Page 1

La palabra grita II Literatura y disidencia Praga 20.02.2012

Lecturas a cargo de: Nadia Moučková Hanka Matochová Alejandro Flores Jorge Ramos Denisa Škodová

Stanislav Škoda Petra Vavroušová Mónica Márquez Elena Buixaderas

Carlos Aguilera (La Habana, 1970) Pertenece a la nueva generación de escritores cubanos. Fue uno de los fundadores y contribuidores de la revista Diáspora(s) hasta que su publicación fue prohibida en Cuba, donde publicó asimismo varias colecciones de poesía experimental. En el año 2003 abandonó Cuba y ha vivido primero en Austria, luego en Alemania y, a principios de este año, se ha instalado en Praga. Su libro Teoría del alma china fue publicado en México en 2007. En 2009 salió en la editorial de Agité/Fra la traducción al checo hecha por Petr Zavadil.

Fragmento de Discurso de la madre muerta (Escena semioscura. El Padre y El Hijo están sentados cada uno en una silla de madera. En el centro de escena hay una pequeña mesa blanca, de comedor, con un bombillo amarillo encima.) (Entra La Madre por el lateral izquierdo arrastrando una maleta grande de cartón; agitada. Viene vestida de militar, con charreteras rojas, gorra y medallas... La boca la lleva pintada con exageración, al igual que El Padre y El Hijo.) LA MADRE: (dirigiéndose al Hijo...) Y después dices que soy una mala madre. Mira todo lo que hago por ti. (Tira la maleta encima de la mesa.) He atrapado nuevamente a tu gato. Tu cochino gato. ¡Mira! (Señala con la mano la maleta.) Estaba en el bosque y hasta allá he ido. Al mismo bosque. Al cochino bosque, para que no lloriquearas más. A lo profundo del bosque a atrapar a tu gato... que corrió por todo el bosque desafiando mi inteligencia. Tu cochino gato, sí, sí... no me mires así. Tu cochino gato. Hago por ustedes (ahora señala también en la otra dirección, donde está sentado El Padre) lo que ustedes nunca harían por mí. Lo

Invitado especial: Carlos Aguilera Música: Jiří Dědeček

que en todos estos años nunca han hecho por mí. Lo que nunca en la vida harán por mí. ¡Yo que soy toda sacrificio y dedicación! (Se golpea con el puño en el pecho.) Lo llamé y lo llamé..., y cuando lo escuché perderse le fui atrás. Te lo dije, te lo dije siempre, que no trajeras ningún gato ruso a esta casa, que no trajeras ningún gato ruso, que son los peores. Yo misma ya estuve una vez ahí y todo me pareció lo peor. Sobre todo los gatos. No tienen ningún respeto por nada y roban impunemente todo lo que encuentran, todo lo que se les aparece en el camino. Y no cazan. A este mismo tú lo has empujado tres o cuatro veces a que nos liberara de la plaga y nada. Te lo dije, son lo peor. Son rusos, y todo lo ruso es lo peor. Lo peor de lo peor; y apestan; sííí... ¿No recuerdas cuando tu padre llegó aquella vez con la medalla que había ganado como cazador ejemplar de la provincia? Medalla que le impuso el mismo gran jefe en la plaza pública. Y ¿qué hizo entonces tu cochino gato? Se cagó. Una gran diarrea encima de mi mantel blanco... Tu padre llorando de emoción por haberle estrechado la mano al gran jefe y por el discursito de elogio que le había disparado ahí mismo el gran jefe y el gato puahhh. ¡Ahí mismo! (Señala la mesa.) ¡Puahhh! Encima de mi mantel blanco. De mi mantel blanco de todos los domingos. ¡Puahhh! Ese que ya mi madre colocaba todos los fines de semana encima de esta misma mesa para que mi padre


tomara la sopa y partiera el pan. El más blanco de todos mis manteles blancos. Y ¿qué hizo tu cochino gato ruso? Eh, dime ¿qué hizo? Una diarrea verdosa. Tal y como ha sido la vida mía con ustedes desde que me casé con tu queridísimo padre. (Lloriquea.) Sí, una mierda de vida como aquella mierda verdosa de tu mierdoso gato. Y ahora tú, para colmo, madre, que no lo encuentro, madre, que no puedo vivir sin mi gato, madre, que mi pobre ga... (Se interrumpe.) Y ahí yo que salgo para el bosque a buscar a tu cochino gato, a cazarlo sea como sea. Y ahí está. Mírenlo (señala de nuevo a ambos). Si quieren verlo abran la maleta y mírenlo. Ahí está. Un gato ruso sólo puede ser transportado en una maleta rusa y eso fue lo que hice. ¡Mírenlo! (Abre la maleta y saca una escopeta de perdigones que coloca encima de la mesa y un gato enorme de cartón que tira en medio del escenario. Le da un golpe con el pie.) LA MADRE: Tomé mi maleta rusa, esa que me regaló una vez el verdadero señor jefe de plaza pública y me fui a buscar a tu gato. ¡Míralo! Querías gato, pues ahí está. Ahora tendrás para siempre gato; sólo que sin movimiento, como el Estado. Siempre presente pero sin movimiento. Jaaa... El gato-Estado. ¡El Estado en forma de gato! Eso es lo que querían, pues ahí está. Salí a por él y ahí está. El gato-Estado. Ese que te regalaron los gemelos rusos. Ahí está. Mira que te lo advertí bien clarito, que no lo aceptaras, que sería una trampa de esos gemelos rusos, pero no me escuchaste y ahí están las consecuencias. ¿Acaso no sabías que los gemelos rusos le regalan gatos a todo el mundo para espiarlos? Y para colmo todos los gatos que regalan son rusos. No gatos escandinavos o de angora o polacos, tal y como tenía tu maestra de piano. Un verdadero gatico polaco, mucho más musical que tu cochino gato ruso. ¿Qué hacía éste cada vez que tocabas el piano en casa? ¿Dime? ¿Qué hacía este cabrón gato cada vez que me tocabas los valsitos de Chopin que tanto me gustan? ¿Quieres que te lo diga? Pues se iba al bosque. Al mismo bosque donde lo encontré hoy junto a otros gatos. Sí, al bosque, a hacer

sabediosqué con otros gatos. Y ¿el gatico polaco de tu profesora de piano? Ese sí que era un verdadero gato. Ese escuchó siempre tus conciertos junto a la profesora. Ese sí se echaba encima del piano y te escuchaba, semidormido, aprendiendo. Porque lo más seguro es que aprendiera de ti en aquel momento, de tus cancioncitas. No como éste que siempre tuvo diarreas verdosas cada vez que tuvimos una pequeña alegría en esta casa. Cuando nos visitó el verdadero señor maquinista, ¿qué hizo tu gato? Y cuando le impusieron esa medalla por la que tu padre ha estado orgulloso toda la vida, ¿qué hizo? Y cuando me serrucharon el pie, ¿qué hizo? Y cuando tú viniste con el diploma de la clase de piano, ¿qué hizo? Es cierto que el diploma la verdadera señora profesora de música lo había caligrafiado en polaco, y que tu padre y yo estuvimos una hora intentando descifrar aquel papelucho blanco. Pero, ¿en qué otro idioma iba a hacerlo si ella y su condenado gato musical son polacos? ¿Puede escribir un polaco en otro idioma que no sea el polaco? Y qué hizo tu gato, ¿quieres que te lo diga de nuevo? (Se agacha y coge por el cuello al gato, mirándolo fijamente... Continúa. Al Hijo.) LA MADRE: Y lo que me gustaban a mí aquellos valsitos de Chopin (suspira), aquellos valsitos que tu pericia sabía interpretar tan bien y con el que me dabas tanto gusto. (Pausa.) Y qué hizo tu cochino gato, ¿quieres que te lo diga? Lo único que hizo fue recordarme mi desgracia. (Se golpea en el pecho.) La desgracia de haberme casado con tu padre, un buenoparanada, un enfríacorazones, que no pudo siquiera llegar a maquinista. Con lo que me gusta a mí ver las vacas y las montañas. Pasear en tren y ver las vacas. Las vacas y las montañas. Y el airecito golpeándome en la cara. Y qué fue lo que recibí, un gato. El espía en mi propia casa, como me dijo una vez el verdadero señor maquinista. El espía en mi propio hogar. Usted ya estará vigilada toda la vida me dijo el verdadero señor maquinista. Ya no se sentirá libre nunca más en la vida, porque un


gato no es un gato me dijo el verdadero señor maquinista. Es un ojo, y me lo dijo poniéndome una mano sobre el hombro, un ojo que todo lo ve y todo lo quiere ver. Un ojo, señora, un ojo, no lo olvide, me dijo el verdadero señor maquinista encajándose la gorra hasta las narices, un único ojo que ve hasta lo que no quiere ver. Un ojo controlado por los gemelos rusos, que todo lo ven y todo lo quieren saber. Que han convertido a los gatos rusos en el Estado total, la mano que todo lo regula. Y por eso regalan esa clase de gatos, a veces con rayitas y a veces con manchitas, para que lo observen todo. ¿No ha sentido usted cuando duerme, me dijo el verdadero señor maquinista, que el gato viene y se coloca cerca de su cabeza para saber incluso lo que usted sueña? Un gato ruso es el Estado y es la oreja de los gemelos, detrás de él, escuchando. La oreja y los ojos del Estado en forma de gato. (Avanza hacia la silla donde está El Hijo y se le acerca gritándole en la cara.) LA MADRE: No hay que tener dos dedos de frente para saber el peligro en el que hemos vivido todos estos años en esta casa con ese gato. ¿Te das cuenta? Ahora lo veo todo clarito clarito. Por eso nunca encontré aquel vestido de flores rojas que me entallaba tan bien y por eso me partí el pie en tres pedazos bajando la escalera. El gato estaba ahí, quise saltar por encima de él y plaff. Aquí está el resultado. (Se levanta el pantalón y enseña una prótesis.) Una pierna de menos. Una pierna que el Estado me robó a través de tu gato. Una pierna que tu gato me arrancó por orden del Estado y por el que tu padre tuvo que salirse del trabajo antes de tiempo. ¡Tu santo padre! (Lloriquea.) ¡Cómo me mimaba en aquellos días e intentaba responsabilizarse de todo! Que lo perdonara por no haber llegado a ser maquinista y haber devenido verdadero cazador de provincia. Que lo perdonara por haberme comprado aquel vestido de flores rojas tan ancho que sólo cinco años después pude ponérmelo. Que lo perdonara por haber sido siempre un hombresin-opiniones. Y cómo lo dijo, arrastrando la lengua: sinnn opiinioooness, masticando aquellos dos mendrugos de pan que todavía

hoy recuerdo. El con su traje verde de cazador y aquellos dos mendrugos blancos en la boca: sinnn opiinioooness..., así, moviendo la lengua y los mendrugos como una vaca: sinnn opiniooonesss... cuando lo que yo debí haber hecho en aquel momento era haberle arrancado los dos mendrugos a medio digerir y haber atragantado a tu gato ruso allí mismo. Así como acabo de hacer ahora mismo en el bosque. ¡Ja! Casi no tuvo tiempo ni de respirar. Cuando lo tuve así entre cielo y tierra lo agarré por el cuello y le dije: ¡muerte al Estado!, y zas, le apreté el cuello hasta que las manos se me pusieron moradas. ¿Sabes que nunca me había visto en un estado de excitación tan grande? Pero allí mismo con tu gato entre mis manos me di cuenta que ese es el estado propio de quien se enfrenta al Estado, de quien lo desafía. Tu padre nunca pudo hacerlo. Míralo ahí. ¡Míralo! (Señala en dirección a la silla del Padre.) Ya no se despierta aunque yo grite y grite. No le importa nada. Ni siquiera hoy que es un día especial. El día que el Estado ha muerto. Ni siquiera hoy. Josef Škvorecký (Checoslovaquia, 1924 – Canadá, 2012) Destacado escritor y editor contemporáneo que pasó gran parte de su vida en Canadá. Él y su esposa, Zdena Salivarová, eran partidarios de los escritores disidentes checos antes de la caída del comunismo en Checoslovaquia. La ficción de Škvorecký lidia con varios temas: los horrores del totalitarismo y la represión, la experiencia del expatriado, el milagro del jazz.

Fragmento de El final de la edad de nylon (traducción Petra Vavroušová)

Roberto: ¿Comunista? Cuando salió a la luz que había entrado en el partido, hubo escenas espantosas en casa. Cuando decidió abandonar el mundo viejo, condenado a la extinción, y seguir viviendo en el nuevo que estaba creándose. Pero ¿comunista? ¿Y de verdad vivía en un mundo nuevo? ¿Entregándose en cuerpo y alma? ¿Entregando toda la razón y todo el corazón? ¿Entregando la razón? Pues, sí. ¿Entregando el corazón? ¿Hay algún rasgo de que se haya convertido en un hombre nuevo? Vivir en un mundo nuevo, ¿significa también ser un


hombre nuevo? En aquel entonces, cuando había roto por las malas con su familia, pensaba que solamente le quedaba el camino hacia el futuro, el camino de la revolución. ¿Pero adónde llegó? ¿Adónde ha llegado hoy? Lee libros de los realistas socialistas y lo aburren porque no responden las preguntas que se hace. Ahora se las hace, antes no las hacía. ¿De qué tipo de preguntas se trata? ¿De qué tipo? Es una tontería. Claro. Incluso Marx se las haría si su Jenny tuviera algo con un tal Samuel Gellen. Tendría que hacérselas y quién sabe si no se las había hecho. Solamente no escribía sobre ellas. Y si se las hacía, naturalmente, sería lógico, humano, o sea, bolchevique. Ludvík Vaculík (Checoslovaquia, 1926) Escritor y periodista checo, autor del manifesto Dos mil palabras (1968) y fundador de la editorial samizdat Petlice que publicaba la literatura prohibida por el gobierno comunista.

Fragmento de El libro checo de los sueños (traducción Petra Vavroušová y Elena Buixaderas)

Lunes, 5 de marzo de 1979 El señor Václav llegó a su piso de Praga. Delante de la puerta se habían acomodado unos policías, no dejan entrar a nadie, ni él puede salir. Escribió una carta sobre al asunto dirigida al ministro del Interior, una carta que por cierto leí. “Los miembros del Cuerpo de Seguridad Nacional que vigilan mi piso me dijeron que les daba igual si me moría de hambre y que me proporcionarían encantados un ataúd”. Es un horror terrible, igual que la guerra. Que sea de menor tamaño no es lo más importante. Lo que decide sobre el carácter del régimen no es el hecho de cómo trata a diez millones de obedientes, sino cómo trata a un desobediente. Así se refleja su actitud hacia la idea, hacia el ser humano, hacia el derecho. Lo que revela su taimada naturaleza es que es capaz de extender su enemistad hacia cualquier número de personas en cualquier momento; así que lo que nos separa de las fosas comunes es una simple barrera administrativa desconocida. Creo que, después de Pavel Kohout, ahora han elegido al señor Václav para someterlo a ese terror

psicológico, cuidadosa y detalladamente preparado. Podría haber sido yo. Puedo serlo en cualquier momento, depende de mí. Václav Havel (Praga, 1936-2011) Dramaturgo, poeta, ensayista y político ocasional, opositor al régimen comunista y líder de la denominada "Revolución de Terciopelo", Havel fue el último presidente de Checoslovaquia y el primer presidente de la República Checa.

Fragmento de La audiencia (traducción Petra Vavroušová y Elena Buixaderas)

BODEGUERO: Oye... VANĚK: ¿Qué? BODEGUERO: ¿Te molesta que te tutee? VANĚK: No. BODEGUERO: Si te molesta, dímelo. VANĚK: No, no me molesta. BODEGUERO: Pues, menos mal que no te molesta. VANĚK: Al contrario. Me alegro de que nos hayamos hecho amigos. BODEGUERO: “Me alegro de que nos hayamos hecho amigos”, “aprecio su sinceridad”, ¿por qué hablas de forma tan..., ejem, tan... VANĚK: ¿Culta? BODEGUERO: Sí. VANĚK: Bueno, si le irrita... BODEGUERO: A mí no me irrita nada, aprecio el nos hayamos hecho amigos, ¡joder! VANĚK: ¿Cómo? BODEGUERO: ¡Joder! (Pausa) VANĚK: Señor bodeguero. BODEGUERO: ¿Qué? VANĚK: Tengo que irme ya. BODEGUERO: Pero hombre, ¿adónde vas a ir? VANĚK: Me andarán buscando por la bodega. BODEGUERO: ¡Pues que se jodan! Está allí Šerkézy, ¿no? ¡Siéntate y bebe! VANĚK: En serio, se van a enfadar. BODEGUERO: ¿Qué?, ya te estoy molestando, ¿eh? Ya, ya lo sé. Gott, Bohdalová y tú solíais tener otras fiestecitas... VANĚK: Mire, si yo estoy bien aquí, con usted, pero es que no quiero que haya rumores, no tendría ningún sentido, sobre


todo ahora que tengo la posibilidad de trabajar en el almacén. BODEGUERO: ¿De veras estás bien aquí? VANĚK: Sí, de verdad. BODEGUERO: ¿No lo dices solo por decir? VANĚK: No. (El Bodeguero abre otra botella y se sirve. Pausa.) BODEGUERO: Oye, Fernando. VANĚK: ¿Qué? BODEGUERO: ¿Sabes qué es lo peor? VANĚK: ¿Qué? BODEGUERO: Que no tengo ni puta idea de lo que debería contarles cada semana. Si no sé nada de ti. Casi no coincido contigo, y esas tonterías que oigo, como que te escondes en el laboratorio, o que te han visto un par de veces por la ciudad con Maruška, la de la embotelladora, o que los de mantenimiento te arreglaron la calefacción... y con eso ¿qué? A ver, ¿qué tengo que seguir contándoles?, ¿qué? VANĚK: Lo siento pero no creo que sea el más indicado para ayudarle con esto. BODEGUERO: Sí que eres, si quisieras... VANĚK: ¿Yo?, pero ¿cómo? BODEGUERO: Tú eres uno de esos inteligentes, ¿no? Sabes de política, ¿verdad? Escribes, ¿no? Pues entonces ¿quién es el que mejor puede saber qué es lo que quieren oír sino tú? VANĚK: Perdone, pero esto... BODEGUERO: Mira, en el almacén tendrías tiempo de sobra, ¿qué pasaría si una vez a la semana me lo redactaras? ¿Es que no lo harías por mí? Si te voy a proteger. Si vivirás mejor que un cerdo en un lodazal. Podrás llevarte allí, toda la cerveza que quieras. Si será facilísimo para ti. Si eres escritor, coño. Ese Tonda Mašek es un buen chico y lo necesita, de veras, así que tenemos que ayudarle. ¿Es que no hemos dicho que íbamos a estar juntos en esto?, ¿que íbamos a ayudarnos?, ¿que vamos a ser un equipo? ¿Es que no hemos brindado por eso? A ver, dime, ¿hemos brindado por eso, o no? VANĚK: Sí, vale, pero... BODEGUERO: Fernando, ahora todo depende de ti. Si nos echas una mano, todo

saldrá bien. Tú me ayudas a mí, yo a él, él a mí y yo a ti, así que ninguno de nosotros va a perder. Que no vamos a convertir nuestras vidas en un infierno, ¿eh? (Pausa) ¿Qué? ¿Qué estás mirando? VANĚK: No miro nada... (Pausa) BODEGUERO: Podrías influir directamente en lo que un día sabrán de ti, no está nada mal. VANĚK: Ya lo sé. (Pausa) BODEGUERO: Y en el almacén, no estaría mal, ¿qué te parece? Calor, mucho tiempo. VANĚK: Sería estupendo. (Pausa) BODEGUERO: Entonces, ¿qué coño te pasa? (Pausa) VANĚK: Señor bodeguero. BODEGUERO: ¿Qué? VANĚK: De verdad le agradezco todo lo que ha hecho por mí, lo aprecio mucho porque soy consciente de que una actitud así es poco común hoy en día, me ha quitado un peso de encima, digamos, porque no sé que haría sin su ayuda. Trabajar en el almacén, sería un gran alivio para mí, más de lo que se imagina, pero yo, y no se enfade, yo no puedo hacer de chivato de mí mismo. BODEGUERO: ¿Cómo que chivato? ¿Quién habla de chivatos? VANĚK: No es por mí, a mí no me puede pasar nada, pero es cuestión de principios. Yo, según mis principios, no puedo formar parte de... BODEGUERO: ¿De qué? ¡Dilo! ¿No puedes formar parte de qué? VANĚK: De una práctica con la que no estoy de acuerdo. (Una pausa breve y tensa) BODEGUERO: Ejem, no puedes. O sea que tú no puedes. ¡Estupendo! ¡Ahora has sacado tu verdadera cara! ¡Ahora sí que te has delatado! (El bodeguero se levanta y empieza a dar vueltas por la habitación enfadado.) Y yo ¿qué? Me vas a dejar solo en esto, ¿verdad? ¡Ahora sí que vas a pasar de mí! ¡Yo puedo ser un hijo de puta! Yo puedo estar metido hasta el cuello, yo no importo a nadie, yo solo soy un bodeguero


imbécil, pero el señor, ah, él no puede meterse en esto. Yo puedo meterme en la mierda, siempre y cuando el señorito tenga las manos limpias. El señor tiene principios. Pero ¿y los demás? En esos ya no piensa. Lo principal es que el señorito esté limpio. ¡Los principios le importan más que las personas! ¡Vosotros, sois todos iguales! VANĚK: ¿Nosotros, quiénes? BODEGUERO: Pues, vosotros. Los inteligentes. Los señoritos. Sois solo palabritas dulces, pero, claro, vosotros os lo podéis permitir, porque a vosotros no os puede pasar nada, siempre hay quien se interese por vosotros, siempre sabéis cómo arreglároslas, vosotros siempre estáis arriba aunque estéis abajo, mientras que un mortal corriente y moliente se mata a trabajar para tener luego una mierda, y no llegar a ningún lado y que todos pasen de él y lo jodan vivo, pero qué vida es esa, y ¡para colmo los señoritos diciendo que no tiene principios! Gioconda Belli (Nicaragua, 1948) Se opuso a la dictadura del general Somoza. Esto le valió verse obligada a emprender el exilio rumbo a México y Costa Rica. Fue durante años refugiada política. El régimen de Somoza la había condenado a prisión. Desde 1970 fue militante revolucionaria del Frente Sandinista de Liberación Nacional FSLN, organizacíon clandestina y perseguida cuyo objeto era la eliminación del régimen de Somoza. Tras su final ocupó cargos en el nuevo gobierno revolucionario. Destaca como autora de poesía y de novela.

Huelga Quiero una huelga donde vayamos todos. Una huelga de brazos, piernas, de cabellos, una huelga naciendo en cada cuerpo. Quiero una huelga de obreros de palomas de choferes de flores de técnicos de niños de médicos de mujeres. Quiero una huelga grande, que hasta el amor alcance. Una huelga donde todo se detenga, el reloj las fábricas el plantel los colegios el bus los hospitales la carretera los puertos.

Una huelga de ojos, de manos y de besos. Una huelga donde respirar no sea permitido, una huelga donde nazca el silencio para oír los pasos del tirano que se marcha. Raúl Rivero (Cuba, 1945) Poeta, periodista y disidente cubano. En abril de 2003, fue condenado a 20 años de prisión durante la llamada Primavera Negra, acusado de realizar actividades subversivas, encaminadas a afectar la independencia e integridad territorial de Cuba, escribir contra el gobierno, haberse entrevistado con James Cason, un diplomático estadounidense, y haber organizado reuniones subversivas en su domicilio. Rivero pasó en la cárcel año y medio, con grave quebranto de su salud. En noviembre de 2004, debido a las presiones internacionales, fundamentalmente españolas, fue excarcelado, oficialmente tras serle aplicada la llamada licencia extrapenal por motivos de salud. Poco después, Rivero se trasladó a España con toda su familia.

Orden de registro ¿Qué buscan en mi casa estos señores? ¿Qué hace ese oficial leyendo la hoja de papel en la que he escrito las palabras “ambición”, “liviana” [y “quebradiza”? ¿Qué barrunto de conspiración le anuncia la foto sin dedicatoria de mi padre en guayabera (lacito negro) en los predios del Capitolio Nacional? ¿Cómo interpreta mis certificados de divorcio? ¿Adónde lo llevarán sus técnicas de acoso cuando lea las décimas y descubra las heridas de guerra de mi bisabuelo? Ocho policías revisan los textos y dibujos de mis hijas se infiltran en mis redes afectivas y quieren saber dónde duerme Andreíta y qué tiene que ver su asma con mis carpetas. Quieren el código de un mensaje de Zucu y en la parte superior de un texto críptico (Aquí una leve sonrisa [triunfal del camarada): “Castillos con caja de música. No dejo salir al niño con el Coco. Yeni.” Vino un especialista en intersticios un crítico literario con rango de cabo interino que auscultó a punta de pistola los lomos de los libros de poesía.


Ocho policías en mi casa con una orden de registro una operación limpia una victoria plena de la vanguardia del proletariado que confiscó mi máquina Cónsul ciento cuarenta y dos páginas en blanco y una papelería triste y personal que era lo más perecedero que tenía ese verano. José Bergamín (Madrid, 1897 - Guipúzcoa, 1983) Dramaturgo perteneciente a la Generación del 27. Opuesto a la dictadura de Miguel Primo Rivera. Durante la Guerra Civil presidió la Alianza de Intelectuales Antifascistas y fue nombrado agregado cultural en la Embajada española en París, donde se ocupó en buscar apoyos morales y financieros para la República. Al triunfar Franco se fue al exilio: México, Venezuela, Uruguay y finalmente Francia. Regresó en 1958 pero en 1963 firmó un manifiesto con más de cien intelectuales dirigido a Manuel Fraga Iribarne en que se denunciaban torturas y represión contra los mineros asturianos y tuvo que volver a exiliarse. Regresó definitivamente en 1970 y se convirtió en un disidente del proceso político denominado la Transición Española.

Fragmento de La niña guerrillera Cuadro Séptimo Un rincón a la entrada del pueblo. Una fuente. LAS TRES MUCHACHAS, de aldeanas, con cántaros, sentadas junto al brocal. Cerca, un grupo de varios CHIQUILLOS, sentados en el suelo, alrededor del señor CURA, al que escuchan con gran atención. Son las primeras horas de la mañana. CURA.- (Leyendo en el libro que lleva.) "Y viendo Jesús las gentes, subió a un monte, y después de haberse sentado, se llegaron a él sus discí¬pulos. Y abriendo su boca, les enseñó dicien¬do: Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos"... NIÑO.- ¿Puedo preguntar, señor cura? CURA.- (Cariñosamente.) Di, hijito, di. NIÑO.- ¿Quiénes son los pobres de espíritu? NIÑA.- (Interrumpiéndole.) ¡Los tontos! ¿Ver¬dad señor cura? CURA.- No, hija, no. Los pobres de espíritu son los que, teniendo poco o mucho, viven como si no tuvieran nada, como si fueran pobres.

NIÑO.- Entonces, señor cura, el señor Andrés, que mi padre dice que es un avaro porque tiene mucho dinero y hace como que no tiene nada, ¿es un pobre de espíritu? CURA.- Es todo lo contrario hijo mío. Tendría que darlo todo para serlo... NIÑO.- ¿Entonces un pobre de espíritu y un pobre de verdad es lo mismo? CURA.- Casi, casi lo mismo, si uno y otro lo son con amor al prójimo... NIÑA.- ¿Y quién es el prójimo, señor cura? NIÑO.- ¿Y qué es el Reino de los Cielos, señor cura? CURA.- Hijitos. Vamos poco a poco. Si me preguntáis todos a la vez y todo de una vez, no podré contestar a nada. Dejadme acabar la lectura ahora... (LOS NIÑOS callan.) "Y abriendo la boca les enseñaba diciendo: bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra"... NIÑO.- (Volviendo a interrumpir impaciente.) ¿Quiénes son los mansos señor cura? CURA.- Los mansos son los buenos, los hu¬mildes, los que sufren con paciencia las persecuciones injustas... NIÑO.- ¿Y son ésos los que poseerán la tierra? ¿Entonces, a los que poseen muchas tierras se las quieren quitar por mansos? NIÑA.- ¡Qué tonto eres! ¡Los que poseen mucha tierra no son ésos! ¡No son los buenos! ¡Son los malos! CURA.- Los malos son los que poseen mucha tierra injustamente... porque no la trabajan con sus manos, porque no la aman ni fecundan... NIÑO.- ¿Los que se la han quitado a los buenos? CURA.- ESO mismo. Pero dejadme leer hasta el final y me preguntaréis... "Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados"... NIÑA.- ¿Puedo preguntar, señor cura? CURA.- (Cariñoso.) Di, hija, di... NIÑA.- (Vacilante.) ¿Es bueno o es malo llorar? NIÑO .- ¿Pues no ves que es bueno? NIÑA.- Si es bueno llorar, ¿para qué dice entonces Dios que al que llora se le consuela? CURA.- (Suspirando.) ¡Ay, hijitos, en qué


8

aprietos me ponéis vosotros! Al que llora le consuela el Señor con sus propias lágrimas... NIÑO .- Pues yo no lloro más que cuando me pegan o cuando me duele algo... OTRO NIÑO.- ¡Porque eres un cobarde! NIÑO .- ¡Lo dirás tú! (Intenta pegarle.) CURA.- ¡Quietos, quietos!... Dejadme seguir... "Bienaventurados los que han hambre y sed de justicia porque ellos serán hartos"... NIÑO.- (Sin poderse contener, interrumpe.) ¿Y cuando estén hartos, señor cura, qué harán? Porque yo oigo a mi padre decir que está harto, que todos estamos ya hartos... de esta vida que nos hacen pasar ahora... CURA.- (Haciéndose el distraído.) "Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios"... NIÑA.- (Interrumpiendo.) ¿Cómo se puede ver a Dios, señor cura? CURA.- Con el corazón. Como ves a aquéllos a quienes quieres, aunque no estén contigo. "Bienaventurados los pacíficos porque hijos de Dios serán llamados. Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia"... (En ese momento, le interrumpen, entrando en escena, gritando, algunos otros chicos.) CHICO.- ¡Señor Cura, señor cura, pronto... venga y verá, venga, pronto, pronto!.. CURA.- (Sobresaltado.) ¿Pues qué pasa? CHICO.- ¡Que han cogido presa a la Niña! CHICO.- ¡A la entrada del pueblo! CHICO.- ¡La van a matar, la van a matar! CURA.- ¡Callad, hijos, callad! Y decidme cómo lo sabéis... cómo ha sido... CHICO.- ¡Todo el pueblo lo sabe!... La han llevado a encerrar al cuartelillo... (Entran DOS GUARDIAS CIVILES y todos callan con espanto.) GUARDIA.- Señor Cura, tenemos orden de que venga con nosotros... CURA.- (Que recupera su serenidad de repente.) ¿Ahora mismo? GUARDIA .- Ahora mismo. CURA.- Pues vamos. (A LOS NIÑOS que rumorean.) Vosotros marchaos también, ahora, a vuestras casas... Mañana, a la mañana, como hoy, venid aquí a buscarme...

NIÑA.- ¿Vendrá, señor cura?... CURA.- SÍ, hijitos, sí, vendré, vendré... Ahora marcharos, como os digo: y sin alborotar, tranquilaos... (Acaricia algunas cabezas de LOS NIÑOS, y sale seguido de los GUARDIAS CIVILES.) Luis Cernuda (Sevilla 1902-México 1963) Poeta de la Generación del 27. En 1937 participó en el Encuentro de Intelectuales antifascistas, en 1938 parte al Reino Unido, y en 1947 se exilia a EEUU. Se estableció en México en 1952.

Peregrino ¿Volver? Vuelva el que tenga, tras largos años, tras un largo viaje, cansancio del camino y la codicia de su tierra, su casa, sus amigos, del amor que al regreso fiel le espere. Mas ¿tú? ¿volver? Regresar no piensas, sino seguir libre adelante, disponible por siempre, mozo o viejo, sin hijo que te busque, como a Ulises, sin Itaca que aguarde y sin Penélope. Sigue, sigue adelante y no regreses, fiel hasta el fin del camino y tu vida, no eches de menos un destino más fácil, tus pies sobre la tierra antes no hollada, tus ojos frente a lo antes nunca visto. Luis García Montero (Granada, 1958) Sobre Cernuda El 22 de mayo de 1937, a bordo del transatlántico Habana, llegaron al puerto de Southampton 3.800 niños vascos, evacuados de la ciudad sitiada de Bilbao. Soportaban la triste fortuna de huir de la guerra, porque los necesitados y los miserables sólo pueden esperar la suerte de alejarse de sus familias y de sus tierras para encontrar en lugares ajenos una ventana desde la que mirar al horizonte. Los niños más dañados por la tragedia española, los que habían perdido a sus padres en los bombardeos en las trincheras, fueron acogidos de manera especial en la residencia de Lord Farringdon. Luis Cernuda trabajó allí, dedicando los primeros momentos de su exilio a la tarea imposible de salvar infancias


destruidas. Cernuda hizo amistad con un muchacho llamado José Sobrino. Era un adolescente de 14 o 15 años, muy listo, capaz de aprender inglés en unos meses y de destacar en los estudios. Cuando lord Farringdon, asombrado por su inteligencia, pensó en mandarlo a un colegio prestigioso, José Sobrino sólo tuvo una respuesta: "Mi padre trabajó en los altos hornos y en los altos hornos trabajaré yo". Cuando enfermó de leucemia y supo que iba a morir, aceptó la desgracia con un temple que pocas veces suelen alcanzar los patriotas con el pecho alicatado de medallas. Un cura católico, preocupado por la salvación de su alma, intentó varias veces confesarlo y darle la comunión. Ante las negativas del muchacho, el cura le suplicó que por lo menos mirase el crucifijo que le ofrecía. José Sobrino accedió, lo observó unos segundos y contestó: "Rediós, qué feo es". José Sobrino despidió al sacerdote y rogó que llamaran a Luis Cernuda. Hablaron de la soledad, de los recuerdos, de la generosidad y mezquindad humana, de las ciudades destruidas por la guerra, de su padre, de lo que significa vivir, de lo que supone la muerte. Una serenidad triste y firme se apoderó de la habitación. El muchacho le pidió a Cernuda que le recitara algún poema, tal vez uno de esos poemas que nacen del orgullo herido y del empeño de responder con dignidad a las crueldades irreparables. Al terminar Cernuda de leer, José Sobrino agradeció el poema y le dijo: "Ahora, por favor; no se marche, pero me voy a volver hacia la pared para que no me vea morir". No se trató de un último juego, ni de una broma desesperada. Tardó poco en quedarse muerto de cara a la pared. El poeta comprendió su pudor, la intimidad de una situación que pertenece a la propia raíz de nuestra vida, la negación a convertirnos en un espectáculo cuando dejamos de ser nosotros mismos. El silencio y el respeto son un equipaje imprescindible a la hora de ofrecer los cuidados de la verdadera compañía. Luis Cernuda nos lo contó en el poema

Niño muerto Volviste la cabeza contra el muro Con el gesto de un niño que temiese mostrar fragilidad en su deseo. Y te cubrió la eterna sombra larga. Profundamente duermes. Mas escucha: Yo quiero estar contigo: no estás solo. Juan Gelman (Buenos Aires, 1930) En 1963 fue encarcelado con otros escritores por pertenecer al Partido Comunista. Tras ser liberado participó en movimientos guerrilleros peronistas. En 1975 el movimiento Montoneros lo envió al exterior para hacer relaciones públicas y denunciar internacionalmente la violación de derechos humanos en la Argentina. En esa misión se encontraba cuando se produjo el golpe de estado de 1976 que inició la dictadura militar e impuso un régimen de terrorismo de estado que causó la desaparición de 30.000 personas. Salvo una breve entrada clandestina a la Argentina en 1976, Gelman permaneció exiliado en el exterior residiendo alternativamente en Roma, Madrid, Managua, París, Nueva York y México y trabajando como traductor de la Unesco. Sus hijos fueron dos de los desaparecidos. Vive en México.

Opiniones Un hombre deseaba violentamente a una mujer, a unas cuantas personas no les parecía bien, un hombre deseaba locamente volar, a unas cuantas personas les parecía mal, un hombre deseaba ardientemente la [ Revolución y contra la opinión de la gendarmería trepó sobre muros secos de lo debido, abrió el pecho y sacándose los alrededores de su corazón, agitaba violentamente a una mujer, volaba locamente por el techo del mundo y los pueblos ardían, las banderas. Carta abierta a mi nieto (fragmento) Me resulta muy extraño hablarte de mis hijos como tus padres que no fueron. No sé si sos varón o mujer. Sé que naciste... Ahora tenés casi la edad de tus padres cuando los mataron y pronto serás mayor que ellos. Ellos se quedaron en los 20 años para siempre. Soñaban mucho con vos y con un mundo más habitable para vos. Me gustaría hablarte de ellos y que me hables de vos. Para reconocer en vos a mi hijo y para que reconozcas en mí lo que de tu padre tengo: los dos somos huérfanos de él. Para reparar de algún modo ese corte brutal o

9


silencio que en la carne de la familia perpetró la dictadura militar. Para darte tu historia, no para apartarte de lo que no te quieras apartar. Ya sos grande, dije. Rodolfo Walsh (Argentina, 1927-1977) Fue escritor, periodista, traductor y asesor de colecciones. Walsh es para muchos el paradigmático producto de una tensión resuelta: la establecida entre el intelectual y la política, la ficción y el compromiso revolucionario. El 25 de marzo de 1977 un pelotón especializado emboscó a Rodolfo Walsh en calles de Buenos Aires con el objetivo de aprehenderlo vivo. Walsh, militante revolucionario, se resistió, hirió y fue herido a su vez de muerte. Su cuerpo nunca apareció.

10

Fragmento de Esa mujer –Sí, ya le dije que esa mujer estaba desnuda. Una diosa, y desnuda, y muerta. Con toda la muerte al aire, ¿sabe? Con todo, con todo... La voz del coronel se pierde en una perspectiva surrealista, esa frasecita cada vez más rémova encuadrada en sus líneas de fuga, y el descenso de la voz manteniendo una divina proporción o qué. Yo también me sirvo un whisky. –Para mí no es nada -dice el coronel–. Yo estoy acostumbrado a ver mujeres desnudas. Muchas en mi vida. Y hombres muertos. Muchos en Polonia, el 39. Yo era agregado militar, dése cuenta. Quiero darme cuenta, sumo mujeres desnudas más hombres muertos, pero el resultado no me da, no me da, no me da... Con un solo movimiento muscular me pongo sobrio, como un perro que se sacude el agua. –A mí no me podía sorprender. Pero ellos... –¿Se impresionaron? –Uno se desmayó. Lo desperté a bofetadas. Le dije: "Maricón, ¿ésto es lo que hacés cuando tenés que enterrar a tu reina? Acordate de San Pedro, que se durmió cuando lo mataban a Cristo." Después me agradeció. Miró la calle. "Coca" dice el letrero, plata sobre rojo. "Cola" dice el letrero, plata sobre rojo. La pupila inmensa crece, círculo rojo tras concéntrico círculo rojo, invadiendo la noche, la ciudad, el mundo. "Beba". –Beba –dice el coronel. Bebo. –¿Me escucha? –Lo escucho.

Le cortamos un dedo. –¿Era necesario? El coronel es de plata, ahora. Se mira la punta del índice, la demarca con la uña del pulgar y la alza. –Tantito así. Para identificarla. –¿No sabían quién era? Se ríe. La mano se vuelve roja. "Beba". –Sabíamos, sí. Las cosas tienen que ser legales. Era un acto histórico, ¿comprende? –Comprendo. –La impresión digital no agarra si el dedo está muerto. Hay que hidratarlo. Más tarde se lo pegamos. –¿Y? –Era ella. Esa mujer era ella. –¿Muy cambiada? –No, no, usted no me entiende. lgualita. Parecía que iba a hablar, que iba a... Lo del dedo es para que todo fuera legal. El profesor R. controló todo, hasta le sacó radiografías. –¿El profesor R.? –Sí. Eso no lo podía hacer cualquiera. Hacía falta alguien con autoridad científica, moral. En algún lugar de la casa suena, remota, entrecortada, una campanilla. No veo entrar a la mujer del coronel, pero de pronto esta ahí, su voz amarga, inconquistable. –¿Enciendo? –No. –Teléfono. –Deciles que no estoy. Desaparece. –Es para putearme –explica el coronel-. Me llaman a cualquier hora. A las tres de la madrugada, a las cinco. –Ganas de joder –digo alegremente. –Cambié tres veces el número del teléfono. Pero siempre lo averiguan. –¿Qué le dicen? –Que a mi hija le agarre la polio. Que me van a cortar los huevos. Basura. Oigo el hielo en el vaso, como un cencerro lejano. –Hice una ceremonia, los arengué. Yo respeto las ideas, les dije. Esa mujer hizo mucho por ustedes. Yo la voy a enterrar como cristiana. Pero tienen que ayudarme.


Heberto Padilla (Cuba, 1932-EEUU 2002) En 1966 se convirtió en centro de polémica cultural ya que publico el libro Fuera de Juego, considerado contrarrevolucionario y por el que además recibió el premio Nacional de Poesía. Fue encarcelado en 1973, a raíz de la publicación de su libro Provocaciones, acusado por el Departamento de Seguridad del Estado de “actividades subversivas” contra el gobierno. Gracias a la presión de importantes intelectuales y políticos internacionales, se le permitió salir del país en 1980, radicándose en Estados Unidos hasta su muerte

En tiempos difíciles A aquel hombre le pidieron su tiempo para que lo juntara al tiempo de la Historia. Le pidieron las manos, porque para una época difícil nada hay mejor que un par de buenas manos. Le pidieron los ojos que alguna vez tuvieron lágrimas para que contemplara el lado claro (especialmente el lado claro de la vida) porque para el horror basta un ojo de asombro. Le pidieron sus labios resecos y cuarteados para afirmar, para erigir, con cada afirmación, un sueño (el-alto-sueño); le pidieron las piernas, duras y nudosas, (sus viejas piernas andariegas) porque en tiempos difíciles ¿algo hay mejor que un par de piernas para la construcción o la trinchera? Le pidieron el bosque que lo nutrió de niño, con su árbol obediente. Le pidieron el pecho, el corazón, los hombros. Le dijeron que eso era estrictamente necesario. Le explicaron después que toda esta donación resultaría inútil sin entregar la lengua, porque en tiempos difíciles nada es tan útil para atajar el odio o la mentira. Y finalmente le rogaron que, por favor, echase a andar, porque en tiempos difíciles esta es, sin duda, [la prueba decisiva. Reinaldo Arenas (Cuba, 1943 – EEUU, 1990) Fue novelista, dramaturgo y poeta cubano conocido por sus obras mágico-realistas y su constante oposición al régimen político de Fidel Castro. Su adolescencia campesina y precoz se vio marcada por el manifiesto enfrentamiento contra la dictadura de Batista. Colaboró con la revolución cubana, hasta que, debido a la exclusión

a que fue sometido, optó por la disidencia. Su presencia pública e intelectual le granjeó marcadas antipatías en las más altas instancias del Estado, lo cual, unido a su homosexualidad, provocó una persecución en su contra. En toda su vida, Arenas sólo pudo publicar un libro en Cuba: Celestino antes del alba.

Fragmento de El mundo alucinante El verano. Los pájaros derretidos en pleno vuelo, caen, como plomo hirviente, sobre las cabezas de los arriesgados transeúntes, matándolos al momento. El verano. La isla, como un pez de metal alargado, centellea y lanza destellos y vapores ígneos que fulminan. El verano. El mar ha comenzado a evaporarse, y una nube azulosa y candente cubre toda la ciudad. El verano. La gente, dando voces estentóreas, corre hasta la laguna central, zambulléndose entre sus aguas caldeadas y empastándose con fango toda la piel, para que no se le desprenda el cuerpo. El verano. Las mujeres, en el centro de la calle, empiezan a desnudarse, y echan a correr sobre los adoquines que sueltan chispas y espejean. El verano. Yo, dentro del morro, brinco de un lado a otro. Me asomo entre la reja y miro al puerto hirviendo. Y me pongo a gritar que me lancen de cabeza al mar. El verano. La fiebre del calor ha puesto de mala sangre a los carceleros que, molestos por mis gritos, entran a mi celda y me muelen a golpes. Pido a Dios que me conceda una prueba de su existencia mandándome la muerte. Pero dudo que me oiga. De estar Dios aquí se hubiera vuelto loco. El verano. Las paredes de mi celda van cambiando de color, y de rosado pasan a rojo, y de rojo al rojo vino, y de rojo vino a negro brillante... el suelo empieza también a brillar como un espejo, y del techo se desprenden las primeras chispas. Solo dándole brincos me puedo sostener, pero en cuanto vuelvo a apoyar los pies siento que se me achicharran. Doy brincos. Doy brincos. Doy brincos. El verano. Al fin el calor derrite los barrotes de mi celda, y salgo de este horno al rojo, dejando parte de mi cuerpo chamuscado entre los bordes de la ventana, donde el aceite derretido aun reverbera. (…)Pero las revoluciones no se hacen en las cárceles, si bien es cierto que generalmente allí es donde se engendran. Se necesita tanta

11


acumulación de odio, tantos golpes de cimitarra y redobles de bofetadas, para al fin iniciar este interminable y ascendente proceso de derrumbe. (…)Las manos son lo mejor que indica el avance del tiempo. Las manos, que antes de los veinte años empiezan a envejecer. Las manos, que no se cansan de investigar ni darse por vencidas. […] Estas manos, que marcan los límites del tiempo. Que se levantan y de nuevo buscan el sitio. Que señalan y quedan temblorosas. Que saben que hay música aun entre sus dedos. Estas manos, que ayudan ahora a sujetarse. Estas manos, que se alargan y tocan el encuentro. Estas manos, que me piden, cansadas, que ya muera. Angye Gaona (Colombia, 1980) Poeta apresada en 2011 bajo los delitos de rebelión y concierto para delinquir con fines de narcotráfico. Debido a presiones internacionales fue puesta en libertad hace unos meses.

Tejido blando Respira y prepárate, pecho blando. No quieras contener todo el aire de los abismos, toma sólo el de tu pequeña inspiración, acarícialo por instantes, susúrrale como si al último aliento y déjalo libre ir allí, a donde tú también quisieras: vasto, inmenso, indistinto. Sopla fuerte lo que guardas. No recojas más lágrimas, pecho blando. Y si un niño preso llora, dirás, y si un hombre es torturado, dirás. Que no es tiempo de guardar la ira, te digo. Es momento de fraguar y hacer lucir el filo.

ia.cz ebohembohemia d s e c u .l sde www om/luce k.c

eboo www.fac

Max Aub (París, 1903 – Ciudad de México, 1972) Escritor hispano-mexicano. En su momento poseyó cuatro nacionalidades: alemana heredada de sus padres, francesa de nacimiento, española por naturalización de su padre (que se afincó en Valencia en 1914) y mexicana por iniciativa propia. En 1928 ingresó en el Partido Socialista Obrero Español. Compaginó la actividad comercial con la literatura, iniciándose en el teatro vanguardista. Se exilió a Paris en 1939 tras la Guerra Civil española, y en 1942 se instaló en México.

Fragmentos de San Juan EN LA CUBIERTA NEGRO. (A SARA.) ¿Usted es de a boldo? SARA. Sí. NEGRO. ¿De las que viajan? SARA. Sí. NEGRO. ¿Judía? SARA. Sí. NEGRO. (Muy desesperado.) ¡He peldido! SARA. ¿Qué ha perdido? NEGRO. Una apuesta. Me dijelon que elan como todos. Yo no lo podía cleel. Polque, si son como todos, ¿pol qué no los habían de dejal desembalcal, no? SARA. ¿Qué creía que éramos? NEGRO. (Tras una duda, vergonzosamente.) Neglos... [...]LÁZARO. ¿Por qué será Hitler antisemita? ¿Qué le hemos hecho? Porque si no fuera antisemita, yo no tendría nada contra él. BERNHEIM. Vamos pronto, antes de que llegue esa morralla... (Salen BERNHEIM Y LÁZARO.) EN EL ENTREPUENTE BERNHEIM. ¿Se puede? CAPITÁN. Adelante, señor Bernheim, BERNHEIM. ¿Qué tal, mi Capitán? ¿Qué noticias trae usted? CAPITÁN. Pocas y malas. [. . .]

cita Próxima

2 26.3.201ratura

ga en la

sia - Pra Praguen

lite


120220_LdB_La_Palabra_Grita_2_Disidencias  

La palabra grita 2 - Disidencias - Luces de Bohemia - www.lucesdebohemia.cz - www.lucesdebohemia.cz/blog - Encuentros Literarios en Praga -...

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you