Mi mamรก
Flora Cobiรกn y Vega
Mi mamรก Flora Cobiรกn y Vega
1.ª edición: mayo 2020 Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo público. Copyright © 2020 Flora Cobián y Vega Copyright © 2020 Grupo Literálika S.A. de C.V. Ave. San Pedro 801 L8, colonia Fuentes del Valle San Pedro Garza García N.L. www.literalika.com All Rights Reserved ISBN: Literálika Edición: Literálika Diseño: Literálika Impreso en México – Printed in México
Para mis hijos y mis nietos Para mis hijos, nietos y bisnietos de CDMX Para quienes la conocieron y los que no Flora
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¿Cómo contar algo que me llena el corazón de amor y me trae los recuerdos más maravillosos de mi infancia, adolescencia y madurez? Mi vida entera está llena de ellos.
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Mi mamá nació en un pueblo de Sinaloa que se llama Choix. Mi abuelo, Carlos Vega Ross y mi abuela Dolores Castro Almada tenían una hacienda muy grande llamada “El Águila”. Allí sembraban maíz, frijol y varias cosas más.
Allí sembraban maíz, frijol y varias cosas más. Fue una hacienda muy próspera; tenían muchos trabajadores “Yaquis”, muy difíciles de controlar. Los que vivían en la hacienda querían mucho a mis abuelos y a sus hijos. Cuando mi abuela veía a algún yaqui llegar corriendo, sabía que era para advertirle: —Escóndanse Lola porque viene el Jefe. Al hermano de mi abuelo una vez lo agarraron y lo hicieron caminar sobre carbón encendido. Eran muy sanguinarios. Mi mamá, sus papás y sus dos hermanos, Carlos y Alicia, vivieron ahí durante cuatro años pues mi abuelo era muy amigo de Álvaro Obregón y cuando fue nombrado Presidente de México, lo llamó para que trabajara con él, nombrándolo “Administrador del Timbre”, lo que hoy sería “Tesorero de la Ciudad”. Así que, mi mamá llegó a la Ciudad de México a los cuatro años.
Estaban muy felices, porque pronto llegaría su bebé, pero aún faltaban unas semanas.
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Mi abuela contaba que era el “patito feo” pues sus hermanos eran pelirrojos, en cambio ella era de pelo negro. A mi mamá le encantaba decirnos que ella era tataranieta de Moctezuma y presumía de ser de una raza india muy pura. En la adolescencia se convirtió en una muchachita muy bonita y más grande fue toda una belleza. Fue Reina del Jockey Club y tenía muchos pretendientes. Entre ellos estaba Humberto, hijo del Presidente Obregón. Se enamoró tanto de ella que pasaba por su jardín en una avioneta y lo llenaba de flores. Mi mamá conoció a mi papá, Joaquín Cobián, Fernández del Valle en uno de los bailes del Jockey Club y después de un noviazgo corto, decidieron casarse. A los dos años de casados nació mi hermana María del Carmen y a los cuatro años nací yo. 9
Mi madre y yo siempre fuimos muy unidas. De ella heredé su nombre del cual siempre me he sentido muy orgullosa. De chica fui muy traviesa. No había cosa que no se me ocurriera para mortificar a mi nana Lupita y hacer reír a mi mamá que me festejaba todo lo que hacía. En cambió mi hermana siempre fue toda una señorita, obediente y muy bien portada, además muy bonita.
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Una de las pocas veces que de verdad vi preocupada a mi mamá fue cuando se me ocurrió esconder toda la plata, dejé la puerta de la casa abierta y grité como loca que habían entrado ladrones. Mi mamá bajó volada de su cuarto, se quedó muda y luego empezó a llorar. Me quise morir, le decía: —No llores, todo está escondido adentro del baúl. Ni siquiera esa vez me regañó. Solo me abrazó y me dijo: —Eres lo más travieso que existe, ¿qué voy a hacer contigo? 11
Otra vez, estando en el parque con mis primos, se me ocurrió subirme a uno de los juegos que es una barra con dos lados fijos. Yo estaba muy chica para poder hacer malabarismos y claro me caí de cabeza y me salió un chichón enorme. ¡Qué susto se dieron todos!, creyeron que me había muerto pues quedé tirada de la caída. Tampoco me regañó, aunque la pobre de mi tía Elenita por poco y se muere del susto. Una Navidad, estando también con mis primos que eran casi tan locos como yo, se me ocurrió llenar de talco una pistola que tenía de mi traje de vaquero y le disparé al pavo. Quedó todo muy blanquito y muy “adoc” a la época navideña, como si fuera de nieve. Mi mamá se murió de risa, en cambio a mis primos les dieron unas nalgadas que me dejaron muda. Ella me decía: —Eso debería de hacer contigo —pero no podía dejar de reírse a carcajadas.
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Una de las veces que más se enojó fue cuando se me ocurrió esconderme arriba de una tarima del clóset y me quedé dormida. Me buscaron por todos lados y yo no aparecía. No sé que tantas promesas le hizo mi mamá a Dios y a todos los santos hasta que por fin desperté y al bajarme de la tarima se me echaron todos encima y mi mamá sólo decía: —Gracias Dios mío, gracias Virgencita —y nombrando a todos los santos me abrazaba y besaba por todos lados. 13
Cuando se dio cuenta de lo que había pasado, se me quedó viendo muy seria y me dijo: —Ahora sí, la próxima vez que te portes mal si te voy a regañar de verdad. Por supuesto, después de que me dijo eso las dos reímos mucho. Creo que eso fue lo máximo de regaño en toda mi vida. Yo nunca le volví a dar una preocupación de que no supiera donde estaba. Ya más grande, le avisaba que iba a llegar más tarde desde donde estuviera y si no había teléfono, aunque tuviera que buscar uno, ya que no había celulares. Como siempre fui muy aplicada, hasta le decía cuando me iba a ir de pinta para que no se preocupara cuando le hablaran las monjas preguntándole si estaba enferma. Imagino que ella se reía por dentro, pero lo importante era que así se quedaba muy tranquila.
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Mi mamá era tan linda que cuando algún galán me llevaba gallo y yo había salido con otro, prendía la luz que era lo que se usaba y apuntaba todas las canciones para que al día siguiente yo pudiera dar las gracias. Mi hermana se puso de novia a los catorce años con Óscar el único amor de su vida. Duraron siete años de novios y se casaron cuando ella tenía veintiuno y él veintitrés. Mi mamá lo quiso muchísimo siempre y le tenía toda la confianza del mundo. Él la ayudaba en todo lo que podía, ¡hasta con mis locuras! Sin duda fue un apoyo para ella toda la vida. Mi hermana y Óscar tuvieron cinco hijos. Uno cada doce meses y dos se llevan diez meses. Eran muy trabajadores en ese aspecto. Además de que mi hermana creía que era pecado cuidarse. 15
Cuando por fin se decidieron, por consejo del doctor, a ya no tener más hijos, creyeron que mi mamá se iba a enojar porque Óscar se había operado. Lo que no esperaban era que mi mamá los felicitara y les dijera que nunca se había querido meter en sus decisiones pero que estaba feliz de que lo hubieran hecho.
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Siempre fue adelantada a su época con una visión muy moderna. Así fue toda su vida. Si le pedías consejo o creía que la estabas regando, platicaba muy tranquila y te decía lo que ella pensaba que era lo mejor, pero siempre te dejaba la decisión a ti. 17
Sus nietos fueron su locura. Hacían con ella lo que querían, igual que conmigo que tardé muchos años en casarme y me dedicaba a ser la tía consentidora. A mi mamá le gustaba mucho estar leyendo en su cama, era una gran lectora, pero a la hora que llegaba cualquier nieto, se dedicaba por completo a ellos. Los dejaba pedir lo que quisieran de comer y se los llevaban a su cama. No había cosa que no hiciera por complacerlos.
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Cuando por fin senté cabeza y me casé, quiso muchísimo a Ricardo y él a ella. A mis hijos les puso una recámara en su departamento para que cuando llegáramos de Monterrey estuvieran contentos. Ella que en su vida movió un dedo para bañarnos o darnos de comer a nosotras pues siempre nos hacía todo nuestra adorada Nana Lupita, cuando llegaban mis hijos los dejaba jugar en la tina y hacer todo el tiradero que se les diera la gana y gozaba bañándolos, viendo que comieran bien y que todo les gustara. 19
En navidad la visitábamos y ella personalmente les ponía a mis hijos un arbolito y nacimiento. No sabía qué hacerles para consentir a todos sus nietos. Eran sus más grandes amores. Con ella todo era alegría. No tuvo una vida fácil pues mi papá, que me dicen que era el hombre más bueno y la adoraba, estuvo muy enfermo y ella sufrió mucho por eso. Yo no me acuerdo de mi papá pues tenía cinco años cuando falleció, pero mi hermana le lloró toda su vida. Me cuentan que además de ser un hombre muy bondadoso, se fue quedando sin dinero pues le prestaba grandes cantidades a todos los que por alguna razón le pedían. A él no le gustaba ver sufrir a sus amigos. Por su enfermedad no podía trabajar y poco a poco fue vendiendo todas las propiedades que tenía. Cuando murió, mi mamá se quedó viuda, sin dinero y con dos hijas que mantener. 20
Nunca la oí quejarse, ella a todo le encontraba lo bueno. Cuando el gobierno dejó que hubiera colegios católicos mi mamá y mi tía Alicia habían sido de las primeras en asistir al Colegio Regina que era al que íbamos mi hermana y yo. Cuando murió mi papá, las monjas que desde entonces le tenían un gran cariño, le ofrecieron becas para nosotros. Mi mamá les agradeció muchísimo, pero les dijo que no quería que sus hijas fueran becadas, que ella estaba trabajando para que nuestra vida siguiera lo más parecido a lo que siempre habíamos tenido. Tenía tantos amigos importantes que la querían, y todos trataban de ayudarla de alguna forma. El mejor amigo de mi papá tenía un fraccionamiento en Cuernavaca y ella le ofreció vender los terrenos. Otro la contrató para que comprara todos los regalos de las personas importantes con las que tenía que quedar muy bien. Uno más le ayudó a rescatar una parte del rancho que le había quitado el que lo tenía rentado. En fin, era tan querida que no hubo quien no le quisiera dar la mano.
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Nos tuvimos que cambiar a un departamento chiquito que le rentó otro amigo muy barato. Ella siempre hizo que me hermana y yo nos sintiéramos importantes. Recuerdo que todos nuestros amigos tenían casas inmensas pero las reuniones siempre eran en nuestro departamento pues mi mamá los hacía que se divirtieran mucho y los consentía todo el tiempo. No había lujos, pero si “conchas con frijoles”. Jajaja todos gozaban con sus ocurrencias y con los juegos que nos inventaba. Fuimos muy felices en nuestro departamento. Con la seguridad que me dio, he logrado sacar adelante todo lo que me he propuesto. Las amigas se quedaban a dormir siempre que se podía. Recuerdo que poníamos cobijas en el suelo, unos cojines y estábamos como reinas.
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Nuestros amigos decían que mi mamá era tan bonita y divertida que iban a verla a ella y no a nosotras. Le gustaba mucho jugar canasta, bridge, gin rummy, póker, lo que fuera. Era buenísima para las cartas y todo mundo la invitaba, no solo porque era muy buena para eso sino por lo divertida y agradable que era. En el departamento solo había un baño, mi mamá acostumbraba a jugar bridge ella sola en un banquito que tenía. Un día que yo había invitado a unos amigos, uno de ellos entró al baño y la encontró muy sentada y en plena jugada. El pobre por poco y se desmaya del susto y mi mamá tan tranquila le dijo: —Hola Eduardo, en un ratito salgo, qué gusto saludarte. Eduardo salió blanco como papel y cuando le pregunté que si algo le pasaba solo me dijo que le había dado un mareo. Yo me enteré más tarde cuando me contó mi mamá muerta de risa, todo lo sucedido.
Tuvo muchos admiradores, pero ninguno logró conquistarla para que se volviera a casar. La pobre de mi hermana sufría muchísimo con los pretendientes pues le daban muchos celos. Cuando mi mamá salía a cenar con alguno, se quedaba despierta hasta que llegara. Una vez en un baile de fin de Año en casa de mi tía Teté y Julio, se puso tan furiosa de verla bailar con uno de ellos que le enterró un tenedor en una pompa. Mi hermana ya era novia de Óscar y a él por poco y se le caen los dientes del susto de ver a su dulce noviecita hacer semejante atrocidad. La pobre de mi mamá estaba apenadísima con el galán quien, por supuesto, se fue de la fiesta inmediatamente. A mí, en cambio, me caían muy bien y me llevaba perfecto con ellos. Nos llevaban regalos y trataban de conquistar a mi hermana, pero era imposible. Conmigo no necesitaban ni regalos, luego, luego los aceptaba encantada y claro ellos eran de lo más lindos conmigo.
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Hubo uno solo del que mi mamá después de muchos años de viuda se enamoró, pero al ver cómo sufría mi hermana, no quiso imponernos a nadie y dejó de verlo. Él le hablaba, le escribía, le mandaba flores y regalos, pero después de ver que definitivamente mi mamá no se casaría con él, se casó al poco tiempo con una señora viuda que llegó de Chile. Casi no la conocía, pero lo hizo para ver si podía olvidar a mi mamá. La esposa, que era muy lista, viendo que él no la podía olvidar, empezó a hablarle a mi mamá y a tratar de ser su amiga. Así por fin la conocimos y volvimos a verlo.
Se me llena la boca de hablar de ella. Quisiera nunca terminar, pero ya se hizo muy largo. Este es un homenaje a mi madre FLORA, a la que nunca olvido ni olvidaré. Para mí la mujer más GUAPA, INTELIGENTE, BONDADOSA, COMPRENSIVA Y DIVERTIDA. Siempre fue mi madre, mi consejera, mi amiga. Sigo pensando y hablando con ella, sé que me oye y eso Flora me hace sentir su compañía. GRACIAS POR HABER SIDO MI MAMÁ. 28