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> El crisol de la identidad: Aguascalientes, forjado entre acero y agua termal
Aguascalientes no es solo un punto en el mapa de México, es un crisol donde la historia se fundió con el ingenio y el arte. Es una ciudad que se define por una dualidad esencial: la fuerza férrea del progreso industrial y la calidez subterránea de sus aguas termales. Esta identidad, compleja y orgullosa, se revela en sus símbolos, sus héroes y en la perseverancia de su gente.
El Cerro del Muerto, silueta inconfundible que vela el horizonte occidental de la capital, es más que una elevación geográfica; es el primer guardián de nuestra identidad. Su perfil legendario, que evoca el descanso eterno de un gigante, nos recuerda la profundidad de nuestras raíces y la quietud que precede a la acción. Es un telón de fondo constante para una urbe que, lejos de ser quieta, ha sabido evolucionar a una Gran Ciudad moderna, reconocida por su industria y su calidad de vida, sin perder el arraigo a su pasado. El verdadero motor de esta evolución, el eje central de nuestra alma, es el ferrocarril. Si la ciudad se llama Aguascalientes por la bendición de su subsuelo, su destino lo forjó el tren. A finales del siglo XIX, con la llegada de las vías, la capital se transformó en un nudo ferroviario vital para el país. Se erigieron los Talleres de Mantenimiento (La Alameda), epicentro de una cultura obrera dedicada y especializada que dotó a la ciudad de un carácter industrial y de una clase trabajadora fuerte. Los silbatos de las locomotoras no eran solo un sonido, sino el pulso del progreso. Es en honor a este legado obrero y a la forja de su clase trabajadora que hoy la ciudad alienta con fervor a su equipo de béisbol: los Rieleros. Su nombre, que resuena en el Parque Alberto Romo Chávez desde hace más de 50 años, no es un mero apodo deportivo, sino un tributo viviente a los trabajadores de las locomotoras y a la vocación de acero que construyó nuestra identidad. Cada partido es una extensión de la jornada en los talleres, un recordatorio de que la fuerza de Aguascalientes reside en su gente.
de nuestro campo y un elemento reconocible en el paisaje que abraza a la ciudad.
Esta identidad se borda con finura en nuestras tradiciones. El estado es reconocido por la delicadeza de sus hilos y el arte del bordado y el deshilado, una labor minuciosa que convierte la fibra sencilla en una joya textil. Este arte manual es paralelo a la precisión del grabador y la finura del pintor.
La Heráldica del estado lo confirma: nuestro escudo, con su fuente de agua termal y la imagen de las cadenas rotas, habla de libertad y de la riqueza subterránea. El lema oficial, “Bona terra, bona gens” -Buena tierra, buena gente-, encapsula la esencia de la región: la calidad de su suelo y la nobleza de sus habitantes. Este lema, junto al guiño popular de “Aguas Claras”, afirma la transparencia y la luz que emana de nuestro cimiento histórico. Aguascalientes es tierra de gigantes. Saturnino Herrán, pintor modernista cuya obra explora la identidad nacional y la belleza mestiza de México, es uno de nuestros mayores legados artísticos. Junto a él, Jesús F. Contreras, escultor que dio forma a la modernidad mexicana con obras icónicas. Su presencia en la historia del arte es imperecedera, un recordatorio de que la belleza y la sensibilidad nacen en esta tierra. Nuestra música es una estrofa de fiesta y fervor. La “Pelea de Gallos”, con su ritmo vibrante, es la banda sonora de la Feria Nacional de San Marcos, una celebración que trasciende el evento ferial para ser una expresión del alma festiva y acogedora del estado, un punto de encuentro que cada primavera nos une con el mundo. Sin olvidar la Tauromaquia, que aún a pesar de los debates actuales, resuena en los genes. En el deporte, la pasión se vive en cada encuentro. Además de los Rieleros, el equipo de fútbol Necaxa, que adoptó a Aguascalientes como su hogar, se ha convertido en un símbolo de arraigo y de la pasión futbolística local. En las duelas, las Panteras en el básquetbol profesional nos demuestran que el espíritu competitivo de Aguascalientes se mantiene en constante ascenso. Los equipos son vehículos para el orgullo cívico, un lugar donde la comunidad se une bajo un mismo color y una misma esperanza.
MAGNÍFICA, Número 13, octubre de 2025. Revista y Distribuida por
MAGNÍFICA, Número 10, junio de 2025. Revista mensual de Circulación Controlada y Pagada. Editada, publicada y distribuida por 3A VIA EDICION PRODUCCION IMPRESION, SA de CV. Ignacio Zaragoza 411. Zona Centro. Aguascalientes, Aguascalientes. C.P. 20000. Editor Responsable: GABRIEL RAMÍREZ PASILLAS. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo: En Trámite. Certificado de Licitud de Título y Contenido: En Trámite. Registro en el Padrón Nacional de Medios Impresos de la Secretaría de Gobernación: Pendiente. Impresa por, C Gráfico RGA. Filemón Alonso Muñoz 210, Ciudad Industrial, Aguascalientes, Aguascalientes, C.P. 20290.
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La razón primigenia de nuestro nombre nos lleva a los Baños Termales. Este tesoro geotérmico dio origen a la fundación misma de la villa y sigue siendo un símbolo de orgullo. El rescate de espacios como Los Arquitos, antigua casa de baños termales que se transformó en un vital centro cultural, es un testimonio de cómo la ciudad honra su historia líquida. Estos espacios nos recuerdan que la calidez no está solo en el subsuelo, sino en la naturaleza acogedora del hidrocálido. La flora local también porta nuestra estampa. El mezquite, árbol fuerte y resistente, con su sombra vasta y su madera dura, simboliza la tenacidad del espíritu local. Es un guardián silencioso
Aguascalientes es una sinfonía de contrastes. Es el vapor medicinal que asciende de sus balnearios y el humo denso que desprendían sus locomotoras. Es la precisión del ingeniero que construye una vía y la sutil paciencia de la bordadora. La dualidad que nos define es, en realidad, nuestra mayor fortaleza. Nos enseña que el progreso no implica renunciar a la tradición, sino honrarla y usarla como palanca. Como diría un poeta, “Somos el agua que fluye caliente desde la profundidad de la tierra, moldeando la dureza del acero”.
Esta es la identidad de Aguascalientes: trabajo duro, fervor artístico y un corazón siempre cálido y abierto. Un crisol de vida, arte y movimiento.

Aguascalientes, tierra de los jóvenes. Así estamos construyendo un nuevo estado
Cómo encontrar cultura y educación sin salir de Aguascalientes y no morir en el intento
Del bordado tradicional a la elegancia contemporánea
Lo que una imagen dice de nosotros. Identidad gráfica de Aguascalientes
Aguascalientes y su legado en la música tradicional y académica
De los rieles a la memoria: el patrimonio industrial de Aguascalientes
Guardianes de la tradición: los trabajadores de los Baños Termales de Ojocaliente
Nombrar la identidad: notas sobre el gentilicio de Aguascalientes

arte que no se rinde:
Rieleros: el equipo que forjó la identidad de Aguascalientes
Aguascalientes, donde la charrería y la fiesta brava forjan identidad




Pedro Amézquita / @estoesnucleo
Durante muchos años hemos escuchado que, al hablar de que a Aguascalientes solo se le puede ubicar en el mapa por dos cosas: la primera, por ser la tierra de la gente buena; y la segunda, por tener la feria más grande del país. Pero ¿qué pasa cuando las generaciones avanzan, cambian y buscan la manera de sobresalir por sus propios méritos, en un estado al que solo se voltea a ver una vez al año, y que los demás días pareciera no existir en el plano?
Una revolución de ideas se ve marcada por el arte, la cultura y la música como un refugio que ayuda a visibilizar el talento y esfuerzo que los hidrocálidos ponen en cada cosa que se proponen. Ser de Aguascalientes es apreciar lo que tenemos, porque sabemos lo que nos ha costado construirlo bajo los valores con los que fuimos criados y con los que nos hemos sentido orgullosos de ser quienes ahora somos
En el último año, las cifras más recientes del INEGI, junto con las proyecciones del CONAPO para 2025, registraron que en el estado viven aproximadamente 430 mil jóvenes entre los 12 y los 29 años, lo que representa el 30 % de la población total estatal. Estas cifras no solo se traducen en números: son miles de jóvenes que, durante todo este tiempo, han estado en la búsqueda de un sentido de pertenencia que los haga sentirse seguros y protegidos; que sus sueños, alegrías y vivencias signifiquen algo y que, sobre todo, esto construya el inicio de una nueva historia.
Los jóvenes en Aguascalientes están logrando lo que a otras generaciones les ha costado mucho hacer: hablar, no quedarse callados y, mucho menos, ser conformistas con lo que el estado les puede ofrecer. Ellos saben que la única manera de salir adelante y de cumplir lo que se proponen es generar visibilidad, demostrar que el tamaño de un estado no es una limitante para crecer en diferentes disciplinas como la música, el teatro y el baile; y, sobre todo, que no es un impedimento para dejar de perseguir sus sueños.
Una manera totalmente única en la que los jóvenes han logrado contribuir con sus ideas y sentimientos, mostrando lo que su estado significa para ellos y para sus familias. Pero eso no es todo, pues dentro de cada colectivo de muralismo, grupos de fotografía, centros de arte y talleres de música, se ha sido testigo del gran avance que se ha tenido en los últimos años. Ya no solo se trata de hacer las cosas, se trata de disfrutarlas y demostrarle a todos que en el estado existen personas que luchan por ser quienes quieren ser, fieles a sus valores, y que el mundo necesita más gente buena, semilla de lo que somos en el estado.

Las propuestas de la nueva escena musical en Aguascalientes van desde el indie rock, la electrónica, el rap y la música tradicional fusionada, en las que se demuestra el talento y la pasión con la que se hacen las cosas. No se necesita un día festivo, ni mucho menos un gran escenario, para que con mágicas voces y armoniosas melodías te des cuenta de que estás en una ciudad totalmente diferente. De día o de noche, la música acompaña cada momento, te envuelve en una alegría que se siente en el aire, se vive en el día y se magnifica en las noches: una salida entre todo el caos y el ruido de la ciudad, una parada en una realidad alternativa que no deja de tener sellos y sabores hidrocálidos.
Caminar por las principales calles de la ciudad es como estar viviendo en una línea del tiempo, con espacios arquitectónicamente bellos que se iluminan en tonos cálidos y que son una muestra más de la armonía y tranquilidad que se respira en el centro histórico. Estos espacios, como cafeterías, bares y discotecas, han sido testigos de grandes anécdotas que, a lo largo de los años, han cobrado un mayor sentido por ser el punto de encuentro de muchos jóvenes; es como si fueran un segundo hogar, en el que puedes sentirte seguro y acompañado.
El trabajo que se ha logrado no viene desde hace un par de años: son varias generaciones atrás las que vienen caminando junto con nosotros para demostrar que las frases pegadizas y los eslóganes políticos no son suficientes para describir lo que Aguascalientes significa para las y los hidrocálidos. Son años en los que hemos luchado contra los estigmas y estereotipos sociales, donde nos han llamado rebeldes, violentos, alcohólicos e irrelevantes, pero, sobre todo, nos han minimizado y sentenciado a vivir con lo que se tiene
No se trata solo de construir sin saber hacia dónde vamos. Las nuevas generaciones sabemos cuál es la meta y, aunque muchas veces no sepamos cómo ni por dónde llegar, tenemos clara una sola cosa: el tiempo no perdona, y este es nuestro momento. No vamos a permitir que nadie nos quite el valor de decir lo que pensamos, de hacer lo que nos permita avanzar y de seguir soñando en grande.




¿Alguna vez has sentido que tus sueños son tan grandes que no caben en Aguascalientes y piensas que la única solución para desarrollarte profesionalmente es mudándote a CDMX? No eres tú, es el centralismo mexicano que suele tener efectos en la forma que percibimos la identidad cultural, y más específicamente, que tiene consecuencias directas en la vida de todos los mexicanos que vivimos fuera de la CDMX.
Quienes crecimos bajo la idea de que “en Aguascalientes nunca pasa nada”, mientras veíamos a la distancia cómo se multiplicaban las ofertas culturales, los eventos como conciertos, festivales, proyectos artísticos y oferta educativa sucediendo en la CDMX, vivimos marcados por una herida de rechazo a lo local, anhelo a lo lejano y una tendencia de puro romantizar la vida capitalina como si fuera la única puerta posible hacia el éxito o la realización personal.
Si has sido víctima de este fenómeno y deseas encontrar variedad de cultura, oferta educativa de calidad sin tener que gastar una millonada y salir de Aguascalientes, te tenemos unas soluciones.
> Paso #1: Busca ofertas culturales y educativas en internet
En estos tiempos, las opciones para cursar una carrera universitaria o tomar un taller no se limitan a hacerlo de forma presencial. Y sí, aunque en Aguascalientes existen varias ofertas educativas, CDMX sigue siendo la sede con mayor cantidad de universidades. Seguramente has escuchado sobre las prestigiosas Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) o Instituto Politécnico Nacional (IPN), lo difícil que es entrar y lo lejano que se siente. ¿Pero sabías que ambas cuentan con modalidades a distancia?
Por un lado, la UNAM ofrece 20 licenciaturas en línea por medio del Sistema Universidad Abierta y Educación a Distancia (SUAyED) y cualquier persona interesada en estudiar el bachillerato, una licenciatura o posgrado, puede hacerlo. Mientras que el IPN ofrece desde especialidades técnicas, licenciaturas y posgrados por medio de su plataforma AulaPolivirtual. Solo te toma menos de 5 minutos googlear la opción que te parezca mejor y enterarte de todos los requisitos. Pero ojo, porque la oferta no acaba ahí. Existen centros culturales, como Casa del Lago o Centro de la Imagen, que ofrecen cursos y talleres de manera completamente virtual abarcando las artes visuales, fotografía, literatura, cine, música, etc. Además, dentro de su oferta se incluyen actividades como conversatorios, revisión de portafolios o proyecciones audiovisuales que a menudo llegan a otras ciudades, incluyendo Aguascalientes. No tienes que viajar hasta la CDMX para que el arte llegue a ti, puedes llegar a él antes.


Paso #3: Crea una red de difusión sobre el medio artístico o cultural

> Paso #2: Sé realista con tus propios objetivos
Si alguien me hubiera dicho hace 3 años que no necesitaba irme a vivir a CDMX para hacer todo lo que alguna vez soñé, no le hubiera creído. Pero soy la prueba viviente de que puedes hacer eso y más. Como contexto, cuando cumplí 23 años, me mudé a la CDMX para probar mi suerte. Encontré un departamento con renta de $6000 mientras compartía piso con 5 chicas más. Solo tenía para otros 2 meses de renta y el objetivo de encontrar el trabajo de mis sueños mientras vivía la vida capitalina. A pesar de tener una carrera universitaria, tuve que bajarle dos rayitas a mi fantasía. Busqué vacantes de asistente, recepcionista, hasta asistente de ventas. La realidad me pegó muy duro cuando me rechazaron de todos estos lugares. Y luego pensé: ¿por qué me mudaría a 6 horas de mi lugar de origen para hacer algo que puedo hacer desde allá? La respuesta era corta: no tenía por qué mudarme a 6 horas para hacer todo lo que quería hacer.
Eventualmente regresé a casa de mis padres, empecé a ahorrar y sin querer, encontré el trabajo que tanto estaba buscando y que no encontré en la ciudad que prometía tener todas las posibilidades para mí. Me di cuenta que no estaba siendo realista ni paciente con mis propios procesos. La competencia, la hostilidad y la rapidez con la que se movía todo a mi alrededor en una ciudad ajena a mi realidad, me hizo caer en cuenta que no necesitaba cambiar todo lo que me rodeaba, sino las cosas que estaban sucediendo en mi cabeza.
Además, la CDMX no se va a ir nunca. Tenemos la ventaja que es sencillo trasladarse allá, el viaje en carretera es seguro, hay muchas salidas para viajar en camión e incluso vuelos directos. Claro, no es tan barato, pero seguramente es más barato que gastar en renta, gasolina y despensa en un día cotidiano por allá.
Si no puedes vencer la centralización del arte, únete. Acércate a tu cafetería de confianza, el bar que más frecuentas, visita los centros artísticos, museos, galerías, etc. Pregunta a los locales qué actividades están por venir, cuáles son las exposiciones temporales o qué talleres están ofreciendo. Puede sonar un poco anticuado, pero es una de las mejores opciones para enterarte qué está sucediendo en tu ciudad. Las redes sociales también son tu mejor aliado: grupos de Facebook, Whatsapp o Telegram se han convertido en espacios clave para compartir información sobre eventos, convocatorias y actividades culturales. Incluso puedes armar tu propio grupo con amigos, conocidos o personas que compartan intereses similares, generando una red que mantenga viva el movimiento artístico en tu entorno.
> Paso #4: No solo esperes por oportunidades, créalas tu mismx
Porque no solo se trata de descentralizar edificios, universidades, cultura o cualquier otro recurso, sino de extender toda esa oferta concentrada en un territorio hacia nuevos horizontes. El primer paso es aceptar que México es un país con un desarrollo desigual, y está bien admitirlo para poder transformar la realidad. A partir de ahí, resulta necesario cuestionarnos por qué ocurre esta disparidad, cuáles son las condiciones históricas, políticas y económicas que lo han perpetuado, pero sobre todo, qué podemos hacer colectivamente para cambiarlo. No basta con señalar el problema, hay que exigir que el acceso a la educación, la cultura y las oportunidades deje de ser un privilegio exclusivo para quienes habitan la capital. Y si sigues sintiendo que tus sueños son demasiado grandes para tu ciudad de origen, crea tus propias oportunidades y haz que quepan.



















Karla Lisseth Avalos García / @somoslja
En un pequeño rancho de Aguascalientes, entre el campo y la calidez de una familia trabajadora, nació la historia de María del Refugio Contreras Quezada, mejor conocida como la señora Mary, una mujer que ha consagrado su vida al arte del deshilado y bordado de vestidos típicos.
A los 9 años, con un retazo de tela y algunos hilos que su madre le compró tras mucho insistir, confeccionó su primer vestido a mano. Desde entonces, no ha dejado de bordar. Su pasión y dedicación a este arte ancestral no es casual: proviene de una herencia generacional. Su abuela elaboraba ropones para hacendados; su madre continuó la tradición y la enseñó a ella y a sus hermanas. Mientras ellas aprendieron a bordar con máquina, Mary optó por hacerlo todo a mano. “Yo he dedicado mi vida a esto”, aseguró con orgullo.
La señora Mary ha participado durante años en el concurso de Traje Regional, acumulando más de 75 premios. Su incursión comenzó casi por casualidad, al llevar a su hija vestida con uno de sus diseños a la escuela. Fue una madre de familia quien la alentó a concursar: “En el primer año no pasó nada, pero observé los vestidos y vi uno deshilado. Dije: ‘yo puedo hacer uno mejor’. Y gané”.
El deshilado, técnica compleja y laboriosa, no solo ha requerido su talento, sino su paciencia. Ha vivido momentos difíciles, como cuando en 1989 le retiraron el primer lugar por intereses ajenos al mérito artístico, otorgándole solo un segundo lugar como “consolación”. Sin embargo, no se rindió: “Me desilusioné, pero no dejé de participar”.
Fue hasta 1995 que sus creaciones comenzaron a recibir el reconocimiento merecido. Con los premios ganados, incluso logró construir su casa.
Su trabajo ha ido mucho más allá de la estética. Uno de sus diseños más emblemáticos fue un vestido con temática libre en el que plasmó íconos de Aguascalientes: el Palacio de Gobierno, los murales históricos, los cuatro barrios, la Exedra y el entonces nuevo Estadio Victoria, junto con los jugadores del Club Necaxa.
Aunque no ganó ese concurso, el vestido fue solicitado por el gobernador para llevarlo a una gira por Europa: “Cuando me dijeron que lo pidió el gobernador, dije: ‘ah bueno, si es para esa hermosa sonrisa, entonces sí se lo presto’”.
También recuerda con cariño la edición del 2013 en la que el diseñador Benito Santos, como jurado, aplaudió su trabajo y la declaró ganadora rotunda. “Me dijo: no hay quien te gane, es como ver cuatro vestidos en uno”.

En 2016 detuvo sus participaciones en concursos, pero nunca dejó de bordar. Ha confeccionado más de 100 vestidos, algunos de los cuales le han tomado incluso años. Cada prenda es una obra de arte viva: “Yo no sé de qué estoy hecha, porque es mucho trabajo… pero me apasiona bordar, deshilar, verlos terminados”.
A pesar de su amor por esta técnica, lamenta que hoy pocas personas se interesen por aprenderla. Recuerda con tristeza un taller en Plaza Vestir que no logró inscripciones: “Fue muy triste, Aguascalientes se está quedando sin este arte, que es tan nuestro”.
Hizo un llamado a rescatar esta tradición y a valorar el trabajo artesanal: “Una máquina no ha podido igualar el deshilado. No puede ser que un trabajo de cuatro días lo quieran pagar a 20 pesos. Tenemos que respetar y apreciar al artesano”.
Además, ofreció enseñar a quien quiera aprender, con el deseo de que este arte no desaparezca. “Si tienen la ilusión de hacer deshilado, adelante. Que no se pierda esta tradición. Si es difícil, pero aquí estoy yo para enseñarles”.
El trabajo de la señora Mary no solo se ha convertido en sustento para su familia, también ha sido una forma de honrar su historia y la de su comunidad. Su página de Facebook Vestidos Típicos de Aguascalientes es una ventana para conocer su obra y acercarse a esta tradición que, con cada hilo que ella entrelaza, busca no desaparecer.
Con humildad, pasión y orgullo, María del Refugio Contreras nos recuerda que detrás de cada vestido hay una historia, una familia y una lucha por mantener vivo el arte popular mexicano.

Aldo García Ávila / @somoslja
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Cuando el vestido perfecto no está en las tiendas
“Amí lo que más me apasiona es diseñar vestidos de novia”, relata Paulina, “pero cuando una novia llega a mi taller y me dice ‘Pau, quiero que tú hagas mi vestido de boda’, siempre les pregunto lo mismo: ¿Ya fuiste a medirte vestidos a algún lugar? He visto a muchísimas mujeres recorrer tiendas y tiendas mientras buscan un vestido que parece no existir. Caminan entre estantes repletos, se prueban uno tras otro, y al final nada coincide con lo que traen en mente: ni la talla, ni el color, ni el corte, ni ese detalle que las haga sentir únicas. Es ahí donde comienza mi trabajo”.
Paulina confiesa que muchas clientas llegan directamente a su taller sin antes haber visitado una boutique, una tienda de diseñador o departamental; sin embargo, ella insiste en que deben hacerlo, es decir, probar distintos cortes, estilos y colores, probarse cinco, diez, quince vestidos. Si ninguno resulta de su agrado, entonces es el momento de volver con Paulina: “Muchas se sorprenden y me advierten ‘Si encuentro algo ya no voy a regresar, Pau’, pero yo les contesto que prefiero correr ese riesgo antes que empezar a trabajar sin una idea clara. Porque lo que me importa no es ser la primera opción, sino que lleguen totalmente convencidas de que quieren que yo les haga su vestido”. Paulina Magaña es diseñadora de moda y se especializa en la alta costura o Haute Couture. Esta disciplina es la máxima expresión del arte de la moda y consiste en un trabajo exclusivo y hecho a medida. Cada prenda se diseña para adaptarse a las proporciones exactas de la persona; en la confección, se despliegan técnicas manuales que pueden exigir cientos de horas de bordado, drapeado o plisado. Además, la alta costura supone trabajar con materiales de lujo como la seda, los encajes y la pedrería única. Más que vender en masa, el propósito de la alta costura consiste en mostrar el nivel artístico de cada diseñadora o diseñador para crear piezas únicas que, en un segundo momento, incluso inspiren a la moda prêt-à-porter, es decir, las prendas que usaríamos día a día.
> Del deshilado y el bordado a la alta costura
Hablar del trabajo de Paulina Magaña significa también hablar de la historia textil de Aguascalientes, como la herencia de un arte que se forjó desde la colonia cuando las técnicas indígenas de tejido con fibras como el algodón y el maguey se entrelazaron con los bordados europeos. De esa fusión surgió una estética única: las flores, grecas y espigas se volvieron símbolos del trabajo minucioso y de la belleza cotidiana. En el siglo XIX, el bordado y el deshilado adquirieron un nuevo valor como emblemas de identidad local. Las mujeres de las comunidades rurales, con destreza y creatividad, confeccionaron prendas para vestir a sus familias, pero también para vender en mercados y ferias. El deshilado, en particular, se convirtió en una de las técnicas más finas de la región: retirar hilos de la tela para crear figuras geométricas o florales se convirtió en un ejemplo de arte, precisión y paciencia.

Este legado se mantuvo vivo en los talleres familiares, en las ferias artesanales y en exposiciones como las de la Feria Nacional de San Marcos, donde los manteles y blusas deshiladas eran motivo de orgullo y símbolo de un oficio que se transmitía de madres a hijas. Así, el bordado y el deshilado se volvieron una forma de resistencia cultural, un medio de expresión social y una fuente de sustento económico para miles de mujeres.
“En cierto modo, mi inquietud por el diseño de moda surgió desde que era niña”, recuerda Paulina, “mi mamá también se dedicaba a confeccionar prendas. A veces, me acercaba y ella me daba algún pedacito de tela para crear algún vestido para mis muñecas. Creo que en ese momento fue cuando di los primeros pasos que, poco a poco, me llevarían a la alta costura”.
Desde el taller de Paulina Magaña, la herencia textil de Aguascalientes reaparece transformada. Sus vestidos de alta costura conservan la esencia del pasado: la precisión de la puntada, la delicadeza del tejido, la paciencia que exige comprender cada hilo resguarda una historia. Así, su trabajo se convierte en un puente entre lo tradicional y lo contemporáneo, para florecer en nuevas formas, en escenarios distintos, y para recordar que la elegancia también emerge de las tradiciones.
Para Paulina, el trabajo de una diseñadora de moda radica en innovar y crear lo que no existe en el mercado. En este sentido, el primer paso consiste en aterrizar lo que ellas imaginan, una labor muy difícil, especialmente ahora, porque el internet y las redes sociales marcan tendencias y condicionan los gustos.


“Yo me especializo en vestidos de gala y ceremonia”, explica Paulina, “Es muy común que mis clientas me muestren la foto de un vestido en Instagram o Pinterest, convencidas de que eso es lo que necesitan; sin embargo, a veces, me toca cambiar o darle un giro a la idea a mi clienta. Esa es precisamente la diferencia entre acudir con una diseñadora y comprar un vestido en una tienda: yo puedo tomar la idea para adaptarla a las necesidades y exigencias de mi clienta, porque el objetivo es que el vestido la favorezca, se adapte a su cuerpo, estilo y personalidad, con el propósito de hacerla sentir única y diferente”.
En palabras de Paulina, durante ese proceso, la prenda deja de ser una mera copia y se convierte en algo único, porque ya no es el vestido de redes sociales ni un collage de varias prendas, sino el vestido diseñado por Paulina Magaña exclusivamente para una persona: “Esa transformación es la esencia de mi trabajo: rescatar la inspiración, darle un giro y convertirla en un vestido que realmente hable de quien lo usa”, afirma.
> Los primeros certámenes de belleza
Una de las facetas más notables y destacadas en el trabajo de alta costura de Paulina Magaña ha sido la confección de vestidos para certámenes de belleza: “Mi primer taller lo abrí en Guadalupe gracias al impulso de mi hermana. Ella fue quien me animó, quien me dio el apoyo económico y la confianza. Al principio solo hacía bastillas y ajustes, pero pronto entendí que eso no era lo mío. Yo quería diseñar vestidos a la medida. Cierto día, una joven pasó y me preguntó si yo hacía vestidos desde cero. Al responderle que sí, me contó que trabajaba con alguien que organizaba concursos y me propuso recomendarme. Le di mis datos y, con el paso de los días, finalmente uno de los coordinadores del certamen de belleza me buscó y me invitó a vestir a las participantes en una etapa del evento. Así llegué a los certámenes de belleza y, aunque mi trabajo ahí era casi un patrocinio, decidí invertir lo poco que ganaba en materiales. Era mi manera de mostrarme y de decir: aquí estoy”.
Esta primera experiencia marcó un punto de inflexión en los diseños de Paulina, porque significó un salto de nivel, pues participó en certámenes más conocidos, pero que también demandaban un trabajo más exigente: “Trabajé mucho tiempo en ese mundo, con toda la emoción de ver mis diseños sobre el escenario”, relata Paulina, “es un mundo que me atrae mucho: el proceso creativo, el trato con las chicas, la emoción de imaginar el vestido en escena. Mis diseños han lucido en certámenes como Miss Universo o Mexicana Universal; sin embargo, sí hace falta que reconozcan más el trabajo de las personas que nos dedicamos al diseño de moda y a la alta costura, porque muchas veces no mencionan nuestros nombres o marcas. A pesar de ello, cuando me hablan para ayudar en algún certamen, hago lo posible por participar. Es una mezcla de emociones. Al final, sigo ahí, entre coronas y costuras, convencida de que cada puntada que doy es una forma de abrirme camino en la alta costura”.
> Aférrate a tus sueños
Cuando una persona decide abrir un emprendimiento o iniciar un proyecto, se vuelve importante una palabra: creértela. Es una palabra que quien se convierte o busca convertirse en líder tiene que asumirla. Y esa fue la postura de Paulina Magaña desde que abrió su primer taller: “Tienes que creértela. Nadie lo va a hacer por ti. Ni tu familia, ni tus amigos, ni la gente que te rodea. Si tú no dices: ‘yo quiero hacerlo, yo puedo hacerlo’, entonces nadie más va a creerlo. A veces confiamos en que nuestra familia será nuestro motor, y claro que apoyan, pero también siembran dudas: ‘¿Y si no funciona, qué vas a hacer?’. Eso pesa, pero llega un punto en el que tienes que decidir: agarrar el toro por los cuernos, aventarte, y si te caes, levantarte otra vez. Porque al final, tu sueño es tuyo y nadie más lo entiende como tú”. En su taller, Paulina con frecuencia recibe a jóvenes para formarlas en diseño y alta costura; a ellas las invita a estudiar, aprender, aunque sean cursos básicos, porque siempre hay algo nuevo que perfecciona el trabajo: “El estudio, la práctica y el error son tus mejores aliados”, afirma Paulina, “si no sabes, inténtalo. Si dudas, pregunta. Y si alguien no te responde, busca a alguien más. Al final, se trata de aferrarse a tu sueño. Esa terquedad, sumada a la autenticidad, abre puertas y hace que otros quieran ayudarte. Porque cuando uno se mantiene fiel a lo que ama, tarde o temprano, el camino se abre”.

> Aguascalientes
Es un escudo cuartelado en cruz que se hizo oficial el 9 de junio de 1946 y cuyos elementos hablan de nuestros orígenes como Villa de Nuestra Señora de la Asunción, así como de los fundadores del municipio; hablan de la nobleza, la estrecha cohesión y el trabajo de su gente y de la bondad y riqueza de su tierra. El león alado es el compañero del evangelista San Marcos, santo que daría origen a la festividad más longeva del país. La inscripción “Virtus in Aquis Fidelitas in Pectoribus” significa las propiedades terapéuticas que se atribuyen a los baños termales, y la fidelidad proverbial de los corazones aguascalentenses.

Cristian de Lira / @somoslja
La identidad de un estado es el conjunto de características y elementos que definen su continuidad y existencia como sujeto en el derecho internacional, y que incluye su territorio, población, cultura, valores, símbolos y un sentido de pertenencia colectiva que lo diferencia de otros estados. Esta identidad se construye social y culturalmente, y se manifiesta a través de elementos como el idioma, la historia, las costumbres, las leyes, los símbolos patrios (bandera, escudo, himno) y un sentimiento compartido de comunidad.
De entre los símbolos nacionales, la bandera o el escudo son la representación gráfica de la historia, los valores y el sentido de pertenencia de un pueblo, promueve el orgullo patriótico y la cohesión social entre sus ciudadanos. Aguascalientes, una historia que se cuenta desde 1575, que se enorgullece de su Agua Clara, Cielo Claro, Buena Tierra y Gente Buena, se ha ido reconfigurando políticamente y cada uno de sus once municipios nos cuenta a través de sus escudos relatos cifrados en símbolos que vale la pena conocer, para querer y sentirse identificados en ellos.

> Real de Asientos
Una antorcha encendida simboliza la libertad perenne y el don de la sabiduría. El contorno del municipio dentro del mapa estatal otorga identidad. La estilización del pórtico de Tepozán habla de las construcciones más ligadas al pasado histórico del municipio. Unas manos que simbolizan trabajo y unión acunan tierra en su corteza y su entraña, cuentan de la agricultura y minería propias del lugar. Bajo las manos, un libro abierto, simbolizando las bases constitucionales que otorgan, en el artículo 115, la autonomía del municipio. En el contorno del marco está escrito el lema: Municipio Libre, gente noble, tenaz esfuerzo, futuro inmenso.

> Calvillo
El escudo se compone de cimera y un casco de caballero en honor al capitán Juan de Montoro. Las hojas de acanto representan los once fundadores que lo acompañaron. Su autonomía se reseña en el artículo 115 constitucional. Los arcos y la Parroquia de San José fueron erigidos al inicio de la fundación de esta tierra que rinde culto al Señor del Salitre. Unas manos sosteniendo guayabas muestran el principal producto de la región. Su riqueza natural representada en la presa de Malpaso y el cerro del Espinal. Enmarcando los cuadrantes se observan los lemas: tierra pródiga, gente laboriosa, fruto generoso y Valle de Huejúcar.

> Rincón de Romos
En el primer cuartel tiene una cruz que se refiere a la segunda parte de la ciudad. El segundo cuartel tiene una abeja como símbolo de sus habitantes. En el tercer cuartel aparece un manantial que alude a los veneros cercanos. En el cuarto cuartel se encuentra un león rampante que representa parte del escudo de Diego Romo de Vivar, alusivo a las armas de este apellido. El año 1658 fue cuando la villa cambió su nombre
“Chora” por Rincón de Romos. Las palabras alrededor de los cuadrantes “Laboriositas, Fidelitas, Bonitas” son del latín que significa Trabajo duro, Lealtad y Bondad.
> San José de Gracia
Posee forma de pergamino y en la parte central un águila con la palabra libertad. En la parte superior derecha, el sol que significa fuerza y espíritu para mejorar la situación económica de los pobladores al lograr la construcción de la presa Cincuenta Aniversario, y de esa forma dar de beber a las tierras sedientas para la producción agrícola y pecuaria, actividades primarias de este lugar. En la parte superior izquierda, el venado y los pinos como símbolo de la fauna y la flora, que en su serranía tiene el municipio. Finalmente y sintetizando, contiene la narración “Ante la Adversidad, Conciencia, Esfuerzo, Patria”.


> Cosío
Se forma por una letra “C” y sobre el marco de ésta, dice “Siempre Progresando”. A la izquierda se encuentra el mapa del territorio municipal, que contiene las características principales de éste, como son: una planta de maguey, un nopal, una iglesia, las vías de comunicación y una abeja que representa la laboriosidad de sus habitantes. Sobre un libro que está en la parte central derecha se encuentra el símbolo de la ilustración; sobre la parte que representa la tierra labrada se anexa un tractor, un equipo de bombeo y un racimo de uvas junto con otros productos, representando la riqueza de su tierra para la producción agrícola.

> Jesús María
Un escudo rodeado de elementos que representan el origen étnico de la población y que al interior de sus cuadrantes destaca la actividad agrícola y ganadera; un sombrero de chicahual, orgullo de su gente; una corona de espinas que simboliza la fe cristiana; se encuentra un rollo de hilo industrial, un engrane y una piedra de molino en representación de la industria; en el cuadrante inferior derecho se observan productos agrícolas, coronados por una flama simbolizando la luz que ilumina esta pródiga tierra. Enmarcando los cuadrantes se leen las palabras “Espíritu, Fuerza, Libertad y Trabajo”.

> Tepezalá
El escudo se corona con un casco de caballero, lo sombrea un sable y lambriquín de hojas decanto, simbolizando el desenvolvimiento de los fundadores. El rectángulo se divide en tres partes; en la superior se levanta la sierra de Tepezalá sobre una colina que yergue altiva una iglesia, simbolizando la colonización del territorio; en el rectángulo izquierdo se observa sobre un campo labrado un racimo de uvas, y una mazorca de maíz; en el rectángulo derecho se encuentra una pala y un talache, propios para la actividad minera, además un vagón cargado de minerales. Las palabras Unidad, Justicia, Libertad y Progreso enmarcan el escudo.

> El Llano
Su figura representa una ventana hacia un futuro prometedor. Al centro, la Iglesia de nuestra Señora de la Luz; un libro que representa la cultura del pueblo de El Llano y el decreto que lo designa como un municipio libre y soberano; y el maíz como fruto principal que se cosecha. En la parte central superior aparece la fecha 30 de enero de 1992, en la que el Congreso del Estado aprobó la creación del municipio. El paisaje identifica plenamente las palabras El Llano, que se extiende al pie del cerro de Juan el Grande y como referencia los graneros de la hacienda, mudos testigos de la historia de un pueblo que ya inicia una etapa independiente.

> Pabellón de Arteaga
De un gran libro abierto emanan dos espigas de trigo, una vid y maíz, representando el acta de promulgación de este municipio, así como su actividad principal que es la agricultura. Una antorcha encendida, la que sostenida por una mano representa la cultura. El trabajo y la ganadería se representan por la cabeza de ganado y un pico y una pala cruzados; una paloma simboliza la libertad del municipio. En las cuatro esquinas del escudo se puede leer educación, cultura, trabajo y libertad. En la parte superior se ostenta el nombre del municipio Pabellón de Arteaga, y en su parte inferior el nombre del estado de Aguascalientes.

> San Francisco de los Romo
Encuartelada en cruz, lleva en el centro el emblema de los franciscanos en un círculo, dos brazos cruzados, una nube y una cruz. El primer cuartel una cruz floreada. El segundo un brazo armado con una espada en la mano y tres puntas de lanza. El tercer cuartel un plano con el sitio conocido como Bajío de la Cruz o San José de Buena Vista, el río San Pedro y el camino real a Zacatecas, un mezquite y una planta de maíz. El cuarto cuartel un caldero. La bordura lleva las fechas 1829-1992, así como el lema: “LABOR EST NOBIS COPIA - SPLENDOR GENTIS DONUM”, cuyo significado es TRABAJO NUESTRA RIQUEZA - NOBLEZA NUESTRO DON. Fuente: Gobierno del Estado

Aldo García Ávila / @somoslja
> El contrabajo me eligió como compañero de vida
“Yo no escogí el contrabajo: el contrabajo me escogió a mí”, afirma Israel García. “Cuando llegué a Aguascalientes, me tocó estudiar en la Secundaria Técnica No. 5 y casi de inmediato me inscribí en actividades artísticas. Como muchos músicos, yo inicié en la guitarra. Mis habilidades en la guitarra me permitieron entrar a la rondalla escolar; sin embargo, el profesor me comentó que había un tololoche abandonado y, en seguida, me preguntó si yo estaba interesado en aprender a tocar ese instrumento. Yo acepté, sin saber que, con el tiempo, el tololoche o contrabajo se convertiría en mi compañero de vida, pues desde aquel momento ya nunca se alejó de mis manos”.
Luis Israel García Ávila, también conocido como Misra Tololocho, es contrabajista en la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes y también trabaja como compositor y arreglista. Su inquietud por la música tradicional mexicana lo llevó a incursionar en la historia de las orquestas típicas, una labor que, más tarde, lo conduciría a fundar y dirigir la Orquesta Típica de Aguascalientes “Los Burros Aguamieleros”.
> De la música académica a la música popular “Cuando comencé a tomarme la música más en serio, yo quería convertirme en un trovador como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés o Alejandro Filio. Al ingresar a la Escuela de Música ‘Manuel M. Ponce’ ese propósito dio un giro, porque mis intereses se enfocaron en la música académica, incluso diría que en aquel entonces yo era un purista, al punto de rechazar la música popular. Mi formación como contrabajista, estuvo de la mano del Mtro. Russel Alan Brown Brown y, poco a poco, empecé a abrirme caminos: entré a la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes y comencé a conocer infinidad de música, hasta llegar a los compositores y músicos mexicanos. Cuando menos acordé, me había enamorado de la música mexicana, de su lírica y sus melodías”, recuerda. En este recorrido, Israel descubriría que la música tradicional no era un género menor a la música académica, sino un territorio de memoria y belleza, digno de escenarios y de estudio: “Hay un diálogo entre la música académica y la música popular. Durante mucho tiempo se pensó que un músico académico de orquesta jamás se involucraría con lo popular, pero si lo pensamos bien, la música académica muchas veces surgió de lo popular: danzas como la allemanda o la giga surgieron de lo popular, al igual que los movimientos nacionalistas que recogieron las raíces de los pueblos para transformarlas en obras sinfónicas”, afirma.
> La música mexicana en la música académica
“En México hay ejemplos muy notables de cómo la música popular llegó a la música académica”, reconoce Israel García, “Manuel M. Ponce, un hijo adoptivo de Aguascalientes, llevó ‘Estrellita’ a un concierto para violín; Silvestre Revueltas retomó la melodía de una canción popular titulada ‘Que se sequen los magueyes’ o simplemente ‘Los magueyes’ y la integró a su ‘Cuarteto para cuerdas No. 2’. Siempre ha habido un diálogo, aunque a veces lo olvidemos”.
Israel García relata que su amor por la música tradicional mexicana proviene de doña Vero, su mamá, y don Charly, su papá, pues creció escuchando géneros populares en casa: valses, boleros, ranchera, música tropical, entre otros.
“En las orquestas sinfónicas escuchamos a Beethoven, Bach, Vivaldi…”, reflexiona Israel, “pero pocas veces escuchamos a nuestros propios compositores. Las obras mexicanas quedan relegadas, como si no tuvieran el mismo valor; sin embargo, ahí están grandes compositores como Tata Nacho, María Grever, Guty Cárdenas y el propio Alfonso Esparza Oteo, que es originario de Aguascalientes; ellos fueron músicos formados en la academia que llevaron la canción mexicana a salas de concierto, para darle fuerza y dignidad. Yo los conocía por mi madre y por mi padre; en sus canciones hay melodías que erizan la piel, letras que conmueven y un espíritu profundamente nuestro. Por eso creo que hoy nos toca recuperar y difundir ese patrimonio: tender puentes entre lo académico y lo popular, porque al final nunca han estado verdaderamente separados”.
> Las orquestas típicas en México
Israel García es fundador y director de la Orquesta Típica de Aguascalientes “Los Burros Aguamieleros”. En cierto modo, una de las inquietudes que lo condujo a este momento fue cuestionarse sobre compositores que hablaran de la tierra, de la gente y de los oficios locales: “Cuando pensamos en Aguascalientes, inmediatamente pensamos en ‘La pelea de Gallos’, que es muy importante para la identidad de nuestro estado, pero también existen otras piezas que hablan de la gente que aquí vivió y aún vive: los ferrocarrileros, las bordadoras, los pueblos y las grandes haciendas que aún existen”, subraya.
De acuerdo con Israel García, la historia de las orquestas típicas en México se remonta al siglo XIX, cuando el país buscaba una identidad cultural propia en medio de las influencias europeas. Así surgieron agrupaciones que reinterpretaron valses, polkas y danzas, pero también compusieron corridos y sones para las festividades locales. En Aguascalientes, la tradición absorbió influencias del Bajío, de Zacatecas y de Jalisco, lo que le dio un carácter híbrido y rico.
“En cierto modo, una orquesta típica es una agrupación que se construye a partir de los instrumentos de la región a la que pertenece”, afirma Israel, “en México las orquestas típicas interpretan valses, chotis, polkas, danzas, corridos, boleros, etc. Con la Orquesta Típica de Aguascalientes ‘Los Burros Aguamileros’ buscamos recrear el sonido de las décadas de 1920 y 1930, cuando estas agrupaciones acompañaban bailes de barrio y celebraciones comunitarias”.
En nuestro país, las orquestas típicas han integrado instrumentos como el salterio, el bandolón o el arpa jerezana: “Nosotros, en Los Burros Aguamieleros, logramos rescatar un bandolón, que es un trinante, y un arpa jerezana, que es un poco más pequeña que las arpas más comunes. El propósito de hacernos de estos instrumentos consiste en interpretar piezas de música tradicional mexicana cuyo sonido sea similar al que tenían a principios del siglo XX. No se trata solo de rescatar, sino de reinterpretar, de acercarnos a la manera en que sonaba la música en aquellos tiempos”, explica Israel.
> Compositores de Aguascalientes
El panorama musical de Aguascalientes cuenta con figuras que dejaron su huella en polkas, valses y corridos. En este sentido, Israel García destaca nombres como el de Ladislao Juárez Ponce, mejor conocido como “El Chato” Juárez, autor de piezas emblemáticas para el espectáculo del Ferial que año con año se presenta en el marco de la Feria Nacional de San Marcos: “Las composiciones del ‘Chato Juárez’ hablaban precisamente de las bordadoras, de los deshilados y del ferrocarril”, precisa Israel.
“Entre los nombres que también debemos destacar”, afirma, “está el de J. Guadalupe Robles Guel, quien compuso polkas sobre los municipios de Aguascalientes, pero también hizo composiciones acerca de las escuelas de danza de las casas de la cultura y, al igual que ‘El Chato’, hizo música para los feriales. También es importante el maestro Estanislao Díaz Soria, mejor conocido como el Maestro Tanilo, con sus cuartetos dedicados a los atardeceres de Aguascalientes y sus piezas de música sacra. Además de Federico Méndez Tejeda, autor de ‘¿De qué manera te olvido?’”.
Más recientemente, continúa Israel García, agrupaciones como el Mariachi Imperial Azteca y compositores como Javier González han mantenido viva la música tradicional mexicana y, de manera especial, la música tradicional de Aguascalientes, ya sea en versiones de polkas o en música de mariachi. En su opinión, tanto Javier González como quienes integran el Mariachi Imperial Azteca, a su modo, han aportado una pieza al rompecabezas de la identidad musical del estado.
Y si hay una pieza inseparable de Aguascalientes, es “La Pelea de Gallos”, que curiosamente no fue compuesta por un aguascalentense, sino por el chileno Juan S. Garrido en 1935. Su éxito fue tal que se convirtió en el himno no oficial de la Feria de San Marcos y en un clásico obligado en cualquier presentación.
> Preservar la memoria sonora
Además de su labor como contrabajista, compositor, arreglista y director musical, Israel García es docente. En las aulas, busca transmitir a sus estudiantes el amor por la música y, de manera especial, por la música mexicana: “El reto más difícil es enamorarlos de esta música, porque hoy la confunden con el llamado regional mexicano o con el narcocorrido, pero cuando escuchan un jarabe, una polka o un chotis auténtico, descubren otra riqueza. Creo que preservar la música mexicana es parte de mi tarea, de mi legado en este mundo”, afirma Israel García.
La docencia, que en un principio no imaginaba como una parte importante de su vida, se ha convertido en un pilar de su legado: “Yo soy feliz siendo músico. Feliz dirigiendo mi orquesta, feliz haciendo arreglos, feliz tocando. Eso es todo lo que necesito. Es curioso, porque de joven soñaba en convertirme en un concertista internacional, como el gran Gary Karr; nunca imaginé terminar en una orquesta típica y mucho menos como docente, pero volvería a hacerlo, porque este matrimonio con la música me ha dado todo”, concluye Israel García.

Gabriel Ramírez Pasillas y Rubén Hernández Arellano / @somoslja
En Aguascalientes, pocas historias urbanas reflejan tan claramente la identidad de la ciudad como la del ferrocarril. Para Marlene Barba Rodríguez, arquitecta y especialista en patrimonio industrial, esta relación no es solo profesional, sino profundamente personal. En su libro Los talleres del ferrocarril en Aguascalientes: historia, arquitectura y memoria obrera recoge décadas de investigación, entrevistas y observación directa de un fenómeno que transformó la ciudad desde su infraestructura hasta la vida cotidiana de sus habitantes.
Barba Rodríguez comparte que su vínculo con los talleres ferroviarios proviene del seno familiar: “Todo me lleva al ferrocarril: mi tatarabuelo, mi abuelo y mi padre trabajaron en los ferrocarriles. De hecho, mi papá fue de los últimos jubilados aquí, de los talleres”. Para ella, lo ferroviario es un legado familiar que la conecta con generaciones pasadas, y a la vez un espacio de estudio y apreciación arquitectónica.
Aunque su especialización se centra en la arquitectura patrimonial, su acercamiento al ferrocarril surgió como parte de su segundo trabajo: “Empecé a trabajar en obras públicas del Estado, pero en los espacios que ocupó el ferrocarril. Yo siento que hice clic porque me gusta la historia, pero también en el sentido de entender las nuevas instalaciones. Lo increíble que eran esas infraestructuras y, desde la arquitectura, querer entender por qué eran así”, explica. La combinación de historia y arquitectura le permitió no solo documentar los talleres, sino interpretar cómo su diseño refleja la identidad local.
A partir de su llegada y posteriormente de los talleres, la ciudad cambió completamente: de una localidad pequeña a un nodo industrial muy importante “ “

Para Barba Rodríguez, el ferrocarril es un elemento fundamental de la identidad de Aguascalientes: “A partir de su llegada y posteriormente de los talleres, la ciudad cambió completamente. De una localidad relativamente pequeña, se convirtió en un nodo industrial muy importante, porque esos sitios de manufactura y reparación ferroviarios eran los más relevantes de toda la línea Central, desde Paso del Norte hasta la Ciudad de México”, detalla. La importancia de los ferrocarriles residía en la producción y, de manera especial, en la forma en la que transformaron la economía, la demografía y la vida urbana de la ciudad.
La arquitecta e historiadora enfatiza que los talleres trajeron progreso económico y, además, dejaron una huella arquitectónica única: “Los primeros edificios de concreto en Aguascalientes son los del ferrocarril. Y más allá de la estructura, el arraigo de quienes trabajaban allí también define la identidad. Estos rasgos colectivos, de un grupo que amaba su trabajo y su comunidad, conforman parte de lo que entendemos como identidad local”, señala. La llegada del ferrocarril significó el surgimiento de obreros, familias, comercio y nuevas formas de vida que modificaron la ciudad para siempre. El ferrocarril llegó a Aguascalientes el 24 de febrero de 1884. La construcción de los talleres comenzó entre 1898 y 1903, y la tracción de vapor fue reemplazada por diésel entre 1963 y 1967. Finalmente, los talleres cerraron el 31 de marzo de 1999: “Estamos hablando de casi 100 años de historia”, explica Marlene Barba Rodríguez.

Sin embargo, la pérdida de actividad ferroviaria también implicó un quiebre en la memoria colectiva. La arquitecta recuerda que muchos trabajadores se distanciaron de los talleres tras su cierre: “Hubo una desvinculación, porque ya no era su área de trabajo. Aunque lo añoran y lo quieren mucho, a veces se niegan a regresar, porque trae demasiados recuerdos”, afirma. La apertura de la Plaza Tres Centurias en 2004 buscó revitalizar estos espacios, pero considera que la difusión y la conexión con la comunidad podrían haber sido más entrañables.
El enfoque de Barba Rodríguez también aborda la dimensión social y emocional de los talleres: “La arquitectura es el escenario de nuestra existencia cotidiana. Y en esa existencia cotidiana, la vida laboral es muy importante, porque pasamos más tiempo trabajando que viviendo. Para los obreros, los talleres eran su forma de vida: amigos, organización interna, apodos, jerarquías, aprendizajes. Allí crecieron como personas y profesionales”, afirma. Los talleres no solo fueron lugares de trabajo, sino comunidades que consolidaron la identidad de sus integrantes.
El orgullo de los trabajadores por su historia se mezcla con la nostalgia por lo perdido. Marlene Barba Rodríguez describe cómo los testimonios reflejan tanto satisfacción como tristeza: “Lo que sienten ellos es el gran orgullo de haber pertenecido, pero también tristeza al ver cómo algo que creció y prosperó terminó desapareciendo”, señala. Este orgullo, junto con la memoria histórica, subraya la importancia de mantener viva la identidad ferroviaria como patrimonio intangible de la ciudad.
Sobre la recuperación del espacio, destaca la importancia de conservar las naves principales y mantenerlas accesibles: “A pesar de que ya no es un espacio productivo, debe seguir siendo representativo y un lugar donde la gente pueda convivir. Las ciudades tienen que evolucionar, pero no podemos olvidar la historia que las construyó”, afirma. La rehabilitación de la Plaza Tres Centurias permite que la ciudadanía se conecte con la memoria ferroviaria, mientras disfruta de un espacio cultural y recreativo.
La arquitecta también reflexiona sobre la relación entre la memoria, la arquitectura y la identidad: “Es fundamental que no se olvide la historia ferroviaria. En otras palabras, es importante recordar que cada nave recibió su nombre con una intención especial, pero es aún más importante preservar en la memoria a las personas que trabajaron en esos espacios”, subraya Marlene. En su opinión, la preservación del patrimonio no se limita a los edificios, sino que debe incluir las historias y experiencias de quienes los habitaron y trabajaron en ellos.
El vínculo personal de Barba Rodríguez con el ferrocarril se manifiesta a través del eco de las historias de su familia: “Mi papá fue una presencia constante en el desarrollo de mi tesis y en las acciones que realizo durante su profesión. Él amó siempre lo que hizo y todavía se sueña trabajando en los ferrocarriles. Para mí, es un punto de conexión especial con mi padre, y eso también es identidad”, comparte. La memoria familiar y la experiencia profesional se combinan para preservar la historia y fortalecer la identidad colectiva de Aguascalientes.
Además de su valor histórico, el trabajo de Marlene Barba subraya la importancia del patrimonio industrial como herramienta educativa y cultural. Su libro documenta no solo la arquitectura, sino también los testimonios de quienes formaron parte de este legado: “Los talleres son más que estructuras: son comunidad, vida y aprendizaje. Mantener su memoria ayuda a las nuevas generaciones a comprender cómo la industria y la arquitectura moldean la ciudad”, explica. La transformación urbana y social derivada del ferrocarril también se refleja en la innovación constructiva y en la creación de nuevos espacios de convivencia: “El orgullo de los trabajadores y su relación con los talleres demuestra que la infraestructura puede ser catalizadora de identidad, memoria y pertenencia”, dice. La historia ferroviaria, entonces, se convierte en un puente entre el pasado industrial y el presente cultural de Aguascalientes.
Marlene Barba Rodríguez enfatiza que la memoria histórica no debe perderse solo en los libros o archivos; debe ser visible y accesible en el espacio urbano. La Plaza Tres Centurias y la conservación de las naves ferroviarias cumplen esa función, pues ayuda a que las personas caminen por los mismos espacios que alguna vez definieron la vida de toda una comunidad: “Es importante recordar que cada nave recibió su nombre con una intención especial, pero es aún más importante preservar en la memoria a las personas que trabajaron en esos espacios”, recuerda. La recuperación del espacio combina memoria, arquitectura y experiencia comunitaria, consolidando un legado que trasciende generaciones.
A través de su ejercicio profesional y su trabajo de investigación, Marlene Barba Rodríguez busca reforzar el valor del ferrocarril dentro de la identidad de Aguascalientes. Su obra demuestra que la historia industrial y la preservación arquitectónica son esenciales para comprender cómo una ciudad se construye y se transforma con el tiempo.
Finalmente, Marlene hace un llamado a la sociedad para mantener viva esta memoria histórica. Su testimonio no solo honra a los trabajadores que hicieron posible la historia ferroviaria, sino que también inspira a las nuevas generaciones a valorar la arquitectura, la industria y la vida comunitaria que se formó alrededor de los talleres: “Preservar la historia del ferrocarril es conservar identidad, memoria y orgullo ciudadano”, concluye.




Karla Lisseth Avalos García y Orlando Lara Castillo / @somoslja
Hablar de la identidad de Aguascalientes es hablar de agua. Y hablar de agua es, inevitablemente, recordar los Baños Termales de Ojocaliente, un espacio que forma parte del nacimiento mismo de la ciudad. Su historia se remonta a 1808, cuando en la Hacienda de Ojo Caliente comenzaron a construirse para uso privado. Fue hasta 1831 que el coronel José María Rincón Gallardo obtuvo el permiso para abrirlos al público, marcando un antes y un después: la gente comenzó a bañarse con más frecuencia, se detonó el desarrollo social y económico, y nació una tradición que hoy, más de dos siglos después, sigue viva.
> El valor de quienes mantienen viva la tradición Entre el vapor y el murmullo del agua a 38°, encontramos a Juanita Martínez, con una década dedicada a la limpieza de las instalaciones, y a Jesús Héctor Santoyo Ríos, quien suma 18 años como bañero. Ellos representan a quienes, con su labor diaria, mantienen impecable este recinto histórico. “Ser bañero es lavar, mantener todo al cien para que la gente venga con gusto a bañarse”, explica Jesús, con la serenidad de quien conoce cada rincón del lugar. Su trabajo, invisible para muchos, es clave para que los visitantes encuentren los baños en condiciones óptimas.
Juanita lo describe como un sitio familiar, donde las personas llegan a relajarse, a convivir y a ser parte de una costumbre que se hereda de generación en generación. “Nos gusta nuestro trabajo porque aquí todos nos conocemos, es tranquilo y se trata de atender bien a la gente, con amabilidad”.

> Entre historia y cotidianidad
Los Baños Termales de Ojocaliente han visto pasar siglos y personajes. Se cuenta que Pancho Villa, María Félix y otros íconos de la historia y la cultura estuvieron entre sus visitantes. Incluso, sus muros y patios han servido de escenario para películas y telenovelas, como Abel de Diego Luna.
Pero más allá de los nombres célebres, la verdadera grandeza del lugar se mide en el día a día: en las familias que llegan a relajarse, en los turistas que descubren un tesoro escondido en la ciudad, y en los trabajadores que hacen posible la experiencia.
> Retos y orgullo en el trabajo
No todo es sencillo. Los trabajadores enfrentan visitantes de todo tipo y la rutina de atender a cientos de personas, sobre todo en temporada alta, que va de febrero a agosto. Sin embargo, aseguran que el reto se convierte en satisfacción cuando logran que los visitantes se sientan bien atendidos y quieran regresar. “Conoces gente de muchos lados, turistas, familias… y uno aprende de todo. Aquí estamos para servirles, para que conozcan su estado y un lugar tan bonito como este”, comparte Juanita.
> Un patrimonio vivo
Más allá de su valor histórico y cultural, los Baños Termales de Ojocaliente siguen siendo un punto de encuentro para los aguascalentenses y para quienes llegan de otras partes del país. Su vigencia no solo radica en sus aguas curativas o en su arquitectura centenaria, sino en la dedicación de quienes los mantienen vivos.
Son los trabajadores, como Juanita y Jesús, los verdaderos guardianes de este patrimonio. Gracias a ellos, cada visitante puede sentirse parte de una tradición que, más que permanecer en el pasado, sigue fluyendo con fuerza en el presente de Aguascalientes.
Aldo García Ávila / @somoslja
En este pedacito de tierra en el que tenemos a bien habitar, existen dos gentilicios que nos dan identidad: hidrocálido y aguascalentense Ciertamente, son los vocablos que reconoce el grueso de la población del estado; sin embargo, las élites intelectuales han mostrado disgusto con estos gentilicios, de ahí que hayan reflexionado en torno a este fenómeno para formular otras propuestas que, en apariencia, resultarían más adecuadas como gentilicio: acalitense, acuicalitense, aquicalidense, hidrotermopolitano, termapolitano o termense. Si bien las discusiones a propósito de estos vocablos toman como base las ciencias del lenguaje, lo cierto es que la mayoría busca imponer una forma correcta, a partir de parámetros que carecen de sustento lingüístico y que, además, incurren en contradicciones. La pregunta necesaria entonces es: ¿cuál es el gentilicio que debemos utilizar para Aguascalientes?
> Poquita teoría para comprender nuestra lengua
Los gentilicios comprenden un grupo de palabras que se utilizan, sobre todo, para referir el origen geográfico de una persona: México > mexicano; Alemania > alemán; Chihuahua > chihuahuense; Madrid > madrileño; Sáhara > haraui, etc. En un primer momento, los estudios descriptivos del español se habían limitado a listar sufijos que forman gentilicios, sin entrar en detalles sobre los mecanismos de construcción; sin embargo, en 2015, vio la luz El gentilicio en español: tipos, significaciones y sentidos, una obra coordina da por Marcial Morera, en la que se aboca a describir distin tas dimensiones de la formación de gentilicios, para lograr una monografía que contribuye al estudio de este fenómeno. Morera (2015) reconoce tres tipos diferentes de gentili cios en función de su estructura:
• Sintácticos. Emplean la preposición de seguida del nombre de lugar: “Juan es de Aguascalientes”.
• Derivados. Por la aplicación de sufijos, comopara formar el adjetivo aguascalentense.
• Léxicos (pseudogentilicios, gentilicio apodo o falso genti licio) Consisten en vocablos que, por razones histó ricas, sociales o culturales, se emplean para referir a las personas de un lugar: jarocho, para Veracruz, o tapatíos, para Guadalajara.
Primeramente, es necesario precisar la regla básica para formar gentilicios derivados:
[(Topónimo)Sustantivo + (-Sufijo formador de gentilicios) Adjetivo‘originario de (topónimo)’
Este esquema de formación de palabras debe interpretarse en los siguientes términos: a una base nominal (sustantivo) se le aplica un sufijo formador de gentilicios que le otorga la categoría gramatical de adjetivo a la palabra resultante:
[(México)Sustantivo + (-ano)Adjetivo]Adjetivo = mexicanoAdjetivo, ‘originario de México’
Una de las complejidades de este fenómeno radica en que existen diferentes sufijos con la capacidad de expresar el significado de gentilicio (-ano, -ense, -eño, entre otros). Incluso, a partir de un mismo topónimo pueden desprenderse varias posibilidades, todas gramaticalmente aceptables, aunque algunas de ellas se especialicen para nombrar otras entidades, como chihuahuense y chihuahueño. Este escenario se vuelve aún más complejo, si se toma en cuenta que existen sufijos que apenas seleccionan uno o dos topónimos: Zarauz > zarau-(t)arra; Chile > chil-eno; El Toboso > tobos-esco, o España > españ-ol; de hecho, la especialización de estos últimos sufijos es tal que parece que no se aplican a otros topónimos. Para ponerlo en palabras sencillas, el español tiene una notable cantidad de partículas para expresar el significado de ‘originario de X’, donde X es una provincia, ciudad, país, etc. Este hecho le da una dificultad especial a los trabajos descriptivos sobre los gentilicios en español. En el caso de Aguascalientes, tenemos un gentilicio derivado (aguascalentense) y un nutrido grupo de gentilicios léxicos.


Al respecto, José Moreno de Alba, en sus Minucias del lenguaje, señala: “quien inventó la voz hidrocálido no tuvo en cuenta que estaba empleando un seudosufijo griego muy común para designar lo relativo al agua (hidro) unido a una voz latina (cálido), lo que da como resultado una formación híbrida. Aunque igualmente curiosos y pintorescos, habrían resultado al menos mejor formados vocablos como *hidrotérmico (constituyentes griegos) o *aquicalidense (latinos). Ni qué decir que me parecen peores que hidrocálido”. Como se aprecia, el rechazo al gentilicio hidrocálido obedece a su estructura híbrida, a pesar de estar ampliamente extendido y ser el más utilizado. Lo cierto es que no hay sustento lingüístico que respalde esta postura, debido a que existe una cuantiosa evidencia de palabras híbridas que utilizamos de manera cotidiana o casi cotidiana y que, curiosamente, no han sido rechazadas por los puristas de la lengua: audífono, autoestima, biodegradable, claustrofobia, egocéntrico, neurotransmisor, transgénico, vasectomía, verborrea, vitamina, y un largo etcétera. Si rechazamos hidrocálido, entonces tendríamos que rechazar todas las palabras híbridas del español.
Lo que sí resulta interesante es el hecho de que el gentilicio hidrocálido no transparenta un topónimo, de ahí que se trate de un gentilicio léxico, pero aun en este caso, no hay razón alguna para rechazarlo, en virtud de la existencia de gentilicios con estas características, como tapatío o jarocho.
> Hidrocálido, un gentilicio profundamente poético
En Testimonio de unos días, Alfonso Pérez Romo afirma que “decirle a alguien que es hidrocálido significa literalmente que tiene su agua caliente, lo cual resulta un calificativo desagradable por más que se le dé indebidamente el papel de un gentilicio”. La falta de pertinencia de estos juicios niega la estructura y significado de los gentilicios léxicos y, de hecho, niega el carácter metafórico que poseen las lenguas. Gentilicios como jarocho o tapatío, por ejemplo, se han acuñado a partir de tradiciones y fenómenos económicos que se llevaban a cabo de manera particular en Guadalajara y Veracruz. Por lo tanto, no decimos que un jarocho es alguien que ostenta la flecha que empleaban los trabajadores de Veracruz hace quinientos años, sino porque estos trabajadores se vol-
Lo bonito del uso de gentilicios como jarocho y tapatío consiste en que amplificaron su capacidad de significación. La palabra hidrocálido hace referencia -y rinde homenaje- a las aguas cálidas propias, aunque no privativas, de la ciudad de Aguascalientes. Dicho de otro modo, el significado de esta palabra es ‘habitante de la ciudad de las aguas cálidas’, un gentilicio que posee una musicalidad poética.
> Solo con el deseo de evitar las palabras híbridas La estructura etimológica híbrida de hidrocálido promovió que los puristas de la lengua acuñaran diferentes gentilicios:
• De origen griego: termapolitano (de θέρμη, ‘calor’ y πόλις, ‘ciudad-Estado’); hidrotermopolitano (de ὑδρο, ‘agua’; θέρμη, ‘calor’ y πόλις, ‘ciudad-Estado’).
• De origen latino: aquicalidense (de aqua, ‘agua’, y calidus, ‘caliente’), acalitense (de aqua, ‘agua’ y calidus, ‘caliente’), y acuicalitense (de aqua, ‘agua’ y calidus, ‘caliente’).
El deseo que hay detrás de estas formaciones es el de tener una forma correcta; sin embargo, el concepto de correcto/incorrecto obedece a fenómenos políticos, sociales o culturales, más que a hechos estrictamente lingüísticos. Normalmente, las variantes estándar o de mayor prestigio de una lengua -consideradas correctas- corresponden con aquellas que se hablan en las capitales políticas o económicas, por ejemplo, el francés más prestigioso no es el de Canadá, sino el de París, a pesar de que solo se tratan de variantes de una lengua con características propias, que además las hacen únicas. Lo mismo para arcaísmos de nuestra lengua, como fuistes, comistes, vinistes, etc., que aún se escuchan en ciertas regiones, pero que cayeron en desuso y que actualmente se consideran incorrectas, a pesar de ser utilizadas por grandes autores del español, como Francisco de Quevedo o Miguel de Cervantes. En otras palabras, si a usted alguna vez se le salió un fuistes o un comistes, no se preocupe, ya Cervantes y Quevedo lo utilizaron en sus obras. En ningún sentido está usted destruyendo el español.
Así pues, rechazar hidrocálido por su carácter híbrido para preferir formaciones no híbridas termina por incurrir en un sinsentido lingüístico, en gran medida porque la lengua forma parte de la identidad de sus hablantes y, finalmente, para quienes nacieron, viven o convirtieron Aguascalientes en su hogar, la identidad geográfica descansa, muy probablemente, en dos gentilicios: hidrocálido o aguascalentense La pregunta que bien valdría la pena resolver es si hidrocálido se utiliza únicamente para la ciudad capital o si abarca a todo el estado. La respuesta exigiría un levantamiento de encuestas para conocer la opinión de las y los hablantes, que son quienes día con día hacen, deshacen, crean y descrean la lengua.
A manera de conclusión
Por supuesto, no niego ni rechazo tajantemente el uso de los gentilicios no híbridos; sin embargo, son poco eficientes como vocablos para designar a quienes se sienten identificados con Aguascalientes. Si en alguna ocasión usted los ha visto, la enunciación de gentilicios como aquicalidense o termapolitano -quizá los más populares- tiene lugar, sobre todo, en contextos académicos o de alta cultura, aunque a veces también aparecen en notas periodísticas.
Finalmente, este deseo de crear palabras, como afirma Elisabeth Beniers, surge como respuesta a una necesidad expresiva: cuando en el léxico no existe un término para nombrar algo, las y los hablantes echamos mano de los recursos morfológicos de la lengua -además de otras estrategias- para llenar ese vacío. Así, creamos nuevas palabras para darle identidad a realidades que antes carecían de denominación, ¿tú cómo te sientes: hidrocálido, aguascalentense o termapolitano?












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Hablar de los Rieleros de Aguascalientes es hablar de un pedazo del alma de la ciudad. Desde su nacimiento en 1975, el equipo ha sido mucho más que un conjunto de peloteros: es la representación viva de una tierra trabajadora, orgullosa de sus raíces ferroviarias y de su capacidad para resistir y mantener vivo un sueño que, a pesar de los cambios, nunca ha dejado de latir. El nombre mismo, “Rieleros”, no fue casualidad. Fue un homenaje explícito a aquellos obreros del ferrocarril que levantaron Aguascalientes con sudor, esfuerzo y constancia, y que hicieron del trabajo en las vías un símbolo de progreso. Ese espíritu se trasladó al diamante y desde entonces se convirtió en el estandarte de una afición que ha sabido acompañar a su equipo en los momentos de gloria y en los de adversidad.
El debut en la Liga Mexicana de Béisbol trajo consigo ilusión, pero también la necesidad de construir identidad. Y el año de 1978 quedará grabado como una fecha histórica: apenas tres años después de su llegada, los Rieleros lograron lo impensado, al coronarse campeones de la liga y escribir la primera gran página dorada del béisbol en Aguascalientes. Ese título no solo significó un trofeo, fue el punto de unión de una ciudad que, de la mano de su equipo, encontró una bandera común para presumir al resto del país. Familias enteras recuerdan aún las caravanas, los festejos en las calles y los abrazos interminables que simbolizaron que el béisbol ya no era un espectáculo ajeno, sino un pedazo de identidad colectiva. El Parque Alberto Romo Chávez se convirtió desde entonces en un templo. Cada temporada, los aficionados acuden como si se tratara de una misa dominical, los abuelos cuentan historias de aquel campeonato, los padres transmiten la pasión a sus hijos, y los niños descubren el ritual de ponerse la gorra rielera como si fuera un acto de iniciación. No importa si el equipo atraviesa campañas complicadas o si los resultados no siempre acompañan, el arraigo se mantiene firme, como los durmientes de las vías que dieron

origen al nombre. Ir al estadio es más que ver un partido, para los aficionados es convivir con la memoria, es escuchar el murmullo de generaciones que se han formado bajo la sombra de ese uniforme celeste y amarillo.
Con el paso de los años, el equipo ha enfrentado retos significativos, como temporadas difíciles, cambios de administración e incluso la amenaza de desaparecer, pero los Rieleros han demostrado la misma tenacidad que sus ancestros ferroviarios. Aguascalientes los ha defendido como parte de su esencia, porque perderlos sería como arrancar una parte del corazón de la ciudad. El béisbol, en este rincón del país, se vive con un romanticismo especial: aquí no se trata solo de ganar, sino de pertenecer, de sentirse parte de una historia que empezó hace casi medio siglo y que todavía se sigue escribiendo con cada batazo, cada ponche y cada grito de la afición.
La grandeza de los Rieleros radica en que han sobrevivido al paso del tiempo sin perder su mística. Cada regreso al Romo Chávez significa reencontrarse con un viejo amigo que nunca se ha ido, con esa nostalgia que recuerda lo que fuimos y con la esperanza de lo que aún podemos ser. En Aguascalientes, ser rielero es una identidad transmitida de padres a hijos, una pasión que no entiende de modas ni de estadísticas, porque se sostiene en el arraigo y en la memoria colectiva. Y aunque otros equipos de la Liga Mexicana han llegado a convertirse en dinastías deportivas, pocos pueden presumir lo que los Rieleros han logrado: no ser solo un club de béisbol, sino un símbolo de lo que representa Aguascalientes en su conjunto.
Los Rieleros de Aguascalientes han marcado generaciones, han dado alegrías inolvidables y han acompañado silenciosamente el paso del tiempo en una ciudad que se transforma, pero que nunca olvida sus raíces. El ferrocarril dejó huella en el paisaje urbano, pero el equipo que tomó su nombre dejó huella en la gente y esa es la verdadera victoria: haber convertido el béisbol en una parte inseparable de la identidad de un estado entero. Y por eso, en cada nueva temporada, cuando la voz del cronista anuncia el play ball, lo que se escucha no es solo el inicio de un juego, sino la confirmación de que los Rieleros siguen siendo, y seguirán siendo, el corazón que late por Aguascalientes.
Aguascalientes, enclavada en el corazón de México, es una ciudad que respira tradición. Sus calles tranquilas y su hospitalidad han hecho famosa a la región, pero hay un pulso más profundo que late en su identidad: el deporte entendido como cultura viva. Entre los lienzos charros y las plazas de toros, Aguascalientes se reconoce a sí misma, no solo como un punto geográfico, sino como un crisol de costumbres que se celebran generación tras generación.
> La charrería: orgullo nacional en tierras hidrocálidas
La charrería, declarada patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por la UNESCO, es más que un deporte aquí: es parte de la identidad de la ciudad. En cada feria, los lienzos charros se llenan de público para presenciar suertes que son tan técnicas como artísticas: manganas, piales, paso de la muerte… cada movimiento es una demostración de disciplina, valentía y respeto por los caballos.
Durante la Feria Nacional de San Marcos, considerada la más grande y emblemática del país, las competencias charras ocupan un lugar privilegiado. Familias enteras asisten para aplaudir a los equipos locales y visitantes, y para muchos jóvenes hidrocálidos, aprender las suertes charras es casi un rito de paso. En Aguascalientes, ser charro es heredar una historia y mantener viva una llama que representa el México profundo.
> La fiesta brava: arte, riesgo y tradición
Aguascalientes es, sin duda, una de las capitales taurinas más importantes de México. Su Plaza Monumental, una de las más grandes de América Latina, ha sido testigo de tardes memorables y de figuras legendarias del toreo. Durante la feria, las corridas de toros se convierten en un eje central de la celebración. Para muchos locales y visitantes, la fiesta brava es una expresión artística cargada de simbolismo, donde el valor, la destreza y el respeto por el toro convergen en un espectáculo único.
Las calles alrededor de la plaza se llenan de color y música: peñas taurinas, charangas y familias enteras hacen del evento un punto de encuentro social. Aunque el debate sobre la tauromaquia ha crecido en los últimos años, en Aguascalientes la tradición sigue viva y forma parte integral de su patrimonio cultural. Para los hidrocálidos, el toreo no es solo deporte o espectáculo: es historia y estética, un legado que ha moldeado la identidad de la ciudad.

> Más allá del ruedo y el lienzo
Si bien la charrería y la fiesta brava son las expresiones deportivas más representativas, Aguascalientes también ha abierto sus puertas a otras disciplinas. El fútbol profesional encontró un hogar en el Estadio Victoria, y el ciclismo ha posicionado al Velódromo Bicentenario como sede de competencias internacionales. Estas actividades modernas conviven con las tradiciones, pero no han desplazado el protagonismo cultural de las suertes charras ni el eco de los clarines taurinos.
> Una identidad que trasciende el deporte
Lo que hace especial a Aguascalientes no es solo la práctica de estas disciplinas, sino la manera en que han sido adoptadas como símbolos de comunidad. La charrería une a familias enteras en los ranchos y lienzos, mientras que la fiesta brava transforma la ciudad en un escenario de arte efímero y emoción compartida. Ambos mundos representan valores que los hidrocálidos consideran fundamentales: el respeto a la historia, la valentía y la celebración de la vida en comunidad.
En Aguascalientes, el deporte es más que una competencia: es memoria viva, identidad y orgullo. Entre el relincho de los caballos y el sonido del clarín, la ciudad sigue reafirmando su esencia, demostrando que hay lugares donde la tradición no se conserva en vitrinas, sino en el pulso mismo de su gente.












