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A Victoriano Palacios Moreno En los cien años de su nacimiento Stalin Alvear El precario estado en que se encuentran los principios y valores inmanentes, cercenados por la cuchilla del individualismo y la codicia, se presta para recuperar el nombre de un personaje inolvidable, luchador, dueño de una integridad total, de una bondad y de un desinterés sin límites, de una inteligencia que se distribuyó hacia todas las facetas a las que puede entregarse un hombre bueno, extraordinariamente limpio y talentoso, solidario y consecuente como pocos. De Victoriano Palacios no se conoció un solo desliz, un solo resbalón que lo extraviaran de su firmeza ideológica y humana. Ese era el concepto que él tenía de la felicidad, para no mendigarle nada a esa dama arisca y retrechera. Por eso, y cuando las dictaduras y otros gobiernos clasistas lo persiguieron, él los enfrentó con su alegría, con sus convicciones socialistas inalterables, sin que le importase el precio que tuviera que pagar, porque hombres como él no tienen otra fortuna que el ideal, que la forja de una vida menos pesarosa para los pobres y, para los jóvenes, un futuro de compromiso con una sociedad justa a la que están llamados a construir. Recuerdo que cuando en Loja se formó URJE (Unión Revolucionaria de Juventudes Ecuatorianas), un prometedor movimiento nacional que fuera malogrado por la CIA y los clásicos recelos de la izquierda ecuatoriana, Marco Jaramillo Rey y quien les habla, coordinamos una convocatoria para que —en solidaridad con Cuba— la juventud lojana se concentrara en el parque de San Sebastián. La concurrencia resultó exitosa, pero lo más interesante fue que, en medio de los asistentes, se destacara la presencia del licenciado Victoriano, como lo tratábamos sus discípulos con cariño. Marco Jaramillo le invitó a que pasase hacia un graderío que servía de estrado. Ahí, Palacios Moreno improvisó un breve, férreo y alentador discurso. El rasgo primordial de su vida se resume en una estricta y leal coherencia entre su prédica política y su acción social, ejercidas bajo una impecable normativa, la misma que no permitía defeccionar. Su vena de combatiente social, provino del teniente Leopoldo Palacios, su padre, gran soldado de las huestes alfaristas, reivindicado en su momento por Clodoveo Jaramillo Alvarado en su famosa obra “Loja contemporánea”. Leal a esa herencia, Victoriano Palacios constituyó la primera cooperativa de vivienda en Loja, o sea el Barrio Obrero,


nombre que, por desgracia, ha sido sustituido. Siendo su presidente, la Sociedad Obrera Primero de Mayo adquirió aquel edificio ancestral de nuestra urbe. Mentalizando, a su vez, con su talento fino y visionario la banda de la Sociedad Obrera Primero de Mayo, logro artístico que perdura hasta hoy con su gran sentido popular. Si eso caracterizó a su militancia socialista, en el plano humano su estatura creció hacia lo más alto, hacia donde llegan los corazones altruistas, los espíritus que no se arredran ante nada. Como compañero, amigo, padre, profesor, hermano y esposo, inyectó permanentemente los sueros del amor filial y del universal, lenitivo que suministraba a los suyos y a los demás con su modesta y cristalina amabilidad. Todo lo que fue Victoriano Palacios, le perteneció a su propio esfuerzo: el más pulido producto de la dignidad humana, escalón que lo engrandeció, aunque para ello tuviera que estar entre los barrotes de la cárcel, entre privaciones económicas y retaliaciones provenientes del poder establecido que vanamente pretendió doblegarle. Y como su trayectoria dispuso que no fuera incompleto, a las vicisitudes las amainaba con ese aliento eterno de sus amistades históricas que, al honrarlo se honraban ellas. Tal es el caso, entre otros, de Manuel Agustín Aguirre, Ángel F. Rojas, Clotario Maldonado Paz, Lilo Linke, periodista alemana, y socialista como los ilustres pensadores ya citados. Claro que él gozó de otra amistad, quizá mas honda, más sencilla, más diaria: la de los obreros y campesinos a quienes defendió sin tregua. La música, devino en otro de sus remansos. Su hija Rosario cuenta que el ambiente familiar siempre estuvo presidido por ese don indescifrable, en el que el licenciado Victoriano —aparte de otros instrumentos— tocaba el violín, Leopoldo la guitarra y Máximo el requinto, acompañando a las voces de todos. Otro de sus privilegios fue aquel de que el Maestro Salvador Bustamante Celi le obsequiara algunas partituras que él ejecutaba en violín, guitarra, bandola y bajo. Pero quien tiene toda la autoridad para hablar de esto, es Ángel F. Rojas. Démosle paso: “Nuestra cordial amistad me hizo conocer no sólo cuanta generosidad había en su alma, sino su don musical irresistible, que le facilitaba dominar, sin esfuerzo, la ejecución de cuanto instrumento musical tuviera a mano. Era dueño, además, de una memoria portentosa para retener las melodías que quisiera aprender. Los domingos nos dábamos un festín de música. Mí compadre poseía un repertorio inacabable de música de todos los matices y temas…”


En cuanto al deporte, otra de sus pasiones fue el tenis. Alcanzó campeonatos como el de Portovelo, teniendo como competidores a jugadores norteamericanos. Le dio lustre a Loja, coronándose como campeón austral de tenis. En esa importante esfera fue, además, dirigente de muchas organizaciones. Victoriano Palacios representó dignamente a los trabajadores ecuatorianos como Senador de la República. También brilló en la cátedra secundaria y universitaria. Su ejercicio del periodismo y de la Secretaría General del Partido Socialista de Loja, fue inclaudicable. Como director de “En Guardia” y “Liberación”, hizo de esos periódicos emblemáticos de corte socialista, una trinchera insobornable. Incluso en sus actos individuales se delataba su desbordante humanismo. Mi amigo Iván Álvarez me contaba que fue su cuñado quien le hizo matricular en el colegio nocturno “Leones de Loja”, aquella puerta que se abrió para quienes no teníamos recursos económicos. A los cien años de su nacimiento, el Maestro está recogiendo el fruto de su entrega. Al constatar, desde sus gloriosas cenizas, que en América Latina sus cielos les están dando, por fin, las espaldas a los opresores; y a los humildes, un cupo aquí y ahora para que sean cumplidos los terrenales sueños de Victoriano Palacios Moreno, pionero de esta grata e impostergable transformación. Placentero es comprobar que sus hijos y familiares, conservan, cuidan y proyectan el copioso legado que dejó el Maestro, porque de intelectuales y luchadores como él tenemos que aprender hasta el último minuto de nuestras vidas. Parecería que Quevedo, en uno de sus poemas, debió fijarse en Victoriano Palacios para sentenciar: “Quien en vida enseñó, difunto mueve”. Loja, marzo 2007


Con motivo del lanzamiento de

“LOJA CONTEMPORÁNEA” -1920DEL DOCTOR CLODOVEO JARAMILLO ALVARADO

Alfredo Jaramillo Andrade Loja, 13 Abril de 2007

Por intermedio de la Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamín Carrión”, Núcleo Provincial de Loja, se ha reeditado “Loja Contemporánea”, del insigne Maestro y conductor de juventudes: estilista, poeta, investigador social, hombre de connotación política, científica y cultural, catedrático de reconocido prestigio, intachable representante del Derecho y defensor de la justicia con acentuación libertaria de igualdad y confraternidad en torno de las generaciones pasadas y para orgullo de las presentes y venideras. REMEMORA, dentro del Plan Binacional de Desarrollo Fronterizo, capítulo Ecuador, entrega hoy al público un libro de consistencia moral y de amplia repercusión humanitaria. Pues, nos devuelve el aliento histórico de ayer; la visión del futurista que llegó a contemplar hace aproximadamente un siglo la razón de Ser: la valiosa expresión dialéctica del universo, la ubicación perfecta del hombre y su complejidad antropológica vital. Desde las primeras páginas de su Obra trascendente, el autor muestra aquello que los grandes genios supieron utilizar con propiedad deslumbrante: la palabra, su hondo significado, la claridad conceptual: atento al rasgo nítido que logra descubrir los detalles mínimos del lingüista que estremece a su lector e incentiva la creación de género. Creemos que el señor doctor Clodoveo Jaramillo Alvarado es, como lo expresara el poeta Benjamín Ruiz E. “un poeta exquisito, escritor ático y reflexivo que cuando dictaba la cátedra de literatura en el Colegio Bernardo Valdivieso, agigantaba, con su bondades y conocimiento el patrimonio del Plantel Educativo, dada su brillantez, caballerosidad y genio. Por ello, y cuando ha sido meritoria la ocasión hemos retomado sus expresiones categórica, sinceras y convincentes; dado que refleja la calidad máxima del pedagogo, el sentimiento apasionado hacia las multitudes estudiantiles y una quizá impronta, próxima a la de un Simón Rodríguez que magistralmente persuadió al despreocupado joven Bolívar, a ser padre de la libertad de cinco naciones, encendiendo, para luego, una luz generacional que había de proyectarnos al mundo de las democracias y del pensamiento laico, en procura de la unidad continental y de los pueblos exentos de esclavitud en América Latina. Nos entusiasma el ideal del doctor Clodoveo Jaramillo Alvarado. Su método de afianzamiento científico. Su responsabilidad ciudadana al aceptar la Comisión impartida por el Municipio Lojano de entonces, para que presentara en un boceto digno de su autor la realidad nuestra, en todos los campos del saber, con grandeza y elocuencia, con claridad y sacrificio, atento a los trabajos de los científicos y eruditos: Wolf, Solano,


Caldas, Humboldt “sobre las incalculables riquezas que encierra en su seno esta privilegiada tierra” de Mercadillo, y que no habían sido descubiertas ni explotadas con su debida cautela. Con profunda versación, el doctor Clodoveo Jaramillo Alvarado nos presentará, luego, el resumen de un trabajo de investigación minucioso, en excelentes páginas, en las que patentiza un esfuerzo titánico: concita planos y mapas; explora la orografía provincial; reconoce linderos y fortalece la soberanía; dignificando con ello el civismo en el “último rincón del mundo”; enarbolando signos de identidad nacional. Su apreciación sobre la hidrografía lojana, sirve para exaltar los caprichos de la naturaleza que, a través de sus afluentes camina cierta vez al océano Pacífico y en otras derivaciones se conduce al océano Atlántico, llevando consigo las aguas de una región legitimada con el nombre de “Amazonas” y corresponsal de los descubridores heroicos que la ofrecieron a los Reyes de Castilla. Me complace haberlo conocido al autor de “Loja Contemporánea” quien, en las páginas de su obra, al paso de su sapiente labor, nos entregara una comprensión del campo geológico, tan exacto en su apreciación, como aquel que percibimos de nuestro connotado profesor Ing. Bernardo Mora, en la Universidad Nacional de Loja, transcurridas muchas décadas después, en su gran LABORATORIO DE LA NATURALEZA. El doctor Jaramillo Alvarado, en 1920, plantea la necesidad del conocimiento del suelo y del subsuelo que nos pertenece. “La necesidad de tener patria” como diría Benjamín Carrión… Los encantos milenarios a través de los esquivos minerales que solamente por su abundancia salieron a flotar en la superficie de nuestra comarca andina… Una posibilidad de riqueza dormida en la entraña de los montes, valles, alturas y depresiones abismales… Una riqueza mineral inexplotada donde la magia de una existencia real de cantos y pedrería invalorables atrae la atención de propios y extraños: ¿hacia qué puntos se dirigen los regueros de nuestra arca sustantiva, discretamente extendida, lozana y generosa, que apasiona el espíritu de lojanidad?... El doctor Clodoveo asume la responsabilidad de identificar y analizar su territorio. Describe climas con prontitud y esmero para señalar en su Libro cada lugar, cada clima, cada uno de los meteoros que pudieran dar con certeza y poder de síntesis una apreciación fenomenológica propia de nuestra provincia: listo para que cualquier lector fundamente con orgullo la recaudación antropológica en una sociedad aparentemente feliz, aunque equivocada en su destino e ignorante de su procedencia, de su realidad física, etnográfica y socioeconómica; no solamente motivado a cumplir con la Comisión encomendada por el Ilustre Concejo Municipal, sino, por satisfacción y curiosidad filosófica, propia del investigador serio, del educador honesto, del hombre cultivado a instancias de una fina percepción académica y científica. Por lo tanto, debemos alegrarnos de que “Loja Contemporánea” aflore, entre una serie de notables obras, como una muestra más del intelectual que ha sido capaz de codearse con las mejores experiencias de sabios y científicos que han dado aporte brillante a la opinión pública, a los jóvenes y adultos estudiosos, a las generaciones de todos los tiempos. Muchos de nosotros hemos tenido la suerte de conocer al Dr. Clodoveo Jaramillo Alvarado. La suerte de escuchar su palabra serena. La suerte de leer parte de su biblioteca, en compañía de sus hijos, extra cátedra, podríamos decir, para darnos cuenta


sobre las cosas que elevan el alma. Sobre la grandeza que gana en la acreencia de lecturas la inmensidad del Ser. La suerte de saludar cotidianamente a un personaje emblema. La suerte, de su correspondencia. De admirar sus menudo y apresurado paso, para llegar a cumplir con su deber social de catedrático; de hombre público y respetuoso de las leyes; ciudadano íntegro. Un hombre creyente del Más Ser. Conocedor profundo de la realidad nacional. Un educador que, ante todo, dejó una huella imperecedera, digna de seguir, por ser brillante y buena. El doctor Jaramillo fue miembro de una comunidad a la cual prestigió con su talento y ponencias socializantes. Indujo la necesidad de engrandecer los valores morales y éticos de antecesores como Espejo, Montalvo, Rocafuerte, Alfaro…, es decir, de aquellos hombres que han contribuido siempre al engrandecimiento del patrimonio cívico – cultural en Loja, y en el mundo entero.

En la tercera parte de “Loja Contemporánea”, también se rememora la presencia de los escritores que desde el tiempo de la Colonia, y durante más de un siglo, en orden cronológico, aporta Loja para el Reino Español. Muchas de estas ya mencionadas en pie de fotografías, con lo cual el lector podrá entusiasmarse y proclamar la valía del hombre en su dimensión artística, del pensamiento filosófico, del periodismo, de la cátedra, de la oratoria, y como coautor del prestigio al sur de la patria ecuatoriana. Es aplicable a la grandeza del Dr. Clodoveo Jaramillo Alvarado, aquellas frases laudatorias de Joaquín S. Eguiguren (1915?) de que “hay seres que vive aquí, pero que son de allá... Hay algunos humanos que pasan por el mundo como las golondrinas… volando… volando… a flor de tierra… sin asentar sus plantas, ni siquiera empolvar la orla de su veste…/ Hay otras que poseen la facultad sostenerse firmes, a pesar del vaivén y continuos sacudimientos de esta agitada vida. Llevan a cuestas muy poderosa cruz pero jamás desmayan”… (…) “Son individuos que viven y mueren sin ruido, pero que dejan muy hondas, indelebles huellas…”. Es que, a esos “seres” pertenecieron los maestros de verdad, el ecce homo de la sociedad, al decir de Miguel Espinosa F., hace seis décadas, aproximadamente; porque “las mil contradicciones y reveses, las amarguras y los infortunios, este eterno batallar con la naturaleza, con los hombres, con las preocupaciones, con el egoísmo, con la pobreza y la envidia, no hacen sino retemplar más y más la energía del maestro, hasta lograr que sus esfuerzos bien combinados respondan al feliz éxito de la ejecución, de los provechosos resultados de un bien general”. Señoras y Señores.


Manuel Agustín Aguirre: pasión y pensamiento Marco Antonio Rodríguez Loja Cuando visito Loja, buena y sabia por su historia, sus habitantes y los grandes que ha dado a la patria, aquello de ‘ciudad para vivir’ que se acuñó para otra ciudad desde una política coyuntural y demagógica, se torna verdad. Lo dije en una ocasión anterior, lo hago ahora como un primer tributo al maestro Manuel Agustín Aguirre. Es que Loja merece este apelativo por los multivarios factores que emergen de la fusión indo– hispánica generados en su territorio físico; la convocación histórica de la cual emergió su riqueza artística; su exuberancia topográfica; sus fantasías orgánicas; todo ese signo ambiental, en suma, que la transfiguran en una urbe muy diferente de cualquier otra de América. Cierto lo del olvido de los gobiernos centrales de turno, pero verdad axiomatica, la excelencia de sus habitantes que la aman la cuidan con esmero único. Gracias a Mario Jaramillo, su admirable esposa y un grupo de amigos intelectuales, pude reverdecer mi fe en la especie humana conociendo de cerca el milagro de Vilcabamba. Si en efecto hay un lugar donde se humilla al tiempo, dilatándolo, solo puede darse en ese mágico espacio, tramado por una naturaleza sin par que nos remite, tal vez, a una época cuando aún el ser humano no estaba predestinado para su destrucción. Y vale decir —leyenda aparte— que quizás porque en Vilcabamba se ha detenido el tiempo, insufla de vida perpetuo a quienes la visitan o recurren a ella para bien vivir. Por lo demás, Loja es una ciudad siempre inédita en cuanto todos los días y en cualquier instante, suele concedernos una novedad diversa: algún fragmento no reparado en la víspera, la aparición de un aspecto remodelado gracias a su luz renovada, la presencia de una realidad establecida, de pronto, por una memoria tan entusiasta como compleja. Por lo demás, aquellas elucidaciones de Pío Jaramillo Alvarado en su Historia de Loja y su Provincia siguen indemnes. ‘Por su propia idiosincrasia —afirma Jaramillo Alvarado— el lojano representa todo lo leal y lo noble…’ Así es. Y traigo esa aserción porque la arcilla de la que estuvo hecho Manuel Agustín Aguirre fue urdida por estas sustancias: lealtad y nobleza. ¡Qué manera de ejercer la solidaridad la suya, qué modo de mantener sin mácula alguna su ir existencial, qué ejemplar reciedumbre civil y humana la que labró a su paso, con cuánto sacrificio mantuvo siempre en alto sus ideales socialistas! No es que pretendamos extremar halagos para varón de tan ilustre estirpe, pero maestros de su talla, militante de sus convicciones, nos conminan a ver diminutos a quienes fungen de socialistas en nuestros tiempos. Paltas y Calvas se opusieron a la invasión incaica, y en defensa de su cultura, con inmedible valor, se rebelaron contra Huayna Cápac. De las entrañas de esta provincia salieron invaluables tesoros. Veinte mil indios fueron masacrados en Nambija para satisfacer con oro la codicia española, y porque fue la región más devastada por esa feroz conquista. Loja, a más de los saraguros, no tiene otros pueblos indios, revelándose como una suerte de arquetipo de mestizaje. Y fue su pueblo el que prendió la independencia con pitos y tambores, aquí se gestaron épicos capítulos preñados de patriotismo: combatir tiranos, organizarse por sí sola cuando mediando el siglo XIX Ecuador se fracturó en cuatro gobiernos, otear horizontes profundamente transformadores para la educación pública o fundar uno de los primeros núcleos del Socialismo.


El maestro Manuel Agustín Aguirre fue un hombre de pasiones. Él mismo se definió como tal. Tres de ellas voy a destacar: la de pensar, la de crear, la de servir a los otros. Aguirre fue maestro por antonomasia. Y en esta línea, Ecuador estará siempre en deuda con su visión reformista de nuestra universidad. El sectarismo de nuestras izquierdas ha logrado velar su histórico aporte a la buena historia de la patria, creo que es hora de reivindicar como es debido su egregia figura. Su obra Manuel Agustín Aguirre, pertenece a las instancias más altas del pensamiento latinoamericano sigloventino. Su proverbial sentimiento de solidaridad no está restringido a Ecuador, sino a su patria grande, América Latina, y abraza, en suma totalizadora, a la humanidad. En esos anchos espacios converge, desde Loja, su lugar de origen, con Benjamín Carrión, Pío Jaramillo Alvarado, Ángel F. Rojas, Pablo Palacio, Adolfo Valarezo, entre otros, en la forja de un mejor destino histórico inmediato para los pueblos pobres de la tierra. Autor de tratados y ensayos buidos de rigor científico — cuando se trata de economía y socialismo—, y de amplios saberes y anchura de espíritu cuando versa sobre sociología o literatura, vida y obra de Manuel Agustín Aguirre han transgredido tiempo y espacio. Una treintena de libros salieron de su lúcido talento, sin embargo, apenas puede hablarse de una discreta penumbra mistificatoria de su paradigmática personalidad en escasas facultades universitarias, nunca nos hemos impuesto el imperioso deber de efectuar un examinatorio comparado, entre la atomización y colapso de las izquierdas y la memoria del hombre a quien se debe la orientación de los auténticos movimientos revolucionarios y la histórica reforma de nuestra universidad. ¡Cuántas generosas proposiciones inferiríamos de este ejercicio! En el campo de la poesía, Manuel Agustín Aguirre publicó Poemas Automáticos, Pies Desnudos y Llamada a los Proletarios. Poesía que halla el mejor sustento en lo real, configura su ámbito de expresión aprehendiendo el tiempo en su presente, secuestrando la música del aire que respira, irrumpiendo desde la sangre en cada fragmento de espacio que recorre; en cada experiencia del hombre en su encuentro con el otro; rebelión y rabia, dolor y agitación, cautividad y liberación, reflexión y espasmo. Aguirre es un hombre de carne y hueso que dialoga con el mundo, que camina por las calles: suerte de peatón que averigua la intimidad de las cosas dilucidada en su contacto con el otro, y pródigamente nos restituye como un eco, su voz preñada de vida, conmociones, convicciones, extravíos y certezas. Nada le es extraño a este poeta, todo lo humano le hostiga como signo creativo. Su música verbal invade los linderos de lo lírico y lo narradito y allí, en este vértice, afinca su posibilidad de llegar a un vasto público. Si en este milenio estamos excluidos —cada quien en nuestro propio cubo— como profetizó Ítalo Calvino, sin esperar hallar nada más que aquello que seamos capaces de llevar, el cubo que nos legó Manuel Agustín Aguirre es el de los condenados, el de los sin tierra, el de los desposeídos, por eso, su poesía nos deja una espiral en nuestra mirada, en nuestra memoria, pero, sobre todo, en nuestro aislado corazón.


LEONIDAS GUERRERO UN SOÑADOR A TIEMPO COMPLETO Trotsky Guerrero Carrión Todas las personas, cualesquiera que sea su condición social, cultural y económica, se plantean objetivos en su vida e intentan concretarlos en la medida de sus posibilidades. Algunos se desviven por enriquecerse a costa de cualquier sacrificio, recurriendo a maniobras lícitas e ilícitas. Otros se aferran al presente con el argumento de que hay una sola vida y se la debe aprovechar sin desperdiciar un minuto en distracciones y paseos. Según ellos lo demás vendrá a su debido tiempo. No faltan tampoco aquellos que están a la caza de “oportunidades” para escalar posiciones sociales sin esforzarse y sin reparar en las consecuencias de vender su alma al diablo para conseguirlo. Algunos anhelan estar formando parte de las estructuras de poder para desquitarse de alguna ofensa o humillación que les hizo alguien consciente o inconscientemente. Dentro de esta gran variedad de actitudes y percepciones sobre la vida, están los soñadores. Aquellos que miran más allá de las apariencias y no escatiman esfuerzos por defender la verdad, aunque muchos los tilden de locos. La historia ha demostrado que finalmente esas locuras cuerdas han beneficiado a la mayoría de la población. Son las personas que, habiendo nacido con estrella, fueron capaces de visualizar el futuro a costa de muchos sacrificios e incomprensiones, y son gratamente recordados por las futuras generaciones. Leonidas Guerrero estuvo en el grupo de soñadores, que, con enorme perseverancia luchó por concretar uno de sus más anhelados proyectos de vida, ayudar a establecer un centro de educación media con todas las condiciones de infraestructura y de personal, capaz de servir de pilar básico del desarrollo material y espiritual de su tierra. Para lograrlo, enfrentó con bienes y persona a un personaje local de mucho peso político e ideológico, así como a un conjunto de burócratas que en aquel entonces (1945-50), eran directores de educación o supervisores provinciales. Era el tiempo del dominio conservador cuya visión clerical del siglo diecinueve había sido derrotada hacía ya cuarenta años por el liberalismo de Alfaro y en la provincia aún no daba su brazo a torcer. Finalmente ganaron las ideas del progreso y se creo el ahora Colegio fiscal laico Nacional Paltas al que le sucedieron más tarde otros colegios particulares, fiscales y fiscomicionales. Su familia, quizá una de las más numerosas de la localidad, 14 hijos, también se benefició de esta obra. Nosotros tuvimos la suerte de demostrar aquello que diariamente él nos señalaba en el sentido de que la mejor herencia que una persona puede recibir es una profesión y lo conseguimos, gracias a nuestros propios sacrificios, pero fundamentalmente al que hicieron nuestros padres. Leonidas Guerrero como hombre de bien y de principios nos inculcó siempre el amor a la lectura, el respeto a los demás, la coherencia entre las ideas y la práctica, el afecto a la tierra, valores que guían nuestras vidas y trataremos de inculcarlos a las futuras generaciones. Catacocha, en la época que le tocó vivir, era una hermosa aldea asentada en la geografía irregular pero muy rica del cantón Paltas, en las faldas del Pisaca y del Chiriculapo, con una población concentrada que no superaba las 3000 personas y una estructura socioeconómica poco diferenciada. Con clima primaveral la vida de la gente transcurría pausadamente, con una marcada interrelación entre sociedad y naturaleza, al punto de que las flores, senderos, huertos, el sol, la luna, las nubes, estrellas, quebradas y los sonidos de los pájaros, fueron buena parte de la materia prima de nuestros sueños. En el marco de ese entorno bucólico y tranquilo se forjaron las canciones de Leonidas Guerrero. Pasillos como Delia María una imploración poética y musical dirigida a quien fuera su compañera de empeños. Una manifestación de amor y de ternura a una mujer


que compartió sus bellos tiempos y restricciones y estuvo siempre a su lado, en las buenas y en las malas. Sin temor a equivocarme podría decir que un eje transversal de su producción musical y poética es el desarraigo ya presente en aquella época pero muy bien visualizado e interpretado sociológicamente. Sobresalen en esta líneas pasillos como despedida donde describe las difíciles circunstancias de la irremediable ausencia y la inexorable necesidad de despedirse sin saber si habrá retorno; o el vals tierra mía que grafica con un lenguaje popular, una rima suave y una música pegajosa, los dolorosos transes de un viaje talvez definitivo hacia otras latitudes, y todo ello unido a la querencia de la tierra que lo vio nacer y al recuerdo de sus padres con quienes aprendió a soñar. Por eso dice en dos de sus estrofas: Tierra mía tengo pena al despedirme Por que en ti queda lo más grande de mi alma Dejo a mis padres que a mi ser dieron la vida Y en mis horas de dolor me dieron calma Nunca pensé dejar este lugar amado Donde quedan mis amistades y mis recuerdos Sólo me llevo el corazón despedazado Por el dolor de la ausencia en que me pierdo …… En su repertorio no se excluyen los amores perdidos causantes de sufrimientos y de lágrimas por algo que no pudo ser, pero demostrando dignidad frente al “recuerdo que le dejó su adiós”. Esta problemática la aborda magistralmente en el vals Horas idas con un aire popular de esta región de la patria muy ligada a la cultura del hermano pueblo del norte del Perú. El pasillo que lo identifica como cantautor es sin duda Elegía de invierno, tema musicalizado por él sobre un poema escrito por José Joaquin Palacios, y que a juicio de los especialistas forma parte del florilegio del pasillo lojano, con una línea armónica y estilo particular, elegante y muy diferente a otros pasillos del resto del país. Si nos ubicamos en la época donde vivió el compositor, pasillos como Ilusión, Promesa o Madre abordan con mucha sensibilidad los problemas cotidianos relacionados con los sinsabores de la vida, el amor o la muerte, pero mostrando siempre calidad expresiva y mucho optimismo. No son temas para llorar sino para reflexionar. Digno de resaltarse en el presente análisis son el bolero Trigueña y el vals Estatua de mármol, dos canciones con una estructura melódica acorde con las exigencias sonoras de nuestro tiempo, por cuya razón podrían ser escuchadas en cualquier escenario del país y por que no decirlo de América y del mundo. Leonidas Guerrero fue en definitiva un compositor muy articulado a la vida de su tierra, con una personalidad y orgullo especiales y un talento para interpretar la música ampliamente reconocido por quienes lo escucharon. La familia Guerrero Carrión, con el disco compacto titulado: Homenaje a Leonidas Guerrero, ha querido recordar su memoria a fin de que las generaciones actuales conozcan que en el siglo pasado existió un personaje que trabajó a contracorriente defendiendo a su tierra y con su voz y su guitarra ocuparon un sitial importante en la historia cultural de Paltas y de Loja, ganándose el derecho a estar entre los grandes forjadores de la cultura musical lojana y ecuatoriana. Loja 26 de enero del 2007


Revista Mediodia  

Los miembros de la CCE-Loja dan su aporte al quehacer cultural