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Celebro la llegada de este libro sobre adoración de la autoría de Rogers y Carlos, a quienes los conozco por años. Nada mejor que leer un libro escrito por excelentes músicos que han sabido honrar el nombre de nuestro glorioso redentor y ministrar el corazón de las ovejas de la iglesia a las cuales pertenecen, así como a muchas otras congregaciones en el mundo hispano. Este es un libro bíblico, bien referenciado, escrito con un lenguaje sencillo, pero no simple, que capta el sentido de la verdadera adoración como ha sido revelado en la Palabra. Ciertamente, como dicen los autores, este es un libro para todos los que desean glorificar a Dios en su diario vivir y de manera corporativa cuando el pueblo de Dios se reúne a exaltarlo por quien Él es. Si ese es tu deseo, este libro es para ti. Dr. Miguel Núñez, pastor de la Iglesia Bautista Internacional (IBI)
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Estoy sumamente agradecido por el trabajo de Rogers y Carlos en este libro. Con claridad, sensibilidad pastoral, años de experiencia musical y ministerial y un compromiso evidente con las Escrituras, nos ayudan a recuperar una visión más amplia y profunda de la adoración. Me alegra especialmente ver un recurso escrito desde y para la iglesia latina. Es una contribución necesaria que sé que va a servir a muchas iglesias en nuestro contexto. Recomiendo este libro a pastores, líderes y a toda la iglesia. Es una invitación oportuna a pensar, examinar y crecer en cómo adoramos a Dios en toda la vida.
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Fabrizo Rodulfo, Líder de Medios y Recursos en Español para Sovereign Grace Music
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Nada es más importante que la adoración a Dios. Y es imposible adorar lo que no se conoce. Así que todo recurso que nos ayude fielmente a conocer y amar más a Dios es una gran bendición. Por eso nos alegra mucho que nuestros queridos amigos, Rogers y Carlos, quienes por la gracia de Dios cuentan con buen conocimiento bíblico del tema, años de experiencia por su fiel servicio en y a través de su iglesia local, y un testimonio de evidente amor por Dios y Su reino, hayan escrito este libro. Estamos seguros de que será un excelente recurso para todo aquel que quiera crecer en su entendimiento y práctica de la adoración a Dios. Jonathan y Sarah Jerez, Jerez Music Dios ha dado a Rogers y Carlos una pasión genuina por servirle con devoción, compromiso y excelencia. Lo más admirable es que lo hacen con una humildad profunda, virtud de la cual brotan todas las demás. Aunque su principal área de servicio ha sido la música, este libro deja claro que la adoración es mucho más que música. A lo largo de sus páginas seremos instruidos, recordados y confrontados, pero también profundamente animados a entender la adoración centrada
en Dios como la respuesta natural al primer y más grande mandamiento. Dios desea que le adoremos, pero para ello primero debemos conocerlo, amarlo sobre todas las cosas, obedecerlo y entonces servirle. Para mí, esta es la gran ancla del libro: la adoración verdadera nace del conocimiento y amor supremo a Dios, y de allí fluyen todas sus expresiones, incluida la musical. He aceptado el llamado que Rogers y Carlos nos recuerdan con claridad a todos los creyentes y mi oración es que cada lector también haga lo mismo. Luis Núñez, Pastor en Iglesia Bautista Int. (IBI) y director de Adoración La IBI
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Habría sido mucho más fácil, y quizás, para algunos, más emocionante, lanzar una granada en medio de la confusión y la tensión actuales en torno a la adoración y simplemente aprovechar el caos que se desataría en las redes sociales. Pero, afortunadamente, Rogers Peralta y Carlos García eligieron un camino mucho más edificante al contribuir de manera reflexiva y bíblica a una conversación que la iglesia hispanohablante necesita con urgencia. Adoración es una oportuna corrección bíblica a muchos malentendidos modernos sobre este tema. Rogers y Carlos recuerdan a los lectores que la adoración es mucho más que música o una experiencia emocional; es la respuesta de la vida del creyente a la gloria de Dios. Combinando precisión y claridad teológica con calidez pastoral, este libro será de gran utilidad para quienes desean una comprensión más profunda y bíblica de la verdadera adoración. Joe Owen, Director del Departamento de Idiomas de Alcance Int. de Answers in Genesis
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En los últimos años, Dios ha bendecido a Hispanoamérica con el surgimiento de pastores y maestros de sólida formación teológica y sana doctrina. También hemos sido testigos del surgimiento de ministerios de alabanza, compositores y músicos con un enfoque profundamente centrado en las Escrituras. En medio de esta creciente comunidad destacan Rogers Peralta y Carlos García, quienes sirven en ambas esferas con fidelidad, humildad y un alto nivel de excelencia. Esta obra ha sido concebida como un recurso fundamental para la iglesia local, con el propósito de equipar y fortalecer a quienes sirven en sus ministerios. Más que un manual técnico, este libro refleja el corazón de dos adoradores y siervos que anhelan que el lector crezca en conocimiento, pero, sobre todo, en asombro ante la gloria del Dios eterno que nos ha amado y restaurado en Cristo. Sergio Villanueva, pastor, autor, compositor y ministro de alabanza, Wheaton Bible Church Español
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Para aquellos que, asombrados de Dios, buscan amarlo y servirle de corazón. Nosotros también queremos hacer lo mismo.
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Índice
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1. ¿Por qué un libro como este y para quién es?...................................
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PARTE I: LO QUE NO ES ADORACIÓN............................................ 2. Aclaremos confusiones sobre la adoración........................................ 3. Qué es la adoración.................................................................................... 4. Cómo debemos adorar.............................................................................. 5. Cuándo debemos adorar........................................................................... 6. Dónde sucede la verdadera adoración................................................. 7. Quiénes son los adoradores.....................................................................
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PARTE II: LO QUE ES ADORACIÓN.................................................... 8. Definamos la adoración............................................................................ 9. Adoración es: conocer a Dios................................................................. 10. Adoración es: volver a asombrarse........................................................ 11. Adoración es: amar en superlativo....................................................... 12. Adoración es: responder en obediencia.............................................. 13. Adoración es: vivir para servir............................................................... 14. Adoración es: servicio hasta el sacrificio............................................
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PARTE III 15. Adoración es: más qué música................................................................ 16. Adoración es: un estilo de vida.............................................................. 17. Adoración es: el llamado final................................................................
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Bibliografía............................................................................................................ Agradecimientos..................................................................................................
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Prólogo....................................................................................................................
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Prólogo
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l Señor, en Su gracia infinita y soberana, no solo nos permite acercarnos a Él en adoración, sino que también, por pura misericordia, rasga el velo de Su privacidad y comparte con nosotros Su gozo. En esta realidad se revelan aspectos de la verdadera adoración según la Palabra de Dios: lo que agrada y deleita al Señor, conforme a Su voluntad revelada, y lo que nosotros le ofrecemos como respuesta obediente de fe. La verdadera adoración a Dios contempla ambos aspectos sin confusión. Cantamos al Señor como el único y verdadero Dios; sin embargo, que nuestra adoración sea aceptada no depende de nuestras buenas intenciones ni de nuestra calidad artística, sino que exclusivamente de lo que Él mismo ha ordenado en Su Palabra. Como bien enseñan Rogers y Carlos, la adoración que Dios recibe es mucho más que música. La adoración es más que buenos instrumentos, más que ejecuciones técnicas impecables y más que interpretaciones que emocionan. El principal instrumento de la adoración a Dios es el corazón. Nuestro Señor Jesucristo, citando al profeta Isaías, dijo con toda claridad: «Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres» (Mat. 15:8-9). ¡Qué bendición es cantar bien y qué gracia cuando lo hacemos con excelencia! No obstante, nunca caigamos en colocar los instrumentos, los arreglos o la música por encima del corazón. Este es un gran reto y, al mismo tiempo, una gloriosa noticia. Es un reto porque nos obliga a restaurar el orden divino: primero un corazón afinado con la Palabra
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y luego la expresión externa que refleje esa realidad. Esto es una gran noticia porque el Señor no exige perfección técnica para recibirnos. Dios no está obligado a recibir nada solo porque tengamos «buenas intenciones». Toda adoración aceptable debe regirse por lo que Él mismo ha revelado en la Escritura. No adoramos como queremos, sino como Él ha mandado. No se trata de que cantemos o toquemos «bien», sino de que lo que cantamos sea fiel a la verdad bíblica. Por eso, la adoración no se reduce a ritmos pegajosos, frases repetitivas o emociones momentáneas. Los Salmos son el himnario inspirado por el Espíritu Santo: el gran cancionero de la Iglesia. Aunque no conservamos sus melodías originales, ni partituras ni arreglos, sí tenemos intactas sus letras inspiradas. Lo que llega al trono de Dios y transforma vidas no son los «mambos» o las repeticiones; esto puede entretener, pero no es adoración bíblica. Lo que Dios recibe es un corazón arrepentido que se expresa mediante la verdad de la Palabra hecha canción. La adoración verdadera tiene que ver con: Un corazón regenerado y limpio, letras fieles a la Escritura, y un mensaje que exalta la gloria de Dios y edifica a Su pueblo. Adoración: Lo que toda la iglesia debe saber (y los músicos también) nos lleva a un entendimiento teológicamente claro y fielmente bíblico de lo que significa adorar a Dios en el contexto del culto y la vida particular. Cantamos al Señor con alegría, con diversidad rítmica y étnica, con libertad y júbilo, «con tambores y danzas». ¡Gloria a Dios por el regalo de la música y por los matices y tonos que Él nos da! Y como dice el salmista:
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«Todo lo que respira alabe al SEÑOR. ¡Aleluya!» (Sal. 150:6, NBLA). Amén. Otto Sánchez Pastor de la iglesia Bautista Ozama
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¿POR QUÉ UN LIBRO COMO ESTE Y PARA QUIÉN ES?
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Dios es Espíritu, y los que lo adoran deben adorar en espíritu y en verdad.
Juan 4:24
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l momento de publicar la primera edición de este libro, llevamos ya varios años caminando con Cristo desde el día en que nos llamó a la salvación (Rogers, unos 23 años, y Carlos, alrededor de 33), acumulando también una buena cantidad de experiencias sirviendo juntos en el ministerio de alabanza, en todas sus áreas. Carlos y yo nos conocimos en la universidad, durante mi primer semestre, en una clase de instrumento a la que Carlos asistía como oyente. Carlos, por su lado, ya llevaba dos años matriculado en la carrera de publicidad, aunque estaba en plena transición hacia la licenciatura en música. Tiempo después, volvimos a coincidir en un grupo interdenominacional de jóvenes universitarios (Asociación de Estudiantes Evangélicos), y fue ahí donde nació una amistad que, a lo largo de los años se ha profundizado cada día más. Juntos hemos 1
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vivido experiencias e historias de todo tipo, tantas que bien podrían llenar las páginas de otro libro. Somos personas muy diferentes, pero a quienes Dios llamó con un propósito muy particular. A pesar de nuestras diferencias, compartimos muchos puntos en común que, con el paso del tiempo y nuestro caminar con el Señor, se han ido construyendo y fortaleciendo. Por eso al pensar en escribir este libro, tenemos que confesar que ¡Lo hemos escrito para nosotros! La adoración, y todo lo que la rodea, es algo que nos apasiona profundamente. Es un tema que surge con frecuencia en nuestras conversaciones y un objeto constante de estudio. Sin embargo, más allá de nuestra pasión personal, es un tema de vital importancia para cada creyente, o al menos debería serlo. Desde hace un tiempo, hemos tenido la oportunidad de compartir muchos de los conceptos de este libro con los estudiantes de Ministerios ESSER1 alrededor del mundo hispanohablante. Al intentar encontrar un material que nos pudiera servir como recomendación para seguir estudiando el tema, también nos hemos encontrado con la realidad de que no hay muchos libros dedicados al tema de la adoración en nuestro idioma ni que partan desde nuestro contexto. Eso fue una de las grandes motivaciones para sentarnos a escribir un material como este. Lo que queremos compartir en este libro no es algo nuevo. No es una nueva enseñanza ni una nueva forma de ver la adoración. Es verdad que alguien podría encontrar en este material algo que no había visto antes o que le resulte novedoso, pero debemos reconocer que no es ni nuevo ni original; siempre ha estado ahí, en la Biblia. Somos nosotros, los cristianos, quienes muchas veces hemos fallado en ver y reconocer lo que la Biblia tiene que decir en muchos aspectos, no solo en cuanto
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1. ESSER es un programa de discipulado que busca crear un movimiento masivo de estudio de la Palabra de Dios que inquiete, motive y haga pensar al creyente, poniendo al alcance de todas las personas dentro de una iglesia local, que sepan leer y escribir, una instrucción bíblica, Cristocéntrica y enfocada para que sea aprovechada por todos sin importar su grado académico. Puedes consultar más en https:// ministeriosesser.org
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a la adoración. En estos últimos tiempos, hemos observado cómo el concepto bíblico de adoración ha ido distorsionándose y, en algunos casos, alejándose de su sentido original hasta lo que hoy encontramos en muchas de nuestras iglesias. Estamos convencidos de que muchos creyentes contemporáneos tienen una percepción de la adoración que se aparta del enfoque bíblico sobre lo que verdaderamente es. Nuestra travesía en el ministerio musical comenzó hace unos 25 años, aproximadamente. En mi caso (Carlos), todo empezó cuando era un adolescente recién bautizado, con una guitarra que no soltaba en todo el día. Para Rogers, también fue cerca de la adolescencia, pero en su caso, con una flauta dulce entre las manos. Sin embargo, nuestro verdadero contacto con la adoración comenzó mucho antes de eso, como sucede con todos nosotros. Comenzó desde que nuestro corazón se inclinó hacia algo más, comenzó desde que, como niños, nos aferramos a lo que deseamos, mostrando rabietas cuando no conseguimos lo que queremos, negándonos a compartir por puro egoísmo o deseando tener lo que otros poseen. Nuestro corazón ha sido diseñado para adorar, pero se desvía fácilmente del que debería ser el verdadero destino de nuestra adoración. En los Diez Mandamientos que Dios le dio a Moisés para que él a su vez los compartiera con el pueblo, el primero de esos mandamientos dice:
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No tendrás otros dioses delante de Mí. Éxodo 20:3
Grandes como pequeños, adultos o jóvenes, todos debían observar los mandamientos del Señor, y resulta demasiado revelador que el primero de ellos es una advertencia contra la idolatría. ¿No nos dice eso algo? La respuesta de la Biblia es que el corazón humano es una fábrica de ídolos.2 2. Keller, Tim. Dioses que fallan. Poiema Publicaciones. Colombia 2023 (pág. xvi)
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¿POR QUÉ UN LIBRO COMO ESTE? La adoración al único y verdadero Dios como se revela en la Biblia está en peligro. Siempre lo ha estado y mientras estemos en este mundo caído, siempre lo estará. Nuestro corazón es fácilmente engañado y desviado de darle a Dios la gloria, creando sus propios ídolos, y como nos enseña Romanos capítulo uno, con gran facilidad comenzamos a adorar lo creado antes que al Creador. Nuestra atención, nuestros afectos y nuestras prioridades fallan en apuntar a Dios y a Su palabra. Desobedecemos a Dios siguiendo las pasiones de nuestra carne y fácilmente hacemos ídolos, aun de las cosas buenas y agradables. Tim Keller lo expresa de la siguiente manera:
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Pensamos que los ídolos son cosas malas, pero casi nunca es así. Cuando algo es muy bueno, es más probable que esperemos que satisfaga nuestras necesidades y esperanzas más profundas. Cualquier cosa puede servir como un dios falso, especialmente las mejores cosas de la vida.3
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A pesar de que realmente haya un deseo sincero en nosotros de agradar a Dios, siempre enfrentaremos el peligro de que nuestra adoración se incline a otras cosas y no a Dios. Es por eso que hombres del pasado, como A. W. Tozer, han escrito y predicado sermones previendo o denunciando los ataques contra la adoración en su propia época. Es el caso del libro ¿Qué pasó con la adoración?, donde el autor explora los peligros que veía que enfrentaba la adoración en sus tiempos. En sus escritos hace un llamado a los creyentes, desde diferentes maneras, a ser verdaderos adoradores que dirigen su adoración al Dios descrito en las Escrituras. En su libro, Tozer intenta explicarnos que:
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Es totalmente factible tener una experiencia religiosa y formas de adoración que no son aceptables a Dios en absoluto.4 3. Keller, Tim. Dioses que fallan. Poiema Publicaciones. Colombia 2023 (pág. xix) 4. Tozer, A. W. ¿Qué le pasó a la adoración? Un llamado a ser verdaderos adoradores. Editorial CLC, Colombia 2010 (pág. 45)
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Cuando le damos una mirada a la actualidad, como Tozer, también podemos observar peligros que la adoración bíblica enfrenta en nuestros días. Incluso la música o las sensaciones que la música produce pueden convertirse en objeto de nuestra adoración. Por supuesto, no nos estamos refiriendo a que la música cristiana está en peligro o que los grupos de alabanza de las diferentes iglesias están en peligro. Uno de los desafíos que enfrenta la adoración en nuestros días es justamente que tenemos problemas para identificar qué es la adoración, qué se espera de un adorador o cuál es el alcance que tiene el concepto bíblico de adoración en todas las áreas de nuestra vida. En muchos casos, hemos reducido ese concepto a un momento o una ocasión, incluso a un sentimiento o sensación, que no tiene ninguna repercusión en nuestra vida, y solo tiene como objetivo darnos un momento agradable o una «experiencia». Incluso cuando hablamos de adoración, algunos piensan que estamos hablando solo de música. Al usar la palabra adoración en este material nos referimos a la adoración como concepto, puro, sencillo, holístico, como lo encontramos en las Escrituras (1 Cor. 10:31; Col. 3:17; 1 Ped. 4:11; Heb. 13:15), y no a lo que a veces se nos presenta desde algunos púlpitos hoy en día, en cuanto a que la adoración es solo un momento musical o emocional. En múltiples ocasiones, en la Biblia encontraremos el llamado que Dios le hace a Su pueblo para volverse de los ídolos a Dios. Muchas veces, era un llamado a dejar los ídolos y volverse a Dios (Gál. 4:9; 1 Cor. 10:14; 1 Jn. 5:21), otras, era un llamado a corregir aquella «adoración» equivocada, incorrecta, falsa, que daban a Dios pero que Él no la recibía (Mal. 1:13; Isa. 29:13; Mat. 15:8–9). ¿Puede pasarnos lo mismo a nosotros? ¡Por supuesto que sí! Ambas cosas son posibles. Puede que nuestro corazón se vaya detrás de los ídolos adorando lo creado por encima de al Creador, dándole mayor importancia a lo secundario y desviando nuestra vista para quitarla de Dios y ponerla en cualquier otra cosa (Rom. 1:21-23). Pero también puede ser que aun las cosas que hacemos y que llamamos adoración no sean precisamente aquello a lo que Dios en Su palabra llama así, o que no sea como Él espera. Creemos firmemente
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que el pueblo de Dios se ha alejado del concepto bíblico de adoración de varias maneras, y la intención de este libro es mostrar la adoración tal y como la encontramos en las Escrituras, que veamos lo que Dios dice de ella y qué espera de nosotros. En muchos casos, eso implicará revisar las ideas preconcebidas que albergamos en la mente y que pueden estar nublando nuestra visión para comprender el concepto bíblico con claridad. En otras ocasiones, puede significar cambiar radicalmente la idea o el pensamiento que nos habíamos formado, para reemplazarlo por el que vamos descubriendo poco a poco mientras vamos estudiando la Palabra de Dios.
¿PARA QUIÉN ES?
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Afirmar que este libro es solo para músicos sería contradecir desde el principio su propósito central. Sería negar toda la evidencia que encontramos en la Biblia sobre lo que es la adoración y quiénes están llamados a adorar a Dios. Hemos escrito este libro para nosotros. Cuando empezamos a servir en los ministerios de alabanza en nuestras congregaciones, antes de pertenecer a la misma congregación como lo hacemos hoy, había un mar de confusiones sobre la importancia de la música dentro de la alabanza y la adoración. ¿Era algo que debíamos hacer? ¿Hay alguna fórmula secreta que debemos observar, pero que aún nos es oculta? ¿Qué hay de la gente? ¿Alaban ellos al cantar, levantar las manos o solo escuchar en silencio mientras se concentran en Dios y en Su palabra? ¿Qué se supone que yo diga o que haga? Esas y muchas otras preguntas más nos volaban en la cabeza para las cuales no había respuesta. En ese momento hubiéramos querido encontrar un material que nos ayudara a definir no solo el rol que la música tenía, sino más importante aún, qué era eso de la adoración y la alabanza. Este libro es para el nosotros de esa época. Pero creemos que también hay personas hoy, como nosotros en aquel tiempo, que están luchando con un mar de preguntas. Ya sea que lleves tiempo estudiando
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el tema o que justamente estés empezando a empaparte del asunto, queremos que sepas que hemos escrito pensando en ti. Queremos que los ministerios de alabanza puedan tomar este libro y leerlo juntos, que los líderes de alabanza puedan encontrar ayuda, y si Dios nos da Su gracia, que aun pastores que piensan que no saben nada sobre la adoración sean bendecidos con este material.
UN LIBRO PARA TODOS
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Lamentablemente, un libro sobre este tema será de entrada atractivo para un grupo de personas, los músicos o miembros de un ministerio de alabanza. Decimos lamentablemente, porque la verdad es que todos los cristianos deberíamos estar interesados en este tema, pero para muchos creyentes y para muchas iglesias el tema de la adoración solo es para un sector dentro de la congregación, no es para los demás. Hemos escrito este libro también para ti que no perteneces a un ministerio de alabanza o que no estás en el mundo de la música. La adoración es pertinente para todos aunque no formemos parte de ningún ministerio relacionado con la música. Este tema es de vital importancia para toda la iglesia, por eso hemos intentado que el título refleje esto también. Nuestro deseo es que este libro no solo sirva para que los miembros del ministerio de alabanza conozcan lo que la adoración es, sino que lo haga toda la iglesia. La adoración es para todos. Desde el pastor hasta los miembros, desde los más adultos hasta los más jóvenes, desde el que sabe cantar hasta el que no entona nada, desde el más conocedor de las Escrituras hasta el nuevo creyente. No hay nadie dentro del pueblo de Dios que pueda decir que la adoración no es un tema importante para él, o que no es relevante. Pensar así, lo único que demostraría es lo mucho que desconocemos sobre el tema. Pero como diría Dane Ortlund: «No somos los primeros en leer la Biblia, ni los más inteligentes».5 Por muchas generaciones, Dios ha
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5. Ortlund, Dane C. Manso y humilde: El corazón de Cristo para los pecadores y heridos (pág. 16). B&H Publishing Group. Edición de Kindle.
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levantado a maestros que nos han ayudado a entender las verdades de las Escrituras. Es por eso que hemos colocado citas de autores en los diferentes capítulos que nos pueden arrojar luz en los temas que estamos estudiando. Las citas tienen la finalidad no solo de apoyar lo que decimos, sino también de que conozcas a los autores y puedas leer lo que ellos han escrito.
NUESTRA MOTIVACIÓN
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Aunque estamos escribiendo un libro sobre adoración, no lo estamos escribiendo desde una superioridad teológica o intelectual del tema. Reconocemos nuestra incapacidad y nuestra falta de entendimiento, porque la adoración es un tema que nos supera y Dios sigue trabajando en nosotros a través de Su Palabra para llevarnos a un entendimiento más amplio de cómo debe reflejarse una vida de adoración en nosotros. Hay demasiado por aprender y por poner en práctica. Intentamos escribir desde la humildad del aprendiz, en igualdad de condiciones con nuestros hermanos, y no desde una superioridad académica. No buscamos promover una visión denominacional sobre la adoración ni convencer a nadie de adoptar perspectivas confesionales, sino abordarla desde una base bíblica. Nuestro propósito no es alzar una bandera denominacional específica; de hecho, los conceptos presentados en este libro han sido discutidos con hermanos de diversas denominaciones, identificando puntos en común sobre el tema de la adoración. Hemos tenido el privilegio de ser invitados a impartir charlas, conferencias y capacitaciones en sus iglesias y ministerios de alabanza, compartiendo las ideas que aquí exponemos. Al escribir este libro, nuestro deseo es que sea útil para todos, independientemente de su denominación, y que cada lector encuentre herramientas prácticas para su vida y ministerio en cualquier contexto, libre de los prejuicios asociados al celo denominacional. Aunque somos del caribe hispano, y por supuesto escribimos desde nuestra cultura latina y caribeña, no significa que planteamos
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el tema de la adoración desde una mirada cultural y sesgada donde lo que presentamos solo funciona dentro de nuestra cultura. Todo lo que la Palabra de Dios nos enseña trasciende las culturas y puede ser aplicado a cada una de ellas alrededor del mundo. Por lo que, aunque se nota que hemos puesto ejemplos deliberadamente, anécdotas o hasta frases que demuestran nuestra cultura, todo eso apunta a un concepto mayor: la universalidad de las Escrituras, y al hecho de que estos principios y las demandas de Dios a Sus hijos sobre el tema de la adoración pueden aplicarse a todos los creyentes alrededor del mundo. En definitiva, nuestro deseo es que este libro llegue al mayor número de personas posible. Todos necesitamos recordar qué es la adoración, más allá de la idea musical con la que a menudo se le asocia. Es crucial seguir explorando sus implicaciones y ramificaciones, y profundizar en cómo la adoración transforma y moldea cada aspecto de nuestra vida. Si antes había necesidad, como cuando deseábamos hallar materiales sobre el tema de la adoración y no los encontramos, esa necesidad aún sigue latente hoy, y va creciendo. Es nuestro anhelo que este libro ayude a muchas personas a comprender y a vivir un aspecto tan fundamental de nuestra fe.
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PARTE I
LO QUE NO ES ADORACIÓN
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ACLAREMOS CONFUSIONES SOBRE LA ADORACIÓN
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Somos adoradores por diseño. Adoramos a Dios o a cualquier cosa que se le antoje a nuestro caprichoso corazón. En cambio, la meta principal de los creyentes verdaderos no es solo adorar a quien consideramos nuestro Dios, sino adorarlo correctamente. 1
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Otto Sánchez
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uizás la mejor manera de comenzar a adentrarnos en el concepto de adoración puede ser definiendo aquello que no es adoración. Al igual que cualquier otro tema bíblico, el de la adoración puede llegar a ser mal entendido y puede generar confusiones. Si empezamos por identificar esos malentendidos o esas confusiones, podríamos despejar dudas y tener un mayor y más claro entendimiento sobre el tema. En algunos casos, es posible que las influencias mágico-religiosas de nuestras tradiciones místicas latinoamericanas hayan afectado el 1. Sánchez, Otto. Hacia la meta: Una guía para el crecimiento espiritual, B&H Publishing Group. Edición para Kindle, pág. 261
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concepto de la adoración, creando una imagen más apegada a lo esotérico u oculto. En muchas de nuestras culturas, aunque hayan sido redimidas por el evangelio, es necesario definir un concepto teológico que nos dé el significado correcto de adoración desde una perspectiva bíblica. A través de los años, hemos visto los estragos de este cambio de conceptos en la adoración. Al visitar diversos países y conocer de cerca el ambiente musical en iglesias de distintos contextos, hemos podido ver de primera mano cómo en muchos lugares el concepto de adoración ha cambiado de una cultura a la otra. Ni hablar de las tradiciones, que en muchos casos se han constituido como el fundamento de nuestras prácticas, y que en algunos casos se han elevado al nivel de creencias apoyados en la famosa frase de: «siempre lo hemos hecho así». No importa cuál sea el fundamento de nuestra cosmovisión al adorar, siempre debemos preguntarnos: ¿qué enseña Dios en Su Palabra sobre la adoración? En este sentido, hemos identificado al menos cinco áreas donde suele haber confusión en nuestra comprensión y, por tanto, en la práctica de la adoración:
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• Qué: Cómo definimos la adoración. • Cómo: De qué manera se expresa o manifiesta la adoración. • Cuándo: ¿Existe un momento o una ocasión específica para adorar? • Dónde: ¿Hay un lugar designado para la adoración? • Quién: ¿A quién podemos considerar un verdadero adorador?
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Cada una de estas áreas se relaciona con elementos fundamentales de la adoración, los cuales, en la actualidad, a menudo debemos defender y explicar, como muchos otros temas de la vida y de la fe. Cada uno de estos cinco aspectos es potencialmente un punto de controversia en la iglesia de hoy. Aunque en esencia ninguno de ellos es particularmente complejo, a veces han sido tan distorsionados o mal enseñados que generan confusión. Mucho tiene que ver más con nuestras tradiciones eclesiásticas o con una mala interpretación de las Escrituras que con su complejidad o misterio en la revelación bíblica. 14
En los próximos capítulos, abordaremos cada uno de estos puntos de manera particular, pero primero debemos sentar algunas bases para nuestro estudio. Debemos ver lo relevante que es el tema de la adoración en la Biblia y observar de dónde pueden surgir las confusiones que vemos hoy en día.
LA CENTRALIDAD DE LA ADORACIÓN
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La adoración es un punto central en las Escrituras. La Biblia nos muestra que desde el principio, antes de la creación de todas las cosas y hasta el final de los tiempos, Dios siempre ha recibido y recibirá adoración de Su creación. Tan temprano como en el libro de Génesis capítulo 4, vemos a Caín y a Abel traer ofrendas y sacrificios a Dios como una señal de adoración y honra. Luego vemos que Abraham (Gén. 12:7), Isaac (Gén. 26:25) y Jacob (Gén. 35:7) levantaron altares e invocaron el nombre de Dios en diferentes momentos de su vida. Cuando Moisés le dice a faraón que deje ir al pueblo de Israel de la esclavitud, le dice que lo haga para que el pueblo vaya y adore a Dios (Ex. 5:1-3). Josué le dice al pueblo: «pero yo y mi casa serviremos al Señor» (Jos. 24:15). En el Nuevo Testamento, los sabios se postran ante el recién nacido Jesús en adoración (Mat. 2:2; Mat. 2:11). Ya adulto, y en pleno ministerio, Jesús le dice a la samaritana que el Padre busca adoradores que lo adoren en espíritu y en verdad (Juan 4:23-24). Más adelante, Pablo les escribe a los corintios que debemos hacerlo todo para la gloria de Dios (1 Cor. 10:31). En Efesios sabemos que Dios nos predestinó, nos salvó y nos dio una herencia para «alabanza de la gloria de Su gracia» (Ef. 1:6, 12, 14). Y más adelante Pedro escribe:
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…para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amén. 1 Pedro 4:11 15
Por último, la visión de adoración que tenemos en el libro de Apocalipsis es universal. Podemos ver a todas las criaturas y a todos los seres vivientes postrándose frente a Dios y al Cordero diciendo: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Apocalipsis 5:13
Dios recibe adoración de Sus criaturas. Eso se espera de ellas. El Dios del universo es el único digno de recibir nuestra adoración. Es más que una invitación, es un llamado. Es un mandato.
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Todo lo que respira alabe al Señor. Salmo 150:6
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Como vemos, la Biblia se toma muy en serio el concepto de adoración. No es un tema trivial o ligero. Es un tema central, con todo el peso del universo. Igual de importante debe ser para nosotros. Entonces, la adoración no debería ser un tema solo de los domingos, o mejor dicho de una pequeña parte del domingo. Para muchos cristianos, la adoración solo se hace cuando nos reunimos a cantar en el servicio de la iglesia y no tiene mucho impacto en su vida fuera del templo. Eso contrasta mucho con lo que la Biblia enseña sobre la adoración. En los salmos, encontramos varios pasajes que nos muestran a los salmistas alabando a Dios desde literalmente cualquier situación en la que estuvieran. Nosotros somos llamados a hacer exactamente lo mismo: exaltar el nombre de Dios en toda nuestra vida. La Biblia presenta el alabar a Dios como un mandato y claramente esto forma parte de nuestra adoración. Pasajes como el Salmo 29:2 lo dicen de una manera muy directa:
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Tributen al Señor la gloria debida a Su nombre; adoren al Señor en la majestad de la santidad. Salmo 29:2
El ejemplo de los salmistas debe servirnos de inspiración de cómo debe ser nuestra adoración, y por supuesto no hay manera de que podamos pasar por alto, en pasajes como el Salmo 29:2, el mandato que recibimos de adorar a Dios y darle la gloria, la alabanza y el honor que solo Él merece.
ENEMIGOS DE LA VERDADERA ADORACIÓN A DIOS
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Pero también la Biblia muestra que hay obstáculos para que adoremos al Señor como Él desea. Podríamos llamarlos los enemigos de la adoración. El primer enemigo que podemos mencionar es Satanás. Vemos que las Escrituras nos dicen que alguien, en el principio, quería recibir la misma honra y el mismo honor que solo Dios es digno de recibir. En aquella descripción que Isaías hace en el capítulo 14 de su libro, y que muchos estudiosos bíblicos coinciden en que se trata de una descripción de la conspiración y caída de Satanás, vemos que el afán de Satanás era alcanzar el mismo estatus de Dios. Quería robarle la gloria. Satanás deseaba recibir lo que solo Dios recibía: la adoración. En otras palabras, quería ser «semejante al Altísimo» (Isa. 14:14). Este retorcido deseo lo llevó a conspirar contra el mismo Dios y fue la razón de su expulsión del reino de los cielos (Isa. 14:12). Desde entonces, Satanás, el enemigo de Dios y nuestro, no ha dejado de desear aquello que no le pertenece, siempre ha procurado extraviar de la verdad a aquellos que somos hijos de Dios, precisamente para que no lo adoremos apropiadamente. Fue exactamente este mismo argumento el que la serpiente (Satanás) utilizó en el Jardín del Edén. Usando sus artimañas y su astucia, Satanás engaña a los primeros humanos sobre la tierra para que
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pequen contra Dios. ¿Cuál fue su argumento? «serán como Dios». Paul Tripp tocante a este punto escribe: La serpiente les presentó la única cosa que no tenían, no debían tener y nunca podrían tener —la posición de Dios. La serpiente les dijo que todo lo que tenían que hacer para ser como Dios era sobrepasar los límites que Dios había establecido claramente.2
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Al pecar, Adán y Eva pierden el deleite de la presencia de Dios y en su lugar viene el temor y la vergüenza. Desde entonces, los seres humanos han sido seducidos por la tentación de ser como Dios, un anhelo que nace desde el mismo interior de Satanás y que no ha menguado en el corazón de los hombres a lo largo de los siglos. Más adelante, en el Nuevo Testamento, vemos un ejemplo más de que Satanás no ha desistido en su empeño de tomar para sí la adoración que le pertenece solo a Dios. En Mateo 4, vemos cómo Satanás tienta a nuestro Señor y se atreve a decirle al mismo Jesús:
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Todo esto te daré, si te postras y me adoras. Mateo 4:9
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¡Increíble! En su empeño por recibir gloria y adoración, Satanás se aventura a pedirle al mismo Dios que se postre delante de él y lo adore. No solamente trató de usurpar el trono de Dios, sino que deseaba que el mismo Dios se inclinara ante él. Así funciona el pecado. ¡Que locura! El pecado es atrevido, hereje y perverso. De esta forma, vemos que Satanás es uno de los enemigos de la adoración verdadera, que es la que va dirigida al Dios de la Biblia. Pero él no es el único enemigo. En segundo lugar, como enemigos de la adoración estamos nosotros, nuestro propio corazón. Como hemos mencionado, por nuestra
2. Tripp, Paul David. Asombro: Por qué es importante para todo lo que pensamos, decimos y hacemos, Poiema Publicaciones. Edición para Kindle (Posición 271)
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naturaleza caída nosotros también deseamos la gloria, la honra y la admiración. Nuestro corazón es un CNI (creador natural de ídolos), y el primero de esos ídolos es nuestro ego. Nos sentamos en el trono de nuestra vida, donde entendemos que reinamos nosotros y nadie más. Nos creemos autosuficientes, todopoderosos, merecedores de honra por nuestras ideas, nuestra vida «perfecta», y que no le debemos nada a nadie, ni siquiera a Dios. Somos capaces de convertir en ídolo cualquier cosa y la amamos más que a Dios, la colocamos en el trono de nuestro corazón y lo destronamos del reino de nuestra vida. Esta es la realidad del corazón humano, y en nuestra naturaleza caída nuestro corazón idólatra se convierte en un enemigo recurrente de la adoración dirigida a Dios. En Jeremías 17:9, Dios es quien revela la verdadera condición de nuestro corazón:
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Más engañoso que todo es el corazón, y sin remedio; ¿Quién lo comprenderá? Jeremías 17:9
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El pronunciamiento divino es fulminante. Primero nos dice que nuestro corazón es engañoso, y somos nosotros los primeros en ser engañados por él. Pero lo que sigue será más extremo aún; con gran transparencia, el texto bíblico dirá que el corazón no tiene remedio, otras versiones dicen «perverso» (RV60 y NTV). Muchos de nosotros no pensamos de esa manera de nuestro propio corazón. Nos creemos mejores que los demás, pero nuestro corazón nos llevará a adorar a las criaturas antes que al Creador (Rom. 1:21-23); nuestro corazón será egoísta y buscará para sí la gloria que solo Dios merece recibir. Buscamos el aplauso y las promociones. Queremos que todos se den cuenta de que fuimos nosotros quienes hicimos tal o cual proyecto, y que fueron nuestras brillantes ideas las que fueron elegidas y no las de los demás. 19
El espíritu del hombre es un perpetuo taller para forjar ídolos.3
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Estamos en una franca batalla contra nuestro corazón desde que nos despertamos en la mañana hasta que nos dormimos en la noche. Algunos incluso tenemos que batallar con nuestro corazón mientras dormimos, porque hasta en nuestros sueños, soñamos lo que no deberíamos. Un tercer enemigo de la adoración es nuestro desconocimiento de las Escrituras. Nuestra falta de estudio de la revelación bíblica nos hace fallar en adorar a Dios como Él espera que lo adoremos. Desconocemos lo que Su Palabra dice, desconocemos lo que Él espera de nosotros. Si verdaderamente nuestro objeto de adoración es Dios, lo menos que deberíamos hacer es interesarnos por conocerlo. Podemos notar que cuando Cristo habló con la samaritana en Juan capítulo 4, ya había discusiones entre judíos y samaritanos con respecto a la adoración. Ella le comenta el desacuerdo que hay entre ambos grupos sobre el lugar de adoración, quizás con la esperanza de desviar la conversación hacia otro punto que no fuera ella y su vida privada. En su respuesta, Jesús enfatiza claramente que parte del error de los samaritanos con respecto a la adoración es el desconocimiento que tienen sobre el asunto. Textualmente le dice:
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Ustedes adoran lo que no conocen… Juan 4:22
Vemos en este versículo que Cristo está mostrando a la samaritana que fallan en no conocer lo que ellos dicen adorar. Por eso, el desconocimiento de lo que Dios dice sobre la adoración en Su Palabra es otro enemigo que la verdadera adoración tendrá. Conocer a Dios por medio de lo que Él ha revelado y no apartarse de ello es 3. Juan Calvino, Institución a la religión cristiana. Libro 1. Capitulo XI. Sección 8. Fundación Editorial de Literatura Reformada (FELiRe). Países Bajos 2019, pág. 67
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vital para adorarlo correctamente. Mira lo que estos pasajes tienen que decir sobre eso: Pero si alguien se gloría, gloríese de esto: De que me entiende y me conoce. Jeremías 9:24 Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento. Oseas 4:6
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Cuídate de cumplir toda la ley que Moisés Mi siervo te mandó. No te desvíes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para que tengas éxito dondequiera que vayas. Este libro de la ley no se apartará de tu boca, sino que meditarás en él día y noche, para que cuides de hacer todo lo que en él está escrito. Porque entonces harás prosperar tu camino y tendrás éxito. Josué 1:7-8
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Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por Él lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo, y ser hallado en Él, no teniendo mi propia justicia derivada de la ley, sino la que es por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios sobre la base de la fe, y conocerlo a Él, el poder de Su resurrección y la participación en Sus padecimientos, llegando a ser como Él en Su muerte, a fin de llegar a la resurrección de entre los muertos. Filipenses 3:8-11
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Conocer a Dios es fundamental para tener una perspectiva correcta de la adoración. Esto no puede ser a partir del conocimiento intelectual únicamente, sino a través del profundo y transformador entendimiento que nos lleva a rendirnos a Él. Aquel conocimiento que nos hace doblar las rodillas frente a la majestad de Su gloria. Conocer a Dios es a la vez nuestra obligación y nuestro deleite. Hallamos gozo 21
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cuando lo conocemos. Ese conocimiento nos lleva a maravillarnos y a asombrarnos mientras lo descubrimos y lo conocemos cada día más. Como dice Warren Wiersbe y veremos más adelante, «la verdadera adoración implica asombro»4. Este conocimiento de Dios no solo nos llevará a adorarlo de forma personal, sino que nos guiará a la perspectiva correcta como iglesia cuando reunidos en Su nombre lo alabemos. El estudio de Dios y Su palabra nos llevará a darle a Él una adoración reverente pero gozosa, ordenada pero espontánea, humilde pero con excelencia. Todo bajo los parámetros de la verdadera libertad cristiana regida por la Santa Palabra de Dios. No es extraño entonces, descubrir que hay confusiones sobre la adoración verdadera cuando tiene tantos enemigos. Satanás delira por recibir la adoración que solo le pertenece a Dios. Nuestro corazón está en el centro de ese ataque y se rehúsa por naturaleza a dar a Dios toda honra y honor, fabricando ídolos que intentan destronar a Dios del centro de nuestro amor. Nuestro desdén para estudiar las Escrituras se suma a la lista, llevándonos a desconocer lo que ellas dicen acerca del Dios que decimos adorar, y a no darle gloria como Él merece y espera. Todo esto nos aleja del verdadero propósito y la verdadera esencia de la adoración. Por eso, en los capítulos siguientes, nos proponemos aclarar algunas de las confusiones que ya se encuentran presentes dentro de la iglesia. Abordaremos estas cuestiones a través de las preguntas fundamentales: qué, cómo, cuándo, dónde y quién en relación con la adoración.
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4. Wiersbe, W. Real Worship: playground, battle ground or holy ground? Baker Books. 2000. Grand Rapids, MI. pág. 41. (Traducción libre).
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QUÉ ES LA ADORACIÓN
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Los músicos cristianos tienen que ser particularmente cuidadosos. Pueden crear la impresión de que Dios está más presente cuando hay música que cuando no; que la alabanza es más posible con música que sin ella; y que Dios puede llegar a depender de la música antes de hacerse presente 1.
Harold Best
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ohn Coltrane fue uno de los grandes intérpretes de todos los tiempos del mundo del jazz. Soplando su saxofón, colaboró con grandes nombres de la música como Dizzy Gillespie, Charlie Parker, Miles Davis y Thelonious Monk. Pero en el año 1957, algo pasó en la vida de John Coltrane, en sus propias palabras, fue un «despertar espiritual». Durante el año 1957, experimenté, por la gracia de Dios, un despertar espiritual que me llevaría a una vida más rica, más plena y 1. Best, Harold. Music Through the Eyes of Faith (San Francisco, Harper Collins, 1993), pág. 153. (Traducción libre).
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más productiva. En ese momento, en agradecimiento, pedí humildemente que se me dieran los medios y el privilegio de hacer felices a los demás a través de la música. Siento que esto ha sido concedido a través de Su gracia. TODA ALABANZA A DIOS.2
Estas hermosas palabras aparecen en el reverso de la portada de su álbum A Love Supreme, que es considerado el álbum más espiritual del músico. Pero lo que Coltrane plasmó en el reverso de ese álbum no se queda ahí. En su extensa dedicatoria, Coltrane nos dirá un poco más de cuál era su intención con ese nuevo disco.
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Este álbum es una humilde ofrenda a Él. Un intento de decir «GRACIAS DIOS» a través de nuestro trabajo, así como lo hacemos en nuestro corazón y con nuestra lengua. Que Él ayude y fortalezca a todos los hombres en toda buena obra.3
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Aunque leer estas palabras del puño y letra de uno de los mejores intérpretes de jazz de todos los tiempos nos sorprende, Coltrane no las estaba dedicando al Dios de la Biblia que tú y nosotros conocemos. Él había estado estudiando las religiones de la India y estaba obsesionado con el misticismo de las culturas orientales. Creía en todas las religiones y hablaba de Dios como el ser supremo que englo baba todas las creencias. Esa experiencia que tuvo, a la que se refirió como «un despertar espiritual», fue cuando en el proceso de desintoxicación para dejar la heroína, dijo que Dios le había hablado audiblemente. Después de esa experiencia, Coltrane se dedicó a buscar en la música algún tipo de poder cercano a lo religioso. Uno de sus biógrafos, Lewis Porter, escribió en su libro John Coltrane: his life and music [John Coltrane: su vida y música], lo siguiente:
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2. Contraportada de A Love Supreme, álbum de John Coltrane. 9 de diciembre de 1964. Englewood Cliffs, New Jersey. Impulse! Label. 3. Idem.
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No fue solo el sonido de la música mundial lo que lo atrajo; Coltrane estaba interesado en todo tipo de religión y en todo tipo de misticismo. Sabía que en algunas culturas populares se consideraba que la música tenía poderes místicos y esperaba entrar en contacto con algunas de esas capacidades. Le dijo a Nat Hentoff: «Ya he estado investigando esos enfoques de la música ‒como en la India‒ en los que sonidos y escalas particulares pretenden producir significados emocionales específicos».4
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Ahora podemos entender mejor qué fue lo que pidió cuando escribió en la dedicatoria de su álbum A Love Supreme: «Pedí humildemente que se me dieran los medios y el privilegio de hacer felices a los demás a través de la música». Ya entendemos que no era simplemente un deseo de que las personas disfrutaran de su música, sino que sinceramente creía que la música tenía poderes para cambiar la realidad. Esto es mucho más palpable en lo que Lewis Porter nos sigue diciendo en su libro:
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Como (John Coltrane) explicó: Me gustaría acercar a la gente algo así como la felicidad. Me gustaría descubrir un método para que si quiero que llueva, enseguida empiece a llover. Si uno de mis amigos está enfermo, me gustaría tocar cierta canción y que se cure; cuando esté sin dinero, pueda tocar una canción diferente e inmediatamente reciba todo el dinero que necesite. Pero qué son esas piezas y cuál es el camino por recorrer para llegar a conocerlas, eso no lo sé. Aún se desconocen los verdaderos poderes de la música. Poder controlarlos debe ser, creo, el objetivo de todo músico. Me apasiona comprender estas fuerzas. Me gustaría provocar reacciones en los oyentes de mi música, crear una atmósfera real. Es en esa dirección en la que quiero comprometerme y llegar lo más lejos posible».5
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4. Porter, Lewis. John Coltrane: his life and music. University of Michigan Press 1997, pág. 211. (Traducción libre). 5. Porter, Lewis. John Coltrane: his life and music. University of Michigan Press 1997, pág. 211. (Traducción libre).
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Para Coltrane, la música tenía poder en sí misma para alterar la realidad. Estaba cargada de misticismo y lo único que faltaba para acceder a ese poder transformador era saber el camino para llegar a dominarlo. Finalmente, John Coltrane fue canonizado por la Iglesia Ortodoxa Africana6, y una congregación de San Francisco en los Estados Unidos lleva su nombre y lo venera como un santo.7 Una de las mayores confusiones que podemos encontrar sobre la adoración está en su naturaleza misma. ¿Qué es adoración? Esta es una pregunta básica si queremos siquiera empezar a explorar el tema, pero en esta misma pregunta ya pueden comenzar a surgir nuestros problemas. Lamentablemente, un gran porcentaje de personas que se llaman cristianas, cuando se les hace la pregunta sobre qué es adoración responden: música. Hemos confundido la sensación y las emociones que la música evoca con aquello que llamamos adoración. La confusión número 1 que nuestra generación tiene respecto a la adoración es pensar que la música y la adoración son sinónimos o que guardan una relación de dependencia. Hay todo tipo de teorías como que la adoración es un tipo de música lenta y suave mientras que las alabanzas son las canciones más movidas que nos hacen alegrarnos. Otras tienen que ver con que la adoración es básicamente cantar, tocar un instrumento, levantar las manos mientras se canta, o simplemente un momento agradable donde hay música de fondo. Incluso algunos llegan a pensar que solo por escuchar música llamada cristiana en el auto o en la oficina pueden decir que han hecho «un acto de adoración». Y otros, como Coltrane, han llegado a creer que la música por sí misma puede tener poderes de curación, expulsión de demonios, crear atmósferas, o servir como puente para que nuestra «adoración» llegue más fácil al cielo. Tenemos un amigo no creyente que antes de dirigir sus conciertos sinfónicos «ora» detrás del escenario, pidiendo que si alguien de la audiencia tiene algún problema de salud, la música de esa noche «lo
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6. The Canonization of Saint John Coltrane. The New York Times Style Magazine. Consultado el 19 de marzo de 2024 en https://www.nytimes.com/2021/12/03/t-magazine /john-coltrane-church.html 7. https://www.coltranechurch.org/ Consultado el 20 de marzo de 2024.
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toque y lo sane». Quizás digas: «¡Ok! Es un no creyente». El problema es que eso no dista mucho de lo que se practica en algunos púlpitos, de manera habitual durante los tiempos de alabanza o «ministración». Un ejemplo de esto es cuando las iglesias usan la «adoración» como una herramienta para «limpiar los aires» y como un arma para «atar al hombre fuerte», o cuando usan el tiempo de los cánticos para que Dios traiga sanidad, prosperidad económica, expulsión de demonios o cualquier otro beneficio «espiritual» a partir de las canciones que se cantan. Pensar de esa manera nos hace darnos cuenta de que le hemos dado a la música un lugar y un poder que no tiene y que las Escrituras no apoyan, y que hemos cambiado el significado de la adoración por un concepto musical. No estamos en contra de la música o de cantar en la iglesia. Tampoco estamos en contra de los instrumentos musicales. Por la gracia de Dios, hemos dedicado los últimos veinte años a servir al Señor en el ministerio musical. Tuvimos la dicha de estudiar música en la universidad y en nuestro contexto latinoamericano desarrollar una vida laboral en torno a la música, que nos ha llevado a trabajar en diferentes áreas como dirección coral, dirección orquestal, enseñanza, presentaciones en vivo, composición, arreglos y producción musical entre otras. No estamos para nada en contra de la música ni de los instrumentos musicales. Todo lo contrario, nos apasiona al punto que nos hemos dedicado a ella completamente, tanto en estudio como en trabajo y ministerio. No queremos decir que la música intrínsecamente tenga algo malo o que esté prohibida. Lo que queremos enfatizar es que cuando hablamos de música, no necesariamente estamos hablando de adoración; la música no es la medida y la llenura de la adoración. Por más agradable o impactante que la música sea, no define por completo la adoración. El concepto de adoración está muy por encima de lo que la música puede ofrecer, y por ende el concepto de música se queda corto al tratar de usarlo como sinónimo de adoración. La música es un medio, no la fuente.
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La adoración implica música, pero esta no la define. 27
MÁS QUE MÚSICA
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La Biblia está llena de porciones que nos hablan de la adoración, como también de diferentes personas en distintas circunstancias que adoraron a Dios y le dieron gloria, honor y alabanzas. De estos ejemplos podemos aprender y ampliar nuestro conocimiento de lo que realmente es adoración. Por eso, cuando definimos la adoración, más que nuestras experiencias, debemos ir a las Escrituras a ver qué es lo que ellas tienen que decir al respecto y viendo lo que ellas nos dicen adecuar nuestros conceptos y criterios sobre cualquier tema. Pero contrario a lo que podríamos pensar, una gran cantidad de pasajes bíblicos donde se habla de la adoración no tienen ninguna referencia a la música ni a los instrumentos musicales. Muchas veces, pensamos en que la música y la adoración siempre van juntas, pero no es siempre así en las Escrituras. Veamos dos ejemplos, uno en el Antiguo Testamento y otro en el Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento tenemos aquel famoso pasaje, muy al inicio de la raza humana, donde dos hermanos vinieron a traer sus ofrendas a Dios. Nos referimos al conocido pasaje de Caín y Abel en Génesis capítulo cuatro. Aunque nos parece que todos conocemos esta historia, no queremos dejar de puntualizar algunas cosas que a partir de este relato podemos ver respecto a la adoración. No sabemos en qué momento del año o de alguna conmemoración tuvo lugar, pero sí sabemos que ambos trajeron sus ofrendas delante de Dios «Al transcurrir el tiempo» (Gén. 4:3). Esto debe captar de inmediato nuestra atención. El acto de ofrendar que vemos aquí, el hecho de traer algo como sacrificio de entrega a Dios es parte de lo que vemos que define la adoración. Este pasaje nos permite ver al hombre en una etapa muy temprana de la humanidad, con la noble tarea de traer ofrendas a Dios. Por eso este pasaje se ha convertido en un referente del tema de la adoración. Ambos vienen a presentarse frente al Creador y traen de lo que tienen,
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de lo que han recibido de Él mismo. Vienen a entregar una ofrenda que esperan que Dios en los cielos reciba y de la cual se agrade. Si esto no es adoración, entonces nada más lo es. Pero pronto surgen los problemas. Una ofrenda es aceptada y otra es rechazada. La ofrenda de Caín no fue aceptada mientras que la de Abel sí. Diferentes interpretaciones han intentado explicar por qué una fue aceptada y la otra rechazada. Algunos sostienen que se debió al tipo de ofrenda, que Dios prefiere una cosa sobre otra, que faltó sangre en uno de los sacrificios, que la diferencia fue la actitud de indiferencia o de excelencia de quienes presentaron las ofrendas. Si bien cada una de estas ideas mencionadas tiene un valor, el texto nos ayuda a entender algo importante sobre la adoración, algo que, si lo perdemos de vista, nos llevará a una interminable lista de requisitos que creemos que necesitamos para adorar adecuadamente, algo que será más cercano a la forma y no al fondo. Para identificar por qué uno fue rechazado y el otro aceptado debemos volver a mirar. El texto nos dice:
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El Señor miró con agrado a Abel y su ofrenda, pero no miró con agrado a Caín y su ofrenda. Caín se enojó mucho y su semblante se demudó. Entonces el Señor dijo a Caín: «¿Por qué estás enojado, y por qué se ha demudado tu semblante? Si haces bien, ¿no serás aceptado? Pero si no haces bien, el pecado yace a la puerta y te codicia, pero tú debes dominarlo». Génesis 4:4-7
Hay varias señales aquí a las que debemos prestar atención. Lo primero es que el texto dice que Dios aceptó a «Abel y su ofrenda», pero rechazó a «Caín y su ofrenda». ¿Lo notaste? Antes de aceptar la ofrenda Dios aceptó o rechazó a quienes la ofrecían. No es una simple curiosidad del texto, es algo a lo que debemos prestar atención. Antes de aceptar algo de nuestras manos, Dios se agrada o no de nosotros, es primero quienes somos, antes de lo que podamos darle. El autor y 29
comentarista bíblico Matthew Henry, hablando sobre este pasaje de Génesis cuatro nos dice: Había una diferencia en los caracteres de los oferentes. Caín era un malvado y, por tanto, su sacrificio era una vana ofrenda (Isa. 1:13). Dios no veía con agrado su persona y, por ello, no miraba con agrado su ofrenda. Pero Abel era recto; es llamado Abel el justo (Mat. 23:35); su corazón era recto y piadosa su vida. Dios le miró con agrado como a hombre santo y, por tanto, a su ofrenda como a santa ofrenda.8
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La diferencia no estuvo en la ofrenda, sino en quién la ofrecía. El sello a este planteamiento lo tiene el versículo 7. Después de que Caín se enoja porque su ofrenda no fue aceptada delante de Dios, la Biblia dice que Dios le habló. Es un detalle que no debemos pasar por alto. En su conversación con Caín, Dios le deja en claro cuál fue la razón por la que no aceptó la ofrenda de sus manos. El texto dice:
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Entonces el Señor dijo a Caín: «¿Por qué estás enojado, y por qué se ha demudado tu semblante?» Si haces bien, ¿no serás aceptado? Génesis 4:7
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No dice que la ofrenda sería aceptada, sino que Caín habría sido aceptado. Antes de rechazar la ofrenda de Caín, Dios había rechazado al mismo Caín. Su vida no era compatible con una vida que agradara a Dios, por lo tanto aquello que viniera de sus manos tampoco sería aceptado. Esto nos habla de cómo Dios ve la adoración y cómo nos ve a nosotros. No le deslumbran nuestros regalos o nuestros talentos. No tiene que ver si lo que le traemos es más caro o barato que lo que los demás traen, no importa si es más nuevo o más viejo haciendo comparaciones en cuanto a lo que traemos. Él se agrada aun de dos 8. Henry, M., & Lacueva, F. (1999). Comentario Bíblico de Matthew Henry (pág. 24). Editorial CLIE.
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pequeñas monedas de una pobre viuda que demuestra lo que hay en su corazón al dar lo poco que tiene, y no de las fortunas de otros que daban de lo que les sobraba. Para nuestra sorpresa, aunque este texto de Génesis nos habla de adoración, no hay aquí ningún elemento musical al que podamos vincular este pasaje. No hay parlantes, no hay instrumentos, no hay un coro ni equipos de sonido, pero sí hay adoración. Otro ejemplo lo podemos encontrar en Juan capítulo 9. Esta porción es muy conocida porque en ella vemos a Jesús que sana a un ciego de nacimiento. Todo empieza con los discípulos que preguntan la razón de por qué este hombre había nacido ciego. ¿Fue que él pecó antes de nacer? ¿Era un castigo por los pecados de los padres? Cualquier parecido con nosotros no es coincidencia, nosotros pensamos igual que los discípulos. La respuesta que Jesús les da es «que está ciego para que las obras de Dios se manifiesten en él» (Juan 9:3), y procede a curarlo untándole lodo y enviándolo a lavarse en un estanque de la zona. Cuando este hombre regresa, todo le sale mal. Las personas no creen que él era el ciego que antes pedía a la orilla del camino. Lo llevan ante los sacerdotes pero estos al tener aversión hacia Jesús comienzan un interrogatorio exhaustivo al ciego y lo obligan a repetir una y otra vez cómo fue que sanó. Después de mucho interrogatorio, e incluso de llamar a los padres del ciego a testificar si este era su hijo o no, el hombre recibe una gran humillación y un castigo: lo expulsan de la sinagoga. Es en esta condición, cuando Jesús y el hombre sanado vuelven a encontrarse:
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Jesús oyó decir que lo habían echado fuera, y cuando lo encontró, le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del Hombre?». Él le respondió: «¿Y quién es, Señor, para que yo crea en Él?» Jesús le dijo: «Pues tú lo has visto, y el que está hablando contigo, Ese es». Él entonces dijo: «Creo, Señor». Y lo adoró. Juan 9:35-38 31
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En este fragmento del diálogo que Jesús y este hombre tienen hay mucho que podemos aprender sobre la adoración. Lo primero que es muy notable es que Jesús no le pregunta por el milagro que le ha dado la vista a este hombre que había nacido ciego. Imagina esto por un instante. Llevas toda tu vida viviendo en la oscuridad. Desde que naciste no sabes lo que es el cielo, los colores o los rostros de las personas. Nunca has visto el rostro de tus padres. Te explican cosas como el sol y te describen las nubes, los árboles y el mar. Nada de esto tiene mucho sentido para ti porque solo puedes usar tu limitada imaginación a la que le falta un punto de referencia porque nunca has visto nada con tus ojos en toda tu vida. Ahora, siendo un adulto (no sabemos la edad de este hombre), después de haber vivido en la oscuridad posiblemente durante décadas, abres los ojos para ver por primera vez, cumpliendo así todos los sueños que has tenido posiblemente durante toda tu vida y que quizás hasta ya te habías resignado a nunca tener. Ahora puedes ver los colores, las formas. Te das cuenta de que todo aquello que te habías imaginado es diferente; por primera vez puedes observar el sol, el cielo, las nubes y los rostros. ¡Los rostros! Puedes ponerle imagen a la voz que antes oías y que reconocías solo con escucharla, pero que ahora puedes ver de quién sale. Poder ver por primera vez en su vida es la experiencia sensorial, física, emocional y espiritual más grande que le haya pasado en toda su vida a este hombre. Bueno, hasta ahora. Jesús no hace referencia a esto cuando lo encuentra. No le pregunta si ve bien, si la operación salió bien o cómo se siente. No. Lo que hace es preguntarle por sus convicciones espirituales, qué es lo que este hombre cree.
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¿Crees tú en el Hijo del Hombre?
Este hombre quiere creer pero no tiene toda la información necesaria. No sabe con quién está hablando porque recordemos que su encuentro anterior con Jesús fue cuando aún era ciego. No sabe cómo luce quien lo sanó. Por eso este hombre pregunta: «¿Y quién es, Señor, 32
para que yo crea en Él?» (Juan 9:36). Jesús entonces se revela a este hombre, no solo como quien lo ha sanado, sino como el Hijo del Hombre, que es un título mesiánico y que los judíos podían entender muy bien. Jesús le dijo: «Pues tú lo has visto, y el que está hablando contigo, ese es».
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Y es aquí donde sucede el verdadero milagro. Jesús se revela a sí mismo frente a este hombre. Un hombre que ha vivido todo tipo de experiencias durante ese día. Sus emociones han estado arriba y abajo, desde la euforia hasta la confusión y la decepción. Pero nada de lo que había pasado hasta ahora le ha hecho caer de rodillas en adoración a Dios. No ha sido el milagro de recuperar la vista lo que lo ha llevado a adorar, ha sido la revelación del Hijo de Dios. Él entonces dijo: «Creo, Señor». Y lo adoró.
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¿Qué fue lo que lo llevó a la adoración? No fue el milagro de haber recibido la vista lo que hizo que este hombre adorara, no fue ver a sus padres por primera vez en su vida, no fue ver la luz, los colores, las formas ni nada. Entonces, ¿qué fue lo que lo llevó a ser un verdadero adorador? La revelación de Jesús frente a él lo llevó a la convicción de inclinarse y adorar. Podemos afirmar que es en este momento cuando este hombre verdaderamente dejó de ser ciego. Aquí no hay luces, sonidos ni pantallas. No hay cantantes, micrófonos ni instrumentos musicales. Ese concepto que tenemos de que la adoración y la música están en la misma esfera es simplemente falsa y errónea. La adoración es más que música y hasta que no entendamos eso creeremos que debemos hacer que la gente cante para que adore, que siempre que se hable de adoración debe participar la música, que debemos tener un buen repertorio para que el pueblo alabe y por ende, que adore, que nos faltan músicos, instrumentos o equipos para que las personas de nuestras iglesias puedan «adorar correctamente». No.
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La adoración trasciende las fronteras de la música y lleva nuestras alabanzas a lugares donde la música nunca podrá llegar por sí sola. La adoración tiene que ver con toda nuestra vida, la música es solo una pequeña parte del todo de mi vida. Nosotros también hemos tenido que aprender esta verdad. Hace algunos años, nuestro pastor trataba de enseñarnos este principio y nos preguntaba: ¿Qué pasaría si un domingo en la mañana no tenemos músicos en el servicio y no podemos tener acompañamiento musical ese día? ¿No se adoraría porque nos falta música? ¿Y si la iglesia está acostumbrada solamente a ver la adoración relacionada con la música? ¿Podrían ellos elevar sus cantos sin ese acompañamiento musical en vivo?
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ADORACIÓN Emociones
Devocional
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Entretenimiento
Mayordomía
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Iglesia
Matrimonio
Ahorros
Prioridades
Crianza de los hijos
Planes
Música
Amigos
Relaciones
Viajes
Salud
Ejercicio
Estudios
Servicio
Trabajo
Figura 1. Toda mi vida es parte del conjunto de la adoración, incluyendo la música. 34
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Aunque sabemos que es perfectamente posible que hagamos el culto a capella9, sin acompañamiento, él apuntaba a la relación de dependencia que nuestras mentes modernas han desarrollado entre la adoración y la música. Esto nos motivó a planificar que, durante nuestra próxima reunión dominical, cantáramos una de las canciones del programa a cappella, solo con nuestras voces. Deliberadamente, el día de nuestro ensayo musical no practicamos la última canción, debido a que era muy conocida por el grupo y ampliamente dominada dentro de nuestro repertorio. En el culto, al llegar el momento exacto en que debíamos cantar esa última alabanza —y antes de que los músicos marcaran la introducción del conocido himno— interrumpimos el inicio de la canción para dirigirnos a la congregación: «La música es un regalo de Dios, pero no necesitamos la música para adorar». Leímos el pasaje de Génesis 4 y ofrecimos una breve explicación. Entonces pedí a todos los músicos que bajaran del altar y los invité a unirse desde abajo a toda la iglesia, cantando el himno junto a la congregación. Pude ver sus rostros sorprendidos por lo inusual de mi pedido, sobre todo porque no les había avisado, aunque lo habíamos planificado como parte de la liturgia para ese domingo. Animamos a la congregación a usar el mejor instrumento para alabar a Dios, nuestra voz. La respuesta fue abrumadora. La congregación se puso de pie sin que se les pidiera, y solo bastaron unos pocos gestos para que todos alzaran sus voces. Ese día levantamos un gran coro compuesto por los cientos de voces unidas esa mañana, algunas afinadas y otras no, pasadas todas por el mejor afinador que existe, el Espíritu Santo. Aquello fue espléndido, glorioso, reverente y espontáneo. Todo un coro de almas entremezclando colores vocales cantando a una voz:
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9. Término musical que se aplica al canto sin acompañamiento musical: como en la capilla. Alison Latham, ed., The Oxford Companion to Music (Oxford: Oxford University Press, 2002), [pág. 3].
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¡Oh, tu fidelidad! ¡Oh, tu fidelidad! Cada momento la veo en mí. Nada me falta, pues todo provees, ¡Grande, Señor, es tu fidelidad!10
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¿Cómo reaccionaría tu iglesia si les tocara cantar un domingo sin acompañamiento musical? ¿Cómo crees que reaccionarían tus compañeros de ministerio de alabanzas si les mostraras que no necesitamos la música para alabar? Para nuestra congregación, fue un buen ejercicio cantar sin necesidad de acompañamiento alguno. Nos enseñó que no dependemos de una guitarra o un piano para elevar nuestras voces en alabanzas a Dios. Solo se necesita un corazón agradecido a Dios, que haga memoria de lo que Él ha hecho por nosotros para elevar un canto sublime a su Creador y Salvador. Pero la reflexión debe ser más profunda, ni siquiera necesitamos cantar o usar nuestras voces para alabar a nuestro Señor. Nuestra vida, en todas sus facetas, habla por sí misma, canta por sí misma, alaba o no por sí misma al Señor. La adoración envuelve toda nuestra vida, la música es solo un medio de muchos, que podemos usar para alabar.
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NO CONFUNDAMOS LOS CONCEPTOS Por supuesto, no estamos tratando de hablar mal de la música, sino de colocarla en el lugar que le corresponde. Cuando hablamos de música y de adoración, muchas personas piensan que son lo mismo, pero en realidad estamos hablando de dos conceptos diferentes. 10. Oh tu Fidelidad, himno. Letras por: Thomas O. Chisholm, 1923, trad. Honorato Reza. Música: William M. Runyan, 1923.
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Para igualar ambos conceptos, debemos elevar el concepto de música en detrimento del concepto de adoración. Reducimos nuestra noción sobre la adoración cuando la igualamos a la música o a cualquier otra cosa. No podemos pensar que la adoración es sinónimo de un sonido fuerte o un sonido suave, no debemos pensar que las luces hacen que la adoración florezca. No, el concepto de adoración empieza cuando rendimos todo de nuestra vida a Dios (incluida la música, las luces y las oraciones), y no solo una parte de ella. John MacArthur escribió:
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La verdadera adoración debe empezar en el corazón y en la mente del adorador. De ahí que no pueda equipararse a los elaborados cultos, los edificios ornamentados, las elocuentes oraciones o la hermosa música. Esas cosas pueden ser expresiones externas de la adoración genuina, pero Dios sólo acepta aquello que fluye de la sincera devoción hacia él.11
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¡Sí! La música puede ser usada como expresión de la adoración, pero solo eso, una expresión, no la adoración como tal. Por eso, cuando ponemos la música en el mismo nivel y la igualamos a la adoración, le estamos dando un lugar que realmente no tiene, pero por otro lado estamos rebajando y disminuyendo el impacto real que el concepto de adoración sí debe tener en toda nuestra existencia.
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CONCEPTO DE ADORACIÓN
Línea de igualdad CONCEPTO DE MÚSICA
Figura 2. Los conceptos de adoración y música no están en igualdad de condiciones. 11. MacArthur, John. Teología Sistemática: un estudio profundo de la doctrina. Editorial Portavoz. Grand Rapids, MI. 2018, pág. 807
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Como el gráfico intenta mostrar, el concepto de adoración está por encima del concepto de música. Si quisiéramos elevar el concepto de música al concepto de adoración, no sería simplemente levantar la música, sino que al mismo tiempo, estaríamos rebajando el concepto de adoración. No hay nada en las Escrituras que nos lleve a pensar que la música y la adoración son sinónimos. Esta manera de pensar se fue gestando entre las décadas de 1980 y 1990, cuando reconocidos músicos y cantantes dieron el salto a la fama y comenzó a llamarse a la música de la iglesia música de alabanza y adoración. Miguel Ángel Palomino menciona que fue un «fenómeno» a mediados de los años 80 el que comenzó todo este impacto en la música y la adoración.12 Desde entonces, la música ha acaparado toda la atención cuando se habla de adoración. Quienes la ejecutan se han convertido en los distribuidores exclusivos de la «presencia de Dios» y quienes escuchan sus acordes y melodías son recompensados con la «experiencia de adoración». Aunque el concepto sobre la adoración haya cambiado para nosotros, para Dios no. Es nuestro deber rescatar el verdadero significado de la adoración para darle el lugar que siempre ha tenido, y debe tener en nuestras vidas.
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12. Palomino, Miguel A. ¿Qué le pasó al culto en América Latina?: La adoración en las iglesias evangélicas. Ediciones PUMA. Edición para Kindle, pág. 13.
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CÓMO DEBEMOS ADORAR La alabanza es el punto de efervescencia de un corazón que hierve.1
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John MacArthur
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s la primera vez que estás en un partido de fútbol. El estadio es una increíble estructura de ingeniería y a tu alrededor tienes miles de personas. La voz en los parlantes anuncia el inicio del partido y ves cómo todos los asistentes se ponen de pie y comienzan a cantar el himno nacional. Te sientes sobrecogido e impactado por las miles de voces que entonan estas conocidas letras. Lo has cantado toda tu vida, pero hoy es diferente. Tantas personas al mismo tiempo, como si fueran un solo individuo, cantando con tanta pasión le dan a este momento un toque único, emotivo y unificador. Se te erizan los pelos y se te humedecen los ojos. Es un gran momento. Si nunca has tenido esa clase de emoción o experiencia antes, puedes simplemente ver la presentación del Himno Nacional de los 1. MacArthur, John. Adorar: ¡la máxima prioridad! Editorial CLC. Bogotá, Colombia 2013, pág. 30
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SERES EMOCIONALES
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Estados Unidos de América en el Super Bowl número XXV celebrado en 1991 en Tampa, Florida. El acompañamiento de esta majestuosa interpretación estuvo a cargo de la orquesta sinfónica del Estado de la Florida bajo la dirección del maestro Jahja Ling, interpretando el maravilloso arreglo escrito por John Clayton. Por si esto fuera poco, las letras de este Anthem2 fueron interpretadas nada más y nada menos que por la increíble voz de Whitney Houston. Esta performance, que está en video y en audio, con varios millones de reproducciones a través de internet y en los diferentes medios de streaming, tiene además un montón de videos de personas de diferentes partes del mundo que reaccionan a esta poderosa ejecución, probando que esta interpretación pone a cualquiera con los pelos de punta y en algunos casos, llega a conmover hasta las lágrimas, sin importar si eres estadounidense o no.3 Si nunca la has visto, tómate un momento, mírala y luego vuelve. Si ya la conoces, vuelve a verla y a vivir toda esa intensidad de emociones. Luego regresa; aquí te esperamos.
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Dios nos ha creado como seres emocionales, Él nos creó de esa manera. Él nos ha dado la capacidad de reír, asombrarnos, disfrutar y sufrir. 2. Un anthem es una composición coral religiosa. El término proviene del inglés medio y está relacionado con el antiphon gregoriano, desarrollándose en el siglo xvi como equivalente al motete, pero con texto en lengua vernácula (Encyclopaedia Britannica). En Estados Unidos, se popularizó como forma musical devocional dentro del culto protestante contemporáneo. Encyclopaedia Britannica, s.v. «Anthem», última modificación 2023, https://www.britannica.com/art/anthem. 3. La presentación hecha por Whitney Houston en el Superbowl de 1991 es popularmente considerada como la mejor interpretación del Himno Nacional de los Estados Unidos de América hecha jamás en un evento deportivo. El momento histórico en que fue hecha, la calidad del arreglo orquestal, la gran dirección musical de Jahja ling, y por supuesto la increíble interpretación de Houston, hacen de este performance algo épico. Puedes verla aquí: https://www.youtube.com/watch?v=N_lCmBvYMRs (consultado el 19 de febrero, 2024)
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Podemos reír con pasión o llorar con amargura. Podemos ver una actuación poderosa (como la del video) y quedar impactados. No somos robots mecánicos sin sentimientos. Hemos sido creados a imagen de Dios y eso incluye nuestros sentimientos. Como escribiera un querido pastor, hemos sido «creados a imagen de un Dios que canta».4 Los sentimientos no son malos. Pero cuando hablamos de la adoración, y sobre todo del canto y la música, muchas personas tienen opiniones encontradas sobre qué papel juegan los sentimientos. Para algunos, los sentimientos deben estar mínimamente presentes o quizás hasta suprimidos por completo en la adoración. Para otros, expresarse emocionalmente y tener la experiencia de «sentir algo» mientras se canta o se tocan los instrumentos es la evidencia clara de que han adorado. Hace años, un amado pastor nos contaba sus experiencias con estos dos extremos en cuanto a los sentimientos. Nos decía: «Creo que hay dos extremos que han movido el péndulo de la adoración corporativa en algunas iglesias: el primero, amparado en la “libertad del cristiano”, dice que Dios es alegre, vivo y gozoso, y en nombre de esta “libertad” dan rienda suelta a sus emociones, al punto que solo les falta treparse por las paredes como El hombre araña. En el otro extremo, están aquellos que piensan que como Dios es un Dios tan serio, de orden y de reverencia, no está permitido reír ni aplaudir, y debemos tener cuidado con las expresiones físicas o emocionales, porque debemos respetar el orden frente a Dios». Este amado pastor concluye: «Ambas posturas están cayendo en extremos que debemos evitar». Al analizar la experiencia que los adoradores dicen tener en las reuniones o cultos, vemos una tendencia de muchas personas a buscar en el servicio de la iglesia una experiencia sensorial agradable y que pareciera aumentar con los años. George Barna en su libro Los 9 Hábitos de las Iglesias Altamente Efectivas, expone que para muchas personas el asistir a la iglesia simplemente significa una «experiencia agradable»:
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4. Rossi, Fabio. La adoración. En el capítulo escrito por el Pastor Sugel Michelen: «¡Dios quiere que Su pueblo le alabe cantando!». Poiema Publicaciones. Colombia 2021, pág 42.
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Hay millones de adultos que asisten con frecuencia a la iglesia y creen que el propósito de asistir es tener una experiencia agradable. Son más las personas que creen que la asistencia a los cultos de adoración es para beneficio personal, o para tener un momento placentero, que quienes creen que lo hacemos para Dios. Consideran que una «buena adoración» es cantar canciones e himnos que les agradan, escuchar un sermón que entienden o que juzgan favorablemente (porque les resulta consolador, cómodo o provechoso) e interactuar con sus amistades.5
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Aunque Barna publicó su libro en 1999, pareciera que algunas de sus premisas no han desaparecido, sino que, por el contrario, han aumentado. Monique Ingalls publicó en 2018 un libro titulado Singing the Congregation: How Contemporary Worship Music Forms Evangelical Community [El canto de la congregación: Cómo la adoración contemporánea forma la comunidad evangélica], donde, entre otras cosas, explora la respuesta de los asistentes a diferentes tipos de reuniones en torno a la «música de adoración contemporánea» (contemporary worship music). Dice lo siguiente:
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Los líderes y participantes […] compartieron muchas creencias sobre el papel de la música en la adoración y la vida espiritual, incluida la expectativa de los participantes de un encuentro personal con Dios durante el canto congregacional. Durante esos tiempos, los adoradores describían lo que Dios estaba haciendo en sus vidas en términos de «hablar», «ministrar» o «ser real para mí»».6
Tal vez no sea tu caso o no te sientas identificado con lo que Ingalls ha encontrado en su investigación, pero la verdad es que hoy 5. Barna, George. Los 9 hábitos de las iglesias altamente efectivas. Editorial Vida. Miami, FL. 2007, pág. 95. 6. Ingalls, Monique M. Singing the Congregation: How Contemporary Worship Music Forms Evangelical Community. Oxford University Press. Edición para Kindle, pág 85. (Tradución libre).
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en día, para muchas personas la adoración es «sentir algo» mientras se canta o se escucha música. Por mucho tiempo, los cristianos nos hemos hecho la idea de cómo debe ser la adoración. Pensamos que la manera correcta de adorar tiene que ver con una postura corporal, quizás levantando las manos y tal vez hasta llorando. Un rostro cabizbajo de alguien que balbucea para sus adentros una profunda oración mientras se seca las lágrimas nos parece un verdadero cuadro de cómo se ve un adorador sincero. No hay nada de malo en cantar de pie o en hacerlo sentado. No hay nada de malo en levantar las manos, arrodillarse o aun llorar. El problema viene cuando definimos la adoración solo en esos términos, y decidimos quién está adorando o no, solo por cuántos sentimientos expresa.
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La adoración implica sentimientos, pero estos no la definen.
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MÁS QUE SOLO UNA EMOCIÓN
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Los Salmos son una evidencia de que las emociones son parte de la experiencia del adorador. Los Salmos fueron escritos desde diversos estados de ánimo y nos invitan a expresar nuestras más sinceras emociones para Dios, incluso a un nivel de orden o mandato. La paleta de colores emocionales que encontramos en los Salmos es tan variada como estos ejemplos a continuación. Los salmistas escribían: En la alegría: «Darán voces de júbilo mis labios, cuando te cante alabanzas…» (Sal. 71:23). En la persecución: «Canten de júbilo y regocíjense los que favorecen mi causa; y digan continuamente: “Engrandecido sea el Señor”» (Sal. 35:27) En el bienestar: «Cantaré al Señor, porque me ha colmado de bienes» (Sal. 13:6) 43
En la aflicción: «Oh Señor, Dios de mi salvación, de día y de noche he clamado delante de ti» (Sal. 88:1) En gratitud: «Con todo mi corazón te daré gracias […] cantaré alabanzas» (Sal. 138:1) Con acción de gracias: «Canten al Señor con acción de gracias…» (Sal. 147:7) Mostrando confianza: «El Señor es mi fuerza y mi escudo […] por tanto, mi corazón se regocija, y le daré gracias con mi cántico» (Sal. 28:7)
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Esta particularidad de los Salmos, de haber sido escritos desde diferentes estados de ánimo, debería llevarnos a reconocer que no podemos clasificar una emoción en particular como la única, la correcta o la verdadera sensación del adorador. El abanico de emociones que los personajes bíblicos tuvieron es tan vasto como el que nosotros también sentimos. De hecho, si estudiamos ciertos pasajes de las Escrituras, nos damos cuenta de que las emociones que algunos individuos tuvieron durante sus experiencias de adoración no fueron las que nosotros hubiéramos esperado. El Antiguo Testamento registra en el libro de Isaías capítulo 6, que el profeta fue a orar en el templo en tiempos en que el rey Uzías había muerto. La imagen que contempló y la visión que tuvo en ese lugar son de una profundidad y una majestuosidad increíbles. En su encuentro con Dios, Isaías experimentó la presencia de Dios, fue impactado, transformado y comisionado para hacer la obra de Dios. Pero su reacción nos llama la atención. A diferencia de muchas personas de hoy que buscan sentir placer, paz, alegría o felicidad al experimentar la presencia de Dios, Isaías tuvo emociones muy diferentes. Frente a la presencia de Dios Isaías dijo:
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«¡Ay de mí! Porque perdido estoy, pues soy hombre de labios inmundos y en medio de un pueblo de labios inmundos habito, porque mis ojos han visto al Rey, el Señor de los ejércitos». Isaías 6:5 44
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Fue una experiencia sobrecogedora, pero que le mostró a Isaías quién era Dios y también le enseñó quién era él frente a Dios. Al contemplar la santidad de Dios, Isaías vio cuán pecador era él. Esto contrasta con lo que muchas personas hoy en día procuran sentir en los cultos o reuniones de la iglesia. En muchos púlpitos ya no se quiere hablar del pecado porque ofende a las personas, y buscan darle al visitante una «agradable experiencia de adoración»; lo que en realidad quieren es hacerlos sentir bien con la música y el mensaje. Muchas personas deciden cuál iglesia van a visitar por las experiencias emocionales que sienten al estar allí. Incluso hay quienes determinan «cuán espiritual fue el culto» basándose en el nivel de expresión o emocionalismo que fue mostrado (llorar, sentir escalofríos, caer al piso, entre otros). En nuestra propia experiencia hemos escuchado a personas que dicen que no visitan tal o cual iglesia porque ahí «no la hacen llorar», o por el contrario, que si visitan tal o cual iglesia «ahí lloro» o «tengo escalofríos desde que estoy en el estacionamiento». Isaías experimentó de primera mano lo que nosotros podemos calificar como «la presencia de Dios», pero no experimentó lo que hoy en día se nos vende como «experiencia agradable de adoración» o como «la presencia de Dios». En el Nuevo Testamento, encontramos un caso parecido a la reacción que tuvo Isaías. En Lucas 5, el evangelista nos relata el primero de los eventos que comúnmente llamamos la pesca milagrosa. Jesús le está enseñando a una multitud a la orilla del lago de Genesaret, y en un momento le pide a Pedro que le preste su barca, para entrar en ella y que empujado un poco hacia adentro en el agua, pueda hablarle a la multitud que estaba en la orilla escuchando Su mensaje. Cuando termina de enseñarles, Jesús les dice a Pedro y a los demás pescadores que lo acompañaban, quienes ya estaban recogiendo sus redes después de haber pasado toda la noche tratando de pescar, que lo intentaran de nuevo, una vez más. Es aquí donde ocurre el milagro. Un Pedro escéptico pero convencido por el Maestro ve cómo después de obedecer y contra todo pronóstico, sus redes se llenan de peces hasta
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romperse y tiene que llamar a sus compañeros en otras barcas para que vengan a ayudarle con la gran cantidad de peces que ha recogido. Todo esto lo sabemos, pero lo que nos llama la atención es la parte final cuando Pedro y el Maestro se vuelven a encontrar en la orilla: Al ver esto, Simón Pedro cayó a los pies de Jesús, diciendo: «¡Apártate de mí, Señor, pues soy hombre pecador!» Porque el asombro se había apoderado de él y de todos sus compañeros, por la gran pesca que habían hecho. Lucas 5:8-9
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La reacción de Pedro ante tal demostración de poder de Jesús lo hace caer de rodillas delante del Señor (el verbo da a entender que lo hace con actitud de súplica u homenaje); no deberíamos dejar pasar fácilmente una señal de reverencia como esta, hecha por un judío. Pedro está postrado a los pies del Maestro en señal de sumisión y admiración. Lo interesante de esto es que, otra vez, a diferencia de lo que podamos esperar, la reacción de Pedro no es la típica de alegría y algarabía. Han pescado más que nunca. Ya se habían dado por vencidos y estaban recogiendo sus redes para irse, pero Jesús hace el milagro y salva el día. Nosotros hubiéramos esperado una alabanza por parte de Pedro y los demás. Hubiéramos esperado que hicieran fiesta y hasta le ofrecieran a Jesús ser socio de la pujante empresa que ahora tenían. Ellos recogían las redes mientras Jesús las llenaba. Pero Pedro está en otra página. Su reacción es diferente a la nuestra, y por lo tanto acentúa el punto que queremos destacar: la adoración no tiene una emoción privilegiada ni una que la defina por sí sola. Los que lloran no son más adoradores que los que levantan las manos. Los que se emocionan con las canciones no son mejor recibidos en el cielo que quienes hacen las oraciones en silencio. Los líderes de alabanza tenemos que cuidarnos de no caer en el error de «empujar» a la iglesia para lograr «ambientes de adoración» que muchas veces son fingidos, para vender una aparente presencia de Dios.
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Hace años, en nuestros inicios, recibimos la invitación para dirigir la alabanza en un campamento de jóvenes. En una ocasión, mientras estábamos en el tiempo de alabanzas, se formó lo que podríamos llamar «un buen ambiente»: buena música, buena actitud, todos los jóvenes involucrados, cantando, levantando las manos, mostrando un espíritu receptivo a las alabanzas. Era una pequeña multitud de chicos buscando agradar a Dios. En ese momento, mientras se fundían las voces a todo pulmón de tantos jóvenes con nuestro grupo de alabanza, uno de los organizadores subió al escenario en medio de la canción, cosa que de por sí, ya era extraña. Nuestro grupo estaba dirigiendo las alabanzas, así que se acercó a mí para decirme algo. Lo que me dijo al oído me desconcertó por un momento. Sus palabras fueron algo como: «Sigue en esta misma línea, mantén el ambiente». En cuestión de segundos, y mientras el grupo seguía tocando y todo el salón cantaba, muchas preguntas vinieron a mi cabeza, porque no entendí, en ese momento, a qué se refería con su petición. Su decisión —cosa que comprobé luego— era que mantuviera «el ambiente» musical para provocar lo más posible quizás no la euforia, pero sí la sensibilidad emocional del auditorio. En mi poca experiencia, su petición no encajaba del todo en mi mente, y mi conciencia —aun con mi poco discernimiento— me advertía: intuía que eso no estaba bien. Además, era nuestra última canción. Sencillamente, terminamos la canción. Cerré el tiempo de cánticos con una oración y entregué el escenario para continuar con el programa, mientras la banda bajaba del altar. Pude ver cómo los organizadores del evento nos miraban atónitos porque esperaban que continuáramos cantando o tocando, buscando esa reacción que moviera a aquel grupo de jóvenes. Al final no hubo represalias, solo el sinsabor que ellos sentían de que se había «desperdiciado» una gran oportunidad para «adorar». Aunque nuestras emociones son parte de la experiencia, estas no hacen que sea más o menos aceptada delante de Dios. De hecho,
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muchas veces tendremos que hacer lo correcto (adorar), aunque no lo sintamos. Pedro le dice a Jesús: «¡Apártate de mí, Señor, pues soy hombre pecador!» ¿Qué? ¿Cómo que apártate? ¿Por qué Pedro le dice al Señor que se aleje? Como con Isaías, frente a la majestad de Dios, nuestra bajeza sale a relucir. Lo vemos como Él es y nos vemos a nosotros mismos como en realidad somos. No hay nada que podamos mostrar que pueda impresionar a Dios. Nos vemos tan pecadores que lo anhelamos y al mismo tiempo le decimos apártate de mí, como Warren Wiersbe escribió:
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Como David, tenemos sed de Dios y estamos satisfechos e insatisfechos al mismo tiempo. Como Moisés, clamamos por Su gloria, sabiendo todo el tiempo que nuestros ojos mortales nunca podrían contemplar la gloria de Dios en su plenitud. Como Pedro, luchamos con una tensión interna: queremos seguirlo y, sin embargo, clamamos: «¡Apártate de mí, que soy pecador!».7
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Estos ejemplos nos llevan a meditar en que los encuentros con Dios no siempre se ajustan a nuestros modelos preconcebidos. Levantar las manos no garantiza espiritualidad; alabar, llorar o cantar con emoción no son necesariamente señales de verdadera adoración. Aquí tenemos dos ejemplos de personajes bíblicos que su encuentro con Dios no encaja en el perfil que ya nos hemos hecho de lo que la adoración es. Pensamos que alguien santo es una persona muy seria que casi no se ríe y que alguien con gozo siempre debe tener una sonrisa en sus labios. De la misma manera, también pensamos que la adoración tiene solo una evidencia: sentir. Creemos que se trata de estar de pie o de rodillas, levantar las manos y llorar, entre muchas otras manifestaciones. Hemos hecho un estereotipo (modelo fijo de cualidades o conducta) de la adoración, y cualquier cosa que se parece a eso la
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7. Wiersbe, W. Real Worship: playground, battle ground or holy ground?. Baker Books, 2000. Grand Rapids, MI. pág. 43. (Traducción libre).
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damos por buena y válida. Lamentablemente esos estereotipos que nos hemos hecho pueden ser fácilmente falsificados.
EL PELIGRO DE SOLO SENTIR
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Sentir no es malo. Aunque hemos tratado de alertar sobre los peligros de darles a los sentimientos una importancia más allá de la que realmente tienen, lo cierto es que, de manera objetiva, los sentimientos no son el problema. Como en muchas cosas en la vida, irse a los extremos no será la solución. Intentar tener un equilibrio (que es de por sí una tarea difícil), será la meta, dándole a cada cosa su justo lugar. Pablo intenta explicarles eso a los corintios, cuando toma como ejemplo el canto en la iglesia, en 1 Corintios 14. Él les dice:
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Entonces ¿qué? Oraré con el espíritu, pero también oraré con el entendimiento. Cantaré con el espíritu, pero también cantaré con el entendimiento. 1 Corintios 14:15
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No hay que ser un experto en teología para darse cuenta de que Pablo está contrastando dos conceptos aquí: espíritu y entendimiento, y que estos dos conceptos están apelando a lo que sentimos y a lo que pensamos. En su argumentación, Pablo no desecha uno de los conceptos para quedarse con el otro. No dice que hacer las cosas con el espíritu (El espíritu designa aquí «la parte más íntima del hombre, posiblemente la parte afectiva del alma)8, sea malo o pecaminoso. Tampoco dice que hacer las cosas con el entendimiento sea negativo. Él aboga más bien por aceptar ambas realidades. Aboga para que nos demos cuenta de que ambas cosas están presentes tanto en la oración, como en el 8. Henry, M., & Lacueva, F. (1999). Comentario Bíblico de Matthew Henry. Editorial CLIE, pág. 1629.
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cántico, por mencionar solo las que él puso como ejemplo en este versículo, pero que en realidad se extiende a todos los ámbitos de nuestra vida. La adoración también debe estar bañada por ese equilibrio y no debe darle privilegios a un lado más que al otro. En las Escrituras, podemos ver el equilibrio en Nehemías 8, cuando Esdras lee la ley de Dios frente al pueblo. Ante una multitud de hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, y seguramente muchos niños, Esdras abre el libro de la ley bendiciendo al Señor, mientras la multitud responde: ¡Amén, Amén! Todos alzan las manos, y se postran rostro en tierra, delante de Dios, en adoración (Neh. 8:6). Sin duda muchos escuchaban la lectura de la Ley por primera vez. La plaza está llena. Hay emoción y solemnidad en el ambiente. Por varias horas, la voz del sacerdote resuena mientras los levitas le explican al pueblo el sentido de lo que todos escuchan. Como lo dice el libro de Nehemías:
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Y leyeron en el libro de la ley de Dios, interpretándolo y dándole el sentido para que entendieran la lectura. Nehemías 8:8
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Al oír y entender la ley de Dios los oyentes responden. ¡Qué maravilla! ¡Han entendido la ley de Dios! Su respuesta no es solo intelectual, es también emocional. Al entender lloran: Entonces Nehemías, que era el gobernador, y Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que enseñaban al pueblo, dijeron a todo el pueblo: «Este día es santo para el Señor su Dios; no se entristezcan, ni lloren». Porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la ley. Nehemías 8:9
Pero al ver esta reacción, tanto Esdras como los levitas intentan explicarles que su reacción debería ser la opuesta. Deben alegrarse porque Dios los ha rescatado y ahora pueden volver a honrarlo desde el 50
lugar desde donde Él los había desterrado. Esdras y los levitas intentan calmar al pueblo y les dicen: No se entristezcan, porque la alegría del Señor es la fortaleza de ustedes». Nehemías 8:10
El pueblo entiende lo que la ley dice y llora por lo que entiende. Esdras y los levitas les hacen entender que no deben llorar, sino que la ocasión debe ser de regocijo y fiesta para ellos. Es un equilibrio hermoso. Lloran porque entienden la ley y luego se gozan porque entienden lo que se les explica sobre la ley. En la siguiente porción vemos las dos cosas:
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Entonces ¿qué? Oraré con el espíritu, pero también oraré con el entendimiento. Cantaré con el espíritu, pero también cantaré con el entendimiento. 1 Corintios 14:15
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Hoy en día estamos frente a una generación que juzga y toma decisiones, incluso irreversibles, solo sobre la base de sus sentimientos y no de lo que dice la razón o el entendimiento. Lamentablemente en cuanto a la adoración, muchos cristianos están haciendo lo mismo. Nuestras emociones son valiosas para Dios, Él las puso allí y las espera de nosotros. Pero debemos pedirle a Dios sabiduría para no usar las emociones de manera que cieguen nuestro juicio para usar nuestro entendimiento.
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