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ALMAS noviembre 2017

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Publicación de Misioneros de Guadalupe

Noviembre 2017 Año LXVIII • Núm. 815 Ejemplar gratuito


Papa Francisco

Homilía de la Santa Misa de clausura del Jubileo de la Misericordia 20 de noviembre de 2016, Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo

Por este amor, Cristo se abajó hasta nosotros, vivió nuestra miseria humana, probó nuestra condición más ínfima: la injusticia, la traición, el abandono; experimentó la muerte, el sepulcro, los infiernos. De esta forma nuestro Rey fue incluso hasta los confines del Universo para abrazar y salvar a todo viviente. No nos ha condenado, ni siquiera conquistado, nunca ha violado nuestra libertad, sino que se ha abierto paso por medio del amor humilde que todo excusa, todo espera, todo soporta (cfr. 1Co 13, 7). Sólo este amor ha vencido y sigue venciendo a nuestros grandes adversarios: el pecado, la muerte y el miedo. Hoy, queridos hermanos y hermanas, proclamamos esta singular victoria, con la que Jesús se ha hecho el Rey de los siglos, el Señor de la historia: con la sola omnipotencia del amor, que es la naturaleza de Dios, su misma vida, y que no pasará nunca (cfr. 1Co 13, 8). Compartimos con alegría la belleza de tener a Jesús como nuestro rey; su señorío de amor transforma el pecado en gracia, la muerte en resurrección, el miedo en confianza.


Intenciones P. Ignacio Flores G., mg

Por la

evangelización:

Testimoniar el Evangelio en Asia. Por los cristianos de Asia, para que, dando testimonio del Evangelio con sus palabras y obras, favorezcan el diálogo, la paz y la comprensión mutua, especialmente con aquellos que pertenecen a otras religiones.

Hablar de Asia desde un punto de vista social es mencionar a países caracterizados por numerosas poblaciones y grandes desarrollos económicos. Por otra parte, desde el contexto cristiano, es hablar de pequeñas comunidades, vivas, perseverantes y esperanzadas en vivir un ambiente religioso de mayor libertad. La gran pluralidad de religiones e ideologías en ese gran continente merma, de algún modo, la posibilidad del florecimiento de la fe cristiana, a causa de la intolerancia, el rechazo, la falta de comunicación y la discriminación. Este mes nos unimos a las comunidades cristianas que en algunos países asiáticos aún continúan limitadas para manifestar el derecho primordial de profesar su fe. También pedimos por aquellas otras naciones donde la Iglesia florece y avanza hacia el camino de la Salvación. Oremos para que se logren condiciones de diálogo y paz, y que el progreso no sólo sea en el nivel material, sino también en el espiritual.

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Ejemplar gratuito. Prohibida su venta. Año LXVIII • Núm. 815 • Noviembre 2017

Portada El P. Luis Alonso Yepes C., mg, con feligreses de una comunidad en la Misión de Angola.

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Papa Francisco Intenciones Editorial Dios es Dios de vivos Pastoral Vocacional Mi labor misionera en Kenia Vida mg Una imagen, una oración El sacrificio para pedir la lluvia Sólo para niños DIRECTORIO

Director: Sergio Augusto Martínez Sánchez Codirector: Juan José Ramírez Escarza* Diseño editorial: Enrique Ascencio Salgado* Ilustración: Ana Patricia García Sagrero Enlace administrativo: Antonia Hidalgo López* Webmaster: Jorge Hugo Guerrero Luna Edición web

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Sitio web: www.revistaalmas.com.mx www.mg.org.mx f/misionerosdeguadalupe t@misionerosmg Línea Misionera: 01 800 00 58 100 Almas es editada por Editora Escalante, sa de cv, Córdoba 17, pb, local 1, Col. Roma, Del. Cuauhtémoc, cp 06700, México, df; editor responsable: P. José Alberto Contreras Téllez, mg. Distribuida por Misioneros de Guadalupe, ar, Cantera 29, Col. Tlalpan, Del. Tlalpan, cp 14000, México, df. Certificado de Licitud de Título y Contenido Núm. 16831. Impresa en Reproducciones Fotomecánicas, sa de cv, Duraznos 1, esquina Ejido, Col. Las Peritas Tepepan, Del. Xochimilco, cp 16010, México, df. Tel. 5334 1750. Registro Postal Publicaciones Núm. PP09-0298 autorizado por Sepomex. El Instituto de Santa María de Guadalupe para las Misiones Extranjeras fue fundado en 1949 por el Episcopado Mexicano y la Pontificia Unión Misional del Clero para formar y enviar misioneros a los países no cristianos que le señale el Santo Padre. El Papa Pío xii aprobó sus Constituciones. El Primer Superior General fue Mons. Alonso M. Escalante. El Instituto es sostenido por los católicos mexicanos.


Editorial

Cristo, Rey del universo Estimados lectores, este mes culmina el año litúrgico con la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, que en esta ocasión se celebrará el día 26. Juan José Ramírez Escarza

Codirector de la revista Almas

La fiesta fue instaurada por el Papa Pío xi el 11 de marzo de 1925, con la intención de invitar a que los católicos reconociesen públicamente que la cabeza de nuestra Iglesia es Cristo. Posteriormente, la fecha se movió para darle un nuevo sentido: al cerrar el año litúrgico con ella se quiso resaltar la importancia de Cristo como centro de la historia universal. Él es el principio y el fin de todas las cosas y reina en las personas con su mensaje de Salvación. El Reino de Cristo es para siempre y para todos los hombres, y sabemos que ya ha comenzado, pues se hizo presente en la tierra con su venida al mundo hace más de 2 mil años. Sin embargo, para terminar de instaurarlo es necesario que los católicos asumamos nuestro papel y responsabilidad en conseguirlo y vivirlo. La Iglesia tiene la Misión de predicar el Evangelio a todos los hombres, para conseguir que el Mensaje de Cristo llegue a cada corazón, cada familia y cada sociedad. Con esto lograremos alcanzar un mundo nuevo en el que reinen el amor, la paz, la justicia y la salvación eterna de todos los hombres. Lo primero que debemos hacer es conocer a Cristo a través del Evangelio, la oración y la práctica de los sacramentos de nuestra Iglesia. El siguiente paso es imitarlo en nuestras vidas, conducirnos según los valores que nos enseñó y dar testimonio de ser sus discípulos. Una vez que conozcamos e imitemos a Cristo, podremos predicar su Palabra y continuar la construcción de su Reino, a la espera de su regreso (cfr. Mt 25, 3136). Esa es la parte más importante de la Misión, en la que los Misioneros de Guadalupe se esfuerzan siempre con su ayuda, queridos bienhechores.


Dios es Dios de vivos P. Luis Alonso Yepes Cruz, mg

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n este mes de noviembre, en que recordamos a nuestros fieles difuntos, es conveniente tener presente el pasaje del Evangelio de san Marcos en el que Jesús debate con los saduceos (12, 18-27). Ellos eran una secta del judaísmo que no sólo negaba la resurrección de los muertos o la existencia de seres celestiales, sino que también era formada por aristócratas preocupados por mantener el orden social (para mantener sus privilegios ante Roma), y por esta razón buscaban ridiculizar al Nazareno para acallarlo y evitar que atrajera la atención de Roma por el movimiento que estaba generando.

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Sin embargo, Jesús les hizo ver su error al afirmar lo que nadie podía negar: Dios está vivo, Dios es Dios de vivos. Cuando nos alejamos de la Vida (Dios), sólo nos resta la muerte. Una muerte que se expresa en pequeños gestos egoístas, insensibles, indiferentes hacia los que están a nuestro alrededor; una muerte que nos hace lastimar a los demás, que nos lleva por los caminos del resentimiento y el odio; una muerte que no nos deja ver la belleza de la vida (propia y ajena) y la Creación; una muerte que se vuelve intriga, chisme y crítica. De esta manera, la existencia en este mundo se vuelve una frustración, un fastidio, un sinsentido. ¿Entonces, cómo poder hablar del cielo, de la eternidad, de la Resurrección? Simplemente no tiene sentido, es más, en muchos casos, pareciera que la vida eterna es una fábula: nuestro cielo se limita aquí a la tierra y la resurrección se convierte en una bonita idea. De ahí que existan frases como “vida sólo hay una”, como para dar a entender que más allá no hay nada. No se cree en la resurrección y la vida eterna por

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imposición o porque así nos lo dijeron: creer en la eternidad es algo fundamental en la vida cristiana porque se nos permite “saborear” anticipadamente la vida definitiva que deseamos gozar. Para ello, necesito creer en este Dios de vivos, en este Dios que me da vida, porque me ha resucitado como resucitó a Jesús. Como creyentes, estamos llamados a experimentar, aquí y ahora, la Resurrección de Cristo. ¿Cómo? Por medio del Sacramento de la Reconciliación (a través del cual el Señor perdona nuestros pecados); cuando encontramos que la vida tiene sentido; cuando vencemos el individualismo y somos sensibles a las necesidades

de los demás, compartiendo lo que somos y tenemos; cuando buscamos crear un mundo más fraterno y justo; cuando perdonamos a quien nos ha ofendido; cuando cuidamos de la Creación; cuando experimentamos la alegría en medio de las dificultades; cuando no permitimos que nos roben la esperanza, ¡En todo eso experimentamos la Resurrección! Y, si el Señor nos resucita ahora, seguro lo hará al final de los tiempos. Quien ha experimentado ahora la vida que viene de Dios no tiene miedo a la muerte, porque sabe que después vendrá lo definitivo. Solamente así podremos proclamar con firmeza, en medio de tanta muerte que se respira a nuestro alrededor, que nuestra esperanza está en

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el Dios que da la vida, el Dios que vive y nos quiere hacer vivir (Jn 10, 10). Fuimos creados para vivir en la eternidad junto al Padre. Allá se nos ha preparado una morada, un lugar en donde habitar por toda la eternidad (Jn 14, 2), y hacia allá deberíamos encaminarnos. El camino lo conocemos: es Jesús (Jn 14, 6). Tomados de su mano podremos llegar seguros al lugar en donde no habrá más dolor ni muerte (Ap 21, 4) y contemplar cara a cara a Dios. Por todo esto, nuestra Misión es acercarnos a la fuente de la vida (Cristo), de tal manera que, experimentando su Resurrección, venzamos el mal que nos destruye (pecado) y dirijamos nuestros pensamientos, palabras y obras hacia la eternidad, conscientes de que, a pesar de la tristeza o miedo que humanamente pudiéramos sentir ante la muerte, un día estaremos sentados a la mesa del banquete del Reino de los Cielos.

dando testimonio del Dios viviente en medio de un mundo de muerte, en medio de tantos hermanos y hermanas que viven como si el Cielo no existiera. Unámonos en oración por todos aquellos Padrinos y Madrinas que se nos han adelantado, para que el Señor los reciba en su Casa y les conceda el premio de los justos. Oremos también para que existan más testigos creíbles de la Resurrección, mensajeros de la vida, que lleven el Evangelio a donde todavía hay muerte. ¡Amén!

Que el Espíritu Santo renueve en nosotros la alegría de saber que un día estaremos todos juntos en la Casa del Padre y nos haga vivir desde ahora 6

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El Pueblo de Dios necesita formación misionera, lo cual es tarea de la Iglesia local con la ayuda de misioneros que llevan a cabo actividades para informar sobre la Misión universal de la Iglesia, promover vocaciones misioneras dirigidas hacia los no cristianos y suscitar cooperación para la evangelización. Para enfrentar este reto, los Misioneros de Guadalupe –a través de la Dirección de Promoción– organizamos una Semana de Animación Misionera en las parroquias que así nos lo solicitan, a petición del párroco del lugar. Los párrocos interesados pueden pedir informes a: Ciudad de México: Cantera 29, Col. Tlalpan, Del. Tlalpan, cp 14000, México, df. Tel.: (01 55) 5655 2691 Guadalajara: Madero 837, esq. Escorza, Centro, sj, cp 44100, Guadalajara, Jal. Tel.:(01 33) 3825 2315 Mérida: Calle 47 No. 455, Col. Centro, cp 97000, Mérida, Yuc.

Visita nuestro sitio web: animacion.mg.org.mx

Nuestra próxima animación misionera se llevará a cabo del 12 al 19 de noviembre de 2017, en la Parroquia Santo Tomás Moro, en Guadalupe, n.l.


Pastoral vocacional

Lo que Él diga P. Ignacio Flores García, mg

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ace algunos meses me dediqué a visitar algunos hogares de jóvenes interesados en ingresar al Seminario de Misiones. Diversas familias, en diferentes partes de la República Mexicana, escuchaban con atención mis palabras y las propuestas ofrecidas (por parte del Instituto de Santa María de Guadalupe para las Misiones Extranjeras) para que los muchachos puedan responder a la invitación que Cristo les hace para seguirlo. Después de expresarme y decirles todo lo que implica entrar al seminario, casi siempre se produce un silencio breve, pero muy profundo, por parte de los papás y familiares que escuchan con reflexión y sentimiento todo lo que, sin duda, conllevará para toda la familia el que uno de sus miembros se aparte del hogar, especialmente si es el hijo mayor o menor; ya nada se piensa igual, pues hay incertidumbre, expectativa y quizás algo de nervios. Dentro de esta escena, tampoco es fácil para un animador

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vocacional comunicar esta noticia que al primer momento no parece ser tan alentadora, pero que al final sin duda es muy buena. Casi siempre se ve a un promotor vocacional como un amigo invitado al hogar y, al mismo tiempo, como alguien que, en nombre de Dios, pide algo muy grande para todos. Algunos familiares expresan abiertamente su negativa, actitud muy respetable; algunos sólo se quedan callados y muchos otros únicamente terminan por decir: “Que sea lo que Él diga”. Y es que, realmente, cuando Dios mira a un joven para invitarlo a un proyecto de vida religiosa, mira a la familia entera, motivo por el cual la respuesta de seguir a Cristo corresponde a todos. Efectivamente, se comprende el sentimiento de desapego y, a veces, de miedo que cada miembro de la familia experimenta ante esta invitación vocacional que Dios hace; lo mismo sucede con quien se quiere casar, independizar o ir a estu-

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Pastoral vocacional diar a otra parte y dejar a la familia. No obstante, la diferencia de un llamado a la vida sacerdotal misionera o religiosa es que no se trata en modo alguno de una pérdida definitiva, sino de algo que el Señor pide para regresar de nuevo a manos llenas; es decir, cuando Dios nos pide algo o alguien, siempre nos regresa a manos llenas. Por tal motivo, si alguien en nuestra familia se siente llamado a seguir a Dios en algún ser-

vicio dentro de su comunidad eclesial, o tal vez en un proyecto de vida religioso, como lo es el sacerdocio misionero, dejemos que sea lo que Él diga. Queridos Padrinos y Madrinas, sigamos orando por las vocaciones que tanto hacen y harán falta. Y, cuando Dios mire a nuestros hogares para llamar a algún miembro de nuestra familia, tengamos la confianza para dejar que se cumpla su voluntad.

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Mi labor misionera en Kenia P. Carlos Domingo May Correa, mg queridos lectores de ¡Hola, esta revista! Reciban mu-

chos saludos desde este rincón del África oriental en donde, gracias a Dios y a ustedes que nos apoyan en nuestra labor misionera, me encuentro contribuyendo a la evangelización de nuestros hermanos kenianos. Trabajo en la Parroquia de Cristo Rey, en el corazón de un barrio muy pobre llamado Kibera, el cual se encuentra dentro de la ciudad de Nairobi, capital de Kenia. Me concentro, entre otras actividades misioneras, en la formación de los agentes de evangelización, que son quienes nos ayudan a dar a conocer a Cristo a los pobladores de esta zona marginada. Otras actividades pastorales que llevamos a cabo están enfocadas en la educación, el desarrollo, la autosuficiencia económica y la promoción familiar. Gracias a Dios, hay muy buena aceptación del Mensaje de Salvación y tenemos muchas conversiones cada año. Además del templo parroquial tenemos cuatro estaciones misioneras en medio de estos asenta-

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mientos humanos, sin título de propiedad, con techos de lámina, pero que, al menos, sirven como centros de reunión para escuchar la Palabra de Dios y participar en la Santa Misa, el rezo del Rosario y otras ceremonias litúrgicas. Nuestra feligresía, muy pobre y con escasa educación, está compuesta por gente que es víctima del desempleo. Los pocos que trabajan reciben un salario de hambre: aproximadamente $1.50 a $2.00 dólares al día; ¡apenas para mal comer! Por esta razón, esta “ciudad perdida” es nido de alcoholismo, prostitución, delincuencia, homicidios, inseguridad, etc. De ahí que el trabajo de evangelización requiera de un esfuerzo muy grande. Sin embargo, como decía anteriormente, Dios nos bendice con muchas conversiones. En la devoción popular (que ha atraído a mucha gente) está Nuestra Señora de la Reconciliación, devoción instituida por los Padres Misioneros de Guadalupe Raúl Nava Trujillo y Javier González Martínez, quienes la comenzaron para

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calmar la violencia y los homicidios entre los miembros de las diferentes tribus que habitan en esta “ciudad perdida”, y con la idea de promover el buen entendimiento y la convivencia entre ellos. Esta devoción ha rendido sus frutos, pues, por la intercesión de la Santísima Virgen, Dios nos ha bendecido con 42 comunidades de base, cuyos miembros participan también en otras devociones: adoración del Santísimo Sacramento (expuesto diariamente de las 6 a. m. a las 9 p. m.), el rezo del Rosario, etc. Las Misas dominicales son muy concurridas por esta gente que encuentra en Cristo y su Mensaje de Salvación la esperanza para tener una vida mejor, digna, sin distinción de tribus.

Como ven, el trabajo del misionero es muy amplio y requiere de mucho esfuerzo… Pero la alegría y la satisfacción que nos proporciona el anunciar el Evangelio a estos hermanos africanos nos da muchas fuerzas para seguir adelante, y más sabiendo que desde nuestro México ustedes nos apoyan con sus donativos y oraciones. Todos, ustedes en México y nosotros acá, formamos un solo equipo: el equipo misionero de Cristo Jesús, que, bajo el patrocinio de Santa María de Guadalupe, lleva a cabo el mandato de Jesús: “Vayan y anuncien el Evangelio” (Mt 28, 19-20). ¡Muchas gracias, queridos bienhechores! ¡Dios se los pague y Santa María de Guadalupe los bendiga!

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Vida mg In memoriam P. Hesiquio Rentería Meza, mg

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l P. Hesiquio Rentería Meza, mg, nació el 25 de mayo de 1934 en San Juanito, Jal., en el seno de la familia formada por los señores Tiburcio Rentería y María de los Santos Meza. Estudió la primaria en San Juanito y pronto comenzó su preparación al sacerdocio, cuando ingresó al Seminario Menor de Tepic. Allí estudió los primeros años de Humanidades, pero escuchó el llamado de su vocación

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misionera tras la lectura de una biografía del beato P. Miguel Agustín Pro, sj, y de los primeros números de la revista Almas. Gracias a ello, realizó su solicitud para integrarse al Seminario de Misiones, adonde ingresó el 5 de noviembre de 1951. Con Misioneros de Guadalupe concluyó su preparación en Humanidades, y prosiguió con los estudios de Filosofía y Teología.

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Fue ordenado sacerdote en la Capilla del Seminario de Misiones el 28 de agosto de 1960, por imposición de manos de Mons. Alonso Manuel Escalante y Escalante. Los siguientes años realizó estudios de Teología y de Sagradas Escrituras en Roma. En 1963 fue nombrado Vicerrector y Prefecto del Seminario Mayor de Misiones, y a partir de 1965 fungió como Director Espiritual del mismo. De 1967 a 1969 colaboró en la promoción del Instituto, y desde 1970 trabajó como Director del Centro Nacional de Ayuda a las Misiones Indígenas.

Falleció el viernes 6 de marzo de 1992, debido a complicaciones de salud. Acerca de su trabajo, llegó a decir: “Por gracia de Dios he conservado siempre mi alegría y entusiasmo, sobre todo en las penas y contrariedades, porque considero que la alegría y el entusiasmo son un tesoro inalienable”. Este año cumple 25 años de haber fallecido. Por ello, en la revista Almas lo recordamos con cariño, como un presbítero siempre sonriente, entregado a la Misión de la Iglesia, a decir de los sacerdotes Misioneros de Guadalupe que lo conocieron. Descanse en paz.

El 5 de mayo de 1974 fue nombrado a la Misión de Corea, donde permaneció hasta 1992, salvo por un periodo de tres años (1977-1980) en que regresó a nuestro país para apoyar en la promoción de la Universidad Pontificia de México. En Corea se dedicó al trabajo parroquial, así como a la formación de aspirantes al sacerdocio en el Seminario Diocesano de Kwangju. De igual manera, durante sus últimos años de vida se desempeñó como Superior de la Misión. Almas/ Noviembre 2017

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Una imagen, una oración P. José Alfredo González Márquez, mg

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l 11 de marzo de 2011, en la región del noreste de Japón, en el mar de las costas del estado de Miyagi, se produjo un gran terremoto (9 grados en la escala de Richter). Fue tal la fuerza del terremoto que provocó un tsunami devastador que afectó 500 km a lo largo del país. En las costas del estado de Fukushima se encontraba una de las plantas de producción de energía atómica, la cual quedó dañada por la explosión de tres de sus reactores, lo que provocó que se esparciera radiación a 100 km a la redonda, con la subsecuente contaminación de mares, montañas, ríos y todo lo que vivía a su alrededor.

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Miles de voluntarios (adultos, jóvenes, hombres y mujeres del interior del país y de muchos países del mundo) comenzaron a llegar a la zona del desastre para colaborar en las actividades de ayuda. El señor Onuma no fue la excepción. Él es un señor de aproximadamente 65 años de edad y radica al sur del estado de Miyagi, en las orillas de la ciudad de Kakuda. Tuve el gusto de conocerlo hace más o menos tres años, cuando atendía algunas parroquias cercanas al mar. El día que lo conocí, yo venía de regreso después de celebrar en una de esas parroquias, y una de las feligresas me contó acer-

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ca de él y me sugirió que fuera a visitarlo para conocer parte de su historia. Seguí dicha propuesta mientras regresaba a la casa. Me detuve frente el hogar del señor Onuma, y él me recibió con una disimulada sonrisa; me invitó pasar y tomar un café. El señor Onuma me contó que, cuando fue voluntario en la zona devastada por el tsunami, mientras caminaba por aquellos lugares reflexionó de qué manera podría ayudar a tanta gente damnificada. De pronto pisó una rama o un pedazo de tronco, comenzó a limpiarlo y, según me comentó, al terminar de limpiarlo “apareció la imagen de una mujer en oración”. Mientras

me platicaba la historia, yo me iba imaginando la escena y no podía contener la emoción que me provocaban aquellas palabras. Él continuó diciendo que, al ver esa imagen, recordó una leyenda budista, según la cual un monje, para alcanzar su purificación, labró tres mil imágenes de Buda. “¡Qué paciencia!”, pensé en silencio. Sin embargo, al tratarse de un japonés y sabiendo que la paciencia es una de las cualidades que más les caracteriza, asentí internamente, aunque sin dejar de sentir gran expectación. El señor Onuma me dijo que en aquel tiempo, cuando hizo memoria de la leyenda, no recordaba el número exacto de

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dichas imágenes, por lo que pensó que eran unas dos mil. Se propuso entonces tallar esa cantidad de imágenes y, mientras las fuera realizando, ofrecería una oración por los fallecidos: esa sería su aportación, su ofrenda por tantos damnificados. Después me comentó que, al pasar los meses y tras haber fabricado más de mil imágenes, recordó que no eran dos, sino tres mil las figuras de la leyenda, por lo cual se propuso el nuevo objetivo de hacer esa cantidad de imágenes. “¡¿Tres mil?!”, pregunté asombrado, al tiempo que interiormente me pregunté: “¿Cómo le hará con su trabajo y su familia?”, entre otras interrogantes más. Luego de meses, lo volví a visitar y me comentó que, entre tanta gente que lo visitaba, una de esas personas le hizo la siguiente pregunta: “¿Acaso no fueron veinte mil los que fallecieron en el tsunami?”. Tal pregunta dejó desconcertado al señor Onuma. Al continuar con la conversación me pidió una opinión al respecto. Yo, sinceramente, no sabía qué responder, aun16

que creo que, a raíz de aquella pregunta que le habían hecho, el señor Onuma ya tenía en mente la respuesta y una nueva meta. Después de tomar una taza de café y de dialogar por unos minutos, me comentó su resolución: “Padre, quizá no me alcance la vida, ¡pero intentaré hacer veinte mil imágenes!, ¡una por cada uno de los fallecidos! Esa será mi ofrenda: una imagen, una oración, por cada uno de ellos”. Quedé sin palabras. Aquella decisión fue para mí una prueba clara de la gran solidaridad que aquel hombre japonés, budista y de grandes sentimientos, tenía hacia su pueblo, hacia su gente, pero sobre todo hacia todos aquellos que habían perdido la vida terrena. Cabe destacar que dichas imágenes, todas hechas de diferentes tipos de madera, cáscaras de nuez o hasta raíces de bambú, no están a la venta y se encuentran, casi todas ellas, en su casa. Son de diferentes medidas, desde el tamaño de una nuez, hasta de un metro de altura. Además, aunque comenzó con la imagen de una

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mujer haciendo oración, ahora tiene imágenes de mujeres con un niño en brazos, o incluso la imagen de una madre que juega con varios niños. Lo llegué a visitar no menos de diez ocasiones y siempre era un gusto compartir con él un poco de té verde o de café, mientras conversábamos sobre diferentes temas. Siendo sinceros, aunque en mi interior deseaba una de las imágenes que había tallado, nunca me atreví a pedírsela, pues él decía que sólo las obsequiaría a las personas damnificadas que se lo pidieran y que por medio de esa imagen encontraran algún consuelo para su vida. Sin embargo, el año pasado, mientras me despedía y le comentaba que estaría fuera de Japón por un periodo no me-

nor a los tres años, me obsequió una de las imágenes. Me dijo: “Tú, al igual que yo, aunque no sufrimos daños considerables, somos damnificados, vivimos en la zona de desastre. Escoge la que tú quieras”. No pude contener las lágrimas ante tal regalo y sólo pude decirle: “¡Gracias, la llevaré conmigo siempre!”. Desde aquel momento, para mí, aquella estatuilla que elegí ya no es una simple imagen, sino algo que representa a todas y cada una de esas personas que perdieron su vida durante esa catástrofe; significa la oración que el señor Onuma eleva día con día por cada una de ellas; significa el alma de todos los damnificados, así como también la permanente responsabilidad de orar por ese gran país que es Japón, la primera Misión a la que fui enviado.

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El sacrificio para pedir la lluvia P. Antonio de Jesús Mascorro Tristán, mg

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os sacrificios son una parte central de la religión maasai, puesto que tienen un relevante valor cultural y en torno a ellos se congrega toda la comunidad. La palabra maasai para referirse a este ritual es empolosare, que define a la acción de sacrificar un animal, especialmente un cordero o una vaca, y presentarlo como ofrenda a Dios en situaciones difíciles, como las temporadas de sequía o cuando se presenta alguna calamidad o una guerra. Cuando la comunidad vive alguno de estos problemas, consulta al Oloiboni (profeta), quien decide el tipo de sacrificio que debe celebrarse,

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así como el día y el lugar. Él mismo elige o designa a cuatro personas que presidirán el sacrificio. Es común que sean cuatro ancianos, pero pueden ser solamente dos, acompañados de su primera esposa; en ambos casos deben tener buena reputación. Una vez decidido, se inicia una preparación en la que se debe considerar lo siguiente: conseguir un animal sin defecto físico, que puede ser negro o negro con el vientre blanco; tener la cerveza tradicional en abundancia, y realizar la purificación de quienes conducirán el ritual, lo cual se lleva a cabo durante

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los cuatro días anteriores a la celebración y es acompañado por la oración comunitaria. Muchos llegan con anterioridad. Al menos en la noche previa ya se ve gente que camina de un lado a otro y alista todos los detalles en espera de los que llegarán muy temprano para participar. Al amanecer todos son llamados para acercarse al corral donde los ancianos, parados en el centro de la manyata (conjunto de chozas), dan la bienvenida y les invitan a orar. En la oración de inicio los cuatro ancianos, en forma de letanía, piden perdón a Dios y le imploran la lluvia.

Terminada la oración, inmediatamente el animal es presentado y guiado hasta la entrada principal de la manyata para ser bendecido por los ancianos, que llevan en pequeños bules de bendición una mezcla de leche, miel, agua y algunas hierbas, preparada por el profeta. Lo que sigue a continuación tiene dos maneras de realizarse: en algunos lugares los ancianos vacían el líquido en un hoyo y obligan al animal a beberlo; la otra forma, que es más común, es rociarlo directamente para conseguir que, cuando el animal se sacuda, las gotas del líquido caigan sobre la tierra (lo que representa a la lluvia), mientras todos gritan jubilosos. Luego el animal, guiado por

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los ancianos, es llevado al sacrificio mientras los cantos y las danzas van tomando fuerza, como para acompañarlo. Después es acostado en el suelo sobre su lado derecho y con la cabeza viendo hacia el monte Kilimanjaro. Un bozal de cuero es el arma de sofocación y una vez muerto empieza el más riguroso proceso para destazar, ya que ningún hueso debe romperse, pues todos se presentarán como ofrenda para Dios. El fuego nuevo es hecho en el centro de la manyata al frotar unos palitos sobre una pieza de madera. Al brotar la chispa se le agregan algunas ramas de pasto seco y, mientras empieza a tomar fuerza, se hace una especie de parrilla de cuatro patas sobre la que se colocan los troncos en los que se asará la carne. Alrededor se colocan ramas de alguno de los árboles sagrados, como un tipo de barrera. La distribución de la carne se empieza a hacer en consideración al estatus y el género de cada persona, pero todos deben comer, ya que es un signo de comunión. Todos los huesos y pedazos sobrantes son colectados, pues no se debe tirar nada, para ser quemados en el 20

sacrificio. Ya en ese momento, el humo que sube y llega hasta el olfato de Dios es recibido con agrado. Luego un cuero de vaca sobre el que se vierte más liquido de bendición es tomado por los cuatro ancianos, que lo empiezan a mover, a subir y bajar con fuerza, para hacer que moje a los presentes, mientras gritan: “¡Mamás, está lloviendo, traigan las vacas!”. Mientras tanto, todos los demás cantan y bailan excitados alrededor de ellos. Finalmente, el cuero es cortado en una larga tira. Después todos los participantes reciben una pequeña parte que debe ser atada en su dedo anular y permanecer ahí durante cuatro días. Este anillo de cuero simboliza la unidad de la comunidad en la súplica que dirigen a Dios en tiempos de adversidad. Existen algunas diferencias, dependiendo de la región donde se realice, pero en general este es el procedimiento que se sigue para pedir la lluvia a Dios. Lo más importante es que los maasai creen firmemente que su oración va a ser escuchada y recibirán la lluvia en los próximos días después de hacer el ritual.

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Preparar el Adviento Estamos próximos a comenzar el primer periodo del año litúrgico: el Adviento, que consiste en tener un tiempo de renovación espiritual previo a la celebración del nacimiento de Cristo. En Adviento preparamos nuestros corazones para la venida de Jesús, es un tiempo para vigilar, pues debemos esperar entusiastas su visita; para cambiar, porque al arrepentirnos de nuestros pecados podemos tener un corazón sano; para estar alegres, porque somos testigos y anunciantes del mensaje de Cristo; y de esperar, ya que, a imagen de María, nuestro símbolo de esperanza, aceptamos la voluntad de Dios, imitamos su ejemplo de servicio y esperamos gozosos el nacimiento de nuestro Salvador.


Corona de Adviento La corona de Adviento es el símbolo más claro y simple para representar los momentos de preparación previos a la Navidad. Tiene diferentes signos, por ejemplo: normalmente tiene forma circular, pues no tiene principio ni fin y es señal del amor de Dios hacia nosotros. Las ramas o follaje por lo regular son verdes y significan la vida de gracia, el crecimiento espiritual y la esperanza. Lleva un moño rojo que representa nuestro amor a Dios. Tiene cuatro velas alrededor de un círculo que significa la época de oscuridad provocada por el pecado, que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Pero nuestro Padre poco a poco fue dándonos una esperanza de salvación que iluminó todo el universo, como lo hace la corona: el mal se disipa con cada vela que encendemos y la oración; las velas son la luz que poco a poco nos va iluminando el camino que nos lleva a Dios.


Concurso Amigo, te invitamos a participar en este concurso que el Club de Niños MG ha organizado para ti. Resuelve las siguientes preguntas sobre la revista Almas de este mes y toma una fotografía de las respuestas. Después pide a algún adulto que indique que le gusta nuestra página de facebook (f/revistaalmas) y nos envíe por mensaje las respuestas antes del 4 de enero de 2018. Todos los niños que resuelvan correctamente participarán en un sorteo que se realizará el día 8 de enero a las 16 h en las oficinas de MG en la Ciudad de México. Se transmitirá un video a través de facebook y la lista de ganadores podrás consultarla tanto ahí mismo como en el sitio oficial del Club de Niños: www.clubdeninosmisioneros.org.mx Recuerda que todas las respuestas se encuentran dentro de la revista. 1. ¿Qué animales sacrifican los maasai para presentarlos como ofrenda a Dios en situaciones difíciles? R= 2. ¿En qué artículo de la revista aparece un bebé? R= 3. Dinos, ¿dónde está el logotipo del Club de Niños MG? R= 4. Malaika aparece en la página: R= 5. Los saduceos eran una secta del judaísmo que negaba la y la existencia de seres


¡Tú puedes salvar muchas almas! El Centro de Orientación Vocacional (cov) de los Misioneros de Guadalupe invita a todos los jóvenes católicos de México que sientan interés por el sacerdocio misionero a participar en las actividades que realiza en diversas partes de nuestro país.

cov México Tel. (01 55) 5573 3000 Correo electrónico: vocacionesmg@hotmail.com Línea Misionera (sin costo): 01 800 00 58 100

cov Guadalajara Tel. (01 33) 3601 0815 Correo electrónico: vocgdlmg@hotmail.com

cov Monterrey

¡Anímense y pidan informes! ¡Vengan y decidan consagrar sus vidas en algo que durará hasta la eternidad!

Tel. (01 81) 8358 2101 Correo electrónico: covmty@hotmail.com Línea Misionera (sin costo): 01 800 83 15 350


AYUDE a los jóvenes SEMINARISTAS Día con día el Señor sigue llamando a más jóvenes a que den testimonio de su fe en países no cristianos, pero algunos aspirantes al sacerdocio misionero no tienen los medios económicos para iniciar y continuar su formación. Los Misioneros de Guadalupe invitamos al pueblo católico de México a apoyar las vocaciones mediante el apadrinamiento de uno de los alumnos del Seminario Mexicano de Misiones Extranjeras.

Para hacernos llegar su ficha de depósito o transferencia electrónica, o para pedir informes sobre otros medios para dar su donativo, por favor comuníquese a: Línea Misionera (sin costo): 01 800 00 58 100 Correo electrónico: padrinosmg@gmail.com

Beca completa $12 000.00

Media beca $6 000.00

Beca parcial $1 000.00

Puede depositar una beca en la siguiente cuenta bancaria: Banamex

Misioneros de Guadalupe AR Sucursal 870 Cuenta: 5474-9 Referencia: 22222222-92 CLABE: 002180087000547491

¡Gracias por com p ro m e t e r s e con l a s M i s i o n e s !


Jesús los envió a predicar

El P. Alijandro Álvarez Velázquez, mg, nació en los Altos de Jalisco, en 1977. Ingresó al Seminario de Misiones en 1997. Recibió los ministerios de Lectorado y Acolitado en 2004. Realizó sus estudios de Filosofía y de Teología en la Universidad Intercontinental, en Ciudad de México. En 2009 recibió el diaconado y fue nombrado para llevar a cabo un servicio diaconal en Itacoatiara, Brasil; ahí permaneció alrededor de un año y realizó varios trabajos pastorales. Fue ordenado sacerdote el 30 de julio de 2011. En estos años de ministerio ha participado en la pastoral vocacional y en la formación de seminaristas, además de compartir la Palabra de Cristo con nuestros hermanos de Brasil. Actualmente ha sido nombrado para llevar el Evangelio a los no cristianos en la Misión de Angola. Siendo joven, el P. Alijandro decidió seguir el llamado de Jesucristo y colaborar en la Misión que el Señor nos ha encomendado. Tú también puedes llevar la Palabra de Dios a los pueblos que la necesitan.

¡Responde al llamado de tu vocación! Oficinas de atención a bienhechores México Cantera 29, Col. Tlalpan, Del. Tlalpan, cp 14000, México, df. Tel. (01 55) 5655 2691 padrinosmg@gmail.com

Guadalajara Madero 837, esq. Escorza, Centro, sj, cp 44100, Guadalajara, Jal. Tel. (01 33) 3825 2315 padrinosgdl@mg.org.mx

www.revistaalmas.com.mx

Monterrey Habana 105, Col. Altavista, cp 64840, Monterrey, nl. Tel. (01 81) 8358 2101 padrinosmty@mg.org.mx

Línea Misionera: 01 800 00 58 100


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ALMAS noviembre 2017 by Misioneros de Guadalupe AR - Issuu