DEDE LAIA PALAU
LABASAD
Ese hombre que veis es mi abuelo Dede. Y esa cosa pequeĂąita que sujeta soy yo, Ulas.
Este somos Dede y yo en mi cuarto cumpleaĂąos.
Mi abuelo Dede me lleva al colegio por primera vez, y yo, no puedo ser mรกs feliz.
DespuĂŠs de clase, mi abuelo Dede me lleva al parque para que juegue. Pero a mi me gusta sentarme a su lado y que me lea.
Mi abuelo Dede me lleva cada viernes a rezar. A mí no me parece mal, pues mi Dede creé en Alá y yo quiero parecerme a él.
Haga frío o calor, la taza de çay es obligatoria. Además, Dede prepara un té maravillosamente rico.
Dede, antes de que se hiciera un abuelito, era futbolista. Se ganรณ muy bien la vida, y siempre que podemos, vamos a ver los partidos y me explica el juego y sus normas.
Mi abuelo vio mi fascinación por el mundo del fútbol, así que al día siguiente de presenciar mi primer partido en vivo, me llevo al equipo local para que diera mis primeros toques.
Dede estå ya muy mayor‌ Hace unos meses que vivimos en el hospital para poder controlar su salud.
Cuando el abuelo Dede se fue, me dejó un regalo con una etiqueta que ponía: “Para Ulas de Dede”. En ese momento supe, no sé como, lo que había dentro de la caja. Era la cadena de oro que siempre llevaba consigo. Allí donde fuera la llevaba puesta; como si fuera un tesoro. Ahora entiendo porque me la regaló. Dede me contó un día que esa cadena se la dio su mujer, la cual no tuve el placer de haber conocido pero, según mi abuelo, era su tesoro más grande y preciado. Y quién mejor que yo, su otro tesoro, para protegerla y guardarla.