Publicación del Comité Central del Partido Popular Socialista de México, Año 1, Número 18, Julio de 2009, 5.00
La perspectiva revolucionaria de México hoy a la luz de la teoría marxista Cuauhtémoc Amezcua Dromundo[i]
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ompañeros y compañeras luchadores sociales todos: es un gusto compartir con ustedes este espacio de reflexiones colectivas sobre las revoluciones de nuestros días, las que se están dando hoy en varios países de América Latina y que, sin ser del todo homogéneas, porque hay entre ellas gran diversidad de peculiaridades; ni ser todavía, si usamos correctamente las categorías del pensamiento marxista, “revoluciones socialistas del siglo XXI”, como se autonombran varias de ellas. LAS DE HOY EN AMÉRICA LATINA: REVOLUCIONES DE LIBERACIÓN NACIONAL Analicemos: con el pensamiento marxista definimos una revolución como “un movimiento popular que arroja del poder a la clase social que lo detenta, para reemplazarla por otra cla-
se social distinta y más progresista”, en palabras de Lombardo. Otros rasgos esenciales del concepto, nos aclaran que una revolución es un cambio cualitativo, es decir, profundo, no superficial, de raíz; que [ii]
Cinismo y desvergüenza gubernamental Juan Campos Vega
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elipe Calderón, candidato presidencial del Partido Acción Nacional (PAN) —que surgiera hace setenta años, al amparo del nazifascismo y con la consigna de combatir todas las medidas progresistas del gobierno del General Lázaro Cárdenas— prometió muchas cosas para
ganar el voto de una parte de la población. En el proceso electoral presidencial de 2006, votó 58.22% de los inscritos en la lista nominal de electores; de éstos, 35.89% (poco más de un tercio) lo hizo por el partido de la derecha tradicional, PAN. Es decir, por Calderón solamente sigue en la página 2
es un cambio súbito, esto significa fulminante, no gradual; también que implica necesariamente una carga de violencia, puesto que se trata de una ruptura brusca, una especie de tsunami, diríamos, que arra-
sa con prácticas sociales, formas e instituciones económicas, políticas y culturales, y las sustituye por otras, distintas y superiores. Los cambios revolucionarios históricos son los ejemplos clásicos: el paso de la comunidad primitiva al esclavismo; el paso de la esclavitud al feudalismo; el paso del feudalismo al sistema capitalista; el paso del capitalismo al sistema socialista. Pero también alcanzan el nivel de revoluciones las de otra etapa de la historia, las de liberación nacional, que, si hemos de emplear de manera rigurosa la ciencia del marxismo, son, las que se están dando hoy en América Latina. Todas ellas son revoluciones de liberación nacional; y se les puede agregar tal vez que son del siglo XXI, más por una razón cronológica que conceptual, porque se están dando hoy, en este siglo. sigue en la página 3
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votó 20.89% de los inscritos, o sea, uno de cada cinco ciudadanos. Ese es el apoyo “popular” de Felipe Calderón. Su apoyo real proviene de los llamados poderes fácticos: gobiernos imperialistas, capital financiero internacional, cúpulas patronales, clero político y aláteres, medios de comunicación masiva, etcétera. Quizá por eso se comporta con tanto cinismo y desvergüenza, y ofrece datos parciales cuando le son favorables y oculta los grandes y negativos efectos generales de su política gubernamental, por ejemplo, en el crecimiento económico y el empleo. De la misma manera se conducen los integrantes de su gabinete. Que el secretario de Hacienda y Crédito Público, Agustín Carstens, que de 1999 a 2000 fue director ejecutivo del Fondo Monetario Internacional (FMI) en representación de Costa Rica, El Salvador, España, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua y Venezuela, y que de agosto de 2003 a octubre de 2006, ocupó el cargo de subdirector gerente de esa misma institución financiera, nos diga que “no vio venir la crisis” refleja cinismo o complicidad, en ambos casos desvergüenza. Que el secretario del Trabajo y Previsión Social, diga que los migrantes que enfrentan los estragos de la crisis en Estados Unidos, que se fueron por falta de empleo, pueden regresar porque aquí habrá ocupación para todos, refleja cinismo o ignorancia, en ambos casos, es un sinvergüenza. Ahora le tocó el turno al secretario de Desarrollo Social, Ernesto Cordero, (¿alguien lo conoce?), que ante el incremento del número de pobres, y la promesa del candidato Calderón de reducir la pobreza extrema —eufemismo de miseria— a 10 millones para el año 2012, sostuvo, en un
programa del monopolio mediático Televisa, que aunque será más difícil, se mantiene la meta. El hecho es que ahora hay en México más de 19 millones de miserables, cuyo ingreso ni siquiera les alcanza para alimentarse, y que un poco menos de la mitad de la población se encuentra en condiciones de pobreza; y el “flamante” secretario nos proporciona, con todo cinismo, ignorancia y desvergüenza, los elementos que, a su juicio, constituyen la causa del aumento del número de pobres: —Incremento en el precio de la comida, que se deriva de una crisis alimentaria mundial. — Reducción del ingreso, que también debe considerarse (¿de verdad?). —Situación económica internacional adversa. Al “señor secretario” se le olvidaron, entre otras, las siguientes causas del incremento de la pobreza: la crisis de la economía mexicana que decreció en los primeros dos trimestres del año y que lo seguirá haciendo en lo que resta de él; el incremento de 46% en el desempleo, respecto de junio de 2008; el crecimiento de la economía informal; los cada vez más bajos salarios que generan que 80% de los hogares con menores recursos perciban cada vez menos (según datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos en los Hogares del INEGI); la disminución de las remesas, y un largo etcétera. Para concluir su “brillante” intervención, el secretario (del que poco se sabe y poco se habla, quizá porque poco hace) remató, con toda desvergüenza, con su “receta” para lograr la meta en 2012: —Tomar con mucha responsabilidad la discusión del presupuesto de 2010. —Fortalecer la política social, metiéndole más recursos, y ampliando los programas Oportunidades y Empleo Temporal. —Hacer un esfuerzo aún mayor, trabajando de manera agresiva con los programas sociales y focalizarlos aún más; porque son muy efectivos complementados
con un crecimiento económico sostenido (¿De dónde salió este tipo?). Al funcionario, ¿de desarrollo social?, se le olvidaron algunos temas que incrementan la pobreza: la dependencia económica de México, respecto de Estados Unidos y otros países imperialistas, que crece todos los días, contribuyendo a descapitalizar al país; la política económica del gobierno a favor del capital extranjero y de la oligarquía mexicana, es decir, de los que constituyen el apoyo real de Felipe Calderón, y para quienes gobierna; la cada vez más injusta distribución de la riqueza que hace más ricos a unos cuantos y genera mayor cantidad de pobres, que cada vez lo son más. También se debe considerar la menor generación de riqueza, y por ende, de menores recursos fiscales, de los que depende el presupuesto federal —al que por cierto el gobierno de Calderón ya le hizo dos recortes en lo que va del año, que suman 85 mil millones de pesos—, decisiones ante los que el Congreso nada puede hacer; por eso vale la pena preguntarle al “secretario” ¿de qué sirve discutir el presupuesto con responsabilidad? Pos si todo esto no fuera suficiente El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) señaló que los programas de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedeso) carecen de un diagnóstico adecuado para solucionar los problemas que buscan atender y la población potencial no está definida ni cuantificada, y Gonzalo Hernández Licona, secretario ejecutivo de la institución evaluadora, dijo que hay programas que han funcionado mientras que hay otros cuyo enfoque no es bueno, ya que están dirigidos a la población más rica. Frente a esa realidad, el secretario Cordero, quizá debiera entender que la mejor medicina contra la pobreza es una distribución adecuada del ingreso. Pero para esto señor “secretario”, hay que abandonar las políticas neoliberales y entreguistas, hay que cambiar de gobernantes y de sistema.
Por la liberación nacional y el socialismo Viene de la página 1
De hecho, son revoluciones orientadas a lograr lo que no se alcanzó en las de hace 200 años, la cabal independencia económica y política de nuestros países, ahora respecto del imperialismo, ya no de las potencias colonialistas de Europa, como España, y puesto que son revoluciones de este tiempo y no del siglo XIX, apuntan hacia el socialismo, aunque todavía de manera incipiente, sin ninguna concreción real. El capitalismo hoy es un sistema envejecido, decrépito, carente de perspectiva, por lo que un programa de liberación nacional sólo puede alcanzar su objetivo final si de manera oportuna da el salto siguiente y se convierte en una revolución socialista. Por tanto, decir que se está desarrollando un “socialismo del siglo XXI” en América Latina, es inexacto; pero es válido si se entiende como una aspiración, un objetivo a alcanzar en su momento. La única revolución de liberación nacional que ya pasó al otro nivel cualitativamente superior y está construyendo una sociedad socialista en medio de condiciones adversas, es la gloriosa Revolución Cubana; por eso puede decirse de ésta, con toda propiedad, que pasó a ser una revolución socialista, de hecho desde que así lo proclamó Fidel, en 1961 . No es mi propósito en esta ocasión el de ahondar en el análisis de cada proceso revolucionario latinoamericano en particular, el cubano, el venezolano, el boliviano, el de Ecuador, el de Honduras, etc., lo haremos en otro momento, sino más bien el de examinar el fenómeno de las revoluciones de liberación nacional en general, como concepto, a la luz del pensamiento marxista –el pensamiento revolucionario por excelencia-, y más en concreto explorar la perspectiva de México, nuestro país, en el que vivimos y luchamos, y el que tenemos el deber de transformar con un sentido revolucionario. [iii]
LA PERSPECTIVA REVOLUCIONARIA DE MÉXICO HOY En esta ocasión nos proponemos, por tanto, analizar si México está cerca de un estallido revolucionario o no lo está; una revolución que, en su caso, de acuerdo con el pensamiento marxista, sería una revolución de liberación nacional, y qué relación hay entre ésta y una revolución socialista. También analizar quiénes integrarían el sujeto revolucionario, cómo lo construiríamos, qué pasos tendríamos que dar en
ese camino y qué relación hay entre esta tarea y la de organizar la revolución. Es necesario reflexionar en todo esto a la luz del pensamiento marxista, porque así podemos coadyuvar a despejar un ambiente enrarecido sobre todo por la labor deliberadamente desorientadora de nuestros enemigos de clase. La actividad de análisis bien sustentado es fundamental en la lucha revolucionaria, como lo dijo con toda razón Vladimir Ilich Lenin, el dirigente genial: “Nosotros convencidos… de que esta teoría (la de Marx) no ha hecho sino colocar las piedras angulares de la ciencia que los socialistas deben impulsar en todos los sentidos, siempre que no quieran quedar rezagados de la vida…” Y porque así podremos sustentar y desarrollar la batalla de las ideas, que es parte fundamental de la lucha de clases y de las actividades para organizar la revolución.
quezas económicas y recursos naturales, y al facilitar a la burguesía y la oligarquía una mayor explotación del proletariado, más despiadada, que nunca. Y luego llegó la crisis cíclica del capitalismo, que estalló apenas hace unos meses, y que vino a ser otro factor no menor, sino de gran magnitud, que ha contribuido a su vez a agudizar aún más lo que ya de por sí había alcanzado altos niveles hace tiempo. [v]
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En nuestro caso, por tanto, existen y de manera plena las condiciones objetivas que exigen el cambio revolucionario.
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¿Qué tenemos y qué nos falta para que estalle una revolución victoriosa en México? Examinaremos este punto, a continuación La teoría marxista nos dice que toda revolución exige condiciones previas de dos tipos: las objetivas y las subjetivas. Las condiciones objetivas para la revolución, en el caso de México. Las condiciones objetivas radican en la agudización intensa de las contradicciones en el seno de la sociedad. En nuestro caso, las contradicciones entre unas y otras clases sociales se han ido agudizando cada vez más y han llegado a niveles climáticos. Pero la contradicción fundamental, que es una contradicción múltiple que se da entre el imperialismo y el conjunto de clases y sectores sociales que expolia, y que comprende las esferas de la economía, la política, la sociedad, y la cultura, entre otras, se ha agudizado todavía más. Todas estas contradicciones, en el caso de México están maduras, como en general en América Latina. Ya lo estaban desde hace décadas, por eso estalló y triunfó la Revolución Cubana, hace ya medio siglo, y han estallado otras muchas en este mismo lapso, con mayor o menor grado de avance. Pero las contradicciones objetivas en toda la región, incluido México, alcanzaron mayor intensidad con la fase neoliberal que se inició hace cosa de 25 o 30 años. Los gobiernos neoliberales, aunque de manera involuntaria, espolearon la agudización al facilitar al imperialismo un saqueo mayor que nunca de nuestras ri-
Pero no basta con que existan las condiciones objetivas, faltan las otras, las subjetivas. Éstas todavía no existen en México, como sí sucede en Venezuela y Bolivia, por ejemplo. Pero desarrollarlas es tarea de los revolucionarios y es urgente que lo hagamos. Porque en tanto las condiciones objetivas se dan como resultado de la injusta organización social que existe en las sociedades divididas en clases, las subjetivas se desenvuelven como resultado de la acción consciente de quienes asumen la responsabilidad de desplegarlas, por lo general un partido comunista, es decir, un partido revolucionario, o un destacamento que lo sea en su esencia, aunque no tenga en su nombre la palabra comunista y tal vez tampoco la palabra partido. Las condiciones subjetivas y el sujeto revolucionario para la liberación nacional. ¿En qué consisten las condiciones subjetivas? Consisten en a) el desarrollo de la conciencia del sujeto revolucionario, y b) en su organización eficaz para la lucha por el poder. En cuanto a la conciencia, el sujeto revolucionario, para serlo, requiere percibir que le es indispensable pasar de la esfera de la lucha social, por la solución de problemas concretos, a la lucha política, es decir, a la lucha por el poder político, por desplazar del poder a la clase social que lo detenta –en nuestro caso una burguesía proimperialista- y tomarlo el propio sujeto revolucionario en sus manos. Además de comprender esa cuestión de esencia, el sujeto revolucionario, para serlo, requiere de organizarse de la manera adecuada para enfrentar y derrotar a la clase social dominante, en una lucha que siempre es intensa y conlleva un alto grado de violencia, incluso cuando se da por vías que genéricamente llamamos pacificas. [vii]
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la clase obrera no desenvuelve todo su potencial y eso limita sus posibilidades de emprender revoluciones por sí sola o con la alianza del campesinado pobre, que serían revoluciones socialistas. En este tipo de sociedades no existe la base económica capitalista desarrollada que les dé sustento. En estas sociedades, además, la contradicción principal, económica y clasista, se da entre la nación en su conjunto y el imperialismo. Por eso, para nuestros países, la revolución socialista toma inicialmente la forma de revolución de liberación nacional. Luego, ya alcanzado el objetivo de derrotar a la clase social dominante, sea una oligarquía terrateniente y/o mercantil o una franja de la burguesía, pero en todos los casos, una clase aliada –en grado de supeditación- al imperialismo, viene la etapa en la que, quienes fueron aliados, tienen que dirimir el camino y los objetivos ulteriores de la revolución: qué tipo de régimen se va a construir desde el punto de vista económico y social; qué tan profundas o superficiales habrán de ser las transformaciones que se realicen, en fin, cuáles intereses de clase habrán de predominar, los de la burguesía y la pequeña burguesía no subordinada al imperialismo o los del proletariado, cada una con sus respectivos aliados. Esta lucha se ha dado en todos los casos al triunfar este tipo de revoluciones, puesto que los fragmentos de la burguesía que participaron en la lucha liberadora, se oponen a que se avance más allá de los límites de una sociedad burguesa, en tanto que el proletariado lucha porque la revolución siga adelante y se convierta en revolución socialista; así pasó con la Revolución Cubana y, en las de Venezuela, Bolivia y Ecuador de alguna manera el tema ya se empieza a ventilar, aunque, decíamos, todavía de manera incipiente. Para plantear las cosas con mayor precisión, la batalla por la profundidad y el rumbo de la revolución, si bien pasará a una fase franca luego de la derrota de la clase títere del imperialismo y su expulsión del poder, de hecho empieza a librarse desde mucho antes, en la forma de lucha por la dirección ideológica y política de la revolución. Por eso, el proletariado tiene que plantearse desde un principio el propósito de asumir la iniciativa de las acciones, marcar el rumbo y disputar la dirección del proceso revolucionario, y no dejar nada de esto en manos de la burguesía, además, entre otras razones, porque ésta es una clase débil, vacilante frente al enemigo imperialista, capaz de hacerle concesiones de todo tipo y, por tanto, desviar y hasta cancelar el proceso, si su [vii]
Como dijimos, las condiciones subjetivas no se dan espontáneamente, hay que desarrollarlas. En eso consiste la tarea de los revolucionarios, según lo explicara Lenin, en construir las condiciones subjetivas, en organizar la revolución. ¿Quién constituye el sujeto revolucionario? En todos los casos es un sujeto colectivo y clasista, constituido por la clase social revolucionaria de cada fase de la historia: los esclavos, en su momento, para derrocar al régimen esclavista; la burguesía, en su momento, para destruir el régimen feudal; la clase obrera, en su momento, aliada al campesinado pobre para realizar la revolución socialista. En el caso de las revoluciones de liberación nacional, el sujeto es complejo; es un sujeto clasista plural que comprende al proletariado en su sentido amplio, al campesinado, a algunos sectores de la burguesía, sobre todo la burguesía pequeña y la mediana, pero a veces hasta a algunas fracciones o elementos de la gran burguesía y hasta individuos de la oligarquía, y a diversos sectores medios de la población. Es decir, comprende a todas las clases y franjas de la población a las que el imperialismo daña con sus acciones violenta-
mente depredadoras, y las convierte en sus víctimas. No puede ser un sujeto monoclasista, porque en las condiciones de una sociedad capitalista dependiente ninguna clase sola tiene el nivel de desarrollo suficiente como para que pueda alcanzar a acumular la fuerza indispensable para derrotar al enemigo y, si lo intentara, perdería la batalla de manera inevitable; porque no podemos perder de vista que toda lucha política, toda lucha por el poder, por la vía que sea, se resuelve en función de la correlación de fuerzas. Ahora bien, si el sujeto revolucionario para la liberación nacional es complejo y comprende clases sociales distintas y hasta históricamente antagónicas, ¿qué clase dirige la lucha, el proletariado o la burguesía? ¿Cómo y cuándo dirimen sus contradicciones? ¿Quién gana y quién pierde? ¿Qué relación existe entre la revolución de liberación nacional y la revolución socialista? Dialéctica de la revolución de liberación nacional y la revolución socialista. Como ya dijimos, de acuerdo con la teoría marxista, en los países del capitalismo dependiente, dado el incipiente grado de desarrollo de sus fuerzas productivas,
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Por la liberación nacional y el socialismo
¿Dónde están los embriones del sujeto revolucionario en el caso de México? En todas partes donde un grupo de mexicanos resiste y lucha contra el neoliberalismo y contra el estado de cosas imperante. conducción está en sus manos. Por tanto, el proletariado debe formular y precisar su concepción estratégica hacia la liberación nacional, debe enarbolar su programa, librar la lucha de las ideas, y dedicar un esfuerzo enérgico y constante hacia su propio fortalecimiento en el proceso de acumulación de fuerza en lo cuantitativo y en lo cualitativo. En síntesis, en el seno del bloque político y social plural, sujeto de la revolución de liberación nacional, se expresa la ley dialéctica de unidad y lucha de contrarios; el proletariado debe ser consciente de esta realidad y, dentro de ella, con el tacto y la habilidad necesaria, debe sin embargo asumir la dirección ideológica y política de la lucha. Los embriones del sujeto revolucionario en el caso de México. La fase cuantitativa y la cualitativa de la acumulación de fuerza. ¿Dónde están los embriones del sujeto revolucionario en el caso de México? En todas partes donde un grupo de mexicanos resiste y lucha contra el neoliberalismo y contra el estado de cosas imperante. En los trabajadores electricistas; en los mineros; en los trabajadores de la educación; en los campesinos; en los estudiantes; en los comuneros de numerosas etnias y en los ejidatarios a los que pretenden despojar en condiciones injustas de la tierra que trabajan, sea para construir un aeropuerto, una presa, una refinería, una obra pública o simplemente para que se la apropie un capitalista, muchas veces uno extranjero. En las varias organizaciones y grupos que han ido conformando frentes y movimientos de lucha en diversos estados y variadas regiones del país. En los cientos de organizaciones que han dado vida a la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca; en las más de seiscientas que han concurrido a los trabajos del Diálogo Nacional por un nuevo Proyecto de Nación. Allí están los embriones del gran bloque político y social, el sujeto revolucionario para la liberación nacional. Pero son sólo eso, embriones, no son todavía el sujeto revolucionario porque sólo están por ahora, en la mayoría de los
casos, en el terreno de la lucha por reivindicaciones económicas y sociales concretas, porque no han pasado a la lucha política por el poder, porque no han comprendido que esto es indispensable para resolver a fondo sus problemas concretos, porque no se han organizado de manera eficaz para una lucha de esa magnitud. En pocas palabras, porque no han desarrollado las condiciones subjetivas. ¿Cómo pueden avanzar esos sectores, del terreno de sus luchas concretas a la calidad de sujeto de la revolución de liberación nacional? Lo hacen en la medida en que se dan cuenta de que aislados de otros grupos sociales que también están luchando, pocas posibilidades tienen de resolver su problema específico, y, por tanto, resuelven tomarse de la mano con otras luchas, con otras resistencias para unir su esfuerzo de manera solidaria. Así, por medio de la articulación de unos y otros, se va dando la acumulación de fuerza social y política que es indispensable para vencer a un enemigo de clase que siempre tiene más dinero, influencias políticas y capacidad de corromper a las autoridades. Éste es el primer paso. Los grandes frentes y movimientos que así surgen, tienen la capacidad de vencer en batallas significativas a la clase enemiga, así lo han mostrado ya también en el caso de México. Pero todavía no son el bloque político y social que hace falta para ganar la lucha de manera definitiva. Otro paso es el de ir más allá de lo que se ha podido hasta hoy y articular muchos de estos grandes movimientos en uno solo de carácter nacional, más grande y más poderoso que los logrados hasta el momento. Pero todo esto, sin embargo, constituye apenas una primera fase del proceso de construcción del sujeto revolucionario, la fase cuantitativa de la acumulación de fuerza. Porque todavía no se pasa de la etapa de la lucha por objetivos sociales concretos a la lucha por el poder político, para echar a la clase social dominante y sustituirla, esta es la segunda fase, cualitativa, que comprende necesariamente la elevación de la conciencia de los participantes y su organización para un combate más encarnizado y difícil. ¿Podemos explorar todavía más en concreto el proce-
so de construcción del sujeto revolucionario en el caso de México, con sus rasgos específicos? ¿Analizar qué pasos debemos dar en ese proceso? Sí, en efecto, este tema lo abordaremos en la cuarta parte de este trabajo.
Consideraciones finales: a) Lombardo y la Revolución necesaria hoy. Como lo hemos venido recordando, hace casi medio siglo, un pensador marxista del más alto nivel, dirigente obrero y luchador revolucionario, Vicente Lombardo Toledano, refiriéndose a la realidad de México, que sería aplicable a toda América Latina, proclamó: “Necesitamos una nueva revolución; ésta será la cuarta etapa de la revolución ininterrumpida de nuestra historia, después de las etapas de la Independencia, de la Reforma y de la lucha contra la dictadura de Porfirio Díaz. Esta cuarta revolución tendrá sus propias características… será una revolución basada en la vigorización de la conciencia de clase del proletariado y en la educación de las otras clases sociales que han de cooperar a la democracia del pueblo. Una revolución caracterizada por grandes movimientos de masas, vigorosos, resueltos y entusiastas”. En mi convicción, hoy estamos en los prolegómenos de esa gran revolución en México, como las que ya están avanzando en América Latina. Así lo puedo afirmar también en mi calidad de militante del Partido Popular Socialista de México y del Movimiento de Liberación Nacional. Una consecuencia de la agudización de las contradicciones sociales, fruto de la descomposición generalizada que se da en todas las sociedades capitalistas hoy en día, pero de manera mucho más intensificada en las sociedades capitalistas dependientes, es el hecho de que en éstas se dan constantes explosiones de rebeldía e inconformidad, de manera más o menos espontánea. Cada una estalla en el momento en que sus integrantes no soportan más y deciden luchar por sus derechos, por demandas concretas y, al hacerlo, cada grupo en lucha se convierte en eslabón embrionario del sujeto revolucionario, aunque cada uno mantiene una diXI
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námica específica en función de sus luchas particulares, se conserva, en principio, relativamente asilado de los demás y no advierte, todavía, la necesidad de elevar la mira y concentrar su esfuerzo en un objetivo político: tomar el poder y echar de él a la burguesía títere del imperialismo. Construir, con todos estos fragmentos, el bloque político y social cohesionado y articulado, que se convierta en sujeto transformador de la realidad social, ésa es la tarea de los revolucionarios en este momento, en eso consiste hoy en día organizar la revolución. Se trata de una tarea que exige claridad de ideas, gran dedicación, tenacidad y paciencia; también capacidad de comprensión de las necesidades y posibilidades de cada quién, y aptitud para comunicarse e interactuar con sectores que no siempre tienen los mismos códigos de lenguaje ni idénticos valores, que no comparten los mismos ideales a largo plazo en cuanto a la sociedad del futuro, y tampoco comparten su concepción sobre el universo y la vida. Pero que tienen la necesidad histórica de cerrar filas, de colaborar en una lucha histórica para liberar a la nación respecto de fuerzas del exterior, en nuestro caso el imperialismo, entendido principalmente como el capital financiero y corporativo internacional, pero también como el o los estados nacionales que están bajo el dominio de dicho capital, como los que integran la Unión Europea y, sobre todo, Estados Unidos. b)¿Reflujo en el movimiento de masas? Sustento que en nuestro caso, estamos en la etapa de la acumulación de fuerza, cuantitativa y cualitativa, en la fase de la construcción del sujeto revolucionario. Algunos observadores del proceso de luchas contemporáneas de nuestro pueblo piensan que en este momento concreto se está dando un retroceso o por lo menos un reflujo en los movimientos de masas; que tal vez hay un desánimo o una fatiga, puesto que no se están dando las grandes movilizaciones que se han registrado en otros momentos. Algunos de estos observadores piensan que es necesario buscar fórmulas nuevas, planteamientos novedosos o nuevos grupos para su reactivación. Sin embargo, parecen pasar por alto el hecho de que hasta ahora, las movilizaciones populares más numerosas, no obstante su magnitud, no han rebasado la etapa de acumulación cuantitativa de fuerza para avanzar con solidez a la fase cualitativa; por eso son espontáneas en alto grado; su articulación es circunstancial, y en mucho, se mueven ya sea en torno a un caudillo, a una consigna o, en el mejor de los casos, a un objetivo específico que no implica
la lucha por el poder. Por lo que ya hemos analizado, en ninguno de estos casos podríamos esperar razonablemente que como resultado de tales movilizaciones cayera la clase social dominante y fuera sustituida por otra, o por un bloque de otras, más avanzadas, porque para que eso suceda –una verdadera revolución social y política, clasista- no basta con la acumulación cuantitativa de fuerza, es necesario que se produzca también la acumulación cuantitativa. Diríamos en conclusión que los observadores que se desilusionan por “el reflujo”, erraron antes, al ilusionarse. Que no podemos desilusionarnos quienes vemos el problema con todos sus componentes, que comprendemos que el movimiento de masas en su fase de espontaneidad está sujeto a elementos contingentes de todo tipo y trabajamos, por tanto, por ampliar la acumulación de cantidad, pero también, al mismo tiempo, por desarrollar la acumulación de calidad, es decir, de conciencia y organización, para que las masas en lucha, la parte más avanzada de ellas, dirijan su esfuerzo ya no solamente a enfrentar su problema particular, sino a echar del poder a la clase social dominante, en nuestro caso una burguesía títere del imperialismo y, de esta manera, avanzar hacia la plena independencia económica y política de México. XII
c) El objetivo es derrocar a una clase social, no sólo vencer a un partido político ni desplazar a un gobierno, menos hacer que renuncie un individuo Aclaro que el objetivo del sujeto revolucionario es derrocar a una clase social –la burguesía al servicio del imperialismo-, no solamente vencer a un partido político por reaccionario que sea, tampoco a un gobierno en particular y menos todavía a un individuo, por despreciable que resulte. Ulises Ruiz es un cacique, criminal y ladrón, y Felipe Calderón es un reaccionario clerical y proimperialista, ambos son miserables. Personalizar la lucha contra tales individuos es acortar la mira y, por lo mismo, no educa al sujeto ni tiene efecto revolucionario alguno. Tales planteamientos, al sujeto en formación, lo confunden y lo distraen del problema central, ofreciéndole un falso enemigo principal. Y en nada ayudan a la tarea revolucionaria de la liberación nacional. XIII
d) El sujeto revolucionario, la cuestión de las alianzas y el ámbito electoral El sujeto revolucionario en proceso de construcción, debe estar abierto a una am-
plia gama de alianzas, aun las que por su carácter endeble puedan ser de muy corta duración. Pero debe construir su propia identidad, cuyo rasgo fundamental debe ser su convicción antiimperialista y latinoamericanista, por la liberación nacional y por la integración regional, económica y política, y por una democracia popular, no burguesa. Debe tener, en consecuencia, su propio programa y poseer claridad sobre la vía a seguir. Debe construir y mantener su independencia frente a clases sociales y proyectos políticos y sociales distintos, independientemente de que pueda y deba caminar junto con algunos de ellos –en alianza- en tanto haya coincidencias que así lo ameriten y permitan a dicho sujeto fortalecerse y avanzar hacia su objetivo, el de la liberación nacional Si las condiciones específicas aconsejaran participar en la arena electoral, el sujeto revolucionario debería hacerlo con su propio programa, con sus propios objetivos y con una ética elevada, en alianza con el o los partidos políticos que lo acepten bajo esas reglas, en ningún caso subsumido a alguno de los que existen ahora, con registro electoral, ya que los partidos que en algún momento se han dicho “de izquierda”, con sus actos cotidianos, con su manera diaria de hacer política, contradicen todo programa opuesto al neoliberalismo y toda vinculación con los intereses del pueblo. En esas condiciones hacen imposible, por incongruente, que un movimiento de masas que aspira a la liberación nacional pueda convertirse en una especie de corriente interna. Además, la conducta desaseada de sus cuadros en general, los del PRD, el PT y Convergencia, –con contadísimas excepciones que sólo confirman la regla- atentan contra la ética que es una cualidad indispensable del sujeto de masas en construcción. Por cuanto al frente electoral, sin embargo, hay que distinguir entre la lucha del sujeto revolucionario como ente colectivo, que se da en el plano nacional, por el objetivo de derrotar a la clase dominante, y ciertas necesidades particulares de algunos de los grupos y organizaciones que integran el colectivo. Es legítimo que algunas de ellas luchen por ganar y gobernar los municipios donde actúan, con un sentido popular, y también lo es que busquen tener representación para efectos de gestoría en un plano de honestidad. Por tanto, debe reconocérseles el derecho de participar en elecciones locales y municipales, en algunos casos, a través del partido que estimen adecuado para tales fines, tomando solamente las medidas de precaución adecuadas, para evitar que la participación electoral genere división y luchas internas en el seno del sujeto electoral
Por la liberación nacional y el socialismo en desarrollo, y desde luego para extirpar toda posibilidad de deshonestidad y oportunismo. e) Lo urgente hoy, poner el acento en lo cualitativo En el camino de avanzar en la construcción del sujeto, un paso ya impostergable, después del notable crecimiento cuantitativo que ya se ha experimentado en los movimientos de masas contra el neoliberalismo, es el de construir una concepción colectiva respecto del camino específico a seguir –que incluya sus variables- y que sea producto del consenso. Hasta hoy, dentro de estos movimientos de masas se han enarbolado una heterogeneidad de proyectos y vías –electoral, armada, de huelga política general, etcéteray distintas fuerzas organizadas de dentro del movimiento, aunque sin reñir entre ellas –lo que es una importante virtud - han trabajado, sin embargo, cada una por sacar adelante la que consideran más viable, y esto no ayuda a desarrollar una conciencia colectiva en el movimiento de masas sino que, al revés, genera confusión. En este aspecto es altamente saludable y promisorio el esfuerzo que emprendió recientemente el Movimiento de Liberación Nacional, organizando un debate interno que debe desembocar en eso, una agenda consensada de mediano plazo que asuman conscientemente las más de 50 organizaciones que lo integran. Alcanzado este objetivo, el siguiente paso será el de que todas ellas se conviertan en promotoras activas de esa concepción consensada, y la promuevan con razones en el seno de todos los movimientos de masas en el país. Esto podrá significar, en el corto plazo, un verdadero salto en el proceso de formación del sujeto revolucionario y acercar, por tanto, el momento del estallido y de la victoria de la Revolución de Liberación Nacional en México. Notas [i]
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Extracto de la conferencia dictada en el auditorio “Jacobo Herrera Salazar”, de la Secc. 22 del SNTE, el 18 de julio de 2009. Primera Parte. Vicente Lombardo Toledano, “Las Revoluciones de los siglos XIX y XX, características y perspectivas”, conferencia dictada en la Universidad Nacional Autónoma de México el 18 de julio de 1961; inédita. El 16 de abril de 1961, como lo recuerda la historia, Fidel, en su discurso en el sepelio de las víctimas del artero ataque a las bases aéreas cubanas en el preludio de la invasión de Playa Girón, proclamó el carácter Socialista de la Revolución Cubana. Vicente Lombardo Toledano hizo, en su momento un análisis teórico sobre la justeza de esta proclama, manifestando que en nuestro tiempo “una revolución verdadera… una que cambia el poder público de una clase social a otra más avanzada, no ha de seguir inevitablemente las etapas que recorrieron los pueblos de Europa… que lucharon contra el feudalismo, establecieron los Estados modernos, dieron el poder a la burguesía, desarrollaron el capitalismo y, finalmente, como ocurrió en Rusia en 1917… construyeron el socialismo. El mundo… ha cambiado… y en lugar de un solo sistema de producción económica hay dos: el capitalista y el socialista. Este
último ha seguido un ritmo de ascenso vertiginoso, en tanto que el otro vive en crisis general que anuncia su desaparición, considerada desde el punto de vista histórico… Los pueblos que se encuentran en estadios de desarrollo incipiente no pueden tener como modelo o estímulo ni el capitalismo ni su fase final –el imperialismo- porque han visto sus consecuencias y han sufrido su intervención en los asuntos internos de su país. […] En los dos años que tiene de esfuerzo constructivo, la Revolución Cubana logró sus primeros objetivos; pero por su propia dinámica ha continuado adelante…, pasó de ser una revolución popular, democrática, agraria y antiimperialista, a una revolución de tipo nuevo que rebasa el marco de las revoluciones democráticoburguesas de los países coloniales y semicoloniales del pasado. Expropió todas las propiedades extranjeras, norteamericanas casi en su totalidad. Repartió la tierra laborable del país entre las grandes masas rurales. Ha empezado a utilizar las riquezas de su territorio para construir su industria propia, sin dependencia del extranjero. Ha diversificado la agricultura. Ha orientado la economía nacional al servicio del pueblo. Ha cambiado… las relaciones de producción económica, del provecho para una minoría extrajera y nacional, al beneficio de la sociedad cubana… Estas son las bases que permiten afirmar que la Revolución Cubana camina hacia el socialismo.” Ver Respuestas de Lombardo a un cuestionario formulado por el periódico Pravda de Moscú. Reproducido por la revista Siempre!, 24 de mayo de 1961. Ver “Sobre la Revolución Socialista Cubana”, Vicente Lombardo Toledano, Escritos en Siempre!, Tomo III, Volumen 1. Pp. 269-276. CEFPSVLT. México. [iv] Vladimir Ilich Lenin, ”Nuestro Programa”, en Obras Escogidas, Editorial Progreso, Moscú, 1969, pág. 29. [v] La burguesía y la oligarquía no son exactamente lo mismo, aunque a veces se les confunde. La burguesía es la clase social dominante en el sistema capitalista, propietaria de los medios de producción y cambio y explotadora de la clase obrera. Es una clase social moderna en tanto que aparece con el modo capitalista de producción y éste es muy posterior a los modos esclavista y feudal de producción. No es una clase social homogénea por lo que hace a sus niveles de riqueza ni a sus comportamientos políticos y de otros tipos. Dentro del sistema capitalista hay contradicciones y luchas interburguesas e incluso, interimperialistas. En los países capitalistas dependientes por lo general un sector de la burguesía vincula sus negocios a los del capital externo –imperialista- y, por tanto, liga sus intereses económicos y políticos al mismo, subordinándose y convirtiéndose en su aliada servil; en tanto que otros sectores de la burguesía tratan de desarrollar sus negocios sobre la base del mercado interno, por lo que casi siempre son afectados por el capital imperialista y, en esas condiciones, suelen asumir posiciones antiimperialistas por sus propios intereses de clase, así tales posiciones sean a veces endebles y poco consecuentes. [vi] La oligarquía es un grupo minoritario de personas, pertenecientes a una misma clase social, generalmente con gran poder e influencia que dirige y controla una colectividad. La oligarquía, a diferencia de la burguesía, existe desde milenios atrás. Los escritores políticos de la antigua Grecia –de la época del esclavismo- emplearon el término para designar la forma degenerada y negativa de aristocracia. En la época moderna la expresión oligarquía se emplea con referencia a la clase social dominante y explotadora en los países dependientes que no vivieron una revolución industrial y no desarrollaron, por tanto, un sistema capitalista moderno, con sus clases sociales antagónicas, la burguesía y la clase obrera. Ésa, la oligarquía –generalmente terrateniente, ganadera o ligada a actividades mercantiles- es la clase social dominante en los países centroamericanos, por ejemplo, como Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador; también en otros, Andinos, como Bolivia, etc., y en la provincia de México, en todas sus zonas menos desarrolladas; es, diríase, una especie de burguesía rural. En tanto la burguesía en una época fue una clase social revolucionaria –en la etapa de la revolución democrático burguesa antifeudal- la oligarquía no lo ha sido jamás y se caracteriza también por su primitivismo social y cultural. [vii] La Revolución bolivariana de Venezuela ha sido pacífica, pero la contrarrevolución ha usado la violencia verbal y física; ha realizado un golpe de Estado militar para derrocar al presidente Chávez y ha intentado asesinarlo, tratando de detener la revolución. La revolución boliviana ha sido pacífica, pero la contrarrevolución también ha intentado derrocar al presidente Evo Morales por medio de la violencia. Una actitud semejante se ha dado en Ecuador, y en el caso de Honduras, donde el golpe de Estado se consumó. También vale recordar el caso de Chile, donde otra revolución pací-
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fica tuvo como respuesta la violencia en el más alto grado de criminalidad y culminó con el derrocamiento y asesinato del Presidente Salvador Allende y de miles de luchadores. Extracto de la conferencia dictada en el auditorio “Jacobo Herrera Salazar”, de la Secc. 22 del SNTE, el 18 de julio de 2009. Sólo la revolución industrial, el portentoso desarrollo de las fuerzas productivas que conlleva, da sustento a la desaparición de la propiedad privada que es el objetivo de la revolución socialista, según lo establecen de manera clara Marx y Engels en el Manifiesto del Partido Comunista, Engels en Principios del Comunismo, y Marx, de una manera más desarrollada, en El Capital. En el caso de Cuba, esta lucha se da de manera muy intensa a partir del 1 de enero de 1959, fecha de la victoria de la Revolución, hasta el año de 1961 cuando, el 16 de abril, Fidel proclamó el carácter socialista que en adelante tendría el proceso revolucionario. Una fecha muy relevante dentro de esta lucha es la del 6 de agosto de 1960, cuando, en un acto multitudinario en el Estadio Latinoamericano, Fidel proclamó la nacionalización de 26 poderosas empresas norteamericanas, como azucareras, telefónicas, eléctricas y petroleras, acción con la que la Revolución Cubana culminó su proceso de liberación económica y, por tanto, política, pasando de manera legítima a la calidad que aun hoy sustenta, de primer y único territorio libre de América, único, por tanto, en el que su pueblo está ya en condiciones de ejercer el derecho de autodeterminación, es decir la soberanía popular, de manera cabal. En estos tres países los proceso de nacionalización de los capitales extranjeros han avanzado, con los tropiezos de una lucha que es complicadas y, como ya dijimos, con altas dosis de violencia ejercida por la contrarrevolución interna y por el imperialismo, que trata de frenar el avance liberador por todos los medios a su alcance. Hasta hoy, en ninguno de ellos se ha conseguido la cabal recuperación para la nación de sus riquezas y con ello su plena independencia, por lo que se trata de revoluciones de liberación nacional en proceso de desarrollo, hacia su segunda y definitiva independencia. En ninguno de estos países se ha conseguido tampoco, todavía, por tanto, la plena independencia política. El sujeto revolucionario, en los tres casos, ha tomado el gobierno y avanza hacia la toma del poder económico y político, y hacia el objetivo de expulsar del mismo a la oligarquía proimperialista, sin haber consumado esa etapa. En los tres casos, han tenido que emprender la formulación de nuevas Constituciones, porque las que tenían eran instrumentos jurídicos sumamente atrasados, con los que en modo alguno podía coexistir un proceso liberador ni menos desarrollarse. Vicente Lombardo Toledano, La perspectiva de México, una Democracia del Pueblo, informe a la III Asamblea Nacional Ordinaria del Partido Popular. Se puede consultar en la página web: http://www.ppsm.org.mx/ vlt/libros/03LaperspectivadeMexico.pdf Tales limitaciones han estado presentes en las expresiones populares masivas que se han dado en torno a la figura de Andrés Manuel López Obrador, primero contra la maniobra del gobierno de Fox para desaforarlo e impedirle por malas artes que pudiera ser candidato presidencial; después para protestar por los actos antidemocráticos, ilegales en muchos casos, para reducir su votación e incrementar la de Felipe Calderón y así despojar a AMLO de una victoria electoral que le parecía segura, y finalmente, en la mucho más importante –cualitativamente hablando, en términos del interés nacional- movilización en defensa de la industria petrolera nacionalizada. Las dos primeras movilizaciones fueron en torno a un caudillo, y la última tuvo ese mismo ingrediente y, al mismo tiempo, el otro, el de haberse dado en pos de un objetivo concreto, en este caso impedir que el Congreso de la Unión aprobara la “reforma energética” privatizadora promovida por el gobierno de Calderón. El caso de la APPO, fue en mucho el de la movilización en torno a una consigna que alcanzó fuerte impacto popular y que coreaban las masas con entusiasmo: “ya cayó, ya cayó, Ulises ya cayo”, objetivo que no fue alcanzado. Las de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, muy combativas por cierto, han sido también en torno a objetivos concretos, en fin. Es un hecho que los antecesores de Ulises Ruiz no gobernaron de manera distinta a éste; como tampoco Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo y Vicente Fox fueron diferentes de Calderón en ninguna cuestión de esencia, ni siquiera en el ámbito de su origen electoral, de una u otra manera altamente viciado y antidemocrático, si bien la protesta de López Obrador ha puesto los reflectores sólo en el último mencionado.
Esta cinta, filmada en 2007, es una bella oda a la amistad y a la lealtad. Un digno ejemplo de cómo un amigo es capaz de cumplir una promesa sin importar las dificultades que se tengan que sortear.
C
on guión de Yang Zhang y Yao Wang, y bajo la dirección del mismo Yang Zhang, esta producción China nos enseña el valor de la amistad, una amistad que para el personaje principal es casi sagrada. Zhao y Liu son amigos; ambos, hombres de campo, tienen que emigrar a la ciudad a buscarse la vida. Durante cuatro años laboran en la construcción, siendo compañeros de trabajo y de copas. Una noche, Liu muere mientras están bebiendo y Zhao decide cumplir la palabra empeñada
a su amigo, ya que ambos se habían prometido que quien muriera primero llevaría al otro hasta su casa a recibir un entierro digno. De esta manera Zhao emprende una larga travesía con el fin de trasladar al amigo muerto; aun violando las disposiciones legales sobre el traslado de cadáveres decide llevar sobre sus espaldas el cadáver de su amigo a lo largo de cientos de kilómetros enfrentando un sinnúmero de situaciones, unas favorables, otras adversas. Durante su viaje se va topando con algunos personajes quienes deciden darle
apoyo transportándolo en diversos vehículos con su pesada carga, creando, en el transcurso de su travesía, lazos de amistad y hasta en una de sus jornadas parece que encuentra el amor. Un drama que paulatinamente se va convirtiendo en comedia, enterneciéndose uno con la actitud de Zhao, quien lo mismo enfrenta, a una banda de ladrones, cuyo jefe conmovido por el valor de la lealtad, regresa el botín a quien respeta una promesa de amistad. Una madre que “dona” ilegalmente su sangre y recoge trapos viejos para que su hijo pueda estudiar en la universidad. También convence a un hombre de que lo más importante es seguir con vida y con ello tener fe para reconquistar al amor perdido, después de sufrir una decepción amorosa y estar a punto del suicidio. Acude a un falso funeral en una aldea, y hasta prepara su propia muerte al llegar a un punto donde se siente frustrado al creer que no podrá cumplir su promesa, pero a pesar de todo utiliza todo su ingenio y fuerza física para transportar el cadáver. Nos muestra además, la solidaridad que va obteniendo de las personas que encuentra en su peregrinaje, asimismo de las diferentes situaciones “chuscas” donde el espectador no puede dejar de soltar la carcajada con algunos eventos humorísticos, ya que a pesar de ser un cadáver uno de “los protagonistas” hacen que esta cinta sea de un humor fino, creando del protagonista principal un personaje al cual se le va tomando cariño y hasta se sufre con él, hechos que convierten a esta película en una comedia sentimental y humana. Una película, que en el transcurso de la misma, nos muestra hermosos paisajes de China través del recorrido de cientos de kilómetros por verdes valles y por montañas. Con una gran dosis de ingenuidad pero dando cátedra de actuación, el actor cómico más famoso de China el comediante Zhao Benshan (Zhao) está muy lejos de caer o recurrir al chiste vulgar o las palabras altisonantes o de doble sentido para arrancar la risa del espectador, lo que hace de esta cinta una obra digna de disfrutarse. odranoel_2303@hotmail.com