CapĂtulo II Un proyecto expositivo comisariado por MartĂllopis e Irene Covaleda
2021 | Ediciones
CapĂtulo II Un proyecto expositivo comisariado por MartĂllopis e Irene Covaleda
2021 LAPASSA Ediciones
El Grito
Capítulo II Un proyecto expositivo comisariado por Martíllopis e Irene Covaleda
Artistas participantes: Álvaro Salcedo Galbán Arze & Delacage Carla M. Grifo Claudia García de Mateos Sanchis Elena Martí Cristina M Lizama Fan Jiang Gema Hoyas Irene Covaleda
Inés Regaña Jaume Chornet Luis Utrillas Miguel Molina-Alarcón Pep Sales Gabarda Pepe Gimeno Silvia Ariño Tham Casany Made in Martíllopis Martíllopis
Diseño y maquetación: arze.design Fotografías de los trabajos: Tham Casany y Vicent Salvador.
Colaboran: Universitat Politècnica de València Dpto. Escultura de la Facultat de BBAA de València Fundación Universitaria Antonio Gargallo Universidad de Zaragoza
© de los textos: Los autores © de las imágenes: Los propietarios © de la presente edición: LAPASSA
2021 LAPASSA Ediciones ISBN: 978-84-09-25954-0
Agradecimientos: A todos los que han participado con sus obras, ideas, ilusión y cariño durante estos meses complejos. Queremos destacar la presencia en cada detalle de las personas que han velado por el éxito de este proyecto en la Fundación Universitaria Antonio Gargallo, Alfonso, Pilar y Mª Jesús. Gracias a Alexia Sanz Hernández por su estrecha colaboración y compromiso con este grito. Este trabajo hubiera sido distinto sin la difusión que han proporcionado personas como Miguel Ángel Artigas a través del Diario de Teruel y Alfonso Pueyo en Aragón TV.
Apuntes sobre El grito: Una pintura que deriva en una experiencia de arte interdisciplinar colectiva. El Grito es un proyecto con el que se pretende aunar el trabajo de artistas de diferentes disciplinas y de lugares diversos. Este proyecto celebró su primera exposición en la casa de cultura de Alboraia (Valencia), y coincidiendo en el tiempo, aunque con unas semanas de distancia entre ambas inauguraciones, en la Universidad de Zaragoza ocupando la sala de exposiciones del edificio de Bellas Artes de Teruel y la sala del Vicerrectorado del campus de Teruel. Ambas exposiciones ha recibido financiación por parte de la Universitat Politècnica de València y por parte de la Fundación Universitaria Antonio Gargallo, ayudas que han permitido poder llevar a cabo las dos exposiciones realizadas hasta la fecha y el presente catálogo. La transversalidad forma parte de la exposición, una transversalidad sobre el pensamiento que nos traslada a un ámbito de diferentes lecturas sobre la célebre obra de Edvard Munch. El interés concreto de tomar como referente El grito que todos y todas tenemos en la mente al hablar del artista noruego, es el trazar el eje que construya un discurso actual sobre la acción humana en la tierra. Hace muchos años que en Teruel se iniciaron movimientos sociales a favor de un mejor reparto de infraestructuras, una lucha por la supervivencia de los pueblos menos comunicados y con menor acceso a sanidad y educación, pilares esenciales para que una población joven pueda quedarse. El grito que se propone es igual de estremecedor que el que Munch pintó durante los años
del expresionismo, o al menos, así lo sentimos. El bombardeo incesante de la publicidad en favor de un consumo excesivo, el fast life del que ahora formamos parte así como el sentido inductor de la economía en hacia una cima que no sabemos dónde acaba, son los motivos por los que gritamos. Esta propuesta expositiva da comienzo tras una pregunta que se hace el comisario Martíllopis, ¿Cómo Edvard Munch pintaría hoy El Grito? Con esta cuestión, comienza el desarrollo de un discurso en el que los artistas deben pensar sobre su entorno para observar cuales serían las razones que llevarían hoy al ser humano a tapar sus oídos tal y como se presenta en la famosa obra. Para abordar las inquietudes que preocupan a la sociedad actual, se pidió a los artistas que a modo de titular de prensa, preparasen una frase que, pudiendo ser falsa, fuese creíble. Y es que, la política y los espectáculos que ofrece, los conflictos territoriales, el cambio climático, el desarrollo de la inteligencia artificial o los cambios en el mercado laboral, en muchas ocasiones, dejan noticias sorprendentes. El hecho de que una hoja de sala en una exposición pase a ser una nota de prensa con titulares sobre diversas cuestiones, ha sorprendido a los visitantes de ambas salas. Por otra parte, la estética que aporta el diseño de esta hoja de sala acentúa el interés poético sobre memoria, de la que se pueden sustraer lecturas sobre la forma en que leemos hoy día, el modo en que almacenamos la información, o incluso la capacidad que hemos desarrollado a no sorprendernos al oír o leer
noticias relacionadas con la corrupción (en el más amplio sentido de la palabra) de algunos. Podemos hablar de un arte que se hace autónomo y que más que asociarse a la política, su realidad es la de hacer política, entendida esta como instrumento para tomar conciencia de su capacidad de extensión y expresión libre. En la actualidad, el acceso a los medios y estructuras de información en cualquiera de sus formatos es amplia, pero no hay que olvidar que debemos ser críticos ante la cantidad de posibles fake news y ser conscientes de que debemos tomar parte de la diversidad que nos rodea. Álvaro Salcedo Galbán, Arze y DelaCage, Miguel Molina-Alarcón, Claudia García de Mateos Sanchis, Elena Martí, Pep Sales Gabarda, Fan Jiang, Gema Hoyas, Inés Regaña, Pepe Gimeno, Silvia Ariño, Luis Utrillas, Jaume Chornet, Cristina M Lizama, Tham Casany, Carla M. Grifo y Made in Martillopis son los artistas que han hecho posible la lectura sobre los conceptos que se han mencionado. En este catálogo, se pueden observar las miradas que algunos de los protagonistas han dirigido hacia paisajes primigenios, aire de infancia, críticas hacia una sociedad consumista que sobreexplota los recursos para incrementar una economía que de poco servirá en un futuro no muy lejano, o piezas que simbolizan la memoria, y el recuerdo de todos. Las miradas de los artistas lejos de observar con pasividad a lo que depare el destino, apuestan por promover un espíritu activo de pensamiento sobre el que recapacitar. Estos versos, si se me
permite referirme de este modo a las obras de esta exposición, forman una mirada única. Los códigos que se emplean hablan de una y mil identidades a la vez. La exposición supone una reflexión común que, incluye un carácter sugestivo, activista y, en ocasiones un tanto irónico que construye un acercamiento a las inquietudes que plantea hoy el arte contemporáneo. Las exposiciones llevadas a cabo en Alboraia y en Teruel suponen un punto de partida hacia la construcción de discursos comprometidos con el entorno, aunque más que un punto de partida, es una red en la que se van entretejiendo ideas e ilusiones que dan pie a la apertura de una puerta que dará entrada a otra. Poner en valor el trabajo en colectivo es una de las premisas que marcaron el inicio de este proyecto, es por ello que la investigación sobre el contexto que rodea este grito, da sentido a la interpretación del conjunto de obras. El arte y la naturaleza van de la mano y la cultura que se genera en torno al binomio fomenta un cruce muy amplio de interacciones creativas y en este catálogo, se pueden observar las múltiples derivas a las que lleva el compromiso adquirido por los artistas. Coordinar y hacer el comisariado esta exposición junto a Martíllopis ha sido todo un aprendizaje. Gracias a todos los que formáis parte y a todos los que gritáis fuera de la sala ¡Gritemos!
- Irene Covaleda, comisaria de El Grito
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Álvaro Salcedo Galbán (Huesca, 1997). Graduado en Bellas Artes por la Universidad de Zaragoza. Su práctica artística se sitúa en la reflexión de una ética Ecoanimal, manifestándose a través de poéticas objetuales, instalacciones y performances, con el objetivo de cuestionar los dogmas sociales y políticos que construyen nuestra cotidianidad.
Aragón pierde tres décadas contra el cambio climático: encabeza un proyecto suicida. Esta pieza parte desde una perspectiva biocentrista para afrontar un problema local, como es el agravado aumento de las explotaciones de cría intensiva en Aragón, pero que en sí, representa la cumbre de un proyecto suicida que la propia historia de la humanidad ha ido trazando. Consiste en un modelo antroposupremacista y androcéntrico que ha situado a la naturaleza (hábitats y habitantes) al servicio de una ficción de progreso que marcha vacilante hacía una crisis ecológica, ética y humanitaria sin precedentes. Por ello, considero que puede ser valioso incidir en las ideas que nos propone la teoría ecofeminista, en las que se hilvana hacia otro tipo de horizontes, percibidos desde la sensibilidad pausada y pensada en lo radical y lo común: común, porque todes queremos una tierra y un tiempo vivibles; radical, porque es cada vez más urgente incidir en la transformación de los rizomas que definen nuestra forma de habitar este planeta.
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Arze y DelaCage Dos jóvenes creativos asturianos acostumbrados a colaborar en la creación y gestión de proyectos artísticos. Trabajan entre las artes visuales, la ilustración y el diseño; en obras cargadas de crítica y de humor. Ambos han participado en exhibiciones nacionales e internacionales y son los fundadores de Defensa Gráfica —las primeras Jornadas Virtuales de Arte Humanitario del mundo— un proyecto artístico destinado a recaudar fondos en defensa de los Derechos Humanos.
El rover Curiosity revela la imagen de mayor resolución jamás tomada de la superficie de Teruel. Compuesta por más de 1,000 imágenes tomadas durante el puente de la Constitución de 2019 y cuidadosamente ensambladas durante los meses siguientes, la imagen resultante contiene 1.8 mil millones de píxeles y nos ofrece la mayor imagen jamás tomada del paisaje turolense. Se requirieron más de 6 horas durante cuatro días para que el rover hiciera las fotografías individuales. Estas fueron capturadas con el teleobjetivo de la cámara Mast y gracias a que sus operadores programaron una compleja lista de tareas para asegurarse de que las imágenes estuvieran enfocadas. Para garantizar una iluminación constante, limitaron la toma de imágenes entre el mediodía y las 2 p.m. (hora local de Teruel). “Mientras muchos de nuestro equipo estaban en casa disfrutando de las vacaciones, nuestro rover produjo este festín para los ojos”, declaró el científico A. Vasavada, responsable del laboratorio que lidera la misión Curiosity. Curiosity es actualmente el único rover que opera en Teruel y su propósito es descubrir si alguna vez se dieron allí las condiciones ambientales adecuadas para sustentar pequeñas formas de vida. Durante la misión, se han encontrado evidencias químicas y minerales que sostienen la posibilidad de que Teruel podría haber sido el hogar de vida microbiana en alguna época pasada.
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Carla M. Grifo Graduada en Bellas Artes (UPV) y estudiante de Educación Social (UV) trabaja de forma interdisciplinar la fotografía, la producción audiovisual y la poesía. A nivel social acerca a la educación el arte como herramienta de liberación emocional. Para la gestación de su obra artística utiliza la deriva, en esta acción cuotidiana radica la necesidad de reconectarse con el entorno, entender la ciudad y los procesos de cambio más conceptos como no-lugar, terrain vagué y posmodernidad.
Sin raíces hemos perdido el latir de la tierra. El éxodo rural conllevó el abandono de los pueblos y los campos de cultivo hacia una ciudad de tránsito, volátil, nada estática donde el tiempo se escapa del reloj, el ruido es un bucle de sensaciones de no pertenencia y los no-lugares forman parte de una aldea global deshabitada llena de cuerpos que van y vienen. El ruido del olvido habla sobre este viaje migratorio donde las raíces parecen difuminarse y el hogar queda en formato recuerdo. Esta pérdida de raíces fundamenta la sensación de orfandad según la cual vamos fluyendo de un espacio a otro sin ser conscientes de dónde estamos. El ruido del olvido es un grito a la construcción de vínculos estables con el entorno, generar un espacio donde sentirse seguro y a la vez, poder mostrarse vulnerable. Además de, generar la sensación de ese constante movimiento frenético que impide que las semillas crezcan a su tiempo.
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Claudia García de Mateos Sanchis Artista audiovisual. Estudió el Grado en Bellas Artes y el Máster de Producción Artística en la Universitat Politècnica de València. Interesada en el cine, la fotografía, el diseño y la investigación teórica, trabaja con proyectos de carácter ensayístico, sobre conceptos como la autoexigencia, la sociedad del rendimiento y la deconstrucción de los relatos aprehendidos.
Pueblos que podrías comprar por menos de lo que vale un piso. Mi abuela nació en Rillo, un pueblo de Teruel de menos de 100 habitantes. Y tanto que menos, cuando se cerró la mina, todos se fueron. Los nietos de los que nacieron allí se construyen casas donde ir a pasar el verano relajados y en familia, mientras aquellas cuyos herederos no han vuelto se caen a pedazos. Rillo tiene pocas calles, pero cada piedra ha sido lanzada por muchos niños que ahora son abuelos, por muchos niños que ahora son padres y por muchos niños que, de momento, son niños. No os metáis en esas casas, que como os caiga una viga encima ya verás que disgusto. Algunos recuerdan algo sobre el dueño de una cuadra cubierta ahora de cardos. Todo está lleno de espigas, amapolas y cardos. Lo que significa abandonar el pueblo es el resultado de recorrer, esta vez de forma consciente, caminos andados una y otra vez durante los 23 años que tengo. Realizar una deriva mental por un recorrido físico memorizado al detalle, reflexionando sobre el abandono, las inconscientes últimas veces y la recuperación del concepto de valor más allá de su dimensión económica. Un homenaje a lo que significan los pueblos y, ante todo, lo que significa realmente estar abandonando los pueblos.
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Elena Martí Nacida en Barcelona, actualmente tiene su estudio en el barrio de Ruzafa de Valencia. Ha participado en numerosas exposiciones individuales y colectivas, nacionales e internacionales. La artista desarrolla sus proyectos a través de diversos medios, pintura, escultura e instalaciones, haciendo hincapié en la fragilidad exponencial de la naturaleza, y del ser humano como parte de la misma, en el transcurso del tiempo.
Desaparece el último paisaje natural. Las acciones del presente devoran el último paisaje natural del futuro. El tema de “La naturaleza” es un referente a lo largo de mi trayectoria y aparece de forma más o menos explícita en gran parte de mi obra. Los materiales elegidos para la realización de “Paisaje antrópico IV” están estrechamente relacionados con el tema, y forman parte del discurso o concepto de la obra. Materiales naturales y reciclados conforman la obra: tela de algodón, hierro y material de derribo. La obra representa un paisaje cortado, destruido por un mallazo de hierro utilizado en la construcción. El paisaje como metáfora de una sociedad de consumo insostenible. Es una imagen que se repite a lo largo de la historia desde que el ser humano explota los territorios de una manera desaforada, de forma cada vez más acelerada, sin tener en cuenta las consecuencias que ello tiene para nuestras generaciones futuras. La intensa intervención del hombre en la naturaleza deja huella sobre el paisaje. Nuestras acciones de hoy afectan a nuestro futuro. Las actuaciones del hombre transforman los paisajes, que se convierten en testigos de su uso y abuso a lo largo del tiempo.
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Cristina M Lizama (Teruel, 1996) Es una artista transdisciplinar que trabaja desde el concepto. Su discurso artístico ha estudiado temáticas como el hábitat, los límites, el tiempo, el recuerdo y la ausencia. Su trabajo busca y se construye desde un lenguaje de poética visual. Graduada en Bellas artes en la universidad de Zaragoza, continua su formación artística en el Máster de Producción Artística de la universidad politécnica de Valencia (UPV).
Un temblor de magnitud 6 se manifiesta en el interior de una casa, provocando la ruptura de una copa. Esta pieza sonora reflexiona alrededor de la construcción de nuestra sociedad actual, a la que se podría referir como la sociedad de la exclusión. El temblor en la mesa se manifiesta a modo de grito para dar voz a los en-seres que no encajan en los huecos que el sistema pre establece como “adecuados” y “normativos”. El cristal tirita, vemos recipi-entes que son el reflejo del grito y del temblor de una sociedad del miedo y de la duda. ¿Cómo abordar lo propio de la palabra “mañana”? ¿y lo ajeno?, ¿lo otro? Los hay que consiguen adaptarse, esos no tiemblan porque sus voces no son propias, no se escuchan, han enmudecido para ser parte de lo incuestionado (un sistema monstruo). Tampoco se escuchan las voces de los que han migrado, a pesar de que el hueco se hace visiblemente sonoro en su fría ausencia si se observa bien. La pregunta es amplia, al igual que el problema, pero mirar desde el cuidado y la empatía puede revelarse como la voz de dichos huecos. Este es el retrato de la sociedad del grito que tiembla ante la vulnerabilidad de un estado de modernidad líquida.
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Fan Jiang (Zhejiang, China, 1998) es un artista en formación que cursa actualmente el grado de Bellas Artes en la Universidad de Zaragoza. Últimamente busca con constancia una metodología de tratamiento de los aspectos innatos e intuitivos del ser humano, un método para engendrar una consonancia esencial entre el ser y el mundo, entre la obra y el espectador. La temática actual es La poética de la emoción. Se expresa a través de medios como la pintura, la escultura y las instalaciones.
Llagas abiertas gritos del pasado [evidencias de la presencia. Vuelvo a trabajar sobre mi temática central: La Poética de la Emoción. El ser humano es de carácter racional y emocional, es por naturaleza un cúmulo de conceptos antagónicos, está siempre en el conflicto de quererse y odiarse al mismo tiempo. El odio procede del miedo a reconocerse como es y el quererse: del amor de seguir vivo. Parecemos personas encerradas en una cloaca oscura e inundada hasta la cara, intentando coger un bocado de aire fresco por las finas franjas de los desagües que dan a la calle. Y, de nuevo, está solo. Cansado ya de oír los ecos de su propia agonía, toma por última vez el aire y se deja caer, sumergiéndose en las aguas, mugrientas, bañadas por ratas, y por primera vez, descubre lo cómodo que es… Las emociones intensas generan nodos (heridas). Nos acostumbramos a esconderlos y olvidarlos en el desván de la memoria. Mientras, continuamos con el ritmo acelerado de nuestras vidas, y cuando paramos, nos damos cuenta en que nos hemos vuelto incompletos. Entonces, la búsqueda y la aceptación de los mismos se han convertido en un proceso de reafirmación de la propia existencia, de completar y contemplar nuestro propio Vestuario.
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Gema Hoyas (Valencia, 1966) Tengo especial interés en los procesos que abordan problemáticas sociales y medioambientales, aquellas cuyo hilo conductor es la atención a las relaciones del ser humano con el entorno. El trabajo artístico que desarrollo transita el terreno multidisciplinar. Ha sido expuesto entre otros espacios en: Imadate Art Hall, Japón; Museo Tomás Romay, Cuba; Ayunt. Mainz, Alemania; Museo do Textil Bahia, Brasil; Galleria UssiKipina, Finlandia; Palau de la Música y MUVIM, Valencia.
Atravesar las huellas de la desmemoria. Un desafío a la desunión y el abandono. “Esta propuesta artística de Gema Hoyas nos muestra ocho manos formando un coro, quizás una danza, y que muestran en sus palmas pedazos de la memoria de Teruel rural. Su disposición abierta nos invita a sumarnos en la hazaña de recuperar la historia de ese pueblo condenado por la entropía consumista a vaciarse, tal vez a desaparecer. Estas manos abiertas no esconden nada, demandan empatía. Son las mismas manos que acarician quizá abrazan, nos abrazan en estos tiempos en que el contacto casi se nos prohíbe, casi se pierde, como la identidad de los pueblos rurales denostados por la ciudad de consumo que nos hemos dado.” - Joan Lluís Llopis En las manos: dinteles, puertas, muros... de lo que en otro momento fueron hogares y pueblos turolenses. Un paisaje-piel que no pretende ser una herida sino humanizar nuestra relación con el entorno, para descubrirnos hacedores y reconocer, en las huellas del pasado, nuestra capacidad de acción en el presente.
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Irene Covaleda Artista e investigadora. Durante su carrera académica ha utilizado diferentes técnicas creativas como herramientas para la creación de puentes interdisciplinares de comunicación y, en la actualidad colabora en diferentes colectivos artísticos interdisciplinares con los que realiza exposiciones y publicaciones en diferentes formatos. La obra que desarrolla está ligada a la pintura aunque también trabaja la instalación y la escultura.
Teruel patenta el tren más lento el mundo. La obra presenta una extensión de la pieza que se planteó en la primera exposición El Grito, que tuvo lugar en la Casa de Cultura de Alboraia (Valencia) y que estaba formada por 40 rodajas de árboles distantes unas de otras, creando un paisaje de devastación. La reflexión sobre un contexto que contempla el arte contemporáneo y que ha comprendido que debe incluir un factor activista nos ha ido acercando a realizar este proyecto de carácter sugestivo. Esta actitud permite, tanto a artistas como a ciudadanos y vecinos, hacernos partícipes del mismo procedimiento. Un procedimiento que interroga y a la vez construye las fugas que nos conforman, y que nos ubican en un mismo mapa. La pieza expuesta en Teruel presenta algunas de esas rodajas para dar aliento a la idea contraria, un lado optimista. En esta obra la naturaleza puede reponerse, crear vida, incluso en las condiciones más impensables. La propuesta consta de una impresión a tamaño real de un árbol, y en su base unas lascas que aquella vez, en Alboraia, guardaban distancia, y que en Teruel, unas sobre otras dan sentido y fuerza a la ideología de cambio.
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Inés Regaña Licenciada en Bellas Artes y el Máster de Producción artística de la Universidad Politécnica de Valencia. Reflexiono sobre el arte como herramienta, para activar las sensaciones de los espectadores. Mi trabajo es interdisciplinar, siempre está presente el cuerpo, el espacio y el tiempo. En ellos suelen destacar materiales comunes convertidos en creadores de experiencias. Obras a destacar: Package, Mesogeios Thalassa, Violación, y Negro.
Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros. Muro de ladrillos, 1´75cm de bloques creando un muro, al fin de lograr contra equilibrios necesarios para llegar a su plena construcción. El espectador ve esta dilatación del material como un despliegue libre en el espacio visiblemente debido a la lógica de su estructura interna más que al desplazamiento y a la rigidez de una masa sólida. Los materiales utilizados son el ladrillo reciclado de edificaciones desdeñadas y varios puntos de luces que hay que considerarlos como energía antes de que como masa estática. La forma que se le da a está nueva pared o muro es inadecuada para su uso de construcción. El deseo de alterar, de ver las diversas posibilidades inherentes a una misma forma y ver que no se ajusta a la experiencia real que uno tiene del muro, concluye en el cambio del significado que es diferente y está diferencia afecta de lleno a la idea de que el significado de esa figura reside en su condición de aislable o en su separación de toda situación concreta. Lo que dota de tiempo dramático a esta obra es el movimiento del espectador que se mueve alrededor del conjunto escultórico o se toma su tiempo para interpretar el significado narrativo de los diversos detalles.
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Jaume Chornet Doctor por la UPV y profesor del Dpto. de Escultura de la Facultad de Bellas Artes de San Carlos. Subdirector del Departamento 2005-2010. Desde 2010 es Vicedecano de Infraestructura de la Facultad de BB.AA. de Valencia. Exposiciones: Arco, Madrid; Taiwán; Eslovaquia; Eslovenia; República Checa; Finlandia; Argelia. Miembro del grupo La Balsa de Babel, Galería Val i 30 y La Gallera.
La provincia de Teruel mantiene la tendencia de su baja densidad de población. El tema de la España vacía es la base conceptual de nuestra obra. El proceso de transformación demográfica del territorio de la provincia de Teruel es realmente preocupante para poder seguir manteniendo un mínimo en la calidad de vida de sus moradores. Hemos escogido como fuente de inspiración un jamón de Teruel en plena decrepitud. Lo hemos fotografiado con la mejor nitidez posible, para mostrar una doble lectura sobre la misma imagen. En un primer lugar, la imagen vista desde lejos en su totalidad nos muestra el objeto aparentemente en un proceso de consumo avanzado, pero todavía saludable. En un segundo lugar, aproximándonos a una mirada más puntual, como de imagen microscópica, en la cual podemos advertir el deterior que subyace en las entrañas del objeto. La fotografía nos permite el juego discursivo de la representación del elemento imaginado para transformarlo en la evocación de aquello que se desea encarnar. Además, permite el grado de abstracción o fidelidad paralela deseada, para que no se distorsione en absoluto el mensaje que sustenta. Queríamos establecer un diálogo directo con el espectador, sin demasiadas concesiones a la propia experimentación fotográfica. Para ello, hemos utilizado la literalidad de la imagen, con la que hacer extensible la visualización de un problema con diferentes lecturas. Es decir, manifestar diferentes discursos desde la nitidez de la forma representada.
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Luis Utrillas (Teruel, 1997) es un artista graduado en la Universidad de Zaragoza que se interesa por el mundo artístico desde una edad muy temprana y realiza el Máster en Producción artística en la UPV. En sus trabajos más actuales se reflejan las relaciones existentes entre el individuo y el mundo que le rodea. Su principal medio de expresión es la pintura y la instalación utilizadas desde una perspectiva conceptual.
Ser diferente te convierte en presa. Molde y tiras es un proyecto que toma como punto de partida el concepto de la obesidad. Tomando como referencia La ciudad genérica de Rem Koolhaas se lleva a cabo una reinterpretación para hablar de La ciudad genérica, un espacio en el que se pierde cualquier identificación posible entre el individuo y el lugar que habita. Si todos los lugares son copiados ¿qué sucede con las particularidades? Se hace un acercamiento a esa pregunta por medio de una serie de instalaciones con las que se hace alusión a la sociedad consumista actual, que desemboca en la creación de objetos cotidianos en los que se deja a un lado las particularidades de las personas. Se construye algo más ergonómico, mostrando de manera adaptada todo aquello que se produce en masa con unas medidas preestablecidas eliminando cualquier huella del individuo al que pertenecen. Este tipo de instalaciones se construyen con elementos del día a día como sillas, cojines, telas o incluso un retrete. La extrañeza al ver estas piezas es algo fundamental para que el espectador tenga la oportunidad de reflexionar y plantearse el porqué de esas piezas.
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Miguel Molina-Alarcón (Cuenca, 1960). Profesor del Dpto. de Escultura de la Universitat Politècnica de València desde 1986. Como artista e investigador ha trabajado el campo interdisciplinar de la escultura, la fotografía, arte público, performance y arte sonoro. Es investigador responsable del grupo de investigación Laboratorio de Creaciones Intermedia (LCI) de la UPV, y dirigido varios proyectos I+D de recuperación de los antecedentes del arte sonoro y del arte de acción español.
Artistas desaparecidos han sido encontrados habitando la invisibilidad de los pueblos abandonados de Teruel. Su título, ZONA TEMPORALMENTE PERCIBIDA, es una transformación parcial de las siglas del ensayo TAZ (Zona Temporalmente Autónoma, en inglés Temporary Autonomous Zone, 1991) de Hakim Bey, que planteaba una táctica sociopolítica de crear espacios temporales que eluden las estructuras formales de control social. En nuestro caso hemos visibilizado “una pared”, que sin “obra” aparente, se hace visible e interroga como la invisibilidad de los pueblos despoblados de Teruel frente a las ciudades pobladas. Cambiamos “Autónoma” por “Percibida”, como una frontera especular de visibilidad-invisibilidad temporal de los artistas y espectadores de esta toma de conciencia de estos pueblos invisibles de Teruel. Cuando se desmonte esta exposición ¿se olvidará todo como estos mismos lugares que se hacen referencia? o, por el contrario, esta conciencia efímera también puede trascender su tiempo y lugar. Hakim Bey planteaba la TAZ como una táctica consciente radical (¿grito?) en un “tiempo” y “lugar” posible, para que ocurra “arte” como acción creativa positiva, que frente al “gesto negativo” del “tonto nihilismo de una huelga artística” o del “vandalismo” contra un monumento, habría que hacer un “gesto positivo”. De ahí esta exposición, un “grito” positivo y creativo de visibilización/escucha de lo que no vemos, ni oímos.
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Pep Sales Gabarda Licenciado en biología (bioquímica), director de teatro, actor y escenógrafo. Trabaja como técnico especialista en el Servei de Biblioteques i Documentació de la Universitat de València. Actualmente se encuentra finalizando el grado de bellas Artes en la facultad de San Carlos de la UPV y las temáticas en sus trabajos artísticos giran en torno a las tecnologías de género.
Masculinidades tóxicas: un camino hacia la destrucción del planeta. La masculinidad tóxica es un concepto utilizado en psicología y feminismo para referirse a ciertos comportamientos y normas culturales de los hombres que pueden generar cierto daño a la sociedad, incluyendo a los propios hombres. Este tipo de toxicidad se ve incrementada en posiciones de poder donde los mandatarios, en su mayoría hombres, campan a sus anchas exagerando su masculinidad hasta alcanzar límites donde ellos mismos son víctimas de sus propias decisiones tóxicas. Muchos de estos comportamientos tóxicos por parte de estos mandatarios han roto el equilibrio del CO2 en nuestro planeta. La quema de combustibles fósiles para obtener energía, los procesos industriales, la quema de residuos… está incrementando sin parar la cantidad de dióxido de carbono presente en la atmósfera. Se trata de un gas de efecto invernadero, retiene el calor. Al aumentar su presencia en la atmósfera se está produciendo un calentamiento global que genera olas de calor e inundaciones. Además, los océanos absorben parte de este CO2 adicional y en este proceso se acidifican, desciende su pH. La principal consecuencia de ello es la destrucción de los arrecifes de coral.
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Pepe Gimeno Artista, diseñador y tipógrafo. Ha desarrollado proyectos de todas las tipologías del diseño gráfico y obtenido importantes premios internacionales como el Typeface Design Award (TDC, NY). Desde 2002 ha desarrollado propuestas formales utilizando materiales de desecho y realizado numerosas exposiciones, como la de 2004 en el IVAM de Valencia o las de 2015/16 en el TDC de Nueva York y en el CCE de Miami. El Ministerio de Ciencia y Tecnología le concede en 2020 el Premio Nacional de Diseño.
Teruel insiste en que Teruel existe. Hace ya unos años que Teruel está reivindicando inversiones e infraestructuras que permitan frenar la despoblación que sufre y denunciando la falta de atención que está sufriendo por parte de las administraciones públicas, los medios de comunicación y de la sociedad en general. Con su lema TERUEL EXISTE ha conseguido meter una cuña en el universo mediático nacional. Creo que, una vez recordada la existencia de TERUEL, ha llegado el momento de insistir en la búsqueda de soluciones y de reivindicar la atención y ayudas que requieren los graves problemas que afrontan sus pueblos. La obra está formada por un gran rótulo en el que la frase TERUEL INSISTE se va haciendo visible entre retazos de desinformación y posverdades.
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Silvia Ariño (Zaragoza, 1995) es graduada en Bellas Artes por la Universidad de Zaragoza. Su interés por comprender lo que pensamos sobre nosotros mismos se basa en investigaciones sobre el imaginario cultural, del cual señala sus recovecos logrando así activar la duda y el pensamiento. Ha colaborado escribiendo textos en el Diario de Teruel, ha expuesto en festivales de arte nacionales e internacionales y ha organizado talleres de escritura creativa y lectura filosófica.
Cada vez es más difícil divertirse, se lamentan. La espera, la paciencia e incluso el aburrimiento entran dentro de los procesos y ciclos no solo naturales sino también sociales. De hecho, el aburrimiento logra introducirse en nuestros dispositivos creados expresamente para divertirnos. La imposibilidad temporal y física de permanecer en continuo éxtasis nos hace reflexionar sobre nuestra actual oscilación entre el entretenimiento y su aburrimiento implícito, preguntándonos cuál es el espacio y el tiempo que abren y sobre los otros posibles que quedan fuera de estos circuitos estrechos y fijos. En esta videoinstalación, la diversión, extrañamente previsible y repetitiva en su variedad, se contrapone a una aburrida espera repleta de personajes y pequeños acontecimientos. El montaje enfrentado de los dos televisores nos traslada a la retroalimentación que sustenta ambas experiencias, si bien pretende desplazar nuestro interés hacia las potencialidades ocultas del aburrimiento, mucho menos determinadas y mediatizadas que las propuestas cerradas de entretenimiento. El contexto de la feria nos ofrece una sugerente representación del exceso y la opulencia (basadas en el actual racionalismo económico y culto al yo) que nos alejan de un decrecimiento necesario de nuestras formas de vida, incompatibles con los límites del planeta. Con esta obra reivindicamos la potencialidad del aburrimiento para ayudarnos a moldear la sociedad del porvenir.
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Tham Casany Sus comienzos artísticos en 2006 empezaron con la fotografía. En 2013, comenzó sus estudios en la Facultad de Bellas Artes, dónde se graduó y dónde actualmente estudia un Máster en Producción Artística. “El arte de crear es algo que se siente como vocación”, y así, nace la necesidad de construir, a través de sus experiencias internas, piezas con carácter, en ocasiones, introspectivo.
Agonizaba y descubrió, que respirar aire puro calmaba y relajaba su sistema nervioso. La obra presentada en esta exposición ha sido una reflexión sobre el consumismo y todo lo que ello implica. Desde consumos absurdos de productos absurdos, hasta la contaminación medioambiental que todos estos provocan. Envasar “aire puro” en bolsas individuales de plástico es una crítica sobre el consumo exagerado de ciertos productos ineficaces y engañosos, que no sólo son perjudiciales para la salud, sino que acaban con el deterioro y la destrucción de elementos naturales. Acabar con el “aire puro” que nos proporcionan entornos naturales como bosques, montañas, cumbres, etc… para envasarlo y comercializarlo como producto reconstituyente y saludable, es una idea irracional, ilógica y disparatada. Principalmente, por que la característica del “aire puro” es que esté en constante circulación para poder mantener esa pureza. El agua natural envasada en botellas de plástico pierde el matiz de natural, transformándose en un producto engañoso, puesto que el agua contiene micropartículas de plástico nocivas para la salud y es un producto que consumimos el 100% de la población mundial. Ejemplos reales y muy cotidianos a los que ni siquiera se les da la importancia que debería. ¿Pasará lo mismo con el aire?
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Made in Martíllopis Equipo formado por Isabel Martí, (Albalat dels Sorells, 1960), Vicent Salvador (Rafelbunyol, 1956) y Juan Luis Llopis (Rafelbunyol, 1958). El interés que mueve a este equipo parte de algunas premisas, de conceptos, de la idea, buscando elementos que les ayuden a seguir el rastro del arte. Ellos apostaron por el ready-made, un objeto usado y de consumo para reflejar en cierta manera la sociedad en la que vivimos.
La naturaleza avisa, el mundo no escucha. La Sociedad nos programa y nos marca el espacio-tiempo de cada acción, un movimiento que nos empuja a un dispendio incesante dentro del engranaje productivo. Nada parece quedar fuera de su control. A la vez, el pasar de los años parece degradar nuestras valores, no sólo materialmente sino también en los adentros. Hemos creado la necesidad de cambio constante lejos de verdades y principios duraderos, y abandonamos nuestros enseres por el ansia consumista que a la vez convierte, según las capacidad y facilidad de adaptarse, en ciudadanos de primera o ciudadanos en desuso, en clara referencia a los pueblos vaciados. La propuesta artística Sin lugar para la memoria pretende mostrar por un lado un mueble rescatado de un destino predeterminado, en el que no hay puertas ni cajones. La puertas aluden a las entradas y salidas —no las hay— , los cajones, al almacén de la memoria —tampoco está—. Por otro, al presentar el mueble y justo encima una foto del mismo mueble, como una referencia tautológica, pretende hablar de arte, si es que el arte habla de arte.
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El paisaje encontrado: Análisis de las obras Hoy el paisaje no tiene las dimensiones sublimes que el romanticismo descubrió. Si nos retrotraemos a esa concepción quizá nos venga a la mente un paisaje pintoresco, hoy, olvidado, en desaparición. Habría que viajar a Marte, como nos propone irónicamente Arze y DelaCage, para encontrar sus restos, en clara referencia a esos pueblos vaciados de la España rural. Estos jóvenes artistas asturianos eligen y se apropian de entre las miles fotos que rondan la estratosfera internautica aquellas que se acomodan a su proyecto. De este modo reciclan y evitan crear más basura online. Por otro lado, tendemos a plasmar en el paisaje, como constructo, memorias felices que nos devuelven a la Arcadia, al jardín del Edén, reivindicando esa pureza tanto de forma como de relato. Podríamos ver así, de primeras, en las obras de Elena Martí y Claudia García de Mateos Sanchis retazos de esta utopía. Si bien Elena Martí se reencuentra con la naturaleza oxidando la tela para dibujar miles de hojas que conforman el árbol y la vida, ella misma, al igual que nuestra cultura consumista, lo destruye. Elena Martí rompe la tela al cruzar una estructura metálica en clara referencia a nuestras infraestructuras de asfalto y hormigón. La malla divide el lienzo en dos dejando una gran mancha en el centro de la obra y abandonando la periferia al otro extremo impidiendo así el acceso de ésta a la zona principal, al igual que las grandes ciudades engullen pueblos pequeños dejándolos vacíos y al borde de la desesperación.
Claudia García de Mateos por su parte, nos muestra en tres fotografías paisajes de su infancia, reivindicando y escritos a mano, todos esos momentos vividos, unos dolorosos, otros no tanto, algunos felices. A mi modo de entender, si miramos más allá, Claudia García de Mateos Sanchis reclama que volvamos a mirar los paisajes con los ojos de hoy y empecemos a valorar otros conceptos tan distantes de la cultura productiva y auto-alienable que hoy nos envuelve y devora. No son paisajes imposibles ni utópicos, son asequibles. Si se insiste se consigue, como afirma Pepe Gimeno. Sólo hay que repensar qué sociedad queremos y que, si nos lo proponemos, tenemos al alcance, sólo hace falta cruzar las infraestructuras, viajar al otro lado y empezar a cuidar tanto de la naturaleza como del otro, ese que si miras bien las estampas de esta joven artista se refleja ante tu ojos. Junto a esta la obra está Tham Casany. Esta artista nos propone una instalación que bien podríamos calificar de postminimalista. Dieciséis bolsas de plástico iguales y llenas del aire rural de algún pueblo perdido de Teruel. Cada bolsa lleva una etiqueta donde se marca el precio de la misma. Estas se venden en las grandes ciudades que, ahogadas por el humo contaminante, no les queda con qué respirar. El nuevo capitalismo comercializa con el aire de los pueblos y lo vende a las ciudades robándoles a aquellos la posibilidad de subsistir. Los pueblos ya sin aire marchan a las grandes ciudades y terminan por desaparecer, encaminándose hacia las urbes
donde el aire para respirar y que les pertenecía, ahora tienen que pagar. Las ciudades son cada vez más grandes y el problema se agranda creando una enorme distancia, un gran obstáculo, como el muro que nos propone Inés Regaña, ladrillo a ladrillo, como repensando a Carl Andre. Un muro infranqueable que a la vez separa y aísla a los pequeños y les imposibilita pasar al otro lado condenándolos a marchar y dejar sus casas abandonadas a su suerte. Dentro de las casa encontramos los viejos muebles. La propuesta de Made in Martíllopis nos muestra uno de ellos, una cómoda vieja y vacía. Justo arriba del mueble una fotografía casi del tamaño natural repite la misma estampa, el mismo mueble. Es tautología, en referencia a Joseph Kosuth, el arte habla de arte. Si observamos la cómoda vemos que está en los huesos, no hay nada, no hay cajones donde dejar los recuerdos, sus memoria, tampoco hay puertas. ¿Dónde queda la entrada? ¿Dónde la salida? Es un paisaje aterrador. Jaume Chornet insiste en la desgracia y nos muestra un bodegón. En él sobre fondo negro oscuro y sin esperanza cuelga un jamón, un jamón de Teruel, seco y desquiciado. Los ácaros se han adueñado como la miseria llena los campos cuando estos, exentos de producir, deambulan como vagabundos como en su día Atis vagaba abandonado por la diosa Cibeles.
Heridas, viejas heridas como la obra de Fan Jiang. Heridas que siguen sin cerrar plastificadas en el perchero. La lucha parece perdida. Hemos olvidado las maneras de luchar. Enganchados al progreso renunciamos a nuestra historia, nuestras raíces. Nos encerramos en nuestra subjetividad y evitamos cualquier contacto. Gema Hoyas nos ofrece sus manos, manos llenas de pedacitos de Teruel, manos abiertas y que nos invitan a sumarse, a creer. Todas juntas forman un circulo quizá la danza de Matisse. Manos que buscan la empatía, manos que acarician que tal vez abrazan en estos tiempos de miedo en que se nos prohíbe abrazar. Horror, miedo al otro, miedo a tocarse, miedo al diferente. Cristina M Lizama nos presenta una mesa donde los en-seres están colocados y predeterminados en su espacio. Separados y sin tocarse. Es una instalación sonora con piezas de metal y cristal que al acercarse el espectador tirita y tintinea, alterando los silencios con sus chirridos. La pieza parece temblar con la presencia del otro. Este cambio brusco provoca la desazón del oyente. Oyentes, ciudadanos del progreso, donde como nos muestra Silvia Ariño en su instalación, ya no se divierten en los tiempos de ocio que nos hemos programado. Su insatisfacción entra en bucle digital reclamando por contra otros tiempos, tiempos de aburrimiento, tiempos donde dedicarse a uno mismo sus pensamientos.
Ensimismamiento, una mirada interior para poder volver a disfrutar y repensar que paisaje queremos. Llegados a este punto, Miguel Molina-Alarcón haciendo un un guiño a T.A.Z (Zona Temporalmente Autónoma) de Hakim Bey, altera una de sus partes para mostrar esa perentoriedad de un pueblo apenas visibilizado. Su propuesta la resume así: Zona Temporalmente Percibida. Miguel Molina destaca cómo un hito que ambas universidades las de Teruel y Valencia con sus respetivos artistas, aúnen sus esfuerzos para dar luz, aunque sea por un pequeño lapsus de tiempo, a esta tierra en manos del olvido. Una tierra que reclama su existencia como nos indica el diseñador Pepe Gimeno haciendo un juego de palabras al querer provocar un avance en la reivindicación del pueblo de Teruel, este no sólo se conforma en existir, insiste en ello. Sobre un lienzo de 4.50 metros por 2 de altura en donde se grafía el texto de manera superpuesta dándole volumen y buscando la multidisciplinar escultórica escribe “Teruel insiste en que Teruel existe”. Es el eslogan que Pepe Gimeno nos propone. Un paso más, la lucha. Esta nota, no exenta de humor, no hace más que reclamar esa parte inteligente que el consumo nos tiene encajonado durante algunas horas de la jornada y como aludía Silvia Ariño ya no nos divierte. Una sociedad dominada por las grandes potencias que a la vez están gobernadas por grandes machos. Masculinidades tóxicas, como las nombra Pep Sales Gabarda. Cultura de progreso que llena tierra, mar, aire y ahora el ciberespacio de grandes toneladas de basura y que acaban por infestar el planeta de un CO2 irrespirable.
Nueve collages de los nueve países que más contaminan componen su propuesta donde pequeñas transferencias y manchas de color sangre remarcan el carácter irónico del ya mencionado progreso. Estas autopistas del progreso provocan algunas pautas que son de nuestro interés: La tala de los arboles, una contaminación acústica y una exclusión del diferente. Vemos como en la propuesta de la artista y comisaria Irene Covaleda mientras se contempla la silueta de un árbol en un paisaje vació sobre un vinilo de grandes dimensiones, a sus pies restos de arboles talados y descuartizados en lajas aptas para el consumo humano nos recuerdan que la naturaleza esta a nuestro servicio, que no importa lo que provoque mientras nos de calor y embellezca con sus fuegos nuestros hogares. Hogares en ciudades de hormigón repletas de calles asfaltadas y ruidosas es lo que nos muestra Carla M. Grifo. Una pieza de video arte donde se pelean la ciudad y el campo, el estruendo y el sosiego, el ruido y la paz idílica que antes habíamos comentado, la Arcadia. Carla M. Grifo contrapone a los beneficios del progreso una propuesta rural, dejando al espectador que sea quien decida qué futuro se promete. Quizá un futuro que excluya al diferente, al raro, al especial, en definitiva al otro. Nuestra sociedad basada en la producción de bajo coste evita cualquier piedra en el camino. Nos estandariza para aumentar la rentabilidad, evita cualquier escollo, nos entalla, nos dirige, nos marca nuestro modo de actuar, qué y cómo hemos de comer, beber, divertirse, dejando que los otros, los diferentes, como nos muestra en su insta-
lación Luis Utrillas, abandonados a su suerte, como lo está por cierto Teruel, por ser diferente, por querer ser diferente. Paisajes encontrados que nos escandalizan, que nos invitan a gritar, paisajes interiores que reclaman un espacio para el “nosotros” lejos de los intereses productivos de un capitalismo galopante. Un capitalismo que excluye a los pueblos, en concreto a Aragón, y los arrincona para producir y satisfacer las necesidades culinarias de las grandes ciudades creando, como nos indica Álvaro Salcedo Galván, el gran matadero cárnico de Europa. Granjas inmensas de porcinos que contaminan el subsuelo arrastrando a esas tierras a la autodescomposición ecológica. Y es por eso, por lo que hoy gritamos y damos voz a quien la quiera tomar para que grite qué mundo es el que quiere, qué paisaje desea soñar, para así emprender la lucha y caminar. Sin paisaje no hay camino. El Grito es una exposición comisariada por Irene Covaleda y Martíllopis que se puede ver en la sala de exposiciones de la Facultad de Bellas Artes y en la sala de exposiciones de Vicerrectorado ambas en la ciudad de Teruel.
- Martíllopis, comisario de El Grito
Entre Demos y Thánatos La España vacía o vaciada, como algunos prefieren definirla, se ha puesto de moda. De ello se ha ocupado en gran parte, entre otros, el periodista y escritor madrileño Sergio del Molino, que en 2016 acuñó una frase para la historia, en su libro titulado: “La España vacía: viaje por un país que nunca fue”. En él, se definen los límites conceptuales de la España casi despoblada frente a la otra España, destino esta última de las corrientes migratorias dentro del territorio nacional. En términos generales Sergio Del Molino establece esta división en dos grandes zonas1 dentro del estado español, una primera, que correspondería a todo el centro peninsular, (toda la meseta), donde situaríamos la zona despoblada, a excepción de algunas capitales de provincia y por supuesto Madrid, que substantiva la excepción; y una segunda zona, bastante o muy poblada, que correspondería a la periferia peninsular. El ritmo de evolución demográfica de nuestro país durante el incipiente siglo XXI, desgraciadamente, continúa con la misma tendencia de desigualdad direccional en el flujo poblacional entre territorios. A esto cabe añadir que, en el mismo instante en que empleamos el adverbio desgraciadamente, estamos definiendo cual es nuestra posición sociopolítica ante el tema en cuestión. En otro orden de cosas, también es importante puntualizar, que nuestra zona vivencial, (mi zona) en concreto, no está dentro del marco territorial de la España vacía, consideración que nos permite, con más o menos juicio, cierta perspectiva reflexiva.
Llegados a este punto, en el que imagino que el lector estará de acuerdo con dicha afirmación, deberíamos preguntarnos: ¿El porqué, nuestra sociedad todavía no ha sido capaz de buscar mecanismos legales y legítimos con los que, sino invertir la tendencia migratoria entre los territorios de nuestro país, si al menos, frenarla? Para contrarrestar la pregunta, podemos decir que, de momento, en las últimas décadas sí que se ha puesto de manifiesto públicamente (a pie de calle), que la despoblación es un problema supranacional muy serio. Sería como dar un primer paso ante un conflicto y reconocer, permítanme la analogía, que somos alcohólicos y estamos predispuestos a asistir a las terapias comunitarias, éstas que todo el mundo hemos visto en las películas, pero que es cosa de la ficción cinematográfica, en realidad no va con nosotros. Extrapolando el símil a nuestra despoblación territorial, parece que esta contrariedad sea también un dilema ajeno que les pasa solamente a unos pocos individuos, dado que no entendemos el bienestar o la riqueza como colectivo social. Pero volviendo a la analogía, lo primero es evidenciar y reconocer que tenemos un problema, pero en este caso no es una cuestión individual, estamos ante un asunto político, es decir, entendámoslo como la necesidad de soluciones y bienestar para el colectivo humano. Nos hallamos ante una contrariedad de todos y cada uno de los 47 millones de habitantes de este país, que, por otra parte, sería un error pensar que el problema sólo la tiene Teruel, Soria, Huesca, u otras zonas de la España vacía.
El 31 de marzo de 2019 se materializa un halo de esperanza. Por primera vez en la historia de este país, con el lema “Revuelta de la España vaciada”, se realiza una movilización ciudadana sin precedentes por las calles de Madrid, para denunciar públicamente la angustiosa situación por la que atraviesa más de la mitad del territorio español. Por supuesto que le antecede a esta manifestación, ecos puntuales que denuncian la diáspora con más o menos fortuna y resonancia publicitaria. No obstante, en este acto simbólico, a nuestro parecer, se marca un punto de inflexión que ha permitido aglutinar muchas de las sensibilidades, que sobre todo en las últimas décadas, ya habían empezado tímidamente a manifestarse. Muchas son las voces de alarma, de eruditos, catedráticos, políticos los menos, que aseguran que muchos municipios, principalmente de la meseta castellana, están en una situación grave de absoluta despoblación, y, por consiguiente, de la pérdida de un modus vivendi a extinguir, junto con su patrimonio natural y cultural. En el mismo orden de cosas, no hace falta ser un especialista en el tema para advertir la rotunda evidencia de sus afirmaciones. Esbozada la problemática deberíamos reflexionar y hacernos varía preguntas, como, por ejemplo: ¿Qué estamos haciendo mal como sociedad democrática y madura respecto al tema propuesto? ¿Es consciente la inmensa mayoría de nuestros conciudadanos de la delicada situación de la despoblación territorial? ¿Es un tema prioritario en la coyuntura sociopolítica y económica actual de España, al margen de la pandemia que atravesamos hoy? ¿Realmente hay voluntad política para intentar revertir la situación? ¿Son pocos los votos y escaños que
arrastra la problemática? ¿Existe una relación causa-efecto profunda que haya propiciado la despoblación del 70% del suelo de nuestro país, o simplemente forma parte de la evolución humana, sin más? ¿Sucede una situación similar de despoblación rápida en los países de nuestro entorno, o por el contrario somos específicamente singulares en este comportamiento migratorio? ¿La descompensación demográfica territorial y la distribución de la riqueza ha sido el resultado de planificaciones políticas? ¿Es acaso el arte útil en estos menesteres? Y la más importante de todas: ¿La situación es reversible? Seguramente concienciado lector, usted podrá seguir añadiendo interpelaciones difíciles de responder a este decálogo infinito. Aunque en mi opinión, desde luego, no sabemos darnos respuestas concretas, ni como sociedad, ni como individuos, de lo contrario seríamos capaces de resolver el problema, o mejor aún, no hubiéramos permitido que alcanzara los límites insospechados a los que ha llegado. Desde la peculiaridad orográfica, no podemos obviar que el clima nos condiciona, y los fríos y rudos inviernos turolenses alternados con sus calurosísimos veranos, son unos extremos poco amables para la vida del campo. Pero que en ningún caso pensamos que éste sea el origen del éxodo rural, sino más bien, estamos de acuerdo que la trayectoria de esta diáspora, surge y perdura, a partir de lo que la investigadora Pilar Burillo ha dado en llamar demotanasia2 (población y muerte).
1 Instituto para el desarrollo de la Serranía Celtibérica, investigadora Pilar Burillo. 2 Proceso por el que debido a acciones políticas directas o indirectas como por omisión de las mismas está provocando la desaparición lenta y silenciosa de la población de un territorio.
Nuestra sociedad no puede imputar a los mesetarios por abandonar sus tierras, ni a nadie que emigra por el mero hecho de querer comer y anhelar una vida digna. Entendamos lo de vida digna, en función de querer cubrir las necesidades básicas a semejanza, como mínimo, de los conciudadanos de tu mismo país. Por otra parte, desconocemos las desigualdades sociales entre los territorios existentes en otros países de nuestro entorno europeo, pero la realidad española clama al cielo. No hablamos de la existencia de ciudadanos excesivamente ricos y otros excesivamente pobres, que esto también es una vergüenza y un fracaso de la humanidad; nos referimos a las diferencias entre zonas ricas y zonas pobres dentro de un mismo país. Si damos crédito a la demotanasia como valor estadístico, estamos afirmando que las políticas de los últimos 150 años en este país han creado unas desigualdades en el reparto de la riqueza entre territorios que nos ha llevado a crear el desierto demográfico que todos conocemos. Población es sinónimo de riqueza. Es por lo que, haciendo un repaso sucinto de nuestra historia reciente, podemos aseverar que ni la política de los Borbones, ni la de la República, ni la de la Dictadura, ni la de la Democracia actual, cada una con su nivel de responsabilidad, ha hecho lo más mínimo por revertir la tendencia de favorecer a unos territorios en detrimento de otros. Dicho de otro modo, sería como una prevaricación magna y constante orquestada por los próceres que nos gobiernan. La muerte por despoblación es silenciosa como diría Pilar Burillo, y desde estos parámetros, la Península Ibérica está atravesando una inestabilidad demográfica que empieza a ser preocupante para el equilibrio de todo el país.
Tanto es así que, incluso el eco ha resonado en el Congreso de los Diputados. Lo que no sabemos, es si sus señorías son conscientes de su responsabilidad ante el tema, al igual que sus antecesores. Las derechas y las izquierdas, por lo menos ante esta problemática, sí se han alineado desde sus éticas para ponerse la venda voluntaria ante sus ojos. La ceguera de nuestro Parlamento nos ensordece con demagogias eternas. Mientras tanto, los pueblos mesetarios languidecen con resignación iracunda y todo hace prever que el desierto demográfico se consolida irreversiblemente. Ante un Grito de desesperación todo vale, desde la sangre derramada al diálogo de la civilización, pasando por la literatura, la pintura, la escultura, la fotografía, el activismo, etc. Bienvenida sea cualquier aportación de pensamiento reflexivo a la causa. El eco artístico nos recuerda el epítome de nuestra conciencia y el deber de cumplir honestamente con nuestros postulados mentales. La coherencia artística y vital (pensamiento, palabra y acto), es el sustantivo que nos permite dormir en paz. Pero para entender al poeta hay que vivir en la tierra del poeta, y nuestras reflexiones están más próximas a las realidades virtuales maquilladas por el tamiz urbanita, que al sin sabor de la austeridad de la realidad física. Sólo somos unos observadores ocasionales desde la atalaya de la placentera ciudad. Nuestra concienciación manifiesta, no deja de ser un acto de esnobismo entre las modernidades artísticas, entre vanaglorias de narcisismos plásticos con los pretendemos agradar a nuestro mundo. En la misma reivindicación de nuestras buenas intenciones subyace el sentimiento de culpa y con ella la penitencia implícita, como si sólo con este acto
fuera suficiente para lavar nuestra parte de responsabilidad como ciudadanos. El Grito como exposición, chapeau, y desde aquí mis felicitaciones a sus comisarios por haberme invitado a participar de su compromiso quijotesco; como dirían en mi pueblo —tota pedra fa paret— y así me sumo con el apoyo de los otros artistas a rehacer el ribazo de la desesperación demográfica, piedra a piedra, obra a obra, escultura a escultura, imagen a imagen. Con la intuición de que la práctica artística devenga reveladora para generar vínculos con el espectador y permitir establecer diálogos paralelos ante realidades imaginadas. No obstante, la exposición como grito y protesta, fruto de contingencias soñadas, nos sabe a poco. Aunque compartamos los principios de que el arte posee la capacidad de transformarnos, la meseta vacía requiere de respuestas contundentes y el poder del arte en cualquiera de sus manifestaciones plásticas, incluso el activismo, deviene insuficiente. Recordemos a Buñuel. Su documental, Las Hurdes tierra sin pan, pasará a la historia cinematográfica, pero las desigualdades sociales entre los territorios que el filme denunciaba, no sólo no han evolucionado en justa medida, sino que se han acentuado, y de esto hace ya casi 100 años. Arte, protesta, denuncia, reivindicación, todos los caminos nos pueden conducir a elevar el Grito de aquellos que tristemente se han dado en llamar las voces de la Laponia española 3.
Pero asomarnos a la exposición no deja de ser una imagen recreada de la realidad, y para aprehenderla que mejor que pisarla con nuestros pies, o al menos asomarnos a la ventana de la sala de exposiciones, quizás esta visión nos permita, lejos de cualquier conmiseración, respirar unas pautas con unos parámetros más fidedignos de lo que el arte nos pueda presentar. La lección magistral del poeta Josep Piera nos viene a pie juntillas para concluir al respecto de ciertas consideraciones sobre la realidad virtual versus realidad física: “Por la ventana creo que veo la realidad, por las pantallas me indican lo que es la realidad. La realidad no es ni una cosa ni la otra, pero para mí es más realidad la que veo por las ventanas y cada día cambia, que no la que muestran las pantallas, que cambia también.” El arte es otra realidad. Asomémonos al paisaje mesetario a través del Grito, pero que no nos confunda la paradoja de una sociedad hipócrita que se relame entre los postureos de unos términos que le son ajenos, pero con los que se le llena la boca de exhortaciones los fines de semana: sostenible, saludable y ecológica.
3 Cerdá, Paco, Los últimos: voces de la Laponia española, Logroño: Pepitas de Calabaza, 2017.
- Jaume Chornet Roig Vicedecano de Infraestructuras de la Facultad de Bellas Artes de San Carlos, UPV.
Siempre hemos creído que el arte y la vida no pueden recorrer camino distintos y que aquel, el arte, en cierta manera no es más que el reflejo de lo que ocurre en ésta, la vida. Hoy, podemos observar, sentir y palpar que las cosas están cambiando, que la naturaleza se está rebelando y que la respuesta por parte de la sociedad y de sus dirigentes es insuficiente. Los artistas, como observadores, tienen la necesidad de mostrar lo que ven y, tal vez como Munch, estén ansiosos de expresarlo en un lienzo, una tabla, un papel o cualquier otro soporte que se acomode a sus intenciones. Es por ello que en este proyecto se quiere, a partir de lo colectivo, realizar una exposición donde, desde las individualidades, se conformen otras tantas lecturas que impliquen al espectador y, de esa manera, crear entre todos una única obra que en cierta manera refleje el horror que en su día percibió Munch.