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Rayuela 219 Sábado 29 de Junio de 2013. Año IV. Suplemento sabatino de arte, literatura y sociedad

Leduc. La genuina indiferencia por el prestigio Carlos Monsiváis


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DIRECTORIO Noé Farrera Morales DIRECTOR GENERAL

Noé Juan Farrera Garzón

B-Toy

Amor al Street art

DIRECTOR EDITORIAL PÉNDULO

Ángel Yuing Sánchez COORDINADOR Y EDITOR

Á. Gabriel P. Ruiz DISEÑO

Javier Ríos Jonapá PRODUCCIÓN E IMPRESIÓN

Misael Palma, César Trujillo, Ornán Gómez, Marcelino Champo, Pascual Yuing, Chary Gumeta, Karen Berenice Beltrán Ozuna CONSEJO EDITORIAL LEGALES Rayuela, suplemento de arte, literatura y sociedad del periódico Péndulo de Chiapas, No. 219 (Edición) Año IV, Sábado 27 de Junio de 2013. Impreso en 13 Poniente Norte Núm. 639, colonia Magueyito. Código Postal 29000, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México. Teléfono (961) 61 24529. Se prohíbe la reproducción total o parcial de los contenidos sin el consentimiento expreso de sus autores. La redacción no responde por originales no solicitados. Los contenidos, así como parte de los títulos y subtítulos son responsabilidad exclusiva de quien los firma y no representan necesariamente el punto de vista del periódico Péndulo de Chiapas. Correspondencia: angelyuing@hotmail.com

Á. Gabriel Pozo Ruiz

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odos sin duda han visto algún graffiti en nuestra ciudad. Esto que hasta hace poco fue considerado como arte callejero o street art. Visto por primera vez, ya sea como una forma de publicidad para las empresas locales o nacionales y de sus productos, o una forma juvenil de vandalismo. Los primeros se asociaron con artistas desconocidos o pandillas para “marcar” su territorio y ahora ha desarrollado su propia cultura y estilo. Cualquier superficie se convierte en un lienzo, cualquier material que puede ser el medio para expresar como el hilo de una araña tejiendo una obra de arte. Andrea Michaelson es B-Toy, una artista urbana de Barcelona, tiene raíz latina han recorrido medio mundo incluyendo nuestro país, Su talento la llevó a colaborar nada más y nada menos que con Bansky, otro maestro del arte urbano, del cual estaremos hablando luego. Ha dejando huella con el spray y el esténcil, siendo unas de las pocas mujeres en este ámbito. Por ello se ha ganado un lugar en nuestro suplemento. Les dejo con estas gráficas.

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QUIERES SABER MÁS http://www.btoy.es/


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Renato Leduc le quitó el almidón a la poesía, su gran legado Staff

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l legado de Renato Leduc a la poesía es su falta de estiramiento. Él nos dio una manera nueva de ver y sentir la poesía, por su falta de almidón. A través de una voz fresca, natural, es una voz que reintegró la voz del pueblo, expresó el poeta chiapaneco Roberto López Moreno, ayer en la presentación del libro “Soy un hombre de pluma y me llamo Renato” (Ed. Artes e Historia México).

La ocasión para decirlo no podía ser más propicia, anoche en la cantina La Jalisciense, uno de los lugares favoritos del “Gran Jefe Pluma Blanca” para pasar largas tardes de conversación y cultivar la amistad con sus amigos además de dar lecciones a los jóvenes poetas y periodistas de su época. La presentación del libro coordinado por Fred Álvarez y Pepe Alcaraz en el Centro Histórico de la delegación Tlalpan, convocó a amigos y parientes del vate, así como a periodistas, quienes escucharon una seguidilla de anécdo-

tas que pintaron, para quienes tienen pocos años en el oficio, a un hombre atrevido en las letras por su vasto conocimiento del lenguaje. Gonzalo Martré recordó cuando Carlos Gómez Carro le platicó que estaba por hacer una recopilación de los mejores poetas y le preguntó por uno y él, sin pensarlo mucho le dijo que Renato Leduc, quien apareció en el libro “Elogio al Oficio. 13 carteles de poesía” al lado de Tomás Segovia, Gérard de Nerval, Jorge Luis Borges, Samuel Becket, Constantino Cavafis, José Juan Tablada,

Oshima Ryata, Paul Valery, César Vallejo, e.e. cummings, Francesco Petrarca, José Emilio Pacheco y Cuicapicque.

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El poema Temas, fue leído por Roberto barrón, a petición del maestro Martré. No haremos obra perdurable. No / tenemos de la mosca la voluntad tenaz. Mientras haya vigor / pasaremos revista / a cuanta niña vista / y calce regular? Como Nerón, emperador / y mártir de moralistas cursis, / coronados de rosas / o cualquier otra flor de estación, / miraremos las cosas / detrás de una esmeralda de ilusión? Va pasando de moda meditar. / Oh sabios, aprended un oficio. / Los temas trascendentes han quedado, / como Dios, retirados de servicio. / La ciencia? los salarios? /el arte? la mujer? / Problemas didascálicos, se tratan / cuando más, a la hora del cocktail. ¿Y el dolor? ¿y la muerte ineluctable? / Asuntos de farmacia y notaría. / Una noche ¿la noche es más propicia? / vendrán con aspavientos de pariente, / pero ya nuestra trémula vejez / encogeráse de hombros, y si acaso, / murmurará cristianamente? Pues… El periodistas y académico Jorge Meléndez Preciado recordó que Leduc como fundador de la Agencia Nacional de Periodistas donde estaban comunistas muy famosos como Mario Gil, Juan Dutch, candidato a diputado del Frente Electoral del Pueblo, el brazo electoral del partido comunista, junto con Renato que se postuló para Senador y a la presidencia Ramón Danzós Palomino; ahí convergieron otros literatos como Juan de la Cabada y Emilio Abreu Gómez. Aseguró que Leduc quizá no estaría muy contento con este homenaje. Decía que él nunca hubiera aceptado tener una estatua o un busto entonces aseguraba: “a las estatuas a los bustos las mean los perros y las cagan las palomas, yo no quiero que ni me meen que ni me caguen; yo simplemente quiero ser Renato. Por eso no me casé con María Félix, para que no me dijeran señor Félix”. Sin embargo, Martré y Roberto López Moreno insistieron y lograron que a su muerte el entonces delegado en Tlalpan Francisco Ríos Zertuche, también presente, cambiara el nombre de la Avenida del Ferrocarril por el de Renato Leduc. “Cuando me entra la nostalgia voy a la avenida Renato Leduc y me fijo que el busto no está ni cagado ni meado, y me quedo tranquilo”, abundó el poeta chiapaneco. Oralba Castillo recordó que Leduc la presentaba como su última amiga y que ella lo acompañaba a despedirse de sus amigos, ya en sus últimos años. De ahí surgió el libro por ella escrito, “Renato Leduc y sus Amigos”. Y leyó un poema inédito de Renato Leduc que se encuentra en “Soy un hombre de pluma y me llamo Renato”: Alusión a los cabellos castaños Así como fui yo, así como eras tú, / en la penumbra inocua de nuestra juventud / así quisiera ser, / mas ya no puede ser. Como ya no seremos como fuimos entonces, / cuando límpida el alma trasmutaba en pecado / al más leve placer, / Cuando el mundo y tú eran sonrosaba sorpresa. Cuando hablaba yo solo dialogando contigo, /es decir, con tu sombra, / por las calles desiertas, / y la luna bermeja era dulce incentivo / para idilios de gatos, fechorías de ladrones / y soñar de poetas. Cuando el orbe rodaba sin que yo lo sintiera, / cuando yo te adoraba sin que tú lo supieras / -aunque siempre lo sabes, aunque siempre lo sepas- / y el invierno era un tropo y eras tú primavera / y el romántico otoño corretear de hojas secas. Tú que nunca cuidaste del rigor de los años / ni supiste el castigo de un marchito ropaje; / tú que siempre tuviste los cabellos castaños / y la tersa epidermis, satinado follaje. Tus cabellos castaños, tus castaños cabellos / por volver a besarlos con el viejo fervor, / vendría yo la ciencia que compré con dolor / y la tela de araña que tejí en sueños. Así como fui yo, así como eras tú, / en la inconciencia tórrida de nuestra juventud, / así quisiera ser, / mas ya no puede ser...

PEPE ALCARAZ recordó que la idea de “Soy un hombre de pluma y me llamo Renato” fue de algunos tlalpenses para “convocar a hacer un documento en honor a este tlalpense que tuvo dos amores profundos en la vida: las mujeres vistas como poesía/literatura y su país”, un proyecto que duró año y medio.


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Leduc. La genuina indiferencia por el prestigio Carlos Monsiváis I “No dejaremos obra perdurable. No/ tenemos de la mosca la voluntad tenaz”. Estas líneas célebres de Renato Leduc (1897-1986) sintetizan su credo poético, en donde la devoción por el lenguaje se enlaza con la (genuina) indiferencia por el prestigio, y por el desdén hacia el Poeta, con las mayúsculas de la obligación, en trance ante la levitación de sus frases, condenado a dramatizar la inspiración, atento tan sólo al círculo restringido, a los-lectores-como-galeotes que de él aguardan el mismo trato. Según Leduc, el crimen sin remisión es tomarse en serio, “profesionalizarse”, hacer poesía con horario. Esto equivale a convertir un don natural en cárcel, burocratizando el impulso adquirido, imprimiéndole características fatales a la vocación lúdica. En oposición a este fantasma, Leduc eligió como modelo al hombre directo y sin recovecos, el “macho cabal”, el periodista enemigo de las falsas complejidades. Con tal de no encajar en ninguno de los estereotipos del poeta adoptados por la modernidad-a-la-mexicana, Leduc optó por el personaje antiintelectual y alegremente bárbaro al que terminó ofrendándole su psicología y su fama pública. Así descrito, la imagen de Leduc encaja sin problemas en la del “bohemio”, el artista marginal que descree de la disciplina y para quien el arrebato todo lo vindica. Esto, a su pesar, fue Leduc en el espacio del reconocimiento social: el “Último Bohemio”, sumergido en anécdotas y en el santo olor de las malas palabras. Y esta leyenda todavía se interpone entre el lector mexicano y la obra de Leduc, ciertamente rigurosa, producto de una tensión cultural e idiomática, del placer literario que luego su autor desconoció. ¿Por qué fomentó Leduc esta visión calumniosa de su propio y magnífico trabajo? Al recelar de la psicobiografía, me abstengo de imaginar al joven Renato harto a tal punto de la atmósfera de su padre, el escritor modernista Alberto Leduc, que prefiere abandonar las seguridades urbanas y ser telegrafista de las tropas de Pancho Villa. Más bien, me atengo a lo que él escribió. En sus primeros libros de poesía —El aula (1924), Algunos poemas deliberadamente románticos y un prólogo en cierto modo innecesario (1930), y Breve glosa al libro de buen amor (1942)— Leduc es el romántico hostigado por el frenesí de lo contemporáneo, es la elocuencia finisecular neutralizada por el sense of humour del Progreso, es la exquisitez que comparte el espacio con la jubilosa vulgaridad de la calle. De manera obvia, a Leduc le importa exhibir el dominio de la forma que redime puntos de vista e intemperancias, y defrauda al lector moderno con temas y vocabulario del modernismo, y defrauda al lector tradicional introduciendo la voraz, cínica, ansiosa sensibilidad posrevolucionaria: Pequeños refranes: el que calla otorga. Oh amada, que calzas tus frases con chanclos de

goma pero nunca otorgas. En un mismo poema, Leduc combina el “un dívago viento” y el quick-lunch, o la pequeña estancia que es tibieza y fragancia con el pregón de la lotería Este bárbaro, cara Lutecia, ama el gas neón y Hollywood, pero vive a fondo los ritmos poéticos que ya en los años veinte empiezan a ser tradicionales. En Renato, una ambición siempre presente es la de ser un “clásico inesperado”, o un refinado-sin-que-nadie-así-lo-perciba. Él conoce de manera exhaustiva los recursos lingüísticos, y consagra su impecable oído literario al noble propósito del juego, descripción de sensaciones que es gozo de la forma, o recuento nostálgico interrumpido por la prisa relajienta del claxon. Según Leduc, la poesía es, en lo básico, la más alta cumbre de la inutilidad. ¿Para qué reflexiones filosóficas o incursiones metafísicas, si la poesía puede ser también la pasión por la palabra matizada por la ironía? La “deliberación romántica” de Leduc incluye las ganas de decepcionar de modo simultáneo al Manuel Acuña y al López Velarde que lleva dentro, y de ostentar su erotismo, su burla de las fórmulas consagradas, su rechazo de la vida convencional: Cansancio de haber nacido

en este gran siglo empequeñecido, sin pasión torva o celeste. Cueste, oh Dios, lo que cueste mártir mejor, o bandido. Leduc es, de manera obvia, un lector compulsivo de Salvador Díaz Mirón, Lugones, Luis G. Urbina, López Velarde, Julián de Casal, Jules Laforgue, Baudelaire, y ha estudiado con detalle a los clásicos españoles, del Arcipreste de Hita a Quevedo. Pero su idea de la poesía se funda en Rubén Darío, en la intensidad con que Darío vuelve personajes a los vocablos inesperados, amplía sin cesar el idioma poético, sitúa una esdrújula como provocación cultural, le confiere un aura misteriosa a los paisajes cotidianos a fuerza de adjetivarlos sorpresivamente. Leduc no pretende “actualizar” a Darío, acude a esa herencia para introducir la nueva sensibilidad: Pequeña coribante de núbiles caderas, maravillosamente capciosas, como el jazz. En la “Justificación” a su primera antología, Fábulas y poemas (1966), Leduc es autocrítico: Por las mismas oscuras razones que ciertos padres se encariñan con el hijo

canalla o defectuoso con detrimento de su amor a los mejores, es frecuente entre escritores menospreciar sus obras de mayor aceptación y preferir las menospreciadas por el público. En lo personal me apena tanto la indiferencia de los lectores hacia mi “Epístola a una dama que nunca conoció elefantes” como me sorprende la vieja y sostenida popularidad de ese banal ejercicio de retórica que es mi soneto “Tiempo”.

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“Tiempo” es un gran soneto, pero en cierto modo Leduc tiene razón: cada texto suyo es, en su inicio, ejercicio de retórica que, en el camino, suele transformarse en poesía. Él experimentó siempre con el sonido, y con la “vulgaridad” que es, en sus términos, ampliación de territorios poéticos. La suya es, desde el principio, decisión implacable. A Leduc le importa el público no literario, el ajeno a las capillas de los “poetas de ambigua envergadura”, que lee poesía para abastecer con celeridad su repertorio cotidiano. Este público lo reconocerá de modo cuantioso y durante un largo periodo sus lectores serán los continuadores de quienes, a principios de siglo, se aprendían los poemas en pos del deleite musical, y la dicha de la cita que ilumina en cualquier momento la realidad. La excelente “proclama obscena”, Prometeo sifilítico se copió a máquina por décadas, y en las reuniones “bohemias” se recitó sin falta “A tiempo amar y desatarse a tiempo... Acre sabor de las tardes/ que fuimos bizarramente cobardes”. El primer público

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de Renato fue a tal punto fiel que no requirió incluso de sus libros, le bastaba la memoria. En la “Justificación” ya citada, él explica por qué no seleccionó con más rigor: Recordé, por ejemplo, que uno de los poemas eliminados lo encontré, recortado de la página literaria de una revista y enmarcado en un cuadrito azul, colgado en la alcoba de una pequeña y romántica prostituta provinciana. Recordé que, cierta noche de tormentosa juerga, en una taberna de Chihuahua, un ferrocarrilero ebrio casi me perdonó la vida cuando se enteró de que yo era el autor de uno que tengo clasificado entre mis peores poemas... Y recordé que alguien me refirió que en el Penal de las Islas Marías, un presidiario recitaba ese verso mío: “Yo que la sufro cerca... tú que la lloras lejos...” cada vez que le atormentaba la imagen de la mujer por cuyo asesinato purgaba larga condena... Antes de las sucesivas recopilaciones de su obra, Leduc publica dos plaquettes: XV fabulillas de animales, niños y espan-

tos (1957) y Catorce poemas burocráticos y un corrido reaccionario, para solaz y esparcimiento de las clases económicamente débiles (1964). Él, ya desde su regreso de París en 1942, hace del periodismo su actividad fundamental, y varios de los textos de estas plaquettes son en su origen colaboraciones periodísticas. Así, en las XV fabulillas, la “Tardía dedicatoria al primero pero ya difunto amor del fabulista”, con sus extraordinarias líneas iniciales Tiempos en que era Dios omnipotente y el señor don Porfirio presidente. Tiempos-ay-tan lejanos del presente. Cándida fe de mi niñez ingrata muerta al nacer, en plena colegiata viendo folgar a un cura y una beata se publica por primera vez como una parte de la sátira política enderezada contra el régimen de Adolfo Ruiz Cortines. Ya para entonces Leduc practica sobre todo lo que considera “poesía de circunstancias”, exhibiciones de la antigua destreza sin otro propósito que la

diversión. Lo que fue desplante deviene actitud inalterable. En su visión él ya no es o él nunca quiso ser un poeta solemne sino un versificador popular cuya suprema habilidad consiste en hacer mejor que nadie lo que él ni siquiera se digna recopilar. Tiene tanto éxito en esta versión autodenigratoria, que a su muerte los comentarios necrológicos destacan sin cesar al personaje y sólo mencionan de paso al poeta.


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II Para reparar la lamentable injusticia contra la poesía de Renato Leduc, un primer paso es la recuperación de algunos de sus textos que el no rescató de las publicaciones o, lo más probable, que él simplemente olvidó. “Hay lugar” y “Yo soy el libro” se incluyen en Glosas (Serie “Amigos de Fábula”, edición de 50 ejemplares numerados, México, 1935). Con excepción de “Arcos y charcos”, tomé los demás poemas del semanario de humor Don Timorato (1944-1947), memorable por la calidad de caricaturistas y dibujantes satíricos (Ram, Rafael Freyre, García Cabral, Audiffred, Abel Quezada, Arias Bernal, Alberto Isaac) y por el nivel de los poetas satíricos (los más notorios: Leduc y Salvador Novo). Por lo demás, Don Timorato no fue revista de oposición ni mucho menos. Especializada en el humor social, en la adaptación de técnicas norteamericanas y en el culto a las celebridades. Don Timorato llegó a ser instrumento propagandístico del candidato a la presidencia Miguel Alemán en contra de sus rivales Ezequiel Padilla y Miguel Henríquez Guzmán. Entre 1944 y 1945 Renato colabora con cierta asiduidad en Don Timorato. Fuera de dos débiles intentos de sátira electoral contra Padilla, sus “ejercicios de retórica” son demostraciones de sabiduría técnica y refinamiento irónico. De ellos rescata tres para XV fabulillas con leves enmiendas. Así por ejemplo, la “Fabulilla comparativa del desdentado

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anciano y el colmilludo infante”, en la revista se titula “Homenaje de DON TIMORATO a los ancianos de todas las edades en su día”, e incluye una cuarteta suprimida en el libro. ¿Quién es Lombardo...? ¿Quien es Manolo...? ¿Quién es Manolo Gómez Morín...? Solitos hacen de un mismo solo, único y solo mismo violín. “Arcos y charcos” se publica en las Calaveras anuales del Taller de la Gráfica Popular en noviembre de 1951, y es sin duda el ataque literario más brillante contra el régimen alemanista y el desarrollismo. La inspiración evidente es la “Marcha triunfal” de Darío, pero Leduc pronto se aparta del modelo e incursiona en la métrica que le conviene. A estas alturas, el poema se resiente de la falta de contextos, y el lector debe ser informado de la trivia de un sexenio: el nicaragüense Rogerio de la Selva fue el secretario particular del licenciado Alemán, y a él y a su hermano Salomón, poeta y catedrático de Harvard, se les acusó con frecuencia de ser la vanguardia de la adulación al presidente; Fernando Casas Alemán fue el jefe del Departamento Central que soñó con sustituir a su pariente; Jorge Pastel es Jorge Pasquel, el emblema del contratista que impulsa la nuevorricracia en la época anterior a Carlos Hank González y los líderes petroleros; el coronel Carlos Serrano fue el símbolo del funcionario-empresario; la UNS es la Unión Nacional Sinarquista y

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el FAC, el Frente Anticomunista. Sin embargo, y con estas salvedades informativas, la sátira es magnífica. Destinado a hojas efímeras, en un momento en que la oposición carecía de resonancias y espacios culturales, el texto de Leduc se sostiene por el alto nivel técnico y el placer literario que delata línea por línea. Quizás ya para entonces, Renato desconfiaba de su sensibilidad, la sentía fechada, y sólo útil para divertimentos periodísticos. O, tal vez, se había entregado de lleno a la construcción del personaje antisolemne, desenfadado, el redentor del habla procaz que ignoraba cualquier sentido de las jerarquías en un medio tan piramidado. Como sea, XV fabulillas contiene los últimos poemas que Leduc escribió pensando en el libro como meta específica. El resto serían colaboraciones periodísticas levemente enmendadas. Renato Leduc fue un poeta excepcional. Ya es hora de leerlo sin los prejuicios que él, más que nadie, introdujo para beneficiar al personaje con detrimento de la obra. Y como aquel que ejerce el onanismo del éxtasis desciendo hasta el abismo y emprendo el viaje huyendo de mí mismo.


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FOTO: FABIAN HERLLEJOS; Twitter: @nosoychaplin

Un café después Fabian Herllejos

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en, toma mi mano, no tengas miedo. Si no sabes no importa, puedo decirte cómo te vas a mover. Tu sonrisa nerviosa me dice que no lo haces a menudo, al menos no con desconocidos que te abordan a la primera oportunidad que encuentran, debo sentirme afortunado de tenerte frente a mí. Para no verme como un imbécil, debo serte franco: yo tampoco acostumbro esto, regularmente ocupo las noches para ver películas, escuchar música y todas esas cosas que hacemos los solterones de mi edad. Voy a poner mi mano derecha aquí en tu cintura, y tomarte firmemente una mano, con la izquierda. Me gusta el ritmo, me gusta el sudor que poco a poco va poblando tu cuello, tu vientre pegado a mi humanidad es esa versión terrenal de un paraíso que no se encuentra en ningún mapamundi. Date la vuelta, déjame ver cómo luce tu espalda adornada con las gotas de sudor y detalladas con mi mirada, recorriéndola. Te diste la vuelta nuevamente, ¿no te agrada cómo lo estábamos haciendo?, bueno no hay problema, es este momento lo que importa, ese es un detalle que soy perfectamente capaz de soportar. Me pregunto si después de esto, aceptarías salir a tomar un café conmigo, que esto

no quede solo en lo efímero de dos personas que no se conocen y llegan a este punto, en una noche. ¡Perdón! ¿Te lastimé?, me desconcentré un momento y perdí el ritmo, no era mi intensión. Acerca tu cadera, relájate, eso, así. Tu mano izquierda parece que se ha encariñado de mi hombro, ¡no, no la quites! Se siente bien. Cuando te muerdes el labio inferior, te ves preciosa. Podría darte mil cumplidos toda la noche, pero sé que has de estar aburrida de eso, que en este momento lo único que te preocupa es que sigamos en movimiento, ya tendremos tiempo de platicar esas cursilerías a las que tanto me gusta recurrir con personas cómo tú. Quién lo diría: sabes moverte muy bien. Me atrevo a darte un beso, y te sonríes. En mi boca queda el sabor de tu aliento, un aliento sincero, sabor a vodka y a humo de cigarro. Te estás convirtiendo en la imagen del mismísimo Diablo, entre el sudor, la falta de palabras, caricias y el vaivén veloz de tu cadera. Vas respirando profundo y empiezo a cansarme, disminuyes el ritmo, comienza a hacerse lento de nuevo, gracias a Dios, a este paso terminaría fundido con el temor de no haber durado lo suficiente. Viene la última parte, esa en la que uno espera lo mejor, en donde los dos damos un último esfuerzo para quedar satisfechos y luego analizar si vale la pena repetir. Tus hom-

bros, tu espalda, tu cabello, tu cintura, tus labios, todo parece escribirle, en manuscrita, mi nombre al aire. Termina la faena, los dos respiramos hondo, nos vemos como si hubiésemos cometido una travesura. Antes de preguntarte por el café me interrumpes, sugieres que lo hagamos otra vez antes de tomar asiento y cansado, con una sonrisa en el rostro, te digo: está bien, solo déjame tomar un respiro antes. Sonríes, te acercas, tomas mi hombro y te preparas para bailar, otra vez.


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Nada Berona Teomitzi

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a lluvia dejaba surcos a su paso, en la madrugada desperté asustado, no lograba recordar la pesadilla, cuando abrí los ojos, la lluvia empezaba a meterse por todos lados en las rendijas de la única puerta que daba a la calle, había un lodazal debajo de la cama, siempre soñé con un piso de cemento, pero hace mucho que la tierra estaba enferma, lo único que se cosechaba era hambre. No intenté levantarme al ver que la casa se inundaba. Una botella de plástico vacía se mecía como un barco en medio de una tormenta catastrófica. Mi cuerpo, mis ropas sucias se encontraban completamente mojadas. El agua estaba a punto de tocarme la nariz. Permanecí despreocupado, ya no me importaba nada y al ver nuevamente la botella vacía, volví a llorar. El nivel del agua subía cada vez más. Apreté los labios, cerré los ojos y pronuncié su nombre en silencio: Juanita, Juanita, Juanita…. Juanita apareció en la bruma con sus sandalias de hule a punto del llanto, me vio y con su vocecita apenas entendible, me dijo: Llévame, quiero ir contigo. Apenas eran las cinco de la mañana, le calenté un poco de leche en el anafre. Después de tomársela, fue a despedirse de su madre que aún dormía con la boca abierta. Allá en el campo cortó geranios, le gustaban harto, también eran mis flores favoritas, jugó con las primeras cigarras del verano, pero al medio día se cansó y se puso a dormir cerca de los borreguitos. Mi compadre Jacinto vino entonces, dijo que se le hizo tarde por no sé qué cosas…

-Ya verá que bien crecen las plantitas, nunca falla Ramiro, hierba mala siempre muere con esto. -¿Y no me regala un poquito?, le dije, es que allá en la casa mi mujer siempre quiere sembrar, pero nunca se da algo, mala mano ha de tener… Jacinto me dio un poco en una botella. Al terminar nuestro jornal cada quien se fue para su casa. Mi mujer hizo ejotes con huevo, de tomar siempre había café. Juanita comía de prisa y sólo le ponía atención a su plato. Mi mujer tampoco hablaba, permanecíamos inmutables como si hace siglos nos conociéramos y ya no tuviéramos nada qué decir. -Voy a salir a comprar unas cosas, dije, para callar el silencio. Nadie me contestó, mi mujer sabía que iba a la cantina, Juanita sólo me miró con cara de tristeza. La tarde era alegre, había neblina y mis manos rajadas estaban calientes por tanto aguardiente, me puse a llorar entrando la madrugada, ya sólo me quedaban unas cuantas monedas para toda la semana. -Algún trabajo encontraremos, me decía Jacinto, con su tono optimista. Mi mujer vino a buscarme. -De cualquier forma ya quería irme, le dije a Jacinto. Los ojos de ella estaban llorosos. Pobrecilla, pensé, ha de ser difícil vivir con un miserable como yo. La abrace y su llanto se transformó en un grito profundo. No es para tanto, le dije, ya vámonos, ya no volveré a beber, ahora sí te lo prometo. Pero, yo ya no sabía distinguir sus lágrimas de la lluvia. Entre un tumulto de

mocos me dijo: no es por ti. Entonces la aparté de mí con brusquedad y le dije ¿Entonces por quién lloras? ¿Acaso amas a alguien más? Ella me tomó de la mano y mientras más nos acercábamos a la casa su llanto se incrementaba igual que la lluvia. Cállate le grite, estoy harto de que siempre que salgo a divertirme sea lo mismo, me di cuenta de que mi lengua era un nudo aguardentoso. Cuando por fin llegamos a la casa, ahí estaba Juanita con sus piernitas casi celestiales, parecía dormida, pero al tocarla me di cuenta de que no respiraba más. No hizo falta preguntar nada, la botella de plástico con herbicida aún estaba abierta. No paró de llover desde ese día, mi cuerpo flotaba, la casa se había inundado por completo. Juanita me sonrió y me dijo: no conozco el mar papá. Yo la llevé a conocerlo.


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palabras o menos

sobre cine

De vuelta al motel Bates

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s normal que lo que más se recuerde de la joya que es Psycho (1960) sea la escena de la ducha: la expresión en el rostro de Marion, el forcejeo, el juego de luces y, principalmente, la música. Pero la historia de la familia Bates va mucho más allá, y los guionistas Carlton Cuse (Lost), Kerry Ehrin (Friday night lights) y Anthony Cipriano tratarán de explicarnos un poco más acerca de la relación entre Norman y su madre, en una serie producida por Universal Television, a estrenarse en México en julio. La primera temporada de Bates Motel consta de diez capítulos y situará al espectador justo después de la muerte del padre de Norman (Freddie Highmore), varios años antes de lo ocurrido en Psycho. Además de que los guionistas decidieron cambiar de ciudad la historia (la familia Bates vivirá en White Pine Bay, Oregon y no en Fairvale, California), también la ubicaron en tiempos modernos y no en la década de los sesentas. Después del tremendo éxito de Harry Potter, The lord of the rings y Twilight parece ser que las adaptaciones “están de moda” y Hollywood intenta nuevamente repetir la fórmula (variando un poco algunos elementos, más o menos como lo hicieron con The vampire diaries, que no hubiese tenido futuro de ser adaptada a la pantalla grande) y, ¿quién mejor que el guionista de Lost para mantener, o por lo menos intentarlo, el tono de thriller psicológico de Psycho? Pero, aunque Bates Motel pueda parecer interesante y quizá lo sea, debe recordarse que Universal Pictures y Bloch, el autor de la novela en la que se basó Hitchcook, tuvieron diferencias creativas y se separaron después del éxito de Psycho; debe tenerse en cuenta que este nuevo proyecto de Universal, inspirado en los personajes creados por Bloch, no busca aportar mucho a los fans de las novelas, y debe ser tomado como algo nuevo, independiente, con sus propios méritos y fallas, separado del universo de Bloch, o en todo caso una invitación a explorar este último,

pues, aunque los personajes sean los mismos, de estas diferencias se desprenden Psycho II y Psycho House, de Bloch, y Psycho II, Psycho III y Psycho IV de Universal Pictures, que muchas veces se contradicen unas a otras. A diferencia de Tomas Harris y su doctor Lecter, Bloch no tuvo mucha suerte y estuvo separado de todas las adaptaciones y secuelas cinematográficas de Psycho, lo cual seguramente no le causó mucho disgusto, pues es uno de los autores estadounidenses de ciencia ficción y fantasía más reconocidos, con más de veinticinco novelas y cuarenta y tantos libros de cuentos. Mientras tanto nosotros tenemos a Bates Motel, Hannibal y un

montón de novelas y películas para sacar nuestras propias conclusiones sobre el verdadero objetivo de las adaptaciones.


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Anaqueles

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El dinero perdido en el PIB, nueva estrategia para defender la propiedad intelectual

Novela

Hollywood De Charles Bukowski Henry Chinaski siempre ha estado en pie de guerra, sin bajar la guardia contra el –“Establishment” y sus infinitos tentáculos. Pero en Hollywood no le será nada fácil: John Pinchot, un enloquecido director de cine, se empeña en llevar a la pantalla sus relatos de juventud, o sea la autobiografía de un alcohólico empedernido. Chinaski desconfía del proyecto, aunque acepta a regañadientes escribir el guion de la película. Y aquí comienzan los verdaderos problemas.

Narrativa Las enseñanzas de Don Juan De Carlos Castaneda Primero de los libros de este antropólogo en el que narra la primera etapa del aprendizaje que lo convertirá en hombre de conocimiento bajo la guía de un brujo yaqui. Por diversos medios, Don Juan sumerge a su discípulo en una realidad no ordinaria, inexplicable para nuestros esquemas de pensamiento pero no para la sabiduría antigua que trasmite el maestro.

Ensayo Lo obvio y lo obtuso: Imágenes, gestos y voces De Roland Barthes Roland barthes (Francia, 1915-1980) es uno de los semiólogos franceses más relevantes del siglo XX. Es autor de más de veinte estudios de semiótica estructuralista, análisis crítica de la obra literaria pero también de libros sobre fotografía, música, arte y cine. Paidós recupera sus textos en una nueva biblioteca de autor. En cualquier intento de expresión podemos distinguir tres niveles: el nivel de la comunicación, el del significado, que permanece siempre en un plano simbólico, en el plano de los signos, y el nivel que Barthes llama de la significancia. Pero en el sentido simbólico, el que permanece a nivel de signos, se puede distinguir dos facetas en cierto modo contradictorias: la primera es intencional (no es ni más ni menos que lo que ha querido decir el autor), como extraída de un léxico general de los símbolos; es un sentido claro y patente que no necesita exégesis de ningún género, es lo que está ante los ojos, el sentido obvio. Pero hay otro sentido, el sobreañadido, el que viene a ser como una especie de suplemento que el intelecto no llega a asimilar, testarudo, huidizo, pertinaz, resbaladizo. Barthes propone llamarlo el sentido obtuso.

Winston Manrique Sabogal

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El dinero tendrá la clave? Los derechos de autor, la protección de la propiedad intelectual, no solo beneficia a los creadores, ni es una defensa de ellos, sino a toda la cadena de valor de la creación respectiva hasta que llega al público, y especialmente al Estado porque contribuye al Producto Interno Bruto del país. Esta es la cara B de este debate que desvela al mundo de la cultura y las industrias culturales debido a la revolución que ha generado la espiral vertiginosa de Internet. Pero, ahora más que nunca, "el consumidor debe poner de su parte para que la cultura siga", según Antonio Muñoz Molina La estrategia del dinero, de lo que un Estado y un país dejan de percibir si permite la destrucción de modelos creativos y de negocio, es la penúltima forma en que los expertos del sector buscan reconducir el debate en Europa. La experiencia de Reino Unido, según Ian Hargreaves, profesor de economía digital en la Universidad de Cardiff y asesor del primer ministro británico David Cameron, va en esa dirección. Si su decálogo de recomendaciones se cumpliera, en dicha dirección, afirma el experto, su país crecería entre un 0,3% y un 0,6% del PIB, es decir unos seis mil millones de euros. Este análisis lo hizo en la Jornada sobre Propiedad Intelectual, organizada en Madrid por el Centro de Estudios Garrigues. Un debate sobre propiedad intelectual en el entorno de Internet en el que participaron Antonio Muñoz Molina, escritor y premio Príncipe de Asturias de las Letras 2013; Nuria Cabutí, consejera delegada del grupo Random House Mondadori; Carlos Biern, de BRB Internacional; y Carolina Pina, socia de Propiedad Intelectual e Industrial del despacho Garrigues. Las diferentes intervenciones condujeron al tema del dinero, además del valor de la creación como aporte al desarrollo cultual y del ser humano. Explicaron que sin garantizar los derechos de autor no solo pierde un creador y la industria que está detrás sino que el país pierde en crecimiento económico. “En Europa vamos tarde y colonizados por Estados Unidos en estas cuestiones”, resumió Birn. Hay una necesidad urgente, alertó Cabutí, de paliar y contrarrestar el fraude de la piratería. Los cambios, según Carolina Pina, deben estar dirigidos a una mayor seguridad jurídica (hay muchos casos que no están claros) con el fin de que el emprendimiento no conlleve tantos riesgos, establecer leyes sencillas que se puedan cumplir, reducir costes y armonizar la Propiedad Intelectual y la Unión Europea. Educar a la ciudadanía y crear pedagogía en estos aspectos es el otro tema en el cual coincidieron los conferenciantes. Explicar mejor a la gente que no se trata de si una persona, el autor, gana o no dinero con su obra, sino que hay una serie de personas que trabajan para que ese producto llegue a la gente con la calidad merecida. “La sociedad está confundida”, advirtió Carolina Pina, “no percibe bien qué es lo que pretende proteger la propiedad intelectual”. El caso de España es único, y agudizado, respecto al resto de Europa. Las descargas ilegales son mayores, solo en libros se calcula que en 2012 se habría dejado de percibir tres mil millones de euros. “Cuando se dice defender a los creadores”, afirma Muñoz Molina, “lo específico del debate en España es su bajeza, porque durante años la clase política promulgó la demagogia de lo gratuito”. Recordó, también, que este es un país con “una larga tradición de desprecio con todo aquello que tiene

que ver con la propiedad intelectual. Del desprecio por el saber, por el conocimiento a la hora de tener prestigio público”, Según el autor de obras como El jinete polaco o Sefarad, la deriva que ha tomado esta actitud hacia el saber es igual en la gente conservadora o de izquierdas, en los primeros porque quien tiene conocimiento es sospechoso de “tener ideas", como algo negativo; y en los segundos por que son sospechosos de elitistas. “En España”, advierte Muñoz Molina, “la inteligencia y la creación se mueven en un punto de vista muy difícil”. Al margen del dinero que reciben o dejan de recibir los autores, las personas que trabajan para ese producto y el Estado, para Muñoz Molina hay un tema más profundo y delicado: “La sociedad, el consumidor tiene que reflexionar sobre si aquello que le interesa quiere que siga existiendo y si es así tendrá que contribuir. El consumidor debe poner de su parte para que la cultura siga. No hay que confundir libertad con gratuidad. La libertad cuesta dinero”.


La Máquina Hamlet No creo en una historia que tenga pies y cabeza. Heiner Müller

Los caminos de Bandini [MARCELINO CHAMPO] Para escribir bien un hombre tiene que tener una afección mortal. Es la única forma de afrontar la presencia de la muerte

B

J. Fante

andini es un buscador, un ave migratoria de vuelo estático, sola en una ciudad de fantasmas, de seres que deambulan entre soledad y polvo. Escribir es para muchos un acto de salvación, el último escape en tierra de nadie. Quien escribe sabe y es consciente que ese intento que realiza en aquél instante puede ser el último, no hay marcha atrás, el papel reclama más atención que la propia tragedia. Todo es motivo de reflexión nocturna: el lenguaje acecha como una bestia. A golpe de tecla se busca algo, a ciencia cierta no se sabe qué, pero se busca, como se

busca la salvación o la gloria. ¿Quién es Bandini? Quizá un hombre entre miles, pobre iluso que intenta guarecerse de la tormenta en la marquesina de la palabra. Va a perder y lo sabe, sin embargo su apuesta es fulminante, suicida. Bandini quiere ser escritor, lo piensa, lo vive más allá del silencio. Sabe también que es una carrera hacia ninguna parte. ¿A dónde va Bandini? Hacia todos lados y hacia la nada. Un vacío se cierne sobre su estomago, de nuevo el hambre, ese espectro que parece no abandonarlo, pero entre sus latigazos ve la esperanza. ¿Qué esperanza es esa Bandini? La esperanza de la literatura, si es que a eso se le puede llamar esperanza. John Fante (1909-1983) nos presenta una ciudad de concreto y polvo, una mirada hacia la vida subterránea, el encuentro de un joven escritor con la vida, he ahí la aventura, la celebración del azar: pasión + juventud+ literatura= cataclismo. Pregúntale al polvo (Ask the dust) una novela en la que John Fante nos narra la historia del novel es-

critor Arturo Bandini, personaje que funge de alter ego y que se enfrenta a manos desnudas contra los monstruos de la contingencia. “La chica se movía como una bailarina, sus fuertes piernas de seda formaban montoncitos de serrín cuando sus zapatos raídos se deslizaban por el suelo de mármol. Los zapatos eran sandalias y llevaba las tiras de cuero aseguradas con varias vueltas alrededor de los tobillos. Eran unas sandalias que se caían a pedazos; el cuero trenzado se había deshilachado. Al verlos me puse muy contento porque era un defecto criticable que tenía la chica. Era alta, de espalda muy recta, tendría unos veinte años, impecable a su manera, con excepción de aquellas sandalias que estaban hechas un asco. Así que me puse a mirarlas con fijeza, intensidad y premeditación, e incluso giraba la silla y volvía la cabeza para seguir mirándolas, al tiempo que sonreía con burla y reía para mis adentros”.

Novela autobiográfica que forma parte de la tetralogía de “La saga de Arturo Bandini”, Fante ofrece al lector una prosa ágil, certera, que sale de las entrañas. Una literatura para desesperados, de supervivientes, de ratas de ciudad, un intento por sublimar la desgracia. Ésta es la obra que movió, desde lo más profundo, a Charles Bukowski, quien más adelante afirmaría y recalcaría la gran influencia de John Fante en sus cuentos y novelas. Fante, John, Pregúntale al polvo, Barcelona, Anagrama.

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