Disertación. Nuevas tecnologías e identidad humana.
María Pardillos Celeméndiz
Es imperante plantearse quiénes somos para ser fieles a nuestros impulsos humanos, para saciar nuestra sed de porqués. Esta cuestión evoca sin duda a otra más concreta: ¿Cómo funcionamos? Y además ¿Qué nos hace excepcionales frente a la cada vez menos limitada inteligencia artificial? Las corrientes deterministas por lo general, niegan la existencia de una voluntad, de una libertad de elección. A modo de pseudodestino, el ser humano camina con los ojos vendados sobre su potencial huella en el futuro. La convergencia entre determinismo social y biológico es pues un lenguaje lógico. Complejo, se clasificaría en un amplio y difícilmente abarcable sistema de estímulo-respuesta. Nuestro existir es metafóricamente una masa que representaría la biología y un molde que vendría siendo el ámbito social en el que realizas el proceso de socialización es decir, todo el conjunto de experiencias y elementos ambientales en los que un individuo se desarrolla. A modo de espejo encontramos la inteligencia artificial. Reina la lógica. Toda acción conlleva a una respuesta y se constituye completamente a base de códigos. La acción-reacción es el existir de la inteligencia artificial. La biología humana no huye de esta lógica. Pese a que el conocimiento no abarque determinados resquicios de nuestro ser, podemos comprobar con diversos ejemplos que la biología se sostiene a base de estímulos y repuestas. Las emociones como el amor son procesos químicos que funcionan a favor de nuestra supervivencia. Los sentimientos, los gustos, las neurodivergencias son mecanismos de reacción frente a determinadas situaciones con el fin de evitar la muerte, el dolor u otro tipo de situaciones negativas. Todo ello se apoya además en el componente experiencial, hablamos también de cierto determinismo social que condiciona nuestro ser. Tu época, clase económica, lugar de nacimiento… son estímulos. Tus debilidades, gustos, tu ser son las respuestas.
Siendo el ser humano completamente codificable deducimos que la inteligencia artificial es capaz de disponer de una personalidad programada. Una personalidad que siente, aprende y es en sí misma. ¿Qué nos diferencia entonces de ella? Determinar al ser humano sustituible por la inteligencia artificial negaría por completo su libertad. Implica que a modo de diagrama de árbol infinito, todo nuestro camino está sellado por nuestro futuro andar. Únicamente queda aferrarse a lo irracional mientras todo lo demás se evapora en principios lógicos. Es la sin-razón, la aleatoriedad, la carencia de un estímulo y la persistencia de una, de miles de respuestas o acciones que afirmarían al ser libre. Es lo irracional aquello que una inteligencia artificial es incapaz de cumplir. Es lo que una inteligencia artificial no suple lo que nos hace libres. Es, en caso de existir, el “porque sí” lo que negaría la hipótesis de ser cerebros en cubetas, muy en relación al propuesto “Genio Maligno” de Descartes. Finalmente, sabiendo que la amplitud de conocimientos sociales-humanísticos y científicos puede hacer posible la sustitución de la mayor parte de acciones humanas por elementos programados, es más que necesario fijar un objetivo hacia el que avanzar. Se trata de la completa sustitución por maquinaria del trabajo humano más tedioso. Toda actividad necesaria para nuestro existir podría ser realizada por estos elementos programados. Liberando así al ser humano del trabajo, de su clase social pues en dicha hipotética sociedad el trabajo sería innecesario al igual que su remuneración. La maquinaria nos hará libres. Este hipotético objetivo hará de nosotros: el ser por el hecho de ser. La acción sin estímulo, el existir por el hecho de existir. Será esta supuesta libertad la que nos defina y cree.
María Pardillos Celeméndiz.