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SIDERALIA

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INTRODUCCIÓN

El legado de Sideralia y la astronomía pirata Durante siglos, los historiadores han creído que la era de los piratas terminó con la horca o en el fondo del mar, pero las leyendas que han sobrevivido al tiempo susurran algo diferente. Entre ellas, ninguna es tan esquiva como la de Sideralia. A diferencia de otras colonias piratas, Sideralia no fue construida para ser encontrada por los ojos de los reyes. Fue una utopía diseñada por cinco capitanes —liderados por el enigmático Bartholomew "El Sombra" Vance— que decidieron dar la espalda al mundo conocido. Su ubicación no se encontraba en cartas náuticas ordinarias, sino que estaba codificada en la posición de las estrellas y en el movimiento de los astros.

Para estos hombres, las constelaciones no eran solo guías de navegación; eran la llave de su santuario. Sideralia fue bautizada así porque se decía que, desde sus mansiones incrustadas en el cañón, los piratas podían tocar el firmamento con sus manos cargadas de oro. Sin embargo, el mismo cielo que los protegió terminó siendo testigo de su caída. Lo que comenzó como un sueño de libertad y hermandad, pronto se vio empañado por la sospecha y el egoísmo. A medida que las riquezas crecían, la confianza entre los fundadores se desvanecía, preparando el escenario para una de las traiciones más oscuras de la historia marítima.

Esta es la crónica de esa ciudad perdida y de dos exploradores, Neyzan y Jhon, quienes, siglos después, decidieron seguir la luz de las estrellas para descubrir si las leyendas eran ciertas o si el único tesoro que quedaba en Sideralia era el eco de una traición eterna.

Capítulo I: El Eco de la Costa de los Esqueletos

El viento de la Costa de los Esqueletos arrastraba una fina cortina de arena que golpeaba con fuerza las oxidadas paredes del fuerte colonial abandonado. En el corazón de Namibia, donde el desierto se ahoga en el Atlántico, dos siluetas se abrían paso entre las sombras de una cripta olvidada.

Neyzan, en serio, esto tiene pinta de colapsar en cualquier momento susurró Jhon, manteniendo su rifle de asalto pegado al hombro mientras su mirada escaneaba incansablemente las esquinas oscuras del pasadizo

Neyzan, agachado frente a un impresionante altar de piedra caliza, ni siquiera se giró. Tenía los ojos fijos en un intrincado mecanismo de engranajes de bronce corroídos que formaban un mapa estelar en relieve. En el centro del panel, una hendidura circular esperaba una pieza exacta.

Tranquilo, Jhon Si esto se derrumba y nos aplasta, al menos no tendremos que pagar el alquiler el mes que viene respondió Neyzan con una sonrisa ladeada, mientras sacaba un pesado astrolabio de oro puro de su mochila . Además, mi cerebro funciona mucho mejor bajo la presión de varias toneladas de roca. Y con café, pero aquí no veo ninguna cafetería.

Qué gracioso Solo vigila tus manos, no quiero tener que cargarte de vuelta replicó Jhon Aunque mantenía el tono serio, una leve sonrisa delató su complicidad. Sabía que, detrás de cada chiste malo, la mente de Neyzan estaba calculando mil variables por segundo. Con precisión de cirujano, Neyzan encajó el astrolabio en el corazón del mecanismo y lo giró hacia el norte, alineando la constelación de Orión tallada en la piedra Un crujido sordo resonó bajo sus pies. Los engranajes cobraron vida con un lamento metálico y el altar se deslizó hacia atrás, revelando un compartimento oculto.

Dentro, envuelto en cuero podrido por el tiempo, descansaba el diario de navegación original de Bartholomew "El Sombra" Vance, el legendario pirata del siglo XVII

Neyzan lo tomó con cuidado, hojeando las páginas amarillentas llenas de coordenadas náuticas, mapas trazados a mano y anotaciones obsesivas.

Jhon, lo encontramos dijo Neyzan, perdiendo por un segundo su tono bromista. Sus ojos brillaban reflejados en la linterna Vance no era un simple ladrón Formaba parte de una logia de cinco capitanes que borraron sus propios nombres de la historia para construir algo inimaginable. Una utopía llamada Sideralia. Y según esto, no está en ningún mapa terrenal. Se guiaban por las estrellas

Antes de que Jhon pudiera responder, el eco de unos pasos pesados y el clic de armas automáticas resonó en la entrada de la cripta. Los mercenarios del consorcio arqueológico los habían alcanzado.

Tenemos compañía dijo Jhon, empujando a Neyzan detrás de una columna de piedra mientras se asomaba para devolver el fuego El trueno de su rifle resonó en el espacio cerrado Dos disparos limpios, dos amenazas menos . ¡Neyzan, guarda ese maldito libro y búscanos una salida mientras limpio la sala!

¡Entendido! ¡Activando el plan de evacuación cobarde! gritó Neyzan, esquivando las astillas de piedra que saltaban por los impactos, mientras buscaba con la mirada una grieta en el muro del fondo.

Capítulo II: El Camino hacia el Firmamento

Semanas después del escape en Namibia, la búsqueda los llevó al Océano Índico, a la remota y escarpada isla de Socotra Siguiendo los cálculos astronómicos que Neyzan había descifrado del diario, ambos exploradores se encontraban escalando una pared vertical de roca caliza en mitad de una tormenta tropical que amenazaba con arrastrarlos al vacío.

El agua caía a cántaros, cegándolos, pero Jhon ascendía con una soltura asombrosa, asegurando los mosquetones y ofreciéndole siempre una mano firme a Neyzan cada vez que este resbalaba Jhon era el escudo; Neyzan la brújula.

Al coronar la cima y deslizarse por una grieta profunda oculta por densas raíces de árboles de sangre de dragón, la tormenta pareció desvanecerse, dando paso a un silencio sepulcral

Ambos se pusieron en pie y encendieron sus linternas Al levantar la vista, el aire se les congeló en los pulmones.

Ante ellos, oculta en las entrañas de un cañón gigantesco, se alzaba Sideralia. Era una obra maestra de la arquitectura pirata: una ciudadela construida enteramente de piedra blanca que reflejaba de forma mística la luz de la luna filtrada desde el techo del cañón Puentes colgantes de cuerda y madera unían mansiones ostentosas incrustadas directamente en los acantilados, desafiando a la gravedad.

Madre mía susurró Jhon, bajando su arma por primera vez en horas Es real Sí aunque creo que llegamos un par de siglos tarde para la fiesta de inauguración dijo Neyzan, apuntando con su linterna hacia el suelo.

A medida que avanzaban por la avenida principal de la ciudadela, la atmósfera mágica se tornó macabra Encontraron barricadas improvisadas, cañones coloniales apuntando hacia las zonas residenciales de los capitanes y cientos de esqueletos esparcidos por las calles Muchos de ellos aún conservaban espadas oxidadas atravesadas en sus costillas o mosquetes entre sus dedos de hueso.

Aquí hubo una guerra civil absoluta observó Jhon, agachándose junto a una barricada para examinar los restos Esto no lo hizo un ejército extranjero Se mataron entre ellos Neyzan se acercó a una gran placa de mármol destrozada a la entrada de lo que parecía un banco o tesorería común. Limpió el musgo con la mano y leyó la inscripción en latín.

Los capitanes les vendieron una mentira, Jhon. Les prometieron una república libre, donde el botín de cada barco se repartiría por igual en el Tesoro de Sideralia Pero en cuanto recolectaron suficiente oro, los cinco fundadores se lo quedaron todo para construir sus mansiones, dejando al pueblo llano muriéndose de hambre. Los colonos se rebelaron, intentaron asaltar las mansiones... pero los capitanes ya se habían ido con el dinero.

La codicia de siempre suspiró Jhon, ajustando la correa de su rifle Vamos El diario decía que la mansión de Vance está en la cumbre Si el oro sigue aquí, estará con él

Capítulo III: La Última Cena de los Malditos

La Gran Torre del Homenaje de Bartholomew Vance presidía la ciudadela desde lo alto del cañón. Tras forzar las pesadas puertas de madera de roble, Neyzan y Jhon entraron en un vasto salón señorial. El techo de cristal, diseñado para observar las estrellas, dejaba pasar una luz pálida que iluminaba el centro de la habitación.

Allí, rodeada de cortinajes de terciopelo podrido y vajillas de plata deslustrada, se encontraba una inmensa mesa redonda de caoba.

Sentados en cinco sillas majestuosas, descansaban cuatro esqueletos ataviados con los ropajes piratas más lujosos que se pudieran imaginar: sedas de Oriente, casacas de capitán bordadas en oro y sombreros de tres picos doblados por el tiempo. Delante de cada uno, una copa de plata yacía volcada sobre la mesa.

Jhon se colocó inmediatamente en guardia, moviéndose de forma táctica alrededor del perímetro del salón, cubriendo las entradas y asegurándose de que los mercenarios que les pisaban los talones no los sorprendieran. Mientras tanto, Neyzan se acercó lentamente a la mesa, fascinado y horrorizado a la vez.

Vaya parece que la cena se alargó un poco más de la cuenta suelta Neyzan en un susurro bajo, intentando sacudirse el escalofrío que le recorría la espalda . Nadie dejó propina y, sinceramente, el servicio parece un poco muerto.

Neyzan, por favor, un poco de respeto... pidió Jhon desde las sombras del fondo, sin bajar el rifle pero conteniendo una pequeña mueca de gracia Concéntrate en buscar la pista Neyzan inspeccionó los respaldos de las sillas, donde lucían grabados los nombres de los capitanes de la logia: Valeria "La Alquimista" Drake, Kaelen Vane "El Carnicero", Zubair al-Zaman y... Cassian Vance. Jhon, mira esto dijo Neyzan, recogiendo una pequeña redoma de vidrio oscuro que descansaba junto al plato de la capitana Valeria No los mató la revuelta del pueblo Los envenenaron aquí mismo, mientras brindaban. "El Sombra" Vance y su hermano gemelo, Cassian, planearon eliminar a los otros tres capitanes para no compartir el tesoro de Sideralia. Espera, dijiste que hay cuatro cuerpos intervino Jhon, acercándose a la mesa Si Bartholomew y Cassian eran los traidores, ¿por qué Cassian también está muerto en esa silla? Neyzan observó el esqueleto de Cassian y luego miró la quinta silla, la principal, que estaba completamente vacía.

Porque la traición no tiene límites entre piratas Bartholomew no quería compartir el oro ni siquiera con su propio hermano gemelo Les sirvió veneno a los cuatro Cassian murió mirando a su hermano a los ojos mientras este se levantaba de la mesa, tomaba la llave de la búnker subterráneo y los dejaba aquí encerrados para siempre. Bartholomew se quedó con todo. Un estruendo ensordecedor interrumpió la deducción de Neyzan Las vidrieras del techo se hicieron añicos cuando una granada de humo rodó por el suelo del salón Los mercenarios habían volado las puertas traseras.

Capítulo IV: Sangre y Oro bajo la Tierra

El tiroteo fue inmediato y caótico. Jhon se movió con la velocidad y la precisión de un rayo, arrastrando a Neyzan detrás de la pesada mesa de caoba que una vez albergó a los capitanes ¡Quédate abajo! ordenó Jhon.

Asomándose lo justo, Jhon encadenó tres disparos perfectos, neutralizando a los mercenarios que intentaban avanzar por los flancos con una puntería quirúrgica que dejó claro por qué era el mejor en lo suyo Sin embargo, el volumen de fuego enemigo era demasiado alto Las ráfagas de ametralladora astillaban la mesa y destrozaban los esqueletos de los piratas en una lluvia de huesos y telas viejas. ¡Neyzan, el pasadizo detrás de la silla de Vance! ¡Muévete ya! gritó Jhon, lanzando una granada cegadora para cubrir la retirada.

Ambos se deslizaron por una trampilla oculta bajo el trono de Bartholomew, cayendo por un largo túnel de piedra que los condujo a las entrañas más profundas de la isla. El sonido del agua resonaba como el rugido de un monstruo.

Al encender de nuevo las luces, se encontraron en una caverna colosal. En el centro, flotando en una laguna subterránea alimentada por cascadas, se encontraba el barco personal de Bartholomew Vance Pero lo que realmente les quitó el aliento fue lo que rodeaba al navío: toneladas de monedas de oro, cofres desbordantes de diamantes, cálices sagrados y estatuas de valor incalculable acumuladas en las orillas. El tesoro entero de Sideralia.

Y en la cubierta del barco, apoyado contra el timón, descansaba el quinto esqueleto: Bartholomew "El Sombra" Vance, sosteniendo una botella vacía. Había muerto solo, rodeado de toda la riqueza del mundo, pero sin un alma a quien vendérsela o con quien hablar.

Tanto matar para esto... murmuró Jhon. De repente, las luces de los rifles de los mercenarios supervivientes iluminaron la caverna desde las repisas superiores. El líder del grupo, un tipo enorme con una cicatriz en el rostro, abrió fuego directo hacia ellos. ¡Cuidado! gritó Jhon, empujando a Neyzan, pero al retroceder, el impacto de una bala enemiga destrozó una de las viejas vigas de sujeción del barco. Un enorme mástil de madera podrida colapsó con un crujido atronador, cayendo directamente sobre las piernas de Jhon y dejándolo atrapado contra el suelo de la caverna.

A pocos centímetros de la mano de Jhon, un cofre repleto de joyas se había roto, mostrando un brillo cegador El líder de los mercenarios bajó de la plataforma y caminó lentamente hacia Jhon, apuntándole con su pistola a la cabeza con una sonrisa fría

Se acabó el juego, chicos. Dejad el oro y os daré una muerte rápida sentenció el mercenario. Neyzan estaba oculto a unos metros, detrás de un montón de cofres de oro. Tenía la oportunidad perfecta para agarrar una bolsa llena de diamantes y deslizarse por la corriente de agua hacia la salida, asegurando su futuro para siempre Era lo que cualquier pirata de Sideralia habría hecho

Pero Neyzan no era un pirata. Y Jhon era su hermano.

Olvidándose de los chistes, de la precaución y del oro, Neyzan soltó una maldición, salió de su escondite y corrió con todas sus fuerzas Justo cuando el mercenario iba a apretar el gatillo, Neyzan se lanzó en plancha contra él, derribándolo al suelo

Ambos rodaron por la pendiente de monedas de oro en una pelea salvaje a puñetazos. El mercenario, más fuerte, logró ponerse encima de Neyzan y comenzó a asfixiarlo, pero Neyzan, usando su astucia, estiró el brazo, agarró un pesado cáliz de oro del suelo y le asestó un golpe tremendo en la sien, dejándolo inconsciente en el acto

Jadeando, Neyzan se levantó de inmediato y corrió hacia el mástil que atrapaba a su amigo. Agarró una barra de hierro y la usó como palanca, aplicando toda la fuerza de su cuerpo.

¡Vamos, Jhon, empuja! gritó Neyzan, con las venas del cuello a punto de estallar Con un último esfuerzo conjunto, Jhon logró sacar las piernas justo cuando la estructura del barco pirata comenzó a ceder por completo. El agua de las cascadas, alterada por las explosiones, empezó a inundar la caverna a una velocidad alarmante, creando un torbellino que comenzó a succionar las montañas de oro, los cofres y el barco de Vance hacia el abismo del océano

¡Olvida el oro, Neyzan! ¡Vámonos!

metálico, sacó un objeto que hizo que a Neyzan se le abrier astrolabio de oro puro del mecanismo inicial, brillante y a sa Bueno para pagar el combustible del barco y unas buen dijo Jhon, guiñándole un ojo a su mejor amigo mientras le lan Neyzan atrapó el astrolabio en el aire, contemplando los gr metal precioso. Sonrió, sabiendo que la verdadera fortuna sino tener a alguien al lado que te cubriera la espalda cuan pedazos

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