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Palabras en tu sima (1.990-1.993)

PALABRAS EN TU SIMA (1990-1993)

PREMIO SARGANTAS VILLA DE CHIVA 1994

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I.

MATERIALES Menos tu vientre Todo es confuso Miguel Hernández

MATERIALES

Unir dos puntos en un ángulo finito donde cada plano configure tu volumen, donde cada lámina sea un poco de ti. Con cautela recorro las largas travesías, allano los espacios cuando todo es esférico en la medida que asumes la perfección inexorable a tu recinto.

Me queda el material con que, de nuevo, construyo la imagen que mi sueño cobija. Mezclo en el mortero la argamasa de fina arena y cal selecta; así surgen las yemas, la piel, el labio, los largos dedos hundiéndose en mis carnes, los goznes de furtivas artimañas, cuyos vértices son mi encrucijada, el amplio mirador de húmeda aroma y sabor a canela.

No fue el sonido ni el perfume. No fue la música adornando con sus notas el espacio que ocupaba el gesto compulsivo. Ignoras qué palabras de amor surcan el aire, qué metáforas dirías, cuando transformas tus deseos en rítmicas caricias de animal en celo.

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INTERIORES

Y de pronto, surge la exacta geometría, una cintura de límites convexos, donde el prisma aprende a divergir las transparencias. Y la luz, en líneas invisibles, configura sectores, tangentes recorriendo cóncavas superficies, para después erizarse un volumen de conos agudos, donde corona, en su cima, una cúpula perfecta.

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CONTINENTE Y CONTENIDO

Admiro el movimiento de la sombra en la penumbra, el tono estridente, las finas tonalidades que configuran tu contorno, el hormigรณn armado de tus frรกgiles columnas, el puente levadizo que crece entre tus mรกrgenes; todo lo que sabes contener, y te contiene.

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EL CONSTRUCTOR

QuiĂŠn sospecha tu estructura de cuerpo improvisado, cuando la ola de tus senos surge de improviso, y en bajamar arrastras los deseos de este mar suntuoso.

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LECCION DE GEOGRAFÍA

Curvada la línea de la ingle, ¡de qué manera has ganado la partida, toponimia de huecos y callejas, amplio litoral que el viento husmea, batidas las rocas de mi pecho! Vigilas el espacio, los lindes de mi sombra, de par en par muestras tu mapa de inmensas cordilleras, valles ignotos, suaves colinas que sólo tú conoces, simulacro de océanos sobre las yemas del labio; en el centro, un fértil manantial, un bosque infranqueable que recorre tu vientre de norte a sur, quebradas, desniveles que el viento acosa, mar enardecido sobre mi página en blanco; sobre las vertientes, ríos de denso caudal arrojan con furia los materiales: sedimentos de nácar salvando meandros, líquido espeso, que tapa con fuerza las hendiduras.

Sin rumbo, recorrí vaguadas, torrenteras, caminos que me mostraron tu reino inmarcesible; tras las vertientes, tu voz se quebró, e inundaste mi noche con la embriaguez de tus labios. De pronto, roto el horizonte, la oscuridad, el vértigo más y más intenso, mostrando tu huída presurosa.

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Y de nuevo, cuando el silencio teje su maraña, surges como bastión altivo esquivando el vacío que tus ojos delatan. Contémplalo todo: mi voz, mi sexo, mi semen derramado entre tus márgenes. Así sabrás mi historia impredecible, en la que horadas las grietas más profundas hasta encontrar mis túneles secretos.

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A CONTRALUZ

A contraluz, he visto los arcos apuntados, contrafuertes, pilares inmensos de cálida arquitectura; he palpado los muros, las vidrieras de cristal policromado, las suaves esculturas bajo las bóvedas de crucería; he andado por extraños laberintos, plaza porticadas que, en la pendiente, la luz retenían tras sus sólidas columnas.

Suave, como piel de terciopelo, el musgo ascendía cubriendo el alabastro, la espiral de las volutas, los capiteles adornados con hojas de acanto, y hasta un mosaico de redes invisibles, que llegaba hasta tu sima.

Quizás fueras piedra cóncava, ábside o atril sajado que viola tu morada de templo adolescente. Di: ¡quién te reconoce cuando el amor se oculta y el silencio nos envuelve!; ¡qué música pondremos al tiempo si el sonido nos alcanza, penetra en nuestros poros, nos despoja, nos posee!; ¡qué océano devorará la noche cuando el amor madure como fruto prendido en el seno de tus labios. 9


PANEL DE INTENCIONES

Has de ser como un mar espeso, noche que intercede en un cielo plomizo, zaguán o pórtico de perfil maduro. De tus labios, pájaros de ángel, aquellos que hacen crecer los picos curvos y , desde lo alto, la ruta dirigen con vertical mirada, surge la atalaya de tu boca, ávida de intriga y singular deseo.

Te queda el agua, el viento que socava la lengua puntiaguda; mientras, hablan las olas y la espuma se disipa en la más alta marea. Tras de ti, un velamen te persigue, recorre tus vaguadas de principio a final donde náufrago soy, y el viento, siempre el viento, en oculto abrazo te despoja.

Tuve miedo de horadar tu piel, de agitar las tranquilas aguas de tu vientre, de anclarte en mi roca para que encalles con tus ojos sonámbulos. Así, el vértigo, la imagen sucesiva de los cuerpos al agitarse, el vaho que se adhiere a gélidos espejos, y el aire inmóvil que insomne se detiene.

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ESPUMA O LITORAL

Llena este caudal de ángulos agudos, argamasa mensurable de plural medida, donde en silencio seas multitud en grito, y la estancia se colma con la luz más ciega.

Como cómplice sagaz que el labio oculta, aleja ya los oscuros torbellinos, los páramos desiertos, remansa las aguas que la tormenta agita, para horadar aquí tu virginal textura.

Ilumina todas las escenas, muéstrame el sendero con las huellas más precisas, quiebra los sonidos con metálicos relieves, dibuja tus contornos con un óvalo perfecto.

Ahora serás mi paisaje interior, espuma o litoral, ola suntuosa que trenza en la orilla el amor que nos baña tras tu cintura de sirena.

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II.

LOS ELEMENTOS Sitio de amor, lugar en que he vivido de lejos, tú, ignorada amada que he callado, mirada que o he visto, mentira que dije y no he creído. Jaime Sabines

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EVOCACIÓN

No voy a evocar el ojo del pez mirándonos tras el estanque, ni la lluvia de estrellas lácteas iluminando nuestras cabezas, ni la oscuridad del corredor que nos llevó hasta la estancia, ni tan siquiera a Neruda con sus veinte poemas de amor y su canción desesperada. ¡Cómo será el tiempo, el reloj tintineante, la astucia de ese ojo ,cuando asoma tras la escena entre bambalinas y plateas apenas iniciado el gesto!.

Nosotros somos los actores. Aquí, sobre este escenario, construimos la ficción de la comedia; aquí rompimos las cíclopes murallas, derribamos las sólidas torres de rondines almenados. Y todo fue disperso en tu presencia, en la negrura del aire bajo bóvedas celestes.

¡Qué finita dimensión abarcas! Ante el público eres pudorosa en tu disfraz e ingenua asumes el papel de víctima inocente. Mas has herido mis entrañas, y tu fuego abrasa mis perfiles. Ahora que cae la noche abrupta tus labios se abren dando paso a la palabra.

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EN TORNO A TI

El espacio está dispuesto. Otra vez emerge al reducido punto de la luz. En su interior soy prisionero y no huyo. Sin demora, el gozne arrebata el aire pulido, arde la piel, el gesto, la voz se agrieta con aciaga pasión.

Con sigilo, borré las comisuras, extendí el ropaje tatuado de tu piel, y allí quedó, sobre el muro, contemplándome como una esfinge mutilada, inerte, abatida en la maraña incorruptible de mis dedos.

Si supieras, si entrevieras que todo cambia, que nada está como estuvo, con la misma igualdad donde tu cuerpo traza su recinto, te sabrías predestinada sosteniendo el hechizo de tu voz en la amplia galería de la noche. Ahora sé lo que eras: dulce vértigo tras vencer el oleaje.

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LUNA PLÁCIDA

Ignoras la apacible luna dibujada, su fiel reflejo prolongando los misterios que interrogas. ¿Qué ofreces tú mientras esperas?. Si el día te acosa, abraza el amor impuro, cuando la diosa fortuna posea entre sus brazos tu sórdida belleza.

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NOCHE DE AMANTES

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Te desconoces cuando la noche ves que tanto pesa; cómo su intriga, confusa, araña nuestros cuerpos, y un sudor frío nos envuelve vulnerando tu morada de esfinge silenciosa.

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Abre las puertas de la noche. Que los mástiles dibujen el aire agonizante y otro viento consuma el espacio enfebrecido que al final nos pertenece.

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3

DirĂŠ a la noche que regrese simĂŠtrica, que suspenda en su techo todas las constelaciones, que el escenario conforme con estrellas furtivas, y la brisa del aire llegue hasta tu boca.

DirĂŠ a las sombras que dibujen tu contorno, que plagien el silencio cuando vagas por la estancia, que remonten los abismos con corceles desbocados y la luz sometan en sus jaulas espectrales.

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A ras de piel has roto las barreras bajo la incierta sombra del agua. Todo intento es vano. Dominas las rompientes, y, en la noche, la tormenta aplacas.

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LAS HORAS Y, por ella, las horas van absortas dispuestas a no ser sino presencia Jaime Siles

En la primera hora, juegas la partida, muestras tu baza en el centro del tapete, y, vigilándome, tus ojos recorren mis perfiles, moldean mis aristas de arriba abajo, de frente o costado, avanzas cautelosa en el espacio que conoces, con las yemas crispadas, la mirada incógnita, como víctima que asume su final, y pudorosa acude al altar de los vencidos.

En la segunda hora, finges el placer, rompes los papeles de ingenua concubina, y, con tu máscara de indiferencia, urdes la trama con el sueño solícito de tus labios abiertos, miras las cristaleras con la imagen sutil de los sueños; mientras, el tiempo nos persigue, y una sombra nos cubre engarzando tu cuerpo de vanidosa figura.

En la tercera hora, muestras los dones de tu vientre, no puedes evitar la acometida si, a cualquier precio, tu volumen abre el tragaluz, y, como en un torrente labrado, surge un torrente impetuoso, audaz, penetra por gargantas profundas de suaves paredes, delicados techos, 18


fondos abruptos bajo cálidas aguas, donde se dan cita el gorrión y la paloma.

En la cuarta hora, asomas en tus límites confusos, y en el péndulo oscilas en las noches ingrávidas, señalas las constelaciones que custodian tus emblemas: tauro o escorpión te observan como dos guerreros de coraza inmaculada, indestructible. Nada eres, sino espiga bañada por la luna con el tiempo asomando en la distancia, siempre en tránsito hacia un silencio más tuyo que mío.

En la última hora, observas mis pasos de sigiloso guardián, tu voz se ahonda en mis oídos, y, como ángel terrible dictando la sentencia, hieres mi piel hasta lo más profundo. Extraña eres, amor mío, cuando el aire descubre la medida a todos nuestros actos, cuando, en vano, atravieso los lejanos confines de tu vientre y te evades en los resquicios de mi bosque impenetrable.

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EL NOMBRE DE LAS COSAS

Y no sabremos cómo abarcar el nombre de las cosas; ¡qué fue de tu memoria, aquel reducto de vanidades, crisol donde llenamos el fondo de nuestras vidas!

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EN EL DESEO Que ruido tan triste el que hacen dos cuerpos cuando se aman. Luis Cernuda.

Quise que tu boca sellara las frases más precisas. Quise que tus ojos poseyeran la luz y abrieran mis entrañas con láseres de vivo rayo. Quise doblegar tu lucha, poseer tu tiempo grávido, colmar tus deseos de quiméricas pasiones, declararme en soledad, sentir la obsesión del aire y su silencio.

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Tus labios, perfume de albahaca. Como acero tu boca. Mientras suena la música, y el aire ardiente enarbola los deseos, yo te ofrecí adelfas incorruptas y vacié el néctar denso del aluvión tan fértil.

Mi historia está llena del breve espacio de tu tiempo, pues formas parte ya de mi memoria, y aunque remontes mi árido destino, siempre serás la transparencia, el saberte predestinada a mi inconclusa claridad.

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III.

INTROITO Y esta boca ahora siente todo el fuego del mundo como otra flor de pronto con la que embriagar la vida Vicente Aleixandre

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Cumplidas las caricias, a ti te pertenecen. Cierras tu voraz secreto y firme quedas, agazapada, en la huella trepadora de mis dedos

En un denso fluir que hacia ti oscilaba, marqué la huella abrupta de mi vida. Así fue, así es mi ofrenda.

¡Qué soñáramos si, con osadía, te rebelas, y, en mi refugio, hurgas mis secretos, trasgredes mi ley, mi juicio, mi ámbito!

Dices: todo está consumado. Mas no soy tu espejo.

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Apura el cáliz hasta la última gota. Déjame temeroso. Que este recinto sea mi santuario de máscaras.

Déjame penetrar en la oquedad corpórea que atenaza los gemidos de mis noches. Quedó el sabor del aire poseyéndote. Vamos a copular rítmicamente, a insinuar entre surcos de piel la desnudez. Ven.

De tu risa sale ese burdo conocimiento de las cosas. Tu lengua, áspero cáliz, recorre punto a punto las carnosas adherencias de mi sexo. ¡Oh, preludio de la ofrenda, ágape con el limo más preciado, raso horizonte que recorre tu sutil geografía y en la enfilada cresta arroja mi lanza puntiaguda!

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Frente a ti pido tregua. Contra toda espera te presiento sobre preludios de danzas deambulando entre las sombras. Presta estas a iniciar la ceremonia, cuyos símbolos y disfraces convergen en el rito de la mirada, el sexo, el roce de aristas fácilmente temerosas.

Amor o desamor. ¿Dónde está el linde? ¿Dónde la obstinada barrera? ¡Cómo gozar del yermo abrazo si el aire conoce la indolencia, el estallido más fuerte aún que todas las liturgias del encuentro!

Nada se parece a tu propio sonido, a tu color de suaves transparencias. Si la palabra, tu palabra, con el corazón en la mano me dijera: amor mío, giraron nuestras vidas, pero en este instante, en este mismo lugar, sabemos con certeza cuánto de gozosa es la noche, en qué momento todo se acaba, y cómo nuestro aliento se torna gélido, inaccesible.

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Hierática quedas. Vacilante estás mientras maldices la suerte tuya, y lanzas improperios al espacio osado que olvidada te deja de bruces frente a frente ante mi sexo.

Ya no amas con la misma entrega. Tan sólo tienes el deseo de ser amada y protegida. Y este matiz, con tiránico principio, te atormenta y te persigue, como incisivo es el desigual volumen que tu vulva ocupa

Borra los encuentros, acalla el rasgo inútil, rompe las calcomanías con que dibujaba tus perfiles de cien maneras distintas, y el roce te dirá qué gesto te conviene. No extrañes la lluvia del jardín, si aún recuerdas con el tacto el grosor de la entrepierna, el movimiento más adecuado, los sonidos más agudos.

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IV.

CODA FINAL ¿Dónde? ¿Dónde estará? Su cuerpo era el perfume que daba la ebriedad a la sombra y la noche Justo Jorge Padrón

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A menudo olvidamos el intenso aroma que el amor nos da. Tenemos miedo. El pánico nos asoma al vacío de la noche con sus ojos herméticos. El cansancio somete nuestros cuerpos, los evade hacia un tránsito vulnerable, los cubre de remolinos, profundas cicatrices que protegen el aura del misterio.

Amor, ¿quién te sorprende con las brumas del despertar cotidiano dibujando en los cristales corazones esquivos y poemas de amor que el día borra? Recuerda: a nadie mostrarás tus corredores, aceptarás el indulto en soledad, pues sólo queda descifrar el desenlace.

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Adormecida te quise. Perdóname tus ojos turbios suspendidos en el aire rebosando amor tras las guirnaldas y las masturbaciones. Así ocurre que el sueño atesora lo que creímos vivir con cruel designio. Espero tus señales. Y yo, tu esclavo, espero tu proclama en extramuros.

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Con tu mirada hermética, sigues el trayecto de mis muslos al cruzar la atmósfera de estigmas verticales, y el choque lento, en vaivén continuo, se incrusta pausadamente en la boca del túnel tras cercenar la entrada hábilmente escondida.

Una lluvia densa empapa nuestros cuerpos y profana las ofrendas. Una gota de agua inunda los estanques con sutiles canelones, eriza la piel y la sangre empuja hacia arterias específicas.

Si el eco de tu voz escucho, y gira y gira sin descanso por la estancia, detengamos el tiempo un único instante más allá del linde contenido y exploremos los pasajes más recónditos donde la belleza se oculta.

Busquemos el semblante perfecto desplegando el amor y la ternura, sin conjuros, sin evocaciones, sin nadie que nos haga el inventario.

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Amor, amor, ¿no es la muerte tu realización? Gabriel Celaya

Toda vez que fueras el acecho del mar, y así abrir los goznes de la noche, donde tu palabra quede prendida en la débil luz del laberinto.

Toda vez que habites en mi espacio, aunque ignore la extraña mueca de tu frente. En vano los espejos en la oscuridad te observan. Brevemente, van cesando las últimas horas, el día nos acecha como a dos perros cautivos. Entonces sí, sólo entonces, tejimos la telaraña, contemplamos la blancura del muro, sometimos nuestros ojos a la ficción del sueño, y allí buscamos las avenidas, las largas travesías de final inabarcable, en un larguísimo rodar de sonidos y jadeos.

Toda vez que nada puede predecir el escaso tiempo que nos queda, cuando vamos tras las oscuras aguas tambaleándonos como su fuéramos dos borrachos por las calles desiertas. Bien sabes que terminó el entreacto, este trayecto entre sombras tras el corredor, este murmullo que lanzan los amantes, donde sólo el gesto esboza nuestros actos y el espacio nos presta su sutil perspectiva.

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Ausente estás, tan remota, en el fondo del océano junto a leones marinos, con el amor más puro moviendo los resortes, con el arco de las sombras cubriendo nuestras cabezas.

Compartiste la promesa del paraíso irreversible, desplegaste tus emblemas frente a mi cuerpo, como ese búho nocturno de ojos ridículos, abiertos en un silencio que ya no le basta.

Y supiste ahuyentar con entereza el temor, el miedo de verte despojada de todo cuanto posees, las tentaciones extremas, el regreso de ocultas voluntades.

Ahora, sabes ponerle precio a tu boca, mis manos no conocen tu lenguaje, y tus labios, como dientes afilados, devoran mi coraza de animal estepario.

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CODA FINAL

Y así, amar los materiales, la estructura que conforma tu principio y final, componer el volumen de tu imagen perfecta, recorrer tus valles donde honda es la voz, y tu perfil se grave en mis sueños confusos.

Si en ti las horas van absortas, y evoco al tiempo, la lluvia y las estrellas; si por ti el escenario no conoce su vasta dimensión, y la noche y su silencio nos cobijan, reclamaré que el rocío nos envuelva como a dos amantes en su cita más hermosa.

Y así, el movimiento, el ojo recorriendo el aire casi seguro, la música engalanando sus notas aciagas, la luna sorprendida en un insomnio bajo un velo impune.

Si en ti reina el desconcierto, y una fina fisura lacera nuestra boca, concédeme el contemplar la ceremonia si todo está en orden y, sobre la cama, las siluetas cuelguen de los espejos con sus esquinas pulidas.

Serena te ofreces, mientras percibo con certeza el labio disperso, el roce de las horas que vibran bajo el párpado. Si con pudor dominas las crestas, toma las distancias en el borde de mi abismo, pues escarpados son tus muros para poder alcanzarte. 34


A MODO DE DESPEDIDA

Eres el perfume, la rosa codiciada, el escalofrío intenso de tacto minucioso, el susurro inquieto, el cimbrear crujiente del alba cuando viene a sorprendernos, la promesa bajo cúmulos inmensos que trenzan las cadenas y arañan las heridas con un nudo más fuerte.

Eres la promesa esquiva, emblema, talismán, alfanje, sillar, paramento donde construyo mi ámbito en tu jardín de arenas movedizas y el seto recorro hasta alcanzar la blanca vereda de tus muslos, que todo lo acapara y lo circunda.

Eres un cuerpo vencido de enigmático semblante, ebrio en la sutil transparencia de los tules, esfinge en el umbral casi vacío donde pétalos de hoscas superficies cubren tu largo cuello de gacela derrotada.

Eres espía de mis sueños, si la tormenta estalla y el trueno al fin responde con el rigor del guardián del santuario. Nada sacia tu voraz cabellera, aunque la noche rompa el andamiaje de tus labios e, implacable, el tiempo se asome y nos cobije con sus alas extendidas.

Eres tú, así, mujer nunca imaginada, paisaje sin exilio donde transita mi sueño, 35


bĂłveda interior que atesora tus disfraces y el vaho se filtra a travĂŠs de nuestros poros. Nada te niego. AquĂ­ quebrantas mi ardua resistencia y salpicas de temores mis lejanos confines. Te deslizas en un hueco sin fin, mas fue tu boca mi encrucijada.

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INDICE I.

MATERIALES MATERIALES INTERIORES CONTINENTE Y CONTENIDO EL CONSTRUCTOR LECCIÓN DE GEOGRAFIA A CONTRALUZ PANEL DE INTENCIONES ESPUMA O LITORAL EN TORNO A TI

II.

LOS ELEMENTOS EVOCACIÓN EN TORNO A TI LUNA PLACIDA NOCHE DE MANTES LAS HORAS EL NOMBRE DE LAS COSAS EN EL DESEO Tus labios, perfume de albahaca Mi historia está llena

III.

INTROITO Cumplidas las caricias En un denso fluir Qué soñáramos Apura el cáliz Déjame penetrar De tu risa Frente a ti pido tregua Hierática quedas

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IV.

CODA FINAL

A menudo olvidamos Adormecida te quise Con tu mirada hermética Toda vez que fueras el acecho del mar Ausente estás, tan remota CODA FINAL A MODO DE DESPEDIDA.

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PALABRAS EN TU SIMA