Hace mucho tiempo, allĂĄ por 1816 en la casa de Los Ortiz se organizĂł una tertulia, una reuniĂłn donde los invitados bailaban, tocaban el piano, comĂan pastelitos, tomaban mate y chocolatada caliente, y usaban estos encuentros para enterarse de las ultimas noticias.
Entre los invitados estaban Mr. Robertson y el señor Anchorena quienes conversaban con la señora Carmen y Pepe Ortiz. La tía Clementina les servía pastelitos y les cebaba mate mientras escuchaba lo que todos hablaban. Se conversaba sobre política, Anchorena traía noticias sobre lo que había sucedido en el congreso de Tucumán.
Se comentó la idea de Belgrano de tener un rey indio de la casta de los incas. Esto generó una discusión, a Anchorena le parecía ridícula esta idea de tener un “chocolate” en el trono, en cambio la familia Ortiz y Clementina estaban de acuerdo porque los indios ya habían gobernado antes de la llegada de los españoles. En ese momento, Clementina que venía de la cocina con la jarra llena de chocolate se tropezó y derramó la jarra entera en la cabeza del señor Anchorena.
Cuando la tĂa Clementina fue a la cocina en busca de trapos para secar y se encontrĂł con Pepe quien le dijo:A este no le gustaba el chocolate pero se lo tuvo que tragar.