, para ahorrar”.

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A veces, algunas personas que pasan por el campamento se detienen y le piden que les cuente qué sucedió con sus hijos. La mayoría de veces accede y hasta les muestra el video que evidencia a los militares, pero a veces no tiene ánimos de explicar nada, y pide que lean las cartulinas. Su estado de ánimo se va apagando ante la falta de respuestas y su salud -recientemente fue operado de cálculos renales- se ha ido deteriorando.


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IUDAD DE MÉXICO._ Como cada que hay elecciones en México el Instituto Nacional Electoral (INE) sortea la responsabilidad de ser funcionario de casilla. Esta labor es totalmente voluntaria y consiste en contar y registrar los votos y, a la vez, evitar fraudes y contratiempos. A inicios de febrero de este año el Instituto convocó a los ciudadanos nacidos en los meses agosto y septiembre, cuyo primer apellido empieza con la letra “A”, a volverse funcionarios de casilla. Pero los efectos de la pandemia se dieron a notar en este proceso. Los capacitadores no encontraron a las personas sorteadas en sus domicilios registrados ante el INE. Buena parte ya se habían ido. Además, como medida preventiva, este año no se buscó a personas mayores de 60 años por ser más vulnerables ante el coronavirus. José de Jesús Navarro, supervisor en la colonia Narvarte, y Regina, capacitadora, ambos en la alcaldía Benito Juárez de la Ciudad de México, coinciden en que para lograr conseguir 36 funcionarios para sus respectivas casillas tuvieron que entrevistar cada uno aproximadamente a más de 600 personas. Regina* cuenta que se tuvieron que repetir los sorteos debido a que por un periodo les costó contactar a las personas designadas, ya no vivían más en los domicilios que visitaron. Después de encontrar más domicilios vacíos que personas, los capacitadores empezaron a tocar puerta por puerta para lograr conseguir el número de funcionarios de casilla que necesitaban. “En un edificio de 12 departamentos 8 estaban vacíos”, cuenta, José de Jesús. En la misma alcaldía pero en las colonias Portales Sur y General Anaya, Regina, quien pidió compartir su testimonio desde el anonimato por lo que cambiamos su nombre, cuenta que como no encontraban a las personas establecieron una estrategia de monitoreo en distintos horarios: “Empezábamos a las 7 de la mañana, luego íbamos a las 11, a las 4 pm a las 7 y 8 pm. Decíamos: en algún momento los tenemos que encontrar”, comparte. Pero al final vecinos que vivían en los inmuebles de más tiempo o incluso administradores del edificio les decían que las personas que buscaban ya se habían ido.

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ELECCIONES 2021

La odisea de conseguir funcionarios para las elecciones en pandemia El proceso para las elecciones del 6 de junio durante una pandemia cambió los protocolos y complicó el hallazgo de funcionarios de casilla. Durante las búsquedas, los capacitadores del INE encontraron viviendas vacías y miedo de las personas a participar M A R Í A

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13 parecía que no íbamos a juntar a los funcionarios. No hubo un proceso transitorio, teníamos un mes y habíamos logrado entregar cuatro nombramientos y a la siguiente semana entregamos 22” cuenta Navarro. Al menos en Ciudad de México el cambio del semáforo de rojo a amarillo le generó más seguridad a los participantes del proceso electoral. Navarro cuenta que incluso las dudas durante las capacitaciones cambiaron. Durante las primeras capacitaciones las dudas eran sobre la pandemia y los protocolos para reducir contagios. Con el cambio del semáforo los ciudadanos comenzaron a preguntar cosas más técnicas sobre el funcionamiento de las casillas. Regina comparte que hay quienes les llegaron a decir que tenían la esperanza de, por ser funcionarios de casilla, ser vacunados antes de que llegaran las elecciones, pero eso no sucedió. Cuenta que en División del Norte 1115, por ejemplo, no servían los timbres y terminaron hablando con la administradora: “Me decía, ¿qué vecina quieres? Y decía, ella ya no, ya no vive aquí porque su mamá se murió de Covid. Te encontrabas historias de horror. Habían fácil unos seis siete depas vacíos. Como este encontramos muchos edificios”, recuerda. Las explicaciones que les dieron eran varias: se había quedado sin empleo y ya no podía pagar, roomies foráneos que regresaban a sus estados de origen, personas que siguen trabajando para empresas en CDMX pero con el trabajo a distancia se mudaron fuera de la capital donde los precios de renta son más baratos. Algunas muertes por Covid o muertes de familiares por Covid que les obligaban a moverse de casa por cuidados en el hogar. *** En febrero el INE informó que de entre 12.2 millones de personas se buscó la designación de 1 millón 469 mil funcionarios de casilla. Para esta labor trabajaron 4 mil supervisores y 41 mil capacitadores electorales que recorrieron las geografías pobladas del país. De febrero a mayo el INE publicó que en febrero lograron visitar a “7 millones de las 12 millones de personas sorteadas”. En abril el INE informó que más de 800 mil ciudadanos aceptaron ser parte de las Mesas Directivas de

Casilla y que para esa fecha medio millón recibió capacitación después de que el 8 de abril se realizó un segundo sorteo. Para el 14 de mayo el INE informó que habían capacitado al 88.9 por ciento: un millón 302 mil 960 funcionarios de un millón 464 mil 714 que requieren en las casillas el próximo 6 de junio. A pesar de esta cifra a dos semanas de las elecciones hay quienes se echan para atrás.

El miedo a los contagios

“Estuvo muy complicado y hubo gente que en febrero nos aceptó y ahorita en la segunda etapa te decían: ‘¿Sabes qué? La primera vez que hablamos no tenía trabajo y ahorita ya tengo entonces no puedo participar’ o aceptan el nombramiento, los capacitas y cuando les pides que vayan a simulacros, que es la última etapa, te dicen ‘¿sabes qué?, pensándolo bien, ya no voy a participar’. Todavía esta semana estuvimos buscando gente cuando en otros procesos teníamos a toda la gente a mediados de abril”, explica la capacitadora. Tanto Regina* como José encuentran que en la mayoría de los casos es el miedo lo que hace que cancelen su participación en el proceso: “A lo mejor ahorita con el (cambio) en el semáforo ha disminuido (el miedo) pero sigue existiendo. Todo lo demás son como

los problemas habituales, la población no cree mucho en el proceso, no quiere participar o no tiene tiempo por el trabajo, pero las diferencias más marcadas de otros procesos al de ahora fueron ocasionados por la pandemia”, recuerda el supervisor. En otros casos fue el mismo contagio dentro de sus núcleos familiares lo que les imposibilita participar: “Todavía la semana pasada una señorita nos dijo ‘no voy a poder ir, voy saliendo del funeral de mi papá, tuvo Covid’. Y ni qué decirles. Entonces es salir de nuevo a buscar casa por casa viendo si algún ciudadano quiere participar”, cuenta el supervisor José de Jesús. A pesar de las dificultades han logrado conseguir los funcionarios que necesitan, José de Jesús se lo atribuye al semáforo epidemiológico y a una buena disposición de la ciudadanía: “Hay mucha gente que venía al simulacro pero te decían ‘si cuando llegue el momento seguimos en rojo no hay forma de que yo vaya, ¿lo tomas?’. Afortunadamente disminuyó el tema del semáforo. Y simplemente empezó a haber gente que aceptaba, aun con mucha desconfianza a los partidos e instituciones, aun así, de pronto empezó a salir gente que levantaba la mano a pesar de tener miedo. Después del primer choque inicial

Elecciones en pandemia

Este año las elecciones intermedias se realizan durante una pandemia, por ello el Instituto Nacional Electoral (INE) implementará una serie de medidas para evitar contagios y seleccionó una mayor cantidad de espacios al aire libre para colocar sus casillas. Según datos del INE más del 53 por ciento de los 80 mil 978 inmuebles donde se colocarán las 163 mil 135 casillas para elecciones federales y locales son escuelas. El resto son domicilios particulares, lugares públicos y oficinas públicas. Otras de las modificaciones es que sólo se permitirán dos votantes simultáneos por casilla y los funcionarios no podrán tocar las credenciales para evitar cualquier tipo de contacto físico. Además los y las ciudadanas podrán llevar su propio bolígrafo. Las votaciones se realizarán con la promesa de una sanitización constante de los espacios de votación de “al menos cada tres horas” en un horario de ocho de la mañana a seis de la tarde.

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CONSERVACIÓN

Urge transitar hacia la agroecología para proteger a las abejas M I C H E L L E F O T O S D E

C A R R E R E H U G O M O N Z Ó N

Los pesticidas y fertilizantes utilizados por la agroindustria, así como la introducción de insectos exóticos para el control de plagas y polinización junto con la eliminación de la flora nativa para la instalación de monocultivos, amenazan la sobrevivencia de las abejas. Para solucionar este problema, científicos señalan la necesidad de avanzar hacia un modelo agroecológico que disminuya drásticamente los pesticidas y conserve la flora nativa. M

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hile central es considerado un hotspot o punto caliente de biodiversidad debido a su alta tasa de endemismo, es decir, de especies que no habitan en ningún otro lugar del mundo. Prueba de esta peculiaridad, son las abejas. Cerca de 450 especies se han descrito para Chile aunque se cree que hay unas 800 en total. De ellas, un 70 por ciento son endémicas. Sin embargo, muchas de estas abejas se encuentran en serio peligro debido, principalmente, a la pérdida de hábitat provocada por la expansión de la agricultura intensiva y la urbanización. Aunque no se sabe con exactitud qué tanto se han reducido las poblaciones de abejas en Chile, sí se sabe que hay una tendencia global a la disminución de ellas, así como de los insectos en general. De hecho, un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Radboud, en Países Bajos, y por la Sociedad Entomológica Krefeld, en Alemania, asegura que en tan solo tres décadas la población de insectos se redujo en un 75 por ciento. Esta pérdida de biodiversidad, principalmente de aquellas especies que son polinizadoras como las abejas, es preocupante debido, entre otras cosas, a que “el 75 por ciento de los cultivos alimentarios del mundo dependen en cierta medida de la polinización”, asegura las Naciones Unidas Para crear conciencia sobre la importancia de proteger los polinizadores, el 20 de mayo de cada año se celebra el Día Mundial de las abejas.

El peligro de la pérdida de hábitat

La acción de arrancar las plantas nativas e instalar otras, todas de la misma especie, es conocida como homogeneización del paisaje y tiene serios impactos en la sobrevivencia de las abejas. “En general, las abejas dependen de múltiples especies florales para sobrevivir. Si tienes pocas especies florales, o peor una sola, no vas a cubrir los requerimientos nutricionales de las abejas que viven allí”, explica la entomóloga Patricia Henríquez-Piskulich. Pero además, “puede ser que simplemente no sean compatibles las plantas que se están integrando en ese sistema y que las abejas no logren completar sus ciclos de vida”.

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Por otra parte, el impacto también ocurre bajo tierra. Alrededor del 70 por ciento de las abejas nativas en Chile nidifican en el suelo y “cuando un agricultor decide destruir toda la flora nativa y dejar solamente su planta de interés, gran parte de las especies que nidifican en el suelo pierden su hábitat”, asegura Cristian Villagra, profesor del Instituto de Entomología de La Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación. Lo que ocurre, explica el entomólogo, es que las abejas “ocupan resinas y aceites naturales que producen ciertas flores para impermeabilizar su nido y de esa forma poder sobrevivir a cambios de humedad”. Si las características del entorno cambian y las abejas ya no pueden acceder a aquellas flores que le proveen esa resina, “estoy reduciendo las posibilidades de que sobrevivan”, señala el experto, ya que no podrán nidificar. Pero, además, “cuando se elimina la cobertura vegetal nativa llegan las plantas exóticas”, dice el experto, y lo que han descubierto los científicos es que cuando ello ocurre las abejas también sufren. Henríquez-Piskulich investigó

cómo la flora exótica altera la composición de las especies de abejas nativas en zonas de altura, específicamente en Los Andes. Sus hallazgos dan cuenta de que donde hay mayor abundancia de flora introducida, la proporción de abejas pequeñas es mayor y la proporción de abejas más grandes es menor. La implicancia de esto tiene que ver con que el tamaño corporal está asociado a la distancia de forrajeo, señala la experta. “Las abejas pequeñas tienen un límite acotado

hasta donde pueden volar de acuerdo al sitio donde nidifican. Entonces, puede ser que esta mayor cantidad de abejas pequeñas se encuentre en donde hay mayor abundancia de flora introducida porque no son capaces de ir más lejos en busca de otros recursos”, explica. Como consecuencia, esto puede afectar el servicio de polinización que estos insectos proveen y, por lo tanto, afectar la reproducción de ciertas plantas.


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Abejas con problemas cognitivos

Los fertilizantes y pesticidas también tienen efectos dañinos en las abejas. “Se ha demostrado que los herbicidas son muy dañinos para el ecosistema, que contaminan el suelo lo que daña directamente la progenie (descendencia familiar) de la abeja”, dice Villagra. Según explica el entomólogo, “en los últimos años se ha descubierto algo muy preocupante que es que ciertos pesticidas, como el glifosato, pueden perturbar la microbiota del tracto digestivo de abejas lo que repercute en el aumento de su mortalidad”. Además, también se descubrió hace algunos años atrás que existen ciertas especies de abejas nativas que necesitan de microorganismos que están en la tierra para producir su metamorfosis, asegura el científico. El proceso ocurre así: la abeja lleva a su nido una bolita de polen que luego será colonizada por bacterias y microorganismos. Luego, la larva se come el polen, incluyendo ese paquete

microbiológico, lo que le permite completar su metamorfosis. “Entonces cuando existe contaminación por pesticidas que tienen un rol fungicida, podría ser altamente perjudicial”, dice Villagra, ya que se estarían eliminando los

organismos que ayudan a la metamorfosis. Pero, además, según explica el científico, los impactos que estos productos tienen en los insectos no tienen que ver necesariamente con la muerte de los mismos, sino con

daños genéticos que pueden incluso heredarse. “Se alteran procesos de desarrollo, cognitivos e incluso fisiológicos que en su conjunto lo que hacen es reducir la viabilidad del insecto”, explica Villagra. Así, por ejemplo, “si un insecto necesita volver a su nido, pero está alterado en su neurobiología lo que ocurre es que se va a perder. No va a poder volver a su casa y se va a morir de hambre”, dice el experto. Un problema agregado es que ese tipo de daño muchas veces no es considerado a la hora de evaluar si el producto impacta la biodiversidad. Según el entomólogo, las pruebas de calidad consisten en aplicar dosis subletales: “meten al bicho en una caja, lo asperjan con el pesticida y si no se murió entonces el producto está bien”, pero los impactos cognitivos producidos no son registrados, dice. Además de los fertilizantes y pesticidas, la agricultura industrializada también utiliza insectos manejados o exóticos para polinizar y para controlar plagas. Es el caso del Bombus ruderatus y Bombus terrestris, dos abejorros exóticos que son importados a Chile a pesar de que la ciencia ya ha demostrado que están provocando daños en las abejas nativas como en el abejorro colorado (Bombus dahlbomii), que se encuentra En Peligro según la Unión Internacional para Conservación de la Naturaleza. “El B. terrestris ha producido la declinación de hasta un 99,4% de la abundancia relativa del abejorro nativo B. dahlbomii, y de cerca de un 40% de la abeja melífera asilvestrada”, señala una investigación publicada en 2018 en la revista científica Gayana. Además, el artículo precisa que “durante el forrajeo B. terrestris daña muchas especies de plantas tanto silvestres como de cultivos, disminuyendo además la cantidad de néctar disponible para otras abejas, insectos y aves nectarívoras que podrían actuar como agentes polinizadores”. Mongabay Latam envió preguntas al Ministerio de Agricultura para saber por qué se siguen importando estos insectos a pesar de que la ciencia ya ha demostrado sus impactos negativos. Sin embargo, hasta la publicación de esta historia el Ministerio no entregó respuesta.


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Agroecología: un camino hacia la solución

Aunque todavía no hay estudios que hayan demostrado que todos estos impactos están disminuyendo la producción de alimentos, sí los hay sobre la efectividad polinizadora. Por lo mismo, “uno sí puede hipotetizar que si desaparecen los polinizadores, voy a tener menor productividad”, dice Henríquez-Piskulich. Para solucionar este problema, científicos señalan la necesidad de avanzar hacia un modelo agroecológico que comprende tres etapas: la primera es potenciar la eficiencia del ecosistema utilizando menos insumos agrícolas como

pesticidas o fertilizantes. La segunda es sustituir aquellos productos por otros que pueden ser utilizados en agricultura ecológica y por último es necesario evitar los monocultivos integrando diferentes productos en un mismo espacio. Es necesario “combinar áreas de cultivo con áreas nativas. No hacer grandes extensiones de plantaciones, sino que tener parches mezclados con hábitat nativos”, dice Henríquez-Piskulich. Al respecto, Villagra cuenta que han realizado muestreos en zonas de Parral y el Maule “y es muy sorprendente ver que donde hay zonas donde los agricultores han

dejado bosquecito, la cantidad de densidad de insectos beneficiosos como las abejas nativas es mucho mayor. Es increíble la diferencia que hay”, dice. Ese es el caso también de Alejandro Donoso, un agricultor que tiene una empresa familiar llamada @lapitru_ en un campo de 35 hectáreas ubicado en la comuna de Maipú, en los límites de la capital, Santiago. Allí, siembra tomates, berenjenas, pimientos, ají, papas, zapallos, pepinos, sandias y melones, entre otras hortalizas. En total son unos 20 artículos que van rotando en el área donde lo primero que hizo, dice, fue “arrancar de los plaguicidas”.

El sistema de producción de la familia de Donoso se sustenta en el principio de que sea la propia tierra la que permita lograr cultivos sanos y un negocio próspero. Para lograrlo son diversas y complementarias las estrategias que utiliza, pero una de ellas son los corredores biológicos, líneas de árboles nativos y frutales de diferentes alturas que atraviesan el campo y se cruzan entre ellos formando caminos por donde transitan aves, insectos y otros animales. “También tenemos bandas florales que vamos metiendo dentro de los cultivos”, dice Donoso, y prestan a su vez diversas utilidades. “Por ejemplo tenemos unas bandas florales que nos permiten frenar el viento y a la vez hacer controles de monitoreo para el vuelo de la arañita (una de las enfermedades más comunes en las hortalizas)”, cuenta el agricultor. Con el tiempo, todas esas estrategias no solo le han traído buenos resultados económicos y productivos sino que han permitido restaurar el ecosistema y atraer distintas especies de abejas nativas. “No estamos diciendo que se tiene que acabar la agroindustria, sino que estas medidas se tienen que tomar como un buffer (o amortiguamiento) para que todos los efectos que se saben son dañinos para la biodiversidad y para la salud humana puedan ser disminuidos”, dice Villagra.

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DIVERSIDAD BIOLÓGICA

Conservar y restaurar áreas protegidas no es suficiente Muchos gobiernos aseguran públicamente que están comprometidos con la conservación de la biodiversidad en sus países, pero estas afirmaciones suelen entrar en contradicción con los modelos de producción que amplían la frontera agrícola, deforestan y degradan los suelos. Mastrangelo asegura que hay que tener cuidado a la hora de evaluar si la biodiversidad está mejorando pues en algunas zonas hay avances pero en otros lugares pueden darse retrocesos importantes. A N T O N I O

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Casi todo el centro del continente está abocado a la misma actividad económica: exportar materias primas para Asia y Europa.

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lantas, animales y microorganismos forman parte de la biodiversidad del planeta. Y esta gran variedad es fundamental para el sustento y la vida de las civilizaciones. Por ejemplo, las Naciones Unidas estima que los peces proporcionan el 20 % de las proteínas animales a unos 3000 millones de personas, que más del 80 % de la dieta humana está compuesta por plantas y que aproximadamente el 80 % de las personas que viven en las zonas rurales de los países en desarrollo dependen de medicamentos tradicionales basados en plantas para la atención básica de la salud. Sin embargo, también resaltan que las tendencias negativas actuales en la biodiversidad y los ecosistemas serán obstáculos para el 80 % de los desafíos contemplados en ocho de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. La pérdida de esta diversidad amenaza no solo la alimentación sino también a la salud, como se ha demostrado con la actual pandemia de COVID-19. Existen pruebas de que perder nuestra biodiversidad podría aumentar los casos de zoonosis —enfermedades transmitidas de los animales a los humanos—. “Los científicos sugieren que la degradación ambiental puede acelerar la diversificación y los procesos evolutivos de las enfermedades, ya que los patógenos se propagan fácilmente al ganado y los

Bachué, un mono araña café (Ateles hybridus) que el biólogo Andrés Link sigue en el Magdalena medio colombiano.

Matías Mastrangelo es PhD en Biología de la Conservación de Victoria University of Wellington. humanos”, asegura Naciones Unidas en un artículo del 2020. El llamado mundial es a actuar ya. En este 2021, el eslogan del Día Internacional de la Diversidad Biológica es “Soy parte de la solución”; como un recordatorio de que las respuestas están en la naturaleza y que la biodiversidad sigue siendo indispensable en muchos de los desafíos del desarrollo sostenible. Mongabay Latam conversó sobre estos temas

con el biólogo argentino Matías Mastrangelo, científico que, en 2019, colaboró en el informe reciente más completo sobre el estado mundial de la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas, publicado por la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES). ¿Qué piensa de las acciones que vienen tomando los gobiernos para

combatir la pérdida de biodiversidad? Matías Mastrangelo (M.M.): Hay señales positivas de muchos gobiernos de incorporar toda la biodiversidad en sus políticas públicas. Lo que sucede en países latinoamericanos como los nuestros es que eso entra en conflicto con las actividades económicas que nos sustentan y ese es el gran desafío. La conservación de la biodiversidad no avanzará solo creando áreas protegidas en zonas remotas o tomando decisiones que tienen que ver solo con lo ambiental. Se necesitan cambios más profundos del sistema económico en que se sustenta el llamado desarrollo social. Para darte un ejemplo concreto. Yo trabajo en la región chaqueña sudamericana y los gobiernos reconocen que son ecosistemas únicos importantes para la conservación de la biodiversidad, la mitigación del cambio climático y se oponen a la deforestación. Pero luego, esos mismos gobiernos nacionales y provinciales son dependientes de actividades económicas que van en contra de los ecosistemas porque están basadas en la deforestación para ampliar la frontera agropecuaria. Los gobiernos tienen muchas contradicciones internas. ¿Cuáles son los ecosistemas y zonas que requieren mayor atención?


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El jaguar, el felino más grande de América y tercero más grande del mundo. En Ecuador es considera como una especie en peligro. M.M.: En los últimos 40 años, en Latinoamérica se han valorizado económicamente las regiones subtropicales y tropicales, cubiertas por ecosistemas boscosos muy diversos biológica y culturalmente. Se convirtieron en las nuevas reservas de tierra para la expansión de las actividades agropecuarias como la soya y la carne. Eso se ve sobre todo en los bosques secos en países como Argentina, Paraguay, Bolivia, Colombia y Ecuador. A nivel mundial los bosques secos son uno de los tipos de ecosistemas más amenazados y a la vez menos estudiados. Hasta hace algún tiempo eran zonas sobre las que no había

avanzado la agricultura pues la actividad se concentraba en zonas más templadas. Pero los cambios tecnológicos, climáticos y de infraestructura hicieron que las tierras del trópico tuvieran más valor para el sector privado porque tenían suelos fértiles que podían sostener monocultivos y extensiones de pasturas con un modelo de producción industrial de gran escala. Sin embargo, esa explotación es en el corto plazo ya que al remover la cobertura vegetal, después de un tiempo, se pierde esa fertilidad. Muchas veces lo que vemos es que donde había bosque seco hace 40 años, hoy tenemos prácticamente un desierto. Ya no

está el bosque y tampoco está el sistema de producción porque se agotaron los recursos. Es una situación en la que perdemos todos. ¿Qué se puede hacer para velar por la conservación de la biodiversidad y al tiempo garantizar un aprovechamiento sostenible de los recursos naturales? M.M.: Lo más transformador sería que los países de nuestra región dejen de ser proveedores de materias primas para el resto del mundo. Pero esa es una situación geopolítica de mucha historia y que difícilmente va a cambiar en poco

tiempo. Se deben fortalecer las economías regionales, que cada región aproveche sus ventajas comparativas y genere un desarrollo a escala local. Hoy encontramos que casi todo el centro del continente —la Amazonía, el Cerrado, la Chiquitania o el Chaco— está abocado a la misma actividad económica: exportar materias primas, principalmente granos y carnes para Asia y Europa. Eso lleva a una homogeneización de las regiones, de los paisajes y a la pérdida de la diversidad biológica y cultural. Si esas regiones explotaran la riqueza natural y cultural que tienen


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El biólogo argentino Matías Mastrangelo participó en el informe IPBES sobre biodiversidad en 2019. y buscaran un desarrollo hacia adentro y no hacia afuera, se generarían motivos para conservar y enriquecer esa diversidad. La insistencia en generar materias primas de exportación lo único que hace es erosionar la diversidad porque hace que todos los paisajes sean iguales, monocultivos a gran escala manejados por los mismos tipos de actores que la mayoría de veces no son locales sino que son grandes empresas de otras regiones.

¿Esa tendencia de homogeneización del paisaje nos puede hacer más propensos a enfermedades zoonóticas? M.M.: Por supuesto. Ahora prestamos mucha atención a la aparición de enfermedades zoonóticas por lo que nos está pasando, y porque ocurre a nivel global pero, local y regionalmente, las poblaciones vienen sufriendo las consecuencias de la homogeneización de los paisajes

desde hace mucho tiempo. Esto nos hace más vulnerables a muchas cosas. Nos hace más vulnerables a desastres naturales como inundaciones y sequías. También a la aparición de plagas resistentes y de nuevos vectores de enfermedades, con la respectiva ampliación de sus zonas de distribución. Son un montón de cambios debido a que los ecosistemas pierden su diversidad y autorregulación. Algunas especies se benefician de esto, como es el caso de las especies invasoras. ¿Por qué se considera que las especies exóticas invasoras son uno de los grandes problemas para la biodiversidad mundial? M.M.: Antes de responderte, no hay que perder de vista que dentro de las cinco principales fuerzas transformadoras de los ecosistemas la principal es el cambio en los usos de la tierra, que está ligada con la deforestación, la degradación de los bosques y el reemplazo de coberturas nativas. Después de eso está el cambio climático, la contaminación y las especies invasoras. Son problemas graves que no actúan de forma aislada, sus efectos se suman y hacen más complejo el abordaje de la conservación. En ciertos ecosistemas el efecto de las especies invasoras es bastante importante. ¿Cuál es el efecto que generan? M.M.: Sus poblaciones aumentan desproporcionadamente porque no tienen predadores naturales o porque utilizan eficientemente algún recurso disponible en los ecosistemas. Afectan a especies nativas ya sea por competencia o por depredación y eso genera un cambio en las especies y sus poblaciones, que a la vez lleva a la modificación del ecosistema. Ese cambio en la composición y estructura del ecosistema cambia su funcionamiento. Por ejemplo, la cantidad de cursos de agua que se generan en la zona andina son muy importantes para las poblaciones que viven en las zonas más áridas de la estepa de la Patagonia y esos cursos están siendo transformados en su recorrido, y en su cantidad y calidad de agua, por la presencia de especies invasoras como los castores. Transforman completamente el ecosistema en su estructura, funcionamiento y en los

servicios que brinda a la sociedad. Se generan efectos en cascada, es decir, efectos que se van amplificando a medida que estas poblaciones invasoras crecen. Uno de los llamados de la ONU en el Día Mundial de la Diversidad Biológica es a conservar pero también a restaurar. En una región como Latinoamérica, ¿qué acciones deberían priorizarse y dónde deberían focalizarse? M.M.: En aquellas regiones donde los ecosistemas nativos todavía conservan una buena representación y extensión en buen estado, los esfuerzos deberían concentrarse en la conservación de esos remanentes. Mientras que en regiones donde los ecosistemas ya han sido muy transformados y los ecosistemas remanentes ocupan poca superficie, ahí los esfuerzos deberían priorizar la restauración. Te doy dos ejemplos. La Selva Atlántica o paranaense que comparten Argentina, Paraguay y Brasil, de la cual se ha perdido más del 90 %, necesita una restauración prioritaria a gran escala, a nivel de paisaje. En cambio, en regiones como el Gran Chaco, donde se vienen perdiendo millones de hectáreas, pero que todavía hay más de un 50 % del bosque en pie, los esfuerzos de protección deberían ir dirigidos a conservar esos remanentes, a impedir que se siga transformando lo que queda. También es cierto que hay ecosistemas muy importantes en ciertas zonas como la montaña alta, la cabecera de una cuenca o los alrededores de las ciudades donde los ecosistemas prestan más servicios y beneficios para la sociedad, ahí también debería priorizarse la restauración. Algunos autores vienen hablando de un concepto denominado ‘plant blindness’ o ceguera hacia las plantas. ¿Por qué cree que suele haber un mayor interés por programas de conservación de fauna y las plantas parecen quedar relegadas a un segundo plano? M.M.: Efectivamente, muchas veces creo que es así y por eso los grupos con los que trabajo, incluso IPBES, tienen una orientación a la conservación a nivel de ecosistemas, no a nivel de las especies. Ese es un paradigma que ya está un poco en desuso porque


23 se mostró que no es el mejor abordaje o el que genera mejores resultados, era una forma de trabajo sobre todo en los años ochenta. Es necesario conservar los ecosistemas completos para que las especies que allí habitan puedan persistir en el tiempo. Sin embargo, muchas veces es cierto que la conservación de especies que tienen un valor estético, o son carismáticas, como el jaguar, se utilizan como especies bandera. Son muy atractivas para las personas y generan mucha empatía de conservación, de esa manera sirven para generar una apropiación por parte de la sociedad, que en última instancia apunta a la conservación de los hábitats, los ecosistemas y los paisajes. Por ejemplo, hoy en día el jaguar es un emblema para la gente del Chaco argentino; es una especie que de cierta forma ayuda a conservar todo el ecosistema. En octubre se hará la COP 15 sobre biodiversidad y se evaluará el Plan Estratégico para la Diversidad Biológica 2011-2020 (metas AICHI). ¿En qué considera usted que se avanzó y en qué se retrocedió? M.M.: Hay bastantes estudios que analizan el cumplimiento de los objetivos de Aichi y la mayoría coincide que muchos no se han alcanzado. Sin embargo, hay que tener en cuenta las diferencias a nivel continental. Muchas veces sucede que los objetivos de conservación avanzan en países desarrollados de Europa, Norteamérica o Asia, pero eso tiene su correlato directo con una pérdida y una degradación de esa misma biodiversidad, ecosistemas y ambiente en países de Latinoamérica, África o el sudeste de Asia. Los países ricos suelen deslocalizar la producción de alimentos, los importan de otros países y eso es equivalente a exportar degradación ambiental. Esa tierra que se usa para producir granos o carne en Latinoamérica genera impactos en esta región pero les ahorra esos impactos ambientales a los países ricos. Cuando se hacen análisis sobre el avance o el retroceso de la conservación siempre hay que preguntarse dónde y por qué. El avance en algunos lugares podría relacionarse con un retroceso mayor en otras zonas y el balance neto a nivel global podría ser

Parbada de frente roja (Ara cuprogenys), endemismo de los Valles Interandinos de Bolivia. Tomina Chica, Chuquisaca, Bolivia.

Couple of Pink River dolphin/Boto (Inia geoffrensis) Acajatuba Lake, Negro River, Amazonas, Brazil. negativo. ¿Resaltaría algunos proyectos de conservación de biodiversidad que estén mostrando resultados positivos actualmente? M.M.: Hay muchos y seguramente yo solo conozco algunos. En la Selva Atlántica de Brasil hay proyectos muy interesantes que están dando muchos resultados a nivel de restauración de paisaje: grandes extensiones de tierra, muchas de las cuales pertenecen a privados que se alían con organismos

gubernamentales, ONG y grupos de investigación para trabajar en áreas críticas como márgenes de los ríos y otros puntos importantes en provisión de servicios ecosistémicos. Esto va generando una conexión de áreas que se traduce en corredores a nivel regional que también se unen a áreas protegidas y tierras de pueblos originarios. Esto es muy importante porque conservar y restaurar solo en las áreas protegidas no es suficiente.

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