Fotos: cortesía Alcaldía de Medellín
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Parque Bicentenario
de Medellín
El diseño de iluminación de este proyecto, además de recuperar el protagonismo de la quebrada Santa Elena, integró alta tecnología e interacción con el paisaje urbano.
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l primer asentamiento humano de la hoy capital de Antioquia tuvo lugar a orillas de la quebrada Santa Elena, 336 años atrás. Con motivo del Bicentenario de la Independencia, hace cuatro años la Alcaldía de Medellín decidió recuperar esta fuente de agua, razón por la cual el Plan
Desde la concepción del proyecto se estableció que la iluminación era mucho más que un requisito, pues debía acentuar elementos y espacios del parque, marcar los caminos y senderos, y realzar el valor de la quebrada.
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Urbano Integral Centroriental proyectó allí un parque metropolitano. La renovación y cambio de imagen de esta porción de espacio público se concentró en la Comuna 10, en los alrededores del barrio Boston, entre las avenidas Caracas (calle 54) y La Playa (calle 51), entre las carreras 36 y 39, permitiendo así conectar toda la recuperación urbana con el tradicional Teatro Pablo Tobón Uribe. En los 21 620 m2 intervenidos se contempló el desarrollo de zonas públicas de recreación y esparcimiento, la siembra de jardines con flora nativa, la creación de un teatro abierto en grama natural, la cons-
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trucción de un museo, y la implementación de una pantalla de agua completamente interactiva y digital. Todo el proyecto, además de posicionarse como ícono turístico de la ciudad, beneficia directamente a cerca de 400 mil habitantes de las Comunas 8, 9 y 10. Dada su envergadura, para su ejecución se dividió en tres etapas: 1. La construcción del parque que conecta al Teatro Pablo Tobón Uribe con el Parque Bicentenario. 2. La adecuación del Parque Bicentenario (incluye la construcción de dos puentes de conexión con el barrio Boston). 3. La construcción y dotación del Museo Bicentenario o Casa de la Memoria. Los 6 mil m2 de la primera etapa ya fueron entregados, y en la actualidad se espera que los espacios restantes estén al servicio de la ciudadanía en los próximos meses.
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La luz, el primer reto El diseño del Parque Bicentenario estuvo a cargo del arquitecto Juan David Botero, quien trabajó para la Empresa de Desarrollo Urbano (EDU) de Medellín, encargada de la ejecución. Dicha entidad exigía que Santa Elena fuera el eje estructural del proyecto. Por esta razón, la iluminación debía destacar el protagonismo de la quebrada. Así pues, desde la concepción del proyecto se estableció que la iluminación era mucho
más que un requisito, pues debía acentuar elementos y espacios del parque, marcar los caminos y senderos, y realzar el valor de la quebrada. Para lograrlo, la alcaldía de la ciudad contrató a la firma Lightcube, experta en iluminación y arquitectura. Como primer reto, Lightcube tuvo que negociar con las Empresas Públicas de Medellín (EPM) –encargadas de todo el sistema de iluminación urbana– la implementación de un poste diferente
En el paso restringido para los vehículos se implementaron lámparas metal halide de 70 W a 6 m de altura para conservar la identidad del proyecto.
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al utilizado en el resto de la ciudad y la modificación de la fuente lumínica. Tras varios meses de trabajo conjunto, se definió que toda la iluminación vial se haría con los postes tradicionales de EPM, pero en los espacios y senderos peatonales se emplearían los materiales e insumos definidos por la firma especializada. Así las cosas, en toda el área peatonal –de casi un kilómetro de longitud, desde el teatro hasta el futuro museo–, se instalaron postes de 3,5 a 4 m de altura, con luminarias metal halide (halogenuros metálicos) de 70 W y 3 000 K. Estas lámparas cuentan con varias ventajas, una de ellas es la de poseer un tubo de descarga relleno de mercurio a alta presión, compuesto por una mezcla de gases halogenuros metálicos –entre los que se cuentan el tulio, el holmio y el disprosio–.
Dicho tubo alcanza grandes rendimientos lumínicos y tiene excelentes propiedades de reproducción cromática en comparación con las de lámparas de mercurio convencionales. Así mismo, esta tecnología cuenta con un óptimo mantenimiento de lúmenes, una baja generación de calor y una vida útil superior a la demostrada por lámparas halógenas e incandescentes. Para el alumbrado del cordón vial –a cargo de EPM– se utilizaron luminarias tipo metal halide de 70 W en postes (Carabobos) de concreto, de 5 m de alto, con bombillo tubular claro de flujo mejorado y una luminaria horizontal cerrada (con base incorporada para fotocontrol). En un tramo del parque donde hay paso restringido para los vehículos y el piso se levanta en adoquín, se implementaron también lámparas metal halide de 70 W, pero a 6 m de altura y con una luminaria peatonal a 3,80 m. Esto permite conservar la identidad de la iluminación también en estos puntos. El proyecto evidenció la existencia de una zona urbana con bastantes problemas de seguridad, como consecuencia, entre otros aspectos, de la falta de visibilidad. Ante ello, los diseñadores decidieron transformar el espacio en un punto de encuentro que la gente sintiera como propio al asistir e interactuar allí con sus familiares y amigos. En cuanto al teatro al aire libre, se colocaron postes de luz escondidos o disimulados en la porción natural del parque. De esta manera, además de facilitarse la iluminación de los espectáculos, se logró que los visitantes se acercaran lo suficiente para descubrir las funciones o puestas en escena que tienen lugar allí.
iluminar “en negro” El segundo reto para la iluminación exitosa del proyecto vino de la mano de los elementos arquitectónicos del mismo, en su mayoría de carácter fuerte y, sobre todo, de color negro. “A los arquitectos locales les encanta iluminar el negro, pero a la hora de hacerlo esto supone un gran reto, más cuando los muros, el parque, el suelo... Todo es negro. Ante este difícil panorama, la propuesta inicial consistió en hacer separaciones que generaran contrastes. Nosotros solicitamos pintar líneas blancas o grises en los espacios, para que en las noches estas reflejaran la iluminación y permitieran identificar los recorridos, así como la ubicación de los postes, las jardineras y demás elementos urbanos”, afirma el arquitecto y diseñador de iluminación Juan Domínguez, quien estuvo a cargo de esta tarea en el proyecto. Sumado a las líneas blancas y grises, se decidió implementar una cinta LED de 3 000 K y alto flujo de iluminación en dos tramos del proyecto: uno de 200 m y otro de 300 m. La cinta va montada sobre un marco de acrílico opal que no solo la recubre, sino que también le permite tener una óptica ampliada para iluminar hasta 180° –sin tener una manguera, como se usaba antes para lograr este mismo efecto–. Este tipo de cinta LED, de fácil montaje, funciona en la mayoría de superficies planas; puede cortarse en distintos intervalos de acuerdo con las especificaciones de fábrica; tiene un bajo consumo de energía y una emisión muy baja de calor; ofrece más de 50 mil horas de vida útil; y, pese a ser una iluminación decorativa-arquitectónica, es completamente resistente a las variables climáticas y a la intemperie.
Junto a líneas blancas y grises, ubicadas en distintos puntos del parque, se decidió implementar una cinta LED de 3 000 K en dos tramos del proyecto.
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La pantalla de agua Como bienvenida a los asistentes del parque, se instaló una pantalla de agua de 16 m de ancho por 5 m de alto, que se convierte en la primera en su tipo en América Latina y la cuarta a nivel mundial. También conocida como cortina de agua, fue traída desde España y requirió una inversión de 1 300 millones de pesos. La pantalla funciona como una fuente interactiva, en la que se controlan digitalmente tanto los chorros como la luz y los láser. Por medio de un computador se programan los ciclos a través de los cuales deben caer los chorros de agua. Con esa programación precisa, las líneas de agua pueden unirse y formar una superficie similar a una pared; posteriormente, el mismo computador proyecta imágenes sobre esta, utilizando para ello un video beam especializado. La superficie, como es de esperarse, produce un efecto de relieve que permite que las imágenes parezcan tridimensionales, sin que se requieran lentes especiales. En otras palabras, el ordenador controla a esta “impresora de agua” que muestra gráficos, diseños y textos efectuados por la rapidez de respuesta de las válvulas, donde los segmentos descendentes de agua cumplen la función de los pixeles para crear así una pantalla que todo el tiempo se desplaza hacia abajo. Su tamaño facilita que las imágenes puedan verse a varios metros de distancia, por lo que allí es posible proyectar videos, películas y figuras con láser. Para manejarla no se requiere personal exclusivo, pues puede operarse desde un cuarto técnico, en el que se supervisa el correcto funcionamiento y el orden de las presentaciones. Esta pantalla posee también la cualidad de quedar invisible para el espectador, toda vez que puede comenzar o terminar su espectáculo en cualquier momento. “Es una gran impresora de agua capaz de proyectar gráficos, letras, textos y patrones siempre en movimiento. Además,
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gracias a su desarrollo tecnológico, puede conectarse a ordenadores vía WiFi, recibir mensajes de texto o, como algo divertido, activarse por sensores de presencia, sorprendiendo al transeúnte sin salpicarlo”, agrega Juan Carretero Llorente, gerente de Lumiartecnia Internacional, firma española proveedora de la pantalla. De acuerdo con la compañía ibérica, esta cortina de agua digital hace gala de módulos prefabricados que incluyen válvulas de respuesta rápida y de una alta potencia de luces LED RGB, integradas en una estructura trust de aluminio de diseño elegante y compacto, rápida instalación y fácil mantenimiento.
El presente del parque La segunda y tercera etapa del proyecto contemplan varios elementos arquitectónicos y de iluminación, aún en proceso de construcción. Entre estos se cuenta el levantamiento de dos puentes que unen la zona peatonal del parque con el barrio Boston (una de estas estructuras ya está terminada). Para ambos puentes se definió una iluminación desde la parte inferior, creando así un efecto lumínico sobre la quebrada Santa Elena. De esta manera se alcanza el objetivo inicial del proyecto: resaltar esta fuente hídrica con una luz azul clara, que hace remembranza del elemento agua a los visitantes. En el puente ya construido se implementaron reflectores RGB que iluminan las vigas de la estructura y se controlan por un DMX, con el que se realizan efectos como la fijación del color, cambio gradual del mismo y el brillo. Estos reflectores están diseñados para iluminaciones arquitectónicas y decoraciones, ya que controlan la emisión del color y sus secuencias. Para complementar la obra, en los próximos meses se instalarán en todos los árboles elementos ‘strover’ de 5 cm de diámetro, los cuales se cargan con luz solar para, en la noche, alumbrar como una especie de co-
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cuyo. Su montaje se hace mediante amarre con cinta a las ramas, lo que facilita también su desmonte; sin embargo, su aplicación está aún en estudio mientras se investiga su impacto en el ciclo natural del parque.
El museo El espacio que en principio se destinaría para una biblioteca terminó convertido, por efectos del Bicentenario, en el lugar que albergará el museo Casa de la Memoria, cuyo objetivo es visibilizar a las víctimas de la violencia. Este edificio, pensado como un prisma, posee en sus laterales pequeñas ventanas que permiten que la iluminación sea vista desde distintos ángulos. Como es de color negro, también se dejaron segmentos en gris en cada ventana para lograr reflejar un “efecto al revés”, que representara el agua y diera continuidad a la quebrada. Esto se consiguió con la disposición de luces LED de color azul en las ventanas a lo largo de la estructura –de 150 m aproximadamente–. En su interior, el edificio está planteado como un túnel que debe ser visitado de manera descendente, en tres niveles, para hacer la transición de la oscuridad a la luz. Es una estructura de concreto, que contará con una cámara de aire para el control térmico y para garantizar la ventilación natural, y tendrá varias aperturas profundas en distintos ángulos con el objetivo de evitar la incidencia directa del sol. Estas se complementarán con lucernarios para facilitar la iluminación del edificio con luz natural indirecta.
Llegando al museo se adecuará un gran espejo de agua, donde se instalará una obra llamada el Latido de la Memoria. Con apariencia de un corazón, será una caja de polimetilmetacrilato rojo que, internamente, tendrá un sensor y un LED con un transmisor para crear latidos. Sobre el espejo de agua se “dibujarán” líneas rojas para dar la apariencia de las arterias que alimentan al corazón. A su vez, en esta área se instalarán luminarias ModulLum, con dos módulos que pueden rotar 360° y dirigen la luz a donde se requiera. Esto permite iluminar parte de la vía y del puente de manera simultánea.
ficha técnica Nombre del proyecto Arquitecto Promotor Gerencia Asesor de iluminación Área total Inversión
Parque Bicentenario Juan David Botero Alcaldía de Medellín Empresa de Desarrollo Urbano Lightcube 21 620 m2 $14 780 millones
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