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Pintoras chilenas

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P I N TO R A S CHILENAS EN EL MUSEO


Edición general: Rafael Torres Arredondo Textos e investigación: Tamara Candia Ahumada Contenidos y Colecciones: Javier Muñoz Alvarado Diseño de la guía: Nicolás Garcés Quiñones Vinculación: Evelyn Badilla Leal

© 2026 - Museo de Bellas Artes de Valparaíso, Palacio Baburizza. Se autoriza la reproducción parcial o total de este material citando la fuente correspondiente. Prohibida su venta.

CRÉDITOS FOTOGRAFÍAS:

Celia Castro: “Retrato hablado” - Carlos Pardo. Dora Puelma: Universidad de Chile Judith Alpi: Revista Zig Zag - 1926 - Archivo MNBA María Tupper: Rafael Edwards (?) Ana Cortés: Revista Qué pasa Berta Smith: Sin registro Graciela Lira: Mujeres bacanas Ximena Cristi: El Mercurio Olga Doñas: La Estrella de Valparaíso


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Como es sabido, el camino de las mujeres artistas no ha sido sencillo. Durante mucho tiempo su trabajo pictórico se mantuvo al margen, condicionado por destinos que no siempre respondían a sus propias aspiraciones. Sin embargo, afortunadamente, este panorama ha comenzado a transformarse, y gracias al esfuerzo de diversas investigadoras/es, su legado ha sido reconocido y analizado desde múltiples perspectivas. En este contexto, el Museo de Bellas Artes de Valparaíso ha impulsado un trabajo sostenido de resignificación y puesta en valor de las mujeres chilenas presentes en su colección. Esta labor responde no solo a una deuda histórica con estas artistas, sino también a los profundos cambios sociales y culturales ante los cuales las instituciones artísticas no pueden permanecer ajenas. La creación de guías pedagógicas como estas no solo invita a niños y niñas a reflexionar y conocer sus historias, sino también a encontrar en ellas inspiración y referentes. Es fundamental visibilizar a estas sujetas creadoras de diversas épocas, quienes, con su talento y determinación, se atrevieron a expresarse y a trascender en el tiempo. Agradezco la destacada labor del Museo Baburizza por llevar adelante estas valiosas iniciativas, así como a TPS Valparaíso por contribuir a la difusión de un legado que no debe perderse. Camila Nieto Hernández Alcaldesa de Valparaíso


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¡Bienvenidos a una nueva aventura! Para Terminal Pacífico Sur Valparaíso es un honor apoyar esta Guía Pedagógica que nos permite conocer, de manera entretenida y muy visual, a las grandes mujeres artistas que plasmaron su talento en diversas obras que hoy podemos disfrutar en el Museo Baburizza de Valparaíso. El arte y nuestra ciudad siempre han ido de la mano, y en esa historia el puerto ha ocupado un lugar central, inspirando a los artistas de Valparaíso desde sus orígenes. En esta misma línea, en TPS entendemos la cercanía y el compromiso con la comunidad como parte de nuestra visión estratégica, impulsando iniciativas que abren oportunidades para conocer y seguir encantándonos con nuestra comuna. Esta guía es una puerta para admirar a Valparaíso y a sus artistas. Los invito con mucho entusiasmo a acompañar a Laura en este recorrido por las obras de las grandes pintoras chilenas del Baburizza. Un cariñoso saludo,

Cristian Rodríguez Samit Gerente General Terminal Pacífico Sur Valparaíso


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Mujeres que pintaron la historia La exposición itinerante Pintoras chilenas en el Museo de Bellas Artes de Valparaíso presenta la vida y obra de las nueve artistas que forman parte de la colección permanente del Museo Baburizza. Más allá de ofrecer una breve semblanza de cada una de ellas, esta muestra busca poner en valor sus trayectorias y reconocer el impacto que tuvieron en una sociedad que, durante mucho tiempo, tendió a invisibilizar el aporte de las mujeres en el ámbito artístico. La escasa representación femenina en el campo de las artes no es un fenómeno reciente. Durante siglos, las artistas y creadoras debieron enfrentar diversas barreras para acceder a espacios de formación, reconocimiento y difusión de su trabajo. Como señala Camila Fuentes en La inserción de las mujeres pintoras en el campo cultural chileno 1866-1914 (2020), la historia de la pintura chilena del siglo XIX se ha centrado principalmente en los grandes maestros y en el proceso de consolidación

de las bellas artes, relegando a un segundo plano las contribuciones realizadas por mujeres. Podrán descubrir a Celia Castro, Dora Puelma, Judith Alpi, María Tupper, Ana Cortés, Berta Smith, Graciela Lira, Ximena Cristi y Olga Doñas, acercándose a las trayectorias de artistas que, gracias a su talento, perseverancia y convicción, lograron abrirse camino en un mundo que muchas veces les fue adverso. Esperamos que esta exposición pueda recorrer distintos establecimientos educacionales de la Región de Valparaíso y que cientos de estudiantes tengan la oportunidad de conocer la historia y el legado de estas nueve mujeres, quienes, desde contextos y experiencias diversas, contribuyeron a abrir espacios para las futuras generaciones de artistas.


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Celia Castro

Celia Castro nació en Quillota en 1860. Sus primeros estudios sobre pintura los hizo en esta misma ciudad, teniendo como maestro a Juan Francisco González. En 1877 ingresó a la Academia de Bellas Artes, primer instituto chileno en impartir la enseñanza profesional de arte en Chile. Tuvo como mentores a Pedro Ohlsen y Pedro Lira, quienes la influenciaron fuertemente. Con Lira, se perfeccionó en la pintura al óleo, realizando paisajes, retratos y naturalezas muertas. Sus primeros estudios los hizo en esta misma ciudad. En 1877 ingresó a la Academia de

Pintura de Santiago, instituto chileno pionero en impartir la enseñanza profesional de arte en Chile. En 1878, obtuvo la segunda medalla en Escultura en un concurso del Museo Nacional de Bellas Artes, bajo el seudónimo de Lucrecia Cáceres. Este fue uno de sus primeros galardones. Tras la gran experiencia que alcanzó con uno de los Cuatro Grandes Maestros de la Pintura


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Chilena, Celia Castro se transformó en unas de las herederas más importantes de Pedro Lira. Fue con él con quien viajó a Francia a exponer en la Exposición Universal de París en 1889, ganándose una medalla consagrada por sus propios méritos. A principios del siglo XX retornó a Europa para estudiar pintura, producto de una beca asignada por el Gobierno de Chile. Fue así como se convirtió en la primera mujer becada en la historia del arte chileno, por lo que muchos historiadores la consideran como una de las primeras mujeres en profesionalizar su carrera como artista. Se quedó durante dos décadas viviendo en Francia, donde su técnica se refinó y se amplió. Comenzó allí a pintar las calles y rincones de la ciudad, a participar en varios Salones y Academias, a pesar de sus recursos económicos limitados y sus relaciones complejas con las personas de su entorno. Su obra «Techos de París» es de este período y, en sus cartas, da cuenta de lo feliz que la hace su arte. «La Poda» se convierte en su obra cumbre. En este óleo aparecen un hombre y una mujer cortando las ramas secas de un árbol en un paisaje campestre. Se conjugan en esta tela el uso de las técnicas aprendidas de sus maestros y se observa la sutil técnica melancólica que hereda de su estadía en París. P I N TO R A S C H I L E N A S EN EL MUSEO

En 1927 cuando regresó a Chile instaló un taller de pintura en Valparaíso. Algunos de sus alumnos fueron René Tornero, Jim Mendoza y Graciela Lira, pertenecientes a la Generación Porteña. Su trabajo artístico se destacó por sus retratos, paisajes y naturalezas muertas, destacándose en este último género. Castro representó a muchas otras mujeres

que estaban comenzando a ingresar a la academia, lo que hizo que abriera paso a que artistas posteriores pudieran surgir dentro del panorama cultural de la época. Para la historiadora Gloria Cortés (Modernas: Historias de las mujeres en el arte chileno, 2018), Castro también tuvo un rol en la inclusión de géneros modernos en la pintura, “condición necesaria para la modernización y requerimiento indispensable para ingresar a los circuitos comerciales” (p. 40). Tras una exitosa carrera artística, Celia Castro -tía abuela del Presidente Allende y viuda de Luis Tixier- falleció en Viña del Mar el 12 de junio de 1930. En aquel tiempo estaba sola y fue acompañada únicamente por sus discípulos (Yo desprecio a los ricos, nunca han pensado en mí, Gloria Cortés, 2021). Sus restos descansan en el Cementerio General de Santiago, donde fue trasladada. En el Museo de Bellas Artes de Valparaíso se posee una de sus obras llamada “Uvas”, lienzo de pequeño formato de 37,5 centímetros de alto y 29 de ancho. La obra representa un generoso racimo de uva tinta que cuelga de la parra entre verdes hojas. Detrás del racimo, que podemos ver como protagonista de la obra, se encuentra otro más atrás, de forma difusa. Aquí se observa el manejo de la artista con la pintura al óleo, representando de manera naturalista cada gajo de uva, con la característica opacidad de esta fruta de estación.


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Dora Puelma

Fue una artista, escritora y profesora de arte que nació el 22 de marzo de 1885 en Antofagasta. Su formación la desarrolló en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, donde tuvo como maestros al español Fernando Álvarez de Sotomayor, Juan Francisco González, Alberto Valenzuela Llanos y Pablo Burchard. Como mencionan en el sitio web Artistas visuales chilenos, recibió lecciones de

escultura con el docente Virgilio Arias y, tras su aprendizaje en nuestro país, tuvo una estadía en Francia, donde fue alumna de André Lothe en la École de París. Puelma, perteneció a la Generación del 13, conocida también como la "Generación trágica”. La producción artística de este movimiento abordó diversas temáticas, tales como: paisajes, retratos, escenas costumbristas e íntimas imágenes de


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interiores. Los miembros de la Generación del 13 compartían elementos comunes, que se evidencian en el trabajo del color, el manejo de la luz, la aplicación de gruesos empastes y un marcado corte realista. En 1915 y 1916 participó de las primeras exposiciones de artistas mujeres en Santiago y en 1913 creó la Sociedad Artística Femenina, un año antes de que se fundara la Sociedad Nacional de Bellas Artes, de la que también formó parte como socia, junto a Judith Alpi. Además, fue corresponsal de la revista Pro Arte, directora de Mundo Social y socia fundadora de la Sociedad Nacional de Bellas Artes, según señala la historiadora Gloria Cortés. El legado de Dora Puelma no solamente fue relevante en la escena local, sino que favoreció activamente el desarrollo artístico del país, promoviendo la inclusión y participación de la mujer. Sus obras se caracterizan por la combinación de una tendencia más naturalista, que es visible en la paleta de color terciaria que predomina en su obra. Esto se refleja en “Cerro de Valparaíso”, donde los colores terrosos son los protagonistas. Dora Puelma logra representar muy bien la extraña geografía que se encuentra desde la parte más alta de los cerros hasta el mismo plan de la ciudad.

PREMIOS Y DISTINCIONES 1916

Tercera. Medalla, Salón de 1916, Santiago.

1925

Segunda Medalla, Sección Pintura al óleo, Salón Oficial, Santiago.

1930

Medalla de Bronce en Pintura, Exposición Internacional de Sevilla, España.

1935

Premio de Estímulo en Dibujo, III Salón de Verano de Viña del Mar, Chile.

1936

Tercera. Medalla en Pintura, Exposición Nacional de Artes Plásticas del IV Centenario de Valparaíso, Chile.

1938

Primer Premio en Dibujo, II Salón de Otoño, Valparaíso, Chile.

1952

Primera Medalla, Salón Nacional, Santiago.

1957

Premio de Honor, Salón de la Sociedad Nacional de Bellas Artes, Santiago.

1959

Premio de Honor, Salón Nacional, Santiago.

1962

Primera Medalla en Pintura, Salón Nacional, Santiago.


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Judith Alpi

Nacida el 3 de marzo de 1893 en Santiago de Chile, fue una pintora, activista, profesora y coleccionista de arte europeo y chileno. Tras abandonar sus estudios en música, ingresó a la Escuela de Bellas Artes, donde tuvo como maestros a Fernando Álvarez de Sotomayor, Alberto Valenzuela Llanos y Juan Francisco González.

Francisco González, quien fue su profesor, y Pedro Reszka. En 1913 fue parte de la Sociedad Artística Femenina, conformada por pintoras y escultoras, agrupación que fue presidida por Dora Puelma e integrada por Esther Ugarte y Sofía Barros, quienes buscaban el reconocimiento de las mujeres en el arte.

Colaboró en la fundación de la Sociedad Nacional de Bellas junto a pintores como Juan

Esta agrupación nació cuatro años antes producto de que las mujeres comenzaron a


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reunirse y querer cambiar sus espacios. Las luchas políticas, sociales y el acceso a la educación formal, fueron fundamentales para que las artistas comenzaran a replantear su realidad. En La inserción de las mujeres pintoras en el campo cultural chileno 1850-1914, Camila Fuentes (2020) afirma que el fin de la Sociedad Artística Femenina era fortalecer la participación de mujeres en el espacio público. Para eso, desarrollaron conferencias y exposiciones para aumentar la cobertura de las bellas artes. Sus objetivos contemplaban favorecer las diversas clases de manifestaciones artísticas, entre ellas, conferencias que ilustraban y enseñaban cuestiones de arte, facilitar estudios de jóvenes con condiciones artísticas y proteger el trabajo artístico de la mujer (p. 130). Por otra parte, como menciona Mujeres bacanas, en 1915, junto a Ximena Morla, Elmina Moisan y Emma Formas, fue una de las seis primeras pintoras chilenas en exhibir sus obras en los Salones Oficiales de Santiago, acción que realizó consecutivamente durante largos años. Alpi perteneció a la Generación del 13, siendo -junto a Moisan-, una de las pocas representantes que se abrieron paso en un mundo artístico marcado por la presencia masculina y la segregación. Al igual que otras artistas, como Rodig y Amanda Flores, Alpi ejerció la docencia en

escuelas primarias, cargo que desempeñó hasta el día de su muerte. La destacada pintora y activista falleció a los 89 años, el 5 de febrero de 1983. En el Museo contamos con una obra de la artista, llamada “La niña del clavel”, de dimensiones 57 cm. X 54 cm., en el la cual presenta colores vivos y luminosos, dándole mayor importancia al tratamiento de la pintura que al contorno de la figura retratada. La mujer se ve alegre y mira directo al espectador. PREMIOS Y DISTINCIONES 1915

Tercera Medalla en Pintura, Salón Oficial, Santiago, Chile.

1919

Segunda Medalla en Pintura, Salón Oficial, Santiago, Chile.

1924

Premio en Retrato, Certamen Arturo M. Edwards, Salón Oficial, Santiago, Chile.

1924

Premio de Certamen General Marcos Segundo Maturana, Salón Oficial, Santiago, Chile.

1926

Primera Medalla en Pintura, Salón Oficial, Santiago, Chile.

1929

Medalla por su pintura “Kimono Blanco”, Exposición Ibero Americana de Sevilla, España.


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1934

Premio en Retrato, Certamen Arturo M. Edwards, Salón Oficial, Santiago, Chile.

1936

Tercera Medalla en Pintura, Exposición Nacional de Artes Plásticas del IV Centenario de Valparaíso, Chile.

1937

Primera Medalla en Pintura, Salón Nacional, Santiago, Chile.

1942

Premio Municipalidad de Las Condes, Salón Nacional, Santiago, Chile.

1943

Medalla de Oro en Pastel, Salón Nacional., Santiago, Chile.

1943

Premio de Honor en la Exposición de la Agrupación de Intelectuales de Chile, Santiago, Chile.

1944

Premio Certamen Guillermo Edwards Matte, Salón Oficial, Santiago, Chile.

1955

Premio de Honor en Pintura, Salón de Pintoras y Escultoras Chilenas, Casa de la Cultura de Ñuñoa, Santiago, Chile.

1967

Premio de Honor en Salón Nacional, Santiago, Chile.


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María Tupper

María Tupper Hunneus nació el 9 de julio de 1893 en Santiago de Chile. Fue una artista muy diversa, quien siempre exploró artísticamente múltiples disciplinas. Formó parte de una familia de relevantes exponentes e intelectuales que poseían una gran influencia en la cultura chilena del siglo XIX y XX. Entre ellas podemos mencionar a Isidora Zegers, Marcela Paz y su hija, la dramaturga Isidora Aguirre. En su intensa búsqueda exploró el dibujo, la

escritura, la escultura y la pintura, destacándose en esta última por un marcado estilo personal que se vio influenciado por el impresionismo y el neo primitivismo que estaba ocurriendo en Francia en 1930. Se le considera como iniciadora de este estilo en nuestro país. Amiga de grandes artistas y personajes del mundo cultural de la época como Gabriela Mistral, Juan Francisco González, -de quien fue alumna y se tenían gran aprecio-, Marta Brunet y los hermanos Ximena, Carmen y Carlos Morla, con quienes también experimentó una búsqueda


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espiritual. Además, fue parte del Grupo 7, en el que ahondaremos más adelante, como también Ana Cortés y Boris Grigoriev, con quien entabla cercana amistad. Vivió su infancia y adolescencia en su ciudad natal. Ingresó a la Escuela de Bellas Artes con 16 años y ahí fue compañera de otras grandes artistas con las que entabló una relación cercana y de amistad, como por ejemplo a Ana Cortés. También podemos encontrar a otras artistas reconocidas de esa generación, como Henriette Petit, Inés Puyó y Dora Puelma, entre otras. En ese periodo, Juan Francisco González, uno de los cuatro artistas denominados maestros de la pintura chilena, fue su profesor con quien también mantuvo una cercana relación de amistad hasta los últimos días del artista. Gracias al registro del intercambio postal que mantuvieron entre ellos, deja en claro lo mucho que su maestro confiaba en ella y admiraba el trabajo artístico de María. Con el reconocido pintor internacional Boris Grigoriev, quien llegó a Chile en 1928 para realizar clases en la Academia de Bellas Artes, desarrolló un profundo lazo de amistad, ya que, aparte del rol que tuvo como su alumna, también fue su traductora. María Tupper y muchos otros artistas de la denominada Generación del 28, que se componían de creadores que planteaban nuevas propuestas artísticas, se vieron fuertemente influenciados por su habilidad plástica, considerándose como uno de los primeros pintores modernistas de nuestro país. Al mismo tiempo que Grigoriev retornó a Francia, en 1929, la Academia de Bellas Artes

cerró sus puertas y Tupper comenzó sus estudios en la Académie Grande Chaumiere en Francia, al igual que muchos otros artistas chilenos, como su amiga Ana Cortés. Desde allí nacieron las nuevas propuestas en el arte nacional de esos años. Por lo demás, la artista acompañaba a su esposo Fernando Aguirre Errázuriz a múltiples viajes por los países europeos, ya que él era ingeniero de Ferrocarriles del Estado. Juntos desarrollaban grandes tertulias en su hogar de Santiago a las que asistían grandes personajes de la palestra cultural de aquellos años. Podríamos decir que la época más relevante en su historia fue durante los años 30, ya que ahí comenzó a definir su estilo pictórico tan personal, conociendo nuevas propuestas artísticas y relacionándose con creadores que fueron parte importante en su formación. Es importante destacar que posteriormente María Tupper fue docente de la Escuela de Bellas Artes y la Escuela de Artes Aplicadas. Tupper tuvo un proceso espiritual que comenzó con una importante fe en el cristianismo, infundado por su madre, para luego alejarse de ella por desilusiones en relación a la iglesia. Se acercó así al mundo del esoterismo, el ocultismo y la teosofía, coincidiendo con el momento en que también comienza a tener una relación más cercana con las hermanas Carmen y Ximena Morla. Con ellos conforman el “Grupo 7”, en donde principalmente Ximena, en su rol de médium, mantenía contacto con seres espirituales. Fue así como también se le asignó a cada uno de los integrantes un nombre astral, en donde María adoptó el nombre de “Cirineo”. Su principal labor era ayudar a quien recibiera un mensaje desde el más allá.


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Fuera de su faceta espiritual, Tupper se demostraba como una persona muy sensible a su entorno, reflejadas en cartas que se pueden encontrar en el libro “María y los espíritus”, de Wenceslao Díaz Navarrete. También en sus registros personales se encontraron cuentos infantiles para sus nietos y la representación de estos por medio de títeres que ella misma confeccionaba (p. 20). En el archivo personal de María Tupper está el único registro de la cantidad de obras realizadas por la artista, en donde se contabiliza una cantidad aproximada de 300 obras. La pintura al óleo, los retratos, algunas naturalezas muertas y paisajes son los protagonistas. En el Museo de Bellas Artes de Valparaíso albergamos una obra de ella, llamada “La joven flamenca”. Es un óleo sobre tela de 61 cm de alto y 47 cm de ancho, la obra en formato vertical presenta el retrato de medio cuerpo de una mujer, situada de medio perfil hacia la izquierda. Su mirada se encuentra perdida, como en muchos de los retratados en las obras de Tupper. Sus ojos son de un intenso color celeste, su cabello es claro y contrasta con un vestido de color verde claro. Lleva un velo de encaje blanco sobre su cabeza y un pequeño libro que acerca con sus manos hacia el pecho, el cual tiene una cruz en la portada. María Tupper falleció el 4 de julio de 1965 en su casa de Concón, lugar que siempre la inspiró y en donde se ocupaba de sus plantas, sus obras y su escritura.

PREMIOS, DISTINCIONES Y CONCURSOS 1938

Premio Segunda Categoría y Premio A del Certamen Edwards, Salón Oficial de Santiago, Santiago, Chile.

1936

Tercera Medalla en Pintura, Exposición Nacional de Artes Plásticas del IV Centenario de Valparaíso, Valparaíso, Chile.

1936

Primer Premio en Pintura ex-aequo, IV Salón de Verano de Viña del Mar, Viña del Mar, Chile.

1935

Segundo Premio en Pintura, III Salón de Verano de Viña del Mar, Viña del Mar, Chile.

1935

Segunda Medalla en Pintura, Salón Oficial de Santiago, Santiago, Chile.

1934

Tercer Premio en Pintura, Primer Premio en Acuarela, Mención Honrosa en Artes Gráficas, II Salón de Verano de Viña del Mar, Viña del Mar, Chile.

1934

Premio Certamen Edwards, Salón Oficial de Santiago, Santiago, Chile.

1928

Tercera Medalla en Pintura, Salón Oficial de Santiago, Santiago, Chile.


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Ana Cortés

El 24 de agosto de 1895 nació en Santiago de Chile Ana Emma del Rosario Cortés Jullian. Gran parte de su infancia transcurrió en Francia, país de origen de su madre. Realizó sus estudios primarios en el Colegio de Madame Lasaulce y, posteriormente, vivió junto a su padrino, Alejandro Beltrán, en el país galo. Con él disfrutó de visitas a museos y se vinculó tempranamente con la poesía y la literatura, experiencias que le abrieron las puertas a un amplio mundo intelectual.

Regresó a Chile en 1919, año en que ingresó a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile. Sobre este período se señala: “En 1919 ingresa a la Escuela de Bellas Artes, allí tuvo como profesores al francés Richon Brunet y a Juan Francisco González en las cátedras de dibujo y croquis. Principalmente este último tuvo gran influencia en la vida y obra de Ana. De él recibió esa manera vehemente y exaltada de pintar, de recoger el campo chileno, las caletas, flores y frutas, sus


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acentos ocultos. Apegada a esa línea, produjo una serie de obras, tanto visiones líricas y sensitivas de la figura humana como retratos y naturalezas muertas, resueltas con la técnica y lección de los impresionistas que, en cierto modo, identificó a sus alumnos. Juan Francisco González, con mucha razón, la llamó su ‘“mejor alumna’” (Pioneras, 2019). Seis años más tarde viajó a París para continuar su formación en la Académie de la Grande Chaumière y en el taller de André Lhote, importante figura del cubismo francés, quien la introdujo en el estudio de la estructura y la descomposición de las formas en la pintura. En 1928 regresó a Chile y participó en el Salón Oficial de ese mismo año. En aquel período, Chile se encontraba bajo el gobierno del Presidente Carlos Ibáñez del Campo, quien impulsó diversas reformas políticas, económicas y administrativas como respuesta a la compleja situación que atravesaba el país. Tal como se menciona en Ana Cortés: Reb/veladas (2015), la crisis económica provocó un aumento de la cesantía y una profunda inestabilidad financiera que derivó en importantes agitaciones sociales. “Es bajo este contexto, y luego de las revueltas universitarias y de la breve Reforma Educacional de 1928, que se ordena cerrar la Escuela de Bellas Artes -la que posteriormente pasaría a pertenecer a la Universidad de Chile-, proyectando las autoridades un nuevo modelo educativo cuya orientación estaría en la industria y la modernización del sistema productivo, como fue la creación de la Escuela de Artes Aplicadas de la Universidad de Chile” (p. 9). Fue entonces cuando Ana Cortés fue nombrada profesora de la cátedra de “Afiche y Propaganda” en la Escuela de Artes

Aplicadas de la Universidad de Chile, disciplina que actualmente corresponde al Diseño Gráfico. Gracias a esta designación se convirtió en la primera mujer en ejercer la docencia en una escuela de artes en Chile, cargo que desempeñó hasta 1959. CORRIENTES ARTÍSTICAS Ana Cortés formó parte de dos importantes movimientos artísticos chilenos: la Generación del 28 y el Grupo Montparnasse. La Generación del 28 reúne a los artistas que participaron en el Salón Oficial de 1928, entre ellos Gustavo Carrasco, Inés Puyó, Héctor Cáceres, Herminia Arrate, Marco Bontá y María Tupper, entre otros. Según se señala en Artistas Visuales Chilenos, las obras exhibidas en dicha muestra tenían un carácter vanguardista y estaban fuertemente influenciadas por el Grupo Montparnasse, lo que generó duras críticas por parte de quienes defendían los modelos académicos tradicionales. También, esta denominación se relaciona con los estudiantes y docentes que, tras el cierre de la Escuela de Bellas Artes, fueron beneficiados con becas otorgadas por el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo para perfeccionarse en el extranjero. Por su parte, el Grupo Montparnasse promovía una propuesta rupturista que se alejaba de las prácticas artísticas predominantes en Chile. Como señala el texto ¿Los padres de la modernidad en Chile? (2011): “Proponía el olvido de lo que habían sido las tradiciones pictóricas en Chile, transformándose en una verdadera pugna


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cultural donde se enfrentaban los hombres libres y los hombres atados por los prejuicios de las fórmulas, como se mencionaba en la prensa. Fue al mismo tiempo una pugna donde se comprendió la importancia de ocupar un lugar en el campo artístico y de crear relaciones con todos aquellos que quisieran participar de este espíritu nuevo, pues eso es lo que era: un aire nuevo para el arte chileno” (p. 72). ARTISTA Y LEGADO El destacado artista Marco Bontá en su texto Ana Cortés, artista y pedagoga (1966), relata que conoció a la pintora en la Escuela de Bellas Artes y que compartió con ella sus años de formación entre los 18 y los 20 años. Según Bontá, fue una época en la que “la juventud estudiosa vivía soñando con hacer de la patria un hogar grato para la prolífica familia chilena” (p. 225), quien entrega una detallada descripción de Cortés: “Con Ana Cortés, muchachita fina, de silueta ágil, dinámica, de fisonomía sonriente y plena de gracia primaveral, completábamos el grupo de estudiantes de arte, los nuevos entusiastas continuadores de las conquistas espirituales de la magnífica pléyade de pintores románticos, de esos que pintaron por puro amor al arte y que formara el ilustre maestro español Fernando Álvarez de Sotomayor; hoy rotulada como símbolo de una época de cambios en nuestra estructura social: la malograda Generación del 13. Fueron los componentes del primer producto valioso que justificó con creces la discutida y melodramática construcción del Palacio de Bellas Artes del Parque Forestal, obra de paciente esfuerzo de una de las voluntades más generosas que tuvo en suerte contar, durante casi tres cuartos de siglo, nuestra vida artística” (p. 225).

En 1966, Ana Cortés fue elegida Miembro Académico de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile. Debido a la relevancia de su trayectoria para la historia del arte nacional, el Museo Baburizza creó una sala permanente dedicada a su figura, con el propósito de visibilizar a la primera mujer chilena en obtener el Premio Nacional de Arte, mención Pintura, en 1974. La sala se encuentra ubicada en el segundo piso del museo y alberga cuatro obras de la artista, además de una biografía que presenta los hitos más relevantes de su vida y trayectoria. PREMIOS, DISTINCIONES Y CONCURSOS 1974

Premio Nacional de Arte, Mención Pintura, Santiago, Chile.

1966

Premio Salón Oficial, Museo de Arte Contemporáneo, Santiago, Chile.

1966

Miembro Académico de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile.

1962

Premio de Honor, Salón Oficial, Santiago, Chile.

1960

Salón Oficial Premio Certamen Carlos Van Buren, Santiago, Chile.

1959

Premio ex-aequo de Artes Aplicadas, Salón Oficial, Santiago, Chile.


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1954

Primera Medalla de Dibujo, Salón de Viña del Mar, Viña del Mar, Chile.

1940

Segunda Medalla en Pintura, Salón del 2º Centenario, San Felipe, Chile.

1949

Premio Salón Oficial, Santiago, Chile.

1940

Segunda Medalla en Dibujo y Grabado, Salón del 2º Centenario, San Felipe, Chile.

1949

Premio Salón de Verano, Viña del Mar, Chile.

1940

Premio de retratos, Salón de Verano, Viña del Mar, Chile.

1946

Premio de Honor, Certamen Carlos Van Buren, Santiago, Chile.

1939

Segunda Medalla en Dibujo, Santiago, Chile.

1945

Premio Salón Oficial, Santiago, Chile.

1939

Premio Salón de Verano, Viña del Mar, Chile.

1945

Premio Salón de Verano, Viña del Mar, Viña del Mar, Chile.

1937

Primera Medalla en Pintura, Salón Oficial, Santiago, Chile.

1942

Segunda Medalla en Pintura, Exposición de Pintura Chilena, Salón de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina.

1937

Certamen Marcial Martínez, Pintura, Santiago, Chile.

1935

Tercera Medalla en Pintura, Salón de Verano, Viña del Mar, Chile.

1935

Primera Medalla en Pintura, Salón Oficial, Santiago, Chile.

1935

Primera Medalla en Dibujo, Salón de Verano, Viña del Mar, Chile.

1934

Segunda Medalla en Pintura, Salón Oficial, Santiago, Chile.

1933

Segunda Medalla en Pintura, Salón Oficial, Santiago, Chile.

1928

Primera Medalla Arte Decorativo, Salón Oficial, Santiago, Chile.

1942

Primera Medalla en Dibujo, Salón de Verano, Viña del Mar, Chile.

1942

Primera Medalla en Pintura, Salón Oficial, Santiago, Chile.

1942

Premio Especial Herminia Arrate, Santiago, Chile.

1941

Primera Medalla en Pintura, Salón Oficial, Santiago, Chile.

1940

Segundo Premio Medalla de plata, Salón de Aarte chilenoChileno, Buenos Aires, Argentina.


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Berta Smith

De esta pintora chilena no existe gran información. Lo poco que se conoce es que su trabajo artístico se destacó por el uso de acuarelas, con las cuales producía lienzos cuyos temas eran naturalezas muertas, flores y paisajes. Además, participó en 1937 en el Salón de Verano de Viña del Mar junto a Chela Lira. En un artículo sobre dicha exposición, Carlos Raygada señalaba (1937) en la Revista de Arte

-que formaba parte de una publicación bimestral de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile- , que “la señorita Bertha Smith Langley presenta un conjunto de “Flores”, “Duraznos” y “Naturaleza” que la han hecho acreedora a un primer premio. A ese conjunto se agregan sus acuarelas de flores. En todos sus trabajos, demuestra condiciones que justifican su recompensa” (p. 5-6).


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En el texto, el crítico literario también se refiere al cuadro de figura humana que exhibió Smith, pero el cual, a juicio del escritor, tenía grandes diferencias de calidad con las obras de frutas y flores, las que poseían “una delicadeza verdaderamente refinada” (pág. 6). Raygada mencionó que los méritos de la artista estaban basados en esos temas, en los cuales era justa de valores, armoniosa y lograba representar el mismo aroma de las flores en sus cuadros. Su intervención sobre ella finalizó con estas palabras: “Hay en la señorita Smith toda una promesa de buena pintura, afortunadamente anunciada con la realidad de hoy”. Berta Smith también fue parte de la Generación del 13 y compartió con Chela Lira y Jim Mendoza Mc-Ray, quienes son parte de las colecciones del Museo Baburizza. Este movimiento se definió principalmente por la realización de retratos de estilo realista. Esto se aprecia en la obra “Retrato de niño”, en el cual la artista logró reflejar muy bien la sensación de melancolía o aburrimiento del protagonista. También, contamos con las obras “Quinta Normal” y “Clarines”, que exhiben la destreza artística de Smith.


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Graciela Lira

Más conocida como Chela Lira, fue una pintora chilena que nació en Valparaíso en 1909, en una época en que este famoso territorio se encontraba en pleno auge económico. En 1906, la ciudad había experimentado uno de los terremotos más recordados por los porteños, que hizo que Valparaíso se reconstruyera. No fue hasta los 18 años, entre 1927 y 1928, cuando comenzó a tomar clases de pintura

junto a la gran artista Celia Castro, quien regresaba después de largas décadas de su estadía en Europa. Chela Lira, junto a otros artistas que también fueron alumnos de Castro, pertenecieron a la llamada Generación Porteña, grupo de artistas escasamente reconocido en la pintura chilena. La artista recibió a jóvenes artistas porteños, sin recursos económicos, ni provenientes de la academia, quienes darían forma a este movimiento de pintores que tenían características únicas en su trabajo pictórico.


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Algunos de los otros artistas que fueron parte de esta generación fueron Roko Matjasic, Carlos Lundstedt, René Tornero, Jim Mendoza, René Quevedo y Manuel “Marinero” Araos, entre otros, quienes representaron a la ciudad de Valparaíso por décadas. Luego de la muerte de varios exponentes que pertenecían a esta generación, este grupo de artistas quedó en el olvido; solo en algunos museos podemos encontrar parte de sus obras. Más tarde fue alumna de Roko Matjasic y Arturo Gordon en la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar, comenzando a reconocerse en el mundo artístico y cultural como pintora. En la década de los 40 decidió irse a Antofagasta, lugar en donde se casó con el pintor y arquitecto Jorge Tarbuskovic. En este periodo también fue docente en la Escuela Normal Superior y en el Departamento de Artes de la Universidad del Norte, donde fue la gran maestra en la Academia de Pintura Infantil de este departamento, siendo muy reconocida, admirada y querida por sus estudiantes, quienes la representan en sus testimonios como una mujer exótica y libre, con unos grandes ojos de color violeta azulado que siempre tapaba con unos grandes lentes de sol y que les entregó “alas para aprender pintar sin miedo”. Tal como se menciona en el sitio web Mujeres bacanas, “durante su trayectoria realizó diversas exposiciones colectivas e individuales y fue condecorada con múltiples premios (…). La artista destacó con pinturas de óleo sobre tela, con un carácter neoimpresionista y simbolista. Sus obras

estaban caracterizadas por paisajes y locaciones tanto de Antofagasta como del puerto de Valparaíso, donde la naturaleza era un elemento en común”. En el Museo de Bellas Artes tenemos una obra de ella llamada “Cabeza de hombre”, un óleo sobre tela de pequeño formato, de 38 cm centímetros de alto y 26 cm de ancho, en donde nos encontramos con el retrato de un hombre en primer plano. Su rostro se encuentra de medio perfil y dirige la mirada hacia el espectador. Su mirada es seria pero tiene un pequeño destello en sus ojos; está fumando y lleva puesta una camisa blanca, con corbata azulada y chaqueta de vestir. Podemos ver la cantidad de óleo que utiliza en ciertos sectores de la obra, concentrando mayor detalle en su mirada y su boca, y utilizando destellos de pintura de color rojizo o rosado para dar mayor luminosidad en ciertos sectores de su rostro. Al costado inferior izquierdo se encuentra la firma de la artista, con intensas letras de color rojo. PREMIOS Y DISTINCIONES 1929 Medalla de Segunda Clase, Sección Pintura, Salón Anual de Bellas Artes, Santiago, Chile. 1936 Mención Honrosa en Pintura, Exposición Nacional de Artes Plásticas del IV Centenario de Valparaíso, Chile. 1938 Primer Premio en Pintura, II Salón de Otoño de Valparaíso, Chile.


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1938 Tercera Medalla en Pintura, 52 Salón Nacional, Sociedad Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile. 1940 Tercera Medalla en Acuarela, Salón Nacional, Sociedad Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile. 1976 Mención Honrosa en Pintura, Concurso de la II Región para el Certamen Nacional Chileno de Artes Plásticas, Chile.


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Ximena Cristi

Lucía Ximena Cristi Moreno, nació en Rancagua el 13 de diciembre de 1920. Tal como comentó en una entrevista realizada por revista La Panera en 2020, su nacimiento en aquella ciudad fue algo más bien circunstancial, ya que su papá era agricultor y conoció a su madre en aquel lugar: “Me ha servido mucho esto de ser rancagüina (…), porque en provincia se suele exaltar a la gente, en cambio, en Santiago, hay tantas preocupaciones y tumulto que las personas pierden su centro”. (Cristi, 2020).

Pese a los duros momentos que vivió en su infancia cuando fallece su madre, Cristi recuerda que fue una niña feliz. Creció junto a la naturaleza tan característica de la zona centro del país, la cual sin duda fue su motor de inspiración para desarrollar su arte. En el libro Ximena Cristi, catálogo de obras razonadas (2021), realizado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, se menciona que tras finalizar Humanidades en el Colegio de los Sagrados Corazones


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—época en la que demostró sus talentos y preferencias por la literatura—, a los 18 años decidió ingresar a la Escuela de Bellas Artes. Seis años más tarde logró el grado de Licenciada en Artes Plásticas con mención en Pintura. Si bien se formó como artista, las letras siempre fueron parte de su vida. “El gusto de Ximena Cristi por la lectura y la escritura, así como su capacidad de contar historias, constituye algo fundamental en su larga carrera. La artista relata que en ‘“su tiempo de muchacha’” tenía cuadernos con numerosos escritos, y que en el largo viaje de vuelta desde la escuela hasta su casa de La Granja leía distintos libros, desde Dostoievski hasta María Luisa Bombal, lecturas que permearán en su vida” (p. 302). Durante su estadía en la institución tuvo a importantes maestros, tales como: Carlos Pedraza, Jorge Caballero, Camilo Mori, Héctor Cáceres y Gustavo Carrasco. En su paso por la universidad experimentó métodos de enseñanza que estaban fuera de lo establecido por la academia, lo que contribuyó a que se formara como una pintora diferente. De sus maestros aprendió estilos como el postimpresionismo, y, como señala en su biografía en Mujeres bacanas (s.f.), “indagó y se convirtió en una de las precursoras del expresionismo figurativo”. Dentro de este abanico de docentes, hay que destacar a Carlos Pedraza, quien fue la influencia más visible en la obra de Cristi: “Es él quien le enseña, según ella misma relata, la importancia de revisar el propio trabajo y de dejarse evaluar, de participar en concursos y progresar en el camino de apreciar los recursos que posee como artista”, se indica

en el catálogo razonado de su obra. (Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, 2021, pág. 304). Producto de una beca que le brindó el gobierno italiano para mejorar sus estudios, emprendió rumbo a la Academia de Bellas Artes de Roma. Estuvo entre 1948 y 1951 en Europa, entablando importantes amistades y recorriendo museos que le permitieron obtener una nueva mirada. Cuando finalizó sus estudios en Italia, viajó por diversos lugares del viejo continente y fue en España donde logró el Segundo Premio del Salón Hispanoamericano de Pintura en 1950. Según sus palabras, “(…) son los premios que he recibido en mi ciudad, en Santiago, los que realmente importan, porque aquí está la gente que te conoce, y estás en tu centro. Allá uno es más anónimo. Por cierto, los premios sí son muy importantes para un artista, porque son sus títulos. Un artista no se recibe de la carrera de arte, sino que, a través de sus premios, sus valores se van afirmando. Pero, con los años se van olvidando. Pasa el tiempo, y lo único real es el entorno familiar” (Cristi, 2020). A su regreso al país se casó, tuvo hijos y en 1952 fue profesora de Pintura en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, deber que desempeñó hasta 1982. Durante este tiempo combinó la docencia con su labor artística. GENERACIÓN DEL 40 Para Zamorano, Cortés y Muñoz (2005), en los años cuarenta 40 del siglo XX ocurrió el “despertar de una generación”. Un grupo de artistas que fueron formados en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, que poseían tendencias post-impresionistas y que participaron en los Salones de Arte de 1941, se juntó para armar una agrupación pese a


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no tener estilos plásticos en común. Exponentes como Sergio Montecinos, Aída Poblete, Pablo Vidor, Isabel Roa, Luis Strozzi, Matilde Pérez, José Venturelli y Ximena Cristi, entre otros, eran parte de este movimiento que se distinguía por “el color puro, saturado y brillante que fue un elemento fundamental y distintivo en el arte de este período” (Ximena Cristi, catálogo de obras razonadas, p. 312). (Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, 2021, pág. 312). Cada uno de ellos seguían estilos y tendencias distintas y contradictorias, que pasaban por el expresionismo, la abstracción, el surrealismo y el arte óptico. El contexto sociopolítico de la época estuvo marcado por la llegada del Frente Popular, en 1938, y por el inicio de la Segunda Guerra Mundial en 1939. En el caso de nuestro país, según Antonio Romera (La generación de 1940 de la Escuela de Bellas Artes, 1976), quienes participaron en la instalación del Frente Popular encontraron allí un lugar para desarrollar libremente sus indagaciones estéticas: Además, el dibujante y caricaturista, agregó que: “(…) y si bien su obra empieza a hacerse notoria en torno a la fecha citada, los elementos que la componen revelan escasa inclinación a intervenir hondamente en la cosa política. Nacen para el arte en un período crucial y conflictivo, pero ellos sólo lo rozan, son tangenciales a él. Sin embargo, al producirse su nacimiento como generación artística, se encuentran centrados en un mundo que parece estable, aun cuando la estabilidad sea ficticia”. En el caso de Ximena Cristi, para Romera su

pintura se sometió a la avalancha de disposiciones ornamentales, desarrollando en sus lienzos objetos cotidianos del hogar, vegetación de jardín, animales, sillones, jarras con agua, entre otros: “(…) el caos de formas y de colores es domeñado en la más grata síntesis decorativa” (p. 149). Para Mujeres bacanas (s.f.) el arte de Cristi “está caracterizado por paisajes, naturaleza muerta, interiores y figuras humanas, todo esto formado con un sentido nostálgico y melancólico. Según destaca el Museo de Bellas Artes, sus obras también estuvieron marcadas por el entorno doméstico y la cotidianeidad, donde irrumpía su visión un poco más rupturista a través del uso de colores”. A sus 101 años, Ximena Cristi se convirtió en la última sobreviviente de la Generación del 40. Gracias a su natural talento fue considerada “una de las precursoras, junto a Henriette Petit, del expresionismo figurativo” (Woman Times, 2022). En 1953, una sociedad conformada por Matilde Pérez, Sergio Montecino, Aída Poblete, Ramón Vergara Grez y Ximena Cristi, creó el Grupo de los Cinco. Esta asociación de pintores quería realizar nuevos lenguajes artísticos, alejados de la representación figurativa. Tal como indica la plataforma Artistas visuales chilenos, “la propuesta del grupo fue expresada en el catálogo de la exposición de pinturas que efectuaron en el Instituto Chileno Francés de Cultura”. Tras una larga y portentosa trayectoria, la artista falleció el 22 de julio de 2022. El Museo de Bellas Artes de Valparaíso posee una obra de la artista chilena. En los pasillos


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1976

Premio Academia de Bellas Artes, Santiago, Chile.

1975

Premio Instituto de Chile, Santiago, Chile.

1963

Premio de Honor, Pintura, LXXIV Salón Oficial, Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile.

1961

Premio APECH, LXXII Salón Oficial, Museo de Arte Contemporáneo ( Quinta Normal), Santiago, Chile.

1961

Premio Certamen Matte Blanco, LXXII Salón Oficial, Museo de Arte Contemporáneo (Quinta Normal), Santiago, Chile.

1954

Primer Premio, Pintura, LXV Salón Oficial, Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile.

1951

Segundo Premio, Pintura, LXI/ Salón Oficial, Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile.

2000 Premio Municipal de Arte, Municipalidad de Santiago, Chile.

1950

Premio Pintura, Primer Salón Hispanoamericano, Madrid, España.

1997

Premio Círculo de Críticos, Artes Visuales, Santiago, Chile.

1948

Beca de perfeccionamiento en la Academia de Bellas Artes de Roma, Roma, Italia.

1985

Mención especial, 3er Concurso "Valdivia y su Río", Valdivia, Chile.

1946

1982

Premio de Honor en el Certamen Nacional, Museo de Arte Contemporáneo, Santiago, Chile.

Segundo Premio, Pintura, LVII-LVIII Salón Oficial, Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile.

1944

Segundo Premio, Pintura, LVI Salón Oficial, Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile.

de la institución porteña se encuentra “Naturaleza muerta”, que forma parte de la colección que lleva el mismo nombre. En esta pieza pictórica se puede apreciar la influencia del maestro Carlos Pedraza, quien se identificó por trazar flores en jarrones. “En las flores de Cristi predomina una energía de gesto y color. Para ella, las flores son una lección de color y un desafío para el pintor, ya que son complejas en sus formas y “brindan una enorme gama de tonos que varían con la luz y con el paso de los días”. Y, también, como a machetazos, como digo yo, porque la vida es corta’”, señala el catálogo razonado (p. 223). PREMIOS 2011

Premio Altazor; Artes Visuales, Pintura, Santiago, Chile.

2009 Premio Asociación de Críticos de Arte (AICA), Santiago, Chile.

1980

Premio de Asociación de Críticos de Arte (AICA), Santiago, Chile.

1979

Premio de Honor en Certamen Lircay, Universidad de Chile, sede Talca, Chile.


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Olga Doñas

Nacida en Valparaíso, probablemente a principios de la década del 20, se radicó tempranamente en Viña del Mar. Olga Doñas, “Olguita” para sus amigos, fue una artista de múltiples etapas y con una trayectoria amplia, lamentablemente poco recordada hacia la actualidad y con parte importante de su historia aún desconocida. Inició sus estudios en 1938 en la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar. Allí fue alumna

de Roko Matjasic y Arturo Gordon, a lo que se suman unos nueve años bajo la tutela de Hans Soyka, donde pasó a ser uno de sus estimados “pollos”, como solía llamar el alemán a sus discípulos. De esta primera etapa como artista, se destaca la línea segura de sus pinturas, además de una pequeña arista con la manualidad. La influencia pictórica más clara es la de André Lothe; esta se puede apreciar


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en sus obras “El filodendro” (presente en el Palacio Vergara de Viña del Mar, con información mal rotulada), de quien Doñas heredó la preocupación por la composición en las obras, y “Volantín cortado” (se encuentra en la Pinacoteca de la Universidad de Concepción, información en cuanto a fechas). Centrada fuertemente en la figura y un uso duro de los colores, esto caracterizará a la primera etapa de Doñas, que se puede delimitar entre los 50 y mediados de la década del ‘60. Aquí se verán también los primeros hitos de su carrera: Primer Premio en el Salón ARTCH Valparaíso, 1950; 2° Premio Casino de Viña, 1954; y el Premio de Honor por la Academia de Bellas Artes de Viña del Mar, 1956, entre otras distinciones. Esta envidiable trayectoria y temprano reconocimiento le brindaron el título de Maestro de Arte en 1956, por la Academia de Bellas Artes de Viña. Si bien no se mantienen registros de algún rol como mentora, el título se encuentra allí presente. De lo que sí se mantiene testimonio es de las amistades que logró armar durante su vida artística. A los ya mencionados Soyka y Matjasic, se suma Camilo Mori. Mantendrá cuadros de todos ellos en su taller hasta finales de su existencia, donde los miraba para hacer memoria. Una Olga Doñas ya madura; afirma al diario El Mercurio en 1985: “Desgraciadamente, los amigos han tenido que viajar o partir, simplemente. Una se va quedando sola con sus recuerdos”.

Tuvo una mentalidad inquieta y sobrevivió a toda la Generación del 13 que la cobijó y dio forma a sus primeras etapas. Sin embargo, supo sacudirse aquel mote y buscar nuevos horizontes tanto como para su carrera personal, como para los motivos de su pintura. En 1957, en una crítica de arte titulada “La pintura de Olga Doñas”, realizada por Victoriano en el diario La Estrella de Valparaíso, se habla sobre su primera exposición individual que se desarrolla en el salón del Instituto Chileno-Francés de Cultura. El escritor se refiere al momento que vive la artista: “Nos llama la atención de inmediato, en esa ojeada general que valoriza el conjunto de una exposición, lo parejo de ella. Olga Doñas ha seleccionado sacrificando trabajos predilectos de su manera anterior. No hay aquí esas diferencias de escuelas, realizaciones y hasta técnicas que chocan en otras muestras. Se advierte que la pintora llegó a sus formas definitivas, que encontró su manera de expresión plástica, la que corresponde a su temperamento”. Este camino está también marcado por el abandono del cubismo de Lothe, buscando las formas de la abstracción. “El Paisaje lunar”, presente en el Museo Municipal de Bellas Artes de Valparaíso, es un ejemplo perfecto de la maduración de este proceso artístico. En el cuadro mencionado, Doñas hace uso de distintas materialidades, las cuales resaltan la intención fuertemente onírica detrás de la obra, convirtiendo esta en una de las carreras más singulares que


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nos pudo haber brindado la generación antes mencionada. En la nota, la autora afirma que nunca pudo vender un cuadro, debido al cariño que les tenía, por lo que gustaba de guardarlos o regalárselos a sus cercanos. No sería apresurado afirmar entonces que gran parte de su colección ha sido probablemente heredada; algunas pocas obras se encuentran en el extranjero, mientras que otras piezas se encuentran en las colecciones nacionales mencionadas anteriormente, donadas por la propia Olga Doñas. Sin embargo, la poca repercusión en la conservación de su material no influye en la opinión que generó en las grandes figuras de su tiempo. El grabador Carlos Hermosilla afirmó que Doñas “pinta sin dramas, pero con efusión de infaltable humanidad, aunando en la amistosa femineidad de su persona y su arte”. Por otro lado, y probablemente una de las anécdotas que con más cariño debe haberle guardado la artista, es la relacionada con Diego Rivera, quien luego de ver las obras del Bellas Artes, apuntó a las de Doñas y dijo: “Esto me interesa, es usted una pintora de verdad, siga; hay fuerza en lo que hace y creatividad”. Mimy Garfias menciona en el diario La Estrella de Valparaíso (1985), diversas opiniones que tienen críticos como Romera, Feick y Carvacho. El primero de ellos dice que “Olga Doñas es una metamorfosis que se apoya en la razón formal, lejos de la

sobriedad franciscana del cubismo”; Irmgard Feick, elogia su estructura cromática; y Víctor Carvacho señala que “compone y contrasta valores con claridad”. Doñas realizó exposiciones en diferentes lugares del país, tales como Valparaíso, Viña del Mar, Concepción y, Santiago, entre otros, obteniendo importantes distinciones. Fue galardonada con el Primer Premio Salón ARTCH Valparaíso (1950), segundo lugar en Premio Casino de Viña del Mar (1954), Mención Honrosa en el Salón de Primavera de Ñuñoa. Además, sus cuadros figuran en colecciones de Alemania, Argentina, Brasil y España. Sin duda la vida y obra de Olga Doñas merece una revisión que la crítica artística aún no ha sabido darle.


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