Insurrecto pre-apocalíptico Luis Cisneros
Insurrecto
Salí de casa a las cinco de la mañana rumbo a la escuela, pues tenía que llegar a las siete de la mañana a bloquear la entrada en respuesta al asesinato de compañeros estudiantes por parte del Estado. Me resulta irónico que, mientras nos venden el discurso de que vivimos en lo que ellos llaman “democracia”, nos persigan, desaparezcan y nos asesinen sólo por querer un mundo nuevo en el que nuestra autonomía, incluyendo nuestra libertad individual y colectiva, sea respetada. Gracias a la propaganda que día a día se difunde en los medios de comunicación soy visto como un criminal en mi propia casa, no hacen más que repetir discursos como “son pagados por partidos políticos”, “se cambia el mundo yendo a clases”, “ni estudiantes son” o, lo más estúpido, “violencia genera más violencia” donde consideran violento aventar una piedra a un camión blindado, pero no consideran violento el asqueroso cotidiano que vivimos donde los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres, vaya “orden” que defienden.
Logré llegar a tiempo para reunirme con mis camaradas. Ya dan las siete de la mañana y hay que desayunar. No venimos de clases privilegiadas como otros compañeros de la escuela entonces, como cualquier persona de nuestros barrios, tenemos que buscar la manera de comer ese día. Afortunadamente cerca de la escuela hay un Soriana, tenemos que ser rápidos, ya tenemos nuestra estrategia tomada del manual del robo hormiga que nos recomendó uno de los compañeros más radicales del grupo. Obtuvimos un buen motín hoy, chocolates, papas, algunos refrescos y plumones para nuestros carteles.
Mientras emprendí ese pequeño saqueo con mis compañeros más allegados, miembros del colectivo y estudiantes voluntarios pudieron conseguir dinero de conductores que se solidarizaron con nuestra causa pudiendo así imprimir más panfletos para difundir nuestra idea revolucionaria. Al mismo tiempo hubo quienes se lanzaron a los metros a liberar torniquetes, es de lo que más me gusta pues me parece estúpido que todavía de que con su mamada de la plusvalía le roben al trabajador, le cobren por ir a su lugar diario de explotación patronal, el trabajador se ahorró unos cinco devaluados pesos, pero al gobierno se le ha impedido cientos (dependiendo del tiempo que se libere el torniquete). Y, paralelamente, estuvieron quienes se rifaron bloqueando calles para exponer nuestras demandas. Es hermoso ver semejante organización espontánea, sin partidos, sin Estado, sin esos traidores reformistas que tantas revoluciones han ahogado en cambios insignificantes al sistema jurídico de este maldito país.
Las emociones cambiaron cuando llegó el momento de formar el contingente que se dirigirá a la marcha. Al mismo tiempo se tiene que elegir quiénes se quedarán en la escuela manteniendo el bloqueo, son estas personas a quienes aplaudo porque nunca se sabe cuándo puedan llegar porros o policías (si es que hay alguna diferencia entre gente tan detestable) y, sin embargo, toman el riesgo con valentía. Una vez acordado quién se iba a dedicar a qué, nos ponemos en camino a encontrarnos con los otros contingentes en el sitio habitual.
Desde ese entonces se comienzan a distinguir los diferentes matices de nuestro contingente. Siempre me da gusto ver caras nuevas que, sin importar el miedo o los nervios, toman la decisión de unirse a la lucha y hacerla suya, todos ellos generalmente dentro de un “cordón de seguridad” (yo me río llamándole corral) donde se tratan de mantener un control para evitar infiltrados; también hay quienes, con sus recursos, se armaron un botiquín de primeros auxilios por si alguno de los nuestros resulta herido; también podemos encontrar entusiastas al frente del contingente con las banderas de la escuela o con pancartas, lo único que me desagrada de estos últimos es que suelen tomarse fotos ya sea solos o con sus acompañantes donde se ve claramente su rostro o el de algún otro asistente de la marcha, esto no lo recomiendo porque al subir esas fotos a redes sociales sólo se facilita el que les identifiquen. Por supuesto que se tenía que cerrar con broche de oro, mis compañeros más allegados y yo formamos parte del hermoso bloque negro que está siempre listo a responder a las agresiones de los mercenarios del Estado e identificar infiltrados.
Dan ya las tres de la tarde, el sol calienta con intensidad el negro de nuestras capuchas, el aire caliente nos sofoca. Nos encontramos ya con otros contingentes y es donde empiezo a tener problemas con los otros, principalmente con aquellos que se definen a sí mismos como líderes o dirigentes queriendo imponer a los demás qué hacer y qué no hacer, hasta nos criminalizaron a mí a mi banda sólo por las capuchas tratando de quitárnoslas, malditos rojos de mierda. Así que hemos decidido desprendernos de los contingentes.
Al final de todos los contingentes “pacifistas” que se contradicen hablando de revolución y la mamada, encontramos al bloque, ese contingente sin banderas institucionales artificiales, sin dirigentes arbitrarios, sin esos “cordones de seguridad”, sin consignas con imbécil orgullo universitario explícito o implícito. Tan sólo la belleza de organización espontánea, banderas negras, no tenemos que ver el rostro del otro para confiar en él y canciones revolucionarias entonadas por personas listas a defender sus ideales fuera de redes sociales o reuniones de salones.
Claro que hay sus desventajas. Primero, el bloque está sujeto a tener infiltrados, por eso es importante ir sólo y poner atención a tu alrededor, principalmente a tus espaldas que es por donde te suelen agarrar esos desgraciados. Segundo, un acoso constante por parte de periodistas que buscan sacar la nota amarillista para su periódico y, en el proceso, tratar de arrancarnos las capuchas para revelar nuestras identidades. Tercero, en todo momento los policías no siguen el paso desde calles paralelas y es difícil controlar el miedo de desaparecer o ser asesinado ese día. Pero estas desventajas contrastan con voces viejas y jóvenes escupiendo su odio contra el sistema actual.
Mientras se van acercando a nosotros los policías, vamos preparando nuestras siempre efectivas armas caseras alternativas a sus bastones y sus balas, esos malditos no tienen idea de todo lo que podemos crear para defendernos. Siento como mi corazón se acelera conforme pasan los minutos, la fiesta no tarda en empezar. Estamos a sólo unas calles
de llegar a la gran plaza. Vemos como frente al bloque se ha formado una muralla de policías, tratamos de evadirlos por otras calles, pero sin darnos cuenta nos encontramos rodeados, esto a partir de quienes estaban en la retaguardia huyeron.
Nunca había visto a tantos policías. Durante un minuto que parece eterno predomina el silencio por ambos lados hasta que detrás de una de cada una de las murallas policiales vemos volar decenas de bombas de gas lacrimógeno, no hay de otra, tenemos que responder, de nuevo la
organización
supervivencia.
espontánea
sale
a
intentar
defender
nuestra
Hubo quienes murieron por intoxicación casi al
instante. Mientras con mis compañeros trato de auxiliar a los heridos por los petardos de la policía, hay quienes regresan las bombas de gas lacrimógeno y otros responden con las legendarias molochas, es impresionante si las combinas lanzando globos llenos de gasolina o thiner.
Por un momento se abre un hueco entre los policías
incinerados por donde podemos pasar, hay quienes no dudan en salir lo más pronto posible de ahí.
En medio del humo comenzamos a escuchar gritos y disparos provenientes de donde creímos era nuestra salida, apenas unos segundos después vemos entrar a la Guardia Nacional disparando a diestra y siniestra sin importar que haya de los suyos en la dirección de sus proyectiles, tenían órdenes de no dejar una sola persona viva. Tenemos que abrirnos camino en medio de los cadáveres de nuestros compañeros para poder escapar de esa masacre. Recuerdo que había
acordado con mis amigos un punto de encuentro por si nos separábamos en medio de la represión. En cuanto llego, veo que menos de la mitad sobrevivimos y no se pudo rescatar un sólo cuerpo. En ese momento no tuvimos de otra más que dar aviso a los colectivos de búsqueda sobre nuestros compañeros perdidos y tomar el transporte de regreso a la escuela.
No decimos nada, tan sólo vamos cabizbajos con nuestros cuerpos manchados por la sangre de nuestros compañeros. Al llegar a nuestro destino, eso ya no parece una escuela, sino más bien una zona de guerra. A los compañeros que aún encontramos con vida nos contaron que policías y Guardia Nacional entraron por la fuerza tomando detenidos y asesinando a quien se resistiera, pudieron causarles algunas bajas a esos bastardos, pero claro que no fue suficiente, eso también les costó la propia vida, quienes sobrevivieron fue porque se escondieron en los túneles ocultos debajo de las instalaciones.
Recogemos los cuerpos de los compañeros caídos en la escuela, tomamos sus identificaciones y llamamos a sus hogares para que vayan a recoger a sus muertos. Nos culpan por sus pérdidas aun sabiendo quiénes fueron los que los mataron, nos dicen que nosotros llevamos a sus hijos por mal camino.
No hay nada para comer entonces de nuevo tenemos que emprender un saqueo con los pocos que nos quedan. Cenamos refugiados en los túneles que salvaron la vida de pocos, mismo lugar que será nuestra
cama. Estoy exhausto. Apenas pude llamar a mi casa para avisar que aún sigo vivo, en cuento mi mamá escucha mi voz, rompe en llanto; me pregunta cuándo volveré, le respondo que si por mi fuera estaría en estos momentos abrazándola, pero la situación no lo permite. Se despide de mí pidiéndome que me cuide y siempre esté bien alimentado. Una vez que todos nos hemos comunicado, apagamos nuestros celulares y nos disponemos a dormir amontonados para tratar de disminuir el frío de esta melancólica noche.
Ojalá esto acabara aquí, pero eso no le haría justicia a todos los que perdimos en manos del Estado, maña hay que levantarse temprano convocar a más compañeros, volver a saquear, cerrar calles, repartir más panfletos esperando que civiles se nos unan y alistar nuestras armas para combatir hasta la muerte a esos fascistas que se disfrazan de protectores del pueblo. No nos rendiremos hasta acabar con esta falsa democracia, con este orden que nos está matando. Su orden es nuestro caos.
Dedicado a mis compañeros de lucha: Castor, Mapache, Comadreja y toda la bandita subversiva del kubo y del bloque negro. Hasta que la dignidad se haga costumbre.
Puesta en escena
El multiforo estaba lleno, no había espacio alguno que separara los cuerpos que asistieron esa noche. Entre carteras robadas, empujones, arrimones, botellas de cerveza, un penetrante olor a mona y una espesa nube de mota, resaltaba el júbilo de la multitud por ver el regreso tan esperado de Puagh. Ni siquiera el portazo ayudó a que, quienes llegaron tarde, tuvieran una remota oportunidad de acercarse al escenario, la única diferencia es que ahora podían ver desde lejos el espectáculo.
Se apagaron las luces. Resonaban gritos y chiflidos de quienes creían que se había interrumpido la energía eléctrica en el lugar. De la oscuridad emergió un ritmo de vals muy peculiar, el inicio de “Los solidarios”. Puños y codos se elevaron a la par que las piernas marchaban al ritmo de los tambores. Decenas de gargantas revolucionarias entonaban sincronizadas “Buenaventura Durruti, Ascaso y García Oliver, llamados los solidarios que desprecian el poder”.
El sonido de la trompeta, seguido de una breve pausa, marcó el inicio del slam más violento y armonioso que jamás se haya visto. Vasos llenos de orina, brasieres y borrachos voladores adornaron el cielo que cubría la danza de guerra de los inconformes. Los residuos industriales reflejaban en cada movimiento su rabia contra el sistema que les explotaba. Apenas termina la primera canción, ya se vislumbran rostros bañados en sangre, apuñalamientos y huesos rotos.
Cualquiera pensaría que, con el tiempo, los guerreros se cansarían, pero no fue así. Con cada minuto los cuerpos se desprendían de las prendas que les cubrían exponiendo su bella diversidad. Los punks no paraban de llegar y las drogas duras beneficiaron el que las emociones se aceleraran.
Destellos azules y rojos iluminaron la noche, la música era tan fuerte que no se pudo anticipar la llegada de los cuerpos represivos. El gran hermano ya había planeado una redada, pues sabía que las vacas sagradas del anarcosindicalismo y líderes estudiantiles estarían presentes. Hace bastantes años que la Guardia Nacional dejó de respetar los derechos humanos y no dudaron en pasar por encima de la gente con sus vehículos blindados.
Los más viejos desenfundaron sus armas y con valentía formaron la primera línea de defensa. Trataban de ganar el mayor tiempo posible para que los más jóvenes tuvieran la oportunidad de escapar y, con suerte, preparar el contraataque al día siguiente.
Ya que las prisiones se encontraban a su máxima capacidad, el gran hermano ya no se podía dar el lujo de encerrar a más opositores, entonces la orden fue no dejar uno sólo vivo. Las escopetas y metralletas de la Guardia Nacional se enfrentaron a los revólveres de los trabajadores en una batalla que fue televisada en cadena nacional
para enseñar a la población lo que el Estado le hará a quienes se atrevan a oponerse a su dictadura disfrazada de democracia.
Los guerreros de la calle cayeron derrotados luchando por su libertad. Los guardias aún no celebraban la victoria, faltaba atrapar a quienes lograron escapar con ayuda de, su siempre alidada, la oscuridad. Acabaron con los veteranos y la noche revolucionaria se convirtió en una cacería a jóvenes de entre quince y diecisiete años donde sólo podrían salir vivos quienes mejor se pudieran organizar.
Gabriela
No hay día que no esté feliz de que seas mi compañera. Soy preso de tus grandes ojos cafés, tus gruesos labios que todos los días me regalan los besos más dulces, esa nariz de bolita que me encanta sentir rozar mi piel y, lo mejor, tus grandes y rosadas mejillas. Estás tan linda como en el día en que te conocí con esas Doc’s y ese vestido rosa que combina perfecto con tu piel. Escuchar cada mañana ese “Levántate Jesús, se hace tarde”, saliendo de tu boca, es la única motivación que encuentro para levantarme y no faltar a mi cita habitual en el centro de explotación al que llamamos trabajo.
Siempre pienso en el día que tomamos la decisión de vivir juntos. No desististe, aunque tus padres no aceptaron nuestra unión diciendo que, en el momento que salieras de su casa, dejarías de existir para ellos. Desde ese entonces, soy visto como el vago que te cortó las alas, pero eso perdió importancia porque cada noche, antes de dormir, me dices que tomaste la decisión correcta al elegirme a mí.
Al principio, creímos que podríamos estudiar y trabajar al mismo tiempo, incluso recibimos apoyo de nuestros amigos de la prepa. Estudiar en las mañanas y trabajar por las tardes no es sencillo como lo ponen en las películas o como lo presumen quienes hipócritamente dicen que iniciaron su negocio desde cero. Dejamos de tener tiempo para nosotros y sólo nos veíamos en nuestra cama tratando de recuperar energías para el día siguiente.
El dejar la escuela nos permitió cambiar nuestros horarios laborales al turno matutino. Nos juramos uno al otro que será temporal, que sólo será en lo que nos terminamos de instalar. He escuchado que existe la posibilidad de terminar la preparatoria en internet, tal vez cuando tengamos el dinero suficiente para comprar una computadora podamos retomar nuestros estudios.
Una vida mejor, ese es el sueño, es la promesa que nos hicimos uno al otro, es nuestra utopía en medio de esta salvaje ciudad.
Conectas tu teléfono a la bocina que nos regaló Miguel, suenan a todo volumen las canciones de Toots and the Maytals mientras preparamos el desayuno. Me gusta nuestra dinámica, sin decir nada cada uno se encarga de una tarea, yo me encargo de freír las salchichas mientras tú bates el huevo. Después preparo la mesa mientras terminas de cocinar y Louie Louie ambienta nuestra plática antes de salir a ganarnos la vida.
Como una dama
Los gritos de la habitual pelea matutina de mis progenitores no me dejan dormir a gusto, pero da igual, de todas formas, ya es tarde para ir a la escuela.
Me da hueva bañarme, me pongo mis viejos pantalones de mezclilla con parches anarkopunks, una playera con las mangas recortadas de Syndrome, mi chaleco de la paca y mis viejos tenis de skate. Ya que el tokin será en una zona peligrosa, llevaré mi bracer con navaja. Obvio que esto les molesta a mis conservadores progenitores.
En cuanto bajo las escaleras, no tardan en olvidar su enemistad para hacer equipo contra mí, me dicen cosas como que eso no es de una señorita y estupideces de ese tipo. No les doy importancia hasta que escucho salir de la boca de mi progenitora "Bianca, por vestirte como vagabundo es que Julieta ya no quiso que siguieran juntas".
Vaya que olvidaron rápido que ellos nos obligaron a terminar apenas nos descubrieron juntas en el parque, incluso la amenazaron de muerte porque "perturbó la cabeza de su niña", llegaron al grado de llevarme a terapia de conversión y, obviamente, perdieron su dinero, casi podría celebrar una victoria, pero esos choques eléctricos, y latigazos, vaya que dejaron marcas.
Quiero llorar de tanta rabia, pero no puedo darles la satisfacción, entonces sólo me pongo mis audífonos y trato de disfrutar de la música mientras desayuno.
Antes de salir, mi progenitor interrumpe mi camino a la puerta, me pide que "me porte bien", el muy idiota cree que iré de pijamada con unas amigas y no puso reproches porque dice que convivir con otras mujeres me ayudará a comportarme como una dama y empezaré a vestirme “bien”. No tengo nada en contra de convivir con otras, solamente creo que a veces asumen de manera muy drástica el rol que se les asigna socialmente y eso no va conmigo.
Sólo tengo dinero para el pasaje de ida a la escuela y no puedo pedirles a mis progenitores porque sospecharían. Supongo tendré que talonear afuera de la escuela, ese recurso nunca falla y a veces sale hasta para las chelas.
Parladas de los nadie
-
¿Entonces... hoy pasarás la noche con Fay?
-
Sí, ya extrañaba a esa morra. Me dijo que también irán las demás a casa de Karen, entonces será noche de chicas. Muero por saber qué ha sido de sus vidas, no es lo mismo hablar por mensajes que tenernos frente a frente.
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Me las saludas, espero pronto podamos salir todo el grupo como en los viejos tiempos.
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Lo veo difícil.
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¿Por qué?
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Sabes que no terminaron bien las cosas entre Fay y Miguel.
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Tienes razón, se amaban uno al otro, pero, al mismo tiempo, cada uno quería diferentes cosas para su vida. Él quería dedicarse a ser el arquetipo de revolucionario que ve en sus libros que nada tienen que ver con su contexto y ella quería la vida exitosa del profesional millonario.
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Sin quererlo ninguno de los dos, tuvieron que separarse al no encontrar la manera de coexistir. Da tristeza escucharlos hablando uno del otro, el sentimiento no se ha debilitado.
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Pero ninguno se atreve a dar el primer paso para la reconciliación.
-
Habla con él cuando vayan al tokin.
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¿Qué tokin?
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¿Ya lo olvidaste? Me habías dicho que hoy irían al tokin de Puagh, que era el regreso esperado después de no sé cuántos años y todo eso.
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¡Mierda! Lo había olvidado, en mi descanso le voy a llamar para ponernos de acuerdo.
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Sólo una cosa…
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¿Qué pasa?
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Cuídate mucho… Quiero volver seguir viendo tu cara al amanecer y antes de dormir durante toda mi vida. La Guardia Nacional está siendo cada vez más violenta. Si Miguel quiere accionar, no lo sigas y regresa a casa.
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Lo prometo...
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Gracias… ahora termina tu desayuno que ya hay que ir a trabajar.
Amor eterno
Camino a la parada del camión no puedo evitar reflexionar acerca de mis progenitores, llevan una vida monótona de mierda y, aun así, es interesante.
Es claro que no se aman, su único contacto es en las mañanas porque él trabaja hasta tarde, pero al primer roce se desata la matanza, incluso han llegado a la violencia física. Supongo que sólo están juntos por cargar conmigo, tal vez cuando me corran en cuanto cumpla 18, porque ya me lo avisaron, cada uno podrá seguir con su vida.
En la imagen pública tampoco les va de lo mejor, los vecinos no se atreven a hablarles ya que los gritos en la madrugada no es algo que les guste escuchar.
Y cuando vamos a las fiestas familiares, vaya que es divertido. Llegan tomados de la mano, ríen y se la pasan bailando hasta que él voltea a ver las piernas de las demás.
Pero ese es el sueño ¿no? Una vida de mierda con una persona de mierda con la que en su momento quisimos tener sexo, pero por algún fetiche colectivo extraño, para la sociedad eso es razón suficiente para obligar a esas dos pobres almas a una monogamia que ninguno desea.
Pero hay que dar todo para que no hablen mal de nosotros y seamos aceptados en grupos de porquería.
Yo no quiero eso para mí.
Jesús
Amor mío, es tan difícil para mí verte salir de casa sabiendo lo probable que es el que no vuelvas a mis brazos. Ambos somos conscientes de que vas directo hacia una guerra, los últimos días se ha intensificado el discurso contra los jóvenes disidentes.
Antes, el gran hermano sólo transmitía sus comunicados a la hora de la comida con su “llamado” a los padres para que no se descarrilen los futuros seres sujetos a ser explotados.
Ahora, interrumpen cada programa convocando a una cacería, tratan de convencer a la población de que quien jode el país somos lo jóvenes y no ellos con su fascismo, solo Dios sabe cuánto tardarán en volver a matar como hace dos años.
No me gusta ver los noticieros cuando sales a este tipo de cosas como tus conciertos o manifestaciones. Al menos no desde que te encapsularon camino a la gran plaza y por poco no sales de ahí con vida, ambos perdimos muchos amigos.
Quisiera que te quedaras, y sé que lo harías si te lo pidiera, pero eso sería encadenar el espíritu rebelde que me enamoró en un primer momento. Sólo me queda pedirte que te cuides y esperar que regreses sano y salvo.
Corazón de la jungla
El complejo e intimidante metro de la gran ciudad, la sede donde miles de personas al día dejaron gran parte de sus vidas entre ratas, cucarachas, basura, materia fecal y enfermedades venéreas.
Actos horribles tenían lugar en el recinto, en cualquier esquina podías encontrar secuestros, ancianos acosando jovencitas con su pene arrugado de fuera, asaltos a mano armada, suicidas deteniendo el servicio y peleas entre trabajadores por alcanzar un lugar en el vagón.
Sin embargo, no todo era tan malo. También había parejas resignificando los vagones sucios como lujosas limosinas que las llevaban a los mejores tacos de la ciudad y, si de amor se trata, era muy romántico ver cómo algunos obreros llevaban, con gran cautela, flores para sus esposas o juguetes para sus hijos.
Miguel tenía que atravesar ese caótico laberinto subterráneo todos los días para llegar a la escuela y solía disfrutar de sentarse a observar lo que la mayoría pasa por alto. Y sobre lo que más pensaba era del absurdo del transporte público.
En este absurdo, los trabajadores no sólo tienen que pasar unos por encima de otros para llegar temprano y no perder su prometido bono
de puntualidad, sino que también tienen que usar gran parte de su precario salario para poder hacer uso del transporte hacia sus respectivos empleos. En otras palabras, pagan por llegar temprano a ser explotados.
Esa mañana en específico era muy singular. La afluencia era la habitual, pero no había un solo guardia en todo el metro, Miguel no tuvo el tiempo de detenerse a reflexionar acerca de lo que podía significar porque ya se le hacía bastante tarde.
Una mañana linda
Después de darle un puñetazo en la nariz al pendejo que intentó manosearme, bajo del camión en la parada de la prepa y, ahí está, como cada mañana con su cigarro, mi buen carnal el Mike, él odia que le diga así, eso lo hace más divertido.
Mike y yo tenemos una excepcional plática que es interrumpida por que recibe una llamada, pero no hay falla, porque de todas formas ya tengo que entrar, en clase de sociología hay exposiciones de las cuales el profe hará examen.
Odio el camino de la entrada hacia mi salón, no hay más que puta escoria a mi alrededor, el solo acto de pensar en la escena de porquería que me espera apenas cruce la puerta me produce ganas de vomitar mi desayuno.
Primero, esa asquerosa fila de víboras que se forma a lo largo del pasillo principal. Tienen el compromiso de llegar temprano para no perder ningún detalle de sus víctimas y pasar la información completa a su grupito de estúpidas.
Es imposible caminar con comodidad bajo esas miradas y comentarios indiscretos acerca de mi apariencia, intento mantener la impresión de
que no me interesa lo que digan de mí, pero después de que, en cada lugar al que voy, la gente me juzga, la seguridad sobre mí misma se desploma.
Pero yo no me dejo. Así me sienta desnuda bajo el yugo de la opinión pública, yo no me dejo. Entonces respondo con un asertivo y contundente “¿Qué me ves, pendeja?” y así, quien baja la cabeza, no soy yo, nunca seré yo.
Después, la tropa de gorilas sin cerebro que, por alguna extraña razón, creen que tienen el derecho de apropiarse de bancas y pasillos para usarlos de vestidores y, a veces, de casa de citas para pasar el rato con sus porristas que no son más listas que ellos.
Todavía recuerdo cuando incendié sus disfraces de machos el día que habría partido en la escuela. Los gorilas se quedaron sin jugar y yo tuve la victoria de no haber sido descubierta. Pero como a la institución le interesa más tener deportistas que salvan bien en las fotos, en lugar de estudiantes con pensamiento crítico, en una semana ya tenían disfraces nuevos.
Por último, para cereza del pastel, están los niños bonitos que, por tener ingresos mensuales superiores a la media, se consideran especiales y creen que el universo conspira a su favor. Estas basuras van por ahí con un discurso pseudo hippie tomándose fotos en lugares
turísticos con los que muchos solo podemos soñar y tienen la estúpida suposición de que, si vas por ahí, sonriéndole a todo el mundo “vibrando alto”, todos tus problemas su solucionarán. Supongo que para ellos tiene sentido pues su mayor problema es que tarden en entregarles lo que pidieron para comer en sus lujosos restaurantes.
Quisiera decir que los rockers y punks le dan una luz de esperanza a este lugar, pero no es así, se han creído que, por la música que escuchan, tienen que mantener una pose de tipos rudos peleoneros y algunos han intentado violarme cuando voy de regreso de algún tokin.
En fin, he llegado al salón, el lugar donde profesores acosadores esperan que repitamos sin cuestionar lo que nos enseñan para, de esta manera, satisfacer las expectativas de un sistema educativo que mercantiliza nuestros cerebros.
Parladas de los nadie
-
¿Qué hay de nuevo mi Mike? ¿Listo para esta noche?
-
¡QUE NO ME DIGAS ASÍ! ¿Por qué te importa tanto esta noche? Pensé que no irías.
-
Relax amigo, te estoy cotorreando y, lo que dije, es que, si iré, solo que no contigo y tu amigo.
-
¿Puedo saber por qué?
-
Ustedes se desconectan muy culero y, cuando están ebrios, alardean acerca de hacer la revolución para después ponerse a tirar piedras a casas y autos.
-
JAJAJAJA, fueron solo tres veces y, además, creo que esta noche en especial, nadie debería ir solo. Camino hacia acá noté que no había guardias en el metro.
-
¿Por qué eso ha de importarme?
-
Al principio, yo también lo pasé por alto, pero creo que hay algo más grande detrás de todo esto.
-
Mira, me caes bien, pero sabes que odio el que me venga a joder la gente con teorías conspirativas.
-
Por favor… escúchame… ¿y si están preparando a todos sus cuerpos represivos para atacarnos como hace dos años?
-
Entonces nos volveremos a juntar, las lacras sociales saldrán de nuevo de sus agujeros a combatir como sucede cada que hay ataques por parte del gran hermano.
Adiós ¿para siempre?
Caminar de tu mano le cambia completamente el sentido a cruzar el barrio para tomar cada uno su respectivo transporte hacia nuestros trabajos.
La brisa de la mañana se posa sobre tus mejillas a la par que los rayos del sol decoloran tus cabellos castaños. Quisiera que nunca llegara el día en que tu risa me falte.
A diario me pregunto si soy digno de tu amor, de que si quiera voltees a verme cada mañana. Eres la única razón por la que vale la pena seguir vivo, resistiendo día a día y combatiendo de la manera que pueda a esta factoría que nos tiene presos.
Podrán esclavizar nuestros cuerpos en sus centros de trabajo, pero jamás podrán evitar que nos amemos con la pasión que lo hacemos tú y yo.
Este último beso, antes de que partamos a nuestros destinos, es aún más largo de lo normal, no queremos que sea un beso de adiós para siempre, pero nos devoramos como si lo fuera.
Te prometo que volveré.
Parladas de los nadie
-
Vamos Fay ¿en serio crees esas mamadas? Hazte un favor y trata de cuestionar un poco lo que dices.
-
No te entiendo ¿qué tiene de malo el Contrato Social?
-
No son más que puras patrañas para obligar a las nuevas generaciones a comportarse de una manera que beneficie a las clases dominantes.
-
Ya sabía que no tardarías en salir con tus cosas subversivas…
-
¿Es todo lo que tienes que decir al respecto?
-
Puede que tengas razón.
-
¡Claro que la tengo!
-
Pero… Si eres tan lista, ¿cómo explicas que, dependiendo del lugar en el que nos encontremos, nos comportamos de tal o cual forma? Eso también es un contrato social.
-
Es parte de lo que odio de los convencionalismos sociales, ODIO que se me exija dejar de ser yo misma para cumplir un rol social con el que no me identifico. Toda esta basura, más que un contrato social, parece más una regla de conducta arbitraria que debemos aceptar porque sí. ¿Dónde está la negociación con los nuevos miembros que se integran al grupo social?
-
Si estás tan en contra, como dices, ¿qué haces sentada en una banca tomando nota como se espera socialmente que nos comportemos en un salón de clases?
-
Si hiciera lo que se espera de mí, sería un ente pasivo, recibiendo sin cuestionar toda la porquería que escupe la persona que está al frente. Pero, no soy así, disfruto de agitar en cada espacio donde veo pasividad.
-
¿Alguien tiene más dudas?
Parladas de los nadie
-
¿Quién habla?
-
Me da gusto que no sepas quien soy, eso significa que no registraste mi número como te lo pedí.
-
¿Qué quieres, Diego?
-
¿CÓMO SUPISTE QUE ERA YO?
-
Eres el único raro que conozco que se alegraría de algo así.
-
Búrlate todo lo que quieras, pero recuerda… Un día, no sólo nos espiarán desde nuestros dispositivos, sino que también sabrán cómo matarnos con ellos.
-
Lo que digas… ¿A que debo el “honor” de tu llamada?
-
Solamente quería saber si mi chamaco pretencioso favorito quería comprar algo de protección para el espectáculo de hoy.
-
Ya te lo dije una vez, ¡NO QUIERO TUS PUTAS ARMAS!
-
¿Cuándo te darás cuenta? Tenemos que ser igual de fuertes que el Estado para poder destruirlo.
-
Tú eres un idiota que no se da cuenta que eso convertiría a los fervientes revolucionarios en el nuevo Estado que será todavía más autoritario y represivo.
-
No vayas a salir con el discursito pacifista del rechazo a la propaganda por el hecho cuando ambos sabemos lo que has hecho en el pasado.
-
No me malentiendas, Diego. Claro que disfruto de accionar y claro que sabes que participé en la guerrilla callejera hace dos años, pero no es lo único que hago. Además, estoy cansado de esa creencia donde, una vez ganada la revolución armada, llegará el mundo nuevo con el que tanto soñamos.
-
Y si no es con la revolución… ¿Entonces que propone el chamaco para esta sociedad podrida?
-
Primero, me niego a proponer una solución arbitraria pues de igual manera rechazo que alguien que no soy yo, pretenda regular sobre mí. El error está también en querer aplicar una única solución como si hubiera un solo problema. Por eso, soy partidario de luchar única y exclusivamente desde mi trinchera contra problemas que me afectan a mí, agitando en cada espacio que me encuentre, pero nunca considerando que mi postura es superior a las demás.
-
Vaya individualista de mierda dejando de lado el apoyo mutuo.
-
La solidaridad es bellísima cuando surge de manera espontánea, no cuando llega un mamador a mostrarla como algo obligatorio.
N(A)cimiento
Miguel en serio se había enojado. ¿Cómo alguien se había atrevido a llamarle pacifista? Cuando él defendía con firmeza el conflicto constante como lo único que puede cambiar el mundo para bien o para mal.
No fue una postura que se formó de un día para otro, sino que fue una construcción que tuvo su origen en cada una de sus experiencias que no precisamente eran las que tenía una persona que se considerara normal.
Comenzando por su infancia, que no fue nada fácil. Su madre, al no tener el suficiente dinero para cubrir los gastos, tuvo que aceptar un trabajo de sexoservidora pues prefería abandonar su dignidad con tal de que su hijo no tuviera que abandonar la escuela.
No se confundan, esto para nada es romántico. Muchas madres y padres han tenido que vender su dignidad de diferentes maneras con tal de tratar de garantizar un mejor futuro para sus hijos y lo más triste es que, eso generalmente no funciona, porque este sistema quiere a los ricos más ricos y a los pobres más pobres.
Miguel siempre supo cuál era el oficio de su madre. A diario tenía que ver cómo ella no se podía parar en las mañanas ya que el dolor era insoportable. Siempre le preparaba un té para el dolor, limpiaba su cara y le platicaba cómo le había ido en la escuela mientras limpiaba sus heridas.
Los labios y cachetes con marcas de mordidas, a veces con la carne desprendida. Moretones en las piernas, rasguños en la espalda y el rostro cada día con menos vida. Era el precio que tuvo que pagar, al menos durante ocho años.
Después de innumerables entrevistas, consiguió trabajo en una tienda departamental de medio tiempo. Claro que la paga era menor, pero por primera vez en mucho tiempo, no era tratada como un objeto sexual y podría ver a su hijo crecer.
Miguel, estando ya en la secundaria, ayudaba a su madre con los gastos vendiendo periódicos por las tardes. Aprendió mucho de lo que solemos llamar la “vida real” pero lo más significativo fue cuando estuvo cara a cara por primera vez con el abuso de autoridad.
Era un día como cualquiera, pasaba por la avenida Goldman, con sus periódicos, cuando una patrulla de la Guardia Nacional se emparejó con él y le pidieron que se detuviera para una famosa “revisión de rutina”.
Después de catearlo con un constante manoseo en sus genitales, le preguntaron si tenía algún permiso para andar vendiendo en la calle, por supuesto que no lo tenía, los trabajos informales siempre son el objetivo de los abusadores corruptos.
Una vez que indicó no tener el dichoso permiso, lo golpearon con sus macanas hasta dejarle el rostro irreconocible. Quemaron frente a él sus periódicos y le quitaron la ropa, uno de ellos guardó su ropa interior en la guantera de la patrulla y le dijo “para divertirme un rato en la noche”.
Fue entonces que Miguel le declaró la guerra a toda autoridad.
Recaudación de fondos
Pinche escuela de cagada, lo bueno es que ya ando en la reja sacando el varo para irme al tokin. Estos morros aflojan en corto, al parecer mi apariencia, que nada tiene que ver con las niñitas de vestido y cachetes rosados con las que acostumbran masturbarse, les intimida y hasta les tiembla la mano cuando sacan la lana de sus carteras que valen más que lo que traen dentro.
Ha habido una muy buena colecta hoy, no sólo tengo lo suficiente para ir al tokin y regresar a la residencia de mis infelices progenitores, sino que tengo el dinero suficiente para recrear un rato y, la siguiente semana, ir al mercado contracultural de calle Orwell.
Unas buenas rolas de punk duro y crudo de ley rota y catarsis liberada acompañan unas chelas que saben más dulces de lo normal, porque ni siquiera me tuve que esforzar para conseguirlas. Me vale madres y comienzo a bailar en la banqueta total, nada me pueden hacer los tibios que acuden a esta institución de porquería.
Podría haber entrado a clase de matemáticas después de sociología, pero si ya traía un mal sabor de boca por los comentarios absurdos de ciertas personas que en un momento consideré amigas, no tengo la intención de soportar al maestro machista que, aunque tenga ya bastantes denuncias de acoso, la institución lo protege.
De solo recordar a esa bazofia se me revuelve el estómago. Todas sabemos que saldrá con uno de los comentarios más misóginos que hemos escuchado cada que dice su famoso “voy a decir algo, pero espero que las niñas no se vayan a enojar” y por supuesto que los imbéciles de los hombres se burlan aprobando su pendejez.
No vale la pena pasar mi tiempo pensando en seres despreciables que todavía tienen la ilusión de ser “originales” o “innovadores” mientras que no hacen más que replicar sin cuestionar prácticas de hace siglos que no hacen sino más que producir personas autodestructivas que se llevarán consigo a cuantas personas puedan. El futuro no está en repetir una y otra vez, generación tras generación los mismos discursos y prácticas del pasado.
La llegada del atardecer anuncia mi partida, me empino lo que me queda de mi deliciosa caguama, escondo los envases en el arbusto de siempre y paso al baño de la escuela a echarme una miada rápida antes de dirigirme al camión donde de seguro un culero intentará manosearme.
Parladas de los nadie
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¡Amigo! ¡Qué gusto me da verte! Ha pasado ya un rato desde la última vez que salimos a loquear, que buena paliza nos metieron los guardias aquella noche ¿no crees?
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Vaya que sí, recuerdo que no pude caminar por dos días y, para acabarla, Gabriela estaba tan enojada conmigo que por un tiempo insistió en que te alejaras de mí hasta que entendió que para nosotros era necesario incendiar la sucursal del banco donde violaron a una compañera.
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Todavía hoy tiene miedo de que me pase algo malo por andar accionando, justo esta mañana tuve que prometerle que me cuidaría y me mantendría alejado de la acción si es que llegara al tokin la Guardia Nacional.
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Ya veremos qué tanto puedes mantener esa promesa cuando tengan sus armas apuntándote…
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Ya amigo, no te pongas de escéptico, mejor cuéntame tu día ¿sigues quedándote afuera de la escuela viendo la vida pasar?
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Claro que sí, encuentro más enriquecedor pasar el día entre cigarros, libros usados y pláticas con la raza, que estar sentado
recibiendo un bombardeo constante de datos inútiles por parte de ancianos que no se han actualizado.
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No hagas eso, aprovecha que tienes la oportunidad que yo quisiera tener, no la desperdicies.
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No me lo tomes a mal, pero no creo tener obligación alguna por ocupar un lugar que tú también pudiste ocupar sino hubieras tomado la decisión de jugar a la casita con Gabriela. Además, no necesito las tontas clases porque siempre apruebo en los extraordinarios sin problema alguno.
Posicionando armas
La noche no se hizo esperar en la jungla de cemento, miles de personas, en su mayoría jóvenes, de todos los rincones de la decadente ciudad, se dirigían con entusiasmo a la tan esperada noche revolucionaria en el multiforo Bonano.
No importaba si tenían que recorrer un camino de tres o más horas, tampoco tenía importancia si tenían que tomar diferentes tipos de transporte para llegar, o si tenían que emprender su travesía a pie, todos avanzaban con alegría, listos para ver a Puagh de vuelta en la escena.
Crestas, coronas, chelseas, copetes, rastas y cabezas rapadas disfrutaron de la sorpresiva ausencia de la Guardia Nacional. Por primera vez en mucho tiempo, podían andar en las calles, luciendo su distinguido estilo alternativo y callejero, sin miedo a que fueran detenidos, golpeados, desaparecidos o abatidos por las balas de los gorilas de la jungla.
Por supuesto que no tardaron en darse las evasiones en el metro, también hubo en la ciudad varios saqueos y se aprovechó la oportunidad para hacer propaganda subversiva en las calles.
Los negocios locales y pobladores no fueron atacados, los residuos industriales pasaron tanto tiempo en las sombras, que se pudieron dar cuenta de quiénes eran sus verdaderos enemigos. Entonces, los esfuerzos
fueron
concentrados
en
multinacionales
y
servicios
gubernamentales.
Ellos no eran de los que expropiaban en beneficio propio, la mercancía tomada de cada uno de los lugares era repartida entre los desposeídos. Eso sí, por cada barrio que pasaban, dejaban impresa en las paredes la emblemática “A en un círculo”. Para ellos era una manera de decir “seguimos vivos, seguimos combatiendo”.
Fue algo muy significativo ya que, por mucho tiempo, predominaron, en la vía pública, anuncios de productos basura y propaganda de las candidaturas políticas. Pero esa noche no, esa noche la ciudad fue, aunque sea por un momento, de los jóvenes disidentes que jamás se rindieron.
Mientras aún había jóvenes rebeldes agitando la jungla, el multiforo comenzaba a llenarse de asistentes que tenían la intención de apoyar a las bandas locales y, asimismo, asegurar un buen lugar para cuando Puagh subiera al escenario.
Entre esos jóvenes estaban Miguel y Jesús. Miguel participó en los saqueos mientras Jesús esperaba afuera, pues le prometió a Gabriela
regresar sano y salvo. Ellos llegaron caminando ya que no querían dejar una sola esquina sin el anarquismo presente, Bianca llegó después de tomar dos camiones y Diego había llegado desde muy temprano con su sindicato para revisar los detalles finales.
Incertidumbre y certidumbre
Hoy salí temprano del trabajo, así que tuve el tiempo suficiente para pasar por algo de tomar para ver a las chicas. Ya que los saqueos estaban en pleno desenlace, pude sacar unas cuantas botellas del tequila que tanto les gusta. Yo casi no tomo, pero lo que importa es que todas lo pasemos bien. Me pregunto si Jesús se estará cuidando.
La casa donde nos veremos no queda muy lejos de aquí, así que decido caminar para evitar los camiones que seguramente irá muy llenos por todos los que van a la dichosa fiesta revolucionaria que tiene más pinta de emboscada, más les vale defenderse bien, quiero ver a mi gran amor por al menos otro día más.
Al llegar, solamente están Fay y Karen, al parecer las otras dos tomaron la decisión de faltar a nuestra noche por ir a jugarse la vida al tokin. Eso no nos desanima y decidimos comenzar con la fiesta, hacemos algunos juegos de shots para ambientarnos más rápido y fumamos un poco de marihuana que consiguió Karen.
Ya estando lo suficientemente ebrias, comenzamos a hablar acerca de nuestras vidas. Me fue imposible hablar de mi chuchito hermoso y de lo mucho que me preocupa que no vuelva a casa, de inmediato brotan lágrimas de mis ojos, ellas intentan calmarme diciendo que Jesús nunca ha roto una sola de las promesas de las que me ha hecho y que
se nota que me ama demasiado, lo cual impedirá que se ponga en riesgo a sí mismo. No quiero que nada le pase.
Fay intenta cambiar el ambiente de nuestra reunión contándonos que hoy tuvo una pequeña discusión con Bianca, una de las amigas que faltó esta noche. Ellas dos, principalmente han tomado mucha distancia desde la guerrilla callejera de hace dos años, cuando Fay dijo en una asamblea que la violencia jamás resolverá los problemas y que es necesario cambiar el sistema desde adentro.
Por supuesto que Bianca no tardó en responder del dogma al que en ese entonces se comenzaba a adherir. Dijo que basta con un vistazo a la historia para darse cuenta que el conflicto constante contra todo es lo único que puede producir cambios, se comparó a sí misma con los estudiantes del mundo en 1968 y terminó argumentando que, una vez que entras en el sistema, vendes tu alma y tus principios a cambio de privilegios.
Personalmente pienso que nunca estamos fuera del sistema, desde que nacemos ya se nos asigna religión, estatus social, patria, lengua, nombre, incluso orientación sexual y nuestras acciones pueden beneficiar o sabotear este sistema, pero no suelo decirles a mis amigas lo que pienso porque me siento reducida cuando utilizan los conceptos que aprenden en la escuela que yo no entiendo.
Nuestra plática es interrumpida por una noticia que me bajará de inmediatos los efectos del alcohol y me obligará a salir lo más pronto posible dispuesta a enfrentar los riesgos que implica estar en la calle esta noche de locura.
Parladas de los nadie
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¡Por fin logramos llegar!
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Hubiéramos llegado antes de no ser por tu pequeña parada para delinquir.
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Vamos, no me vas a salir moralista ahora. Nosotros solíamos hacer eso y más, que te hayas enamorado no significa que tengas que dejar atrás tu vida revolucionaria.
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Yo encontré la revolución en mi amor con Gabriela.
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Ya veremos si tu “revolución” te sirve en un enfrentamiento con los guardias.
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Si crees que hacer la revolución se limita a la lucha callejera, no has entendido nada.
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Cállate y entremos que tengo que ver a Diego.
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Creo que mejor escucho el espectáculo desde aquí.
-
No me digas que ya te enojaste.
-
No es eso…
-
¿Entonces? ¿Qué pasa?
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Ya te dije que lo que le prometí a Gabriela, no pienso arriesgarme. El multiforo es la sede perfecta para una emboscada. Además, creo que podría ayudar un poco desde aquí, podría avisarte si noto algo extraño.
-
¿Estás seguro? Podrían haber infiltrados que te desaparezcan sin que nadie se dé cuenta acá afuera.
-
Estaré bien, salúdame a Diego.
Amor perdido, amor encontrado
Qué fácil es sacarle la cartera a los anarkomachos que me la intentan arrimar entre los empujones de esta mugrosa multitud con la que he decidido identificarme. Igual de sencillo me resulta el dejar que un idiota, creyéndose un galán, se acerque a mí y me invite de lo que trajo para destruirse. No me preocupa que me den algo adelturado porque sus drogas baratas no se comparan con lo que suelo consumir.
Lo que más disfruto de esta puesta en escena es que, la locura no es vista como algo raro, sino que es aplaudida por que aquí todos somos locos, solo que cada uno lo es a su manera. Disfruto de las patadas y los puñetazos, de las guitarras desafinadas y las voces roncas de alcohol, disfruto de esta forma de vida podrida donde aquello que lo alienados creen que es esencial, no es considerado en lo más mínimo.
Mi cuerpo, bañado en sudor y líquidos desconocidos, me pide más, cada vez más. No ha habido todavía una emoción que me resulte satisfactoria, que me llene, desde que perdí a Julieta por culpa de mis padres.
Apenas logro distinguir algo entre la violencia desatada con la primera rola de Puagh, todo pasa a una velocidad que jamás imaginé, los madrazos entran por todos lados y es muy difícil cubrirse, por lo que lo
que me queda es soltar golpes a diestra y siniestra esperando que le dé en la nariz a alguien.
En medio del caos, y la hermosa ultraviolencia estilo naranja mecánica, la veo, recargada en una pared, apreciando el movimiento de los cuerpos. No esperaba verla aquí, creí que iría a la reunión de las otras, pero al parecer optó por venir a ver a nuestra banda favorita.
Quiero hablarle, tengo que hablarle, decirle que aún la amo, que quiero que estemos juntas de nuevo. Trato de abrirme paso entre la multitud que,
extrañamente,
cambió
la
euforia
por
algo
que
parece
desesperación. No tengo tiempo para detenerme a pensar en el porqué del cambio, tengo que llegar a ella, que también cambió su expresión a confusión, ya que las dos somos algo chaparras nos es más difícil ver entre toda esta gente.
Cada vez se vuelve más difícil alcanzarla, muchas personas corren hacia afuera y la estampida me arrastra. Aprovecho que varios cayeron al piso, para pasarles por encima y por fin llegar.
Estoy muy nerviosa, es la primera vez que estamos frente a frente desde que nos separamos, me tiemblan las rodillas. Intento saludarla entre mis tartamudeos, ella solo me mira a los ojos y, después de unos segundos, cae frente a mí, una bala le había dado en el pecho.
Desesperada, trato de evitar que deje de luchar, sus quejidos en el intento por seguir respirando, aunque sea un poco más, son desgarradores. Trato de encontrar de donde vino la bala y, al voltear, veo que hay un tiroteo afuera del multiforo entre asistentes y la Guardia Nacional que estuvo ausente todo el día.
Uno a uno, los rebeldes armados, caen defendiendo la libertad mientras que los demás corren. Mi instinto de supervivencia me exige que también corra, pero mi corazón me obliga a quedarme con Julieta.
La intento cubrir con mi cuerpo mientras el suyo pierde fuerza, siento como mi cuerpo comienza a sangrar a causa de que ahora dirigen sus disparos hacia mí. No me rendiré, no dejaré que le entren más balas a la mujer que amo. Tomamos nuestras manos, nuestros cuerpos se desvanecen, poco a poco pierdo estabilidad, mi vista está nublada, solo puedo usar las pocas fuerzas que tengo para besarla por última vez.
Parladas de los nadie
-
¡FAY, TINES QUE ACOMPAÑARME!
-
¿Estás loca? ¿No acabas de escuchar lo que dijo Karen? ESTÁN MATANDO PERSONAS, salir solo nos pondrá en riesgo de ser asesinadas también.
-
Te lo ruego, no puedo hacer esto sola… Jesús está allá afuera… No quiero perderlo…
-
¿En serio lo amas, he?
-
Con seguridad puedo decirte que daría mi vida por él.
-
Está bien, iré contigo, usemos las sombras para movernos con más facilidad.
Perdido
Jesús, debido a la gran multitud que había, no pudo percatarse a tiempo de la presencia de los guardias sino hasta que comenzó la huida de unos y los disparos de otros. Una parte de él quiso entrar corriendo al multiforo a salvar a su amigo sin importar que lo pudieran matar, pero otra parte quería salir corriendo y mantener la promesa hecha al amor de su vida.
Todo pasaba muy rápido y él tenía que decidir, así que no hizo ninguna de las dos cosas. Tomó el revólver de un sindicalista caído, también tomó las balas que pudo y subió al techo de una casa trepando por los barrotes de las ventanas.
No entraría al lugar arriesgando su vida, aunque tampoco abandonaría a su amigo. Así que comenzó a disparar contra los guardias esperando distraerlos y ganar tiempo para que Miguel pudiera escapar. Tenía una excelente puntería, así que no tardo en llamar la atención de los mercenarios del Estado.
De inmediato, los guardias vaciaron sus cargadores en el techo de la casa donde se encontraba Jesús, era muy difícil poder herirlo ya que se encontraba pecho tierra. Él en ningún momento pensó en escapar, no hasta ver a Miguel salir del multiforo.
Una vez que Miguel escapó corriendo a máxima velocidad, Jesús supo que su labor había terminado, así que se dispuso a escapar por la parte trasera de la casa. Pero cometió el error de levantarse al darse la vuelta, recibió dos disparos, uno en la pierna y otro en la espalda baja que fue lo suficientemente preciso para que comenzara a perder mucha sangre.
Claro que no se rindió, aún tenía que volver a ver a su amada y, talvez, ella lo podría curar. Tuvo la fuerza suficiente para poder bajar y escabullirse evadiendo las luces de los vehículos blindados.
Parladas de los nadie
-
¿Dónde está tu amigo? No me digas que se asustó como tú por las armas.
-
No seas estúpido, está afuera del multiforo.
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¿Y por qué no entra?
-
Le hizo una tonta promesa a Gabriela de no accionar y cuidarse.
-
No es tonto amar, tú también lo llegaste a hacer en su momento.
-
Sólo que yo no abandoné la revolución por un poco de comodidad, además… ¿quién dice que la he dejado de amar?
-
Hasta yo sé que la lucha por la revolución no significa alejarse de quienes amamos y convertirnos en la caricatura del lobo solitario, necesitamos de los otros, así como ellos necesitan de nosotros.
-
No creo que Fay me necesite…
-
No lo sabrás hasta hablar con ella.
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Shhhhhh silencio.
-
Solo era una sugerencia chamaco pretencioso.
-
¡Silencio! ¿Oyes eso?
-
¿Qué cosa?
-
¡HAY DISPAROS ALLÁ AFUERA!
-
Deben ser esos malditos guardias haciendo presencia, son los únicos que se atreverían a venir pues cuentan con la licencia para matar que les otorgó el gobierno al nombrarlos nuestros verdugos o, como ellos dice, los cuerpos que velan por la seguridad pública.
-
A LA MIERDA TODO, DAME UNA MALDITA PISTOLA Y ¡MATEMOS A ESOS MALNACIDOS!
-
Por mucho que me gustaría verte de nuevo en combate, tengo que rechazar tu petición.
-
¿POR QUÉ? ¿ACASO NO TE DAS CUENTA QUE EL MOMENTO DE LA REVOLUCIÓN HA LLEGADO?
-
Lo único que podemos hacer ahora es resistir, en el sindicato acordamos que, si llegábamos a estar bajo ataque, dejaríamos la vida para que las generaciones más jóvenes pudieran escapar.
-
ESCAPAMOS ¿Y LUEGO QUÉ?
-
Tienen que prepararse, esto no es más sino una declaración de guerra, guerra que tendrán que pelear, el gran hermano tiene que caer. Sobrevive y contraataca, es en los jóvenes que radica la posibilidad de hacer el mundo nuevo con el que todos soñamos.
-
¿Qué pasará contigo?
-
Haré lo que juré hacer desde que me declaré anarquista, moriré luchando por mi libertad y la de todos los que me rodean.
-
Mantendré tu memoria viva en cada patrulla incendiada…
-
No hay tiempo para despedidas, te cubriré mientras escapas. Aprovechemos que están disparando hacia esa casa para que corras en dirección contraria.
Promesa
Entre avenidas, calles y callejones, avanzo a gran velocidad en busca de mi hermoso Jesús con la esperanza de que esté a salvo, de que siga vivo, que haya cumplido su promesa y se haya cuidado, no sé qué sería de mi vida sin mi compañero de vida.
Es aterrador encontrar en la calle los cuerpos sin vida de muchos que no pudieron escapar de la sanguinaria Guardia Nacional. Me pregunto si al menos les permitirán un entierro digno o si serán enviados a sus fosas comunes que los medios tratan de ocultar.
Me produce un cierto alivio no encontrarlo muerto en las aceras, pero eso también aumenta la incertidumbre de no saber dónde está el niño de mis ojos. Fay intenta tranquilizarme, pero mis oídos son sordos a sus palabras mientras pienso en todas las posibilidades de que ya no estés con vida.
Llegamos al multiforo y solamente nos encontramos cuerpos siendo apilados como costales por los guardias, hay tanta sangre que se hacen ríos que cubren el pavimento que fue testigo de la masacre a cargo de la democracia.
Intentamos acercarnos para asegurarnos que su hermoso ser no se encuentre entre las víctimas de un país militarizado en nombre de la paz de los ricos, pero somos vistas por los guardias y corremos en direcciones contrarias antes de que nos disparen.
Esto para nada hará que desista de mi búsqueda. Aún tengo que saber si logró escapar o si su cuerpo yace en esas montañas de muerte que entre risas y aplausos edifican los asesinos. Entonces, decido rodear la escena del crimen para intentar llegar por el lado contrario.
Al pasar por un parque oscuro, escucho quejidos y una respiración agitada, si estuviera en otra situación pensaría que se trata de una pareja cogiendo o de algún violador, pero ya que ha sido una noche fuera de lo normal, y no puedo darme el lujo de ignorar cualquier cosa que podría dar indicios de Jesús y decido acercarme.
Rompo en llanto al encontrar a mi gran amor escondido tras un arbusto con un charco de sangre a un lado y la piel pálida. Intento ayudarlo a levantarse para llevarlo a un hospital, él ya no tiene fuerzas y es muy pesado como para que yo sola lo cargue.
Le digo que resista, que iré a buscar a Fay para que me ayude a llevarlo al hospital. Él me contesta diciendo que ya no hay tiempo y toma mi mano mientras dice sus últimas palabras mirándome a los ojos.
Una noche en la jungla de cemento
Miguel corrió lo más rápido que pudo para tratar de evitar ser alcanzado por las ráfagas de balas que iluminaban lo que fue una noche revolucionaria convertida en la masacre de los revolucionarios en el multiforo Bonano.
Para nada dejaría que la muerte de Diego fuera en vano y le desagradaba la idea de irse sin al menos haber peleado antes. Entonces comenzó a incendiar autos en la periferia para dispersar a los guardias en diferentes puntos y si encontraba a algún guardia solo, lo ahorcaba hasta la muerte.
Logró, con ayuda de otros compañeros, levantar barricadas para limitar la movilidad de los blindados y, una vez levantadas, les dijo a los compañeros que escaparan a sus casas para prepararse para la batalla al día siguiente en la gran plaza.
Miguel era bastante conocido en la escena por sus acciones al estilo de Magón o de trabajador de la CNT contra la Guardia Nacional, lo que benefició el que los compañeros le hicieran caso y se prepararan para seguirlo en la lucha contra el Estado asesino.
Una vez que salvó a cuantos pudo, decidió partir pensando que Jesús se había marchado antes del enfrentamiento cumpliendo su tan mencionada
promesa
a
Gabriela
y,
dos
calles
después,
nos
encontramos, después de tanto tiempo.
Ante el avance inminente de las tropas hacia nosotros, huimos hasta llegar a casa de Karen, donde hablamos de todo lo que habíamos pasado mientras esperábamos que Gabriela, Bianca y Jesús regresaran al mismo lugar estuviéramos todos juntos como en los viejos tiempos, aunque sea por una noche. Ninguno de los tres cruzó la puerta.
Después de esa noche, jamás volví a ver a Miguel salvo en televisión estando encapuchado combatiendo con sus armas caseras y ayudando a la gente a escapar de las balas, para al día siguiente hacer explotar cajeros automáticos y patrullas.
Yo terminé la preparatoria y entré a la Facultad de Psicología, hubo ocasiones en las que tuve el deseo de participar en la guerrilla, pero en esos momentos venía a mi mente el recuerdo de aquella noche cuando Miguel me dijo que, si llegaba el día en que la guerrilla fuera derrotada, ya sea porque se rindieron, o porque todos fueron asesinados, en nosotras vivía la posibilidad de volver a agitar conciencias al transmitir a las nuevas generaciones los testimonios de aquellos jóvenes amantes de la libertad.
Y Marte es precisamente el lugar perfecto para iniciar la agitación, tenemos que ser muy cuidadosas, pero siempre firmes en nuestras convicciones. No sabemos a qué problemas nos vayamos a enfrentar en el nuevo mundo, así que debemos de permanecer unidas, solamente así tendremos la oportunidad de salvar al planeta rojo de la destrucción que no pudimos evitar en la Tierra.
Despedida
No llores por mí, amor mío, soy feliz de poder volver a verme en tus ojos, feliz de que tu rostro sea el último que vea antes de morir. Te pido disculpas por no haber cumplido mi promesa, lo intenté, te juro que lo intenté. No te acerques mañana a la gran plaza, seguramente será una masacre igual, o peor, no quiero que sufras el mismo destino que yo por no tomar distancia a tiempo.
Escapa, vive tu vida, pide asilo a tus tíos que viven afuera de la ciudad porque, los siguientes días, no habrá lugar donde estés a salvo. Retoma tus estudios, busca la manera de cambiar el mundo para que nadie más tenga que vivir lo que nosotros esta trágica noche.
Sé que no quieres, pero tienes que irte ahora, seguramente los guardias están cerca, ve a casa, toma todo el equipaje que puedas para que hoy mismo estés en la central de autobuses y partas por la mañana. Jamás olvides a este loco que te amó hasta la muerte.