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Artículo publicado "La agonía de las tejedoras"

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Domingo 15 de noviembre de 2015

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LA AGONÍA DE las

TEJEDORAS

La historia de las tejedoras de paja toquilla en el Perú se remonta a la época colonial en el siglo XVIII gracias a la influencia española. Las primeras tejedoras del norte del país son oriundas de Piura y han mantenido viva la tradición en sus familias por más de diez generaciones. Por: Mirtha Juárez y Nerina Mena

M

ás allá de la modernización y el agigantado crecimiento económico de Piura, existen centros poblados que se resisten a dejar atrás el pasado. En el caserío de Narihualá, ubicado a cinco kilómetros del distrito de Catacaos, las mujeres de todas las edades se reúnen para tejer con paja desde hace más de cincuenta años. Lo hacen para continuar con la tradición que ha pasado de una generación a otra por más de dos siglos y porque es una forma de ganarse la vida. El caserío de Narihualá y sus alrededores representa la cuna de las tejedoras de la región y, aunque la mayoría de las mujeres no han terminado el colegio, llevan sobre sus hombros la difícil tarea de no dejar morir de hambre a sus familias ni a una de las tradiciones más añejas y místicas de Piura.

Los pobladores de esta zona son personas pobres, viven en casas hechas de quincha, y ganan entre cuarenta y sesenta soles por un trabajo que demandó una semana de esfuerzo. Mercedes Flores Chunga, de cincuenta y ocho años, es una de las tejedoras más reconocidas y antiguas de Narihualá. Todos los días, ella se sienta en una silla desgastada de madera para no dañar más su columna y teje con delicadeza. Lo hace descalza y con un vestido típico de tela fina, el cual, según ella, le salva del incesante calor. “Mi mamá me enseñó a tejer, y yo le enseñé a mis hijas, así se pasa la tradición. Yo trabajo tejiendo desde los diez años. Es un trabajo duro, pero satisfactorio, porque así tengo plata para la comida y para ir al médico. Además, sentimos que así contribuimos a conservar la tradición que nos dejaron nuestros antepasados”, cuenta Mercedes, quien en el 2011 recibió el premio de Gran Maestra

Regional de los artesanos, por su gran aporte a la cultura local. Al igual que Mercedes, otras tres mil quinientas mujeres se dedican al negocio del tejido con paja. Sólo en el distrito de Catacaos existen cuatro a sociaciones de mujeres: “Ñariwalac” de Pedregal Chico, “Virgen del Perpetuo Socorro”, “Virgen de la Puerta” de Narihualá, y “Virgen del Pilar” de la Campiña.

Según la Dirección Regional de Comercio Exterior y Turismo de Piura, el 80% de los habitantes de zonas rurales de la región realizan estos trabajos como una manera de ayuda para la canasta familiar. Sin embargo, con la aceleración de la modernidad en la región, algunas de estas mujeres temen que la tradición, poco a poco, se vaya perdiendo. Es así que María Antonia Silva, otra tejedora de cuarenta años, cuenta que ha percibido que algunas de las chicas más jóvenes ya no persiguen el sueño de continuar con esa costumbre. Ese es uno de los miedos más grandes de estas señoras y de la comunidad de Narihualá, perder su tradición y con ello su identidad.“Mis hijos y los jóvenes de por aquí creen que tejer es aburrido, y prefieren hacer otras cosas, como empezar a estudiar o a trabajar en el campo o en la uva . Eso nos preocupa y, si no se hace algo pronto, la tradición puede peligrar. Las mujeres más jóvenes ahora tienen otras prioridades”, comenta María Antonia. Frente a ese panorama de incertidumbre, la profesora Diana Aguirre, gestora cultural de la Universidad de Piura, confirma que es cierto que en el P erú y particularmente en Piura se esté viviendo un alejamiento de las actividades tradicionales al punto de que las costumbres están en peligro de desaparecer. E l alejamiento está afectando a muchas de las tradiciones piuranas y este fenómeno se está haciendo muy notorio en las comunidades de tejedoras de paja toquilla de Narihualá. cuna de tejedoras en extinción La Campiña de Narihualá, es un caserío pequeño y de una sola calle, en el que se concentran más de treinta familias descendientes de tejedores, sin embargo, cada

vez se ve menos interés de las nuevas generaciones por continuar con este oficio y tradición que hacen único a este pueblo. Entre las tejedoras de más éxito destaca Juana Solano Chávez, quien desde los doce años aprendió a tejer con la ayuda de su madre, convirtiéndose a sus actuales 43 años en la cabeza de una de las cuatro asociaciones de tejedoras que existen en la zona, la Asociación “Virgen del Pilar”. Sus logros han traspasado fronteras, ella fue a Estados Unidos para exponer el arte de la región Piura en Washington, ante los ojos del mundo. Fue un viaje que le cambió la vida, pues se encontró en medio de una pluriculturalidad mundial, sintiendo por primera vez que su trabajo era realmente reconocido, más que en su propio país. Pese a su gran trayectoria, ninguno de sus tres hijos decidió seguir su camino, por lo que teme que su tradición se desvanezca con el tiempo. “Tengo tres hijos y me apena decir que ninguno de ellos pone tanto empeño en mi oficio. Mi hija mayor tiene 20 años y aprendió a los 12 años las técnicas básicas del tejido, pero no quiso seguir perfeccionando el oficio. Aún no sabe tejer el sombrero, y yo a su edad ya lo sabía”, comenta Juana. Cindy Juárez Solano, la hija

mayor de Juana, tiene una visión más moderna del mundo y aspira a metas en las que el tejido en paja toquilla no tiene cabida. Cindy está enfocada en terminar su carrera de Administración de Negocios. Lo mismo ocurre con su hermana de 19 años, quien ya está casada, tiene un bebé y se mudó a otro lugar. Y el hijo menor de Juana de 13 años, tiene mucho más interés por la tecnología: los videojuegos y redes sociales, que por tejer como su mamá. Solo a unas casas más allá vive Maribel Solano Silva. Ella tiene 23 años, tiene 4 hermanos y es como una segunda mamá para ellos porque ayuda a mantenerlos. Maribel ve en el tejido un arte y una oportunidad de éxito en el futuro debido a que sus padres no tuvieron los recursos para ofrecerle estudios superiores, Estudiar y superarse es algo que muchos de los jóvenes de La Campiña aspiran y tienen gracias al esfuerzo de sus padres. Sin embargo, el no poder seguir estudiando como todos los demás ha hecho que Maribel sea una joven trabajadora que valora el arte de tejer. Maribel es una de las pocas jóvenes a las que le apasiona el tejer y está dispuesta a preservar esa tradición en su familia. “Ahora las chicas tienen la posibilidad de estudiar y el tejido sólo se ve como un trabajo para mujeres. Ahora

“El caserío de Narihualá y sus alrededores representa la cuna de las tejedoras de la región y, aunque la mayoría de las mujeres no han terminado el colegio, llevan sobre sus hombros la difícil tarea de no dejar morir de hambre a sus familias ni a una de las tradiciones más añejas y místicas de Piura”.

que las chicas se van a estudiar quién empezará atejer. Le doy gracias a Dios por tener esa habilidad de tejer, porque todos no la tienen y no a todos les gusta”, comenta Maribel, quien aprendió el tejido para ayudar a su padres y a que sus hermanitos tengan más oportunidades que ella.

“Yo le ayudo a mis amigas y a las que son más niñas a que encuentren el gusto por el tejido y se sientan orgullosas de nuestra cultura. Yo les digo que no importa que trabajen o estudien, lo importante es que se den un tiempo para practicar el tejido y así ayudar a sus madres”, agrega Maribel. Gracias a un taller de voluntariado que hace la Universidad de Piura en sucomunidad, Maribel puede hacer llegar lo que ella piensa y cree a las demás chicas. El aporte de la UDEP Ante el peligro de la desaparición de las tradiciones de la región, la Universidad de Piura, haemprendido desde hace dos años el proyecto piloto Alma Tallán en el caserío de La Campiña en Narihualá con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo. Dicho plan busca fortalecer las capacidades de las artesanas y, asimismo, animar a los niños y jóvenes de dicho caserío a ser promotores socioculturales, y que aprendan desde pequeños a valorar y conservar las tradiciones de su pueblo. “Es importante mantener nuestro legado, ya que, al fin y al cabo, es eso lo que nos hace unaregión rica en costumbres e historia. Y además, este conjunto de tradiciones también puede servir

para que el turismo se convierta en una nueva fuente de ingreso para el canon regional, tal como sucede en Chiclayo y Lambayeque”, comentó Pedro Valcárcel, jefe del directorio de Comercio Exterior y Turismo de Piura Según la experta de la Universidad de Piura y promotora principal de Alma Tallán, Diana Aguirre, e l objetivo de los talleres de Alma Tallán es lograr que los jóvenes vean el tejido de una manera distinta, no tanto para que ellos se conviertan en tejedores, porque de acuerdo a la experta, “los jóvenes tienen la creencia de que si son tejedores serán como sus mamás questán tejiendo y que no progresan”; sino para que revaloren la tradición y aprendan a tejeaunque no vayan a ser tejedores de tiempo completo. Día tras día más jóvenes se alejan del tejido en paja toquilla y, por ende, ponen en peligro la permanencia de la tradición. Jóvenes como Maribel y proyectos como los de Alma Tallán son los que se necesitan para evitar esta pérdida de tradiciones. Al motivar a más niñas y adolescentes a que practiquen el arte de tejer, como lo hacían sus madres y sus abuelas, e el tejido tendrá una oportunidad de sobrevivir y podrá servir como herramienta de superación.


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Artículo publicado "La agonía de las tejedoras" by Mirtha Juárez Vega - Issuu