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das irma f s a mes

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038 presenta

por Gast贸n Guaglianone fotografias MAURO ROLL

Arte sibarita

El artista y muse贸logo Gabriel Miramont vuelve su mirada sobre las artes decorativas e invita a todos a observar, desde la multiplicidad, el acto de sentarse a la mesa.

Gabriel Miremont en su h谩bitat.


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Gabriel Miremont

Alguien te mira todo el tiempo, escondido en el plato. Esta muestra es un poco el homenaje a esa idea.

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iendote Comer es una exposición que plantea el juego de relaciones entre el objeto de uso diario y la obra de arte. ¿Son obras de arte ó platos para comer? ¿Son de uso utilitario o un servicio artísticamente tratado? Cada plato es único, si bien se juega con la multiplicidad, similitud y desde ya, con mucho humor. Manteles con instrucciones de cómo comportarse en la mesa. Un mantel que cuida la mesa y que, a la vez, cuida las formas de la mesa. El mantel es utilitario, pero ¿es el soporte de un mensaje o un mandato? Gabriel vuelve la mirada sobre las Artes Decorativas, terreno que conoce y transita hábilmente desde la docencia y la investigación. ¿Qué inspiró a Viéndote comer? Un amigo muy querido, un profesor de vida, siempre dice que mirando comer a la gente se puede percibir su educación y manera de ser. Alguien te mira todo el tiempo, escondido en el plato. Esta muestra es un poco el homenaje a esa idea. ¿Y cuáles son tus tips fetiches a la hora de invitar a comer? Me gusta mucho cocinar y compartir con amigos, agasajarlos mucho. Tengo una especie de cuaderno en el que anoto, según cada velada, a todos mis comensales, el menú y la decoración de la mesa. Lo hago para que no se repitan los items al menos en un año. Mis mesas nunca superan los seis u ocho comensales, porque me gusta que la gente pueda interactuar con comodidad. A veces también me divierte poner cubiertos divertidos para ingreditenes especiales, como mis pinzas para espárragos o mis cucharas para comer caracú. También sirvo sorbetes de nieve y limón después del pescado y algún amuse bouche para sorprender, si es que los convidados son muy gourmet o snobs.

Gala 4 Luigi Bosca Cabernet Franc-Malbec De un color rojo rubí con suaves tonalidades violáceas.

¿Tradiciones a la hora de la comida en tu casa de la infancia? La hora de la cena era el momento del encuentro, charla y resumen del día. Todas las noches mi papá decía: contame algo lindo. Otra típica de mi casa era la de los platos de diario y el juego especial que se sacaba sólo cuando venían visitas. Esos mismos platos de la abuela que ahora son los que disfruto yo. ¿Qué aromas de tu barrio recordás de cuando eras más chico? En verano, los jardines nocturnos, jazmines y dama de noche. Un calor dulce. En invierno el olor a leña de los hogares. ¿Cuál fue el primer plato que hiciste en tu vida? El primero que me inventé fue un lomo con un salsa de membrillos, achato y pimienta. De chico ayudaba a empanar toneladas de milanesas. Y antes de aprender a escribir, ya me enseñaron a hacer el repulgue de las empanadas. ¿Tus comidas favoritas? Definitivamente amo todas comidas de cacerola. También el pate casero con receta de mi familia y las terrines. El Locro pulzudo, ese de muchas horas de cocción y del que se queda la cuchara de madera parada en el centro de la cacerola. El pollo a los tres aromas con albahaca, jengibre y ajo. ¿Espumantes a la hora de brindar? Mis favoritos son Krug y Alma Negra de Ernesto Catena Vineyards. También me gusta mucho la sidra Los Amaya. ¿Y en cuanto a vinos? En uvas tintas prefiero el Luigi Bosca Gala. De los frutados, me quedo con el Torrontés de Colomé o el Malbec Rosé de Melipal. ¿Qué no comerías jamás? Insectos. ¿Y la mejor velada que recuerdes? Un cena en pareja en un restaurante de

Posee un aroma intenso y complejo con notas de grosellas maduras con delicadas notas de vainilla. De impacto dulzón y aterciopelado en boca. Elegante y estructurado, con un final largo y persistente.

La mesa Alguien te mira todo el tiempo.

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Gabriel Miremont

Como museólogo tengo la suerte de estar constantemente rodeado de obras de arte, de objetos bellos, de cosas que encierran miles de historias Paris que se llama La Fontaine de Mars. Está alli desde 1908, es uno de los bistrot más antiguos de la ciudad en el que sirven delicias del sur francés. ¿Lugares favoritos para tomar café en el mundo? ¿O para beber una copa? ¿Y para escuchar cantar? ¿Para inspirarte y dibujar? Amo el café del Café Les Deux Magots de Paris. Para beber una copa, prefiero el Bar Dandolo del hotel Danieli en Venecia. La música se disfruta mejor en El café del Tiempo en Salta, donde toca la banda de jazz del Chinato. Para dibujar y soñar me quedo con La española cuando besa, un bar chico y super especial de Valladolid, España, hecho en un granero del siglo XVIII. ¿A dónde te gusta ir a comer en Buenos Aires? El restaurante del Museo Evita es muy acogedor. En Colegiales, hay una esquina que se llama La Prometida y que es lo más. Oui Oui y Bar Urondo también se ponen buenos. La Casa Polaca es un muy buen clásico. Las pastas de Il ballo del Mattone son un clásico. Y uno de mis secretos favoritos es Almacén Secreto Club, un restaurante de cocina regional en una impresionante casona a puertas cerradas. ¿Dónde se encuentra tu lugar en el mundo? Sin duda en Salta, Cachi adentro, en Miraluna, donde todo huele y sabe más rico, donde el vino de mis amigos tiene otra magia y donde las estrellas las tocás con las manos. ¿Qué manías tenés con respecto a lo que comés y bebés? Que la carne de vaca esté bien jugosa. En la mesa, solo agua, soda y vino. Las gaseosa nomás para los sandwiches o para mezclar con alcohol en algún cocktail, no para acompañar comidas. Detesto el asado con cola. ¿Obsesiones? Me obsesiona que los productos sean

bien frescos, nada congelados. Solo como mariscos o pescado en la misma ciudad donde han sido pescados. También me gusta el champagne muy frío, con mucho hielo, en vaso de whiskey. ¿Con quién no comerías jamás? Con aquellas personas que me han traicionado alguna vez. No soy bueno en el arte de perdonar. Honestidad brutal es lo mio. Vocación, sueños cumplidos y futuro... ¿qué relación existe entre estos tres conceptos? Mi verdadera vocación es trabajar con cosas lindas. Como museólogo tengo la suerte de estar constantemente rodeado de obras de arte, de objetos bellos, de cosas que encierran miles de historias. Mi sueño es hacer museos y fabricar cosas coleccionables. Me muero por tener una tienda de vajillas seleccionadas, irrepetibles y colectables. ¿Qué sabor tiene? El triunfo? Dulce chocolate. El amor? Salado sudor. El fracaso? Seco de boca pastosa. La traición? El chili más picante. La esperanza? Agua de manantial. Una mujer? Frutas. El recuerdo del primer amor? Muchos perfumes y mala cocina, pero todo hecho con muchísimo amor. El recuerdo de tu infancia? El tuco de horas, haciéndose en la cacerola de hierro de mi bisabuela. Buenos Aires? Sandwichito de bondiola en la Costanera Sur. La paz? Cocinar en casa, en pareja, y para recibir amigos. El futuro? Seguir disfrutando de la vida, probando nuevos sabores y buscando cosas bellas. Tal vez lo que más me defina en la vida es que soy un mono sibarita.


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Tengo una especie de cuaderno en el que anoto, segĂşn cada velada, a todos mis comensales, el menĂş y la decoraciĂłn de la mesa. Mis mesas nunca superan los seis u ocho comensales, porque me gusta que la gente pueda interactuar con comodidad.

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por

Dalila Puzzovio

Mesas ilustradas Ávido por optimizar espacios y recuperarlos para presentar al público el patrimonio cultural arqueológico y etnográfico, Gabriel Miremont acumuló en todos estos años estudios y títulos que lo han convertido en protagonista de los museos de última generación de nuestro país. Tal el caso, por nombrar algunos, del Museo Arqueológico de Alta Montaña de la Provincia de Salta, o el Museo Evita, del que es curador en la actualidad. Pero no es esta la actividad, mucho más amplia, que hoy nos ocupa. Gabriel el inquieto, el eléctrico, abarca además una capacidad de reinventar lo clásico, desde esa capacidad subversiva que apareció a finales de los ’70s llamada Apropiaciones, que remueve la idea que se tiene sobre si al venerar o usar una obra de otro autor, desde un sensible abordaje transversal, se apropia de la imagen del diseñador italiano Piero Fornasetti (Milán 1913-1988). Desde su admiración lo homenajea y lo reedita creando una nueva cartografía. Con sus diseños logra cambiar de status social de la loza combinándola con la vanidosa porcelana. Desde esta posición, indiferente a un Arte Inaugural, cuenta en su instalación Mirándote comer, expuesta en la Galería Ángel Guido Art Project, la persecución de una idea que desmitifica, se la apropia, logrando reflejar la continuidad de su espíritu y de su idea. Para Miremont, este hecho no tiene el mito del misterio, no le interesa usar el arte como simple medio, sino como modo de vida, abarcativo, decorativo como un juego de vajilla de porcelana completo, para veinticuatro personas, con las rabaneras y los accesorios que nunca

se llegan a usar pero que él los reinventa o los quiebra. A pesar de ese nomadismo del que nos hablan los platos en una galería de arte, hay un deseo de marcar fronteras, límites. Como mínimo común denominador están los manteles impresos con conductas de protocolo a seguir y la loza se ve obligada a convivir en perpetua reflexión, a relatar amigables tertulias aunque se encuentren en la azarosa aventura de Mirándote comer, que de eso se trata. Ellos, los platos y el mantel, descubren el refinamiento del comensal a la hora de tomar los cubiertos y llevárselos a la boca. Su insistencia más que vernácula parece europea, esta mesa interdisciplinaria registra, a través de la mirada de la vajilla, la fatalidad. Esta libertad le permite que, estando sus obras al margen de lo institucionalizado, crean posibles nuevas relaciones entre el modo, las costumbres y el arte Esta vez, CUISINE&VINS no ha querido invadir el espacio privado del artista porque él lo ha hecho público en su muestra; hoy hemos tenido el site specific de estos platos, con sus estados de ánimo, a veces con sus ojos bien abiertos, otras simplemente espiando y sus bocas pintadas minuciosamente. Estas obras, ofrecidas desde el plano variegado en el que se convierten estas mesas, componen un equilibrio inédito, no son una puesta más, exigen ser agasajadas que es lo que ellas hacen con nosotros si nos descubren con modales exquisitos aún desde la distancia desde donde se encuentran. Miremont nos cuenta que quedan asombrados y agradecidos cuando intuyen distinción, ¡lo comentan luego en el lavaplatos!

A Gabriel no le interesa usar el arte como simple medio, sino como modo de vida, abarcativo, decorativo como un juego de vajilla de porcelana completo.

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