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La belleza de la significancia

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III OLIMPIADA ARAGONESA DE FILOSOFÍA Modalidad DISERTACIÓN

EinarKling Odercrants_Petter Wadsten


LA BELLEZA DE LA SIGNIFICANCIA María Pardillos Cleméndiz Asociamos el adjetivo bello a sujetos cuyas cualidades son sumamente dispares. A pesar de sus diferentes características, ambos generan en nosotros una sensación agradable que está fuertemente relacionada con la armonía. Percibimos la belleza por los sentidos, concretamente por la vista y el oído, razón por la cual las manifestaciones artísticas se presentan de forma visual o auditiva: pintura, danza, música, cine, escultura… El simple hecho de ver o escuchar algo no nos permite considerarlo bello sino que ha de ser procesado en nuestra mente. Es decir, aunque la belleza se perciba mediante los sentidos y provenga de un elemento externo como podría ser un paisaje, una canción, una persona etc., se desarrolla en nuestra mente incluyendo la parte racional y el subconsciente al mismo tiempo, ya que diversos factores afectan a la percepción de dicho elemento. La belleza es un juicio mental basado en la subjetividad, tanto racional como automático, en el cual influyen determinados agentes biológicos y culturales. Nuestra mente encuentra cierta satisfacción en la armonía y la simetría. Lo que hace que nos resulte agradable percibir elementos que se encuentran a distancias perfectas y exactas, líneas excepcionalmente rectas o curvas suavemente definidas. Es uno de los factores que hacen que consideremos el físico de una persona bello o no. La teoría estética de Platón asociaba el Bien con la Belleza y en dicha belleza buscaba el equilibrio y la armonía ideal. También ocurre con los sonidos: la fluidez y perfección en la unión de las notas musicales produce sensaciones muy positivas en nuestra mente. Es por eso que el Canon de Pachelbel ha sido considerado por varios musicólogos la composición más bonita que se ha hecho. Debido a la armonía de dicha música es realmente sencillo calificar este canon como bello, incluso si se trata de un género musical en el cual no muestras interés. Otro factor meramente biológico que puede modificar nuestra percepción de la belleza es el propio subconsciente: el conjunto de experiencias pasadas que no recordamos y que en buena parte forman nuestro carácter. El subconsciente tiene gran capacidad de influencia en nuestras decisiones en el juicio estético de


muchos sujetos. Es decir, nuestro cerebro relaciona automáticamente las sensaciones, imágenes y sonidos que en algún momento nos provocaron sensaciones placenteras, con la belleza de un elemento que observamos o escuchamos en un momento dado. Además del subconsciente, en cuanto al físico humano, el comúnmente llamado instinto sexual, propio de los animales que se reproducen sexualmente, también afecta a nuestra percepción de la belleza. Nuestra naturaleza biológica encuentra atractivas o bellas determinadas cualidades con el fin de la reproducción. Es decir, asocia el atractivo físico con las cualidades asociadas a la fertilidad que percibimos visualmente. La atracción sexual hacia características como las caderas anchas o los pechos voluminosos en las mujeres o, por el contrario, las caderas estrechas y los hombros anchos en los hombres nos resultan especialmente atractivas por norma general. A raíz de esto, el ser humano ha sido capaz de controlar ese instinto mediante la razón y un conjunto de normas sociales, siendo consciente al mismo tiempo de la belleza de dichas cualidades. El siguiente agente, en este caso externo, que afecta de forma directa a nuestra visión acerca de la belleza, es la cultura. En la cultura nace un canon de belleza especialmente aplicado a la belleza humana que es propio de una región y periodo de tiempo concretos. Es decir, dicho tópico de belleza no es único y permanente. Representa un ideal de belleza perfecta que en algunos casos resulta difícilmente alcanzable. Sabemos que el físico de una persona se ha idealizado de formas diferentes a lo largo de los años gracias a los escritos que se conservan. Conocemos el dolce stil novo: prototipo de belleza que reinaba en el siglo XIX cuyo origen se encuentra en la Divina Comedia. Describía la belleza máxima de la mujer mediante atributos como la rojez de mejillas y labios, la pálida tez, y la melena dorada. Observamos la gran diferencia entre dicho prototipo de belleza femenina y el actual: el color de ojos y cabello no es necesariamente relevante, la piel tiende a ser morena y se caracteriza por una delgadez en muchas ocasiones antinatural. También es sencillo comprobar que según de qué región se trate, el canon de belleza es muy diferente. Lo demuestran las padaung, mujeres que cubren su cuello con aros con la finalidad de que con el tiempo éste crezca y de esta forma lucir más bellas. Muchas de estas prácticas pueden ser perjudiciales para la salud en mayor o menor grado. El canon de belleza único fomenta los complejos físicos y afecta fuertemente la autoestima cuando no puede ser alcanzado. No es difícil observar que la belleza humana está principalmente focalizada en el sexo femenino. Los cosméticos y productos cuyo fin es potenciar la belleza y mejorar el aspecto físico se destinan


principalmente a las mujeres, incluso la depilación es principalmente femenina y comparte el mismo objetivo. Cuadros, poemas y canciones han sido dedicados a la hermosura femenina desde hace siglos. Uno de los motivos que podría explicar este hecho es que anteriormente el número de mujeres artistas era menor porque no recibían educación. Otra razón que lo justifica es que el cuerpo femenino está notablemente más sexualizado que el masculino. Lo podemos comprobar en múltiples medios de comunicación, destaca además la acentuación de la sexualidad del cuerpo femenino en la publicidad. Finalmente, un factor en el que toma parte nuestra capacidad de razonar: la significancia de lo bello. Este modo de percibir la belleza no reside únicamente en lo que captamos por los sentidos, sino que se enfoca en el valor, la utilidad y el significado de la imagen o sonido que nos produce tal sensación de bienestar. En este caso, no nos centramos en la aparente belleza de una obra de arte sino que buscamos su significado y somos conscientes de que una mente humana ha sido capaz de desarrollar y realizar con sus propias manos tal imagen, que después nosotros percibimos. La belleza real expresa algo, no está vacía ni es meramente un estímulo visual. Esto es aplicable también a la literatura, donde podemos diferenciar entre dos estilos cuyo fin es muy diferente. Las creaciones literarias de ambos estilos crean belleza con las palabras sin embargo únicamente algunas de ellas expresan algo: por ejemplo el modernismo y el romanticismo que se conforman con la simpleza de la belleza de las palabras y su sonido, a diferencia de la generación del 98 y otros muchos estilos que buscan, además, cierta crítica social o la expresión real de los sentimientos internos. Machado, perteneciente a ambas corrientes durante el trascurso de su vida diferenció ambos estilos con los versos de uno de sus poemas: “Desdeño las romanzas / de los tenores huecos / y el coro de los grillos que cantan a la luna. / A distinguir me paro las voces de los ecos, / y escucho solamente, entre las voces, una.” Hablamos de la belleza de las ideas y de la verdad, una belleza que no se conforma con una imagen aparentemente agradable sino que busca el placer intelectual, que también debemos extrapolar al atractivo humano. Puede resultarnos agradable el físico de una persona pero, mediante la razón, tenemos que ser capaces de diferenciar esa simple y mentalmente inútil belleza de la real. La belleza humana real se encuentra en la mente, en las ideas, en los actos. Estos deben ser los motivos que deben guiarnos a tomar decisiones en cuanto a relaciones personales. Es inútil rodearse de personas cuya única cualidad destacable es la


belleza física. La base del gusto debe huir de lo superficial cuando carece de significado. El resto de circunstancias biológicas y sociales que cambian nuestra percepción de los elementos para ser considerados bellos: la sociedad, el instinto de reproducción, el propio subconsciente forman únicamente una belleza temporal y superficial. Debemos de buscar el punto en el cual belleza y razón convergen, solo entonces encontraremos lo bello.


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La belleza de la significancia by MARIA JESUS PICOT - Issuu