Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando. Pablo Picasso
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El trabajo
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NOTA
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NOTAS
CUENTO
OFICIOS
19. El sagrado oficio del Trabajo
109. Tres historias
33. Benjamin Franklin
45. De Tiempos Modernos a Google
51. Madre Teresa de Calcuta 85. San Agustín
53. René Favaloro 107. Confucio 61. Compromniso, trabajo y pasión definen una marca: MSR 87. El trabajo del periodista 133. El trabajo
DOSSIER
CONVERSACIONES 25. Angélica Gorodischer
123. Francisco Artacho
alejandra rey
santiago baraldi
35. Gabriel Rabinovich valeria román
75. Luis Felipe Noé loris maría bestani
99. Paloma Herrera loris maría bestani
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115. Andrés Schwarz / MSR
cv colaboradores Santiago Baraldi es un periodista de raza y de corazón. Su trayectoria laboral lo llevó a ser Jefe de sección ciudad en el Diario El Ciudadano, productor periodístico en radios de Rosario y en múltiples programas, en los que acompañó a colegas como Pablo Feldman, Claudio Scabuzzo, Eduardo Aliverti, Francisco Bessone, entre otros. Loris María Bestani es periodista. Colaboradora de notas sobre Recursos Humanos y Tendencias en el mercado laboral para el diario La Nación y de artículos sobre exposiciones de artistas plásticos para las revistas Tigris, Vinicius y Hotel & Management. Hizo una Maestría en Museum Studies en The George Washington University, en Washington, DC y es licenciada en Comunicación Social por la Universidad Austral. Marcelo Britos es escritor. Publicó los libros de cuentos Los dogos (Ciudad Gótica, 2004); Alexandria (UNL Ediciones, 2007); y Como alguien que está perdido (El ombú bonsai, 2011), entre otros. Obtuvo junto a la Editorial El ombú bonsai, el premio Estímulo Editorial otorgado por el Ministerio de Innovación y Cultura de la Provincia de Santa Fe. En el año 2014 obtuvo el 1º premio de novela en el certamen internacional “Sor Juana Inés de la Cruz”, edición 2013, otorgado por el Gobierno del Estado de México, a través de la Secretaría de Educación y el Consejo Editorial de la Administración Pública Estatal (CEAPE). Carlos Gabetta es periodista. Especializado en análisis político y social. En la Argentina fue director del semanario El Periodista (1984/1998) y de Le Monde Diplomatique edición Cono Sur (1999/2011). En París trabajó en la Agencia France Presse y fue jefe de la sección Latinoamérica del semanario Politique Hebdo. En Madrid fue columnista del diario El País y en Barcelona, director de Cuatro Semanas y Le Monde Diplomatique. Lleva publicados doce libros en Argentina, Francia y España. Sebastián Riestra es escritor y periodista. Se desempeña como prosecretario de Redacción en el diario La Capital, donde también es editor del suplemento Más y columnista. Tiene seis libros publicados: El ácido en las manos (1991), El porvenir de los muertos (2002), Clitoriana (2003), Romero (2004), Lunita rosarina (2010) y Rémora (2015). Textos suyos están incluidos en la antología de la poesía rosarina La única ciudad, realizada por Eduardo D’Anna (1992); Autopista, volumen que reúne a escritores de Córdoba y Rosario (2010), y La Plata Spoon River (2014). Valeria Román es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por UBA. Fue becada por el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) de Estados Unidos, y la Organización Mundial de la Salud, en Suiza, para sus programas de periodismo científico y médico. Fue editora de ciencia del diario Clarín hasta 2016, y escribió para las revistas Scientific American de EE.UU. y Nature de Inglaterra. Es la única periodista sudamericana que fue vicepresidenta de la Federación Mundial de Periodismo Científico (2009-2011). Trabajó en los programas del canal de televisión Metro (2013-2015), y en Radio Ciudad de Buenos Aires (2015-2016). Actualmente escribe para Infobae.com y para el blog de salud de la Fundación García Márquez para el Nuevo Periodismo. Andrés Schwarz es un arquitecto con más de 20 años de experiencia en el gerenciamiento de obras. Hace11 años que trabaja como especialista en desarrollo sustentable de edificios nuevos y existentes. Participó en la certificación LEED de 30 proyectos en Argentina, México, Paraguay y Uruguay. Posee los títulos de Magister en Energía, LEED-AP y Pro Reviewer del USGBC, siendo también auditor y experto de la norma EDGE (Banco Mundial). Participa en IRAM en los subcomités de construcción sostenible, y eficiencia energética en edificios, siendo co-autor de varias normas. Se desempeña también como docente invitado en las Universidades de Buenos Aires, Belgrano, Palermo, y es revisor de tesis para alumnos de la University of Twente (Holanda), Lund University (Suecia) y University of Virginia (EEUU).
Las tipografías utilizadas en MSR/Edición Limitada #3: SciFly Sans by Flyerzone y Chivo by Pocho Gatti
staff Dirección General Arq. Gabriel Redolfi Dirección Editorial Salero Diseño Dirección de Arte Salero Diseño Coordinación General Lic. Yanina Salman Producción General Marcela Salas Cornejo Fotografías Marcelo Yuvone Videos Marcelo Yuvone Maquetación Liliana Agnellini / Verónica Franco Impresión Imprenta Borsellino MSR Edición Limitada es una publicación de distribución gratuita propiedad de MSR Constructora S.A. RNP en trámite. Todo el material publicado es de producción propia de MSR Edición Limitada. Se permite la reproducción total o parcial del material con obligación de citar a la fuente. Noviembre, 2018. www.msredicionlimitada.com.ar
El Trabajo es nuestra temática. Hacer un excelente trabajo es nuestro desafío.
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Éste es el cuarto año que editamos MSR Edición Limitada.
Un trabajo bien hecho. Suena tan lindo. Un trabajo serio, responsable, con visión de futuro, con proyección, con ganas y pasión; un trabajo agradable, motivador y enriquecedor. Así es nuestra tarea cotidiana. El desafío por hacer un excelente trabajo y además, por añadidura, disfrutarlo. Es que esa es la clave de todo, la única manera en que nuestro quehacer diario adquiera calidad. Cuando disfrutamos de lo que hacemos, no hay desgano, no hay desidia, no hay malas decisiones; entonces el trabajo se acercará cada vez más a la calidad requerida.
Siempre repito la misma frase, que ya es un mantra entre todos los equipos humanos de nuestra compañía. Hay una única forma de hacer bien un trabajo: bien. Esta publicación anual es un gran trabajo. Gracias. GR
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Aunque, claro está, si somos tan apasionados por nuestro trabajo, rozaremos pero nunca alcanzaremos nuestras propias exigencias: estaremos apenas asomándonos al objetivo final. Es que la perfección sólo se persigue, nunca se logra, porque cada vez necesitaremos una nueva vuelta de tuerca, una nueva visión, un nuevo replanteo; así estaremos recorriendo una asíntota que nos acercará cada vez más y más y más… Y la recompensa está en el trabajo bien hecho, que nos llevará al vecindario de lo magnífico.
NOTA 19
El sagrado oficio del Trabajo
Más allá del origen de la palabra y su significado negativo; el trabajo como tal, puede ser abordado de diferentes puntos de vista y diversas áreas. El trabajo hará que el individuo actúe, desarrolle y mejores sus habilidades para lograr sus sueños, de alcanzar metas en la vida y dignidad personal. Nos enseña a conquistar nuestro propio espacio, pero también a convivir con otras personas, no solo pensar en uno mismo, sino, a considerar a los demás, trabajar en equipo; así contribuímos a la autoestima personal y realización profesional.
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Si bien el origen de la palabra remite a un elemento de tortura, el trabajo es lo que nos constituye personal y profesionalmente como sujetos. Rosario, como ciudad, es bautizada como hija de su propio esfuerzo, identidad que nos reconoce y pertenece. Si bien el diccionario nos dice que denominamos trabajo al conjunto de actividades realizadas con el objeto de alcanzar una meta, solucionar un problema o producir bienes y servicios para atender las necesidades humanas; tiene su origen etimológico en la palabra latina tripalium que significa tortura. En el Siglo VI, en la antigua Roma, los reos eran atados a un cepo formado por tres maderos cruzados donde quedaban inmovilizados mientras eran sometidos al azote. Luego, cuando se inventó la palabra trabajo se la relacionó con el tripalium ya no como azote sino como sufrimiento.
Cuando nos referimos a un trabajo sacrificado, de inmediato hacemos relación a un sujeto que cumple un horario a disgusto en un ámbito que padece. Sin embargo, sacrificio, significa lo contario: hacer sagrado el oficio. Para ello es vital “trabajar de lo que a uno le gusta”. En la niñez mientras uno soñaba con ser bombero o maestra, no faltaba la pregunta: ¿qué vas hacer cuando seas grande? Respuesta que vamos obteniendo en nuestra formación escolar y familiar y la pasión por “algo” que nos va a perfilar y determinar la “vocación”. Cuando esa vocación está latente todo es más sencillo, pero muchas veces hay frustraciones en el camino o el adulto que sentencia “con ese trabajo te vas a morir de hambre”. Pero cuando esa llama está encendida no habrá nada que detenga la necesidad de sentirse realizado en esa pasión. Rosario en el recuerdo El profesor y Licenciado en Historia Paulo Menotti, señala que previo a las leyes laborales obtenidas en la década del 40 “la gente se presentaba a su trabajo cada día, sin tener la certeza de continuidad; es decir, ese día trabajaba, pero al día siguiente le podían decir que no regrese”. El docente de la UNR explica que Rosario, tuvo en sus origenes, “a agricultores, ganaderos y contrabandistas como los primeros trabajadores del Pago de los Arroyos, que se asentaron en derredor de la Capilla, hoy la Catedral”. Tal vez, Juan Fuentes, personaje llegado de España en 1879, en la primera gran ola inmigratoria, represente aquello que el historiador local, Juan Alvarez, definió a Rosario como “hija de su propio esfuerzo”. Fuentes tenía campos donde hoy está la localidad que lleva su nombre. En plena bonanza económica de los años 20, erigió en pleno centro de la ciudad, en la esquina de las calles Santa Fe y Sarmiento, el imponente Palacio
NOTA 21
El sagrado oficio del trabajo
Puerto y ferrocarril Menotti traza un perfil de aquella Rosario forjada por el trabajo que “tuvo dos ejes fundamentales: el puerto primero y el ferrocarril después. “Para 1820 éramos la Villa del Rosario y durante el rozismo se discute qué papel tendrá la Aduana. Urquiza, en 1851, se opone a Rozas e instala aquí un puerto de ultramar para competir con Buenos Aires. Es un espaldarazo para la ciudad y la región, ahí fue declarada ciudad. Los comerciantes genoveses y piamonteses que explotaban el tráfico fluvial con Montevideo y Asunción serían nuestra primera burguesía. A diferencia con la ciudad de Santa Fe, no hay apellidos patricios. Rosario, tiene un crecimiento importante desde mediados del Siglo XIX. Sin dudas, el perfil de ciudad pujante lo fueron tallando las olas inmigratorias que nos transformaron en referente comercial e industrial”. Como postales de aquellos años dorados, de pleno trabajo, quedan edificios emblemáticos, hoy, reconvertidos en centros comerciales.
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Fuentes, en cuyo punto más alto, a modo de veleta, los vientos mueven lo que fuera su primer arado de reja, herramienta vital con la que amasó su fortuna. Cuando consultaron las razones de semejante edificio, Fuentes contestó: “Donde se come pescado se dejan las espinas”, en referencia a la ciudad que le permitió el ascenso social.
La ciudad tendrá un carácter funadamentalmente comercial entre los años 1880 y 1890 donde el trabajo rural y oficios como ladrilleros, ceramistas, yeseros o carpinteros serán quienes tendrán un papel vital en la construcción. Para el año 1900, Rosario cuenta con cien mil habitantes y en 1914, el 50 por ciento de los ciuidadanos son extranjeros. En los talleres del ferrocarril Central Argentino se reparaban el interior de vagones y daba empleo a más de seis mil trabajadores. Más de tres mil obreros, en su mayoría mujeres, atendían en la Refinería de ázucar (hoy Puerto Norte); en 1917 se construye el frigorífico Swift donde llegaron a trabajar más de seis mil personas, lo mismo ocurría con el servicio de tranvías que generaba nuevos empleos. En la década del 20, la creación de la Bolsa de Comercio fue trascendental: al puerto llegaban 300 barcos por mes. “Fuimos el Granero del Mundo y la Chicago Argentina, la bolsa norteamericana esperaba el cierre de la cotización del trigo y el maíz para ellos poner el valor –agrega Menotti–. Era muy común la expresión 'andá a levantar bolsas al puerto' cuando alguien decía estar desocupado. Fue hasta los años 40 que el cereal se embolsaba, hasta que llegaron los silos elevadores.” A la crisis, más trabajo En pleno auge y creciemnto de Rosario llega la crisis del 30 que impacta seriamente en el campo. Peones rurales se insatalan en las periferias en busca de trabajo, se levantan pequeños talleres o fabricas en las afueras y la obra pública sale a mitigar el desempleo. Se realizan los acceso a la ciudad por zona sur, y oeste, se moderniza el puerto, la construcción de la avenida costanera en el tramo de Av. Alberdi a La Florida, la pavimentación del Bv. Rondeau, construc-
El sagrado oficio del trabajo
La historia y el presente confirman que Rosario es hija de su propio esfuerzo. Y cuando la crisis económica se interpuso, hubo distintas maneras de levantarse. Las Pymes o emprendedores que se repusieron con nuevos proyectos lo confirman. Nada hace más digno al hombre que el trabajo. Sobre un andamio, en la oficina, en un torno, con una herramienta en la mano o tecleando una computadora, frente al aula o en un quirófano; sea la actividad que lo movilice, si se realiza con pasión no será la tortura del tripalium que dió origen a la palabra trabajo, sino, la bendición de hacer sagrado el oficio.
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ción de hornos crematorios de basuras, se amplió el Parque Independencia, se habilitó la Av Belgrano, fueron trabajos que sirvieron para embellecer a la ciudad en plena crisis. El Licenciado Menotti agrega que después de la Segunda Guerra Mundial y la llegada del peronismo “le devuelven a Rosario una impronta obrera, donde los frigoríficos en la zona sur le dan un creciemiento notable; o la textil Estexa (hoy Centro Comercial Portal Rosario), se llegó a fabricar más de 1.200.000 metros de tela en una empresa en la cual trabajan más de 1.300 obreros, en su mayoría mujeres. Cerámica Alberdi o Cristalería fueron también polos importantes de pleno empleo o la Cooperativa de Tamberos de Rosario (COTAR) y La Virginia en Arroyito, donde los propios trabajadores bautizaron a su barrio como café con leche porque en su mayoría eran empleados de esas dos importantes fabricas. También, la acería Acindar genera 1.300 puestos de trabajo y el barrio que hoy lleva su nombre creció a su alrrededor, hoy solo queda como testigo mudo sus tres inmensas chimeneas por Av Francia al 4400.”
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Fotos vitreaux edificio Diario La Capital de Rosario
El trabajo de inventar historias
NOTA
Angélica Gorodischer es todo lo que tiene que ser. (O lo que una sueña con ser cuando sea ¿grande?). Lo dice la furia roja de su pelo mínimo, casi cortado al rape; la mirada dura y la sonrisa afable, como si su rostro tuviera dos planos diferentes.
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a transitar cada metro donde reina, o las respuestas infalibles a Goro, su marido que, en un segundo plano, aprovecha cada silencio para hacer un chiste. Otro que tiene una mirada pintada en otra cara, que no sonríe con sus apostillas: tiene facha de pocos amigos. O eso es lo que pretende. La cara del Goro, digo. Que vino de Ucrania cuando era un niño, se ganó la vida como arquitecto y deja caer constantemente frases hilarantes sin que se le mueva un músculo. Estará toda la entrevista detrás de nosotros, pero nunca en un segundo plano. Porque responderá a cada cosa que ella, Angélica, necesite, aunque no necesite nada, excepto evitar levantarse del sofá de sopetón o elegir entre las miles de llaves que abren su escritorio al final del jardín: ahí hay seres extraños. ¿Serán simpáticos con El Goro? Ella se ríe de la ocurrencia y también de la vida que le regaló 90 años de dicha. Y nos la regaló a ella. Escritora fenomenal, feminista, bibliotecaria, trabajadora incansable, modesta y terminante, su casa la rodea a ella como un laberinto del que salen duendes y espíritus y gnomos y angelitos y seres especiales y a la que vuelven sus tres hijos a mimarla. Brava. Angélica es brava. Inescrutable. Tiene secretos (creemos, sin base científica). Debe de haber sido una mujer casi salvaje en su juventud y ahora, a los 90, no regala nada, excepto admiración por la inteligencia del otro y la risa clara cuando Goro, su talismán, suelta una broma más. Todos dicen (a ella le importa nada) que es una de las últimas escritoras vanguardistas, fenomenales y lúcidas del país, aunque parece que nada la toca, excepto la literatura escrita por otras mujeres, que lee y relee todo el tiempo. Se lo digo y lo niega: es modesta. Se ríe. Siempre se ríe. Pero escruta.
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Lo dicen sus calzas atigradas que se bambolean al ritmo del bastón que la ayuda
Leí su trayectoria y, la verdad es que usted trabajó en forma incansable. ¿Como es ser una trabajadora de la cultura? Es como cualquier otra cosa. Supongo que una mujer que trabaja en el campo hace lo mismo que hago yo, se levanta temprano pensando en lo que tiene que hacer y cómo combina las cosas de la casa con los chicos, con el marido… y uno se las arregla como puede. ¿Y cómo se las arregló usted durante todos estos años? Bueno, yo nunca dejé de trabajar. Nací en una familia de clase media donde mi papá era el trabajador y mi mamá ama de casa en las formas, porque era escritora, poeta; ella sacó varios libros… (Se acaricia la boca) Siempre había algo que hacer y para ella la casa tenía que estar perfecta. Y todo el mundo laburaba. Nosotros éramos dos hijas, mi hermana era menor que yo. Le enseñaron la cultura del trabajo. ¡Por supuesto! Mi papá salía a trabajar todos los días, tenía un puesto de jerarquía en una compañía petrolera, era un hombre que iba a laburar. Y mi mamá trabajaba en sus cosas porque además de escritora daba conferencias. Una sabía que venía a la vida a trabajar.
¿Qué era eso que buscabas? No tengo idea, yo quería escribir y tener plata ganada por mí. ¿Ya escribías? Si, un poco como escondida porque me daba vergüenza. ¿Por qué? Vaya uno a saber. ¿Sos tímida? ¡Qué voy a ser tímida! Entonces ahí hay algo que no va. Si hay algo que… bueno, por suerte en la vida uno tiene esas contradicciones, si no sería aburridísimo. ¿Quiere decir que usted no se aburrió? No, aburrirme nunca, nunca. ¿Qué hizo para no aburrirse, además de trabajar? Primero que leía mucho. Yo creo que nací leyendo y con los ojos en un libro y sigo hasta ahora, con los ojos en los libros, esto no es nada, lo que es allá al fondo está todo tapiado de libros.
¿En qué trabajaste? (Ya había intimidad y me animé a tutearla; no le molestó). De muy chiquita era secretaria de un señor, que ahora no me acuerdo como se llamaba. Era historiador y necesitaba a alguien que le hiciera de secretaria dos o tres veces por semana. Yo era muy jovencita y estaba muy orgullosa del trabajo, porque era como ser adulta. Me pagaba, yo iba tres veces por semana, tendría 20 años o menos. Después, cuando en la facultad, trabajé en la biblioteca y más tarde tuve otro trabajo: siempre tenía algo que hacer.
¿Cuál fue el libro que a una edad temprana te marcó? No sé, porque yo leía mucho, aunque hubo libros importantes en mi vida. De muy chica no me acuerdo, mi casa estaba llena de libros. Algunos los aproveché, otros las absorbí, otras me pasaron por delante, pero sé que hubo muchos interesantes, como Todos los Hombres son inmortales de Simone de Beauvoir, que no es un libro extraordinario ni mucho menos, pero pensé «una novela es esto».
¿Qué facultad? Humanidades y artes.
¿Privilegia la literatura femenina por sobre la de los hombres? Y si, yo tengo mucho interés por lo que dicen las mujeres.
¿Se recibió? No. ¿Por qué? Me cansé de la cosa sistemática de tener que ir, rendir, ¡todo tan previsible! Y yo, lo que quería, era justamente algo que no fuera previsible, que no se pudiera encontrar en otra parte. La pasé bien y me acostumbré a lo que era cumplir un horario, cobrar un sueldo, manejarse con dinero propio… En realidad, mi papá no quería que yo trabajara, cosa que me daba mucha gracia porque me decía: “Yo te puedo dar toda la plata que haga falta”; y yo le respondía: “Quiero tener mi propio dinero”. Creo que nunca lo entendió, pero se resignó, porque la cosa venía bien. Mi mamá me apoyaba y muchas de mis amigas también trabajaban.
¿Por ejemplo quién? Y Simone de Beauvoir. Ella dice esas cosas muy interesantes, pero en general, cuando se trata de autores y de autoras, me voy siempre para el de las mujeres, las cosas que ha dicho en Argentina Victoria Ocampo, para qué te voy a contar… Me acuerdo que cuando tenía 20 años la despreciaba a la Ocampo, esas señoras de sociedad que escriben… ¡Macana! es una cosa impresionante lo que decía y sabía, pero la cuestión es que siempre me he fijado en lo que decían las mujeres.
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Angélica Gorodischewr
«Hablo con mis libros, ellos me dicen cúando están listos»
¿Cuántos hijos tiene? Tres, dos varones y una mujer. El mayor es cirujano, el segundo es arquitecto y la mujer es psicoanalista. ¡Que el señor los libre!
¿Goro está en tu literatura? Sí, es parte de mi vida. Cuando escribo, converso con él o le doy para leer. Es un tipo muy inteligente, muy racional y opina cosas inesperadas. A veces le hago caso, a veces no.
Angélica, vos que nunca dejaste de trabajar y de escribir, contame cómo fue combinar el trabajar con criar a los hijos. ¿Hubo un método? Nooo, qué método, hay que apechugar como se puede.
¿Se pelean por eso? No, yo no me peleo. A veces me ofendo, pero no me peleo.
¿Pero te obligabas a escribir? ¿Tenías una rutina? No, ese era el propósito, pero nunca lo lograba. Y tenía marido, tres hijos, la casa, el laburo fuera de mi casa, era bravísimo.
¿Qué libro tuyo retrabajarías? Ay no sé… Supongo que el primero, porque no vuelvo a leerlos ¡dios me libre y me guarde! No no, no leo, me da vergüenza.
¿Qué trabajo tenías fuera de casa? Fui bibliotecaria, después trabajé en un instituto médico y luego en la facultad.
¿Vergüenza de qué? Cambio mucho, cosa que es muy interesante porque si te quedás donde estabas… A mí me parecía que estaba destinada a la literatura fantástica, si es fantástico, si no existe, si es asombroso, me interesa.
Cuando trascendiste lo local, lo personal ¿cómo fue ese encuentro con el gran público? Porque sos una de las escritoras vivas más importante del país. Para mí ha sido una cosa muy normal, entendí que si escribía y publicaba, la gente me iba a hacer entrevistas, a llamar por teléfono, a hacer notas. Pensaba qué bueno que se lean mis libros. ¿Empezaste con ciencia ficción, un género que no se leía mucho, como fue que abrazaste ese género? La ciencia ficción te muestra otro costado de la realidad. Que un libro me cuente lo que le pasa al vecino y al oficinista de la otra cuadra, no me importa en absoluto, porque yo quiero ver qué es lo que hay detrás de eso, qué es lo que hay de fondo. Ese otro mundo que existe a la par de este. ¿Tenés algún autor referencial que te haya gustado? Sí, autores de narrativa fantástica como Italo Calvino. ¿Crees que la literatura es un trabajo? Para mí la literatura es parte de mi vida. Mi vida se compone por Goro, mis hijos y la literatura.
¿Viste alguna cosa fantástica en tu vida? Creo que no, me hubiera encantado. Leí que habías pasado por una enfermedad. ¿Durante ese tiempo seguiste trabajando? Sí, yo trabajé siempre. Me preguntan cómo haces para estar en todo y no tengo la menor idea. Hice todo como pude, aunque yo quiero que las cosas salgan perfectas, a veces no se puede. ¿Cuándo das por terminado un libro? Yo me doy cuenta, lo leo y digo “ya está”. El libro me lo dice, ya está Angélica, ya está. ¿Usted habla con sus libros? ¡Por supuesto! Cuando ellos me dicen que ya está listo, se lo doy al Goro para que lo lea. Siempre tengo algo que va marchando, ahora tengo una serie de cuentos que ya casi casi están para un libro. g
Angélica Gorodischer (Buenos Aires, 28 de julio de 1928) es una escritora argentina, considerada una de las tres voces femeninas más importantes dentro de la ciencia ficción en Iberoamérica, junto con la española Elia Barceló y la cubana Daína Chaviano. En 1963 obtuvo el primer premio del Club del Orden, que le significó la publicación de su primer libro, Cuentos con Soldados. En 1964 ganó un concurso de la revista Vea y Lea con el cuento policíaco «En verano, a la siesta y con Martina». En 1988 le fue concedida una beca Fulbright, por la que participó en el International Writing Program de la Universidad de Iowa. En 1991, también con una beca Fulbright, enseñó en la University of Northern Colorado. En 2014 obtuvo la Mención Especial por Trayectoria en los Premio Konex.
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«La ciencia ficción te muestra otro costado de la realidad»
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Angélica Gorodischewr
«La oxidación por falta de uso gasta mucho más las herramientas que el propio trabajo». Benjamin Franklin (1706-1790)
El trabajo en la ciencia
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El científico argentino cuenta que el trabajo en equipo y la perseverancia fueron claves para descubrimientos fundamentales sobre cáncer y enfermedades autoinmunes.
Aprendo cada día a trabajar en grupo. Me gusta hablar con mi equipo de investigación como si fuéramos una familia. Tratar de ayudar al otro y que todos nos ayudemos entre nosotros. Que nadie se caiga. Porque crecemos si todos crecen a nuestro alrededor.
¿Cómo es un día de semana en su vida como científico? Desde temprano empiezo a tener reuniones con mi equipo de trabajo, con otros científicos, y otras personas. Doy clases en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, y analizo experimentos con mis becarios. A veces, con mi equipo vamos a un bar y tenemos tormentas de ideas. Durante la noche, después de cenar, trabajo hasta muy tarde, casi hasta las 4 de la mañana, escribiendo proyectos y publicaciones porque es el momento de mayor inspiración. ¿Cómo le surgen nuevas ideas para sus investigaciones? Las nuevas ideas nunca me aparecen en la oficina de mi laboratorio. Me aparecen cuando estoy corriendo, entrenando, caminando, o cuando vuelvo de congresos o conferencias en un avión. ¿Cómo trabajaba en sus inicios como investigador? En mis primeras épocas, cuando estaba en la Universidad Nacional de Córdoba y aún en los primeros años de Buenos Aires disfrutaba de hacer experimentos y no tenía otras preocupaciones. Cada experimento te va aportando más preguntas. ¿Fue fácil avanzar? En mis inicios, tuve un momento de crisis. Durante más de 7 meses, los resultados de los experimentos no salían como esperaba. Eso me hizo perder la oportunidad
de obtener becas y concursos. Muchos me decían que lo que yo afirmaba sobre mecanismos del sistema inmune y el desarrollo del cáncer mediados por lectinas eran de «ciencia ficción». Pero el tiempo y la dedicación constante nos permitieron alcanzar resultados significativos para el descubrimiento de nuevos mecanismos y potenciales tratamientos. ¿Cómo eran sus condiciones de trabajo en aquel momento? En 1999, llegué al Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires. Trabajábamos en una pequeña mesada. Eso hacía que teníamos que ponernos de acuerdo en ver quién trabajaba en cada turno. Empezamos a trabajar con una hipótesis arriesgada: que la proteína (Galectina 1) tenía un rol en el desarrollo de los tumores. Implicó muchos experimentos que finalmente lo demostramos: la proteína puede llegar a ser una herramienta para el control de enfermedades en las que el sistema inmune ataca al propio organismo, como ocurre con la artritis reumatoidea, a través de la eliminación de linfocitos T. Pero también la proteína tiene un costado poco deseable. Puede actuar negativamente y contribuir al avance del cáncer, al paralizar el sistema inmune o al contribuir a la formación de vasos sanguíneos que alimentan al tumor. Es decir, la proteína galectina-1 puede ser una «heroína» para el control de las enfermedades autoinmunes, pero también puede ser considerada «una villana», ya que contribuye al avance de los
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Gabriel Rabinovich ¿Cuál fue uno de los momentos más difíciles? Después de hacer el doctorado, tenía la oportunidad de viajar al el extranjero para hacer un post-doctorado. Pero yo tenía el sueño de hacer descubrimientos desde mi país, y llevarlos a la clínica. En 2001 tras la crisis financiera de la Argentina, hubo un tiempo de incertidumbre. Me habían otorgado el subsidio para investigadores menores de 40 años, pero la entonces Secretaría de Ciencia de la Nación decidió no darlo. Fue un tiempo duro. Sin embargo. seguimos adelante. Tuvimos que aprender a hacer ciencia, con recursos limitados y hemos tenido la dicha de haber publicado nuestros hallazgos en las revistas científicas de mayor impacto a nivel internacional. Hoy sigue habiendo dificultades, como la demora en recibir insumos para los experimentos por importación. La Aduana puede tardar seis meses en autorizar los trámites, y eso afecta el ritmo de nuestros trabajos. Porque tenemos hipótesis que corroborar y las demoras no ayudan. Entonces, quedamos rezagados en las patentes y publicaciones. También los salarios siguen siendo muy bajos para becarios e investigadores y los subsidios no alcanzan para cumplir los objetivos y ser competitivos a nivel internacional.
Siempre recibe los premios acompañado por su equipo de trabajo. ¿A qué se debe? Es que si bien hemos alcanzado muchos logros desde el momento inicial en que identificamos la función de una proteína enigmática en el sistema inmune, siempre fueron el resultado del trabajo en equipo. Tuve la oportunidad de aprender de personas que me enseñaron a resolver cuestiones de química, o de otras disciplinas que desconocía. Aprendo cada día a trabajar en grupo. Me gusta hablar con mi grupo de investigación como si fuéramos una familia. Tratar de ayudar al otro y que todos nos ayudemos entre nosotros. Que nadie se caiga. Porque crecemos si todos crecen a nuestro alrededor. De esta manera, siento que podemos hacer una diferencia para que nuestro trabajo llegue a los pacientes, y para contar nuevas historias en el mundo, publicarlas y patentarlas. En el año 2014, nos propusieron abrir un laboratorio en el Instituto de Biología y Medicina Experimental del Conicet, y tuvo un significado muy especial, porque implicó trabajar en el mismo lugar en que lo hizo Bernardo Houssay, el Premio Nobel de Medicina en 1947. Desde entonces, el grupo de investigación fue creciendo, y hoy somos 32 personas, incluyendo investigadores, estudiantes, técnicos y becarios. Para mí el trabajo en equipo debe ser reconocido. Por eso, cuando recibimos invitaciones de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner y del actual presidente Mauricio Macri, pusimos la condición de que íbamos todos a la reunión. Ambos lo aceptaron.
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tumores. Recientemente también observamos que contribuye a las infecciones de algunas bacterias y parásitos como mecanismo de evasión. En esos casos, también la proteína se comporta como una «villana».
¿Qué lo motiva a usted y a su equipo para seguir adelante? Tenemos como lema «Si lo podemos soñar, podemos hacerlo». Desde ese lugar, buscamos recursos para llevar a cabo las investigaciones. Es un trabajo que percibimos como un sacrificio en el sentido de la etimología de la palabra: «hacer sagrado lo que hacemos». Porque sabemos que el granito de arena que aportamos puede ayudar a muchos pacientes y por supuesto también como aporte al conocimiento universal.
La charla llega a su fin. Rabinovich siempre vuelve a Córdoba, allí recuerda su niñez en la farmacia de su madre Anita, donde se elaboraban de manera tradicional algunos medicamentos. En la capital mediterranea fue donde, ayudando a sus padres lo atrapó la curiosidad. «Creo fervientemente en la construyccción lógica y sólida del concocimiento. Cuando aparece una idea, rápidamente la escribo para no olvidarme, es la parte lúdica y creativa de mi tarea, igualmente hay que ser rigurosos porque de eso puede depender la generación de una terapia. La capacidad de sobreponerse a los fracasos es la caracteristica clave de un buen científico».
Con tan sólo 49 años, Gabriel Rabinovich se destaca en el mundo por ser uno de los científicos argentinos con más descubrimientos, publicaciones, patentes y premios. Ganó los prestigiosos premios de la Fundación Bunge y Born a la trayectoria y el Investigador de la Nación por la Presidencia, y fue incorporado a la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos como miembro extranjero. Está muy cerca de terminar el proceso que empezó con experimentos en un laboratorio hace 26 años, y que podrían aportar tratamientos para los cánceres y para enfermedades autoinmunes como la esclerosis múltiple. Detrás de tantos avances y reconocimientos, hay muchas de horas de estudio y trabajo, capacidad para escuchar y aprender en equipo, compromiso social, y perseverancia. Rabinovich, investigador superior del Conicet, hace ciencia en el contexto de un país en desarrollo y obtiene resultados que se publican en revistas de países desarrollados.
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Gabriel Rabinovich
De Tiempos Modernos a Google
Los amigos de MSR me solicitan un artículo sobre “cómo fue migrando el trabajo desde la Revolución Industrial a nuestros días”. El tema excede el espacio disponible, por lo que lo resumiré en base a un ensayo publicado en el libro “¿Tiene porvenir el socialismo?” (Mario Bunge y Carlos Gabetta, EUDEBA, 2013. https:// vdocuments.mx/tiene-porvenir-el-socialismo-pdf.html). La “Revolución Industrial” desencadenada en la segunda mitad del siglo XVIII, provocó un cambio radical en el mundo, en la composición de clases y en la manera de vivir y pensar de los seres humanos; el más importante desde el neolítico. La bibliografía es abundantísima, aunque para un “repaso”, basta Wikipedia (1).
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Carlos Gabetta (Rosario, 1943) es uno de los más prestigiosos analistas de la realidad nacional y también del devenir internacional. La dictadura lo obligó a vivir en diversos países como México, España y Francia, donde trabajó en la Agencia France. Ya de vuelta luego del regreso de la democracia, fue director del semanario El Periodista entre 1984 y 1998 y luego de la edición Cono Sur de Le Monde diplomatique, cuyo timón condujo entre 1999 y 2011. Fue columnista del diario El País, de Madrid, y en la actualidad su mirada sobre la realidad local y la del mundo se vuelca regularmente en diversas publicaciones de actualidad. Es autor de más de una docena de libros. El último fue ¿Tiene futuro el socialismo?, escrito en coautoría con el filósofo y científico Mario Bunge. Gabetta, una persona que con más de 50 años de periodismo a cuestas no le teme a las palabras.
Algo tanto o más importante está ocurriendo ahora, como consecuencia de la explosión científico-tecnológica. El fenómeno tiene consecuencias en la educación, la familia, las relaciones personales, el ocio, la política; en la vida toda. Cambios en principio —y en teoría— positivos, porque permiten progresos en la producción, las condiciones de trabajo, la salud, la información y cultura ciudadanas; en la política. Por ejemplo, la democracia directa, un “lujo” que hasta ahora solo podían permitirse países de escasa población, como Suiza, hoy sería posible, internet mediante, en China o la India. Sobre cualquier decisión, importante o no, el gobierno pregunta por la mañana y por la noche tiene la respuesta de toda la población o de todos los que deseen opinar. Además, categorizada y analizada por edad, sexo, procedencia, o lo que sea. El Foro Romano a escala del mundo y de todas las clases sociales… Pero por el momento, el principal problema que genera esta revolución es el reemplazo del trabajo humano. Y como consecuencia, una crisis estructural del modo de producción y reparto del sistema capitalista, seguido del deterioro del sistema democrático. Así como la Primera Revolución Industrial generó demanda de trabajo, pago de salarios y por lo tanto consumo; luego desarrollo y progreso político, la actual supone un retroceso, al menos por el momento. Veamos. «Si no estudias, no conseguirás trabajo», decían los padres a sus hijos hasta hace unas décadas. Ahora da un poco lo mismo: millones de diplomados no encuentran empleo. El ciclo de crecimiento económico, acompañado de demanda de empleos, se ha interrumpido brutalmente. Aumenta la producción de bienes, de la oferta, y desaparece o disminuyen los ingresos de la mayoría; o sea, de la demanda. Ergo, crisis económica mundial; aumento exponencial de las desigualdades; “guerras” comerciales; migraciones, xenofobia… tensión mundial en aumento. En 1985, 39.200 obreros belgas producían 10,6 millones de toneladas de acero. En 1990, solo un lustro después, 21.200 trabajadores producían 11,5 millones de toneladas: 8,5% de producción extra con el 46% de trabajadores menos. “Foxconn, principal fabricante de los productos Apple, acaba de anunciar el reempla-
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zo de miles de trabajadores por un millón de robots, en procura de disminución de costos laborales, teniendo en cuenta que en la actualidad emplea más de 1,2 millones de trabajadores” (2). Otro ejemplo: “En la fábrica de Phillips Electronics, en la costa de China, centenares de trabajadores usan las manos y herramientas especializadas para montar afeitadoras eléctricas. En una fábrica de la misma empresa, en la campiña holandesa, 128 brazos robóticos cumplen la misma tarea con una flexibilidad asombrosa (…) Los robots hacen todo eso sin necesidad de una pausa para tomar café, durante tres turnos diarios, los 365 días del año. La fábrica holandesa tiene la décima parte de trabajadores que la planta china” (3).
Pero ahora, sofisticadas máquinas reemplazan a los trabajadores de servicios. Ya están en período de prueba, por cierto exitosa, restaurantes y hoteles completamente automatizados; aviones, autobuses, camiones y autos sin tripulación. Cada supermercado o shopping que se abre lleva a la ruina a centenares de pequeños comercios, pero sólo absorbe unas decenas de los centenares o miles de puestos de trabajo perdidos. Otra idea generalmente aceptada es que los únicos afectados por este núcleo de la crisis económica son los trabajadores sin mayor capacitación. Pero debe apuntarse el hundimiento de la clase media por las dificultades o desaparición del pequeño y mediano comercio y el deterioro salarial en el sector servicios. La concentración empresaria y el estancamiento o disminución de los salarios administrativos y profesionales, afecta por su parte a las capas medias.
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Cuando este cambio radical se hizo evidente, a principios de los ’70 del siglo pasado, la idea era que los puestos perdidos en la producción agropecuaria e industrial se recuperarían con creces en el sector servicios; del mismo modo que en los siglos XVIII y XIX, durante la Revolución Industrial, los que se perdieron en el agro se ganaron con creces en la industria.
Esta nueva realidad, un presente desconcertante y sin futuro, afecta la estructura tradicional de millones de familias de casi todas las clases sociales (4). Los asombrosos 25 suicidios de trabajadores en menos de dos años en la poderosa multinacional France Telecom, un sector laboral hasta hace poco considerado de privilegio, no sólo obedecen al deterioro salarial, sino al despótico estilo de gestión de los “recursos” humanos de la empresa: cadencias infernales; arbitrarios e intempestivos cambios de horario o de lugar de trabajo; recorte o desaparición de los beneficios sociales (5). Terry Gou, el presidente de Foxconn, haciendo referencia al millón de empleados que la empresa está reemplazando por robots, resumió brutalmente el concepto: “Los seres humanos también son animales, y manejar un millón de animales es un dolor de cabeza” (6). "El objetivo de la economía capitalista no es proporcionar trabajo, crear empleo. Su finalidad reside en poner en funcionamiento, de la forma más eficaz posible, los factores de producción; es decir, crear el máximo de riqueza con el mínimo de recursos naturales, capital y trabajo. Durante los años ‘80, la economía francesa aumentó en un 30% su producción de riqueza, mientras disminuyó en un 12% la cantidad de trabajo que se requería (…) en lugar de preguntarse qué hacer para que en el futuro todo el mundo pueda trabajar mucho menos y mucho mejor y recibir su parte de la riqueza producida socialmente, la mayoría de los dirigentes se pregunta qué hacer para que el sistema consuma más trabajo... ", apunta André Gorz (7). Una meta imposible de lograr en la lógica del actual sistema, ya que si no se empieza a concebir la mayor productividad como "trabajo economizado"; o sea, la producción de riqueza como social antes que privada, el problema del empleo seguirá agravándose, con la desagregación social y cultural consiguiente. Bernard Perret y Guy Roustang, por su parte, subrayan que "la percepción de la necesidad del trabajo, que es siempre -al menos simbólicamente- participación en la lucha colectiva por la vida, sigue siendo el principio de realidad que estructura las personalidades, que justifica las obligaciones respecto al propio futuro, a la familia y a la sociedad" (8).
Es que la exclusión duradera, incluso definitiva, de un número creciente de individuos del mundo del trabajo, no es sólo un problema económico. Es también una patología social de amplio espectro, con efectos culturales devastadores: aumento de la toxicomanía y de la criminalidad, trastornos mentales, suicidios, marginalización de la juventud, racismo. Políticamente, equivale a una verdadera privación de ciudadanía; a la ruptura del contrato republicano. A principios de este proceso, cuando el fenómeno afectaba tan sólo a una pequeña minoría y era percibido como temporal, podía ser digerido por el sistema. Transformado en masivo y afectando a todas las edades y sectores, supone el desgarro del tejido social. En el mediano plazo, el agravamiento de los conflictos nacionales y mundiales con máscara religiosa, étnica o nacionalista.
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«La exclusión duradera, incluso definitiva, de un número creciente de individuos del mundo del trabajo, no es sólo un problema económico. Es también una patología social de amplio espectro, con efectos culturales devastadores»
1. https://es.wikipedia.org/wiki/Revolución_Industrial 2. “Robots: ¿artefactos o seres?”, La Nación revista, Buenos Aires, 21-8-11. 3. John Markoff, “Trabajo calificado, sin obreros”, The New York Times, publicado en “Clarín”, Buenos Aires, 25-8-12. 4. José Luis Barbería, “Familias hundidas por la crisis”, El País, Madrid, 25-10-09. 5. Antonio Jiménez Barca, “Vamos al trabajo como a la prisión”, El País, Madrid, 21-10-09. 6. John Markoff, “Trabajo calificado…” Ibid. 7. André Gortz, “Métamorphoses du travail” Galilée, París, 1988 y Folio Essais, París, 2004. También “Adieux au prolétariat”, Galilée, París, 1980. 8. Bernard Perret y Guy Roustang, “L'économie contre la societé”, Le Seuil, Paris, 1993.
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No obstante, la cara positiva de esta situación es que, por primera vez en su historia, la humanidad produce lo suficiente como para satisfacer las necesidades de todos, en todo el planeta. Y así como la primera Revolución Industrial acabó generando transformaciones sociales y políticas muy positivas, ésta permite vislumbrar un mundo igualitario, democrático y pacífico. Los países escandinavos, también hoy afectados por la crisis, pero en mejores condiciones políticas, sociales y culturales para enfrentarla, constituyen una referencia a emular. Sólo se trata de concretar, con métodos democráticos, la consigna de Carlos Marx: “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad”. Hace dos siglos, era un sueño; pero hoy es posible. g
«No puedo parar de trabajar. Tendré toda la eternidad para descansar». Madre Teresa de Calcuta (1910-1997)
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«Yo me conformaría con que el corazón de los argentinos tuviera tres cosas: honestidad, responsabilidad y solidaridad». MSR EDICIÓN LIMITADA #4
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Favaloro late en el inconsciente colectivo El médico platense, orgullo argentino, hizo de su trabajo un ejemplo de vida. Creador de la técnica del baypass, 50 años después sigue salvando a millones de vidas.
Si hay un ejemplo de esfuerzo, dedicación y pasión por su trabajo, tal vez René Favaloro resuma todas las cualidades que lo erigieron en uno de los argentinos más notables del siglo pasado. Educador y cardiocirujano, su revolucionario desarrollo del baypass coronario lo hizo mundialmente conocido. Director de la Fundación que lleva su nombre, desde 1972 hasta su muerte en el 2000, fue formador de cientos de médicos que pasaron por su quirófano. De gran porte, bonachón pero enérgico, Favaloro cumplía un papel docente en la sociedad y sin renegar de sus orígenes decía: “vengo de una familia humilde donde el trabajo era pasión, porque a través del mismo se podía sobrevivir”. Después de recibirse de médico en La Plata se instaló en la pequeña localidad pampeana Jacinto Araúz. Cuando ya era una celebridad, en 1962, a los 41 años, dejó su estado de confort para irse a los Estados Unidos “a empezar de cero”. Hizo de enfermero y R1 -residente de primera- en la Clínica Cleveland, regresando al país una década más tarde. De trato directo con el enfermo aseguraba que “en cada acto médico debe estar presente el respeto por el paciente y los conceptos éticos y morales; entonces la ciencia y la conciencia estarán siempre del mismo lado, del lado de la humanidad”.
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trasplantes del Sanatorio Parque, recuerda sus días junto al gran maestro de la medicina. “El año que rendí había sólo dos vacantes para la residencia. Luego de un examen exigente y una entrevista personal, quedamos otro médico rosarino -José Abud, que actualmente vive en Buenos Aires- y yo. Iban médicos de todo el mundo que querían capacitarse con Favaloro”, reseña Pereyra y agrega “impresionaba su altura, imponía personalidad, hablaba y se escuchaba el silencio, él era muy consciente de su celebridad, de la importancia que tenía cuando decía algo y los medios de aquel momento lo publicaban. Era un lujo escuchar sus clases magistrales o verlo operar”. Favaloro era modesto en lo personal, llegaba siempre temprano a la Fundación, con su poncho de vicuña sobre los hombros y “con el Clarín y La Nación leídos, sabía de todo, estaba siempre muy informado, en plena operación hablaba de las cosas que le preocupban del país”, dice Pereyra.
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El médico rosarino Ricardo Pereyra fue residente en la Fundación Favaloro entre los años 91 y 94. El cirujano cardiovascular, que hoy integra el equipo de
El responsable de la Fundación sostenía que “la medicina sin humanismo no merece ser ejercida”. Esta postura ética se tradujo en atender a todos los pacientes por igual, sin importarle su situación socio-económica, en este punto Favaloro fue intransigente. Pereyra afirma que su maestro siempre buscó la excelencia, adquirió la mejor tecnología y jamás quiso resignar calidad médica pero el hecho de recibir tanto a personas de PAMI como a particulares llevó a la institución a tener problemas económicos. Un ejemplo que lo pintaba de cuerpo enetero es cómo ayudó a la mítica actriz Tita Merello. Llegó sin un peso en abril del 98 para una operación y como no tenía donde ir, Favaloro le dispuso una habitación en el séptimo piso con todos los cuidados, vivió en el sanatorio hasta su muerte en el 2004”. Favaloro estudió medicina en su La Plata natal y sus primeros pasos los realizó en el Hospital Policlínico de esa ciudad, donde vivió dos años de su residencia. Tuvo como maestros a los cirujanos José María Mainetti y Federico Christmann quienes lo formaron en las técnicas de simplificación y estandarización que aplicara después en la cirugía cardiovascular. En 1949 se enteró que había una vacante en la pequeña localidad de Jacinto Aráuz, La Pampa, y allá fué a reemplazar al médico del pueblo. Luego lo siguió su hermano Juan José, también cardiólogo y ambos fundaron un centro asistencial. Después de 13 años como médico rural decidió dejar todo para capacitarse en Estados Unidos y fue su maestro José María Mainetti quien le sugirió la Clínica Cleveland. En 1962, Favaloro decidió empezar de cero, incluso como enfermero, haciendo guardias y al poco tiempo demostró todo su talanto y capacidad. Se sumó al equipo de cirugía y concentró su trabajo en enfermedades valvulares y congénitas. El 9 de mayo de 1967, sería
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un día histórico para René Favaloro y para la medicina mundial toda. En la Clínica Cleveland, operó a una mujer de 51 años utilizando una nueva técnica: bypass aortocoronario. Cincuenta años más tarde, el método sigue vigente y, gracias a él, se salvaron millones de vidas.
Ricardo Pereyra recuerda que “si a nostros se nos complicaba, como residentes debíamos convocar al médico de guardia o a quien había operado. En una oportunidad, me ocurrió que estaba al cuidado de un paciente que había sido intervenido por Favaloro, su estado empeoró y tuve que interrumpir lo que para él era algo sagrado: la siesta y encima era día domingo. Lo llamé, lo desperté y le hice el cuadro de situación, 'voy para allá' me dijo. Hoy, un médico le dice a un residente que llame al que está de guardia. A él le gustaba el trato personal con los pacientes.” La Fundación comenzó a tener problemas económicos. Al final del mandato de Carlos Menem y luego con el gobierno de Fernando De la Rúa, Favaloro afrontaba deudas siderales. “El problema fue que Favaloro ofreció servicios del primer mundo con una contraprestación de la seguridad social del tercer mundo y eso lo cubría con beneficios impositivos o favores políticos. A fines de los 90
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En 1971 Favaloro regresó al país, para operar en el Sanatorio Güemes, que era presidido por Mauricio Barón y por el doctor Luis La Fuente, experto en cardiología clínica. Recién en 1992, inauguró el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular de la Fundación Favaloro, en el barrio porteño de Monserrat, cuyo lema es “tecnología de avanzada al servicio del humanismo médico”, donde se hacían entre ocho y diez intervenciones por día.
y comienzos del 2000, el PAMI le debía mucha plata a la Fundación y a todo el mundo, igual el IOMA u otros sindicatos, todo eso lo terminó angustiando”, afirma Pereyra y la explicación que encuentra la resume así: “Lo buscaban de todos los partidos políticos para ofrecerle candidaturas o cargos y él nunca quiso meterse en política partidaria a pesar de que hacía política con sus opiniones, porque era un personaje público con mucha repercusión mediática. Entonces, a los políticos les resultaba atractivo contar con los favores de Favaloro y como él necesitaba el dinero de los políticos estuvo siempre en el filo: les seguía la corriente para que le den plata pero no se ponía la camiseta. Estuvo con todos los presidentes, todos querían la foto con él. Y por otro lado, por ejemplo, venía el jardinero del capo del sindicato de la carne, lo llamaban y él operaba igual, no es un mito que operaba gratis, eso era así; pero también operaba a millonarios de acá o de otros lugares del mundo que sólo querían operarse con él y eso tenía un costo” Favaloro llegó a tener gran influencia en los medios. Fue famosa su intervención en uno de los almuerzos de Mirtha Legrand donde aconsejó tomar una copa de buen vino por día para combatir el colesterol. Autor de inumerables trabajos médicos, escribió uno de los libros de lectura imprescindible para quien ingresa al mundo de la medicina: Recuerdos de un médico rural. El cirujano rosarino señaló que Favaloro “era consciente de ser una super estrella, vivía viajando, dando conferencias en todo el mundo, era una celebridad en los ámbitos académicos, sumamente reconocido. Pero también se enojaba y cuando nostros hacíamos una macana, nos decía ‘la culpa la tengo yo por rodearme de
Finalmente, cansado por la situación social y económica del país, le escribió una carta al presidente De la Rúa donde, entre otras cosas decía: “Estoy pasando uno de los momentos más difíciles de mi vida, la fundación tiene graves problemas financieros. En este último tiempo me he transformado en un mendigo. Mi tarea es llamar, llamar y golpear puertas para recaudar algún dinero que nos permita seguir... Cómo se mide el valor social de nuestra tarea docente?... Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta tiene su precio” El 29 de julio del 2000, luego de escribir la carta se disparó un tiro en el corazón. Favaloro no tuvo hijos pero sí tres sobrinos, hijos de su hermano Juan José. El mayor, Roberto, cirujano cardiovascular, hoy dirige la Fundación junto a su hermana Liliana, también cardiólaoga, que integra el directorio “Roberto fue el hijo que él no tuvo, operaban juntos y es gran cirujano. Favaloro no sólo dejó una huella inborrable en la medicina mundial, a los que tuvimos la suerte de trabajar con él, nos dejó valores, amor por el trabajo y compromiso con la gente. En mi caso recuerdo siempre algo que nos decía a los más jóvenes: ‘Cada acto de nuestra vida tiene implicancias, a veces significativas. Procuremos entonces enseñar con el ejemplo’”. g
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boludos’. Pero era muy accecible, si alguien lo cruzaba por el pasilllo y lo paraba para consultarlo no dudaba en escucharlo y explicarle. Una vez me pasó estar frente a una paciente recién operada, entubada, que despertaba de la anestesia y cuando me doy vuelta, estaba Favaloro con el embajador de los Estados Unidos en Argentina, —en tiempos de Menem— Terence Todman a quien le estaba mostrando las instalaciones de la Fundación y me preguntaba cómo evolucionaba la mujer casi como tomándome un examen. Todos los días aprendíamos a su lado”.
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Favaloro cumplía un papel docente en la sociedad y sin renegar de sus orígenes decía: “vengo de una familia humilde donde el trabajo era pasión, porque a través del mismo se podía sobrevivir”.
Compromiso, trabajo y pasión definen una marca: MSR
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Con 16 años de trayectoria en Rosario, más de 50 edificios entregados y unos 20 en ejecución, MSR Constructora se instaló definitivamente en el mercado de la construcción. Su titular, el arquitecto Gabriel Redolfi, asegura la clave del éxito: «innovar y brindar herramientas al cliente para que llegue al sueño de la vivienda propia».
«La meta es afianzar y proyectar la marca, con el objetivo de ser cada vez más sólidos y mantener el liderazgo en el mercado de los desarrollos inmobiliarios». Arq. Gabriel Redolfi Presidente
«Todos ponemos nuestra pasión y nuestro entusiasmo en este trabajo. Es importante tener una clara visión estratégica y que todos sepamos en todo momento cual es el camino y cómo recorrerlo». C.P. Matías Antón Director Económico Financiero
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“Trabajé en varias empresas y nunca me he quedado más de dos años. Aquí encontré tranquilidad, un grupo humano profesional y contenedor. Siempre hay un proyecto, un objetivo, donde todos tiramos para adelante”. Javier Flores Responsable de Cómputos y Presupuestos
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Staff MSR
“Todos nos acompañamos, tratamos de resolver el problema del otro y esas fueron nuestras raíces desde el comienzo. Siempre hubo compromiso, trabajo y pasión, para que las cosas salgan bien. En todo este tiempo, se han logrado optimizar los procesos y definir una política de calidad que nos distingue. Hay control y responsabilidad de todos en cada intervención”. Florencia Gonsolín Directora Operativa
«Me formé de a poco, adaptándome a los cambios, perfeccionando y mejorando procedimientos y metodologías. El trabajo y el apoyo entre las áreas es fundamental, nadie se siente solo». Juan Rucci Responsable de Obras
«Mi área de trabajo es el desarrollo del hormigón armado de las obras. Estoy orgulloso de trabajar en una empresa de gran presente y enorme futuro». Tec. Sebastián Vettori Coordinador de Obras
Staff MSR
«Mientras una obra avanza, comienza otra, es una rueda. La satisfacción está en ver edificado lo que comenzó con unos bocetos borradores tres años antes. Cuando me sumé a MSR se habían levantado 16 edificios línea Módena y ya vamos por el Módena 54 y varios más proyectados». Bruno Perugini Responsable Área Técnica
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«Se avanza conforme a la planificación y cronograma de base. Nos evaluamos mes a mes para que no haya demoras en los objetivos. Es permanente y fundamental la relación con todas las áreas de la empresa». Arq. Gonzalo Larrán Coordinador de Obras
“Realizamos visitas previas a la obra avanzada para prevenir problemas; una manera de no repetir errores es modificar y evaluar las cosas positivas y negativas de cada caso. Mantenemos contacto con la gente después de la entrega, es fundamental la atención personalizada. Es nuestro deber escuchar al cliente”. Arq. Carolina Rocco Responsable Control de Calidad
«La empresa se caracteriza por estar atenta a las solicitudes del mercado, siempre priorizando las necesidades de nuestros clientes». Mariela Martínez Gerencia Inmobiliaria
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Staff MSR
«Estoy detrás de la comunicación de la empresa, desde los grandes eventos hasta los pequeños detalles, atenta siempre a los gestos que reflejen la imagen positiva de MSR». Victoria Arias Responsable Relaciones Públicas
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«Cuando hacemos entrega del edificio me gusta que todo el equipo participe; no es un logro solamente del jefe de obra o del área inmobiliaria, sino de cada una de las partes que estuvo en el detalle, si falta uno de esos engranajes no se lograría el objetivo». Ana Lucía Redolfi Responsable Área Administrativa Inmobiliaria
“Nuestro objetivo principal es asesorar al cliente, brindarle la información necesaria para llegar a un acuerdo, mostrarle todas las posibilidades y facilidades que tenemos; la empresa comercializa por medio de inmobiliarias, buscamos acercar las partes y acompañar a nuestros clientes en la decisión”. Emiliano Dufourc Responsable Área Comercial
«Yo manejo la agenda del directorio, con el tiempo se va logrando un vínculo muy interesante con clientes, proveedores y profesionales que trabajan con la empresa. Cubro además tareas de recepción en la oficina, todos formamos parte de un equipo de trabajo”. Evelyn Romberg Secretaria del Directorio
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Staff MSR
«El mercado de los desarrollos inmobiliarios en Rosario es muy sólido. En un entorno donde todos construyen bien el desafío es formar una marca distintiva. Mi pasión es proyectar la arquiectura, sin dejar de tener visión integral de la empresa». Arq. Gabriel Redolfi
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«Ya hace cinco años que pertenezco a MSR, una empresa donde a diario se trabaja para mejorar el día anterior. En su momento ingresé en plena expansión de su estructura, con oportunidades y desafíos por doquier. Hoy los desafíos son otros, con metas y objetivos específicos, todos apuntando al crecimiento y a perpetuarnos en el tiempo». Pablo Toledo Responsable Recursos Humanos
El trabajo de un artista inagotable
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Luis Felipe Noé (Buenos Aires, 26 de mayo de 1933) es un artista plástico, crítico de arte y docente argentino. Protagonista central del arte argentino contemporáneo, Luis Felipe “Yuyo” Noé posee una obra tan singular como monumental. Junto a Jorge de la Vega, Rómulo Macció, Antonio Seguí y Ernesto Deira constituyeron el movimiento de la Nueva Figuración. Noé creó una cosmogonía única y revolucionaria.
La agenda de Luis Felipe Noé parece inagotable, difícil de asociar a una persona de 85 años. Para empezar, "Mirada prospectiva", la exposición suya que arrancó en el Museo Nacional de Bellas Artes en Buenos Aires en 2017, puede verse ahora casi íntegramente en el museo del mismo nombre en Neuquén y sigue después su viaje a Córdoba en noviembre para desembarcar en 2019 en el Museo Castagnino de Rosario. "Por falta de espacio no podrá exhibirse allí una instalación importante," se lamenta Noé. El artista también prepara para noviembre, como hace ya casi cada año, una exposición para la galería Rubbers de la calle Alvear que esta vez se llamará "Por ahora". De hecho, en plena conversación con la revista, toca el timbre quien lo ayudará a hacer un vitral para la muestra, que también incluirá cerámicas, pintura sobre tótems escultóricos y cuadros de forma irregular, todas obras en pleno proceso creativo desperdigadas en el taller de la planta baja. “Lo que más me interesa ahora es jugar, con la mayor cantidad de libertades posibles," aclara el artista en relación a la inauguración inminente. Además, Noé tiene varios proyectos literarios en carpeta. Pretende hacer una nueva versión del texto que se publicó -con muy pocos ejemplares- para su retrospectiva de Bellas Artes y titularla El caos creador; escribir un diccionario a su medida en el que definirá, con seriedad y no tanto, palabras como casamiento ("en casa miento") y horóscopo ("todo está ligado antes de nacer de tal manera que no es necesaria esta anécdota"); y publicar El arte entre la tecnología y la rebelión, un texto inédito que escribió entre el 67 y el 72 y que sólo modificará levemente. A Noé no le interesa que lo encasillen como artista plástico y menos todavía que lo asocien únicamente a los comienzos de su carrera pictórica en los años 60. "Es como fijar a alguien en el momento en que está buscando novia," compara. "En los libros de historia del arte, basta que un crítico escriba una apreciación para que parezca inamovible; esa imbecilidad se hace historia y todo el mundo la repite," agrega. Noé es también reacio a clasificarse y cree que la vida tiene perfume de caos. Su casa taller en el barrio de Monserrat es de hecho como un reflejo de su mundo interior: caos entendido como vida en movimiento, y orden y desorden alternados en los libros, pinceles, pomos de colores y obras de arte que pueden verse a donde se apoye la mirada.
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¿Sigue algún ritual cuando aborda una obra? No hago esquemas ni bocetos, no trabajo con horarios, soy un hijo del rigor en el sentido en que me fijo exposiciones para acelerar la producción porque si no, me distraigo. Cada inicio de obra es como si un día me dijera, me gustaría ir a mi pileta a bañarme, eso es lo único que sé. Me pasa lo mismo si tengo que hablar en público. Si pienso lo que voy a decir, me sale para el diablo. Entonces planeo vagamente de qué voy a hablar y sólo pienso la primera frase, que me lleva a la otra y así sucesivamente. En la pintura ocurre lo mismo. Todo es como un silogismo. En ese sentido no creo mucho en el mito surrealista del automatismo. Sí creo que puede ser automático el primer gesto o a lo sumo los dos primeros, pero desde el momento en que dos elementos entran en relación el tercero se deduce y así sigue la secuencia. Parecería que el caos lo preocupa desde siempre. Cuando era joven lo asociaba al desorden pero hoy creo que son dos conceptos totalmente distintos. El orden y el desorden son categorías estáticas -algo está ordenado o desordenado- mientras que el caos transcurre en el tiempo, es dinámico. El caos es la vida misma, está en torno nuestro, está dentro nuestro, está incluso antes de que naciéramos. Y no tiene opuesto. Por eso creo que la frase "hay que poner orden al caos", que le encanta a los militares, es un ridículo total. Es como querer tapar una olla grande con la tapa de una más chica. Lo único que se logra es agregar más al despelote. Yo ahora hablo del caos creador, que es el caos entendido como estructura. Nosotros tratamos de estructurar el caos en torno nuestro para manejarnos en este mundo. Pero eso no implica ponerle orden; significa aceptarlo ante todo como lo que es, no intentando ponerle un supuesto orden anterior. Usted dice que cuando el artista comienza su producción artística, empieza un viaje que termina en el punto de partida. No exactamente. La idea es que uno inicia ese viaje en una estación determinada y que, como el trayecto no sigue una línea recta sino que es como una curva, el punto de llegada termina siendo la misma estación desde la que se salió. Es decir, el viaje es entenderse consigo mismo. Porque creo que al final todo el proceso creativo es como un espejo en el que uno se va viendo: una cosa es mirarse cuando se es niño y otra muy distinta, cuando se es joven, de edad madura o ya viejo. Creativamente, hay algo que moviliza al artista, y que lo vuelve a movilizar, y que insiste. Ese algo es lo que va entendiendo hacia el final del viaje. ¿Lo llevan a generar algo especial el acrílico y la tinta china que está usando mayormente ahora? Tengo distintos períodos y en cada uno es como que desarrollo pequeñas manías. En este momento por ejemplo una manía es jugar con líneas negras. A veces me salen más caritas, a veces más rayitas. Cada vez juego más entre lo abstracto y lo figurativo y de hecho siempre he estado por encima de esa división abstracto-figurativo porque creo que conviven totalmente. Lo mismo ocurre con la palabra. Uno habla y cree que lo hace en términos realistas y sin embargo la mayor parte de las palabras que utiliza son abstractas: amor, deseo, hasta hambre y materia. Cuando era chico, vivía en un edificio en el que en el hall de entrada había mármoles por todas partes. Antes de ir al colegio, yo me entretenía viendo en las manchas del mármol caritas y creo que eso me ha determinado en mi propia pintura. Todavía hoy planteo una superficie como abstracta y de repente le veo una carita.
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También en esa época había un tipo que iba a su trabajo caminando al revés. La gente lo aplaudía y a mí me encantaba verlo e imitarlo. Quizás desde entonces pienso siempre en el derecho y el revés de las cosas, en lo que está adelante y lo que está detrás. Por eso también juego mucho con la idea de lo cóncavo y lo convexo. Porque en definitiva lo convexo no puede existir sin lo cóncavo. ¿Cómo le gustaría que lo presenten hoy? A mí lo que más me interesa es lo que estoy haciendo ahora. No me considero un pintor del siglo XX, me considero un pintor del siglo XXI. Hay imbéciles, y son muchos, que me rotulan como artista de la generación del 60. ¿Y lo que pasó después? Yo soy del 60, del 70, del 80 y del 2010. Que si quieren me aprisionen en su vocabulario mental los otros, yo prefiero no encerrarme en nada. ¿Alguna vez consideró retirarse? En el año 68 se vivía un momento muy politizado. Para los artistas había cosas más importantes que hacer objetitos para vender y de hecho hubo muchos, entre ellos Renzi, Pablo Suárez, León Ferrari y yo, que dejamos de hacer obra (Noé estuvo nueve años sin pintar). En ese momento creíamos en otro tipo de planteo, en romper la cáscara de la cultura artística para meternos en la cultura en general. Hizo su primera exposición a los 26 años. Ese día llegué un poco tarde del miedo que tenía. Y estaba Butler esperándome (este pintor -muy condicionado por el pos cubismo-había sido maestro de Noé durante un año). "Lo estoy esperando para decirle que haciendo lo contrario de lo que yo le enseñé, ha logrado una pintura que le ha dado un buen resultado," me comentó. Fue como si me hubieran dado el premio Nobel. Por eso, si tuviera que elegir el día más importante en todo mi proceso artístico, sería el de mi primera inauguración. Además, ahí me hice amigo de personas que fueron fundamentales en mi evolución: Alberto Greco, Jorge de la Vega y Romulo Macció. Noé se incorpora para seguir su trabajo y dar instrucciones para el armado del vitral que expondrá en Rubbers. "La inauguración será un sábado al mediodía para que lo atraviese la luz y pueda lucirse," concluye. g
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«Reza como si todo dependiera de Dios. Trabaja como si todo dependiera de ti». San Agustín (354-430)
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El trabajo del periodista
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Los vertiginosos cambios tecnológicos plantean un nuevo y complejo escenario para la tarea periodística. Sin embargo, hay esencias que perduran
El monstruo funciona a toda velocidad, en medio de un fragor incesante. De sus entrañas, rodeadas por misteriosos engranajes de tonalidades plateadas, doradas y negras, brota el fruto del trabajo de otros hombres, muchos hombres, que antes escribieron, titularon, corrigieron, diagramaron. Lo que la boca del monstruo escupe como si fueran balas que salen de una ametralladora es un diario. El diario de los rosarinos. La Capital.
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El monstruo ruge. En la gran sala que lo cobija hace un calor infernal. Los hombres que caminan a su alrededor transpiran como locos, jadean, insultan. El ruido no permite ningún diálogo. La única manera de comunicarse es gritando. Y algunos gritan, claro. Otros, en cambio, callan y obedecen.
Yo asomo la cabeza y miro con asombro el panorama. Ese mundo tan extraño late exactamente debajo de la redacción, donde no mucho tiempo antes el secretario de cierre le ha dado el visto bueno a la tapa. Allá arriba, entre el humo de cientos de cigarrillos, chistes filosos, presiones y preocupaciones, se ha hecho otro diario más. Porque el diario es implacable: hay que hacerlo, sí o sí. Con lo que haya. Como venga. Aquí abajo nada se sabe del otro mundo, aquel mundo que está arriba. Y los que estamos arriba también lo ignoramos todo acerca del monstruo, la imponente rotativa Goss Urbanite que fue adquirida en 1935 y estuvo en actividad hasta 1998, cuando el diario cambió su tamaño del venerable sábana al dinámico tabloide y comenzó a incluir el color en sus renovadas páginas, esas que empezaron a ser leídas por los rosarinos un 15 de noviembre de 1867. El diario, entonces, parece tener la edad de la ciudad que lo cobija y que él refleja. El monstruo, mientras tanto, no ha dejado de rugir. Yo pido un ejemplar, me lo entregan en mano con la tinta aún fresca. Me ensucio las manos pero no importa, gana la ansiedad por ver de nuevo la tapa que recién acaba de ser escrita y donde las noticias vibran, urgen, llaman. Con el diario en la mano, salgo hacia la noche. El monstruo sigue allí, aunque ya no ruge. Sus entrañas mecánicas, inmóviles y silenciosas para siempre, guardan el secreto de miles de jornadas. Se las puede contemplar: hoy la inmensa máquina —maravillosamente preservada— es el corazón del Museo del Diario. La querida rotativa parece hablar. Hay melancolía al recorrer esos pasillos para quien, como yo, los ha visto en plena actividad, bulliciosos, frenéticos. El tiempo pasa y todo cambia. Sin embargo, hay esencias que perduran.
Nos sentamos en el bar, cambiamos un chiste con el mozo. Llegan las copas. El primer trago entra y reconforta. Mañana, por supuesto, será otro día. Otro diario. Un nuevo y hermoso desafío.
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El trabajo del periodista
¿De qué se está hablando? De la irrenunciable fidelidad al lector, a quien hay que respetar siempre. De la obsesión por llegar primero a la noticia. De la honestidad sin fisuras. De la capacidad de contar. De construir un vínculo indestructible con el entorno, hasta el punto de convertirse en parte central de la identidad urbana. Eso fue, es y seguirá siendo un verdadero diario, en el soporte que sea. Cuando La Capital se cierra, como desde hace tantos años —ya suman ciento setenta y cinco—, la noche continúa allí. Cierra la edición papel, claro, aunque internet está abierta. La información no se detiene nunca. Nosotros, los que nos quedamos hasta el final, salimos como antes, como siempre, en busca de un bar donde compartir la última charla, con una copa amiga a nuestro lado. Los bares, por supuesto, ya no son los mismos. Otros refugios nos aguardan y allí vamos. La nostalgia puede ser reconfortante porque significa que lo vivido valió la pena. Pero como una vez escribió Luis Alberto Spinetta, “mañana es mejor”. Quienes hacemos un diario suscribimos esa certera, cálida frase.
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Los impensados cambios tecnológicos han modificado a fondo el trabajo periodístico. La digitalización abrió universos insospechados de velocidad y eficiencia. Ciertos oficios se extinguieron. Ciertos códigos, ciertos hábitos, ciertas rutinas se tornaron, de pronto, prehistoria. Surgió un nuevo mundo, hecho de simultaneidad y vértigo: el tradicional e insustituible papel convive hoy con plataformas múltiples, con la virtualidad al palo, expresada en redes sociales, páginas web, blogs. Pero como se dijo antes, la esencia es similar. El periodismo reclama las mismas condiciones que hace medio siglo.
El Decano de la Prensa Argentina > El Diario La Capital es fundado por Ovidio Lagos el 15 de noviembre de 1867. > Su nombre se vincula con el intento de convertir a la ciudad de Rosario en la capital de la República Argentina. Ese proyecto, motorizado por Justo José de Urquiza, fue aprobado por la Legislatura nacional en dos ocasiones y vetado por los entonces presidentes, primero Domingo Faustino Sarmiento y luego Bartolomé Mitre. Ambos defendían los intereses monopólicos de Buenos Aires. > Es el periódico más antiguo del país, razón por la cual se lo conoce como Decano de la Prensa Argentina. > En sus comienzos, el edificio que lo albergaba estaba situado en Santa Fe 104. La publicación era vespertina y las ediciones se anunciaban con el estampido de un cañón. > La Capital puso en las calles rosarinas, por primera vez, la nota llamativa de pequeños vendedores ambulantes: los canillitas. > El 19 de agosto de 1868 pasó de ser vespertino a matutino. En 1874 y 1887 adquirió nueva maquinaria de impresión. En 1889 la editorial se traslada a su actual emplazamiento en Sarmiento 763 y compra en Francia una impresora Marinoni. > En 1903 el diario cambia el formato de sus páginas, achicando el tamaño. En 1907 y 1937, su diseño fue actualizado con el objetivo de adaptarse al cambio de los tiempos. > Hasta 1967, en las tapas aparecían anuncios publicitarios. Luego las noticias ocuparon toda la portada, en beneficio del lector. > Durante 111 años el diario se hizo "en caliente", es decir, con el empleo de linotipos que moldeaban, en plomo y antimonio fundidos, cada letra y línea de texto. El viejo taller fue renovado en 1978 cuando se incorporó el proceso de fotocomposición, conocido como composición "en frío".
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La Capital es un diario de la ciudad de Rosario y su región, en la República Argentina. Fue fundado el 15 de noviembre de 1867 y es el periódico más antiguo de Argentina todavía en circulación, por lo que ha ganado el título de "Decano de la Prensa Argentina",1 siendo uno de los pocos diarios en el país que atravesó tres siglos de historia. El 31 de octubre de 2017, recibió, en el Senado de la Nación, la Mención de Honor Domingo F. Sarmiento (el reconocimiento más alto que otorga la cámara alta) por su 150 aniversario.
> En 1998, en la planta ubicada en Santiago Bis y Rivadavia se instala una rotativa Goss Urbanite, máquina de impresión de 13 cuerpos, 165 toneladas de peso y casi 36 metros de largo. También se incorporan dos apiladores contadores digitalizados programables de diarios, cuatro máquinas atadoras automáticas, perforadoras, dobladoras, insoladoras y otros equipos de última generación. Con ellos, el 6 de julio de ese año La Capital pone a disposición de los habitantes de Rosario y su zona de influencia una edición renovada, moderna y en colores, destinada a satisfacer las necesidades informativas y publicitarias de un público numeroso. > En 2017 cumple un siglo y medio de vida. Corresponde al mismo período que otros diarios históricos del mundo como The New York Times (1851), La Stampa (1867) y The Financial Times (1888). En Latinoamérica se posiciona junto a referentes periodísticos como El Comercio de Lima, fundado en 1839, o La Nación, de 1870.
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Siempre se puede más, siempre se puede mejor, siempre se puede dar otra vuelta de tuerca
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Paloma Herrera llegó fresca, erguida y llena de luz, esa cualidad que según ella identifica a los grandes bailarines. Se disculpó por llegar temprano y así arrancó, en una sala del Teatro Colón, el encuentro con la bailarina argentina que a los siete años supo que no podría vivir sin bailar, que a los quince fue contratada por el American Ballet Theatre (ABT) de Nueva York después de recibir una formación de danza clásica en el Colón y con su maestra Olga Ferri en Argentina, y que se despidió del ABT 25 años después, en 2015 y con cuarenta años, con la misma gloria que atravesó toda su carrera. "Me retiré bailando todos los roles y todas las coreografías originales. Mi carrera era súper linda para mí y no quería desdibujarla. No podía hacerme a la idea de despedirme bajando el nivel," confiesa. Paloma se tomó un año sabático en 2016 y en 2017 volvió al teatro que la vio crecer en el rol de directora del Ballet Estable. Si bien las palabras disciplina, trabajo y perfección demoran en entrar en la conversación, cuando lo hacen ingresan como un vendaval sin concesiones.
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Nacida en Buenos Aires, egresó del Instituto Superior de Arte del TEATRO COLÓN con las más altas calificaciones y fue alumna, desde los 7 años de edad, de la bailarina Olga Ferri. Recibió Diploma de Finalista en el XIV Concurso Internacional de Varna, Bulgaria, con sólo 14 años y Natalia Makarova, miembro del Jurado de ese Concurso, la invitó a tomar clases con las Primeras Figuras del ENGLISH NATIONAL BALLET en Londres.
Es promovida a Primera Bailarina del AMERICAN BALLET THEATRE a los 19 años de edad, siendo la más joven en toda la historia de esa Compañía en alcanzar la máxima jerarquía de Principal. En 1999 fue votada entre los 10 BAILARINES DEL SIGLO por la revista Dance Magazine, la más acredita del mundo. Fue elegida LÍDER DEL MILENIO por la revista TIMEy la CNN de Televisión. Actualmente es directora del ballet estable del Teatro Colón de Buenos Aires.
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Con extraordinaria repercusión de la crítica y el público, es contratada, a los 15 años, por el AMERICAN BALLET THEATRE, la Compañía de Ballet Oficial de los EEUU y una de las tres más prestigiosas del mundo.
¿Podría decirse que ser bailarina fue un trabajo? Jamás. Para mí fue una forma de vida, una pasión, lo más natural del mundo. Nunca imaginé mi vida sin la danza. Desde que tengo conciencia, a los siete, dije que quería bailar y pensaba que todo el mundo también nacía sabiendo qué quería hacer. ¿Qué se necesita para tener una carrera singular como la tuya? No sé, no es una ensalada en la que uno pueda poner determinados ingredientes. Hay gente que trabaja un montón, pero que no tiene el talento y no hay con qué darle. Hay gente que tiene todo el talento del mundo pero que no trabaja lo suficientemente. También, hay gente que tiene todo, los pies, la cabeza, el giro exacto, pero no tiene luz. Entonces llega al escenario y no pasa nada; no existe ese algo especial. Son muchos los ingredientes que deben darse. Es difícil. Pienso que lo fundamental es la pasión, es como la llave maestra. El amor que uno tiene por lo que hace es lo que le da las fuerzas para lograr cualquier cosa. Si en cambio las razones para bailar son externas, como por ejemplo querer ser conocido, no se llega. ¿Qué papel jugaron tus maestros en la construcción de tu carrera? Soy de la idea de que uno no hace nada solo. Hace falta la contención, la familia, los maestros, esas personas que a uno lo van guiando. Por eso Olga Ferri y el Instituto del Colón fueron tan importantes para mí acá y después, desde los 15 años y hasta el final de mi carrera, mi maestra y coach Irina Kolpakova en Estados Unidos. Yo ya era profesional, había hecho los roles miles de veces y sin embargo tuve los ojos de Irina en cada gira, en cada función y hasta la última función. Esa mirada, esa atención en el detalle, esa perfección que no se alcanza pero que se busca siempre, fueron fundamentales para mí. No importa cuántas veces uno haya bailado el rol, siempre hay algo que ajustar. ¡Y esa era mi inspiración! ¿Cuál era el punto si no de seguir bailando? Siempre se podía más, siempre se podía mejor, siempre había algo para darle una vuelta de tuerca. Y eso era lo maravilloso. Ahora que estoy del otro lado me pregunto, ¿cómo hago yo para inspirar a los bailarines? ¿Es posible graduar la exigencia que te caracteriza con tus alumnos? Es difícil, es un fine line (una línea fina). Justamente porque he vivido tantas experiencias trato de no repetir lo que me hizo daño y de hacer todo lo que ha sacado mi mejor versión. Irina Kolpakova era una rusa dura, que me exigía una disciplina absoluta pero que me contenía y me apoyaba, siempre con la buena onda y con amor. Eso trato de repetir. Para mí la danza fue siempre un templo. Y también disciplina, trabajo y foco, que no tienen nada que ver con la tortura a la que a veces se asocia. Uno puede ser súper disciplinado y estar totalmente concentrado, pero desde las ganas de querer progresar y no desde el miedo. De la misma manera, si uno quiere sacar lo mejor de un bailarín, tiene que entender de qué forma hacerlo. Jamás como en la película "El cisne negro". Todo lo contrario, cuanto más feliz sea, más felicidad podrá brindar. Yo en la compañía del ABT me sentí siempre valorada y salía al escenario tranquila y disfrutando. Además, tuve una relación maravillosa con mi director, con quien podía hablar de todo. Parecería que hacés las cosas con excelencia porque te hace bien a vos. Por supuesto. Siempre trabajé así no por el afuera, el aplauso, la entrevista, la foto. No porque tenía que ser el centro de atención. Lo hacía porque a mí me llenaba el alma. Así como también me da placer ir al teatro, a un concierto o estoy siempre escuchando música. Muchas veces del otro lado del escenario miro la función y salgo flotando también.
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«Para mí el escenario era un templo y nada debía interponerse.»
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¿Cómo viven el compromiso las nuevas generaciones? Para mí fue muy duro. Hubo como un gran quiebre cuando empezó a incorporarse la tecnología, todo se hizo tan rápido. Uno iba al ensayo y todo el mundo estaba con el celular. Algunos bailarines comentaban su trabajo en medio de una función. A mí eso no me entraba en la cabeza. Yo si estaba en el camarín apenas si tenía tiempo de cambiarme la corona, las puntas y el traje. ¿Cómo iba a postear fotos? Pero, claro, eran otras generaciones, acostumbradas a hacer mucho para el afuera. Muchos no bailaban porque les daba placer sino porque quedaba bien. Por eso también llegué a los cuarenta y me retiré. Porque vi que había un cambio generacional muy grande. Y no quería que nada perturbara como esa magia que yo había tenido en tantos años. Para mí el escenario era un templo y nada debía interponerse.
¿Te cambió mucho el ritmo de vida desde que te retiraste? Estoy más relajada, tengo una vida muy ordenada. En mi última función (fue Giselle en Mendoza) me dije, dejo de bailar y tiro la chancleta: me tomo un vino, como carne, etc. Y la verdad es que no me tentaba nada. Uno sigue con una línea, con una ética de trabajo. No es que cambia de un día para el otro. Eso desde que tengo siete años. Llegaba acá al teatro cuando las puertas estaban cerradas. Le decía a mi mamá: tenemos que estar ahí antes de que abran. Quizás por esa misma razón llegó antes a la entrevista. g
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¿Qué te pasa en ese sentido con tus alumnos ahora? Hay de todo. Hay gente que está des concentrada y otra que está totalmente compenetrada y que da todo en las funciones. Y la diferencia es enorme. En el escenario no se puede mentir. El escenario es pura transparencia y el bailarín que tiene alma, que tiene ángel, se ve. Y el que lo hace para el afuera, se nota también. Cuando bailaba, todos los días era agarrarse a la barra y ensayar el mismo paso por lo que el desafío era cómo hacerlo cada vez mejor. A mí ese proceso me encantaba. Por eso siempre le encontraba como el disfrute por más que estaba también toda esa cosa de la perfección. Y lo mismo hago ahora con los alumnos. Siempre se puede más pero con amor y contención. Nunca con esa cosa sádica. Uno quiere que estén plenos y bien en las funciones y si salen nerviosos, se apaga la luz que tienen.
Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un sólo día de tu vida. Confucio (551 AC-478 AC)
Tres historias
Su viejo era un laburante. Él había nacido un 1° de mayo y pensaba que la fecha no era casual, que era una marca, no de su vida, sino de su herencia. Su viejo tenía un vínculo de fuego con ese título, con el de ser un laburante. No por esa idea romántica –y siniestramente burguesa- del sacrificio y la condena eterna, sino porque amaba su trabajo, vivía para él porque era una parte feliz y constitutiva de su vida. Su viejo era el mozo, no uno de tantos, sino “el mozo”, del bar del barrio, y ese bar se llamaba “La boca del tigre”, que es en definitiva el punto de partida y el corazón de este relato.
Su viejo mentía. Las mentiras tenían volumen y gravedad diferentes, según, claro, las circunstancias en las que las decía. Las mentiras que le contaba a él quizá fueran las más inofensivas, o las que con los años fueron raspando de a poco la cáscara que envolvía la personalidad de su padre hasta mostrarlo tal cual era, como le pasa a todos cuando los ojos que los constituyen van despegándose del suelo, van dejando esa piedad infantil para los heroísmos y la falibilidad. La última vez que le había hablado de eso, un par de días atrás, había sido con la llegada a la casa de una invitación para un almuerzo de reapertura del bar en donde su padre había trabajado de mozo durante décadas, donde era “el mozo”. El nuevo dueño, quién sabe cómo, había conseguido el nombre y los datos de casi todos los muchachos que trabajaban y se juntaban allí entre los cincuenta y los sesenta; pudo averiguar después que la hija de uno de ellos, a quien un padre también le había contado de sus años de joven en las mesas del tugurio, trabajaba de cocinera en el nuevo emprendimiento. Un hombre, el nuevo dueño, —le escribió su padre en el cuaderno de notas—, que merecía al menos la atención por recuperar del olvido esas cosas, y esas cosas eran todas las horas que había vivido en ese lugar, el lugar en donde era feliz desde que entraba a la mañana temprano y se iba al umbral de la madrugada. Sirviendo a otros, poniendo la oreja, sonriendo. Su viejo estaba en el hospital, le habían sacado las cuerdas vocales por un tumor en la laringe, y con señas, ansioso y dolorido, comenzó a contarle la última versión de las tres; a veces resignándose a escribir en el cuaderno de notas —cosa que odiaba, porque así confirmaba la falta de voz—. Él, Marcial, el mozo que cantaba tangos, que gritaba los goles de Gramajo colgado del alambrado de la tribuna vieja. Él, quedarse sin voz.
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Las tres historias de por qué el bar se llamaba así se las había contado en diferentes momentos de su vida.
Con dificultad por la mudez y por estar sedado para el dolor, pudo reconstruir de ese relato algo así como esto: “Estaba en la esquina sudeste de Vera Mujica y Salta, creo que hasta hace poco hubo un restaurante de comidas mexicanas. Por lo menos no era tan grande el terreno como para que clavaran un templo evangelista o un edificio. Fue una mañana de sábado, con los rayos tajeando las mesas y los paños, más que nada me acuerdo porque ese día murió Gorosito. Los muchachos jugaban casín, otros tragaban el vermut con el diario en la falda, discutiendo las formaciones para el domingo, o los recuerdos tironeados de la milonga, que se repetiría por la noche. El gringo Tannone estaba cubriendo al encargado, que se había escapado con una mina a la Schlau. Cuando sonó el teléfono de atrás del mostrador, el gringo atendió y sin titubear dijo: “La boca del tigre, buenos días”. Nunca supimos por qué mierda lo dijo, pero quedó inmortalizado. No había cartel, ni nada. Pero todos le decíamos así después de eso”. Nunca se podrá saber de dónde había sacado eso el gringo Tannone, porque su padre no pudo ir al almuerzo del reencuentro; murió dos días después de recibir la invitación de sus propias manos, pasaje triste para cruzar un Aqueronte marrón; el barquero un pescador con la camiseta ajada de Central. El gringo, Victorio, Cabañaro y los más íntimos de Marcial –así se llamaba su padre-, habían muerto unos años antes. La última vez que se habían juntado fue cuando había muerto Olmedo, y no fueron todos. Olmedo no era de la barra, él se juntaba en el Luchador, el de Francia y Salta. Pero lo querían, y cuando lo recordaban confirmaban todos sus mitos, que había meado desde el trampolín de la pileta de ñubel, o que en el bar, a la mañana, se sentaba frente a las viejas y les hacía muecas para que escupieran el café con leche. Pensó, mientras se alejaba del hospital para tomar un café, después de recibir la noticia, que de lo último que habían hablado había sido de su trabajo en ese bar. Le pasaron por la memoria otras historias de esas. Sabía contarlas cuando se emborrachaba en el club, después de comer el asado con los muchachos. Lo llevaba a él, todos los jueves. La peña le decía. Ni siquiera por entonces, cuando ya estaba jubilado, podía desprenderse de su oficio y llevaba y traía los platos con la comida, destapaba los vinos y, más importante que eso, animaba las conversaciones. Él pensaba que quizá todos los mozos no fueran así, esa forma de trabajar era la que distinguía a su padre, o quizá a una especie antigua de mozos, con moñito y zapatos negros gastados por andar, con la obligación de acompañar el ánimo del cliente con conversaciones, chistes y oreja, mucha oreja. Ahí, en la peña, había
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Tres historias La otra versión acerca del nombre del bar era más difícil de creer. Se la había contado cuando todavía podía hablar. Habían referido, como tantas veces, al mítico bar, y fue la curiosidad de él la que disparó el relato. Ese mismo sábado, misma mañana y sol, y calor apretando entre las mesas, sintieron algo extraño. Y cuando su padre se refirió a sentir, no se trataba de audición, ni de olores, sino de un ánimo que venía desde de adentro de cada uno, un vacío que compartían sin saberlo y que asieron cuando pudieron mirarse, tan sólo segundos antes de ver la sombra que aparecía por la puerta abierta, visión onírica de un dios perdido en el tiempo, una epifanía de Blake. Primero fue una mancha que opacó la claridad y después, cuando atendieron a esa variación de la luz, alcanzaron a ver el lomo que se balanceaba entre los hombros, avanzando por los senderos que dejaban las sillas con la cautela y la seguridad del que se adueña. El rugido no les dejó dudas. Algunos corrieron al patio de atrás y se encerraron en el baño. Otros saltaron el mostrador o se subieron a las mesas de billar, desparramando vasos y ceniceros. Marcial quedó inmóvil, mirándolo de frente, parado frente a la bestia como si supiera qué hacer, como si hubiera esperado que lo confundiera con un mueble, la fiera suelta en un museo de cera de los barrios de antaño. Le dijeron que eso le había salvado la vida, no haberle dado la espalda. El tigre lo miró con indiferencia, y luego de un bostezo giró sobre sí mismo y salió; se oyeron los gritos de las comadres y los que, desde el tranvía, soltaron los pasajeros. Victorio sorprendido, le preguntó. ¿Qué te quedaste mirando, boludo?
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escuchado de él las cosas más inverosímiles. Que en los saqueos del 89’ la gente había encontrado un cadáver colgando en el frigorífico del Reina Elena, que había estado en una plataforma submarina como la de la película en la que llegan los extraterrestres a desactivar unas bombas nucleares; que había dormido, una vez en Brasil, con una rubia y una morena a la vez. La trillada e imposible historia que contaba siempre: que había cenado una noche con Perón y López Rega. Y uno se preguntaba como había hecho todo eso con un sueldo de mozo.
La boca del tigre. ¿Le viste los dientes? Tenía un recuerdo borroso de verlo trabajar a su padre, caminando como si flotara a centímetros del piso con la bandeja en el brazo. Riéndose acodado en la barra de estaño, bromeando con los parroquianos, mientras él corría entre las mesas, empujando algún vehículo de plástico. Lo llamaban por su nombre. De las mesas se escuchaba, como cuando se le pide algo a un amigo, a un conocido. “Marcial, traete un café”, “Marcial, traele a éste un Cinzano que lo invito yo”, “Che, Marcial, ¿fuiste a la cancha?”. Ni siquiera lo dejaron verlo en la habitación, tuvo que bajar a la morgue. Ahí le agarró la mano y se largó a llorar como un chico. No tenía cosas pendientes con él, no había nada que lamentar ni olvidar. Desde la muerte de su madre, cuando todavía era un pibe, lo había criado con todo el cariño posible, lo que era posible para él, más que ternura un cuidado extremo, un cerco para salvarlo de la violencia y la miseria. Con las lágrimas rodando recordó haberlo visto llorar sólo dos veces. Una cuando juntos vieron un documental sobre Perón. Otra cuando arriba de una silla, una noche que habían cerrado el bar para festejar un cumpleaños, cantaba “María”, de Castillo y Troilo. “Sólo sé que un tiempo fuiste hondamente mía”. Su madre se llamaba así. La tercera versión era la más extraña, y por alguna razón era su preferida. Era la versión que deseaba fuera cierta, aunque el sentido común, su sentido común, la rechazara secretamente. Podía verlo todavía, sentado en la reposera frente al televisor, con el pucho en el cenicero, el mate frio de la tarde y la pava vacía, modulando la voz ronca y entrecerrando los ojos, como esperando que el oyente fuera anticipando la gravedad de lo que venía: “Un domingo a la mañana, cuando algunos muchachos estaban jugando al casín, pasó algo. Era una mañana despejada, el sol entraba como una tormenta por los ventanales. La puerta estaba abierta de par en par. Estábamos nosotros, dos o tres muchachos, el Turco Salim, que era el encargado, y el viejo Gorosito, siempre sentado en una mesa del fondo, tomando el vermut. Vimos una sombra que cruzó los rayos de luz, en realidad lo que vimos fue algo que interfirió en la luz. El primero en gritar fue Victorio, que se subió de un salto a la mesa, pisoteando el paño. Ahí nos dimos cuenta de lo que era, después lo vimos. Un tigre. Nadie pudo explicarse jamás de dónde había salido: de un circo, del zoológico, de la casa de algún contrabandista, del puerto. Lo cierto es que estaba ahí, abriendo la boca y mostrando el paladar rosado, los colmillos que bajaban del hocico. No rugía con fuerza, era un gruñido, un enojo velado, como si él también se estuviera preguntando qué estábamos haciendo ahí, para qué esa mañana y él y nosotros.
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Tres historias En la morgue del hospital le dieron en una bolsa de consorcio la ropa y las pocas cosas que habían quedado en la habitación. Allí estaban su dentadura, la invitación y los garabatos en birome con los que habían hablado por última vez. Rodeado de tubos oxidados y paredes grises, ornamentos de las exequias pobres, recordó aquél poema de Enrique Banchs que compara a la fiera con su odio: “Tornasolado el flanco a su sinuoso paso/ va el tigre suave como un verso…” Al velorio fue poca gente. Su ex mujer y su hijo, que lo querían como a un padre propio. Un par de vecinas y tres muchachos del club. Los de aquellos años de “La boca del tigre” ya se habían ido antes o quizá no se enteraron. Quién va al velorio de un mozo. “El mozo” de una época que murió con él. Quién puede ser tan agradecido como para ir a despedir al tipo que te sirvió el café todas las tardes, el que te limpiaba la mesa para que no te mancharas las mangas, el que te escuchaba en esas mañanas en las que arrastrabas la angustia mordaz de la vida, el que te contaba historias que nunca ibas a olvidar.
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Caminó agazapado entre las sillas, mirando a los costados, vigilando la quietud y el silencio del bar. Después llegó hasta dónde estaba Gorosito. Ninguno de los dos se asustó. Se miraron, él conmovido, la bestia indiferente, como si ese fuera su dueño, el domador que le dio de comer desde cachorro. Se recostó en los pies, mostrando la barriga blanca en dónde llegaban las rayas hasta el comienzo de las tetillas. Parpadeaba ronroneando, mientras los demás nos íbamos corriendo despacio hasta la puerta para escapar. No había nada a que tenerle miedo. En ningún momento, más allá de la tensión, hubo violencia o peligro, pero somos así con lo que no conocemos: lo medimos, desconfiamos, y terminamos haciendo todo lo posible para destruirlo o para irnos sin descubrir de qué se trata. Espiamos desde la vereda, a través de los ventanales, pero ya no se veía al animal. Quizá se había escapado por el patio del fondo del bar, o por el mismo patio hasta la terraza. Gorosito salió caminando tranquilo, con los ojos tomados por las lágrimas. Murió de un infarto unos días después, en la misma mesa que ocupó durante veinte años. Lo encontramos a la tardecita en el rincón; nos dimos cuenta siguiendo el hilo de sangre que salía de la herida que se había hecho en la cabeza al caer contra los mosaicos. Yo creo que el tigre era el tiempo, o la muerte ¿sabés?, son en cierta forma la misma cosa. Por algo que pasó, algo raro que ni vos ni yo vamos a entender, el tiempo se corporizó, se presentó como un tigre y le fue a avisar a Gorosito que se lo llevaba. Desde esa mañana, cuando sonaba el teléfono, el Turco atendía diciendo “La boca del tigre”. Así se llamó hasta que los dueños lo vendieron a unos italianos que fundaron una panadería”.
Trabajando para el futuro
¿Qué es la sustentabilidad? La sustentabilidad es un concepto que apunta a que las acciones que realicemos puedan llevarse a cabo y desarrollarse a lo largo del tiempo sin producir una disminución o daño considerable en los recursos o el ambiente. Como todo concepto, tiene aplicaciones múltiples, y puede utilizarse en distintas situaciones. Por ejemplo, en relación con la construcción, yo puedo construir sin aislar las paredes y cubierta, pero esto va a implicar que tenga que gastar más en climatizar los ambientes. Esta falta de previsión a lo largo del tiempo es perjudicial por la energía de más que se utiliza y por los costos que requiere al propietario. En el campo del trabajo, uno puede trabajar todos los días de la semana, de lunes a lunes, pero esto no se puede mantener en el tiempo debido al cansancio acumulado. La sustentabilidad está emparentada con la razonabilidad en el uso de los recursos.
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Andrés Schwarz es un arquitecto con más de 20 años de experiencia en el gerenciamiento de obras. Hace 11 años que trabaja como especialista en desarrollo sustentable de edificios nuevos y existentes. Participó en la certificación LEED de 30 proyectos en Argentina, México, Paraguay y Uruguay. Posee los títulos de Magister en Energía, LEED-AP y Pro Reviewer del USGBC, siendo también auditor y experto de la norma EDGE (Banco Mundial). Participa en IRAM en los subcomités de construcción sostenible, y eficiencia energética en edificios, siendo co-autor de varias normas. Se desempeña también como docente invitado en las Universidades de Buenos Aires, Belgrano, Palermo, y es revisor de tesis para alumnos de la University of Twente (Holanda), Lund University (Suecia) y University of Virginia (EEUU).
¿Es lo mismo decir “arquitectura sustentable” que “arquitectura verde”? Ambos son términos comerciales y genéricos. Son intercambiables, y se refieren a un estilo de construcción, desde el diseño y en el proceso de ejecución, en donde se ha reflexionado sobre el uso y la manera en que se va a materializar y utilizar la construcción. Representa un salto en calidad respecto a la forma habitual de edificar, donde la atención en el uso de los recursos (actuales y futuros) no siempre es considerada. Hay nuevas tendencias vinculadas al bienestar que no solo abordan la temática de los elementos constructivos, sino también al efecto que esto genera en los ocupantes. Por ejemplo, hay un estudio más cuidadoso de la luz solar que penetra en los espacios, el acceso a elementos naturales, tales como cubiertas verdes, o visuales al exterior, el confort acústico y los caudales de aire exterior que sirven a los espacios. En resumen, la arquitectura sustentable no solo debe atender a la racionalidad en el diseño y uso de los materiales y la energía, sino también al uso que le darán los ocupantes y los efectos que tendrá el edificio en el confort de quienes habiten esos espacios. ¿Cuándo podemos decir que un edificio es sustentable? ¿Qué condiciones debe tener? La sustentabilidad, como todo concepto, requiere de una interpretación y adaptación para que se pueda materializar. Así, surgen las normas y códigos de construcción que se encargan de precisar qué elementos son considerados sustentables. En el mundo, hay más de 360 sellos que miden parámetros sustentables, y en cuanto a los edificios, hay cerca de 50 normas y códigos que establecen específicamente estos parámetros, cada uno adaptado a la idiosincrasia y cultura constructiva del país. Sin embargo, hay consenso entre las distintas normas internacionales que los aspectos mínimos a cubrir son: la ubicación y accesibilidad desde y hacia el edificio; el uso de la tierra y superficies parquizadas; el uso del agua, ya sea al interior (artefactos, griferías) como al exterior (tratamiento del agua de lluvia y riego); la eficiencia energética; la selección de materiales y lo que se denomina calidad ambiental interior, es decir, los elementos que influyen en cómo se vive el espacio. En este último campo se incluye el confort térmico y acústico, acceso a luz solar y visuales, tratamientos de los contaminantes aéreos y acceso al aire exterior. Todos los rubros mencionados se encuentran presente en todas las legislaciones y normas que tratan en forma holística la sustentabilidad. Cada país o región pondera en forma diferente estos aspectos, pero son temas comunes en todos los países. ¿Cómo ves la realidad profesional, el compromiso de tus colegas y constructores en relación al cuidado ambiental y la construcción sustentable? Se percibe un cambio de paradigma cultural. Hay diferentes motivaciones: en las generaciones más jóvenes (menores a 35 años) se percibe un interés genuino, nativo. En las generaciones mayores, el cambio es derivado de otros factores, como ser el aumento de las tarifas o la aparición de regulaciones más exigentes. En otros casos, el cambio se da por aparición de oportunidades, como ser la posibilidad de autogenerar electricidad o agua caliente. Sin embargo, queda un camino por recorrer en cuanto a la capacitación, la incorporación de hábitos sustentables (como por ejemplo separar los residuos reciclables) y la especificación de materiales y sistemas constructivos. En el campo profesional y en el mundo del trabajo en general se puede seguir creciendo en formación y adopción de mejores estándares que la práctica habitual.
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¿Existen normas que regulen el diseño arquitectónico? Sí, las hay. IRAM tiene una serie de normas que regulan los aspectos de aislación y confort térmico a través de la serie 11.600. En particular, se aprecia la nueva norma IRAM 11.900, nacida fundamentalmente de un trabajo de investigación realizado por la Secretaría de Estado de la Provincia de Santa Fe y la Subsecretaría de Ahorro y Eficiencia Energética. Esta norma representa un salto cualitativo, ya que aborda temas de climatización, envolvente (cubierta y muros), iluminación, estrategias pasivas, agua caliente y energías renovables. En Rosario existen ordenanzas tales como las 8.757 (aislación térmica), 8.784 (sistemas solares térmicos) y 8.334 (retardadores de agua de lluvia). En el país existen disposiciones similares en Neuquén, provincia de Buenos Aires y Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En el ámbito privado, hace 10 años que aplica la norma LEED, principalmente para usos comerciales, institucionales y oficinas; en el último tiempo se utiliza la norma EDGE, del Banco Mundial, que cubre distintos usos edilicios, de los cuales el más requerido es el de vivienda y residencial. Estas normativas implican una adaptación del mundo del trabajo, fundamentalmente en la capacitación y en la adopción de mejores prácticas laborales. ¿Cómo ves a Argentina y puntualmente a Rosario en las construcciones sustentables? ¿Hay una actitud consciente en las empresas desarrolladoras? Argentina ha demorado la adopción de prácticas sustentables en la construcción, fundamentalmente por el bajo precio de las tarifas y de los materiales. Sin embargo, Rosario ha tenido un buen arranque, ya que las ordenanzas mencionadas fueron de las primeras en adoptar estándares de sustentabilidad, sobre todo relacionados con la energía y el manejo del agua. Además, posee un cuerpo académico muy formado y consciente, que viene trabajando hace muchos años en temas de sustentabilidad, sobre todo aplicado a viviendas. Sin embargo, como en otras grandes ciudades de Argentina, falta aún un salto cualitativo y cuantitativo. No se trata de tener algunos casos puntuales, sino de tener muchos casos, escalables. En este sentido las desarrolladoras y constructoras son vectores de cambio, ya que son los que se encargan de materializar lo que la academia y los códigos prescriben. Aún hay reticencia por parte de algunas empresas en implementar prácticas sustentables, debido que miran mucho el costo inicial, sin considerar los ahorros a futuro. En cuanto se materialicen algunos ejemplos de los desarrolladores más conscientes, como MSR Constructora, se producirá un efecto multiplicador, que servirá para que otros también comprueben que construir sustentable no solo es más eficiente, sino que es un buen negocio. ¿Hay opción de construir en modo “no sustentable” en el futuro? Distintos estudios indican que si se sigue el ritmo de uso de recursos, probablemente se produzca un faltante que impida el desarrollo de muchos países. Por otro lado, el fenómeno de cambio climático, con precipitaciones mucho más intensas, y sequías más frecuentes, hace que se tenga que abordar en forma diferente la forma de construir, preparando el edificio para que resista estos impactos. Esto hace que construir de la forma habitual tenga necesariamente que dar paso a otras formas más sustentables y racionales, para que pueda perdurar en el tiempo. Argentina siempre se caracterizó por tener una población ingeniosa, y ese ingenio debe ser volcado a la construcción y al mundo del trabajo, para transformar nuestro mercado actual y adaptarse a las necesidades de las próximas generaciones, que serán los futuros compradores de acá a unos pocos años.
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La experiencia de MSR Tomando como premisa la sostenibilidad y llevada al ámbito laboral, es donde comienza nuestra búsqueda de un constante aporte al tema a través de una amplia y profunda investigación, trabajando de forma conjunta e interrelacionada entre las distintas áreas que integran la empresa. Creemos con total convicción que lo que diferencia principalmente a un equipo de trabajo de un simple grupo de personas es la existencia de un objetivo común; y en la búsqueda de lo que implica la construcción sostenible es donde se une la investigación plasmada de un equipo multidisciplinario. Por iniciativa del presidente de MSR, el Arquitecto Gabriel Redolfi incorporamos a la empresa un área de “Investigación y Desarrollo”, conformado por “Gerencia Financiera” (C.P. Matías Antón), “Gerencia Operativa” (M. Florencia Gonsolín), “Compras y Contrataciones” (Javier Flores), “Control de Calidad” (Arq. Carolina Rocco, Arq. Ana Inés Carucci), “Obras” (Arq. Gisela Moresi), “Legales” (Ana Lucía Redolfi) y “Relaciones Públicas” (Victoria Arias), invitando también a participar del equipo de investigación al Arquitecto y Sustainability advisor Andrés Schwarz. Mediante un exhaustivo estudio realizado de los distintos temas a tratar, destacamos que:
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>Analizamos la envolvente del edificio en toda su extensión y con todos los materiales que la conforman para lograr el mayor confort térmico. Mejoramos las exigencias de la Ordenanza Municipal nº 8757/11 vigente de Higrotermia, donde entran en juego los coeficientes de conductibilidad de cada material y se revela la importancia del doble vidrio y de la cortina de enrollar para oscurecimiento. >Profundizamos en la Ordenanza Municipal nº 8757/11 donde exige la colocación de reservorios para ralentizar la salida del agua, incorporando un sistema de reutilización de la misma para riego y limpieza. >Estudiamos las ventajas de la energía solar: como procede de una fuente de energía renovable sus recursos son ilimitados, los costos de inversión son muy bajos y el mantenimiento es sencillo. Concluimos en la importancia de colocar paneles solares fotovoltaicos para abastecer de energía a los espacios comunes. Tienen un período de vida de hasta veinte años, son limpios y silenciosos de manera que pueden instalarse en cualquier parte sin provocar molestias. Uno de los usos más comunes de la energía solar es el calentamiento de agua mediante colectores solares. Este tipo de sistemas puede utilizarse de diversas formas, incluyendo el calentamiento de agua para fines domésticos, por lo que consideramos fundamental su instalación para un sistema de precalentamiento de agua en servicio sanitario. >El agua es indispensable para la vida del ser humano (aseo, alimentación y ocio) pero además es fundamental en las actividades industriales del hombre (energía eléctrica, desarrollo de actividades agrarias, turísticas, etc.) por ello es factor determinante en el desarrollo de una sociedad. Hay que usarla responsablemente, tomando conciencia de que no hay que malgastarla y evitar su contaminación, por estos motivos es que avanzamos en la resolución de colocar inodoros con doble descarga y griferías de alta tecnología, cumpliendo los requerimientos de las “Normas Edge”. >La bicicleta es uno de los medios de transporte más usado en el mundo, siendo rentable no sólo desde un punto de vista ambiental y económico, sino también desde la eficiencia y la salud. La bicicleta nos permite resolver de manera individual el tema de la movilidad de forma sostenible y además, presenta numerosas ventajas con respecto al automóvil. El edifico “Modena Crown” está emplazado en una de las avenidas más emblemáticas de Rosario, Avenida Pellegrini, que no sólo une los distintos puntos estratégicos de la ciudad sino que resaltamos la cercanía a parques y corredores. Es importante destacar la estrategia de planificación de movilidad urbana que se viene desarrollando desde el año 2008, la bicisenda, e incorporar en nuestro proyecto un espacio destinado al estacionamiento de las bicicletas. La posibilidad de mejora continua mediante el estudio de estos temas y su puesta en funcionamiento es el motor que nos impulsa a seguir avanzando, en el convencimiento de que son sólo los primeros pasos de nuestro objetivo final de una construcción sustentable.
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El Laboratorio Consultar realizó, para nuestros trabajos de investigación, el permanente asesoramiento sobre rendimientos y consumos de artefactos eléctricos y sobre aspectos generales de comportamientos de distintos equipamientos.
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Agradecemos especialmente la inestimable colaboración del Laboratorio Consultar (Ensayos de Seguridad Eléctrica y eficiencia bajo normas nacionales e internacionales, acreditado por el Organismo Argentino de Acreditación, OAA), en las personas de su titular el Ingeniero Darío Rocha y su Director Técnico de Laboratorio, Juan Carlos Cainelli.
«El secreto está en la sutileza del trazo»
El letrista Francisco Artacho mantiene vivo el oficio del fileteado, arte decorativo popular que se impuso a fines del Siglo XIX en carros, colectivos y camiones y que la UNESCO declaró patrimonio cultural de la humanidad
Su repertorio decorativo incluye principalmente estilizaciones de hojas, animales, cornucopias, flores, banderines, y piedras preciosas. En diciembre de 2015 fue declarado patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad por el Comité Intergubernamental de la UNESCO.
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El fileteado es un estilo artístico de pintar y dibujar típicamente porteño, que se caracteriza por líneas que se convierten en espirales, colores fuertes, el uso recurrente de la simetría, efectos tridimensionales mediante sombras y perspectivas, y un uso sobrecargado de la superficie. Nació en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, hacia fines del siglo XIX como un sencillo ornamento para embellecer carros de tracción animal que transportaban alimentos y con el tiempo se transformó en un arte pictórico propio de esa ciudad.
La técnica pictórica del fileteado se desarrolló a finales del Siglo XIX con la llegada de los inmigrantes, en su mayoría italianos, quienes decoraban e identificaban los carros que circulaban entre el mercado y el puerto de Buenos Aires. En Rosario, los hermanos catalanes Blas y Enrique Monné, anarquistas escapados de España, pusieron un local de cartelería en Maipú entre Córdoba y Rioja en 1907; pintores de la talla de Antonio Berni, Julio Vanzo o Ambrosio Gatti, se formaron allí. Aunque la crítica la haya considerado un arte menor, en 2015 la UNESCO declaró a este arte decorativo popular como Patrimonio Cultural de la Humanidad.
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El hombre toma un piolín choricero, le pasa varias veces tiza, extiende sus brazos y marca sobre el pizarrón tres renglones. Con la misma tiza, con trazo firme, y pulso de cirujano, escribe MSR Edición Limitada. “Lo quieren con firuletes?”, pregunta y su mano adorna cada letra. A los 66 años, Francisco Artacho es uno de los pocos letristas rosarinos que mantiene vivo el viejo oficio del filetero; autodidacta, a los 14 años se presentó en la agencia de publicidad De Rico, ese mismo día terminó de pintar las letras de acoplados Montenegro y desde entonces los pinceles son una extención más de sus manos.
En su taller de calle San Juan al 4600, se acumulan en bolsas latas de gaseosa o cerveza y Artacho aclara que las parte al medio y “me sirven de recipientes, al usar muchos colores, los combino y al poco tiempo ya no los puedo volver a utilizar”. Sobre un atril, recién terminado, la sonrisa de Carlos Gardel está envuelta por todo lo que un buen fileteado debe tener: flores, volutas, hojas de acanto, cintas argentinas, bolitas, moños, líneas muy estilizadas y una amplia variedad de flores; también se utilizan dragones o pájaros con caras similares a un dragón . “Es muy común ver una imagen de Gardel, la Virgen de Luján, Evita, Maradona, Tita Merello, Olmedo y tantos otros personajes de la cultura popular rodeados por este arte; como también frases ocurrentes o dichos populares en la parte trasera de un camión, por ejemplo”, explica Artacho. El fileteado tiene su inspiración en el arte barroco, está sacado de los frentes que se hacían en las casas antiguas con esas molduras barrocas; eso se plasma luego, según las épocas, a los carros, colectivos o camiones. Nació en la ciudad de Buenos Aires, a finales del siglo XIX, como un sencillo ornamento para embellecer carros de tracción animal que transportaban alimentos y con el tiempo se transformó en un arte pictórico propio de la ciudad, hasta tal punto que pasó a convertirse en el emblema iconográfico que mejor representa a los porteños. El fileteador Enrique Brunetti cuenta que en la avenida Paseo Colón existía un taller de carrocerías en el que trabajaban colaborando en tareas menores dos niños humildes de origen italiano que se convertirían en destacados fileteadores: Vicente Brunetti (quien sería el padre de Enrique) y Cecilio Pascarella. En aquel entonces tenían nada más que 10 y 13 años de edad. Un día el dueño les pidió que dieran una mano de pintura a un carro, que en esos tiempos estaban pintados de gris, el color que exigía una ordenanza municipal. Tal vez por travesura o sólo por experimentar, el hecho es que pintaron los chanfles del carro de colorado, y esta idea gustó a su dueño. A partir de ese día otros clientes quisieron pintar los chanfles de sus carros con colores, por lo que otras empresas de carrocería imitaron la idea. Así, según este testimonio, se habría iniciado el decorado de los carros. Y el siguiente paso fue colorear los recuadros de los mismos empleando filetes de distintos grosores. Artacho sotiene que el filete “es un contorno de color y el secreto está en encontrar un equilibrio, que no esté tan recargado, tiene que haber sutileza en el trazo” y continúa: “se utiliza lo que llamamos banda de filiteado: un pincel de pelo muy largo y mango muy corto, en general es de pelo de camello u oreja de vaca, con buena carga para tener un tiraje mayor, trazos de un metro o metro y medio. El repiqué es otra de las tecnicas utilizada en las letras y aclara que “no es fileteado, se ve a la letra como si fuera en tridimensión, tienen volumen, brillo, sombra y contra sombra; es la que más tiempo demanda y donde dejo los ojos...”
Francisco Artacho En su actual taller Artacho realiza carteles donde la técnica del filete embellecen al Monumento a la Bandera. “Me gusta colocar al Monumento y poner la frase Rosario siempre estuvo cerca o Rosario en tu corazón o Rosario te espera, es una manera de “vender” la ciudad, que nos conozcan. También me encargan frases con el escudo de Newell's o de Central”. El artista sabe bien el esfuerzo del trabajo, una enfremedad temprana de su padre lo obligó a salir a la calle a los 14 años, su madre recortaba suela para una zapatería y “mi padre trabajaba en el guardarropas de un boliche en Fishertón, Sayonara, y a veces iba a dar una mano, terminé ayudando al barman y ahí un mozo amigo me recomendó que fuera a la agencia De Rico. Tuve la suerte que ingresé a pintar carteles, tuve facilidad y estuve siempre atento a lo que mis maestros me enseñaron. No hay día que no me siente a filetear y quiero transmitir esta pasión, este trabajo a los más jovenes, por ello estoy tramitando con el Ministerio de Educación de la provincia la posibilidad que los jovenes puedan tener el título de Letrista y Fileteador.
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En tanto, en ocasión del Mundial 78, unos meses antes, Artacho fue convocado por Coca Cola para hacer toda la cartelería, desde la vía pública hasta el estadio de Rosario Central. En aquellos años tuvo maestros que le enseñaron el arte del fileteado como Rubén Tomé y Alberto Bono, “verdaderos genios que compartían su saber de manera generosa , incluso con Bono y Pancho Laría fuimos socios en un taller durante 22 años, Cronos Letreros. En Rosario fui el primero en hacer gigantografías cuando eran toda una novedad y ya la tecnología iba de a poco reemplazando el trabajo a mano. Hoy hay que estar al día y como letrista hago trabajos en rotulado, impresión digital y ploteado. Si bien hay una vuelta a lo artesanal, el problema son los costos”.
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El artista recuerda su paso por la Municipalidad donde fue letrista y también fileteó colectivos de las líneas B, E y 202. “Había mucho trabajo, obviamente todo se hacía a mano, carteles de Prohibido Estacionar, Contramano, Máxima 40 o flechas...hacía de todo, pero nada me daba más placer que filetear un coche”. En 1975, la ciudad de Buneos Aires por una ordenanza municipal, prohibió “el pintado de insignias, adornos y otros elementos decorativos” argumentando que se desconocería el recorrido de las lineas de colectivos porque todas parecían iguales y confundían a los pasajeros, la misma fue derogada en 2006.
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Francisco Artacho
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El trabajo
En física, decimos que Trabajo es el cambio del estado de movimiento de un cuerpo producido por una fuerza de una magnitud dada. O, en otras palabras, el producto de la fuerza por la distancia. Si nos detenemos en el concepto, advertimos que si no hay distancia recorrida, por más fuerza que se aplique, el trabajo es igual a cero. Agreguemos un concepto más. El trabajo obtenido dependerá además del ángulo de aplicación de la fuerza respecto al sentido del movimiento. Suena lógico: si queremos que el objeto se mueva hacia una dirección determinada, la mejor forma es aplicar una fuerza neta en esa dirección, y no en sentido oblicuo.
La fórmula que resume este concepto es muy sencilla: Fuerza x Coseno del ángulo entre la dirección de la fuerza y la dirección del movimiento x Distancia = Trabajo. Veamos, ahora, tres consecuencias de las definiciones anteriores. 1- podemos aplicar cualquier magnitud de fuerza sobre un objeto, que si no logramos moverlo, nuestro trabajo no existe. 2- una gran fuerza aplicada para lograr un pequeño movimiento, para la física es igual que una pequeña fuerza aplicada para lograr un gran movimiento.3- se optimiza el trabajo cuando la fuerza se aplica en un vector coincidente con el sentido del movimiento. Se me viene a la mente mi viejo Fiat 600 del año 1972. Perdí la cuenta de las veces que tuve que empujarlo en la calle. ¿Quién no tuvo alguna vez que empujar su auto rebelde en algún momento? Y lo empujaba lógicamente desde atrás si quería que vaya hacia adelante, o desde el costado si había que mantener la mano en el volante, pero siempre en la dirección del movimiento deseado. Y cuando al fin se movía, había logrado efectuar lo que la física llama trabajo. Podía, en cambio, empujar con toda mi fuerza en sentido perpendicular a la dirección de las ruedas, obteniendo un trabajo igual a nada, al no lograr mover el Fiat. No hubiera sido inteligente, claro, salvo que mi intención en vez de moverlo hacia adelante hubiese sido tumbarlo de costado de una buena vez y poner fin a mis sufrimientos... lo pensé alguna vez, vamos a ser sinceros. ¿Cuantas veces aplicamos nuestra fuerza infructuosamente sin darnos cuenta de que lo hacemos en sentido erróneo respecto al movimiento deseado? ¿Cuantas veces logramos el agotamiento en nuestras tareas, sin advertir que obtuvimos nada de trabajo? ¿Y cuantas veces, en vez de corregir la dirección de las fuerzas, lo único que se nos ocurre es hacer cada vez más y más fuerza, en forma obsesivamente inútil? ¿Y si el objeto a mover es demasiado pesado para las fuerzas disponibles? ¿Y si el camino a recorrer tiene tanto roce que las fuerzas son insuficientes para mover un objeto, por modesto que sea?
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Agreguemos, entonces, un término más en la fórmula del trabajo. (En esta parte, los físicos dejan de leer el artículo y buscan mi dirección de correo electrónico para escribirme sus protestas) El término que nos falta para producir trabajo es la inteligencia. El trabajo es la fuerza inteligente aplicada en una dirección inteligente para lograr el movimiento deseado de un objeto. ¿Por qué fuerza inteligente? Porque estará en relación a la masa del objeto de nuestro trabajo. ¿Por qué una dirección inteligente? Porque de esa forma optimizamos el uso de nuestra fuerza, aplicándola en el vector coherente con el proyecto de trabajo. Nada desanima y agota tanto como esforzarnos y esforzarnos y no lograr mover el objeto de nuestros esfuerzos. La inteligencia nos alivia de ese agotamiento, y nos asegura la posibilidad de realizar el trabajo seleccionado.
Leonardo Da Vinci (1452-1519) escribió, hace más de quinientos años, “si el peso de una superficie plana se mueve sobre otra similar, su movimiento se verá facilitado por la interposición de bolas o rodillos entre ellos. Si las bolas o los rodillos se tocan al moverse, el movimiento será más difícil que si tal contacto no existiera, porque, al tocarse, la fricción causa un movimiento de signo contrario y ambos movimientos se contrarrestan. Sin embargo, si los rodillos se mantienen separados, será fácil general dicho movimiento”. Algo que ahora nos parece tan sencillo y simple. Y, sin embargo, tantas veces nuestros rodillos rozan entre sí y perdemos fuerza y no avanzamos en el trabajo.
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Nuestro trabajo está en relación directa con nuestra inteligencia. Aplicar inteligentemente nuestros esfuerzos, concentrar el foco de nuestra atención, usar la fuerza en la medida y dirección correctas de acuerdo al objetivo de movimiento, no aplicar esa fuerza en forma insensata sobre objetos demasiado pesados, no agotarnos en mover objetos en recorridos que no son aptos, medirnos, encausarnos, elegir el objeto y la dirección y el camino. Si el objeto es demasiado pesado, podemos buscar más fuerzas, si el camino es inadecuado lo podemos preparar antes, si la dirección de la fuerza es incorrecta debemos corregir, siempre y cuando el trabajo que esperamos obtener valga el esfuerzo.
Nos enfrentamos todos los días con problemas de trabajo. Que gran virtud posee una organización que aplica inteligentemente la fuerza disponible para mover el objeto elegido a la distancia deseada. Una organización que enfoque el problema de trabajo, lo analice, lo critique, discrimine sus amenazas y potencialidades, decida, y una vez decidido, ejecute, con la certeza de que la fuerza necesaria estará siendo aplicada en el sentido correcto. Nada tiene de inteligente aquella organización o compañía que dilapide sus fuerzas en objetivos de trabajo imposibles. Compañías poderosas y muy fuertes han sucumbido ante la elección errónea de su proyecto de trabajo, o de un objeto desmedido, o ante la aplicación incorrecta del sentido de sus esfuerzos. Proyectos de precaria planificación, en donde no se evaluó la fuerza disponible y no se aplicó en la dirección correcta, en un camino dificultoso y trabado, fueron destinados a producir un trabajo igual a cero. Otras compañías, que han sabido aplicar sus recursos en forma inteligente, sin dilapidar fuerzas, preparando antes el camino, buscando objetivos a su alcance, dirigiendo las fuerzas en el sentido deseado, lograron éxito en su trabajo. Nada es todo esto es casualidad. Deberemos contar con el apoyo conceptual, con el sentido común y con la experiencia. Y también, que duda cabe, como dice Tim Cook, CEO de APPLE: "Hay momentos en la vida en las que la resiliencia o la confianza en la intuición parece ser más apropiada, cuando un curso de acción en particular simplemente se siente correcto. Y de manera interesante, he descubierto que, en los momentos más importantes de la vida, la intuición es indispensable para triunfar”. Quienes asumimos el desafío de llevar a cabo un trabajo, debemos ser inteligentes, ordenados, precisos, tener la dirección clara, el objetivo definido, la ruta trazada, y nuestra intuición siempre alerta. Nuestra empresa es, sin lugar a dudas, un gran trabajo que asumimos con esperanza, persistencia y sabiduría.
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Dice Sun Tzu, (General, estratega y filósofo chino. 544 AC - 496 AC) en su conocida obra El Arte de la Guerra: “Con una evaluación cuidadosa, uno puede vencer. Sin una evaluación cuidadosa, es imposible vencer. Muy pocas oportunidades de victoria tendrá aquel que no realiza cálculos y evaluaciones antes de la batalla. Si se examina la situación los resultados aparecerán claramente.”
«Nada tiene de inteligencia aquella organización o compañía que dilapide sus fuerzas en objetivos de trabajo imposibles»
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Simplemente, reemplacemos la frase “antes de la batalla” por “antes del trabajo”, y nada puede ser tan certero como esta definición. ¿Bueno, qué esperamos? A trabajar.
Laila Alderisio, Sandra Anadón, Matías Antón, Federico Antonic, Luis Araujo, Victoria Arias, Juan Balaguer, Mariano Balbuena, Ignacio Barrio, Florencia Blanco, Pedro Benitez, Andrea Campagnolo, Ana Carucci, Ariel Centini, Bruno Cesar, Ariana Chavez, Silvina Cudolá, Gonzalo D´Stefano, Eugenio Di Renzo, Salvador Di Stefano, Emiliano Dufourc, Carlos Epstein, Anabella Facco, Javier Flores, Pablo Fondevila, Daniel Franchini, Mariano Galarza, Franco Gazitano, Gisela Gigli, Federico Giordano, Valentina Giordano, Gilda Giordano, Florencia Gonsolin, Damián Graziosi, Claudia Guerrero, Daniel Kowalczyk, Gonzalo Larran, Gustavo Lux, Mariela Martínez, Zoé Mazza Voget, Leonardo Mazzotta, Sonia Molda, Sonia Moreno Bigo, Gisela Moresi, Nicolás Moyano, Emanuel Nardi, Florencia Nieto, Mario Noble, Cintia O'Neill, Carlos Ortego, Daniel Ortiz, Federico Pagliano, Victor Pagliano, Lucía Pedríni, Aldana Pennisi, Alfredo Perino, Bruno Perugini, Gabriel Redolfi, Ana Redolfi, Marcos Redolfi, Carolina Rocco, Cecilia Roldan, Estefanía Román, Evelyn Romberg, Damián Rosado, Juan Carlos Rosado, Vilma Rubio, Juan Rucci, Marcela Salas Cornejo, Yanina Salman, Diego Salvini, Magalí Santiago, Martín Santiago, Cristian Scicchitano, Claudio Scuotri, Belén Silvani, Soledad Silvani, Mauricio Sita, Marcelo Soboleosky, Martín Sottile, Enrique Suriñach, Mariano Todeschini, Pablo Toledo, Mauro Tononi, Damián Trivisono, Federico Vagni, Juan Carlos Verdelli, Sebastián Vettori, Mirta Vieytes, Ivana Vodanovich, Martín Wagner.
Déjame contarte el secreto que me ha llevado a mi objetivo. Mi fuerza reside únicamente en mi tenacidad. Louis Pasteur
Gracias