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MSR #7

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Una mesa, una silla, un bol de frutas y un violín. ¿Qué más se necesita para ser feliz? Albert Einstein


MSR EDICIÓN LIMITADA #7

La felicidad


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NOTA


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NOTAS

ESOS PEQUEÑOS MOMENTOS

14. La búsqueda de la felicidad para una vida fértil

38. 62. 84. 108. 138.

30. Asir un fulgor: apuntes sobre la luz, el color y la alegría en las bellas artes 60. Ciudades felicies. Las ciudades de los 15 minutos 76. La felicidad no es una promesa luciano lutereau

130. Los emprendedores no somos felices… (ni queremos serlo) gabriel redolfi

DOSSIER

CONVERSACIONES 18. Mario Markic

100. Damián Delorenzi

mariano de vedia

pamela gaido

40. Malena Guinzburg

110. Alicia Valentini

jazmín bazán

alejandra rey

50. Pablo Javkin

122. Soledad Pastorutti

juan pedro aleart

pamela gaido

64. Liliana Olivieri de Pérez Bicecci carina gabetta

86. Flor Balestra MSR EDICIÓN LIMITADA #7

alejandra rey


cv colaboradores Juan Pedro Aleart es periodista. Estudió Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario. Conductor televisivo en Televisión Litoral S.A. en el programa «De 12 a 14». Santiago Baraldi periodista de raza y de corazón. Su trayectoria laboral lo llevó a ser jefe de sección Ciudad en el diario El Ciudadano, productor periodístico en radios de Rosario y en múltiples programas, en los que acompañó a colegas como Pablo Feldman, Claudio Scabuzzo, Eduardo Aliverti, Francisco Bessone, entre otros. Jazmín Bazán es historiadora graduada con honores de la Universidad de Buenos Aires. Master en Periodismo. Especialista en temas de sociedad, historia, género y cultura. Mariano De Vedia periodista, dedicado a temas de educación, cultura y política. Abogado, egresado de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Integra desde 2009 el equipo de editores de la sección Política del diario La Nación, de Buenos Aires, donde anteriormente fue durante más de una década jefe editor del área de Cultura. Carina Gabetta es licenciada en educación, psicóloga social y especialista en temas de educación en las infancias. Pamela Gaido es comunicadora social. Escritora aficionada, amante del cine, la literatura y la vida al aire libre. La mayor parte de su experiencia laboral está vinculada a la gestión cultural, desempeñándose en diferentes áreas de la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario.

Luciano Lutereau es psicoanalista. Doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires, donde trabaja como docente e investigador. Alejandra Rey periodista y redactora. Trabajó en numerosas radios y medios gráficos del país. Entre ellos podemos citar a los diarios Ámbito Financiero, Página 12, La Nación, Clarín. También en las revistas La Nación, ADN Cultura. Colabora en las ediciones de la revista Contraseñas (de American Express), El Patio (Magazine de El Patio Bullrich), Ida & Vuelta (de la Cámara Argentina de Turismo), entre otros. Recibió el premio Adepa en el rubro investigación periodística. Beatriz Vignoli es traductora, periodista, crítica de arte, curadora de arte contemporáneo y colaboradora de Rosario/12 desde 1991 en las secciones Cultura y Contratapa. Ha publicado varios libros en los géneros de poesía, novela, nouvelle, cuento, relato breve y crónica literaria. Obtuvo en 2009 el premio Blanca Stabile de la Asociación Argentina de Críticos de Arte.

Las tipografías utilizadas en MSR/Edición Limitada #6: SciFly Sans by Flyerzone y Chivo by Pocho Gatti

staff Dirección General Arq. Gabriel Redolfi Dirección Editorial Salero Diseño Dirección de Arte Salero Diseño Coordinación General Lic. Yanina Salman Producción General Marcela Salas Cornejo Fotografías Marcelo Yuvone Videos Marcelo Yuvone Maquetación Liliana Agnellini / Verónica Franco Impresión Imprenta Borsellino MSR Edición Limitada es una publicación de distribución gratuita propiedad de MSR Constructora SA RNP en trámite. Todo el material publicado es de producción propia de MSR Edición Limitada. Se permite la reproducción total o parcial del material con obligación de citar a la fuente. Noviembre, 2021. www.msrinversionesydesarrollos.com


Cuando comenzamos a trabajar en el número seis de MSR Edición Limitada, en el pasado año 2020, estábamos en plena cuarentena. No sabíamos si lo podríamos editar en papel, si podríamos ponerlo en manos de nuestros amigos. Hoy estamos poniendo en sus manos el número siete, en un contexto abierto, con esperanza (que fue nuestro leimotiv del seis) de lenta y dificultosa recuperación de la pandemia, que aún llevará mucho tiempo, sacrificio y esfuerzo. De a poco, nos volvemos a encontrar, a salir, a reunirnos. Comenzamos a trabajar en grupos presenciales nuevamente, y la ciencia nos ayudó con la inmunización. Desde aquel número seis a éste número siete pasó un año que parece un siglo. Otra realidad humana, algo que es increíble que suceda en solamente doce meses. Y elegimos la felicidad como temática. Somos felices de poder seguir luchando, proyectando, evolucionando. Somos felices por haber crecido. Somos felices por ser mejores. Somos felices a pesar de todo, somos felices gracias a todo. Somos felices por poder poner en vuestras manos este número siete de MSR Edición Limitada. Que disfruten leyéndolo tanto como nosotros disfrutamos de hacerlo. Gracias, en nombre de todo el equipo de MSR.

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GR


LA BÚSQUEDA DE LA FELICIDAD PARA UNA VIDA FÉRTIL


Los seres humanos, en toda su historia, y a través de diferentes perspectivas, no han dejado de preguntarse qué significa ser feliz. Desde nuestro pensamiento occidental, hay una construcción social donde se impone una cultura del llegar y tener como algo que fascina. La vida transcurre detrás de esa zanahoria donde lo material cuenta más que lo espiritual. No hay un modelo de felicidad para cada uno sino todo lo contrario. Es una búsqueda, que tiene que ver con la vida personal de cada individuo, por lo tanto, encontrar la felicidad verdadera puede considerarse un hecho singular. Si bien hay ofertas literarias o terapias que nos ayudan a «encontrar» la felicidad, muchas veces son engañosas y la frustración puede jugar en contra.

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«…conocí la memoria, esa moneda que no es nu

La felicidad y sus definiciones Etimológicamente, la palabra felicidad proviene del latín felicîtas, felicitātis, que a su vez se deriva de felix, felīcis, que significa ‘fértil’, ‘fecundo’. La entendemos como el estado emocional de una persona feliz; es la sensación de bienestar y realización que experimentamos cuando alcanzamos nuestras metas, deseos y propósitos; es un momento duradero de satisfacción, donde no hay necesidades que apremien, ni sufrimientos que atormenten. La felicidad es una condición subjetiva y relativa. Como tal, no existen requisitos objetivos para ser felices: dos personas no tienen por qué ser felices por las mismas razones o en las mismas condiciones y circunstancias.

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Así, en una escuela un profesor realizó el siguiente experimento: le entregó un globo a cada alumno, les pidió que los inflaran y escribieran su nombre. Luego, el docente los mezcló y los desparramó por el pasillo del establecimiento. Les dio cinco minutos a los alumnos para encontrar su globo y ninguno lo logró. Después les dijo que levantaran el primero que tuvieran cerca y se lo dieran a quien había escrito el nombre. En cinco minutos cada uno tenía su globo. Así, el profesor dijo a los estudiantes: «Estos globos son como la felicidad. Nunca la encontramos si todo el mundo está buscando la suya. Pero si nos preocupamos por la felicidad de los demás... también encontraremos la nuestra.»


En teoría, el sentimiento de autorrealización y el cumplimiento de nuestros deseos y aspiraciones son aspectos importantes para sentirnos felices. No obstante, para ser felices a veces no es necesaria ninguna condición previa, y así, hay personas que están siempre felices y que se sienten a gusto con la vida y con aquello que les fue otorgado en gracia, y personas que, pese a que tienen todas las condiciones para estar bien, se sienten profundamente infelices. Hay gente que está en su naturaleza ser positiva, alegre, que siempre ve el vaso medio lleno, que deja en un segundo plano las cosas mundanas que lo preocupan y pone en valor ese estado de ánimo que le da felicidad y la contagia en su familia, en su trabajo o con sus amistades. En este marco, no es casual que la Universidad de Harvard haya incorporado un curso gratis que enseña a cualquiera a ser feliz. Una cátedra de psicología positiva que busca formar empresarios y líderes hábiles a cargo del profesor Ben Shahar, donde se tratan temas como la felicidad, la autoestima, la amistad, el amor, la creatividad, la música y el humor.«Las compañías que atraen a las personas más talentosas son las que más invierten en su bienestar. Y esta inversión paga sus dividendos ya que los empleados felices son más creativos y productivos», afirma Ben Shahar, quien dicta la cátedra desde el 2006, siendo la más concurrida. Desde la psicología, sostienen que la felicidad es un estado emocional positivo cuando el individuo ha llegado a su objetivo trazado. En tanto, para tener un equilibrio adecuado hay que alimentar pensamientos positivos para no enfrentarnos a frustraciones y así poder lograr y cumplir metas. No obstante, para Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, la felicidad es algo utópico, pues considera que, para que sea posible, no podría depender del mundo real, donde los individuos están expuestos constantemente a experiencias desagradables, como el fracaso y la frustración y, en este sentido, sostiene que a lo máximo que podría aspirar un ser humano es a una felicidad parcial. Sin embargo, para el discípulo de Freud, Carl Jung, la felicidad requiere que «seamos capaces de mirar primero en nuestro interior. Solo cuando despertamos, solo cuando hacemos consciente lo inconsciente y dejamos atrás las sombras, nos sentimos libres para alcanzar aquello que nos hace felices». Expertos en psicología que han trabajado con niños afirman que la felicidad es una disposición, aseguran que no se encuentra ni se busca ni es un objetivo, por lo tanto, es posible practicarla conscientemente. Entonces, para un grupo de niños, cuando se les preguntó qué es la felicidad, las respuestas fueron espontáneas: «felicidad es estar cerca de mamá», «comer chocolate», «jugar con mi perro», «jugar con mis amigos después del colegio», «cuando me divierto», «cuando tengo una buena nota en la escuela», «cuando veo a mis abuelos».


Por otra parte, las religiones teístas suelen coincidir en que la felicidad es un estado de paz que solo se alcanza en la comunión con Dios. Los budistas, por su parte, afirman que la felicidad únicamente se consigue a través de la liberación del sufrimiento y la superación del deseo, a lo cual se accede mediante el entrenamiento mental.

LA BÚSQUEDA DE LA FELICIDAD PARA UNA VIDA F€ERTIL

En tanto, desde la filosofía, Aristóteles sostenía que la felicidad estaba relacionada con el equilibrio y la armonía, y se conseguía mediante acciones encaminadas a la autorrealización. Epicuro, por su parte, señalaba que la felicidad suponía la satisfacción de los deseos y los placeres. Los estoicos, en cambio, consideraban que la felicidad se alcanzaba dominando las pasiones y prescindiendo de las comodidades que impiden la aceptación de una existencia determinada. Mientras que, para Leibniz, defensor de la tesis racionalista, la felicidad es la adecuación de la voluntad humana a la realidad. Por su lado, filósofos chinos, como Lao Tzu, apuntaba que la felicidad se podía lograr teniendo como modelo la naturaleza. Mientras que Confucio era de la opinión de que la felicidad venía dada por la armonía entre las personas.

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Los psicólogos concluyeron que, en estas simples respuestas de los pequeños, lo material no está entre las cosas importantes de sus vidas. Valoran un sentimiento, un instante, una emoción o un pequeño detalle. Es decir, para ser feliz no hace falta mucho.

Esos eslabones de instantes felices son los que nos constituyen. Así, el encuentro con un ser querido, una buena película, un grito de gol, aprobar un examen, cambiar un trabajo, el nacimiento de un hijo, un abrazo, cumplir con un objetivo, un viaje. En suma: cada uno de esos momentos que nos llenan de satisfacción. Es, a lo largo de la vida, que buscamos ese estado emocional para ser una persona feliz. g

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Como no podía ser de otra manera, la literatura también se ha ocupado de buscar una respuesta. El genial Jorge Luis Borges comienza su poema El Remordimiento con una frase letal: «He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer, no he sido feliz». Sin embargo, el escritor en el ocaso de su vida también señaló: «Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso.» Tal vez Borges nos confirme que la felicidad, al fin y al cabo, son eslabones de instantes en nuestras vidas que engarzamos para sentirnos plenos. Esa felicidad que alcanzamos cuando vivimos en armonía con nosotros mismos en comunión con el universo o con la creencia de cada uno.


A LA VUELTA DE LA ESQUINA: «LA FELICIDAD DESDE EL CAMINO»


«Valorar lo que se tiene», es una de las enseñanzas que Markic ha recogido en sus viajes. Llegó a Buenos Aires en 1976, desde su Río Gallegos natal, para estudiar periodismo. Luego de sucesivas experiencias en medios gráficos, radiofónicos y audiovisuales, hace 25 años comenzó a recorrer el país para mostrar en su programa «En el camino», por la señal TN, los secretos de pueblos remotos y sitios naturales inexplorados. Aunque su pasión por viajar viene de siempre.

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A la vuelta de una esquina, en un punto geográfico o en cualquier momento histórico, se puede encontrar la felicidad. Y hay quienes la descubren cuando ese tiempo tal vez quedó atrás. «En distintos pueblos del interior la gente es más feliz porque desconoce. Muchas veces la felicidad se da porque no tenés acceso a otra realidad o a otros bienes», es una de las reflexiones de Mario Markic, un periodista explorador de alma, que recorre el país y conoce los mil rostros que la Argentina esconde en su vasto territorio.


«VALORAR LO QUE SE TIENE», ES UNA DE LAS ENSEÑANZAS QUE MARKIC HA RECOGIDO EN SUS VIAJES Se define como «un hombre con alas» y en una entrevista se anima a elegir los cinco lugares del país en los que la gente está más cerca de la felicidad, ya sea por sus paisajes naturales, el clima, la limpieza y el turismo. También prioriza el difícil equilibrio de combinar los atractivos de una ciudad con el acceso al aire puro de las sierras y la montaña. Por tales valores y virtudes propone como ciudades más felices a Villa La Angostura, Merlo (San Luis), Mendoza, Purmamarca y Córdoba, a las que suma la ciudad de Buenos Aires por sus perspectivas culturales. A los 68 años, Markic lleva tres armas en su equipaje: imaginación, fantasía y espíritu de aventura. Y en la guantera de su auto hay espacio para la poesía. ¿Según tu experiencia, con tantos kilómetros sobre tus espaldas, cuáles son los cinco lugares del país que hacen a la gente más feliz? Trataré de resumir que ciudades pueden convertir a uno en una persona feliz… Depende de los parámetros, pero ubicaría en ese lote a Villa La Angostura, porque es un paraíso; Merlo, en San Luis, porque es un lugar muy especial, con una temperatura promedio de 21 grados todo el año; cosa que hace que se apacigüen los ánimos y sea un lugar sereno y gratificante; la ciudad de Mendoza, porque está hecha por el hombre, porque hay mucho respeto, porque hay un oasis en medio del desierto, porque políticamente es más tranquila y previsible, más a la chilena, si se quiere, y es más limpia, lo cual contribuye también a la felicidad. ¿Con qué otros sitios completás la lista? El pueblito de Purmamarca, que está en la provincia de Jujuy y está muy marcado por el turismo, de modo que la gente vive en contacto con esa fuente de ingresos que le permitió crecer y vivir en un lugar muy bonito e interactuar con las personas. Yo creo que la gente ahí es verdaderamente feliz. Y la ciudad de Córdoba, porque es la ciudad grande pero a 15 minutos tenés sierras, montañas, retiros, arroyitos, y no es como en los años 70, cuando estaba todo el tiempo con problemas de tipo político y gremial. Creo que eso se ha trasladado más al Gran Buenos Aires, que es el infierno. ¿Un lugar más para rescatar? Para ciertas apetencias culturales considero a la ciudad de Buenos Aires y a la ciudad de Rosario. Para mí son ciudades en la que se podría vivir más feliz de lo que se vive, pero no las puedo dejar de lado porque tienen las cosas que a una persona con determinados intereses le resultan atractivas: los teatros, los bares, el café, el culto a la amistad.


MARIO MARKIC

¿Qué recuerdos conservás? Mi padre era croata, mi madre chilena, los dos llegaron con bastantes carencias y poco estudio a un país expectante. Mi familia tenía un comercio de ramos generales, al viejo estilo, no existía la ruta 3, todas las cosas llegaban por barco. Era una fiesta ir al puerto para ver las mercaderías. Tengo muy gratos recuerdos de la chacra familiar, a 10 km de Río Gallegos, donde se cultivaban muchas cosas. Cuando hay álamos, reparo y agua, crece todo.

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Ciudades muy distintas al lugar donde creciste. ¿Cómo fueron tus orígenes? Soy de Río Gallegos, nací en 1953. Allí pasé mi niñez y mi adolescencia. Desde chico quise ser periodista. Soy el cuarto hijo de una familia de inmigrantes. Mis hermanos compraban distintas revistas y yo las leía, desde las fotonovelas, Radiolandia, Gente, Panorama, El Gráfico… De todo eso abrevé. Yo me consideré siempre como un médico clínico dentro del periodismo, soy generalista.

¿Tuviste que adaptarte a la gran ciudad? Sí, por supuesto. Vivía en una pensión de la calle Salta, en el barrio de Constitución, para poder estudiar en la Escuela Superior de Periodismo del Instituto Grafotécnico. Pero antes de terminar la carrera ya trabajaba, desde Buenos Aires, para el diario La Opinión Austral y la radio LU 12, de Río Gallegos. Me gradué también de locutor en el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (Iser), donde seleccionaban 15 varones y 15 mujeres entre 2.000 postulantes. Pasé después por las redacciones de Somos, Gente, Siete Días y La Semana, antes de llegar al recordado canal de televisión Teledos, de Héctor Ricardo García. Llegaste a TN y a Telenoche con un recorrido muy variado y una rica experiencia en medios gráficos y en televisión. ¿Costó la adaptación? Hice de todo un poco y soy generalista, una especie de médico clínico en el periodismo. Lo que me permitió dar la vuelta por todo el país fue el programa «En el camino», que es el capital más importante que conservo.

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¿Cómo definiste tu vocación? Desde los 7 años quería ser periodista. Mi padre murió cuando yo tenía 17. Yo era mal alumno en la escuela. Me recibí de bachiller tarde, mal, porque me tocó la colimba. Debo ser la única persona agradecida al servicio militar. Mi oficial superior, el teniente Lazarte, resultó ser un compañero que jugaba al bowling todas las noches conmigo. Me dieron como destino la base militar, no tenía que hacer guardias y me preguntó si necesitaba algo. «Ahora o nunca», pensé, y le dije que tenía que terminar el colegio y después quería ir a estudiar periodismo en Buenos Aires, cosa que se cumplió.


¿Qué rescatás de las experiencias de tus viajes por el país? Son maravillosas. Primero, porque recibí grandes devoluciones. Yo arrastré mucha gente a lugares impensados. A lo largo de 25 años me he encontrado con personas que me dicen «por tu culpa yo estuve en tal lugar». Y me agradecen. Entre las cosas más gratificantes están las de haber hecho conocer el país. Para mucha gente, más de lo que uno pueda imaginar. Muchas veces, al regresar a determinados lugares donde no había nada, veo que ahora hay cosas porque fueron por mi programa. He ido a lugares donde no había gente y ahora hay gente. Creer o reventar. Así como se hicieron caminos, Vialidad puso señalizaciones y alguien instaló una despensa. -¿Notás si la gente es más feliz en los poblados más alejados? En distintos pueblos del interior la gente puede ser más feliz porque desconoce. Muchas veces la felicidad se enciende donde no tenés acceso a otra realidad. Sarmiento decía que hay un determinismo geográfico y que uno es como es porque está muy influenciado por el medio en el que nació y creció. Siguiendo esa lógica, el tipo que tiene cuatro cabras desconoce que podría tener 500 o 1000 y que podría ser terrateniente. Hay gente que es feliz así. Es una felicidad sencilla, pero es la que le toca vivir. Naturalmente, con recursos podría tener acceso a otras comodidades. Mis padres no creo que hayan sido totalmente felices, pero su felicidad consistió en gran parte, en que sus cuatro hijos pudieran tener una buena educación. ¿Existen casos extremos? En Villa Rubí, en la Puna salteña, a 4000 metros de altura, un ingeniero alemán puso paneles solares en poblados de menos de 100 habitantes. Les cambió la vida, porque tenían luz eléctrica, podían cocinar. La felicidad es poca cosa para determinada gente. A mayor ambición, la felicidad es más complicada. Quizás por eso muchos se drogan, porque quieren encontrar el éxtasis, más que la felicidad.


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¿La felicidad se vincula con el hecho de valorar lo que se tiene? Para mí, sí. Yo fui muy feliz con poca cosa. Cuando vine a Buenos Aires, logré afirmarme, empecé a ser responsable y era feliz con lo que hacía, notaba que con mis progresos avanzaba. La felicidad no es solamente sentimental. Uno se enamora de lo que hace y cada paso que da y avanza es motivo de felicidad. ¿La felicidad puede ser un recorrido? ¿Se puede presentar en determinados momentos? Hay felicidades que son cortas, también. Porque no vamos a decir que es eterna. Uno tiene que inventarse nuevos deseos, nuevas metas que lo lleven a ser feliz. Yo no tengo hijos. Seguramente un hijo podría haberme dado otro calibre para evaluar esto de la felicidad. Supongo que no debe haber mayor felicidad. Pero, en el plano que yo conozco, mis progresos me dan cierto grado de felicidad que valoro mucho. Son momentos de gran felicidad.

¿Cómo evaluás tu recorrido? En todo sentido fue muy favorable. Gané dos Martín Fierro por mi labor como periodista en noticieros. Y después gané otros ocho Martín Fierro con el programa «En el camino», además de los premios Tato, Broadcasting, Santa Clara de Asís (dos veces), el premio FundTV Extraordinario al mejor programa de la televisión argentina. Es un programa multipremiado e, incluso, superó la grieta política. Yo puedo ir a todas las provincias, muchas de las cuales tienen gobiernos que no simpatizan con el canal en el que trabajo y me reciben con los brazos abiertos.

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¿La gratificación que encontrás en tu trabajo se relaciona con el esfuerzo? Yo estoy muy orgulloso porque cumplí con la gente que creyó e invirtió en mí, como mi madre. Viví en pensiones y realicé muchos esfuerzos. Nunca aprendí idiomas, por ejemplo y eso me limitó en un 40 % de lo que soy profesionalmente. Es una deuda.


¿Cómo organizan los viajes? Viajamos tres personas: el camarógrafo, su ayudante y yo. Por lo general, vamos en avión, tomamos una camioneta en el lugar y salimos. Hacemos unos 1500 kilómetros de recorrido en cuatro días de trabajo, de sol a sol, sin tiempo de descanso, y después tenemos una semana para la desgrabación de las notas y la edición. ¿Planifican los trayectos al comenzar el año? Tengo una grilla de lugares para ir, pero siempre aparecen imponderables, historias que surgen espontáneamente sobre la marcha. Además, un programa trae otro, hay gente que nos comenta «acá, a 30 kilómetros hay algo que no se pueden perder…» Esa grilla original va mutando, pero hay que planificar porque el tiempo de trabajo es poco. Hacemos un programa de 52 minutos netos y la edición es compleja. Si uno ve producciones extranjeras, como las de History Channel, al final aparece una lista interminable de gente que participó. Y nosotros somos cinco: el editor en Buenos Aires, nosotros tres y un productor que se ocupa de coordinar lugares, conseguir hotel, etcétera. La logística es esa. ¿Cómo localizan personajes claves, esas figuras que les dan sabor a las historias que relatan? Hay un trabajo previo, tengo mi archivo. Cuando empecé a trabajar en revistas armaba mi propio archivo, mi propio Google. Recortaba notas de los diarios, compraba papel madera y las colocaba en sobres, clasificados alfabéticamente por temas, personajes o lugares geográficos. Llegué a tener 3500 sobres. Las sucesivas mudanzas me fueron limitando y después apareció Internet, pero conservo muchos archivos. Hemos ido a lugares muy recónditos, pueblos de menos de 100 habitantes, donde no hay señales ni teléfonos y buscamos personajes ahí. ¿Cómo deciden ir a lugares remotos o exóticos? Tengo un espíritu de cartógrafo. A muchos sitios fui porque era el último camino que llegaba allí. Desplegaba los mapas en mi casa y miraba. Elegía caminos transversales, donde no hay nada. No dejé de lado ir a Mar del Plata, Iguazú, Ushuaia, los glaciares, los Valles Calchaquíes o las sierras de Córdoba. Pero siempre puse el acento en ir allí donde no iba nadie o había poca gente. Esa es la gracia. ¿Una nota que elijas entre las miles que hiciste? La mejor historia que tengo fue en el Amazonas. La producción fue en el año 2000 para mostrar Fordlandia, un pueblo en el corazón del Amazonas, al que se llega después de dos días de navegación por el río Tapajós. Ahí Henry Ford ordenó levantar una ciudad, en los años 30, para producir caucho. Arrasó la selva, fiel a su estilo norteamericano de producción, y plantó decenas de miles de hectáreas del árbol del caucho. Vino una peste y todo quedó en la nada. Llegaron a vivir 15.000 personas trabajando durante diez años y hoy es una ciudad fantasma. Presentamos este documental en el New York Festival, entre 7.000 producciones, y obtuvimos el segundo puesto. Era una historia desconocida en Estados Unidos.

Terminando nuestra conversación con Mario nos envuelve el pensamiento que la felicidad es un recorrido, al que aún falta mucho por transitar. g


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MARIO MARKIC NOTA


Estamos pasando días muy agradables en estas playas viendo el inmenso mar y multitud de personas vestidas de mil colores que asemejan un bello jardín. Dora Prieto, postal a su hermana Arminda, Mar del Plata, 2 de marzo de 1969 (Del archivo familiar)

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ASIR UN FULGOR: APUNTES SOBRE LA LUZ, EL COLOR Y LA ALEGRÍA EN LAS BELLAS ARTES


«A veces, en sueños, recuerdo la alegría». Alejandro Magno «Y sin embargo, bajo una apariencia de alegría japonesa…»: así concluye el pintor holandés Vincent Van Gogh (1853-1890) la descripción que en una carta del 8 de septiembre de 1888 le hace a su hermano Theo sobre su recién terminado cuadro «Café de noche», donde representa un salón de billares. La asociación entre lo japonés y la alegría se explica en otros párrafos de su correspondencia de ese mismo período, donde se refiere a la felicidad que le produce contemplar y estudiar los grabados japoneses; concretamente, los grabados en madera del género popular ukiyo-e, que se caracteriza por la variedad de colores de sus estampas. En París, Van Gogh había amasado una colección de más de 600 obras en ese género, que le compraba a un anticuario, y ya establecido en Arlés decía mirar el mundo con ojos japoneses. Dos de sus pinturas de paisajes al aire libre fechadas en 1887, «Puente bajo la lluvia» y «Ciruelo en flor», están directamente inspiradas en obras de un maestro de ese género, Hiroshige Utagawa (1797-1858). De ese año datan su «Autorretrato con grabado japonés» y «La cortesana». Las pinturas de flores eran su modo de celebrar acontecimientos gozosos: girasoles para el reencuentro con Paul Gauguin, un cerezo en flor para el nacimiento de su sobrino…

¿Por qué empezar una nota sobre la felicidad en el arte citando a un pintor con mala fama de artista atormentado?

Porque la exploración que hizo Van Gogh de lo multicolor en su pintura, a partir del ukiyo-e, tiene que ver con aquella emoción. Desde el punto de vista del lenguaje plástico, la luz solar radiante y la diversidad cromática (que no son sino dos aspectos de lo mismo) expresan y propician la alegría. Y la dicha suprema (si nos remontamos por ejemplo a las catedrales del período gótico medieval, construidas en Europa desde mediados del siglo XII hasta el Renacimiento) es la que el ser humano siente en presencia de lo divino, cuya representación más arquetípica ha sido siempre la luz solar. En Oriente, la metáfora para quien logra la comunión mística estable es «la iluminación». En la arquitectura de las catedrales góticas, se trataba de crear un espacio de luz a través de la iluminación solar diurna que ingresa a través de los cristales multicolores de los vitrales, para propiciar en ese interior la experiencia de la divinidad. Tanto las líneas negras de contorno de la xilografía japonesa –y de las pinturas de Van Gogh– como las nervaduras metálicas que sostienen los vitrales de las catedrales producen una separación entre los planos de color, que hace que cada tinte resplandezca con independencia del otro; sin embargo, refulgen juntos en armonía.


NOTA Pastorales de Tahiti. Paul Gauguin

Autorretrato con grabadojaponés. Vincent Van Gogh

Ciruelo en flor. Vincent Van Gogh

La cortesana. Vincent Van Gogh

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Café de noche, Vincent Van Gogh

Vista de Delft. Johannes Vermeer

Dos exposiciones de artistas holandeses contemporáneos en el Museo Municipal de Bellas Artes de Rosario «Juan B. Castagnino» –la del pintor y escultor Rob Verf en 2012 y la del fotógrafo Erwin Olaf, que se presentó en 2015– admiten ser interpretadas como revisiones de la pintura de su compatriota Johannes Vermeer (1632-1675), maestro del barroco flamenco y de la luz. Tardíamente recuperado y reconocido por la crítica, tanto en sus interiores con figuras como en sus paisajes urbanos Vermeer expone cada mínimo indicio bajo una luz sobrenaturalmente nítida, a la que ningún detalle escapa. La luz en un óleo de Vermeer es plena e inunda hasta el último rincón; trasciende el recurso del claroscuro y aparece como un atributo del espacio mismo, no solo de los objetos. «Un cuadro de Vermeer es como una estructura atómica», escribió Verf en «El momento» (2012), libro en el que pone palabras a la emoción mística de los espacios vacíos que articula en su obra. Ni Verf ni Olaf, sin embargo, abordan temas nada dichosos. La luz vermeeriana funciona en sus obras como una cal desolada sobre el mundo. La alegría profana, la de la fiesta –cuyo pintor más célebre fue otro barroco flamenco, Frans Hals (1582-1666)– nos queda cada vez más lejos en el siglo XXI.

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Mientras que otras religiones despliegan imaginerías vastísimas para desarrollar el drama de sus figuras sagradas, la austeridad del credo protestante de los Países Bajos se centra en la equivalencia divinidad = luz. No sólo en los templos, sino en las obras de los artistas más reconocidos de aquella región, la luz sigue siendo la gran protagonista.


¿Es la felicidad aquella luz omnipresente? Mary Cassatt

Pierre Bonnard

¿Es la felicidad aquella luz omnipresente? ¿Pueden unirse en una sola obra la serena dicha contemplativa de Vermeer y el jolgorio de los alegres ciudadanos de Hals? ¿No son acaso la luz blanca y lo multicolor del espectro cromático, en la ciencia física de Isaac Newton (1642-1727), dos modos incompatibles de vislumbrar el fenómeno lumínico? Vemos que la luz blanca se descompone en sus diversos colores cuando pasa a través de un prisma; tanto esa cohesión radiante como la multiplicidad de los colores han sido elegidas por artistas para expresar la dicha. Y sobre todo, en una conjunción de ambas, que en el arte suelen unirse. Por ejemplo, en los interiores y paisajes del pintor francés Pierre Bonnard (1867-1947), cuyas armonías de claros colores vívidos refulgen con la «alegría japonesa» que Van Gogh buscaba en su moderno post-impresionismo, aparente superador de la unidad luminosa del espacio de los barrocos como Vermeer. Los temas alegres tienen que ver casi siempre con los días de fiesta, los ratos de ocio, las mañanas y las tardes o las noches liberadas del trabajo y las preocupaciones, dedicadas en cambio al encuentro con gente querida, tanto de la familia como amigos, y al disfrute compartido. Días de fiesta había muchos más en la Edad Media que en la Edad Moderna, contra lo que suele suponerse. El tiempo medieval era cíclico, y seguía el curso de las estaciones, marcado por celebraciones agrícolas; no es hasta décadas recientes que la modernización arrasa de cuajo con el ocio colectivo. Otro barroco, Pieter Brueghel el Viejo (1525-1569) pintó a vuelo de pájaro las fiestas comunitarias. Los raros momentos festivos de candombe y baile de una comunidad que había sido esclavizada, la afro-rioplatense, son representados con gran luminosidad y riqueza de colorido en la pintura del artista uruguayo Pedro Figari (1861-1938). En Europa, por la misma época, las representaciones de la dicha van asociadas al universo abstracto y lejano de la utopía. «Allá, todo es orden y belleza, / lujo, calma y voluptuosidad», dice el poeta simbolista francés Charles Baudelaire en su poema «Invitación al viaje». En estos versos se inspira el pintor francés Henri Matisse para titular una pintura de 1904, «Lujo, calma y voluptuosidad», una obra influida por el puntillismo de Seurat y precursora del cromatismo intenso de Bonnard. ¿Qué están haciendo esas bañistas en la playa? Nada, sólo disfrutar del sol. Pero la acción transcurre en un «allá» que no está localizado en el mundo moderno del trabajo y el lucro. Un amigo de Van Gogh, el pintor postimpresionista Paul Gauguin (1848-1903), salió a buscar el paraíso en la tierra y lo pintó: era una isla del Pacífico. Una pintora impresionista estadounidense, Mary Cassatt (1844-


NOTA Pedro Figari

Pieter Brueghel

En las playas de Scheimberg convergen Figari y Matisse, Vermeer y el pintor rioplatense preferido de Daniel: el argentino Miguel Diomede (1902-1974), boquense y maestro autodidacta del color y de la luz. En «Un poco de alegría» parece resplandecer la luz intensa del Caribe. La imagen «desfocalizada» que Scheimberg logra en todas sus pinturas (y por supuesto también en esta) es una vuelta de tuerca más sobre el barroco óptico de Vermeer, sobre el impresionismo francés de fines del siglo XIX –que buscaba una pintura lo más fiel posible a la experiencia perceptual de la visión– y sobre ciertos experimentos cientificistas del postimpresionismo, como el puntillismo, que ahondaron esa búsqueda. Juan Grela, maestro de Scheimberg –y de tantos otros y tantas otras artistas de Rosario– daba a conocer en su taller el postimpresionismo del rosarino Manuel Musto (1893-1940), excelente colorista y otro adepto a la gloria de la luz.

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Si tengo que señalar una obra de arte, una sola, que exprese la alegría y la felicidad en todos sus grados –sagrados o profanos, mundanos o celestes– elijo una pintura de un artista rosarino. Que, para mayor dicha, es una obra que pertenece a todos los rosarinos, ya que integra el acervo de la colección Contemporánea del Museo Castagnino+Macro. Se trata de «Un poco de alegría» (2000), de Daniel Scheimberg (Rosario, 1957). La obra integra su serie «De las playas», donde el artista explora diversas posibilidades del motivo (feliz por excelencia) de los grupos de bañistas. «Un poco de alegría» fue pintada durante la prolongada estadía del artista rosarino en San José de Costa Rica, donde vivió, pintó y expuso desde 1992 hasta 2005. El autor donó la obra al Museo en el año 2001. Ahora reside en Buenos Aires. Toda esa serie, al igual que su pintura en general, está realizada en acrílico mediante la técnica del aerógrafo, o spray gun, un preciso método neumático de estarcido mecánico que dispersa las partículas de pigmento sobre la tela imprimada y mezcla los colores –como señala el mismo Daniel Scheimberg en el catálogo de su exposición en el Centro Cultural Parque de España de Rosario en 2011– según las leyes de la mezcla óptica que investigaron los puntillistas.

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1926) pintó la felicidad en el tierno abrazo de ella a sus hijos. Más cerca, en Rosario, alrededor de 1970, Aid Herrera (1905-1993) pintaba la utopía en imágenes intimistas casi abstractas, al óleo, irisadas de vivo color. El pintor postimpresionista Georges Seurat (1859-1891) realizó entre 1884 y 1886, en técnica puntillista, el óleo en gran formato «Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte», que se encuentra en el Art Institute de Chicago y es uno de los más célebres homenajes artísticos al ocio feliz.


divinidad = luz

Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte. Georges Seurat

Pintura de 1960. Juan Grela

Luz y color, en esta serie de Daniel Scheimberg, expresan no solo un regocijo mundano sino además una bienaventuranza mística: la multitud vestida «de mil colores» en «el inmenso mar», semejante a «flores de un bello jardín» (como escribió mi tía Dora en un rapto feliz de inspiración) nos es dada a contemplar de tal manera que todos los individuos parecen fundirse en la unidad de la luz que los baña, una experiencia similar a la de meditar con los ojos abiertos. La atención no logra anclar en ningún detalle, ya que todos ellos se difuminan y disuelven en el océano de luz. Ya no hay más dualidad. CODA: «A veces, en sueños, recuerdo la alegría» 26 al 27 de agosto de 2021 Mi madre me cuenta su fiesta de casamiento. Su forma de contarla es hacerla suceder de nuevo como para que yo la vea. Veo bajo una luz aguamarina que un pequeño local en una galería comercial se llena de gente, jóvenes de otra época, amigos de mis padres. «Sesenta personas», recuerda mi madre mientras la veo joven y convidando sándwiches a toda esa cantidad de invitados... Aparecen un grupo de aquellos invitados en la actualidad, ya viejos y quizá muertos, recordando aquellos tiempos. Un señor me cuenta que se juntaban muchos amigos y se divertían. Una señora recuerda que era común ir muchos en un auto. Solían manejar borrachos y a veces chocaban, porque el tránsito era más caótico aún que ahora. Lo cuenta sin embargo con alegría. El relato está escrito a mano en tinta azul en una carta que mi madre me muestra junto con una foto en blanco y negro de uno de aquellos momentos de diversión. Veo a muchos en un auto, de joda, en la foto. «Como sesenta», dice la señora y no entiendo que quepan tantos… El señor que habló antes se acuerda de cómo iban a los bailes, recuerda las salidas en grupos grandes de amigos, la costumbre de tomar todos juntos en los bares y lamenta que eso no se use más. Antes, dice, de grandes también bailábamos, también nos juntábamos y nos divertíamos; ahora eso se perdió. Le digo que aún quedan los cines y me responde que al cine le faltan la charla, el encuentro, la joda y la alegría... g


NOTA Lujo, calma y voluptuosidad. Henry Matisse. Aid Herrera

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Los pájaros tienen alegría. Aid Herrera

Un poco de alegría, Daniel Scheimberg

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Luz y color, en esta serie de Daniel Scheimberg, expresan no sólo un regocijo mundano sino además una bienaventuranza mística: la multitud vestida «de mil colores» en «el inmenso mar», semejante a «flores de un bello jardín».


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ESOS PEQUEÑOS MOMENTOS 39

NOTA


«NO HAY NADA MÁS LINDO QUE TRANSFORMAR LA TRISTEZA EN HUMOR»

NOTA

Hace más de dos mil años, el autor de comedias Publio Terencio escribió una frase que sobrevivió al tiempo: «Soy un hombre, nada de lo humano me es ajeno». ¿Qué somos, sino una mezcla de felicidades y tristezas, amores y desamores, fortalezas y debilidades? Indefectiblemente particulares, particularmente imperfectos, sensibles a lo que nos rodea.

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Cuando está en el teatro, ante las cámaras o compartiendo momentos con sus más de 500 mil seguidores de Instagram, Malena Guinzburg no tiene pena de bandoneón, ni canta el tango con voz quebrada. Cuenta que cuando llora, ríe. Se confiesa auténtica en la alegría que muestra, aunque suele dejar lugar para el dolor. No es partidaria de que siempre «el show debe continuar». Es una mujer, nada de lo humano le es ajeno.

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La comedia –la buena comedia– no empieza ni termina con la carcajada. Como toda expresión artística, se nutre de distintas fuentes; explora un aspecto de las emociones y lo trasciende.


POLIRRUBRO Apareció en televisión por primera vez cuando tenía once años, en el programa «Peor es nada». Su papá, el entrañable Jorge Guinzburg (con quien afirma compartir el humor ácido), personificaba al mago Truchán. Ella era parte de un truco que –como decía Tusam– «podía fallar»... y fallaba. Desde entonces, probó distintos trabajos: comediante no hay camino, se hace camino al andar. Pasó por la producción radial, en programas como Metro y medio, Sarasa y Basta. Desde 2010, le agarró el gusto al teatro, con su debut en «De a 1 canchero». También brilló en la pantalla chica. En 2016 y 2017 ganó dos premios Tato, por su desempeño como panelista en «Morfi», y recientemente finalizó su paso por «Santo Sábado». En julio, terminó de grabar junto a Gastón Pauls, Javier Parisi, Luciano Cáceres y otros talentosos colegas su primera película. Se va a llamar «John Lennons» y aún no tiene ni idea de la fecha de estreno. Hoy, con 42 años, protagoniza «Las chicas de la culpa», junto a sus amigas Connie Ballarini, Natalia Carulias y Fernanda Metilli. El show, que confirma ser un éxito cada viernes, puede verse en vivo en el Paseo La Plaza o vía streaming. Ella se nutre de sus propias vivencias e historias para construir algo nuevo todos los días. La lectura del diario íntimo de su adolescencia (reconociéndose, recordando o burlándose un poco de sí misma) es un ejemplo. Está plagado de romances no correspondidos, dramas exagerados por la edad, inseguridades y también momentos lindos o cotidianos. No todo fue ni es color de rosas, no lo es para nadie, pero parece partidaria de la máxima «nada se pierde, todo se transforma». LA VERDADERA FELICIDAD ¿Qué es ser feliz para vos? Ser feliz es disfrutar de los momentos. Muchas veces, la búsqueda de la felicidad es lo que más infelices nos hace, aunque suene trillado. Pareciera que la felicidad es un estado permanente al que hay que llegar. El error pasa por pensar que todo tiene que ser perfecto siempre. Para mí, lo importante es pasarla bien: hay que disfrutar ese mientras tanto, aunque haya cosas que opaquen momentáneamente la alegría. En «Las chicas de la culpa» crean situaciones cómicas a partir de experiencias que no son necesariamente divertidas. ¿Les cuesta? Creo que no hay nada más lindo que transformar la tristeza en humor. Saber que podés generar algo gracioso con esas cosas que no están buenas, las suaviza un montón. Esta filosofía también se refleja en las «llamadas en vivo» por Instagram, donde Malena habla con amigas de «chongos que las dejan plantadas», modalidades de depilación y hasta poemas para Messi. ¿Qué es la amistad para vos en la construcción de bienestar? Lo que estoy haciendo ahora con las chicas es lo que más feliz me pone. Arriba y abajo del escenario, es amor.


MALENA GUINZBURG 43 MSR EDICIÓN LIMITADA #7

MUCHAS VECES, LA BÚSQUEDA DE LA FELICIDAD ES LO QUE MÁS INFELICES NOS HACE, AUNQUE SUENE TRILLADO. PARECIERA QUE LA FELICIDAD ES UN ESTADO PERMANENTE AL QUE HAY QUE LLEGAR. EL ERROR PASA POR PENSAR QUE TODO TIENE QUE SER PERFECTO SIEMPRE.


Se nota... de hecho, la gente las elige semana a semana por esa «falta de libreto» que solo puede logran gente con mucha confianza. ¿Cuesta reinventarse constantemente? Tenemos un norte de hacia dónde vamos. Cada viernes nos planteamos un tema distinto y pautamos diferentes tópicos, juegos, que sabemos que vamos a llevar adelante. Después, de lo que pasa en el medio, no tenemos ni la menor idea. «Nunca nos pasó que la gente no se ría. Si vemos que no funciona, lo acomodamos en seguida», explica. La respuesta del público es clave y las cuatro fantásticas (Male, Connie, Nati y Fer) tienen los reflejos aceitadísimos. Podría decirse que la quinta protagonista es la espontaneidad. ¿Alguna otra vez te pasó que el público no se riera de un sketch o que un remate no tuviera la repercusión esperada? A todo comediante le toca vivir eso alguna vez. Por ahí la pasás horrible en el momento, pensás en bajarte del escenario y hacerte un bollito. Pero lo superás.


¿Los comediantes tienen lugar para estar tristes? Mirá, me pasó de actuar en días que me peleé con un novio y la función salió espectacular. Hay algo del escenario que cura, que te hace olvidar hasta de un dolor de muela. Después, quizás, esa sensación fea vuelve. Una es profesional y labura, pero igualmente existe el derecho a decir «hoy no». Si le pasa algo a alguien que querés, por ejemplo, tiene que haber lugar para el duelo.

MALENA GUINZBURG

Porque sabés que hay revancha.

Durante la pandemia sumaste muchos seguidores, que cuentan que los hacés olvidar de sus problemas. ¿Cómo la llevás vos? Al principio de la cuarentena, el año pasado, estaba boyando de lugar en lugar, porque en mi casa estaban haciendo unas obras y eso no ayudó. Ahora ya lo llevo de otra manera, completamente. Claro que no es la misma situación que a principios del año pasado, cuando no veías a nadie. Yo ahora salgo a laburar, hago lo que me gusta y es un montón eso. INFLUENCER DE LA LUNA ¿Qué hubieras sido si no te dedicabas a la comedia?

Por el tono, no se la nota cómoda con la pregunta contrafáctica. Incluso el recorrido cronológico por su carrera es tramposo. Ella suele abordar distintos proyectos que colaboran a su historia en desarrollo: un modelo para armar, que va sumando nuevas piezas de forma constante. Su rol en las redes sociales es una de ellas.

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Quizás algo relacionado con la escritura, no sé...

Dice que quiere ser una «influencer de la luna», a partir de la pasión que desarrolló por el telescopio y las fotos al cielo (en cuarentena no aprendió a cocinar pan con masa madre, pero sí a emocionarse viendo los anillos de Saturno). Tan lejos no está: su última foto tiene casi diez mil me gusta y más de doscientos comentarios. Influencers de otros rubros, como Paulina Cocina, le dan «like» a sus fotos. También colegas de sus distintas áreas de expertise, desde Lalo Mir a Zaira Nara. Diariamente le llegan cientos de mensajes de cariño y apoyo. Ya hay más de medio millón de personas que la acompañan virtualmente en todo lo que hace.

Me escriben un montón de personas, un montón. Me encantaría contestarles a todas, pero es imposible. Igualmente, siempre trato de tomarme un tiempo para sentarme y leer lo que me dicen. Cuando da entrevistas, a Malena le gustan las «preguntas que son de buena leche» y siempre escapa a las «respuestas cassette». Para terminar, ¿cómo te describirías en tres palabras? Uy... qué difícil. ¿Sabés qué? Ahí están las tres: «Uy, qué difícil». Se ríe. g

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¿Leés los mensajes que te llegan?


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Aquellas pequeñas cosas: «la felicidad es poder vivir la cotidianeidad con alegría»

MSR dialogó con Pablo Javkin, actual intendente municipal de Rosario, sobre sus grandes pasiones: la familia, los amigos, la política y la ciudad.

Fue concejal de la ciudad de Rosario en dos oportunidades, diputado provincial y diputado nacional por Santa Fe. En diciembre de 2019 fue electo como intendente municipal de Rosario. A los desafíos que ya implicaba asumir este cargo, se sumó la pandemia del coronavirus, contexto que implicó modificar su proyecto político para la ciudad e ir planificando nuevas acciones sobre la marcha. En esta oportunidad. lo invitamos a reflexionar sobre el concepto de felicidad, las motivaciones personales, la ciudad y los nuevos desafíos de cara al futuro.

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A Pablo Lautaro Javkin la política le corre por las venas. Nacido en Rosario en 1971, es hijo de dos reconocidos médicos de la ciudad, de quienes heredó la vocación de servicio y la pasión por la cercanía y el contacto con la gente. Comenzó a militar cuando ingresó a la escuela secundaria y desde aquel momento entendió que la política debía ser un medio para mejorar la calidad de vida de las personas.


¿Te considerás una persona feliz? Sin dudas. Me siento una persona feliz por varias razones. Primero, porque estoy en un lugar que muchas veces soñé estar, eso en lo que respecta a lo que más me apasiona en la vida que es la política. Y más allá de que es un momento difícil, siento que estoy donde tengo que estar. Segundo, porque tengo a mi familia, si bien perdí a mi vieja pero tengo a mis hijos Cami y Seba y aún tengo a mi papá. También cuento con mis amigos de toda la vida, el vínculo con ellos es lo que me sostiene también. Y sigo vinculado a la facultad. Son muchas cosas que me generan felicidad. ¿Qué te hace feliz a vos personalmente? ¿En dónde encontrás esos momentos de bienestar, de recarga de energía? En la familia, sin dudas. En ir a jugar al club (aunque ahora estemos más limitados en este tipo de actividades). En ir a ver a mi hijo jugar, acompañarlo. Escuchar a mi hija cantar, llevarla y traerla. A mí me genera mucha felicidad lo cotidiano, poder vivir la cotidianeidad con alegría. Es mi zona de confort, mi forma de estar bien con lo que vivo a diario. La pandemia cambió muchas cosas, la cotidianeidad es una de ellas… ¿Te parece que también modificó el concepto de felicidad? Claramente cambiaron muchas cosas, que creo que van a seguir cambiando. La pandemia reforzó la precariedad. Lo precario te pone en dilema con lo que vivís, pero también te hace valorar más las cosas buenas, que muchas veces no las vemos porque las tenemos automatizadas. También nos atravesó en todo lo que a nosotros, a los seres humanos, nos genera felicidad y estar bien. Una característica muy nuestra es que podemos estar viviendo momentos difíciles, pero todo eso se vuelve más ameno con las situaciones cotidianas, los encuentros sociales. Lo relacional para nosotros tiene un valor muy alto, la pandemia nos atravesó en todas aquellas cosas que justamente nos dan mayor felicidad, aún en momentos difíciles. Recuperar todo eso seguramente nos va a producir un incremento de la felicidad, porque lo vamos a valorar mucho más de lo que lo hacíamos antes, en nuestra vida anterior. La pandemia nos ha generado mucho agobio e incertidumbre, todos estamos esperando que termine. Seguramente muchas cosas de la vida que teníamos antes van a cambiar, pero lo que sí considero es que nos va a servir para darle mayor valor a ciertas cosas, como los vínculos. Hablando justamente de lazos, sos hijo de dos distinguidos médicos rosarinos, tu mamá la Dra. Mirta Guelman fue una de las pediatras más prestigiosas de la ciudad. ¿Cómo fue tu infancia a partir de la relación con tus padres? ¿Tuviste una infancia feliz? Tuve una infancia muy feliz, marcada por la presencia de mis abuelos, a quienes pude disfrutar de grande también. Viví los primeros años de mi vida en Amenábar al 2200, hasta los cuatro años. Me acuerdo mucho de la casa porque adelante estaba el consultorio de mi mamá. Como ella era pediatra, siempre estaba la casa llena de chicos.


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PABLO JAVKIN NOTA


Luego nos mudamos a San Martín al 400. Si bien ahora la zona está muy cambiada, yo tuve una infancia muy libre, de poder moverme solo y con mucha autonomía. Fui a la Escuela Roque Saenz Peña, que está Sarmiento y Catamarca; tenía muy cerca UNI (Club Universitario Rosario) y el Club Policial, Además, el círculo de personas con las que me relacionaba también estaba cerca. Tengo muchos recuerdos lindos, remarco lo de mis abuelos porque fueron una gran parte de mi vida. Recuerdo ir a comer al mediodía a su casa, reunirme con todos mis primos, irnos todos juntos de vacaciones. Fue una etapa muy feliz, tanto en mi entorno familiar y con la red escuela - club, que vale mucho. La escuela, el club y la familia. Sabemos que esta última es una de las instituciones que más valores transmiten. ¿Qué valores te transmitieron tus padres y de toda tu familia? ¿Lográs transmitirselos a tus hijos? El afecto en general, como valor y como práctica cotidiana —incluso de manera muy física— estoy seguro que lo transmití. Porque lo veo en mis hijos y porque disfruto mucho recibiéndolo y dándolo. En cuanto a mi mamá, la vieja era muy rigurosa. A mí la política me gustó de muy chico, terminé la primaria en el ‘84 (con la vuelta a la democracia) y habíamos hecho un simulacro electoral en la escuela, lo cual me quedó muy marcado. Incluso el vínculo con Alfonsín nació en esa época. Entonces siempre hubo un pacto con ella, porque yo empecé a militar en la escuela secundaria. La condición era «podés militar, pero no te podés llevar materias». Y no me llevé ninguna, creo que el promedio fue 7, pero materias no me llevé. Eso era un mandato que no se podía negociar, y en eso yo me reconozco un poco más blando. En la facultad lo mismo, yo tenía que recibirme. Tuve el privilegio de no tener que trabajar, militaba y estudiaba. Entonces, lo que se me exigía era terminar la facultad a tiempo. Otra cosa que heredé de mi mamá es la radio, la escucho un montón de horas al día. Y de mi viejo destaco el vínculo con la gente, él trabajaba en un sanatorio que atendía a los gastronómicos. Tengo el recuerdo de entrar a un bar y que lo saludaran siempre. Entonces, el contacto directo lo tengo muy de él.


PABLO JAVKIN

ME APASIONA EL DEBATE, EL PODER DISCUTIR SOBRE LA FORMA EN LA QUE VIVIMOS Y EN CÓMO PODEMOS MEJORAR NUESTRA CALIDAD DE VIDA. EN DEFINITIVA LA POLÍTICA ES ESO…

El motor es siempre la oportunidad de llevar las cosas hacia donde uno cree que puede ayudar más. Es la sensación de que, frente a determinadas situaciones, uno puede hacer algo para modificarlas. Si bien eso tiene un costado de omnipotencia, cualquier rol que me ha tocado ocupar, siempre me he tratado de formar para poder hacerlo bien.

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Hablabas de tu vínculo con Alfonsín, de la militancia y de la política. Pensando que la «motivación” es un motivo para la acción… ¿Cuál fue ese motivo que te hizo involucrarte en la política y empezar el camino para convertirte en intendente de Rosario?

También me moviliza la cercanía, el hecho de no mantenerme en el anonimato. El poder decir «Estoy acá, quiero charlar, veamos cómo hacerlo». Me apasiona el debate, el poder discutir sobre la forma en la que vivimos y en cómo podemos mejorar nuestra calidad de vida. En definitiva la política es eso…

Recién vinculabas la felicidad de tu infancia con la cercanía, de tu familia, tu club, tus amigos, tus abuelos. En Francia se piensa en el proyecto «La ciudad de los 15 minutos” que nos habla de vivir en ciudades donde todo lo que necesitás está a tan solo minutos de distancia. ¿Es Rosario en ese sentido una ciudad feliz? Rosario tiene una escala ideal, no tengo dudas de que es uno de sus puntos fuertes para el que vive acá. Por supuesto que hoy tenemos problemas muy graves y quizás la palabra feliz podría sonar chocante. Pero yo no tengo dudas de que la gente quiere mucho a la ciudad, independiente de los problemas. Es una ciudad que tiene redes de instituciones queridas, en el punto de la ciudad en la que te pares hay cerca un club o un parque, etc.

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Y en cuanto a la intendencia, el motor tuvo que ver de alguna manera con «ser profeta en mi tierra», con el poder dar realidad a todas estas cosas. Mi experiencia fue al revés, después de haber estado en Buenos Aires pude ver que la política es muy atractiva en términos de lo que se puede pensar o analizar, pero es poco concreta en cuanto a poder mejorarle la vida a alguien. En cambio, en la política local ese dilema no está. Acá no se puede estar lejos de la gente, si estás lejos perdiste. La intendencia posibilita de alguna manera poder pensar cosas grandes pero con un control muy directo.


La felicidad tiene mucho que ver con la cercanía, con moverse donde uno conoce. Rosario tiene mucho de eso y lo tiene marcado en su historia. Hubo decisiones muy acertadas, como el hecho de haber abierto el río y haberlo hecho a través de espacios públicos, lo cual genera un espíritu de reunión. Por ejemplo, la Fiesta de las Ccolectividades tal como la conocemos los rosarinos sería muy difícil de replicarla en otro lugar, se da acá por las características particulares que tiene la ciudad, por como el rosarino vive su espacio público. Alguien que viene de Buenos Aires y que tiene la imagen del problema de la violencia en Rosario claramente se sorprende al ver que en el verano la gente hace picnics en los parques a la una de la mañana. Todo eso forma parte de un paisaje que nosotros lo tenemos naturalizado. ¿Existen ciudades más felices que otras? Sí, en eso no tengo dudas, la escala urbana hoy determina mucho. Si bien el tráfico en Rosario tiene sus problemas, hay otras ciudades donde la gente pasa una hora y media por día arriba del auto, para ir y volver del trabajo. Entonces, si bien no hay que negar los problemas que tenemos para resolver, Rosario tiene una escala casi óptima, incluso los barrios han creado sus propios centros comerciales. Todavía falta mucho, hay que seguir integrando los barrios, hay que urbanizar, pero un domingo a la tarde si nos paramos en el Parque a la Bandera, vamos a encontrar gente de toda la ciudad llegando allí en menos de 25 minutos. ¿Te hace más feliz eso? Por supuesto que sí. Cuando yo vivía en Buenos Aires me asombraba ver la cantidad de gente que iba hasta la puerta de Aeroparque a ver despegar los aviones. A mí me daba tristeza, porque estaba el auto estacionado y la gente se paraba contra la reja, tenían el río enfrente y nadie lo miraba. Y yo tomaba dimensión de eso cuando volvía a Rosario. Con respecto a lo que viene, seguramente fue muy difícil ir concretando lo que tenías previsto como deseo para la ciudad en este año y medio de pandemia. Pero mirando hacia delante, ¿cuáles son tus mayores desafíos para la ciudad? Yo creo que la pandemia fue un gran acelerador de la disrupción. Rosario tiene mucho potencial en lo tecnológico y biotecnológico, por su capital humano. Entonces tenemos que ver cómo nos subimos a la economía del conocimiento. Pero eso tiene que tener un impacto en el hecho de que podamos recuperar la expectativa de ascenso social en sectores que hoy la perdieron. Tomo como ejemplo de una de las cosas más lindas que tiene la ciudad: una escuela parroquial en el barrio San Francisquito, donde se está dando una tecnicatura en informática y están imprimiendo en 3d. La disrupción y el efecto incluyente / excluyente que va a tener acomodarse a los empleos del futuro es algo decisivo. Ahí hay un punto en el que nosotros como Estado estamos obligados a ejecutar cosas de manera más rápida. Lo que pensábamos que sería un proyecto a futuro, como un polo tecnológico en los galpones, creo que se aceleró.


PABLO JAVKIN NOTA 57 MSR EDICIÓN LIMITADA #7

YO CREO QUE LA PANDEMIA FUE UN GRAN ACELERADOR DE LA DISRUPCIÓN. ROSARIO TIENE MUCHO POTENCIAL EN LO TECNOLÓGICO Y BIOTECNOLÓGICO, POR SU CAPITAL HUMANO. ENTONCES TENEMOS QUE VER CÓMO NOS SUBIMOS A LA ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO.


Otro punto es que creo que nuestra forma de movernos y relacionarnos va cambiar, algunas cosas creo que para bien. Todo lo que tiene que ver con el espacio público habrá que democratizarlo cada vez más, como el anfiteatro o el Parque Sur. Tenemos una idea de proyectar el Tríptico del Ambiente, que incluye el Bosque de los Constituyentes, la reserva de las Islas y el Parque Regional Sur. Hoy todo esto ha adquirido mucha más importancia de la que tenía antes, porque todos vamos a tener una mayor demanda y necesidad del aire libre. Creo lo mismo con el centro, vamos a tener que reconfigurar la idea de espacio público, de repensar a la ciudad con espacios de encuentro más libres, más diversos, más policulturales. La movilidad también va a cambiar mucho. Tenemos una gran crisis de transporte que hay que solucionar, pero en estos cambios de cómo nos movemos, el hecho de acudir a lo más cercano de alguna manera cambiará todo el diseño urbano de la ciudad, Eso implica pensarla distinta, no con una centralidad fuerte sino con muchas centralidades, y eso se tiene que traducir en obras. Para ello es necesario integrar a los barrios y proveerlos de todos los servicios básicos. En este sentido soy optimista, Rosario tiene a favor el hecho de haber sido una ciudad constructiva; por su escala y su cercanía, los ciudadanos de los barrios demandan, no es una ciudad que te permita quedarte quieto. En cuanto a la descentralización habrá que darle otro significado ya que seguramente los centros municipales de distrito o los bancos dentro de algunos años no van a ser utilizados como hoy. Por ejemplo, en el bar del distrito Sur que tuvimos que cerrar por la pandemia, hoy instalamos una estación digital, donde los chicos están aprendiendo robótica, diseño de juegos, etc. Tiene que ver con que los distritos municipales ya no vamos a tener que pensarlos para lo administrativo, porque la mayoría de los trámites los vamos a hacer con el celular, entonces la descentralización va tener que ver con otro concepto ligado a lo cultural, lo educativo y lo ciudadano.


PABLO JAVKIN

DESTACO COMO UNA VIRTUD, Y ESO TAMBIÉN ES UN MANDATO FAMILIAR, EL PODER ENTENDER QUE LA PERSONA QUE UNO TIENE ENFRENTE SIEMPRE TIENE ALGO DE RAZÓN. ENTONCES, HAY MOMENTOS QUE ES NECESARIO BAJAR UN CAMBIO Y ESCUCHAR. Y SIENTO QUE HOY POR HOY ESO EN LA POLÍTICA ESTÁ FALTANDO.

¿Qué sentirías de Rosario si llegarás de turista? ¿Cómo nos ven y cómo somos realmente?

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Y esas son cosas que tendremos que promover rápidamente, antes se podía pensar de acá a una o dos décadas, pero los tiempos se han acelerado. Por ejemplo, antes de la pandemia el solo el 30 % de la gente pagaba la TGI de forma digital. En la actualidad ya el 70 % lo abona de esta manera. Es algo que seguramente iba a suceder, pero sin dudas este proceso que estamos viviendo lo aceleró.

La mala instalación mediática en relación a la violencia muchas veces hace que la gente que llega a la ciudad se sorprenda para bien. Un periodista de Buenos Aires que vino a hacerme una nota se asombró de ver a las doce de la noche a la gente en los parques. Esta visión tan condicionada o prejuiciosa de alguna manera nos juega a favor, porque realmente la ciudad tiene cosas maravillosas. Es una ciudad muy linda, muy especial. El río y de la manera en que lo vivimos nosotros no existe en muchos lugares del mundo. El turista siempre se maravilla un poco, ya que es una ciudad que tiene vida, tiene noche, tiene fútbol. Muchas cosas de la ciudad nos enojan, y eso a veces influye en nuestra mirada, porque los principales promotores de que vengan turistas a Rosario somos los mismos rosarinos.

Describite en 3 palabras Me definiría como alguien que disfruta mucho del contacto con el otro. Más allá de los errores que pueda cometer, creo que las cosas buenas se generan a partir de la interacción con la gente. Destaco como una virtud, y eso también es un mandato familiar, el poder entender que la persona que uno tiene enfrente siempre tiene algo de razón. Entonces, hay momentos que es necesario bajar un cambio y escuchar. Y siento que hoy por hoy eso en la política está faltando. g

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En relación al turismo, la pandemia nos ha hecho fuertes en algo en que antes no lo éramos y es el hecho de que mucha gente va a elegir viajar a las ciudades, elegir lugares cercanos o hacer viajes más cortos. Sin dudas, va a valer mucho el hecho de la ciudad cuente con lugares donde las infancias puedan disfrutar.


CIUDADES FELICES. El futuro de la ciudad es el barrio. Pero no el barrio tal y como lo entendemos ahora, no ese barrio que obliga a subirse al auto para ir a la oficina o hacer la compra en el supermercado. La ciudad del mañana es la suma de barrios autosuficientes donde todos los servicios esenciales están a quince minutos o menos en bici o a pie. Carlos Moreno es el urbanista que ha formulado esta idea tradicional y vanguardista al mismo tiempo. La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, es la política que ha asumido el reto de llevarla a la práctica en una de las ciudades más importantes del mundo. UNA CIUDAD POR Y PARA EL BARRIO, SIN SALIR DEL BARRIO La ciudad de los 15 minutos es una propuesta que parte del «cronourbanismo», la disciplina que estudia por qué desperdiciamos media vida entre atascos, transbordos de subte y otros trayectos agotadores para el cuerpo y la mente.

Que todos los servicios básicos estuvieran a tiro de piedra sería bueno para el medioambiente en general y para nosotros en particular. Por eso, Carlos Moreno, urbanista y director científico de la Catedra ETI en la Universidad de la Sorbona en París, ha modelado una urbe donde lo tenemos todo a mano: el cole, el trabajo, el centro de salud, las tiendas, los centros culturales y los espacios de ocio. Todo estaría, como mucho, a quince minutos de distancia. Casi como si la ciudad se volviera al pueblo, pero no del todo: «Lo que queremos hacer es crear una ciudad descentralizada, salir de la ciudad moderna», explica Moreno. Es decir, olvidarnos de trabajar en el centro y dormir en la periferia para buscar un nuevo equilibrio en los barrios y, en el proceso, reducir la movilidad forzosa. La intención es que «la gente, teniendo esta descentralización, reduzca la presión sobre las infraestructuras de transporte».


LAS CIUDADES DE LOS 15 MINUTOS Los ciudadanos de la ciudad de los 15 minutos se moverán por deseo, no porque no les quede más remedio. Trabajan a dos pasos de casa, compran en la tienda de la esquina, pasan su tiempo de ocio en el vecindario y solo van a otro barrio cuando les agrade visitar un museo en concreto o animar a su equipo favorito en el estadio. UN FRENAZO MASIVO PARA SALVAR EL PLANETA Un mundo hecho de ciudades más quietas sería ideal para el medioambiente, sobre todo si en esas mismas ciudades se fomenta la compra local. Pero el destierro del automóvil y el auge del comercio de proximidad no sería la panacea para atajar la crisis climática. Se necesita algo más.

«La mejor movilidad es la que no es necesaria», afirma Marta Domínguez, profesora de Sociología Urbana y coordinadora del grupo de trabajo de Sociología Urbana de la Federación Española de Sociología.

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UNA VIDA ‘DESMOVILIZADA’, UNA VIDA MÁS FELIZ

La obligación de dedicar varias horas al día al transporte tiene efectos psicológicos negativos. La lista que enumera Domínguez parece no tener fin: estrés, pérdida de tiempo libre, disminución de las horas de descanso… y desarraigo social. «Te hace tener una relación con la ciudad más superficial, más impersonal; te hace reducirte a tu hogar y a la ciudad, en vez de potenciar los espacios intermedios, como el barrio, que serían los espacios de socialidad», advierte. Moverse menos supone vivir mejor. La mente está en paz cuando nuestra vida se desarrolla en el lugar que habitamos.

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La ciudad de los 15 minutos desafía algunos cánones establecidos para alcanzar metas largo tiempo procrastinadas, como lograr la ansiada conciliación entre la vida laboral y la personal. g


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La felicidad es un concepto amplio, diverso, múltiple. Sin dudas, a cada persona que le consultemos sobre su significado, nos dará una respuesta única y particular, en tanto cada perspectiva va a variar según el enfoque desde dónde se la aborde. En esta oportunidad, Liliana Oliveri de Pérez Bicecci, licenciada en psicología y especialista en psicoterapia cognitiva, nos aporta su mirada sobre cómo este concepto se percibe en las infancias y su reconfiguración a partir de la pandemia.

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«La felicidad en la niñez se vincula con sentirse amado y protegido»


FELICIDAD: UN SENTIMIENTO MÁS QUE UN ESTADO Como punto de partida, Liliana destaca que la felicidad tiene que ver mucho más con el sentir que con el estar. «Esta palabra se ha desvirtuado de alguna manera, decimos estoy feliz, pero el estar no es igual que ser. El ser se atribuye a la esencia y el estar es pasajero, es decir, estoy feliz ahora pero mañana puedo ya no estarlo», señala.

¿Qué es para vos la felicidad? La felicidad es igual que el amor. El amor es un sentimiento y es un valor, porque como un valor adhiero a él y lo quiero alcanzar y es desarrollable, incluso es un valor moral. Comienza como un sentimiento que me empuja y arrastra, pero si quiero que perdure en el tiempo, ese sentimiento tiene que convertirse en un valor. Como valor, es cultivable, tanto el amor como la felicidad, y ambos son una decisión. Yo puedo no tener una genética tendiente a lo positivo, e incluso puedo tener una historia de vida muy cruel pero si entiendo lo que es la felicidad, es decir entiendo la esencia pura, puedo ser feliz. Este concepto de la esencia pura del ser proviene de los filósofos griegos, que aseguraban que toda persona tiende a buscar la felicidad en este planeta y la realidad es que como la persona no está determinada, sino que es altamente dinámica puede ser feliz aún teniendo una genética en contra y una historia de vida cruel. Otra situación importante de analizar, es que la felicidad no se puede comparar con el placer, porque esta comparación se queda corta. El placer es efímero, se acaba, y está anclado a un objeto. En cambio, la felicidad tiene que ver con ser poderoso/a y esto significa estar en equilibrio, en nuestro eje, saber darse calma cuando se pierde. ¿La base de la felicidad es el control de sí mismo y sus emociones? Hace mucho tiempo hablaba del autocontrol y autodominio. Hoy, ya no se habla más en esos términos porque son conceptos muy duros, entonces hablamos de regulación emocional, volver a la línea de base. La línea de base de la ira es la serenidad, la de la tristeza es la paz interior. Eso es absolutamente transmisible como modelo de vida y es un parámetro que debe enseñarse en la infancia. Entonces, la felicidad no está solo en la regulación de las emociones sino en distinguir el ser del estar. Estar feliz no se vincula con el ser felices, pues lo segundo es transitorio. Por ejemplo, si yo te digo que mi el valor esencial es el amor familiar y lo único a que aspiraba era a casarme, todos esos momentos de la vida conyugal son muy valiosos en sí mismos, aunque también en algunos momentos aparezca el dolor, porque son momentos que tienen que ver con la persecución de un fin, porque yo me tracé ese propósito y tuve una dirección. Si la felicidad la veo como valor, me doy cuenta de que se trata de momentos que están hilvanados en la trama de una vida con sentido.


LILIANA OLIVIERI 67 MSR EDICIÓN LIMITADA #7

LA FELICIDAD NO ESTÁ SOLO EN LA REGULACIÓN DE LAS EMOCIONES SINO EN DISTINGUIR EL SER DEL ESTAR. ESTAR FELIZ NO SE VINCULA CON EL SER FELICES, PUES LO SEGUNDO ES TRANSITORIO.


Y donde hay una decisión, aparece detrás el sacrificio, el esfuerzo y la constancia. Pensemos en el trabajo y en el amor hacia una tarea: las personas se dan cuenta que tienen una habilidad determinada y la persiguen, pero no todos los días vos tenés ganas de ir a trabajar y muchos días podés tener problemas, no obstante, ese amor hace que para vos ya el trabajo sea un valor y una decisión. ¿La pandemia puso en crisis el concepto de felicidad? Si la felicidad es esencia, no. Es decir, hemos pasado varias pandemias y seguimos persiguiendo la felicidad. Todas las pandemias, con o sin vacuna, duraron 3 años y desde que existe la cultura y la palabra escrita, la persona como esencia busca el significado de la vida, cuál es su misión y para qué nació. Si, como decíamos antes, ser feliz es ser poderoso, buscar la paz, poder calmarse y otorgarse serenidad, al tiempo que es estar en coherencia con el fin de tu vida, entendiéndolo como un enriquecer generaciones y generaciones a través de la niñez, entonces la pandemia es algo exterior que puede mover y hacer entrar en crisis lo externo, pero no lo que está dentro de uno. LA FELICIDAD EN LAS INFANCIAS Ser feliz es un concepto que atraviesa la esencia del ser humano, desde la niñez hasta la adultez y tiene que ver con los vínculos significativos. Para ser feliz, un niño necesita tener cubiertas sus necesidades básicas: alimento material y emocional, afecto, amor incondicional de sus cuidadores primarios. Desde su experiencia como especialista en educación familiar, Liliana Olivieri sostiene que la capacidad de disfrute, que está más agudizada en los niños y las niñas, más la suma de todas estas condiciones básicas cubiertas, pueden constituir un camino hacia la felicidad en la niñez.


LILIANA OLIVIERI NOTA

EL AMOR PARA EL NIÑO ES UNA NECESIDAD BÁSICA, PORQUE UN NIÑO CON PRIVACIÓN AFECTIVA PUEDE ESTAR FELIZ EN UN MOMENTO, PERO NO SERÁ FELIZ EN ESENCIA. EN CAMBIO, CUANDO UNO ES ADULTO, AL NO SER DEPENDIENTE COMO EL NIÑO, ES FELIZ CUANDO SE AMA A SÍ MISMO, AMA A LOS DEMÁS Y ESTABLECE VÍNCULOS ESTRECHOS.

Un estudio de Harvard sobre qué es la felicidad duró más de 80 años, es la investigación más larga del mundo, y arrojó que en el 90 % de los casos, la felicidad se relaciona con los vínculos significativos. Esto se da en los adultos, pero en los niños y niñas, el ser feliz tiene que ver con otra cosa. Por ejemplo, si organizás el Día de la Infancia en un jardín, los niños van a tener momentos de felicidad, pero el ser felices va a estar más vinculado, por su dependencia con los padres, a si sus padres los aman incondicionalmente. Si un niño tiene esas condiciones dadas, además de momentos de felicidad, será feliz porque tiene cubiertas esas cuestiones esenciales, y a partir de allí podrá direccionar su energía psíquica a jugar y divertirse, porque lleva la seguridad de sentirse amado.

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¿La persecusión de la felicidad, también se da en la niñez?

En el niño es todo presente, porque no tiene la experiencia de lo que pasó y lo que va a pasar. El amor para el niño es una necesidad básica, porque un niño con privación afectiva puede estar feliz en un momento, pero no será feliz en esencia. En cambio, cuando uno es adulto, al no ser dependiente como el niño, es feliz cuando se ama a sí mismo, ama a los demás y establece vínculos estrechos.

Lo primero que tenemos que enseñarles a las personas es que son dignas de respeto y amor. Si llevamos a un niño al jardín, ¿el amor que le tiene la maestra es sensitivo? No, porque no lo conoce, sin embargo, ese amor de maestra es una vocación y es una tarea para ella, aunque seguramente después se termine enamorando. Y si es una gran profesional, ¿la maestra va a amar a todos sus niños por igual? Si, porque el amor es una decisión y aquí llegamos a otro punto para enseñar sobre la felicidad.

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¿Cómo se le puede enseñar a un niño a ser feliz?


EN UN ADULTO, LA CONSECUCIÓN DEL LOGRO EXTERIOR LO DISTRAE DE ESE PODER CONTEMPLAR SU PROPIA FELICIDAD Y ES POR ESO QUE A VECES NECESITA PASAR POR UNA EXPERIENCIA DE DOLOR PARA DARSE CUENTA DÓNDE ESTÁ LA VERDADERA FELICIDAD.


LILIANA OLIVIERI

Si queremos enseñar a ser felices, entendiendo la felicidad como esencia, tenemos que abordar los conceptos de dignidad humana, respeto y el demostrarle al niño que puede ser amado, que puede generar vínculos sanos, al tiempo que debemos hacerle saber que es poderoso, demostrándole que es hábil y que puede obtener logros por sí mismo. ¿Qué herramientas necesita una familia para educar la felicidad? La pandemia —con todo respeto por los que han sufrido el dolor y la muerte— cambió el significado de la familia. Valoraron la posibilidad de estar juntos sin tantas interrupciones y se priorizó más la intimidad, algo que en Occidente está en jaque. Por eso otra cuestión sobre la que es importante educar es en preponderar las relaciones cercanas. Las familias lo primero que tienen que tener en claro es el amor perenne. Tenemos que estar dispuestos a dar amor como sentimiento, valor y decisión, entendiendo que ese amor va a pasar por tormentas, batallas y dolores. Y ahí viene la aceptación de la realidad tal cual es y no como quisiéramos que fuese.

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Las personas que te enseñan a amar son las que te aman incondicionalmente y de forma perdurable. Por eso, es importante que los padres que se separan les digan a sus hijos que el amor por ellos no se va a acabar, aunque vivan separados. Las personas necesitamos sentirnos amados con carácter de permanencia, porque eso da confianza y estabilidad. ¿Es igual la felicidad en un niño que en un adulto? Si un niño se siente querido, asistido y protegido, tiene las armas para ir a explorar y va a poner la energía en jugar y vincularse con los demás. Pero si no están esas cuestiones básicas, el niño va a poner mucha energía en defenderse de un mundo que lo ataca y solo podrá tener momentos de felicidad. La felicidad como valor, la tendrá cuando encuentre personas que lo amen de verdad. Aunque también es cierto que como en el niño es todo presente, puede tener más momentos de felicidad que un adulto, porque cuando juega, juega y no existe nada más. En un adulto, la consecución del logro exterior lo distrae de ese poder contemplar su propia felicidad y por eso que a veces necesita pasar por una experiencia de dolor para darse cuenta dónde está la verdadera felicidad. Está distraído con muchos estímulos y en algunos casos la pandemia sirvió para volver al eje, pero en otros ha traído mucho estrés.

Creo que podemos mejorar las generaciones y la humanidad si podemos capitalizar las oportunidades que da el universo. La pandemia podría haber desquiciado el concepto de felicidad, ponerlo en jaque, pero a muchas personas les devolvió la paz, el eje, el no distraerse. Por eso es importante analizar el sentido de superación humana. Crisis no es oportunidad si no hay aprendizaje y por eso es importante un sistema de educación que desde pequeños enseñe a capitalizar el evento puntual. Si el ser humano no canaliza y capitaliza lo que le sucede para ir hacia lo supremo, involuciona. g

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¿Cómo ves el futuro de la educación en la felicidad en Occidente?


La autoayuda nos propone cambiar, para que no cambie nada. En su libro Garantías de felicidad, Vanina Papalini realiza un excelente estudio sobre este tipo de libros y, en particular, analiza el tipo de sujeto que suponen. Una versión contemporánea del sujeto de la autoayuda es el personaje Santiago Noestudiénada, del humorista Ezequiel Campa, que habla en términos de «fluir», «manada», «biodecodificación», etc., al mismo tiempo que cobra con su propia moneda de «intercambios energéticos» (en negro) y plantea que las «vibraciones» y las «visualizaciones» permiten que nuestros deseos se realicen.

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No es que antes no lo hiciéramos; pero en las últimas décadas el tono que tomó el pensamiento sobre cómo vivir fue el de la autoayuda, es decir, una serie de recetas para optimizar nuestro desempeño y, por lo tanto, nuestra adaptación a la sociedad capitalista.

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La felicidad no es una promesa


La pandemia que desde hace más de un año acosa al mundo hizo reflexionar sobre el modo en que vivimos. Dicho de otra manera, este tipo de posición identifica la felicidad con un estado de plenitud, de ahí su semejanza con la imperturbabilidad oriental, a veces lindante con la desafectación. Curiosa paradoja: quien es feliz concluye en la apatía y su búsqueda más o menos personal lo deja identificado a un grupo de otros que repiten el mismo discurso estereotipado. Decía antes que la pandemia nos hizo pensar en el sentido de nuestras vidas y, por cierto, proliferaron en este tiempo las soluciones desesperadas de la autoayuda, en una suerte de paroxismo (con frases del estilo «Esto vino para enseñarnos algo», «Vamos a salir mejores», etc.) que progresivamente se fue agotando y hoy se reconoce a partir de la parodia. La pregunta por la felicidad permaneció y no se pudo responder con slogans motivacionales; esta es una idea importante: la felicidad es una pregunta, antes que una respuesta. La pregunta por la felicidad tuvo diferentes elaboraciones a lo largo de la historia. En Occidente, es una pregunta eminentemente filosófica, aunque a partir del siglo XX se volvió relevante para las diferentes perspectivas psicológicas –como un efecto de la «terapización» de la vida–. Quisiera hacer un repaso de algunas consideraciones, desde un punto de vista general, para luego extraer ciertas conclusiones. Por un lado, entre los antiguos, la felicidad era entrevista como un trabajo, como el resultado de un ejercicio sobre el propio temple, antes que un resultado. De la misma manera, la felicidad es una noción asociada a la ética y, por lo tanto, al desarrollo de la virtud. No es posible ser feliz sin una vida virtuosa y lejos está esta intención de ceder a placeres sin restricción. Un filósofo paradigmático para este planteo es Aristóteles y su libro la Ética Nicomaquea –cuyo título proviene del nombre del hijo del pensador de Estagira, Nicómaco–; es decir, no es un detalle que esta reflexión sobre la felicidad esté enmarcada en una transmisión filiatoria. Desde este punto de vista, me interesa subrayar que la felicidad es un Bien que está en múltiples acciones, que no escapa a frustraciones y esfuerzos, pero –sobre todo– se da en una vida dispuesta a ser vivida. Esto último es algo que la espiritualidad de este siglo XXI parece haber dejado de lado. Incluso entre filósofos posteriores a Aristóteles, como los del período romano, que pudieron tener quizá una visión más pesimista o escéptica respecto del lazo social, el precepto de que la vida debía ser vivida hasta la muerte –o bien como preparación para una muerte «humana»– permanece.


Esta última indicación no es secundaria, porque la pregunta por la felicidad va de la mano de la pregunta por cómo morir. Hoy en día pareciera que la relacionamos mucho más con inquietudes del estilo «cómo sufrir menos» o «cómo tener mayor gratificación», pero desde su origen la pregunta por la felicidad, la pregunta qué implica la felicidad, se relaciona mejor con la manera de tener una vida propiamente humana y, por lo tanto, que no haga que nuestra muerte sea como la de cualquier otro animal. No es un aspecto de poca monta este matiz, en un momento histórico –el de pandemia que nos toca vivir (sí, nos toca vivirla y no solo atravesarla)– donde hubo cadáveres apilados junto a las puertas de hospitales, sin sepultura o con tumbas improvisadas, sin ritos funerarios o despedidas de sus familiares. La pregunta por la felicidad nace del horror de la vida, no del anhelo de un estado de bienestar.

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La pregunta por la felicidad permaneció y no se pudo responder con slogans motivacionales; esta es una idea importante: la felicidad es una pregunta, antes que una respuesta.

En su libro Dialéctica de la ilustración Max Horkheimer y Theodor Adorno dijeron que podía no haber mucha distancia entre el sujeto kantiano y el que llevó a los campos de concentración. La racionalidad puede esconder su contrario perverso, para lo cual no hay más que pensar en la hipótesis de Hannah Arendt sobre la banalidad del mal en su ensayo Eichmann en Jerusalén. En esta misma dirección es que el psicoanalista Jacques Lacan planteó en su artículo «Kant con Sade» que la obra de este último puede ser una vía de realización de la propuesta del primero: ¿por qué no podría ser el Mal, como dice uno de los personajes sadeanos, el motor último de nuestro mundo administrado?

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Esta última consideración me lleva a la máxima formulación moderna, me refiero a la ética kantiana y su planteo del llamado imperativo categórico que propone elevar a la propia acción a un criterio de universalidad. Para explicarlo con el más simple y trillado de los ejemplos, pensemos en qué ocurriría con el caso del robo: si todos robásemos, la propiedad quedaría anulada, por lo tanto, el robo se anularía a sí mismo y viviríamos en un estado en que la intrusión violenta en las cosas del otro no se podría juzgar y, por lo tanto, solo podría resolverse con más violencia. Por lo tanto, robar no podría ser un acto moral. El punto es qué clase de sujeto supone la ética de Kant, en la medida en que se espera que no se mueva por motivos afectivos sino por su obediencia a la ley.


ta n u g e r p a L

d a d i c li e f a l por

en Occidente es eminentem ente filosófic a ¿No es algo de esto lo que vimos ocurrir en este tiempo, cuando ni siquiera la peste del coronavirus hizo que el negocio de las patentes de vacunas, asociado a la industria de los laboratorios, pusiera el conocimiento al servicio de la salvación de vida? Adorno se preguntó alguna vez si era posible escribir poesía después de Auschwitz. A nosotros nos queda la pregunta sobre si es posible volver a ser felices después de una pandemia de este tenor. «Volver a ser felices», ¿como si antes lo hubiésemos sido? Claro que no. Más bien la apuesta actual es recuperar un nuevo sentido para la pregunta por la felicidad, para no recaer en un significado estereotipado y arrancarle a la autoayuda sus clichés basados en consignas homogéneas. En el ensayo «Magia y felicidad» de su libro Profanaciones, el filósofo italiano Giorgio Agamben recuerda una carta de Mozart a Bullinger en la que el primero escribe: «Vivir bien y vivir felices son dos cosas distintas; y la segunda, sin alguna magia, no me ocurrirá por cierto. Para que esto suceda, debería ocurrir alguna cosa verdaderamente fuera de lo natural.» ¿En qué puede consistir la magia que lleva a la felicidad? ¿Se trata de algún tipo de acontecimiento «sobrenatural», de esos que los nuevos filósofos new age relacionan con fluir, volverse uno con el universo, etc.? ¿La filosofía antigua habría confundido los dos modos de vida y, apenas, se habría conformado con el «vivir bien»? Kant, mucho más severo, ¿se habría confiado a una ética del deber, de resultado paradójico, cuyo efecto es el actual orden de perversión capitalista en el que nos volvemos objetos intercambiables e instrumentos de un goce ajeno?


LUCIANO LUTEREAU

La apuesta actual es recuperar un nuevo sentido para la pregunta por la felicidad

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n ió ic n fi e d e r a n u n e é t s e ia g a m la z e v l a t ver la felicidad menos como un derecho

La felicidad no se puede prometer, no se puede asegurar, no tiene respaldo, requiere de un acto imprevisible y, a veces, solo se reconoce de manera retrospectiva, al menos según la frase: «Éramos felices y no lo sabíamos».

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Tal vez la magia no esté en el universo ni en la falsa espiritualidad contemporánea, sino en una redefinición de la felicidad, que nos permita verla menos como un derecho (no es raro escuchar personas que todavía dicen «Tengo derecho a ser feliz») o un tipo de garantía o estado, que como un trabajo singular que desande todas las respuestas que se dieron hasta ahora, para reposicionar el término en nuestro horizonte.


Pienso que la magia de la que habla la carta de Mozart se relaciona con este «no saber» que no es el de la ignorancia, sino con un modo de vida fiel a lo que puede ocurrir por fuera de la planificación, es decir, lo que puede ser recibido –no como milagro cósmico– sino como descentramiento de la propia personalidad, o sea, como renuncia narcisista. Si es preciso recuperar la dimensión de la felicidad como orientación para la vida, el giro prospectivo requiere subrayar que nuestra vida actual no necesita ser buena, quizás alcance con vivir menos mal. La sociedad de control, de las exigencias, de imperativos de felicidad más severos que el kantiano –«Sé feliz», «Vive», «Disfruta»– cuyo efecto es el creciente diagnóstico de multitudes deprimidas y paranoicos temerosos y acosados por no tener ninguna originalidad, nos pone frente a la tarea de una deconstrucción de la idea de felicidad como prolegómeno indispensable para los tiempos que corren. Para concluir, quisiera que este texto sea una invitación a pensar de manera singular sobre el significado impuesto y el profundo espesor de esta palabra tan común que es la de «felicidad», para quitarle toda intención prescriptiva y dotarla de un sentido que sea revolucionario o, mejor dicho, subversivo; me refiero, entonces, a recuperar la felicidad como resistencia antes que como narcótico. g

Apostemos a vivir felices, sin saber qué quiere decir, sin la obligación de la virtud, el peso de la ansiedad o el beneficio de la ingenuidad. Necesitamos una defensa, antes que una autoayuda.


LUCIANO LUTEREAU 83 MSR EDICIÓN LIMITADA #7

El autor es Psicoanalista, Doctor en Filosofía y Doctor en Psicología por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Magister en Psicoanálisis y Especialista en Psicología Clínica por la misma Universidad, donde trabaja como docente e investigador. Autor de diferentes libros de ensayos, entre ellos: Edipo y violencia (2017), Más crianza, menos terapia (2018), Esos raros adolescentes nuevos (2019), El fin de la masculinidad (2020) y Miserias hipermodernas. Por qué vivimos tan mal (2021).


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ESOS PEQUEÑOS MOMENTOS 85


NOTA 87

«SOY FELIZ CON MIS LÁPICES, EL BAR, LOS LIBROS, MI TRABAJO»

Si para escribir sobre la felicidad hay que ver qué dice la Real Academia Española, es porque algo no estaría funcionando. ¿No? Para definir hay que sentir. Y para sentir hay que arriesgar ¿Cómo era esa frase, «el que no arriesga…»? De modo que no diré lo que dice la RAE sobre la felicidad. Me lo guardo para mí. Porque, en rigor, nadie lo sabe (y el diccionario, menos). Y está sobrevalorada. Tiene buena prensa, la felicidad.

MSR EDICIÓN LIMITADA #7

En una charla descontracturada y sin convencionalismos, la artista plástica rosarina Flor Balestra nos brinda su particular mirada sobre la felicidad.


NO PIENSO CUANDO DIBUJO. ABRO UN CUADERNO Y LO HAGO, NO HAGO UN BOCETO NI NADA. MIS DIBUJOS SON UN RELATO. TAMBIÉN ES MUY PSICOANALÍTICO. Por ejemplo, en el poema «El remordimiento», Jorge Luis Borges dice: He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz. Que los glaciares del olvido me arrastren y me pierdan, despiadados. Fue por años, pobre hombre, una especie de firma al pie de pósters de habitaciones de adolescentes, pero algo de verdad había: ¿se puede pasar por este mundo sin ser feliz una vez, una sola vez, un instante? Flor Balestra piensa que no. Ella, que sí ha sido (lo es) puede hasta describir el ADN de la felicidad. Y de la pena también: hay que decirlo todo. Ella, la talentosa ¿cómo nombrarla? creadora de tanto, pide un café y desgrana parte de su historia en la intimidad de un reportaje imperdible, desordenado, caótico, emocionante, donde Flor, con la «R» dada vuelta en su firma –para escándalo del psicoanálisis–, se nos presenta en todo su esplendor y jerarquía. Flor Balestra es un torbellino, un tsunami de creación, habla, gesticula, se emociona y no da tregua. Fascina. Hay que estar un paso adelante para que toda ella no te lleve puesta de creatividad. Y tiene con qué: «Yo bailo, me encanta bailar, desde que era chiquita, me vestía de hada, con varita, bonete y todo, y bailaba sin parar, en esa casa de mis padres, repleta de libros desde el piso al techo, y dibujaba, siempre dibujaba, me acuerdo de eso con mucha claridad y creo que era muy feliz», cuenta. Supongo que fuiste una niña muy inquieta Desde chica me metía en todas partes, me gustaban todas las disciplinas. Hice de todo. Cuando vi el grupo de danza contemporánea dije «es eso» y entré con todo, bailé mucho, también incursioné en el teatro, estuve en pareja 20 años con un arquitecto con quien viajé por el mundo, aunque lo nuestro no eran los museos, nuestros viajes eran de estudio y viví la arquitectura de una manera que me apasiona, por eso lo menciono. Hasta hoy me fascina el debate de la arquitectura.


FLOR BALESTRA NOTA

¿SABÉS QUÉ NECESITAMOS PARA SER FELICES? ¡QUE VUELVA LA METÁFORA!

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Parece que te fascina todo. El río, por ejemplo… Vivo frente al río y me paso horas viendo el movimiento de los barcos. Sé horarios, mareas, todo, jajaja. Yo no tengo cama ¿sabés? Tengo un colchón en el piso. Y un día de esta pandemia levanté ese colchón y lo puse contra la pared. Y ahí desayunaba, merendaba, escuchaba música, bailaba, hablaba sola, bah, hablaba con las cosas que tengo, y descubrí otra habitación, otro espacio, es decir, que levanté el colchón, doblé las sábanas y descubrí un nuevo espacio.

¿Y en qué pensás cuando dibujás? No pienso cuando dibujo. Abro un cuaderno y lo hago, no hago un boceto ni nada. Mis dibujos son un relato. También es muy psicoanalítico. (Se queda pensando) ¿Sabés qué necesitamos para ser felices? ¡Que vuelva la metáfora! ¿Se fue? Sí, se fue, la perdimos. ¿No lo notás? ¡Está todo dicho e interpretado! La metáfora se perdió absolutamente, no sé, es raro, pero se perdió. El exceso de información hizo perder la metáfora, entre otras cosas.

MSR EDICIÓN LIMITADA #7

Supongo que lo dijiste hasta el cansancio, pero contanos cómo fue la transformación de la firma con la R al revés, que es tu marca. Tiene algo de Rep (N. de la R.: Rep, Miguel Repiso, artista y caricaturista) Sí, es bastante Rep, pero no se la copié a él. Y no, no tengo idea, un día esa R se dio vuelta, y para responder por qué –me lo preguntaba todo el mundo– ensayé varias razones. La primera vez que me lo preguntaron dije que era una R de René (su padre, abogado, político, escritor rosarino, entre otras actividades), con el tiempo empecé a decir que era Rosario y terminé entendiendo que la R era la de realidad. Como te dije, un día se dio vuelta sola, no recuerdo cuándo. En realidad, es un dibujo la R. (Hace una pausa). En mi casa había libros de piso a techo, yo agarraba libros y me hacía la que leía, bla, bla, bla. Entonces, en mí, la literatura, la palabra, la escritura, el concepto, entra por la forma: las letras eran dibujitos. Así es como entra la literatura, como un dibujo. Escribir es dibujar y dibujar es escribir. Para mí todo es dibujo. La R también.


TENGO UNA PERCEPCIÓN DEL TIEMPO QUE ME LA DA LA VIDA EN EL TABLERO Y QUE ES COMO QUE EL TIEMPO NO PASA, PODÉS PERCIBIR LOS INSTANTES AHÍ, EL INSTANTE EN QUE HAGO LA RAYA PARA ARRIBA, PARA ABAJO, LE PONGO AMARILLO, ROJO, ENTONCES MISTERIOSAMENTE TENGO LA PERCEPCIÓN DE LA SUMATORIA DE LOS INSTANTES.


FLOR BALESTRA

Que vuelva la metáfora evidentemente te haría feliz. ¿Y qué más? ¿Qué es la felicidad para vos? Tener unas sábanas limpias, lindas, suaves; una toalla que te seque, pero que te seque bien, eso es felicidad. La felicidad es tener frío y ponerte un saco. Dentro de la casa, desde que nos levantamos hasta que nos vamos a dormir ¡hay tantas cosas que te hacen feliz! Tengo una percepción del tiempo que me la da la vida en el tablero y que es como que el tiempo no pasa, podés percibir los instantes ahí, el instante en que hago la raya para arriba, para abajo, le pongo amarillo, rojo, entonces misteriosamente tengo la percepción de la sumatoria de los instantes.

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Entonces, hablar de sus maestros y pares es inevitable: Roberto Fontanarrosa, por ejemplo, la recomendó muchas veces para varios trabajos y, de yapa, un día descubrieron que vivían al lado, frecuentaban el mismo bar y tenían la misma vista del río: eso sí que es la felicidad. El Negro, así lo llama ella, fue y es un referente de Flor Balestra. Le apunto que su letra se parece a la del humorista y me mira raro: «Para nada», dice (o me reta), «la letra de él era única. La mía es totalmente diferente». Mejor es callarse la boca: la maestra ha hablado.

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Flor Balestra toma un sorbo de café y la animada mesa del bar donde estamos se llena de voces que opinan. Hermosa charla, claramente, hermosas ramas por las que nos vamos, y así llegamos a Mafalda y Susanita, dos personajes que esta creadora maravillosa ama, especialmente Susanita, la invención de Quino que nos llegó hondo a todas las mujeres de esta tierra (y a otras de otras comarcas), por haber sido un adelantado, «un genio mal», como repite Flor.

«Me gusta mucho la noche –reflexiona–, no me agrada madrugar. La mañana me crea desasosiego. Prefiero la noche por el silencio, soy una buscadora perpetua del silencio, lo amo, lo necesito. Y me gusta escuchar música. Soy del palo del jazz y del rock, no me vengan con Bee Gees –hace montoncito con la mano–; siempre busco lo último que sale en música, la mía, porque el tango y el folklore, no me gustan –baja la vista, la levanta nuevamente–, aunque reconozco que las mejores letras están en el tango». ¿Se lo vamos a discutir? Obviamente no. Lo escribo y pienso en que «primero hay que saber sufrir/después amar, después partir/y al fin andar sin pensamiento» (Naranjo en Flor, Homero y Virgilio Expósito), aunque lo de Flor Balestra es esto último, el pensamiento. No por nada trabajó con Juana Molina, Fernando Kabusacki, ilustró a María Elena Walsh e hizo, (Sic) «pocos dibujos animados, pero buenos», y se larga a reír y es como verla bailar al son de sus dibujos, de Tersura, especialmente, que siempre anda tan campante por la vida.

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Ahora está seria y el café donde estamos se puso bullicioso. Pero Flor, con la R para adentro, no lo nota, está por decir algo, su mente vuela lejos y al fin lo saca: «A veces me pregunto de dónde saqué las ganas para hacer todo lo que hemos hecho», dice, mientras mezcla, feliz, el singular y el plural, porque habla –ya le saqué la ficha– del Pasaje Pan. «Es que se me da la gana, soy gánica, como decía Federico Manuel Peralta Ramos, se me da la gana de algo y lo hago ¿entendés? En esos momentos soy feliz, haciendo lo que me ordena mi alma gánica». ¿De dónde vienen? ¿Las ganas llegan de afuera? No sé. No. Creo que no vienen de afuera. ¿Qué fue para vos Peccata Minuta? (Su cara cambia, se transforma). Un día abrí una cosa –mueve las manos como desenvolviendo un caramelo– y decía eso y me encantó. Significa «pecados pequeños» en latín, pero yo he cometido (risas)… no importa, me encantó el nombre. (Piensa) Nunca me interesaron los carriles oficiales. Yo amo los caminos no oficiales, los de tierra, los caminos secundarios; y el Pasaje Pan era eso ¿entendés? La felicidad está en lo diminuto, por eso mi local era chiquito. A mí me interesaba (se pone de pie, como la actriz que es, y posa cual una estatua viviente mirando por la ventana frente a la que estamos sentados todos los integrantes del grupo y somos su público atento) pispear, no lo que era Ahhhhhh (hace la mímica), sino lo que era ohhhhhh (está con los ojos hermosos y enormes muy abiertos y, aunque todos la miramos, ella ni se da cuenta. Vuelve a sentarse). Me gustaba la calle –dice ahora, como si nada hubiera sucedido–, vivo en la calle, soy tremendamente callejera, soy un perro de la calle. Soy de bar, vivo en los bares. Hace 20 años que voy al mismo bar, a la mesa 17. ¿Por costumbre? Al bar me lo pide el cuerpo. Bajo como si no volviera nunca más a mi casa: llevo todo lo que no leí, ahí escribo, ahí leo, hago la lista del supermercado. ¿Ahí creaste Tersura? ¡Tersura! (Le cambia el tono de voz). Ella es feliz, básicamente feliz. No tiene conciencia, como si fuera todo emoción. Porque es toda emoción. Y la gente la quiere mucho, es una mujer que se puede permitir un montón de cosas y no desde el empoderamiento. Ella no es linda, ella se siente linda. Es un escándalo. ¿Qué le gusta a Flor Balestra? Amo leer. Ahora estoy leyendo mucho de biología, de la vida de las plantas desde lo filosófico. Y también me gusta caminar. No hace tanto me caí con la moto, así que empecé a caminar cuando me repuse y es maravilloso. Recorro mucho la ciudad, los rincones, me detengo donde quiero, pienso, arranco de vuelta… También leo sobre caminar. Me gusta hacer.


FLOR BALESTRA NOTA 93

NO ES QUE SOY UNA PERSONA FELIZ, SINO QUE TRATO DE BAJAR EL CONCEPTO A LAS COSAS MÁS BÁSICAS Y AHÍ SOY FELIZ, CON MIS LÁPICES, EL BAR, LOS LIBROS, MI TRABAJO.

¿Cómo fue tu pandemia? Estar adentro, sola y en silencio me vino bien. Le agradezco a la pandemia haber vuelto a dibujar como hacía años que no dibujaba; fue, en ese sentido, muy productiva. Tenía el tiempo entre las manos, todo el tiempo para mí. Eso es un cuarto de felicidad y me dio vuelta la cabeza, no tuve miedo, ni angustia. Me reencontré con el silencio. ¿Hay momentos que denotan felicidad? (Se le llenan los ojos de lágrimas). Este que estamos viviendo, el de la entrevista, es un momento feliz. Encontrarme con la gente, con ustedes y que haya esta onda… el desencuentro me da desazón. Encuentro, es mágico, misterioso y de una belleza, como si te dijera, no falta más nadie. Y hablo a todos los niveles. El desencuentro no me gusta.

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Pero respecto de la felicidad… (Interrumpe) Es que soy una fatalista, incluso con la felicidad. Sé que hay gente que sufre, pero incluso en el sufrimiento hay momentos de felicidad. Yo los tengo, los tuve. No es que soy una persona feliz, sino que trato de bajar el concepto a las cosas más básicas y ahí soy feliz, con mis lápices, el bar, los libros, mi trabajo. No sé cómo explicarlo (pausa) mirá, si a mí me regalás un BMW me cagás la vida, no me hacés feliz. Hay gente que te dice «mi pareja debería regalarme un auto», te juro, lo he escuchado. Entonces, si nosotros podemos desgranar ese momento, como la toalla tibia, el vinito blanco que me llevo al tablero y sigo dibujando, estamos en la felicidad.


Te voy a decir palabras entonces, a ver qué te producen: rincón. Me parece delicioso. Deliciosa la palabra, me gusta con locura. Yo vivía en el rincón, en la escuela siempre estaba en el rincón. Era líder en la escuela. Porque también en el rincón es el lugar donde se puede dar un encuentro. Meterme en el Pasaje Pan es un rincón. Me siento en los rincones. Pasaje es otra palabra que me gusta. ¡Ni te digo Pan! El pan todo, el pan es un símbolo y Peter Pan. Dejame ver… Línea, estrella, inconmensurable e insondable son palabras hermosas.

** Está bien, hay que definirla. Contar quién es para los que se perdieron sus pasos en esta ciudad espléndida. Flor es dibujante, diseñadora y productora, estudió en la Facultad de Bellas Artes de la UNR y se la considera «la gestora» del famoso Pasaje Pan, de una movida cultural única y brillante durante 10 años. Como Subsecretaria de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario a partir de 2008, creó y diseñó las campañas sobre marca-ciudad «Rosario, la quiero» y «Muy Rosario» ¿Libros? Sí, claro: «El hilito» (2003), «un éxito editorial que lleva varias ediciones y que se amplió en el año 2017 a «El hilito plus», editado en once idiomas. Fue la ilustradora de «Una lección de vida», de Roberto Fontanarrosa y «Versos para cebollitas» de María Elena Walsh.

*** Flor Balestra fue alguna vez simplemente Florencia, pero la abreviatura de su nombre con la rareza de la «R», es una marca registrada a nivel mundial. Es, en el cartel de celebridades locales –junto al Che Guevara, la Trova, Fontanarrosa, Alberto Olmedo, Erminio Blotta, Nicola Constantino, Lucio Fontana, Alberto Laiseca, Gato Barbieri, Litto Nebia y tantos más (disculpas por los olvidos seguramente imperdonables)– de las más conocidas en el exterior, un exterior que conoce y recorrió. Su último proyecto es ponerse al frente de la Fundación Astengo, algo que la hace inmensamente feliz, repensar y diseñar lo que hará con ese tesoro rosarino. De modo que su tablero hoy, mientras usted está leyendo la nota, estará repleto de varitas, personajes, empleados, tramoyistas y actores (por nombrar solo algunas cosas que su loca cabeza tiene que atender). La nota termina. El atardecer helado de una esquina de Rosario nos hace correr para guarecernos, pero ella sale como bailando, etérea en sus pantalones anchos y el pelo hecho un despropósito por el maldito viento de julio. Y se va lentamente por los arrabales de una ciudad que la tiene como a su hija pródiga. g


FLOR BALESTRA NOTA 95 MSR EDICIÓN LIMITADA #7

LÍNEA, ESTRELLA, INCONMENSURABLE E INSONDABLE SON PALABRAS HERMOSAS


No todos los días se tiene la suerte de entrevistar a un profesional actuando in situ. Tampoco es tan común cruzarse con personas tan apasionadas como Damián Delorenzi, cocinero rosarino que supo hacerse un nombre en la gastronomía local, siempre reivindicando y militando lo regional, lo autóctono, lo nuestro.

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«COCINAR ES LO QUE MÁS ME HACE FELIZ, POR ESO VIVO»

Pero su carrera como cocinero empezó mucho antes de todo eso, en la mesa familiar de su casa de Ovidio Lagos y Ayolas; marcada indudablemente por la figura de sus cuatro abuelos, de quienes aprendió que cocinar es brindarse, dar amor, compartir y por supuesto, hacer felices a los demás.

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Muchos lo conocen por su ciclo televisivo «Pasión por las brasas», que lleva más de diez años al aire. Lo cierto es que desde que egresó de la Escuela de Cocineros Gato Dumas de Rosario, Damián no paró de hornear proyectos. A sus 23 años ya se desempeñaba como chef ejecutivo del Ros Tower Hotel Spa & Convention Center, el primer hotel cinco estrellas de la ciudad de Rosario. Fue jurado de numerosos concursos gastronómicos, dictó cursos en diferentes escuelas de cocina, participó de proyectos de investigación en temas relacionados con la ciencia de los alimentos y también fue distinguido por el Concejo Municipal de Rosario.


Con la misma pasión con la que aprendió a asar lechones para pagarse las vacaciones con sus amigos, Damián refundó el tradicional Sunderland, abrió el restaurante que lleva el mismo nombre que su programa y —unos días antes de que acechara la pandemia— llegó a inaugurar el proyecto gastronómico Barrio. Ser anfitrión es una de sus grandes cualidades, es algo que verdaderamente lo motiva y de alguna manera nos lo hace saber a través de Ale y Julio, los integrantes de su equipo que nos reciben en la puerta de su restaurante-casa, ubicado en la esquina de Santiago y Catamarca. Mientras termina de prepararse, observamos las mesas vacías y cómo parte del mobiliario devino en estudio de televisión desde donde graba «Pasión por la cocina'', una de las tantas formas en las que Damián encontró para reinventarse y no dejar de cocinar. La música suena fuerte. Damián sale a escena y detrás del barbijo intuyo que hay una gran sonrisa. Está contento porque vamos a hablar de lo que más le gusta hacer en la vida. Porque, ¿a quién no le hace feliz la comida, y todo el ritual que ello conlleva? Si vamos a hablar de felicidad y tenemos que elegir uno de los tantos conceptos que existen para definirla, la mayoría de los mortales nos inclinaremos por el placer que nos da el buen comer. La locación ya está montada, solo faltan algunos elementos para que Damián entre en acción. Mientras charlamos, nos va a deleitar cocinando las «segundas» mejores milanesas del mundo. Las mejores, nos aclara, las hace su amiga Vero, una cocinera que trabajó con él hasta hace poco tiempo.


—Sí, pero prestá atención a las milanesas… no te vas a cortar un dedo.

DAMIÁN DELORENZI

—¿Arrancamos? —me dice— ¿A vos te tengo que mirar, no? Me mira desafiante, con bronca risueña y enseguida entiendo que no va a ser una charla convencional. La comida, de alguna manera, hizo su magia y rompió el hielo. ¿Sos feliz? La palabra felicidad es un poco ingrata… porque para mí la felicidad es una situación. ¿Cocinar te hace feliz? Es lo que más me hace feliz, por eso vivo.

Entre los numerosos dibujos, uno llama particularmente la atención: «Le pedí permiso a Mariana, la esposa del Gato Dumas y mi madrina de la vida, para tatuarme el logo del Gato. Significa comer hasta chuparse los huesos. El Gato fue lo más grande que hubo en Sudamérica, él está en todas las cocinas, siempre».

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Sale de escena porque se da cuenta que no se puso la chaqueta. Ale se la alcanza. Nos cuenta que está manchada de pintura porque durante la pandemia montaron el estudio a pulmón. Mientras se termina de acomodar, describe cada uno de los tatuajes que tiene en ambos brazos: la mesa familiar, un dibujo de su papá, un pez dorado, el aceite de oliva, la uva, la pimienta y el cerdo. Indudablemente, esa trazabilidad, a la que hará referencia en casi toda la charla, la lleva en la piel.

La comida y la cocina suelen hacer felices a muchas personas, ¿sos consciente de eso? Totalmente, porque cuando cuando cocinás, te metés adentro de la persona. Mi viejo decía que el «plato es único y efímero y comienza a ser leyenda una vez que ya está terminado». Hay otra frase de un cocinero francés que se llama Brillat-Savarin que dijo: «El universo se pone más contento cuando se descubre un plato nuevo que una estrella». En la cocina todo está inventado ya… el tema es cómo aplicarlo a tu manera. los productos o ingredientes que usás, la trazabilidad: de la semilla a la mesa. ¿Qué influencia tuvo la cocina familiar en tu elección profesional?

Tener abuelos es un regalo de Díos. Mi mamá es abuela pero no es la misma abuela que tuve yo… todo cambió. Eran otros momentos, se perdieron muchas cosas, como pasar tiempo en familia, en la mesa. Antes se compartía de otra manera, era todo más humano. Yo elegí ser cocinero justamente por mi entorno familiar. No había tantos programas de cocina en ese momento, sentía felicidad cuando traían la comida, era uno de los mejores momentos. Andá a un evento que no haya comida o bebida... es re aburrido.

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Yo me crié con mis cuatro abuelos. Vivíamos con mis papás y mis hermanos y al lado mis abuelos, y mi nono y nona vivían enfrente. Mis cuatro abuelos cocinaban, criaban gallinas, tenían huerta.


¿Y por qué creés que la gente se pone feliz cuando come? Porque comer te llena el alma, tiene que ver con el compartir. De ahí nace un plato que yo hago que se llama «La plancha de amigos», es una plancha con un montón de ingredientes y se come de parado, porque cuando te vas a sentar es otro momento. El disco, por ejemplo, yo lo llamo «la rueda de amigos». Porque más allá de lo que se decida cocinar, está concebido para unir gente. El fuego también… Yo jugaba al fútbol, era arquero, un puesto bastante ingrato. Me di cuenta que no iba a llegar, igual me gustaba y cuando jugaba era el capitán. Pero lo que más me gustaba era cocinarle a los chicos después que terminábamos de jugar. Empecé a cocinar a los doce años, y lo que más me gustaba era armar el encuentro. Mi abuelo era mecánico y tenía el taller al lado de la casa. Hacía lechones o pescados los sábados, se notaba la felicidad de todos cuando comían. La pandemia nos hizo replantearnos muchas cosas, sobre todo el concepto del tiempo, el que le dedicamos a nuestras familias, a cocinar en casa, a compartir las comidas. ¿Cómo lo viviste y de qué manera crees que se vieron reconfigurados estos rituales en torno a la comida y la cocina? La pandemia nos hizo a todos cocineros, editores y fotógrafos. Todos se pusieron a cocinar la masa madre. Muchos se hicieron pizzeros, reposteros, otros querían tirar a los hijos del balcón. Otros perdieron su trabajo… A mí en lo personal me sirvió en un montón de aspectos, para ver las cosas de otra manera, para conocer gente. Porque uno a las personas las conoce verdaderamente en los momentos malos. Me separé de mi socio y de alguna manera estuvo bueno porque sucedió al principio, y aceleró un proceso que seguramente después decantaría. Si yo hubiese seguido en ese proyecto seguramente todo hubiera sido mucho más problemático. Traté de estar con la gente, acompañarla y no dejar a nadie tirado. Nos vinimos a trabajar acá y armar esto de a poquito. Nos hicimos arquitectos y albañiles y montamos este estudio. Hicimos todo esto a pulmón y le dedicamos el tiempo. Y ahora reinventándome con lo que se viene. Porque la gente cambió, el que sale a comer también cambió. Tu profesión fue una de las que más se vio afectada en estos tiempos. ¿Qué modos encontraste para reinventarte? La pandemia me cambió la vida… fue un 3x3. En tres meses me separé, abrí un restaurante y lo cerré. Llegamos a estar abiertos solo 45 días. Pero no lo digo desde un lugar malo, para mí la pandemia lo único malo que tuvo es que se murió mucha gente, para mí no todo fue malo. Yo trato de buscarle la vuelta a las cosas. Se trata de apostar a lo que te hace feliz y dejar de dedicarle tiempo a cosas que no te generan felicidad. A mí la pregunta que me hacen todos es ¿cuándo abrís? y tiene lógica esa pregunta, porque esto antes era un restaurante. Pero hoy esto se ha convertido en otra cosa,


DAMIÁN DELORENZI

Por eso cuando vuelva a abrir voy a elegir a la gente que venga a comer. Uno tiene que trabajar con el público al que te dirigís, para que tu comida sea valorada.

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es un lugar de encuentro. Estamos abiertos en este momento, pero estamos haciendo otra cosa.

¿Cuál sería ese nuevo público? El que disfruta del goce gastronómico. Aquel que se entrega, el que viene y no sabe que va a comer. Abrimos la parrilla, hicimos un horno de barro, para mostrar e integrarnos con la gente. Hay gente que quiere cocinar y saber algunos tips, cómo cocinarle a alguien, quiere sacar algo rápido y sentarse a comer rápido a la mesa. La idea es escuchar lo que quiere la gente y en función de eso planificar.

La felicidad para mí es una sensación de cómo vivís y cómo valorás las cosas que tenés y cómo las sentís, porque hay veces que tenés algo y no lo ves. Yo cuando cocino me olvido de todo. A mí en un momento realmente me afectó no cocinar más, tuve que ocuparme de resolver un montón de problemas de los que no tenía ganas de ocuparme pero lo tuve que hacer igual. Había trabajado en un proyecto que iba a implicar muchos años de laburo… y bueno… se cerró. Y ahí me tuve que poner a hacer otras cosas, tuve que ser empresario, líder, amigo. En ese momento me faltaba cocinar…y ahí me daba cuenta que no estaba tan feliz. Entonces me dije que iba a trabajar para volver a cocinar. Las milanesas están casi listas y Damián se da cuenta de que se olvidó de agregar sal. Nos reímos todos. Ya se empieza a sentir ese aroma único de la comida casera. Ale se acerca a la mesa con las papas cortadas y unos tomates de selección.

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¿Y te parece que el concepto de felicidad también cambió?


Tus platos son elaborados a base de productos de la región y reivindican lo autóctono y lo regional. ¿Por qué elegiste esta línea como sello de tus comidas? Porque nací acá. Primero tuve que recorrer toda la provincia cocinando: conocí los cítricos de Malabrigo, el arroz de San Javier, la carne de Reconquista. Hay un montón de cosas en la región, la cocina argentina en sí es una gran mezcla de los inmigrantes; en Humberto Primo por ejemplo hay una gran colonia de piamonteses, por eso se hace la Fiesta de la Bagna Cauda. Y esa es una bagna cauda bien santafesina, porque la hacen a su manera. Está la Fiesta del Goulash en Humboldt; en Totoras está la Fiesta de la Leche, porque es una zona tambera. Entonces, como hay muchas fiestas ligadas a lo gastronómico hay muchísimas cosas para difundir. La fiesta se relaciona de manera directa con la felicidad. ¿Qué no puede faltar en una fiesta? Comida o bebida. Mucha gente habla de la felicidad y lo relaciona con la generación de endorfinas. Por lo que se ve en tus tatuajes, los ingredientes para vos son importantes… Te diría que son todo. Cortar un tomate de una planta es fundamental. Da satisfacción poder tener tus propias cosas, aunque hay que dedicarle tiempo y también hay que saber. Te hablé de trazabilidad, estas papas son de selección, ideales para freír. Por eso el producto es todo, o una gran parte. Porque después hay que cocinarlo, claro… ¿Y por qué hoy elegiste cocinar milanesas? Porque es una de las comidas que más disfrutamos los argentinos. Después cada uno las hace como quiere. ¿Fritas o al horno? Fritas, si la hacemos, la hacemos bien. Mi abuela hacía una fuente gigante de milanesas, con mis hermanos llegábamos de la escuela y no sé ni cuántas nos comíamos.. pero nos hacía muy felices. Y eso mismo hoy lo veo en mis sobrinos.. se guardan el último pedazo para comerlo con pan… decime si eso no es felicidad. ¿Qué otras cosas te hacen feliz? Me gusta mucho divertirme. Me gusta ser libre, hacer lo que quiero sin molestar a nadie. Y si no hago algo, en todo caso me perjudico yo. Me gusta hacerme responsable de lo que hago. También me hace feliz conocer gente nueva. La mesa está servida. Todos mantenemos la compostura aunque nos morimos por devorar la fuente entera de papas fritas. Damián se jacta de que esta vez sus milanesas superaron a las de Vero. Hacemos chistes en torno al veganismo. Todo queda en off the record y nada es publicable. Le hago una pregunta para dar un cierre formal a la charla, aunque ya estamos pensando lo que viviremos a posteriori. Su respuesta, simple y contundente, sintetiza perfectamente el momento: «Ser feliz consiste en saber lo que vos tenés. Yo tengo la posibilidad de hacer feliz a la gente, cocinando. Y eso también me hace feliz». g


DAMIÁN DAMIÁN DELORENZI DELORENZI NOTA MSR EDICIÓN LIMITADA #7

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LA PANDEMIA ME CAMBIÓ LA VIDA… FUE UN 3X3. EN TRES MESES ME SEPARÉ, ABRÍ UN RESTAURANTE Y LO CERRÉ. LLEGAMOS A ESTAR ABIERTOS SOLO 45 DÍAS. PERO NO LO DIGO DESDE UN LUGAR MALO, PARA MÍ LA PANDEMIA LO ÚNICO MALO QUE TUVO ES QUE SE MURIÓ MUCHA GENTE, PARA MÍ NO TODO FUE MALO.


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ESOS PEQUEÑOS MOMENTOS 109


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«LA FELICIDAD ES COMER TORTITAS NEGRAS»

Porque toda vestida de chiste, Alicia se mete en la piel de su personaje de nombre que jamás sabremos —así debe ser— en hospitales de niños y geriátricos, por ejemplo, donde la muerte acecha; pero ese tiempo que ella les da alcanza y divierte a los enfermos: los saca de su tragedia y ellos sonríen, la miran bien y aman su nariz anaranjada: piensan que es un botón que si lo tocan logrará el milagro de extender la felicidad momentánea un poco más.

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«La felicidad es comer tortitas negras». Lo afirma como al pasar y se escucha su risa ronca, igual que la voz, algo inconfundible en Alicia Valentini, integrante de Payamédicos Rosario, farmaceútica, de 59 años, oriunda de Corral de Bustos (Córdoba), madre de dos hijas («ya grandes», dirá), esposa enamorada.


Cuando era chica, Alicia se paseaba por el pueblo con una capelina grande para la lluvia que su padre Walter vendía en su perfumería: allí había de todo, la última moda en anillos, pulseras geniales, un salón repleto de cosas que hacía las mieles de los clientes, algo así como una Tienda de los Milagros. Valentini padre era una institución en el pueblo, pero también la madre de Alicia, Quecha, y con ellos nuestra invitada conoció la solidaridad desde la cuna. Como dueño también —entre otros socios— de una de las farmacias más importantes de la comarca, Chichilo —así le decían— estaba abonado a las causas solidarias locales y eso, a la bella Alicia, le pegó fuerte. Tan fuerte, que cuando una de sus hijas supo que se dictaría un curso para ser Payamédico, sin dudarlo anotó a su madre, la misma que hoy nos dice «¿la felicidad? Es comer tortitas negras». Payamédica… ¿Te gusta? Me fascina, me hace feliz. Pero también me gusta escuchar música, ver un programa de tele, los amigos, las salidas, viajar, los deportes, comprar ropa, zapatos..., ufff, es larguísima la lista de las cosas que me hacen feliz... Comer algo rico, chocolates... ¡Los bebés, los niños! porque son inocentes, espontáneos, instintivos, sin los vicios de los adultos obvio... Y ahora que lo pienso, también por eso debe ser que amo tanto a los animales. También disfruto de hacer crucigramas, mis preferidos son los Revueltos. Ser docente y ¡ah! cantar y bailar… En la película «La novicia rebelde» (la amo, la tengo, la vi mil veces y me sé todos los temas), ella les enseña una canción a los niños invitando a pensar en cosas que les gustan cuando tienen miedo o están tristes y así se logra no estar asustados y estar contentos. Acuerdo con eso: hacer cosas que nos gustan, es la forma de crear nuestros propios momentos felices.


Podrías haber sido muchas cosas o buscar la felicidad en infinidad de lugares, entonces, reitero, por qué Payamédicos. Pará, antes te cuento qué son. Se trata de una ONG mundial que en la Argentina llegamos a 8000 personas. Nos distinguimos por la nariz naranja y tratamos de ayudar a curar la salud emocional de las personas internadas o institucionalizadas, esto es, por ejemplo, geriátricos y hospitales y lo logramos porque mantenemos el optimismo sostenido en el tiempo al reiterar nuestra visita: vamos una vez por semana.

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EN LA PELÍCULA «LA NOVICIA REBELDE», ELLA LES ENSEÑA UNA CANCIÓN A LOS NIÑOS INVITANDO A PENSAR EN COSAS QUE LES GUSTAN CUANDO TIENEN MIEDO O ESTÁN TRISTES Y ASÍ SE LOGRA NO ESTAR ASUSTADOS Y ESTAR CONTENTOS.

¿Y cómo trabajan? ¿Sobre la base de qué elementos y conceptos lo hacen? A través de técnicas escénico terapéuticas que derivan del payaso como lo conocemos, pero tenemos una estética y deontología propias. Para ser payamédico hay que tener 18 años y el secundario completo y hacer un curso de payateatralidad y payamedicina, la parte teórica que nos dicta gente que sabe y aprendés la bioseguridad, proxenia, todo lo que se activa cuando reímos y estamos bien, las formas, lenguaje, colores, todo lo que necesitamos para presentarnos ante los producientes, no pacientes. Hay una colorimetría que usamos que está asociada a las emociones: el fucsia o rosa, verde, amarillo, naranja y celeste y todo lo que vaya hacia arriba, nada de colores oscuros porque influye mucho. Te uniste porque te anotó tu hija ¿verdad? Sí (carcajada ronca). Yo no fui a ellos, ellos vinieron a mí y estoy comprometida con esto. Esto era lo que me tocaba, claramente. Yo ya venía de la solidaridad por imitación a mi viejo, quizá; a él lo he visto toda la vida donando, llevando juguetes, visitaba enfermos y yo lo acompañaba. Hace muchos años me involucré en un Centro de In-

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Los pacientes… No, no son pacientes. Son Producientes, así los llamamos, porque no están buenas las estigmatizaciones. Ellos nos esperan, saben que volvemos y eso mantiene el optimismo, el de ellos y el nuestro.


HAY UNA COLORIMETRÍA QUE USAMOS QUE ESTÁ ASOCIADA A LAS EMOCIONES: EL FUCSIA O ROSA, VERDE, AMARILLO, NARANJA Y CELESTE Y TODO LO QUE VAYA HACIA ARRIBA, NADA DE COLORES OSCUROS PORQUE INFLUYE MUCHO.

tegración Familiar, donde me acerqué para ver qué podía hacer y allí dirigí un taller de inglés. Luego mi hija mayor se metió en un centro de noche, donde dormían los sin techo, y ahí ella vio que el fundador de esta ONG venía a formar payamédicos acá, en Rosario. Y me anotó, ella al final no pudo hacerlo y lo realicé con una amiga. Te quiero aclarar algo: para mí nada es casualidad, todo es causal; la palabra casualidad la retiré de mi vocabulario hace mucho tiempo.

Quien haya conocido a la familia Valentini sabe que Alicia se queda corta. Porque ella y sus padres eran allá algo así como una institución de bonhomía. En las Ferias de Plato del Colegio José Manuel Estrada (mal llamado «el Colegio del Cura» porque, en efecto, lo dirigía el Padre Esteban González) trabajaban los tres y sacaban, como lo hace ella ahora, la solidaridad de la galera para alegrar a tantos pibes huérfanos o ayudar al hospital. ¿La risa ayuda y puede mejorar la vida? Sí, claramente, siempre reírnos nos hace bien a todos, es lo que más necesitamos, no queremos llorar ni amargarnos, de modo que todo aquello que provoque la risa ayuda. Incluso físicamente: hay toda una puesta hormonal en escena cuando nos reímos. Por eso mi sorpresa al principio cuando le decía a los que están internados en los geriátricos que tuvieran paz, me miraban raro y aclaraban que lo último que querían era eso, paz, querían divertirse, vivir. No debe ser gratis estar entre tanto dolor. ¿Cómo manejás tu propio estado de ánimo después de estar con chicos que sufren, por ejemplo? Cuando me pongo el traje es como una coraza que me hace inmune a lo que me rodea: de otro modo no podría hacerlo y tampoco los producientes del Hospital de Niños Vilella me admitirían. Es como el actor que sube a escena. Entro en el personaje, pienso en lo que tengo que decir y para el niño es lo mismo: quieren venirse a mi casa, quieren jugar conmigo. Y es la coraza y eso me inmuniza, no tomo conciencia absoluta de lo que pasa. La idea es sacar al produciente de la cabeza y ver al niño, a la persona. Yo prefiero a los niños porque es más fácil sacarlos de la realidad, el paciente mayor está demasiado inmerso en la realidad, los niños no viven la realidad. Estamos inmunes porque el traje nos lo permite. Hubo casos de payas que no lo soportaron, por eso nunca vamos de a uno, como mínimo, somos dos, una dupla. La clave es que el payamédico no salga de su personaje.


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¿Por qué no revelan el nombre del personaje que interpretan? ¡Porque es una fantasía! El paya no tiene nombre, es secreto, son irreales y por esa razón es que sacamos al produciente de la realidad. Los abuelos, en los geriátricos, nos regalan estampitas y les preguntamos quiénes son y jugamos con eso. Les preguntamos si Dios es su amigo y si dicen que sí, también es amigo nuestro. Vamos por la empatía, que tanto falta en nuestra sociedad.

NADIE DUDA DE LA EFICACIA DE LA RISA. LA VIDA ESTÁ LLENA DE MOMENTOS DIFÍCILES Y LAS PERSONAS QUE ATRAVIESAN ENFERMEDADES LO SABEN MUY BIEN. PERO LA GRAN MAYORÍA COINCIDIRÁ EN QUE REIR LOS AYUDA A OLVIDARSE TRANSITORIAMENTE DE SUS REALIDADES Y, AUNQUE SEA EN PEQUEÑOS INSTANTES, LA FELICIDAD PUEDE APARECER EN FORMA DE NARIZ REDONDA Y NARANJA. O, POR QUÉ NO, SABOREANDO UNA TORTITA NEGRA. g

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¿Entonces, qué es la felicidad para vos? Mirá, no es el todo, sino momentos; ojalá todos tengamos muchos momentos de felicidades. Y esto del paya con un produciente es felicidad y sigo haciendo eso, buscando momentos felices, provocándolos. Hay que buscar estar con amigos, estar con mi marido, con mis hijas, acariciar a mi perra, hacer lo que me gusta, mi gato, cualquier animal, extraño mucho los abrazos, pero a la felicidad la busco en todos lados.

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¿Sos dichosa por ayudar? Soy feliz por todo lo que dije antes. Cuando hacés el bien, ese bien te libera, pero no hay que hacerlo por uno, sino por el otro. Hay muchos payas que están ansiosos de hacer algo presencial en la pandemia porque piensan que nos necesitan, pero hay que pensar que es gente que no ha podido ver a sus padres, abuelos, y no tenemos que entrar nosotros, tienen que entrar los afectos. Esa gran ansiedad de «quiero ir a hacer el bien» no siempre es lo mejor para el otro. No puedo medir lo que el otro recibe, pero sí lo que yo recibo: vuelvo feliz, riéndome cuadras y cuadras, cantando, me hace bien y me lo llevo a mi casa. La gente puede pensar que estoy loca, pero no, estoy feliz de haber hecho lo que hice.


«HEMOS APRENDIDO QUE NO NECESITAMOS MUCHO MÁS DE LO QUE YA TENÍAMOS PARA SER FELICES»


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Sole Pastorutti, una de las artistas argentinas más célebres y voz distinguida del folklore nacional, dialogó con MSR sobre cómo la pandemia transformó el concepto de felicidad


A Soledad Pastorutti o La Sole, como nos gusta llamarla, la conocimos personalmente el año pasado, en el evento anual de la empresa. Un recital por streaming (en plena pandemia) que obsequiamos a la comunidad, fue el marco para que La Sole nos deslumbrara con su calidad vocal, pero sobre todo con su calidad personal. Porque así como la ven, así como habla, así como sonríe, así es. Sin vueltas. Hermosamente transparente y cercana. Por eso, en pleno desarrollo de la edición 2021 de nuestro anuario, fue unánime la decisión de invitarla para conversar con ella sobre la felicidad. A la Sole se la conoce por haber ganado el Premio Revelación y Consagración del Festival de Cosquín con tan solo 16 años, luego de revolear el poncho arriba del escenario como una genuina estrella de rock, derramando alegría a su paso. Su música renovó el folklore nacional y en todos estos años no paró de trabajar, innovando y fusionando estilos. Hoy, a sus 40 años y con tanto camino recorrido, se anima a otros géneros musicales que le están abriendo nuevos mercados. ¿La música nos hace más felices? La música acompaña todos los momentos de nuestras vidas, los buenos y los malos y creo que es fundamental para la vida; la música es alegría y la alegría se contagia. Hay estudios que muestran que la mayoría de la gente realiza la mayor cantidad de sus actividades con música, y creo que tiene que ver con eso, la música es una compañía que nos alegra mientras nos acompaña, nos lleva a otros lugares mientras la escuchamos. ¿Qué cosas te hacen feliz a vos personalmente? Tener a mi familia con salud y estar juntos, poder disfrutar el día a día con ellos más allá de los compromisos laborales. Poder trabajar de lo que amo desde hace tantos años. Ver a mis amigos, los de toda la vida y los que mi profesión me fue regalando a lo largo de mi carrera profesional, como artista. Salir a hacer shows me hace muy feliz, pero también volver a mi casa me hace igualmente feliz.


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¿Dónde buscabas esos momentos de bienestar, de plenitud al comienzo de tu carrera, de adolescente, y ahora, a tus 40 años? ¿Fueron cambiando? Siempre en mi familia. Al comienzo de mi carrera todo sucedió muy rápido y por momentos era imposible de creer, pero siempre al volver a casa con mi familia recordaba quién era realmente y lo agradecida que estaba de todo lo que sucedía. Además, el volver a mi lugar de nacimiento siempre me ayudó a evitar los problemas que suele generar una fama explosiva y repentina. Era volver a ser «La Sole», la hija de Omar y Griselda, y seguir con mis amigos de siempre. Es más, en plena explosión de fama, logré ir de incógnito a mi viaje de egresados a Bariloche y salvo que hablara, nadie me reconocía. En esos momentos fue muy importante la amistad y sentir que podía seguir siendo yo. Ahora, con el nacimiento de mis hijas conozco una nueva sensación de plenitud, por eso hoy considero que es estar junto a mi familia.

En mi caso el folklore es mi música, la que conocí de chica, la que fue mi carta de presentación, hoy recorro sin problemas otros géneros como la balada y el pop, pero nunca he dejado al folklore y todo lo que representa la música de raíz. Contanos un día tuyo, de esos que más disfrutas... Disfruto un día con mi familia, sobrinos, amigos, en donde pueda tener tiempo para mí, salir a correr, leer. Pero también disfruto mucho los días en los que tengo que prepararme para ir a un escenario y encontrarme con mi público, disfruto cada show como si fuese el último.

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¿Existen ritmos musicales más asociados a la felicidad que otros? Por ejemplo, el tango se considera más cercano a la «nostalgia», ¿el folklore podemos pensar que nos pone más para arriba? Si... obvio, la música te lleva a distintos lugares: a la alegría, a la nostalgia… pero no tanto el género musical, dentro de cada género encontrás variantes más tristes o más arriba. El folklore tiene temas muy nostálgicos, pero también tiene ritmos muy arriba que ponen a todos a bailar.


SOLEDAD PASTORUTTI

YO SOY SOBRE TODO UNA PERSONA AGRADECIDA A LA VIDA, CREO QUE A TODO LO QUE HAGO DÍA A DÍA LOGRO ENCONTRARLE EN ALGÚN MOMENTO COSAS BUENAS, OBVIO QUE, COMO TODA PERSONA, TENGO TAMBIÉN MIS PROBLEMAS Y SITUACIONES COMPLICADAS, PERO SIEMPRE RESCATO LO QUE MI VIEJO ME ENSEÑÓ: AÚN EN LOS MALOS MOMENTOS, HAY QUE SABER QUE PASARÁN Y VENDRÁN COSAS BUENAS.

Yo soy sobre todo una persona agradecida a la vida, creo que a todo lo que hago día a día logro encontrarle en algún momento cosas buenas, obvio que, como toda persona, tengo también mis problemas y situaciones complicadas, pero siempre rescato lo que mi viejo me enseñó: aún en los malos momentos, hay que saber que pasarán y vendrán cosas buenas.

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También me gustan mucho las cosas que hago en televisión, ya sea conduciendo o como jurado o coach musical, allí se genera otra adrenalina, sobre todo si es un vivo.

¿Te parece que la pandemia nos cambió el sentimiento de felicidad? ¿Le damos valor a otras cosas? Totalmente, creo que ahora disfrutamos de las pequeñas cosas; empezamos a valorar lo que antes dábamos por sentado: un abrazo, un beso, juntarse con la gente que uno quiere. Uno siempre va en busca de la felicidad, pero con la pandemia nos dimos cuenta que no necesitábamos mucho más de lo que teníamos para ser felices. En mi caso puntual, descubrimos junto con Jere y las nenas cómo volver a redescubrir cosas importantes en pequeñas cosas de todos los días, y disfrutarlas mucho más, todo eso pese a la gran angustia que sin duda transitamos, sobre todo en los primeros meses del 2020.

¿Vivir en Arequito con un ritmo de vida más pausado es algo que elegís para tu bienestar? Me gusta el ritmo de vida de mi pueblo. Viví varios años en Buenos Aires en la semana y los fines de semana, si no tenía shows o alguna otra actividad, volvía al pueblo; pero cuando con Jere decidimos formar una familia, no tuvimos dudas: queríamos que fuera en Arequito. Y así fue, volvimos e iniciamos aquí nuestra familia. Muchas veces me preguntan y tengo que explicarlo, por qué me quedé a vivir en Arequito, y es ahí donde vuelvo de cada gira por Argentina, o por el mundo. Y es muy sencillo. Voy y vuelvo, porque es siempre volver a mi raíz, y eso me vuelve a cargar de energía. g

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También ayudó a repensar la forma de trabajo, a reinventarse generando nuevas ideas que me dieron la posibilidad de seguir adelante a pesar de los impedimentos que trajo la pandemia.


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SOLEDAD PASTORUTTI NOTA


LOS EMPRENDEDORES NO SOMOS FELICES… (NI QUEREMOS SERLO)


MSR EDICIÓN LIMITADA #7

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Me puse a escribir éste artículo, el séptimo que escribo para nuestro anuario de MSR Edición Limitada, a las 8:30 hs del día miércoles 22 de septiembre de 2021. Afuera amenaza tormenta. Me consultan por la posibilidad de suspender el hormigón de la séptima losa de un Módena. Justo entró un WhatsApp del escribano, se traslada al menos 30 días la fecha de escrituración de un terreno, en el Registro de la Propiedad observaron el trámite porque no sé qué de una matrícula de qué se yo. Uf. Llamó a mi celular un inspector municipal porque una vereda no está en condiciones; envié un mensaje al jefe de la obra para que lo solucione. Ingresó a mi oficina el responsable de gestión de calidad, debemos firmar los formularios para la recertificación de normas ISO 9001. Así no me voy a concentrar en el artículo. Un artículo sobre la felicidad. ¡Qué tema…! Pensemos… Ah, caramba, no encuentro el archivo de evaluación económica financiera de un nuevo emprendimiento, sé que lo guardé apurado en alguna carpeta temporaria; grave error: todo debe ir guardado en su carpeta correspondiente en el sistema. Y ahora me lo están pidiendo. La verdad es que la versión nueva del proyecto del Módena está mucho mejor, cambiamos la disposición de las cocinas y mejoró mucho funcionalmente. En el Museo Estévez las obras van muy bien, estamos esperando los resultados de la investigación arqueológica en el hall central, para continuar con el montaje del piso nuevo. RRPP me envió la publicación de avances de obra de tres emprendimientos. Y queda pendiente la aprobación de las nuevas campañas publicitarias. Y que no me olvide de redactar el párrafo faltante en el nuevo brochure de la empresa. Qué hermoso que queda el tono de pintura nuevo que estamos usando en los departamentos que entregaremos esta semana. Ah, hablando de eso, confirmamos la fecha de posesión de ese edificio para los clientes. Siguen entrando WhatsApps. Un amigo mío pudo, lo juro, aplicar el método de no atender mensajes por una hora. ¿Cómo fue que elegimos la temática de la felicidad en este anuario? No recuerdo. De este mismo anuario empezamos a definir la temática en mayo. Todos los anteriores también fueron comenzados en mayo de cada año. También es emprender una aventura editorial que fue creciendo y mejorando año a año, número a número. Se hace con esfuerzo y perseverancia, con entusiasmo. Y somos dichosos cuando vemos el resultado. Una vez trabajé, en mi juventud, para una persona que sacaba una revista, haciendo las ilustraciones. Sacó el primer número. No pudo sacar el segundo número. Me dejó una lección, es hermoso sacar el primer número de un emprendimiento editorial, lo traumático es sacar el segundo número. ¡Y en MSR Edición Limitada vamos por el séptimo!


El diagrama de flujo de fondos, qué bueno, ya me lo enviaron, ¡buena performance! ¿Dónde estará ese archivo de evaluación económica financiera? No lo encuentro… ¡Aprobaron en la Municipalidad el permiso de edificación pendiente! ¡Vamos!

GABRIEL REDOLFI 133

A VECES ME PREGUNTO: QUÉ ES LO QUE TE IMPULSA? ¿QUÉ ES LO QUE TE MUEVE A HACER? ¿QUÉ ES LO QUE TE OBLIGA A NO SER COMPLACIENTE, A NO CEJAR EN LOS INTENTOS, A NO DESCANSAR?

El artículo de Edición Limitada número 7. Seguimos a full. A veces me pregunto: ¿qué es lo que te impulsa? ¿Qué es lo que te mueve a hacer? ¿Qué es lo que te obliga a no ser complaciente, a no cejar en los intentos, a no descansar? Hablando de no ser complaciente, vamos, aceleremos con el artículo… Tiene fecha de vencimiento, si no cumplo con la fecha no ingresamos a tiempo a la imprenta. De golpe vienen a mi memoria los versos de Serrat: «Busqué, mirando al cielo, inspiración / y me quedé colgado en las alturas / por cierto al techo no le iría nada mal / una mano de pintura...»

Tengo que poner el celular en modo avión, definitivamente. A ver… ¿Quién quiere el aburrimiento? ¿Quién quiere la quietud? ¿Quién quiere la paz total y absoluta? La creación es sin duda un acto de esfuerzo.

MSR EDICIÓN LIMITADA #7

Pintura, cierto. Falta definir contratista de pintura de dos edificios. Pero el equipo se encarga de los legajos, presupuestos y selección de contratista. Tengo un gran equipo, sin duda. Gracias a eso, en medio de cada problema puedo tener la cabeza fría para resolverlo y además pensar en los nuevos desafíos.


Qué hermoso el lote que me acaban de enviar. Medidas muy interesantes, los indicadores urbanísticos son apropiados, la ubicación es muy buena. A ver, tiremos unas líneas con una idea de unidades de uno y dos dormitorios, cocheras, tal vez un local en planta baja, los amenities seguramente irán sobre planta baja, al fondo, es como mejor da la orientación del sol. Amplios balcones, veamos posibilidad de cocina independiente. Bien, está el presupuesto de contratación de albañilería para Módena 64. Podemos avanzar con esa contratación, la obra ya está según cronograma con el avance de hormigón. Es definitivamente una condición, el impulso de emprender. No encuentro otra explicación, debe ser así nomás, una condición, una característica constitutiva. Pienso en el título del artículo y pienso en qué contenido poner, cómo contar, cómo explicar el impulso de transformar la realidad, de crear nuevas condiciones, de evolucionar, de innovar, de cómo desarrollar ésos conceptos. Innovar siempre, no poder, no saber, ser incapaz de quedarse quieto y dejar que las cosas sucedan. ¡Nunca dejar que las cosas sucedan libradas a la suerte: el azar es peligroso! Y claro, ese impulso es una condición que tensiona, de ninguna forma es una condición que relaja. Pero, ¿cómo abstraerse de una condición constitutiva? ¿Cómo evitar lo que impulsa desde lo más profundo de tus tripas? Confirmado, hormigonamos la séptima losa, genial. Uf, mensaje del banco. Debo llevar la última DDJJ de Ganancias y Bienes Personales. Toda persona tiene un germen de emprender. Algunas elijen abonarlo y hacerlo crecer. El crecimiento exige esfuerzo, ser constante, aplicar inteligencia, coraje y ganas. Luchar todas y cada una de las jornadas de tu vida, soportar el estrés, aguantar firme los fracasos, reinventarte, soñar y proyectar. Si la felicidad es un estado de paz y armonía, una condición de bonhomía y relax, estoy muy lejos de esa posibilidad. Podemos armar el artículo con esa base, sí señora, sí señor. Vamos con la inspiración. Y es cierto, al techo no le vendría nada mal una mano de pintura. Sin duda, la proyección de metros cuadrados en ejecución de la empresa es muy acertada. Vamos a ver en el próximo trimestre cómo vamos evolucionando. Evolucionando. Que linda palabra. Tal vez, solo tal vez, pueda algún día pensar en la posibilidad de que mi evolución como emprendedor adquiera la mutación necesaria para compatibilizar las tensiones primordiales con un estado de plena felicidad. Mientras tanto, estoy convencido de que siendo emprendedor… ¿Quién quiere ser feliz? Ah, encontré el archivo de evaluación económica financiera. 18:30 hs del día miércoles 22 de septiembre de 2021. g


GABRIEL REDOLFI 135 MSR EDICIÓN LIMITADA #7

TENGO QUE PONER EL CELULAR EN MODO AVIÓN, DEFINITIVAMENTE. A VER… ¿QUIÉN QUIERE EL ABURRIMIENTO? ¿QUIÉN QUIERE LA QUIETUD? ¿QUIÉN QUIERE LA PAZ TOTAL Y ABSOLUTA? LA CREACIÓN ES SIN DUDA UN ACTO DE ESFUERZO


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ESOS PEQUEÑOS MOMENTOS 139


STAFF MSR Laila Alderisio, Matías Antón, Luis Araujo, Victoria Arias, Mario Astegiano, Juan Balaguer, Mariano Balbuena, Ignacio Barrio, Enzo Battaglino, Pedro Benítez, Martín Bernardi, Carlos Bertotti, Florencia Blanco, César Bruno, Rocío Buenamaison, Andrea Campagnolo, Mauro Canullo, Ana Carucci, Ariana Chávez, Rocío Correa, Patricio Di Marco, Eugenio Di Renzo, Cecilia Di Stefano, Emiliano Dufourc, Matías Dure, Carlos Epstein, Anabella Facco, Javier Flores, Pablo Fondevila, Fernando Fondevila, Daniel Franchini, Mariano Galarza, Franco Gazitano, Federico Giordano, Gilda Giordano, Gustavo Goldman, Florencia Gonsolín, Gustavo Gravi, Damián Graziosi, Cecilia Gritti, Brian Hakanson, Yanina Heinnitz, Valeria Imboden, Franco Lalli, Emmanuel Lemos, Gustavo Lux, Mariela Martínez, Patricia Martínez, Nicolás Mastandrea, Luis Mendiburu, Eduardo Montoya, Franco Mora, Nicolás Moyano, Florencia Nieto, Mario Noble, Daniel Ortiz, Federico Pagliano, Víctor Pagliano, Alfredo Perino, Alina Perrig, Bruno Perugini, Carolina Rastelli, Valeria Ravagnan, Ana Redolfi, Gabriel Redolfi, Franco Redolfi, Marcos Redolfi, Micaela Rinaldi, Maico Robles, Melina Robles, Carolina Rocco, Patricia Rodríguez, Estefanía Román, Evelyn Romberg, Marcelo Romeo, Juan Rucci, Diego Ruiz, Marcela Salas Cornejo, Yanina Salman, Diego Salvini, Magalí Santiago, Martín Santiago, Andrés Schwarz, Cristian Scicchitano, Belén Silvani, Mauricio Sita, Marcelo Soboleosky, Martín Sottile, Enrique Suriñach, Gino Termini, Mariano Todeschini, Pablo Toledo, Mauro Tononi, Maricel Torres, Agustina Tosi, Damián Trivisonno, Federico Vagni, Juan Valiente, Juan Carlos Verdelli, Sebastián Vettori, Mirta Vieytes, Emmanuel Vila, Martín Wagner, Amílcar Zucchero.


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NOTA


Gracias


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