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Contexto13122020

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ConTexto

CRISIS FORESTAL Madera importada domina el mercado del país pionero en el manejo forestal comunitario: México


2 ALFONSO MENDOZA

Sé tú

n Disney institute, IPADE,

ALFONSO MENDOZ A

Wharton.

Poncho@infocusconsultores.com

H

e conocido muchas empresas, su cultura y climas organizaciones. Puedo asegurar que la base de todas para estar bien es la confianza: confianza con el jefe, confianza con la empresa y confianza las personas que colaboras. Me puse a investigar cómo crear confianza y me gustó la propuesta de Francés X. Frei, profesora de HBS, ella propone tres temas: Empatía, Lógica y Autenticidad. Empatía con los demás es lo que más golpea la confianza, todos tenemos mucho trabajo y nos roba tiempo para ser empáticos. Analízate: ¿A quién le has dedicado menos tiempo? Ahí has sido menos empático. Lógica, el otro tema que provoca que se construya la confianza, esta tiene dos componentes: calidad de la lógica y habilidad de comunicar. Para la primera no se como explicarla en un correo tan corto, pero es lo de menos, casi siempre

n Inició su carrera como Con-

el problema es la segunda. Hay dos formas de comunicarnos en el mundo: triángulo y triángulo invertido. Triángulo invertido: Es cuando te cuentan una historia con misterio, drama, giros y luego llegan al punto. Muchos excelentes comunicadores usan esta forma, el problema es que si no eres tan bueno en la lógica te vas a perder y no vas a llegar al punto. Triángulo: Empieza con el punto importante en un mensaje corto y después das soporte con hechos, ideas o historias. Y finalmente la autenticidad, el ser humano tiene la capacidad para saber si alguien está siendo auténtico o no, las personas auténticas generan confianza. Aquí no hay mucho que explicar: Sé tú. Diviértete Poncho Mendoza

sultor de Negocios en el 2003, fundador de Infocus Consultores ha contribuido a la simplicidad y crecimiento de más de 500 empresas.

n Socio y fundador de Grupo

Merlin, participa en consejos de administración de diferentes industrias.


3 LETRAS DE MAQUÍO Durante su trayectoria política y empresarial, Manuel “Maquío” Clouthier escribió numerosos artículos de opinión, que se publicaron en su momento en el diario El Universal y en los que vertió conceptos y reflexiones que continúan vigentes hoy más que nunca. Por eso en Noroeste iremos replicando algunos de esos escritos, en un espacio al que hemos titulado Letras de Maquío.

Ser o estar MANUEL CLOUTHIER DEL RINCÓN

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illiam Shakespeare, famoso escritor inglés, tiene dos frases en el drama de Hamlet que son aplicables a nuestro México contemporáneo. La primera es la aseveración con que inicia su inmortal obra Hamlet: “Something is rotten in the state of Denmark” (algo está podrido en el estado de Dinamarca). La segunda: “to be or not to be, that is the question” (ser o no ser, esa es la pregunta). Definitivamente que hoy podemos decir que algo está podrido en el Estado mexicano. La palabra se ha prostituido. El paternalismo impera en la familia, en la empresa, en la sociedad y en los gobernantes. La democracia como forma de vida es ignorada, la mordida, el embuste y toda forma de corrupción es la regla, los medios de comunicación social están amordazados y el pueblo va perdiendo esperanzas y capacidad de sorprenderse ante el abuso. El estatismo e inmovilidad en la sociedad definitivamente acaba por podrir algo en la misma. El segundo cuestionamiento, ser o no ser, creo la plantea en esa forma porque en el idioma inglés el verbo “to be” significa ser o estar, por lo anterior quizá la pregunta en español debería plantearse como “ser o estar es el dilema”. La mayor parte de los mexicanos siguen creyendo que cuando se está se es. Grave error porque para estar sólo se requiere presencia mientras que para ser se necesita grandeza de espíritu. Así vemos cómo muchas personas luchan por estar en la sociedad, por figurar en la prensa, por estar en la lista de amistades e invitados del poderoso. La famosa frase de Garizurieta de “vivir fuera del presupuesto es vivir en el error” no es más que la afirmación del deseo de estar a cualquier precio sin importarle el dejar de ser. ¿Cuántos amigos (que no lo son tanto) se rehúsan a dar la cara y hacernos un favor, pero corren a hacer lo mismo cuando alguien con poder se los solicita? Es que nos hemos acostumbrado y creemos que somos cuando estamos, sin darnos cuenta de que el que es no necesita estar para seguir siendo persona digna y respetable, necesitado en la sociedad y con autoridad moral. Algo de esto es lo que acontece en los organismos empresariales y con sus dirigentes. Existen algunos, producto de paternalismo que impera en México, que piensan que para dirigir requieren del poder que

proviene de arriba sin llegar a comprender que ellos se deben a su base, a los que representan y confían en ellos. José María Basagoiti demostró ser en la pasada asamblea anual de la Coparmex y no requirió de la presencia de poderosos, él lideró a su gremio, fue congruente consigo mismo y salió por la puerta grande. Otros dirigentes empresariales siguen pensando que todo poder o liderazgo proviene de lo alto. Son la clase de personas que no saben dialogar porque invariablemente voltean hacia arriba cuando están frente a un poderoso y consecuentemente hacia abajo cuando se encuentran a un indigente. Por eso sus gestiones son intrascendentes, seguros de poder arreglar que le den alguna dádiva a su sector o quizás a ellos, pero no podrán trascender o dejar la huella que dejan los grandes cuando pasan. El estar, mis amigos, es similar al tener y evidentemente que en la jerarquía de valores están situados varios peldaños abajo del ser. El estar y tener dan fama, posición y poder, pero jamás darán la satisfacción plena que proporciona el ser porque fácilmente se pueden perder las primeras y dejar a la persona mostrando su desnudez espiritual y su vacío interior. Por otro lado, el que es jamás podrá ser despojado de algo que está ligado al espíritu, será grande porque hecho a grandeza está, será congruente porque no obedece por miedo o interés, amistad o amor, actúa siempre por convicción; podrá equivocarse como humano que es, pero no engañarse, por eso jamás podrá frustrarse; podrá ser derrotado mas no vencido, podrá ser removido pero no humillado. En estos días vendrán más asambleas de dirigentes empresariales y habrá cambios que seguramente harán surgir a nuevos líderes del sector. Mi comprensión y simpatía, mi reconocimiento y solidaridad para aquellos que jerarquizaron por encima de todo el ser y a veces tuvieron que sacrificar su posición. A los nuevos líderes del sector les deseo fortaleza y templanza: la primera para afrontar los embates a que estarán sometidos por el gobierno y peor aún por los de su propio gremio; la segunda, la templanza, para no dejarse corromper por un sistema que utiliza toda la clase de trucos como son el halago, la lisonja y el favor para hacernos flaquaer prefiriendo estar y olvidándolos del ser. Jueves 22 de marzo 1984

MANUEL CLOUTHIER DEL RINCÓN

“Definitivamente que hoy podemos decir que algo está podrido en el Estado mexicano... La palabra se ha prostituido. El paternalismo impera en la familia, en la empresa, en la sociedad y en los gobernantes. La democracia como forma de vida es ignorada, la mordida, el embuste y toda forma de corrupción es la regla”.


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Pandemia

Nueve meses al cuidado de pacientes Covid

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aría Eugenia Rojas Rangel se traslada todos los días en camión a su trabajo, los pasajeros del colectivo no saben que es enfermera. Cuando comenzó a trabajar tenía 20 años, entonces ganaba 1 mil 500 pesos a la quincena. Hace 10 años que trabaja en el Hospital General Ajusco Medio, que hoy es Sanatorio Covid. Actualmente gana 11 mil 500 pesos al mes. A pesar de su antigüedad y especialización quirúrgica, no tiene seguro contra riesgos ni contrato base. El invierno se acerca y la posibilidad de que las autoridades sanitarias consideren regresar al semáforo rojo le preocupa, además de la constante amenaza del retiro de insumos por parte de la institución. Con base en datos proporcionados por la Secretaría de Salud, al 22 de noviembre, en México existen un millón 41 mil 875 contagios acumulados de Covid-19 y 101 mil 676 defunciones. Según reportes de Amnistía Internacional, en el mundo han fallecido 7 mil trabajadores de la Salud. El 18.8 por ciento en México. El director general de Epidemiología, Jose Luis Alomía Zegarra, presentó en una conferencia, a finales de octubre, que en el Sector Salud se han dado 127 mil 35 contagios y mil 744 decesos. También reportó que personal de enfermería acumula 42 por ciento de los contagios; médicos, el 26 por ciento; laboratoristas, 2 por ciento; odontólogos ,1 por ciento, y otras áreas no especificadas, el 29 por ciento.

María Eugenia se acostumbró a su rutina como enfermera para enfrentar al coronavirus, pero el miedo a contagiarse sigue ahí P A T R I C I A

G O N Z Á L E Z

M I J A R E S

Fotos: María Ruiz

Elena y sus nietos en la sala de su hogar.

Vida en el hospital María Eugenia comparte a Pie de Página su historia. “Cuando comenzó la pandemia nos capacitaron, la epidemióloga del hospital nos explicó que esta

situación podría durar hasta tres años. Hablé con mi mamá y con mis hijos, si iba a tener que atender enfermos de Covid tenía que separarme de mi familia. Acordamos que los chicos vivieran con ella. Yo

estaba muy asustada porque veía cómo varias de mis compañeras se iban derrumbando; se desmayaban o por estrés o porque no comían bien, algunas son diabéticas o hipertensas y no aguantaban las jornadas. Yo solo pensaba cuándo llegaría mi turno. No podemos beber agua ni salir al baño para no contaminarnos. Llegué a enfermarme de las vías urinarias y tuve que trabajar así. Opté por casi no desayunar, apenas medio pan y un poco de café”. Hace un año y medio María Eugenia se fracturó el tobillo. Padece osteogénesis imperfecta, una enfermedad genética que provoca que sus huesos sean más frágiles y esto la hace más vulnerable. El Hospital General Ajusco Medio ofrece servicios de cirugía en general, medicina interna, gineco obstetricia, pediatría, traumatología y ortopedia. Es un hospital de vigilancia epidemiológica que forma parte del laboratorio de Salud Pública. Tiene 81 camas censables (las que generan expediente) y 34 no censables. Las pruebas de Covid son gratuitas y el laboratorio está saturado, por lo que tardan hasta 15


5 días en dar los resultados. A los trabajadores les hacen la prueba cada tres meses y una tomografía de pulmones. La institución les proporciona insumos básicos como batas, gorros, botas quirúrgicas, el indispensable tylex (overol especial de protección) y los guantes, pero el equipo más costoso lo han pagado los mismos trabajadores, especialmente los que entran a cirugía. La careta sellada cuesta 700 pesos, la que tiene respirador mil 100 pesos y los goggles, 700. María Eugenia nos platica que nunca hay una cama vacía, paciente que se da de alta, cama que se ocupa. “El equipo de protección es muy caliente, y usar los goggles tanto tiempo duele. Los turnos de la mañana son más pesados porque aplican más medicamentos. Hay un camillero para 20 enfermos; es casi imposible que nos ayude. Esta parte de mi trabajo se compensa porque estoy más tiempo en las cirugías, que es lo que me gusta, y esto me permite, a ratos, sentarme en un banco alto para pasar los instrumentos. A veces me asignan como enfermera circulante, asisto al anestesiólogo y llevo los reportes en la sala contigua al quirófano”. Para María Eugenia, los traslados en el transporte público son los momentos más tensos del día porque le da más miedo contagiarse en el camión que en el hospital. Llegando a su casa se baña y se rocía con un spray especial para desinfectarse. Luego cocina algo rápido: “si coincido con mi esposo, que no es el padre de mis hijos, platicamos y salimos un rato a la azotea a caminar y a despejarnos. En las tardes estudio, pues debo documentarme porque hacemos nuevos procedimientos, entre ellos, asisto a intubar pacientes, lo que me queda de tiempo duermo”. Cuando le toca estar con pacientes Covid, a los que les tienen que practicar la traqueotomía, María Eugenia respira hondo: “hay días que de verdad son muy tensos”. Es con sus compañeras con las que comparte los temores y con las que más ha aprendido a sobrellevar la situación. Poco a poco se ha ido acostumbrando a estas rutinas, pero el miedo al contagio sigue ahí. También nos cuenta que se ha encariñado con los pacientes. “En junio fue muy fuerte porque murieron muchos jóvenes que tenían sobrepeso. Cuando dan de alta a pacientes nos da un gusto

Retrato de María Eugenia en el hospital donde trabaja. enorme. Ahora tenemos muchos pacientes de 50 a 74 años. Lo que extraño, antes de Covid, es el contacto que teníamos con los pacientes. Ahora no puedes tener ningún gesto afectivo físico con ellos. Sí, estamos tensos. Debes estar muy concentrada porque este tipo de enfermos toman muchísimos medicamentos y a los pacientes intubados hay que cambiarlos de posición cada determinado tiempo, no se te puede ir un detalle, es mucha responsabilidad”. La enfermera nos cuenta que una compañera suya falleció. “Tenía 32 años, estaba embarazada, por lo que la mandaron a casa, tuvo a su bebé en el ISSSTE. No se sabe dónde se contagió porque su esposo también trabajaba. Recuerdo que un día mi hija me dijo que por favor ya no fuera a trabajar,

pero ¿qué hago?, no puedo dejar mi trabajo, soy el sostén de mis hijos. Hay días que lloraba con mi mamá de cansancio y le decía: ‘hoy ya no quiero ir’. Pero por otro lado, es mi trabajo y es lo que me gusta hacer. Estoy muy agradecida con mi mamá, porque puedo trabajar y tener un lugar en el que mis hijos están protegidos”.

Vida en familia La casa de Elena Rangel, madre de María Eugenia, alberga al abuelo, a tres hijos y a sus nietos. De joven, Elena trabajó de recamarera en hoteles, lavando losas en restaurantes, en intendencia, en la sala de partos del Hospital Materno Infantil de Contreras al que María Eugenia asistía de vez en cuando para ayudar a su mamá. Elena acepta con tristeza que

ella no tuvo la misma suerte que sus hijas, ya que su mamá no le echó la mano cuando sus hijos eran pequeños. Recuerda que hace muchos años salía a trabajar con dos hijos, uno en cada mano y el más pequeño en la cangurera. Su vida siempre ha sido igual: trabajar y cuidar. Los hijos de María Eugenia son Lino Uriel, que está en preparatoria, y Marina de la Luz, en tercero de secundaria. Su abuela, Elena, lamenta que Lino haya tenido una fuerte crisis de ansiedad al principio de la pandemia, pero ya la superó. Marina también estaba preocupada, pero “entre hermanos y primos se apoyan y ayudan, aunque casi no salen” afirma Elena. “Tenemos una tiendita de dulces y refrescos en casa que atendemos entre todos. Entre mis hijas menores y yo hacemos la comida. Ellas se turnan para trabajar y atender a los hijos; los acompañan a estudiar porque descansan una semana sí y otra no. La mesa del comedor siempre está ocupada con los jóvenes estudiando. Yo salgo a trabajar tres veces por semana, hago el quehacer y la comida en otra casa, esto me ayuda porque me distraigo y tengo un ingreso. Los cuatro meses que nos encerraron fue pesadísimo, ya no podía con tanta gente en mi casa, me estaba desesperando”. A la señora Elena le brillan los ojos cuando nos cuenta: “cuidé a mis hermanos cuando era joven, luego a mis hijos, ahora con los nietos. Creo que aguanté cosas más difíciles en mi juventud y mientras pueda apoyaré a mis hijas, pero eso sí: en mi casa yo llevo el mando”. Cuando María Eugenia regresa del hospital a su casa, piensa que no tiene miedo a que la agredan porque viaja de civil, sin uniforme. Tal vez, más que miedo a la gente y a la Covid, teme a su propia fragilidad, que le pase algo, que se vaya a caer, que ya no sea la misma y que no pueda trabajar. Es inevitable que estos pensamientos circulen por su mente, pero sin duda, lo que lo compensa todo es el compromiso y el amor por su profesión, por sus hijos y la solidaridad de su mamá con ella.

Portal periodístico independiente, conformado por una red de periodistas nacionales e internacionales expertos en temas sociales y de derechos humanos.


La mayor parte de la madera que exportó el Perú en el 2015 era de origen ilegal o de procedencia desconocida.

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Foto: EIA

Serie: Radiografía forestal de México

Madera importada domina el mercado Los productores que hacen un manejo sostenible de sus bosques enfrentan dificultades para ser competitivos por producto proveniente de de otros países M A R C O A N T O N I O H E R N Á N D E Z T . P R I S C I L A H E R N Á N D E Z F L O R E S

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T E R C E R A U N A S E R I E

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éxico importa casi 67 por ciento de la madera que consume. Los productores que hacen un manejo sostenible de sus bosques enfrentan dificultades para ser competitivos en un mercado afectado por la madera proveniente de plantaciones comerciales, de países como Chile, y el comercio ilegal transnacional La industria forestal mexicana está dominada por la madera importada. De los poco más de 27 millones de metros cúbicos de madera en rollo que se consumen anualmente en el País, apenas 9 millones se producen localmente; así que cerca del 67 por ciento proviene del exterior, de acuerdo con datos que reporta la Comisión Nacional Forestal en el informe Estado que guarda el sector forestal en México, 2019. En términos económicos, de acuerdo con datos de la Conafor, México importa productos forestales maderables -incluyendo celulosa y papel- por un valor de 8214 millones de dólares y exporta apenas 2030 millones, lo que genera una balanza comercial deficitaria de 6184 millones de dólares. Everardo Martínez, presidente de la Asociación Nacional de Importadores y Exportadores de Productos Forestales en México, atribuye esta situación al estancamiento de la producción local: “la industria forestal no ha tenido crecimiento en los últimos 15 años y eso ha hecho que las necesidades del país hayan tenido que satisfacerse con la importación”. El 76 por ciento de la madera que se produce en el país proviene de bosques comunitarios; el resto es de predios privados y plantaciones. Y aunque México destaca a nivel nacional por ser pionero en el manejo forestal comunitario, este modelo de aprovechamiento sustentable de los bosques sigue muy acotado: de los poco más de 15 mil ejidos y comunidades que pueden considerarse forestales, solo 2943 operan algún tipo de aprovechamiento comercial de sus recursos; de ellas, poco menos de 1300 han logrado crear empresas forestales comunitarias y solo alrededor de 50 realizan procesos de transformación de segundo nivel de la madera, para producir desde triplay hasta muebles, de acuerdo con datos de la Conafor. Además, aquellos ejidos y comunidades que han logrado llegar a la escala mayor de producción de


7 madera enfrentan varias dificultades para ser competitivas. “Nos hace falta mejorar en nuestros procesos del aprovechamiento e industrialización de la madera, mejorar el proceso de trabajo en las comunidades para que la producción se incremente”, reconoce Israel Santiago García, director general de Empresas Forestales de Pueblos Mancomunados, en Oaxaca. Esos retos productivos fueron cuantificados a nivel nacional por el Instituto Mexicano para la Competitividad y la organización Reforestamos México, que en 2014 elaboraron el Índice de Competitividad Forestal Estatal, que arrojó resultados poco alentadores. Después de analizar 42 indicadores económicos, ambientales y sociopolíticos, el estudio concluyó que “no existen bosques competitivos” en México, y que incluso los tres estados mejor calificados (Coahuila, Chihuahua y Nuevo León), alcanzaron un puntaje máximo de 57 puntos sobre 100. El reporte de IMCO y Reforestamos México advierte, sin embargo, que esa situación contrasta con la riqueza y superficie de los bosques mexicanos: por una parte, señala, México es uno de los 17 países megadiversos del mundo; por otra, “… mientras que nuestra superficie forestal es tres veces la de Finlandia, su producción es diez veces mayor a la nuestra”. No son los únicos en llamar la atención sobre esa paradoja. En el documento sobre su Proyecto de fortalecimiento empresarial en paisajes productivos forestales, publicado en enero de 2018, el Banco Mundial calcula que México tiene la capacidad para aumentar su producción de madera “a más del doble” de su volumen actual, y asegura incluso que el País “…tiene el potencial para producir sosteniblemente 60 millones de metros cúbicos de madera en rollo”. Es a partir de ese contexto que el Banco Mundial plantea que un crecimiento anual de la producción forestal entre 1 y 3 por ciento, además de viable, permitiría, para 2025, cuadruplicar el número de personas que trabajaban el sector en 2015 (373 873), logrando un incremento de 23 143 empleos por año.

Los retos de la apertura comercial

El estancamiento de la capacidad productiva local no es, sin embargo, el único factor que explica la balanza comercial deficitaria del

La fábrica de muebles es otra de las empresas comunitarias creadas por los Pueblos Mancomunados. Foto: Cortesía Conafor

sector forestal mexicano. De acuerdo con datos del Diagnóstico del Comercio Internacional Forestal, elaborado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales y la Conafor, ese déficit también se explica por la apertura comercial que México inició en 1994, con la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que eliminó los aranceles de los productos forestales provenientes de Canadá y Estados Unidos. Este último es líder mundial en la producción industrial de madera en rollo. Hoy, México es uno de los países con más acuerdos de libre comercio firmados en el mundo. Entre ellos destacan el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica y la Alianza del Pacífico, México, Colombia, Perú y Chile, ya que generaron las condiciones para la importación de madera desde Sudamérica, donde Chile y Perú han emprendido ambiciosas políticas de promoción a las plantaciones forestales comerciales. De acuerdo con datos de Global Forest Resources Assessment 2020, de la FAO, Chile cuenta hoy con 3 185 000 hectáreas de plantaciones forestales comerciales y Perú con 1 088 000 hectáreas (México tiene apenas 100 mil), en las que se cultivan árboles de rápido crecimiento que permiten producir madera a menor precio. Los efectos de esa apertura han sido evidentes para las empresas forestales comunitarias mexicanas:

“El precio que ellos manejan es mucho más bajo que el que nosotros manejamos. Sabemos que la calidad de nuestra madera es mucho mejor, pero el cliente prefiere comprar barato y comprar más”, asegura Roque Alejandro Estrada Carreón, secretario del comisariado ejidal de El Largo y Anexos, en el estado de Chihuahua, una de las empresas forestales comunitarias más consolidadas en el aprovechamiento de pino y encino del norte de México. Al sur del País, en Oaxaca, el panorama no se percibe de manera distinta. Israel Santiago, de Pueblos Mancomunados, explica: “mucha de la madera que se importa viene de plantaciones forestales que están jugando un papel muy fuerte. Aquí en México, la mayor parte de la madera que se procesa proviene de bosques naturales. Entonces, el costo de aprovechamiento, el costo de producción de materia prima es muy alto”. Esto lo sustenta con datos comparativos: un metro cúbico de madera de importación se vende, en promedio, en 1300 pesos (58 dólares), cuando un metro cúbico de madera mexicana tiene un costo aproximado de 2603 pesos (116 dólares). Héctor Anguiano, gerente de la comunidad forestal Nuevo San Juan Parangaricutiro, en el estado de Michoacán, recuerda que hace seis años, cuando la madera chilena comenzó a llegar a México les “pegó” por los precios bajos. Cuando su mercado se dio cuen-

ta de que era madera “muy muy tierna, de plantaciones forestales; pero malita tanto para la construcción como para la elaboración de productos de acabado fino”, el boom de la madera chilena bajó y volvieron a buscarlos. Desde Durango, Alfredo Corral, gerente de Grupo Sezaric, una de las empresas forestales comunitarias más exitosas del País, explica que la calidad de la madera mexicana, desarrollada con lentitud, sigue representando una fortaleza competitiva para los productores locales. “En dureza y manejo nada que ver con lo que viene de importación, porque son de plantaciones; es la bondad que nosotros tenemos y por eso hemos sobrevivido, porque hay sectores que saben de la calidad de nuestro producto, si no ya hubiéramos tenido que parar. Nuestra madera tiene muchos años de vida, la madera que viene de plantaciones es madera nueva que no tiene resistencia”. Corral aprovecha esa diferencia para insistir en un reclamo que hacen los productores mexicanos de manera recurrente. “Las condiciones para extraer la madera en México son distintas a las plantaciones comerciales de otros países. Aquí se trata de bosques naturales, con topografía accidentada, que incrementa los costos en caminos, en extracción y en maniobras, ¿cómo es posible que no le pongan un arancel de entrada a la madera que viene de planta-


22 ciones que cortan árboles como si fuera maíz?”, Anguiano, desde la comunidad forestal Nuevo San Juan Parangaricutiro, aclara que si bien en el caso de Chile “la comparación sirvió” para que los clientes reconocieran las diferencias de calidad, la entrada reciente de madera brasileña al mercado mexicano sí está impactando en el norte, sur y occidente del País, porque se trata de una madera con características muy similares a la local. Su percepción tiene sustento: Brasil cuenta con 485 396 000 hectáreas de bosques de regeneración natural, mientras que México tiene apenas 65 millones. Es en parte debido a esas diferencias que la fijación de aranceles a las importaciones está lejos de contar con un respaldo unánime en México, donde las autoridades han avanzado de manera permanente en la simplificación de los trámites para la importación de madera. Everardo Martínez, presidente de Imexfor, señala que fijar aranceles sería “un error muy grave porque la producción nacional es muy limitada y no es limitada por las importaciones, es limitada de que no hay un trabajo a largo plazo para desarrollar la industria forestal en México”. El Banco Mundial, sin embargo, ha planteado una ruta alterna, al proponer en su reporte Fiscal Instruments for Sustainable Forests, de 2019, que los productos forestales reciban un tratamiento fiscal definido no solo en función del volumen de producción sino también de los modos de producción, para incentivar prácticas sostenibles. La propuesta del Banco Mundial coincide con los planteamientos de las empresas forestales comunitarias de México, que en distintos momentos han señalado la dificultad que enfrentan para que incluso las autoridades reconozcan la especificidad de su visión y su trabajo, que además de los criterios de eficacia productiva tienen como prioridad la creación de empleos, el manejo sostenible de los bosques, la prestación de servicios ambientales, la defensa de la biodiversidad y la inversión en servicios e infraestructura para la comunidad.

¿La madera importada tiene origen legal?

Aunque México es un país forestal, depende de la madera que crece en bosques a miles de kilómetros de distancia y llega en buques a los diferentes puertos del país.

Las empresas forestales comunitarias en la región noroeste de Durango trabajan con un enfoque de paisaje, que busca conciliar el aprovechamiento de madera con la conservación del bosque. Foto: Cortesía UCDFI Topia, S.C.

Si bien su ingreso implica complejidades administrativas, la Ley General de Desarrollo Forestal Sustentable no establece controles estrictos sobre el origen legal de esa madera. Los embarques que arriban desde Brasil, Estados Unidos, Malasia, Perú y China solo deben cumplir con la presentación de documentos fitosanitarios (para el control de plagas), presentar permisos emitidos por la Semarnat y ser sometidos a las inspecciones por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente. Varios organismos internacionales han llamado la atención sobre la poca capacidad de esta última dependencia para someter a inspección minuciosa a todos los cargamentos de madera. El área de Inspección y vigilancia en puertos, aeropuertos y fronteras informa que de 2012 a 2018 realizaron verificaciones en mercancías forestales a 404 303 tarimas y embalajes, sin embargo, no detallan en cuántos detectaron problemas con el origen de la madera ingresada al país. Un informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, realizado después de la visita al país de una misión especializada, en 2014, advirtió que México debe “reforzar el sistema de inspección y verificación de la legal procedencia de la vida silvestre o madera”. Ese mismo documento señala que el personal destinado a esa misión es insuficiente, dado que Profepa asignaba apenas 100 inspectores a los 65 puertos de entra-

da a México para la revisión de embarques de fauna, flora y productos forestales. En diversas ocasiones, Mongabay Latam ha solicitado una entrevista con funcionarios de Profepa, pero no se ha tenido respuesta. Por su parte, la Agencia de Investigación Ambiental (EIA por sus siglas en inglés), en su informe titulado El momento de la verdad, publicado en 2018, señala el riesgo de que el país no tenga controles rigurosos de la madera que ingresa. “El mensaje que México está enviando al mundo es que, aun si la madera importada ha sido extraída ilegalmente en su país de origen, igual puede ingresar libremente a los mercados mexicanos”. Y enfatiza que esto “afecta adversamente a las comunidades indígenas y locales y perjudica a los negocios legales en ambos extremos de la cadena de suministro”. Ante esta problemática, la EIA señala que “existe una urgente necesidad por que México apruebe legislación que restrinja la importación de madera extraída ilegalmente, no solo para salvaguardar a sus productos maderables nacionales de la competencia desleal, sino también a las comunidades nativas y locales que son seriamente afectadas por la tala ilegal”. Se trata, sin embargo, de una problemática que no es exclusiva de México. En un webinar, organizado en octubre de este año por la UNODOC, Jorge Eduardo Ríos, jefe del Programa Global para Combatir

los Delitos contra la Vida Silvestre y los Bosques, señaló que este tipo de crímenes son cometidos por organizaciones delictivas trasnacionales bien organizadas (no por individuos buscando negocios ocasionales en la economía informal) y, en consecuencia, enfrentarlos requiere la cooperación global para el desarrollo de marcos legales criminales, con penas que vayan mucho más allá de las simples sanciones administrativas, para que delitos como la tala y comercio ilegal de madera dejen de representar una opción de negocio de alta ganancia y poco riesgo para las organizaciones criminales. En su informe 2019, la Global Forestry Enforcement, iniciativa creada en 2012 por la Interpol para romper las redes criminales internacionales que operan a lo largo de toda la cadena de valor de la madera, calculaba que la tala clandestina representaba entre 15 y 30 por ciento de la producción global, y que su comercialización generaba ganancias de entre 51 y 152 mil millones de dólares al año. La Interpol insiste en que, a diferencia de lo que sucede con el tráfico de drogas y de personas, crímenes que se persiguen de manera sistemática y que cuentan con marcos legales punitivos, el comercio ilegal de madera ofrece a las organizaciones criminales el doble atractivo de un marco legal poco riguroso y múltiples oportunidades de “blanquear” la madera talada de manera ilegal, incorporándola a los procesos productivos legales, dificultando el rastreo de su origen. De hecho, Interpol define seis etapas de la cadena productiva de la madera en que el crimen organizado recurre a la la corrupción para “blanquear” madera ilegal: el otorgamiento de permisos de aprovechamiento (a extractores dispuestos a exceder los límites autorizados), la tala clandestina (detectada pero no combatida), el transporte (con la falsificación o alteración de guías de autorización), el procesamiento (en aserraderos que mezclan madera ilegal con legal), la exportación (con la emisión de certificaciones que faltan a la verdad, y la venta (con el soborno a inspectores). En su informe, la Global Forestry Enforcement de Interpol ejemplifica el reto que enfrenta y la complejidad de su trabajo con dos operaciones que ha realizado; una de ellas, la Operación Amazonas II, involucró a México de manera


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El comercio o tráfico de madera ilegal ya es considerado como crimen organizado desde hace 6 años. Foto: andina.com.pe

directa. Entre 2015 y 2016, con la cooperación de agencias de 12 países latinoamericanos, Interpol investigó el tráfico de madera extraída de manera ilegal de la Amazonía peruana hasta que el 24 de noviembre de 2015 los investigadores peruanos lograron detectar que 96 por ciento de la madera que constituía el cargamento del buque Yacu Kallpa (más de 9000 metros cúbicos), que estaba a punto de zarpar con destino a México y Estados Unidos, tenía un origen ilegal. Las autoridades de Perú no tuvieron tiempo suficiente para detener la embarcación en el puerto de Iquitos, por lo que Interpol rastreó todo su trayecto hasta a su llegada al puerto de Tampico, donde la embarcación y su cargamento fueron inicialmente incautados. El reporte de Interpol no menciona que -como lo reveló una investigación de Ojo Público, W Radio y la plataforma de periodismo latinoamericano Connectas- el cargamento fue liberado e introducido al mercado mexicano a partir de febrero de 2016, gracias a la intervención de diplomáticos mexicanos y peruanos. El Yaku Kallpa sigue en el puerto de Tampico -se adjudicó al Estado

y se planea utilizarlo como buque escuela-, como evidencia de la más grande operación de incautación de madera ilegal que se haya realizado en América Latina, un territorio en el que está lejos de haber disminuído ese crimen a partir de entonces. De hecho, en el webinar organizado por UNODOC, Christian Salazar Volkmann, director regional para América Latina y el Caribe de la Oficina para la Coordinación del Desarrollo de las Naciones Unidas, lanzó una alerta: “en este año la deforestación en la Amazonía, solo hasta abril, había aumentado 64 por ciento en comparación con el año pasado”, lo que para él representa un indicador claro del posible incremento de todas las prácticas ilegales a partir de la pandemia. “Es urgente que los estados hagan algo para contrarrestar el deterioro que muy probablemente vamos a ver este año y los que siguen”, aseguró Salazar Volkman al referirse a los retos específicos que enfrenta América Latina.

Una defensa activa De origen nacional o internacional, la madera ilegal representa entre 38 y 70 por ciento de la madera que se consume en México, de

acuerdo con datos de la Profepa, lo que significa una amenaza ambiental, así como una competencia desleal para las empresas forestales comunitarias, en especial para las que realizan fuertes inversiones para obtener certificaciones internacionales por el manejo sustentable de sus bosques. Alfonso Argüelles, representante en México del Forest Stewardship Council, reconoce que suele pensarse que el costo de las certificaciones tendrá que pagarlo el consumidor, pero eso es algo que no siempre ocurre: “no hay ningún consumidor que quiera pagar más; lo que hay es consumidores que prefieren productos que sean certificados de origen y sobre los que se sepa toda la trazabilidad. Ahí están los grandes desafíos”. Los empresarios forestales comunitarios reclaman con frecuencia que su producto certificado no siempre es pagado como se debería. Alfredo Corral señala incluso que para el grupo Sezaric, “el producto que menos nos da (ganancias) es el que tenemos en la certificación de la cadena de custodia”, y explica: “desgraciadamente no hemos encontrado el nicho de productos certificados”. Israel Santiago, de Pueblo Man-

comunados, sugiere una ruta para comenzar a hacer rentable la inversión: “Que todas las compras que hagan en los tres niveles de gobierno sean de productos certificados, eso fortalecería el tema de la certificación”. Mauro Hernández, gerente de la empresa forestal de Ixtlán de Juárez, resalta que además de ser un tema económico, con la compra de productos certificados se respaldaría el trabajo de conservación de los bosques, pero él mismo señala que no han tenido mucho eco con esas iniciativas. Una revisión de las licitaciones y compras de los últimos dos años hace evidente un avance desigual en ese sentido; la falta de una política unificada al respecto. Es posible encontrar desde una licitación publicada por el Banco de México que establece que “los licitantes deberán entregar certificados otorgados por terceros previamente registrados ante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, que garanticen el origen y el manejo sustentable de los aprovechamientos forestales de donde proviene dicha madera”, hasta otra, publicada por la Secretaría de la Defensa Nacional, en la que el único requisito es la presentación de las certificaciones fitosanitarias. Desde este complejo escenario global, los datos parecen no favorecer a las empresas forestales comunitarias de México; pero a pesar de todos los obstáculos que plantea la madera importada de manera legal y la que proviene de la tala clandestina, Israel Santiago García, de Pueblos Mancomunados, insiste en señalar desde Oaxaca: “La ventaja de las comunidades es que tenemos los bosques; somos dueños de los bosques, somos dueños de la materia prima. Esa es la gran fortaleza de las comunidades”. Es desde esa fortaleza que las empresas forestales comunitarias de México enfrentan hoy el reto de consolidar proyectos competitivos en un contexto global.

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10 Reconocer la violencia

P

UEBLA._ Isabel había pensado dejar a su pareja varias veces, con quien tuvo una relación de 13 años y dos hijos. Pero la presión social, la falta de conocer y reconocer las violencias, así como vivir esperando a que las cosas cambiaran, hicieron que se quedara ahí muchos años. Y es que caer en un círculo de violencia no es tan evidente; muchas veces sucede de manera tan paulatina que, cuando menos lo esperas, ya estás dentro. Así fue para Isabel, quien cuenta a LADO B cómo poco a poco fue dejando todo: su trabajo, sus gustos; dejándose a ella misma y quedándose sin herramientas para no sufrir violencia. “(Pero incluso cuando) las mujeres (ya) sabemos que sufrimos en las relaciones, sabemos que queremos salir, nos quedamos en el marco de la puerta”, dice. Es como quedarse en el umbral y no animarse a cruzarlo, por miedo, por pena, por desconocimiento. Ese marco de la puerta es un cúmulo de cargas, un costal con piedras que nos impide salir, al que se le suman culpas, prejuicios, la sensación de falla social, agrega. Pero cuando decidió atravesar la puerta, no hubo marcha atrás. Y sí bien fue difícil, dice, la prueba de que todo está bien es que ella sigue aquí. Logró salir gracias a una amiga feminista, que le decía que así no debería ser una relación, que por ahí no iba el asunto. Por su mente rondaban todas las cosas que nos dicen a las mujeres: ¿A dónde más vas a ir? ¿Quién te va a querer con hijos? ¿Qué vas a hacer sola? Pero al final, Isabel se dio cuenta que atravesar el umbral era no solo bueno para ella, sino también para sus hijos. “Me di cuenta que si yo me salvaba a mí, salvaba además a mis dos hijos. Yo siempre me quise quedar para salvarlos a ellos del supuesto trauma de la separación. Pero me dio una luz de conciencia de decir: salvas a más, eran 3×1”. La violencia se da en diferentes formas y llega de lugares distintos. Como le pasó a Teresita, quien también sufrió situaciones de violencia: una brutal, cuando un tipo que la pretendía le golpeó la cabeza con un martillo, dejándole una fractura de cráneo expuesta. La otra, de su pareja en ese

Cruda realidad

Cruzar el umbral: mujeres que superaron la violencia de género Estas son las historias de cuatro mujeres que lograron salir de relaciones violentas y romper los círculos de la violencia de género. Historias de acompañamiento, empatía y esperanza, historias que comienzan a ser narradas en sus propios términos A R A N Z A Z Ú

A Y A L A

M A R T Í N E Z

FOTO: PXFUEL

entonces, con quien la violencia psicológica y económica se volvió parte de su día a día. El intento de feminicidio al que sobrevivió trajo situaciones que trastocaron su vida diaria: desde el no poder salir sola, hasta el desgaste del proceso de denuncia. Pero el problema se alargó con la persona que en ese momento era su pareja y transitó a otras formas de violencia. “Al tener un mes de novios pasó todo esto, las declaraciones, el retiro de puntos, las visitas al hospital, la denuncia, los abogados. Se portó

muy humano con mi situación de seguridad”, dice Tere. Pero lo complicado fue cuando él empezó a culparla de los problemas que él tenía, incluso de haber subido de peso. Fue muy difícil reconocer que esa misma persona que la había apoyado y cuidado ahora la estaba culpando de todo lo malo en su vida. Ella se dio cuenta de la situación que vivía de violencia con su novio al llegar a la colectiva Reconstruyéndonos Como Mujeres, luego de que su terapeuta la enviara a ella y a su novio a un proceso de terapia

individual. Al tomar el curso inicial descubrió que la violencia que más le estaba afectando era la de su novio: la psicológica y económica, no la violencia física del tipo que la había intentado matar. Y el primer paso que necesitó para poder salir fue justo reconocer que estaba viviendo esas violencias. Lo mismo le pasó a Vanessa, quien estuvo nueve años y medio en una relación violenta. Un día escuchó un comercial en la radio que hablaba de violencia económica y dijo: “ay, eso lo vivo yo”.


11 El que su novio le pidiera recibos de todo, cuentas de todo, era solo una parte de la violencia que vivía, que llegó hasta el maltrato físico, ya siendo madre de un niño y una niña. A Vanessa, una amiga suya le pasó el contacto de Recomu, cuando le contó que su entonces pareja le había roto el celular en una discusión. Al ir al grupo y contarles todo lo que estaba pasando, le dijeron que eso era violencia. “Eso me hizo decidir dejar la relación”.

La terapia, herramienta para salir Maricela se formó en el primer grupo de facilitadoras en Recomu, convirtiéndose en acompañante de otras mujeres. Tiempo después, terminó en una relación violenta en la cual, su entonces pareja, abusó sexualmente de ella. Fue muy difícil darse cuenta de que estaba viviendo lo que había visto que atravesaban otras amigas y conocidas, sobre todo porque ella también trabajaba en ese momento en el Ministerio Público de delitos sexuales. Cuando regresó a la terapia de Recomu fue muy simbólico y también sanador, porque ella había sido, en su momento, facilitadora de varias de las compañeras, conocía sus historias, sus luchas y procesos y las veía ahora empoderadas y sanadas. “Si llegaron como me siento ahora y ahora están así, quiero recuperarme”, se dijo. Una constante en Isabel, Teresa, Vanessa y Maricela, las cuatro mujeres que compartieron sus historias, fue que tomaron terapia para salir del círculo de violencia. Para Isabel, por ejemplo, atravesar la puerta para salir de la violencia fue menos difícil gracias a la terapia. Después de dos intentos encontró una terapeuta confiable, con la que se sentía cómoda, quien además tenía una perspectiva de género. “Ella me preguntó que qué me gustaba hacer y no pude contestarle. Como mujer, una se pierde en esas relaciones, se deja, se abandona, se te olvida quién eres y te adaptas al otro. Eso es parte del círculo violento: ‘si te tengo, chiquita, no te puedes ir’; eso es parte de ese círculo violento”. El consejo que Isabel le da a todas las mujeres que atraviesan estas situaciones es que, como ella,

vayan a terapia. Primero, que busquen una terapeuta, de preferencia mujer, y que tejan redes de apoyo, que encuentren sus espacios seguros. “Descubrí que las mujeres somos espacios seguros para otras y podemos serlo porque ya lo atravesamos, ya fuimos”. Para Tere también, el tomar terapia –lo cual aconseja– fue fundamental para reconocer que no estaba sola. Cuando tocó fondo y no vio otra salida, inició la terapia y poco a poco se fue empoderando, así logró terminar con su pareja. El mensaje más importante que esto le dio es que siempre hay alguien dispuesta a escuchar y a acompañar. Muchas veces, al atravesar por una relación violenta da pena, decir lo que pasa, porque nos sentimos culpables, dice Tere. Entonces la gente cree que todo está bien y no se acercan a preguntar si algo nos pasa. “Pero si tú dices que te pasa algo, siempre hay alguien que ayuda, siempre se puede abrir una puerta”.

El acompañamiento entre mujeres “Al no saber cómo en realidad se teje una relación afectiva, una transita en muchas formas de violencia de las que, incluso, yo no me daba cuenta, hasta que en algún momento una amiga me tendió la mano… bien dicen que es la amiga feminista de confianza. Ella me insistía que fuera y yo dije: ‘sí, quiero parar de sufrir’, y le tomé la mano”. Isabel comparte que una parte esencial para salir de la violencia fueron otras mujeres. Su amiga, la terapeuta y después las redes que empezó a crear. Ahora ha aprendido que el camino, cuando otra mujer está en una situación de violencia, es acompañarla. No juzgar, no aleccionar, no llenarlas de consejos, ni de reglas, ni decirles qué es lo que tienen qué hacer, porque casi nunca pueden darse cuenta de la situación en la que viven por estar inmersas en la violencia. Lo que siempre dice a otras compañeras es: “mírenme, no me morí. Les digo: sé lo que estás pasando, lo que sientes, te siento y te acompaño. Pero el spoiler de la película es que cuando sales de una relación violenta, sobrevives. Va a pasar un rato malo, pero es de ajuste. Es como el vuelo de avión

cuando sientes turbulencia, es un momento de reacomodo y luego retomar el vuelo. Eso va a pasar, vas a volver a sonreír”. Si no se atraviesa el proceso con toda su tristeza, enojo, como te sientas, no va a poder venir la reconstrucción, dice Isabel. Y aquí es donde apoyarse de mujeres que han pasado por esos procesos es fundamental. Maricela comparte este sentir de Isabel. Y agrega que algo esencial es la compasión hacia una misma. Pues de esa compasión, de esa paciencia y ese amor se puede extender la mano a quien esté pasando por lo mismo. “(Compartir) mi historia no era un tema que generara lástima o dolor; con ellas [las chicas que la acompañaban] fue un tema de reconocer mi persona: ‘Te escucho, te respeto mucho, reconozco este dolor que sientes, admiro cómo este dolor te está permitiendo compartir tu historia y esto nos permita sanar a otras’”. En este proceso, casi todas las entrevistadas comparten un acercamiento al feminismo. Solo Tere no se asume feminista, pero para Isabel, Maricela y Vanessa, el feminismo fue esencial en la recuperación y en retomar una vida sin violencia. Vanessa repite que todo lo que logró cambiar y replantear es un regalo del feminismo. “Creo que mi vida ahorita, sin el feminismo y separada de mi pareja, sería distinta, yo creo que ya habría entrado en otra relación, a lo mejor igual, violenta, o en una relación de dependencia. Para mí, el feminismo es algo muy importante porque nos invita a la autocrítica desde el amor, pero también a la crítica del sistema. Y a cuestionarlo todo, resignificarlo; hacer todo distinto. Y eso es algo muy bonito porque, como te digo, estamos en un sistema patriarcal… es fácil entrar de una relación a otra”. En palabras de Vanessa, el cuestionarse todo fue esencial para empezar a tener libertad y empezar a construir un lugar en el mundo, donde ella pudiera caber. El sistema patriarcal, dice, construye moldes en los que las mujeres tendríamos que encajar. Pero es a través del feminismo que se logra romper ese molde. Y si no hay uno para ti, lo puedes construir, donde cabes como una mujer única; entonces empiezas a aceptarte a ti misma. En el caso de Isabel, dentro de la

Escuelita Feminista que organiza El Taller AC, empezó a reconocer los círculos de manipulación de los que estaba formando parte. Darse cuenta de esto fue como meter un peso a una maleta y devolverlo. “Me hiciste creer que era mío, pero no, te lo regreso. No soy lo que tú dices, no estoy loca”. Maricela insiste en que es normal sentir culpa y dolor, y que la violencia está tan normalizada, que estos ciclos se repiten. Pero siempre habrá espacios como Recomu, espacios de amigas, redes de apoyo, que van a estar ahí, que no van a juzgar y van a ayudarnos a salir. Finalmente, es el tejido de las mujeres el que sirve como una cuerda para salir del foso, es el abrazo de una red de apoyo que ayuda a quienes comparten sus testimonios a quererse, aceptarse y salir de los círculos de agresiones… a cruzar el umbral. Porque una vida sin violencia y con nuevas maneras de relacionarse, es posible.

Apoyo Si necesitas ayuda, orientación y/ o acompañamiento, puedes acercarte a El Taller AC, teléfono de contacto en Puebla: 222 503 6352. Así como a Recomu; correo electrónico: recomupuebla@gmail.com. Igualmente, la Secretaría de Igualdad Sustantiva y de Género da atención jurídica y psicológica en los teléfonos: 222 240 1707 y 222 167 8495. Este trabajo fue publicado originalmente en LADO B que forma parte de la Alianza de Medios de la Red de Periodistas de a Pie. Aquí puedes consultar la publicación original. Aranzazú Ayala Martínez Periodista en constante formación, interesada en cobertura de Derechos Humanos y movimientos sociales. Reportera de día, raver de noche. Segundo lugar en categoría Crónica. Premio Cuauhtémoc Moctezuma al Periodismo Puebla 2014. Tercer lugar en el concurso Género y Justicia de SCJN, ONU Mujeres y Periodistas de a Pie. Octubre 2014

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Nochebuena

La flor mexicana que Estados Unidos hipertecnificó Los antiguos mexicanos la llamaban “flor de cuero” y ahora está dentro de las 10 flores de ornato más vendidas del mundo. Pero de esto, los productores mexicanos obtienen pocos dividendos. El mercado es dominado por Estados Unidos; ahí, la tecnificación de los invernaderos y las avanzadas técnicas de hibridación les permitieron desarrollar especies de cientos de colores y formas A R T U R O

C O N T R E R A S

C A M E R O

Fotos: Duilio Rodríguez

Diariamente, desde muy temprano, a las 6 de la mañana, comienza el trabajo de mantenimiento de las plantas que onsiste en regarlas, fumigarlas alimentarlas. Foto Duilio Rodríguez.


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Los invernaderos en donde los agricultores tienen las nochebuenas, deben mantener las condiciones de luz, temperatura, riego y alimentación adecuadas para que la flor se torne color rojo y puedan ser vendidas en diciembre. Foto:Duilio Rodríguez

“E

sta es la prestige, también hay una rosa que se llama Lun Ping, está la expunch. De las blancas, hay la polar y la new cracker”. Así explica Juan González, hijo de uno de los productores con mayor variedad de nochebuenas que hay en Xochimilco. “Yo creo que tienen nombres en inglés porque toda es importada”, dice sobre el origen de las flores que cultiva y vende. Juan tiene mucha razón. La nochebuena es una de las flores de ornato más vendidas a nivel mundial, sin embargo, su origen mexicano ya no es relevante. Estados Unidos se volvió en el productor más importante de la planta a nivel mundial. Originalmente su nombre era cuetlaxóchitl, en náhuatl; después nochebuena, bajo denominación novohispana. Pero hoy, el mundo la conoce como poinsettia, por el nombre del primer Embajador estadounidense en México; quien, en 1825, se llevó la planta de tierras mexicanas a Carolina del Sur. Actualmente, todas las variedades que existen de la planta son hibridaciones hechas en Estados Unidos. Tan solo en 2018, ese país produjo 61 millones de estas plan-

mienta de crianza. Actualmente, de las más de 100 variedades que existen a nivel mundial, más de la mitad fueron diseñadas en aquel país.

Esquejes

Por los canales de Xochimilco se transportan miles de plantas de nochebuena que serán vendidas en los principales mercados de la Ciudad de México. Foto: Duilio Rodríguez.

tas. México produjo un tercio de ese monto: unos 19 millones. Según aseguran varios productores, criar plantas a una escala industrial necesita una infraestructura muy especializada que rara vez se llega a tener en México.

Ese fue el acierto del Embajador Joel Roberts Ponsett, quien después de llevarse la planta a Estados Unidos, la repartió entre botánicos y aficionados. En sus invernaderos, la hibridación artificial fue la principal herra-

“Nosotros, lo que compramos son los esquejes”, explica Juan González. Él, como la mayoría de los productores de Xochimilco, compran los esquejes, ramas que se cortan de la planta y que, tras ser sembradas, generan raíces y hojas nuevas. Compran a la empresa Floraplant. Según coinciden todos, el origen de esas plantas es el país del norte. En los invernaderos de Juan González y su padre, quien tienen el mismo nombre, las variedades de flores saltan a simple vista. Hay unas rojas color vino, otras con las flores retorcidas como rehiletes, unas rosas y algunas naranjas. También hay unas con pigmentación jaspeada entre rojo y amarillo, otras completamente blancas y unas color marfil. ¿Por qué no se desarrollan tantas variedades en México como en Estados Unidos? Los productores de la zona no tardan en responder: en el País no se tiene la tecnología o el desarrollo industrial para lograrlo.


14 Como muchas de las plantas endémicas de México, como las dalias, el cempasúchil o el propio maíz, las nochebuenas fueron sujetas a un proceso de mundialización. La segregación de la planta a nivel mundial se dio alrededor de la década de los 60 del Siglo pasado. En ese entonces, Paul Ecke Jr, un floricultor californiano, la promocionó a través de televisión. La exposición en programas transmitidos en cadena nacional ayudaron a que sus flores se diseminaran por toda la Unión Americana. Actualmente, su empresa es la mayor productora de poinsettias en el mundo, con un control de más de la mitad de las nochebuenas que se venden en ese país. Curiosamente, cultivadores de la flor aún vienen a México a buscar esquejes con ciertas características específicas. Con ellas, después diseñarán nuevas especies. A pesar de que México exportó en 2018 más de 108 mil dólares en nochebuenas a Estados Unidos, las importaciones de ese país al nuestro superaron los 16 millones de dólares. “Tú vas allá y lo que ves son invernaderos que riegan solos, que corren los techos automáticamente y que controlan la temperatura con sensores especiales”, explica el doctor Armando Ibarra, quien además de ser médico, es ejidatario y productor de flores en Xochimilco.

Los agricultores de nochebuena. Foto: Duilio Rodríguez.

de los xochimilcas con las casi 30 millones de unidades que produce el Rancho Ecke, la diferencia es abismal. Tanto al doctor Ibarra como a su amigo Martín Telésforo les gustaría tener invernaderos más tecnificados. Pero las ganancias que obtienen de cada plantación no les dan para lograrlo.

Oscuridad necesaria “A esta planta lo que la hace florecer es la oscuridad. necesita de unas 12 a 16 horas de oscuridad. Se oscurece todo y parece que es de noche. No debe haber filtración de luz”, explica Martín Telésforo, otro de los floricultores de Xochimilco. Lo hace mientras corre, con ayuda del doctor Ibarra, unos rudimentarios plásticos negros que usan en su invernadero para el cuidado de las flores. Precisamente ese detalle, el de las horas de oscuridad, fue el que los productores de Estados Unidos identificaron rápidamente. Esto les permitió desarrollar una industria imparable. “Yo produzco unas 15 mil flores para esta temporada. Pero la mayoría de los productores de aquí de Xochimilco producen arriba de 25 mil plantas”, dice el doctor Ibarra, orgulloso de su modesta producción. Él compra unos 5 mil esquejes que luego crece para reproducir en

Arturo Contreras Periodista en constante búsqueda de la mejor manera de contar cada historia y así dar un servicio a la ciudadanía. Analiza bases de datos y hace gráficas; narra vivencias que dan sentido a nuestra realidad.

Agricultores y vendedores de nochebuena, llenan camiones y camionetas para su venta en mercados de la ciudad. Foto: Duilio Rodríguez

5 plantas más. Así, si compra 5 mil esquejes, puede llegar a tener una producción de 25 mil plantas, lo

que le ayuda a mejorar sus ganancias. Si se compara la producción

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Serie: #CaminoAEncontrarles Historias de búsqueda

El desafío de buscarles vivos No todas las personas desaparecidas están muertas. Muchas están vivas y son víctimas de redes de trata, trabajo forzado o están impedidas para volver a casa. El colectivo Búsqueda Nacional en Vida reúne a madres de todo el País que se dedican a buscar a sus hijas e hijos en esas circunstancias y a veces encuentran a los hijos suyos o a los de otras mujeres PALOMA ROBLES ILUSTRACIÓN: LA LECHUGA ILUSTRADORA

A

la cárcel del municipio de Tonalá, Jalisco, en el occidente de México, llegan 22 mujeres que esperan su ingreso en la fila de visita. Ellas no son familiares de los internos, no conocen a nadie adentro. Son madres que buscan a sus hijos e hijas desaparecidas y que forman parte del colectivo Búsqueda Nacional en Vida. Es 10 de marzo de 2020, las mujeres llegan vestidas de negro al penal de Jalisco sin celulares, libretas o plumas, como obliga el protocolo de ingreso. Entran sólo con la foto de su hija o hijo impresa en papel o estampada en sus playeras. “Nos adaptamos a los requisitos que cada penal tiene (...) no alhajas, no aretes, no collares, no broches en el pelo, no tenis con agujetas, no calzado de huarache, tacón tampoco”, dice Rosaura Magaña, integrante del colectivo y enfermera jubilada.

Ella busca en la cárcel de Tonalá algún rastro de su hijo Carlos Eduardo Amador Magaña, desaparecido junto con 3 muchachos por policías ministeriales de Tlaquepaque, Jalisco, en julio de 2017. Rosaura no acepta perder a su hijo así, “de repente”, y se sostiene en la fe de que Carlos Eduardo está vivo: “Mi hijo tenía 20 años cuando se lo llevaron,


16 ahora tiene 24 años, mi hijo está en una edad productiva, entonces yo hasta el último momento voy a esperar a encontrarlo en vida”. Dentro del penal las mujeres apenas tienen unos minutos para recorrer los módulos, cotejar tatuajes y otros rasgos físicos, exhibir las fotos de sus hijos o hijas por los pasillos enrejados y ganarse la confianza de los internos. Muchos son jóvenes olvidados por sus propias familias. “Ahí los tienen”, dice María de la Luz López Castruita, líder del Colectivo. “Sabemos que no hay comunicación con las familias. Inclusive hemos encontrado chicos que nos dicen: ‘tengo 5 años aquí y mi familia no sabe que aquí estoy’”. Cuando les muestran las fotos, a veces los reclusos les dicen que los vieron en algún lugar o les comentan que sus hijos fueron compañeros suyos de trabajo. Si la fecha de desaparición es anterior a los hechos que relatan los presos, entonces surge una línea de investigación. Ruth Gumersindo es mamá de Marco Antonio Guerrero, desaparecido hace 11 años en Altamira, Tamaulipas. El joven tenía un tatuaje en el antebrazo derecho con el nombre de su hija Jimena. Desde aquella región del norte Ruth viajó a Jalisco para sumarse a la brigada. Ella explica que en las cárceles los celadores les rayan un número en sus brazos y las acomodan de tal forma que no estén cerca de los reclusos. “Cuando vemos que se quedan viendo mucho a las fotos, que voltean y se regresan, entonces ya podemos preguntarles: ¿Se te hace conocido? ¿Crees haberlo visto?”. Ruth encontró pistas de su hijo en el Centro Preventivo y de Readaptación Femenil de Tonalá. Allí, 2 mujeres reclusas le aseguraron haberlo visto en la enfermería del Penal Preventivo de varones. “Pasa una chica y lo observaba y lo ve y me dice: ‘yo lo conozco’. ¡Ya te imaginarás! ¡Sentí que el hígado se me subía hasta las orejas!”, recuerda emocionada. Ahora lo que sigue para Ruth es regresar a su estado, ir a la fiscalía y ampliar su denuncia, diciendo que estuvo en Jalisco y que existe la posibilidad de que su hijo se localice en ese estado. Para dar seguimiento al caso del hijo de Ruth, las comisiones locales de Búsqueda y de Derechos Humanos, tomaron la declaración de una de las internas y elaboraron un informe con los detalles de un “posible positivo”. Este es un concepto que repiten las madres al referirse a las pistas certificadas que cada una con-

Las señales de alerta se encendieron. Reencuentro de Adolfo con su familia, 14 de marzo del 2020. Fotografía: Cortesía Colectivo Búsqueda en Vida

día que vio a su hija. Era miércoles 13 de agosto de 2008; Irma tomó sus cosas y se fue de casa sin permiso. Tenía días buscando pretextos para ir a un concierto de Caifanes en Saltillo. Lucy pensó que era una rebeldía más de su hija, pero Irma no volvió. Su esperanza es encontrarla con vida. Desde entonces se ha dedicado a organizar labores de búsqueda en grupos, con los que recorre calles, hospitales, salas de emergencia, centros de rehabilitación o de detención de menores, clínicas psiquiátricas. Y ahora, las cárceles. En esos lugares las madres buscan una pista, un testimonio, una descripción que las ayude a encontrar en algún sitio a sus desaparecidos.

‘Nos están esperando’

María de la Luz López Castruita, Lidia Lara y Rosaura Magaña, integrantes del colectivo. Fotografía: Cortesía Búsqueda Nacional en Vida

sigue para integrarlas a las carpetas de investigación de sus hijas e hijos desaparecidos. “Somos puras madres con dolor, puras madres, que nos urge, localizar a nuestros hijos”, dice María de la Luz

López Castruita, que desde hace más de 12 años recorre el país con la foto de su hija, Irma Claribel Lamas López, desaparecida en Torreón, Coahuila, a los 17 años. Lucy recuerda muy bien el último

En México las instituciones de justicia están empeñadas en convertir a las personas desaparecidas en cifras de muertos o restos hallados en fosas. Por eso la labor de Búsqueda Nacional en Vida es todo un desafío que reta las inercias y las omisiones de la impunidad. “Las familias ya estamos cansadas de buscar a nuestros familiares en basureros, en cuevas, en ríos en montes. A ellos se los llevaron vivos y por eso vivos los estamos buscando. Exigimos a las autoridades que hagan su trabajo. Si no lo hacen, que apoyen a las familias para que podamos hacer búsqueda en vida porque ya estamos cansados de buscarlos en


17 muerte”, es una de las consignas que más repiten en sus manifestaciones las madres de Búsqueda Nacional en Vida. El colectivo nació en el año 2017, en Coahuila, donde organizaron su primera jornada de búsqueda, acompañadas por el obispo Raúl Vera, figura clave en la defensa de los derechos humanos. A su causa se han sumado más de 100 familias de todo el país que se organizan por whatsapp y dos veces al año salen a jornadas de búsqueda. Han recorrido distintos estados: Coahuila, Oaxaca, Veracruz, Michoacán, Guerrero, Morelos y Jalisco. Las técnicas de investigación de este colectivo de mujeres pueden compararse con las más profesionales de la autoridad. Ahora saben cómo conseguir la sábana que registra las llamadas telefónicas de los celulares de sus hijos o sus hijas para revisar desde dónde y a quién llamaron antes de que les perdieron el rastro. También revisan las redes sociales, verifican si sacaron dinero de un cajero automático o si pidieron un taxi. Al seguir la pista de su hija, Lucy López supo que Irma había tomado un carro de sitio para buscar una dirección a un hora de distancia de su casa. Con la ayuda de los choferes de su barrio, logró rastrear en pocas horas el último lugar donde Irma había estado. “Duramos ahí como unas dos horas, entonces le hablamos a la patrulla. Estaban ahí los policías tratando de que abriera la puerta y entonces me dice uno, ‘señora vaya y ponga la denuncia porque su hija es menor de edad y esto es secuestro”. Así, Lucy supo que su hija había quedado atrapada en una red de trata. Desde ese día 13 de agosto de 2008 su propósito ha sido encontrarla viva y en cada entrevista que da a la prensa aprovecha para enviar recados a su hija. “Me gustaría que [este mensaje] llegara a Cari, me gustaría que llegara a mi hija, que ella viera que yo no he dejado de luchar, que voy a seguir luchando hasta que me muera. El último suspiro lo voy a entregar a ella, a la búsqueda”, dice en entrevista. Lucy explica que las autoridades no le han puesto interés a la búsqueda de personas vivas. Los esfuerzos se han concentrado al rastreo de cuerpos enterrados en fosas y al final de cuentas no dan los resultados que ellas quisieran. “Se están llenando los laboratorios de restos y restos y restos y las autoridades no le están poniendo in-

las calles

terés a la búsqueda en vida” comenta Lucy, impaciente de encontrar a todos los desaparecidos vivos que -dice- les “están esperando”. La justicia tiene una deuda con ellas. Los gobiernos a veces la asumen y a veces, no. Ella es una de las afortunadas porque ha contado con el apoyo de las autoridades de su estado. Pero la mayoría de las veces las madres y sus acompañantes cubren sus gastos individuales y hacen colectas para saldar los costos. Algunas cuentan con viáticos porque están inscritas al Registro Nacional de Víctimas. Sin embargo, para su última caravana en Jalisco, el RENAVI incumplió los compromisos firmados y las madres tuvieron que pedir 60 mil pesos para pagar su transporte. Todavía conservan esa deuda. En el último año, el RENAVI sufrió un recorte y el fondo para búsquedas ya no admite el registro de nuevas familias. En delante, no contarán con recursos para buscar. Así, las familias del colectivo se organizan por cuenta propia ante la falta de resultados de las autoridades. Cada historia les comprueba, que por la ruta institucional los casos de desaparición de sus hijos e hijas quedan empantanados en el eterno papeleo y la omisión de ministerios públicos empeñados en perseguir causas penales desde sus oficinas, sin salir a campo.

Rosaura Magaña explica que las fiscalías no atienden con prisa las denuncias por desaparición, las primeras diligencias demoran entre 15 a 30 días y lamenta que sólo envían oficios a otras dependencias pero no salen a buscar. A pesar de la urgencia, apenas hace dos años existen comisiones gubernamentales para la búsqueda de personas a nivel federal y estatal, y no siempre están encabezadas por gente experimentada. Son tan recientes que en los hechos no queda claro su papel en las investigaciones. Esta falta de claridad deriva en una rivalidad cada vez más evidente con las fiscalías. A noviembre del 2020 México acumula más de 79 mil 500 personas desaparecidas y no localizadas, pero apenas en agosto pasado entró en vigor un protocolo homologado de búsqueda que intentará facilitar la recuperación de personas con vida. Las cifras del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, presentadas en julio pasado, revelan que 104 mil 652 personas fueron localizadas con vida. Pero la autoridad no especifica la causa de la ausencia, y solo reconoce que 303 son casos de personas desaparecidas de forma involuntaria. O sea, a la fuerza. La misma cifra actualizada a noviembre arroja 803 casos.

Los secretos se guardan también en

Por la noche, entre las trabajadoras sexuales que recorren las calles, las brigadas del colectivo también buscan a mujeres que podrían ser víctimas de trata, explica Lucy López al pensar en su propia hija Irma Claribel. “Estamos conscientes de todo lo que puede pasar con nuestros hijos. También sabemos que si desaparecieron y si no estaban metidas en el crimen organizado, si no se metían con nadie y, era una chica bonita, atractiva, no la van a secuestrar para matarla, se la van a llevar para trabajarla”, dice en entrevista. Las buscadoras contrastan sus propios registros de trabajadoras sexuales con los que tienen las unidades municipales de sanidad, donde las mujeres actualizan el tarjetón que acredita que no padecen ninguna enfermedad de transmisión sexual. En esa oficinas les muestran archivos con fotos y apodos de las mujeres que llegan a salubridad y aunque es información muy confidencial, con los años han logrado que las autoridades confíen en ellas. Lucy no titubea al decir que sus hijas podrían estar atrapadas en redes de trata y sus hijos retenidos y forzados a trabajar para el crimen organizado. “Sabemos que hay campos donde tienen trabajando a los muchachos (...) los mantienen con vida porque les sirven más con vida; a las chicas, les sacan más dinero con vida.”, apunta la líder del colectivo. Patricia López busca a su hijo Pablo Sánchez López, un joven de 24 años, desaparecido el 16 de marzo de 2013 en el centro de Morelia, Michoacán. Para ella, las personas que viven en la calle son la mejor fuente de información. A ellas pregunta si han visto a Pablo y a su vez indaga si alguna persona está perdida. La obsesión de Patricia por las calles comenzó hace aproximadamente un año, cuando encontró en Hermosillo, Sonora, a César un joven originario de Jacona, Michoacán, que llevaba 8 años perdido. Los mismos 8 años que Patricia ha buscado a su hijo. El Regreso de César a casa no fue fácil, en su familia había resistencia de acogerlo de nuevo. “A veces no estamos preparadas para recibirlos”, confiesa Patricia. Cada noche durante las brigadas de búsqueda, como la realizada en Jalisco en marzo pasado, las mujeres hacen un recuento de los hechos y los dichos recolectados. Con la ayuda de “los solidarios”, que son jóvenes de


18 distintos estados que apoyan a las madres durante esas jornadas, ellas registran las instituciones o lugares que visitaron y el nombre o apodo de quien les dió información. “Se hace una minuta y una bitácora de las actividades que se realizan día a día y se pone el número de módulo, el tiempo, la fecha, el número de celda, y ya se hace ese registro”, explica Rosaura Magaña, en entrevista. Los datos recolectados sirven para afinar sus estrategias de búsqueda. Por ejemplo, en el Hospital Civil de Guadalajara, el personal recomendó a las madres buscar en los centros psiquiátricos de servicio público. Ese tip arrojó un buen resultado.

¡Bienvenido, Adolfo!

La tarde del viernes 13 de marzo afuera del Instituto Jalisciense de Salud Mental (SALME), ubicado a 15 minutos del Aeropuerto de Guadalajara, en Tlajomulco, bajo un árbol que la protege del calor de la tarde, Martha Montelongo comparte un refresco mientras conversa con otras madres de la brigada. Martha Montelongo es mamá de Rocío Lizbeth Medina, desaparecida en Tamaulipas, hace siete años. Con sus compañeras espera noticias sobre Adolfo, un joven de Veracruz que en su visita por los pasillos del sanatorio detectaron el día anterior: estaba ingresado en calidad de desconocido y cuando se detuvieron ante él les dijo que ayudaran a regresar con su familia. Adolfo tenía tres años desaparecido. Su familia lo buscaba, pero no había presentado una denuncia. El joven, tenía 5 días de haber ingresado en el SALME, a donde lo llevaron policías municipales que lo detuvieron porque, según ellos, iba en estado alterado. Quedó registrado sin nombre completo y nadie en la institución verificó sus datos. Tras dos días de trámites ante las comisiones de búsqueda de Jalisco y Veracruz, el colectivo logró que la familia de Adolfo viajara a Guadalajara para regresarlo a casa. La noche del sábado 14 de marzo el muchacho se encontró de nuevo con su mamá. En los pasillos del psiquiátrico todo fue fiesta y cantos y se escuchaban los aplausos y gritos de emoción: “¡Bienvenido! ¡Bravo! (...) ¡Sí se pudo! ¡Sí se pudo! ¡Sí se pudo! ¡Sí se pudo! ¡Bienvenido, Adolfo! ¡Te queremos!”. “Fue bonito reencontrarlos”, dice Lidia Sanchez Tobón, quien busca a su hermano Ángel Gabriel Tobón Fuentes, de 17 años, desaparecido el 6 de junio de 2017 en Boca del Río.

Las Integrantes de Búsqueda Nacional en Vida en su paso por Jalisco. Fotografías: Paloma Robles

Irma Claribel, hija de María de la Luz López Castruita, durante el performance de cena de Navidad en Ciudad de México. Fotografía: Cortesía Colectivo Búsqueda en Vida

Ella fue quien descubrió a Adolfo cuando caminaba por los pasillos del SALME. Justo, semanas antes de unirse a la brigada de Jalisco acompañó a otra brigada de búsqueda en Veracruz donde había visto el rostro de Adolfo impreso en un cartel que lo exhibía como desaparecido. Por eso, cuando lo vio se le hizo conocido. “Puede ser que algún día yo voy a encontrar a mi hermano”, dice Lídia emocionada. A Lídia este tipo de reencuentros le regresan la esperanza: “Es la luz, es lo que tengo para seguir de pie. Porque créeme que cuando nos aferramos a buscar y a veces buscamos

solo en campo. Llegas a tu casa tan devastada porque dices: hoy no lo encontré”. Ella se refiere a las exhaustivas caminatas que emprenden los familiares de desaparecidos en cerros, valles, praderas y desiertos, buscando fosas clandestinas para exhumar cadáveres, una labor dolorosa a la que también se enfrentan en la búsqueda de sus familiares. A pocos días del reencuentro de Adolfo con su familia, el 18 de marzo, la brigada de búsqueda por Jalisco quedó suspendida por la pandemia de Covid-19. Pero como les ocurre siempre después de cada jornada de búsqueda, las mujeres del colectivo volvieron a sus estados con conocimiento acumulado. En estos años han ganado experiencia en investigar mejor, dialogar con autoridades, coordinar apoyos de otras organizaciones y preparar cada vez con más detalle sus jornadas de búsqueda.

la capital del País, en noviembre de 2019, en el Monumento a la Madre. Ahí, Herminia Castañeda Domínguez, mamá de Jorge Ulises Grijalva Castañeda, desaparecido en Torreón, Coahuila, en 2012, toma la mano de una figura de cartón e imagina que su hijo está vivo y sentado en una mesa larga, rodeada de otros comensales. Como está de regreso, Herminia le cuenta las novedades de la familia. “Hijo, por más que te buscamos en ese tiempo andaba en búsquedas equivocadas, no hice lo que estoy haciendo ahorita: buscarte vivo. Pero gracias a Dios ya te trajo sin la necesidad de que yo ande sufriendo más buscando y haciendo cosas que no puedo”. La idea de cenar con sus hijos de cartón, en una cena navideña ficticia, es su manera de exigir a las autoridades que se profesionalicen en este tipo de búsqueda de personas retenidas contra su voluntad, que, según Lucy, ni siquiera saben hacer. “Queríamos decirles: ‘así es nuestra cena, preocúpate por buscarlo’, porque ya no queremos una cena de cartón, porque nuestras cenas, nuestras comidas, ya no nos saben ricas (...) Porque no sabemos si él está cenando o cómo la está pasando”, reclama Lucy. Con los años, el bloqueo emocional que dicen sentir en los primeros meses de ausencia se desvanece y se convierte en energía que les permite sostenerse -dice Rosaura- en “la fe y la esperanza”, de que vivos los van a encontrar y de que, con todo el conocimiento que ahora tienen, rescatarán a tiempo a sus familiares. Este texto forma parte de la serie “Camino a encontrarles: Historias de búsquedas”. Un proyecto de podcasts y reportajes escritos y coproducidos por A dónde van los desaparecidos, IMER noticias y Quinto Elemento Lab.

Hablarles en presente

Las madres del grupo se han acostumbrado a los trayectos largos en camiones que las transportan de ciudad en ciudad; a peregrinar por calles que nunca habían pisado y a reclamar justicia en público y ante la autoridad. En sus protestas recurren a puestas en escena y performances en los que se permiten imaginar que ya encontraron a sus hijos vivos. Así ocurrió en su último viaje a

Quinto Elemento, Laboratorio de Investigación e Innovación Periodística A. C. es una organización independiente, sin fines de lucro, que busca alentar y realizar reportajes de investigación que empoderen a los ciudadanos, fortalezcan la rendición de cuentas y ayuden a construir una sociedad más justa y transparente.


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Serie: Migrar bajo las reglas del Covid El Covid-19 detuvo en México a la bebé haitiana que cruzó la selva del Darién La Nena, su madre y su padre permanecen desde enero de 2020 en un limbo. La travesía comenzó en la desértica ciudad de Arica, norte de Chile, en noviembre de 2019, y sigue pausada en la selvática ciudad de Tapachula, Chiapas, a más de 5 mil kilómetros y casi 12 meses de distancia R O D R I G O

S O B E R A N E S

Fotos: Javier García

Q U I N T A

E

P A R T E

l Covid-19 frenó en la frontera sur mexicana la marcha, desde Chile, de una niña haitiana de pocos meses de nacida. La Nena sobrevivió a seis días sin comer -días en que bebió solo agua con sal o azúcar-, durante una caminata de dos semanas, a través de la selva de Colombia y Panamá, a finales de 2019. La Nena, su madre y su padre permanecen desde enero de 2020 en un limbo, causado por la llegada de la pandemia. La travesía comenzó en la desértica ciudad de Arica, norte de Chile, en noviembre de 2019, y sigue pausada en la selvática ciudad de Tapachula, Chiapas, a más de 5 mil kilómetros y casi 12 meses de distancia. El caso no es excepcional. Cen-

tenares, sino miles de migrantes haitianos se han convertido en parte del paisaje de Tapachula en estos meses. Se les ha podido ver caminando desde primeras horas de la mañana por el centro de la ciudad comercial, principalmente en las inmediaciones del Mercado Sebastián Escobar, donde muchos trabajan vendiendo chips de telefonía, frutas y verduras. También se les podía encontrar en las colonias de la periferia, congregados en lugares con wifi abierto y dentro de cuarterías, donde el alquiler se paga por día, semana o mes, en circunstancias de hacinamiento y precariedad. En octubre de 2019, un año después de la primera caravana migrante que, nutrida por miles de

personas centroamericanas, entró en estampida a México, empezó a crecer la presencia haitiana en la frontera sur. No eran personas solas, sino familias que fueron llegando para integrarse al panorama multicultural que estaba instalado en Tapachula, la segunda ciudad en importancia de Chiapas, la más cercana a Guatemala. A partir de marzo de 2020, con el azote de la pandemia, el flujo migratorio centroamericano disminuyó notablemente y el paisaje de la ciudad cambió. El regreso de personas guatemaltecas, salvadoreñas y hondureñas, a sus países de origen, dejó a la vista una numerosa población haitiana en las calles. Su presencia se notaba al recorrer las calles a principios de agos-

to, cuando visitamos la ciudad en plena pandemia. Frente al mercado de Tapachula, sentados en el suelo, junto a las manualidades, las verduras, ajos y brebajes curativos que tienen a la venta, un grupo de personas haitianas escuchaba reggae cantado en creole. Una de ellas, Katiana Joshef, alcanzó a decir, en su inexperto castellano, que ella y sus amigos estaban ahí, llegados desde Chile, porque “el Presidente Piñera habla mal de Haití”. Desde el Cono Sur llegó también Julién, un emprendedor haitiano atraído por las noticias sobre la reciente creación de un asentamiento de sus compatriotas en Tapachula, que se encontraban esperando la resolución de sus trámites migratorios, y que vio una oportunidad de


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Una mujer haitiana recibe un corte de cabello en una barbería instalada por un ciudadano haitiano en Tapachula. Fotografía: Javier García.

Sergoi pasea a su hija en una carriola por las calles de Tapachula, tras buscar un punto con señal abierta de wifi.

manitaria han sido de personas haitianas. No hay posibilidad de saber cuántas han llegado. Hay familias que vienen de Brasil, Panamá o Chile. Vienen con viajes de seis meses encima y con un estado de salud muy precario”, dijo en llamada telefónica Fermina Rodríguez.

Fotografía: Javier García.

La historia de La Nena negocio: a una cuadra del parque central puso un restaurante que sirve arroz con frijoles, bacalao a la criolla o plátano, pollo y cerdo fritos (o griot, su nombre en la carta), además de una barbería especializada en cabelleras afrocaribeñas. “Los haitianos somos inteligentes, hacemos negocios como los chinos”, dijo con orgullo el nuevo empresario. Fermina Rodríguez Velasco, técnica en Integración Social del Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova, una organización que da atención a la población migrante y refugiada en la frontera sur, explicó que, debido al Covid-19, la atención humanitaria se ha dado por teléfono. El número de llamadas a partir de marzo fue mayoritariamente de

personas haitianas. El registro de esas llamadas que lleva la organización, a falta de censo oficial, permite tener una idea aproximada de la cantidad de personas de una u otra nacionalidad que llegan a esta región. Son personas que -como narran los capítulos anteriores de la serie Migrar bajo las reglas del Covid-, viajaron a pie por rutas escondidas, retomaron los viajes colgados en los techos de trenes, encontraron cerrados los albergues donde se suele ayudar a la población migrante, sobrevivieron a los ataques de pobladores locales que los consideraban transmisores del virus y a la represión por parte de las autoridades migratorias mexicanas. “A partir de marzo, la gran mayoría de demandas de ayuda hu-

Años antes de que naciera La Nena, en septiembre de 2016, su madre, Velnays, trabajaba como encargada de una tienda en Puerto Príncipe, capital de Haití. Ahí sufrió un asalto a mano armada. “Yo pasé como seis años trabajando en un negocio. Entraron cuatro personas ladronas con pistola. Venían a buscar el dinero. Yo tenía la responsabilidad del negocio. Me dijo la persona ‘pasa la plata, pasa la plata’. Uno dijo: ‘mátala’; otro dijo que no”, recordó en una entrevista realizada el 31 de julio, en la calurosa habitación que compartía con su pareja y su bebé. Mientras hablaba, Velnays resoplaba y sudaba. Su cuarto contaba con poca ventilación y se le notaba visiblemente incómoda debido al calor.

Decidió entregar el dinero y los asaltantes se fueron. La segunda sorpresa de ese día se la dio su jefe. “El jefe viene y dice ‘¿cómo pasó la plata? Usted es igual que las personas (ladrones)’. Llamó a la policía”, según contó, haciendo un esfuerzo por hablar en español, ella respondió: “¿Cómo igual que el ladrón? Mi vida es importante”. Velnays relató que su ex jefe le respondió: “Tu vida es importante para ti. Para mí, no”. Es un recuerdo que le seguía alterando durante la entrevista, en la cuartería, ubicada en la zona norte de Tapachula, donde vive con su hija y su marido. Ese altercado y el terremoto de magnitud 7 en la escala Richter que destruyó al país caribeño en 2010, la hizo ser parte de la diáspora haitiana hacia Chile. Encontró esa oportunidad cuando Chile envió a sus Fuerzas Armadas como parte de la ayuda humanitaria de la ONU. El vínculo entre los uniformados y la población local pavimentó la preferencia haitiana por viajar a ese país sudamericano, además de una legislación antigua (vigente desde la dictadura de Pinochet), que permitía el ingreso


21 sin visa a los ciudadanos de Haití. En 2016, la diáspora haitiana empezó a sentirse en Chile. Ese año entraron al país 48 mil 783 migrantes provenientes de Haití. Más de los que se habían registrado en los tres años anteriores juntos. En septiembre, Velnays y su pareja, Sergoi, llegaron a Santiago. Se establecieron en Puente Alto, una comuna periférica de la capital chilena, en un cuarto diminuto. Al año siguiente, en 2017, el número de haitianos que aterrizaron en Chile fue más del doble: 104 mil 782. Un informe reservado de 2017, que estuvo en las manos de la ex Presidenta Michelle Bachelet, señalaba que “se aprecia que el incremento extraordinario de los flujos de ciudadanos haitianos ha generado una compleja realidad social que afecta a una proporción importante de ellos”. En esa ocasión, se levantó un requerimiento simple para los ciudadanos haitianos que ingresaran al país: una visa consular, que establece un periodo máximo de estadía en el país y la identificación de las personas. Pese a ello, el flujo de migrantes procedentes de Haití siguió creciendo: para 2018 ya se habían convertido en la tercera comunidad extranjera más grande del país, con 179 mil 338 personas, solo por detrás de venezolanos y peruanos. En 2018, Sergoi consiguió trabajo en una oficina del centro de Santiago. Él y Velnays se mudaron a un barrio más céntrico. Según su relato, ese año, en el camino de ida y vuelta al trabajo, vivió dos episodios de discriminación en la calle. Preguntamos, pero se mostró incómodo y no quiso precisar lo ocurrido. De acuerdo al testimonio de Sergoi y Velnays, tras la llegada a la presidencia de Sebastián Piñera en marzo de 2018, los ánimos antiinmigrantes se caldearon. Y ambos empezaron a sentirlo en carne propia. En abril de 2018, el Gobierno de Piñera ideó un plan para regularizar a los extranjeros con la intención de “ordenar la casa”. Al anunciar el aumento de requisitos para postular a visas, dependiendo del país de procedencia, el Presidente aseguró que "la inmigración en Chile está fuera de control". A partir de entonces, la gente de Haití necesita una visa para ingresar al país, aunque sea por turismo, con un tope de estadía de 30 días. Un tercer incidente violento hizo que Sergoi y Velnays decidieran

La ACNUR ha intentado atender la emergencia humanitaria entre la población haitiana varada en Tapachula. Fotografía: Ángeles Mariscal / Chiapas Paralelo

Sergoi viajó con su familia por tierra desde Chile hasta Tapachula y sigue esperando respuesta a su solicitud de asilo. Fotografía: Javier García

marcharse de Chile: en octubre de 2019, poco tiempo después de nacida La Nena, Sergoi fue asaltado en la calle. Le robaron el celular y dinero. Debido a que era un inmigrante sin papeles, no pudo interponer una denuncia ante los Carabineros, el cuerpo de policía chile-

no. Hasta ahí llegó su paciencia. La Nena nació en septiembre de 2019. Su nacimiento está en los registros de algún hospital de Santiago, del que sus padres no recuerdan el nombre; su salida de Chile está registrada por la frontera norte de Chacalluta, dos meses después,

en noviembre de ese mismo año. Según registros entregados a través de transparencia de la Policía de Investigaciones que se encarga de los pasos fronterizos, como en México lo hace el INM, 268 personas haitianas cruzaron ese puesto fronterizo en 2019. Detrás de estas cifras están personas que encarnan una nueva diáspora haitiana, esta vez hacia el norte del continente. De acuerdo al relato de Sergoi, la pareja tenía un dinero ahorrado que usaron para comprar pasajes de avión desde Santiago hasta Arica, la última ciudad del norte de Chile. Desde ahí, en noviembre de 2019, avanzaron hacia la línea fronteriza en contraflujo de los migrantes colombianos que llegan caminando, de manera clandestina, por parajes desérticos no autorizados, donde aún hay una cantidad indeterminada de minas antipersonales, colocadas por el régimen de Augusto Pinochet, a finales de los años 70. En Tacna, la ciudad más austral de Perú, llegaron a la terminal de buses, ubicada junto a una pequeña plaza, conocida entre la población local como “el muro de los lamentos” porque ahí deambulan personas en tránsito que fueron rechazadas en la frontera. Sergoi, Velnays y La Nena siguie-


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Miles de personas procedentes de Haití han quedado atrapadas por la dilación de los trámites migratorios causada por el coronavirus. Fotografía: Ángeles Mariscal / Chiapas Paralelo

ron en un viaje de 20 horas en autobús hacia Lima. Desde la capital peruana tomaron otro bus hacia la frontera con Ecuador, aproximadamente 20 horas más. Después entraron a Colombia para seguir hasta el norte y, finalmente, enfrentarse al Tapón del Darién, el tramo selvático que corta la carretera Panamericana y es imposible de cruzar a bordo de un vehículo. Un lugar extremadamente peligroso, controlado por grupos armados. Contrataron a alguien que los guiara. Pagaron 40 dólares por persona, incluyendo a La Nena. “Pasamos 14 días caminando con la niña. Seis días sin nada para comer, ¡nada, nada! La niña tenía dos meses. Tomaba agua con poquito de sal y un poquito de azúcar. Mucha lluvia, mucha agua siempre. Muchas personas se fueron al río en Colombia para Panamá”, recuerda Sergoi de ese viaje. Con un precario castellano, pues su idioma natal es creole, su relato se construye con palabras como “mafia”, “pistola”. Frases como “quitaban teléfono”, “tienen muchos hombres y quitaban plata” o “mucho problema con haitiano, todo es muy complicado”. Velnays también tiene vívido el recuerdo de la falta de alimento para su bebé. “Fui para la selva. Pasé 14 días caminando. Es muy difícil. Seis días no comí nada. Solamente agua, ¡solamente agua! No tenía leche, paña-

les, nada, nada, nada”, nos dijo.

Un nuevo país, una nueva normalidad Tras cruzar en buses Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador y Guatemala, la familia llegó a México. El 23 de enero de 2020 quedaron varados en Tapachula, con La Nena, sufriendo un intenso cuadro de urticaria, cuando las autoridades mexicanas los confinaron en la Estación Migratoria Siglo XXI, durante 23 días. Al salir, a mediados de febrero, el coronavirus ya había llegado a México y el mundo había cambiado. Realizaron la solicitud de refugio ante la Comisión Mexicana de Ayuda al Migrante. A la fecha, su caso está aún en trámite. A inicios de octubre, esta comisión publicó que en lo que va del año, 4 mil 241 personas de Haití habían iniciado ese mismo trámite, el segundo grupo más numeroso solo por detrás de los migrantes provenientes de Honduras. Velnays y Sergoi consiguieron el apoyo económico de la ACNUR por tres meses, lo que les ayudó a mudarse a una cuartería, donde viven más personas haitianas, en una colonia dormitorio, que se vacía durante el día, porque los trabajos esenciales no paran y quienes se quedan ocupan la calle, porque el calor es imposible. Los tres se instalaron en una habitación pequeña, de aproximadamente 3 por 6 metros, sin cama

ni baño. De acuerdo con Fermina Rodríguez, del Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova, el retraso en la resolución de trámites de la COMAR ha sido determinante para que personas que tenían planes de salir, cuando mucho, seis meses después de su llegada, establecieran su residencia en Tapachula. En esa interminable espera se vencieron los plazos de los apoyos de la ACNUR. A la tragedia se sumó la crisis económica, consecuencia de la pandemia. Con la caída económica de la zona, el alquiler de los cuartos se convirtió en una preocupación para muchos. Familias enteras de migrantes haitianos comenzaron a compartir habitaciones para dividir gastos. Las personas que trabajaban en negocios como restaurantes, fondas o tiendas, quedaron en la calle. El 24 de agosto murió un joven haitiano de 25 años llamado Demosthene Herold. Tenía síntomas de Covid-19 y, de acuerdo con sus compañeros de vivienda, llevaba varios días sin comer. Su cuerpo fue sacado a la calle para ser recogido por las autoridades. Desde que en abril se les acabó el apoyo de la ACNUR, ni Sergoi ni Velnays han hallado trabajo fijo. -¿Cómo vivieron la llegada de la pandemia? - Pues vivo así -dijo Sergoi y

señaló el interior de su precaria y sofocante vivienda-. No tengo nada para vivir por aquí. En cuanto consigan su permiso de libre tránsito, planean recorrer por autobús los 3 mil 919 kilómetros que los separa de Tijuana, donde está “La pequeña Haití”, un asentamiento creado en 2016, cuando migrantes provenientes de ese país quedaron varados, a menos de 3 kilómetros de la frontera con Estados Unidos. Hoy viven ahí más de 20 mil personas procedentes del Caribe. De momento, La Nena haitiana que sobrevivió a los peligros de Tapón del Darién y a la incomodidad, la fatiga y el hambre en el camino, está “más o menos”, según el reporte de su madre. Come bien y toma mucha leche, aunque también se fastidia a ratos por el intenso calor selvático de Chiapas. En algún punto de su viaje aprendió a caminar y, al igual que su madre y su padre, está sobreviviendo como puede a la pandemia y a los duros desafíos de la ruta migrante. Matías Jara, de CIPER, contribuyó con la investigación desde Chile, y en fotografía, Ángeles Mariscal, de Chiapas Paralelo. Rodrigo Soberanes es un periodista mexicano que vive en el estado de Veracruz. Su trabajo se centra en coberturas y reportajes sobre migración y desplazamiento forzado dentro y fuera de México. Se ha especializado en coberturas de comunidades indígenas sobre violencia y territorio, así como en temas sociales y ambientales. Javier García es fotógrafo y videorreportero desde 1994. En 2007, fundó el Colectivo Audiovisual “Sacbé Producciones”, enfocado en la producción de cortometrajes y documentales sobre migración y temas sociales en México. En 2016 dirigió el premiado documental La cocina de Las Patronas, sobre la comunidad de mujeres que asisten a migrantes centroamericanos en Amatlán de Los Reyes, Veracruz. Este reportaje forma parte de la serie de cinco partes “Migrar bajo las reglas del Covid”.

Quinto Elemento, Laboratorio de Investigación e Innovación Periodística A. C. es una organización independiente, sin fines de lucro, que busca alentar y realizar reportajes de investigación que empoderen a los ciudadanos, fortalezcan la rendición de cuentas y ayuden a construir una sociedad más justa y transparente. https://quintoelab.org


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E

l 30 de agosto, el Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada, integrantes de Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Nuevo León arrancaron un mega operativo de búsqueda en Nuevo León. Después de cinco días de búsqueda en distintos puntos de la Sierra Madre Oriental, con la intervención de las comisiones nacional y estatal de búsqueda, de la fi scalía estatal y de las integrantes del colectivo de familiares de personas desaparecidas, se encontraron restos de ropa, partes de autos que fueron desvencijados, radiofrecuencias y restos de campamentos o lugares de detención. Leticia Hidalgo, integrante fundadora de FundeNL, narró a Pie de Página que la mayoría de las búsquedas se realizaron en el municipio de Hidalgo, pues desde octubre del 2019 a enero de este año al menos 15 familias reportaron desapariciones. Y a raíz de la realización de un mega operativo contra la delincuencia en la zona en el mes de mayo, las familias exigieron una mega búsqueda de personas desaparecidas.

Foto: Angélica Orozc

Desaprecidos: Memoria y verdad Mega búsqueda en NL: restos de ropa, campamentos, radiofrecuencias Durante cinco días, autoridades y familiares de desaparecidos realizaron una búsqueda de personas desaparecidas en la Sierra Madre Oriental, en un estado donde se espera a casi 5 mil ausentes D A N I E L A

R E A

FOTOS: CLAUDIA MUÑIZ Y ANGÉLICA OROZCO

“Desde febrero pedimos a la Comisión Nacional de Búsqueda que viniera a las diligencias, luego vimos que se hizo el mega operativo contra la delincuencia y les dijimos que ahora teníamos que hacer una mega búsqueda. Hicimos reuniones virtuales para organizarlo con las comisiones, la fiscalía local, nuestro equipo de antropología, nosotras”. Leticia, madre de Roy Rivera, desaparecido en Monterrey

En Nuevo León, según datos de la Comisión Nacional de Búsqueda, hay 4 mil 572 personas desaparecidas; y hasta entre el 2006 el 2016 la Procuraduría General de Justicia de Nuevo León reportó que encontró 114 sitios con fosas, 119 cuerpos y 477 restos óseos; esto de acuerdo con datos recabados por el sitio periodístico A dónde van los desaparecidos. La mega búsqueda inició el 30 de agosto en un lugar dentro del municipio de Hidalgo en el que hay un pozo profundo que, por declaraciones de detenidos, se sospecha que ahí se arrojaban cuerpos de personas. “Es un pozo profundo, es un pozo con un tubo que fue hecho por una mina, no traían herramientas para revisarlo, explorarlo, por lo que se

hizo el compromiso de la CNB de que en dos meses máximo vendrían a intervenir ese tubo. En los alrededores encontramos ropas, manchas de incineración”. El segundo día, el domingo, se hicieron búsquedas en el río Sabinas.


24 Para las familias de FundeNL la mega búsqueda realizada muestra que sí se pueden hacer procesos interinstitucionales e interdisciplinarios; pero éstos deben ser constantes porque los terrenos se usan en varios momentos para tener campamentos de secuestrados o para esconder cuerpos humanos. “Necesitamos servirnos de herramientas como drones, cámaras, fotografías aéreas. Necesitamos que las autoridades sigan explorando el uso de éstas para tener búsquedas efectivas; necesitamos que éstas sean constantes; que se tengan los permisos para acceder a los terrenos, que los tramite la autoridad; que se revise el territorio antes por google, no solo caminar por caminar”, agregó. Leticia Hidalgo considera que “aun cuando no hayamos encontrado restos humanos, esos lugares están descartados porque ya los recorrimos con nuestros ojos y los de las autoridades; y es así en esa colaboración que los vamos a encontrar”. Daniela Rea Reportera. Autora del libro “Nadie les pidió perdón”; y coautora del libro La Tropa. Por qué mata un soldado”. Dirigió el documental “No sucumbió la eternidad”. Escribe sobre el impacto social de la violencia y los cuidados. Quería ser marinera.

Nos hicieron caminar así nomás en el río y les dijimos que no, que eso es lo que hacíamos cuando no sabíamos buscar. Ahora, antes de salir a buscar, revisamos las fotos gratis de google para ver qué ha cambiado en el territorio, qué se ve alterado en el tiempo y entonces decidir dónde caminar”, dice Leticia. Es decir, que pese a la organización de la mega búsqueda, hubo fallas de la autoridad como la falta de revisiones previas del terreno para definir los espacios a explorar y la solicitud de permisos para ingresar a predios particulares. El tercer día acudieron a La Majada, un lugar donde hay otro pozo profundo. Ahí, relata Leticia, se introdujo una cámara y se pudo detectar 12 metros de profundidad y piezas de autos desvencijados. “Las autoridades no se quisieron meter para hacer exploración hasta que la abuelita de uno de los desaparecidos dijo que si ellos no entraban ella entraría porque quiere encontrar. Así que no les quedó de otra que amarrar una cuerda a una camioneta y descender. Adentro no se encon-

Foto: Claudia Muñiz

traron restos, se encontró una boa. Y nosotros nos preguntamos ¿de qué se alimentaba esa boa ahí dentro?”.

Campamentos móviles Las búsquedas siguieron, el cuarto día en las faldas del cerro Potrero Grande y en el punto conocido como Las Letras; el quinto y último día en el cerro Potrero Chico. “Son puntos que están relativa-

mente cerca y desde Potrero Chico empezaron a hacer señales con el espejo; y el quinto día que fuimos a Potrero Chico había ahí un espejo; se encontraron rastros como de un campamento: radiofrecuencia y otros indicios”, explica Leticia Hidalgo, lo que le hace pensar en la posibilidad de campamentos donde tienen a personas y éstas son movidas constantemente.

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