Fotografía RENÉ VILLASEÑOR / Editora en Jefe SARAH GORE REEVES / Producción DANIELA GUTIÉRREZ Con participación de GRIGOR DIMITROV Y RENATA BURILLO
El tenis según CAMERON NORRIE
Fotografía RENÉ VILLASEÑOR / Editora en Jefe SARAH GORE REEVES / Producción DANIELA GUTIÉRREZ Con participación de CAMERON NORRIE Y RENATA BURILLO
CARTA DE LA EDITORA
Hay algo casi ridículo en todo lo que el tenis puede enseñarte sobre la vida. Un deporte que parece depender de fuerza, técnica, piernas y precisión termina siendo, en realidad, una escuela brutal de la mente. Cada error exige una forma inmediata de olvido, cada acierto también. Borrón y cuenta nueva, una y otra vez, hasta que el cuerpo entiende que el pasado solo sirve si no te paraliza.
Quisimos hacer esta edición como una carta de amor a ese deporte y a la manera en que se juega, se mira y se vive en México. Aquí el tenis ocurre con calor, público entregado, gradas vivas y una energía que vuelve cada torneo una experiencia mucho más grande que el marcador. En portada, Cameron Norrie y Grigor Dimitrov nos regalaron algo más valioso que una sesión de fotos. Nos dieron su tiempo, su humor y conversaciones honestas durante el Abierto Mexicano de Tenis. Queremos agradecer al equipo que viajó a Acapulco para hacer esta edición posible, por trabajar bajo el sol, la humedad, los horarios apretados y la intensidad de un torneo en movimiento. Y, de manera muy especial, gracias a Valeria Vargas, pilar absoluto de esta edición.
Como en el tenis, cada edición se construye punto por punto. Esta fue una de esas que nos recordó por qué vale la pena jugar.
DIRECTORIO
Editora en Jefe/Directora Creativa Sarah Gore Reeves / Editora Adjunta Lorena Domínguez / Copy Editor Daniela Gutiérrez / Editora de Contenido Betsy de la Vega Tay / Editor de Moda Daniel Zepeda / Coordinadores Digitales René Villaseñor y Andrea Tapia / Market Editor Andrea Aguirre / Directora de Arte Catia Muñoz / Diseñadora Gráfica Fernanda Villalba / Diseñador Web Alejandro Adame / Comité Editorial Valeria González y Regina Reyes-Heroles / Directores Financieros Contables Thinkworks
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Cameron Norrie usando Babolat Grigor Dimitrov usando Lacoste y adidas.
Fotografía: René Villaseñor. Producción: Daniela Gutiérrez.
M LA REVISTA DE MILENIO, edición mensual Julio 2026. Editora Responsable: Sarah Gore Reeves. Número de certificado de reserva otorgado por el Instituto Nacional del Derecho de Autor: en trámite. Número de certificado de licitud de título y contenido: en trámite. Domicilio de la publicación: Milenio Diario S.A. de C.V., Morelos número 16, Colonia Centro, Alcaldía Cuauhtémoc, C.P. 06040 en Ciudad de México. Distribución: unión de expendedores y voceadores de los periódicos de México A.C. con domicilio en Guerrero no. 50 Col. Guerrero C.P., 06350 Alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México. Sarah Gore Reeves es independiente en su línea de pensamiento y no acepta necesariamente como suyas las ideas de artículos firmados. Queda prohibido la reproducción total o parcial de la presente edición, misma que se encuentra registrada a nombre de Milenio Diario, S.A. de C.V., Derechos reservados. El contenido de los artículos es responsabilidad de los autores. Todos los derechos están reservados. Queda prohibida la reproducción parcial o total del material publicado sin consentimiento por escrito de los editores. La información ha sido obtenida de fuentes fidedignas.
RITUALES DE CANCHA
Fotografía: René Villaseñor con Fujifilm X-H2 Por: Daniela Gutiérrez
El ritual empieza mucho antes del primer saque. El overgrip nuevo, la toalla doblada, el sonido al abrir un bote de pelotas nuevas. Continúa después, ya dentro de la cancha, en esos gestos mínimos que parecen manías. Cada jugador construye su pequeña superstición para enfrentar un deporte donde todo depende de centímetros. Antes del punto, antes del marcador, antes incluso del golpe, existe esa liturgia secreta que convierte la preparación en confianza.
VISERA: LACOSTE. GORRA: ORIGINAL PENGUIN.
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Renata Burillo
Más allá de la cancha
Fotografía: CORTESÍA Por: BETSY DE LA VEGA TAY
Renata Burillo habla sobre el Abierto Mexicano de Tenis como algo más que una parada del circuito, una plataforma capaz de demostrar la fuerza de México como anfitrión.
Durante una semana, en el Abierto Mexicano de Tenis, Acapulco se convierte en sede de este evento que reúne a miles de personas de todas latitudes unidas por el deporte blanco. Detrás de esa atmósfera hay una arquitectura menos visible, la de decisiones, alianzas, reconstrucción, programas sociales, formación deportiva y una pregunta que se repite cada año: cómo hacer que el torneo no solo pase por Acapulco, sino que le pertenezca. Renata Burillo, presidenta del Consejo de Administración de Mextenis, habla desde ese lugar. Para ella, el Abierto es una plataforma capaz de demostrar que el país puede organizar eventos de clase mundial, pero también de impulsar comunidades, formar entrenadores, acercar a niños al tenis, generar empleo local y acompañar procesos de reconstrucción en un puerto que ha aprendido demasiadas veces a levantarse.
¿Cuál ha sido tu mayor inspiración para consolidar el torneo como un evento de clase mundial y qué distingue a la edición 2026 de las anteriores? Nuestro principal motor siempre ha sido demostrarnos, y demostrarle al mundo, que en México se pueden realizar eventos de clase mundial. El ecosistema existe y permite organizar eventos de esta magnitud. Además, al ser una de las pocas paradas en Latinoamérica, tenemos una responsabilidad adicional. En esta edición, más que nunca, queremos resaltar las virtudes de Acapulco como sede y de México como anfitrión: aquello que distingue al público, lo que hace que los jugadores quieran regresar y las condiciones que permiten que un evento de esta escala suceda aquí. Nos hemos enfocado en potenciar elementos como la música, la gastronomía, el idioma, la hospitalidad y el ambiente. Son factores que hacen que el torneo de México tenga una identidad única dentro del circuito internacional.
¿Qué cambió en esta edición respecto a todo lo que rodea al tenis?
Este año hemos puesto un esfuerzo especial en mejorar la experiencia general del torneo, principalmente en tres áreas. La primera es la gastronomía. Buscamos ofrecer algo adicional a lo que ya existía, integrando colaboraciones como Los Panchos y la participación de RobeGrill, con el objetivo de acercar la cocina mexicana tanto a los jugadores como al público. La segunda son las experiencias fuera de la cancha. Además de las actividades que ya realizábamos, incorporamos nuevas dinámicas, como un Pro-Am con un enfoque muy mexicano, pensado para mostrar cómo se vive la experiencia del jugador en el país: desde la playa hasta el torneo.
La tercera es el contenido y la convivencia con los jugadores. Las Tennis Talks, que antes se realizaban una sola vez, ahora tendrán lugar tres veces por semana con distintas figuras. La conversación irá más allá del tenis para abordar su vida personal, su familia, su desarrollo dentro del deporte y las experiencias que han marcado sus carreras.
¿Qué otras experiencias nuevas habrá este año?
Después de mucho trabajo con la CONADE y la Federación Mexicana de Tenis, se realizará el primer congreso de entrenadores, enfocado en la actualización de conocimientos sobre nutrición, descanso y entrenamiento. La idea es fortalecer no solo a los jugadores, sino también a quienes los forman.
También se llevará a cabo un torneo juvenil con jugadores de 14 y 15 años que buscan clasificar al Mundial en Canadá. Esta competencia se ha disputado a nivel nacional y los finalistas jugarán la etapa final durante el torneo, incluso en el estadio principal. Todo esto forma parte de una
estrategia para utilizar la plataforma del torneo no solo como espectáculo, sino también como un impulso real al desarrollo del deporte desde sus bases.
¿Cómo contribuye el torneo al desarrollo social y deportivo?
Trabajamos tanto en el desarrollo del tenis como en iniciativas sociales. Por ejemplo, organizamos el trote por Acapulco en apoyo a la Fundación Construyendo, con la que llevamos casi 10 años colaborando. Actualmente estamos enfocados en la reconstrucción de comunidades afectadas por huracanes, como Puerto Marqués, donde ya se han construido más de 150 casas, una escuela y espacios comunitarios. Además, utilizamos el alcance del torneo para seguir generando proyectos que beneficien tanto al deporte como a las comunidades locales.
¿Cómo integran el espíritu de Acapulco en el torneo?
Hemos buscado involucrarnos profundamente con la comunidad para que el torneo realmente se sienta suyo. Realizamos iniciativas como Kids Day y Family Day, en las que participan niños de distintas organizaciones. Se ofrecen actividades educativas y deportivas y, en algunos casos, servicios como revisiones médicas o cortes de cabello.
También fomentamos el empleo local, impulsamos programas como Ball Kids e involucramos a escuelas de tenis de la región. El torneo representa una de las semanas con mayor derrama económica del año para el puerto, lo que refuerza su impacto en la comunidad.
¿Qué es el proyecto El Edén y cómo surgió?
El proyecto El Edén nació tras las tormentas Ingrid y Manuel, en 2013, cuando una comunidad quedó incomunicada. El torneo brindó apoyo inicial y, posteriormente, decidió adoptar a la comunidad. A partir de ahí, se trabajó en la reconstrucción de viviendas, la creación de una cooperativa cafetalera y el desarrollo de nuevas oportunidades económicas. También se ofrecieron herramientas para que la comunidad pudiera volverse autosuficiente. El enfoque siempre ha sido no asistencialista: no se trata de regalar, sino de acompañar para que las personas puedan desarrollarse por sí mismas y no depender del apoyo a largo plazo.
¿Qué hace especial la relación con los jugadores?
La hospitalidad mexicana juega un papel fundamental. Los jugadores crean vínculos muy cercanos con las personas del torneo, desde el equipo de trabajo hasta quienes los acompañan en su día a día. Aunque no siempre podemos competir con otros torneos en términos económicos o de infraestructura, ofrecemos algo distinto: el clima, la playa, el ambiente y la calidez humana. Muchos jugadores regresan después con sus familias, lo que demuestra el nivel de conexión que logran construir con el lugar.
¿Qué le dirías a alguien que asistirá por primera vez al torneo?
Que lo disfrute y que aproveche la oportunidad de ver a estas figuras en México. También le diría que explore todo el evento, no solo el estadio, porque hay muchas experiencias alrededor. Y que se acerque, porque los jugadores están presentes y existe la posibilidad de convivir con ellos. Sobre todo, le diría que regrese, porque seguramente no será la última vez.
El Abierto Mexicano y su costumbre emocional
Desde su mudanza a Acapulco, el Abierto Mexicano de Tenis dejó de ser únicamente un torneo para volverse parte del temperamento del puerto: húmedo, nocturno, impredecible y profundamente querido.
Fotografía: RENÉ VILLASEÑOR CON FUJIFILM X-H2 Por: DANIELA GUTIÉRREZ
Acapulco lo contamina todo de carácter. Cualquiera que haya asistido al Abierto Mexicano de Tenis sabe que este torneo evidentemente no es la excepción. Empezó en 1993, en la Ciudad de México, pero encontró su verdadero temperamento cuando se mudó a Acapulco. A este torneo le prestó humedad, noche, música, piel salada y gradas con ganas de fiesta.
El tenis, en teoría, es un deporte de líneas, de rectángulos perfectos, de silencios obligatorios. Este ATP 500 es distinto a los otros, pues nunca ha terminado de obedecer esa geometría. Le agrega ruido, temperatura, vida. Durante años, el torneo fue de arcilla. Ahí se instalaron sus primeras mitologías. Thomas Muster ganó cuatro veces, como si hubiera descubierto una clave secreta del calor mexicano. Rafael Nadal apareció en 2005, todavía joven, sin que nadie supiera que iba a cambiar la historia del tenis, y ganó cediendo apenas un juego en la final. Después, en 2014, el torneo cambió a cancha dura. Dejó de ser una estación de la vieja gira latinoamericana
sobre arcilla para convertirse en una antesala elegante y feroz de Indian Wells. El azul de la pista sustituyó al polvo y el juego se volvió más rápido. Llegaron Grigor Dimitrov, Dominic Thiem, Alexander Zverev, Stefanos Tsitsipas, Alex de Minaur.
Sam Querrey le ganó a Nadal en 2017 y, de pronto, Acapulco recordó que ningún favorito está completamente a salvo bajo sus luces. Nick Kyrgios ganó en 2019 después de sobrevivir a Nadal, a Wawrinka, a Isner y a Zverev, como si hubiera decidido convertir el torneo en una provocación personal. Kyrgios siempre ha parecido un jugador escrito por alguien que desconfía de la disciplina pero cree en el talento como accidente divino. En Acapulco encontró una semana perfecta para su desorden. No hay muchos torneos donde una figura así pueda parecer, al mismo tiempo, intruso y protagonista natural.
En Flavio Cobolli, total look: ON.
Acapulco lo contamina todo de carácter. Cualquiera que haya asistido al Abierto Mexicano de Tenis sabe que este torneo evidentemente no es la excepción.
Quien ha ido sabe que el torneo tiene una vida que empieza antes del partido y continúa después de la última pelota. Hay algo en caminar entre canchas, escuchar el golpe seco de un entrenamiento, ver a un jugador pasar a centímetros, sentarse tarde a ver un partido que no prometía demasiado y terminar atrapado por una batalla inesperada. El tenis tiene esa virtud, parece un deporte individual, pero en un torneo se vuelve una pequeña ciudad. Durante una semana, todos obedecen la misma brújula.
Acapulco ha sido muchas cosas para México: mito familiar, canción de vacaciones, recuerdo de infancia, herida abierta. El Abierto ha cargado también con esa complejidad. Durante años vendió la imagen más luminosa del puerto, pero en 2024 tuvo que enfrentarse a algo mucho más serio. Después del huracán Otis, la pregunta ya no era si vendrían grandes jugadores, sino si el torneo podía volver a levantarse junto con la ciudad. La Arena GNP Seguros fue
reinaugurada casi cuatro meses después del impacto del huracán. El evento se jugó en medio de una reconstrucción difícil, con una ciudad todavía marcada.
El Abierto Mexicano de Tenis importa porque ha conseguido volverse una costumbre emocional. Cada febrero, Acapulco se acomoda para recibir al tenis como quien recibe a un viejo conocido. Flavio Cobolli apareció en 2026 como nuevo campeón. Cada nombre agrega una capa, pero ninguno agota el lugar. El torneo siempre termina siendo más grande que su último campeón. No necesita comportarse como un torneo neutral. Su encanto está precisamente en no serlo.
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El tenis según CAMERON NORRIE
Fotografía: RENÉ VILLASEÑOR CON FUJIFILM X-H2
Por: DANIELA GUTIÉRREZ
Una conversación con el tenista sobre el deporte como resistencia, repetición y autoconocimiento: saber qué haces bien, confiar en ello y sostenerlo justo cuando el marcador empieza a pesar.
Entrevistamos y fotografiamos a Cameron Norrie en Acapulco, en menos de media hora, bajo un sol frontal, con una humedad que volvía todo más lento. Para casi cualquiera, esas condiciones serían una dificultad. Para él, son parte del encanto. Norrie dice que juega mejor con calor y cuando la pelota bota alto. Es por ello que Acapulco no lo incomoda, lo activa.
Durante la sesión, mientras hacía saques para la cámara, me ofreció ponerme del otro lado para recibirlos. Admiré la confianza que tuvo en mí en ese momento. No la compartí, pero esa pequeña escena resume algo de su personalidad. Norrie tiene una ligereza seca que aparece incluso cuando habla de presión. Es competitivo sin ponerse solemne. “El tenis ya es suficientemente difícil como para además jugarlo sin humor”, dice.
Nacido en Sudáfrica, creció entre Nueva Zelanda y Reino Unido, pasó por el tenis universitario en Texas Christian University y terminó convirtiéndose en uno de los jugadores británicos más consistentes de su generación. Es zurdo, trabaja mucho el punto, incomoda desde la repetición y tiene una derecha con un efecto extraño, pesada, capaz de subirle la pelota al rival hasta hacerlo jugar fuera de su zona cómoda.
En Los Cabos ganó su primer título ATP, en 2021, y unos meses después conquistó Indian Wells. En Acapulco habla como alguien que conoce la ciudad desde la superficie. Cuando le pregunto qué separa a un gran jugador de uno promedio, no habla de talento puro, sino de algo menos vistoso y más cruel: ser capaz de jugar tu estilo en los momentos importantes.
Norrie parece creer que el tenis se decide en esa zona mínima donde el miedo intenta cambiarte la mano. Tres o cuatro puntos, dice, pueden alterar un partido entero. Ahí aparecen los grandes. En Acapulco, Cameron Norrie habló de eso: de la confianza como una forma de conocerse, de la presión como una invitación y de esos momentos grandes que solamente descubren aquellos a los que les gusta golpear la pelota.
¡Bienvenido a Acapulco! ¿Qué es lo que más te emociona de este torneo?
Me encanta jugar en México en general. A los mexicanos les gusta mucho el tenis y crean un gran ambiente. Además, siempre juego bien en México, así que eso también ayuda. Lo que más me emociona es simplemente competir. Llegué muy temprano porque quería priorizar jugar bien aquí. Hasta ahora he estado disfrutando la playa y preparándome para competir en estas canchas. Es una superficie en la que juego muy bien, así que solo quiero disfrutar mi tenis y competir con toda la intensidad posible.
¿Dirías que la cancha dura es tu superficie favorita?
Diría que la cancha de Acapulco, en específico, es mi favorita.
¿Qué la hace diferente?
Creo que es una cancha donde la pelota bota muy alto, y me gusta cuando se mueve así, especialmente para mi derecha. Normalmente
juego muy bien en condiciones calurosas y húmedas. Aquí hace mucho calor todos los días, así que tienes que estar listo para luchar y correr mucho. Siento que soy bastante bueno en eso, así que me favorece.
Es curioso que digas, viniendo de entrenar en Londres, que juegas mejor en condiciones calurosas. Sí, es interesante. No sé muy bien cómo pasó eso, pero lo aceptamos.
Conforme pasan los años en tu carrera, ¿qué es lo más difícil de mantener en tu tenis?
Honestamente, para mí es bastante sencillo. Amo el tenis y amo jugar. Si no tienes esa pasión por tu carrera, ahí está la parte difícil.
Te gusta golpear la pelota. Me gusta golpear la pelota. Me encanta entrenar, me encanta jugar, todo lo demás alrededor se vuelve bastante fácil. Diría que tal vez lo más difícil son los vuelos largos, el check-in, la pérdida de equipaje. Todavía tengo una maleta perdida aquí.
¿Que crees que es lo más incomprendido del tenis desde la perspectiva de los aficionados?
Creo que cuando ves tenis, parece muy fácil. Pero cuando realmente vas a jugar, es muy, muy difícil. Desde afuera es fácil decir: “¿Por qué no le pegó ahí?” o “¿Por qué no metió ese tiro?”. Pero cuando estás en el momento, están pasando muchas cosas: la presión, el marcador, la situación. Hay muchas cosas que pueden influir. Así que creo que jugar es mucho más difícil que ver.
Si tuvieras que elegir una cosa que separa a un gran jugador de uno promedio, ¿qué dirías que es?
Es una buena pregunta. Diría que los grandes jugadores son capaces de jugar su estilo en los momentos más importantes. Juegan su mejor tenis en los momentos más grandes con más frecuencia que otros jugadores. En este deporte, muchas cosas se deciden por tres o cuatro puntos. Esos puntos clave dentro de un partido pueden hacer una gran diferencia. Así que poder jugar tu estilo de tenis en esos momentos es la diferencia entre ganar y perder.
¿Qué consejo le darías a los jugadores que quieren lograr eso, jugar su mejor tenis con más frecuencia en los momentos más importantes de un partido?
Creo que se trata de conocer tu juego y saber qué te gusta hacer. Primero tienes que aprender sobre ti mismo. Después intentas hacer esas cosas en los momentos grandes. Al final, se trata de intentar disfrutar esos momentos y decirte a ti mismo que quieres estar ahí para jugarlos. Es fácil tener miedo o hacer algo demasiado arriesgado cuando hay mucha presión o decisiones difíciles que tomar. Pero creo que lo más importante es salir, jugar y disfrutarlo. Quieres estar en esos momentos grandes. Por eso juegas este deporte.
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Total look: BABOLAT.
GRIGOR DIMITROV:
Una vida entre líneas
Fotografía: RENÉ VILLASEÑOR CON FUJIFILM X-H2 Por: DANIELA GUTIÉRREZ
Desde sus primeros golpes contra una pared hasta su regreso al torneo que ganó en 2014, Grigor Dimitrov habla del tenis como una mezcla de belleza, desgaste, memoria y corazón.
Total look: LACOSTE. Sneakers: ADIDAS. Raqueta: WILSON.
Reloj: BIANCHET. Total look: LACOSTE.
Hay algo extraño en estar dentro de un estadio de tenis sin los gritos de los aficionados, sin la música. En el silencio, la Arena GNP Seguros parece revelar su esqueleto. Abajo, en la cancha, se escucha el eco seco de las pelotas de los jugadores que entrenan. Arriba, mientras fotografiamos a Grigor Dimitrov, la corriente de aire hace que sostener el flash sea imposible.
Dimitrov parece cómodo en ese momento en el que un torneo todavía no se ha convertido en espectáculo y los jugadores pueden existir sin el peso completo del reflector. Acapulco le pertenece de una manera particular. Aquí ganó el título en 2014, cuando todavía estaba en una etapa temprana de su carrera, aprendiendo a jugar ante grandes públicos, partidos nocturnos y esa presión que vuelve al Abierto Mexicano de Tenis una prueba física y emocional. Esa relación entre belleza y desgaste ha acompañado siempre a Dimitrov. Durante años se habló de él como uno de los jugadores más elegantes del circuito, dueño de un tenis fluido, casi coreográfico, capaz de hacer un revés que sus fanáticos intentan copiar. Pero en esta conversación no aparece como alguien interesado en proteger una imagen de perfección. Habla de dudas, de dolor, de lesiones, de la dificultad de mirar hacia atrás en un deporte que obliga a competir todas las semanas.
Con Dimitrov, el tenis no se reduce al resultado. Se parece más a una conversación larga con uno mismo, una que ocurre dentro de siete líneas a las que, como él dice, ciertos jugadores les dan demasiada importancia. Su madurez está en entender que esas líneas importan, pero no pueden definirlo todo.
Estás familiarizado con este torneo. ¿Qué te gusta de estar aquí?
No sé por dónde empezar. Llegué con mi equipo hace un par de días y no pude evitar pensar en todos esos primeros recuerdos que tengo de cuando gané el torneo aquí, no recuerdo bien el año. Fue una de esas veces en las que tuve una experiencia increíble, en una etapa muy temprana de mi carrera, estaba entendiendo un poco más el deporte y acostumbrándome a las grandes audiencias, los partidos nocturnos y todo lo que viene con eso. Fue una introducción maravillosa. He tenido mucha suerte de construir una gran base aquí. Los fans siempre han sido increíbles. Esa es una de las cosas que más me gusta: la atmósfera, el público y la manera en que el torneo ha seguido creciendo. Cada vez que vengo aquí, tengo una sonrisa enorme en la cara porque nunca sabes cómo te va a ir, pero hay muchísima positividad. Creo que eso también es algo que necesito en este momento.
El año en el que ganaste este torneo fue 2014. ¿Qué es lo que más recuerdas de esa semana?
Fue una semana borrosa porque muchos de los partidos que jugué fueron muy tarde. Creo que después de mi partido de cuartos de final colapsé. Terminé con una máscara de oxígeno y todo, así que eso es algo que recuerdo muy claramente. Tengo una foto de ese momento. Fue una locura. Recuerdo que hacía muchísimo calor y había muchísima humedad. Tuve partidos muy difíciles, al punto en que ya no podía sostenerme. Estaba empujando mucho. Creo que eso es lo que realmente recuerdo de cada partido. Me parece que terminaba alrededor de las dos o tres de la mañana, así que eso también fue muy divertido. Y, otra vez, la gente fue increíble. Absolutamente increíble y muy amable. Estaban muy conscientes de nuestras necesidades como atletas. Es muy emocionante estar aquí otra vez.
Comparando ese momento con ahora, ¿qué crees que haces mejor? Es una pregunta difícil de responder. Creo que una de las partes más complicadas de nuestro deporte es que tenemos que competir cada semana. No tenemos demasiado tiempo para mirar hacia atrás, recordar,
ver qué hiciste bien, qué puedes mejorar y todo eso. Dependemos mucho de nuestro equipo para atravesar esos momentos. El año pasado, por primera vez en mi vida y en mi carrera, me lesioné y tuve que alejarme de la cancha durante unos cinco o seis meses. Esa fue la primera vez, desde que soy atleta profesional, en la que pude detenerme, voltear y mirar el camino que había recorrido. Aprendí muchísimas lecciones y tuve realizaciones a partir de eso. No creo que pueda señalar una cosa en particular. El deporte evoluciona, tú cambias como jugador y el juego también cambia. Hay tantas partes y componentes en movimiento que sería muy difícil decirlo ahora. Creo que cuando termine con todo, entonces podré ser más objetivo.
Esperemos que falte mucho para eso.
Ojalá, sí.
El tenis es muy intenso y a veces amplifica partes de tu personalidad. ¿Qué parte de tu personalidad crees que el tenis ha amplificado, para bien o para mal?
Creo que nunca me habían hecho esa pregunta. Es muy buena. Últimamente he tenido una conversación parecida con algunos amigos, y siempre se refieren a mí como alguien bastante emocional. No quiero sonar demasiado suave aquí, pero creo que la parte emocional es algo que definitivamente puede interferir con tu juego. Diría que amplifica mi corazón. En cierto sentido, también es muy difícil separar lo que ocurre fuera del deporte (la vida, la familia, cualquier otra cosa que esté pasando) de lo que haces dentro de la cancha.
Una de las cosas que más noté cuando estuve lejos del deporte durante algunos meses fue la importancia de tu propia comunidad: tus amigos, tu familia y todo eso. Naturalmente, no soy una persona egoísta. Me gusta cuidar a la gente y estar pendiente de los demás. Pero también sé lo difícil que es para mí ser un muy buen amigo y todo lo que viene con eso. Sentí que me había puesto a mí mismo en una línea de juicio. Estoy aprendiendo, estoy explorando, estoy probando cosas nuevas para mí también. Creo que todo se reduce a cómo se siente tu corazón, y para mí es muy difícil reprimir esa parte de mí.
Vienes de una familia de atletas. ¿Recuerdas cuándo empezaste a jugar?
Sí, lo recuerdo. Tenía tres años. Mi papá era entrenador de tenis en ese momento y, aparentemente, yo era un niño muy rebelde. Un día mi mamá me llevó a las canchas, me dieron una raqueta y una pelota de tenis y me dijeron: “Ahí está la pared. Quédate ahí”. Terminé completamente fascinado con la idea de golpear una pelota contra la pared. Creo que ese fue el comienzo. Por eso siempre me resulta muy difícil responder qué haría si no jugara tenis. Realmente no puedo contestar esa pregunta.
¿Todavía disfrutas este deporte?
Sí. Pero he hecho eso durante más de 30 años de mi vida. Conforme pasa cada año, también empiezas a entender la importancia de las otras partes de la vida. Una de las cosas que siempre les digo a los jugadores, y también a mis amigos, es que prestamos tanta atención y les damos tanta importancia a esas líneas en la cancha, que casi parece que nuestra vida depende de ellas. Como competidor, eso es una de las cosas más grandes, pero también necesitas saber cuándo y cómo manejarlo. No puedes dejar que esa parte te defina.
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Total look: LACOSTE. Sneakers: ADIDAS. Raqueta: WILSON.
EL
DESIERTO, EL MAR Y UNA DÉCADA DE TENIS
Fotografía: CORTESÍA Por: ANDREA TAPIA
El Abierto de Los Cabos cumple diez años con una historia construida sin campeones repetidos, pero con suficientes momentos para dejar de ser novedad.
A pesar de haber aparecido en el calendario en 2016, el Abierto de Los Cabos, como el resto de los torneos “nuevos”, necesitaba algo más para empezar a existir en el imaginario de los fanáticos del deporte blanco. Entró al circuito ATP como torneo 250 de cancha dura, con el mar cerca y el desierto haciendo su trabajo de recordarle a los tenistas que el físico compite tanto como su técnica.
Los torneos jóvenes corren el riesgo de parecer selling pitches; prometen destino, hospitalidad, experiencia, proyección internacional. Cuando llega el tenis y arruina la mercadotecnia, para bien, es ahí cuando empieza la historia. El torneo empezó con Ivo Karlović, que no jugaba tanto al tenis como a una forma de intimidación vertical. Su saque parecía diseñado para ahorrarse el resto del punto. Era un campeón lógico para un torneo recién nacido. Pero Los Cabos necesitaba algo más que un primer nombre en su archivo. Lo encontró en 2018, cuando Fabio Fognini le ganó la final a Juan Martín del Potro. Fognini jugó como suelen jugar los impredecibles cuando por fin se ponen de acuerdo consigo mismos. Ganó 6-4 y 6-2, consiguió su primer título ATP en cancha dura y le dio al torneo una escena que ya no dependía del paisaje. Desde entonces, Los Cabos pudo empezar a recordar.
En 2021, Cameron Norrie derrotó a Brandon Nakashima por 6-2 y 6-2, y meses después ganaría Indian Wells. En 2026, Norrie aparece de nuevo entre los jugadores anunciados para el décimo aniversario, como si el torneo le devolviera una pequeña circularidad.
Un año después llegó Daniil Medvedev como número uno del mundo, que cambia la atmósfera de cualquier ATP 250. Su sola presencia vuelve más solemnes las conferencias,
más graves los entrenamientos y más justificadas las filas. Medvedev ganó el título de 2022 ante Norrie por 7-5 y 6-0. Para Los Cabos, sin embargo, el verdadero resultado estaba en otro lado. El torneo había recibido al mejor jugador del ranking y lo había visto salir campeón. Ya no podía hablarse solo de un evento atractivo por su ubicación.
En 2023, Stefanos Tsitsipas venció a Alex de Minaur y rompió una sequía de diez meses sin títulos. Ese mismo año, Santiago González ganó el dobles junto a Édouard Roger-Vasselin, convirtiéndose en el tercer mexicano en conquistar esa modalidad en Los Cabos, después de Miguel Ángel ReyesVarela y Hans Hach Verdugo.
La edición de 2024 dejó la clase de historia que justifica un aniversario. Jordan Thompson salvó tres puntos de partido en cuartos de final ante Alex Michelsen, después de ir 6-0 y 3-0 abajo. Luego necesitó siete match points para derrotar a Alexander Zverev en una semifinal de tres horas y 40 minutos. Al final venció a Casper Ruud y ganó su primer título ATP. También ganó el dobles junto a Max Purcell. Estático; entra en esa zona del deporte donde el cansancio parece una forma de clarividencia.
Denis Shapovalov, campeón de 2025, hizo lo contrario. No sobrevivió al caos, lo evitó. Ganó el torneo sin perder un set y derrotó en la final a Aleksandar Kovacevic por 6-4 y 6-2. Cerró el partido en una hora y 15 minutos con un tenis que a veces parece impaciente consigo mismo: zurdo, rápido, lleno de relámpagos. En Los Cabos encontró una semana limpia. Por eso su regreso como campeón defensor en 2026 es la última imagen del torneo antes de empezar a contarse como una década.
Desde 2021, Los Cabos se juega en el Cabo Sports Complex. Primero se estrenó sin público, por las restricciones de la pandemia; después recibió a la gente y empezó a construir esa otra competencia que no aparece en el ranking, la experiencia de estar ahí. Para 2026, el complejo suma una nueva cancha y una programación especial de aniversario.
El Abierto de Los Cabos cumple diez años sin haber tenido todavía un campeón repetido en singles. El dato le da al torneo una rara democracia: cada año ha encontrado dueño distinto. No hay una dinastía que lo explique. No hay un nombre que lo absorba. Su historia se ha construido por acumulación: Karlović y su saque, Fognini contra Del Potro, Norrie descubriendo una primera copa, Medvedev llegando como número uno, Tsitsipas recuperando confianza, Thompson negándose a perder, Shapovalov atravesando el cuadro sin ceder un set.
Diez años no hacen viejo a un torneo. Apenas le permiten dejar de ser nuevo. Los Cabos todavía está en construcción, pero ya tiene escenas. El tenis necesita eso para que un lugar importe. No basta la vista al mar ni el calendario ni el patrocinio. Hace falta que un jugador falle lo imposible, que otro salve lo improbable, que alguien gane por primera vez, que un favorito salga. En el desierto, frente al mar, Los Cabos ya aprendió a producir esas pequeñas formas de memoria. Eso es lo más valioso que un torneo puede pedirle al tiempo: que, cuando llegue el aniversario, haya algo que contar.