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FOTONOVELA HISTÓRICA II

Viaje al Paraíso


INTRODUCCIÓN “Sin emoción no hay curiosidad, no hay atención, no hay aprendizaje, no hay memoria”. Francisco Mora, investigador en neurociencia

El CRA “Fray Conrado Oyarzún”, desde hace ya algunos años, ha venido trabajando en el rescate y puesta en valor de la cultura local, a partir, fundamentalmente, de la memoria. Hemos invitado a descendientes directos de las familias pioneras, al hermoso ejercicio de recordar, esto es, de “volver a pasar por el corazón” su propia vida en el territorio. Aunque han sido entrevistas individuales o familiares, los testimonios tienen un peso colectivo, pues, en general, se conectan o dialogan permanentemente con el devenir histórico de la comunidad. Es importante añadir que estos procesos de memoria son altamente subjetivos, pues lo recordado no es la “realidad total y objetiva”, sino sólo una parte de ella; es decir, recuperan –desde un presente y a través de un discurso- el pasado… recreándolo, reinterpretándolo, dándole nuevos significados. Eso explica, entonces, las distintas versiones que podemos encontrar de un mismo acontecimiento. La historia de nuestro pueblo, así generada, define nuestra identidad; habla de nuestra particular manera de sentir, de pensar y de estar en el mundo. Y como Centro de Recursos para el Aprendizaje, nos interesa incorporar al currículo escolar, este tipo de conocimientos. Creemos que algunos de nuestros problemas actuales podrían comenzar a revertirse, si traemos a las salas de clases, legitimados, el patrimonio material e inmaterial de la comunidad: su historia, construcciones, anecdotarios, fauna y flora, literatura, tradiciones, cocina, arte, personajes… en fin, realidades y ficciones de la cultura propia, con las cuales los estudiantes se vinculen afectivamente… no para quedarse ahí para siempre, sino que, a partir de ellos, como en un espiral, puedan acceder, de manera progresiva, a saberes más universales. Luis Aníbal Soto Toro

Coordinador pedagógico CRA “Fray Conrado Oyarzún”

Ésa es nuestra apuesta… y esta revista, uno de sus productos.


Antecedentes históricos Desde la prehistoria, esta parte de la Patagonia fue recorrida por indígenas canoeros que venían en busca de mariscos, pescados, madera y obsidiana del volcán Chaitén, para la fabricación de distintos tipos de artefactos, principalmente, de perforación y corte. Esta roca era muy apreciada, pues, al tallarla, tenía características de dureza y filo que la hacían ser muy superior a las de otros volcanes. De ahí que su uso se expandiera notablemente por el sur de nuestro país, encontrándose piezas desde Punta Chanchán, cerca de Mehuín (400 kms. al norte), hasta isla Goñi, en las cercanías de Aysén (400 kms. al sur). Como pruebas tangibles de las esporádicas visitas de estos grupos, están las pinturas rupestres y grabados en las Cuevas del Vilcún, sector de Santa Bárbara, con una data de, aproximadamente, 700 años y los conchales que en ese mismo sitio y en otros lugares de la comuna, aún se pueden hallar. A partir del s. XVI, con la llegada de los españoles a Chiloé, comienzan a transitar por estos territorios, exploradores, misioneros franciscanos y jesuitas, y también aventureros, ávidos por encontrar, en algún escondido valle cordillerano, una fantástica ciudad que –aseguraban- estaba repleta de metales preciosos. Adicionalmente, y ante la escasez de madera en la Isla Grande por sobreexplotación de los bosques, muchos chilotes cruzaban el Golfo de Corcovado, en busca del cotizado alerce. Se piensa que fueron la rigurosidad el clima y las dificultades que imponía el denso bosque, las que desincentivaron en aquella época, cualquier intento de asentamiento permanente. Sólo una vez lograda la Independencia, y avanzado el s. XIX, el Estado se fue interesando en esta zona y, a través de la Marina de Guerra de Chile, se inician viajes exploratorios y de investigación a la Patagonia. Además, comienzan a llegar pequeños grupos de chilotes que traen vacunos al “Potrero de Chaitén”, con el fin de aprovechar los abundantes pastos y quilas que aquí había y las adecuadas condiciones geográficas de la bahía, que hacían muy fácil el cuidado y vigilancia del ganado. otro grupo a ocupar el territorio.

Pero, hacia fines del s. XIX, y con intereses diametralmente opuestos, llega

Cerca del cerro El Sombrero, un empresario español, acompañado de un grupo de trabajadores, viene a explotar los bosques de ciprés, tepas, coigües y mañíos. Pronto construyen un muelle de piedra con contenciones de ciprés, e, incluso, planean abrir desde allí un camino de conexión con Futaleufú. Su llegada provoca inquietud y malestar en esos aproximadamente 20 comuneros, que, después de un tiempo, deciden poner en venta sus “derechos” sobre estos suelos. Algunos aseguran que esos derechos de propiedad habían sido concedidos en tiempos en que la corona española aún dominaba la Isla Grande, y que, cuando ésta fue anexada definitivamente a la República, en virtud del art. 7° del Tratado de Tantauco (1826), todos esos títulos pudieron ser revalidados. Es así -según archivos del historiador chilote Rvdo. P. Audelio Bórquez Canobra- como Germán Ampuero Pérez , Ruperto García Mansilla, Olegario Bórquez Sánchez y Saturnino Mansilla Navarro, decidieron adquirir las “acciones” sobre estas tierras e inscribirlas en el Registro de Propiedades de Achao, entre los años 1884 y 1885. A poco andar, el amenazante proyecto maderero fracasa: una naturaleza inclemente y un muelle que no ofrecía seguridad ni protección a las embarcaciones los hace desistir. Dejan todo abandonado y se marchan. Ya dueños de un campo que bordea las 700 hás, don Juan Pedro Ampuero y su hijo Germán (que llegaría a ser cura párroco de Achao), retoman la actividad ganadera y viajan continuamente al lugar. En los primeros años del s. XX estos nuevos propietarios, en vista de las enormes dificultades económicas por las que pasaban algunos de sus familiares, los estimulan a dejar la Isla Grande y a buscar mejor suerte en estas costas. En septiembre de 1921, tres familias, emparentadas entre sí -Ampuero, Oyarzún y Perez- viajan en una goleta hacia lo que hoy es Chaitén Viejo. Una vez acá, se distribuyen los campos: en el sector norte, a orillas del río Negro, se ubicaron los Pérez, en 210 hás. fiscales; y, en tierras cedidas por don Germán, los Oyarzún (60 hás.), y los Ampuero (110 hás). Doce años después, en agosto de 1933, un primo hermano de don Ruperto García, don Pedro García Ruiz y su familia, procedentes de Isla Chulín, se establecen en Piedra Blanca -hoy, sector del muelle- que es parte del Fundo Almán, convirtiéndose así en los primeros habitantes de la actual ciudad de Chaitén. Así, con el sacrificio de todas las demás familias que fueron llegando, no sólo desde Chiloé y Desertores, sino también desde la Patagonia –como los Llanos, los Chacano, los Gallardo, entre otros- pudieron, lentamente, cumplir con la dura, pero hermosa tarea de fundar un pueblo.


REPARTO FOTONOVELA HISTÓRICA II

“ Viaje al Paraíso” Fuentes: Familias Oyarzún y Ampuero. - “El poema de mi tierra”, Fray Conrado Oyarzún.

Familia Oyarzún Félix Oyarzún: Francisco Contreras (agricultor) Felicita Ampuero: Beatriz Zurita (asistente de la educación) Mercedes: Isabela Velasco (alumna de 8° básico) Custodio: Yobani Pavez (alumno de 5° básico) José Gustavo: Michel Pérez (alumno de 6° básico) Fray Conrado: Ricardo Rivera (funcionario público) Familia Ampuero Gumercindo Ampuero: Marcelo Ocampo (funcionario público) Isolina Torres: Ingrid Oyarzún (dueña de casa) Ernesto: Brhandon Álvarez (alumno de 7° básico) Pedro: Ignacio Arias (alumno de 8° básico) Alberto: Martín Garrido (alumno de 4° básico) Santiago: Thiago Nancuante (alumno de 1° básico) Ernesto Ampuero (cap.): Eladio Vargas (funcionario público) Familia Pérez Isaías Pérez: Federico Vargas (funcionario municipal) Isabel Pérez: Fidelia Uribe (dueña de casa) Marciano: Héctor Mayorga (artesano) Manuel: Kevin Ojeda (alumno de 4° medio) Marcelino: Sebastián Ibáñez (alumno de 8° básico) María Lavinia: Catalina Acuña (alumna de 5° básico) Leticia: Antonia Mayorga (alumna de 5° básico) Santiago: Javier Palomo (alumno de 2° básico) Juana: Chiara Fava (alumna de 2° básico) José Ignacio: Maximiliano Novoa (alumno de kínder) Mercedes: Isidora Vidal (alumna de pre-kínder)


Es junio del año 1942. Cae la tarde en el Seminario Mayor de la Orden Franciscana de La Granja.

La intensa y rigurosa formación espiritual a la que está sometido junto a otros jóvenes de Chiloé, Ñuble y Santiago, no le ha dejado tiempo para escribir.

Fray Conrado, joven aspirante a sacerdote, decide retomar una actividad que ha tenido postergada por meses.

Pero hoy ya no puede evitarlo. Necesita urgentemente darle forma a los recuerdos que inundan su memoria.

Abre su viejo cuaderno lleno de poemas, apuntes y dibujos. Lo hojea y relee en silencio los últimos textos.

Respira hondo…


… y las imágenes no tardan en llegar: la mirada triste de su madre, el andar pausado de su padre, los gritos de sus hermanos, los rincones de su casa de Achao, el aroma del bosque, la fresca brisa del mar … y un viaje.

Del blanco de la página, emergen, fluidamente, los ocho primeros versos:

La lee una y otra vez. Ha escrito una estrofa impecable. Entusiasmado, vuelve a sus recuerdos de infancia.

Nací en tierra chilota / sobre vistosa colina / desde donde se domina / todo el hechizo del mar . / Entre frondosa arboleda / como un solitario nido / ayer estaba escondido / mi blanco paterno hogar.

Es el día miércoles 7 de septiembre de 1921. Él, José Gustavo, es un niño de apenas 6 años.


El ajetreo en su casa es intenso.

Junto a Mercedes y Custodio, ayudan a sus padres, Félix Oyarzún y Felicita Ampuero, a apilar en el patio las últimas pertenencias.

¿Dónde vas a meter esos cueros, vieja? ¿No te pone triste todo esto? Los dejaré afuera nomah… Nos servirán pa’l viaje y pa’ nuestras últimas dos noches acá!...


¡Por supuesto!... ¿a ti no? ¡Los vamos a echar tanto de menos!

Pero tienen que seguir estudiando… y allá eso es imposible…

Sí, pues. Sobre todo ayer… cuando se fueron Purísima, Germán y Felipe…

¡Así es! … ¡y cambiemos de tema mejor!

Sí… no hay nada que hacer.

Sí, poh…

¿A qué hora dijeron que partían?

¿Quiénes? ¿Isaías y el Chindo?

Mañana, de madrugada, salen de Dalcahue. Si tienen buen viento, llegarán pasaíto ‘e la una de la tarde.


Ahora mismo deben estar afanados cargando la nave.

Ojalá nos dejen espacio pa’embarcar nuestras cosas.

De eso no te preocupes. La goleta de tu hermano Ernesto es grande y firme.

Hartas bocas pa’l almuerzo… ¿Y si los esperamos con un curanto?

¿Cuántos vienen?

Calculo 17 ó 18 cristianos. Sí… es lo mejor. Y hay que hacerlo bien grande, porque seguro que también vendrán amigos y vecinos a despedirnos.


Bien. Los chichichos tendrán que ayudarnos. Chicooos… ¡vengan!

Sí, papá

Escuchen. Como mañana llega la parentela y hay que darles de comer, José y tú bajan a la playa y traen hartas pilguas de choritos, tacas y cholgas…

…yo me encargaré de los pollos y de carnear el chancho. … y yo con la Mercedes haremos chapaleles y milcaos.

Sí, papá

Bien… ¿estamos claros con la pega?


Sin mucho ánimo obedecen. Es que dejar casa, hermanos y amigos los entristece profundamente…

A trabajar, entonces!!!. Y cambiemos la cara, ¿ya?... porque aquí nadie se ha muerto.

Pero también entienden que deben asumir los riesgos, porque en Achao ya no hay nada más que hacer. El sitio que tienen en Alto La Paloma es pequeño y no puede producir todo lo que la numerosa familia demanda.

Los mayores, saben que allá, en esos campos de propiedad de don Pedro Ampuero, padre de doña Felicita, se enfrentarán, con escasos recursos, a las duras condiciones que impone una naturaleza salvaje y aislada.

El único contento parece ser José Gustavo… Porque la edad más dichosa / es la de los tiernos años: /no hay penas ni desengaños / ni nostalgia ni inquietud...

Yo ya quiero partir, Custodio. Vamos a andar en goleta, no tendremos que ir a la escuela, saldremos a pescar, tendremos brutas pampas pa’ jugar con los primos…


José, cállate un rato!!... Mejor anda a la leñera, saca el palde… y apúrate porque hay que aprovechar la marea baja.

Al día siguiente, se levantan muy temprano para preparar el almuerzo. Y tal como lo habían predicho, comenzando la tarde, llegan los parientes de Dalcahue.

Asistidos por el capitán Ernesto Ampuero y por don Félix, comienzan, uno a uno, a bajar.

Ahí están los Ampuero y los Pérez, saludando sonrientes desde cubierta.

Ya en tierra, entre bromas y risotadas, se abrazan felices…


‌ y en un dos por tres, estån disfrutando de un gran curanto en hoyo.


Avanzada la tarde, y mientras los chicos descansan de la comilona, los adultos ultiman los detalles del viaje que emprenderán al día siguiente.

Y a qué hora estaremos zarpando, Ernesto?

Mira… más rato embarcamos todo lo que se pueda y mañana en la mañana, lo que resta.

Y hay que volver a estibar la carga…

Claro. Por lo tanto, lo más seguro es que salgamos en la tarde.

Y es mucho lo que llevan, Félix?

Ernesto Ampuero traza, en un pequeño mapa de la zona, la ruta a seguir.


Jueeeeeesu!!! Vamos a parecer el Arca de Noé, chica!!!

Jajjaja… Y súmenle a mis 3 chiñiños.

No, no. Unas cuantas leseritas nomás: los bártulos de la iñora… cosas de cocina, de cama, alimentos, ropa… mis herramientas, algunas gallinas y gansos, un par de chanchos, 4 corderitos, varios conejos, un perro y un gato… Eso no más.

¿Sólo 3? ¿y los demás no van?

No. Se quedarán estudiando acá en la isla. La Purísima, en Meulín; y Felipe y Germán en Curaco de Vélez.

En nuestro caso, van los nueve hijos. Los más grandes serán de gran ayuda allá. Y los míos, Ernesto, Pedro, Alberto y Santiago, son los más entusiasmados con este viaje.

Bien cargada irá la goleta.

Gracias a Dios el tiempo está bueno.

Estamos claros, entonces. A trabajar y mañana dejamos almorzao y nos vamos.


Esa tarde y la maĂąana siguiente se hacen cortas, pues no sĂłlo arreglan la carga en la goleta, sino que tambiĂŠn deben atender a decenas de parientes y vecinos que vienen a desearles buena suerte.

Ya estaba en el manso puerto / aparejada la nave / y una brisa fresca y suave / rizaba el seno del mar, /


¡Adiós! – decía en la playa, / la multitud conmovida; / ¡Ay! aquella despedida / mi arpa no puede expresar.

Todos van en silencio.

La goleta, viento en popa /avanzaba a toda vela / y una argéntea y larga estela / de espuma dejaba en pos.

Los hombres se ocupan de la carga y de la navegación, ayudados por los hijos adolescentes de Isaías: Marciano…

… Manuel…


… las mujeres, preparando alimentos y cuidando a los más pequeños: José Ignacio y Mercedes Pérez.

… y Marcelino; Mamá… quiero jugar con los chicos.

No. Se quedan a mi lado. Pueden caerse al mar…

¿Y qué haría yo sin mis dos quepuchitos?

Un poco más allá, en reducido espacio, algunos niños intentan distraerse.

No poh, Leticia… ya está oscureciendo.

Ya… ¿a qué vamos a jugar? ¿al truco? ¿Y a la escondida?


… ¡Claro! … ¡como tenemos taaaanto espacio!

Ya… a eso!… Yo digo la primera. Escuchen bien: Corazón de piedra, / costilla de palo; / sujeta a tu madre / en tiempo malo.

¿Y por qué no a las adivinanzas?

Es mi hermano Ernesto, porque es pesao y siempre anda colgao de las polleras de mi mamá. Yo sé lo que es!!

Ya Chaguito…dale

Jueee… ¡ni un juicio!


¿Qué será? ¡Está muy difícil! Ya… ¡no sabemos!

Buuu… ¿no adivinan?... El sacho poh!

Yo me sé una: Un hombre moreno, / adentro tiene lo güeno. ¿Qué es?

Jueeeee... ¡que es cochina la Lavinia!

¿Por qué cochina?... Voh eres el mal pensado!! Te voy a acusar a mi mamá!!

Uhh… se privó la chica!!! Ya, poh… no echen a perder el juego!!!


¡Otra vez él con sus chistes fomes!

Yo sé la respuesta… yo sé… Es mi papá, porque es medio negro y de muy buen corazón.

No, Santiago… no es el tío Gumercindo. ¿Nadie sabe? ¿se rinden? Bueno… el milcao con chicharrones.

Jjjaaa…. ésa estuvo güena. No me la sabía…

A ver… adivinen esta otra: En el monte jui a crecer, / de madera es mi figura; / si me soplan en el mar / ya no tengo hora segura.

Yo… yo… yo. ¡¡Es la lancha chilota!!


Jueeeeee… Ya se condenó éste. Cállate un ratito… ¿ya?

¡Está bien, Juanita! Ahora sí que le achuntó el Chago. ¡Es la chalupa chilota!

No. Yo no juego más… Me dio hambre, frío y sueño… ¿Te sabes otra, Marcelino?


Ya casi no se divisa la costa desde donde partieron. Estรก muriendo la tarde. No hay mucho viento y la goleta se desplaza muy lentamente.

En la isla Chaulinec deciden hacer la primera escala.


Allí se alimentan e intercambian algunas impresiones.

El agua golpea suavemente el casco de la embarcación ejerciendo un efecto sedante en los viajeros. Muy pronto, todos duermen.

Una nueva jornada y el buen tiempo los sigue acompañando haciendo más fácil la travesía. Las pequeñas islas cercanas a Chiloé han quedado atrás. La goleta se desplaza lenta.

Miren... allá se ven las Desertores.

No antes del atardecer estaremos ahí.


No han sido buenos los vientos…. Y pa’ más remate el peso que llevamos nos hace ir más lentos.

Entre las islas Nayahué y Autení se forma un canal. Ahí pasaremos la noche.


Todo transcurre según lo planificado. Un noche tranquila… y apenas amanece, levan anclas.

Los niños y jóvenes, acostumbrados a los grandes espacios, ya comienzan a ser dominados por el tedio. Los 16 metros de eslora y los 4 mts. de manga de la embarcación se les hacen claramente insuficientes.

Pero “de pronto vimos, rizado, / el gran Golfo Corcovado / que parece que es sin fin”. Estar ahí es la certeza de que el viaje está llegando a su final.


¥Ésas son nuestras montaùas!- / mi padre, gozoso, dijo, / y entonces el regocijo / en todos los rostros vi /

Si el viento nos favorece / en el golfo a toda hora / llegaremos a la aurora / a las playas de ChaitĂŠn.


Esa noche los adultos no duermen.

¡Qué silencio, por Dios!! Sólo olas rompiendo en la playa…

… y la luna reflejándose en el agua… Todo es perfecto.

Sí… Chaitén nos recibe amorosamente, porque, a partir de hoy, le confiamos nuestras vidas.


Cuando amanece, dirigidos por Ernesto Ampuero, comienzan a realizar las maniobras necesarias para desembarcar‌.

LlegĂł tranquila y ufana / la nave al ansiado puerto / y su velamen abierto / luego empezĂł a recoger.


Absortos, contemplan su nueva tierra.

Es el dĂ­a lunes 12 de septiembre de 1921.

El trance en el que ha estado sumergido Fray Conrado por mĂĄs de dos horas, se rompe de improviso.

La noche se ha dejado caer sobre el monasterio. Ya es hora‌


… cierra el cuaderno y apura el paso para llegar a tiempo a la última misa, la cena y el retiro a su celda a descansar.

En los próximos días, diferentes actividades académicas y religiosas suspenden su trabajo poético…

… con una novedad: un periodista de la revista VEA lo ha venido a entrevistar. La nota aún no es publicada y todos están expectantes.


Esta tarde, en la sala de la Biblioteca, por fin puede volver a los recuerdos.

¡Oh, todo era belleza arrobadora / todo música, hechizo y poesía / que el alma sin querer pensar hacía / en las delicias del celeste Edén!

Hay que aprovechar la buena racha, porque acá uno nunca sabe.

¡Al fin en tierra, cuñao! ¡Qué felicidad más grande!... Y pa’ suerte nuestra sigue el buen tiempo.

¿Ésa es la rancha que don Pedro y Germán armaron el verano pasado?


Se ve buena. La pregunta es ¿podremos entrar todos?

Sí… ahí se refugiaban cuando venían a ver los animales que tenían acá. Debe medir unas 6 por 4 varas…

Con harta buena voluntad, sí. En todo caso, es mejor dormir apretaítos… ¿cierto, viejo?

Bueno. Comencemos a descargar y luego que las mujeres y los chiquiñiños las lleven hasta la rancha y comiencen a ordenar.

Sí. A trabajar duro, porque quiero partir de vuelta esta misma tarde.


AsĂ­ lo hacen.


Luego de comer, y después de los encargos, los consejos, las bromas y los discursos de agradecimiento, despiden, finalmente, a Ernesto Ampuero.

La goleta iza sus velas y, ahora con buen viento, enfila rumbo al oeste.

Los últimos rayos del sol iluminan la playa, el bosque cercano y las montañas.

Los recién llegados se quedan mirando el veloz andar de la embarcación hasta que es sólo un punto blanco en el horizonte.


Nadie lo dice, pero, lentamente, cada uno de ellos comienza a procesar, con diferentes niveles de profundidad, el verdadero peso de estar ahí‌

‌ en medio de una naturaleza increíblemente hermosa, pero tan extrema y solitaria.


Ninguna otra morada entonce había / en este deleitoso paraíso / Aquí a nosotros Dios ponernos quiso / cual puso al primer hombre en el Edén.

En los días que siguen, las tres familias trabajan, solidariamente, en la satisfacción de sus necesidades más apremiantes.


En un bote parten a buscar el canutillo que usarán en las techumbres de las ranchas provisorias que levantarán.

¿Tendremos suficiente con todo esto, tío Félix?

No. Piensen que hay que cubrir 3 techos. Mañana vamos río arriba y sacamos más.


¿Y cuál rancha armamos primero?

Vengámonos de norte a sur. Primero, la tuya; después, la de Chindo. ¿Qué tal? Ya… sírvanse unos churrasquitos. El mate ya viene.

Sí, está bien. Son tantas manos que no demoraremos na’.

Es la gracia de las mingas!!!

Al día siguiente, van a cortar canelos…

… para usarlos como vigas, horcones y tijerales…


… y animada conversación…

Sólo cuando terminan, hombres y mujeres se darán un pequeño respiro a la orilla del fogón… un reitimiento,

… o a entretenerse con juegos tradicionales: “Azúcar Candia”

Todo el que pierda da prenda… y sin echarse pa’tras!!!

… los jóvenes y los niños, a contar historias de miedo…

¡Ya!: Azúcar candia / pasó una prenda, / el que la tenga /que la esconda, / bien escondidita, / debajo de las polleras /de doña Mariquita…


… a “llevar a chique”

Santiago… ¿echemos una carrera?

Súbete, cabro chico! ¿Listos?... 1, 2 y… ¡3!

Ya. Yo con José Gustavo

y a “La madre”…

Meche… tú me cuidas ¿ya? ¡Yo soy el lobo!

¡Yo soy la madre!... Vengan todos mis hijitos.

¡Agárrate bien de mi ropa!

¡Me los voy a comeeer! ¡Arranquemos, hijitos, que viene el lobo!


Lo cautivan los sonidos, colores, formas y aromas del río Yelcho y sus alrededores.

José Gustavo, además de jugar con sus hermanos y primos, disfruta internándose en el bosque…

Mil árboles diversos en tus bosques / lucen al sol sus múltiples verdores / que, recamados de vistosas flores,/ al ambiente exquisito aroma dan…


El mar, de tu hermosura enamorado / a todas horas sin cesar te besa…

El resonante y caudaloso Yelcho,/en cuyo límpido cristal te bañas,/ al bajar por las ásperas montañas / dilata alborotado su cristal…

Allí los libres pájaros cantores,/ de los follajes al murmullo incierto, / brindan al alma arrobador concierto/ que aleja del espíritu el pesar…


Cuando el agua en las alas de los vientos /deshilacha sus lĂ­quidas guedejas/ y el bosque lanza destempladas quejas / a los golpes del viento bramador..


El territorio –su Paraíso-, simplemente, lo atrapa, lo cautiva: en él sólo es posible “lo bello, lo eterno y lo ideal”.


¡Qué tranquilas las horas transcurrían / en medio de esta soledad amena / y el alma sentía ansias de ser buena / y sólo amaba la virtud y el bien!

cocinar, lavar,

hilar, tejer, rozar, cercar y hacer madera, no sólo para construir la futura casa familiar, sino para venderla en Chiloé;

Pasan los meses. En la casa de los Oyarzún, después de desayunar, comienza la dura jornada de trabajo:

acarrear agua, mantener la huerta, juntar leña, alimentar a chanchos, gallinas y gansos…

Y cuando el sol ya se esconde, se reúnen alrededor del fogón.

Una de esas tardes, José Gustavo se entera de una inesperada decisión:


¡Tendremos un hermanito! Aprovechando este momento, el papá y yo queremos comunicarles algo…

No es eso, hijo. Hemos decidido que te vayas a estudiar a Curaco de Vélez el próximo mes.

¿Yo?... pero… ¿por qué? No quiero, mamá… ¡no quiero!

“Pero tuve ¡oh dolor! Un triste día / que a mis padres y a ti decir: ¡Adiós!!”

Deja de escribir y, como quedan aún algunos minutos antes de entrar a la última misa…

comienza a dibujar el paisaje que piensa debe acompañar el texto...


Pasan unos dĂ­as sin que Fray Conrado vuelva a entrar a la biblioteca.

Hoy lo hace con una revista bajo el brazo. VEA ha publicado la entrevista que le hicieron hace algunas semanas.

QuĂŠ felices y orgullosos estarĂ­an mis padres y hermanos si pudieran leer esta entrevista.

En la mesa de siempre, lee:


Suspira profundo y abre su cuaderno. Está decidido a terminar, de una vez por todas, el poema dedicado a su tierra.

Una vez que lo termine, corregiré, seleccionaré, pediré opiniones, y, si Dios quiere, publicaré mi primer libro. Vuelve a conectarse con esa atmósfera triste que rodeó su despedida de Chaitén.

Ya te he dejado mi suelo / y a tu amarga despedida /

lo que es la pena en la vida / sólo entonces comprendí…


De ahí en adelante, Curaco de Vélez y el reencuentro con sus hermanos mayores…

…la vida sencilla en una pensión, sus estudios primarios, el llamado de la fe y el ingreso al colegio franciscano de Castro…

Una vez que partían de vuelta, se consolaba leyendo una y mil veces las cariñosas cartas de su madre.

Cada vez que su padre y sus tíos viajaban a Castro y Achao a buscar las mercaderías básicas para subsistir en Chaitén, él acudía a verlos y ayudarles a descargar la madera, los estacones de ciprés, el pescado ahumado y el luche que traían para vender.

Años después, José Gustavo hace sus votos solemnes y, siguiendo la tradición franciscana, cambia su nombre al de Fray Conrado…y se va a Santiago a estudiar en el Teologado de La Granja…

Serán ahora las cartas de su madre, que el joven sacerdote cuidadosamente ha sacado de entre sus hábitos, los insumos para sus últimas estrofas.


…jornadas de siembra de papas, nabos, repollos, trigo y linaza…

De ellas emerge la vida de sus parientes a orillas del Yelcho amado …sus progresos y dificultades: … 3 sólidas casas en construcción…

... trabajos en corrales de pesca y procesos de salado y ahumado...

Y, de tarde en tarde, algún acontecimiento sorprendente que rompe con la rutina. …que a la casa de Gumercindo Ampuero llegaron siete personas, extremadamente debilitadas:


Cinco hombres que, mientras exploraban campos cerca del Yelcho, vivieron una increíble odisea en la que luego se llamó Isla Los Náufragos;

… y que un poco más al norte, en el sector Piedra Blanca, se había establecido otra familia, la de don Pedro García…

y una pareja de jóvenes que venía huyendo desde Trevelín, Argentina, y que debió soportar varios días de frío, hambre e incertidumbre en medio del lago Yelcho…

… que una lanchita a vapor, la “Amelia”, que operaban don Orlando y Jacinto Cárdenas, fue remolcada, durante 2 meses, por los vecinos Chacano, Ibáñez y Mayorga hasta el lago Yelcho, donde empezaría a cumplir la misión de trasladar a las personas que se dirigían a Palena o Futaleufú.

Manuel Llanos

… que pasaron por su casa, unos hombres que iban a Palena. Uno de ellos, de apellido Ramírez, venía enfermo. Descansaron un par de días y decidieron continuar el viaje, remontando el río Yelcho. Cuando habían pasado Puerto Piedra, fallece. Deciden bajar con el cadáver hasta Chaitén… … que ya no estaban tan solos, porque nuevas familias habían llegado al sector: los Vivar, los Guichaquelén, los Tenorio, los Márquez, los Ibáñez, los Cárdenas, los Llanos, etc.


... allí las mujeres cubren el cuerpo con sus mantos negros y los hombres construyen una rústica urna que llevan a un sitio a orillas del río Negro, que, desde ese día, servirá de cementerio.

… que entre todas las familias contrataron, primero a la Srta. Cecilia Barrientos, y luego a doña Julia Barías Briceño, para que les enseñara a los niños sus primeras letras.

... y que ella, su vieja, lo echa tanto de menos que espera, todas las tardes en el patio de la casa, verle llegar desde la costa.

Ya no quedan cartas para releer. Escribe los últimos versos… Yo quisiera, oh suelo, cuando / de mi vida corte el hilo / Dios, en tu seno tranquilo /dormir del Yelcho a los pies…


… y no quiero bajo el cielo / y bajo el follaje verde, / sino una cruz que recuerde / que fui amante de la cruz.

Ha concluido la escritura de su poema más extenso: 72 estrofas.

Esa suerte de deuda afectiva que tenía con esas familias, con esa tierra y con esa historia, ha sido, finalmente, saldada.

Guarda la revista, las cartas de su madre y su cuaderno y sale de la biblioteca con la última campanada de la Iglesia del Teologado de La Granja.


AGRADECIMIENTOS ESPECIALES A: • Virginia, Teresa (QEPD) y Zoilo Ampuero Torres • Isabel y Adela Oyarzún Ampuero • Iris Díaz Oyarzún • Marieta Gutiérrez García • Audito Chacano y su esposa, Silvina Vivar • I. Municipalidad de Chaitén • Archivo Histórico Franciscano • Fray Miguel Ángel Correa E. • Arsenio Barrientos Barría • Tito Mayorga Soto • María Sepúlveda Mayorga • Marcelo Moreno Soto • Adier Villarroel Soto • Helga Fernandoy Castillo • Cristina Jorquera Fontealba y su gallina regalona • Diego Hellriegel Vargas • Ricardo Gallegos Mattey • Juan Cristóbal Elicer • Manuel Llanos Hidalgo • Escuela Básica “Almte. Juan José Latorre” • Albán Mancilla, Director (I) DAEM Municipalidad de Puerto Montt • Helmuth Eisele y Christopher Codjambassis, tripulantes del velero chilote “La Catalina” • y, por supuesto, a los 24 vecinos de Chaitén que dieron vida a esta historia. Dedicado a mi madre, Eliana; a mi madrina, Edith; y a mis hermanos, Tatiana, Rosa e Iván. Este proyecto ha sido financiado por:

Equipo: Diseño entrevistas: Álex Barón Ojeda Producción: José Nancuante Kammel Fotografías: Viviana Valenzuela Schmidt, con colaboraciones de Isadora Salas Herrmann y Luis Aníbal Soto Diagramación: Rolando Concha Debrott Dirección y redacción: Luis Aníbal Soto Toro


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