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Juntos y unidos (muestra)

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Edificando matrimonios para la gloria de Dios

Juntos y unidos: Edificando matrimonios para la gloria de Dios

Copyright © 2026 por Luis y Vilma Méndez Todos los derechos reservados. Derechos internacionales registrados.

B&H Publishing Group

Brentwood TN, 37027

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Diseño de portada: Darren Welch

Imagen portada: iStock/Vorontsova

Gráficos: B&H Español

Clasificación decimal Dewey: 306.81

Clasifíquese: MATRIMONIO \ RELACIONES DOMÉSTICAS \ GENTE CASADA

Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida ni distribuida de manera alguna ni por ningún medio electrónico o mecánico, incluidos el fotocopiado, la grabación y cualquier otro sistema de archivo y recuperación de datos, sin el consentimiento escrito del autor.

A menos que se indique de otra manera, las citas bíblicas marcadas NBLA se tomaron de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), Copyright © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso.

Las citas bíblicas marcadas RVR1960 se tomaron de la versión ReinaValera 1960 ® © 1960 por Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Usadas con permiso. ReinaValera 1960 ® es una marca registrada de las Sociedades Bíblicas Unidas y puede ser usada solo bajo licencia.

Las citas bíblicas marcadas NVI se tomaron de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional®, © 1999 por Biblica, Inc.®. Usadas con permiso. Todos los derechos reservados.

Las citas bíblicas marcadas NTV se tomaron de la Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente, © Tyndale House Foundation, 2010. Usado con permiso de Tyndale House Publishers, Inc., 351 Executive Dr., Carol Stream, IL 60188, Estados Unidos de América. Todos los derechos reservados.

ISBN: 978-1-0877-4610-4

Impreso en EE. UU. 1 2 3 4 5 * 30 29 28 27 26

Índice

1 Construyendo sobre la Roca: Las siete «P» del fundamento del matrimonio ........................................................................ 17

2 Esposos y amigos: La amistad que transforma el matrimonio .......................................................................... 31

3 El matrimonio: Más que amor, un propósito ......................... 45

4 Almas unidas: Frutos de la unidad espiritual en el matrimonio (Primera parte) ........................................... 65

5 Almas unidas: Frutos de la unidad espiritual en el matrimonio (Segunda parte) .......................................... 81

6 Del caos a la paz: Resolución de conflictos en el matrimonio ..................................................................... 105

7 Liderazgo con amor: El llamado del esposo .......................... 123

8 Sumisión y fortaleza tierna: El llamado de la esposa .......................................................... 137

9 Juntos y unidos: El cuidado mutuo en el matrimonio ..................................................................... 157

10 Envejeciendo juntos: Un amor que perdura ........................... 175

Juntos y unidos

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Dedicatoria

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A mi Dios, cuya fidelidad y gracia me han sostenido en cada paso hasta culminar este proyecto. Toda la gloria sea para Él, el Dador de todo buen propósito y logro.

A mis hijos — Andrew y Raquel junto a mi nieta Serenity, Gareth y Eva, y Luis Jr. — quienes son un regalo precioso del Señor y mi mayor fuente de inspiración.

Con especial gratitud a Lifeway, por creer en este proyecto y ayudarnos a hacerlo realidad; y a mi amado pastor Miguel Núñez, por su tiempo, sabiduría y generosidad al revisar este escrito y honrarme con el prólogo de este libro.

A todas las parejas que han participado en nuestras conferencias, cuya sed por la verdad y anhelo de honrar a Dios en su matrimonio nos motivaron a plasmar estas enseñanzas por escrito.

Que este libro sea un instrumento para fortalecer matrimonios y reflejar la gloria de nuestro Señor, el Autor del amor y de la redención.

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Juntos y unidos

Al tomar este libro en tus manos, quizás te preguntes, ¿por qué escribir un libro más acerca del matrimonio? La pregunta es válida, pero igualmente válida y necesaria es la tarea de seguir escribiendo sobre este tema tan crucial, no solo para mejorar las relaciones entre los esposos, sino también para el bienestar y el florecimiento humano.

La raza humana comenzó con la unión de una sola pareja, que fue creada a imagen y semejanza de Dios, sin pecado, con condiciones ideales para satisfacer mutuamente sus necesidades y en medio de condiciones paradisíacas. Sin embargo, aquella primera pareja traspasó los límites establecidos por el Creador, lo que trajo la ruina de la raza humana. Tan trágica fue la caída de este primer matrimonio que sus dos primeros hijos fueron víctimas de ese gran impacto: Caín mató a Abel en un arranque de ira, como hemos escuchado desde que éramos pequeños.

Todos sabemos que lo que no comienza bien, no termina bien. Si no entendemos el diseño del matrimonio, el propósito de unir a un hombre y a una mujer, así como los requisitos básicos y la meta del matrimonio en la mente de Dios, terminaremos decepcionados con nuestro propio matrimonio y, muchas veces, hasta divorciados. En otros casos, los esposos siguen juntos, pero no unidos, una frase que refleja lo contrario al título del libro que tienes en las manos: Juntos y unidos

El ideal para leer este libro es durante el período del noviazgo porque, como bien advirtió Cristo en otro contexto: «Porque, ¿quién de ustedes, deseando edificar una torre, no se sienta primero y calcula el costo, para ver si tiene lo suficiente para terminarla?» (Luc. 14:28, énfasis

Juntos y unidos

añadido). Si al casarte, no conocías nada o lo suficiente acerca de la relación matrimonial, entonces este es el momento ideal para leer este libro: antes de que aparezcan los primeros síntomas de conflicto, o ahora que has podido identificar las primeras señales de que algo no anda bien. Por otro lado, es posible que este libro haya llegado a tus manos justo cuando tu matrimonio está al borde del colapso y sea necesario reconstruir la relación desde cero. Si ese es tu caso, tienes en tus manos el plano arquitectónico y ahora necesitas comenzar a reconstruir siguiendo las directrices del Arquitecto, quien diseñó la obra que llamamos matrimonio.

En la primera parte de este libro, Luis y Vilma nos hablan de las condiciones espirituales que una pareja debe cultivar para que su matrimonio florezca. Lo primero que se construye al levantar un edificio es la zapata o el fundamento, que requiere concreto, varillas, columnas y vigas. Estos son elementos que muchas veces no vemos, pero que son necesarios para que la edificación no colapse. El capítulo sobre las siete «P» del matrimonio, así como los capítulos sobre la unidad y la amistad, a la luz de la Palabra, ayudarán a la pareja a identificar por dónde comenzar a edificar, o a reconstruir cuando algo ya ha sido dañado.

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Lamentablemente, la mayoría de las parejas se casan con expectativas erróneas del matrimonio, esperando que el otro cambie, creyendo que si eso ocurre, todo marchará bien. Cuando pensamos así, dejamos ver que desconocemos que una pareja de pecadores no puede casarse sin pecar el uno contra el otro. Esa realidad es la que genera el caos en los matrimonios y que luego no sabemos cómo reparar. Los conflictos se inician y luego se agudizan. Por eso, los autores de este libro han dedicado un capítulo completo a la resolución de conflictos, como una guía para pasar del caos a la paz que todos anhelamos.

Sin lugar a dudas, Dios creó al hombre y a la mujer a Su imagen y semejanza, como ya hemos mencionado, y, por consiguiente, con igual dignidad. Sin embargo, dadas las diferencias en el diseño de cada uno y en la asignación de roles distintos, Dios creó al hombre

Prólogo

para liderar la relación con amor incondicional, de modo que su liderazgo sea de servicio a su pareja y a sus descendientes. Por otro lado, la mujer fue creada como ayuda idónea para fortalecer el liderazgo de su esposo mediante una sumisión inteligente, tierna y respetuosa. Los autores han dedicado dos capítulos para ayudar a la pareja a comprender cómo desempeñar esos dos roles en la práctica cotidiana.

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Si seguimos pensando en una edificación, recordarás que todo edificio requiere mantenimiento porque con los años tiende a deteriorarse: las paredes requieren ser pintadas y, en ocasiones, aparecen grietas que requieren ser reparadas. Lo mismo sucede en muchos matrimonios. Con el paso de los años, el matrimonio requiere cuidados de mantenimiento para envejecer juntos y unidos, y esta es la meta de este libro. Los autores también consideraron este aspecto y, antes de concluir su libro, dedicaron tiempo para compartir sus consejos al respecto.

Me gustó ver que este libro no concluye simplemente con «Cinco pasos para esto» o «Siete principios para un matrimonio feliz». En cambio, Luis y Vilma hacen un llamado a la humildad. La humildad es el terreno donde todo buen fruto puede crecer. No es por accidente que Cristo dijo: «Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas» (Mat. 11:29, RVR 1960, énfasis añadido). La humildad y la mansedumbre contribuyen enormemente a disfrutar de la paz en el matrimonio.

Gracias, Luis y Vilma, por enriquecer la biblioteca latinoamericana de libros cristianos que, en este caso, enfocan bíblicamente la relación sobre la cual se construye una civilización sana. Necesitas leer este libro y, más importante aún, esfuérzate por vivir las enseñanzas que leerás en estas páginas. Hazlo pidiendo a Dios que te transforme mediante Su verdad, encontrada en los capítulos que siguen.

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Introducción

Redescubriendo el diseño de Dios para el matrimonio

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El matrimonio parece estar en una encrucijada en nuestro mundo. Todos lo valoran y muchos lo desean, pero, a la hora de la verdad, parece que pierde su rumbo en medio de las múltiples redefiniciones que la sociedad le da. En la iglesia también la visión bíblica del matrimonio se ve diluida entre las corrientes del pensamiento moderno o simplemente porque hemos olvidado las verdades que Dios nos dejó con respecto al matrimonio en Su Palabra.

No queremos ser solo una voz más en el vasto océano de consejos matrimoniales, sino recordar y resaltar el diseño de Dios para el matrimonio que nunca debe perderse de vista. Queremos asumir la actitud didáctica permanente de Pedro cuando dijo: «Por tanto, siempre estaré listo para recordarles estas cosas, aunque ustedes ya las saben y han sido confirmados en la verdad que está presente en ustedes» (2 P. 1:12).

Si somos honestos, reconoceremos que todos necesitamos recordatorios. Es como cuando buscas tus gafas, las tienes en la cabeza y la persona a tu lado te avisa que están allí. Lo mismo ocurre con el matrimonio. Sabemos que es valioso y que Dios lo diseñó con un propósito, pero la rutina diaria, las presiones y las luchas nos hace olvidarlo con frecuencia.

El propósito de este libro es edificar y animar a quienes anhelan que su matrimonio no sea una lucha constante ni tampoco mucho más que una simple convivencia o un romance tortuoso. Queremos inspirarte para que construyas una relación que glorifique a Dios. Lo primero que debes saber es que el matrimonio no es solo un

acuerdo entre dos personas, sino una representación de la relación entre Cristo y Su iglesia. Es un llamado al amor sacrificial, la entrega incondicional y la búsqueda constante y mutua de unidad y propósito. Sin embargo, estos principios tan claros en la Escritura se olvidan o se distorsionan con frecuencia. Por eso creemos que ha llegado el momento de refrescarlos.

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Mi esposa y yo hemos tenido la bendición de compartir sobre el matrimonio en diversos contextos por muchos años. Valoramos profundamente la transparencia, y por eso hemos compartido tanto nuestras victorias como nuestras luchas, nuestros momentos de «¡qué gran equipo somos!» y también aquellos de «¿por qué me casé con esta persona?». Queremos mostrarnos tal como somos porque sabemos que el matrimonio es una travesía en la que todos enfrentamos batallas similares y en la vulnerabilidad compartida encontramos ánimo y esperanza. Queremos mantener ese mismo estilo en este libro, abriendo nuestro corazón y nuestra vida para acompañarnos mutuamente en este camino de descubrimiento del diseño divino para el matrimonio.

Volvemos a repetir que el matrimonio, más que un contrato o un simple compromiso social, es una oportunidad para reflejar la gloria de Dios en la vida diaria. Lo hacemos en la manera en que nos amamos, servimos y nos perdonamos. Sabemos que esto no es fácil porque el pecado, las tensiones diarias y las circunstancias de la vida, hacen que sea fácil perder de vista el propósito divino de esta relación.

Esa es la razón por la que cada capítulo de este libro está diseñado para ayudarte a redescubrir los fundamentos de un matrimonio cristiano sólido. Hablaremos sobre la base bíblica del matrimonio, la importancia de la amistad, la unidad espiritual y el poder del perdón. Exploraremos cómo crear un ambiente de gracia en el hogar, cómo vivir los roles bíblicos de esposo y esposa y encontrar propósito en la vida matrimonial. Mi esposa y yo compartiremos nuestras experiencias en cada tema, tanto las buenas como las que nos enseñaron lecciones a las malas, porque creemos que el matrimonio es una herramienta poderosa de Dios para nuestra santificación y para Su gloria.

Juntos y unidos 14

Introducción

Sabemos que algunos de nuestros lectores están atravesando desafíos difíciles y quizá ni siquiera tengan fuerzas o ánimo para leer este libro. Por eso queremos alentarlos a descubrir que ¡siempre hay esperanza en Dios! No importa cuán cansados, desanimados o frustrados se sientan, Él tiene el poder para cambiar corazones y renovar el deseo de buscar y hacer Su voluntad. Oramos para que Dios obre en sus vidas y los fortalezca mientras leen estas páginas. Es importante aclarar que este libro no propone soluciones rápidas ni recetas mágicas. Ya todos tendríamos matrimonios perfectos si eso existiera (y estantes llenos de libros más cortos llenas de recetas para el matrimonio feliz). Por el contrario, te ofrecemos principios bíblicos y consejos prácticos que realmente pueden marcar la diferencia en tu vida matrimonial. Este libro es una invitación a recordar el diseño de Dios para el matrimonio, renovar tu compromiso y caminar con un propósito claro en tu propia aventura de vida en pareja. Por lo tanto, abre estas páginas con el corazón dispuesto a ser desafiado y animado. Nuestra oración es que, mientras lees, encuentres no solo respuestas, sino una nueva motivación para vivir un matrimonio que refleje la relación entre Cristo y Su iglesia.

¡Vamos Juntos y unidos en esta jornada!

Luis & Vilma Méndez 2025

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Construyendo sobre la Roca:

Las siete «P» del fundamento del matrimonio

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Vivimos en una época de cambios constantes, donde las ideas sobre el matrimonio han sido redefinidas por una cultura que promueve el individualismo y el materialismo. Como resultado, las parejas cristianas viven bombardeadas con mensajes que van en contra de los principios bíblicos. Sin embargo, la Biblia nos enseña que el matrimonio fue creado por Dios desde el principio y que Su diseño no cambia con el tiempo (Gn. 2:24). Jesús mantiene la idea de la inmutabilidad y permanencia de la Palabra de Dios y nos advierte que solo aquellos que edifican su vida sobre la roca de Su Palabra podrán resistir las tormentas de la vida (Mt. 7:24-27). Un matrimonio basado en ideas pasajeras que solo están de moda por un tiempo o en simples expectativas del mundo sin el fundamento de Dios, no podrá mantenerse firme cuando lleguen las dificultades. Por lo tanto, construir el matrimonio sobre la verdad de Dios no solo brinda estabilidad en tiempos difíciles, sino que también nos lleva al propósito más grande de glorificar a Dios a través de una relación que refleje el amor de Cristo por Su Iglesia (Ef. 5:25-32).

Quisiera que quede muy claro que es esencial que el matrimonio tenga un fundamento sólido en la Biblia. Esto no es solamente necesario para fortalecer la relación emocional y espiritual de la

Juntos y unidos

pareja, sino también para ayudarles a enfrentar y resistir una cultura que suele ir en contra de los principios de Dios. Un matrimonio arraigado en la Palabra no solo podrá superar las dificultades, sino también crecer y cumplir su propósito de reflejar a Cristo en su relación.

Desarrollaré este tema del fundamento del matrimonio usando siete principios prácticos en el que cada principio ha sido intencionalmente expresado con una palabra que inicia con la letra «P» para facilitar la memorización. Pasemos a analizar cada uno de ellos.

1. Preeminencia de Cristo

Una pareja que desea construir un matrimonio sobre una base bíblica sólida debe comprometerse a poner a Dios en el primer lugar en sus vidas. La preeminencia de Cristo en un matrimonio cristiano significa que Él ocupa el lugar de mayor importancia, autoridad y centralidad en la vida de ambos cónyuges y en su relación matrimonial. La palabra «preeminente» proviene del latín «praeeminentia» que significa «superioridad» o «dominio sobre todos».1 Afirmar que Cristo es preeminente en un matrimonio es decir que Él no solo es una parte importante de la relación, sino que es la prioridad, la guía suprema y la razón última por la que vive y se relaciona la pareja.

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El apóstol Pablo destacó la preeminencia de Jesús sobre todas las cosas con estas palabras: «Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él» (Col. 1:16, NBLA). Es crucial que Cristo sea la prioridad más importante en un matrimonio cristiano porque Él es el fundamento y la fuente de vida para toda relación verdaderamente transformada, gozosa y fructífera.

Cuando Cristo ocupa el lugar central en el matrimonio, la pareja abraza un propósito y una perspectiva eternos que van más allá de

1 Charlton T. Lewis, Diccionario latino (Oxford: University Press, 1879), falta añadir el número de página

Construyendo sobre la Roca

sus deseos, emociones y circunstancias cambiantes. En otras palabras, cuando nuestra relación vertical con Cristo está en el lugar correcto en nuestro corazón, nuestra relación horizontal con nuestro cónyuge podrá reflejar esa fortaleza. Nuestra relación conyugal reflejará, en gran medida, la realidad de nuestra relación espiritual.

El Señor Jesús enfatizó la importancia de tener una perspectiva correcta de nuestra relación con Él cuando dijo: «Pero busquen primero Su reino y Su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas» (Mt. 6:33, NBLA) Reitero que la preeminencia de Cristo tiene que ver con desarrollar de forma intencional e individual una comunión real con Dios por medio de Su Palabra y la oración. Algunos lo denominan tener una vida devocional que nos haga crecer y ponga en evidencia que somos creyentes que conocemos a Dios, lo amamos y lo obedecemos. Si Cristo es preeminente en nuestras vidas, entonces estaremos reflejando cada día que vivimos para Él.

Un matrimonio que refleja el evangelio está sostenido por Su gracia y es un testimonio vivo de Su amor redentor cuando los esposos viven con Cristo como su prioridad suprema. La preeminencia de Cristo asegura que el matrimonio no solo sobreviva a los desafíos, sino que prospere, fructifique y glorifique a Dios en todo. Debemos considerar que las dificultades que solemos enfrentar surgen de un vacío en nuestro corazón que aún no se ha rendido a Dios y ha declarado la preeminencia de Cristo. Si Jesús ocupa el primer lugar en nuestra vida, Él no solo suple nuestras necesidades espirituales, sino también las emocionales y nos llena con Su paz, amor, sabiduría y fortaleza para enfrentar las vicisitudes del matrimonio.

2. Propósito

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La construcción de un matrimonio sobre una base bíblica requiere que la pareja se comprometa a buscar su mayor satisfacción en Dios. El propósito real del matrimonio está íntimamente relacionado con la gloria de Dios.

Quizás te sorprendas con lo que voy a decir, pero el matrimonio es una unión diseñada para una mejor adoración a Dios. El propósito

Juntos y unidos

del matrimonio cristiano no es simplemente la felicidad temporal o la satisfacción personal de la pareja. Vuelvo a recordarte que el verdadero propósito del matrimonio es reflejar el evangelio, es decir, la relación entre Cristo y Su iglesia. El matrimonio se convierte en un testimonio vivo de la gracia, el amor y la fidelidad de Dios cuando la gloria de Cristo es el objetivo. El apóstol Pablo lo expresó de esta manera:

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«Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia» (Ef. 5:31-32).

En este sentido, la relación matrimonial no solo tiene significado y valor presente, sino que tiene el propósito eterno de glorificar a Dios y ser un reflejo visible del evangelio para el mundo. El propósito del matrimonio comienza en Dios y termina en Él. Exploraremos este concepto con mayor detalle en el tercer capítulo.

3. Prioridad

Una pareja debe comprometerse a dar prioridad a su matrimonio sobre cualquier otra relación humana si desea construirlo sobre una base bíblica. El establecimiento del orden de las relaciones en el matrimonio fue establecido por Dios mismo: «Por tanto, el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne» (Gn. 2:24). Podríamos decir que el matrimonio bíblico incluye tres pasos básicos: dejar, unirse y fundirse. Este pasaje revela que el matrimonio implica una relación nueva y profunda en la que ambos cónyuges llegan a ser «una sola carne». Este vínculo matrimonial trasciende cualquier otra relación humana, incluso la relación con los padres, que es la más profunda hasta antes de casarse, lo cual revela la prioridad que debe tener el cónyuge sobre cualquier otra persona. El matrimonio es una institución única

Construyendo sobre la Roca

diseñada por Dios y está destinado a ser el lazo más íntimo y cercano en la vida de una persona.

El esposo y la esposa tienen una relación profunda e íntima que está sobre cualquier otra relación externa y por eso deben priorizarse mutuamente, amándose y sacrificándose el uno por el otro. Los cónyuges que se priorizan mutuamente están modelando esta relación de amor sacrificial que Cristo mostró a Su iglesia y, por lo tanto, glorifica a Dios y fortalece el vínculo matrimonial.

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La prioridad mutua en el matrimonio es fundamental para alcanzar la unidad y la intimidad diseñada por Dios. Si una pareja se enfoca en hacer del otro su prioridad, entonces se fortalece el vínculo emocional, espiritual y físico. Cualquier otra relación — ya sea con amigos, padres, colegas, o incluso hijos — se antepone a la relación con el cónyuge, estas otras relaciones pueden crear distancias emocionales y espirituales que debilitan la relación. La priorización mutua hace que los esposos inviertan sus vidas en una unidad profunda y duradera que es esencial para mantener la intimidad saludable en el matrimonio.

La prioridad sobre otras relaciones en uno de los cónyuges puede hacer que surjan conflictos, resentimientos y tensiones. Por ejemplo, si un esposo da prioridad sobre su esposa a su trabajo, amistades o familia de origen, es probable que ella se sienta descuidada o desvalorizada. Este sentimiento negativo puede dar lugar a malentendidos y conflictos que deterioran la relación matrimonial. En cambio, cuando ambos cónyuges se dan mutuamente el lugar de prioridad, se crea un ambiente de seguridad y respeto, lo cual reduce la posibilidad de tensiones innecesarias y fomenta la armonía.

No puedo dejar de insistir en el mantenimiento de la debida prioridad a nuestro cónyuge porque es vital para mostrar el amor sacrificial que Dios demanda de nosotros. El mandato de las Escrituras es que los esposos amen a sus esposas como Cristo amó a la iglesia (Ef. 5:25), y que las esposas respeten y honren a sus esposos (Ef. 5:33). Este llamado al amor y respeto implica que los esposos deberán sacrificar otras prioridades para enfocarse en el bienestar de su pareja. No se puede amar y respetar

Juntos y unidos

completamente a un cónyuge si otras personas o actividades tienen un lugar de mayor importancia. Por lo tanto, priorizar al cónyuge es una forma práctica de cumplir con el mandato bíblico de amarlo y respetarlo.

Un matrimonio donde ambos cónyuges se priorizan mutuamente es un entorno donde florecen la confianza y la seguridad. Saber que el cónyuge es la persona más importante en la vida por encima de cualquier otra relación, provee una base sólida para el fortalecimiento de la confianza. Esta seguridad emocional es fundamental para el crecimiento de la relación y permite que los cónyuges se sientan seguros de compartir sus sentimientos, luchas y sueños. La falta de esta prioridad mutua hace más difícil que se desarrolle la confianza plena y pueden surgir inseguridades o celos. La prioridad del cónyuge protege la relación de cualquier distracción o influencia que pueda amenazar su unidad.

He visto con frecuencia en mi labor pastoral cómo, por ejemplo, la excesiva influencia de los padres puede generar conflictos en el matrimonio. Los suegros suelen intentar imponer sus gustos y preferencias, algo que crea una lucha de autoridad en la pareja. Recuerdo el caso de una pareja que buscó consejería porque la madre de la esposa insistía en supervisar por video la decoración de su sala… desde otro país. No solo daba sugerencias, sino que prácticamente daba órdenes sobre la disposición de los muebles y los colores. El problema surgió cuando el esposo mostró su desacuerdo ya que tenía otras preferencias. La tensión creció tanto que terminaron buscando ayuda pastoral. Finalmente, tuvimos que explicarle a la querida suegra que podía dar su opinión, pero que la decisión final le correspondía a la pareja.

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4. Paciencia

La edificación de un matrimonio sobre una base bíblica requiere del compromiso de la pareja a vivir en paciencia y humildad el uno con el otro. La paciencia bíblica se fundamenta en la confianza en el carácter y la soberanía de Dios y se define como la capacidad

Construyendo sobre la Roca

dada por Dios para soportar con firmeza y esperanza las pruebas, dificultades y retrasos, sin caer en la desesperación o la ira. La Biblia describe la paciencia como un fruto del Espíritu Santo y una virtud esencial para la vida cristiana (Gá. 5:22; Stg. 1:3-4). También se relaciona con la perseverancia en la fe y la espera confiada en las promesas de Dios (Ro. 8:25).

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La paciencia es una virtud esencial en el matrimonio porque refleja el carácter de Cristo y es fundamental para mantener la armonía, el amor y el respeto en la relación. Practicar la paciencia con el cónyuge no solo mejora la calidad del matrimonio, sino que también edifica espiritualmente a ambos. Si el matrimonio es la representación del amor de Cristo hacia Su iglesia, entonces sabemos que Cristo es increíblemente paciente con nosotros y muestra muchísima gracia y misericordia ante nuestras fallas y pecados. Practicar la paciencia con nuestro cónyuge refleja la gracia y el amor mostrado por Cristo en nuestras vidas. Pablo describe el amor como «paciente» (1 Co. 13:4). Si deseamos amar a nuestro cónyuge conforme al modelo de Cristo, entonces debemos ser pacientes ante sus imperfecciones y debilidades, así como Él mismo manifiesta paciencia con las nuestras (que son muchas).

La paciencia ayuda también en el fortalecimiento de un ambiente de seguridad y confianza en el que la pareja puede comunicarse con libertad. Un ambiente saturado de paciencia permite que los cónyuges se sientan libres de expresar sus pensamientos y emociones sin temor a ser meramente juzgados o recibir una reacción apresurada. La comunicación se fortalece porque ambas partes pueden escucharse mutuamente con serenidad, sin interrupciones ni actitudes defensivas. La exhortación de Santiago es muy pertinente: «Mis amados hermanos, quiero que entiendan lo siguiente: todos ustedes deben ser rápidos para escuchar, lentos para hablar y lentos para enojarse» (Stg. 1:19, NTV). Este consejo es para todo tipo de relaciones, pero es especialmente relevante en el contexto matrimonial, donde la paciencia es crucial para evitar conflictos innecesarios.

En consejería les digo a los cónyuges que hagan este ejercicio antes de caer en la impaciencia: «Cuenten regresivamente del 100 a 1 en alemán».

Juntos y unidos

Ellos se sorprenden y suelen responder que no saben el idioma. Entonces les digo con una sonrisa: «¡Esa es la idea! Mejor quédense callados».

La falta de paciencia nos hace caer fácilmente en la trampa del resentimiento y guardar rencor por las imperfecciones y fallas del cónyuge. Esto puede dañar profundamente la relación si se mantiene en el tiempo. La práctica de la paciencia nos enseña a soportar con amor las imperfecciones del otro, a no enojarnos rápidamente y a enfocarnos principalmente en las cualidades positivas de nuestro cónyuge. La siguiente exhortación de Pablo debemos memorizarla juntos y aplicarla cuando la paciencia parece faltar en nuestro matrimonio:

«Que vivan con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándose unos a otros en amor, esforzándose por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz» (Ef. 4:2-3).

No dejemos que el resentimiento y la amargura crezcan en el matrimonio y por eso la paciencia es clave para mantener la paz en el hogar. Basta la impaciencia de uno de los cónyuges para que las tensiones escalen rápidamente, dando lugar a discusiones, desacuerdos y frustración constante. Por el contrario, si practicamos la paciencia se desarmará la tensión del conflicto y se creará un ambiente de unidad. Pablo nos exhorta nuevamente a que nos esforcemos y «Si es posible, en cuanto de ustedes dependa, estén en paz con todos los hombres» (Ro. 12:18), mandato que incluye, definitivamente, a nuestro cónyuge. Practicar la paciencia ayuda a resolver conflictos de manera pacífica y a mantener la unidad dentro del matrimonio.

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Los cristianos estamos llamados a vivir conforme al Espíritu, es decir, permitiendo que Su obra en nosotros moldee nuestras acciones y actitudes, especialmente dentro del matrimonio. En este sentido, la práctica de la paciencia con nuestro cónyuge manifiesta el fruto del Espíritu en nuestra vida, lo cual trae gloria a Dios y bendición a nuestra relación matrimonial. La paciencia en el matrimonio es una

Construyendo sobre la Roca

señal de que estamos creciendo espiritualmente y siendo transformados por la obra del Espíritu en nosotros.

La paciencia es esencial en el proceso de crecimiento mutuo del matrimonio al buscar que cada cónyuge sea más como Cristo. La paciencia permite brindar espacio al otro para crecer y madurar a su propio ritmo. En lugar de apresurar cambios o de imponer expectativas inalcanzables, la paciencia nos permite ir juntos por el camino de la santificación y que cada uno siga su propio proceso de crecimiento espiritual. Nuestro cónyuge tiene la oportunidad de aprender, mejorar y acercarse más a Cristo cuando somos pacientes. Al mismo tiempo, también crecemos nosotros en humildad y mansedumbre.

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5. Pureza

Seguir el estándar de pureza de Dios es un requisito fundamental para construir un matrimonio sobre base bíblica. Practicar la pureza sexual en un matrimonio cristiano es fundamental para honrar a Dios, fortalecer la relación matrimonial y proteger la integridad espiritual de ambos cónyuges.

El matrimonio fue diseñado por Dios como una relación exclusiva en la que se debe disfrutar del don de la sexualidad. El «ser una sola carne» incluye la unión física, emocional y espiritual de la pareja en el matrimonio. La pureza sexual honra este diseño divino y asegura que la intimidad física se mantenga dentro del contexto para el cual Dios la creó, fortaleciendo el vínculo entre los esposos y glorificando a Dios en el proceso. La Biblia es clara en su enseñanza sobre la importancia de la pureza sexual:

«Sea el matrimonio honroso en todos, y el lecho matrimonial sin deshonra, porque a los inmorales y a los adúlteros los juzgará Dios» (Heb. 13:4).

Este mandato nos recuerda que la pureza sexual es una forma de mantener el matrimonio honroso y santo ante Dios. La impureza sexual, como la infidelidad o la inmoralidad sexual, contamina la

Juntos y unidos

relación, daña la confianza y deshonra el pacto matrimonial. Si ambos cónyuges se comprometen a mantenerse fieles el uno al otro y a cultivar una relación sexual pura, entonces se crea un ambiente de seguridad y respeto mutuo. La confianza es esencial en el matrimonio y la pureza sexual es clave para mantener esa confianza intacta. La infidelidad, por el contrario, destruye la confianza y crea una barrera emocional que podría ser muy difícil de superar.

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El apóstol Pablo exhorta a que «Huyan de la inmoralidad sexual» (1 Co. 6:18, NVI). Practicar la pureza sexual en el matrimonio ayuda a ambos cónyuges a resistir las tentaciones que pueden surgir en el mundo. El enemigo busca destruir matrimonios y una de las formas más comunes de hacerlo es a través de la inmoralidad sexual, ya sea física o mental (Mt. 5:28). La pureza sexual es una barrera de protección contra las tentaciones que pueden llevar al pecado y a la destrucción de la relación.

La pureza sexual es una manifestación del respeto mutuo porque demuestran que respetan el cuerpo y el alma del otro como dones preciosos de Dios. No ven al cónyuge como un objeto de placer desechable, sino como una persona creada a la imagen de Dios a la que deben amar, honrar y proteger. Al respetar la pureza sexual, los esposos honran y valoran mutuamente la dignidad que Dios les ha dado a cada uno.

«Porque esta es la voluntad de Dios: su santificación; es decir, que se abstengan de inmoralidad sexual; que cada uno de ustedes sepa cómo poseer su propio vaso en santificación y honor» (1 Ts. 4:3-4).

Quisiera insistir en un principio que debe quedar muy claro en la pareja: El matrimonio cristiano no es solo un contrato legal, sino un pacto sagrado ante Dios. La pureza sexual refuerza este pacto al reconocer que ambos cónyuges se han entregado el uno al otro en un compromiso exclusivo y sagrado. La infidelidad sexual, en cualquiera de sus formas, rompe ese pacto y trae devastadoras consecuencias emocionales y espirituales. Practicar la pureza sexual reafirma el

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pacto de fidelidad y compromiso que hicieron ante Dios, entre sí y delante de los testigos.

En una cultura que a menudo trivializa la sexualidad y promueve la infidelidad o la inmoralidad, un matrimonio cristiano que se mantiene fiel y puro en su relación sexual es un ejemplo de lo que significa vivir según los principios bíblicos. Esto no solo fortalece el testimonio de los cónyuges ante los demás, sino que también glorifica a Dios en una sociedad que necesita ver el poder transformador del evangelio en todas las áreas de la vida, incluyendo la sexualidad. Las parejas cristianas tenemos el gran desafío de cultivar la pureza de corazón. La intensidad del placer de la noche se siembra cuando se cultiva una mente y un corazón fiel durante el día.

6. Permanencia

Un matrimonio con una sólida base bíblica se construye sobre el fundamento del pacto de permanecer juntos y unidos. El compromiso de permanencia en un matrimonio cristiano es fundamental porque refleja la naturaleza duradera y sagrada del pacto matrimonial establecido por Dios.

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Un contrato puede romperse cuando una de las partes no cumple con sus obligaciones, pero el matrimonio cristiano es un pacto sagrado ante Dios. El profeta Malaquías describe el matrimonio como un pacto de fidelidad: «Y ustedes dicen: “¿Por qué?”. Porque el Señor ha sido testigo entre tú y la mujer de tu juventud, contra la cual has obrado deslealmente, aunque ella es tu compañera y la mujer de tu pacto» (Mal. 2:14). Este pacto no está basado en circunstancias o emociones pasajeras, sino en una promesa sincera y voluntaria de amor, fidelidad y permanencia ante Dios. Este compromiso refleja la seriedad y santidad del pacto matrimonial que no debería ser roto a la ligera.

Ya hemos visto que el matrimonio cristiano está diseñado para ser un reflejo del amor eterno de Cristo por Su iglesia. El apóstol Pablo enseña que el matrimonio es una representación del vínculo entre Cristo y la iglesia (Ef. 5:31-32). Cristo nunca abandona a Su iglesia, Su amor es constante, sacrificial y perdurable. Del mismo

Juntos y unidos

modo, los cónyuges deben comprometerse a permanecer juntos a lo largo de los desafíos y las dificultades que deberán enfrentar juntos. Un matrimonio que persevera refleja este amor inquebrantable y glorifica a Dios.

El compromiso de permanecer en el matrimonio, incluso cuando las circunstancias son difíciles, es un acto de obediencia a la voluntad de Dios. Jesús reafirmó esa permanencia cuando afirmó que el matrimonio es una relación que ha unido Dios mismo (Mt. 19:6). Los cónyuges deben confiar en que Dios es quien los ha unido y que Su gracia y poder es suficiente para sostener el matrimonio en los momentos difíciles. La permanencia, entonces, es una manifestación de confianza en el plan y la soberanía de Dios sobre la relación.

El matrimonio no solo impacta a los esposos, sino también a sus hijos y a las generaciones futuras. Un compromiso firme de permanencia por toda la vida fortalece la unidad familiar y crea un ambiente estable y seguro para el crecimiento de los hijos. Los niños, que crecen en un hogar con un matrimonio sólido, aprenden un modelo saludable de amor y compromiso que influirá en su desarrollo emocional y espiritual. Además, la decisión de permanecer juntos es un testimonio para la comunidad que refleja la belleza y estabilidad del diseño de Dios para la familia.

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En ese sentido, el divorcio es una ruptura del pacto matrimonial y no es parte del diseño original de Dios. Aunque en algunos casos extremos, como la infidelidad, la Biblia permite el divorcio (Mt. 19:9), la intención de Dios desde el principio es que el matrimonio sea una unión permanente hasta la muerte. Jesús dice que el divorcio fue permitido debido a la dureza de corazón de las personas, pero no fue así su diseño original (Mt. 19:8). Por lo tanto, la permanencia en el matrimonio es un reflejo del ideal de Dios para la relación matrimonial, donde ambos cónyuges están comprometidos a mantener el pacto a lo largo de toda la vida. El matrimonio permanece estable en las celebraciones del mes de diciembre y también desde enero a noviembre cuando haya momentos más desafiantes.

Construyendo sobre la Roca

7. Perseverancia

Un matrimonio construido sobre una base bíblica debe estar comprometido a aportar sus mayores esfuerzos para avanzar, cambiar y crecer. Ya hemos dicho que el matrimonio cristiano no es una relación temporal ni circunstancial, sino un pacto inquebrantable ante Dios. La pareja persevera en el matrimonio porque reconoce que ambos cónyuges se han comprometido no solo el uno con el otro, sino primeramente con Dios. La perseverancia es clave para mantener esta unión sagrada y en obediencia a Dios.

En cualquier relación es natural que surjan conflictos y el matrimonio no es la excepción. Estos conflictos no deben ser vistos como fracasos, sino como oportunidades para el crecimiento. Santiago nos anima a considerar con gozo los desafíos porque producen paciencia y perfeccionan nuestro carácter (Stg. 1:2-4). Una pareja comprometida a trabajar a través de sus diferencias y a buscar soluciones juntos invierte en su crecimiento personal y relacional. Este proceso fortalece su vínculo y les ayuda a desarrollarse individualmente y como pareja.

La perseverancia en el matrimonio es otro reflejo del carácter de Cristo. Pablo nos recuerda que, aunque éramos pecadores, Cristo demostró Su amor al morir por nosotros (Ro. 5:8). Su amor es constante y no busca simplemente pasar por alto nuestras fallas. Los cónyuges están llamados a imitar este amor al comprometerse a perseverar en su relación, incluso cuando enfrentan dificultades porque les permite demostrar un amor sacrificial que glorifica a Dios y edifica su matrimonio. Estas dos exhortaciones de la Biblia fortalecen nuestra perseverancia:

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«No nos cansemos de hacer el bien, pues a su tiempo, si no nos cansamos, segaremos» (Gá. 6:9).

«Porque ustedes tienen necesidad de paciencia, para que cuando hayan hecho la voluntad de Dios, obtengan la promesa» (Heb. 10:36).

Juntos y unidos

Enfrentar y superar juntos los desafíos del matrimonio cultiva la resiliencia en la pareja. Las dificultades no solo ponen a prueba la relación, sino que también proporcionan la oportunidad de desarrollar habilidades para manejar situaciones difíciles en el futuro. Enfrentar juntos las dificultades y buscar soluciones es clave para mantener una relación sana y duradera. La pareja que persevera a través de los desafíos aprende a confiar en Dios y en el otro. La relación se ve beneficiada cuando cada uno se esfuerza por convertirse en la mejor versión de sí mismo.

ORACIÓN

Padre celestial, reconocemos que nuestro matrimonio no está exento de pruebas y ataques y sabemos que solo en ti podemos encontrar la fortaleza para resistir.

Te pedimos que nos guardes y protejas de todo aquello que quiera debilitarnos, dividirnos o alejarnos de tu propósito.

Derrama sobre nosotros la sabiduría que necesitamos para tomar decisiones guiadas por tu verdad y enséñanos a depender de ti en cada circunstancia.

Que tu Palabra sea la luz que dirija nuestro camino y el fundamento sobre el cual edifiquemos nuestra relación, para que refleje tu amor y gloria.

En el nombre de Jesucristo. Amén.

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Esposos y amigos: La amistad que transforma el matrimonio

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La Universidad de Harvard hizo un estudio de desarrollo humano en 1938. George Vaillant, quien también fue director del estudio, detalla muchas de las conclusiones de esa investigación en un libro.2 Este fue uno de los estudios longitudinales más prolongados sobre el desarrollo humano. Comenzó a principios del siglo xx y sigue en marcha hasta hoy. Se centró primeramente en 724 hombres, pero incluyó después a 268 estudiantes de segundo año de la universidad como parte del grupo inicial. El objetivo principal del estudio era examinar el bienestar físico y emocional de los participantes a lo largo de sus vidas. Una de las conclusiones más destacadas del estudio es que las relaciones cercanas — como las amistades y las relaciones familiares — juegan un papel crucial en la felicidad y la salud a largo plazo. El estudio encontró que las personas que mantuvieron relaciones cercanas y de calidad vivieron vidas más largas, saludables y felices. Este estudio resaltó la importancia de las conexiones sociales, incluidas las amistades, para mantener una buena salud mental y física, subrayando que las relaciones sólidas protegen tanto el cuerpo como la mente. La conclusión central fue que la calidad de las relaciones

2 George E. Vaillant, Triunfos de la experiencia: Los hombres del estudio Grant de Harvard (Cambridge, MA: Belknap Press of Harvard University Press, 2012), falta página.

Juntos y unidos

es un predictor más confiable de la felicidad y el bienestar que otros factores como, por ejemplo, el éxito profesional o la riqueza.

Somos una generación que ha abrazado el individualismo y el aislamiento como una prioridad, pero los resultados son catastróficos. Es urgente que combatamos la tendencia natural al aislamiento a través del desarrollo intencional de verdaderos amigos. Quisiera que reflexionemos sobre la importancia de construir una verdadera amistad dentro del matrimonio.

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Solemos identificar la amistad contemporánea bajo cuatro diferentes categorías:

Amigos virtuales. Conocemos a alguien virtualmente a través de alguna red social y se aceptan como amigos. Algunas personas pueden tener miles de amigos virtuales. Sin embargo, este tipo de relación es superficial y no genera un vínculo real o significativo entre las personas. El problema es que uno puede tener mucha información sobre alguien sin ninguna profundidad real. Esas amistades se hacen con un clic y se deshacen también con un simple clic en el celular o el computador.

Amigos por interés. Se basa en lo que ambas partes pueden obtener de esa relación. Es un intercambio mutuo, en donde las personas se buscan por un beneficio: popularidad, conexiones, acceso etc. La amistad se acaba cuando finaliza el beneficio y se hace innecesaria la amistad. Es una relación que, al igual que un paraguas después de la lluvia, deja de ser necesaria y hasta se convierte en un estorbo.

Amigos estacionales. Son amistades relacionadas con alguna etapa de la vida: la infancia, la escuela, la universidad o el trabajo. Podríamos llegar a pensar que es un buen amigo para siempre, pero en realidad resultó ser un amigo para ese período de la vida. Aunque hay algunas excepciones y existen amistades que se han conservado en el tiempo, lo más común es que la mayoría de estas relaciones sólo funcionan en épocas específicas de nuestras vidas.

Estas tres categorías de amistad tienen bases muy ligeras y no permanecen en el tiempo como para librarnos del aislamiento. Por el contrario, necesitamos otro tipo de amistad que nos obligue a la

Esposos y amigos: La amistad que transforma el matrimonio

permanencia, al sacrificio y al crecimiento sin importar la etapa que vivamos. El maestro de sabiduría dice:

«El que vive aislado busca su propio deseo, contra todo consejo se encoleriza» (Pr. 18:1).

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La soledad no es buena compañera y desde el principio el Señor enfatizó que no hay nada bueno en vivir en solitario. Por lo tanto, necesitamos amistades que nos obliguen a salir de nosotros mismos y que nos ayuden a vivir en el gozo de cultivar un amor sacrificial.

Los verdaderos amigos:

Los amigos del pacto

Este es el tipo de amistad motivada en la Palabra de Dios y que tiene como principal fundamento nuestro amor por Dios y el llamado que nos hace a glorificarle con toda nuestra vida. Intentaré ilustrar esta categoría de amistad con la historia de David y Jonatán (1 S. 18:1-5).

Este pasaje describe el momento en que Jonatán, hijo del rey Saúl, establece una profunda amistad con David. Tras la victoria de David sobre Goliat, Jonatán lo acoge con un profundo amor fraternal que termina con el establecimiento de un pacto entre ambos. Es importante aclarar que algunos han intentado distorsionar esta historia para justificar prácticas homosexuales, pero esa interpretación no tiene fundamento bíblico. La relación entre David y Jonatán es un ejemplo de amistad genuina y piadosa que refleja el carácter de Dios, se basa en el amor fraternal, el respeto y la lealtad. Esta amistad presenta principios bíblicos profundos que son aplicables a las amistades cristianas y también a la relación entre cónyuges en un matrimonio cristiano.

«Y aconteció que cuando David acabó de hablar con Saúl, el alma de Jonatán quedó ligada al alma de David, y Jonatán lo amó como a sí mismo. Saúl tomó a David aquel día y no lo dejó volver a la casa de su padre. Entonces Jonatán hizo un

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pacto con David, porque lo amaba como a sí mismo. Jonatán se quitó el manto que llevaba puesto y se lo dio a David con sus ropas militares, incluyendo su espada, su arco y su cinturón. David salía adondequiera que Saúl le enviaba, y prosperaba. Saúl lo puso sobre hombres de guerra, y esto fue agradable a los ojos de todo el pueblo y también a los ojos de los siervos de Saúl» (1 S. 18:1-5).

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Es una historia preciosa que todos admiramos, pero la pregunta es ¿tienes amigos así? ¿Cómo luce una amistad en la actualidad?

Cinco características de una verdadera amistad

Una verdadera amistad conlleva sacrificio. Amar más profundamente demanda un amor más dispuesto al sacrificio. Jonatan realizó un gran sacrificio para mostrar amor a David porque, «se quitó el manto que llevaba puesto y se lo dio a David con sus ropas militares, incluyendo su espada, su arco y su cinturón» (v. 4). Jonatán le estaba entregando los símbolos de poder a poder. Él hijo del rey Saúl era el heredero natural del reino de Israel. Sin embargo, al quitarse su ropa real dejó en claro que no estaba compitiendo con David, sino celebrando su triunfo. El pacto que hizo con David implicaba un amor sacrificial que no buscaba su propio interés, hasta el punto de sacrificar su propio derecho al trono.

De la misma manera, el amor sacrificial debe ser la base de toda relación conyugal. Los esposos aman a sus esposas con el amor con que Cristo se entregó por la iglesia (Ef. 5:25). Este amor desinteresado es imprescindible para fortalecer el matrimonio.

Una verdadera amistad conlleva aceptación.

El verdadero amor crece al buscar la transformación del otro, pero también es cierto que ese amor nace en aceptar al otro tal y como es. La idea es que la aceptación precede al deseo de ayudar al otro.

Esposos y amigos: La amistad que transforma el matrimonio

Jonatan aceptó a David como amigo y su «alma de Jonatán quedó ligada al alma de David, y Jonatán lo amó como a sí mismo» (v. 1).

Tengo que reconocer que la diferencia entre estos dos personajes no podía ser mayor. Uno se educó en el palacio por ser hijo de un rey, mientras que el otro era simplemente un pastor de ovejas. Sería muy fácil imaginar las diferencias que había entre ellos en términos de educación, posición económica, gustos personales, estilos de vida, etc. Sin embargo, ellos se aceptaron y decidieron dar preferencia al carácter en vez de alejarse por las diferencias.

Jonatán hizo un pacto con David y lo aceptó completamente como su amigo. No se mostró superior ni tampoco demostró envidia o rencor, sino que lo aceptó y lo amó como a sí mismo. Una verdadera amistad requiere que el temor al rechazo sea vencido. El amor demanda vulnerabilidad en ambas partes. La amistad de pacto es basada en elección y dedicación. Es como si ellos hubieran dicho: «Yo elijo estar contigo». Ese tipo de amistad es ilustrada por el evangelio porque Jesús murió por gente diferente y despreciada como tú y como yo, y nos amó hasta dar su vida por nosotros.

La aceptación total del cónyuge es esencial en el matrimonio. Se aceptan no solo las fortalezas, sino también las debilidades del otro. Así se refleja el amor de Cristo, quien nos recibe como somos. La aceptación mutua genera un ambiente de seguridad, donde ambos cónyuges pueden sentirse amados y valorados tal como son, con sus virtudes y defectos. Aunque deseamos y trabajaremos para ver crecer a nuestro cónyuge, lo primero que debe quedar evidenciado es que la relación ha sido establecida sobre la base de una aceptación real.

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Una verdadera amistad conlleva admiración. La amistad se fortalece con la admiración. Jonatán admiró grandemente a David y lo amó como a sí mismo (v. 3). Esta conexión profunda surge de una admiración genuina por la valentía, integridad y carácter de David. Jonatán fue testigo de cómo David había manifestado su confianza en Dios y había derrotado a Goliat. Sin duda, sintió una profunda admiración por su fe y valentía.

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La admiración también es clave en una relación matrimonial. Los esposos deben reconocer y valorar las cualidades únicas de su pareja. Esta admiración mutua genera respeto y fomenta una relación auténtica. Cuando un esposo o esposa admira las virtudes y los dones que Dios ha dado a su cónyuge, se fortalece el vínculo de amor y aumenta el aprecio mutuo.

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Creo que la admiración es una gran carencia en muchas relaciones. En consejería les pido con cierta frecuencia a las parejas que hagan el ejercicio de escribir veinticinco cosas que admira de su cónyuge y veinticinco aspectos que cree que su pareja debería mejorar. Es común que alguien diga cuando comparten sus respuestas: «Para las cosas que mi cónyuge debe cambiar pude escribir cincuenta, pero apenas logré anotar cinco de las cosas que admiro. Pensé mucho, pero no se me ocurrió nada más». Aprovecho la oportunidad para que vean que parte del problema es la falta de percepción para reconocer las virtudes del otro. Eso impide que surja la admiración mutua en la relación.

Una verdadera amistad conlleva lealtad y confianza.

La amistad florece en el terreno de la mutua lealtad y confianza. El libro de Samuel narra la manera en que Jonatan protegió a David de la amenaza de muerte de Saúl:

«Saúl les dijo a su hijo Jonatán y a todos sus siervos que dieran muerte a David; pero Jonatán, hijo de Saúl, apreciaba grandemente a David. Así que Jonatán le avisó a David: “Saúl mi padre procura matarte. Ahora pues, te ruego que estés alerta por la mañana, y permanezcas en un lugar secreto y te escondas. Yo saldré y me pondré al lado de mi padre en el campo donde tú te encuentres, y hablaré con mi padre de ti. Si descubro algo, te avisaré”» (1 S. 19:1-3).

Jonatán mostró su lealtad a David aun cuando este se convertiría en el rey que sucedería a su padre. De la misma manera, los cónyuges

Esposos y amigos: La amistad que transforma el matrimonio

deben ser leales entre sí. Así como Jonatán fue fiel a David, incluso a costa de su propio beneficio, los esposos deben ser fieles y leales a pesar de las pruebas o dificultades, protegiendo la unidad de su relación.

Es bueno aclarar el alcance de la lealtad porque implica básicamente el cumplimiento de las promesas y compromisos que los cónyuges se han hecho durante la boda y a lo largo del matrimonio. Esto significa mantenerse fiel siempre a los votos matrimoniales, aun cuando las circunstancias sean difíciles o fluctúen las emociones. La lealtad crea un ambiente de seguridad donde ambos cónyuges pueden confiar en el otro porque saben que harán todo su esfuerzo para no romper ese pacto.

Un aspecto clave de la lealtad es el apoyo constante y sincero en todo momento. Esto significa no solo estar presente en los buenos momentos, sino también en los tiempos difíciles. Esa actitud es fundamental en toda amistad verdadera, incluida la de los cónyuges: «En todo tiempo ama el amigo, y el hermano nace para tiempo de angustia» (Pr. 17:17). Ser leal en el matrimonio implica que cada cónyuge es el apoyo principal del otro, celebrando las alegrías de cada uno como si fueran propias, brindando ánimo y fuerza en los momentos de necesidad y sin abandonar ni distanciarse cuando las cosas se ponen difíciles.

Una verdadera amistad conlleva disfrute.

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La amistad que florece continuamente es la que se disfruta mutuamente. Leemos que Jonatán se complació en la amistad con David, «porque lo amaba como a sí mismo» (1 S. 18:3). Hablando de la relación entre el disfrute mutuo y la amistad, el autor de Proverbios dice: «El perfume y el incienso alegran el corazón, y el dulce consejo de un amigo es mejor que la confianza propia» (Pr. 27:9, NTV).

Jonatán disfrutaba de la compañía de David y, como símbolo de este disfrute, le entregó sus vestiduras reales —su espada, arco y cinturón—, lo que también podría simbolizar el gozo de compartir lo que era realmente importante para él. Esta acción demuestra el gozo que Jonatán encontraba en la relación con David y mostraba

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que esta amistad era valiosa y significativa. Los cónyuges deben aprender a disfrutar la compañía del otro. El disfrute se manifiesta en los momentos de intimidad, en la alegría compartida, en los pequeños gestos de amor y en las actividades cotidianas compartidas que refuerzan el lazo matrimonial. Disfrutar de la compañía del cónyuge no solo genera felicidad, sino que refuerza la amistad y el compañerismo en la relación.

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Los matrimonios cristianos no solo se fortalecen al cultivar todos estos principios, sino que también reflejan el amor y la gracia de Dios en la relación conyugal, demostrando cómo una verdadera amistad bíblica en el matrimonio glorifica a Dios. Me gusta ilustrar qué es una relación matrimonial comparándola con la dinámica de la funcionalidad de una casa. En una vivienda tenemos varios espacios que cumplen diversos propósitos. La habitación de los niños refleja la edad de los hijos y nuestro enfoque en la crianza y la paternidad. También está la habitación conyugal que refleja el lugar privado y de más intimidad de la pareja. Luego están los otros espacios compartidos como la cocina, probablemente el lugar más abierto y dinámico donde se cultiva la relación familiar. La cocina es el ambiente de amistad, confraternidad y trabajo, donde la comida es preparada y disfrutada. Es un lugar de comunión, conversación y amor. Es el corazón de la casa para muchos. La amistad se cultiva en la cocina de la relación y representa el tipo de vínculo que he buscado describir aquí y que se convierte en el corazón del pacto matrimonial con el paso del tiempo.

Uso de la palabra amor en la Biblia

En sentido general, podemos decir que la Biblia emplea tres palabras en el idioma original griego para describir el sentido del amor: eros, philia y ágape. A continuación, examinaremos no solo su significado teológico, sino también cómo estos amores interactúan en la vida diaria de una pareja. Cada tipo de amor, aunque distinto, complementa al otro y ayuda a construir una relación matrimonial que glorifica a Dios.

Esposos y amigos: La amistad que transforma el matrimonio

Eros: El amor romántico y sexual

Este término describe al amor dentro de la atracción física y el deseo sexual. Aunque el Nuevo Testamento no utiliza explícitamente la palabra eros, el concepto está implícito en textos que tratan del amor entre esposos, como en el libro de Cantares y los principios de unidad marital que aparecen en las epístolas. En Cantares encontramos esta declaración: «¡Que me bese con los besos de su boca! Porque mejores son tus amores que el vino» (1:2). Esta frase expresa claramente el deseo romántico y físico en una pareja. Aunque este amor puede parecer más terrenal que espiritual, la Biblia lo presenta como algo que, dentro del contexto del matrimonio, es bueno y diseñado por Dios. Es el amor que experimenta una pareja que ha hecho un pacto de fidelidad y que puede decir el uno del otro: «Yo soy de mi amado, y mi amado es mío» (6:3a).

Estamos hablando del amor romántico y sensual hacia el cónyuge que es deseado de una manera poderosa y misteriosa. El amor eros nace de la necesidad de otra persona con la que llegamos a ser uno. Se extiende solo hacia una persona particular y no a todo el mundo en general. Este amor encuentra a una persona única y especial a quien se desea profundamente.

Ágape: El amor sacrificial

Es la palabra que describe el amor divino y más elevado. Representa el amor que Dios tiene hacia la humanidad y que los creyentes deben tener entre sí. El apóstol Pablo describe este tipo de amor: «El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia... todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Co. 13:4-7).

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Este conjunto de palabras describe perfectamente el amor ágape. Es notable que no está basado en sentimientos fluctuantes, sino en una decisión continua de poner al otro primero.

Ya he reiterado en múltiples ocasiones que el apóstol Pablo enseña que el esposo debe amar a su esposa como Cristo amó a la Iglesia, reflejando el amor ágape, un amor sacrificial que da sin esperar recibir (Ef. 5:25). Este amor es el que más profundamente refleja

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el carácter de Dios en el matrimonio, porque amar de esa manera permite superar pruebas y desafíos. Ágape es un amor inmerecido y desinteresado, como el que Jesucristo manifestó al lavar los pies de Sus discípulos. Es un amor divino y sobrenatural, pero que Dios nos llama a imitar porque, «… el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado» (Ro. 5:5).

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Philia: El amor de amistad

Este tipo de amor es el que se manifiesta entre amigos. En el matrimonio es vital este tipo de amor porque los esposos deben ser amigos cercanos que no solo comparten una vida en común, sino también intereses, pasiones y apoyo emocional. Jesús describe este amor con las siguientes palabras: «Nadie tiene un amor mayor que este: que uno dé su vida por sus amigos» (Jn. 15:13). Esa es la profundidad que el Señor espera de este tipo de amor. Esta relación de amistad en el matrimonio es clave para construir confianza y compañerismo, tal como se enfatiza en Proverbios: «En todo tiempo ama el amigo, y un hermano nace para tiempo de angustia» (Pr. 17:17).

Estamos hablando del amor de compañerismo y afectos. Es la bondad que manifestamos hacia un amigo, el deleite que sentimos al estar con alguien a quien apreciamos. Este tipo de amor opera entre el eros y el ágape. La relación de amistad entre los esposos les permite enfrentar las dificultades juntos, fortalece los lazos del matrimonio y permite que ambos sean una fuente de consuelo y apoyo mutuo.

Integración de los tres tipos de amor

La integración de estos tres tipos de amor es el verdadero desafío y también la bendición en el matrimonio cristiano. Ninguno es suficiente por sí solo, pero juntos forman una relación equilibrada y saludable. Es cierto que estos tres tipos de amor difieren significativamente porque el eros se extiende de manera exclusiva a una persona y el ágape se extiende a todo aquel que tenga necesidad. Finalmente, el philia se extiende a un grupo mayor de amigos.

Esposos y amigos: La amistad que transforma el matrimonio

Uno de los aspectos más impresionantes es entender que la relación matrimonial es la única institución en la cual dos personas exclusivas pueden practicar los tres tipos de amor y brinda la oportunidad de desarrollar el amor en su máxima expresión. La combinación de eros, ágape, y philia crea una relación matrimonial que glorifica a Dios, donde los esposos no solo se desean físicamente, sino que también se sacrifican y apoyan mutuamente como amigos cercanos.

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Es importante entender que el amor eros, aunque es tan importante como los demás, debe estar subordinado al amor ágape y philia para no degenerar en egoísmo o en algo puramente pasional sin base espiritual. Por otro lado, el ágape es el cimiento firme sobre el cual se edifica un matrimonio que perdura, porque enseña a los esposos a amar como Cristo al poner siempre al otro primero y reflejando el amor de Dios. Sin embargo, un matrimonio que glorifica a Dios no se limita al eros o al ágape, sino que también fomenta una profunda amistad.

La realidad del amor en la primera pareja del Génesis.

El libro del Génesis nos permite aprender de la dinámica del amor en la primera pareja humana. La narrativa se enfoca en dos ángulos diferentes al describir la relación de Adán y Eva. El énfasis es la relación lado a lado:

«Dios creó al hombre a imagen Suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Dios los bendijo y les dijo: “Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Ejerzan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra”» (Gn. 1:27-28).

Adán y Eva reflejaban en su trabajo la imagen de Dios. El Dios soberano pone las reglas del gobierno del mundo creado y delega la administración de lo creado a la humanidad. El hombre y la mujer

Juntos y unidos

trabajan juntos, lado a lado, como socios para gobernar esa tierra pródiga y fructífera. En contraste, el énfasis en el capítulo siguiente es la relación cara a cara:

«El hombre puso nombre a todo ganado y a las aves del cielo y a todo animal del campo, pero para Adán no se encontró una ayuda que fuera adecuada para él. Entonces el Señor Dios hizo caer un sueño profundo sobre el hombre, y este se durmió. Y Dios tomó una de sus costillas, y cerró la carne en ese lugar. De la costilla que el Señor Dios había tomado del hombre, formó una mujer y la trajo al hombre. Y el hombre dijo:

“Esta es ahora hueso de mis huesos, Y carne de mi carne.

Ella será llamada mujer,

Porque del hombre fue tomada”.

Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne» (Gn. 2:20-24).

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La mujer es la ayuda idónea del hombre porque es su propia carne. El varón se regocija en su presencia y se siente completo al unirse a ella. Se trata de una relación especial y única que inyecta un toque especial en el matrimonio. Es una relación que incluye dejar, unirse y fundirse. Es muy fácil para las parejas casadas perder la visión de la relación cara a cara del matrimonio. El paso del tiempo, las presiones de la vida, el trabajo, los niños y otras actividades, circunstancias y rutinas nos empujan a desarrollar una relación más lado a lado que cara a cara. La relación se vuelve fría, monótona y de pocas sorpresas sin este balance. Por lo tanto, se hace necesario entender, desarrollar y mantener una relación donde ambos aspectos mantengan su espacio y para lograrlo necesitamos la ayuda de Dios.

Esposos y amigos: La amistad que transforma el matrimonio

Algunas aplicaciones prácticas

El amor eros es una bendición que debe ser disfrutada mutuamente entre los esposos. Ambos deben esforzarse por mantener viva la chispa del deseo y la atracción física, pero siempre dentro de los parámetros de respeto y exclusividad. Es necesario presentar una nota de precaución en este momento. La cultura moderna tiende a idolatrar el eros y eso puede llevar a una visión distorsionada del amor. Aunque el deseo físico es importante, los cónyuges cristianos deben recordar que no debe ser el pilar fundamental de su relación.

Un matrimonio glorifica a Dios cuando los esposos están dispuestos a sacrificarse por el bienestar del otro al no buscar solo sus propios intereses. Esta actitud se demuestra desde la toma de decisiones pequeñas del día a día, como, por ejemplo, ceder en una discusión, hasta grandes sacrificios por el bienestar del cónyuge. Las emociones fluctuantes pueden hacer que no se sienta el amor hacia el cónyuge en algún momento, pero el ágape no depende de las emociones, sino de la voluntad de amar, incluso en medio de los tiempos difíciles.

La amistad en el matrimonio no debería ser un lujo, sino una necesidad sagrada, un reflejo del amor de Cristo por Su iglesia. El compañerismo matrimonial sincero fortalece la relación en los días de alegría y sostiene en los tiempos de prueba. Cuando los esposos deciden cultivar esta amistad intencionalmente con sacrificio y gracia, estarán cimentando su unión sobre un fundamento sólido que resistirá las tormentas de la vida y crecerá en belleza a través del tiempo. En un mundo donde tantas relaciones se debilitan por la distancia emocional, cada matrimonio cristiano debe decidir abrazar el llamado divino a ser los mejores amigos.

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Los esposos deben cultivar actividades y hobbies en común para fortalecer su amistad y fomentar la intimidad emocional en el matrimonio. La comunicación abierta y el apoyo mutuo, tanto emocional como espiritual, son esenciales en tiempos de crisis. Es crucial equilibrar la intimidad física (eros), el amor sacrificial (ágape) y la amistad emocional (philia), sin descuidar ninguno de estos aspectos.

Juntos y unidos

La oración en pareja es una disciplina clave para fortalecer estos vínculos. Un matrimonio que integra estos tres tipos de amor glorifica a Dios y refleja Su amor por la Iglesia.

ORACIÓN

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Señor, te pedimos que nos ayudes a crecer en una verdadera amistad dentro de nuestro matrimonio.

Que en nuestra relación abunden el sacrificio, la aceptación, la admiración, la confianza y el disfrute mutuo.

Fortalécenos cada día para complementarnos mejor y ser un equipo unido frente a los desafíos que enfrentamos.

Que nuestro amor refleje tu gracia y sea un testimonio de tu fidelidad.

En el nombre de Jesucristo. Amén.

El matrimonio: Más que amor, un próposito

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En el capítulo anterior establecimos los parámetros de un matrimonio bíblico y la importancia de la amistad en la pareja. Ahora nos enfocaremos en el propósito del matrimonio porque su comprensión es crucial para vivir de manera correcta nuestro matrimonio. Solemos enfocarnos en el «qué» y el «cómo», pero es aún más esencial entender el «por qué» y el «para qué». No basta con saber qué es el matrimonio y cómo funciona, sino que debemos comprender la razón y el objetivo detrás de su diseño divino. El matrimonio bíblico tiene un propósito que trasciende lo cotidiano y apunta a la gloria de Dios. La comprensión de este propósito eterno ayuda a las parejas a vivir de una manera que honra a Dios en todas las áreas de su vida conyugal.

Este capítulo nos permitirá adentrarnos en las preguntas fundamentales que todo matrimonio debe considerar:

¿Cuál es la razón de nuestra unión?

¿Por qué deberíamos casarnos?

¿Qué propósito tuvo Dios al establecer el matrimonio?

A través de las respuestas a estas preguntas descubriremos el significado profundo de esta sagrada institución establecida por Dios con un propósito definido.

Juntos y unidos

El matrimonio existe para reflejar la relación de Cristo y la iglesia

El apóstol Pablo utiliza la historia de la creación para edificar su entendimiento sobre el matrimonio. Él cita a Génesis cuando dice: «Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia» (Ef. 5:31-32, ver Gn. 2:24). El apóstol enfatiza que el matrimonio no es solo una institución social, sino un reflejo profundo de una realidad espiritual más grande. Dios diseñó desde el principio al matrimonio como una representación tangible del evangelio, donde el esposo simboliza a Cristo y la esposa a la iglesia. Este diseño divino particular nos ayuda a comprender cómo es la relación entre Cristo y Su pueblo, algo que de otra manera podría parecernos demasiado abstracto o teórico.

Dios nos concede imágenes visibles para entender verdades espirituales profundas. Así como el esposo es llamado a amar a su esposa con un amor sacrificial, reflejando el amor de Cristo por la iglesia, la esposa ilustra la sumisión respetuosa y el apoyo al liderazgo de su esposo, tal como la iglesia sigue a Cristo. Este dinamismo relacional no solo glorifica a Dios, sino que también es un testimonio vivo del amor redentor de Cristo para los observadores externos. De hecho, alguien que nunca ha ido a una iglesia o leído la Biblia puede observar un matrimonio cristiano fiel al diseño divino y entender cómo es la relación entre Cristo y la iglesia.

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El pastor John Piper lo expresa muy claramente: «El matrimonio es la presentación más clara del evangelio. Es un espejo de la relación redentora entre Cristo y su pueblo».3 En términos más sencillos, el matrimonio cristiano es una exhibición de la gracia de Dios. Así como Cristo protege, salva, dirige y sostiene a su iglesia, el matrimonio debe reflejar esa realidad. Dios nos ha mostrado en Cristo

3 John Piper, Pacto matrimonial: Perspectiva temporal y eterna (IL: Tyndale House Publishers, 2009), 7.

El matrimonio: Más que amor, un próposito

la grandeza de Su gracia. Dios nos ama con un amor constante e inmutable que no depende de nuestros méritos ni de nuestras fallas. No nos amó más ayer que hoy, ni nos amará más mañana, porque Su amor es perfecto y eterno. La cruz nos revela que no hay pecado tan grande que no pueda cubrir la gracia de Dios. Muchos teólogos enfatizan el poder de esta gracia y la llaman «escandalosa» porque, a pesar de nuestra pecaminosidad, Dios nos ama con un amor que no se basa en lo que hacemos, sino en lo que Cristo ha hecho por nosotros. Si el matrimonio existe para reflejar esta relación entre Cristo y la iglesia, surge una pregunta crucial: ¿estamos reflejando la gracia del evangelio en nuestro matrimonio? ¿Nuestra relación se caracteriza más por la gracia o por la crítica constante? Aquí nos enfrentamos a un problema común porque estamos entrenados para ver las fallas del otro con mucha facilidad. Nos enfocamos más en lo que nuestro cónyuge no hace bien en lugar de reconocer sus virtudes. Sin embargo, debido al propósito divino del matrimonio, lo que realmente necesitamos es aprender a cultivar una cultura de gracia. Necesitamos más bondad, más ternura, más gratitud y perdón en nuestra relación. Si el matrimonio es un reflejo de Cristo y la iglesia, entonces debería ser una expresión visible del amor y la misericordia de Dios.

Un matrimonio centrado en el evangelio es aquel donde se practica el perdón de forma abundante, donde se extiende gracia cuando el cónyuge falla, donde el esposo ama sacrificialmente y la esposa responde con respeto y apoyo constante. Es una relación en la que ambos cónyuges reflejan la gracia transformadora de Dios y modelan el amor redentor de Cristo. En última instancia, el matrimonio no es solo para nuestra felicidad, sino para mostrar al mundo la gloria de Dios y el poder del evangelio.

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Dios diseñó el matrimonio como un medio de santificación

La santificación es el proceso progresivo en el que Dios moldea al creyente a la imagen de Cristo. Así como un escultor trabaja con un bloque de barro hasta formar una obra de arte, Dios trabaja en

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nuestras vidas para conformarnos a Su justicia. No podemos permanecer en el mismo estado espiritual por años, sino que debe haber un crecimiento real y medible. Cada año debemos preguntarnos si estamos realmente creciendo en la fe. La santificación es evidencia de la obra transformadora del Espíritu Santo en nosotros y en nuestro matrimonio.

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El matrimonio es una institución divina diseñada para nuestra santificación personal. Pablo dice que Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella para santificarla (Ef. 5:26). La esposa debería florecer espiritualmente bajo el liderazgo del esposo. Ambos cónyuges deben crecer juntos, pues el matrimonio es una herramienta de Dios para santificarlos y moldearlos a Su imagen. Los esposos son instrumentos de bendición mutua en la relación matrimonial. La corrección amorosa y el apoyo mutuo ayudan a mejorar el carácter, la convivencia y el testimonio cristiano. Dios nos desafía a crecer en el matrimonio y ser mejores en todas las áreas de la vida, convirtiéndolo en una bendición transformadora porque, repito, es un medio divino de santificación en el que los cónyuges se ayudan mutuamente a crecer en la gracia de Dios. La convivencia revela el carácter y las imperfecciones de cada uno, pero no para criticarlas, sino para encontrar oportunidades constantes para enfrentarlas juntos, cambiarlas y lograr el crecimiento espiritual. Como dice Gary Thomas: «El matrimonio no fue diseñado para hacerte más feliz, sino para hacerte más santo».4

La importancia del perdón en el matrimonio

Los conflictos son inevitables porque el matrimonio une a dos pecadores, pero estos desafíos brindan oportunidades para practicar el perdón y la reconciliación, reflejando así el evangelio. Nuestra mayor necesidad no es diversión, sino santificación. Muchas veces los problemas en el matrimonio son producto del egoísmo, donde cada uno

4 Gary Thomas, Matrimonio sagrado: ¿Qué tal si Dios diseñó el matrimonio para hacernos santos más que felices? (Grand Rapids: Editorial Vida, 2011), 21.

El matrimonio: Más que amor, un próposito

busca su propio bienestar en lugar de entregarse por el otro. Cada dificultad en la relación es una oportunidad para morir al yo y vivir para la gloria de Dios.

Una clave en este proceso de santificación es cultivar una cultura de gracia al desarrollar la capacidad de dar y recibir perdón en el matrimonio. Pedir perdón debe ser una práctica continua, pues diariamente nos ofendemos. Crecer en santidad implica hacer del perdón y la reconciliación una parte esencial de la relación matrimonial. El perdón es esencial en el proceso de santificación. Contrario a la creencia de que «el tiempo lo cura todo», muchas heridas permanecen abiertas y sin sanar porque no se ha comprendido el poder sanador y santificador del perdón. Lo más sorprendente es que el mayor beneficiado es quien otorga el perdón, no quien lo recibe, ya que la alternativa es vivir lleno de amargura. Como mencioné en Transformados a Su imagen, «El perdón sella una resolución que deja atrás un pasado de dolor y amargura, y nos lleva a un nuevo disfrute de gozo en Dios por medio de Jesús».5

El perdón no se basa en ningún tipo de merecimiento porque si fuera por mérito, se trataría de un pago y no un regalo. Dios nos manda a perdonar porque es lo correcto y es lo que ha hecho Dios por nosotros de manera abundante (Ef. 4:32). Además, la falta de perdón solo envenena el alma, como bien dice el dicho popular anónimo «la amargura es como un veneno que tú bebes esperando que el otro muera».6

Dios diseñó el matrimonio como un medio para procrear

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En primer lugar, permítanme dejar una nota de balance. Dios es soberano en el tema de la procreación y, por lo tanto, no todas las parejas podrán tener hijos. Esto no significa que ese matrimonio sea menos

5 Miguel Núñez y Luis Méndez, Transformados a Su imagen (Nashville: B&H Español, 2023), 115.

6 Fuente anónima.

Juntos y unidos

significativo o que estén fuera de la voluntad de Dios. La infertilidad, en algunos casos, tiene propósitos que solo Dios conoce. Un testimonio de una pareja cristiana que buscó ayuda médica en Europa ilustra esta verdad. Después de muchos intentos y explorando toda la ayuda posible, viajaron a otro país para una cita con un médico especialista muy reconocido. Ellos confesaron con vergüenza que fue ese médico incrédulo quien les recordó que, en última instancia, todo depende de la voluntad de Dios. La soberanía de Dios rige sobre todo y no hay un solo detalle que esté fuera de Su control y providencia. La procreación es parte del propósito de Dios para el matrimonio, a menos que en Su soberanía determine lo contrario. Dios es soberano en dar Sus bendiciones y hay quienes que, por razones médicas u otras circunstancias, no pueden tenerlos. Sin embargo, cuando no hay tales obstáculos, el deseo de la pareja debe ser honrar a Dios a través de la procreación.

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Dios bendice a la humanidad con el mandato de ser fecundos y multiplicarse (Gn. 1:28). Este diseño divino muestra que los hijos no solo son una bendición, sino también un medio por el cual Dios extiende Su plan sobre la tierra. Esta bendición y mandato no ha caducado. Sin embargo, cada vez es más común que algunas parejas eviten tener hijos por comodidad o interés personal. Esta decisión está creando grandes crisis poblacionales en algunos países que ven escasas sus posibilidades de sobrevivencia en el futuro. La procreación dentro del matrimonio no es solo un privilegio, sino una responsabilidad que refleja la intención original de Dios para la familia. El salmista afirma que los hijos son un regalo y una recompensa de Dios (Sal. 127:3). Sin embargo, más allá de ser una bendición, la paternidad conlleva un llamado a la crianza piadosa responsable. Dios nos encomienda la tarea de instruir a nuestros hijos en la verdad del evangelio y guiarlos en el temor del Señor. La responsabilidad de los padres no solo es proveer para sus necesidades materiales, sino formarlos en carácter y en fe. Aunque la crianza puede ser desafiante, es una labor de gran impacto en la expansión del reino de Dios. Los hijos no solo perpetúan la vida, sino que son instrumentos a través de los cuales Dios obrará en las generaciones futuras. La paternidad

El matrimonio: Más que amor, un próposito

cristiana debe verse como una oportunidad para formar en los hijos valores y principios que los guíen a una vida que glorifique a Dios y así modelar el amor y la gracia del Señor.

Los padres son bendecidos con la capacidad de procrear, pero junto con esa bendición viene el llamado a orar por la transformación divina de sus corazones mientras los discipulan y los exponen a la Palabra de Dios. Moisés enseña que la instrucción bíblica debe ser continua y natural en la vida diaria, no limitada a momentos específicos, sino integrada en cada aspecto de la crianza (Dt. 6:6-7). Su efectividad dependerá de que los padres vivan lo que enseñan, modelen una fe genuina y consistente. Nunca se podrá transmitir aquello que no se ha internalizado en la propia vida. Paul Tripp destaca que los padres son embajadores de Dios en la vida de sus hijos al reflejar Su carácter y guiarlos a la salvación.7

Quisiera reiterar que esta labor no es opcional, sino parte del diseño divino para la familia. Sin embargo, la paternidad es vista como una carga más que como una bendición en muchas sociedades modernas. La baja tasa de natalidad en países desarrollados refleja una mentalidad que prioriza la comodidad sobre la responsabilidad de criar hijos. Si bien la planificación familiar es importante y requiere sabiduría, el propósito del matrimonio no es la comodidad, sino glorificar a Dios. Tener hijos implica sacrificio, pero es una oportunidad para formar nuevas generaciones en el temor del Señor.

La procreación, lejos de ser solo una opción personal, cumple un propósito divino al contribuir al crecimiento del reino de Dios y al fortalecimiento de la iglesia. Por lo tanto, el matrimonio no solo es una unión para el disfrute personal, sino un medio para reflejar la gloria de Dios en la formación de nuevas vidas que honren al Señor.

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7 Paul David Tripp, La crianza de los hijos: 14 principios del evangelio que pueden cambiar tu familia (Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia, 2017), falta la página.

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Dios diseñó el matrimonio como un medio de complementación

Dios declaró desde el principio que la soledad del hombre no era buena, por lo que creó a la mujer como una compañera idónea para él (Gn. 2:18). El matrimonio es el contexto en el que se experimenta un compañerismo íntimo y una ayuda mutua genuina. Los esposos han sido diseñados para complementarse, no solo a través de sus diferencias, sino también en sus similitudes. Esta complementación no se limita a lo práctico, sino que abarca lo emocional y espiritual.

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Dios diseñó todo con infinita sabiduría y sin errores. Observo mi matrimonio y me asombra ver cómo Dios le dio a mi «morena» fortalezas que yo simplemente no tengo. Por ejemplo, yo puedo manejarme bien en un ambiente social, pero ella es extremadamente relacional en otro nivel. Más energía parece tener mientras más gente tiene a su alrededor. Por el contrario, yo tengo un límite y llega un punto en que necesito un respiro y hasta descubro que mi propia sombra me parece demasiada compañía. Por otro lado, la planificación es más lo mío. Mi formación en ingeniería me ha dado una mentalidad estructurada. Durante los viajes (que son muy frecuentes) entro en acción. Mi morena, en cambio, se enfoca en las maletas. Ella es arquitecta y tiene un talento especial para combinar colores y asegurarse de que viajemos bien vestidos. Mientras ella decide qué outfits combina con qué zapatos, yo me aseguro de que tengamos boletos de avión, un auto arrendado, las tarjetas de crédito en la billetera y que esté bien reservado un lugar para dormir. Gracias a ella no ando vestido como un desastre y, gracias a mí, no terminamos durmiendo en el aeropuerto.

Los cónyuges comparten tanto las cargas como las alegrías de la vida, brindándose consuelo, ánimo y apoyo constante. Este compañerismo refleja la comunión perfecta de la Trinidad, donde existe unidad y amor inquebrantable. Como señala Tim Keller: «El matrimonio es la mayor amistad. Es un compañerismo donde las alegrías se multiplican

El matrimonio: Más que amor, un próposito

y las tristezas se dividen».8 Para fortalecer esta amistad complementaria, los esposos deben cultivar de forma intencional el compañerismo dedicándose tiempo de calidad, estableciendo metas en común y apoyándose mutuamente en las dificultades. La clave para el crecimiento en la relación matrimonial radica en la capacidad de trabajar juntos como un equipo, complementándose en lugar de competir entre sí.

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La clave para el crecimiento en la relación matrimonial radica en la capacidad de trabajar juntos como un equipo, complementándose en lugar de competir entre sí.

Dios diseñó el matrimonio como un medio de protección contra la tentación

Dios ha diseñado el matrimonio como el contexto legítimo y santo para la expresión de la intimidad física. En un mundo saturado de inmoralidad sexual, donde las tentaciones son constantes y sutiles, el matrimonio ofrece un refugio seguro donde la sexualidad no solo es permitida, sino celebrada como una bendición divina. La intimidad conyugal no es una concesión de la cultura ni un simple capricho humano, sino una institución creada por Dios con el propósito claro de fortalecer el vínculo entre los esposos y protegerlos de las trampas del pecado. Pablo expresa este propósito de la siguiente manera: «Pero en vista de tanta inmoralidad, cada hombre debe tener su propia esposa y cada mujer su propio esposo. El hombre debe cumplir su deber conyugal con su esposa e igualmente la mujer con su esposo» (1 Co. 7:2-5, NVI).

La sexualidad cumple una doble función dentro del matrimonio. En primer lugar, es una expresión de amor y unidad que ha sido

8 Timothy Keller y Kathy Keller, El significado del matrimonio: Cómo enfrentar las dificultades del compromiso con la sabiduría de Dios (Nashville: B&H Publishing Group, 2020), falta la página.

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diseñada para fomentar la cercanía y el compromiso mutuo entre los cónyuges. En segundo lugar, actúa como un medio de protección contra las tentaciones externas, ayudando a los esposos a mantenerse fieles a Dios y a su pacto matrimonial. La fidelidad y la exclusividad en la relación íntima no solo preservan la pureza del matrimonio, sino que también reflejan la santidad y el amor de Cristo por Su Iglesia.

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Es importante recordar que la relación íntima en el matrimonio no debe estar guiada únicamente por los sentimientos o el deseo momentáneo, sino por un sentido de pertenencia, permanencia, deber y compromiso. Pablo enfatiza en el pasaje anterior que los cónyuges tienen la responsabilidad de satisfacer las necesidades del otro, pero no como una carga, sino como una expresión de amor y entrega mutua. Cuando la intimidad se entiende desde esta perspectiva bíblica, deja de ser un área de conflicto o negligencia y se convierte en una fuente de bendición y estabilidad en la relación matrimonial.

Dios diseñó el matrimonio como un testimonio

El matrimonio cristiano no solo es una bendición para los cónyuges, sino también un testimonio vivo del evangelio en un mundo que necesita desesperadamente ver el amor de Cristo en acción (Mt. 5:14-16).

La manera en que los esposos se aman, respetan y entregan el uno al otro es una expresión tangible del amor sacrificial de Cristo por Su Iglesia (Ef. 5:25). Cada acto de paciencia, perdón y servicio mutuo proclama el mensaje de gracia del evangelio y muestra al mundo una imagen del amor redentor de Dios.

Este testimonio cobra especial fuerza en tiempos de dificultad. La pareja refleja el poder transformador del evangelio cuando los cónyuges atraviesan pruebas —ya sean problemas financieros, conflictos internos o desafíos externos— y permanecen firmes en su compromiso. La fidelidad en medio de la adversidad demuestra que el amor de Cristo no es meramente teórico, sino una realidad que sostiene, sana y restaura.

El matrimonio: Más que amor, un próposito

Además, un matrimonio centrado en Cristo tiene un impacto evangelístico. No es raro que personas incrédulas sean atraídas por la manera en que una pareja cristiana vive su relación. La paz, la unidad y el gozo que se experimentan en un hogar donde Cristo es el centro despiertan preguntas entre los que no conocen a Dios. El apóstol Pedro señala que una esposa piadosa puede ganar a su esposo incrédulo con la pureza y el respeto de su conducta y no tan solo con palabras (1 P. 3:1). Lo mismo aplica al esposo que ama y lidera piadosamente. Él puede ser un testimonio del evangelio para su esposa y sus hijos. El pastor Tim Keller resalta esta idea: «Cuando un matrimonio vive en el amor y el poder de Cristo, se convierte en una luz brillante para aquellos que están en oscuridad».9

Por lo tanto, cada matrimonio cristiano tiene la misión de reflejar la gloria de Dios en la tierra. No se trata solo de la felicidad individual de los esposos, sino de ser una antorcha encendida en un mundo que necesita desesperadamente la verdad del evangelio. Nuestra unión debe ser un poderoso instrumento de testimonio cristiano y de la aplicación práctica de la verdad liberadora de Dios.

Dios diseñó

el matrimonio

como un medio de glorificación a Dios

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El propósito último del matrimonio, como de toda la vida cristiana, es glorificar a Dios (1 Co. 10:31). El matrimonio no es un fin en sí mismo, sino un medio a través del cual los cónyuges pueden reflejar Su carácter y proclamar Su verdad. El matrimonio es una institución divina que da testimonio vivo de la relación entre Cristo y Su iglesia. Los esposos son llamados a encarnar diariamente el amor, la paciencia, la bondad, la fidelidad y la humildad en su convivencia. Cada decisión dentro del matrimonio —desde la administración del hogar hasta la resolución de conflictos— debe estar impulsada por

9 Timothy Keller y Kathy Keller, El significado del matrimonio: Cómo enfrentar las dificultades del compromiso con la sabiduría de Dios (Nashville: B&H Publishing Group, 2020), falta página

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el propósito supremo de darle la gloria a Dios. En cada conversación, acto de servicio y sacrificio mutuo, los esposos tienen la oportunidad de demostrar que Dios es el centro de su relación. Un matrimonio que busca glorificar a Dios no solo experimenta mayor unidad y gozo, sino que también se convierte en un testimonio visible del poder transformador del evangelio para quienes los rodean.

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En última instancia, un matrimonio se convierte en una ofrenda de adoración continua cuando se vive con la intención de honrar y glorificar a Dios en cada área de sus vidas. La relación matrimonial va más allá de la satisfacción personal y se convierte en un reflejo del amor redentor de Cristo. El matrimonio no solo prosperará en amor y unidad, sino que cumple su verdadero propósito de exaltar a Dios y manifestar Su gloria en la tierra.

Aspectos intencionales que permiten alcanzar el

propósito divino

Practicar el amor sacrificial

Aunque parezca algo básico o evidente, nuestra mayor necesidad sigue siendo aprender a amar conforme al diseño de Dios. El amor sacrificial es la base del matrimonio cristiano. No se trata solo de sentimientos, sino de un compromiso firme de entrega y servicio mutuo. Cristo es el mejor ejemplo de este amor, pues vivió para servir y se sacrificó por los demás. De la misma manera, los esposos deben amarse siempre, incluso cuando las cosas se ponen difíciles. Este amor se demuestra con acciones tan sencillas como ceder en una discusión o pensar primero en las necesidades del otro. El amor sacrificial que produce una gran alegría se basa en dar y no en esperar recibir (Hch. 20:35).

El amor sacrificial no es unilateral en el matrimonio, sino que se trata de un compromiso mutuo. Ambos cónyuges están llamados a imitar el amor de Cristo que se caracteriza por una entrega desinteresada y una búsqueda genuina del bienestar del otro. El matrimonio que funciona ama al poner las necesidades del cónyuge

El matrimonio: Más que amor, un próposito

por encima de las propias. Por el contrario, la relación se debilita cuando solo se espera que el cónyuge sea un instrumento para satisfacer mis necesidades. Tengo que ser sincero y reconocer que amar sacrificialmente es, sin duda, uno de los mayores desafíos que enfrento como esposo. Me veo desafiado a crecer en esta área y a no descuidarla nunca.

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Hace poco ocurrió algo que evidenció esta realidad de manera muy clara. Una noche estábamos a punto de dormir y mi esposa me hizo una de las peticiones más inoportunas que recuerdo: ¡Me pidió que le trajera un poco de agua! El problema no era solo que estábamos en el segundo piso y que para llegar a la cocina tenía que bajar toda la escalera —unos 16 escalones, según mis cálculos— sino que, al hacerlo, seguramente se me espantaría el sueño y me costaría más tiempo volver a conciliar el sueño. Dominado por un egoísmo que solo me permitía ver su petición como una gran molestia, le respondí sin pensarlo: «El que tiene sed, busca el agua». Gracias a Dios, el Espíritu Santo me convenció de mi pecado y me permitió corregir mi actitud, pedir perdón por la aspereza de mis palabras y cumplir con el pedido de mi esposa. Sin embargo, me sigo preguntando por qué actúo así.

Si solo tengo para entregar mi propio amor egoísta e imperfecto estamos perdidos. Necesito que el Señor me fortalezca con ese amor ejemplar que le pertenece y que nos permitirá aprender a tolerar y ceder en medio de las diferencias, escuchar más que hablar, dar sin demandar, servir sin exigir y elogiar más que criticar. Estamos llamados a fortalecer el amor sacrificial en el matrimonio. El amor sacrificial requiere una renuncia constante al egoísmo y una disposición a poner al cónyuge en primer lugar. Modelar el amor de Jesucristo solo lo podremos alcanzar bajo la guía y el poder del Espíritu y para eso debemos buscar ser llenos de Él todos los días (Ef. 5:15-21).

Desarrollar una mejor comunicación

Muchos de nuestros problemas surgen porque no sabemos comunicarnos. Una comunicación deficiente no solo afecta la vida cotidiana, sino que también puede impedir que los cónyuges cumplan el

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propósito que Dios tiene para ellos. Pablo nos exhorta a «hablar la verdad en amor» (Ef. 4:15). Si nuestro propósito es crecer en Cristo, entonces hablar la verdad en amor es fundamental. En estas palabras hay dos elementos esenciales para una comunicación saludable: la verdad y el amor. Estos dos elementos no pueden separarse porque la verdad debe expresarse con transparencia y claridad, pero siempre dentro del marco del amor. Si la verdad es dicha sin amor, entonces en lugar de edificar, la comunicación puede convertirse en un factor de conflicto. Muchas veces escucho a personas decir: «Pastor, nosotros no podemos hablar. Cada vez que intentamos conversar, terminamos discutiendo. Es frustrante, así que prefiero evitarlo porque simplemente no nos entendemos». Muchas parejas enfrentan esa realidad dolorosa. Sin embargo, el problema no es el tema de la conversación en sí, sino la forma en que nos comunicamos. Proverbios nos enseña: «La suave respuesta aparta el furor, Pero la palabra hiriente hace subir la ira» (Pr. 15:1). Debemos tener mucho cuidado no solo con lo que decimos, sino también de la forma en que lo expresamos. Alguien comentó alguna vez con justa razón que la gran mayoría de los problemas que enfrentamos provienen de nuestras palabras. Justamente, el proverbio que acabo de mencionar no solo destaca la importancia del contenido que comunicamos, sino también el tono y la actitud de la comunicación. Él impacto de la conversación está tanto en el contenido como en la forma de la comunicación. Diversos estudios sobre comportamiento han demostrado que la forma en que transmitimos un mensaje suele ser más influyente que el mensaje mismo. La gente suele dejar de escuchar por la forma en que se habla y no por lo que se está diciendo. Cuando el tono es incorrecto o el lenguaje corporal es negativo, incluso la verdad más válida puede ser ignorada. Tengo que insistir en que debemos ser más intencionales y aprender a practicar un tipo de comunicación saludable. Santiago nos da una clave fundamental: «Pero que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira» (Stg. 1:19). La fórmula es muy simple porque debemos escuchar más de lo que hablamos. El silencio, en el contexto adecuado, tiene un gran valor. El libro de Proverbios resalta

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El matrimonio: Más que amor, un próposito

la importancia de saber callar cuando las palabras no son necesarias o pueden ser contraproducentes. Recuerdo haber escuchado a alguien decir de manera jocosa que comprendió tan bien la importancia del silencio… que aprendió a callar ¡en siete idiomas! El problema suele radicar en que hablamos demasiado. Hay momentos en los que simplemente debemos aprender a guardar silencio.

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La comunicación transparente y saludable fortalece la unidad matrimonial porque permite que los cónyuges compartan pensamientos y emociones sin temor. Escuchar activamente es esencial para comprender al cónyuge antes de responder. Escuchar con atención, hablar en amor y saber callar fortalece la relación. A veces mi esposa me dice en medio de una conversación: «Ya no quiero seguir hablando contigo. Cuando intento señalar algo sobre ti, de alguna manera terminamos hablando de mí. No sé cómo lo haces». Claro, sé cómo darle la vuelta al asunto, pero cuando ella me dice «No quiero seguir hablando contigo», me está diciendo que realmente no la estoy escuchando. La realidad es que, mientras ella habla, yo ya estoy pensando en cómo responder. No estoy escuchando realmente y ni siquiera estoy haciendo un esfuerzo por hacerlo. Ese es precisamente el problema. John Gottman identifica la crítica, el desprecio, la actitud defensiva y la evasión como conductas dañinas para la relación.10

Las parejas deben ser intencionales en establecer momentos regulares de diálogo para hablar sobre sus metas, deseos, preocupaciones y alegrías. Es fundamental diseñar un espacio para conversar, por lo que recomendamos programar citas específicas. También recomendamos que se establezcan algunos parámetros claros con respecto a la forma en que se dará la conversación para garantizar que los temas sean tratados con amor y verdad. Hay conversaciones que no pueden resolverse por mensajes de texto y se hace necesario hablar cara a cara.

Mi esposa y yo pactamos desde el principio que tendríamos citas románticas y de negocios. En las citas románticas está

10 John M. Gottman y Nan Silver, Siete reglas de oro para vivir en pareja (Barcelona: Ediciones B, 2013), falta página.

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prohibido hablar de problemas, mientras que en las citas de negocios tratamos los asuntos difíciles e importantes del hogar y la relación. Mi esposa llega preparada con una lista y yo le dedico toda mi atención. Esta división de nuestras citas ha sido invaluable para nosotros y nos ha permitido comprender mejor cada situación, tomar decisiones juntos y que la comunicación no se vuelva caótica. Quisiera preguntarte si tienes un sistema eficiente de comunicación que te permite hablar la verdad en amor al priorizar los temas importantes que requieren atención inmediata, así como las oportunidades para comunicarse y demostrarse amor sin entrar en los temas álgidos de la convivencia?

Estudios recientes han demostrado cómo la tecnología está afectando nuestras interacciones. Estamos más conectados que nunca. Podemos enterarnos y ver imágenes en tiempo real de eventos en cualquier parte del mundo. Sin embargo, este avance ha generado una gran paradoja preocupante porque somos la generación más conectada tecnológicamente, pero también la más desconectada en nuestras relaciones personales y cercanas. La comunicación fluye en el mundo exterior, pero las conversaciones son escasas en el núcleo cercano y familiar. Por eso, cuando mi esposa me dice: «Quiero hablar contigo», yo le respondo: «Dale...», pero ella insiste: «No, quiero que me mires». Entonces le pregunto: «¿Quieres que te escuche o que te mire?». Ella no duda en responder: «Las dos cosas». Ella tiene toda la razón. No le estoy dando verdadera atención si mi mirada está en otra parte. Necesitamos momentos sin tecnología para tener una conexión humana real. Basta con dejar el teléfono a un lado para enfocarnos plenamente en el otro.

Buscar una mayor unidad de crecimiento espiritual

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El matrimonio es una unidad que va más allá de lo natural porque se trata de un diseño divino con un propósito específico. Exploraremos este tema con más detalle en el próximo capítulo, pero desde ahora debemos entender que una pareja cristiana debe buscar crecer espiritualmente juntos. El nivel más alto de la relación es cuando ambos cónyuges son fundidos en una sola unidad con Dios en el

El matrimonio: Más que amor, un próposito

centro. La verdadera unidad espiritual en el matrimonio implica que ambos cónyuges estén alineados en su relación con Dios y en la comprensión del propósito divino para sus vidas. Este proceso comienza de manera individual cuando cada uno busca a Dios personalmente y luego realizan juntos esa búsqueda. Sus corazones y mentes son transformados y se fortalece su relación de una manera sobrenatural cuando ambos cónyuges buscan juntos al Señor. Dios es el puente que conecta y une a los esposos, conforme a la afirmación de Jesús:

«Además les digo, que si dos de ustedes se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan aquí en la tierra, les será hecho por Mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en Mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos» (Mt. 18:19-20).

Este principio también se aplica al matrimonio. La oración en pareja pone a Dios en el centro de la relación y fortalece su unidad. Actúa como un pegamento espiritual que refuerza el propósito compartido y la misión que Dios ha dado a la pareja. He escuchado decir que debemos invitar a Dios a nuestro matrimonio, pero el Señor ya está presente y por eso es más un estilo de vida que un simple ritual religioso. No es necesario hacer algo formal o estructurado como un servicio de adoración, sino que lo importante es el reconocimiento del señorío de Dios sobre el matrimonio con constancia e intención.

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Mi esposa y yo tomamos veinte minutos cada mañana para tener un tiempo con Dios juntos. Leemos un pasaje, oramos por las necesidades más importantes y reflexionamos sobre lo que Dios quiere para nosotros ese día. No comenzamos el día sin poner nuestras vidas en Sus manos porque sabemos que le pertenecemos y queremos gozar de Su protección y guía a lo largo del día. Esto es parte de nuestros compromisos dentro de nuestro matrimonio. Tengo que aclarar que esta práctica no reemplaza nuestros tiempos de devoción personal ni los estudios bíblicos individuales, pero hay algo especial e íntimo

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al buscar juntos la dirección y el cuidado de Dios. Es un recordatorio permanente de nuestra dependencia de Él, de Su propósito firme en nuestra vida y de que nos ha llamado a caminar juntos en todas las áreas de nuestras vidas.

Incluso quienes tienen un cónyuge no creyente pueden sugerir la idea de orar juntos. La mayoría de los cónyuges, aun sin ser cristianos, no se oponen a la oración. Este simple acto puede traer una unión profunda e inesperada. Lo que queda clarísimo es que el matrimonio necesita a Dios, cada alma debe ser alimentada individualmente, pero también, como matrimonio, deben buscarlo en conjunto.

Integrarse al servicio

El servicio a Dios y a los demás como matrimonio es una manera poderosa de vivir el propósito divino. Servir juntos fortalece la relación y nos une en un propósito común. El autor de Hebreos nos exhorta al decirnos: «Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras» (Heb. 10:24). Él mismo responde cómo hacerlo a continuación, «no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca» (Heb. 10:25).

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Ser parte de una comunidad de fe es un regalo de Dios. El matrimonio no está diseñado para vivir aislado, sino en comunión con otros creyentes. Muchas de las necesidades emocionales que tiene una pareja no pueden suplirse únicamente entre ellos. Dios las satisface a través de la gracia multiforme de una comunidad de creyentes. En sus diferentes grupos nos sentimos cuidados y amados. Esos pequeños grupos dentro de la gran comunidad que es la iglesia local nos brindan un apoyo más cercano y personal. Sus integrantes nos acompañan, oran por nosotros, están atentos a nuestras necesidades y se convierten en una verdadera familia.

Es simplemente seguir el consejo de Pedro: «Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndose los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios» (1 P. 4:10). El servicio no solo bendice a quienes lo reciben, sino que también bendice a quienes lo ofrecen. Me preocupo cuando veo que

El matrimonio: Más que amor, un próposito

una pareja comienza a aislarse y deja de servir porque suele ser una mala señal que solo manifiesta que estamos enfocándonos demasiado en nosotros mismos.

Algunas personas me dicen: «Pastor, no nos sentimos cómodos en la iglesia; no encajamos, no nos gusta la predicación, el grupo de alabanza no es el mejor...». Suelo responder a ese tipo de queja casi siempre con la misma respuesta: «No hay iglesias perfectas. Probablemente todo lo que dices es cierto, pero si todo te molesta, el problema puede estar en ti. Si ni siquiera en la iglesia encuentras satisfacción ¿crees que en el cielo te sentirás bien?». No existe una iglesia que cumpla con todas nuestras expectativas. Quizás, en lugar de esperar que la iglesia cambie, nosotros necesitamos ajustar nuestras expectativas y disponernos a participar y servir en esa comunidad, que es realmente un regalo de Dios para nuestras vidas. El servicio es una bendición porque es mejor dar que recibir (Hch. 20:35). Con frecuencia aconsejo a las parejas que enfrentan dificultades y se sienten estancadas que lo mejor para salir de ese círculo de estancamiento no es aislarse y quedarse ensimismados en su problema, sino servir y bendecir a otros podría ser la clave para restaurar su relación. Solemos creer que nuestros problemas son los más grandes del mundo, pero eso casi nunca es cierto. Salir, servir y enfocarse en otros que nos necesitan nos ayuda a ver nuestra situación con una nueva perspectiva. En lugar de quejarnos, debemos aprender a ser agradecidos. Reitero que el servicio no solo transforma a quienes ayudamos, sino que nos transforma a nosotros mismos.

Conclusión

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El matrimonio cristiano tiene un llamado único y elevado a glorificar a Dios y reflejar Su amor ante el mundo. Es crucial que una pareja recuerde constantemente el diseño bíblico del matrimonio para que sea motivada a buscar de todo corazón este propósito. Deben practicar el amor sacrificial, desarrollar una comunicación abierta, buscar la unidad espiritual y participar activamente en el servicio a otros. Estas prácticas dedicadas y constantes permitirán que las

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parejas puedan experimentar una relación que no solo es gratificante, sino que también cumple el propósito divino para sus vidas.

El matrimonio que practica cada uno de estos aspectos se convierte en una herramienta poderosa para reflejar la gloria de Dios y ser un testimonio del evangelio.

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