LA MENINA ESTÁ TRISTE 1. La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la risa, que ha perdido el color. La princesa está pálida en su silla de oro, está mudo el teclado de su clave sonoro, y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.
Dámaris no podía dejar de pensar en este poema cada vez que pasaba por aquel pasillo camino de la cafetería, aunque en su cabeza empezaba un poco diferente: “La menina está triste ¿qué tendrá la menina?, los suspiros escapan de su boca de fresa, que ha perdido el color,...” y hasta ahí, porque entonces lo que pensaba era en lo feísima que era la menina. Color tenía, de hecho, era lo que más color tenía en aquel jardín interior del instituto, aparte de las columnas pintadas como las estaciones del año, y los pájaros, claro. Los que estaban pintados, porque los de verdad eran marrones, y procuraban no ser vistos… tras largos años viviendo en aquel ambiente sabían que la puntería de algunos estudiantes era demasiado buena para arriesgarse a revolotear por allí buscando migas. El cariñoso tirón de pelos que le dieron la sacó de sus pensamientos, era Rubén: -Tanto rogarle a la seño que nos dejara salir antes para ahorrarnos la cola en la cafetería y te paras a mirar los pajaritos? -Alejandro me compra el bocata, yo he ido al baño cuando hemos salido. Y no miro los pajaritos, miro la menina esa. -Sí. ¿Está triste verdad?, dijo Rubén. Yo siempre que la miro pienso lo mismo, y da igual las veces que pase, me parece que quiere decirme algo, pero no sé que me iba a decir, la verdad, como no sea que le quiten el polvo o algo así. - ¿De qué habláis? ¿Por qué no nos vamos al patio? -Vale, dijo Dámaris, que estaba todavía más rayada al ver que a Rubén le pasaba lo que a ella. Ya en el patio, buscaron a Katia y a Laura, por el camino se les unió Rosa . Casi llegaban al rincón del patio dónde solían estar en los recreos cuando, justo al pasar junto a uno de los profesores de guardia de recreo, uno de esos con cara de vinagre, les sonaron todos los móviles, todos, a la vez. El profe los miró y les dijo: los móviles están prohibidos, también en el recreo, no quiero ver ni uno.
No respondieron, siguieron andando y una vez acomodados como de costumbre, y disimulando divinamente, cada uno miró su móvil. “Mi tristeza no es por el polvo, mi tristeza es porque los peligros os rodean y no les prestáis atención, ayudadme a vencerlos” Isabel de Velazco
Todos tenían el mismo mensaje, y eso hizo que se rayaran, mucho. -¿Quién es el gracioso? ¿O la graciosa? -Seguro que han hackeado el wifi del insti y están de cachondeo, dijo Juanan Justo entonces, llegó como siempre, superdespistado Marcelo: -¿Quién es Isabel de Velazco? ¿Qué es la nueva alumna de la clase de enfrente? -No, seguro que es un cachondo mental, que se está quedando con nosotras, hemos recibido el mismo mensaje. -¿Todos? ¿Tú también Juanan? -Sí, de Isabel de Velazco, que está triste. Los móviles volvieron a pitar: “Vigilo el pasillo y os digo que hay siete demonios, siete monstruos crueles que se mueven entre vosotros, tenéis que pararlos o harán la convivencia cada día más difícil y la felicidad imposible” Isabel de Velazco.
Se miraron y se rieron, el mensaje volvía a estar en todos los móviles. Y volvió a pitar, pero ahora era el timbre del fin de recreo y hubo que volver a clase. Y guardar los móviles. Una hora después Dámaris seguía sin creerse lo que estaba pasando: -Esto es raro, Laura, tengo otro mensaje ¿tú también? -Sí, pero los demás de la clase no. -Tía qué cague. ¿Qué dice tu mensaje? -Lo mismo que el tuyo, seguro: “Ayudadme a detener a esos demonios, ayudadme, por favor” Isabel de Velazco.
Una hora después, Marcelo salió al pasillo diciendo:
-Los mensajes nos los mandan solo a nosotros, yo creo que a lo mejor es una prueba de algo, de la orientadora o de jefatura… -U otra rayaera de la seño de cambios sociales, concluyó Juanan. -No sé, a mí eso de Isabel de Velazco no me suena a la seño -¿Por qué no, Rosa? - No sé, no hablaría así -¿Que no? Ya no te acuerdas de cuando nos troleó el otro día, diciendo que creía que tenía un síndrome en las neuronas y quería que la observábamos porque estaba segura de que tenía una enfermedad que hace que cuando quiere decir una cosa el síndrome ese la cambia y dice otra cosa diferente pero que ella no se da cuenta, que estemos atentos. Y estábamos todos ahí, con la cara de penilla pensando que tenía algo malo -Claro que me acuerdo Marcelo, y luego va y dice que se ha dado cuenta porque cada vez que ella dice ¡silencio! parece que entendemos ¡Pasad de mí y seguid hablando! Mae mía, mae mía… y yo preocupá… No me callé en to la hora, a ver si así deja de trolear. Pero que me extraña que ahora sea ella porque esa no nos manda mensajes para que usemos el móvil en el instituto ni jarta de síndromes. -Eso es verdad, por cierto que Isabel de Velazco es una menina, dijo Rubén sorprendiendo a todos. -¿Qué es una menina? -Isabel de Velazco, me lo ha dicho Juan, el de Sociales. Es una de las meninas que salen en el cuadro de Velázquez y en la versión que hizo Picasso. -Pues el de Sociales controla, así que es una menina, como la de los cuadros y la del pasillo de la cafetería, claro, añadió Dámaris. -No jodas, la menina nos pide ayuda. La estatua del pasillo nos pide ayuda. -¿Para qué, para limpiarla, Marcelo? -Que no, que no tiene que ver con eso, Juanan lo decía el primer mensaje Laura estaba quieta y callada, tanto que Rosa se asustó: -¿Qué te pasa? ¿Estás bien? -Me ha respondido la menina. Le he escrito preguntando cómo quería que la ayudáramos y me ha respondido Los nombres de los monstruos están ocultos en enigmas, tenéis que descifrarlos y escribir su nombre, así perderán su poder porque los reconoceréis. Vosotros podréis ser libres, y yo podré dejar de sentir cómo su malicia carcome el espíritu del instituto” Isabel de Velazco
2 Carne ya no tengo y aun así yo siento: mente y alma anidan en el cartón piedra. Orugas me invaden, jóvenes me ignoran te juro, amiga mía, que yo no te miento: rostros de demonios veo que se acercan. Aúllan a mi lado, espantan a las aves rancias son sus linajes, agudos sus gritos da miedo escucharlos, te digo de veras. Crecen cada día si no los paramos óyeme y detenlos: SOLO DI SU NOMBRE es así de fácil. Busca siete monstruos tatúa sus nombres en algún cuaderno. Actúa sin miedo, pues tendrás ayuda tienes mil mujeres detrás y a tu lado: vienen a ayudarte, y podrás salvarnos dadles caza ¡vamos! y habrá libertad. Isabel de Velazco
-Esta tía sentirá mucho pero no oye, porque si se fijara en lo que decimos a sabría que la gente ya no habla en verso como en su época. Yo de ahí solo entiendo la primera palabra: carne. -Pues no, Rubén, porque también te has enterado de que siente cosas, a ver si lo entendemos entre todos, vamos poco a poco, como cuando la de lengua quiere que entendamos un poema en clase. -Sí, si nosotros lo leemos, pero al final lo explica ella.
-Porque no prestamos atención, reconócelo Laura, que tan torpes no somos. -El cartónpiedra es de lo que se hacen las estatuas como la de la menina, porque mi tío que es de Valencia y hace fallas siempre dice “a palabras necias, oídos de cartón piedra, como los ninots” _Ok Juanan. Entonces la tía esta dice que está agobiá porque siete demonios están por ahí rondando y quiere que nosotros, ¡nosotros!, no los vengadores ni Spiderman, nosotros, los detengamos. -No hay que luchar con ellos, Rubén, basta con escribir su nombre en un cuaderno: por eso dice Tatúa su nombre, porque cuando escribes es como si lo tatuaras en el papel, no se puede borrar y el demonio queda atrapado, digo yo. -¿Y si lo escribo con lápiz? -Pues no lo escribas con lápiz, escríbelo con boli -¿Y si lo escribo con un boli de los que se borran? -¿Y si te callas o te callo? Yo digo de venir esta tarde y empezar con los enigmas, zanjó Dámaris la discusión. -¿Dónde están los enigmas? -Vamos a pedirselos a Isabel Y Dámaris tecleó:
Vale Isabel, nos wasapeas los enigmas esos?
Y entonces: Vale Isabel, nos wasapeas los enigmas esos?
Y entonces: Vale Isabel, nos wasapeas los enigmas esos?
-¿En serio? ¿En serio estamos aquí para buscar a los demonios que están matando a la menina esa? ¡Qué es una estatua! Estáis zumbaos. Yo paso. Después de soltar su discurso, Rubén se dio la vuelta para irse, pero al final se volvió dijo: -Y si es una estatua cómo wasapea? -Eso digo yo. Lo más lógico es comprar una güija como se ha hecho to la vida para hablar con los espíritus, dijo Laura. -Que no es un espíritu, es una estatua. -A lo mejor hay una güija especial para hablar con estatuas Rubén -No digas tonterías, Laura.. _¿Tonterías por qué? ¿Qué pasa? Que nada más que tú sabes lo que hay que hacer? ¿Qué pasa que ahora eres la amigo íntimo de la menina? Yo paso de vosotros, y de vuestra minina. Miau, miau, chalaos. -¡Me sube la tensión! ¡Yo así no puedo! Queréis parar de hablar y pensar tranquilos? -Pero el enigma lo tenemos ya o no? -Qué sí, que sí, Rubén:
Pues toca biblioteca, a ver quiénes son estas mujeres.