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Herramienta Generosa Vol2: Addendum

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Tratamientos para evitar la erradicaciรณn: objeto enigmรกtico

HERRAMIENTA GENEROSA

VOL.#3

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Es deliberado que esta publicaciรณn ha sido impresa en papel autocopiante (CFB). En este papel una parte inicia y transmite; otra recibe y documenta; y otra ignora y esconde.

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Esta publicación acompaña a la publicación Herramienta Generosa Vol.2, subvencionada por la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades y el National Endowment for the Humanities.

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INDICE ANTESALA

Michy Marxuach 05__Un acompañamiento 07__Un Acercamiento 09__Una propuesta

AUSENCIAS DELIBERADAS

TEJER - DESTEJER

12__ ANA ROQUÉ DE DUPREY

149__ARTE, CULTURA, ARTESANIA, Esteban Valdés

13__ Enseñando en paréntesis, Michy Marxuach

22__ Mis primeras impresiones de la maestra de toda mi vida, Angela Negrón Muñoz

26__ A mis compatriotas, Ana Roqué de Duprey

157__ GUION Y RAYAS: TEXTOS HABLADOS O SIGNOS EN UN DIÁLOGO - un acercamiento a compartir sin comillas. Un intento de vincular o de alguna forma ser un signo auxiliar, Michy Marxuach

28__ A la mujer puertorriqueña, Ana Roqué de Duprey

160__ DICCIONARIO DE FICCIÓN ABSTRACCIÓN, Michy Marxuach

30__ PALÉS MATOS

31__ Todo secreto depende de una señal, Michy Marxuach

35__ Orquestación diepálica, Luis Palés Matos

36__ “El dadaísmo”, Luis Palés Matos

38__ ELSA ESCABI

39__ Traducir un texto al alemán sin saber alemán, Michy Marxuach

LA VIDA SOCIAL DEL OBJETO 359 días en 19 meses: tejiendo la textura que completa la oración 53__ HACIA EL DERECHO DE LOS OBJETOS (TEJIENDO LA TEXTURA QUE COMPLETA LA ORACIÓN), Fernando Estévez 58__ OBJETO#1: Aro Lítico 68__ OBJETO#2: El Sapo y la Cueva 76__ OBJETO#3: Alfarería indígena 90__ ¡NUESTROS INDIOS SIGUEN VIVOS! Roberto Martínez Torres 100__ OBJETO#4: La Pintadera 108__ PINTADERA CALENDÁRICA ANTILLANA, Pedro C, Escabí Agostini 118__ OBJETO#5: Banquetas Chéveres 134__ OBJETO#6: Arrecife Tallado

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El verbo contar tiene dos acepciones: la matemática y la literaria. ¿Qué narra? El mito cosmogónico. El tiempo mítico es siempre el tiempo presente, siempre y cuando con el mito se corra el ritual: contar las cuentas y meditar la leyenda. ¿Cuál es la leyenda o mito? Es la historia hasta el presente. ¿A dónde voy? La parte más importante de la historia está en la recreación necesaria para resolver el problema más grande del hombre. (Extractos de Escabí Agostini, Pedro. El Rosario: Vista parcial del Folklore de Puerto Rico. Ponce: Casa Paoli del Centro de Investigaciones Folklóricas de Puerto Rico. 2000, segunda edición). Monotipos del estudio de petroglifos de Puerto Rico, de Mónica Flaherty. Registros realizados en 1957 en el Río Coabey, Jayuya; colección de Para la Naturaleza. Manejo de objeto de colección junto con Escuela de Oficios en la área natural protegida Las Lunas., Cayey, Puerto Rico.

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UN ACOMPAÑAMIENT0 Michy Marxuach

Tratamientos para evitar la erradicación: objeto enigmático acompaña y comparte preguntas que nos hacemos de manera constante para poder seguir pensando el país. Actualiza información de manera autónoma, revisa las construcciones coloniales e investiga casos que enriquecen o tronchan búsquedas de convivencia y aprendizajes colectivos. Esta publicación es fruto de una voluntad y de una metodología que parte de lo intuitivo, de la escucha, de lo afectivo, de la narración y de la práctica de revisar, usar y experimentar lo que se construye en la deriva trazada al depositar la confianza en otros. Una suerte de experiencias que reordenan el presente y se proyectan hacia el futuro, acercándose a las historias pasadas. Un relato, entre muchos otros posibles, que establece una relación con los objetos y sus vidas, y que nos retan a la acción. Una historia entre muchas posibles historias que no pueden redactarse de manera teórica, ya que trabajan desde otro lugar, y si no abrazan el desconocimiento, se anulan. Julia Morandeira describió la intención de este libro de la siguiente manera: una historiografía bastarda, contaminada, que surge del ímpetu de generar nuevos vocabularios. Yo añadiría: una historiografía polifónica1.

de nuevo, recogen y usan pedazos para poder imaginar y hacer. Los objetos inertes, las historias transmitidas y las relaciones afectivas son y producen conocimiento: crean, potencian, avivan y pueden evitar la erradicación, dado que son actores de la vida social cuando se usan en comunidad. Estos objetos distorsionan el ensimismamiento. Son entonces una apuesta optimista frente al desasosiego de existir en “la soberanía de la sensación directa”2 .

Según la Wikipedia, la polifonía en música se refiere a un tipo de textura musical en la que suenan simultáneamente múltiples voces melódicas que son en gran medida independientes o imitativas entre sí, de importancia similar y ritmos diversos. Por lo tanto, se diferencia de la música a una sola voz (monofonía) así como de la música con una voz dominante melódica acompañada por acordes (homofonía). 1

Así habla Malevich: "El arte llega a un desierto donde la única cosa reconciliable es la sensibilidad. Todo lo que determinó la estructura representativa de la vida y del arte: ideas, nociones, imágenes… todo eso fue rechazado por el artista, para volcarse solamente a la sensibilidad pura.” Superación de la representación del objeto, soberanía de la sensación directa. Uno va limpiando, limpiando, limpiando la tela de la sensibilidad de todas las excrecencias. No por un ideal ascético sino por un Eros más pleno.” Salomao, Waly. Hélio Oiticica ¿Qué es el parangolé? y otros escritos. Rio de Janeiro: Editorial patoen-la-cara, 2003. Pág. 22 2

Vivimos con los objetos, con las ausencias deliberadas, con los espacios y procesos de teorías que recorren la experiencia humana, con sus incertidumbres y sus traducciones. Nos dejamos guiar por compañeros que nunca conocimos, pero que por diversas razones han sido distanciados históricamente. Intentamos mapear desde lo afectivo, desde la sospecha y desde la experiencia que se activa al estar frente a y con los materiales. Nuevos compañeros arrojan luz sobre posibles teorías que unen a todos los personajes y objetos envueltos en esta publicación. El afán que ha existido estos 359 días y 19 meses es al mismo tiempo trabajo corporal, anhelo e interés por distinguir lo que implica “llevar una vida en ceremonia de participar en una ceremonia”. Las inscripciones narrativas que aquí se presentan surgen de lo vivido y por lo tanto plantean un punto de vista múltiple, que nos ayuda a existir de manera simultánea entre las transmisiones, las incertidumbres, y los aprendizajes generosos y colectivos. Pero sobre todo tejen

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Una de tantas definiciones de tratamiento: procedimiento aplicado a una o más de una de la(s) variable(s) independiente(s) que generará (o no) un cambio en los valores de la(s) variable(s) dependiente(s). Véase diseño experimental.

Piedra tacita; roca esculpida usadas para moler en asentamiento indígena en Tucson, Arizona.

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UN ACERCAMIENTO Michy Marxuach

En el ensayo La lectura de las piedras, Roger Caillois fija su mirada en aquellas piedras que, a diferencia de los gabinetes de geología o de mineralogía, no explican la historia del mundo a través de sus capas, sino que transmiten su ímpetu transversal a través de tangentes y curvas, sin evolución lineal, con espacios y grietas para el juego, la transgresión y la estética1. Colocar algo en una posición cercana es una forma de reordenar. En esta publicación, el objeto es tanto un territorio recorrido y reordenado como una guía que nos hace visitar y habitar las entradas del archivo, las imágenes que provocan fantasías, y los textos que re-escriben narraciones recibidas y nos permiten invocar a los seres vivos o muertos que han sido silenciados. Tomando como título la expresión prestada de un colega, Ausencias Deliberadas reúne algunos datos de algunas personas, dos que ya no están con nosotros, y que resumen las sensaciones y frustraciones que el término aborda. Gilberto González, autor de la frase que nos apropiamos, la define de la siguiente manera: “El significado para mi hoy sigue siendo el mismo que cuando lo planteamos; se trata de hacer que alguien no aparezca, no tenga representación pero que parezca obedecer al orden natural de las cosas.” Añado aquí parte de la transcripción de una conversación con Fernando Picó que me ayudó mucho a visualizar y entender más estos agujeros que observamos en la historia: “Si haces historia sólo a partir de lo que dictan las cartas de los gobernadores a sus subalternos, lo que pasa allá abajo, lo que pasa a nivel de tierra, y así para todo lo demás, es lo mismo. Yo creo que hay mucho que revisar por ahí abajo, hay que explorar otras narrativas. Muchas veces me he metido en líos simplemente por seguir algo que no era canónico… Entonces te das cuenta de que muchísimas cosas se dicen, se repiten, se vuelven a repetir, y conforman la historia recibida, sin que nadie las haya investigado. Y por eso digo yo que la historia de Puerto Rico está por hacerse.”

una metodología y una posición desde la que leer, escribir y entender los mecanismos de producción de la historia. Julia Morandeira la aprendió del historiador del Atlántico y la esclavitud Marcus Rediker, y yo la recojo de Gilberto González. Pero es un impulso que resuena en muchos otros lugares y geografías, como demuestra este antiguo proverbio africano: hasta que los leones tengan historiadores, los relatos de la caza seguirán glorificando a los cazadores. Esta publicación es, entonces, un gesto de reivindicación de la memoria de los leones.

"En su ensayo La lectura de las piedras, Callois enfoca su mirada en aquellas piedras que justo no tienen ningún valor más que para quien ve en ellas reflejado algo más, un simulacro sin serlo, puesto que estas imágenes, estos dobles, no pueden ser copias ni representaciones. Para Callois, en esta extraña coincidencia radica la fascinación del coleccionista que se deja seducir por su entorno y el sentido de pertenencia que provoca poseer tan siquiera un pedazo, un fragmento de ese todo del que somos parte. A diferencia de los gabinetes de geología o de mineralogía, Callois ni coleccionaba piedras para explicar la historia del mundo a través de sus capas. Su ímpetu era otro, transversal, "diagonal" como él le decía a la ciencia a través de la cual concebía a la naturaleza: sin lógica ni orden, sin evolución lineal, con tangentes y curvas, con espacios y grietas para el juego, la transgresión, y la estética." Satorre, Jorge en colaboración con Ventura, Onésimo. Usted me dijo que los artistas tienen pacto con el diablo. Un proyecto de de_sitio para "Oíd el sueño de una palabra", un proyecto para la Bienal de las Américas en Denver (2015) en colaboración con el Museo Comunitario del Valle de Xico y el Colectivo Xico Arte. 1

Esta publicación es, entonces, una invitación a hacer historia desde abajo. Desde las experiencias subalternizadas, desde las redes de solidaridad deliberadamente olvidadas, desde las ideas, los cuerpos y afectos borrados. Hacer historia desde abajo es tanto

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“Hay en Puerto Rico una yerba llamada bruja. Bryophylum pinnatum (Lam) Kurtz. Bruja, yerba bruja (5). De las crasuláceas (familia de la bruja)... [PAUSA] ...que sobrevive casi todos los tratamientos de erradicación. El nombre vulgar de bruja hace referencia a su resistencia a los tratos más crueles que puedan dársele. El tallo carnoso retoña con facilidad; y cada ondulación o mella de las hojas también carnosas, es una región potencial para el desarrollo de una matita. Aún guardadas en libros o suspendidas en clavos las hojas suelen retoñar.”

Seminario Curatorial “Species Plantarum: Ver sin ser vistos”, organizado por Tenerife Espacio de las Artes (TEA) el 19-21 de agosto de 2016. Buscando la Yerba Bruja en las libretas de Domingo Bello, encontradas en los archivos del Museo Municipal de Bellas Artes en Tenerife. Ejercicio de manejo del objeto en colección en grupo.

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Pues bien. Riego, contra la mano intrusa y el cultivo extraño, esta sementera de bruja. Y, como “aún guardadas en libros sus hojas suelen retoñar, acariciándome quedo con la esperanza”. (Extractos Corretjer, Juan Antonio. Yerba Bruja, 1957. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1970)


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UNA PROPUESTA Michy Marxuach

¿Qué piel necesitamos para ser interlocutores vivos? ¿Cuál es la superficie epidérmica que deja relucir los indicios de las fluctuaciones que agrietan los procesos de homogeneización y colonización? ¿Cómo asumir las incertidumbres que todo proceso de cambio implica para poder entonces crear un espacio de resistencia ante y desde nuestras geografías? En momentos de turbulencia como los que vivimos, en los que todo queda fragmentado, medido y encasillado, me pregunto: ¿cómo nos posicionamos ante esta incertidumbre? Con esta nueva piel, ¿seguiremos separando el contexto y el contenido del cuerpo y la materia? ¿Seguiremos perpetuando procesos de clasificaciones discriminatorias? ¿Qué espacios de convivencia abriremos para permitir que aflore la diversidad natural que la propia superficie presenta? ¿Qué estructuras creamos y cuáles derrumbamos? ¿Qué espacios apoyamos y cuáles inventamos para desempacar significados, para rescatar y plantear momentos de urgencia? ¿Cómo construir canales compartidos de aprendizaje donde puedan coexistir múltiples historias? Si nos presentamos como interlocutores vivos, ¿seremos capaces de establecer relaciones también con la materia inerte, con las historias ausentes? Entonces será cuando podremos desarticular posiciones deliberadas, dejando en la sombra rastros de nuestra construcción, y de este modo, re-articular perspectivas múltiples desde los aprendizajes vividos. El conocimiento cambia. Las disciplinas se concentran en hipótesis que, puestas a prueba, crean nuevas hipótesis. Pero la fragmentación sistematizada a la que las estructuras someten experiencias y conocimientos mutila el potencial que los saberes y vivencias contienen. Tomando la libertad poética de Glissant1, me pregunto, les pregunto: ¿qué paisaje resuena? ¿Qué paisaje aceptas y qué paisaje quieres cambiar? ¿Cómo podemos colectivamente imaginarlo? Agradezco a Marcela Guerrero que, tras una conversación, me compartió el texto de Glissant de dónde extraigo esta cita: “Y a mi forma de ver, solamente una poética de la relación, es decir, un imaginario que nos permita comprender “esas fases y esas implicaciones de las situaciones de los pueblos en el mundo de hoy”, nos autoriza tal vez a intentar salir del confinamiento al que estamos reducidos. [...] Para mi forma de ver, esa propuesta significa salir de la identidad, raíz única, y entrar en la verdad de la criollización del mundo. Pienso que serán necesarias aproximaciones del pensamiento del rastro/residuo, de un ”no sistema” de pensamiento que no sea denominador, ni sistemático, ni imponente, un “no sistema” intuitivo, frágil y ambiguo de pensamiento, que convenga mejor a la extraordinaria complejidad y a la extraordinaria dimensión de multiplicidades del mundo en el cual vivimos. Atravesado y sustentado por el rastro/ residuo, el paisaje deja de ser un escenario conveniente y se vuelve un personaje del drama de la relación. El paisaje no es más la cubierta pasiva de toda la poderosa narrativa, pero sí la dimensión cambiante y perdurable de toda mudanza y de todo cambio.” Glissant, Édouard. Criollización en el Caribe y en las Américas. POLIGRAMAS nº30, junio 2008. Págs. 17-18 1

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AUSENCIAS DELIBERADAS


ANA ROQUÉ DE DUPREY

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Enseñando entre paréntesis Michy Marxuach

Las descripciones de Ana Roqué de Duprey destacan por su ademán brioso, pero también por algo insólito, que casi nadie acertaba a comprender: cómo alguien enseñaba entre paréntesis, desviando la atención de los estudiantes del material de estudio para hablar en 1920 sobre la mujer, su porvenir y su situación en Puerto Rico. Ella nos reclamaba “sacudid de una vez la apatía inveterada de una vida sin objeto, de una vida insustancial.” Y decía a sus mujeres estudiantes de la escuela elemental: “Suyo será el porvenir, si saben prepararse para ese futuro que ya nadie podrá detener.”

por costumbre, y no por maldad de corazón — fundando su exclusiva preponderancia, en la ley de la fuerza, como en las épocas de la barbarie. Más todos los hombres no son hoy inhumanos, ni albergan ese egoísmo injusto en su corazón. Sacudid de una vez la apatía inveterada de una vida sin objeto, de una vida insustancial. Las dificultades que envuelve su naturaleza inagotable nos hace necesario adornar una obra para que pueda ser aceptada por las multitudes profanas, vulgarizando así los conocimientos útiles entre el pueblo, aunque sean amenidades profanas a la ciencia.

De sus textos se desprenden tejidos sobre lo que somos, lo que se potencia y lo que acontece, intercalados desde la transdisciplinariedad de una vida.

Al día de hoy, los manuscritos de Flora Puertorriqueña y Antillana que Ana Roqué de Duprey escribió no se han publicado, ni la versión del 1908 ni la del 1925. La primera fue devuelta a petición de la Academia para que aquellos términos que no eran acordes con las terminologías “universales” de la botánica fuesen corregidos. La segunda edición es la versión corregida y cuenta con 33 libretas que según Eliván Martínez, del Centro de Periodismo Investigativo, es la última versión y la más completa. Ambas publicaciones están traducidas por ella misma al inglés.

La construcción del siguiente párrafo surge a partir de frases encontradas en sus textos: La sabia naturaleza casi siempre coloca el remedio junto a la enfermedad de cada país. Nosotras estamos rodeadas de veintiuna repúblicas latinas, y aún somos colonia: una colonia que sufre, pobre e infeliz, bajo la bandera estrellada de la nación más grande de la Tierra que permite nuestra explotación y no nos da libertad bastante ni nos deja casi desarrollar nuestras iniciativas para buscar nuestra felicidad. Los caprichosos y espléndidos panoramas, de matices variados, que se desarrollan ante su vista, se destacan frente a aquel capaz de comprenderla. La nación americana, la primera en el mundo en el actual momento histórico por la voluntad indomable de sus hijos, posee un jirón de tierra, en uno de estos jardines del mar, saturado de los ardientes efluvios de nuestro sol de fuego que aviva la savia en los troncos, y hace florecer y fructificar los árboles en todo tiempo en las condiciones más anormales. Y esta colonia, jirón de tierra americana desprendida de los Andes, es la primera tierra americana que proclama la reivindicación de la mujer de este continente. Nuestro esencial deber es unir voluntades. Mientras nuestro pueblo esté desunido, mientras cada puertorriqueño, atendiendo a su propia conveniencia, piense a su manera, nada conseguiremos, nada somos y nada seremos. Soy la más firme defensora de los derechos de la mujer hollados por las leyes y sociedades formadas por los hombres, los que se han dejado dominar por un inhumano egoísmo — quizás

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Las imágenes de las páginas 14-19 fueron tomadas el 14 de julio del 2016, en el archivo del Centro de Investigaciones Históricas (CIH) de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras. Dicho centro es el depositario de las libretas originales de la versión del manuscrito Flora Puertorriqueña y Antillana de 1908, por Ana Roqué de Duprey. Ana Roqué de Duprey fue escritora, educadora, activista por los derechos de las mujeres y una de las fundadoras de la Universidad de Puerto Rico (2, 3, 4). Además, es considerada como una de las precursoras del feminismo en Puerto Rico, y fundó en 1917 la Liga Femínea Puertorriqueña, la primera organización adscrita a este movimiento en dicho país. En 1884, tomó un puesto como profesora en Arecibo y además, se inscribió en el Instituto Provincial donde obtuvo la licenciatura de filosofía y ciencias. En 1894 fundó la revista La Mujer, que fue la primera publicación editada por una mujer puertorriqueña, Asunción García Gaona (8). En 1924, fundó la Asociación Puertorriqueña de Mujeres Sufragistas, que se transformó en una de las organizaciones más poderosas en la lucha por establecer el derecho de las mujeres al voto (12, 13), un objetivo que se hizo realidad en 1932 y que entró en vigor para todas las mujeres en 1935. Los textos de las páginas 22-29 son una selección y transcripción de algunos de los textos publicados en la Revista Trimestral publicada por la Asociación de Mujeres Graduadas de la Universidad de Puerto Rico. Octubre 1941 dedicada a la memoria de Doña Ana Roqué de Duprey. En este volumen Doña Ana Roqué de Duprey habla y de ella se habla.

Nota tras el ensayo “Nuestro Objeto” del libro Flora Puertorriqueña y Antillana En este manuscrito, Ana Roqué de Duprey escribe en la página 16: “Pero como el objeto de este trabajo es principalmente la vulgarización del conocimiento común y científico de nuestra rica y no bien conocida flora, hemos omitido muchos detalles.” Y en la siguiente página escribe: “Estas hermosas hijas de la naturaleza fueron los primeros seres organizados que aparecieron en la Tierra, mucho tiempo antes que el hombre viniera a la vida. Las primeras plantas vinieron con la organización más sencilla. Las criptógamas reinaron solas en aquellas oscuras edades, en las cuales la costra terrestre se estaba formando, y los helechos arborescentes alcanzaron un gigantesco tamaño. Sumergidos después estos extensos bosques en las profundidades de la Tierra, quizás por cataclismos naturales, sus troncos petrificados nos proveen hoy con el carbón de hierro y otras sustancias muy necesarias para el progreso de nuestras modernas industrias.” Ella misma establece por qué eliminó clasificaciones, e intercala en el escrito lo poético cuando alude a los primeros seres organizados (las plantas), hecho que se repite a través del libro donde se entremezclan versos de colegas entre páginas de botánica. En un sinnúmero de ocasiones sale a relucir su inquietud por el país y sus comentarios sobre la economía que podría devengar esta publicación y ser recurso para Puerto Rico. Un ejemplo concreto es cuando habla del valor de venta de una usnea plicata en Europa. Estas inserciones que atraviesan la publicación arrojan pistas de su voluntad transdisciplinar y la multiplicidad de sus intereses.

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Mis Primeras Impresiones de la Maestra de toda mi vida Angela Negrón Muñoz Tendría yo diez años cuando la ví por primera vez. Era yo una niña mansa y tranquila que sabía estarse quieta y callada bajo la mirada indicadora de la persona mayor con quien salía. De la mano de mi padre entré en aquélla, para mí, extraña casa. Mi padre saludó a la mujer que le salió al encuentro, con frases gentiles que eran corrientes en sus labios, pero la mujer contestó de manera distinta a las demás mujeres que yo había oído. Me interesó desde el primer momento. Yo no le interesé a ella. Faltábame la viveza que a ella le gustaba encontrar en la niñez; inquietud en el pensamiento, actividad para la acción. Sólo por un instante atraje la atención de la artista que había en aquella excepcional personalidad varias veces multiplicada. Quedóseme mirando, y todavía siento la atracción magnética de los pozos negros en que se anegaban sus pupilas húmedas, rutilantes, como dos luminarias: — tiene usted una criatura preciosa — dijo a mi padre — añadiendo, enseguida: — pero no dice nada. — Es muy obediente — contestó mi padre, sonriendo, y siempre al salir se le encarga que sólo hable cuando le pregunten. Doña Ana movió la cabeza de lado a lado. Aquella hermosa cabeza suya, con la cabellera todavía oscura,

empezando a flotar, al descuido, algunas hebras de plata. Fué ésta, para mi, su primera lección de pedagogía… Yo hubiera querido rogar: —no nos vayamos todavía — cuando mi padre se puso en pie para despedirse. Aunque no la comprendía, la charla de aquella mujer, como yo no había visto otra, deseaba seguir escuchándola, indefiniblemente, pero no me atreví a decir nada. La noche de ese día soñé con doña Ana…

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Reproducido exactamente del texto impreso en la revista de la Asociación de Mujeres Graduadas, Universidad de Puerto Rico, año IV - Vol I, Octubre, 1941

Tres años después volví a verla. Ingresaba yo en el Liceo Ponceño, instituto de primera y segunda enseñanza que ella fundara en la ciudad del sur. Desde el primer día que la viera, habíame perseguido el recuerdo de aquella fuerza para la que parecía no haber diques. La irrupción de la estampa de su persona en el estrecho panorama de mi vida de niña era algo que yo unía, en mi pensamiento, a las entradas a Ponce de mi tío, Luis Muñoz Rivera, en las manifestaciones populares más grandiosas y encendidas que han visto mis ojos. Y ahora llegaba cerca de ella. Ahora iba a ser mi maestra… Doña Ana, tal como la evoca mi memoria sobre el telar de tan lejanos días: la figura pequeña, pero robusta; el cuerpo erguido, arrogante; la frente altiva y tersa, el ademán brioso. En la expresión encantadora del rostro, enérgicamente impresa la decisión. Una de sus cualidades máximas, que le ayudaran a acometer, resueltamente, grandes empresas, el valor, vivo siempre en el paso, en la mirada, en la palabra. Y toda plena de gracias femeninas. Mi padre sentía profunda admiración por la vida y la obra, el talento y los ideales de la señora Roque de Duprey. Su espíritu liberal y progresista acercábale al gigante espíritu femenino de su época y a su labor cívica y pedagógica. Sin pensar tal vez en todo lo que me daba en aquellos momentos, me puso en aquellas sabias manos de mujer. Yo escuchaba en mi casa hablar de Doña Ana como de algo insólito que casi nadie acertaba a comprender. Las mujeres de su época, aún las que distinguiánse por inteligentes, no entendían a doña Ana. Doña Ana quería otro tipo de mujer, distinta en ideología y en la acción, aunque la misma en su fondo generosa y digno. Doña Ana quería pensamiento y acción fuertes, engrandecedores, fructíficadores. Quería sangre nueva para la nueva vida en que la mujer iba a tomar tanta participación trascendente.— Suyo será el porvenir, de la mujer, si sabe prepararse para ese futuro que ya nadie podrá detener— nos decía, muchas veces, en los interesantes paréntesis de sus clases. “¡Feminismo!” La palabra horrorizaba a casi todas las personas, con excepción de media docena de hombres


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y alguna que otra mujer. Doña Ana era feminista. Por primera vez había pronunciado ella en la Isla el temido vocablo y, lo que era más peligroso, lo había defendido y propulsaba ahora el movimiento emancipador entre sus compatriotas. Mi madre y mi tía Luisa, de cuyas bellas figuras aristocráticas habría hecho Velázquez otros espléndidos retratos de Corte, aferradas a la tradición de su estirpe hidalga, no aprobaron la determinación de mi padre. Ellas querían un profesor que me transmitiera cultura, pero no las ideas tachadas en la época de revolucionarias, que sustentaba doña Ana. Yo llegaba del colegio diariamente con una idea rara en la cabeza y una frase libertaria de doña Ana en los labios, frase que yo repetía hasta aprenderla de memoria. Su cátedra, que mantenía el interés del alumno todo el tiempo, estaba salpicada de anécdotas y era ligera y grata por el despliegue de sus alas propias sobre el campo del asunto a enterarnos. Aprovechaba toda ocasión para llevarnos más allá de los textos y foetearnos la inteligencia con el áureo látigo de la suya, capaz de trepar las más empinadas cumbres. De sus labios oí, por primera vez, los nombres de las causas porque hoy luchan los hombres y naciones: democracia, justicia para el pueblo, defensa para la niñez, derechos iguales para ambos sexos, cultivo de la inteligencia para todos por igual, ricos y pobres, blancos y negros. Libertad para todos los pueblos de la tierra. Yo callaba, escuchándola con arrobamiento y en mi alma iban prendiéndose sus ideas con raigales de acero pero, tan discretamente, que ni ella misma, con sus enorme inteligencia lo notara ni mucho menos la pobre niña podía darse cuenta… — ¿Y mi hija? — le preguntó un día mi padre. —Sigue imperturbable, no da señal de avivarse—contestó ella. ¿Estudia? — tornó a indagar mi padre, — Tal vez, pero no lo demuestra mucho. Esperemos, sin embargo, a ver si la ley de herencia se manifiesta….— volvió a contestar doña Ana, con profundo desencanto de mí. Yo estaba ese día terminando unos problemas de aritmética, que detestaba, aislada en la sala íntima de la maestra. Esta sala, a la usanza de la época, tenía aspecto severo: negros muebles y las cortinas blancas, de tul, elaborado con motivos vegetales. Algunos retratos y nada más, aparte de algún vaso con alguna flor natural sobre el piano. Era éste el sitio donde

doña Ana recibía las visitas de cumplido. En el resto de la casa reinaba una gran sencillez. El Liceo estaba instalado en una amplia casa de madera en la calle del León. Mis padres vivían en la calle Mayor, en la misma manzana, colindando el patio de nuestra casa con el del colegio. Mis padres habían hecho abrir una puerta en el muro divisorio, a fin de que yo no atravesara la calle cuatro veces al día. Doña Ana me dijo, a la salida, una tarde: — Dígale a Negrón Sanjurjo que venga por acá, a hablar conmigo sobre usted; pero que no venga por donde la manda a usted. Supongo que él preferirá andar a plena luz y topando con las gentes en vez de con mis pollos y gallinas.— Yo dí el recado a mi padre. Mi padre sonrió, inteligentemente, y no fuí más al colegio por el camino protegido de las miradas de los hombres. Yo tenía un deseo vehemente de entrar en la habitación de Doña Ana, pero nunca pude realizarlo. Yo quería entrar allí para ver los libros. Doña Ana nos había dicho una vez: — anoche estuve leyendo hasta las tres…— Yo hubiera querido que en mi casa me dejaran leer en esas horas de la madrugada, en que nadie vendría a ver el libro que yo

leía, que rara vez era de texto, sino alguno que me llevaba y retornaba, sin saberlo su dueño de la biblioteca de don Eugenio Astol, vecino nuestro y gran amigo de mi padre. Pero… nunca podía leerlo tranquilamente. Doña Ana era libre para leer, ¡que felicidad! — me decía yo y me fui haciendo a la idea de que no había mayor felicidad sobre la tierra que la de ser libre. Un día me atreví a manifestar a doña Ana mi pensamiento. Doña Ana me miró

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con expresión de gozo. Luego habló: — No sólo para ser felices es que debemos prepararnos para ser libres. ¿Sabe usted para qué, principalmente? Pues para ser responsables de la elección del mejor camino para nuestra vida, del más diáfano, del más hermoso, del más digno y ayudar a nuestros semejantes a elegirlo. — Sobre si hacía bien o mal en el leer aquellos libros que yo leía a escondidas, no dijo nada. Sin duda el dueño le inspiraba absoluta confianza y doña Ana creía que un buen libro siempre puede leerse. Doña Ana trataba a sus discípulos con cortesía rayana en cumplido. Nunca llamó de tú a ninguna de nosotras, pero nos inspiraba a todas, por la sinceridad y el valor que había en su palabra, inmensa confianza. — “Pregunten cuanto quieran— nos decía con frecuencia — sin restricciones de ninguna clase. Sobre cuestiones docentes y sobre todas las que ustedes deseen informarse. Para eso estoy yo aquí. Nunca se queden con una duda. Yo puedo aclarárselas a ustedes todas. No lo olviden”. Tenía una gran confianza en sí misma y una generosidad sin límites para darnos su tiempo. Nunca ví más alegre a la señora Roqué de Duprey que cuando se enfrascaba en una larga explicación que abarcaba varios puntos de importancia, un tanto desconectados de la

al baño y luego a vestirse. Nunca ví a Doña Ana sin corset. Jamás la encontré despeinada. Su traje, pulcramente limpio y bien planchado. Usaba falda oscura, generalmente, azul marino, y matinée blanco de batista o linó con volantes de encaje o bordados en el cuello y la parte del matinée que caía sobre la falda. Tenía la piel de raso, que llevaba muy empolvada. Respiraba limpieza y despedía grato aroma. La clase daba comienzo sentada Doña Ana en el pequeño pupitre — escritorio donde escribió hasta los últimos días de su vida. Pero pronto lo abandonaba para continuar la cátedra en pie, yendo de un lado para otro, con el puntero en la diestra en disposición de señalar, en mapas o pizarras, lo que quería especialmente significar. Con paso breve y rápido movíase constantemente. Gozaba enseñando, descubriendo a otros los tesoros que ella había conquistado. Sabía que iba ganando — y le alegraba más por nosotras que por ellas —una gran ascendencia sobre todas. La respetábamos y la queríamos entrañablemente. Y estoy segura de que cada una de nosotras, por la grande admiración que nos despertara, tuvo el sueño, alguna vez, de parecerse a ella en la edad adulta, aunque ninguna lo haya logrado… __ Envío:

cosa en sí. Crecía el interés de la clase al desbordarse el suyo porque la clase comprendiera sus explicaciones. A las siete de la mañana ya estaba sentada en el salón principal del Liceo esperando a sus discípulas, con algún periódico en las manos. Aunque se dormía muy tarde en la noche, con el libro unas veces y otras contemplando las estrellas, a las seis estaba en pie ágil y despierta como si hubiera dormido las siete horas que necesitaba. De la cama

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Maestra, es tan difícil parecerse a ti como hablar de tí tal como tú lo mereciste. Perdónale a mi pluma que no haya sabido expresar mejor lo que de ti guardo en el alma y lo que me dejastes en el espíritu! ¡Perdona a mi espíritu, que siente el ansia de subir y no ha podido todavía habitar en las montañas, que es donde se puede aquilatar tu apostolado! ¡Perdona, maestra de mi vida entera, los pobres frutos que de tu luminosa siembra voy dejando en el camino, humildemente…! 30 de agosto 1941


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A mis Compatriotas. Reproducido exactamente del texto impreso en la revista de la Asociación de Mujeres Graduadas, Universidad de Puerto Rico, año IV - Vol I, Octubre, 1941 (aparece una nota debajo del título que refiere que este texto fue reproducido de “La Mujer del Siglo XX” Número de agosto 15, 1917)

Jamás en mis escritos, queridas hermanas mías, os he hablado de mi persona, por que no soy cultivadora del yoísmo.

egoísmo; — quizás por costumbre, y no por maldad de corazón, — fundando su exclusiva preponderancia, en la ley de la fuerza, como en las épocas de la barbarie.

Pero haciendo un paréntesis en mis hábitos, os va hablar vuestra vieja amiga, vuestra amiga de ayer, de hoy, y de mañana.

Más todos los hombres no son hoy inhumanos, ni albergan ese egoísmo injusto en su corazón.

Consagrada desde niña, al estudio constante, y habituada a dormir cada día cuatro o cinco horas, y a trabajar las demás, he reflexionado mucho sobre los arduos problemas del saber humano, y sobre las condiciones de vida de la mujer en la tierra; y he llegado por profunda convicción a las conclusiones de que el estado civil de la mujer en las sociedades, es una injusticia de los tiempos, un contrasentido de lo que llamamos civilización, y una interpretación errónea de los derechos humanos. Más creo, que el mañana, será una vergüenza de la historia, como lo es la inhumana servidumbre del hombre por el hombre, desterrada ya, afortunadamente, de las faz de la tierra. Yo que tengo varias hijas y muchas nietas he educado he instruído yo misma, por cuya corrección como damas

distinguidas, y por cuya educación y delicadeza exquisita, he velado en todos los momentos de sus existencia, no podría jamás aspirar para ellas, a un estado de cosas que no fuera recto, noble y honrado. Y después de maduras reflexiones, soy la más ardiente feminista, y la más firme defensora de los derechos de la mujer hollados por las leyes y sociedades formadas por los hombres, los que se han dejado dominar por un inhumano

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Con los avances de los tiempos, el corazón del hombre y su modo de pensar, vienen evolucionando en sentido de lo más perfecto; y se da el caso de que hoy los que viven imbuídos aún en las rancias ideas de los siglos del oscurantismo, son aquellos, tan cerrados de mollera, en la cual, sólo con infinito trabajo penetra algún vestigio de consciencia, que se desvanece y muere en sus células cerebrales, no conformadas aún para recibir la luz meridiana de todos los adelantos modernos. Esos, y son los menos, solamente se opondrán a nuestro paso de avance. Pero ellos, en su necio afán de poner diques de arena al ímpetu arrollador de lo que ha de ser, y será, porque es el impulso de los tiempos, y la consecución de las ineludibles decisiones del Destino, sólo lograrán atraer sobre sí el ridículo de la Historia, y de sus contemporáneos dotados de materia gris. Así, pues, mujeres puertorriqueñas, prestad atención al eco, — no de la irreflexiva juventud, que se deja llevar por las impresiones del momento, — sino de la convicción de la edad madura, que serenamente, sin prejuicios ni apasionamientos, ha reflexionado que la mujer en el pleno goce de sus derechos civiles, puede cumplir mejor en la tierra su hermosa misión de paz y de amor, que el Eterno, en sus inescrutables designios, le ha encomendando para mejoramiento de la familia, de la sociedad y de la humanidad en general. Y como cada ser en la existencia tiene el deber de laborar por la humanidad antes que por la patria; por la patria antes que por la familia, y por la familia antes que por sí mismo, sacudid de una vez la apatía inveterada de una vida sin objeto, de una vida insustancial; y acordándoos de que Dios os dotó de un cerebro para pensar, y de


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una voluntad para seguir los dictados de una conciencia recta, debéis disponeros a vivir una vida consciente y útil, como compete al ser pensante que va hacia la luz por el esfuerzo, por la acción, por trabajo y por el ejercicio justo y decidido de la voluntad. Soy el eco del pasado que viene a despertar a la mujer del porvenir. Ojalá que mi voz — que por ley natural está próxima ya a extinguirse, — encuentre simpática acogida, en el corazón de nuestras mujeres. Sólo así descansará tranquila en su lecho de piedra, la puertorriqueña que haciendo del amor su patria un culto, ha pasado cincuenta años de su vida ayudando a la mujer a levantar su espíritu y a nutrir su inteligencia, para que dé frutos de bendición en la hermosa tarea que aún tiene que llevar a cabo, de regenerar al pueblo por el estudio, y por la práctica constante de todas las virtudes ciudadanas.

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A la mujer Puertorriqueña. Reproducido exactamente del texto impreso en la revista de la Asociación de Mujeres Graduadas, Universidad de Puerto Rico, año IV - Vol I, Octubre, 1941 (aparece una nota debajo del título que refiere que este texto fue un mensaje de doña Ana Roqué de Duprey en ocasión de la Asamblea Anual de la Asociación de Mujeres Votantes, celebrada en Mayagüez en 1931)

Mujeres puertorriqueñas, hermanas mías muy queridas de mi corazón.

por el porvenir y felicidad de nuestros hijos, y por la patria donde ellos han de vivir.

Desde mi habitación de enferma dirijo un cariñoso saludo a esa Asamblea feminista, para decirles que al ver la actitud y el entusiasmo de la mujer puertorriqueña en esa ocasión, estoy orgullosa de mis paisanos.

¿No se ensancha vuestro corazón? ¿No se expande vuestro espíritu con la plenitud de vida que embarga vuestro ser?

¡Qué tesoro de patriotismo y amor a esta tierra querida que nos vió nacer existe en vuestros corazones! No me engañé en 1917 al llamaros a la lucha reivindicadora de nuestros derechos. Contemplad, hermanas mías, nuestra amada tierra. Siempre irredenta, siempre desgraciada y siempre dulce y bella entre sus palmas y sus flores! Unámonos todas en apretado haz para trabajar por la felicidad de esta tierra infeliz. La mujer puertorriqueña está empezando a hacerse cargo

Y lo más grande, en que quizás pocas personas hayan pensado: Nosotras estamos rodeadas de veintiuna repúblicas latinas, y aún somos colonia: una colonia que sufre, pobre e infeliz, bajo la bandera estrellada de la nación más grande de la tierra que permite nuestra explotación y no nos da libertad bastante ni nos deja casi desarrollar nuestras iniciativas para buscar nuestra felicidad. Y esta colonia, girón de tierra americana desprendida de los Andes, es la primera tierra americana que proclama la reivindicación de la mujer de este continente. Nuestra islita amada, brillante de vívidos cambiantes, engarzado en flores y rodeado de las espumosas ondas del Caribe, ha sido la tierra elegida por Dios para marchar a la cabeza de la reivindicación de la mujer latino americana. Y nosotros tenemos que hacernos dignas de ese gran honor a ningún otro comparable, cumpliendo con entereza y sensatez la gran misión que Dios nos ha confiado. Nuestro esencial deber es unir voluntades. Mientras nuestro pueblo esté desunido, mientras cada puertorriqueño, atendiendo a su propia conveniencia, piense a su manera, nada conseguiremos, nada somos y nada seremos.

de su nueva, difícil misión. Y el mundo no se dá cuenta exacta de lo que significa la franquicia del voto para la mujer.

Nuestro primer deber es infiltrar en el corazón de nuestros hijos, esposos, hermanos y padres, ese patriotismo sano y sagrado que vibre en sus corazones. Que sea el amor patrio el sentimiento más grande que nos aliente, mientras no veamos reivindicada a nuestra patria.

Nosotras éramos casi parias. Seres casi insignificantes en la vida cívica.

Ante el cual todo interés personal toda aspiración, ambición, todo egoísmo vano debe ceder.

Hoy somos mujeres: personalidades con razón y conciencia. Mujeres con voto, y por tanto con libertad para trabajar

Nuestro pueblo puertorriqueño, nuestra isla idolatrada está al borde del abismo…

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¡Y la vamos a dejar morir! Esta tierra llena de fertilidad y belleza, donde agoniza el nativo falto de justicia y piedad, ¿la vamos a dejar convertirse en una colonia extranjera víctima de la explotación y mala fé de la parte del pueblo comerciante de Norte América que sólo atiende a su provecho? Pero pensad, queridas compatriotas, que la mayor parte del pueblo de nuestra metrópolis, es humano y justo. Pidamos las mujeres, de esta tierra infeliz, TODAS A UNA, a la parte noble de este pueblo, que quizás ignora nuestras desgracias, que se una a nosotras para demandar a la nación, el status no resuelto desde que tomó la responsabilidad de nuestro porvenir.

Allí se atiende mucho a la mujer, y confiad en la nación que se dice Patria de los Libres, donde cada uno puede buscar sus felicidad. Ella atenderá a las mujeres de la infeliz Puerto Rico. No lo dudéis. ¡Vivan nuestras mujeres valientes y decididas! ¡Trabajemos con fé por nuestra isla idolatrada!

Y digámosle al Congreso americano: Oye la voz de las mujeres de esta tierra que habéis contribuido a hacerla infeliz permitiendo que exploten lo poco que tenemos. Congreso americano: ¡ no queremos ser colonia ! Cuando nos arrebatásteis del poder de España, no éramos colonia: el serlo nos avergüenza. Queremos un status que nos haga dueños de nuestra tierra; queremos la soberanía para determinar libremente nuestros actos y trabajar para industrializar nuestra isla según nuestras fuerzas y nuestro criterio propio, hasta reivindicarla y hacerla apta para vivir feliz en ella, un pueblo que tiene cuatrocientos años de civilización. Un status digno de nuestra cultura y nuestro derecho: donde vivíamos modestamente sin ser humillados y explotados. Ya que por vuestra conveniencia estáis obligados a darnos protección en un caso de emergencia, desde que nos arrebatásteis a nuestra nación descubridora, que jamás nos hubiera abandonado. Mujeres puertorriqueñas, endosemos un escrito con nuestras aspiraciones al Congreso, si lo creéis pertinente.

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LUIS PALÉS MATOS

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Todo secreto depende de una señal Michy Marxuach

A Palés Matos, el indomable e irresoluto hombre que mantenía un registro casi “inventarioresco en notas mentales sobre el país”1, se le adjudica finalmente el término de filósofo más allá del de poeta y escritor. En la introducción a su novela inacabada Litoral: Reseña de una vida inútil dice Noel Luna que “vemos una filosofía que atraviesa de una forma subterránea como una corriente poderosa y creadora”. De sus textos se desprenden narrativas filosóficas y señales importantes que Noel Luna describe muy atinadamente y de una vigencia actual para pensar sobre nuestro país y nuestros procesos. “Todo secreto depende de una señal que denote su carácter oculto. Sin señal no hay secreto, sólo lo indistinto. Lo secreto estimula nuestra curiosidad. La señal es lo que atrae nuestra mirada hacia la zona enigmática de algo que valdría la pena conocerse, pero permanece oculto.”... “Hacerle justicia a la verdad es procurar que aparezca su señal, crear las condiciones para que la misma se manifieste.” La construcción del siguiente párrafo2 lo titulo: La memoria rota: sólo el negro se expande y se desenvuelve como en su propia casa. Y parte de frases encontradas en esta novela. “Mi gran defecto consiste en empezarlo todo por el medio. No poseo el menor adarme de órden, de habilidad coordinadora, de sentido cronológico. Mezclo y confundo el pasado y el presente, lo inmediato y lo remoto, como si no existieran ni el tiempo ni el espacio. El viento nos rola de costado en continua soplada. De ahí mi carácter perplejo, irresoluto. Ante preguntas sin respuesta, se diluyen las horas en pensamientos confusos e incompletos. En medio del confuso torrente de recuerdos, no coordinables y elusivos, el habitante de estas tierras es indolente, taimado, de pocas palabras, pero con la pasión del juego y la política pronta al violento estallido. Es como una ilusión, como un espejismo vegetal y radiante que apenas dura un momento, evaporándose, raudo, en la atmósfera tensa, de áspera rutilancia. Ahora estamos en alta mar con un nublado encima que barrunta chubasco. El pueblo quedará nuevamente inmóvil, quieto, aplastado, como si sobre él hubiese pasado un rodillo enorme. Había imaginado un mundo, un destino distinto.”

El construir un párrafo con frases sacadas del propio texto de Palés me lleva a reconstruir un segundo texto con citas del libro de Mercedes López-Baralt, El mito taíno: raíz y proyecciones en la Amazonia continental3. Un collage mental y práctico que me hace pensar sobre los procesos, sobre el espacio y el torrente de recuerdos de los habitantes de estas tierras. La parte física de donde sale algo es una variable importante en los escritos de Palés, y los lugares de intimidad son una variable importante en esta publicación. Entre el ser, el material, el espacio y la negociación entre estos se presentan lentes y polifonías que nos dejan ver lugares desatendidos. Palés ha sido un referente importante en las lecturas colectivas que ha programado la Escuela de Oficios desde 2014 hasta el presente, en las que se leía en voz alta mientras se realizaban ejercicios manuales repetitivos. Una especie de sonido armonioso se ha compuesto en las traducciones entre estos diversos interlocutores (tanto los textos y sus sonidos, como los participantes, los materiales y el espacio). Un reclamo de polifonía.

Escuchar, recibir, regresar, compartir experiencias, visiones y sonidos de una manera abierta y no-retórica establece un "flow" particular que nos deja relacionarnos con el material y ser sensibles a aquellos momentos en los que se potencia un shift entre tiempos, cosas, personas y conciencia colectiva.

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Esta conversación esta construida con frases sacada del libro de Mercedes López-Baralt: ¿Por qué ellos lo creen todo tal como lo he escrito? Entendido de los del país Pané dice: “Todo lo que escribo así lo narran ellos, como lo escribo, y así lo pongo, como lo he entendido de los del país.” Baralt dice: “Aunque el fraile quiera minimizar su mediación de los textos indígenas, lo cierto es que con su batuta editorial está dirigiendo la orquesta. No se trata de un editor en el sentido tradicional de la palabra.” Pané dice: “Puesto que escribí de prisa, y no tenía papel bastante, no pude poner en su lugar lo que por error trasladé a otro; pero con todo y eso, no he errado, porque ellos lo creen todo tal como lo he escrito.” Baralt dice: “Los paisajes intertextuales son aquellos que narran, resumen o aluden al mito; los metatextuales, aquellos que introducen, concluyen, comentan, interrumpen, juzgan y explican lo narrado. De todas maneras, hay que tener cuidado al intentar la

decodificación de los mensajes que comunica el mito. Una de las funciones más importantes del editor, más allá de la selección y ordenamiento de sus materiales, es la del encuadre de cada una de sus unidades significativas. Por encuadre entendemos los marcos de comienzo y final que abren y cierran cada mito.” En el intento de reordenar y descontextualizar a la vez que estar presentes desde el material, para amarrar

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referencias claves por las cuales hemos navegado, me hago eco de Mercedes López-Baralt en su gesto de descodificar las narraciones de fray Ramón Pané y la implicación de la traslación de códigos de lo oral a lo escrito y del encuadre. Me pregunto: ¿no fue Palés quién resolvió esta traslación en su forma de narrar? Aunque me desvío un poco del tema, no por esto quiero dejar de compartir un pasaje de Georges Perec, pues, la resonancia entre él y Palés ha sido para mi un referente que me ha ayudado a orientarme: “De vez en cuando deberíamos preguntarnos dónde estamos: hacer balance, no sólo de nuestros estados de ánimo, de la salud, de las ambiciones, de las creencias y de las razones de ser, sino de la posición topográfica, y no tanto en relación con los ejes citados más arriba, sino más bien en relación con un lugar o un ser en que podamos pensar, o en el que nos pondremos a pensar.” Añadiría también el capítulo de “La Cama” de Georges Perec en Especies de Espacios pero lo dejo para otra ocasión. Existen bastantes lagunas que el propio sistema ha construido para debilitar nuestra funcionalidad y nuestra diversidad. No es único el caso de la publicación tardía de la novela de Palés Matos Litoral: Reseña de una vida inútil mayormente conocida por especialistas. Se publicaron fragmentos de ella primero en 1949, después en 1984, pero no será hasta 2013 que se edita e imprime para el público general en su totalidad por la editorial Folium. En la introducción de esta publicación, Noel Luna dice: “En una sociedad regida por los imperativos de la productividad, la utilidad y el éxito, el ejercicio autónomo de la literatura pone de manifiesto una creciente incapacidad para comprender el valor de lo superfluo. Difícilmente percibimos la potencialidad de lo inútil para la emancipación de una lógica del dominio que lo devora todo. No sorprende que las manipulaciones del mercado, la inocua corrección política de la academia, y la desidia del progresismo panfletario propicien que libros como Litoral persistan ocultos. Hay honda belleza en Litoral, en las imágenes y palabras que nos revelan una intimidad que rehúsa toda función instrumental. La teoría del docto


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prejuicio es una que sale a relucir en Litoral y la inquietante idea de una novela inacabada y la correspondencia que esta tiene en los círculos de poder académico.” Me pregunto: ¿por qué nuestra insistencia en erradicar constantemente a nuestros mejores aliados? ¿Cómo podemos otorgar al "wifi" la velocidad necesaria para que las formas que usamos cambien, se re-valoricen y se revisiten en sintonía con las necesidades del tiempo presente y el contexto de un lugar? ¿Cómo nos bajamos de la red para permitir espacios de desaceleración que resistan las ondas expansivas de aquello que no queremos introducir? ¿Qué instrumento utilizamos para hacer visibles las nuevas formas de colonización que se esconden tras promesas de progreso y los espejismos que crean? Queda por decir aquello que contiene elementos subterráneos inabordables, aquello que es irresoluto y presenta un problema para los planes neoliberales, pues se va fuera de la ecuación manejable. Aunque podríamos también decir que “la elaboración de estos artefactos rituales es obra de artesanos especializados, hecho que es un indicador indudable de que esta cultura agrícola ya produce un excedente que libera a ciertos grupos de la producción de bienes de subsistencia” y es un precedente para los planes neoliberales. El arte no se escapa de esto. Gracias a Eugenio Ballou quien se dió a la tarea de publicar la novela inacabada Litoral: Reseña de una vida inútil en tan hermosa edición. Eugenio participó en una sesión de trabajo de La Práctica el 16 de octubre del 2014. 1

Noel Luna, introducción a la edición de Litoral: Reseña de una vida inútil; editorial Folium, 2013.

Cuando leo construyo párrafos partiendo de las palabras de aquello que leo. Cambio el orden: a veces es una palabra, a veces es una frase que cambia y añade otra palabra para construir una oración, pero la extracción es literal de los textos. Evidentemente el significado original se altera, a través del proceso de traducción que se da en mi cabeza mientras voy contrastando la lectura con experiencias, intuiciones o inquietudes mías. El resultado final para mi es una imagen. Este recurso lo empleo de manera más discreta a lo largo de la publicación y de manera concreta y recurrente en este texto. 2

En su libro El mito taíno, Mercedes López-Baralt escribe que la Relación acerca de las antigüedades de los indios de fray Ramón Pané es el "texto que inaugura nuestro mestizaje discursivo.” A la vez tratado etnográfico y primer documento en recoger el diálogo entre el Nuevo y el Viejo Mundo, el texto de Pané representa el “primer corpus mítico americano en sufrir la traslación de códigos que va de la tradición oral a la escritura.” Para López-Baralt, éste no sólo es “el texto fundacional de nuestras letras, sino la piedra angular de la antropología moderna.” En su proyecto Other Forms of We, Jorge González implica de una forma material y lúdica el tramado entre objetos, las relaciones de éstos en el espacio y los conocimientos que se comparten mediante experiencias colaborativas. 3

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Jardín de la Cojoba, vista posterior de las esculturas de Pedro Salinas, Luis Palés Matos y Juan Ramón Jiménez en la Plaza Antonia de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Espacio de reuniones de Escuela de Oficios a favor de los intercambios iniciales de las Banquetas Chéveres, proyecto dedicado a la Familia Chéveres-Chéveres por su trabajo a favor de la supervivencia del conocimiento indígena de la isla. Textos de Palés leídos durante la Escuela de Oficios en el Jardín de la Cojoba: “La orquestación Diepálica”, “Euforismo”, capítulo “El Pueblo” de Litoral, “Pueblo Negrón”.

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Orquestación diepálica Reproducido exactamente del libro de Mercedes López-Baralt, La poesía de Luis Palés Matos, San Juan: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1995. Aparece una nota debajo del título que refiere a esta como una poesía de Luis Palés Matos en colaboración con José I. de Diego Padró en 1921. El poema se publicó, firmado por ambos, el 7 de noviembre de 1921 en el diario puertorriqueño El Imparcial. Dicha versión se conserva en la SP/UI. Por ser la única versión que tenemos del poema, se convierte en nuestro original (la fecha de 1921 consta impresa al pie del poema).

¡Guau! ¡Guau! Au-au,au-au,au-au… huuummm…. La noche. La Luna. El campo… huuummm… Zi, zi, zi-zi, co-quí, co-quí, co-co-quí… Hierve la abstrusa zoología en la sombra. ¡Silencio! Huuuuuummmmmm. Glu-glu-glu, ta-ta-ti-ta-to, ta-ta-ti-ta-to… El agua negra corre: ta-ta-ti-ta-to… sssuuuss, y arriba pit-pit-pit, las estrellas, pit, imponderablemente pican la luna. Mirad: pit-pit-pit, sobre los árboles; y el viento, escoba bruja, barre: fluffffff… De pronto, círculos, ciiiirculos, ciiiiiirculos, de los chi-rrí, chi-rrí-chi-rrí-rrí; se alejan chi-rrí, chi-rrí-rrí-í, y entran en la gran boca bostezante del erizado ogro del silencio. ¡Ja-ja, ji-jí, uí! ¡La carcajada y la tertulia de los búhos isócronos! Be-eh… Se yergue en dos patas el cabro… be-eh, y, en la lejanía: do-re-mi-fa-sol, pío, pío, pío, rui-rui-se-ñor, se-ñor, or… pzzzzzzh del grillo ríspido y lunático. ¿Qué se aproxima si-gi-lo-sa-men-te…? Chaf, chaf, chaf, chaf; ohr-áu, ohrr-áu, ohrr-áu-áu y un buey remoto y cósmico en la bruma la emprende con los perros trasnochados. ahorr-áu-áu, au… mmmuuueee… en la ultranoche pasa humoso y tremendo como una sombra astral. Las últimas estrellas demarcadas danzan sobre la niebla vagamente, y en los difusos pastos sumergidos cunde un claror lejano y submarino. Pit… pit… pit.. Co-quí, co-co-quí, quí… pitirr-pitirr, chi-chichichuí, chi-chichichuí… choclá, choclá, choclá, mmmeee… Caacaracaaa, pío, pío, caaacaracaaa… Juá, juá, juá, juá; uishe-ó, uishe-ó, uishe-ó… ¡Cúcurucu! ¡Quiquiriquí! ¡Cócoroco!

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"El dadaísmo" Reproducido exactamente del libro de Mercedes López-Baralt, La poesía de Luis Palés Matos, San Juan: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1995. Aparece una nota debajo del título que dice: por el interés que tiene para iluminar el momento diepálico; artículo de Luis Palés Matos sobre “El dadaísmo”, publicado el 20 de mayo de 1922 en La Semana (San Juan de Puerto Rico, I, 5:21-30).

El último esfuerzo de innovación artística que absorbe hoy la atención de los que siguen el desarrollo de las nuevas tendencias literarias, es una escuela que bajo el nombre de “DADA” acaba de formar un grupo de jóvenes revolucionarios, en cuya vanguardia figuran los poetas Tristán Tzara y Francis Picabía. El curioso movimiento se inició en Zurich, durante la guerra donde se habían reunido varios representativos de los novísimos ideales poéticos: futuristas italianos, cubistas franceses y expresionistas alemanes. Para refundir estas tendencias, ligadas fundamentalmente por una idéntica aspiración de síntesis, publicaron una revista en la cual cada grupo exponía sus creaciones. Fue menester bautizarla con un nombre que no trascendiera a ninguna de las referidas orientaciones. Así narra Picabía el incidente: “Estaba en Suiza con mis amigos quemándome los sesos sobre el diccionario en busca de un nombre apropiado a nuestro movimiento que tuviera la misma gracia y sonoridad en todos los idiomas del mundo. La noche había cerrado y nuestros sesos hervían sin haber podido elegir. De pronto la mano más jóven, señaló la palabra “dada” sobre una página de Larousse. El vocablo nos satisfizo a todos y mi elección quedó hecha inmediatamente”. El significado original de “dada” en

francés, es caballito. Con este candor infantil e ingenuo refiere Picabia el nacimiento de su escuela de arte. ¿Qué es el dadaísmo? Lo que en el orden social contemporáneo representa el bolcheviquismo ruso, significa en literatura moderna el dadaísmo de Tzara y Picabía: una actitud violenta, sañuda, inmisericorde, de demolición contra los valores literarios establecidos, el juicio y los perjuicios doctorales de las academias y sobre

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todo, contra el sentido tradicional y petrificado en fuerza de siglos, que tenemos de valor y la acción de la vida. El dadaísmo no se concreta a una revolución epidérmica de las actuales modalidades literarias, sino que revolviendo ideologías y desmoronando el criterio sentado por la sapiencia secular del pensamiento académico sobre la forma y significación interna de las cosas trata de destruir los fundamentos de las orientaciones presentes en un brioso empeño de renovación. Indudablemente que por esta posición iconoclasta del fondo del dadaísmo no puede surgir ninguna obra serena, constructiva, de ancho reposo; porque el dadísmo no es más que un estado de batalla a cuyo rojo empuje cae toda la ensambladura mental del siglo. El mundo está muy cuerdo y por lo tanto muy lleno de chochez y necedad. Hay que embriagarlo hasta la locura de acción vibrante y revolucionaria. Tengo para mí, que hasta ahora, únicamente, dos actitudes literarias han impreso un rumbo radical al verso contemporáneo; el unanimismo de Jules Romains y el dadaísmo de Francis Picabía. En la primera el poeta queda abolido como espectáculo y asume el papel de espectador. Es decir, la tragedia individual, el pequeño drama personal que se mueve encerrado en la pequeña cáscara de un solo hombre, se disuelve, se anula, se evapora, dentro del gran dolor unánime de inmensa, honda e inabarcable tragedia humana. Esta es sin duda la batalla más vigorosa y definitiva liberada contra el individualismo que había echado tan poderosa raigambres en la poesía contemporánea. La situación becqueriana es un crimen de lesa humanidad y la torre de marfil una pose infame y sustancialmente burguesa, que aísla al poeta del necesario frote con el dolor áspero de la muchedumbre. El unanimismo exalta las fuerzas dinámicas y las reservas naturales de la vida, el hervor de la masa, la agitación creciente de las actividades humanas, y hace del poeta un simple hombre de acción dentro de la sociedad. Los dadaístas prolongan esta actitud hasta un límite de acción revolucionaria: no cantan, gritan; no piensan, actúan. Dentro de un aparato de expresión bárbaro y


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primitivo para ir más directamente a la masa, arden inflamados en un entusiasmo arrollador. Lo que en los unanimistas se insinúa, en los dadístas se convierte en violencia. Exista o no una conciencia segura que haya dispuesto el alcance de esta labor renovadora, lo cierto es que ha actuado, bien sistemática, bien conscientemente en sentido diametralmente inverso al pensamiento literario actual; desde los elementos de expresión hasta los elementos de ideología, los dadaístas van realizando su obra irremediablemente. A este propósito escribe Sheldon Cheney, “ El fenómeno tiene tres explicaciones, una de las cuales asegura que detrás de una máscara de responsabilidad y humor infantil, que dentro de esta buscada puerilidad de acción y expresión se esconde un espíritu grave y monstruoso; que en estos aparentes estallidos impremeditados existe una mortal, seria y reposada inteligencia que va minando subterráneamente las bases de nuestra civilización y destruyendo su arte, su cultura, su religión y su militarismo”. Y agrega Hi Simmons, en el Musterbook, de Chicago, “El dadaísmo es una acción universal, seriamente desesperada, contra la vieja fábrica de las instituciones fósiles y decadentes de Europa”.

Y éste que dijo en inglés, por las dificultades que ofrece su traducción: a e ou o youyouyou i e ou o youyouyou drrdrrdrrgrr grrr bits o green duration flutter in my room a e o i ii a ou ii ii belly shows the center I want to take it ambran bran bran and restore center of the four beng bong beng bang Tristán Tzara (The Century Magazine)

He aquí tres fragmentos de ese arte desesperado, inminente, de crisis: Mueran los abogados, mueran los médicos, mueran las farmacias, mueran las academias, mueran la literatura, mueran las industrias, los comerciantes, los poetas, los soldados, todos, todos Mueran, mueran, etc. Tristán Tzara Estoy sobre la quinta estrella Y me derramo sobre el mundo Como un orín mental… L.Ludoff

Resumiendo; el dadaísmo es un movimiento más serio y más grave de lo que parece a simple vista. En su fondo lleva escondido un tábano siniestro y a través de esa risa iconoclasta y de esas explosiones infantiles, de aparente candor e inocencia, se filtra una agaria virilidad, un dolor verdaderamente patético, un drama profundamente universal: el grande y ancho drama de la caída de todo el sistema predominante.

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ELSA ESCABÍ

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Traducir un texto al alemán sin saber alemán Michy Marxuach

Durante la primera visita que hicimos a su casa, Elsa Escabí nos obsequió la confianza de dejarnos divagar por su espacio. Una casa de urbanización de tres habitaciones (postvernacular, post-guerra) de los años ’60/’70, que ha sido habitada por los tres hermanos Escabí. Hoy ocupada por Elsa y compartida con Milagros Rincón, a quien también conocimos. Ambas se hacen compañía. La casa completa es una biblioteca organizada en secciones dedicadas a distintas áreas de estudio. El rincón nacionalista es un cuarto-estudio empapelado, ubicado dentro de uno de los cuartos que contiene colecciones de afiches y platos conmemorativos. La sala oficina y la sala de música. El cuarto de ella, el lugar donde descansa, es el que contiene la mayor cantidad de libros. En la casa se encuentran además afiches de aves, paisajes y fiestas populares. En la intimidad de su cuarto, Elsa nos regala dos libros. A Jorge le da el libro de Elbert L. Little, Jr. y Frank H. Wadsworth Common Trees of Puerto Rico and the Virgin Islands; a mi La Rebelión de los Santos de Marta Traba. Hoy, tras conocerla mejor y leer su descripción de su hermano y compañero de trabajo e investigación de toda una vida, Pedro Escabí, entiendo el por qué de la inmediata sinergía y entusiasmo frente a un grupo como el nuestro, que se embarcó en la misión de conocerla al encontrar sus libretas en los archivos encontrados en el Edificio José M. Lázaro, 2do piso, Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras. En 1980, Elsa escribió sobre Pedro: “Sus grandes aficiones han sido la enseñanza, la música y el testimonio vivencial. Compartió a nivel personal y comunitario a través de la transmisión de sus conocimientos con empeño, alegría y en constante crecimiento. Es además un estudioso serio e innovador en el campo de la investigación folklórica, y un inspirado compositor. Elaboró un nuevo concepto de cancelación de los salmos que consta de la creación de ocho tonos para el uso de lo que llamó “salmodia antillana” en la celebración de la liturgia vernacular. Asimismo, abrió brecha en la composición de la música para el canto del ordinario y el propio de la misa en español, al utilizar o incorporar los temas del rico folklore musical caribeño.” Por su lado, en una de las conversaciones sale a relucir que todos los hermanos tenían una relación con la música: “en

nuestro ambiente la práctica del piano era diaria y luego nuestras investigaciones de alguna manera enlazaban la música como parte integral.” La música era una perspectiva particular desde donde generar lazos y teorías. También el rigor y la pasión por el trabajo salen a relucir cuando ella misma nos narra cómo se dedicó durante meses a traducir la misa del latín a la lengua vernácula. En otras palabras un texto del alemán al español sin saber alemán, trabajando día y noche con un diccionario, ofrece una imagen clara de la voluntad de Elsa. Demuestra su ímpetu para conseguir algo que para ella era importante y que no existía, de su esfuerzo de aprender para poder hacerlo. De forma orgánica, nuestras conversaciones divagaban en torno a las 3,000 páginas que Elsa y Pedro redujeron a unas 200 páginas en la investigación inédita de El Rosario: Vista parcial del folklore de Puerto Rico. Esta investigación fue entregada al Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la Universidad de Puerto Rico para su publicación a finales de la década de los ’70. Pedro Escabí presenta una ponencia sobre ésta el 6 de marzo de 1981 en el Centro Cultural del Folklore en Ponce. Dicha investigación contiene documentos de cientos de entrevistas con artesanos,

testimonios vivenciales y teorías trazadas. Entre ellas se encuentra la raíz desde la que los Escabí organizan el canto del rosario y desatan una serie de relaciones con el ciclo lunar, junto a la teoría del Calendario Indígena o Calendario—Antillano—Arauco. Elsa nos cuenta cómo cuando ella y Pedro estaban rastreando el origen del rosario y su relación con el ábaco para profundizar en la conexión con los sistemas calendáricos, se sumergen en el libro Roots of Civilization de Alexander Marshack.

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Una sospecha de por qué no se publicó Vista Parcial del Folklore de Puerto Rico es la alusión que hacen los Escabí a cómo trazar la conexión entre La Pintadera, el calendario Arauco y el rosario como estructuras de calendario lunar. La suma de 2 meses lunares es de 59 días, los días equivalentes del rosario. Las posibles discrepancias o temores que existen con el aspecto religioso y académico, en concreto en el Centro de Investigaciones Sociales, es algo que no debe pasarse por alto. Hoy sólo existe publicado un pequeño panfleto bajo el nombre Vista parcial del Folklore de Puerto Rico de Pedro Escabí Agostini junto a Casa Paoli del Centro de Investigaciones Folklóricas de Puerto Rico, donde se detallan alguna de las ideas del estudio. En el mismo texto de Pedro Escabí se menciona “lo que estamos tratando de decir”, que me hace inmediatamente pensar en esas ausencias deliberadas... Una ausencia deliberada doble, ya que este estudio nunca se publicó, y ha sido conservado bajo la autoría única de Pedro Escabí, obviando la colaboración entre Elsa y él. Retomando de nuevo el tema, la música es un punto de

vista particular desde el que generar lazos y teorías: la investigación dedica un capítulo entero a este campo, y es ahí que se crea la teoría del canto del rosario y el correr de las cuentas. Las relaciones y las variables en las referencias a las matemáticas cuando hablan de “correr las cuentas” en el canto del rosario y el verbo contar, denotan el lugar en el que se sitúa el estudio como eminentemente transdisciplinar. Dicen: “Al rezar el rosario se corren tantas cuentas como días hay en el calendario lunar; por

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lo tanto, es un ábaco, una máquina de contar. Cuando el pueblo le llama al proceso de correr el ritual de “llevar las cuentas” está haciendo una traslación en la memoria colectiva del acto científico del calendario, aunque la mente colectiva del presente no vea relación directa entre el instrumento ritual y el calendario.” Y cuando hablan del verbo contar, dicen: “El verbo contar tiene dos acepciones: la matemática que es la que hemos usado aquí, la literaria que tiene como significado sinónimo de narrar. ¿Qué se narra? Es un mito cosmogónico, mito de creación y de recreación. El tiempo mítico es siempre el tiempo presente, siempre y cuando con el mito se corra el ritual: contar las cuentas y meditar la leyenda.” ¿Cuál es la leyenda o mito ? La parte más importante de la historia está en la recreación. El vencer la muerte; la capacidad para resolver o vencer el problema más grande del hombre: ¿a dónde voy? En consonancia con lo que hemos ido aprendiendo al escucharla, y tomándome la libertad de experimentar con las teorías (tema que hemos discutido en estos encuentros), inserto aquí algunas frases para presentar el punto de vista alentador de Elsa sobre la belleza que existe en pensar desde lo vivencial: “El folklore es todo el hacer y quehacer de un pueblo. Sus tres categorías (lo material, lo social y lo espiritual) son los utensilios que fabrica y usa el hombre, son lo que tiene que ver con las relaciones del hombre con sus semejantes y lo que tiene que ver con todo lo que produce el hombre gracias a su inteligencia. Aunque el sector se llama espiritual, hay que aclarar que no tiene que ver solamente con el folklore religioso; muy al contrario, este último es parte del folklore espiritual al igual que lo son los conceptos científicos o filosóficos, entre otros.” En el estudio se hace muy palpable el sincretismo que da pie a las conversiones cuando el pueblo adopta formas y las modifica para que le sean de utilidad. La forma de crónica que usan en el lenguaje va desde lo técnico que hay en una entrevista hasta las comparaciones que existen al describir rituales religiosos con formatos de organización social y la realidad del país: “Por siglos no hubo las facilidades de transporte y por ende de comunicación entre la iglesia formal y el devoto. Por tanto, el ritual del rosario se convierte en la única expresión oficial religiosa en manos del pueblo. Éste la hace suya, la modifica y la


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aplica como cree conveniente y necesario. De ahí esta actividad religiosa del Rosario de Promesa se convierte en una fuente de fortalecimiento religioso y refuerzo social, rompiendo la monotonía de la vida diaria en un intercambio (trueque donde una persona que no ha podido resolver los problemas con sus propios medios le pide y promete que si se concede la ayuda rezará tantas veces o toda la vida; pero también según la familia que paga la promesa se esmera en preparar para ella los mejores obsequios, los participantes se esmeran en presentarse en sus mejores galas).” En el rosario participa toda la comunidad: “Los que no tienen la habilidad para cantar o improvisar se deleitan con aquellos que la poseen. Otros se reúnen y hacen chistes, se hacen juegos, se come, se bebe, etc. No hay un momento muerto, todo es acción e interacción. Una actividad que se supone que es religiosa y lo es, es también la actividad social cumbre: la unión entre creencia y vivencia es total. El rosario, pues, es el instrumento para disfrutar la vida. Sirve como agente socializador, de fé. Es el propiciador de solución de problemas que no la tienen con nuestros recursos materiales.” Cada momento de escucha con Elsa es un momento de obsequio, un momento de aprendizaje, un momento de sorpresa gozosa sentida en el vínculo y la puesta en práctica inmediata. Un ejemplo que no quiero dejar de compartir es la dedicatoria del libro de Wadsworth que le hizo Elsa a Jorge: “Con admiración, gracias por comprender mi metida de pata y por suavizar la situación tan gentilmente. Te reitero lo ya dicho, que sea estímulo para llegar a donde vas, Elsa.” Su sinceridad, su jocosidad en enfrentar una situación, y a la vez su tesón de usarla inmediatamente para un momento de gozo que podría haber terminado en crisis, es una gran lección. La historia de ese momento es la siguiente: Carmen, vecina y amiga de Elsa, que en varias ocasiones se había unido a la conversación en el balcón, y que posteriormente se unió a una de las secciones de lectura en voz alta de Escuela de Oficios, era persona identificada como recipiente del libro de Wadsworth. Aparentemente, Elsa se lo había ofrecido hace un tiempo. En la emoción del encuentro y la conversación, Elsa identificó la importancia de este libro para Jorge y en un

gesto de generosidad y espontaneidad absoluta, regaló a Jorge el libro. Carmen entró más tarde y cuando entre conversación y conversación surge el tema del libro, le recuerda a Elsa que ya se lo había regalado a ella. Y Jorge de inmediato le dijo: “lo compartimos.” El asunto se resolvió por Elsa, El tomo 1 se lo dio a Jorge y el 2 se lo dio a Carmen. Dos dedicatorias —una pre llegada de Carmen y una post metedura de pata — conviven y constituyen un registro que guarda la clave de lo que es Elsa. Más tarde, en otra ocasión que compartimos con Carmen en la que Elsa no estaba, oigo la siguiente descripción: “La capacidad de síntesis y generosidad de espíritu que tiene Elsa es un tesoro que tiene que compartirse.” Luego en otra ocasión, Elsa articuló el mejor comentario sobre el sentimiento mutuo que ella y nosotros teniamos sobre el proceso cuando dijo: “como no tratábamos de desplazar lo que otras personas, generaciones o disciplinas plantearon, pero sí tener cada cual un motor y un recorrido que perseguimos con pasión y con respeto, nosotros dirigimos muchas de nuestras investigaciones y teorías desde el eje de la música. Y ustedes, porque partieron del

eje del arte, llegaron a algo como el Calendario Arauco y a nuestra conversación. Por esa necesidad de integración y transdisciplinariedad que en el arte se potencia, y sobre todo por el tesón de perseguir una teoría propia acompañada del descubrimiento emocionado de elementos diversos que te pueden dar pistas para seguir una investigación: así es que fue posible que, desde diferentes ópticas, se trate hoy un tema como el folklore entre Elsa Escabí y la Escuela de Oficios. Con Elsa hablamos sobre la

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estética de la conversación, y ella lo resumió en un nodesplazamiento de uno o el otro, imbricado en una forma de trabajar que es a la vez una forma de hacer comunidad. Pero si tuviera que decir cuál fue el obsequio más grande que nos dio, fue el comentario emocionado sobre cómo nos distanciamos del investigador académico, que parte de una arqueología o historia que desplaza las teorías de los demás. Recalcar e identificar cómo se sentía a gusto y entusiasmada porque no teníamos ese afán por imponer un conocimiento y desplazar otro, porque nuestra ambición se centraba más en el compartir saber, y porque esta generosidad a su vez destapa múltiples teorías posibles. Una anotación que nos aclaró fue el uso del poder por parte de las autoridades intelectuales que establecen discursos oficiales que son y pueden ser ficción, al igual que otras que ellos mismos pretenden despreciar. Pensar narrativas no sólo desde sus cualidades cuantitativas sino también desde las afectivas, y mirar desde la mirada propia, es parte de lo que Elsa y nosotros compartimos. Esteban Valdés lo resumió de las siguiente manera en una conversación reciente: “Qué luces tiramos,

qué colores le ponemos y de qué lado miramos.” Qué pistas seguimos para preguntarnos por qué todavía no está publicada la investigación El Rosario: Vista parcial del folklore de Puerto Rico que en sinnúmero de ocasiones se presentó para publicación al departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico.

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LA VIDA SOCIAL DEL OBJETO 359 días en 19 meses: tejiendo la textura que completa la oración


FERNANDO ESTÉVEZ

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Hacia el derecho de los objetos Este texto es una transcripción de una charla impartida por Fernando Estévez en la mesa redonda “Revisitar las colecciones”, organizada por la Oficina para la Acción Urbana en el marco del I Congreso de Museos de Canarias, que bajo el lema Estrategias de futuro tuvo lugar entre 12 - 14 de noviembre de 2015.

Como todos mis colegas, tengo que agradecer especialmente a Gilberto que haya preparado dar una especie de contrapunto en el que yo más o menos en los últimos años estoy casi especializado, es decir, dar una especie de guinda exótica a la parte normativa de los museos de arte y de la práctica artística. Yo encantado, porque mientras ustedes suelen ser generalmente vampiros que chupan la sangre y se apropian de todo el mundo, nosotros practicamos una política más bien caníbal, en el sentido de que partimos de la idea de una de las versiones del canibalismo referida a que cuando uno ingiere la carne del enemigo, ingiere también algunos de sus poderes. Agradeciendo a Gilberto que haya tenido la deferencia de invitarme, agradecer también al Ayuntamiento de Santa Cruz por organizar esta parte del evento del encuentro de los museos canarios, y felicitar también porque esta última incursión, este retorno que más que retorno es una vuelta de tuerca a los viejos [ininteligible] de curiosidad que han hecho en los últimos meses, bueno, un año, año y pico, y me parece que será una experiencia de la cual podemos aprender mucho.

algo que les pido es, digamos, tratar de desentrañar las motivaciones profundas que pasan por las cabezas y los cuerpos de los coleccionistas, que les hace vivir apasionadamente, hay que buscar apasionadamente esa serie de objetos. Esto realmente es muy interesante, ¿no? Sin duda alguna porque efectivamente el coleccionismo, al margen de la profundidad histórica que tenga, desde luego en la modernidad es una de las características fundamentales de las prácticas sociales y de las prácticas culturales, y lo que yo les quería simplemente plantear, aunque dé también unas breves pinceladas sobre estas cuestiones, muy, muy, breves, son algunos aspectos que tradicionalmente no están contemplados, no han estado contemplados en los estudios sobre coleccionismo y que quizás ahora en los últimos, no sé, quizás 20 años, o 30 años, puedan estar aportando algo nuevo, por lo menos una perspectiva nueva en ese sentido. Por un lado, normalmente damos por bueno los estudios de la historia y de las motivaciones del coleccionista a aquellos autores que no cuestionamos desde qué perspectivas teóricas lo hacen, sino simplemente positivistamente decimos: oye, pues... Supuestamente sabemos cada vez más. El problema es que, creo yo, nunca hemos tenido una actitud

Creo que también hemos visto diferentes perspectivas de las colecciones de arte desde diferentes puntos de vista con problemáticas también muy, muy diversas y muy complejas, y yo, claro, ahí no voy a ser el caníbal y entonces voy solamente a dar unas muy breves pinceladas sobre algunos y otros aspectos del fenómeno del coleccionismo en general, que quizás a lo mejor puedan contribuir a ver este problema del coleccionismo desde otra perspectiva y de alguna manera comprender mejor por qué nos apasiona tanto teóricamente, a lo largo de toda la historia de la humanidad, coleccionar. Una pena que los estudios del coleccionismo se han referido fundamentalmente a tratar de definirlo, es decir, qué significa coleccionismo, qué significa coleccionar y nadie se pone de acuerdo exactamente en qué consiste, como es normal, si no, no estaríamos aquí seguramente discutiendo del asunto. En segundo lugar, se han detenido mucho los estudiosos y los historiadores del coleccionismo sobre la historia del coleccionismo, sobre cuál es su alcance, sobre cuál es su dimensión histórica y cultural y finalmente,

crítica, no sólo con el fenómeno del coleccionismo sino con los estudiosos del coleccionismo. Es decir, desde qué perspectiva se enfrentan al problema del fenómeno cultural del coleccionismo. Y en segundo lugar, la otra cosa que ha estado ausente y creo que efectivamente, por otro lado, en las últimas — bueno, vamos a poner 20 o 30 años— ha cambiado mucho es justamente que en la ecuación coleccionista y colección, el grueso del estudio del coleccionismo se ha dedicado al estudio de los

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coleccionistas. Y a alguna especie de abstracción sobre lo que es la colección. Pero, muy pocos estudios hasta muy recientemente se han dedicado al problema de lo que se colecciona. Es decir, de la materialidad de los objetos y de la naturaleza de esos objetos. Entonces yo quiero solamente referirme a esas dos cuestiones brevemente. Una de las autoras que en mi opinión más ha influido en los últimos 20 o 30 años para entender de otra manera el fenómeno del coleccionismo es, por ejemplo, Susan Stewart. Que venía a decir algo que compartimos casi todos, que “un objeto no es nada a menos que sea parte de una colección y que una colección, por su parte, tampoco es nada a menos que se logre vincular a una lógica de clasificación que precisamente saque, a la colección, de lo arbitrario o de lo ocasional”. En la mayoría de los estudios sobre coleccionismo, en lo que yo creo que ha sido un flaco favor para entender realmente la profundidad histórica que tiene y para resolver el problema de cuál es su alcance, es que en todas partes —generalmente— se acepta el hecho o la premisa de que coleccionar es una especie de característica panhumana. Es decir, que los humanos desde que existimos, hemos estado apasionadamente

coleccionando cosas. Hay algún teórico que incluso se ha atrevido a decir que efectivamente esto ya trasciende un poco lo humano y que incluso hasta el hecho de que los perros escondan los huesos también iría en la línea de que, efectivamente, es una cosa que realmente está extendida más allá de lo humano. Pero en cualquier caso, dejemos a los perros a un lado. El asunto es que, efectivamente, da la impresión que todo el mundo da por bueno el hecho de que todo el mundo, todos los humanos, en todas las

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culturas, en todos los tiempos, en todas las circunstancias han coleccionado cosas. En esa línea pues es evidente de que cuando se parte de esa premisa de una característica que es una predisposición psicológica, como una tendencia natural a coleccionar, pues evidentemente todos los matices históricos de por qué se coleccionan unas cosas y no otras y de qué manera se colecciona a lo largo de la historia, pues evidentemente queda difuminado porque cuando uno no tiene, digamos, criterio suficiente para explicar por qué históricamente surgen unas determinadas colecciones y unos determinados tipos de coleccionistas, siempre es fácil recurrir a decir : “Hombre, es que eso, evidentemente”... podemos apelar a esa predisposición panhumana psicológica. Creo que podríamos estar de acuerdo con que por ahí no vamos a ningún lado, es decir, por lo menos perdemos buena parte de los matices. Y, en cualquier caso, eso sería, creo yo, algo así como cuando se habla también — porque ahora estábamos hablando de ese asunto del turismo — y entonces, claro que es una tendencia en buena parte de la academia en general, entre nosotros. Es decir, normalmente tenemos la tendencia de buscar antepasados notables para poder legitimar el presente que tenemos. De tal manera que, por ejemplo, los estudiosos del turismo suelen decir: “Hombre, el turismo es casi una cosa panhumana también”. O sea, atraviesa toda la historia y efectivamente los humanos siempre han ido de acá para allá y de allá para acá. Por esa regla evidentemente los cazadores recolectores fueron los primeros turistas, claro. Decir que el mismo fenómeno de los cazadores recolectores, que se desplazan kilómetros y kilómetros todo el año, y el fenómeno del turismo contemporáneo... Pensar que eso tiene una línea de continuidad, bueno, raya la estupidez, ¿no? No tiene nada que ver una cosa con otra. Es decir, una cosa es que la gente viaje, una cosa es que la gente se desplace y otra cosa es hablar del turismo. Son dos cosas totalmente distintas. Por no decir que el turismo contemporáneo... Bueno, decir turismo contemporáneo es como una redundancia. El turismo es contemporáneo. Como fenómeno sociológico es un fenómeno completamente distinto al Grand Tour. Son dos fenómenos completamente distintos. Pues aquí pasa lo mismo. Los cazadores recolectores también


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coleccionaban, todo el mundo coleccionaba. Por ahí creo que no vamos muy lejos. El caso es que los estudiosos del turismo, Susan Stewart o Susan Pierce, adelantaron aquello necesario para entender el fenómeno panhumano del coleccionismo pero, efectivamente, aterrizando más bien en el coleccionismo moderno. Distinguen básicamente tres formas de coleccionismo: el coleccionismo del fetiche, el que es fetichista, el coleccionismo del souvenir y el coleccionismo sistemático. El del fetichista es el de aquellas personas, aquellos coleccionistas que de repente se les cruza la cabeza y se quedan fijados en un conjunto de objetos no superando, digamos, la normatividad sexual en su contexto; se quedan fijados en un tipo de objeto y ese tipo de objeto es compensatorio a esa anormal psicológica y sexual. Hay ese tipo de coleccionismo, por supuesto. Y finalmente, el chachi: el coleccionismo sistemático, que estaría basado en la aplicación normativa de una serie de sistemas de clasificación que, modernamente, arrancan con la historia natural y que efectivamente forman parte de la episteme moderna en todos los museos y en todas las ciencias. A eso se ha sumado, evidentemente, la enorme influencia para entender el coleccionismo de la aparición del evolucionismo y la versión que tiene de establecer la historia del mundo cronológicamente en función de etapas, periodos, etcétera. Pasan unos cuantos años, y Susan Stewart y, sobretodo, Susan Pierce, dicen: “Bueno, esto no hay quién lo sostenga porque está bien que lo digamos desde el punto de vista analítico, pero si lo miramos incluso en los propios profesionales de los museos, los más conservadores, ¿quién nos va a decir que los conservadores de los museos a lo largo de la historia han actuado sistemáticamente?” En fin, es una combinación —como ellas mismas reconocen— absolutamente disparatada de comportamientos fetichistas, de coleccionar souvenirs y de vez en cuando, también de hacerlo de una manera más o menos sistemática. Es decir, que ese fenómeno es enormemente complejo y se resiste mucho a ser analizado, a ser compartimentalizado. Con respecto a la definición del coleccionismo, pues también tenemos muchas, probablemente una de las que creo que tiene más sentido, es que modernamente no hay

manera de entender el coleccionismo sin la aparición del mercado y sin la economía de mercado. La mayoría de los objetos que son coleccionados, la inmensa mayoría, son objetos que circulan en un momento en el mercado. Y lo que hace el coleccionista —que seguramente es histórica y cultural y sociológicamente lo más interesante— es que siendo un objeto de mercado y normalmente con el capitalismo fabricado en serie, se transmuta, mágicamente, se des-comercializa, se des-mercantiliza para convertirse en un objeto único. De hecho para los coleccionistas no hay dos objetos iguales; esa es la magia de un objeto que pasa del mercado a la colección. En ese sentido sí parecen interesantes, creo, las aportaciones de Didier Maleuvre sobre las interconexiones que permiten entender el fenómeno del coleccionismo entre la aparición de los grandes almacenes del siglo XIX, el salón burgués y el museo. Por decirlo en términos ahora de Stephen Mann, con ellos se inaugura un nuevo régimen de curiosidad, una nueva forma de ver. Cada época tendría una forma de ver específica. No vemos nunca la misma cosa de la misma manera. La cuestión es entonces cómo vemos, cómo vemos lo moderno. Hay una conexión en el mirar y particularmente a través del cristal, que es el elemento

que une el comercio y la vitrina del museo. El fenómeno del coleccionismo moderno es de alguna manera la exaltación del mercado y al mismo tiempo su propia negación. Es la paradoja del coleccionismo. El coleccionista lo que hace es convertir algo que es banal, trivial, en algo que es absolutamente único. Y básicamente esto es lo que son generalmente... bueno, la totalidad de los objetos del museo son eso. Es decir, lo que está en el museo normalmente pensamos que es en el reino de la cultura, pero lo que

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está en el museo y todos los objetos del museo lo que son en el fondo son mercancías que han... que pasan a otro régimen de vida. Son objetos que han perdido el valor de intercambio para convertirse en otra cosa. El museo, los objetos del museo y los objetos de las colecciones son los despojos del mercado, los restos del mercado, los restos de la mercancía. De tal manera que lo que vemos en el museo, en los objetos del museo, es la presencia de una ausencia. La ausencia es el valor del mercado: el valor de cuando estaba en la vida y ahora está retirado. Esta no es toda la verdad para mí. La conclusión ahí sería normalmente pensar que el objeto del museo es literalmente un objeto muerto y decir: “esto es un mausoleo”. Sin embargo, ahí conecto con la cuestión de las nuevas aportaciones de los últimos años. Apareció por ejemplo las aportaciones de Appadurai o Kopytoff entre otros, que empezaron a hablar por primera vez de la vida social de las cosas. Eso creo yo que ha cambiado a partir de ahí, ¿no? Consistió en una primera revisión de la teoría del fetichismo de la mercancía en Marx, una aportación de Marx realmente

brillante, como creo que todos compartimos. Pero tenía sus fallitos también. No decía toda la verdad, tal como nosotros la podemos contemplar ahora. La idea que se desprende del fetichismo de la mercancía de Marx es que la sociedad capitalista, la sociedad de consumo, nos tiene completamente alienados en el mundo de la mercancía. Nos tiene fascinados. Pensamos entonces que son los objetos y las mercancías las que nos poseen. Estamos poseídos por ellas. La impronta de Marx en ese sentido ha

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sido tan importante en la historia del coleccionismo, que todo el mundo la hemos dado por buena y por natural. Yo creo que esa es solamente una parte de la verdad. La otra parte es que sí, los objetos nos pueden poseer a nosotros. Perdemos la cabeza buscando los objetos, para tenerlos, para poseerlos. Pero la otra parte de esa ecuación es que sencillamente, lisa y llanamente, poseemos objetos. Entonces, el problema es: ¿qué significa poseer objetos y cuál es la vida social de los objetos? En los últimos veinte o treinta años, para decirlo así muy rápido, las novedades más importantes han ocurrido en lo que comúnmente llamamos las nuevas teorizaciones y las nuevas ontologías sobre la cultura material; sobre la naturaleza de las cosas. Tendríamos que retirarnos un poco más lejos, porque el que ya lo dijo en su momento y nadie le hizo caso fue Marcel Mauss en el famoso ensayo sobre el regalo, en el que vino a decir una cosa tan elemental como: “los humanos somos incapaces de mantener, de sostener, de establecer relaciones sociales si no es inevitablemente a través del intercambio de objetos”. Es decir, que somos incapaces de establecer redes sociales, establecer comunicación entre nosotros si no es a través siempre del intercambio de objetos. No sólo entre nosotros, sino en todas las culturas. De ahí lo que él decía de la reciprocidad universal del regalo. El hecho panhumano y universal de dar, recibir y devolver. Y eso se hace sólo con objetos materiales. Eso va también para los novios y las novias. No podemos pretender mantener el amor y afecto de las personas de manera estrictamente inmaterial: si no hay mediación material, si no hay mediación de los objetos, no se pueden mantener las relaciones sociales. Los objetos no son importantes por el hecho mismo de poseerlos; en realidad, son importantes porque no hay vida social sin los objetos. Si no hay vida social sin los objetos y si nuestro problema es entender la vida humana, tenemos que hacer partícipe de la vida social y cultural a los objetos materiales, es decir, lo no humano. Ahí, sólo con una pincelada, esto está influyendo de manera importante en las formas actuales de entender las colecciones. Tiene que ver —aunque les parezca tal vez una cosa estrafalaria— precisamente con el fetichismo y con el problema de las concepciones alienistas.


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Tradicionalmente se explica el fetichismo a partir de cuando los europeos se encontraron en la costa occidental africana con una serie de poblaciones que intercambiaban cosas. Estas poblaciones tenían un tipo de objeto a los que los portugueses llamaron “fetiche”, que era una cosa absolutamente esperpéntica a los ojos de los europeos porque, ¿a quién se le ocurre pensar que un objeto puede tener vida propia? Sólo la gente que es irracional puede pensar eso y puede atribuir vida a lo inanimado. Acusar de fetichistas a los africanos fue antes que el color de la piel la principal razón del racismo occidental con respecto a los no europeos. Porque peor que tener la piel negra era creer que eran irracionales. Es decir: si tú entiendes que una gente otorga vida propia a lo que objetivamente es inanimado, evidentemente es que no están bien de la cabeza.

Y eso, de rondón, ha llegado finalmente a los museos y está contribuyendo, creo, a renovar una parte importante de cómo entendemos las colecciones y cómo entendemos esa supuesta predisposición psicológica a vincularnos con los objetos. A que esos objetos estén de una u otra manera en la vida de la gente.

Esta idea del animismo y de, perdón, del fetichismo, es como esa mención de lo que tradicionalmente hemos concebido como las religiones o las cosmologías animistas, y llega hasta nosotros. Definitivamente... ¿habrá cosas más estúpidas que pensar que las cosas tienen vida? Sin embargo, las revisiones actuales de ese problema es que en realidad los africanos, y por extensión todos los otros no europeos, en realidad nunca creyeron estrictamente que las cosas tenían vida propia. Más precisamente dijeron que las cosas están en la vida. Que no hay vida sin las cosas. Y eso ha cambiado, y de una manera importante, la manera en la que entendemos ahora en teoría social la naturaleza de los objetos. Esas innovaciones importantísimas que se están produciendo en los museos contemporáneos a la hora de entender la naturaleza de sus propios objetos en las colecciones, no vienen de los profesionales de los museos. Viene del feminismo, del posfeminismo y de las teorías posthumanistas que efectivamente han empezado a romper con esa visión radical sobre la que se ha basado toda la episteme moderna, basada en una separación radical, en una dicotomía total entre lo humano y lo animal, lo humano y lo no humano, entre lo vivo y la materia inerte. Esto es lo que parece que está cambiando. Esa naturaleza, tal como se concibió modernamente, es lo que ha hecho cambiar en los últimos treinta o cuarenta años buena parte de la teoría sobre la naturaleza de los objetos y sobre la relación humana con los objetos.

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OBJETO #1 ARO LÍTICO

Jorge González remite una carta el 27 de agosto de 2015 a Flavia Marichal, directora del Museo de Historia, Antropología y Arte (MHAA) de la Universidad de Puerto Rico, solicitando el acceso a una selección de aros líticos de la colección del museo. Este deseo surge a partir de una conversación con el curador de arqueología Iván F. Méndez Bonilla (1953-2015) sobre el interés en el análisis que el Dr. Osvaldo García Goyco hace sobre los aros líticos y las diversas lecturas que se pueden obtener de los cambios en texturas que presentan al exponerse a cambios de luz. La petición fue entregada a mano por Jorge el 1 de septiembre de 2015, día en que casualmente Méndez Bonilla se encontraba presentando una selección de objetos ceremoniales de barro, piedra y hueso a un grupo de estudiantes de la universidad. La relación entre la observación de texturas bajo luz cambiante y cómo ésta permite desarrollar un análisis expositivo del aro lítico, se entrelaza con la propuesta editorial de esta misma publicación en lo que respecta a la discusión sobre el uso cultural de los objetos y la ética de manejo de artefactos arqueológicos. Estos objetos culturales no deben perder el contacto con la comunidad cuya historia y mitología comparten. El ejercicio ya establece una ruta que ha estado presente en la Escuela de Oficios: el uso de los objetos en comunidad y la vida social de los objetos.

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El Museo de Historia, Antropología y Arte (MHAA) de la Universidad de Puerto Rico se establece oficialmente con la aprobación del Proyecto de Ley Núm. 97 en 1951, pero sus comienzos datan de décadas anteriores. El precursor del MHAA fue el Museo Juan Ponce de León, establecido en 1926 por el profesor Rafael W. Ramírez de Arellano, quien amasó una cantidad de objetos arqueológicos y materiales históricos que utilizaba como recursos didácticos en sus clases de Historia de Puerto Rico en la misma universidad. Esta historia sirve de precedente para realizar un primer ejercicio de manejo de varios aros líticos, objetos catalogados como “enigmáticos”, ya que se desconoce su uso específico, en la colección del MHAA. El interés por una conferencia en la que el arqueólogo Osvaldo García Goyco mencionó las diferentes lecturas que surgen al exponer los aros líticos a los cambios de luz, da pie a pensar la exposición del objeto a la luz como una posibilidad literal. Exponer la pieza no sería trasladarla de un depósito del museo a la sala, sino entenderla mientras se experimenta con ella. A partir de unas consideraciones sobre los rosarios cantados y el ciclo lunar, realizadas por Pedro y Elsa Escabí como parte de sus estudios etnográficos en Puerto Rico, se intenta componer una representación del ciclo lunar sobre el aro lítico acorde a su observación bajo los cambios de luz natural. “La luna tarda veintinueve días y medio en dar la vuelta alrededor de la tierra. Como es imposible observar ese medio día, en el calendario lunar los meses son de 29 y 30 días consecutivamente para un total de 354 días en el año lunar. La suma de dos meses lunares es de 59 días, los días equivalentes a las cuentas del Rosario.” Escabí Agostini, Pedro. El Rosario. Vista parcial del Folklore de Puerto Rico, 1982. Ponce: Casa Paoli del Centro de Investigaciones Folklóricas de Puerto Rico. 2000, segunda edición. Pág. 7

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#1.2008-0926 del depósito de la colección de arqueología del Museo de Historia, Antropología y Arte, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Coatrisquie, diosa madre, quien recoge agua de los valles entre montañas y la suelta para destruir la tierra, según Eugenio Fernández Méndez. La posición vertical presenta disco solar en el plano superior. Mediodía, 8 de septiembre de 2015. Manejo de aro lítico fino de Puerto Rico.

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#1.2008-0926 del depósito de la colección arqueológica del Museo de Historia, Antropología y Arte, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Collar de piedra: Coatrisquie. Probablemente asociado con ritos calendáricos. Puerto Rico, según Fewkes, 1907. Mediodía, 8 de septiembre de 2015. Manejo de aro lítico fino de Puerto Rico.

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Sesión fotográfica realizada por Jorge González y Max Toro en compañía del arqueólogo Iván Méndez. Patio interior del Museo Historia, Antropología y Arte, UPRRP. Edificio diseñado por Henry Klumb.

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Chakira Santiago, registradora del MHAA, organiza una selección de objetos ceremoniales taínos de la colección arqueológica del museo, previo a la reunión Lectura bajo la Cojoba, 30 de enero de 2017. Esta actividad dio inicio al programa de Escuela de Oficios como parte de la exhibición 359 días en 19 meses de Jorge González en la galería Embajada. La mayoría de los objetos manejados en esa ocasión se denominan objetos ceremoniales. Otros, sin embargo, carecen de referencias escritas en crónicas, por lo que se clasifican como enigmáticos. Según Santiago, la clasificación de enigmático hace referencia a varios objetos indígenas dentro de la colección del museo.

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OBJETO #2 EL SAPO Y LA CUEVA

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Mercedes López-Baralt en su ensayo El mito taíno comenta como el texto de Fray Ramón Pané es el “texto inaugural de nuestro mestizaje discursivo. Es un tratado etnográfico sobre América y el primero en recoger el diálogo entre el viejo y nuevo mundo. El primer corpus mítico americano en sufrir la traslación de códigos que va de la tradición oral a la escrita. Constituye el texto fundacional de nuestras letras. Es la piedra angular de la antropología moderna.”

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El artesano Guadalupe Villalobos, ubicado en el barrio Cordillera de Ciales, mantiene desde el 1956 un taller de ebanistería artesanal en el que se popularizó el diseño de la silla Klumb. Guadalupe marca enfáticamente el interés de que el que venga a su taller es a aprender y que él comparte su experiencia y destreza para generar continuidad, para poder descolonizar los objetos mismos y los aprendizajes mismos. Este taller colinda con el lugar arqueológico la Cueva de la Cojoba, lugar que la Escuela de Oficios visitó junto Guadalupe y Robinson Rosado como guías. Robinson Rosado, arqueólogo aficionado y promotor cultural nos señala los diferentes petroglifos que se encuentran en ella.

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Una de las referencias presentes que teníamos era la de Mónica Flaherty, quien en 1956-1957 se dedicó a visitar diferentes áreas de la isla donde se encontraban petroglifos y copiarlos con la técnica del frotado. En total, hoy se encuentran unos 50 frotados en la colección de Para la Naturaleza, y ninguno de ellos es de esta región. Dentro del frotado hay un interés por aludir a esos sistemas de comunicación y traslación de códigos que van desde la tradición oral a la escrita. Jorge González en su proyecto Others Forms of We implica de una forma material y a la vez lúdica el tramado que existe entre los objetos, las relaciones de estos en el espacio y las relaciones de conocimiento que se transfieren a través de experiencias colaborativas. La Escuela de Oficios está estudiando las consecuencias de popularizar el mueble de Klum mediante prácticas artesanales, cómo el objeto (la silla) se distancia de su autor para convertirse en un mueble popular y un bien común. Se trata de un ejercicio de mirar más allá del icono, de la voluntad de desplazar al autor y de generar el espacio para que este conocimiento se pueda compartir colectivamente. Cuando nos referimos al mueble de Klumb, también nos referimos a la colaboración entre Stephen Arneson y Henry Klumb (ArKlumb), así como al trabajo con su esposa Elsa Schmidt en el tejido y el diseño del soporte para el cuerpo.

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Guadalupe Villalobos, artesano cialeño de muebles, realiza una demostración de empajillado de enea (Typha domingensis) en una feria de artesanía, documentado por la Oficina de Medios Modernos del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP), clasificado en el archivo #4 del Fondo ICP, Archivo Fotográfico del Archivo General de Puerto Rico. Fondo de 3,000 registros tomados entre 1958 a 1980. Espacio facilitado por la archivera María Isabel Rodríguez. Visita realizada en compañía de Max Toro, fotógrafo del Departamento de Instrucción Pública del Estado Libre Asociado de Puerto Rico entre 1957 y 1962. De igual forma, el Departamento de Instrucción Pública es un fondo documental de este archivo que se funda desde el Puerto Rico Office of Information, oficina creada para presentar una perspectiva visual de la situación social y económica de Puerto Rico. Posteriormente, Toro realiza trabajo comisionado por Ricardo Alegría, primer director del ICP, para la documentación de edificios, exposiciones y eventos de índole cultural, social y política. Desde mediados de 1960, comienza a enfocarse en la fotografía de arquitectura en compañía Francisco Vando. Posteriormente, establece su taller de fotografía en su residencia en Hato Rey. Esta visita al Archivo Fotográfico del Archivo General inicia el proceso de donación y organización del trabajo de Max Toro, apoyado por María Isabel Rodríguez. 9 de febrero de 2016. Max Toro es uno de los acompañantes recurrentes de Escuela de Oficios.

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OBJETO #3 ALFARERÍA INDIGENA

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Este álbum es parte de la documentación del desarrollo del Taller Cabachuelas, taller de alfarería indígena fundado por los arqueólogos experimentales Roberto Martínez, Daniel Silva Pagán y Doña Varín Chéveres en el barrio Barahona de Morovis en 1984. Este taller dio inicio a un re-aprendizaje de técnicas de alfarería indígena de las antillas, complementando investigaciones arqueológicas que consideran la supervivencia del conocimiento indígena de la isla. Como parte del proceso de re-aprendizaje, se construyó un bohío y un batey delimitado con monolitos y otras tallas en piedra, utilizando una técnica de tallado de piedra con piedra. Este conjunto sirve de preámbulo a la reserva natural de las Cabachuelas, un sistema de aproximadamente 60 cuevas de donde parten las investigaciones arqueológicas de Martínez y Silva Pagán.

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OBJETO #4 LA PINTADERA

Durante la primera conversación con Elsa Escabí sobre sus investigaciones junto a su hermano Pedro, nos menciona con suspicacia que deberíamos buscar dónde se encuentra la pieza arqueológica que Pedro donó a la Universidad de Puerto Rico que apoya la teoría del calendario arauco. Posteriormente, averiguamos que la pieza se encuentra en el Centro de Investigaciones Arqueológicas de la UPR, cuya entrada se encuentra sin identificar en un costado del Anexo Economía Doméstica en el campus riopedrense. El 10 de junio de 2016, la arqueóloga Ivonne Narganes nos dio acceso para consultar una pintadera, o sello de barro cocido. De presumido origen prehistórico taíno, fue interpretada por Pedro Escabí en “Pintadera calendárica antillana,” artículo publicado en la Revista de Ciencias Sociales de 1985, como un calendario mnemónico de efemérides solares en la faja latitudinal 18oN que atraviesa Puerto Rico, La Española y Jamaica. Obtenida a través del comercio dominicano de artefactos saqueados de huacas, su contexto arqueológico es indeterminado. En aquella ocasión tuvimos la oportunidad de reunirnos con Luis Chanlatte-Baik y discutimos la vigencia de la teoría de Escabí. Desde el primer intercambio con Elsa, ella nos confió que un recurso básico para la interpretación de Pedro es el libro The Roots of Civilization: the Cognitive Beginning of Man’s First Art, Symbol and Notation de Alexander Marshack, quien propuso la polémica teoría de que las líneas talladas en ciertos huesos del Paleolítico Superior eran sistemas de notación, específicamente calendarios lunares que daban cuenta del paso del tiempo. Marshack establece un precedente sobre la evolución y el desarrollo prehistórico del hombre, que alteró radicalmente el pensamiento de antropólogos y arqueólogos examinando artefactos y dibujos de cuevas de la edad de hielo. Sobre esta base, apoyado en esto Pedro Escabí, desde otra disciplina (el folklore), propone la teoría de la importancia de regirse desde nuestra posición geográfica. Al realizar una búsqueda por internet, Jorge encuentra un libro de Ahmad Birashk titulado A comparative calendar of the Iranian, Muslim lunar, and Christian eras for three thousand years : 1260 B.H.-2000 A.H./639 B.C.-2621 A.D.. Un error en la escucha y la búsqueda del nombre del antropólogo lo llevó a compartir con Elsa este otro libro hermoso que compara los calendarios de varias civilizaciones, todos organizados alrededor de los ciclos lunares. Esta pieza insignificante, la pintadera a la cual alude Escabí, para el estudio arqueológico no tiene origen. El lugar en el que se recolectó es un elemento importante para entender la importancia de la pieza, ya que sin él no se puede establecer relaciones con el objeto. Es un objeto sin procedencia. La pieza fue donada por Pedro Escabí al Centro de Estudios Arqueológicos. La donación se consideró como el regalo de un aficionado que se apasiona por un tema.

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Uno de los intereses principales de Jorge González con el calendario es la relación y escala respecto al cuerpo. En octubre 2016, Jorge convoca a un taller de alfarería a través de la Escuela de Oficios en el Taller Cabachuelas de Alice Chéveres en el barrio Barahona, Morovis. Durante la jornada, los participantes Francisco González y Miguel Marxuach junto con Jorge y Alice, realizaron interpretaciones y copias del calendario antillano ejemplificado en la pintadera de Escabí.

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En la reunión con Chanlatte-Baik, identificamos esta misma publicación en su oficina y, junto al calendario antillano de Escabí, ambos libros nos acompañaron. Estas publicaciones se refieren a distintos sistemas calendáricos que se organizan desde su geografía. El lugar desde el que nuestros ancestros miraron es el mismo desde el que estamos mirando nosotros.

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Buscando el archivo del centro de investigaciones arqueológicas adscrito al Museo de Historia Antropología y Arte de la UPR encontramos un lugar en transición que devino permanente. Y cómo un sótano y una puerta sin letrero son el preámbulo de piezas arqueológicas. Nos recuerdan a los espacios desatendidos u ocupados. Un espacio en transición que permanece por el paso del tiempo pero que no está bien acondicionado para lo que alberga. Encontrar el espacio es casi imposible, pues existe una estrategia orquestada por los ocupantes para evitar que los curiosos lo toquen constantemente. La ausencia del letrero, y el interés de ubicarse en un espacio alejado y tranquilo para poder trabajar, nos hace pensar por qué cuándo algo se hace visible nos plantea preguntas sobre lo público y privado. En la botánica, cuando se describe un color al clasificar una hoja, se hace porque dicho espécimen con el tiempo va perdiéndolo, aunque la descripción de la hoja no sea necesaria ya que la tienes frente a ti. ¿Cuán necesario es el letrero, hoy, de este espacio de investigación y archivo arqueológico?

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OBJETO #5 BANQUETAS CHÉVERES

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Banquetas Chéveres, banquetas portátiles diseñadas en diálogo con Eustaquio Alers, como parte del proyecto Escuela de Oficios entre los siguientes talleres en Puerto Rico: Familia Alers Méndez de Aguadilla, Familia Chéveres de Morovis, Félix Cordero de San Germán, Joe Hernández de Ciales, Guadalupe Villalobos de Ciales, y MAOF en San Juan. El inicio de las Banquetas Chéveres surge a partir de la reconstrucción de silla ArKlu (firma de diseño establecida en Puerto Rico por los arquitectos Stephen Arneson y Henry Klumb) en diálogo con el hamaquero Eustaquio Alers. Al apartarse del diseño original, el maestro artesano emplea sobre el marco de madera un tejido que su padre realizaba para marcos de catre. De aquí desarrollamos junto con la Familia Alers los primeros estudios para la banqueta. El marco fue trabajado con el ebanista de mueble criollo Félix Cordero en San Germán. Tras el entramado está Tabatha Rosa, junto al maestro Alers. Tejido de Banquetas Chéveres, residencia de la familia Alers Méndez en la urbanización Vista Verde en Aguadilla, 6 de mayo de 2016. Proyecto llevado a diálogo sobre el marco curatorial de Much Wider Than A Line, SITElines 2016: New Perspectives on Art of the Americas, SITE Santa Fe.

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The Anne and Bernard Spitzer Hall of Human Origins, American Museum of Natural History, New York, 2015..

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Public Program, Much Wider Than a Line, SITE Santa Fe, 2016

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“Ciclo de la Maloca”, Abel Rodríguez, Much Wider Than a Line, SITE Santa Fe, 2016

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The Girard Wing of the Museum of International Folk Art, Multiple Visions: a common bond, Santa Fe, New Mexico, 2016

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Latin America in Construction - Architecture 1955-1980, MoMA, 2015

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Antillas para los Antillanos, 2da Gran Bienal Tropical, Kiosko La Comay, Loiza, Puerto Rico, 2016

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Sala de Arte Precolombino, Artes de África, Oceanía y Las Américas, Metropolitan Museum of Art, 2015

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Other Forms of We, reserva natural Las Lunas, Caguas, Puerto Rico, 2017

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Other Forms of We, reserva natural Las Lunas, Caguas, Puerto Rico, 2017

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Escuela de Oficios: Lectura bajo la Cojoba. Reunión formada bajo el dosel de un árbol de Cojoba próximo al conjunto de esculturas de Juan Ramón Jiménez, Luis Palés Matos y Pedro Salinas, Plaza Antonia, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Presentación de las Banquetas Chéveres, proyecto dedicado a la Familia Chéveres-Chéveres por su trabajo a favor de la supervivencia del conocimiento indígena de la isla, el 25 de mayo de 2016. Fotografía de Max Toro. La relación implícita entre el árbol de cohoba y el conjunto escultórico presente -compuesto por bustos de Juan Ramón Jiménez, Luis Palés Matos y Pedro Salinas- sugiere la lectura de Yerba Bruja. La poesía de Corretjer se refiere a lo indígena como el primer y único pueblo libre de Puerto Rico. La persistencia de la cohoba se puede relacionar al espíritu de la yerba bruja, planta resistente y difícil de erradicar. En esa ocasión se leyeron selecciones del prólogo, “Yerba Bruja”, “La Hamaca”, entre otros poemas.

Lecturas: Fray Ramón Pané, “Relación” (Capítulo XI) Beatriz Santiago Muñoz, “Cosmogonía” (Primer Ciclo) Juan Antonio Corretjer, “Yerba Bruja” (selecciones) Luis Palés Matos, “Litoral” (Capítulo IV) Rafael Acevedo, “Libro de Islas” (selecciones) Ángela María Dávila, “Animal Fiero y Tierno” (selecciones)

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Lectura Bajo la Cojoba, Plaza Antonia, Universidad de Puerto Rico Recinto de RĂ­o Piedras, 2017

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OBJETO #6 ARRECIFE TALLADO

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En septiembre 2015 Elsa Escabí nos comparte una carpeta de fotos sin identificar de los años setenta, con el deseo de que hiciéramos algo con ellas. La carpeta cuenta con alrededor de 40 fotografías, algunas repetidas, y una hoja de contacto. Llevamos las fotos al archivo fotográfico del Archivo General para que ellos las digitalicen. Nos interesaba que las fotos estuvieran depositadas en una institución accesible a investigadores y a la población general, para poder identificar el lugar arqueológico de donde partía la investigación. Marisabel Rodríguez, archivera de la colección fotográfica, nos hace el favor de consultar con una persona que ha hechos estudios de arqueología, y lo sitúa en Manatí, cerca de la Cueva de las Golondrinas, la Poza de las Mujeres y de la Hacienda la Esperanza. Sin embargo, no se pudieron identificar a los arqueólogos que aparecen en una de las fotografías dentro de la carpeta. Todas estas gestiones le son comunicadas a Elsa Escabí, pero no hemos perseguido la identificación de las intervenciones del espacio natural, ni la fecha de éstas. Al ver una de estas fotografías en el taller de Jorge González, Naldo Bagué (artista, curador y gestor del Foro Permanente de Performance) envía días más tarde un texto que dice: “Te extiendo estas imágenes que me envió un amigo, con el deseo de colaborar en algún momento”. Dicho texto está acompañado de 6 imágenes que documentan el mismo lugar, pero en el presente. El deseo de la búsqueda y el cuidado de aquellos que tienen interés por investigar sobrepasa las lagunas teóricas que pueden existir, o el riesgo de lanzarse a un material a través de sospechas y conversaciones en comunidad. Las fotos actualmente se encuentran catalogadas bajo “Elsa Escabí” en el archivo digital de fotografía del Archivo General de Puerto Rico y en una carpeta física en el archivo de los materiales de la Escuela de Oficios.

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TEJER — DESTEJER


ESTEBAN VALDÉS

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Arte, Cultura y Artesanía

Empiezo recordando la vez que escuché a Alice Chéveres decir “jamaca” en vez de hamaca, y me entusiasmé. Todavía ella decía “jamaca”, y siguiendo el hilo del pensamiento Heideggeriano de Alicia como término para desvelar la verdad, para buscar entre el velo de la realidad el fenómeno oculto, busqué entre la colección de palabras de origen arawaco en el diccionario de Hernández Aquino todas las palabras que empezaban con la sílaba “ja”. Así entre “jacanas”, “jájome”, “jayuya” y “jaguas” redescubrí que la sílaba “ja” se utilizaba para designar lo que estaba sobre la tierra y suspendido, como la “jamaca” que aquella voz había transformado recuperando su significado inicial. Seguí en un viaje retrospectivo hacia el lugar mítico de origen de los Arawacos en Brasil, hacia “jijijapa”; allí, los ancestros me advirtieron sobre el jaguar, el que brinca y muerde. Sobre el uso de los muchos sonidos ancestrales que se han perdido en la comunicación y que ya no utilizamos; de la importancia de escuchar los sonidos para la supervivencia, del ruido que los contrarresta; y de los neologismos que todavía podemos crear y utilizar, palabras que sean cónsonas con nuestra lengua postmoderna, y así enriquecer nuestra cultura. Rescatando aquellas cosas que yacían en la oscuridad del pasado, olvidadas pero en el camino del pensamiento del futuro deseado. Ampliando la búsqueda me cuestioné por qué los españoles habían sustituido la jota por la hache. Todavía en ese jamaqueo, releo a los primeros cronistas que llegaron a las Antillas, quienes trataron de captar los sonidos de los indígenas, los transcribieron a sus lenguas y los añadieron al castellano. Veo que Pané era catalán, pero que escribió para Cristóbal Colón en castellano, para ser traducido al italiano por Ulloa y luego, mucho más tarde, sus escritos vueltos a ser traducidos al castellano. Lo consulto con Joserramón Melendes, que me recuerda nuestras ponencias en los foros universitarios cuando defendemos nuestras novedosas propuestas poéticas contestando los proyectiles de preguntas lanzadas por los estudiantes sobre la lengua y la ortografía, desde la gramática de Nebrija a los posteriores, que los catalanes utilizaban la equis para el sonido de la jota. Así reencontré el Don Quixote mirando en el espejo a Don Quijote. A los cronistas castellanos cambiar las equis

de los Mexicas, por un México español. Me fui más lejos, a la Hispania del tiempo de la antigua Tarragona, Tartessos, cuando los fenicios plasmaban sus sonidos en el alfabeto, y llegué hasta la hache original, H, todavía signo de una puerta, y me detuve. La H era indicativa de que la siguiente letra no se pronunciaba, recurso utilizado por los griegos para hacer una pausa aspiratoria frente algunas de las vocales que incorporaron del alfabeto fenicio para poder escribir su lengua hablada con sentido y corrección griega. Préstamo que hacen a los romanos y dejan como legado a nuestras lenguas romances. Regresó a los castellanos, pero estos todavía no la habían enmudecido: utilizan la hache para denotar la aspiración como jota, ya no es la i escrita con un pie alargado llamada iota, sino jota. Añadí otra acepción de la hache aprendida en español antiguo, cuando la hache era allí la efe de Fernando y de fierro del Mio Cid, transformada en Hernán o hierro; entonces, también era una jota débil. Con el recuerdo inquisitivo apuntando hacia Gonzalo Fernández Oviedo, que consideraba a los indígenas como homunculus y no humanos con espíritu (alma que sí veía Las Casas), le echamos la culpa de ser uno de los que contribuyó a sustituir la jota indígena por la hache castellana.

Me encuentro con Chemi Rosado-Seijo en una las lecturas de intercambio bajo la inspiración del árbol de la cojoba en la Universidad de Puerto Rico, invitado por Jorge González, y me atrevo a decirle que la patineta o “skateboard” se dice “macanoa” en un neologismo arawaco. Pero tras consultar con los ancestros, con los nietos de la Boa, les oigo decir: “macana”, y pienso en la muerte cuando decían “macanaa”. Voy donde los otros ancestros Arawacos, los nietos del

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jaguar quienes me advirtieron sobre el sonido del vocablo jaguar, y digo ¡claro! Entonces, ¡jacanoa! ¡Oh! J. Huizinga y Roger Caillois nos recuerdan la importancia de los límites del juego y de la seriedad en el rol del desarrollo de la civilización: en la animación (estética) de los aspectos esenciales de toda la cultura, en el arte, la poesía, hasta en la guerra. Schopenhauer nos quita de la tristeza existencial viviendo para la creación artística y su veneración. Gustavo Esteva, voy también aprendiendo, usando la educación liberadora de unos seres “ordinarios” que destellan halos extraordinarios como Alice Chéveres y su hijo Félix, que han hallado los senderos hacia los distintos sitios donde vivieron en la isla los nietos de nuestros ancestros, en el complejo de cuevas conocidas como las Cabachuelas. El taller de cerámica de Alice en Morovis es donde se aprende la elaboración artesanal de las vasijas, modeladas como lo hacen las Taínas. El taller también sirve de acceso de entrada a los múltiples senderos que conducen hacia las Cabachuelas, estas cuevas que durante décadas fueron reconocidas por famosos arqueólogos extranjeros

y nuestros mejores arqueólogos, Ovidio Dávila y Roberto Martínez. Félix Chéveres, quien se crió explorando las cuevas y las conoce como la palma de su mano, fue nuestro guía. Fuimos hacia la que él llama la cueva de Los Ángeles, donde encontramos en la entrada petroglifos advirtiendo sobre su magia, representada por las figuras de la cara del hijo, de la Madre Tierra, el espíritu de la lluvia, Boinayel, y de la propia Atabey. Ambas figuras en sus paredes y en sus columnas de estalactitas; en una de ellas la versión dual de la Madre

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Tierra bajo el aspecto de Atabeira con sus dientes y cabeza de calavera, ya parcialmente borrada por la continua acción cársica del devenir del agua que sigue sus proceso naturales. En la búsqueda por descifrar este lenguaje que nos dejaron tallado los bojiques, y a veces caciques, en las piedras, que sabiamente nos dejaron previendo lo que podría ocurrir en el futuro por la transculturación en aras de la llamada civilización española y ahora inglesa que amenaza sustituir los valores de la cultura ancestral. Entrando a la Cueva de los Ángeles, vemos a Boinayel, con sus ojos lacrimosos que se convierten en la forma de un murciélago volando o un ser alado, representado por las narigueras de los payés y caciques de las etnias procedentes del norte de lo que es ahora Colombia. Tiene bajo su cara cinco estrías que descienden simulando la lluvia. Una mirada a la columna derecha y vemos más caras que se confunden entre la pintura y la talla original, como las caras de Atabey o de Boinayel, adivinamos… la del medio, ¿es Atabey o es la de Boinayel? Las lágrimas descienden de sus ojos. Esta seguida por otras similares, dato que anotamos. Debemos regresar para hacer unas impresiones y definir más las figuras. Jorge González recuerda el texto de Pané donde habla de los seres que se transforman en piedras a la entrada de las cuevas cuando les da el sol de la mañana, según uno de los mitos arawacos de los habitantes de la isla hermana de Quisqueya. De la Cueva de los Ángeles pasamos a la llamada por Dávila como la Cueva de los Gemelos. Encontramos en su interior, a la izquierda, en la figura de la cara y el cuerpo, la representación de un bojique. Tiene algunas características de las figuras de los bojiques con caras excéntricas: sus brazos podían ser piernas, su cuerpo podía ser una cara con dos extensiones sobre su cabeza88, ambas terminando en los tres dedos de los bojiques. La I de la derecha podría ser indicativo del culto a al planeta Venus, por la cruz sobre la “cabeza”. No muy lejos de este bojique, tan singular, están otras representaciones de bojiques. En otra pared a la derecha de la cueva, también dibujada con carbón, otros dos diseños, más primitivos: las figuras de dos bojiques


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representados como iguanas en esquemáticas líneas, como figuras de palos. Una de ellas, la de la derecha con cabeza pero todavía con una larga cola, nos recuerda que los caciques o bojiques eran los únicos que podían comer iguanas, como dueños del territorio; los únicos señores que podían comerse el reptil como bocadillo y así asegurar su fertilidad y por ende su progenie, estableciendo una temprana diferencia de clase social. Seguimos hacia otra cueva mucho más pequeña llamada Cueva de los Cristales ya que alberga una incipiente gruta, muy oscura, que al iluminar las estalactitas con las linternas revela su naturaleza cristalina de cuarzo que está todavía en formación. Cientos, miles, caen como “sorbetos” del techo y de ellas las gotas que mantienen mojada la arcilla del suelo. Lamentablemente hay quien ha recortado cientos de ellos pues contienen cuarzo y son una fuente de ingresos económicos de fácil acceso. Hemos estado acompañados por Amanaj Ri, quien es un bojique y maestro de la botánica. Comemos flores con sabor a malvaviscos de una planta que se llama verbena; nos frotamos con hojas de higuillo oloroso, camuflando los sudores producto de la caminata de cuatro horas y pico. Estando en periodo de la luna menguante, recogemos bejucos de calabacilla para las cestas; eneas para la construcción de asientos, alfombras y paredes; frutos cítricos, pana de pepitas traída para alimentar a los esclavos negros y otras que naturalmente crecen allí; recogemos arbolitos de mamey, la fruta que era el manjar de los “dioses”, e higueras. Todavía pienso que todo está por hacerse. Descansamos y regresamos donde está Alice Chéveres, con quien compartimos nuestra enaltecedora experiencia. Mi esposa se junta con Alice y se ponen a hablar de cosas de mujeres en el balcón de su casa, mientras nosotros los varones nos quedamos descansando frente al columpio, hablando de cosas de hombres, como en los viejos tiempos. Pienso en los mitos del yuuripili, el mito que establece la separación del conocimiento por sexo, dándole la ventaja a los hombres como los apoderados de los arawacos. Pienso en que Luisa Capetillo se quitó los pantalones para

dejar puestos los de Santiago Iglesias, para que fuera a Washington D.C. Sobre la olvidada Ana Roqué de Duprey y su campaña por conseguir por lo menos el voto para las mujeres. En los comentarios de José de Diego de que las mujeres no debían involucrarse en la política, por ser ésta cosa de hombres. En la lucha de la dirigencia Zapatista para integrar y capacitar el liderato de las mujeres, pues al fin de cuentas, son ellas las que hacen la mayor parte del trabajo. En la Comandanta Ramona. En las escuelitas zapatistas. En el respaldo a la nominación de una mujer indígena para participar en las elecciones nacionales en México. Los hombres todavía mandan en el patriarcado. Pienso en la búsqueda de Jorge por el Coabey que debe ser la misma de los ancestros cuando subieron por el río de Ciales, o Manatí, o el de Morovis buscando el análogo del paraíso terrenal. Buscando la fuente del río donde emana el agua de la Madre Tierra. Allí en las Cabachuelas estaban las características de un lugar mítico como el Coabey. Cerca queda una quebrada, ahora nombrada Quebrada de los Muertos, pero estoy seguro que era la de los ancestros, y que los espíritus de los ancestros todavía siguen por allí.

En ese lugar había manantiales, comida y refugio. Había misterio, el Apito era la casa de la Madre Tierra, de las Guácaras, del Zuimaco, de la magia, de Yermao y de los vasos comunicantes. De los más de cinco nombres que se dan a la Madre Tierra, el más significativo es el de Atabey; los demás son sus propiedades, características o manifestaciones. Títulos de reverencia e invocación. La letra A de Atabey significa el

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principio genérico del devenir, expresado con el símbolo universal en las piedras talladas en espiral. La espiral. El ideograma para resolver problemas. El fluir constante. La energía de la Tierra. La representación del espíritu de la Tierra. La letra A al principio de Atabey. La emites al final de la palabra canoa y mueves la tierra debajo hacia adelante, como la cabeza de la serpiente del río. La sílaba ta, es la de la abuela ancestral. La Tata, la Yaya, la Madre, todavía en uso por nosotros. La sílaba Be con el sonido de la i, Bei, es la unión de la Madre Tierra con nuestra ubicación temporal espacial. Estamos en el Be, entre el cielo Bo y el inframundo Ba. En el ombligo del cosmos. En la barriga de la Madre Tierra. (Las pleyades — las semillas — marcando el tiempo de sembrar entre marzo-abril, la primavera o la Garza Blanca, de los arawacos—Anacuya— la estrella Polar también tiene siete estrellas cuando forma la Osa Mayor). “Todos los apellidos de la gente, todos esos animales, los imakanasi, se hallan representados en los petroglifos. Más adelante observamos que los imakanasi se identifican con

la astronomía, por ejemplo, el imakanasi garza tiene que ver con la constelación que se observa en el cielo cuando comienza a declinar la estación seca,” Leonardo Paez La división del mundo en cuatro direcciones, basada en los solsticios; también representa el mundo de arriba: Bo, el cielo; Ba, abajo, el inframundo; el Este, la región del Alba; y el Oeste, el Coabey. Bei, en el centro, el ombligo de la Madre Tierra: el hombre.

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La Madre Tierra tiene un hijo mayor: Boinayel, el hijo de la Boa Parda, a veces gris. Se manifiesta en la o las nubes de lluvia. Boinayel se reconoce en las tallas o petroglifos por su cara, pues no necesita extremidades, y se distingue por las estrías de lluvia que descienden por su cara, de sus ojos, o por su pene, órgano que lo distingue de las caras de su madre que exhibe sus dos piernas, muchas veces enroscadas en espirales o volutas. También como madre de las aguas es a veces representada con estrías que descienden de su cara. Después de años de estar visitando sitios con petroglifos en Puerto Rico, los pocos de Tibes, los de la Plaza Caguana, una y otra vez. Después de haber creído descifrar el por qué de las cabezas negroides olmecas en la costa del golfo de México, y por ende haber estudiado la cultura formativa que dio base a los zapotecas y mayas. Después de haber caminado y visitado Monte Albán, Oaxaca, desde los ocho años, y de viejo tomando la ruta larga por Yucatán, en los solsticios, viendo y hablando con los mayas, los maestros y chamanes de hoy, en peregrinaje hasta las pirámides de Chichen Itza. Después de haber intentando descifrar los glifos mayas hasta que aprendí el apellido de quienes lo hicieron, y creí captar su cosmovisión escrita tardíamente en el Popol Vuh. Después de visitar como culto el Museo de Antropología Nacional en el Parque de Chapultepec, donde mi tío antropólogo trabajó como uno de sus fotógrafos oficiales. He tenido la suerte de tener un hijo arqueólogo que estudió en el INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia de México), quien a veces creo que se excede en su profesionalismo académico, por su rigurosidad científica y los macanazos que me da para iluminarme y resolver mis interrogantes. Me sentía capacitado para decirle al artesano Martínez, en una reunión en la Plaza Colón en el Viejo San Juan, qué significaban la colección de figuras de petroglifos de Borínquen que tenía reunidas en el cuaderno que utilizaba su compañero para realizar sus dibujos en la confección de sus trabajos de artesanía local. A este artesano, para mi sorpresa, no le pude decir quién era esa figura de cuya cara descienden unas rayas. Posteriormente averigüé que le decían figura de caras con barba. Todavía no he


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visto más de tres indígenas con barbas en mi vida. Pero redescubrí a Boinayel en la República de Santo Domingo, y allí todavía le ponen el nombre de Boinayel a sus hijos. Allí descubrí que le conocen como el “dios” de la lluvia. Asunto resuelto. Ahora veía a Boinayel en todas partes, sus petroglifos están regados por todo Puerto Rico. Así también descubrí a su madre, Atabey, a la cual estaba unida en su vientre o por unas líneas de relación, en su representación antropomorfa. Dejó de ser la Caguana. Lo próximo fue averiguar de dónde y cómo venían los diseños de las figuras, así que recopilé todos los que podía encontrar en Venezuela —¡oh Ricardo Alegría!— para descubrir que también había en Brasil, en Paraguay, en el norte de Argentina, en el norte de Chile, en Bolivia, Perú, Ecuador, en Colombia, Panamá, Costa Rica, Honduras, Cuba, Haití, Jamaica y las Islas Vírgenes. Todos estaban relacionados, pues surgen de los arwacos, uno de los tres grupos principales que poblaron Sudamérica desde 5,000 años antes de nuestra era. También tienen influencias de los pre-Incas y de los Muiscas, que ya tenían sus propias tallas en las piedras. Definen su cosmovisión en los petroglifos en los sitios sagrados y las rutas que seguían, que recuerdan todavía en sus areitos cuando las recorren en su pensamiento cantando los sitios por donde han estado desde que salieron de su ya mítico Jipijapa, en las Amazonas. En sus cantos y leyendas sobre su Madre Tierra, ella tenía varios nombres de acuerdo a las distintas etnias, clanes y fratrías, pero era la misma. En el Perú podría ser Huaca, el espíritu de la Tierra; en Borínquen, Guaca; en Bolivia, la Pacha Mama; en Colombia, la Madre de las Aguas. La artesanía local de estos sitios tan aparte y lejanos refleja una y otra vez esta cosmovisión en sus cestas, en su cerámica, en sus tejidos. Esta cosmovisión está expresada todavía en el pueblo, fuera de los museos, de las galerías de arte; muchas veces ignorada y relegada a un segundo nivel por los académicos que prefieren “estudiarla” entre ellos y esconderla de los ignorantes en las bóvedas donde el pueblo no va. Los museos internacionales las coleccionan y a veces las muestran fuera de su contexto, desvinculándolas de su sentido original. Las observan como

objetos enigmáticos y excéntricos. Desvinculando a sus creadores de ellos, creando una ruptura epistemológica y a la vez imposibilitando el acceso a su significado por parte de todos. En el Museo de la Universidad confunden cuando rotulan a un ancestro por un manatí, o una pieza temprana de la representación de Atabey y Boinayel tirada como una piedra decorativa en vez de estar erigida como menhir, como era su intención original. De ahí la importancia de restablecer nuestra relación directa con estos “objetos”. No es lo mismo ver las imágenes, fotos de ellos, o saber que están bien guardados, a tener un acceso directo y personal con el objeto. Se rompe la fuerza o relación con sus creadores. Se desvincula el hechizo de su magia con la que fue intencionada. Recuerdo a Sartre, cuando describe el poder de captación de la mirada y sus consecuencias psicológicas y fenomenológicas entre el objeto y el sujeto. A los huicholes cuando no se dejan retratar porque se les captura el espíritu. A los yanomami cuando reclaman que les devuelvan la sangre que se llevaron los científicos para analizar su ADN, pues están incompletos.

No entraré en lo que es la Cultura. “¡Al Diablo la Cultura!”, alguien gritó por ahí. ¡Oh, Levi-Strauss, ay! Pero sí diré que la cultura de hoy día es global. Lo que se hizo ayer en África es importante para comprender lo que hacemos hoy día, y lo mismo vale con lo que se hizo en Mesopotamia, y más allá en Asia, en China, en Europa. Cuando estudié en Humanidades, protestamos que el currículo era de Europa y Norteamérica.

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Logramos entonces establecer el Programa de Historia de Latinoamérica. La cultura de hoy requiere tener datos disponibles de todas las culturas; hacia allá nos llevan los medios de comunicación. El sincretismo cultural es inclusivo. En esta cosmovisión es necesario rescatar el pasado a través de todas sus expresiones, y la artesanía es parte fundamental porque viene del pueblo. Los artistas del ayer surgen de los artesanos: la elaboración de piezas tanto utilitarias como ceremoniales vienen de los artesanos y el arte de aquellos que se especializaron en la competencia. Cuando veo una silla tejida y elaborada por Jorge, veo al Artista. Tanto respeto le tengo como a los cuadros minimalistas de mi amigo Julio Suárez en la misma Casa de las Lunas en Caguas. Veo Arte en los diseños de las alfombras de eneas. Me da miedo sentarme en ellas, aunque después de la Bauhaus, ¡al diablo el concepto de la cultura de la clase dominante! Pero todavía siento que tengo ese miedo que se utiliza para controlar, ya desde mucho antes por los sacerdotes, para reservarse y excluir a al pueblo de la belleza. Para alejar al pueblo del objeto a venerar. Cuando veo las vasijas de Alice Chéveres también

veo a la Artista. ¡Oh, Francisco Toledo, cómo te atreviste a ilustrar el Bestiario de Borges! ¡Debe de estar retorciéndose en la tumba!

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MICHY MARXUACH

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Guion y rayas: textos hablados o signos en un diálogo — un acercamiento a compartir sin comillas. Un intento de vincular o de alguna forma ser un signo auxiliar. Huye de los se-debe imperativos. No te creas el no-sepuede. Creo que algunas de estas palabras se las escuché a Waly Salamao. Arma, desarma, intenta, teje y desteje desde los encuentros y las teorías aquí presentadas, desde las conversaciones convocadas por la Escuela de Oficios. Habita la geometría del propio espacio, que es otro espacio ya en construcción mediante tu uso. Recorre el espacio donde el lenguaje del encuentro desborda el alfabeto o la racionalización utilitaria, dilatando las limitaciones de comprensión y potenciando la posibilidad de soñar. Expande con narrativas individuales o colectivas la percepción de la experiencia misma al habitar el espacio del encuentro. Deforma los materiales. Preguntémonos qué materiales son accesibles, cuáles subyacen subterráneos, y qué herramientas necesitamos para acceder a ellos y poder construir relaciones de acompañamiento. Yo sigo preguntándome: ¿De qué manera y cuándo debemos proponer relaciones? ¿Cuáles debemos abandonar? Este espacio/publicación se ha resbalado intencionalmente para no ser secuestrado por el consumo y su exigencia de responder a una medición y una utilidad. Se ha resbalado de un tiempo y se ha adaptado a otro. Hemos sido conscientes de las intenciones de captura, colonización y neocolonización que se dan cuando respondemos con unas formas que no necesariamente son acordes al material que se trata. Hemos sido conscientes cuando las mismas formas producen esas nuevas colonizaciones. Me sigo preguntando de qué maneras y quiénes continúan rompiendo conexiones y procesos necesarios para la emancipación. Qué formas construimos que dejan en la sombra a participantes inabordables, irresolutos, indomables, y que en cambio acomodan a aquellos que hacen planteamientos traducibles y cómodos. Me hago eco de Lina Bo Bardi cuando dice: “qué significación tiene una pieza aislada, aunque se exponga con la más perfecta técnica museográfica [...] aislada en el tiempo y el espacio, sin ningún vínculo con el presente y sin continuidad histórica”. Un acompañamiento que me ha ayudado a no boicotear los procesos que habitamos, sino a engrasarlos para que

resbalen, han sido las metodologías de Harun Farocki. Nunca lo conocí, siempre soñé con conocerlo. Tres técnicas que me apropio de él: 1. Cuando narra lo siguiente: “Antes de colocar un adoquín, los trabajadores lo tiran hacia arriba y lo vuelven a atrapar. Cada piedra es diferente y así, en el vuelo, deciden dónde colocarla”. [PAUSA] Me hace ver el espacio/tiempo/contexto que co-existe en el gesto presente del trabajador y en el ladrillo. Me hace entusiasmarme con la capacidad que tiene el lenguaje de crear imagen así como acción. 2. Durante el montaje, recuerda: “Quizás se pueda pensar que el plano-contraplano es como caminar: siempre colocamos un pie delante del otro. Primero el izquierdo, luego el derecho. Repetimos tanto esta acción que después ya no sabemos cuál pusimos primero. Si nos detenemos a mirar o a pensar al respecto podemos desesperar. Si no miramos ni pensamos al respecto, alcanzamos un ritmo que permite que algo avance”. [PAUSA] Me hace presenciar la idea misma de recorrido continuo, el “ongoing”, y pensar sobre la distinción que hacen los indios tewa entre la vida en ceremonia y una ceremonia en sí.

3. Al editar, resiste: “Editar es una tarea repetitiva. Cada corte exige un esfuerzo especial, un esfuerzo que hace que algo sea visible. El tiempo pasa rápido. La película avanza y retrocede en la mesa de edición y un fragmento se relaciona con el siguiente. Para encontrar una escena que fue vista diez minutos antes, se debe esperar nuevamente dos minutos y medio”. [PAUSA] Me recuerda las herramientas de apoyo que sirven para enfocar el potencial de lo disperso, que es lo que ha ocurrido con esta publicación.

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El espacio dejado al olvido, el espacio en deterioro junto a las personas que continúan ocultadas por un sistema que silencia no es un ensamblaje sino pistas a perseguir, junto a objetos que todavía provocan nuevas narrativas. La alerta y preocupación por las constantes fracturas que provocan ausencias deliberadas han sonado constantemente en este espacio de 359 días en 19 meses (un calendario replanteado, un espacio literal que ha abordado Escuela de Oficios y a un enigma todavía por resolver o quizás fue/es un andamio/estructura de apoyo que yace en el subsuelo de nuestra experiencia). Y aunque tenemos presente el peligro que hay cuando se intenta tejer sabiendo que algunos de los nudos pueden ocasionar obstrucciones, dejar destejido por distanciamiento e inercia no es una opción, ya que estas ausencias son, al igual que los objetos, parte de nuestra construcción social y por ende, nuestro paisaje. Pensemos en un espacio y tiempo (sin cronología), en la energía y el mito (sin romanticismo), en la acción y el proceso, pues es ahí donde existe, donde se da el potencial de la re-narración. Es ahí donde quizás podamos habitar junto a los territorios que subyacen ocultos en la representación. El terreno es una conversación a muchas voces (término que robo a Ramón Salas) que no se traduce ni se explica por la lógica racional que muchas veces pacifica los sentidos. Los invito entonces a habitar este espacio, pensando tanto en la materia inerte como en la viva, ya que cada narración que de aquí se desprende es una ecuación no contemplada, una perspectiva que se desplaza y posibilita múltiples montajes. La producción -y todas sus contradicciones- es uno de los elementos de esta publicación. Navega entre la imaginación y la realidad con la intención de ampliar y acercarse a lo no dicho: el proceso, el pre-pensamiento, lo poco conocido, lo que se pasa por alto, lo oculto, lo olvidado, lo no remunerado, lo invisible, lo inmaterial, lo desaparecido, y lo que nunca podremos conocer. Quisiera especificar que el proceso no está aquí de fetiche sino que se piensa como forma e intención. Se convierte

en herramienta para construir, para buscar la empatía con quien decide ensimismarse en él, para acompañar (en lo posible) al individuo en comunidad que decide re-pensar la otredad, y acompañar también a esos otros seres inertes (los objetos) que construyen espacios a corto o largo plazo. Al final, se acumula energía en la ausencia de la presencia o en la presencia de una ausencia que participa en la vida en ceremonia.

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Una introducción a la publicación Tratamientos para evitar la erradicación: objeto enigmático debería ser simultáneamente objeto y proceso de los múltiples ángulos e intersecciones posibles desde las que preservar, por un momento, la construcción y mitología, el registro y el material de experimentación del objeto. Tarea difícil. Pero cómo imaginársela de una forma práctica… [PAUSA] pienso aterrizar algunas ideas habitando la geometría de este espacio, siguiendo las relaciones de afecto. Recibir los obsequios que se desprenden de las relaciones afectivas, aún en la incertidumbre y con el riesgo que destapa los puntos ciegos de este proceso. Entonces, disectar, usar, practicar e introducir algunos de los tejidos que aquí se lanzan es parte de la geometría que proponemos. Un juego arriesgado, repleto de líneas operativas en la estructura que construye y nos construye. Un apoyo para desviar o reiterar. Una alerta frente a la ruptura, para evitar la erradicación. Entonces, re-tejer con guiones y rayas, con textos hablados y signos para un diálogo colectivo (pero sin comillas) es una forma auxiliar al cruce, trazo y angulación de líneas y contenidos. Me rindo ante la incomprensión que pueda causar este andamiaje y me apoyo cómodamente en el reconocimiento y conocimiento que contienen los diálogos, que muchas veces no guardan relación con el presente. Me rindo ante el compartir sin comillas a sabiendas que nosotros mismos encomillamos. Esta incomprensión temporal deja de ser la narrativa que obedece al “orden natural de las cosas” y nos permite construir desde la denuncia, el uso y la propuesta. Regresando al elemento de estudio, Tratamientos para evitar la erradicación: objeto enigmático, y a la geometría del espacio, me pregunto sobre la morfología que hemos creado. Qué otra geometría podemos establecer, cuando los ejes nos interceptan. Hablaba con Sofía Olascoaga, colega que nos ha acompañado desde que comenzamos Herramienta Generosa Vol.1, de que constantemente estamos respondiendo y traduciendo procesos sin darle tiempo a la experiencia de ser por sí misma. Las traducciones, en muchos casos, concretan y reducen lo desconocido, y en el camino de verbalizar pasan por alto los puntos ciegos que tanto peso tienen. ¿Cómo no narrar, no evocar y no documentar, sino acompañar y actualizar los gestos que el objeto mismo nos plantea? Hace unos años compartí la siguiente frase en un encuentro: “Los encuentros no son imparciales: implican cercanía y definen negociaciones previas y posteriores que al tratar de comprenderlas, suscitan nuevas sensaciones y múltiples preguntas, nos permiten imaginar diversos escenarios. Son formas de habitabilidad y crean configuraciones temporales. Son en sí movimiento y acción en formación.” Por lo pronto, aquí compartimos algunos datos que nos relacionan y nos permiten revisitar historias, mitologías o pedazos de ellas desde la mesa de trabajo. También algunos de los participantes han generado espacios para sacar a flote nuestros propios demonios (aquí refiriéndonos a la fuerza espiritual, daimon, y no a la definición cristiana). Los que hemos participado en este recorrido hemos aceptado


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la invitación a convivir con el material, los objetos y las personas a quienes la historia y mitología corresponden; nos dimos el tiempo para recorrer junto a ellos. Esta es una iteración, y una de las muchas morfologías que se desprenden de una ecuación subjetiva que a la vez es objeto y proceso de emancipación. La construcción de los siguientes 4 párrafos la titulo: resistencia incitante sin sonambulismo estético. Utiliza párrafos y frases reorganizadas del prólogo del libro Yerba Bruja, de Juan Antonio Corretjer, de la edición anotada de Joserramón Melendes: Bryophylum pinnatum (Lam) Kurtz. - Bruja, yerba bruja. El nombre vulgar de bruja hace referencia a su resistencia a los tratos más crueles que puedan dársele. Este yerbajo, típico de las regiones cafetaleras sobrevive casi todos los tratamientos de erradicación, desde el desyerbo a mano hasta concentraciones altas del yerbicida 2,4-D. Bruja, yerba bruja [resistente] a los tratos más crueles que puedan dársele” es fenómeno que ha de asombrar a los futuros botánicos y fitotaxónomos. Esta yerba no posee elementos narcóticos que pudieran convertirla en fuerza de alteración imaginaria de la realidad. Su prospecto botánico no me capacita, pues, para usar su nombre como símbolo de la transformación imaginativa de materiales puertorriqueños en poesía. Bruja, yerba bruja [sentido mágico - incitante]. Aún guardadas en libros o suspendidas en clavos, las hojas suelen retoñar. Si la raíz de lo puertorriqueño ha logrado sobrevivir casi “todos los tratamientos de erradicación”, desde “el desyerbo a mano” de la conquista española y la lava ardiente de la forzosa inmigración africana, “hasta concentraciones altas de yerbicida 2,4-D” del sistema deformador entronizado con la invasión yanqui, entonces la yerba bruja es el mejor símbolo de la admirable y mágica capacidad de lo puertorriqueño para sobrevivir todas las adversidades. Hay en Puerto Rico una yerba llamada bruja. Sería ridículo que lo anteriormente expresado me haga aparecer confundido sobre lo que Puerto Rico es. Nuestra patria es una nación hispanoamericana. Somos los descendientes de indios, españoles y negros. Y en la transculturación de estos elementos que nos completó nación, nuestro común denominador es lo hispánico. ¿A qué, entonces, nuestra constante evocación literaria del indio y del indígena? ¿Resonancias a secas del romanticismo? No. Es que secretamente nos conmueve el sacrificio de los que fueron nuestros últimos paisanos realmente libres. Nuestra añoranza indiana es nostalgia de libertad. He encontrado, desde hace años, en el Popol-Vuh, libro sacro de los mayas, inspirada fuente de orientación artística. No es en lo mío, sin embargo, emigración imaginativa, sino punto de referencia. Lo que de mí sale me vino de mi tierra. Me entró por las raíces. ¡Yo creo en mi América, en mi Caribe, en mi Borínquen! ¡Aunque sólo de mi Borínquen soy en cuerpo y alma! (No creo en el sonambulismo estético). No narro. No evoco. Intento actualizar. Aplico al tema un tratamiento casi reminiscente, en el sentido platónico del vocablo. No he pretendido desenterrar una momia. He deseado hacer visible el resplandor de la imaginación india presente en la nuestra - en la mía, por lo

menos. Y he querido hacerlo en una forma viva. Como vive en ciertas ancestrales intuiciones y en determinados reflejos subconscientes del alma patria. Como vive en nuestra toponimia y zoonimia, en nuestra fitonimia y ornitología. Pues bien. Riego, contra la mano intrusa y el cultivo extraño, esta sementera de bruja. Y, como aún guardadas en libros sus hojas suelen retoñar, acariciándome quedo con la esperanza.

Me pregunto todavía, ¿Cómo podemos publicar una experiencia? En el intento, sigo pensando en aquellas definiciones y palabras que usamos, que queremos descartar o apropiar. Estas van traduciendo y construyendo las propias mitologías y experiencias, trazando vínculos con otros y con múltiples tiempos. “Denunciar: elevar el propio pensamiento hasta el nivel del enojo. Protestar. Separar, voltear las cosas que parecen caer del suyo. Pero también establecer, en un nivel, una relación entre cosas que, en otro nivel, parecen completamente antagónicas. Esto es … un acto de montaje.”1 Los indios tewa hablan sobre el “stepping in” como un término que desarticula la idea del tiempo moderno, en donde no hay un punto de partida ni un final. La palabra que utilizan suena así: ahdtugeh. Esta palabra corresponde a un peregrinaje, un acompañamiento que existe constantemente, un “ongoing” y es contraria a la palabra angst (o desesperación existencial). Por lo pronto, me suscribo a pensar (justificada sólo por una sospecha salvaje) que no fue la palabra angst la que permitió que estos sujetos, objetos e historias todavía no tengan publicado su espacio en la historia. Más bien, pienso que fue un andamiaje de ausencias deliberadas propias de la construcción discriminatoria colonial, academicista, de género y de raza. La ausencia de alguna ave en una ambiente es una evidencia más fuerte que la presencia de una ave en un ambiente, según me cuenta un buen amigo. En otras palabras esta relación (de la presencia y la ausencia) dicta una clave importante sobre algo que está ocurriendo.

Si ha sido posible con la tecnología actual rescatar capas escondidas en los palimpsestos del siglo VII, me pregunto: nos servirá alguna de estas herramienta para adentrarnos en los agujeros negros que hemos creado en nuestra propia historia.

Didi-Huberman, Georges. “Cómo abrir los ojos” en el Prólogo de Farocki, Harun. Desconfiar de las imágenes. Buenos Aires: La Caja Negra, 2013. 1

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Diccionario de ficción - abstracción Comparto algunas palabras que son el resultado de un ejercicio sin tiempo, de ficción—abstracción, para pensar sus definiciones en tanto que experiencias simultáneas de temporalidades, transiciones, caminos y país1. Un intento por crear puentes entre tiempos y discursos, comenzado en 2015. (selección de las versiones 1-5) Afán incontenible: una fuerte sed de ir a todas partes; de explorar, en sólo una jornada, los rincones más apartados y distantes. Intuición: vital para establecer los límites de aplicación de la tecnología que empleamos para lograr nuestros objetivos y disminuir los efectos contraproducentes causados por la aplicación inútil de la tecnología. Espejismo vegetal: cuando la sequedad, la aridez… despierta a un mágico verdor por un palmetazo de lluvia y radiante como una ilusión, apenas dura un momento, se evapora, rauda, en la atmósfera tensa de áspera rutilancia.

the present; the future, too. Sterile speculation: when the form was confined to the pictorial plane, bearing no relation to reality, material techniques or the economy creating a lack of vital connection with the community. La obra de arte: enseña y es enseñada al mismo tiempo, es sustantivo y verbo. La experiencia de participar de una obra de arte: un espacio esquivo pero conquistable.

Producción artística: una combinación de revoluciones y estabilizaciones.

Hombre frustrado: uno que existe sin historia en uno de esos pueblos sin geografía.

Atmósfera de brumosa melancolía: aquella que permanece en un limbo infranqueable.

Cultural pollution: invisible, puts time in danger and has inflicted long-term thoughts.

Corporación abstracta: aquella que deja al pueblo inmóvil, quieto, aplastado como si sobre él hubiesen pasado un rodillo enorme.

Mediterranean house: a perfect correspondence between architecture and the environment in which human lives unfold; pure and perfectly integrated into the earth and the landscape, so constant with the life going on with and around it. The house grows out of the land whilst remaining deeply rooted in it, its proportions governed by a constant: the human scale.

Un paisaje en Puerto Rico: montes y campo abierto con fondo donde el cielo y el Mar Caribe están casi fundidos. Similitud entre el arte y la enseñanza: ambos procedimientos convencen a las personas de algo en que creen (sean datos o ideas). Obra de arte: lo que ha resistido a ser una gran narrativa; una unidad autónoma que cuenta una historia única e intenta renunciar a la ambición de una historia lineal que avanza como un tren en línea recta. Dilema: imaginarse un mundo, un destino distinto y más alto.

Forest: place where the micro- and macro- organisms interconnect with us, and the place for transmitting our knowledge; it is an area of education. Theory: theory relates to practice, in that practice is rationally and necessarily demonstrated through theory, while theory is shown to be realistic and rational through its practice. A silent and gradual genocide: cross-generational contamination of soils, water streams, pipelines, moisture, clouds, impregnating food chain, unleashing collective death of the human and non-human. Maximising available space: eliminate all non-essential partitions by offsetting high construction costs. Forest: a vast, future_proliferating ecology of thinking selves.

Explayado: el suceso maravilloso que se revela con la fuerza inefable y mágica de un deslumbramiento. Lección subterránea: estética de la conversación, del deambular, de toparse con gente y hablar, fantasear, sin rutinas avasalladoras ni exámenes de comprobación. Una educación sentimental. Comunidades no programadas: comunidades en Puerto Rico que se han creado de forma espontánea o informalmente por la gente y no por el gobierno, el sistema o la empresa privada. Living selves: do not exist firmly in the present; they are just coming into life in the flow of time. It is not just the past that comes to affect

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Only way to approach university-level teaching: cooperation between teacher and student, where teacher makes her experience available to students, then those students -through their interest in that experience- require from the teacher a continual self-criticism. Producción artística: una combinación de revoluciones y estabilizaciones. Las obras y autores de donde provienen estas palabras y sus definiciones: Silvia Álvarez Curbelo, Jose Luis Blondet, Tania Bruguera, Luis Camnitzer, Pablo Helguera, Lucilla Marvel Fuller, Edwin Quiles, Francisco José Ramos, Myrna Renaud, Carlos “La Sombra” Torres Meléndez, Bernat Tort, Ana Rosa Valdez. De las publicaciones: Herramienta Generosa Vol.2, Beta Local, 2015; Agítese antes de usar. Desplazamientos educativos, sociales y artísticos en América Latina, Renata Cervetto y Miguel López (eds.), TEOR/éTica (San José, Costa Rica) y Malba (Buenos Aires, Argentina), 2016; Luis Palés Matos, Litoral. Reseña de una vida inútil, Folium, 2013; Ursula Biemann y Paulo Tavares, Forest Law-Selva Jurídica, Michigan University Press: Eli and Edythe Broad Art Museum, 2014; Lina Bo Bardi, Stones Against Diamonds, Londres: Architectural Association Publications, 2012. 1


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“Cuenta Pedro Mártir, y lo copia Las Casas, que un cacique requería de amores a una india, a tiempo que aquella oraba en un templo cristiano. Protestó ella: - Teitoca, téquéta cinato Guamekina, guaiba. (Que significa: estáte quieto. Mucho irritado al Señor, retírate) A lo que ripostó el cacique: - Cinato macabuca Guamekina. (Esto es: No me importa que el Señor se irrite) El Señor, yanquizante o europeizante, puede irritarse, si quiere. Cinato macabuca Guamekina.”

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Esta publicación se inscribe en la iteración #3 del proyecto Herramienta Generosa. La investigación de esta publicación ha sido parte de un diálogo comenzado en el 2014 entre Escuela de Oficios y muchas otras partes: Beta Local, Fundación Puertorriqueña para las Humanidades, el Centro de Estudios Avanzados del Caribe, y así como muchos otros interlocutores que nos han acompañado durante el camino. Los textos originales de esta publicación son de sus autores, Michy Marxuach* y Esteban Valdés. Los textos que acompañan las fotografías son obra de la Escuela de Oficios. La publicación incluye la reproducción de textos y conferencias de Ana Roqué de Duprey, Ángela Negrón Muñoz, Fernando Estévez, Roberto Martinez Torres. Editora de texto Julia Morandeira Arrizabalaga. Diseñado por Olga Casellas Badillo, Tiguere Corp. Impreso en la imprenta del Departamento de Educación de Puerto Rico en junio 2017. Esta publicación no hubiera sido posible sin la contribución de todos aquellos que han participado en su proceso; a todos ellos, gracias. Muchos de ellos están entre estas páginas; muchos otros, no, aunque su colaboración no haya sido menos valiosa. Pidiendo disculpas por adelantado a cualquiera de quien nos hayamos olvidado incluir en la lista, quisiéramos dar las gracias por sus ideas y tiempo a: Eustaquio Alers, Familia Alers-Méndez, Amanaj Ri, Nana Caguey, Domingo Dávila, Beta Local, Centro de Investigaciones Arqueológicas (UPR), Luis Chanlatte Baik (1925-2016), Ivonne Narganes, Alice Chéveres, Felix Chéveres, Elsa Escabí, Carmen Medina, Milagros Rincón, Fernando Torres Flores, Francisco González, Gilberto González, Joe Hernández, Guadalupe Villalobos, Robinson Rosado, La Recolecta, Natalia Muñoz Paraliticci, Karla Claudio Betancourt, Steve Maldonado Silvestrini, MAOF, Flavia Marichal, Iván F. Méndez Bonilla (1953-2015), Chakira Santiago, María Isabel Rodríguez, Archivo General de Puerto Rico, Pablo León de la Barra, Manuela Paz, Christopher Rivera, Marina Reyes Franco, Chemi RosadoSeijo, Sofía Gallisá, Irene Santiago, Olga Casellas, Max Toro, Esteban Valdés, Carmen Franco, Tita Franco, Ferdy Lloveras, Carlos Casellas, Flexible Packaging. Quisiera dirigir un agradecimiento especial a la Fundación Puertorriqueña para las Humanidades y a Pedro Mombille, quien pacientemente trabajó con nosotros estos últimos dos años.

* Advertencia: Muchas de las ideas, conceptos o frases contenidas en los textos creados para esta publicación no son originales ni de mi autoría: Derivan de muchas otras personas, y por lo tanto concedo el crédito a cualquiera que lo reclame. No reclamo ningún derecho de autor sobre ninguno de mis escritos; al contrario, permito y fomento que cualquier persona utilice cualquier idea aquí esbozada, sin tener que darme ningún crédito o reconocimiento alguno. Mi proceso conlleva lecturas, conversaciones y experiencias que se mezclan esquizofrénicamente en nuevos conceptos, que ni yo misma sé a quién pertenecieron.

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La lectura realizada el 25 de mayo de 2106 en el jardín de la Plaza Antonia, junto al árbol de la cojoba, detrás de la torre de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras fue sugerida por Domingo Dávila. Domingo llega por invitación de Francisco González y trae una edición de Yerba Bruja, anotada y con nuevos materiales, que realizó el poeta Che Meléndes en 1992.

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Herramienta Generosa Vol2: Addendum by michy marxuach - Issuu