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Ciudad que se me escapa

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Segunda Edición: Olas Civiles Ilustraciones (interiores y tapa): Kijano 1a Edición, noviembre de 1989. Universidad Autónoma de Sinaloa El mimeógrafo del fauno No. 5


ciudad que se me escapa maría dolores bolívar


ÍNDICE EPÍGRAFE 7 DEDICATORIA 8 RECONOCIMIENTO 9 Y te guardo 10 No había intuido esto 11 Nadie miró 12 Te alojas 13 Te duermes 14 Lo que yo escribo 15 Las velas de Teseo 16 Ruptura 18 ¿Libre? 19 Muerte en Uchuraccay 20 Partos de Éride 22 A punto de profanar el templo 24 Quiero escribir 28


Cuánto tiempo el de ahora 29 Tres lenguas que hablan 30 Cordón umbilical 31 Y bastará un centímetro de luz 34 Tempestad de agosto I 35 II 36 III 37 El miedo anda en cometa 38 Protagonistas La rebelde 41 La cantante 42 La muerte 43 Tiempo que se detiene 44 Si me prestas un dios 45 Cansado y triste 48 Ciudad que se me escapa I 50 II 51 III 53 IV 54


La hora irrevocable que dio, llora; prevén la que ha de dar; y la que cuentas, lógrala bien, que en una misma hora te creces y te ausentas. Francisco de Quevedo


A Gustavo Alberto y a Lilia Christina ¿la vida o la muerte? la memoria . . . ¿el caos o la muerte? la libertad ¿el camino o la muerte? la memoria ¿la palabra o la vida? la libertad ¿el silencio o la muerte? la memoria ¿la libertad o el silencio? la palabra . . .


R e c o n o c i m i e n t o Uno no es de dónde nace y ya. Se es también del sitio que aporta a nuestras vidas. Cada ciudad deja su huella para luego escapársenos, sin remedio, al tiempo en el que otra se instala en nuestro presente. ¿Reconocer... a quién, a qué? ¡No acabaríamos nunca! Sómos ese conjunto de seres y saberes que la memoria atesora. Y en el camino vamos recogiendo las claves. A cierto punto, las ciudades son paraje, trampa, misión, obsesión, sepulcro, plataforma de despegue. Y debemos vivirlas y dejarlas partir, porque de cada una nos llevamos cosas y recuerdos que irán con nosotros más allá de varias vidas. Entonces, decía... reconocer a los amigos, a los lugares y a las vivencias que dejaron marca... y a lo que no nos llevamos a la hora de partir pero que a fuerza de evocarlo volvió a ser nuestro, de una u otra manera...


. . . y te guardo invisible en la maleta cómplice de Ítaca que reapareces a cada vuelta en cada sitio a donde llego con el ancla rota después de cada viaje Y cuántas veces quedan por atracar en puertos prometidos


no había intuido esto no sobre todo la risa que se escapa noche a noche por las grietas del cielo que es una bóveda tan alta como el techo imaginario


nadie miró ni consultó el reloj para saber que estabas a tiempo como siempre y no hubo preguntas


Te alojas en un castillo sin ventanas . . . desde ahí aguardas el paso de las horas y te desdoblas confiada entre las páginas de la memoria atroz nadie llama


Te duermes las manecillas rondan entre la telaraña y el cristal estrellado Van más lentas que de costumbre apenas si se mueven pesadas sonámbulas jurarías que el tiempo se ha fugado mientras contabas los minutos aferrada a ese orden repetido de días con sus noches entras en medio de la escena el parlamento falla te quedas sin palabras pero el tiempo no para desde un punto remoto nos incita a seguir tic tac tic tac tic tac tic tac Cae la tarde etérea maquinaria de esta historia sin principio ni final


Lo que yo escribo no es mío nació de la gotera constante que se hizo cargo del primer insomnio cuando la palabra insomnio ni siquiera existía


Las velas de Teseo Su padre fue Poseidón Que también era dios del mar No dejó sitio sin recorrer Ni se detuvo en el Hades

Hay tiempos en que los hechos pierden dignidad condenándolo todo al naufragio . . . Tiempos . . . soledades que peligran intuiciones fallidas temores necios que hacen del mar hervidero de tempestades Tiempos materia sonora . . . vocerío de fantasmas que vagan sin dirección buscando un traje a su medida Tiempos . . . clamor de sombras en duelo aparejadas a la existencia humilde y frágil


las luces doblan hacia la duda oscura al fondo del callejón Y se repiten las notas desde el tinglado del olvido fatal


Ruptura Si al encontrarte se muere la esperanza si sobrevive sorda y terca en el silencio si elige ser indiferente y ciega no he sido yo tampoco ha sido el tiempo


¿Libre? Para apuntar en mi cuaderno cuanto creo Y cuanto dejo de creer también Y subrayarlo Para dejar de ser tu hija tu amante tu carcelera tu torturadora tu madre tu frontera tu dolor de cabeza etcétera y etcétera . . . Libre por si decido abrir la puerta por si la soledad me sirve por si pudiera descansar un rato por si es posible amar cincuenta años


Muerte en Uchuraccay Era 28 de septiembre de 1985. Nos reponíamos del terremoto de la ciudad de México cuando comencé a seguir el clamor en torno a la matanza de ocho periodistas y 135 comuneros en la localidad remota de Uchuraccay, Perú. Los periodistas desaparecieron sin dejar rastro. Luego vino la segunda matanza, durante un baile. La nota persistía en los diarios pese a que intentaron sepultarla… Me sobrecogió la impunidad con que se elige olvido o memoria y la lectura aquella se me quedó en el corazón entremezclada con las imágenes de quienes buscaban a sus seres queridos ya sea entre escombros o fosas comunes. El huaino o huaiño es un ritmo musical de notas largas. Viene del quechua waynu y se usa a manera de bailecito.

Uchuraccay huaino de notas que se confunden con el viento Una tragedia Todas las tragedias Cual diestro crupier el diario baraja los acontecimientos y recuerda u olvida a voluntad Y no le falta a nadie mañana y soledad vacío y soledad en cualquier fecha


Abajo, la vecina juntaba agua el ruido de sus cubetas cautas me irritaba Andan los hombres entre los cadáveres de cárcel en juzgado entre escombros y siglos de tragedia y de penas Abajo ese goteo febril de esperanzas inútiles de dolores supuestos me irritaba Andan los hombres como autómatas removiendo las piedras buscando algún indicio entre fosas comunes Abajo los vecinos rezaban en voz alta La magnífica el vocinglero aquel De sus misericordias cautas Me irritaba


Partos de Éride Yo ya tengo en mi mano la manzana. ¿Entre sabiduría y triunfo, poder y riqueza, Paris, la mujer? Tú dejarás caer esa manzana madre de Ponos, Letes, Limo, Algos y Horcos, que en español se llaman Pena, Olvido, Hambre, Dolor y Juramento.

Un llanto compulsivo recorre las paredes del vientre que permanece tenso aferrado a Dolor El sudor moja Olvido tus cabellos y se duele la herencia que no quiero Tres veces te he parido, madre Pena mujer Esclava de los cirios a quien el discurso despojó del cuerpo Yo puse en tu piel las claves de ese mapa que recorro a las prisas entre la urgencia que brota por los poros


y la certeza de haber concebido en ti Hambre un tiempo sin placer y una canción sin alas Y apretaste las manos contra el vientre y tu rostro dolorido quedó sobre el retazo blanco de esa otra que sí arrancó a volar Juramento Reincidiré contigo Para sanar las llagas Puedes estar segura que tomaré la forma de un buen trozo de carne apetecible Mujer Ya me he aprendido de memoria las huellas de Éride que se dejó seducir por las tinieblas Y voy a hacer tres nudos con el último lazo que nos une para no olvidar que nos arrojó al aire un pez hembra Hera dueña de la palabra y del poder a quien los dioses le arrancaron las costillas


A punto de profanar el templo Otra vez Éride Hija de Zeus y Hera celosa y vengativa

Cómo me dueles barro costilla y soledad En la enfermiza entraña que duplica en mi carne tu presencia En el útero ciego que vomita ojos ilusiones y poemas En ese corazón sangrante que te salpica el nombre las sábanas y los sueños En la estampita arrugada de la hermana En el escapulario desteñido de la abuela En las chaquiras de tus bolsos de noche


En los tacones En los perfumes En los espejos Porque es menos trillado parir hombres que inventar dioses O herir de muerte al tiempo que asumir el destierro con la mirada clavada en la porción podrida de tu manzana Me dueles en los gusanos que te salen del pecho y reptan hacia la nariz En el veneno que espumea en las bocas y se te queda bajo la lengua En los atardeceres gastados entre placer y perdón no concedidos


Me dueles mujer sirena y hechicera dueña del cuerpo y el espacio en que te rindes cortesana de oficio matrona del martirio carga de quejas que te echas al hombro para hacerte un lugar entre las musas las reinas y las vírgenes violadas Me dueles en esa larga contracción sin rumbo que profana mi espíritu guerrero Por todo el tiempo que se escurre esmerilando amores y taladrando vientres de metal En nuestra vocación de vírgenes violadas de cotidianas vírgenes violadas de cotidianas vírgenes violadas de desaparecidas vírgenes violadas de desaparecidas . . .


Quiero escribir y no puedo te escucho en cambio en la insistente soledad en el silencio a pequeñísimos golpes recuerdo que persiste bajo los dedos impacientes que quieren verte aparecer por el camino de la niebla


Cuánto tiempo el de ahora de esta ausencia extra grande arremangada incómoda Cuántos los días para contarlos minuto a vacío en esta incertidumbre que elije ser a la mitad de un sueño Cuánto andar distraída reuniendo pedacitos de sombra en cada claro de cemento Cuánto pedirle al olmo que se comporte como quiera y arrancarle a la atmósfera la única estrella que se quedó prendida al cielo después de la última tormenta


Tres lenguas que hablan Échenle sal al animal quién te picó que hasta el dedo me dolió y sangre me salió

Y sucede que el monstruo es ese personaje de mujer que evade los machetes los besos y los aerolitos perdidos Transmutando en víbora de tres cabezas ¿Le dabas el primer lugar como hechicera de los tiempos la portadora del veneno universal? ¿Mataste amaste olvidaste? Échenle sal al animal Y que luzca la serpiente sus tres penachos sonriente lista y peinadita para que salga bien en la fotografía


Cordón umbilical Corre un hilo delgadito de sangre Desde el portón que abriste a golpes Y los perros husmean Mientras te pones en el rostro Las gotas que tus manos Le arrancaron al viento ¿Querías llorar cuando gritaste contra la luna enlamada del espejo? ¿cuándo bebiste el sumo amargo que te explotó en los senos? ¿Querías sufrir sólo porque aprendiste a hacerlo desde que te cosieron una escena de muerte en el párpado derecho y una celda de tortura en el izquierdo? Alguien le dio un jalón al hijo Desgarrando tu piel Y no hubo llanto ni dolor Sólo la vida que se precipitó por la ventana hasta tu infierno…


Y bastará un centímetro de luz para que ya no pueda digerir el mundo para ti sino a través de palabras y sueños


Tempestad de agosto I No bastó que dijera ríos para tender un paso estrecho sobre los rápidos de lodo Hubo que atrapar cada noche montones de fantasías de las que iban por la piel como gusanos sabios libres de la vieja tarea de cavar afanosos y desoladores túneles


II Llegar hasta las calles de un agosto de fuego recién atropellado por la lluvia Recorrer a vuelo de mosco la tierra que se rendía sin condiciones salvarse decir solos en otro tiempo y con nombres distintos para rascarle una muestra a la porción más habitual de la caricia


III y recorrer confiados la última recta y enjugarse el amor y descifrar el curso de la tempestad y devorarse el resto de esperanza y esconder la cabeza tras esa hilera de sombras que acabarían por encallar sin remedio


El miedo anda en cometa A la velocidad de la luz entre el amodorrado despertar y el largo insomnio de cada noche . . . Los niños le tienen miedo al coco los adolescentes a sus madres los jóvenes a los gendarmes los adultos a los espejos las adúlteras al cura los hijos a los edipos las hijas a los contagios los maestros a la censura los alumnos a las computadoras los obreros a las máquinas los campesinos a los helicópteros los militantes a los autos blindados los presidentes a la historia los reyes a las momias los pobres a las cárceles las devotas a las pruebas los crédulos a las trampas los ricos a los camellos los astutos a la suerte los ignorantes a la revolución los revolucionarios a las orejas los líderes a la duda los condenados al silencio los asesinos al tiempo los que perdonan al error los que castigan a la venganza


las brujas a los templos los indiferentes a la ternura los enamorados al concreto los enajenados al sol los pesimistas a la soledad los fantasmas a los ateos las poetas a los códigos y los profetas a los gobiernos Y el séptimo día no acaba de llegar y cada personaje continúa su juego mientras la luz y las tinieblas realizan aritméticamente su tarea


Protagonistas “voy a ponerme un traje de mariposa y en las pantallas miles de candelillas…” V. Parra


La rebelde Amarraste una de tus siete vidas a la cola de un gato y toda la magia se desdobló en una sola noche Tú que saltaste de la bolsa del mandil a cuadros para llegar a las nubes vagabundas y tutearte con los pájaros de la alambrada el silbato del velador y las arañas exiladas del ropero Qué manera de convertir en tiempo las arrugas del techo y en rostros luminosos el humo atrapado bajo la tapa del pupitre Y aquello bastaba para adivinar que escaparías por el cañón del arma extraterrestre que disparaba rayos de polvo desde tu ventana hasta alojarte en el remoto laberinto de un caracol de sueños


La cantante Ayer estabas sola entre cuarenta reproducciones casi idénticas robadas a una plancha compresora de voluntades Y aprendiste a cantar palpando con los dedos curiosos la risa de las estrellas He dado con esos rostros de retratos empolvados al tiempo en que te escuchaba desde una butaca del teatro principal de esta ciudad donde te veo otra vez distinta y única fuera de serie


La muerte Había que ver cuando llegara el día y no volvieras Cuando por fin la muerte sin palabras ni fecha y ese mensaje en clave de voz desconocida Cómo no armarla contra la puerta porfiar contra los hechos y confundir pesadillas y sueños en una misma noche larga y sola


Tiempo que se detiene si piensas si callas para dictar las paces para que no te coman las ganas de gritar Te sales a observar las horas desde la plancha de cemento que vigila los pasos sin voltear a ver el reloj


Si me prestas un dios A “Los ojos de Eleggua” De Nancy Morejón Aclaración: No sabemos si vino del mar o si dejó el desierto para asumir su nueva identidad. En cualquier caso luce su traje azul y la esclavina que lo protege en los días de tormenta. (A veces un poema dice más que la palabrería que corre sin que la mayoría entienda casi nada…)

Eleggua mil veces magia atisbo de credulidad tan humana flores azules y amarillas pensamientos que gimen lucecitas que aman llamas que beben aire tentaciones que se desvelan repitiendo tu nombre Eleggua dios dolor tiempo


caracoles sintéticos que lloran en mi paisaje sobre los sedimentos de este territorio sin fronteras y este presente sin proyectos Eleggua para siempre y desde siempre hechizo espléndido que nutres vientres arterias y corajes y remueves las ruinas de todos nuestros templos porque en tus ojos niños decididos y negros hay un canto que golpea una pasión que se desnuda un corazón que quiere enloquecer en sus dos soledades de migrante sin ancla


Eleggua ofrenda bajo otros dedos tu tambor se calla sin ti no hay percusión ni ritmo las mariposas anidan entre las vigas por la mañana saldrá el sol e iremos a buscarnos flores moradas y blancas granos de sal ceniza viva soledad que no importa amor cotidiano y breve como el mapa del mar como la arena de esta orilla como las manos mutantes que tal vez ganen su próximo combate contra el reloj


Cansado y triste te desvistes para ser con la noche bajo las sábanas y sin dios bajo las sábanas y sin estrellas


Ciudad que se me escapa I Me observa hurga en mi interior mientras recorre tembloroso las vísceras y los miedos los orgullos y las fibras desmadejadas del tiempo Cada músculo esconde su dosis de sarcasmo ahí donde rabia y sangre por mera alquimia lo precipitan todo en una larga tristeza


II

Yo te inventé mientras te acompañaba en el cortejo con la vista clavada en el cristal bajo el que aparecía tu rostro de viejo complaciente Tenías las cejas enmarañadas y las comisuras de los labios dispuestas de modo tal que sugerían una sonrisa muy cercana a la serenidad post mortem En mi imaginación tu rostro era la prueba irrefutable de que infierno y paraíso no son sino claves de una primitiva percepción dialéctica puntos suspensivos Yo te inventé para las noches de preguntas y sábanas revueltas sin la fascinación por los escudos el pelo engomado o la gloria ancestral firmada “D’Escoto” sobre el sello “fotografías familiares, estudio profesional”


Me quedé con tu ser de todas partes porque eras un viejo desde siempre y yo desde siempre también demasiado joven para saber de dónde habías venido Yo te inventé para que esta ciudad fuera más mía la memoria aferrada a la punta de solapa que apareció sin dueño en un mural capitalino Esa punta acartonada que sirvió de pista cuando contaste una y otra vez la historia nuestra


III No te culpa ni te cuestiona desde su condición de personaje omnipresente Eres tú quien confiere con una mezcla extraña de desgano y desafío Quieres acariciarlo y lees rechazo en los lunares falsos que le agregaste sobre la piel del cuello y el pabellón de la oreja justo antes de la última horneada Repasas cada gota de pigmento los gestos ensayados las palabras dichas sin mucha reflexión Cierras los ojos y millones de diminutos puntos se encienden en las paredes interiores de los párpados Cada noche te duermes con todo ese silencio recorriendo tus venas


IV No son las piedras de la calle que recorremos una y otra vez Las que renuevan con insistencia sonora nuestros pasos Son las palabras entretejiendo nuestra última conversación democrática equilibrada que no por ello menos violenta A oscuras recorremos el último tramo nos deseamos las buenas noches Y cerramos la puerta Después a cada quien le toca interpretar los cuerpos mudos A su manera


maría dolores bolívar nació en Hermosillo, Sonora. Creció en la ciudad de México y ha pasado gran parte de su vida en San Diego, California, donde estudió la licen-ciatura en Ciencias Políticas y la maestría y el doctorado en Literatura y Estudios Culturales. Ciudad que se me escapa es un viaje a través del mar de los recuerdos.


maría dolores bolívar nació en Hermosillo, Sonora. Creció en la ciudad de México y ha pasado gran parte de su vida en San Diego, California, donde estudió la licenciatura en Ciencias Políticas y la maestría y el doctorado en Literatura y Estudios Culturales. Ciudad que se me escapa es un viaje a través del mar de los recuerdos.


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Ciudad que se me escapa by María Bolívar - Issuu