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de las Culturas del Mundo

CORREO

Mural de la iglesia de San Juan Bautista en el río Jordán que muestra el nacimiento de Jesucrist

Vol. X, número 98, 1º de diciembre de 2011

Centro de Estudios sobre la Diversidad Cultural

En este número:

• Guerra sorda contra los migrantes • Difunden la visión filosófica y social de Matteo Dean acerca de la migración • Nuestro cerebro no ha cambiado en 100,000 años • El fracaso del multiculturalismo • México y los exiliados judíos 1933-1945


Correo de las Culturas del Mundo Director

Leonel Durán Solís

Editor

Mariano Flores Castro correodelasculturas@gmail.com

“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.

art.1º de la Declaración Universal de Derechos Humanos


Migrar es, en efecto, perder idioma y casa, es ser definido por otros, ser invisible o peor a煤n ser el blanco; es experimentar cambios profundos en el alma. Sin embargo, quien migra no s贸lo se transforma por lo que hace sino que transforma su mundo. Los migrantes pueden ser mutantes, es de tal hibridaci贸n que la novedad emerge. Salman Rushdie (en Reder, 2000:87)


Migraciones

Una guerra sorda contra los migrantes por Sara Brito

E

l de Frambois, en Ginebra, es un centro de internamiento de inmigrantes modélico. No hay más de 25 reclusos y los guardas son amables y cercanos. Hay abundante comida, las celdas son individuales, el recinto, limpio y amplio. Sin embargo, es una cárcel, una en la que los internos no son delincuentes sino inmigrantes sin papeles, algunos de los cuales llevaban décadas trabajando en Suiza, pagando impuestos y seguro médico. Todos ellos esperan en Frambois hasta dos años (ahora 18 meses, en España son 60 días) hasta que las autoridades suizas los metan en un vuelo especial, en el que irán esposados y atados de pies a cabeza, de regreso a los países de los que huyeron. El documental Vuelo especial, de Fernand Melgar, es el primero en meterse a fondo en estas cárceles-guetos contemporáneas. “Todos están detenidos por un sistema que es más grande que la voluntad de cada uno. No importa lo simpáticos y amables que sean los guardias, no es cosa de buenos y malos. Todos trabajan dentro de un sistema que trata de hacer humano lo que es inhumano”, explica Melgar, que presentó recientemente Vuelo especial en un Festival de Cine de Gijón cargado políticamente. Hijo de exiliados españoles, Melgar sabe lo que es ser un extranjero clandestino en Europa. Sus padres emigraron a Suiza en los setenta en busca de trabajo. Melgar y su hermana llegaron dos años después a escondidas, porque las autoridades del país no permitían la reagrupación familiar. De niños, él y su hermana se metían debajo de la cama cuando alguien tocaba a la puerta en su casa. “Yo fui un niño clandestino, esta situación me toca de cerca”, admite a Público. Tanto es así que Vuelo especial es la segunda parte de un proyecto de mayor envergadura, que empezó con La fortaleza en 2008, donde documentaba la 4


vida en los centros que albergan a los que piden asilo para entrar a Suiza y con el que ganó el Leopardo de Oro de Locarno. “La fortaleza es la puerta de entrada. Vuelo especial es la puerta de salida”, apunta. Melgar está cerrando ahora una tercera parte, donde sigue a seis de los inmigrantes que conocemos en Vuelo especial hasta sus países de origen. Libertad para el espectador La película no hace uso de la voz en off ni de ningún comentario que guíe al espectador en sus conclusiones. Por esto, fue tachado de fascista por el productor portugués Paulo Branco, miembro del jurado en el Festival de Locarno, que sólo había visto diez minutos del filme. Esta no ha sido la única polémica. Algunas escuelas han recibido presiones de la derecha suiza para evitar su exhibición a los jóvenes. “Unos 2,500 alumnos se han quedado sin verla, si bien las autoridades culturales han tenido que decir públicamente que no hay censura”, aclara Melgar, que denuncia el crecimiento del poder de la ultra-derecha en su país y la cobardía del socialismo que teme perder votos. “En Europa hay una guerra sorda declarada contra los migrantes. La situación es preocupante: en los muros de las calles de Suiza, aparecen pintadas en las que se representa a los inmigrantes como Cultura ibérica. Finales S. III, inicios S. ratas, II a.C. como ocurría con los judíos en la Alemania de los años treinta”, asegura. Para Melgar, la situación rebasa lo kafkiano. “Está más cercano a lo que Hannah Arendt llamó la banalidad del mal‘. Vemos a gente que dice yo sólo respondo a mi trabajo‘, pero todos somos parte de una cadena que mantiene en pie este sistema monstruoso”, denuncia el cineasta, que prefiere no hablar de compromiso: “Soy documentalista. Soy un testigo de mi tiempo”. Fuente: http://www.publico.es/culturas/

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Migraciones

Difunden la visión filosófica y social de Matteo Dean acerca de la migración por Alondra Flores

U

n ser migrante es por definición un rebelde. Al mismo tiempo, una persona en fuga, ni siquiera las lenguas los pueden contemplar, tampoco los gobiernos los entienden. Así lo propone el periodista Matteo Dean, quien se dedicó a explorar este fenómeno mundial y ahora su visión filosófica, social, política y económica queda plasmada en el libro Ser migrante, editado por Sur +. El volumen se integra por una serie de artículos y reportajes publicados en diversos medios, entre ellos La Jornada, la revista Proceso, la publicación barrial Desinformémonos y Diagonal, en España, explica Pablo Rojas, editor del volumen, quien al lado del periodista Luis Hernández Navarro presentó el legado de Dean en la reciente Feria Internacional del Libro de Oaxaca. El libro aparece de forma póstuma, tras la muerte de Matteo Dean en un accidente automovilístico en junio pasado. Sin embargo, de acuerdo con Rojas, la selección de los textos, la decisión de que hubiera un prólogo de Luis Hernández, todo el capitulado, el orden y los títulos, todo idea del propio Dean, sin quererlo se presenta como una obra póstuma, pero es una planeación absoluta de Matteo, describe el editor. El ser migrante es un humano que casi nunca para, se mueve de un país a otro, de un territorio a otro y nunca llega. Es una persona sin nacionalidad de la cual, si bien podemos ubicar un origen, difícilmente podemos ubicar un destino, nos introduce Matteo Dean en el artículo Ser migrante, publicado por primera vez en La Jornada, de donde nace el título y toda la concepción del libro. 6


El propio Matteo Dean era un migrante. Nació en Trieste, Italia, en 1975, pero se dedicó a viajar, enseñar italiano, además de ser documentalista e investigador, esparció la autogestión. Llegó a México con el levantamiento zapatista, y aunque fue expulsado del país dos veces, su insistencia lo hizo volver y residir aquí desde 2004, con la mirada entre México y su país natal, Matteo vivió siempre con el conflicto de añorar su tierra y anhelar vivir en México, escribió el coordinador de Opinión de La Jornada. Viajero incansable, nómada en búsqueda de su espacio, migrante que ejerció el derecho de fuga, Matteo dedicó una parte muy importante de su biografía y de su obra a la inmigración, describe Luis Hernández Navarro. Coincide con esa visión Pablo Rojas, siempre se sintió un migrante. Consideraba que todos lo somos en un sentido, los que no estamos de acuerdo con el orden de las cosas, los que estamos por transformar, que no nos vamos a conformar y haremos la lucha. Por eso en su escritura aparecen lo mismo una historia de migrantes hondureños en su paso por México, que la de un centro de detención en Europa, incluso una crítica al gobierno de Muammar Kadafi en Libia, le hubiera interesado mucho ver ese desenlace, al igual que en Italia, un Berlusconi que deja el poder, narra, en un paréntesis, sobre la personalidad de Dean. Coloca la migración en un contexto político, social y económico, pero al mismo tiempo humaniza al seribérica. migrante, hace todo un S. juego Cultura Finales S. III, inicios II a.C.para quitar los nubarrones que opacan su existencia y nos hace verlo, expone Pablo Rojas. Entonces se abre la frontera del debate y siguen artículos sobre el migrante climático, gitano, el secuestrado, la mujer, la convivencia, va desnudando, por un lado, el discurso hipócrita de los gobiernos; por el otro, le da sustancia, personalidad, además de que contextualiza el fenómeno, porque como dice Matteo Dean, finalmente, todos somos migrantes, por lo que asumirse como tales, quizás sea hoy la nueva frontera de la resistencia. Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/11/25/cultura 7


Ciencias

Nuestro cerebro no ha cambiado en 100,000 años En 2100, una pantalla mural, Molly por darle un nombre, nos despertará con las noticias del día. Los sensores de la ducha comprobarán nuestro

Michio Kaku

ADN y nivel de proteínas, veremos internet directamente en las lentes de contacto y un coche magnético sin conductor nos llevará a la oficina donde hologramas hipersofisticados nos trasladarán a cualquier parte del mundo. Por la noche ver el fútbol con los amigos ya no será sentarse en una pantalla sino trasladarse al propio campo gracias a imágenes en tres dimensiones. Y se podrán hacer las compras telepáticamente. Según explica el físico estadounidense y experto divulgador Michio Kaku (San José, California, 1947) en La física del futuro (Mondadori), el futuro ya está aquí. Todos los inventos que alterarán nuestras vidas, según Kaku para bien, ya están inventados en los laboratorios más punteros de todo el mundo. E inevitablemente, tarde o temprano, y según un concurso de circunstancias no siempre muy científicas, acabarán por imponerse. La del autor de La física de lo imposible es una visión optimista, quizás excesivamente positiva, pero al fin y al cabo apabullante. Kaku contestó a las preguntas de [la revista] Público en la pequeña (caótica y abarrotada) oficina del City College de Nueva York donde desde hace 30 años ocupa la cátedra Henry Semat de Física Teórica. Somos cada vez más conscientes de los cambios que se avecinan ¿El futuro va a llegar cada vez más rápido?

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El conocimiento se multiplica por dos cada 20 años. En nuestra vida hemos acumulado más conocimiento que en toda la historia del mundo. Vivimos en un momento muy interesante. Ahora todo el mundo es más consciente de la ley de Moore, según la cual la potencia de los ordenadores se duplica más o menos cada 18 meses. Los teléfonos móviles, tipo iPhone, tienen más tecnología que la NASA en 1969 cuando mandaron a dos hombres a la Luna. Cuando ves las imágenes de la sala de control de la época hay que pensar que tenían procesadores de 64 K, y en el celular tienes gigabytes. En las tarjetas que te cantan el cumpleaños, el chip tiene más poder que todas las fuerzas aliadas de 1945. Stalin y Hitler hubieran matado, y de hecho lo hicieron, para tener ese pequeño chip. Y nosotros lo tiramos a la basura. Ese el poder de la teoría de Moore. La mayoría de los inventos han sido financiados con dinero militar. Sí. Internet fue creado en caso de guerra nuclear, por eso es tan abierto, porque los científicos lo crearon para reconstruir Estados Unidos después de una supuesta tercera guerra mundial. El GPS no se creó para que las madres localizaran a sus hijos sino para mandar misiles al Kremlin, por eso es tan preciso. Lo mismo pasa con los vehículos robotizados. Dentro de ocho años, Google espera poder vender un coche que se conduce a sí mismo mientras el conductor se relaja. Tendremos internet en las lentillas, podremos ver a la persona junto con sus datos personales, y también podrá actuar de traductor simultáneo. tenemos prototipo. Yo lo probé y, al Cultura ibérica.Ya Finales S. III,un inicios S. II a.C. mismo tiempo que miras, también puedes ver una imagen del campo de batalla, una evaluación de las fuerzas. Y todo eso se lo debemos a la investigación militar. Y hubo un momento crucial en que pasó a la esfera civil. En 1989, los científicos de la National Science Foundation de EEUU cedieron gratis los códigos de internet, así que antes de 1989 hubiéramos podido encontrarnos con un Gran Hermano, porque internet era un arma militar, pero después fue imposible porque todo el mundo tuvo acceso. Pero no hay realmente una evolución lineal, muchas veces los descubrimientos son frutos del azar.

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Hace falta un concurso de circunstancias. Tomemos el ejemplo de Steve Jobs. Él no creó la gran mayoría de la tecnología que le hizo famoso, fue a Xerox Park, en Palo Alto, donde nació el primer PC, los primeros gráficos Windows, el ratón, las impresoras láser, es decir, lo que iba a marcar la informática en los siguientes 30 años. Jobs dijo que eso era el futuro y puso dinero para promocionar estos inventos. La lección es que se necesita un conjunto de cosas. Inversores, empresarios, genios y sobre todo un mercado. A veces funciona y a veces no pero la lección es que siempre hay que ir adelante. Porque si decides ignorar la tecnología, la tecnología termina por arrollarte. Es el caso de la industria discográfica, que pensó que la gente siempre compraría CD, o de Merrill Lynch, que también pensó que sus clientes comprarían acciones como siempre y les pasó encima el buldózer tecnológico. Ahora Apple dicta el futuro de la industria y la gente compra acciones por internet, y todo eso porque en su momento decidieron ignorar lo que más miedo les daba.

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Los inventos van a relegar algunas profesiones a la irrelevancia... Tomemos el ejemplo de la prensa. Existe en estos momentos un papel electrónico flexible. Será plegable, como un rollo de papel, lo podremos poner en nuestro bolsillo, apretar un botón y tener a tu disposición toda la biblioteca del Congreso. Eso va a crear un nuevo equilibrio. Antes los diarios se ganaban la vida con los anuncios. Eso ya ha desaparecido, pero lo que no ha desaparecido es la necesidad de tener una fuente fiable de información. Los diarios venderán sabiduría, un producto que no abunda en internet, donde hay mucha basura. Seguirá habiendo necesidad de información en la que puedes confiar para tomar tus decisiones, pero el modelo económico y tecnológico habrá cambiado. Es como el teatro. Seguirá habiendo teatro porque lo necesitamos, el cavernícola que llevamos dentro necesita ver actores en carne y hueso. Estas cosas permanecerán pero con una función distinta. Tenemos ahora más caballos que en el siglo XIX pero no para transportarnos sino para uso recreativo. Si seguimos delegando funciones, los humanos vamos a cambiar. Sí y no. Y vuelvo a mencionar lo del cavernícola. Nuestro cerebro no ha cambiado en los últimos 100,000 años. Las oficinas no han desaparecido, como se pensaba, porque necesitamos pruebas tangibles de los resultados, saber que hemos matado a la presa que cazábamos de alguna forma, no confiamos en esos electrones que bailan en las pantallas de los ordenadores queinicios desaparecen Cultura ibérica. Finales S.y III, S. II a.C.en un clic. Las ciudades tampoco han desaparecido porque somos animales sociales. Si eres jefe quieres decirle a tu empleado cara a cara lo que piensas. No puedes hacer eso en una pantalla. La gente seguirá acudiendo a sus oficinas y las compañías preferirán establecer sus sedes en sitios como Nueva York. Fuente: http://www.publico.es/ciencias

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Diversidad cultural

El fracaso del multiculturalismo, de Felipe Hernández-Armesto El autor considera que el miedo atávico al extranjero ha recobrado vigencia y amenaza el pluralismo cultural. Afirma que las pérdidas culturales son culpa de la propia comunidad afectada, sin intervención de los inmigrantes Al ver a un perro tratando de caminar sobre dos patas, según un erudito inglés del siglo XVIII, no hay que criticarle por su seguro fracaso, sino felicitarle por haberlo intentado. El pluralismo cultural es así. No hay que abandonarlo por funcionar mal; lo asombroso es que, a pesar de sus problemas e insuficiencias, por lo menos exista. Debemos celebrarlo y mantenerlo, y trabajar para que se mejore. Pero según parece, por falta de paciencia ante un proceso largo, difícil, e interrumpido por una serie de fiascos, el público y los gobiernos de varios países occidentales –sobre todo en Europa y EEUU– están reaccionando en contra del esfuerzo por crear y mantener sociedades multiculturales. Sirva de ejemplo la irritación con que algunos sectores de la sociedad española han acogido la noticia de que en España hay un 12.3% de extranjeros -–casi el doble de la media comunitaria–, según datos del Eurostat. Pero la que más choca de las últimas pruebas es la política de Nicolas Sarkozy de expulsar a gitanos rumanos y búlgaros de Francia, sin someter los casos individuales a procesos jurídicos, cerrando campos enteros y tachando a toda una comunidad de ser ilegal. La última vez en la historia de Francia en la que ocurrió tal cosa fue con los judíos bajo la ocupación nazi. Por imperfecto que sea, el multiculturalismo es un gran logro de la tradición civilizadora, un tesoro precioso, alcanzado a través de largos siglos de conflictos sangrientos. Lo normal, históricamente, es que las sociedades humanas rechacen lo ajeno. Como señaló el gran antropólogo Claude Lévi-Strauss, es curioso que la mayoría de las lenguas no tengan una palabra o un término que signifique ser

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humano. Por regla general, hay un nombre que se aplica a los miembros del grupo o tribu; a los demás se los califica con otra palabra, habitualmente traducible por bestia o demonio o algo por el estilo. Los monstruos que habitan las leyendas de tantos y tantos pueblos no proceden del exceso de imaginación de los humanos, sino al revés: son reflejo de un instinto primitivo, el rechazo y miedo al extraño que nos incapacita para reconocer en el extranjero a un pariente físicamente semejante, moralmente igual y admisible en nuestra comunidad. Algunos de los grandes sabios de la antigüedad –Sócrates y Aristóteles en Grecia, Confucio y Mo Tzi en China, los autores de los Vedas en la India– nos invitaron a comprender la unidad de la especie humana. Y no les hicimos caso. Cristo, en cierto sentido el último y más influyente de esos sabios, predicaba el amor universal, pero nos olvidamos luego de su doctrina o la respetamos sólo como si fuera retórica irrelevante. En el siglo XVI, movido por los sufrimientos de los indígenas del Nuevo Mundo, Bartolomé De las Casas enseñó a los españoles que esa gente incluso formaba parte de la comunidad humana y merecía los mismos derechos que los otros sujetos de la monarquía española. Pero la discriminación seguía vigente y los moriscos fueron expulsados poco después. A principios del siglo XX, contemplando el genocidio de sus conciudadanos indígenas en EEUU, el antropólogo Franz Boas reunió unos datos científicos definitivos para demostrarCultura que, a ibérica. pesar de las diferencias de cultura y color, todos los Finales S. III, inicios S. II a.C. seres humanos compartimos la misma esencia. Pero los racistas no le hacían caso. Durante unas pocas décadas después de las masacres de la Segunda Guerra Mundial, parecía que nos dábamos cuenta de la necesidad de abrazar al extraño y admitir que el foráneo es vecino. Los horrores del Holocausto nos llamaron a un nuevo e intenso reconocimiento de la obligación de renunciar al racismo, la intolerancia cultural y el exclusivismo. Naciones Unidas proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La libertad de cada ciudadano de calificarse de judío, africano, musulmán o lo que fuera se concedió en todos los países. El derecho de cada uno a identificarse con las tradiciones de sus antecesores dejó de ser una ofensa a los demás. Ya no se

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exigía conformismo cultural para ser protegido por las leyes y constituciones, ni para gozar de los derechos civiles. Me di cuenta de que esta fase de nuestra historia estaba tocando a su fin hace unos pocos años, cuando pasaba un curso académico en Holanda en el Instituto Holandés de Estudios Avanzados –un lugar ideal, un islote de puros pensadores, donde se vivía protegido de las bofetadas del mundo. Un día llegó a nuestra casita del pueblo de Wassenaar una carta de la policía holandesa ordenándonos a mi mujer y a mí presentarnos en la comisaría de La Haya para revisar nuestro permiso de residencia en el país. Fuimos allí en cuanto pudimos e hicimos cola con otros extranjeros. Al cabo de unos minutos, un funcionario respetuoso se acercó y nos preguntó por qué nos hallábamos allí. Le enseñamos la carta. «Perdonen ustedes», dijo, «es un error. A la carta no hay que hacerle caso. Pueden irse, por favor, y disculpen». Sólo en ese momento me di cuenta de que todas las demás personas de la cola eran negros o asiáticos. Holanda ha experimentado desde entonces un recrudecimiento del nacionalismo, la carrera de Pim Fortuyn, el choque de civilizaciones supuestamente representado por el asesinato de Theo Van Gogh y la introducción de nuevos reglamentos que exigen a los inmigrantes una serie de pruebas de conocimiento de la lengua y cultura neerlandesas. Casi equivale a una renuncia por Holanda a su tradición de acogimiento a extranjeros y tolerancia de diferentes pensamientos y estilos de vida -–tradición que se remonta al siglo XVII, cuando judíos, protestantes y ateos expulsados de otros estados encontraron un hueco para vivir pacíficamente en la república neerlandesa–. Algo semejante ha sucedido en Inglaterra –otro país históricamente orgulloso de sus tradiciones tolerantes, donde se hospedó en su tiempo a los hugonotes expulsados de Francia, a refugiados políticos de todas las tiranías de Europa en los siglos XIX y XX, a judíos víctimas de los racismos zarista y nazi y a las olas de trabajadores procedentes de antiguas colonias británicas que llegaban en busca de una vida mejor tras la Segunda Guerra Mundial. Ahora, para poder quedarse en el Reino Unido hay que cumplir con una serie de reglas cuya mera existencia se orienta a excluir a cuantos extranjeros se pueda.

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En Dinamarca, otro país históricamente modélico por su respeto a los refugiados, pasa algo similar. Y en Francia, donde nació el ideal de libertad, igualdad y fraternidad, el inmigrante gitano Vasile, según un reportaje reciente de la BBC, vive bajo la sombra del miedo, pendiente a que venga la policía a por él. Vasile no ha cometido ningún crimen, sino que es un sencillo padre de familia y un ciudadano de la Unión Europea, ejerciendo su derecho a buscar trabajo. Da la casualidad de que se encontraba fuera cuando la policía cerró su campo y deportaron a sus compadres. Ahora, dice, «tengo miedo de que vengan y me lleven». Ese mismo temor, en tiempos más primitivos y menos civilizados, sintieron todos los extranjeros, y notablemente judíos, moriscos, negros en tierras blancas, protestantes en países católicos y católicos en países protestantes, kulaks en la Rusia estalinista, burgueses en la China de Mao o la Kampuchea de Pol Pot, etcétera. Así que estamos dando pasos hacia atrás, hacia épocas oscuras y brutales de nuestro pasado. Hasta cierto punto, el fenómeno es comprensible, y no sólo por los motivos económicos que se suelen citar en tiempos de recesión y desempleo. La cultura de una comunidad es una herencia entrañable, y cuando la gente la ve amenazada o supuestamente amenazada por la llegada de culturas ajenas, alzan los puños y recurren a una mentalidad defensiva. Pero nuestras pérdidas culturales son culpa nuestra, sin ninguna intervención por parte de los inmigrantes. Los vascos e irlandeses, en su enorme mayoría, abandonaron sus lenguas por otras razones, sin poder echar la culpa Cultura a los inmigrantes. Los S. ingleses dejaron ibérica. Finales III, inicios S. II de a.C.ser puntuales y reservados por su propia voluntad, sin ayuda de gente caribeña ni paquistaní. En España, los antiguos rasgos de austeridad, sobriedad, formalismo y dogmatismo encerrado, que una vez formaban parte del carácter nacional, se han sacrificado por voluntad de los mismos españoles. Los cambios culturales son parte de la textura de la Historia. Hay que aceptarlos o sufrir y callar. En un mundo globalizado, entre migraciones mundiales, nos hemos dado cuenta de que el pluralismo funciona mal. Desencadena tensiones civiles, crea nichos para terroristas y otros criminales, enoja a algunos mientras encanta a otros. Pero tenemos que seguirle fieles, porque sencillamente –si no por motivos más morales

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o concienzudos– no hay otro remedio. Sería paradójico que, en condiciones mundiales que exigen colaboración entre pueblos diversos, civilizaciones divergentes y poblaciones mezcladas, el pluralismo fuese la única política que no pudiera unir. Felipe Fernández-Armesto es historiador y ocupa desde 2005 la cátedra Príncipe de Asturias de la Tufts University en Boston (Massachusetts, EEUU). Fuente: Reggio‘s

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Libros

Libros

El exilio incómodo. México y los refugiados judíos, 1933-1945 AUTOR: DANIELA GLEIZER CENTRO DE ESTUDIO HISTÓRICOS DE EL COLEGIO DE MÉXICO Edición 1a. , 2011 No. de páginas 321 ISBN 978-607-462-284-3 Síntesis: A través de una minuciosa investigación basada en archivos de México y Estados Unidos, y en el análisis de un enorme corpus documental, esta obra responde con rigor académico a todas estas preguntas, adentrándose en un tema muy poco explorado por la historiografía mexicana. La historia que cuenta Daniela Gleizer pone sobre la mesa del debate historiográfico temas vinculados a la xonofobia y al racismo durante los regímenes posrevolucionarios, además de contrastar la imagen de México como país de puertas abiertas y enfatizar la discrecionalidad y selectividad de la práctica inmigratoria mexicana. El libro ofrece, además una novedosa óptica para el análisis de la historia mexicana posrevolucionaria, ya que la política hacia los refugiados judíos develaCultura muchos de los conflictos subyacentes a la política y ibérica. Finales S. III, inicios S. II a.C. la sociedad mexicanas de la época.

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Directorio

INSTITUTO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA E HISTORIA DIRECTOR GENERAL ALFONSO DE MARIA Y CAMPOS CASTELLÓ SECRETARIO TÉCNICO MIGUEL ÁNGEL ECHEGARAY SECRETARIO ADMINISTRATIVO EUGENIO REZA SOSA COORDINADOR NACIONAL DE MUSEOS Y EXPOSICIONES ARTURO CORTÉS DIRECTOR DEL MUSEO NACIONAL DE LAS CULTURAS Y DEL CORREO DE LAS CULTURAS DEL MUNDO LEONEL DURÁN SOLÍS EDITOR MARIANO FLORES CASTRO correodelasculturas@gmail.com Cultura ibérica. Finales S. III, inicios S. II a.C. ÉSTA ES UNA PUBLICACIÓN DEL CENTRO DE ESTUDIOS SOBRE LA DIVERSIDAD CULTURAL (CEDICULT) DEL MUSEO NACIONAL DE LAS CULTURAS ©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS POR LOS RESPECTIVOS AUTORES DE LOS ARTÍCULOS, NOTAS Y FOTOGRAFÍAS.

MÉXICO, D.F., 1º DE DICIEMBRE DE 2011.

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• Nuestro cerebro no ha cambiado en 100,000 años En este número: • Guerra sorda contra los migrantes Vol. X, número 98, 1º de diciembre de 2...

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