“Mis vacaciones” Diseño de Ambientes
Comunicación Efectiva
“Mis vacaciones” Diseño de Ambiente
Diseño de ambientes Instituto Técnico Profesional Duoc UC Docente a cargo: German Santibañez Bagnara Producción: Centro de Simulación Gráfica Duoc UC Dirección de Producción: Andrea Margozzini Jefe de producción: Juan Carlos Fuentes Diseño: Malen Pichipil Pinto Fecha: 07 de Diciembre del año 2021 “Comunicación Efectiva”
Mis vacaciones en Barcelona → Por Patricia Ertigas
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staba a punto de sonar mi alarma, lo sé porque siempre me despierto a las 5:55 am, 5 min antes del despertador, lo cual es extraño porque siempre que suena la pospongo 20 minutos y así dormir más, entonces termino despertando a las 6:20. Muchos me dicen “Sofí, ¿para qué haces eso?, ¿por qué no simplemente pones la alarma a las 6:20?”, pero me gusta hacerlo, siento que disfruto más esos minutos de sueño. Voy directo a la ducha, luego me visto y mientras me maquillo tomo desayuno, hago todo corriendo para no llegar tarde a la universidad. Antes de salir tomo mi mochila, me pongo los audífonos y guardo el celular en mi bolsillo. Me demoro una hora con treinta minutos en llegar a la universidad, por lo cual aprovechó el tiempo de viaje para leer, ver una serie, leer noticias o simplemente estar en redes sociales. Siempre llego justo a la hora de la clase o a veces tarde, hoy tengo clases hasta las 13:00, pero luego me quedo trabajando en la universidad como alumna ayudante hasta las 17:00. Para evitar la hora pick en el metro me voy a la biblioteca hasta las 19:00, ahí estudio o realizo algún trabajo pendien-
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te, por lo cual terminó llegando a las 20:30 a mi casa. Todo es tan rutinario, todos los días lo mismo, a veces solo quiero descansar, amo mi carrera, amo ir a la universidad y amo estar con mis amigas, pero simplemente necesito un descanso. Sentí que el universo escuchó mis deseos, ya que al llegar a mi casa revisé mi correo y quedé seleccionada para realizar un diplomado en Madrid, España. La emoción invadió mi cuerpo y solo grité, le conté a mi familia, amigos y novio, todos estaban muy felices por mí, tal vez no son las vacaciones que muchos desean, pero a mí me encanta estudiar y el diplomado es de dos semanas, de lunes a viernes hasta las 13:00 pm, lo que significa que tendré toda la tarde libre para conocer la ciudad.Pasó una semana y llegó la peor de las noticias, mis papás no podían financiar el viaje, el programa incluía los pasajes, la estadía y las clases, todo lo demás debía financiarlo desde mi bolsillo. Me desanimé mucho, ya que nunca alcanzaría a reunir tanto dinero en un mes, por lo cual debía llamar al programa para cedieran mi cupo a alguien más. Antes de llamar, le fui a comunicar a mi jefe que no haría el diplomado, así que no faltaría esas dos semanas a trabajar, él se impactó y me pregunto porque no iría, así que le conté el problema, él me dijo que tal vez podría ayudarme, ya que su hermano tiene una cafetería en Providencia y podría trabajar ahí los fines de semana. Lo llamó y me consiguió trabajo, volví a sentirme esperanzada de lograr el viaje y le agradecí enormemente. Llegó el gran día, no pude dormir en toda la noche de lo emocionada que estaba, por lo cual me duché, vestí y me maquille, a lo que tocan el timbre y era mi novio para llevarme al aeropuerto, me despedí de mi familia y me fuí. Durante el camino, nos fuimos hablando de lo bien que lo pasaría, lo mucho que aprendería y los hermosos lugares que conocería, al llegar mi novio, bajó mis cosas y nos despedimos, me dijo que me extrañaría mucho a lo que le respondí que yo igual lo extrañaría,
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pero que dos semanas son poco tiempo y además podíamos hablar por videollamada, lo abrace con fuerza y nos despedimos. Al subir al avión me encontré a muchas chicas que iban al mismo lugar que yo, a través de la misma agencia, me tocó sentarme con dos chicas llamadas: Julieta y Daniela, ambas estudiaban diseño al igual que yo y también venían a hacer el mismo diplomado. Durante el trayecto fuimos conversando de la vida, de la universidad y nuestros propósitos del viaje. Nos llevamos muy bien entre las tres, ya que teníamos muchas cosas en común. Encontré extraño que no hubiera ningún hombre en el avión, pensé que debía ser porque generalmente en las carreras de diseño no suelen haber tantos hombres, siempre predominamos las mujeres. Al llegar al aeropuerto de Madrid nos recogieron unos furgones de color blanco, pero no recordaba que la agencia nos diera esa información, yo entendía que debía costear el trayecto desde el aeropuerto a la universidad, pero Daniela y Julieta me dijeron que tal vez la agencia lo planifico de último momento, asique nos subimos, eran 5 furgones donde se llevaron a 30 chicas. Al entrar al furgón el conductor le puso pestillo a las puertas e iba mirando hacia atrás todo el tiempo mientras conversábamos con las chicas, cruce muchas miradas con el que fueron bastante incómodas. En el camino vi la universidad y le dije al conductor que se había pasado del destino, a lo que él respondió que debíamos realizar otra parada antes, todas nos miramos con desconfianza y vimos que el furgón salió de la ciudad. Daniela empezó a desesperarse y a decir que ella quería bajarse y caminar, pero el conductor solo la ignoraba, hasta que todas empezamos a gritar que se detuviera para bajarnos, pero él cerró la ventanilla del furgón por donde nos comunicamos y sólo nos ignoraba, no sabíamos qué le pasa a las puertas, era imposible abrirlas y no se podía ver nada hacia el exterior, estaba oscuro. De repente
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me invadió una sensación de pánico: el terror empezó a nacer desde mi pecho, este ardía y dolía como si mi corazón quisiera salir de mi cuerpo, el miedo se extendió en cada latido como si se esparciera por toda mi sangre, llegó un momento en el que no escuchaba los gritos de las demás chicas, solo escuchaba un pito silencioso y agudo dentro de mi cabeza, intentaba respirar profundo y lento, pero todo mi cuerpo tiritaba y a la vez sentía que se adormecía e instantáneamente de a poco mis ojos sé cerraron. Escuchaba como alguien gritaba ¡Sofí, por favor despierta! y movía mis hombros, al despertar no veía nada, todo estaba oscuro, pero reconocí la voz, era Julieta, le pregunté dónde estábamos y dijo que no sabía mientras lloraba y tiritaba, me di cuenta que las 6 chicas del furgón estaban ahí, ninguna recordaba cómo llegamos ahí sólo recordábamos la pelea con el chofer, algunas gritaba de desesperación, otras lloraban y yo solo guarde silencio, estaba en shock, no escuchaba nada a mi alrededor solo el pito silencioso nuevamente, volvió a doler mi pecho, me venía otra crisis de pánico, hasta que Julieta dijo: Sofi, por favor reacciona, y ahí volví al mundo terrenal y empecé a consolar a las chicas, no sabía qué hacer, no tenía mi celular para pedir ayuda ni ninguna de mis pertenencias. Vimos cómo se abrió una puerta y entró luz a la habitación, se veía la figura de un hombre, una de las chicas intentó huir, pero él la amenazó con un arma, por lo cual ella volvió a sentarse en el piso. El sujeto solo dijo que si cooperábamos, no pasaría nada malo y cerró la puerta con fuerza. Empezamos a conversar sacando hipótesis de donde estábamos y qué era lo que querían de nosotras, la mayoría pensábamos que era un tratado de mujeres, ya que no había ningún hombre en el avión. A lo lejos se escuchaban gritos y golpes fuertes a lo que no podíamos parar de llorar por el miedo que teníamos y nos abrazamos entre las seis con fuerza.
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La puerta se abrió de golpe y lanzaron a una chica sobre nosotras, el hombre dijo ¡si no cooperan les pasará lo mismo! y cerró la puerta de un golpe, todas nos acercamos a la chica y ella no reaccionaba, estaba golpeada, pero estaba viva. La chica despertó con miedo y dijo ¡ustedes no son mis compañeras!, intentamos calmarla y nos dijo que se llamaba Romina y que ella estaba en otra habitación menos oscura que esta, tenía ventana, pero estaba tapada e intentó huir por ahí, por lo cual la golpearon unos sujetos y la trajeron a esta pieza, también nos dijo que venía a madrid a hacer un diplomado al igual que todas nosotras. Sabíamos que no éramos las únicas en el lugar por lo que nos contó Romina, también escuchabamos otras chicas a través de las paredes, se escuchaban gritos y golpes lo cual nos atormentaba, por lo cual sacamos como conclusión que todas las del avión estaban en este lugar, todas veníamos por el mismo diplomado. Ya había pasado una semana o eso creo, lo calcule ya que nos han dado comida siete veces, aunque no hay cómo saberlo, no hay reloj ni luz, solo hay tiempo para pensar, pensaba en mi familia de lo preocupada que debía estar, pensé en mi novio en cuando le dije que dos semanas sin vernos sería muy poco tiempo, pensé en mi perrita y pensé en el futuro que siempre planee, el cual ya no existiría. Con las chicas a veces nos reíamos contando historias, pero luego nos deprimimos porque sabíamos que no viviríamos más historias así, nunca saldríamos de este lugar. Seguían pasando los días, ya no tenía fuerzas para levantarme, ya había anulado el horrible olor de putrefacción, tenía mucha sed todo el tiempo porque el lugar era muy caluroso y ya no me quedaban lágrimas para lamentar y culparme por lo que pasó. Escuchamos gente corriendo por la casa, nos asustamos y nos abrazamos entre las siete, vimos
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cómo se abría la puerta de golpe, era una mujer alta que nos miró horrorizada y dijo ¡tranquilas, ya están a salvo! Esa mujer pertenecía a la policía, nos encontraron, nuestras familias se pudieron comunicar con la policía de España, además los furgones con chicas al interior saliendo del aeropuerto no pasó desapercibido. Nos sacaron del lugar y me dolió ver la luz del sol, no tenía fuerzas para mantenerme en pie, pero jamás me sentí más aliviada en mi vida. Al llegar a la comisaría nos dijeron que el diplomado nunca existió y fuimos secuestradas por unos hombres que nos vendieron alrededor del mundo, estaban esperando a que perdiéramos las fuerzas de luchar, de hecho cada una ya tenía un “dueño” los cuales serían arrestados por ser cómplices. Estuvimos encerradas 30 días en esa habitación, sin tener contacto con nadie, solo entre nosotras 7. También nos dijeron que no estábamos en Madrid, sino que en Barcelona y que nuestras familias habían viajado hace semanas y nos estaban esperando en la sala de espera de la comisaría, pero primero debían hacernos preguntas para poder investigar bien todo, ya que los hombres huyeron antes de que la policía llegara al lugar. Al ver a mis papás solo lloré en sus brazos, por fin me sentía segura de que nada me pasaría y que ya estaba a salvó. Volví a mi vida, podía seguir con mi futuro, pero nunca dejaría de sentir miedo, nunca volvería a confiar en nadie y nunca volvería a ser la misma.
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Mis amigos de vacaciones → Por Boryx Cruz
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e ha despertado el movimiento del auto. Ese movimiento tan familiar para mis recuerdos. Cada año, al llegar a Villarica, hay que pasar por una carretera que está llena de hoyos y papá siempre dice lo mismo – ¡a ver cuándo arreglan esto de una vez por todas, estos hoyos son unos rompe ruedas! – Y así, con la frase del verano, comienzan nuestras vacaciones. Me encanta ir al sur y el mejor momento es cuando abrimos la ventanilla del coche y percibimos el olor del sur de Chile y el sonido de las aves revoloteando por el campo. Por fin, papá encuentra un sitio para estacionar el auto y todos nos bajamos inflexible por el largo viaje. Al estirarnos, suena algún hueso que se había quedado encajado entre el cinturón de seguridad y el neceser de mamá. - Vamos chicos – dice papá, organizando a la tropa. – Cada uno a cargar con su bolsa. Y así, cargados hasta las cejas, llegamos a la cabaña. Todos dejamos las maletas en nuestra habitación, mis hermanos y yo
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nos dirigimos a la terraza desde la que se puede ver la piscina. Lo más importante de las vacaciones es saber si continúan los mismos amigos del año pasado. Sobre todo, para mí, porque me cuesta mucho hacer nuevos amigos. Incluso, me cuesta acercarme, cada verano, al grupo de amigos que ya conozco de otros años. Mis hermanos, sin embargo, son los reyes de la fiesta; a ellos les vienen a buscar y todos se ponen súper contentos al verlos llegar. Yo suelo pasar bastante desapercibido, pero no me importa; así soy yo, tranquilo, no soy un líder, soy uno más del grupo. Y es lo que me gusta, no quiero destacar, porque me da vergüenza ser el centro de atención. Cada uno tiene sus habilidades y, como dice mi madre- tú no eres líder cariño, tú eres sereno, sosegado y serás muchas cosas en un futuro, porque en la vida no todos podemos ser líderes y no pasa nada. Además muchos de tus amigos que hoy son los más populares, en un futuro serán gente sencilla. La vida da muchas vueltas tesoro-. Me encanta escuchar a mi madre, porque se parece mucho a mí y me da mucha seguridad y tranquilidad. Por fin, a lo lejos, veo a mi grupo de amigos, las sensaciones de felicidad, ansiedad y ganas de ir a saludarlos revolotean por mi estomago – Mamá, ¿puedo ponerme el bañador y bajar a la piscina? - Mientras pido permiso a mi madre, mis hermanos ya se han cambiado y están saliendo por la puerta. Mi madre se acerca y me saca la ropa para que me pueda cambiar. Yo soy el pequeño de tres hermanos de 12, 10 y 8 años. Y aunque todo el mundo dice que los pequeños son los más atrevidos, en mi caso es totalmente distinto. Me visto y me armo de valor para bajar a la piscina a reencontrarme con mis amigos, el nerviosismo de que no me reconozcan o no me hablen se hace cada vez más fuerte. Al llegar, todos están en la piscina jugando
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a Marco Polo. ¡Uf!, ¿y ahora qué hago, me meto en la piscina o me quedo esperándolos en las reposeras? Me voy a quedar esperando, a ver si se dan cuenta de que estoy aquí y me dicen algo. Al final, Martin, el líder, se da cuenta de mi presencia y me saluda a lo lejos. Yo le respondo tímidamente con otro saludo y me acerco al borde de la piscina. “¿Qué pasa Carlos? ¿llegaste ahora?” Yo llegué ayer, le contestó. “¿Te bañas con nosotros?” Como Martin me ha saludado, todos se acercan en manada, es como si él hubiera abierto la ocasión para poder acercarse a mí e incluirme en el grupo. Así son las cosas, es el líder el que manda en los actos de los demás. Las sensaciones que corrían por todo mi cuerpo se calmaron, poco a poco. Y allá voy, me meto en la piscina, bastante satisfecho porque parece que Martin me presta una atención especial. ¿Será por mi o porque quiere acercarse a mis hermanos? Da igual, lo cierto es que me siento súper bien. ¡Estoy de vacaciones y me encanta!, Al llegar la tarde nos vamos todos a los campos de fútbol. Allí se organizan siempre varios campeonatos y como ya me olía yo, Martin me pide que le presente a mis hermanos para poder jugar con ellos. Bueno, pues así lo hago y nos dejan entrar en su grupo. Lo cierto es que mis hermanos siempre se preocupan por mí, así que tenía claro que no me iban a dejar de lado. Termina la tarde sin incidentes y con un poco más de ego, porque he marcado dos golazos que me han hecho sentir súper bien. Este año he practicado mucho y la verdad es que he mejorado bastante. Tengo la sensación de que mi grupo de amigos me tiene en más alta estima y comienzo a sentir que se me tiene en cuenta. Aunque normalmente procuro pasar desapercibido, me gusta esta sensación de que todos te hacen caso, aunque me sigue dando mucha vergüenza.
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Cuando llego a casa le cuento a mi madre la experiencia y la mezcla de sensaciones que he tenido, ella como siempre, me escucha y me sonríe. ¡Hoy ha sido un gran día! Aunque sé que cuando llegue al cole seguiré siendo el mismo niño tímido de siempre, uno más del grupo, hoy he podido sentir lo mismo que sienten mis compañeros populares del cole. Está bien, no se pasa tanta vergüenza como yo creía y, sobre todo, está bien sentirse diferente porque, al fin y al cabo, las vacaciones son para descansar de todo, del colegio, de los estudios y de aquello a lo que estamos acostumbrados. Bueno, pues así han comenzado mis vacaciones y no tengo ni idea de cómo van a terminar, pero tengo buenas sensaciones. Sigo siendo tímido, sosegado y tranquilo, pero esto no significa que no pueda aceptar un poco de atención especial de mis amigos de vacaciones. Ya veremos qué pasa al volver al cole, pero ahora me siento bien, me siento distinto y eso me gusta.
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Viaje Astral → Por Javiera Gallardo
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n unas de mis vacaciones familiares nos dirigimos al sur, para ser más específica fuimos a Licanray, un pueblo con unos hermosos paisajes verdes y un enorme lago. Un día que estábamos en el lago nos dimos cuenta que al final del camino había una zona cerrada, era un tipo de cerro que fue habitado por los mapuche, la gente comentaba que era un lugar mágico y que el camino se habría a quien el cerro elegía y los que tenían esa suerte verían aguas cristalinas que en ningún otro lado podía encontrar. Con mi hermano y un amigo decidimos ir a conocer el cerro, con nuestra poca organización solo llevamos una botella de agua y los celulares. Ese día era el más caluroso del año y nosotros teníamos que caminar hasta el cerro con una sola botella de agua, fue la caminata más larga de la vida, no corría ni una brisa. cuando logramos llegar al cerro el clima ahí estaba perfecto ya que estaba lleno de enormes árboles que nos daban sombra y no permita que el sol pegara tan fuerte, seguimos el recorrido y lo único que veíamos eran árboles y más árboles, mi hermano ya algo aburrido dio la idea de sentarnos a descansar un rato, así que nos salimos del recorrido y llegamos a un lugar donde habían unas grandes rocas con dibujos extraños, nosotros con la ayuda de internet nos pusimos a descifrar el mensaje que contenía, estábamos tan concentrados en eso que no nos dimos cuenta de la
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llegada de una anciana, ella nos dijo que el mensaje estaba escrito en mapudungun y que decía que la naturaleza nos abrirá el paso, ella muy amable nos dijo que esa era la forma de ver los hermosos pasajes que tanto estábamos buscado, luego nos dio la rama de una plata que tenia unas frutas muy pequeñitas como unas uvas, nos dijo que comiéramos una cada uno y que sintiéramos como el camino se abrirá, nosotras sin pensarlo comimos de las pequeñas frutas, y como por arte de magia la señora desapareció, nosotros muy extrañados y algo asustados nos largamos de ese lugar, para seguir el camino por el sendero, lo cual no fue posible ya que ese camino fue cortado por las ramas de los árboles, las mismas que a nuestro paso se fueron abriendo hasta darnos un nuevo sendero, ahí fue cuando las cosas empezaron a sentirse diferentes, las plantas y los árboles bailaban y el piso se sentía como una gran nube y el camino se agranda mas y mas, los colores de las flores eran brillantes y las rocas se sentían muy suaves, en ese momento la conexión con la naturaleza se sentía de otro nivel y todo el cansancio que sentíamos se volvió en felicidad. Caminábamos sin sentido apreciando toda la naturaleza, muertos de las risa, hasta que de repente y sin darnos cuenta estábamos las aguas cristalinas se dejaron ver, era como una playa, pero con el agua más clara que jamás habíamos visto, un lugar lleno de naturaleza que transmitía una sensación de paz y libertad que en mi vida había sentido y al momento de meternos en el lago el agua tenía una temperatura ideal, era como una gran tina, con sus aguas tranquilas en donde podías nadar sin miedo, sentías que las horas no pasaban y que el mundo por unos minutos se detuvo. Estuvimos ahí toda la tarde, sin sentir hambre ni calor, hasta cuando solo el teléfono, ese sonido nos devolvió a los senderos en un abrir y cerrar de ojos, las plantas ya no brillaban ni bailaban y esa felicidad que nos invadía el
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cuerpo se apagó, fue como si el cerro nos hubiera echado por no estar en completa conexión con el. Cuando salimos le contamos a todo el mundo lo que vimos y vivimos, poca gente nos creían, nos dijeron que eso solo era un mito, que toda la gente que va solo ve más de los mismo, árboles y más árboles, esas eran las únicas fotos que ibas a encontrar en el cerro, ahí fue cuando entendimos que el cerro busca desconectar a la gente y la que en realidad logra hacerlo era premiado.
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El niñoo que quería Volar → Por Javiera Gonzales
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sta es la historia de Hermes, un niño que conocí a mis 15 años. Una persona enamorada de la literatura, la música y el arte, quien tenía el objetivo de dejar una marca en el mundo para que lo recordasen. Siempre fue alguien muy observador y curioso, regularmente tenía preguntas bastante existenciales respecto a la vida y la sociedad, pues era quien buscaba que llegásemos a la absoluta libertad. Desde niño su mente no comprendía el por qué de la pobreza, del racismo, ni de las guerras, entre otras cosas y, ya inclusive hasta más grande, seguía sin comprenderlo del todo, pero a la vez comprendía mucho. Le gustaba expresarse a través de la música que escribía mirando a las nubes, por lo que escribía poéticas letras sobre quienes lo inspiraban y sobre lo que él buscaba en el mundo. Tristemente, mientras más crecía más se decepcionó de como iba la sociedad, y quería escapar como un pájaro. Ese animal era su favorito, el pájaro, un ser completamente libre que podía volar donde quisiera y cuando quisiera entre las nubes, del cual existían variadas especies y todas bellas a su manera. Las personas, a diferencia de los pájaros, viven en rutinas, además cada quien está por su lado y trabajan en cosas que no
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los hacen feliz ¿Por qué trabajarías en algo que no te hace feliz? - Él no lo comprende. Cansado de intentar adaptarse comenzó a forjar su propio camino con el cual se identificase y a armar sus propias alas a través de la música y sus escritos. Con lo que no contaba era que quien fuera a cazarlo, era la misma persona quien le dio la vida, pues esta confundía su sabiduría con locura. Cortaron tan a ras sus alitas que terminó cayendo por un largo agujero oscuro, seco y solitario, al mismo tiempo que sentía toda su alma fragmentarse en miles de pedazos pequeños, luego de sentir que había llegado a lo más hondo de este agujero, miraba hacia atrás y ni siquiera veía salida y no quería intentar encontrar la luz tampoco. Pasaban días, semanas y hasta meses en los cuales rara vez buscaba una salida, pero nunca encontró la suficiente fuerza para encontrarla. Un día recordó como se acaba con el sufrimiento de los fieles, sufrimiento en los que no ven solución y pues terminan con él, el sacrificarlo era la única salida. Así hizo, pero consigo mismo, se sacrificó para poder al fin ser un alma libre y poder volar a través de las nubes como siempre deseo. Lo más probable es que piense que se fue sin dejar la marca que siempre quiso, pero como yo lo veo, no se va quien no se olvida, y conquistó miles de corazones, quienes lo conocieron hablarán de él y mostrarán sus canciones a diferentes generaciones, dejando un legado permanente en la tierra, mientras él está entre las nubes imaginando su mundo perfecto sin límites de tiempo. Lo recuerdo con los ojos cristalinos pero el corazón lleno de todo lo que me enseñó, lo llevo clavado a mi como un cuadro en el museo y, espero sinceramente, que desde donde nos vea su corazón grite rebeldía sin miedo a ser apuñalado cada día.
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Mis vacacioones en Laguna Verde → Por Valentina Ignacia López Barra
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n día, para vacaciones de invierno decidimos irnos a la casa de verano de mi primo en Laguna Verde, por el fin de semana de mi cumpleaños, con amigos, éramos bastantes personas, por lo que decidimos irnos en dos autos, partimos en mi casa bien cargados con mercadería, alcohol y por supuesto personas. Salimos de Santiago tipo ocho y media de la tarde y estábamos llegando allá a eso de las diez de la noche, lo que no sabíamos es lo que nos esperaba unas cuadras antes de llegar a la cabaña. El camino hacia esta casa de veraneo es prácticamente tierra, y en invierno se crean fangos de barro en los caminos vehiculares, menciono esto porque dos o tres cuadras antes de llegar al destino nos enfrentamos directamente con una poza enorme frente al auto de mi novio, en ese momento nos miramos entre todos y dijimos “de más pasamos, no se ve tan profunda” y contamos hasta tres, en ese momento mi novio aceleró el vehículo a fondo y quedamos obviamente atrapados con las dos ruedas delanteras en el barro, no sabíamos qué hacer, nos mirábamos entre todos preocupados y un amigo decidió salir a intentar sacar el automóvil empujándolo hacia atrás, todos salimos pero no sin antes intentar comunicar-
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me con mi hermano que iba en el otro vehículo, el cual ya había llegado a la cabaña, en ese momento salimos sin zapatillas ni calcetines, y arremangándonos los pantalones para no mojarnos, a intentar arreglar el embrollo en el que nos metimos. En eso llegó el otro auto donde venía mi primo y hermano a bordo, a ver qué nos sucedió, en ese momento comenzamos a discutir mi primo y yo, ya que nos culpaba de lo sucedido, en parte sí era nuestra culpa pero pienso que nadie quiere quedar atorado en un fango de barro a propósito. Estuvimos por lo menos treinta a cuarenta minutos sumergidos en el barro, hasta que vimos pasar un camión en la esquina de esa calle, comenzamos a gritar y a correr en su dirección pidiendo ayuda, cuando nos logró escuchar le contamos lo sucedido y nos dijo que iría por una zoga para poder tirar al auto con su camión, esperamos unos diez minutos más y lo divisamos en la esquina de la calle gracias a los focos de luz, en ese momento se bajó, ató la cuerda de un extremo al auto y el otro al camión y comenzó a acelerar en sentido contrario, lo logró, logró sacarnos del fango enorme y horrible al que nos habíamos metido, le dimos las gracias al conductor del camión y emprendimos viaje nuevamente a la humilde morada de veraneo mojados y embarrados desde prácticamente las rodillas hasta los pies, esa noche decidimos festejar lo suficiente para olvidar lo sucedido, y lo que puedo decir es que fue la mejor y, a la vez, peor noche de mi vida. En general el fin de semana se resume en tres días de fiesta, playa, amigos y diversión.
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Finalmente fue el momento de partir, el día que mis amigos, mi novio y yo teníamos que volver a Santiago, ese Santiago sin mar, sin costa, sin brisa marina, ese Santiago aburrido pero acogedor, ese Santiago que se hace llamar nuestro hogar, en ese momento tuvimos que ordenar nuestras cosas, preparar nuestras alarmas para llegar en buen horario a la capital, ya que el viaje en carretera probablemente tendría alto tráfico. En el viaje sucedió todo bien, llegamos a Las Condes donde está el hogar de mi novio, saludando a su familia y entregando los regalos que logramos comprar en el viaje. Lo que destaco de este viaje es que por más que pasamos un mal rato, estuve con mis amigos, familia y novio, disfrutamos ese fin de semana a más no poder y tuvimos unas muy buenas vacaciones de invierno en ese frío y enlodado agosto.
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Las aventuras de Silverdad → Por Gabriel Marín
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s un miércoles por la mañana; son las 5:45 y suenan las alarmas.Se escucha un pitido agudo que llama a los marineros a despertar y preparar la embarcación.Hace frío y está garuando; el viento corre de estribor a babor haciendo sonar las cuerdas que golpetean el mástil con fuerza. Se huele subiendo desde la cocina, un olor suave a pan recién calentado y café; para partir bien el día hay que alimentarse dice el cocinero a bordo. Así comienza una mañana cualquiera en el Sombrazul un bote construido de madera de unos 80 pies de largo y 2 mástiles para una tripulación de 20 marineros, encargados de llevar especias alrededor del mundo. No es una barcaza muy elegante, pero ha cumplido su función por varios años; aunque parezca ya más desteñido por las aguas saladas. Ha pasado por muchas aventuras gracias a su capitán Silverdad, un hombre de 53 años curtido en experiencias, ex oficial de la marina, retirado después de haber ganado algunas batallas en su juventud y conmemorado con varias medallas por su astucia y valentía. El capitán es una persona amable, pero
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muy seria después de ver los horrores de la guerra. decidió retirarse para ser comerciante marítimo, transformando su buque de batalla en un eficiente bote comerciante, pudiendo llevar varios kilos de comida, especias, metales preciosos al nuevo continente. Esto ha permitido al capitán recorrer cada rincón del mundo. A esto de las 6:30 nos preparamos para zarpar. El viento mueve las cuerdas y los ropajes, no está lloviendo, pero la espesa niebla cala dentro de la ropa dando una sensación de humedad constante que en conjunto con las vividas rafagas, parecen suaves cariños de Shiva, la diosa del frío. La operación para zarpar es maravillosa, se trata de un intercambio de situaciones que tienen que coordinarse a la perfección: soltar la barca de las amarras y adujar los cordeles para que no se enreden. Luego el timonel junto a el capitán tienen que dar la orden de izar las velas, para que de apoco la embarcación empiece a moverse por su cuenta. Tras varios minutos de haber zarpado la tripulación reduce los últimos cabos y aduja los últimos cordeles, mientras otros ajustan la posición de las velas para que estas se inflen y empapen de aventura. El vaivén del bote es constante; la nave cruje mientras corta las aguas que de a poco se van calmando y la garuga permite ver cómo los primeros rayos que destellan en el cielo, calmando las aguas y tranquilizan las inquietas nubes. Al cabo de unas horas, el día se había despejado, el fuerte sol deslumbraba los altos mástiles que bailaban al son del viento y de las olas, mientras los cordeles sueltos y amarras se movían de un lado para otro, creando formas y figuras en la superficie del casco dando un ambiente alegre y calmó a la tripulación que trabajaba sin cesar. Se notaba un aire de tranquilidad.Un recorrido normal, como de costumbre sin embargo el capitán estaba serio como una lápida, sospe-
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chaba que algo se acercaba. todo parecía estar demasiado tranquilo para ser verdad. Por lo que el el astuto capitán mandó a que antes del mediodía estuviera todo asegurado y listo en caso de problemas. Preparó turnos de guardia por si alguna barcaza se acercaba y mandó a hacer un inventario de los productos que llevaban, tanto de las provisiones como lo para comerciar. Pasado medio día el cocinero preparó un burgu con hidromiel y longanizas para la tripulación del barco que se movía sin cesar, capeando olas, acompañado del exquisito olor a comida y la risa de los hombres que comían hambrientos. De pronto suena la alarma ;un buque se ve al horisonte con una bandera roja con negro. Se acercaba desafiantemente al Sombrazul. Por suerte todo el trabajo estaba ya listo y había muchos hombres disponibles para poder defender y preparar la embarcación para un posible ataque. La embarcación había sido una nave de guerra en sus años pasados, así es que estaba súper acorazada para este tipo de situaciones. Veinte minutos después de que el contrincante fue avistado notan es un barcaza mas rapida y su bandera flamea sangre y botín. Los marineros se preparan para la batalla: cargan sus mosquetes y se equipan con brihandinas. Mientras todos se preparan se escucha la orden del capitán de prepararse por babor. El barco no tiene tantos cañones, pero serán suficientes para poder hacerle frente a este desafortunado evento. Se nota que el pirata es más rápido que el Sombrazul. Este da un disparo de fuego de alerta para que nos detuvieramos; aviso que es ignorado por completo. En esto el capitán da una orden muy particular: que suelten harina con pólvora en la proa del barco. Todos nos preocupamos por esta extraña. se cumple con inseguridad, sin saber que esto crearía una gran cortina de humo ante el barco pirata que se avecinaba por la popa. Mientras el
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enemigo está despistado Silverdad da una nueva orden: de virar 360 grados a estribor, para pasar justo por el lado que todos habíamos preparado los cañones. Se escucha un disparo haciendo estallar la nube de harina y pólvora por los aires dejando al barco pirata que estaba en el interior completamente flameando en llamas de desesperación. Antes que se puedan reincorporar los piratas, se escucha una seria orden de fuego, a los que todos activan las mechas de mosquetes y cañones, destruyendo gran parte del casco y mástiles enemigos. Tras de la primera carga, el barco enemigo apenas en pie intenta devolver fuego, pero ya era demasiado tarde el Sombrazul ya había traspasado la línea de fuego enemiga y estaba a popa de su adversario. Listo para una segunda carga a lo que se escucha fuego por parte de nuestro capitán, quien sin inmutarse le destruye la popa al barco enemigo, que cubierto de fuego y sin poder avanzar,se hunde lentamente en las oscuras aguas del océano. Habiendo pasado un rato tras el destrozo de los piratas,el capitán pide que rescatemos a los sobrevivientes, los encarcelamos y los alimentamos, ya que, a pesar de todo, igual son personas intentando sobrevivir en este mundo.
Días después de aquel enfrentamiento, llegamos a puerto y bajamos las mercancías. que nos habían pedido. A pesar de todo el evento, no perdimos a ni un solo hombre. Las provisiones estaban en perfecto estado, a excepción de unos cuantos kilos de harina y pólvora... y ya ansío volver a zarpar con el capitán Silverdad y su nave Sombrazul.
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Vacaciones en el paraísoo → Por Camila Martínez
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odo parte un día martes, de verano, de mucho calor, un calor agobiante y desalentador. Marina se encontraba descansando, recostada en el sofá del living junto a Matilde, su madre que yacía en el otro sofá mirando la televisión y haciendo zapping, buscando el canal de discovery h&h, que era su favorito. Marina no hallaba la manera de decirle a su madre que tenía ganas de ir a la playa de vacaciones, debido, a que presentía que la respuesta de ella sería un no. Sin embargo, lo pensó y dijo “¿Qué podría salir mal?” Entonces surgió la pregunta y le dijo “mamá, qué opinas de irnos unos días de vacaciones a Viña del Mar....” a lo que ella le respondió que era buena idea, ya que estaba cansada y aburrida de los días rutinarios de verano. Pasaba, enero y febrero recostada en el sofá, capeando el calor con el viento que emanaba del ventilador, escuchando por las tardes las risas y gritos de los niños jugando en el pasaje, las noches desveladas por el calor, sin ganas de nada. Fue en ese momento, en que la decisión de viajar ya era un hecho. Empezaron a organizarse y planear el esperado día. Sacaron las maletas, hicieron una lista de compras y lo más importante, buscaron el arriendo para alojarse. Por otro lado, para la madre
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de Marina, el viaje sería completo, si lo pasaba junto a su hermana favorita, Iris. Como dice el dicho como uña y mugre así eran ellas, se acompañaban a todos lados y lo pasaban muy bien juntas, así que sin dudarlo le marca a Iris comentándole el panorama que se avecinaba, a lo que ella sin dudarlo, asiente. Todo iba viento en popa, saliendo como se esperaba, hasta que llegó el día, la noche anterior, Marina de ansiosa, se había desvelado, por lo que le costó despertarse, entonces ahí veía a su madre, con ánimos de que el día era hoy, con la música a todo volumen y una energía inigualable. Una vez alistado todo, partieron en busca de Iris, para comenzar la aventura del camino al paraíso, cantando felices en el auto iban las tres, junto al cocaví que había preparado Matilde. Llegando al edificio que las hospedaría se encontraron con la mala noticia, de que el lugar ya estaba ocupado por otras personas, Matilde, impresionada, no entendía qué pasaba, Marina no comprendía porqué, el motivo de semejante barbaridad, ya que habían reservado el lugar mediante una página de internet de suma confianza, o al menos, eso creía. Como Marina se entendía mejor con la tecnología, debía contactarse con los responsables, a lo que no encontraba respuesta, preocupadas sin saber qué hacer, y a qué recurrir, dado que no conocían a nadie que pudiera ayudarlas, Iris fue hacia la consejería para comentar la situación y de alguna manera averiguar el contacto de la persona que les había arrendado. El conserje no podía entregar dicha información por lo que les terminó dando algunos datos de arriendo dentro del mismo edificio. Mientras tanto Marina por fin se había podido contactar con la página de arriendos y como respuesta le reembolsará el total, dentro de dos días. Lamentablemente fue una situación que las desanimó bastante, no contaban con tal decepción, no obstante, Iris continuaba con la idea de poder arrendar otro
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departamento del edificio, y es en ese momento, que el conserje les confirmaba que podrían quedarse en un departamento y que el dueño llegaría a darles la bienvenida. Nuevamente la felicidad volvió a renacer en ellas, a pesar de haber pasado un mal rato, los días estaban comenzando y les quedaban muchos días para disfrutar, su estadía en Viña del Mar, así que, desempacar sus maletas y acomodarse en el nuevo departamento, sus caras no podían ocultar la alegría que sentían y el alivio de poder, por fin, estar descansando, luego de tener todo en orden, sacaron sus trajes de baños, toallas y quitasol y partieron hacia su objetivo, la anhelada playa.
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LUna Bella → Por Lyssa Menezes
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abía una vez, una ciudad llamada Luna Bella, ciudad muy conocida por su cultura, paisajes y personas alegres. En Luna Bella vivía Pauli y su familia, Pauli, era una niña de 12 años, la cual, tenía muchas amigas y amigos, sus lugares favoritos en la ciudad y además, su perrita Lila. Pauli era muy extrovertida, alegre y tenía muy buen sentido del humor, algo que siempre destacaban en ella, era su positividad y manera de subir el ánimo a las personas que ella más quería. Un día el papá de Pauli, se quedó sin trabajo, y como dice el dicho: “Sin trabajo no se obtiene descanso, como sin lucha no se obtiene victoria”. Fue un momento bien complejo de muchas emociones en su familia, la mamá tratando de dar el máximo de apoyo que podía y por otro lado, Pauli tratando de ayudar a su papá buscando otros trabajos. Pasaron una semana y nada de trabajo; dos semanas, tampoco; un mes, lo mismo. Hasta que después de tanto tiempo de búsqueda encontraron un trabajo para el Papá, el único obstáculo era que tendrían que cambiarse de Luna Bella, que era la ciudad que desde que nació, estaba Pauli. Pauli tenía una mezcla de sentimientos, entre felicidad que su papá, haya encontrado trabajo, pero por otro lado, un vacío porque tendría que abrir mano de todos sus amigos, y aunque podía viajar de visita, la ciudad que contrataron al Papá era bien lejos.
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Se iba acercando la fecha de mudanzas, iba el proceso de empaque, venta de garaje, la felicidad de Pauli y positivismo se veían afectados cada vez más. Los papás se empezaron a preocupar, pero eran cosas que había que hacer, porque el papá necesitaba ese trabajo. Pauli estaba muy triste y lloraba todas las noches con el miedo de: ¿Tendré amigos nuevamente? ¿Les caeré bien? ¿Será fácil volver a ser yo en una ciudad desconocida? El miedo la consumía de a poco, hasta que llegó el día de la mudanza. Llegaron a la ciudad, se instalaron, Pauli fue a otro colegio y tuve que empezar el proceso de nuevo. Con el pasar del tiempo Pauli fue con las mejores notas, con amigas que marcaron su vida, con su perrita Lila y hasta se consiguió un novio. Pauli ya iba a entrar a la universidad en cuanto percibió que todo es pasajero y en la vida todas las cosas pasan por algo y era necesario dejar a Luna Bella para adaptarse a otros lugares y conocer a gente nueva que ha marcado su vida, en la vida habrán miedos y desesperaciones pero uno nunca se sabe lo que pasará a futuro, al final es como la frase: “Detrás de toda tormenta, hay un arco-iris”. Pauli, su familia y Lila vivieron felices para siempre.
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Mis vacaciones del 2020 → Por Ana Moora
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l fin de ese año fue el comienzo de este, lleno de alegría, renovación y crecimiento personal. Me fui, muy lejos de la cotidianidad, algo para mí como otro mundo. Partiendo en enero, a las playas del caribe. Allí respiré otro arie, otra energía que, a pesar de la pandemia y sus complicaciones para viajar dentro de ella, no me impidieron llegar a mi destino. Mi viaje derivó en Cuba, la ciudad en que nací, además de lo lindo de su clima y naturaleza, reviví recuerdos de mi infancia, en donde fui la tan feliz. La primera parada fue en la casa de mi pareja, en donde llegamos a instalarnos por todo el mes de vacaciones. Mientras mi novio saludaba a su madre después de un año sin verla, yo me dediqué a deshacer las maletas, pero, de pronto, escuché una voz que me hablaba, y era nada más y nada menos que un duende que brillaba, sentado en la cama. ¡Me asusté!, y empecé a gritar. Al instante el duende voló y se posó en mi boca para hacerme callar. Él sabía que asustaría a la familia si me escuchaban y no podría explicar la razón pues no me creerían, solo yo podía verlo. Luego de que me calmé, me quedé paralizada unos minutos viéndolo con extrañez, mientras el me saludó con normali-
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dad. Se presentó y me explicó porque había llegado a mí, su respuesta simplemente fue: “Llegué por el retrete, huyendo de mi mundo buscando diversión y te encontré a ti, buscando lo mismo que yo, solo por eso puedes verme. Te acompañare durante tus aventuras, si me lo permites, y así conocer el mundo de los humanos que desde niño tanto escuché”. Yo, asombrada, solo lo escuchaba y luego de un rato reaccioné, pensé que estaba loca, pero me relajé y me pareció tan chistoso que le seguí el juego y lo dejé que me acompañara a todos lados. Ya era de noche, así que nos acostamos temprano para partir la travesía en la mañana. Emocionados comenzamos a hacer cosas con mi pareja y su familia. Fuimos a recorrer toda la Capital, cenamos en muchos restaurantes las comidas típicas, tomamos helado, fuimos a bares y discos, entre esto el protocolo COVID siempre se respetaba mucho. Después de varios días visitando distintos lugares decidimos que ya era hora de irnos a la playa. Reservamos estancia en un hotel por cuatro días con toda la familia y amigos. A todo esto, el duende estaba muy feliz pues había conocido muchas cosas interesantes que en su mundo no existían. Yo me escondía en los baños para comunicarme con él y que nadie se diera cuenta. Estaba muy emocionado con la playa pues nunca había visto una y al llegar al hotel fue volando muy rápido a la orilla del mar. Me contó que el olor del mar era ahora su preferido y que continuaría escapando de su mundo con tal de disfrutarlo nuevamente. Comimos mucho y nos bañamos en la piscina y en la playa, bailamos e hicimos nuevos amigos de otros países como Argentina y México. El duende reía mucho al escucharlos hablar pues, aunque no entendía mucho, los acentos le parecían divertidos y curiosos. Al finalizar la estancia nos devolvimos a la casa ya que faltaban pocas horas para nuestro vuelo de vuelta y teníamos que hacer
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las maletas. Nos despedimos de la familia y yo además del duende, me agradeció por tan bonita aventura y antes de marchar me dijo la frase que usaban en su mundo: “Hasta que nos volvamos a encontrar” y de un brinco se fue por el retrete. Sin dudas sé que este viaje fue el mejor de mi vida porque a parte de divertido fue mágico e increíble. Me demostró que no importa que tan mal año hayas tenido, siempre las cosas pueden mejorar y cuando te esfuerzas la vida te recompensa de la forma más inesperada. La clave está en no rendirse porque siempre sale el Sol después de la tormenta.
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Mis vacaciones en el verano pasado → Por Aranza Mundaca
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is vacaciones en el verano pasado no fueron igual a ninguna otra, con mi familia decidimos ir a pasar nuestras vacaciones a la costa, como familia no acostumbramos a salir mucho para estas fechas, pero este verano fue diferente. Decidimos ir a la costa porque deseábamos cambiar de ambiente, y la costa tiene ese aire de paz, tranquilidad, y diversión que hace que no quieras que acabe el verano. Decidimos quedarnos en una cabaña cerca del mar, era grande y hermosa, tenía una fachada de madera blanca y la puerta tenía un color verde oscuro, también tenía un jardín muy bonito lleno de flores y árboles muy hermosos. Llegamos a la casa y nos acomodamos en ella. Tenía cinco dormitorios, así que decidir dónde dormir no fue muy difícil, yo escogí un dormitorio que quedaba por la parte de atrás de la casa que daba hacía en patio trasero, me gusto porque tenía una gran ventana blanca en donde por las tardes, entraba la luz del sol, además la vista daba hacia un cobertizo que entre los
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árboles se podía ver el mar. Durante la primera noche tuve un sueño muy extraño, soñé con una mujer que vivía en la casa en donde estábamos, vagamente recuerdo también un hermoso caballo blanco muy alto y refinado, no recuerdo mucho del sueño, pero me dejó una sensación muy extraña en el cuerpo, como de preocupación. Durante el día esa sensación desapareció, no le tome mucha importancia al suceso. Disfrutamos un lindo día soleado a la orilla del mar junto a mi familia, dimos un paseo por la playa y después fuimos a un restaurante en donde disfrutamos de un rico almuerzo, yo ordené mi plato favorito, “fetuccini con salsa Alfredo y jugo de frambuesa”. Al llegar por la tarde a la casa entre al dormitorio, la ventana estaba abierta y entraba un aire tibio, al mirar por la ventana vi caminar al lado del cobertizo un caballo blanco con dirección a los árboles, frote mis ojos porque pensé que era mi imaginación, a lo mejor lo confundí con las largas cortinas blancas que colgaban de la ventana, no me quise quedar con la duda, así que decidí salir por la puerta que daba hacia el patio, corrí hacia los árboles llegando al cobertizo, pero no había nada, me sentí algo desilusionada. - ¿Había sido mi imaginación? -, ¿tenía que ver con el sueño que había tenido? No lo sabía, estaba muy confundida, pero de pronto otra interrogante invadió mi mente, ¿Por qué después de tanto tiempo viendo el cobertizo por la ventana del dormitorio no me dirigí a él? Inmediatamente decidida me dirigí a él, tenía un aire un poco escalofriante, pero a la vez acogedor, se veía viejo y con las tejas gastadas y la pintura en la madera descascarada por la brisa marina. Intenté abrir la puerta, pero estaba un poco atascada, se notaba que no había sido abierta en mucho tiempo, empuje con
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más fuerza hasta que pude abrirla, cuando entré a este pequeño lugar vi muchos muebles, estaban llenos de polvo y eran muy antiguos. Había un escritorio con muchos papeles, un sillón pequeño, una alfombra muy gastada y un mueble en donde había muchas herraduras y colgado en la pared, había una silla de montar. Todo me parecía muy extraño y decidí evadir el tema. Al anochecer, me preparé para ir a dormir y decidí cerrar la ventana y las cortinas, de esa forma no iba a poder ver al cobertizo, después de eso simplemente me fui a dormir con la esperanza de olvidar el tema, pero estaba muy equivocada... volví a tener un sueño, más bien una pesadilla, en el sueño me veía a mí misma con una ropa antigua intentando esconderme, era de noche y llovía mucho, tenía mucho miedo y corrí hacia el cobertizo para esconderme, en él había un gran closet con un espejo en el medio, entre en él y me escondí, me quedé en completo silencio al punto de escuchar mi propio latido, de pronto escuchó la puerta abrirse de golpe, la puerta quedó entreabierta y pude ver a un hombre parado en ella, traía en su mano una herradura, se veía muy enojado. Intenté llegar al fondo del clóset cuando en el descuido y la desesperación la madera cruje, escuché los pasos fuertes con dirección a mi escondite y desperté. Desperté temblorosa y sudando, mi mamá fue a verme al dormitorio y le conté lo que estaba pasando, me dijo que en la tarde fuéramos a dar una vuelta para distraernos. Durante la mañana desayunamos y nos fuimos a la playa, con el mar, la brisa y la arena pude relajarme tanto como necesitaba, era un día caluroso y mi mamá propuso tomar unos helados, yo me ofrecí a ir por ellos a unas tiendas que estaban frente a la playa, al entrar a la heladería había una mujer muy amable, conversamos un rato y él la conversación me preguntó dónde
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nos estábamos hospedando, le comente que era en la casa blanca, con puertas verdes que estaba frente al mar, su sonrisa se fue apagando poco a poco, le pregunté qué había pasado y me contó que había un rumor sobre esa casa. Hace muchos años había una pareja que vivía en esa casa, él trabajaba en una minera de la época y ella tenía una tienda de flores, pero su pasión eran los caballos, un día un hombre de la zona le regaló un hermoso caballo blanco, la mujer dedicó todo su tiempo para cuidar de él, despertaba muy temprano para alimentarlo y darle los cuidados necesarios, con el tiempo su cariño fue creciendo aún más, eran grandes amigos, daban paseos eternos por el mar, eran conocidos por las personas de la zona ya que siempre la veían andar con su caballo blanco. El hombre comenzó a tomar mal esta situación, invadido de celos porque su esposa le daba todo su tiempo a su caballo y no a él, cada vez que veía a la mujer junto al caballo su mente se nublaba completamente. En un acto de arrebato el hombre decidió poner fin a ese sentimiento y arremetió contra su esposa, en esa casa, en ese cobertizo. -¿Qué paso con el hombre?, pregunté. Cuando el hombre salió del cobertizo lleno de irá se dirigió donde el caballo blanco, el caballo asustado elevó sus largas patas golpeando al hombre en su cabeza, dándole fin al sentimiento, muchas personas de la zona dicen haber visto al caballo merodear por el lugar, pero son solo mitos, -. añadió. En ese momento entendí todo lo que estaba pasando, quería decir que, si había visto al caballo blanco y que mis sueños no eran realmente sueños, si no que recuerdos. Al salir de la tienda fui a la casa, y al entrar tenía una sensación diferente a todas las otras veces, sentí nostalgia, y un poco de pena por la historia.
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La última noche que íbamos a estar en esa casa me fui a dormir, ya sin miedo ni nada, solo con la esperanza de descansar. Cerré los ojos y entre en un profundo sueño, abrí mis ojos y estaba en un corral, veía todo desde otra perspectiva, me agacho y veo mis largas patas blancas, por alguna razón esto no me causo ninguna impresión, solo me sentía perdida, que algo me faltaba, estaba un poco cansada y decidí acostarme en el suelo que estaba lleno de lodo, de a poco comenzaron a cerrarse mis ojos, de alguna manera tenía la sensación de que me iba a quedar profundamente dormida, pero que estaría bien. En efecto cerré mis ojos y al abrirlos pude verla a ella, mi corazón latió con fuerza, acaricio mi lomo y luego mis orejas, juntamos nuestras narices y nos fuimos juntos a dar un paseo, en el cual me invadió una paz enorme, tanto que hizo que me despertara. Desperté feliz, con una sensación muy bonita en mí, una sensación de tranquilidad y alegría, comprendí que la mujer y su caballo se habían reencontrado en algún momento y que estaban juntos de nuevo a pesar de todo, ambos ya estaban en paz sin ningún tipo de maldad. Esa mañana llego el momento de irnos, hicimos nuestras maletas y me despedí de ese lugar, que me enseño un mundo nuevo e hizo que mis vacaciones no fueran igual a ninguna otra.
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La memoria de mi abuelita → Por Rosanna Olmos
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n mis vacaciones de verano, siempre visitaba a mi abuela en Valparaíso. Ella vivía en Estados Unidos junto a gran parte de mis tíos y primos, quienes emigraron de Chile en la época del pronunciamiento militar. Allá todos encontraron una mejor calidad de vida. Pero mi Abuela odiaba el frío, y allá sin duda alguna las temperaturas son más extremas, y era por ese motivo que ella volvía en cada primavera a Chile, y se devolvía a New Jersey cuando comenzaba el otoño, porque allá comenzaba la primavera, y así cada año capeando el frío.
Con el tiempo y la edad, mi Abuelita fue desistiendo de la idea de viajar tanto, si bien, era bastante independiente, con el tiempo viajar en solitario no era una opción, a pesar de que ella gozaba de una excelente salud y energía que nadie se explicaba. A mediados de Junio del 2010, fue el último viaje que mi Abuela hizo entre New Jersey y Valparaíso. Ya que tuvo que tomar la decisión de retornar a su país de origen, debido a que no contaba con el mismo nivel de independencia de antes, esto la afectó bastante ya que dejaba a gran parte de la familia en el país norteamericano. Pero eso no la detuvo para hacer un último viaje. Esta vez, sin retorno. Mi Madre fue la que se encargó de
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ella todo el viaje, desde llevarla en silla de ruedas hasta el avión, hasta alimentarla y apoyarla en sus necesidades más básicas. Sin duda alguna tuvo que pasar por alto un sinfín de episodios que repercutieron a causa de la poca lucidez con la que contaba mi abuela en ese entonces. Saliendo el vuelo con destino a New Jersey, mi abuela pensaba que iba camino a Valparaíso, por lo que al pasar 2 horas de vuelo comenzó a hostigar a los tripulantes de cabina, preguntando: - ¿Caballero, a qué hora sale el bus? Tengo que llegar pronto para darle once a mi hijo. Mi Madre solo esbozaba sonrisas tímidas e incómodas, ya que sabía que mi abuela estaba comenzando con esos episodios en donde se perdía completamente, en tiempo y espacio. - Sra. María, le avisaré cuando estemos por llegar, intente dormir un poco, le explicó mi Madre. - Tú no me vas a decir que hacer, ¿quién te crees que eres? Y ¿Por qué estás aquí? La gente en el avión no entendía nada, pero tampoco se involucraba. Al llegar a Lima para hacer escala, ya que el vuelo no era directo, mi abuela no quería bajarse del avión, porque decía que le robarían su lugar y sus pertenencias. Pese al sin fin de intentos de los tripulantes y mi Madre, mi abuela testarudamente no desistió de su asiento. - Me quieren robar, ayuda, por favor hagan algo. Un funcionario de la PDI que iba en el vuelo se acercó para verificar que todo estuviera en orden. - Señora, soy policía, que necesita. - Caballero, muy buenas noches, lo que pasa es que yo iba camino a Valparaíso en este bus y ahora esta gente quiere que me levante y deje mi lugar, y no entienden que estoy atrasa-
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da, tengo que llegar a darle once a mi hijo. El detective sin preguntar absolutamente nada, le pide a mi Madre y mi abuela que lo acompañen para tomar declaraciones. Mi madre le explicó que ella es su nuera, le enseñó la documentación del viaje y los papeles que acreditaban que ellas viajaban juntas. - ¿Pero entonces, por qué la señora dice que se la quiere robar? Mi Madre, perpleja por todo lo que estaba soportando, le comenta: - Señor, ella está diagnosticada con una etapa temprana de alzhéimer, por lo que es normal que sus ideas suenen un poco descabelladas. - ¿Perfecto, y cuenta con alguna documentación que acredite que lo que me está diciendo es verdad? - Por supuesto, respondió mi Madre. Al mostrar la documentación, el policía se disculpó por entrometerse de buenas a primeras sin observar previamente la situación de mi abuela. Mi madre, con mucha vergüenza y pudor, solicitó mayor apoyo para la contención de mi abuela, ya que esta seguía escandalizada por el hecho del atraso en su viaje. - Ustedes no entienden, tengo que darle once a mi hijo, está solo, y está esperando que yo lleve el pan con jamón que tanto le gusta. - Sra. María por favor, estamos en el aeropuerto, vamos camino a su casa en New Jersey a ver a las niñas por última vez, por favor no haga otra escena. Los tripulantes le recomendaron a mi Madre, inducir el sueño a través de un medicamento recetado por el médico tratante de mi abuela. Este medicamento no tardó en hacer efecto, por lo que el resto de horas de vuelo fueron un poco más tranquilas. Al aterrizar en el aeropuerto de New Jersey, estaban mis primas
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esperando por mi abuela y mi madre. Quien no daba más de vergüenza. - Qué bueno que están aquí, la abuelita se portó pésimo, le gritó gritó a todo el avión y no quería declarar sus dólares en la policía en la policía internacional, por eso nos demoramos en salir. Mi abuela al ver a mis primas, volvió en sí y expresó con efusividad: -MIS NIÑITAS LINDAS TANTO TIEMPO SIN VERLAS. Mi Madre, descolocada al ver esta situación, agarró sus maletas y se fue al auto, en donde por fin pudo descansar un poco, luego de tan ajetreado viaje. Al llegar a casa, estábamos todos reunidos para reencontrarnos con mi abuela. Esta al entrar reconoció algunos pocos familiares, pero al saludarme, me mira fijamente y dice: - ¿Y esta niñita tan linda quién es? Soy yo, la Maca, tu nieta. - ¿Maca? Pero si la Maca está en Santiago, donde yo nací, ¿porque te conté que yo nací en Santiago? - Si abuelita, un millón de veces. Que bueno volver a verte. Mi madre en una esquina del patio fumando, me dice Maca, por favor sírveme un pisco sour para relajarme. Al ir caminando con las copas de pisco sour, mi abuela grita, ella, ella quién es?, ¡y porqué está aquí???! Yo, helada, los miré a todos y dije, abuela soy tu nieta. - Pero cómo vas a ser mi nieta si yo conozco a todos mis nietos y se que tu no eres mi nieta. - Pero si soy la Maca weli, la hija de Juan Carlos, vivimos en Santiago. - ¿Juan Carlos? Yo no tengo ningún hijo que se llame así.
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Todos riendo y yo sin saber dónde meterme, intenté explicarle a mi abuela, quién era yo y de dónde venía. - Aaaaah, Santiago, si, yo nací en Santiago sabías tu? Al escuchar la respuesta entendí que estaba viviendo un nuevo episodio de poca lucidez, por lo que me desligué de la situación y me puse a tomar con mi Madre. - Quien te viera y quien te vio, la última vez que estuvimos en este país, conociste Disney, tu gran sueño de infancia. - Si, como olvidarlo, si me perdiste de vista por ir a fumar y tu super idea de la espada de colores para encontrarme, resultó como buscar una aguja en un pajar, todo el parque tenía la famosa espada. - Yaaa pero si no fue para tanto, menos mal llegaste con un guardia, aun no entiendo como te comunicaste si no te gustaba hablar en inglés. - Bueno el me vio llorando y le dije I´m lost, I´m lost my mom. Y resultó que el guardia era más chileno que los porotos, por lo que al escuchar mi acento me habló inmediatamente en español. - Pero mi niña porque lloras me preguntó, es que cumplí mi sueño de conocer a Mickey Mouse y Buzz Lightyear, pero perdí a mi Mamá en el intento y no sé si vuelva a verla, el guardia muerto de la risa, me tomó de la mano y me llevó a caminar por los puntos donde los adultos podían fumar. Ahí estabas, haciendo vida social con un gringo de 4 metros y medio, métale fumando. Luego de recordar tantas anécdotas, y de sentir como el alcohol se pronunciaba en mi cuerpo, tomé la decisión de ir a recostarme en el sillón. En este me dormí profundamente, a tal punto que desperté
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al otro día, sola en la casa, no había nadie, ni mis tías, ni mis primas, ni mi abuela, ni mi Mamá. Salí al patio, ni los perros me ladraron, tampoco estaban, no había nadie, estaba sola. En absoluta soledad, por lo que al ver tanta calma y silencio decidí dormir otro rato, aprovechando que nadie me iba a reclamar tanta flojera, además contaba con que al despertar estarían todos de vuelta. - MACA MACA MACA, oí gritos desesperados. MACA MACA MACA. APURATE. - Que pasa, que pasó, por qué tanto escándalo. La abuela. La abuela repetía a coro. - Qué pasa con la weli. - Se fue. Tuvo un momento de lucidez y se acordó que tenía que ir a darle once a Martin, así es que, agarró sus maletas, preparó un pan con jamón, y se devolvió a Chile.
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Mis vacaciones en... → Por Catalina Palacios
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aseo 2019 se llama el grupo de whatsapp con mis mejores amigas, somos 10 y todas de distintas edades. 24, 25, 26, 27 y 28 años. Algunas estudian, otras trabajan. Unas viven en Santiago y otras en Curicó, una ciudad que queda a 190 km al sur de la capital. Siempre nos ha costado mucho juntarnos a todas en un mismo lugar, por lo que decidimos por unanimidad, que el verano del 2019, saldríamos todas juntas de vacaciones. Sin excepciones, sin excusas, organización con tiempo para que nadie falle y con asistencia obligatoria. Comienza la organización y le damos bienvenida al caos. Llamadas grupales, listas de comidas, una vegana. Buscar fiestas y eventos. Lo más complicado siempre, es buscar dónde quedarnos. Nos toma bastante tiempo estar de acuerdo en todo las 10. 01 de Febrero del 2019. “Pucón” se llama el grupo de whatsapp con mis mejores amigas. A sólo 7 días de irnos. Paso a ver, a mi actual pololo, almorzamos y pasamos el rato, como si el destino supiese lo que sucedería, nos concedió una despedida. 07 de Febrero del 2019. Nos dividimos en dos autos
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y voy en ruta al destino. Ansiosas por llegar a un concierto el mismo día en la noche de un DJ, Luciano. Ocho horas de viaje en total. Llevamos cinco y vamos pasando por Chillán. Paramos en una Copec a comer el clásico hot dog con salsas y nuevamente nos encontramos arriba del auto en ruta a Pucón. 22:00 pm aproximadamente. Vagos y borrosos recuerdos. Doctores, camillas, luces extremadamente blancas e incandescentes. Mi mejor amiga me toma la mano. Lo poco que recuerdo. 09 de Febrero del 2019, despierto en la mitad de la noche, no puedo moverme y no se donde estoy. El estado de shock o ver tantas películas de secuestro me tienen extremadamente asustada, sentí que estaba en una de ellas. Intento bajarme de la camilla y veo desde lejos como se acercan dos enfermeros, me dan un medicamento a la vena. No entiendo que pasa, no se donde estoy ni por qué no me puedo mover. 10 Febrero del 2019, despierto con mi papá a mi lado, me explica que no llegamos a Pucón, que todos estamos... “bien”, vivos al menos. Duermo todo el día y toda la noche, despierto cuando hay visitas. Mis amigas siempre presentes con flores y como siempre haciéndome reír un montón. Después de una semana recién logré entender.. tuvimos un accidente en Freire creo que es a 20 minutos de Pucón, un auto se dio una vuelta en “U” en la mitad de la carretera, no alcanzamos a frenar y al esquivarlo nos volcamos. Una historia extremadamente resumida y trágica de contar. Las vacaciones del 2019 se dieron por finalizadas sin llegar a destino. Nos hizo valorar mucho lo que nos rodea y lo fugaz que es la vida. Son tantas emociones, idas, venidas, mucho odio y poco entendimiento del por qué, costó ser agradecida,
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las pesadillas no se terminan y no vi nada positivo. Me decían que tengo que dar las gracias y la verdad… no lo sentí nunca. Recuerdo, el 16 de mayo del 2021, un día como cualquier otro en el que por fin pude decir que soy enormemente feliz conmigo misma. Estoy agradecida por la calidad de personas que me rodean, lo maravillosas y únicas que son cada una y que he tenido el gusto de conocer aunque sea en un corto periodo de tiempo. No me imagino lo que sienten mis amigas que vivieron lo mismo, aunque lo expliquen o que por lo menos hagan el intento. Tampoco me imagino cuanta es la gente que vive luchas internas, ni lo que pasa en el interior de cada una sin la necesidad de vivir un hecho tan específico como lo que nos tocó a nosotras y que le ha tocado a muchísima gente. Simplemente admirables. Luchemos por lo que queremos. Valoremos. Tratemos con amor. Disfrutemos de nuestros seres queridos. Pidamos perdón y perdonemos. Sonriamos más y nos quejamos menos. “Paseo 2021” se llama el grupo de whatsapp, con mis mejores amigas… somos 10.
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Vacaciones 2010 cachorro incluido → Por Eduardo Ramirez
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omo bien lo dice el título narraré la historia de cómo tuve mi segundo perrito, todo comenzó en una tarde calurosa de finales de febrero en el año 2010, me encontraba con mis amigos y amigas del barrio jugando en el parque. se nos hizo relativamente tarde ya que las horas vuelan cuando uno es pequeño y encuentra cualquier tipo de diversión. De a poco salieron nuestras madres como de costumbre a buscarnos para llevarnos a casa. Cuando ya caía la noche y a medida que nos íbamos alejando del parque llegó un auto que no era del sector, muy silenciosamente y de luces apagadas. Lo cual llamaba mucho mi atención… Estuvo detenido aproximadamente unos 15 minutos y luego desapareció rápidamente mientras dejaba una caja rectangular bastante grande. -¿pero qué era?… -¿Por qué llegó de esa forma? Preguntas sin responder. Esa noche quedé muy inquieto así que tomé la decisión de salir de la cama muy temprano para ir a ver qué era. Cuando llegué al lugar encontré una perrita con 6 cachorros pero solo 3 ellos se encontraban con vida, me dio mucha lástima dejar-
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los ahí, así que le pedí a mi mamá que me ayudara a cuidarlos y poder encontrarles un hogar. Estuvimos al cuidado de ellos por 5 meses hasta que muy lentamente se fue corriendo la voz y los adoptaron, pero solo quedaba uno era el más lindo y por eso el más difícil de encontrarle un hogar no nos queríamos alejar de él así que estaba empecinado en convencer a mi mamá para adoptar uno pero su respuesta siempre fue negativa ya que ese no era el acuerdo en el que habíamos quedado. Tenía qué pensar en un plan para poder quedarme con él así que un día muy frío lo fui a buscar y meterlo en la casa específicamente en mi habitación para que nadie lo viera con la excusa de que lo protegería del frío. en la noche se puso a llorar y me descubrieron se levantaron mis padres y vieron que anhelaba demasiado tenerlo y aceptaron pero eso también implicaba buscar un hogar a la madre de los cachorros -mantuvo mi madre. No podemos adoptarlo y dejar a la madre así. Por suerte una vecina me llamó y quiso quedarse con ella. A 11 años de qué pasó todo esto, mi perrito sigue con vida y salud y su historia jamás podrá pasar por alto para mi, ya que estuve en sus primeros días de vida y siempre será mi cachorro.
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Fugáz → Por Javiera Ramírez
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omo cada año me voy de vacaciones al pueblo en donde nació mi madre, tenemos casa allí, así que solemos quedarnos por dos meses completos. Nos encontrábamos entrando al pintoresco pueblo de Cooperstown, era un día soleado, un cielo celeste brillante y sin ninguna nube en el cielo. Decidimos darnos una vuelta por la costanera para apreciar la baja mar antes de salir del pueblo nuevamente y dirigirnos a casa. Mi madre estacionó el vehículo y decidimos bajarnos a tomar aire. Corría un poco de viento helado, así que me devolví a coger mi chaqueta, y lo vi. Era un chico alto de piel clara y cabello oscuro. Pasó caminando cerca de mí, nunca lo había visto en el pueblo y lo quería conocer. Pasado el rato, llegamos a casa, caminé por el monte para ir a saludar a mi abuela, inmediatamente le pedí trabajo en su centro turístico para entretenerme durante el verano y ella, como cada año, accedió. Tuve un par de días de relajo y de ayudar a mi madre para ordenar la casa, era un desastre. Era día lunes, mi primer día de trabajo, recuerdo que fue agotador, tuvimos muchas reservas de almuerzos y gente que solo ingresó a la parte turística para visitar las cascadas. Ya era tarde, tipo 6 pm. Me encontraba secando los platos mientras Camila, otra de las empleadas, los lavaba. Mientras secaba, divisé una
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camioneta blanca acercándose al lugar. Dejé el plato que tenía en la mano y salí a atender a los clientes que llegaron. Como era tarde, solamente se estaba atendiendo para entrar a las cascadas, pero ellos querían almorzar. Traté de persuadirlos para entrar a turistear, pude percibir que iban 5 hombres dentro de esa camioneta, pero solo hablaba con 2. -No les gustaría pasar la tarde en el parque y visitar las cascadas? -. -Pucha, nosotros veníamos a almorzar y tenemos mucha hambre! -. Dijo entre risas uno de los hombres que iba sentado en la parte de atrás. Bajó la ventanilla y entre medio de ellos estaba él, el chico que hace un par de días vi en la costanera. Cruzamos miradas y me sonrío, movió su mano discretamente para saludarme, no lo podía creer, era una total coincidencia. Al no tener almuerzo, él y sus acompañantes tuvieron que irse. Salí tipo 7 del trabajo. Bajé al pueblo para juntarme con un chico. Comenzaba la semana cordillerana, así que quería ver las actividades que ese día se realizarían en la costanera. Esperé unos minutos para que llegara Martín, me propuso ir a visitar un río que estaba camino a una cancha mientras comenzaba la primera actividad. Sabía quien era, el año anterior lo había visto una vez, pero no sabía nada sobre la gente que lo rodeaba. Caminé confiada hacía un lugar alejado del pueblo, no pasaría nada. De repente nos metimos a una calle de ripio con alrededores de bosque, tuve el presentimiento de no seguir caminando y volver a un lugar donde hubiese más gente. Todo el mundo se encontraba celebrando la semana cordillerana y yo quería estar allí con todo el mundo, pero Martín no. Quise darme la vuelta, pero no me lo permitiste. Me contuviste; me pediste que me quedara, me rogaste. Te cruzabas en mi camino sin dejarme ir hacia atrás, noté lo nervioso que estabas, como temblabas. Intentaste darme un beso, pero no resultó, así que
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me puse firme y me fui sin mirar atrás. Comencé a caminar a paso rápido, iba llegando a la costanera y de frente mío, vi a Martín buscándome, no podía entender cómo llegó antes que yo. Nuevamente me di la media vuelta y me fui por la calle en que llegué para no chocar con él. Me senté en una banca fuera de la feria artesanal, estaba completamente sola. Sentía mi piel erizada y estaba con la presión baja. Me quedé un rato para calmarme, mi madre llegaría por mí dentro de dos horas, así que comencé a caminar y distraerme con las actividades del pueblo. A lo lejos de todo el ajetreo lo vi, nuevamente, al chico alto de cabello oscuro, estaba solo y fumándose un cigarrillo. Decidí acercarme. Le hablé sobre la hermosa vista, no tenía temas para romper el hielo, solo quería su número para salir y ya. Al día siguiente tuvimos una cita. Bajé al pueblo luego de mi jornada de trabajo, lo encontré en el mismo lugar de ayer, mirando el mar y fumándose un cigarrillo. Noté que eras una persona seria, todavía no llegaba y me quería devolver, pero me viste caminar y sonreíste. Caminamos a un lugar menos transitado, desconfiada con lo que pasó ayer. Nos sentamos frente al mar y comenzamos a hablar de la vida. Me hablaste sobre tu padre, a él si lo conocía por sus trabajos. Me hablaste de los problemas que tenías con tu madre y lo esforzada que ha sido tu vida desde pequeño. Solo te escuchaba, hasta que decidí soltarme y hablé sobre lo que pasó el día anterior. Te describí a Martín y tú me dijiste que era tu primo, no lo podía creer. Comenzó a hacer frío, era un día nublado, así que nos fuimos a tomar un café. Mientras esperábamos a que estuviese listo, sentí una pequeña conexión entre nosotros. Te miré sentía que ya te conocía, sentí un cariño como si llevásemos años conociéndonos. Nos sentamos bajo un techo que había en la costanera. Comenzó a llover. Colocaste
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música, tenías el mismo gusto musical que yo. De inmediato me di cuenta que eras diferente, eras ese prototipo de chico que siempre busqué y que nunca encontré hasta que te conocí. Comenzamos a cantar y bailar bajo la lluvia; caminamos, nos empapamos, pero estábamos viviendo un momento único y a ninguno de los dos le importaba lo demás. Salimos un par de veces más luego de la cita ya contada, hoy saldríamos nuevamente. Bajé al pueblo tipo 5 de la tarde luego del trabajo. Quedamos en vernos en el mismo lugar alejado de la costa como las demás veces. Te esperé un par de minutos y llegaste. Nos fuimos a un lugar privado a la orilla de un río. En el camino nos pusimos a hablar de nuestras vidas nuevamente, al llegar, nos sentamos en una manta, nos pusimos a escuchar música y nos quedamos mirando el río. Me di cuenta que todo era diferente, comencé a fijarme en cosas las cuales nunca me había fijado en una persona, así que decidí disfrutar mis momentos contigo sabiendo que pronto se iban a terminar. Comenzaste a jugar con mi cabello, me apoyé en tu pecho mientras mirábamos el río, me abrazaste fuerte como si no me quisieses soltar nunca. Decidí cerrar los ojos por un momento, me sentía plena. Me relajé y sentí que no había nada mejor en el mundo que el momento que estábamos viviendo. Me dijiste algo tierno con tu voz serena. Dejé que el ruido y la música se mezclaran haciendo una melodía perfecta. Abrí mis ojos y vi todo diferente, sentí que no estaba allí, pensé que no era real; cerré los ojos y los volví a abrir inmediatamente, definitivamente era real. Ya se hacía tarde, así que nos fuimos, nos despedimos con un beso romántico para dejar tomada nuestra siguiente cita. Pasaron varios días los cuales no supe nada de ti, me enteré que estabas trabajando. Llegaba el día para irnos y volver a nues-
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tras vidas cotidianas. Quedamos en vernos nuevamente un día antes de nuestro retorno. Fue un día lluvioso. Nunca pudimos coordinar una hora para vernos. Yo tenía que arreglar mi maleta, jamás me había dolido tanto una despedida de ese pueblo, cada prenda que tomaba me servía como paño de lágrimas. Se hacía de noche y bajar al pueblo cada vez se me hacía mas complicado y tú por la lluvia no podías subir ya que andabas en bicicleta. Habíamos descartado toda posibilidad de vernos, aunque tampoco te notaba preocupado por eso. Sabía que algo malo estaba pasando.
La lluvia comenzó a caer con más y más fuerza. -Supongo que nos veremos el año que viene. Fue un gusto, Elizabeth Fischer-. -Igualmente, Lukas Wagner-. No podía creer que nuestra corta historia de amor terminaría así. Pero supongo que los finales felices solo son en películas.
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Particularidades de la naturaleza → Por Javiera Ramírez
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ecuerdo que, fueron las vacaciones pasadas, era invierno, hacía frío; iba de viaje hacia la cordillera con mi familia y algunos amigos, ya llevábamos mucho tiempo, sin juntarnos todos, así que, era un viaje con mucha expectativa. Ese día salimos bastante temprano, eran entre las 5 – 6 de la mañana, la junta sería en la primera bencinera, afuera de la ciudad. Ya, empezando a subir la cordillera, a la mitad del camino, decidimos comprar algunas cosas. Al llegar, bajamos las cosas a la cabaña, para comenzar a recorrer el maravilloso lugar. Primero subimos a la cima de la montaña, la ciudad se veía hermosa, aunque el smog lo arruinaba un poco. De vuelta, tomamos un camino “especial” que iba al río. Fueron varias horas las que transcurrieron, por lo que comenzó a caer la noche y decidimos volver a la cabaña. Todo iba bien hasta ese momento, fuera de que uno de mis amigos se había caído y le dolía bastante su pierna, pero seguimos todos juntos, que era lo importante; hasta que en la orilla del río nos topamos un Puma. Aterrorizados nadie se movía (lo que de cierta manera era lo correcto), pero tampoco era excelente idea quedarse ahí en el lugar, cuando este nos podría hacer daño, sin poder arrancar por mi amigo o sin mi amigo en el peor
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caso. En cuanto se empezó a acercar hacia nosotros, nadie fue capaz ni de mover ni un músculo, nos mantuvimos aterrorizados, hasta que de repente se escuchó un ruido muy fuerte, a lo lejos, que por suerte lo asustó y salió corriendo. Sentía que igual pasamos un buen rato quietos, en el cual pasaba nuestra vida por delante; posterior a la huida del puma, logramos reaccionar, unos más que otros y nos fuimos directo a la cabaña. Cuando llegamos, explicamos lo que sucedió, los adultos fueron a avisar de lo que había ocurrido a los cuidadores de las cabañas aledañas, los cuales tomaron las precauciones y nos dieron la advertencia de que es muy peligroso salir de noche en un lugar así, ya que en la montaña existen muchos animales salvajes en busca de comida. En la pieza, ya no tan preocupados, teniendo a los cuidadores alrededor, llego la hora de comida, por lo que nos reunimos en la mesa y entre todos se “molestaban” por la reacción a lo que había ocurrido, nadie quería quedar como el miedoso, a pesar de que casi nos dio un infarto, jamás corrimos, ni nos separamos. Ese día quedamos con una buena enseñanza para todos, la cual fue: “Siempre tenle respeto a la naturaleza, porque uno no sabe que está allá afuera”.
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Vacaciones de verano → Por Anaís Sánchez
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abía una vez una doncella que solía participar en torneos de un videojuego llamado PUBG, un juego de disparos en línea muy realista. El torneo profesional de ese verano ofrecía un tesoro de alto valor para el equipo ganador. Para poder participar de éste torneo tuvo que integrarse a un clan llamado El Lobo Negro. En este clan, lleno de increíbles guerreros tuvo que demostrar su valor al ser una mujer, puesto que no era frecuente ver mujeres guerreras. Es así que entrenaba todo el día, de lunes a sábado, incluso mientras comía desayuno y almuerzo, mejorando con cada minuto de entrenamiento. No sólo invertía tiempo, también dinero para lucir bella dentro del juego, además de modelos de carruajes que denotaban poder y antigüedad. Sus estadísticas eran por sobre la media de jugadores y muchos clanes le habían ofrecido invitaciones, más ella, casi por intuición, decidió que El Lobo Negro merecía la pena. Y no se equivocaba. Mientras entrenaba junto a miembros del clan, uno de los guerreros llamó su interés al tener una voz armoniosa pero decidida e imponente. Se acercó a este jugador, su líder de equipo, y le preguntó si podían entrenar juntos, a lo cual él accedió. Toda
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la noche entrenan solos, en un comienzo hablaron de estrategia y habilidades para usar en el torneo, pero mientras transcurría la velada fueron conversando de sus intereses personales, su forma de vida y sus impresiones sobre el otro. Algo cambió en el interior de ambos, desearon estar juntos más allá del juego, el torneo les había dado un propósito en común, más, sin saberlo, ellos querían comenzar a escribir una historia sin fin. El día del torneo dieron lo mejor de sí mismos, el equipo se conformaba de un francotirador, un soporte de fuego, él, el estratega líder y ella, la atacante. Tenían una formación efectiva dividida en 2 partes, ella y el líder irían al frente mientras que el francotirador y el soporte les protegerían desde atrás. Debían acabar con los 11 equipos restantes de 4 personas cada uno para ganar. Estaban en la batalla final para definir el podio cuando notó una brecha entre 1 de los equipos restantes, podía rodearlos junto con el líder desde un ángulo en el que no los verían avanzar. Atacaron sin piedad hasta abrazarlos, mientras el resto del equipo mantenía ocupado al equipo enemigo restante, que por fortuna ya habían perdido a uno de sus integrantes antes de enfrentarse con ellos. Por desgracia el líder había resultado muy herido en el enfrentamiento con el equipo que quedó tercer lugar, y sabía que no podía curarse a tiempo para atacar nuevamente. Así que le dijo a la doncella: ”Tú puedes vencerlos, yo creo en ti, y si ganamos esto, con el dinero del premio te invitaré a comer en celebración, en la vida real. Deseo conocerte más. Ve y gana.”
Escuchando la voz de su líder, compañero de noches de entrenamiento, avanzó entre el humo hacia el equipo enemigo, entre todas las balas que intentaban dañarla, más se mantuvo firme, ahora necesitaba ganar por él. Logró divisar a un enemigo a tra-
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vés de la maleza y le disparó hasta finalizarlo. El francotirador le indicó el siguiente jugador oculto detrás de una roca a la que él no tenía acceso de disparo. Ella corrió en su dirección y lanzó una bomba molotov, la cual hizo que se revelara por el costado de la roca y el francotirador lo liquidó en el segundo. El último jugador era el más difícil, estaba disparando desde una casa con un arma muy poderosa, pero ahora no tenía compañeros y ella tenía a 2 jugadores que avanzan con ella. Logró dejar fuera de combate al soporte, pero ella estaba decidida a ganar, lo mataron y sonó la campana por la victoria. Ella estaba más que feliz, había ganado un premio y una promesa inigualable.
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El último viaje → Por Javiera Silva
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is vacaciones en Chicago fueron las mejores del verano, pero al mismo tiempo las peores de él. Un mes atrás había fallecido mi abuela paterna, aquella que me vio crecer, y estuvo siempre cuando la necesité. Aunque la melancolía de su ausencia duela cada día, una abuela es una marca imborrable, un abrazo que no se olvida. Fue uno de los meses más duros de mi vida, su ausencia permanecía en mi ser. Ese día toda mi familia se encontraba reunida esperando su ascenso, excepto mi tío, que vive en Estado Unidos, debido al gobierno de ese entonces era muy complicado poder salir del país, por lo que no estuvo presente en cuerpo, si no solo en alma. Fue muy doloroso para él ver su partida por video llamada y no estar junto a ella, es el hijo más pequeño de 5 hermanos. Para la familia entera fue muy lamentable no poder estar todos reunidos. Al paso del tiempo tomamos la decisión de viajar a Chicago, Estados Unidos, lugar donde reside mi tío, la idea de este viaje era poder superar el duelo, para reconocer el dolor de la pérdida y la necesidad de seguir adelante. El impacto que causó en mí y su pérdida se debe en gran medida a que era alguien con quien acostumbrada a vivir y que, de repente ese ser, no está. Cada día que pasaba la avalancha de lugares que me recordaban lo perdido fue una tortura emocional que obs-
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taculizaba mi proceso de aceptar que tenía que seguir viviendo y, sobre todo, reaprender a vivir con ese vacío. Creímos que el viajar para superar el duelo eliminaría esos obstáculos al menos parcialmente, pero eso no sucedió. El día del viaje por fin había llegado, era la primera vez que salía del país, me sentía realmente emocionada, pero dentro de mí sabía que ese sentimiento se desvanecerá en el tiempo. Llegaba la mañana ya instalados en EE.UU, al igual que todas las mañanas, llegué hasta la casa de mi tío, esta vez no encontré el aroma a café que solía hacer mi abuela. El silencio inundaba aquella estancia decorada con esmero y de pulcritud inapelable. Durante las vacaciones ella solía visitar a mi tío en Chicago, disfrutaba viajar y conocer, recorría cada rincón de la casa, pareciese que ella aún se encontrase en cada espacio de ella. La sala, el comedor, la cocina, el baño, el patio y en ningún lugar estaba. Ya no estaba ahí, era difícil de aceptar. Subí las escaleras y vi la única puerta, entreabierta, ausencia total de ruidos; la empujé y se abrió así mismo en silencio. Allí estaba su habitación, rodeado de su perfume que envolvía su ropa. Era difícil superar esta perdida, todo me recordaba a ella, pensé que este viaje lograría el desprendimiento de sus recuerdos, pero fue todo lo contrario, recordaba aquellas videollamadas que nos hacíamos cuando ella se encontraba acá en Chicago y yo en Santiago, los lugares que recorrió, las cosas que dijo, todo volvía a mi cabeza.
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Los primeros días fueron realmente aburridos, no tenía ganas de nada, solo me la pasaba en el interior de la casa. Mis familiares me llevaban a muchos lugares, realmente me tienen mareada un poco; Todo en esta ciudad me recordaba a la anterior, pero esta era aún más bonita y grande. La primera vez que llegué me llevaron en auto, disfruté las vistas como nunca: podía ver parques, avenidas, callejones, plazas… todos ellos llenos de color y gente. Me pareció increíble, estaba deseando poder disfrutar cada rincón de la ciudad. Mis tíos y mis padres me proponían ir a lugares para conocer y distraerme, en momentos realmente me divertía y se me olvidaba todo. También viví allí una de las experiencias más interesantes de todas mis vacaciones. Conocí a mucha gente con un lenguaje distinto al mío, gente muy interesante. Realmente disfrutaba esos momentos pero cuando llegaba la noche todo esto se desvanecía. La verdad es que no todo fue tedio, hubo días que siempre recordaré. Aun así, no me podía quitar de la cabeza la sensación de no estar aprovechando la ciudad y a mi familia a tope como lo debería de estar haciendo. El fallecimiento de mi abuela seguía rondando mi cabeza, yo trataba de consolarme y decirme que todo estaría bien, pero no era suficiente al parecer, aquel día volvía a mi mente, domingo en la madrugada, en una atmósfera densa, me encontraba en el interior de su pieza junto a mis tíos, las luces apagadas y un silencio de oraciones que inundaba el espacio, los gritos de mi tía pidiendo misericordia a los pies de la cama, sus gritos desgarraban mi alma. En una esquina me encontraba yo, llorando desgarradoramente, ya no podía más, me sacaron de su pieza abruptamente porque mi abuela no quería verme llorar y menos ver el cómo estaba sufriendo, agarrada de ambos abrazos me sacó mi papá y me dijo que tenía que calmarme, pero aquella petición era muy difícil, todos me
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decían que tenía que dejarla ir, me decían que ella seguía acá por mí y eso me lastimaba aún más. Seguía escuchando los gritos de mi tía, el cómo gritaba y pedía que todo el dolor se lo pasaran a ella, y dejará ir a mi abuela, suplicándole a Dios, volví a entrar y de repente mi tía le dice a mi abuela una oración, mi abuela no quería pero de repente empieza a decir una oración y chao… y empezó a despedirse, podría decirle que justo en ese momento mi vida se me fue a bajo. Días, semanas pasaban y la sensación de dolor por fin se iba desapareciendo, seguía persistiendo que ya no podría crear nuevos recuerdos con ella, pero me quedan esos recuerdos que quedaron en mi memoria, los buenos momentos disfrutados, duele, pero ya no destruyan mi alma. Al final llegó el último día de vacaciones. En mi visita por Chicago, la despedida fue triste y difícil. No volvería a ver a mis tíos y primos hasta muchos años más. Casi sin dejarme tiempo para reflexionar sobre lo que había terminado. Al llegar a casa, me sentí decepcionada, apenas llegué los recuerdos volvieron a mi memoria, lo comentaba con mi papá, en ese momento me contestó: - ¿Por qué estás decepcionada?, Aunque fue muy complicada la situación en la que nos encontrábamos, ha sido un gran viaje. Ya, pero siempre saldré perdiendo, recordando todo los recuerdos. Ése es tu problema, estás siendo egoísta, sé que es doloroso despedirse de alguien que no quieres dejar ir, pero es más doloroso pedirle que se quede cuando lo que quiere es irse, Por mucho que nos preparemos para la muerte de un ser querido, sepas y aceptes que algún día llegará… nunca estarás del todo preparada. Esta reflexión me dejó pensando. Al menos unos días, cuando volví a ver las fotos de mi abuela, recordaba todo esos hermosos recuerdos, lugares donde algún día fuimos felices,
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cuando vi a todas aquellas personas que estaban junto a mí, me di cuenta que mi padre tenía razón, después de la pérdida, debía tratar de vivir en un mundo donde faltase mi ser querido. A medida que reflexioné sobre el dolor, me fui dando cuenta que el tiempo que me tomé tras su pérdida fue significativo tanto para el dolor como para la sanación. El duelo que tuve representa el final de una conexión que nunca olvidaré. Fue un tiempo de reflexión, dolor, desesperación, tragedia, esperanza, reajuste, nueva participación y sanación. Terminada la reflexión decidí seguir con mis sueños y los de mi abuela, el poder lograr mis objetivos, tanto académicos como personales, sabiendo que estos siempre hubiera hecho feliz a mi abuela. Retome mi vida y continúe adelante con las ganas de hacerla feliz.
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La fuente de la juventud → Por Natasha Venegas
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is vacaciones en el Sanatorio San Andrés las considero una de las mejores. Mi estadía fue de alrededor de 5 años, pero yo lo sentí menos tiempo, me gustaba estar allí, tenía buenos amigos, dispuestos a todo por mí, incluso alimentarme con su propia carne. Espero, querido lector, que entiendas las acciones que ahora te contaré, más, no pido que las apruebes, para eso, comencemos desde el principio. Siempre fui considerada una mujer hermosa, mis ojos y cabello negro azabache solo resaltaban más mi tez blanca. Recuerdo que mis compañeros de colegio me apodaron “Blancanieves”, lo odiaba, realmente la odiaba a ella y a mis estúpidos compañeros. No teníamos nada en común, más que una piel blanca y el color de pelo, ya que el mío era completamente liso y llega más debajo de la cintura, o eso era hasta mis 16 años, cuando lo conocí. De él no hablaré, ya entenderán el infierno que me hizo pasar los siguientes dos años. A mis 18 años ingresé a la facultad de Medicina, que se encuentra a más de 500 km de cualquier persona que haya conocido. Los siguientes 5 años transcurrieron sin ninguna novedad, cree una nueva identidad pero con algunos viejos hábitos, como mantener mí cabello largo y liso.
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A los 25 años sabía lo que quería, o al menos, eso creía, hasta que él se volvió a cruzar en mi camino. Era de noche, estábamos de fiesta con algunas amigas y él se acercó, sin reconocerme al parecer, coqueteándome, dejé que lo hiciera, que me llevara a su departamento, que me besara, pero de un momento a otro, su cuerpo se encontraba en la tina llena de sangre y sin un brazo. ¿Dónde carajos estaba su brazo? Me puse a buscar por todos lados, hasta que me miré al espejo. Ahora entendía por qué no lo encontraba. Eso en mis labios no era labial. Les ahorraré los detalles del ocultamiento de su cuerpo, la escapada de su departamento y mi cuartada de la noche, pero si les comentaré el éxtasis que sentí después, hubiese sido capaz de correr la maratón y aun así quedar con energías. Desaparecí durante un par de días, no por miedo a que me descubrieran, sino que por miedo a volver a cometerlo. Hasta el día de hoy, 10 años después, recuerdo el sabor y la energía que su carne me dio. Seis meses después, cuando ya creía que me había recuperado de mi locura temporal, me inscribí al gimnasio, lugar al cual nunca más volveré, y lo vi. Allí estaba él, esperando a que me acercara. Es como si él supiera lo guapo que se veía levantando pesas. Me acerqué lentamente, y como si conociese mis pensamientos me dijo: -Ahórrate todo el teatro que tengas preparado para llamar mi atención y solo ten mi número, llámame esta noche. Me entregó una pequeña tarjeta, solo contenía su nombre y su número de teléfono. Me fui enseguida del gimnasio a comprar una linda lencería para esa noche. A las 8 en punto lo llamé, a las 8:30 él estaba en mi puerta. A las 10, yo estaba otra vez con las manos ensangrentadas y mis labios rojos. Nuevamente, ese no era mi labial. ¿Qué había pasado con su cuerpo? ¿Qué había pasado en
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las últimas horas? ¿Qué era ese olor que salía de mi cocina? Debo admitir que sabía muy bien, y un cuerpo no tarda mucho tiempo en ser cocinado, claro, si lo comparemos con los cerdos, es bastante rápido de hacer, y puedes comerlo crudo sin que te enfermes gravemente, si, las primeras veces tu cuerpo se resentirá un poco, y tal vez te de un leve dolor de estómago, pero será solo por un par de horas. Desde ese día comencé lo que sería mi cacería y cada viernes por la noche usaría mi belleza para atraer hombres. No podría explicar con palabras lo que mi cuerpo y mente sentían al saborear la carne humana. Era una especie de éxtasis y frenesí sin igual. Pero si me provocó varios problemas con mi vida diaria, ya que debía cambiarme constantemente de casa para no levantar sospecha alguna de mí, no tenía amigos ni redes sociales, no pondría en riesgo mi anonimato. Solo cometí un error en toda mi vida, y fue enamorarme de él. Lo conocí en un pub un viernes por la noche, él estaba con su grupo de amigos y al mirarnos la conexión fue instantánea. Sus ojos color miel y su cabello castaño lo hacían irresistible, y por supuesto, caí en sus encantos. Estuvimos juntos unos meses pero nunca conocí a su familia, sabía que estaban vivos y que tenían una casa muy cerca, pero de alguna manera siempre existía algún inconveniente que lo impedía. Un domingo por la tarde todo se rompió. Me estaba arreglando para por fin conocer a su familia y me golpeó. Sin excusas, sin previo aviso, una simple cachetada que acabó con su propia vida. No soportaría que otro hombre volviera a colocarme un dedo encima. Su cuerpo parecería ser más pesado que otros, pero no, el excesivo consumo de esteroides ayudó bastante. Su desmembramiento fue rápido y sencillo, ya
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no manchaba todo el departamento al hacerlo, y el poseer una tina ayudaba bastante. Pero su madre debía entrar en ese preciso momento. Me descubrió guardando su torso y piernas en el congelador. No dijo nada, su palidez me perturbó, sabía que debía hacer algo, debía silenciarla, pero no pude. No podía dañarla. Dejé que se fuera al cabo de unas horas, cuando ya se encontraba mejor, aunque no dijo ni una palabra. La policía llegó en menos de 30 minutos, el departamento estaba limpio, ninguna gota de sangre, y un rico almuerzo estaba servido. Olía increíble. Los invité a comer, pero ellos solo me esposaron. Cuando me atraparon, ya era demasiado tarde, y por supuesto, confesé mi crimen, pero solo ese, alegando demencia. El juez se apiadó de mí y me envió al sanatorio de San Andrés, alejados de todo y todos. Un par de semanas bastaron para que más de uno cayera rendido a mis pies, y comenzaran a hacer lo que les pidiera. Luego de unos meses mi cuerpo exigía carne humana, el estómago me dolía, sentía que la cabeza me iba a explotar y mi hambre era cada vez mayor. Por lo que un día le pregunté a mi compañero si él haría todo lo posible para mantenerme feliz, por supuesto, asintió sin dudarlo, así que le dije: -¿Te cortarías un brazo, por mí? Y sin responderme, corrió a la cocina y en menos de 2 minutos oí un grito, una de las cocineras estaba tirada en el piso, ensangrentada y el idiota, con un brazo menos. Lo hice jurar que nunca le diría a nadie lo que le había pedido y que se culpara por el acto cometido, así lo hizo. Estuve así durante 5 años. Pobres idiotas, caían rendidos a mis pies. Pero me gustaba. Hasta que un día el director de este lugar murió. No, no me miren a mí, yo no fui.
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Técnicamente, no fui yo, fue Pedro, pero ¿a quién le importa en verdad? Él murió y yo no estaba lista aún para salir de allí. La vida se me había vuelto más fácil, otros hacían lo que quisiese. Pero al trasladarnos de sanatorio – por cierto, a uno más grande y con mayor seguridad, puesto que aún no sabían quién cometía estos crímenes- el bus volcó y fue mi oportunidad de salir corriendo de allí.mHasta el día de hoy, mis queridos lectores, con más de 60 años ya, mi cuerpo y belleza siguen siendo de 25 años, como la primera vez que comí carne humana. Y, por si aún no lo han adivinado, ese es el secreto de la eterna juventud.
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Una travesía en la carretera Austral → PorJaviera Villouta
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a historia se remonta al año 2021, más precisamente el 16 de febrero. El día sábado 16 de febrero de este año, junto a mi pololo partimos rumbo a la carretera Austral. Él es de Temuco por lo que ese fue nuestro punto de partida. Salimos a las 6 a.m. rumbo al río Puelo, ya que ese era nuestro primer destino. Fue un viaje de 4 horas en el cual, se complicó el camino llegando al Rio Puelo ya que era inestable y los autos pasaban muy rápido, pero nos fuimos con calma. Al llegar al camping recorrimos el lugar, el cual nos pareció maravilloso. Elegimos un sitio para acampar que quedaba cerca del Río, para así poder apreciar sus aguas turquesas. El camping estaba rodeado por vegetación, cerros verdes y el río. Ese día nos acostamos temprano ya que al otro día teníamos que seguir nuestro camino. Al despertarnos ordenamos la carpa, hicimos un rico desayuno y partimos rumbo a Hornopiren. Nos demoramos alrededor de dos horas en llegar al pueblo. Al llegar recorrimos, sacamos fotos y fuimos al camping en el cual nos estaban esperando. Ahí nos encontramos con don José
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el dueño del camping, nos atendió muy amablemente y nos permitió escoger donde instalar nuestra carpa. Este camping estaba rodeado por lindos arrayanes y un rio negro. Unas horas después prendimos la parrilla y cocinamos algunas verduras y carne. Esa noche dormimos ahí ya que al otro día teníamos que tomar la barcaza a las 10 de la mañana, la cual nos llevaría a Chaitén. Nos levantamos muy temprano ya que según el mapa el puerto para tomar la barcaza, quedaba a media hora del lugar donde nos estábamos quedando. Partimos para tomar la barcaza, siendo las 9.30 llegamos al lugar y nos percatamos de que no había nadie y tampoco un puerto. Me metí a mi celular para buscar bien la dirección y nos dimos cuenta de que el puerto para tomar la barcaza estaba en el pueblo a 5 minutos de nuestro camping. Rápidamente nos devolvimos ya que teníamos poco tiempo para tomar la barcaza. Durante el caminó tuvimos un percance, ya que se nos pincho la rueda y solo teníamos 10 minutos para llegar. Mi pololo se bajó muy rápido del auto, sacamos los bolsos, bolsas, comida y todo de la maleta, ya que teníamos que sacar la rueda de repuesto. Mientras tratábamos de cambiar la rueda comenzó a llover. El día no podría haber empezado de peor manera que de esta. Al terminar de cambiar la rueda cargamos las cosas a la maleta y seguimos camino al puerto. Mientras llegábamos se me ocurrió llamar al puerto para avisar de que llegaríamos unos minutos más tarde y que nos esperaran, pero nadie contestaba. Estábamos muy nerviosos ya que no queríamos que la barcaza nos dejara ya que tendríamos que esperar hasta el otro día. Por suerte cuando llegamos todavía estaban los autos entrando, nos dijeron que tenían una demora. Finalmente nos subimos y pudimos seguir con nuestras vacaciones por el sur de Chile.
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No teníamos nada en común, más que una piel blanca y el color de pelo, ya que el mío era completamente liso y llega más debajo de la cintura, o eso era hasta mis 16 años, cuando lo conocí. De él no hablaré, ya entenderán el infierno que me hizo pasar los siguientes dos años.
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La peor decisión de mi vida → Por Nahomy Haro
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ola, mi nombre es Andrea, tengo 22 años y hace unos cuatro años me hice un tatuaje en la parte menos pensada de mi cuerpo solo para molestar a mis papas.
Mis padres siempre fueron excesivamente estrictos y hablo enserio. No me dejaban salir con ciertos amigos ya que decían que eran mala influencia para mí. Nunca fui a una pijamada, siempre tenia que estar de regreso a casa a las 6pm, si me retrasaba unos segundos me castigaban por una semana. Yo observaba que todo el mundo disfrutaba muy bien sus fines de semana; iban a fiestas, conocían lugares novedosos y se juntaban a pasarlo bien, pero yo estaba en casa con mis padres comiendo en silencio mientras ellos hablaban de noticia y lo que mas me enojaba era que el trato que le daban a mi hermano era completamente diferente, el si podía asistir a fiestas e incluso quedarse en casa de amigos. Mis padres me decían que una señorita no debía actuar así, las niñas debían ser humildes y puras. - Si, claro.. Así que cuando cumplí 18 años me revele! Comencé con cosas pequeñas; generalmente controlaban como me bestia, apro-
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bando cada detalle que me ponía al salir de la casa, por lo que decidí llevar ropa de mi agrado en mi bolso cambiándome en cualquier baño. Me sentía tan bien rompiendo mi caparazón que comencé hacer cosas que me gustaba. Les mentía y en vez de salir a estudiar iba de paseo con mis amigas. Para ese entonces intentaba mantener mi rebelión en secreto, hasta que se enteraron. Por lo que mis padres comenzaron una verdadera dictadura conmigo. Cada mañana revisaban mi mochila, arrojando todas mis cosas a la mesa, revisaban mi celular y mis mensajes, me pidieron que al salir les mandara una foto de donde estaba y con quien estaba en todo momento. Llego un punto que no soporte más, y ahí es donde todo se salió de control., Comencé a salir con un chico motociclista, un día me llevo a mi casa y mis padres lo vieron, mi mama comenzó a gritarle, arremetiendo contra él, diciéndole cosas hirientes y amenazándolo de llamar a la policía si lo volvía a ver cerca mío. Entonces me pregunte: ¿Qué demonios? Para que me esfuerzo tanto en intentar agradarles. Me reí y le dije: “buena suerte con eso” y me fui. Podía oír los gritos de mi madre mientras me alejaba. Me sentía tan bien, pero mis aventuras no terminaron ahí. Fuimos a la casa de Bruno pero mi celular no dejaba de sonar por los mensajes constantes de mi padre diciendo: ¡ven a casa, tienes 10 minutos para estar aquí! Lo leí en voz alta y ambos nos reímos. Saqué una foto en la casa de bruno, lleno de humo e imágenes en las paredes, se la envié diciendo ¡no iré!, mi padre la vio y comenzó a llamarme sin parar. Pensé en bloquearlo pero se sentía muy bien haberlos hechos enloquecer. Al día siguiente vi una máquina de tatuajes sobre la mesa de Bruno, así que tuve una gran idea. Ahora realmente desearía no haberla tenido.
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El me dijo que les hacia tatuajes a sus amigos en sus casas, por lo que le sugerí que me hiciera uno a mí, mejor aún! Porque no me hacia un tatuaje en algún lugar donde nunca lo había echo antes, justo un poco mas arriba de mis partes íntimas, él estaba muy entusiasmado y pensamos que seria lindo hacer un par de alas rudas ya que finalmente era libre. Comenzó a tatuarme y… casi lloro porque dolía... y dolía demasiado! Pero no quería parece una beba llorona, así que decidí sufrir en silencio. Unas horas después todo estaba listo y honestamente nunca me sentí tan aliviada y feliz. Pero luego escuchamos un auto detenerse afuera, nos asomamos y vi a mis padres. - ¡Que carajos! Bruno se veía muy asustado, así que decidí salir hablar con ellos yo sola, y fue en ese mentó que me di cuenta que me habían rastreado! Volvimos a casa, mis padres me gritaban pero no me importaba ya que tenia un secreto que ellos nunca sabrían. En la mañana siguiente comencé a sentir un escozor, revisé mi tatuaje y vi que este se estaba comenzando a inflamar. - ¡Que está sucediendo! Tome una ducha pero no ayudo en nada, intente llamar a Bruno pero me había bloqueo. ¿cometí un error? Trate de calmarme quedándome todo el día en mi habitación, mis padres ni siquiera se preguntaban porque no salía de ella, quizás estaban decidiendo como castigarme. Cada minuto que pasaba se tornaba peor ¿Qué hago? No puedo decirles. Me sentía afiebrada y con frio. Finalmente mi madre entro y llamo inmediatamente a emergencia. Recuerdo a mi madre metiendo ropa a mi mochila, me
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sentía tan sola y miserable a la vez. Bruno me había dejado, mi madre empacaba mis cosas, yo solo pensaba ¡mis padres me dejaran sola en el hospital y enferma! Y ni siquiera sabía lo que me estaba ocurriendo. Fue cuando estaba dormida que comencé a recordar la casa sucia de bruno y lo que había leído una vez en internet. ¡oh dios mío! Me pude haber contagiado de VIH o hepatitis. El doctor comenzó a realizarme todas esas preguntas, me sentía tan avergonzada y asustada, no quería responder nada pero tenia que decirle, no tenía otra opción. Me explico que mi tatuaje estaba infectado pero que me darían medicamento y tenia que estar por lo menos una semana en el hospital. Estaba acostada en la cama del hospital, llorando y sufriendo porque me sentía muy sola, mi mochila que mi mamá a había empacado estaba en el piso y yo acá… abandonada y sin hogar. Hasta que vi llegar a mi madre, le comencé a balbucear entre lágrimas, pensé que me habías abandonado aquí. Luego se acercó y me dijo: no seas absurda y me abrazo fuerte. Si bien mis padres eran muy estrictos, estuvieron a mi lado en el peor día de mi vida. Ellos me amaban y me cuidaron como a nadie. Me disculpe por lo que había echo y me quede dormida observando sus rostros llenos de amor. Había dañado mi cuerpo, de forma irreversible y no podría borrar esa horrible marca de mis partes privadas nunca más. Pero al menos aprendí que quienes realmente te aman estarán contigo en las buenas y las malas. Si bien por el momento nos da mucha vergüenza hablar sobre mi tatuaje, espero que algún día todo esto que vivimos nos provoque risa.
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Índice Mis vacaciones en Barcelona 7 Mis amigos de vacaciones 13 Viaje Astral 17 El niño que quería Volar 20 Mis vacaciones en Laguna Verde 22 Las aventuras de Silverdad 25 Vacaciones en el paraísoo 29 Luna Bella 32 Mis vacaciones del 2020 34 Mis vacaciones en el verano pasado 37 La memoria de mi abuelita 42 Mis vacaciones en... 48 Vacaciones 2010 cachorro incluido 51 Fugáz 53 Particularidades de la naturaleza 58 Vacaciones de verano 60 El último viaje 63 La fuente de la juventud 68 Una travesía en la carretera Austral 73 La peor decisión de mi vida 76