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PULIENDO LA PIEDRA NUMERO 19 CORREGIDO

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a

Puliendo La Piedra

FILOSOFÍA, SIMBOLISMO, CIENCIA, LITERATURA, GNOSIS

DICIEMBRE 2025

AÑO 2

NÚMERO 19


Luces desde el Oriente Sea mi saludo y un abrazo fraternal para cada uno de vosotros, mis QQ.: HH.: Al mismo tiempo agradecer la gestión y la entrega a toda prueba que caracterizó a la Oficialidad saliente y su V.: M.: Rodrigo Egaña Montenegro. Al asumir esta responsabilidad junto a la nueva oficialidad, queremos expresarles que daremos lo mejor de nosotros y que intentaremos emular a aquellos HH:. que, con su ejemplo y amor fraternal, han contribuido al enriquecimiento espiritual y moral de nuestra querida Logia Eduardo de La Barra Nº 70. Asumo este importante cargo con profunda responsabilidad y Humildad con la plena convicción de que los principios de la Masonería Universal son hoy más pertinentes que nunca. Su propósito esencial es brindar a cada ser humano un crecimiento intelectual, moral y espiritual; esta debe ser nuestra principal preocupación para que los lazos de fraternidad sean una compañera inseparable de nuestros actos. Considero también que, como masones, nuestras metas deben renovarse conforme avanza la sociedad. Por ello, debemos mostrarnos ante ella a través de nuestras obras, pues sin obras las ideas carecen de valor. Este mensaje que deseo transmitir tiene como objetivo principal la UNIDAD de nuestra Logia, con el fin de hacerla más grande, más nutrida, más amigable, más reconfortante, más universal, más digna y más fraterna, siempre con la mirada puesta en el progreso. Ojalá podamos aportar nuestra cuota de responsabilidad para que la Logia Eduardo de la Barra Nº70 nuestra Logia, no solo mantenga su merecido reconocimiento en la Jurisdicción, sino que también destaque a nivel nacional. Para ello, debemos trabajar arduamente en desbastar nuestra piedra bruta, evitando los bajos sentimientos, el egoísmo, la codicia y la personalización. Nuestra Logia posee una gran Tradición Masónica, y es nuestro deber respetarla y practicar la fraternidad más pura entre todos nosotros, queridos hermanos. Yo soy el primero entre sus iguales, y este espíritu nos permite construir voluntades y buenos


propósitos, donde nadie sobra, pues somos un solo equipo guiado por principios y valores cargados de nobleza. Finalizo este saludo a vosotros invitándolos a cultivar y practicar los tres pilares fundamentales que nos sustentan: LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD. S.F.U.

ÓSCAR LAGOS SILVA, V:.M:., R.L. LOGIA EDUARDO DE LA BARRA Nº 70, V:. DE QUILLOTA


IMPORTANCIA DE LA ARMONÍA EN LOS TRABAJOS EN EL TEMPLO. La Armonía es la piedra angular que sostiene la vida de nuestro Taller. Sin

ella,

ninguna

Luz

puede

expandirse, ningún trabajo puede elevarse y ningún Hermano puede encontrar verdadero descanso en el Templo. En Logia, la Armonía se manifiesta en la palabra justa, en el silencio respetuoso, en la obediencia a los Landmarks y en la sublime disposición de cada Hermano a ser instrumento de paz. Cuando la Armonía gobierna, la Sabiduría fluye; cuando la Sabiduría se manifiesta, la Fuerza se ordena; y cuando la Fuerza se equilibra, la Belleza corona la obra. Que cada uno de nosotros, al ocupar su Columna, recuerde que la Armonía no es un adorno del espíritu, sino un deber sagrado, una obligación moral y un honor fraternal. Donde reina la Armonía, brilla el Taller; donde ella falta, todo se oscurece. Que el G∴A∴D∴U∴ inspire nuestros corazones para que en cada Tenida sembremos paz, cultivemos respeto y edifiquemos, unidos, el Templo interior que nos conduce a la Luz sin ocaso.!!!

Washington Mena Silva Ex V.·. M.·.


Jerarquía y Tradición en Masonería “La vida de la logia no cambia, sino que se proyecta en el tiempo. Así como fue en el pasado, cuando ha crecido y consolidado a partir del trabajo de los HH:. fundadores, así también hoy en día la hemos proyectado en el futuro, para así continuar edificando en futuro en la Masonería Chilena”

La

Logia

es

el

órgano

fundamental de la masonería, es la depositaria de la tradición masónica.

En

ella

reside

la

soberanía masónica que ejerce en la forma definida por la Constitución, específicamente, en el artículo 18° del Reglamento. Es el Taller, fuente de todo derecho, de toda autoridad y de todo poder. Solo en ella se puede realizar y conceder la Iniciación, El Aumento de Salario, La Exaltación, la Afiliación y la Reincorporación. La creación de las Logias requiere de ciertos requisitos mínimos, que condicionan su normal funcionamiento. Algunos de estos requisitos son: a) Contar con al menos 25 o más Hermanos regulares y activos, de los cuales 20 deben ser Maestros, b) Acreditar el patrocinio de una Logia regular constituida, c) Disponer de un lugar físico consagrado para su funcionamiento. El Cuadro de los miembros constituidos, preparará y redactará la solicitud de trabajo de Constitución, levantando un acta de lo ocurrido. Dicha solicitud deberá indicar el idioma y el Rito en que se trabajará, junto a la petición de Rituales, Manuales y Reglamentos que se utilizarán. Dichos antecedentes son enviados al Gran Delegado Jurisdiccional y a la Gran Secretaría General. Un Decreto del G:.M:. considerando favorable la petición, legitimará los pasos preparatorios y autorizará el funcionamiento de una Logia en Instancia. Asegurada razonablemente la continuidad de los trabajos de la logia en Instancia, ésta podrá gestionar al Consejo de la Gran Logia, su Carta Constitutiva, la que contendrá el nombre, número y Rito que trabajará. Posterior a este acto, se reunirá para elegir su Oficialidad y Tribunal. Luego, se procederá a su instalación solemne, considerada como nueva Logia, para ello deberá seguir irrestrictamente el Ritual de Instalación de Logias y de


Instalación de Oficiales. La vigencia y continuidad de la Logia reside en la Cámara de Maestros, denominada también como Cámara del Medio, en quién radica la responsabilidad electoral del Taller y la capacidad de resolver lo que reglamentariamente le corresponda. Sus acuerdos obligan a todos los miembros de la Logia. Toda Logia, y por defecto, a sus miembros,

le

responder

corresponde y

respetar

inviolablemente a la Gran Logia de

Chile,

y

Constitución,

cumplir al

con

su

Reglamento

General y a los Reglamentos Especiales, irrestrictamente

observando el

Derecho

Masónico. La masonería y el derecho profano confluyen en el derecho de asociación; este es el hilo conductor o la frontera en común entre el Derecho Masónico y el Derecho del Estado, es la forma a través de la cual el Estado y la sociedad en general perciben a la masonería, como una diversidad de personas que se asocian o se agrupan para desarrollar actividades legítimas usualmente relativas al ejercicio de otros derechos fundamentales como la libertad de conciencia, de investigación, de cátedra y práctica de la solidaridad o como lo es entre nosotros la práctica de la Fraternidad , el compromiso, y la tolerancia. La Libertad de asociación es un derecho fundamental en diversos sistemas jurídicos; este emerge de la naturaleza social o gregaria del ser humano y de su necesidad de aunar fuerzas con otros seres humanos para superar sus propias debilidades e incrementar la eficacia en la obtención de sus fines, superando así el interés individual de los asociados. La constitución política de Chile establece en su Artículo 24 “Todo hombre es libre para profesar la creencia religiosa que más le agrade y para practicar las ceremonias, devociones o actos del culto respectivo, en los templos o en su domicilio particular, siempre que no constituyan un delito o falta penados por la ley”.


De lo antropológico Sobre la condición gregaria de los seres humanos, al igual que todos los seres vivos, somos productos de la evolución; hemos desarrollado como factor de supervivencia la capacidad de asociación con los de nuestra especie, tal rasgo evolutivo se encuentra también en otros mamíferos como los lobos, los leones o los caballos, los cuales también en la lucha por la supervivencia han encontrado fortaleza en el grupo y la convivencia. Los genes que hacen de los individuos seres sociales son seleccionados a su favor, sus individuos no perecen ante el ambiente, porque estos al hacerse más fuertes en un grupo, se reproducen y aseguran la supervivencia de sus descendientes, de tal manera que estos genes se refuerzan y con el paso de las generaciones dan lugar a características de la especie o nuevas especies; estos genes usualmente son los relativos a la comunicación, el respeto por sus congéneres y en el caso de los seres humanos, la voluntad de asociarse. El derecho de asociación en los seres humanos responde a las características de la especie; muestras de esto son algunos rezagos evolutivos como el pánico escénico o la vergüenza, ambos sentimientos paralizantes, que tienen su origen en el miedo como mecanismo de protección; este corresponde al miedo al rechazo por la manada, dado que en las etapas primitivas de nuestra especie el rechazo de una manada significaba la muerte para el individuo frente a la intemperie, depredadores o el hambre. Así se puede apreciar que el derecho de asociación no solo es un reconocimiento político liberal que la masonería siempre ha propiciado, el derecho de asociación en libertad, obedece a la naturaleza del ser humano en el mismo nivel que la paternidad, la maternidad


o el instinto de supervivencia; es una necesidad de las dos personas como entidades biológicas. De la Historia, el legado y la tradición. Desde siempre, construir fue importante, porque manifestaba la civilización de pueblos y gobiernos. Los constructores egipcios, aunque eran de capital importancia, no eran partícipes del gobierno, y tenían dependencia económica de sacerdotes y militares, razón por la cual se consideraban asalariados. Los griegos por su parte fueron receptores de la ciencia de la construcción a través de los obreros dionisiacos, que tomaron el conocimiento directamente en Egipto. Estos no se consideran una casta sino un pueblo, por lo numeroso de ellos. Aparece su estructura organizacional en comunidades llamadas colegios, sínodos y sociedades. Tenían signos y palabras de reconocimiento y ceremonias de iniciación. En estos grupos, se elegía un Maestro anualmente y tenían reuniones secretas. Cada año tenían reuniones generales con un banquete, premiaban a sus obreros más hábiles y socorrían a indigentes y enfermos. Tenían los privilegios

de

la

construcción

de

templos, teatros y edificios importantes. De Grecia pasaron a Roma, y formaron las

corporaciones

de

Arquitectos

Romanos. Los colegios Romanos por su parte provenientes de los dionisiacos de Grecia, tenían sus propios estatutos y privilegios. Sus reuniones eran a puerta cerrada, y en ellas decidían por mayoría de votos. Se dividían en tres grupos: aprendices, compañeros y maestros. Sus juramentos, de ayuda y de secreto; los hacían ante las herramientas y útiles de la construcción. Sus asambleas las presidía un maestro auxiliado por dos vigilantes. Los colegios desaparecieron con la caída del Imperio Romano, y resurgieron con la aparición del cristianismo.


Al salir fuera de Italia, comenzaron a admitir como miembros a artistas de los países donde trabajaban. Aparecieron grupos imitadores, como los "Hermanos Pontífices" (constructores de puentes) y los "Templarios" (constructores de caminos, puentes y hospicios) o la "Compañía de la Trulla" (dedicada exclusivamente al misticismo). Todas desaparecieron. Con

la

Reforma,

desaparecieron

los

colegios, y aparecieron los

gremios

de

constructores asalariados, y al mismo tiempo, las sociedades de francmasones, agrupaban elementos

que a

los de

pensamiento progresista. Sin duda que dentro de la vorágine de esas épocas pocos podían entender el efecto potenciador y de cambio que estas organizaciones hicieron y han hecho en su entorno social. Solo la historia o reconstrucción y registro analítico de los hechos nos ha permitido entender, desde una mirada objetiva el efecto de cambio que posibilitaron estos hombres unidos por principios muy similares a nuestras prácticas y doctrinas actuales. Reglas de la costumbre masónica La Masonería durante mucho tiempo y en épocas remotas, mantuvo como regla insustituible, el secreto como necesidad de preservación de la vida de los masones y sus prácticas comunitarias ante la implacable persecución de que fuera objeto por parte de los regímenes totalitarios y la Iglesia que siempre consideraron nuestra Institución como una orden subversiva. Esta regla del secreto masónico impidió que existiera derecho escrito como tampoco se podía escribir los rituales y reglamentos, los cuales se trasmiten por vía oral.


En ese escenario adquiere fundamental importancia la costumbre masónica como derecho

consuetudinario

cuyas

reglas

podrían ser modificadas de acuerdo con las necesidades específicas, internas y externas de cada Logia. Esto nos indica que los usos y costumbres de la Masonería no obedecen a concepciones

literarias,

científicas

o

dogmáticas, sino que corresponden a la reiteración de conductas que se consideraban por la Orden como obligatorias. En la Masonería la costumbre cede ante el derecho

escrito,

así

tenemos

que

las

convenciones interpotenciales, los Tratados de Paz y Amistad, la Constitución y Estatutos de la Gran Logia, la jurisprudencia masónica, las resoluciones de carácter general y con fuerza de ley, y los reglamentos particulares de las Logias van a desplazar la costumbre a la penumbra, dejando esta su carácter de norma jurídica imperante dado que no puede coexistir en un mismo espacio contra una norma escrita. Finalmente debe distinguirse dos clases de costumbre, una universal y otra local, esta clasificación corresponde a la extensión que gobierna la costumbre, esto es, que hay costumbres que pueden mantenerse a lo largo de varias jurisdicciones masónicas. Este tipo de costumbre se trasmite por lo general en el nacimiento de las nuevas Logias impulsadas por la tradición oral que traen los masones de otras latitudes. No obstante, también se presenta otro fenómeno y es la costumbre local; esta es aquella que se da en pequeñas comunidades y no las trasciende; en el caso de la masonería, dada su tradición oral, no es extraño que cada Gran Logia tenga sus costumbres autóctonas como normas jurídicas no escritas, producto de la implementación de prácticas cuya fuente es la trasmisión del conocimiento de masón a masón, lo que permite un margen de diversidad en la aplicación e interpretación, de esto cabe agregar que no pueden oponerse al derecho escrito ni a los Landmarks.


Landmarks o Antiguos Límites en Masonería Los Landmarks o Antiguos Límites son los principios generales de derecho masónico, normas de derecho no escrito, que cumplen una importantísima tarea fundamentadora, interpretativa, integradora y limitadora de la normatividad masónica. Tienen como características las de ser fundamentales, preexistentes, subordinantes, universales e inmutables. Están allí y allí permanecen, iluminando la Institución Masónica, sin necesidad de ser enumerados, ni contenidos en un código. Un buen ejemplo de un Landmark de carácter doctrinal y filosófico es la creencia en un Ser Supremo, ya que todo masón debe creer en un principio superior, comúnmente llamado Gran Arquitecto del Universo. Antiguos Usos y Costumbres de la Masonería Los Antiguos Usos también son normas de derecho no escritas, que sin tener las características de los Landmarks;

cumplen

una

tarea

supletoria en el derecho masónico ante los vacíos de la ley positiva. No pueden oponerse a la ley escrita y nunca pueden ir contra el espíritu de los Landmarks. Para entender la costumbre, debe tenerse en cuenta su origen como una forma primitiva de derecho, así, las sociedades antiguas de la humanidad organizaban sus grupos a partir de los usos reiterados que con el paso del tiempo se constituían en fuente de deberes, derechos y obligaciones en la mente de las personas. Dentro de la masonería también hablamos de los denominados Usos y Costumbres de la Orden para referirnos a aquellas normas o reglas que sin ser fundamentales como lo son los Landmarks, contienen útiles reglas de procedimiento y gobierno masónico; estas reglas vienen siendo reconocidas por la práctica masónica universal y trasmitida en forma reiterada de manera oral.


También en ocasiones algunos de estos usos y costumbres han sido incorporados como leyes escritas en las constituciones, estatutos y reglamentos masónicos. Muchos de estos Antiguos Usos y Costumbres provienen de la masonería operativa que las estableció como parte de su funcionamiento. No cabe duda, que, así como en el derecho en general, se habla y se reconoce la costumbre y se le distingue obviamente de los principios generales de derecho, lo mismo ocurre en la Institución Masónica, cuya legislación y jurisprudencia tiene perfectamente claro el asunto. Los Antiguos Usos y Costumbres masónicos constituyen entonces reglas no escritas o no legisladas, que a diferencia de los Landmarks, no son esenciales o fundamentales, porque si lo fueran, serían principios generales; no son preexistentes, porque surgen por la práctica reiterada de las comunidades masónicas; son subordinados no subordinantes, porque solo se aplican ante la ausencia de legislación; no son universales por ser producto de prácticas locales y obviamente, no son inmutables, porque al no ser esenciales su cambio o no aplicación no desnaturalizan la institución masónica Masónica como tal. Para

evitar

confusiones

y

dificultades, las constituciones masónicas

y

generales

los

estatutos

deben

hacer

referencia a la necesidad de observar

estrictamente

los

Landmarks o Antiguos Límites y los Antiguos Usos y Costumbres de la Orden, sin proceder a enumerarlos, como lo hace la Gran Logia Unida de Inglaterra, que

ni

los

precisa,

ni

los

enumera, solo se limita a advertir de su existencia y de la necesidad de su estricta observancia.


Para ilustrar a los QQ:.HH:. algunos antiguos usos y costumbres masónicas; un primer uso o costumbre a mencionar es: La Masonería, como sociedad secreta, esto no es de la esencia de la Institución por lo que no es un Landmark ni tampoco se encuentra establecido en el derecho escrito; el secretismo de la Masonería es una práctica que ha pretendido satisfacer una función en diferentes contextos, que puede ser el protegerse de persecución política, el interés de sus miembros de no mezclar los asuntos profanos con los asuntos masónicos, o la simple discreción, en todo caso, esta regla de conducta es una práctica reiterada que ha generado conciencia de obligatoriedad y por ello constituye un uso o costumbre. Como ejemplo se plantea el uso de guantes, que en algunas Logias es requisito para ingresar al templo y en otras no los exigen, en esa medida se tiene un uso y costumbre que dependiendo de la práctica va a generar una regla de conducta, similar fenómeno ocurre con la vestimenta exigida a los masones en tenidas regulares, en las que algunas Logias exigen traje formal; en todo caso, estas reglas no afectan la esencia de la Masonería y responden a los usos y necesidades locales. No

se

debe

confundir

el

secreto

masónico con el sigilo de lo ocurrido en Logia, pues el sigilo es una expresión de velo corporativo comparable con el secreto industrial, las discusiones de Junta Directiva, y cualquier discusión que pueda afectar el funcionamiento corporativo. La exclusión a infantes, adolescentes, cojos y lisiados fue una antigua costumbre masónica que tiene su explicación en el carácter operativo de la Masonería en sus primeros tiempos, carácter operativo que exigía la vitalidad necesaria para el desempeño de las labores en el gremio de los constructores, lo cual excluía aquellas personas que, por razones de su corta o mucha edad, o por deficiencias físicas no tenían cabida en el gremio de los


constructores.

Esta regla con el tiempo ha venido siendo modulada, aunque de todas maneras mantiene su vigencia y la mantendrá por siempre tratándose de los infantes y adolescentes a quienes por razones de falta de madurez psicológica que les impide la autonomía necesaria para autogobernarse y ejercer criterio propio, los torna en personas que no pueden ser admitidos e iniciados en los misterios de la Masonería. En consecuencia, el Taller masónico es una unidad primordial de la masonería. Es el

espacio

que

se

designa

a

un

grupo

de

masones

que

trabajan

mancomunadamente para levantar una obra o para desarrollar algo en común, ya que los masones son obreros que trabajan por su propio perfeccionamiento y por el de la humanidad en general. El respeto a las jerarquías es un principio fundamental en muchas organizaciones, y la masonería no es una excepción. En el contexto del rito escocés antiguo y aceptado de la masonería es una tradición rica en simbolismo y enseñanzas éticas, un sistema de grados masónicos que se ha desarrollado a lo largo de los siglos. En este contexto, el respeto a las jerarquías juega un papel fundamental en la estructura y funcionamiento de las logias. En la edad media, el término taller fue considerado como un elemento

productivo,

pedagógico, práctico y teórico, que

constituye

de

manera

reglamentada la célula básica de un

gremio

de

constructores

como de albañiles, de canteros, de carpinteros, de herreros, y de arquitectos.


Debemos reconocer que toda organización es de estructura jerárquica, piramidal o piramidal invertida, pero jerárquica. El poder llega desde arriba, le parezca bien o no a los colaboradores y subordinados. Lo anterior puede sonar un tanto drástico, pero es la naturaleza de la organización. Ante una realidad tan contundente, hay que saber manejarse dentro de ella. Y lo primero que se debe aceptar es que mientras estemos dentro de estas estructuras tendremos un Superior, al que se le debe rendir cuentas, sea o no sea una persona de nuestro agrado. Debemos entender que lo nuestro es colaborar, con entusiasmo, lealtad y con entrega. Recordando que nuestro crecimiento personal se fortalece en esa obediencia que

se

conseguir

debe

ejercer

para

los

resultados

que

persigue la organización. Una de las practicas importantes para el éxito de una organización, sea profana o masónica, es el respeto a la jerarquía, sea esta del subordinado al jerarca y también muy importante el respeto del jerarca al subordinado, practicando los principios masónicos de tolerancia y fraternidad.

Simón Véliz Castillo, Grado 3


El Solsticio de Verano Hoy, en nuestra última tenida del año, vuelve a relucir nuestra luz, una

luz

cargada

de

mayor

claridad, sabiduría y fraternidad. El Sol, en su máximo esplendor y en pleno apogeo, nos invita a recordar cómo hemos transitado este ciclo: nuestros aportes al Taller, el trabajo con nuestros Hermanos y el propósito masónico de irradiar el conocimiento adquirido, ayudando a disipar las sombras de la ignorancia y la intolerancia. Si analizamos la palabra solsticio, encontramos que proviene del latín Sol– Stitium, que significa “Sol quieto”. Este término alude a los puntos de mayor declinación austral y boreal, momentos en que el Sol parece detener su movimiento durante algunos días. Existen dos solsticios: Solsticio de verano: diciembre en el hemisferio sur, junio en el hemisferio norte. Solsticio de invierno: junio en el hemisferio sur, diciembre en el hemisferio norte. Para los pueblos originarios —aymara, quechua, mapuche, entre otros— las fiestas solsticiales son hitos fundamentales, pues marcan los tiempos de la tierra: cuándo sembrar, cuándo cosechar y cómo armonizar la vida con los ciclos naturales. 1. El solsticio como guía: de la naturaleza al ser humano La conocida frase “quiénes somos y a dónde vamos” puede extrapolarse al solsticio. La luz solar ha guiado a la humanidad desde sus orígenes, tal como lo hizo con nuestros antepasados agricultores, quienes descubrieron misterios vinculados a los ciclos lunares y solares. Gracias a estos ciclos hoy ajustamos horarios, adelantamos o retrasamos la hora, comprendemos temporadas, observamos migraciones de aves y mamíferos, y disfrutamos de frutas y verduras fuera de su estación. Estos conocimientos se reflejan en innumerables registros arqueológicos de culturas distantes entre sí, demostrando que el Sol ha sido un maestro universal.


El ciclo solar nos permitió establecer la duración del año, las estaciones, los meses y los días. Sobre esa base organizamos el trabajo, el descanso, la cosecha y, en definitiva, la vida misma. 2.

El

solsticio

en

clave

esotérica: el viaje interior Desde la visión esotérica, el solsticio nos recuerda nuestro propio viaje iniciático. Podemos situarnos en el día de nuestra iniciación, cuando llegamos a la Cámara de Reflexiones guiados por un Q:.H:. . Así es como un Q:.H:. patrocinador vio en nosotros una luz susceptible de ser pulida. Allí, provistos solo de una vela, un cráneo, arena y agua, descendimos simbólicamente al lugar más profundo de la tierra para encontrarnos con nosotros mismos. Como la semilla de trigo enterrada en la oscuridad, fuimos privados de la vista mediante un velo, pero no de la visión interior. Tras los viajes misteriosos y las pruebas, contemplamos la luz del cosmos en el cielo del Templo. Aunque nuestra vista estaba aún nublada, recibimos sus bondades para renacer como Aprendices. 3. San Juan y el simbolismo del ciclo El solsticio de verano está ligado a San Juan, tanto el Bautista como el Evangelista. Ambos representan al dios Jano, de dos rostros: uno mira al pasado y el otro al futuro. Así se reflejan también los solsticios: invierno y verano,

oscuridad

y

luz,

introspección y expansión. 4. La cadena fraternal y los ciclos de la naturaleza Como

Q:.Q:.H:.H:.

inevitablemente

estamos entrelazados.

Nuestra cadena fraternal reproduce los

ciclos

de

la

naturaleza:

momentos de luz y momentos de penumbra. Cuando la oscuridad amenaza, debemos mirar al Oriente y recibir la luz del Sol naciente, que nos llena de igualdad, fraternidad y justicia. Con la ayuda de las columnas Norte y Sur, florecemos y damos frutos para la sociedad. El solsticio nos invita a renovar el espíritu, a reconocer la abundancia alcanzada y a reflexionar sobre nuestras


metas y esfuerzos. San Juan Bautista nos llama a la introspección, para evaluar cómo hemos vivido este ciclo que concluye. 5. El ágape y la dimensión simbólica solsticial Todo cierre de ciclo solar merece una celebración, un ágape fraternal. En este contexto, deseo compartir una reflexión gastronómica: “Los animales pastan; el hombre come; solo el hombre de talento sabe comer.” El ser humano no necesitaba cocinar para alimentarse, pero al hacerlo transformó un simple trozo de carne en un placer sensorial. El solsticio de verano, podría identificarse como descubrimiento del fuego, ya que no solo permitió cocinar: abrió la puerta al pensamiento simbólico, a la espiritualidad y a la idea de lo divino. Desde la caza del mamut hasta la conservación de alimentos, la cocina ha tenido un carácter mágico y sagrado. En la era moderna, sin embargo, la alimentación ha perdido parte de ese carácter trascendente. La rutina, el consumo rápido y la desconexión espiritual han opacado su dimensión simbólica. Pero para los masones nada es trivial. Hemos heredado un conocimiento antiguo y tenemos la obligación de mantener viva la llama que ilumina la belleza oculta en lo cotidiano. El pan y el vino —transmutación alquímica del trigo y la vid— nos recuerdan que la cocina también es un acto de creación, de transformación y de luz solsticial. Q:.Q:.H:.H:., Que esta nuestra última tenida del año, nos lleve a fortalecernos durante el receso que se nos aproxima, para volver con todas nuestras luces para este 2026 que esperamos venga cargada de nuevos conocimientos, y que tal cual como el solsticio, estos meses que de receso logial, nos sirvan para extrañarnos como hermanos. Por otro lado que este sol quieto, siga siempre puliendo nuestra piedra bruta, y así como los antiguos alfareros y artesanos encuentren una mejora con las herramientas entregadas, para poder llevar los trabajos de manera correcta, con justicia, con vehemencia, con prudencia, todo esto fortalecido con la fraternidad para nuestro taller y nuestras familias. Jaime Arratia Liebig, Grado 3


DOCENCIA MASÓNICA: ACERCA DE LA ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA EN NUESTRA ORDEN. (SEGUNDA PARTE)

Las fuentes del Derecho masónico vigentes en la actualidad en Chile son cuatro, “la Constitución Masónica y el Reglamento General, ambos del año 2025, Reglamento Especial de Administración de Justicia Masónica de 2018 (actualmente su texto reformado se encuentra en trámite de promulgación), y el Auto Acordado del Gran Tribunal, del año 2024. Algunos autores recogiendo la tradición, agregan los Acuerdos de la Asamblea de la Gran Logia y los Decretos del Gran Maestro”. Pues bien, el Reglamento Especial de Administración de Justicia Masónica de 2025, fue promulgado a través del DECRETO del GM 396 de 2025, de fecha 20 de noviembre del presente año. Ponemos a su disposición su título primero, y los instamos a buscar el texto completo, a leerlo y estudiarlo, para ajustar nuestros comportamientos como masones y profanos, a su texto.


. Luis Claudio Fernández León, G3


LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS

“Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”. Célebre frase pronunciada en 1867 Benito Juárez .

El Día de los Derechos Humanos se conmemora a nivel mundial cada 10 de diciembre, día en que la Asamblea General de las Naciones Unidas la adoptó en 1948, para conmemorar uno de los compromisos mundiales más revolucionarios: la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH). Este documento histórico consagra los derechos inalienables que toda persona tiene como ser humano, independientemente de su raza, color, religión, sexo, idioma, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. La DUDH es un documento histórico que establece los derechos humanos fundamentales que deben protegerse en todo el mundo. Fue redactada por representantes de diferentes partes del mundo y es el primer documento en el que todos los Estados del mundo acordaron qué son los derechos humanos. La DUDH es un pilar esencial de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible y está disponible en más de 577 lenguas. La Masonería Chilena recuerda hoy este documento básico de la convivencia humana, nacido a poco de las desgarradoras experiencias de la Segunda Guerra Mundial. Reitera, además, su oposición plena y decidida al horror de la guerra, reclama la solución pacífica de todos los diferendos por más difícil que resulte su trámite y recuerda que en cualquier controversia, la Masonería recomienda como método de avenimiento la identificación inicial de las coincidencias para que ese ejercicio permita el más sereno intercambio posible para el logro de soluciones justas y alejadas de cualquier tipo de violencia. Como un reconocimiento, ante tal logro, la Gran Logia de Chile incluye en su Programa Anual la Conmemoración de este trascendental día, por su implicancia con nuestros Principios y Valores que profesamos en ella. La Declaración Universal de Derechos Humanos Adoptada y proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948, expone que la libertad, la justicia y la paz se basan en el reconocimiento de la dignidad e igualdad de todos los humanos. El desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos son el origen de la barbarie ultrajante y es a través de los derechos humanos, que se puede erradicar el temor y la miseria, para lograr la libertad de palabra y de creencias. Nacimos libres e iguales en dignidad y derechos, con potencial de comportarnos fraternalmente, sin distinción de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política, origen nacional o social, posición económica, nacimiento, para una vida libre y con seguridad personal.


La esclavitud está prohibida en todas sus formas, nadie será sometido a torturas, penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes, con derecho ante la acusación de delito, de que se presuma la inocencia mientras no se pruebe la culpabilidad. Privacidad, en la familia, en el hogar y en la correspondencia, así como el derecho a la libertad de movimiento dentro y fuera del país, pedir asilo y tener una nacionalidad y a su cambio. Matrimonio, familia, propiedad privada, libertad de culto y religión, así como a la opinión e información. Reunirse de manera pacífica y de asociación, participar en el gobierno y en elecciones libres, a trabajar, afiliación sindical, tener un nivel de vida adecuado, acceso a educación y participar en la vida cultural, en un orden social que ofrezca la comunidad para el libre y pleno desarrollo, sin intromisión estatal o personal a estos derechos. Albores de los DD.HH. Los antecedentes formales se remontan a Inglaterra con la Carta Magna de 1215, que limitó la autoridad del rey ante los nobles. Posteriormente, la Petición del Derecho en 1628 reafirmó libertades civiles frente a los abusos del monarca, estableciendo principios como el consentimiento parlamentario para los impuestos y la prohibición de encarcelamientos arbitrarios. El Habeas Corpus de 1679 garantizó la protección frente a detenciones ilegales, y la Carta de Derechos de 1689 fortaleció el poder del Parlamento y reconoció libertad religiosa. En el siglo XVIII, casos brutales y juicios injustos impulsaron reflexiones sobre la humanización de la justicia, influyendo en el Código Penal francés de 1791, que igualó castigos para todos los ciudadanos. Surgieron también documentos fundamentales como la Declaración de Independencia de EE. UU. en 1776 y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1789, que afirmaron la igualdad y los derechos inherentes de todos los seres humanos. Ya en los siglos XX y XXI, la protección de los derechos humanos se amplió con normas internacionales, como la Convención de La Haya en 1907 y tres declaraciones clave: la Declaración Americana de los Derechos del Hombre en 1948, la Declaración Universal de Derechos Humanos en 1948 y la Convención Europea de Derechos Humanos en 1950. Fundamentos actuales de los derechos humanos Aquí se entiende por fundamento de los derechos humanos la realidad o realidades, de carácter social o intersubjetivo, que proporcionan a los derechos humanos la consistencia necesaria para que puedan ser reconocidos, respetados y promovidos en su conjunto, de forma indivisible e interdependiente, y puedan proyectarse hacia un desarrollo siempre abierto y perfectible. Esa


realidad no es otra que el valor social fundamental de la dignidad de la persona humana. El fundamento de los derechos humanos tiene las siguientes características: Es un fundamento estable o permanente. El fundamento de los derechos humanos es el centro de gravedad o referencia que de sentido de unidad y permanencia a los mismos. Tiene carácter histórico, de tal manera que va tomando significado y sentido según las distintas épocas o culturas que lo materializan. Puede decirse que, por lo tanto, que formalmente es estable, pero materialmente variable. O, dicho de otra manera, un fundamento de estructura estable, pero de contenido variable. Es un concepto que se va enriqueciendo históricamente, es decir, las conquistas y logros para la dignidad de la persona humana se convierten en cada época en el mínimo imprescindible para épocas futuras. Por lo tanto, es un concepto que se va ensanchando y llenando de contenido a lo largo de la historia. Determina en una doble dirección, la base, el sustento y el engarce tanto de los Derechos Humanos, como de sus correlativos deberes básicos, y a su vez de los derechos fundamentales y de sus correlativos deberes jurídicos fundamentales. El fundamento de los Derechos Humanos tiene naturaleza valorativa: es un valor social fundamental que está en estrecha relación con un doble plano de lo social: con las necesidades básicas, que constituyen el objeto de los Derechos Humanos, y con los demás valores sociales fundamentales: justicia, igualdad, paz, vida, seguridad y felicidad. Visión Masónica Los Derechos Humanos, a través de la línea de tiempo mostrada, atraviesan todos los planos de la existencia humana, destacando especialmente el jurídico. Sin embargo, desde una mirada iniciática, estos derechos van más allá de lo tangible: nacen del reconocimiento de la dignidad del otro, de la capacidad humana de salir de sí mismo para contemplar al prójimo como un igual. En muchos momentos de la historia, algunos individuos han encendido esa chispa de empatía que contrasta con la indiferencia extrema que caracteriza a quienes vulneran derechos fundamentales. Cada vez que un ser humano ataca a otro por impulso, ignorancia o crueldad, revivimos ese patrón primitivo que la sociedad aún no ha logrado erradicar. Desde nuestra visión masónica, reconocemos que cada acto de violencia o injusticia constituye una piedra bruta que todavía no ha sido trabajada, un recordatorio persistente de cuánto falta para levantar el Templo de la Humanidad Libre.


La Declaración Universal de 1948, símbolo de la aspiración moral de los pueblos tras la devastación de la guerra; es hoy vulnerada a diario. Y, de una u otra forma, consciente o inconscientemente, muchas veces nos volvemos cómplices pasivos. Como señaló Edmund Burke: “Para que el mal triunfe, solo se necesita que los hombres buenos no hagan nada.” Esta reflexión debería resonar con especial fuerza dentro de nuestros Talleres, pues la masonería proclama formar personas libres y de buenas costumbres, pero también exige que estos buenos hábitos se manifiesten en acciones concretas en el Mundo Profano. Y surge entonces la pregunta: si verdaderamente aspiramos a ser constructores de una sociedad más justa, ¿estamos realizando un trabajo interior y exterior acorde a ese propósito? ¿Cómo cultivamos la tolerancia sin convertirla en permisividad frente a lo intolerable? En Masonería, la tolerancia es virtud; las violaciones a los derechos humanos, en cambio, son afrentas a la dignidad que juramos defender. La tensión entre ambas exige reflexión profunda: la tolerancia es una actitud personal, pero los derechos humanos son un deber del Estado y un compromiso ético universal. En ese cruce es donde la masonería puede y debe aportar su luz. El

respeto

humanos

a

los

comienza

derechos en

las

personas. Pero desde una mirada iniciática

más

preguntarse:

amplia, ¿se

cabe

extienden

también a la Naturaleza? ¿No es acaso la Tierra la gran Logia donde todos trabajamos? ¿Somos capaces de percibir el dolor de aquello que no puede suplicar ni gritar, de las especies que comparten nuestra existencia? ¿Basta con sancionar el maltrato animal o castigar la contaminación? Los derechos humanos han evolucionado al ritmo de la conciencia colectiva; hoy, muchos pueblos reconocen que la Naturaleza misma posee un derecho intrínseco a existir y a ser respetada. Por ello, corresponde preguntarnos si estamos evolucionando en la misma dirección. ¿Promovemos instancias que aseguren el respeto de los Derechos Humanos y los Derechos de la Naturaleza? ¿O permanecemos en silencios cómodos que permiten que el mal avance, tal como advirtió Burke? La masonería se define como enemiga del dogma, promotora del libre examen y de la razón; pero ¿estamos realmente preparados para ver al otro como un igual en toda circunstancia? ¿Respetamos con autenticidad a ambos géneros, a todas las orientaciones sexuales, a la diversidad de pensamiento dentro y fuera del Templo? La Masonería y la Declaración Universal de los Derechos Humanos comparten un mismo fundamento ético: la dignidad humana como base de la libertad, la igualdad y la fraternidad.


Mientras la Masonería enseña al iniciado a perfeccionarse para construir un mundo más justo, la Declaración extiende estos ideales a toda la humanidad. Ambas visiones entienden la libertad como un principio sagrado ejercido con responsabilidad; la igualdad, como reconocimiento de la dignidad inherente a cada ser humano; y la fraternidad, como el deber activo de solidaridad que sostiene la convivencia y la paz. Estos pilares, que en la Logia se practican como normas de vida, se reflejan también en el espíritu humanista universal. En este marco, la célebre frase del Q:.H:. Benito Juárez considerada en el epígrafe de esta plancha, sintetiza los valores comunes entre Masonería y Derechos Humanos: respeto mutuo, armonía social y primacía de la ley y la razón, recordándonos que la construcción de un mundo más justo es un trabajo permanente tanto dentro como fuera del Taller.

S:.F:.U:.

Simón Véliz Castillo, Grado Tercero


COLUMNA DE LA ARMONÍA

Las cuatro estaciones, Verano - Antonio Vivaldi A pocos días del solsticio de verano, fecha que los masones celebramos, como diría el Gran maestro Sebastián Jans, “no solo como un ciclo que determina el proceso de la naturaleza, sino también como la percepción de lo humano ante los procesos que, concatenadamente, en ella se expresan”, hemos querido traer esta vez el concierto de verano de Antonio Vivaldi. Cada estación venía con un soneto introductorio cuyo autor no se especifica, aunque se cree son del propio Vivaldi. Estos explican lo que las piezas querían retratar. Verano es la única estación de las cuatro que no se parece a lo que debería sonar. No suena a nuestro verano, Vivaldi nos está hablando de un verano de 1700 en Europa de la clase trabajadora, que se refleja en el poema “El verano”. Su primera estrofa dice así: “Bajo dura estación del sol ardida mústiese hombre y su rebaño y arde el pino; lanza el cucú la voz y pronto oída responden tórtola y jilguero al trino”. Las notas no suenan alegres ni vivaces, parece que se están arrastrando de lo cansadas que están por el sol. Hay caos y destrucción para el ovejero que tiene que ir a refugiar a sus animales porque están aterrados de las tormentas veraniegas. El verano que nos narra Vivaldi es de un trabajador de 1700. Es la estación del calor, Vivaldi nos dice que las altas temperaturas afectan tanto a los hombres como a los animales con una sensación de pesadez y sopor que describe musicalmente de esta manera, también nos describe como el cu-cú en las noches cálidas de verano canta rítmicamente, escuchamos también el canto lánguido de una alondra en el cálido atardecer del verano. Recomendamos el primer movimiento de “El Verano” por la Orquesta Filarmónica del Mediterráneo, con su director, el maestro Tulio Gagliardo Varas en el Teatro Calderón de Madrid, en: https://www.youtube.com/watch?v=c5HnjVZeVic&list=RDc5HnjVZeVic&start_radio=1

Héctor Cerda Vergara, Grado 3º


Acerca del humanismo presente en las ideas de libertad, de igualdad y de fraternidad. Siempre es útil reflexionar sobre este mundo de ideas y conceptos que nuestra especie ha creado a través de su historia. El ser humano es el animal que habla, el que sumergido en un mundo de conceptos, diseña su vida en torno a estos “programas neuronales” (como en computación) que es cada “palabra” que aprendemos. Símbolos, diríamos los masones. Estas tres PALABRAS, libertad, igualdad y fraternidad, son tres luces de nuestra racionalidad, tres logros que otras especies animales ni siquiera vislumbran. Adicionalmente, y en otro logro de nuestro devenir, hemos decidido orientar nuestras vidas siguiendo sus significados últimos. Las definiciones del diccionario: Palabra: (del latín parábola)

expresa uno de los elementos más imprescindibles en cualquier

lenguaje; se trata de un fragmento funcional de una expresión, delimitado por pausas y acentos. La combinación de las palabras y sus significados permite formar frases u oraciones y la suma de las diferentes palabras en una expresión determinada, dará como resultado un significado propio y específico. La libertad (del latín: libertas, -ātis) es la capacidad de la conciencia para pensar y obrar según la propia voluntad de la persona. Igualdad (Del latín aequalĭtas, -ātis) se refiere a la correspondencia y proporción resultante de diversas partes que integran un todo uniforme. En el ámbito social, se considera como igualdad al contexto o situación donde las personas tienen los mismos derechos y las mismas oportunidades en un determinado aspecto. fraternidad. (Del latín fraternitas) fraternidad es el afecto y el vínculo entre hermanos o entre quienes se tratan como tales. El concepto es sinónimo de hermandad, amistad y camaradería. La realidad de cada día: Si tienes un momento piensa esto. Nos levantamos e iniciamos cada jornada apropiándonos de ese espacio de tiempo que tenemos por delante poniendo en práctica las ideas e impulsos que tenemos en nosotros, estas son frutos de nuestra genética individual y de nuestra cultura. Inventamos la realidad en cada día y creamos esta entelequia que llamamos civilización. Podríamos oponernos, podríamos actuar animalmente. Sería más fácil, pero a la larga, resultaría contraproducente para nuestros fines últimos que son sobrevivir y dejar descendencia. La búsqueda de la felicidad no está ajena a esa construcción diaria en la que ponemos nuestros esfuerzos como seres humanos. Vivir un mundo en libertad, con igualdad y en un ambiente de fraterna convivencia social es el sueño que nos anima en nuestros “trabajos” diarios. Y esto lo hacemos pensando en nosotros y en los demás.


Lo anterior es una gloria de esto que es una singularidad en nuestro universo, un logro trascendente del “intelecto humano”, de nuestra “humanidad”. La libertad Lo primero, primero: no existe la libertad en el plano de lo real. Lo que la mayoría de nosotros entendemos por “libertad” es una utopía. Pero un sueño útil. Una medida, un cálculo que en la medida de lo posible construye un mundo lo más libre que se pueda dentro de nuestras posibilidades humanas, pero para nada libre de su paradoja. Lo segundo, la paradoja. Nuestra libertad tiene límite. Y ese límite, esa frontera, es la libertad de todos y de cada uno de los demás. Si los respetamos, los grados de libertad de nuestra comunidad aumentan y se fortalecen. Lo tercero. Existen sistemas sociales que permiten mayores o menores grados de libertad. De estos son preferibles los que estimulan el sueño y promueven los actos libres. Lo último, la libertad tiene enemigos. Son aquellos que creen que la libertad es peligrosa. Son los que están dispuestos a dominar por el mercado o por el estado las voluntades de todos. Cuidado con ellos, porque como tú ya sabes, a pesar de todo, el sueño es posible. La igualdad Lo primero, primero: no existe la igualdad en el plano de lo real. Lo que la mayoría de nosotros entendemos por “igualdad” es una utopía. Pero un sueño útil. Una medida, un cálculo que en la medida de lo posible construye un mundo lo más igualitario que se pueda dentro de nuestras posibilidades humanas, pero para nada libre de su carga genética. Lo segundo, la carga genética. La búsqueda de la igualdad en todas nuestras interacciones sociales es un trabajo diario. Y esto es porque cada vez que damos trato igualitario a los otros nos enfrentamos a nuestra animalidad, a nuestros instintos que nos permitieron a través de nuestro egoísmo y rapacidad sobrevivir a los otros, en tiempos menos afortunados para nuestra especie. El triunfo sobre esta naturaleza animal, sobre esta programación neuronal que el cerebelo trata de imponernos a nivel personal y social, es posible. Lograrlo hace que los colectivos a los que pertenecemos puedan ganar equilibrio en sus interrelaciones. Si asumimos conciencia de esto, los grados de igualdad de nuestra comunidad aumentan y se fortalecen. Lo tercero. Existen sistemas sociales que permiten mayores o menores grados de igualdad. De estos son preferibles los que estimulan la utopía y promueven la igualdad de oportunidades y de derechos y deberes entre los individuos.


Lo último, la igualdad tiene enemigos. Son aquellos que creen que la igualdad es peligrosa. Son los que están dispuestos a dominar por el mercado o por el estado las voluntades de todos. Cuidado con ellos, porque como tú ya sabes, a pesar de todo, este sueño humano es posible. La fraternidad Lo primero, primero: la fraternidad no existe en el plano de lo real. Lo que la mayoría de nosotros entendemos por “fraternidad” es una utopía, un invento de nuestra racionalidad humana. Pero un invento útil. Una medida, una dimensión de las cosas que en la medida de lo posible construye un mundo lo más fraternal que se pueda dentro de nuestras limitaciones humanas, pero para nada libre de su carga genética. Lo segundo, la carga genética. La búsqueda de la fraternidad en todas nuestras interacciones sociales no es fácil. Y esto es porque cada vez que

tratamos

fraternalmente

a los otros nos enfrentamos a nuestra animalidad, a

nuestros instintos que nos permitieron a través de nuestra agresividad y de nuestra capacidad de violencia, sobrevivir a los otros en tiempos menos afortunados para nuestra especie. El triunfo sobre esta naturaleza animal, sobre esta programación neuronal es posible. Lograrlo hace que los colectivos a los que pertenecemos

puedan fortalecer los vínculos de

sus interrelaciones. Si

asumimos conciencia de esto, los grados de fraternidad de nuestra comunidad aumentan y se fortalecen. Lo tercero. Existen sistemas sociales que permiten mayores o menores grados de fraternidad. De estos son preferibles los que estimulan la utopía y promueven la fraternidad y no la idea de “lucha” o “enfrentamiento” entre los individuos. Lo último, la fraternidad tiene enemigos. Son aquellos que creen que la fraternidad es peligrosa. Son los que están dispuestos a dividirnos y enfrentarnos entre nosotros por la acción del mercado o del estado, dominando las voluntades de todos. Cuidado con ellos, porque como tú ya sabes, a pesar de todo, este invento humano funciona y es posible. Luis Claudio Fernández León, G3


“LA ULTIMA CENA” DE LEONARDO DA VINCI

La pintura de Leonardo Da Vinci "La Última Cena", creada en el siglo XV, es mucho más que una representación bíblica del momento en que Jesús comparte su última cena con los apóstoles. Es una verdadera síntesis entre arte, ciencia y espiritualidad, una expresión visual de los principios de la geometría sagrada.


Cada elemento de la composición fue cuidadosamente planeado. Nada es casual. Las proporciones matemáticas siguen el número áureo (.), el mismo número que se encuentra en la naturaleza, las conchas, las flores, los cuerpos humanos y las galaxias. Da Vinci, con su mirada científica y casi mística, tradujo este patrón universal de armonía en formas visuales. Observe, por ejemplo, la disposición de los apóstoles: no están colocados al azar, sino agrupados en tríos, creando una cadencia rítmica que guía la mirada hacia el centro de la escena: Jesús. Su figura, a su vez, está enmarcada en una forma triangular perfecta, símbolo de la Divina Trinidad y la conexión entre el cielo, la tierra y el espíritu. En la parte inferior, la arquitectura con líneas convergentes de perspectiva refuerza esta sensación de equilibrio y profundidad. Las líneas guían la mirada del observador directamente al rostro de Cristo, como si toda la estructura de la obra emanara de él. Es la representación simbólica del centro del universo, el punto donde se encuentran lo divino y lo humano. Leonardo da Vinci no solo fue un pintor genial, sino un iniciado en los misterios de la geometría, la anatomía y las leyes universales de la creación. Creía que comprender la estructura matemática del cosmos era una forma de acercarse a Dios, y «La Última Cena» es prueba viviente de esa búsqueda. Al igual que en los templos antiguos, donde cada ángulo y proporción tenía un significado espiritual, Da Vinci utiliza la geometría como lenguaje secreto para expresar orden, equilibrio y armonía. Al contemplar la obra, el observador no solo ve una escena sagrada, sino que siente la vibración de una geometría que conecta lo visible con lo invisible, lo humano con lo eterno. Artículo pintado en Historia del arte WASHINGTON MENA SILVA, EX VM:.


LIBRO RECOMENDADO TAO TE CHING, La biblia del taoísmo El Tao Te Ching es una obra temáticamente versátil, ya que cubre varias áreas de la convivencia humana. Su tono es, por lo general, escéptico. Lao Tse no proclama sus juicios como verdades irrefutables y desconfía del concepto de saber. Así, la mayoría de los capítulos del Tao Te Ching son vagos en cuanto a su significado y dejan abiertas diversas posibilidades de interpretación. Las alegorías suceden a aforismos ambiguos; en lugar de declaraciones claras, el lector recibe estímulos para reflexionar. Precisamente esta apertura a diferentes interpretaciones constituye el atractivo de la obra y ha provocado el entusiasmo de los lectores del Tao Te Ching de diversos círculos culturales, religiones y épocas. La única área temática en la que Lao Tse es claro y, en ocasiones, incluso apasionado, es la de la guerra y la violencia: no hay ni un asomo de escepticismo cuando condena el uso de las armas y pide a los gobernantes que utilicen la violencia y la guerra solo como último recurso. Este elemento del Tao Te Ching hace que Lao Tse surja como un pensador que estaba muchos siglos adelantado a su tiempo

y

que

todavía

tiene

mucho

que

decir

a

actuales.https://www.getabstract.com/es/resumen/tao-te-ching/33887

Luis Claudio Fernández León, G3

los

lectores


WASHINGTON MENA SILVA, EX VM:.


SALUDO NAVIDEÑO DE NUESTRO V:.M:. QQ.·. HH.·. En esta época de recogimiento y esperanza, cuando la luz renace en medio de la oscuridad y los corazones se abren a la fraternidad, me dirijo a cada uno de ustedes con el más sincero deseo de Paz, Armonía y Sabiduría. La Navidad nos invita a reflexionar sobre los valores que sostienen nuestra Augusta Orden: el amor al prójimo, la tolerancia, la justicia y el trabajo constante por el perfeccionamiento moral. Que estos días nos recuerden que somos constructores de nuestro propio templo interior y que, piedra a piedra, con humildad y perseverancia, podemos contribuir a un mundo más justo y luminoso. Que el espíritu fraternal fortalezca nuestros lazos, que la prudencia guíe nuestras acciones y que la verdad ilumine nuestros pensamientos. Honremos nuestras herramientas simbólicas no solo en el Taller, sino también en la vida cotidiana, siendo ejemplo de rectitud, respeto y servicio desinteresado. Ruego al Gran Arquitecto del Universo que colme de salud, paz y prosperidad a cada uno de ustedes y a sus familias, y que el nuevo año nos encuentre unidos en el trabajo, firmes en los principios y renovados en el propósito de servir a la Humanidad. Reciban todos unos fraternales y afectuosos abrazos. ÓSCAR LAGOS SILVA VENERABLE MAESTRO R. LOGIA EDUARDO DE LA BARRA Nº 70 VALLE DE QUILLOTA


Agradecemos los trabajos y la colaboración de nuestros QQ:. HH:.

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Óscar Lagos Silva Simón Véliz Castillo Jaime Arratia Liebig Washington Mena Silva Héctor Cerda Vergara Luis Fernández León


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PULIENDO LA PIEDRA NUMERO 19 CORREGIDO by LUIS CLAUDIO FERNANDEZ LEON - Issuu